domingo, 18 de septiembre de 2016

El Papa a los ex-alumnos jesuitas: cada refugiado tiene un nombre y un rostro, es necesario integrarlos


El papa Francisco recibió este sábado por la mañana en el Vaticano a un numeroso grupo de ex alumnos jesuitas, reunidos en Roma para profundizar sobre la crisis de los refugiados y las raíces de las migraciones forzadas.
“Más de 65 millones de personas han sido obligadas a abandonar sus lugares de residencia”, aseguró el Santo Padre y precisó que “son mujeres y hombres, jóvenes y muchachas, que no son diversos de los miembros de nuestras familias y de nuestros amigos. Cada uno tiene un nombre, un rostro y una historia, como el derecho inalienable de vivir en paz y aspirar a un futuro mejor para los propios hijos”.
El Santo Padre les exhortó así “a dar la bienvenida a los refugiados en vuestras casas y comunidades, de manera que su primera experiencia en Europa no sea aquella traumática de dormir al frío, en las calles, sino una recepción calurosa y humana”. Y añadió: “Recuerden que la auténtica hospitalidad tiene un profundo valor evangélico, que alimenta el amor y es la mayor seguridad contra los odiosos actos de terrorismo”.
Les recordó a los allí presentes que la Confederación Europea de la Unión Mundial de ex alumnos jesuitas tomó el nombre de Padre Pedro Arrupe, fundador del Jesuit Refugee Service, quien fue movido a dar una respuesta al “boat people” sud-vietnamita expuesto a las tempestades del Mar mientras huía del comunismo. Y les invitó a ejemplo del padre Arrupe a “volverse compañeros de Jesús”, porque “enviados en el mundo para ser mujeres y hombres, para y con, los demás”. Ofreciendo al Señor “toda la vuestra libertad, vuestra memoria, vuestra inteligencia y vuestra entera voluntad”.
Porque la Iglesia con vuestra ayuda “será capaz de responder más plenamente a la tragedia humana de los refugiados mediante actos de misericordia que promuevan su integración en el contexto europeo”.
Francisco a los ex alumnos jesuitas les invitó también a recordar que “el amor de Dios les acompaña en este trabajo” y que son los “ojos, boca, manos y el corazón de Dios en este mundo”.
El pontífice les señaló que ellos seguramente habrán aprendido mucho de los refugiados que han encontrado y que al regresar a las propias comunidades les ayuden “no solamente a sobrevivir sino a crecer, florecer y dar fruto”. Les invitó también a pensar en la Sagrada Familia “en su largo viaje a Egipto como refugiados” y de las palabras que dijo Jesús: “Era extranjero y me recibieron”.
(ZENIT – Ciudad del Vaticano)

LA RECTA ADMINISTRACIÓN DE LOS BIENES



Hoy la Palabra pone el dedo en la llaga de una cultura especuladora, en la que solo interesa el acrecentamiento de las riquezas, a costa de todo, y en la que salen perdiendo siempre los más pobres.
Pero cabe que leamos la denuncia del texto bíblico como si se refiriera a otros, e incluso puede justificarnos por nuestra crítica despiadada de los dirigentes, de los empresarios, de los que entendemos que son especuladores con los bienes de los demás.
Sin duda que el profeta es incisivo en su expresión: “Escuchad esto, los que exprimís al pobre, despojáis a los miserables” (Amós). Y cada uno deberemos examinarnos por si en nuestras relaciones, aunque sea en pequeña escala, también ejercemos extorsión, especulación, por afán desmedido de poder o de tener, creando dependencias y ciertas esclavitudes. Cabe que intentemos dominar con chantajes emocionales, para sujetar a las personas a nuestro servicio.
El salmista canta el comportamiento de Dios, que es defensor de los más desfavorecidos: “El Señor levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo”. Dios no esclaviza, ni somete, por el contrario Él saca de la esclavitud a su pueblo, y por gracia, todos hemos sido liberados del dominio del pecado.
La clave para disfrutar de la libertad de los hijos de Dios nos la ofrece el Evangelio: “Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.” Solo Dios es Dios. “Pues Dios es uno, y uno solo es el mediador entre Dios y los hombres, el hombre Cristo Jesús, que se entregó en rescate por todos”.
En las circunstancias que nos rodean, en las que surge espontáneamente la crítica política por la situación en que nos encontramos, es providente la recomendación del San Pablo: “Te ruego, lo primero de todo, que hagáis oraciones, plegarias, súplicas, acciones de gracias por todos los hombres, por los reyes y por todos los que ocupan cargos, para que podamos llevar una vida tranquila y apacible, con toda piedad y decoro”. ¡Ojalá pueda emerger la generosidad, la responsabilidad y la sensibilidad, para que no se deteriore aún más la convivencia entre las personas!
Ángel Moreno de Buenafuente

Dinero



La sociedad que conoció Jesús era muy diferente a la nuestra. Solo las familias poderosas de Jerusalén y los grandes terratenientes de Tiberíades podían acumular monedas de oro y plata. Los campesinos apenas podían hacerse con alguna moneda de bronce o cobre, de escaso valor. Muchos vivían sin dinero, intercambiándose productos en un régimen de pura subsistencia.
En esta sociedad, Jesús habla del dinero con una frecuencia sorprendente. Sin tierras ni trabajo fijo, su vida itinerante de profeta dedicado a la causa de Dios le permite hablar con total libertad. Por otra parte, su amor a los pobres y su pasión por la justicia de Dios lo urgen a defender siempre a los más excluidos.
Habla del dinero con un lenguaje muy personal. Lo llama espontáneamente «dinero injusto» o «riquezas injustas». Al parecer, no conoce «dinero limpio». La riqueza de aquellos poderosos es injusta porque ha sido amasada de manera injusta y porque la disfrutan sin compartirla con los pobres y hambrientos.
¿Qué pueden hacer quienes poseen estas riquezas injustas? Lucas ha conservado unas palabras curiosas de Jesús. Aunque la frase puede resultar algo oscura por su concisión, su contenido no ha de caer en el olvido. «Yo os digo: Ganaos amigos con el dinero injusto para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas».
Jesús viene a decir así a los ricos: «Emplead vuestra riqueza injusta en ayudar a los pobres; ganaos su amistad compartiendo con ellos vuestros bienes. Ellos serán vuestros amigos y, cuando en la hora de la muerte el dinero no os sirva ya de nada, ellos os acogerán en la casa del Padre». Dicho con otras palabras: la mejor forma de «blanquear» el dinero injusto ante Dios es compartirlo con sus hijos más pobres.
Sus palabras no fueron bien acogidas. Lucas nos dice que «estaban oyendo estas cosas unos fariseos, amantes de las riquezas, y se burlaban de él». No entienden el mensaje de Jesús. No les interesa oírle hablar de dinero. A ellos solo les preocupa conocer y cumplir fielmente la ley. La riqueza la consideran como un signo de que Dios bendice su vida.
Aunque venga reforzada por una larga tradición bíblica, esta visión de la riqueza como signo de bendición no es evangélica. Hay que decirlo en voz alta porque hay personas ricas que de manera casi espontánea piensan que su éxito económico y su prosperidad es el mejor signo de que Dios aprueba su vida.
Un seguidor de Jesús no puede hacer cualquier cosa con el dinero: hay un modo de ganar dinero, de gastarlo y de disfrutarlo que es injusto pues olvida a los más pobres.
José Antonio Pagola

Así esta mujer te va a enseñar a amar. ¡Pídele el milagro a la Virgen María!



Me gusta mirar a María en estos días en los que el nuevo curso comienza. Mirarla a Ella y pensar en su nacimiento, en su dulce nombre, en su dolor al pie de la cruz abrazando a su hijo muerto con el corazón traspasado.

Me conmueven su sufrimiento, su fidelidad, su fortaleza, su alegría. Me gusta pensar que Ella siempre me espera para pronunciar mi nombre, para darme un hogar y una misión.

Y al llegar y sentirme en casa yo pronuncio también su nombre: María. Su nombre, que se puede traducir por amada, o elegida. Porque fue especialmente querida por Dios. Ella es excelsa, la preferida. Dios la creó y la soñó. Dios la quiso por encima de toda creatura. La amó en su belleza, en su verdad.

Su nombre que también puede significar luz sobre el mar, Stella Maris. Pienso en María, en su luz por encima del mar. Ella es la estrella que me guía en medio de las tormentas, en medio de la oscuridad. Como ese faro que marca las rocas que tengo que evitar, o la ruta que debo seguir para llegar a puerto seguro.

Ella tiene la hondura del mar y el horizonte ancho. Tiene la profundidad que yo anhelo y esa mirada que vislumbra el infinito. Tiene la inmensidad dibujada en sus ojos. Ella sostiene mi barca pequeña en medio de la vida. Y me guía por los mares hondos, por encima de las olas.

Hoy pronuncio su nombre: María. Y Ella pronuncia el mío al verme llegar. Sí, me llama por mi nombre. Mi nombre auténtico. No ese nombre por el que me conocen muchos. Más bien ese otro nombre que sólo yo conozco. Lo pronuncia con voz clara en mi oído.

Y me hace saber que siempre me espera, cada día, cada hora. Me espera y se alegra al verme llegar. Llegue como llegue. Sucio, cansado, herido. Sabe quién soy, conoce mi nombre. Ese nombre oculto bajo apariencias. Ese nombre desgastado por el cansancio y las heridas.

Ella lo sabe, lo pronuncia. Y siempre está allí dispuesta a sostener mi paso, mi cruz, mi mirada. Dispuesta a darme ánimos para una nueva lucha. No me quita mi cruz. No me libera. No es posible.
Ella no pudo quitarle tampoco el peso del madero a su propio Hijo. Sólo pudo sostenerlo con la mirada, alentarlo con sus lágrimas, darle esperanza con sus ojos. Hoy no puede cambiar mi suerte, alterar los planes, inventar un camino diferente. Por eso no lo hace. Y yo no lo espero. No le pido un milagro que me libere de cualquier cruz. No lo hago.

Pero sí le pido otro milagro. Le pido ese milagro que logre transformar mi alma egoísta en un alma honda y profunda, generosa, sin límites. Le pido el milagro de comprender aunque sea mínimamente cuánto me ama Dios. De saberlo de verdad, con el corazón. El milagro de ahondar en mi vida y sumergirme en su profundidad. Aceptándome como soy.

Le pido el milagro de poder llevar la cruz en el camino. Soportar con paciencia y alegría el dolor. Y seguir luchando una nueva batalla un nuevo día.

Le pido el milagro de percibir aunque sea torpemente el significado verdadero de ese nombre de Dios que es misericordia. Y entender que en mi propio nombre hay oculta otra misión de misericordia para los hombres.

No logro entender cómo Dios puede amarme sin condiciones, a cambio de nada. María con su amor me permite atisbar algo de ese misterio. Estoy llamado a perdonar y a perdonarme con el amor misericordioso de Dios. ¡Si lograra entenderlo!

Quiero aprender a perdonar siempre desde mi incapacidad. Es posible porque Dios lo hace posible en mí. Y si yo, que soy torpe, logro amar así, ¿cómo será entonces ese amor que Dios me tiene?: Comprendí entonces que así es como Dios nos ama y recibe a todos. Porque, si un ser humano deshecho y limitado es capaz de experimentar semejante episodio de total perdón y aceptación de sí mismo, pensemos la enormidad de cosas que Dios, en su eterna compasión, perdona y acepta”[1].

Mi amor es el pálido reflejo del amor de Dios. Hoy miro a María. Y veo cómo María me mira y me acepta. Noto su misericordia abrazando mis heridas. Es un milagro sentir que mi pecado no es nada importante cuando se sumerge en la hondura de su mar. En ese abrazo suyo en el que casi desaparezco.

En Ella mis límites y agobios, mis caídas y torpezas, poco importan. El milagro de su amor me hace ser más consciente de la gratuidad del amor. Quisiera amar como María me ama.

Llegamos a Ella con nuestras heridas y sabemos que es difícil llegar a perdonarnos a nosotros mismos. Sólo puede ser obra de la gracia. Por eso me gusta mirar a María. Me conmueve. Me gusta saber que Ella obra milagros. Milagros de transformación. Logra cambiar mi mirada. Transformar mi vida. No lo dudo. Ya lo ha hecho. Ella obra grandes milagros.

Decía el papa Francisco: Que nuestra Madre de misericordia nos enseñe a curar concretamente las llagas de Jesús en nuestros hermanos y hermanas. Al Señor no le gustan las puertas medio abiertas ni los caminos que se quedan a medias. No cerrar las puertas. Cada uno de nosotros guarda en el corazón una página personalísima del libro de la misericordia de Dios. Salir de nosotros mismos es un viaje sin billete de vuelta. Jesús busca corazones abiertos y tiernos con los débiles, nunca duros”.
María es Madre de misericordia. Y quiere educar hijos de misericordia. Lo puede hacer en mí si abro la puerta. Un milagro de misericordia en sus manos, abierto para otros. Pero para eso tengo que volver a agradecerle por las obras de misericordia que hace conmigo.

A veces me amargo por lo que no sucede como yo deseo. Me pesan las cruces. Y no logro ver la luz en la noche, o el agua en el oasis del desierto. María me ayuda a mirar mi vida con esperanza. Y me hace ver lo misericordioso que es Dios conmigo.

Sólo así podré yo salir, abrir mi puerta y dejar que otros lleguen a mi corazón y experimenten la misericordia de Dios.

[1] Elizabeth Gilbert, Come, reza y ama

No podéis servir a Dios y al dinero



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 16, 1-13
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
"¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando".
El administrador se puso a decir para sí:
"¿Qué voy a hacer, pus mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa."
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
"¿Cuánto debes a mi amo?"
Éste respondió:
"Cien barriles de aceite."
Él le dijo:
"Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta."
Luego dijo a otro:
"Y tú, ¿cuánto debes?"
Él contestó:
"Cien fanegas de trigo".
Le dijo:
"Aquí está tu recibo, escribe ochenta".
Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es de fiar en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta,, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».
Palabra del Señor.

sábado, 17 de septiembre de 2016

Una biblia hallada en un infierno



La historia ya tiene su tiempo, pero ha resurgido con ocasión del decimoquinto aniversario del atentado del 11 de septiembre de 2001. 
El 30 de marzo de 2002, mientras los bomberos continuaban aún en su interminable esfuerzo por retirar escombros, uno de ellos hizo un descubrimiento cuanto menos extraño: una Biblia incrustada en un trozo de acero fundido. El libro sagrado, completamente adherido al metal, estaba abierto por la página del Sermón de la montaña. En 2002, un bombero entregó estas páginas al fotógrafo Joel Meyerowitz, que trabajaba en el lugar.

Cuando Joel Meyerowitz recibió el objeto, inmediatamente quedóimpactado por el pasaje por donde el libro había quedado abierto: “Oísteis que fue dicho: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”.
En 2012, Joel Meyerowitz donó el objeto al museo en memoria del 11 de septiembre, donde se expone tal cual es.

Aleteia

EN DIOS CONFÍO Y NO TEMO



Del Salmo 55: 

Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Que retrocedan mis enemigos
cuando te invoco,
y así sabré que eres mi Dios. 


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

En Dios, cuya promesa alabo,
en el Señor, cuya promesa alabo,
en Dios confío y no temo;
¿qué podrá hacerme un hombre? 


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida

Te debo, Dios mío, los votos que hice,
los cumpliré con acción de gracias;
porque libraste mi alma de la muerte,
mis pies de la caída;
para que camine en presencia de Dios
a la luz de la vida.


Caminaré en presencia de Dios a la luz de la vida




El Papa a los obispos: “El mundo está cansado de encantadores mentirosos y sacerdotes a la moda”


El papa Francisco ha dibujado el perfil del obispo que debe llevar la misericordia de Dios a sus fieles, en un amplio discurso a los participantes del curso anual de formación promovido por la Congregación para los Obispo y para la Congregación para las Iglesias Orientales. El Santo Padre se ha dirigido a los presentes como aquellos que han sido “pescados” por el corazón de Dios para guiar a su pueblo santo.
Así, les ha pedido que abandonen “la pretensión de la autosuficiencia” para encomendarse como niños a “Aquel que revela su Reino a los pequeños”. El Santo Padre les ha hablado del “escalofrío” que se siente al haber sido amados primero y por eso ha pedido que Dios les salve de haber tenido vano este “escalofrío”, de “domesticarlo” o vaciarlo de su poder “desestabilizante”.
Por otro lado ha reflexionado sobre la “admirable condescendencia”. A propósito, el Pontífice ha indicado que “es bonito dejarse atravesar por el conocimiento amoroso de Dios”. Consuela saber –ha precisado Francisco– que Él realmente sabe quiénes somos y no se asusta de nuestra pequeñez.
En esta línea, ha advertido que hoy en día muchos se “ponen un máscara y se esconden”. No soportan –ha observado– el escalofrío de saberse conocidos por alguien que es más grande y no desprecia nuestro poco, es más Santo y no culpa nuestra debilidad, es bueno realmente y no se escandaliza de nuestras llagas.  Por eso el Papa ha pedido a los presentes que dejen que ese escalofrío les recorra y que no lo eliminen ni silencien.
Por otro lado, el Santo Padre les ha pedido que al pasar la Puerta Santa lo vivan intensamente como experiencia de “gratitud”, “reconciliación”, “confianza total”, “entrega sin reservas de la propia vida al Pastor de Pastores”.
Además, les ha recordado que son obispos de la Iglesia, “partícipes de un único episcopado”, “miembros de un colegio indivisible”. Por eso nunca irán solos a ningún sitio, “porque van con la Esposa que les ha sido encomendada como un sigilo impreso en vuestra alma”.
El Pontífice ha invitado a los obispos a que pregunten a Dios “el secreto para hacer pastoral su misericordia en vuestras diócesis”. Es necesario –ha asegurado el Papa– que la misericordia forme e informe las estructuras pastorales de nuestras Iglesias. “No se trata de rebajar las exigencias o vender barato nuestras perlas”, ha precisado. De este modo, el Santo Padre ha pedido a los obispos que no tengan miedo de proponer la misericordia “como resumen de lo que Dios ofrece al mundo. Además, ha recordado que hacer pastoral la misericordia no es otra cosa que hacer de las Iglesias “casas que albergan la santidad, la verdad y amor”.
Y para hacer pastoral la misericordia, el Santo Padre ha dado tres consejos: “Ser obispos capaces de encantar y atraer”, “ser obispos capaces de iniciar a aquellos que os han sido encomendados”, “ser obispos capaces de acompañar”.
El mundo –ha explicado Francisco– está cansado de encantadores mentirosos y de sacerdotes y obispos a la moda. La gente se aleja cuando reconoce a los narcisistas, manipuladores, defensores de las propias causas, anunciadores de cruzadas vanas. Más bien, ha pedido el Papa, “hay que satisfacer a Dios, que ya se presenta antes de vuestra llegada”.
El Pontífice ha explicado que una vez captados por la misericordia, esta “requiere un recorrido de introducción, un camino, una iniciación”. La misericordia de Dios –ha añadido– es la única realidad que consiente al hombre no perderse definitivamente, también cuando por desgracia trata de huir de su encanto.
Asimismo, ha pedido a los presentes que no tengan otra forma de mirar a sus fieles que la de su “singularidad” y que hagan todo lo posible para “alcanzarlos” y “recuperarlos”.
Por otro lado, ha advertido de que hoy se pide demasiado fruto a los árboles que no ha sido suficientemente cultivados. “Se ha perdido el sentido de la iniciación”, ha reconocido.
Otro aspecto sobre el que ha reflexionado Francisco es la “intimidad con Dios” que los obispos no pueden perder. También les ha pedido que cuiden las “estructuras de iniciación de sus Iglesias, particularmente los seminarios”. Al respecto les ha exhortado a no dejarse tentar por los números y la cantidad de vocaciones, sino que busquen “la calidad del discipulado”.
Finalmente, el Pontífice ha recordado a los presentes la importancia de acompañar, como el Buen Samaritano. Acompañar al clero, a las familias, especialmente a las más heridas. “Detenerse para dejar que vuestro corazón de pastores sea atravesado por la visión de su herida, acercarse con delicadeza y sin miedo”,

Comentario al evangelio según san Lucas (8,4-15), por el Papa Francisco.


«La verdadera protagonista de esta parábola es la semilla, que produce mayor o menor fruto según el terreno donde cae. (...) En este caso, Jesús no se limitó a presentar la parábola, también la explicó a sus discípulos. 

La semilla que cayó en el camino indica a quienes escuchan el anuncio del reino de Dios pero no lo acogen; así llega el Maligno y se lo lleva. El Maligno, en efecto, no quiere que la semilla del Evangelio germine en el corazón de los hombres. Esta es la primera comparación. 

La segunda es la de la semilla que cayó sobre las piedras: ella representa a las personas que escuchan la Palabra de Dios y la acogen inmediatamente, pero con superficialidad, porque no tienen raíces y son inconstantes; y cuando llegan las dificultades y las tribulaciones, estas personas se desaniman enseguida. 

El tercer caso es el de la semilla que cayó entre las zarzas: Jesús explica que se refiere a las personas que escuchan la Palabra pero, a causa de las preocupaciones mundanas y de la seducción de la riqueza, se ahoga. 

Por último, la semilla que cayó en terreno fértil representa a quienes escuchan la Palabra, la acogen, la custodian y la comprenden, y la semilla da fruto. El modelo perfecto de esta tierra buena es la Virgen María. 

Esta parábola habla hoy a cada uno de nosotros, como hablaba a quienes escuchaban a Jesús hace dos mil años. Nos recuerda que nosotros somos el terreno donde el Señor arroja incansablemente la semilla de su Palabra y de su amor. ¿Con qué disposición la acogemos? 

Y podemos plantearnos la pregunta: ¿cómo es nuestro corazón? ¿A qué terreno se parece: a un camino, a un pedregal, a una zarza? Depende de nosotros convertirnos en terreno bueno sin espinas ni piedras, pero trabajado y cultivado con cuidado, a fin de que pueda dar buenos frutos para nosotros y para nuestros hermanos. 

Y nos hará bien no olvidar que también nosotros somos sembradores. Dios siembra semilla buena, y también aquí podemos plantearnos la pregunta: ¿qué tipo de semilla sale de nuestro corazón y de nuestra boca? Nuestras palabras pueden hacer mucho bien y también mucho mal; pueden curar y pueden herir; pueden alentar y pueden deprimir. Recuerden: lo que cuenta no es lo que entra, sino lo que sale de la boca y del corazón.

Que la Virgen nos enseñe, con su ejemplo, a acoger la Palabra, custodiarla y hacerla fructificar en nosotros y en los demás».
(Del Ángelus del Papa Francisco el 13-7-2014)

LOS QUE ESCUCHAN LA PALABRA DE DIOS CON CORAZÓN GENEROSO Y LA GUARDAN, DAN FRUTO



Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,4-15):

En aquel tiempo, se le juntaba a Jesús mucha gente y, al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo.

Entonces les dijo esta parábola: 

«Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso y, al crecer, se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y, al crecer, dio fruto al ciento por uno.»

Dicho esto, exclamó: «El que tenga oídos para oír, que oiga.»

Entonces le preguntaron los discípulos: «¿Qué significa esa parábola?»

Él les respondió: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de Dios; a los demás, sólo en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. 

El sentido de la parábola es éste: La semilla es la palabra de Dios. 

Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. 

Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba fallan. 

Lo que cayó entre zarzas son los que escuchan, pero, con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. 

Los de la tierra buena son los que con un corazón noble y generoso escuchan la palabra, la guardan y dan fruto perseverando.»

Palabra del Señor

RESUCITAREMOS COMO CRISTO, CON NUESTRA CARNE



«Si Cristo no resucitó, nosotros tampoco resucitaremos». El Santo Padre reflexionó en su homilía de hoy sobre la Primera Lectura, tomada de la primera carta de San Pablo a los Corintios. 

Y se detuvo en la «lógica de la redención hasta el final», lamentando que algunas veces cuando rezamos el Credo, la última parte la decimos rápido, porque nos da miedo pensar en el futuro, en la resurrección de los muertos.

«La lógica del ayer es fácil. La lógica del hoy es fácil. La lógica del mañana es fácil: todos moriremos. Pero la lógica del pasado mañana, ésta es difícil. Y es lo que Pablo quiere anunciar hoy: la lógica del pasado mañana ¿Cómo será? ¿Cómo será eso? La resurrección. 

Cristo resucitó. Cristo resucitó y está claro que no resucitó como un fantasma. En en el pasaje de Lucas sobre la resurrección dice: ‘Tóquenme’. Un fantasma no tiene carne ni huesos. ‘Tóquenme. Denme de comer’. La lógica del pasado mañana es la lógica en la cual entra la carne».



Nos preguntamos cómo será el Cielo, si estaremos todos allí, pero no llegamos a lo que Pablo quiere hacer comprender: «esta lógica del pasado mañana». «Nos traiciona un cierto gnosticismo» cuando pensamos que «será todo espiritual» y «tenemos miedo de la carne»

No olvidemos que «ésta fue la primera herejía», que el Apóstol Juan condena: «El que dice que el Verbo de Dios no vino en carne es del Anticristo»:

«Tenemos miedo de aceptar y llevar a las últimas consecuencias la carne de Cristo. Es más fácil una piedad espiritualista, una piedad que se esfuma; pero entrar en la lógica de la carne de Cristo, eso es difícil. Ésta es la lógica del pasado mañana. Nosotros resucitaremos como resucitó Cristo, con nuestra carne».

Recordando que los primeros cristianos se preguntaban cómo había resucitado Jesús, y que «en la fe de la resurrección de la carne, se arraigan profundamente las obras de misericordia, porque hay una conexión continua», el Papa destacó que San Pablo nos dice con firmeza que todos seremos transformados, nuestro cuerpo y nuestra carne serán transformados.

El Señor «se hizo ver y tocar y comió con los discípulos después de la resurrección, volvió a recordar el Papa, refiriéndose a la dificultad que tenemos de comprender la «lógica del pasado mañana» y de «entrar en ella»:

«Es un signo de madurez comprender bien la lógica del pasado, es un signo de madurez moverse en la lógica del presente, la del ayer y la del hoy. También es un signo de madurez tener la prudencia de ver la lógica del mañana, del futuro. 

Pero se necesita la gracia grande del Espíritu Santo para comprender esta lógica del pasado mañana, cuando Él vendrá y nos llevará a todos transformados sobre las nubes para permanecer con Él. Pidamos al Señor la gracia de esta fe».

“Viernes de la Misericordia”. El Papa lleva una caricia y oración a los sufrientes

La tarde del 16 de septiembre el Papa Francisco cumplió el ya tradicional “Viernes de la  Misericordia”. Después de algunos días de la canonización de la Madre Teresa, que desarrolló un extraordinario servicio en favor de la vida, Francisco visitó dos lugares con un fuerte significado.
La primera visita del Papa este viernes fue a emergencias y al pabellón de neonatología del Hospital San Giovanni de Roma, donde en este momento están internados una decena de niños con varias patologías neonatales. Cinco pequeños (de estos, dos son gemelos) se encuentran muy graves en la sección de terapia intensiva. En el piso superior del pabellón está situado un nido donde están internados otros niños.

Acogido con sorpresa por el personal, como todos, al entrar al pabellón, el Papa se sometió a todas las precauciones higiénicas. El Santo Padre se detuvo junto a cada incubadora y saludó a los papás y a las mamás presentes, dándoles consuelo y valor.
Luego Francisco se dirigió a la casa “Villa Esperanza” donde se encuentran internados 30 pacientes en fase terminal. Esta estructura pertenece a la Fundación Policlínico Universitario A. Gemelli, de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. A su llegada, los responsables dieron una calurosa e improvisada bienvenida al Papa, que quiso luego saludar a cada uno de los pacientes en sus respectivas habitaciones. Se percibió la gran sorpresa de todos, pacientes y familiares, que vivieron esta visita con intensa emoción, entre lágrimas y risas de alegría.
Con este “Viernes de la Misericordia” el Santo Padre ha querido dar una señal fuerte de la importancia de la vida, desde su primer instante hasta su final natural. La acogida de la vida y la garantía de su dignidad en todo momento de su desarrollo es una enseñanza subrayada más de una vez por el Papa Francisco, que con estas dos visitas ha señalado de forma concreta y tangible cuan fundamental sea – para vivir la misericordia – la atención a los hermanos en situaciones más débiles y precarias.
(RC-RV)

Homilía del Papa: vivir la lógica del pasado mañana, sin detenerse en el hoy

La lógica del cristiano es la «lógica del pasado mañana», que no se detiene en el presente, sino que confía en la resurrección de la carne. Lo afirmó el Papa Francisco, en la Misa matutina, en la Casa de Santa Marta, poniendo en guardia contra una piedad espiritualista, estancada en el hoy.
«Si Cristo no resucitó, nosotros tampoco resucitaremos». El Santo Padre reflexionó en su homilía sobre la Primera Lectura, con la primera carta de San Pablo a los Corintios. Y se detuvo en la «lógica de la redención hasta el final», lamentando que algunas veces cuando rezamos el Credo, la última parte la decimos rápido, porque nos da miedo pensar en el futuro, en la resurrección de los muertos.
La lógica del pasado mañana es la lógica de Cristo resucitado
Señalando que «es fácil para todos nosotros entrar en la lógica del pasado, porque es concreta», así como también «es fácil entrar en la lógica del presente, porque lo vemos», el Papa reiteró que cuando miramos al futuro, entonces pensamos que «sea mejor no pensar». «No es fácil entrar en la totalidad de esta lógica del futuro»:
«La lógica del ayer es fácil. La lógica del hoy es fácil. La lógica del mañana es fácil: todos moriremos. Pero la lógica del pasado mañana, ésta es difícil. Y es lo que Pablo quiere anunciar hoy: la lógica del pasado mañana ¿Cómo será? ¿Cómo será eso? La resurrección. Cristo resucitó. Cristo resucitó y está claro que no resucitó como un fantasma, en el pasaje de Lucas sobre la resurrección: ‘Tóquenme’. Un fantasma no tiene carne ni huesos. ‘Tóquenme. Denme de comer’. La lógica del pasado mañana es la lógica en la cual entra la carne».
Nos preguntamos ¿cómo será el cielo?, si estaremos todos allí, pero no llegamos a lo que Pablo quiere hacer comprender: «esta lógica del pasado mañana», añadió el Santo Padre, advirtiendo que «nos traiciona un cierto gnosticismo» cuando pensamos que «será todo espiritual» y «tenemos miedo de la carne»
No a una piedad espiritualista, entrar en la lógica de la carne de Cristo
No olvidemos que «ésta fue la primera herejía», que el Apóstol Juan condena: «El que dice que el Verbo de Dios no vino en carne es del Anticristo»:
«Tenemos miedo de aceptar y llevar a las últimas consecuencias la carne de Cristo. Es más fácil una piedad espiritualista, una piedad que se esfuma; pero entrar en la lógica de la carne de Cristo, eso es difícil. Ésta es la lógica del pasado mañana. Nosotros resucitaremos como resucitó Cristo, con nuestra carne».
Recordando que los primeros cristianos se preguntaban cómo había resucitado Jesús, y que «en la fe de la resurrección de la carne, se arraigan profundamente las obras de misericordia, porque hay una conexión continua», el Papa destacó que San Pablo nos dice con firmeza que todos seremos transformados, nuestro cuerpo y nuestra carne serán transformados.
Pidamos la gracia de creer en la transformación de la carne
El Señor «se hizo ver y tocar y comió con los discípulos después de la resurrección, volvió a recordar el Papa, refiriéndose a la dificultad que tenemos de comprender la «lógica del pasado mañana» y de «entrar en ella»:
«Es un signo de madurez comprender bien la lógica del pasado, es un signo de madurez moverse en la lógica del presente, la del ayer y la del hoy. También es un signo de madurez tener la prudencia de ver la lógica del mañana, del futuro. Pero se necesita la gracia grande del Espíritu Santo para comprender esta lógica del pasado mañana, cuando Él vendrá y nos llevará a todos transformados sobre las nubes para permanecer con Él. Pidamos al Señor la gracia de esta fe».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

viernes, 16 de septiembre de 2016

Salmo del corazón



Quiero compartir mi corazón contigo, Señor Jesús.
Quiero hacer de mi corazón pan tierno y fresco, hogaza de labrador compartida en la mesa de todos, donde no hay puestos porque no hay primero.
Dejo en la mesa mi pan hecho migas, y el mantel manchado en rojo como recuerdo.
Dejo mi silla de paja que espera al hombre que siempre ocupa el último lugar como puesto.

Mi corazón, Señor del alba, se hace mesa, mantel blanco de amistad para los pueblos.
Mi corazón, Señor Jesús, se siente solo cuando tu medida no lo llena dentro.
Mi corazón se arruga y sufre y llora cuando el Amor no enciende mi amor en fuego.

Tú eres el mar. Yo soy la playa. Tú eres la ola que inunda mi arena llevada al viento.
Mi corazón lo hiciste para ti, Señor del alba, y no es feliz si tú no eres, al fin, su Centro.
Tú eres amor, por eso buscas, peregrino, mis amores perdidos en ídolos de paja y hierro, que se esfuman y se vengan como dioses extraños a las manos que del mano nos hicieron.

Yo busco la verdad y sólo encuentro verdades.
Busco el amor, y sólo en migajas lo encuentro.
Busco la belleza y se hace noche en el camino
Busco la libertad y me siento prisionero.
Busco el bien, y el mal se me hace uña a la carne y me duele vivir en este duelo.

No quiero más verdades,
que busco la Verdad que ilumine mi vida y le dé un Proyecto.
No quiero más amores,
que el Amor que busco es Amor de manantial con vida sin término.
No quiero más bellezas,
que Belleza es sólo aquella que no muere con el tiempo.
No quiero más libertades,
que ser libres es vivir en el interior del corazón que has hecho.
Tú, Señor del alba, mi Bien, mi creación nueva, donde juntos soñaremos en silencio.

No quiero un corazón de piedra, duro y podrido, que golpee a cada paso y sepa a estiércol;
un corazón de piedra que muera solo entre las ruinas perdidas de un destierro.
No quiero un corazón de piedra que viva frío entre los hielos, las nieves de los viejo.
Quiero un corazón que sea humano, hecho de carne, como el tuyo nacido de la mujer y el silencio, que es pureza virginal y es Espíritu, hecho hombre para perder el corazón sin dueño.

Dame un corazón, Señor Jesús, manso y humilde, donde haya espacio para el que llegue corriendo, que mis manos enjugarán las gotas de sudor y refrescarán el cansancio y acompañarán el sueño.
Dame un corazón que sueñe mundos sin conquistar, que viva la utopía del hombre nuevo.

Dame un corazón que sea feliz conmigo mismo, que aprenda a quererse para querer sin ruegos.
Dame un corazón que sepa perdonarse siempre, para comprender y perdonar primero.
Dame un corazón orante como el tuyo que se abra al Padre, que es Padre nuestro.

Compartiendo vida... En la cuerda floja



Hay momentos en la vida en los que podemos sentirnos en una cuerda floja.

Son aquellos momentos en los que nuestra estabilidad se trunca, en los que podemos sentir que todo se derrumba a nuestro paso, en los que no vemos soluciones a problemas cotidianos o no tan cotidianos.

En esos momentos el suelo se convierte en una cuerda en la que tenemos que hacer equilibrios para no caer.

Pero, lo peor de todo sería no tener siquiera esa cuerda y caer al vacío.

Al fin y al cabo la cuerda nos mantiene en pie, nos da una oportunidad para afrontar esas situaciones, nos marca una linea y un camino a seguir que, con nuestro equilibrio, nos ofrece la oportunidad de llegar a la meta que nos marca.

Miremos esa cuerda como "oportunidad" para caminar, para sentir la fortaleza interior que todos albergamos dentro y para, con humildad, sentirnos vulnerables y necesitados de los otros.

Contemplemos esa cuerda con expresión esperanzadora, alentadora y emprendedora.

La cuerda nos llevará a buen fin si conseguimos superarla.


Encar_AM
www.reflejosdeluz.net