jueves, 20 de octubre de 2016

Papa: No basta el catecismo para conocer a Jesús, hay que rezar

Para conocer verdaderamente a Jesús tenemos necesidad de oración, de adoración y de reconocernos pecadores. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que el catecismo no es suficiente para comprender la profundidad del misterio de Cristo.
“Ganar a Cristo”
El Papa Bergoglio desarrolló su homilía partiendo del pasaje de la Carta de San Pablo a los Efesios, contenido en la Primera Lectura del día. El Apóstol de los Gentiles  – observó – pide que el Espíritu Santo dé a los Efesios la gracia de “ser fuertes, reforzados”, hacer que Cristo habite en sus corazones. “Allí está el centro”.
No se conoce a Jesús sólo con el catecismo, es necesario rezar
El Santo Padre observó que Pablo “se sumerge” en el “mar inmenso que es la persona de Cristo”. Y tras formular las preguntas: “¿Cómo podemos conocer a  Cristo? ¿Cómo podemos comprender el amor de Cristo que supera todo conocimiento”?, Francisco dijo:
“Cristo está presente en el Evangelio. Leyendo el Evangelio conocemos a Cristo. Y todos nosotros hacemos esto. Al menos escuchamos el Evangelio cuando vamos a Misa. Con el estudio del catecismo. El catecismo nos enseña quién es Cristo. Pero esto no es suficiente. Para ser capaces de comprender cuál es la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad de Jesucristo es necesario entrar en un contexto, primero, de oración, como hace Pablo, de rodillas: ‘Padre envíame al Espíritu para conocer a Jesucristo’”.
Encontrar al Señor en el silencio de la adoración
Par conocer verdaderamente a Cristo – reafirmó el Obispo de Roma – “es necesaria la oración”. Pero Pablo –  añadió –  “no sólo reza, sino que adora este misterio que supera todo conocimiento y en un contexto de adoración pide esta gracia” al Señor:
“No se conoce al Señor sin esta costumbre de adorar, de adorar en silencio. Adorar. Creo – si no me equivoco – que esta oración de adoración es la menos conocida por nosotros, es la que hacemos menos. Perder el tiempo – me permito decir – ante el Señor, ante el misterio de Jesucristo. Adorar. Y allí en silencio, el silencio de la adoración. Él es el Señor y yo adoro”.
Reconocerse pecadores para entrar en el misterio de Jesús
Tercero –  dijo el Papa al concluir – “para conocer a Cristo es necesario tener conciencia de nosotros mismos”, es decir, tener la costumbre de acusarnos a nosotros mismos, reconociendo que  somos “pecadores”:
“No se puede adorar sin acusarse a sí mismo. Para entrar en este mar sin fondo, sin orilla, que es el misterio de Jesucristo, son necesarias estas cosas. La oración: ‘Padre, envíame al Espíritu para que Él me conduzca a conocer a Jesús’. Segundo: la adoración del misterio, entrar en el misterio, adorando. Y tercero: acusarse a sí mismo. Soy un hombre de labios impuros’. Que el Señor nos dé esta gracia que Pablo pide para los Efesios, también para nosotros, esta gracia de conocer y ganar a Cristo”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

El Papa bendijo una estatua del cura Brochero en la plaza de San Pedro



El Papa Francisco bendijo este miércoles al término de la audiencia general en la plaza de San Pedro una estatua tamaño natural del nuevo santo argentino, conocido como el "cura Brochero".
La estatua, de cerca 2 metros de altura, realizada en fibra de vidrio por el artista Fernando Pugliese, representa al santo José Gabriel Brochero montado en una mula, el medio de transporte con el que el nuevo santo recorrió parte de su país para ayudar a los pobres y enfermos de lepra.
La estatua del llamado "cura gaucho", canonizado por el Papa el domingo en el curso de una ceremonia solemne a la que asistió el presidente argentino Mauricio Macri, permanecerá en el Vaticano.
El religioso argentino, muy popular en su país, cumplió su misión evangelizadora a lomo de mula en las sierras de Córdoba, al norte de Buenos Aires, donde nació en 1840 y murió en 1914, víctima de la lepra.
Se trata del primer santo argentino nacido y fallecido en su país. 
(RD/Agencias)

Frei Betto: "Orar por la paz es comprometerse a luchar por la justicia"


"Sólo las naciones ricas del hemisferio Norte, que tanto hablan de paz, son quienes fabrican artefactos de guerra"

 El Papa Juan Pablo II estableció, el 27 de noviembre de 1986, el Día Mundial de Oración por la Paz. En aquella fecha reunió en Asís, tierra de san Francisco, a 160 representantes de 32 confesiones cristianas y 11 denominaciones no cristianas: hinduismo, sikismo, budismo, judaísmo, islamismo, shintoismo, zoroastrismo, bahaismo y tradiciones de origen africano.
El Papa Francisco repitió la iniciativa el pasado 20 de septiembre, aunque manteniendo la convocatoria para el 27 de octubre.
Este año hay motivos especiales para orar por la paz. Por primera vez en la historia una nación votó democráticamente por la continuación de una guerra que ya dura 50 años: el conflicto en Colombia entre las tropas del gobierno y la guerrilla de las FARC. Se espera que el premio Nobel de la Paz, concedido este mes al presidente colombiano Juan Manuel Santos, fortalezca el acuerdo de paz entre las fuerzas beligerantes.
Según la ONU las guerras del siglo XX segaron la vida de 109,700 millones de personas. La primera Guerra Mundial (1914-1918) dejó el rastro de 15 millones de muertos. En la Segunda (1939-1945) perdieron la vida 50 millones, de los cuales el 62% eran civiles.

Durante el siglo XXI, la guerra de Irak eliminó en siete años cerca de cien mil personas, de las cuales cuatro mil fueron militares norteamericanos. La de Siria, iniciada en el 2011, ya lleva sacrificadas 300 mil vidas, un tercio de las cuales eran civiles, además de obligar a once millones de personas a abandonar sus casas.
No seamos ingenuos. La guerra no es sólo "la continuidad de la política por otros medios", como declaró Clausewitz. Hoy día es, sobre todo, un medio sórdido de obtener un lucro fácil a través de la industria bélica, que factura US$400 mil millones al año, y del contrabando de armas. Sólo las naciones ricas del hemisferio Norte, que tanto hablan de paz, son quienes fabrican artefactos de guerra y promueven intervenciones militares en naciones periféricas. Practican el precepto de "armaos los unos a los otros".
Orar por la paz es comprometerse a luchar por la justicia. Fue el profeta Isaías el primero que advirtió que la paz no se gana con un equilibrio de armas, como piensan los gobernantes actuales envueltos en el conflicto de Siria, sino con la promoción de la justicia.
Ningún animal mata a su semejante, excepto para alimentarse. Sólo nosotros los seres humanos, criaturas de Dios, cargamos con esa perversidad de matar por venganza, ira, prejuicio o ambición de poder.
Orar por la paz es practicar el "amaos unos a otros", o sea la tolerancia, y extirpar del corazón esas energías negativas que nos inducen a desencadenar pequeñas guerras cotidianas que usan como arma el lenguaje ofensivo y las posturas exclusivas.
En el corazón de cada uno de nosotros se engendran guerras que equivocadamente tienen como objetivo a aquellos que no están de acuerdo con nuestras ideas, opiniones e iniciativas. Cuando debiéramos mirar el verdadero objetivo: las desigualdades sociales que son el origen de tantos conflictos, y la pretensión de imponer a los demás, a sangre y fuego, nuestro modo personal de pensar y actuar.
Orar por la paz es erradicar la intolerancia y combatir las causas de las injusticias. Ellas son las fuentes de todas las desavenencias.
Frei Betto 

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,49-53) POR BENEDICTO XVI



“Queridos hermanos y hermanas: 
En el evangelio de este domingo hay una expresión de Jesús que siempre atrae nuestra atención y hace falta comprenderla bien. Mientras va de camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte en cruz, Cristo dice a sus discípulos: "¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división". 

Y añade: "En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos: el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra". 

Quien conozca, aunque sea mínimamente, el evangelio de Cristo, sabe que es un mensaje de paz por excelencia; Jesús mismo, como escribe san Pablo, "es nuestra paz" (Ef 2, 14), muerto y resucitado para derribar el muro de la enemistad e inaugurar el reino de Dios, que es amor, alegría y paz.

¿Cómo se explican, entonces, esas palabras suyas? ¿A qué se refiere el Señor cuando dice —según la redacción de san Lucas— que ha venido a traer la "división", o —según la redacción de san Mateo— la "espada"? (Mt 10, 34). 

Esta expresión de Cristo significa que la paz que vino a traer no es sinónimo de simple ausencia de conflictos. Al contrario, la paz de Jesús es fruto de una lucha constante contra el mal. 

El combate que Jesús está decidido a librar no es contra hombres o poderes humanos, sino contra el enemigo de Dios y del hombre, contra Satanás. Quien quiera resistir a este enemigo permaneciendo fiel a Dios y al bien, debe afrontar necesariamente incomprensiones y a veces auténticas persecuciones. 

Por eso, todos los que quieran seguir a Jesús y comprometerse sin componendas en favor de la verdad, deben saber que encontrarán oposiciones y se convertirán, sin buscarlo, en signo de división entre las personas, incluso en el seno de sus mismas familias. 

En efecto, el amor a los padres es un mandamiento sagrado, pero para vivirlo de modo auténtico no debe anteponerse jamás al amor a Dios y a Cristo. De este modo, siguiendo los pasos del Señor Jesús, los cristianos se convierten en "instrumentos de su paz", según la célebre expresión de san Francisco de Asís. No de una paz inconsistente y aparente, sino real, buscada con valentía y tenacidad en el esfuerzo diario por vencer el mal con el bien (cf. Rm 12, 21) y pagando personalmente el precio que esto implica. 

La Virgen María, Reina de la paz, compartió hasta el martirio del alma la lucha de su Hijo Jesús contra el Maligno, y sigue compartiéndola hasta el fin de los tiempos. Invoquemos su intercesión materna para que nos ayude a ser siempre testigos de la paz de Cristo, sin llegar jamás a componendas con el mal”.
Benedicto XVI, Ángelus del 19 de agosto de 2007

HE VENIDO A PRENDER FUEGO EN EL MUNDO




Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! 

Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! 

¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. 

En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor

Siempre hay alguien que tiene hambre y sed y no puedo delegarlo a ningún otro. El Papa en la catequesis

«Supongan que un hermano o hermana andan medio desnudos, o sin el alimento necesario, y uno de ustedes le dice: vayan en paz, abríguense y coman todo lo que quieran; pero no les da lo que sus cuerpos necesitan ¿de qué sirve?» (Sant 2, 15-16) Una de las consecuencias del así llamado 'bienestar' es la de conducir a las personas a encerrarse en sí mismas, volviéndolas insensibles a las exigencias de los demás. En cambio, la realidad debe ser afrontada por lo que es, y hay necesidades urgentes que requieren una respuesta "inmediata y urgente". Entre ellas, el hambre y la sed. De la carta del apóstol Santiago, la reflexión del Papa sobre dos de las obras de misericordia corporales:
“Queridos hermanos y hermanas, como hemos escuchado en la Carta de Santiago, hay situaciones de necesidad entre nosotros que requieren una respuesta inmediata y urgente, como dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento; ambas son obras de misericordia corporales. Es muy dura la experiencia del hambre y la sed, y desgraciadamente es una realidad actual y cercana a nosotros. Cada día encontramos personas que sufren estos males y necesitan nuestra ayuda”.
El derecho a la alimentación y al agua, cumple un papel importante para la consecución de otros derechos. Citando a Benedicto XVI, el Obispo de Roma recordó que dar de comer al hambriento es un imperativo ético para la Iglesia Universal. Cuántas veces los medios de comunicación informan sobre poblaciones que sufren la falta de alimento y de agua con graves consecuencias en especial para los niños. Ante estas noticias la opinión pública se siente tocada y parten las campañas de ayuda. Pero, ¿qué sucede cuando encuentro “en primera persona” al hambriento o al sediento?
“Jesús nos enseña a responder a estas necesidades con su ejemplo, - dijo el Sucesor de Pedro hablando en nuestro idioma. Y nos recuerda que «él es el pan de vida» y «quien tenga sed venga mí». Él mandó a sus discípulos que dieran de comer a la multitud, pero ellos sólo tenían cinco panes y dos peces. Jesús pronunció sobre estos la bendición y los partió, y al distribuirlos, todos quedaron saciados. Su ejemplo nos interpela y nos anima a reconocer que cuando damos nuestro poco al hermano necesitado se hace presente la ternura y la misericordia de Dios”.
La pobreza en abstracto no nos interpela. Fue ésta otra de las afirmaciones del Papa Francisco hablando en italiano. “La pobreza en abstracto nos hace pensar, lamentar…”, dijo,en cambio cuando uno ve la pobreza en la carne de un hombre, de una mujer, de un niño, ¡esto sí que nos interpela! Y es por eso que tenemos la costumbre de ‘huir’ de los necesitados, de no acercarnos, o de “maquillar” la realidad de los necesitados con costumbres a la moda: nos aleja de la realidad.
De ahí la afirmación del pontífice a partir de la narración del Apóstol Santiago: “siempre hay alguien que tiene hambre y sed y que necesita de mi” y “no puedo delegarlo a ningún otro”. “Éste pobre necesita de mí, de mi ayuda, de mi palabra, de mi compromiso”. “Si la fe no está seguida por las obras, está completamente muerta”. Y todos, aseveró el Papa, estamos involucrados en esto.
En la conclusión de su catequesis impartida en nuestro idioma el Sucesor de Pedro lanzó nuevamente una invitación: aquella de salir al encuentro de las necesidades más básicas de los que encontremos en nuestro camino, dando lo poco que tenemos. “Dios, a su vez, les corresponderá con su gracia y los colmará de una auténtica alegría. Muchas gracias”.
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 19 de octubre de 2016

El nuevo general de los Jesuitas: queremos ayudar a una humanidad herida



El nuevo prepósito general de la Compañía de Jesús, el padre Arturo Sosa Abascal, tuvo este martes un primer encuentro con la prensa, en la curia de la Compañía de Jesús, ubicada a pocos pasos del Vaticano. Participaron en la misma el padre Federico Lombardi, nombrado asistente ad Providentiam y Consejero general y el padre Patrick Mulemi, SJ, director de la Oficina de Comunicaciones y portavoz de la Curia General.
El padre Sosa señaló la gran amistad que tiene desde hace años con el papa Francisco y añadió que logra comunicarse fácilmente con él y en profundidad.
Señaló además que la 36 Congregación General la cual se está desarrollando bajo el lema “Remando Mar adentro”, proseguirá para elegir el órgano de gobierno que ayudará al prepósito en su misión.
El nuevo propósito general no señaló el programa de gobierno porque “el trabajo inicia hoy, las etapas serán establecidas en un futuro próximo, así como el equipo de gobierno y los asistentes”. Una cosa es segura: “no se pone en discusión el sentido de nuestra misión, el servicio de la fe y la promoción de la justicia, teniendo presente la diversidad cultural y la importancia del diálogo”.
Entre los objetivos prioritarios figura el servicio a la fe y la formación intelectual, así como contribuir a la reconciliación en tantas áreas del mundo en donde existe división. Y esto es uno de los desafíos que debe enfrentar la Compañía de Jesús, dijo.
Añadió que esperan poder contribuir “al menos con un pequeño esfuerzo a la reconciliación entre los hombres, que al mismo tiempo es reconciliación con Dios y con el Creado”.
Respondiendo sobre su país, Venezuela, el padre Sosa señaló la voluntad de su pueblo de vivir en paz, sin más violencia. Y consideró que la gestión monopolista del petróleo por parte del Estado es un obstáculo a un desarrollo pleno de la democracia.
En otras de las preguntas el padre Sosa respondió que se encuentra sereno en el nuevo encargo, que siente la ayuda de sus hermanos y especialmente del Señor, porque “La Compañía de Jesús es Suya” y por lo tanto “no nos faltará su ayuda”.
Sobre la expresión ‘el papa negro’, señaló que no le gusta, porque justamente ellos están llamados a servir al Santo Padre y a los obispos.
Señaló también que los prepósitos generales lo son por toda la vida, aunque pueden renunciar como lo hicieron los tres últimos cuando se sintieron sin fuerzas. Añadió que para ellos es importante seguir la exhortación del papa Francisco, de ser ‘una Iglesia en salida’. Al concluir el nuevo prepósito señaló la importancia de la comunicación en la evangelización.
La Congregación inició el 2 de octubre, participan 212 religiosos en representación de los jesuitas provenientes de los cinco continentes y además de elegir al nuevo prepósito general, se encuentra en una nueva fase.
ZENIT

19 de octubre: san Pedro de Alcántara, presbítero


Extremadura hierve en deseos de conquista y evangelización del Nuevo Mundo. Es en toda España un tiempo de lumbreras, de santos, todo son grandezas y aires de contrarreforma. Pedro de Alcántara es un religioso franciscano, que introdujo en su orden reformas importantes organizando definitivamente a los franciscanos en España.
Nació en la Extremadura alta (España), en Alcántara, de familia noble, en 1494. Sus padres son don Pedro Garabito –un conocido jurisconsulto– y Doña María Villela de Sanabria.
Estudió gramática en su ciudad natal y a los 14 años fue a Salamanca para iniciar los estudios de filosofía. De descanso en Alcántara vio a dos franciscanos que caminaban descalzos y se fue tras ellos. Solo tenía 16 años. Tomó el hábito, en 1515, en el convento de Majarretes que pertenecía a la austerísima provincia franciscana de san Gabriel, junto a Valencia de Alcántara, cercano a la frontera portuguesa. Fue enviado a fundar un convento en Badajoz del que fue superior poco después.
Se ordenó sacerdote en 1524. Nombrado provincial en 1538 impulsó la renovación de su orden.
Tan aferrado está a vivir según los criterios de Dios que no se para a pensar si su proceder agrada al mundo, ni si se adapta a sus criterios; tampoco se queda en lo meramente prudente cuando se trata de asuntos del alma propia o ajena. Una de las facetas de su singular camino hacia Dios está basada en el total y absoluto sometimiento del «hermano» cuerpo.
Avasallador en la acción. Desde los 25 años que le hicieron superior por obediencia, no para. Es predicador, misionero, consejero, confesor, director de almas ignorantes y de sabios predicadores, atiende a nobles y a reyes, le consultan obispo y muestra preocupación por los niños.
El Papa Julio III le autorizó a fundar conventos reformados que se conocen como alcantarinos. En 1556 dio comienzo a su fundación propia en el convento de El Pedroso, extendiéndose por Galicia, Castilla, Valencia y más tarde China, Filipinas y América.
Se distinguió por la penitencia y austeridad consigo mismo, hasta extremos que hoy parecen increíbles. Fiel al espíritu de san Francisco que pone toda su afición en identificarse con Cristo crucificado, saca de la penitencia las fuerzas espirituales que necesita: Nunca miró a nadie a la cara. Durante cuarenta años dispuso tener hora y media al día de sueño, y eso, o sentado en el suelo, o en hueco donde no cabía ni estirado ni de pie, y con un leño como cabecera. Comía de tres en tres días legumbres o verduras con pan seco y negro; alguna etapa la pasó alimentándose solo después de ocho días. Penitencia corporal hasta la sangre, para domar al «hermano asno», como gustaba llamar a su cuerpo. Así no extraña que, por flaco, pareciera un muerto salido del sepulcro, ni que Teresa dijera que parecía estar hecho de raíces de árboles.
A pesar de esto, se distingue por la extremada cortesía, modales finos y dulzura con los demás. Muestra una extremada delicadeza y sensibilidad con los sufrimientos de los otros, en especial con sus frailes, a los que alguna vez alimentó de modo milagroso.
Desde el inicio de la conversación, los que trataron con él se sentían atraídos por su afabilidad. Su extrema pobreza no estaba reñida con la limpieza de ropa que él mismo lava, cose o remienda. Sabe cultivar la amistad y ser amable en el trato. Personajes contemporáneos suyos de primera línea gozaron de su compañía y recurrieron a él en sus problemas: Francisco de Borja, que llamaba su «paraíso» al convento de El Pedroso, Juan de Ribera, Carlos V y su hija Juana, que quisieron tomarlo por confesor, Teresa de Jesús, a quien aconseja y alienta en su reforma del carmelo y que le admiraba por su buen juicio y por su ascetismo; también los reyes de Portugal le veneraban y le ayudaron en sus empresas.
Estuvo dotado de una inteligencia fuera de lo común con memoria privilegiada que le facilitó dominar la Sagrada Escritura.
Como místico no le faltaron arrobos y ensimismamientos en la oración que llamaron éxtasis. Sus biógrafos no ocultan que más de una vez cruzó ríos andando sobre el agua, que curó enfermos de modo milagroso y que profetizó. Pero no fue fácil la fidelidad. Tentaciones fuertes carnales tuvo que resolver de modo expedito –muy adecuado a su concepción de la ascética– revolcándose desnudo en nieve o hielo y arrojándose sin ropa a zarzas y espinos.
Murió en el convento de Arenas el 18 de octubre de 1562. A partir de entonces, el pueblo se llamó Arenas de San Pedro.
En 1669 fue canonizado.
Su vida santa, plena de mortificación y penitencia, señala dónde está la fuerza para la santidad propia y para la de los demás. Por más que en la época actual sea considerada la mortificación y la penitencia como un tabú, como algo detestable de lo que hay que huir, o como práctica perteneciente a épocas pasadas, el estilo propio del Evangelio es para siempre camino imperecedero.
Cuando falta, solo queda la oscuridad por más que relumbren los artificios obsoletos de siempre con formas nuevas.
Archimadrid.org

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,39-48)





“Queridos hermanos y hermanas: ¡buenos días!

En el pasaje del Evangelio de hoy, Jesús habla a sus discípulos del comportamiento a seguir en vista del encuentro final con Él, y explica cómo la espera de este encuentro debe impulsarnos a llevar una vida rica de obras buenas. 

Entre otras cosas dice «Vended vuestros bienes y dad limosna. Haceos bolsas que no se deterioran, un tesoro inagotable en los cielos, donde no llega el ladrón, ni destruye la polilla» (v. 33). Es una invitación a dar valor a la limosna como obra de misericordia, a no depositar nuestra confianza en los bienes efímeros, a usar las cosas sin apego y egoísmo sino según la lógica de Dios, la lógica de la atención a los demás, la lógica del amor. 

Nosotros podemos estar muy pegados al dinero, tener muchas cosas, pero al final no las podemos llevar con nosotros. Recordad que «el sudario no tiene bolsillos».

La enseñanza de Jesús continúa con tres breves parábolas sobre el tema de la vigilancia. Esto es importante: la vigilancia, estar atentos, permanecer vigilantes en la vida. La primera es la parábola de los siervos que esperan por la noche el regreso de su señor. «Dichosos los siervos que el Señor al venir encuentre despiertos» (v. 37): es la felicidad de esperar con fe al Señor, del estar preparados con actitud de servicio. 

Él está presente cada día, llama a la puerta de nuestro corazón. Y será bienaventurado quien le abra, porque tendrá una gran recompensa: es más, el Señor mismo se hará siervo de sus siervos —es una bonita recompensa— en el gran banquete de su Reino pasará Él mismo a servirles. 

Con esta parábola, ambientada por la noche, Jesús presenta la vida como una vigilia de espera laboriosa, preludio del día luminoso de la eternidad. Para poder participar se necesita estar preparado, despierto y comprometido con el servicio a los demás, con la tranquilizadora perspectiva de que «desde allí» no seremos nosotros los que sirvamos a Dios, sino que será Él mismo quien nos acoja en su mesa. 

Pensándolo bien, esto ocurre ya cada vez que encontramos al Señor en la oración, o también sirviendo a los pobres, y sobre todo en la Eucaristía, donde Él prepara un banquete para nutrirnos de su Palabra y de su Cuerpo.

La segunda parábola tiene como imagen la llegada imprevisible del ladrón. Este hecho exige una vigilancia; efectivamente Jesús exhorta: «También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre» (v. 40). El discípulo es quien espera al Señor y su Reino. 

El Evangelio aclara esta perspectiva con la tercera parábola: el administrador de una casa después de la salida del señor. En la primera escena, el administrador sigue fielmente sus deberes y recibe su recompensa. 

En la segunda escena, el administrador abusa de su autoridad y golpea a los siervos, por lo que, al regreso imprevisto del señor, será castigado. Esta escena describe una situación frecuente también en nuestros días: tantas injusticias, violencias y maldades cotidianas nacen de la idea de comportarnos como dueños de la vida de los demás. Tenemos un solo dueño al cual no le gusta hacerse llamar «dueño» sino «Padre». Todos nosotros somos siervos, pecadores e hijos: Él es el único Padre.

Jesús nos recuerda hoy que la espera de la beatitud eterna no nos dispensa del compromiso de hacer más justo y más habitable el mundo. Es más, justamente nuestra esperanza de poseer el Reino en la eternidad nos impulsa a trabajar para mejorar las condiciones de la vida terrena, especialmente de los hermanos más débiles.

Que la Virgen María nos ayude a no ser personas y comunidades resignadas con el presente, o peor aún, nostálgicas del pasado, sino orientadas hacia el futuro de Dios, hacia el encuentro con Él, nuestra vida y nuestra esperanza”.
(Papa Francisco, Ángelus del 7-8-2016)

ESTAD PREPARADOS, PORQUE A LA HORA QUE MENOS PENSÉIS VIENE EL SEÑOR




Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,39-48):


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón, no le dejaría abrir un boquete. Lo mismo vosotros, estad preparados, p
orque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre.»

Pedro le preguntó: «Señor, ¿has dicho esa parábola por nosotros o por todos?»

El Señor le respondió: «¿Quién es el administrador fiel y solícito a quien el amo ha puesto al frente de su servidumbre para que les reparta la ración a sus horas? 

Dichoso el criado a quien su amo, al llegar, lo encuentre portándose así. Os aseguro que lo pondrá al frente de todos sus bienes. 

Pero si el empleado piensa: "Mi amo tarda en llegar", y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, a comer y beber y emborracharse, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá, condenándolo a la pena de los que no son fieles. 

El criado que sabe lo que su amo quiere y no está dispuesto a ponerlo por obra recibirá muchos azotes; el que no lo sabe, pero hace algo digno de castigo, recibirá pocos. Al que mucho se le dio, mucho se le exigirá; al que mucho se le confió, más se le exigirá.»

Palabra del Señor

Papa: Pastores que sean fieles al Señor y jamás amargados

 El buen pastor que sigue a Jesús y no el poder, el dinero o los acuerdos, incluso si ha sido abandonado por todos, tendrá siempre al Señor a su lado, se sentirá desolado pero jamás amargado. Lo afirmó el Papa en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
Al comentar la Segunda Carta a Timoteo, el Santo Padre se detuvo a considerar lo que experimentaron los Apóstoles, quienes, al igual que San Pablo en la fase conclusiva de su vida, sintieron la soledad en la dificultad: fueron despojados, víctimas del encarnizamiento, abandonados, y piden algo para sí mismos como mendicantes:
“Sólo, mendicante, víctima del encarnizamiento, abandonado. Pero es el gran Pablo, ¡el que ha oído la voz del Señor, la llamada del Señor! Aquel que fue de una parte a otra, que sufrió tantas cosas y tantas pruebas por la predicación del Evangelio, el que hizo comprender a los Apóstoles que el Señor quería que también los Gentiles entraran en la Iglesia. El gran Pablo que en la oración subió hasta el Séptimo Cielo y oyó coas que nadie había oído antes: el gran Pablo, allí, en aquella pequeña habitación de una casa, aquí, en Roma, en espera de cómo terminaría esta lucha dentro de la Iglesia entre las partes, entre la rigidez de los judaizantes y aquellos discípulos fieles a él. Y así termina la vida del gran Pablo, en la desolación: no en el resentimiento y en la amargura, sino con la desolación interior”.
Así le sucedió a Pedro y al gran Juan Bautista, que “en la celda, solo y angustiado”, envía a sus discípulos a preguntar a Jesús si es Él el Mesías, y termina degollado “por el capricho de una bailarina y la venganza de una adúltera”. Lo mismo le sucedió a Maximiliano Kolbe, “que había hecho un movimiento apostólico en todo el mundo y tantas cosas grandes” y murió en la celda de un campo de concentración.
“El apóstol, cuando es fiel – subrayó el Papa Francisco – no espera otro fin que el mismo de Jesús”. Pero el Señor permanece cerca de él, “no lo deja y allí encuentra su fuerza”. Así muere Pablo. “Ésta es la Ley del Evangelio: si la semilla de trigo no muere, no da fruto”. Después viene la resurrección. Un teólogo de los primeros siglos decía que la sangre de los mártires es la semilla de los cristianos:
“Morir así como mártires, como testigos de Jesús es la semilla que muere y da fruto y llena la tierra de nuevos cristianos. Cuando el pastor vive así no está amargado: quizás sienta desolación, pero tiene aquella certeza de que el Señor está junto a él. Pero cuando el pastor, en su vida, se  ocupa de otras cosas que no son los fieles – por ejemplo, está apegado al poder, está apegado al dinero, está apegado a los acuerdos, está apegado a tantas cosas – al final no estará solo, quizás estarán los sobrinos, que esperan que muera para ver qué cosa pueden llevarse”.
El Obispo de Roma concluyó su homilía diciendo textualmente:
“Cuando voy a visitar la casa para sacerdotes ancianos encuentro a tantos de estos buenos, buenos, que han dado la vida por los fieles. Y están allí, enfermos, paralíticos, en silla de ruedas, pero inmediatamente se ve aquella sonrisa. ‘Está bien, Seño; está bien, Señor’, porque sienten al Señor muy cerca de ellos. Y también aquellos ojos brillantes que tienen y preguntan: ‘¿Cómo va la Iglesia? ¿Cómo va la diócesis? ¿Cómo van las vocaciones?’. Hasta el final, porque son padres, porque han dado la vida por los demás. Volvamos a Pablo. Solo, mendicante, víctima del encarnizamiento, abandonado por todos, menos que por el Señor Jesús: ‘¡Sólo el Señor está cerca de mí!’. Y el buen pastor, el pastor debe tener esta seguridad: si él va por el camino de Jesús, el Señor estará cerca de él hasta el final. Recemos por los pastores que están en el final de su vida y que están esperando que el Señor se los lleve con Él. Y recemos para que el Señor les dé la fuerza, el consuelo y la seguridad de que, aunque se sientan enfermos e incluso solos, el Señor está con ellos, cerca de ellos. Que el Señor les dé a ellos la fuerza”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

martes, 18 de octubre de 2016

Más de 18 millones de peregrinos han acudido a Roma durante el Año de la Misericordia


Todavía restan el consistorio y los jubileos de presos y personas sin hogar
El Jubileo extraordinario de la Misericordiaconvocado por el papa Francisco, con la bula Misericordiae Vultus en abril del año pasado, concluirá el próximo 20 de noviembre en el Vaticano y se calcula que los peregrinos que habrán visitado la Ciudad eterna en el Año Jubilar serán unos 20 millones.
En la web iubilaeummisericordiae.va del Consejo pontificio para la Nueva Evagelización, se indica hasta el momento la participación de 18.176.359 personas al Jubileo de Roma, o sea quienes se registraron en los eventos jubilares o pasaron por la Puerta Santa.
Este es el número de peregrinos que llegaron a Roma, a pesar de que en casi todas las diócesis del mundo se abrió una Puerta santa, para permitir ganar las indulgencias del Jubileo sin tener necesidad de ir obligatoriamente a la Ciudad Eterna.
Quedan aún dos audiencias jubilares, la próxima este miércoles 22 de octubre; además el domingo 6 de noviembre queda en programa el Jubileo de los encarcelados, y del 11al 13 noviembre será el jubileo de las personas sin hogar que concluirá con la misa del Papa .
El mismo domingo 13 de noviembre se cierran las puertas santas de las tres basílicas pontificias: San Juan de Letrán, Santa María La Mayor y San Pablo extramuros, con sus respectivas ceremonias presididas por los cardenales Agostino Vallini, Santos Abril y Castelló y James Michael Harvey, respectivamente, como legados pontificios.
El domingo 20 de noviembre, día de Cristo Rey, es el cierre del Año Santo y el papa Francisco presidirá la celebración con el Colegio cardenalicio y los nuevos cardenales elevados el día anterior en un consistorio. Así Francisco, junto a los obispos y sacerdotes presidirá el rito de clausura de la Puerta Santa.

(RD/Agencias)

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (10,1-9):




Como Jesús, los mensajeros de paz de su reino deben ponerse en camino, deben responder a su invitación. Deben ir, pero no con el poder de la guerra o con la fuerza del poder. 

En el pasaje del Evangelio que hemos escuchado Jesús envía a setenta y dos discípulos a la gran mies que es el mundo, invitándolos a rogar al Señor de la mies que no falten nunca obreros a su mies. Pero no los envía con medios poderosos, sino «como corderos en medio de lobos» (v. 3), sin bolsa, ni alforja, ni sandalias (cf. v. 4). 

San Juan Crisóstomo, en una de sus homilías, comenta: «Mientras seamos corderos, venceremos e, incluso si estamos rodeados por numerosos lobos, lograremos vencerlos. Pero si nos convertimos en lobos, seremos vencidos, porque estaremos privados de la ayuda del pastor». 

Los cristianos no deben nunca ceder a la tentación de convertirse en lobos entre los lobos; el reino de paz de Cristo no se extiende con el poder, con la fuerza, con la violencia, sino con el don de uno mismo, con el amor llevado al extremo, incluso hacia los enemigos. Jesús no vence al mundo con la fuerza de las armas, sino con la fuerza de la cruz, que es la verdadera garantía de la victoria. 

Y para quien quiere ser discípulo del Señor, su enviado, esto tiene como consecuencia el estar preparado también a la pasión y al martirio, a perder la propia vida por Él, para que en el mundo triunfen el bien, el amor, la paz. Esta es la condición para poder decir, entrando en cada realidad: «Paz a esta casa» (Lc 10, 5).

Delante de la basílica de San Pedro hay dos grandes estatuas de san Pedro y san Pablo, fácilmente identificables: san Pedro tiene en la mano las llaves, san Pablo en cambio sostiene una espada. 

Quien no conoce la historia de este último podría pensar que se trata de un gran caudillo que guió grandes ejércitos y con la espada sometió pueblos y naciones, procurándose fama y riqueza con la sangre de los demás. En cambio, es exactamente lo contrario: la espada que tiene entre las manos es el instrumento con el que mataron a Pablo, con el que sufrió el martirio y derramó su propia sangre. 

Su batalla no fue la de la violencia, de la guerra, sino la del martirio por Cristo. Su única arma fue precisamente el anuncio de «Jesucristo, y este crucificado» (1 Co 2, 2). Su predicación no se basó en «persuasiva sabiduría humana, sino en la manifestación y el poder del Espíritu» (v. 4). 

Dedicó su vida a llevar el mensaje de reconciliación y de paz del Evangelio, gastando sus energías para hacerlo resonar hasta los confines de la tierra. Esta fue su fuerza: no buscó una vida tranquila, cómoda, alejada de las dificultades, de las contrariedades, sino que se gastó por el Evangelio, se entregó sin reservas, y así se convirtió en el gran mensajero de la paz y de la reconciliación de Cristo. 

La espada que san Pablo tiene en sus manos remite también al poder de la verdad, que a menudo puede herir, puede hacer mal. El Apóstol fue fiel a esta verdad hasta el final, fue su servidor, sufrió por ella, entregó su vida por ella. 

Esta misma lógica es válida también para nosotros, si queremos ser portadores del reino de paz anunciado por el profeta Zacarías y realizado por Cristo: debemos estar dispuestos a pagar en persona, a sufrir en primera persona la incomprensión, el rechazo, la persecución. No es la espada del conquistador la que construye la paz, sino la espada de quien sufre, de quien sabe donar la propia vida.

Queridos hermanos y hermanas, como cristianos queremos invocar de Dios el don de la paz, queremos pedirle que nos haga instrumentos de su paz en un mundo todavía desgarrado por el odio, las divisiones, los egoísmos, las guerras (...) para que el rencor ceda el paso al perdón, la división a la reconciliación, el odio al amor, la violencia a la mansedumbre, y en el mundo reine la paz. Amén”.
(De la catequesis de Benedicto XVI el 26-10-2011)

EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA DE VOSOTROS



Lectura del santo evangelio según san Lucas (10,1-9):

En aquel tiempo, designó el Señor otros setenta y dos y los mandó por delante, de dos en dos, a todos los pueblos y lugares adonde pensaba ir Él.

Y les decía: «La mies es abundante y los obreros pocos; rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies. 

¡Poneos en camino! Mirad que os mando como corderos en medio de lobos. No llevéis talega, ni alforja, ni sandalias; y no os detengáis a saludar a nadie por el camino. 

Cuando entréis en una casa, decid primero: "Paz a esta casa." Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros. Quedaos en la misma casa, comed y bebed de lo que tengan, porque el obrero merece su salario. No andéis cambiando de casa. 

Si entráis en un pueblo y os reciben bien, comed lo que os pongan, curad a los enfermos que haya, y decid: "Está cerca de vosotros el reino de Dios."»

Palabra del Señor