sábado, 6 de agosto de 2016

China quiere llegar a un "entendimiento" con el Vaticano


El líder de la Iglesia católica en Hong Kong declaró que Pekín desea llegar a un"entendimiento" con El Vaticano para resolver el litigio sobre el nombramiento de obispos en China y otros desacuerdos.
"La Iglesia católica ha recuperado gradualmente la consideración del gobierno chino, que ahora desea llegar a un entendimiento con la Santa Sede en la cuestión del nombramiento de obispos en la Iglesia católica en China y busca un plan aceptable para ambos", afirmó el obispo John Tong en una carta pastoral publicada el jueves en la página web de la diócesis de Hong Kong.
En China hay aproximadamente 12 millones de católicos, pero el Vaticano no mantiene relaciones diplomáticas con el país desde 1952, dos años después de la fundación de la República Popular comunista.
El anuncio llega en un momento de inquietud entre los católicos del país, que temen que un acuerdo con Pekín ponga en peligro a la Iglesia católica.
En su carta, Tong admitió que existen recelos, pero aseguró que el Papa Francisco no aceptará ningún acuerdo que "dañe" a la Iglesia.
La Iglesia católica 'oficial' en el país la gestiona la Asociación Patriótica Católica China, controlada por el Gobierno, pero también existe otra iglesia 'clandestina', leal únicamente al Vaticano.
Los obispos en China son nombrados por la asociación, mientras el Vaticano insiste en su derecho de nombrar a sus obispos, como en el resto de países.
Anthony Lam, investigador senior del Centro de Estudio del Espíritu Santo en Hong Kong -una rama de la diócesis-, señaló a la AFP que de momento, El Vaticano y Pekín llevan a cabo desde hace unos años encuentros, no "negociaciones formales", y consideró que llegar a un acuerdo final llevará aún bastante tiempo.
Los anteriores intentos de restaurar las relaciones bilaterales fracasaron por la insistencia de Pekín en que el Vaticano deje de reconocer a Taiwán y prometa no interferir en los asuntos religiosos en China.
En mayo, no obstante, el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, aseguró que las relaciones entre ambos países se encontraban en una "fase positiva".(RD/Agencias)

La Santa Sede denuncia el aumento de abusos a menores en conflictos

La Santa Sede ha levantado su voz una vez más contra la implicación de niños en conflictos. Monseñor Simon Kassas, encargado ante la Misión del observador permanente de la Santa Sede en la ONU, intervino esta semana en el debate abierto en el Consejo de Seguridad sobre este tema, poniendo el acento en el aumento de ciertos fenómenos aberrantes.
Niños-soldados usados como kamikaze, con fines sexuales o en las más peligrosas operaciones militares: en el 2015 las violaciones han visto una gravedad nunca conocida antes. “Nunca en la historia reciente ha habido tantos niños sometidos a tal brutalidad violenta”, afirmó el prelado, como indica Radio Vaticano.
Monseñor Kassas no escondió los “progresos” manifestados por la comunidad internacional en la defensa de los niños, pero evidentemente es necesario hacer más. La Santa Sede está preparada a perpetuar su compromiso. “A través de sus distintas estructuras activas en la mayor parte de las zonas en conflicto, la Iglesia católica está activamente comprometida en el cuidado de las víctimas de la violencia”, subrayó monseñor Kassas.
Además, a lo largo de los años, las estructuras de la Santa Sede y las numerosas instituciones católicas han colaborado con las misiones de paz y las agencias de la ONU para compartir las prácticas para afrontar este flagelo.
Los lugares donde los niños están en mayor riesgo, desde este punto de vista, son Afganistán, Irak, Somalia, Sudan del sur, y Yemen, donde se ha quintuplicado, en un año, el número de menores enrolados en el ejército y en las milicias locales y aumentan en seis veces el de niños asesinados o mutilados. El Estado Islámico y Boko Haram comparten el triste primado en la explotación de menores.
No falta al menos una noticia positiva: en el 2015, más de 8 mil niños fueron liberados y muchos países aprobaron leyes para su protección. 
Zenit

Los cristianos no volverán a Nínive tras la toma de Mosul si no se garantiza su seguridad

Distintas personalidades políticas y eclesiásticas de los caldeo-asirios iraquíes han pedido a la comunidad internacional y al Gobierno de su país que garantice plenamente la seguridad de los cristianos que retornen a los territorios ocupados por el Estado Islámico en los Llanos de Nínive, una vez hayan sido reconquistados por la coalición de fuerzas que estos días se prepara para la gran ofensiva sobre Mósul. Así lo indica la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, en un comunicado publicado cuando se cumple el segundo aniversario de la huida de Nínive de 120 mil bautizados perseguidos por el autodenominado Estado Islámico.
En vísperas de este segundo aniversario de la pérdida de Qaraqosh y otras poblaciones próximas de mayoría cristiana y yazidí, el presidente del Partido Democrático del Kurdistán (KDP, según sus siglas inglesas), Masud Barzani, “se ha comprometido a reconquistar todo el área que los islamistas radicales usurparon a los caldeo-asirios en la Llanura de Nínive, tan pronto como se desencadene la ofensiva sobre la capital iraquí del autoproclamado califato”, informa AIN. Los líderes cristianos consideran, sin embargo, que “la población no volverá si no se les proporciona garantías de que van a estar libres de nuevas agresiones”.
Por otro lado, la fundación pontificia indica que “los responsables políticos asirios coinciden en que la única fórmula política para lograr el objetivo sería fragmentar la región autónoma de Nínive para crear una provincia que funcione como una zona de seguridad”. Esta semana se han manifestado en tal sentido Yonnadam Kanna, líder del Movimiento Democrático Asirio, Srood Maqdasi, de los Hijos de Mesopotamia y Romeo Hakari, responsable del Partido Democrático de Beth-Nahrain. Esta propuesta ha sido presentada ya en los parlamentos de Bagdad y Erbil.
Los líderes de las iglesias locales coinciden en este aspecto, informa AIN. Mons. Ignatius III, Patriarca de la Iglesia sirio-católica ha pedido recientemente que “declare la zona de la Llanura de Nínive como protecrorado de Naciones Unidas, en un periodo no inferior a 10 años”. Por su parte, el Patriarca caldeo-católico, monseñor Luis Sako, también “ha sugerido crear varias zonas de seguridad para el paraguas de un estado federal que permita vivir en paz y libres de discriminaciones a todos los iraquíes”.
Las autoridades políticas estiman a día de hoy que más de la mitad de los caldeos-asirios que viven en el país, están pensando en dejar Irak para siempre. Según las estimaciones de la Iglesia local a través de Ayuda a la Iglesia Necesitada, el número de cristianos que aún viven en Irak y que han sobrevivido a las persecuciones sistemáticas no es superior a 300 mil.
Por otro lado, aseguran que mientras que los partidos políticos asirios han creado nuevas milicias de autodefensa, la máxima autoridad de la Iglesia católico caldea, monseñor Luis Sako, ha reiterado que no se arme a los cristianos y que se desaliente cualquier espíritu de cruzada. De este modo, se precisa que “privados de sus hogares y desposeídos de cuanto tenían, los cristianos han vivido hasta la fecha de la caridad de las iglesias y las organizaciones no gubernamentales que operan en la zona”.
Tal es el caso de AIN, que en el año 2015 ha destinado a este fin más de 10,5 millones de euros a proyectos de emergencia y ayuda pastoral. Desde la institución siguen apoyando de forma prioritaria a la comunidad cristiana en Irak.
Zenit

El Papa llama a los atletas de Río que sean "mensajeros de fraternidad"


El Papa Francisco felicitó este viernes a los deportistas ante el comienzo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y les instó a ser siempre "mensajeros de fraternidad" y de "genuino espíritu deportivo". "¡Felicidades atletas de #Rio2016! Sean siempre mensajeros de fraternidad y de genuino espíritu deportivo", señaló el pontífice desde su perfil oficial de Twitter, traducido a nueve idiomas.
El pontífice se dirigió ayer a los participantes de las Olimpiadas y les animó a "terminar juntos la "Que las Olimpiadas animen a dar la buena batalla, terminar juntos la carrera, deseando conseguir como premio no una medalla sino algo más precioso, la realización de una civilización en la que reina la solidaridad", dijo el papa en la audiencia general.
Además, el papa ha dedicado al deporte el vídeo que publica cada mes durante este Año Santo Extraordinario y en el que señala a los fieles sus intenciones de oración.
"Con el deporte es posible construir la cultura del encuentro entre todos, por un mundo de paz. Sueño con el deporte como la práctica de la dignidad humana convertida en un vehículo de fraternidad", abogó el pontífice en la grabación.
Y continuó: "¿Entrenamos juntos esta petición? Que el deporte fomente el encuentro fraternal entre los pueblos y contribuya a la paz en el mundo".
Francisco ha defendido en múltiples ocasiones el valor social del deporte y, por esa razón, sus mensajes en este sentido se han repetido en los últimos días, antes del comienzo de los Juegos Olímpicos de Río, que comenzarán hoy 5 de agosto.carrera" y lograr como premio "una civilización en la que reine la solidaridad".
Con el equipo de los refugiados
En el marco de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro que se llevarán a cabo en la ciudad brasileña durante este mes de agosto, y en los que participará un equipo olímpico de refugiados, Papa Francisco escribe un saludo donde les envía sus mejores deseos.
"Que el coraje y la valentía que llevan dentro pueda expresar, a través de los juegos olímpicos, un grito de fraternidad y de paz. Que, a través de Ustedes, la humanidad comprenda que la paz es posible, que con la paz todo se gana, en cambio con la guerra se pierde todo".
El equipo de refugiados está formado por 10 atletas de los cuales dos son nadadores sirios, dos yudocas de la República Democrática del Congo y seis corredores: cinco de Sudán del Sur y uno de Etiopía. Actualmente viven acogidos en Alemania, Bélgica, Luxemburgo, Kenia y Brasil. (RD/Efe)

Comentarios al Evangelio de la Transfiguración por el Papa Francisco.


Jesús «tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto» (Mt 17, 1).  La montaña en la Biblia representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con Él; el sitio de la oración, para estar en presencia del Señor. 

Allí arriba, en el monte, Jesús se muestra a los tres discípulos transfigurado, luminoso, bellísimo; y luego aparecen Moisés y Elías, que conversan con Él. Su rostro estaba tan resplandeciente y sus vestiduras tan cándidas, que Pedro quedó iluminado, en tal medida que quería permanecer allí, casi deteniendo ese momento. Inmediatamente resuena desde lo alto la voz del Padre que proclama a Jesús su Hijo predilecto, diciendo: «Escuchadlo» (v. 5). ¡Esta palabra es importante! Nuestro Padre que dijo a los apóstoles, y también a nosotros: «Escuchad a Jesús, porque es mi Hijo predilecto». Mantengamos esta semana esta palabra en la cabeza y en el corazón: «Escuchad a Jesús». Y esto no lo dice el Papa, lo dice Dios Padre, a todos: a mí, a vosotros, a todos, a todos. Es como una ayuda para ir adelante por el camino de la Cuaresma. «Escuchad a Jesús». No lo olvidéis.

Es muy importante esta invitación del Padre. Nosotros, discípulos de Jesús, estamos llamados a ser personas que escuchan su voz y toman en serio sus palabras. Para escuchar a Jesús es necesario estar cerca de Él, seguirlo, como hacían las multitudes del Evangelio que lo seguían por los caminos de Palestina. Jesús no tenía una cátedra o un púlpito fijos, sino que era un maestro itinerante, proponía sus enseñanzas, que eran las enseñanzas que le había dado el Padre, a lo largo de los caminos, recorriendo trayectos no siempre previsibles y a veces poco libres de obstáculos. Seguir a Jesús para escucharle. Pero también escuchamos a Jesús en su Palabra escrita, en el Evangelio. Os hago una pregunta: ¿vosotros leéis todos los días un pasaje del Evangelio? Sí, no… sí, no… Mitad y mitad… Algunos sí y algunos no. Pero es importante. ¿Vosotros leéis el Evangelio? Es algo bueno; es una cosa buena tener un pequeño Evangelio, pequeño, y llevarlo con nosotros, en el bolsillo, en el bolso, y leer un breve pasaje en cualquier momento del día. En cualquier momento del día tomo del bolsillo el Evangelio y leo algo, un breve pasaje. Es Jesús que nos habla allí, en el Evangelio. Pensad en esto. No es difícil, ni tampoco necesario que sean los cuatro: uno de los Evangelios, pequeñito, con nosotros. Siempre el Evangelio con nosotros, porque es la Palabra de Jesús para poder escucharle.
De este episodio de la Transfiguración quisiera tomar dos elementos significativos, que sintetizo en dos palabras: subida y descenso. Nosotros necesitamos ir a un lugar apartado, subir a la montaña en un espacio de silencio, para encontrarnos a nosotros mismos y percibir mejor la voz del Señor. Esto hacemos en la oración. Pero no podemos permanecer allí. El encuentro con Dios en la oración nos impulsa nuevamente a «bajar de la montaña» y volver a la parte baja, a la llanura, donde encontramos a tantos hermanos afligidos por fatigas, enfermedades, injusticias, ignorancias, pobreza material y espiritual. A estos hermanos nuestros que atraviesan dificultades, estamos llamados a llevar los frutos de la experiencia que hemos tenido con Dios, compartiendo la gracia recibida. Y esto es curioso. Cuando oímos la Palabra de Jesús, escuchamos la Palabra de Jesús y la tenemos en el corazón, esa Palabra crece. ¿Sabéis cómo crece? ¡Donándola al otro! La Palabra de Cristo crece en nosotros cuando la proclamamos, cuando la damos a los demás. Y ésta es la vida cristiana. Es una misión para toda la Iglesia, para todos los bautizados, para todos nosotros: escuchar a Jesús y donarlo a los demás. No olvidarlo: esta semana, escuchad a Jesús. Y pensad en esta cuestión del Evangelio: ¿lo haréis? ¿Haréis esto? Luego, el próximo domingo me diréis si habéis hecho esto: llevar un pequeño Evangelio en el bolsillo o en el bolso para leer un breve pasaje durante el día.
Y ahora dirijámonos a nuestra Madre María, y encomendémonos a su guía para continuar con fe y generosidad este itinerario de la Cuaresma, aprendiendo un poco más a «subir» con la oración y escuchar a Jesús y a «bajar» con la caridad fraterna, anunciando a Jesús.
Al término de la oración mariana, el Santo Padre, tras saludar a los grupos presentes, dirigió las siguientes palabras.
Os invito a recordar en la oración a los pasajeros y a la tripulación del avión de Malasia y a sus familiares. Estamos cerca de ellos en este difícil momento.
A todos deseo un feliz domingo y un buen almuerzo. ¡Hasta la vista!

Plaza de San Pedro
Domingo 16 de marzo de 2014

Transfiguración de Jesús.



Evangelio según San Lucas 9,28b-36.


Unos ocho días después de decir esto, Jesús tomó a Pedro, Juan y Santiago, y subió a la montaña para orar.

Mientras oraba, su rostro cambió de aspecto y sus vestiduras se volvieron de una blancura deslumbrante.

Y dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías,

que aparecían revestidos de gloria y hablaban de la partida de Jesús, que iba a cumplirse en Jerusalén.
Pedro y sus compañeros tenían mucho sueño, pero permanecieron despiertos, y vieron la gloria de Jesús y a los dos hombres que estaban con él.

Mientras estos se alejaban, Pedro dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías". El no sabía lo que decía.

Mientras hablaba, una nube los cubrió con su sombra y al entrar en ella, los discípulos se llenaron de temor.

Desde la nube se oyó entonces una voz que decía: "Este es mi Hijo, el Elegido, escúchenlo".
Y cuando se oyó la voz, Jesús estaba solo. Los discípulos callaron y durante todo ese tiempo no dijeron a nadie lo que habían visto.

viernes, 5 de agosto de 2016

4 de agosto: san Juan Bautista Vianney, Cura de Ars, presbítero

Nació en Dardilly el 8 de mayo de 1786. Por el lugar de ver la luz –un villorrio cercano a Lyon–, por la condición económico-social de la familia –unos destripaterrones a sueldo, cuando lo había–, por el comienzo de su vida en sociedad como pastor de tres cabras y un borrico y, finalmente, por lo torpón de cabeza cuando se puso a hacer pinitos en los estudios, bien parecía que habría de decir a la historia tan pocas cosas como la historia de él.
Pero no fue como se temía; las cosas cambiaron más de lo que ningún agorero pudiera predecir. Y eran tiempos turbios los de Francia aquellos. Estalló la Revolución Francesa cuando tenía poca edad Juan Bautista. Ni siquiera pudo hacer su Primera Comunión en la pequeña Iglesia de su pueblo porque ya había llegado el sacerdote constitucional –que era lo mismo que decir cismático– y tuvo que recibir al Señor por primera vez en un salón de un pueblo cercano con las ventanas cerradas a cal y canto para que el sacerdote disimulado y perseguido –pero fiel a Roma– no sufriera maltratos con sus fieles. Si a esto se añade que fue declarado prófugo y desertor del ejército cuando se le llamó a filas para combatir en España, teniendo que pasar escondido dos años por aquellos campos de Dios, que le despidieron del seminario por no mantener buenas relaciones con el latín y que tenía bastante poca salud, tendremos un cuadro bastante aproximado al que quiere expresar el paisano cuando dice de alguien que «parece que lo ha mirado un tuerto».
Sin embargo, su persona llegó a ser una especie de piedra de escándalo en Lyon –sede primada metropolitana de Francia– y en Belley primero; luego será todo el país galo el que hablará de él entre la perplejidad, la sorna y el consuelo; las mismas fronteras no pudieron impedir el hálito que salió de su pequeño enclave humano que ni siquiera tenía las condiciones necesarias para haber sido nombrado jurídicamente como parroquia. Casi por compasión le ordenó el obispo de Grenoble, monseñor Simón, el 13 de agosto de 1815, a petición del P. Balley, que intercedió tozudamente por él y se hizo cargo de completar su formación, teniéndolo varios años por vicario a su cuidado en Ecully, hasta que le encomendaron el cuidado pastoral de aquella aldehuela que se llamaba Ars, una especie de anejo de Mizérieux. Su labor allí le valió que el papa Pío XI lo declarara Patrono universal de los sacerdotes seculares, que es su mayor gloria. ¿Qué hizo? Pues casi nada. Aquel que parecía el epítome de la ineptitud y que, cuando se refería a sí mismo, solo se le ocurría decir que su «tentación era la desesperación» resulta que pasó una cuarentena de años –toda su vida de sacerdote– consagrando todas sus energías y afanes a la santificación de las personas de su minúsculo pueblo.
Fue un cura rural «todo terreno». Con sencillez visita casa por casa a los suyos, dedica atención especial a niños con catequesis y a los enfermos con tiempo y consuelos; cuida lo más que puede la dignidad en el culto, amplía y ennoblece el templo y presta ayuda a los curas vecinos. Vive con asombrosas penitencias y es intensísima la oración. «¡Ars ya no es Ars!» llegaron a decir los lugareños. ¡Claro! Se ocupó de la moralización del pueblo, declarando la guerra a las tabernas, peleando contra el trabajo en los domingos y acabando con el baile. Nada de esto fue fácil, pero supo unir a su talante bondadoso la rectitud y firmeza explicada muy sencillamente en las predicaciones. A medida que disminuyeron los vicios empezaron a salir las vocaciones.
Después comenzó la procesión de gente procedente primero de los pueblos vecinos que conocían al sencillo cura de Ars de cuando iba a ayudar a los compañeros próximos. Pero de lo local, se va saltando como en círculos concéntricos a niveles más amplios hasta que la riada de gente llegó a obligar a las taquillas a que despacharan billetes de ida y vuelta a Ars; ignorantes campesinos le consultaron sus problemas, pidieron consejo y recibieron por él el perdón de los pecados; pero también llegaron a Ars obispos, intelectuales y políticos.
¿El secreto? Cumplimiento fidelísimo de las obligaciones de su ministerio, dieciocho horas de confesión diaria, poca comida y escaso tiempo para el sueño en camastro de madera sin colchón donde poner sus huesos, penitencia más de espanto que de admiración para quienes le atienden cuando contemplan los efectos, refriegas con el Demonio, sencilla y clara predicación, mucha oración y aún le dio la vida para fundar La Providencia para atender a las niñas huérfanas pobres de los contornos.
Murió a las dos de la madrugada del día 4 de agosto de 1859. Era jueves. Fue declarado por el Papa Pío XI Patrono universal de los sacerdotes seculares
¡Qué bien vendrían a la Iglesia, en cada tiempo, párrocos atornillados a los confesonarios! El resto de sus menesteres se cumplirían mejor al rebufo del perdón.
Archimadrid.org

Evangelizados. Y ahora, ¿qué?


El mayor porcentaje de los jóvenes que han peregrinado a la JMJ desde Madrid son chavales que no tenían una relación especialmente estrecha con la parroquia. Cracovia ha dado un vuelco a sus vidas y ahora el reto de la Iglesia es ayudarles a mantener el impacto vivido. El arzobispo de Madrid y su delegado de Juventud hablan del trabajo con los chicos y chicas a partir de septiembre
Los sacerdotes no se cansan de repetir a los jóvenes que vuelven de una JMJ que el efecto de estos días no puede ser como una gaseosa, que cuando la abres estalla de gas, pero con el paso de los días se vuelve acuosa. Máxime si son «chavales que tienen relación con la fe, pero no muy estrecha», como sucede con la mayor de los jóvenes que han peregrinado hasta Polonia con la Delegación de Juventud de Madrid (Deleju). «En nuestro grupo, de alrededor de 2.000 personas, había pocos chicos con fe fuerte y comprometidos al 100 % con la parroquia. También había un porcentaje pequeño de jóvenes bastante alejados de la fe», afirma Pedro José Lamata, delegado de Juventud del Arzobispado de Madrid. La mayoría, por tanto, se mueve en aguas intermedias.
Quienes menos relación tienen con la fe son los que experimentan un impacto mayor. «Incluso hay conversiones fuertes, pero lo más importante es que este viaje cambia la imagen de la fe y de la Iglesia de estos jóvenes», sostiene Lamata, que pone como ejemplo «a un grupo de macarrillas que venía de un pueblo de la sierra que al principio se quejaban todo el día de que había que ir a Misa». Pues bien, «el último día estaban desolados porque se terminaba la peregrinación». «Espero que no sea el síndrome de Estocolmo», bromea.
Buena parte de la culpa la tiene el Papa Francisco, que ha sabido «conectar perfectamente con el deseo de los jóvenes de «hacer algo en este mundo porque no les gusta como está», afirma monseñor Osoro, arzobispo de Madrid, recién llegado tras su participación en la jornada polaca. «Los instrumentos que tenemos los hombres para este cambio no son mágicos. Pero Francisco les ha regalado el que no falla, el instrumento que es Nuestro Señor y su rostro de misericordia».
Hablemos de la permanencia
La archidiócesis de Madrid reforzará el próximo curso la pastoral de jóvenes para amarrar a quienes llegan a casa con el corazón abierto. «Es el propio Papa el que nos ha diseñado lo que tenemos que hacer ahora», asegura monseñor Osoro. «El gran proyecto de este año es seguir hablándoles de misericordia».
También es necesario «dar posibilidades a los jóvenes de que el Señor toque su corazón». Y el arzobispo pone como ejemplo las vigilias de oración mensuales en la catedral de la Almudena. «Mira si tienen fruto que un joven decidió durante la última vigilia que iría a la JMJ. Una vez en Polonia me buscó ex profeso para ir a la catequesis que yo impartía. Me dijo que aquel día, en la catedral, algo había cambiado en él».
No basta con teorías, añade el prelado. «Donde se demuestra que el mundo se puede cambiar es a través de los ojos, las manos y los oídos de Jesús. Posibilitar a los jóvenes que salgan a buscar a la gente y practiquen las obras de misericordia es darles un protagonismo real en la vida de la Iglesia». Esto se materializa en las parroquias, en los grupos e instituciones eclesiales, en los movimientos… Y el curso que viene, también en el nuevo proyecto diocesano de Madrid, la Casa de la Esperanza, una iniciativa aún sobre el papel, pero con el objetivo de que sea un espacio para que los jóvenes se sientan escuchados y puedan ayudar a los vecinos que más lo necesitan. «Querría tener la Ciudad de la Esperanza, pero para tener una ciudad, primero hay que pasar por una casa», señala monseñor Osoro.
Lamata añade que desde la delegación, además de la agenda habitual de peregrinaciones o vigilias, «promovemos que haya jóvenes líderes en las parroquias. Para eso hemos preparado un curso, que impartiremos el primer trimestre del año, para que los catequistas y jóvenes más mayores de las parroquias puedan acompañar a adolescentes».
Alfa y Omega, Cristina Sánchez Aguilar

El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.



Evangelio según San Mateo 16,24-28.

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga.

Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará.

¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?

Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.

Les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de ver al Hijo del hombre, cuando venga en su Reino".

“El perdón de Dios no conoce límites”, lo recuerda el Papa en Asís, invitando a no renunciar a ser signos de perdón e instrumentos de misericordia

Quisiera recordar hoy, queridos hermanos y hermanas, ante todo, las palabras que, según la antigua tradición, San Francisco pronunció justamente aquí ante todo el pueblo y los obispos: «Quiero enviar a todos al paraíso». ¿Qué cosa más hermosa podía pedir el Pobrecillo de Asís, si no el don de la salvación, de la vida eterna con Dios y de la alegría sin fin, que Jesús obtuvo para nosotros con su muerte y resurrección?
El Paraíso, después de todo, ¿qué es sino el misterio de amor que nos une por siempre con Dios para contemplarlo sin fin? La Iglesia profesa desde siempre esta fe cuando dice creer en la comunión de los santos. Jamás estamos solos cuando vivimos la fe; nos hacen compañía los santos y los beatos, y también las personas queridas que han vivido con sencillez y alegría la fe, y la han testimoniado con su vida. Hay un nexo invisible, pero no por eso menos real, que nos hace ser «un solo cuerpo», en virtud del único Bautismo recibido, animados por «un solo Espíritu» (cf. Ef 4,4). Quizás San Francisco, cuando pedía al Papa Honorio III la gracia de la indulgencia para quienes venían a la Porciúncula, pensaba en estas palabras de Jesús a sus discípulos: «En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes» (Jn 14,2-3).
La vía maestra es ciertamente la del perdón, que se debe recorrer para lograr ese puesto en el Paraíso. Es difícil perdonar. ¿Cuánto cuesta, a nosotros, perdonar a los demás? Pensemos un poco. Y aquí, en la Porciúncula, todo habla de perdón. Qué gran regalo nos ha hecho el Señor enseñándonos a perdonar  –o, al menos, tener el deseo de perdonar-  para experimentar en carne propia la misericordia del Padre. Hemos escuchado la parábola con la que Jesús nos enseña a perdonar (cf. Mt 18,21-35). ¿Por qué debemos perdonar a una persona que nos ha hecho mal? Porque nosotros somos los primeros que hemos sido perdonados, e infinitamente más. No hay ninguno entre nosotros , aquí, que no haya sido perdonado. Cada uno piense… Pensemos en silencio en las cosas malas que hemos hecho y cómo el Señor nos las ha perdonado.  La parábola nos dice justamente esto: como Dios nos perdona, así también nosotros debemos perdonar a quien nos hace mal. Es la caricia del perdón. El corazón que perdona. El corazón que perdona, acaricia. Tan lejano de aquel gesto: ¡me la pagarás! El perdón es otra cosa.  Exactamente como en la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro, cuando decimos: «Perdona nuestros pecados como también nosotros perdonamos a todo el que nos debe algo» (Mt 6,12). Las deudas son nuestros pecados ante Dios, y nuestros deudores son aquellos que nosotros debemos perdonar.

Cada uno de nosotros podría ser ese siervo de la parábola que tiene que pagar una gran deuda, pero es tan grande que jamás podría lograrlo. También nosotros, cuando en el confesionario nos ponemos de rodillas ante el sacerdote, repetimos simplemente el mismo gesto del siervo. Decimos: «Señor, ten paciencia conmigo». ¿Han pensado alguna vez en la paciencia de Dios? Tiene paciencia.  En efecto, sabemos bien que estamos llenos de defectos y recaemos frecuentemente en los mismos pecados. Sin embargo, Dios no se cansa de ofrecer siempre su perdón cada vez que se lo pedimos. Es un perdón pleno, total, con el que nos da la certeza de que, aun cuando podemos recaer en los mismos pecados, Él tiene piedad de nosotros y no deja de amarnos. Como el rey de la parábola, Dios se apiada, prueba un sentimiento de piedad junto con el de la ternura: es una expresión para indicar su misericordia para con nosotros. Nuestro Padre se apiada siempre cuando estamos arrepentidos, y nos manda a casa con el corazón tranquilo y sereno, diciéndonos que nos ha liberado y perdonado todo. El perdón de Dios no conoce límites; va más allá de nuestra imaginación y alcanza a quien reconoce, en el íntimo del corazón, haberse equivocado y quiere volver a Él. Dios mira el corazón que pide ser perdonado.

El problema, desgraciadamente, surge cuando nosotros nos ponemos a confrontarnos con nuestro hermano que nos ha hecho una pequeña injusticia. La reacción que hemos escuchado en la parábola es muy expresiva: «Págame lo que me debes» (Mt 18,28). En esta escena encontramos todo el drama de nuestras relaciones humanas. Todo el drama. Cuando nosotros estamos en deuda con los demás, pretendemos la misericordia; en cambio cuando estamos en crédito, invocamos la justicia. Y todos hacemos así, todos. Esta no es la reacción del discípulo de Cristo ni puede ser el estilo de vida de los cristianos. Jesús nos enseña a perdonar, y a hacerlo sin límites: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete» (v. 22). Así pues, lo que nos propone es el amor del Padre, no nuestra pretensión de justicia. En efecto, limitarnos a lo justo, no nos mostraría como discípulos de Cristo, que han obtenido misericordia a los pies de la cruz sólo en virtud del amor del Hijo de Dios. No olvidemos, las palabras severas con las que se concluye la parábola: «Lo mismo hará con ustedes mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano» (v. 35).

Queridos hermanos y hermanas: el perdón del que nos habla San Francisco se ha hecho «cauce» aquí en la Porciúncula, y continúa a «generar paraíso» todavía después de ocho siglos. En este Año Santo de la Misericordia, es todavía más evidente cómo la vía del perdón puede renovar verdaderamente la Iglesia y el mundo. Ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno de nosotros puede rehuir. Repito: ofrecer el testimonio de la misericordia en el mundo de hoy es una tarea que ninguno puede rehuir. El mundo necesita el perdón; demasiadas personas viven encerradas en el rencor e incuban el odio, porque, incapaces de perdonar, arruinan su propia vida y la de los demás, en lugar de encontrar la alegría de la serenidad y de la paz. Pedimos a San Francisco que interceda por nosotros, para que jamás renunciemos a ser signos humildes de perdón e instrumentos de misericordia. Y podemos orar por esto. Cada uno a su manera.  Invito a los frailes y a los obispos  a ir a los confesionarios - también yo iré-  para estar a disposición del perdón. Hoy nos hará bien recibirlo, aquí, juntos. Que el Señor nos dé la gracia de decir aquella palabra que el Padre no nos deja terminar de decir, aquella que dijo el hijo pródigo:  “Padre he pecado con…”   le tapó la boca y lo abrazó.  Nosotros comenzaremos a decir y Él nos tapará la boca y nos vestirá. “ Pero Padre, tengo miedo de hacer lo mismo mañana”. ¡Vuelve! El Padre siempre está mirando hacia el camino. Mira en espera que regrese el hijo pródigo y todos nosotros lo somos. Que el Señor nos dé esta gracia.
(Raúl Cabrera, Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)



jueves, 4 de agosto de 2016

¿Aumenta el tono opositor al Papa? Desde las sombras, cardenales como Müller o Sarah siembran temor


Se sabe con certeza que después del Sínodo de la Familia y la carta de los 13 prelados disidentes, son varios los cardenales de curia vaticana que manifiestan más que una simple oposición y, veladamente, reconocen que no toleran más los intentos reformistas del Papa Francisco.
Muchos pensaron que esta oposición al Papa Bergoglio disminuiría al concluir el Sínodo, pero muy por el contrario, este año se han producido una seguidilla de hechos que dan cuenta de que cardenales como Angelo Sodano, Tarcisio Bertone, Marc Ouellet, George Pell, Camilo Ruini, Carlo Cafarra, Giovanni Batista Re, Angelo Scola, Elio Sgreccia, Walter Brandmüller, Antonio Rouco..., encabezados por los purpurados-prefectos de dicasterios, Gerhard Müller y Roberto Sarah, están pasando desde sus posiciones ultraconservadoras de la oposición directa a la silenciosa conspiración anti-Bergoglio.
En Roma, este ambiente ocultado por muchos se observa y se calla, pero cada vez es más nítida una sincronizada red de operadores protegidos por estos poderosos cardenales que no titubean en manifestar ante la prensa una "lealtad al Santo Padre", pero desde las sombras siembran temor, desconfianza y desobediencia ante ciertas líneas de acción que propone el Papa. Además, les irrita lo que pidió desde la Plaza de San Pedro al inicio de su mandato; "una Iglesia pobre para los pobres".
El Cardenal Müller: de la carta y el libro a la descalificación

Lo único que quería el cardenal Müller cuando terminó de redactar la polémica Carta de los trece cardenales al final del Sínodo último, es que el Papa Francisco tuviera una reacción de inmediata molestia... Pero ese episodio no ocurrió y la Carta, en su momento, más bien tuvo una respuesta pontificia de entendimiento y comprensión a lo que los prelados criticaban tan duramente.
Recientemente se repite la acción de los "cardenales inquietos". Fue cuando Francisco en su viaje a Armenia, reivindicó con palabras adecuadas y prudentes un necesario diálogo ecuménico, agregando que la Reforma de Lutero fue "una medicina para la Iglesia". Ante esta afirmación papal, Müller lanzó una andanada de fuertes críticas por este reconocimiento histórico y globalizó su famosa sentencia de "protestanización" de la Iglesia, auspiciada desde la más alta esfera del Vaticano, esta afirmación circuló con fuerza y beneplácito en los distintos dicasterios.
Como es bien conocida la distancia y diferencias -no sólo de índole teológica- que hay entre el cardenal Müller y el Papa, ahora solo reseñamos una de las últimas "diferencias"entre ambos y conocida por la prensa especializada romana. A tres meses del arribo de Francisco a la ciudad sueca de Lund para participar de la conmemoración de los 500 años de la Reforma iniciada por Lutero, en un tono desafiante Müller señaló que "nosotros los católicos no tenemos ningún motivo para festejar el 31 de octubre de 1517, es decir, el comienzo de la Reforma que llevó a la ruptura de la cristiandad occidental". Es evidente que la forma, la oportunidad y el tono usado por el cardenal alemán produjo perplejidad y no poco desconcierto ante el gobierno de Suecia y en la Federación Luterana Mundial.
También el cardenal Müller aprovechó su viaje a Madrid y Oviedo en que presentó su polémico libro "Informe sobre la esperanza" (Ed. BAC) para reafirmar posiciones doctrinales diferentes a las que postula Papa Francisco en Amoris Laetitia, reafirmando allí que es "una contradicción" estar divorciado y vuelto a casar y querer comulgar y ha insistido que "ningún Papa puede cambiar la doctrina sobre los sacramentos del matrimonio y la Eucaristía".
Ante estos preocupantes hechos, observadores atentos a la nomenclatura vaticana, indican que estas acciones y operaciones de cardenales "opositores al Papa", están llegando a un límite inaceptable, no sólo porque dañan la necesaria unidad eclesial para la misión, sino porque dan cuenta de que hay activos poderosos e intereses que quieren desestabilizar el enorme liderazgo de Francisco, que persiste en sus intentos por hacer algunas determinantes reformas en la pesada y burocrática estructura de la curia vaticana que se protege como un solo cuerpo ante estos intentos de cambio, en especial los que tiene relación con el ámbito de las finanzas y el quehacer del poderoso IOR.
En esta estrategia desgastadora y cansadora para el sumo pontífice, hoy emerge con fuerza otra voz, la del cardenal Robert Sarah, que llegó desde Africa en el año 2001, llamado entusiastamente por Juan Pablo II. Años más tarde en el 2010, Benedicto XVI le crea cardenal y en el 2014 es Francisco quién lo nombra Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la disciplina de los sacramentos.
El Cardenal Sarah y el apoyo de los purpurados italianos

Desde que arribó desde su Guinea natal a Roma, Robert Sarah se supo ganar la confianza y simpatías de un selecto núcleo de obispos y cardenales italianos. Siendo estudiante en Roma, observó con detención la sabiduría y el carisma del Rector del Biblicum que en los años 70 era el distinguido profesor jesuita Carlo María Martini.
Con los años y de vuelta a Roma, se ubicó al lado del grupo de connotados visitantes y miembros de la casa general de la organización Opus Dei, eran los años de gloria de José María Escrivá de Balaguer, quién con una santa pericia logró del Papa Wojtyla la anhelada Prelatura Personal.
Desde esos años la amistad y sintonía con los cardenales Sodano, Ruini, Bertone y Herranz nunca ha sufrido alteración alguna, al contrario en estos tres años de pontificado Bergogliano se ha consolidado y aumentado su red de influencias no solo al interior de la curia vaticana, sino también hacia los episcopados de Africa y por intermedio del cardenal chileno Jorge Medina -quién trabajó en el mismo dicasterio vaticano- a no pocos obispos y cardenales de Latinoamérica.
Por lo tanto, el cardenal Sarah conoce bien los centros de poder e influencias de los dicasterios. No es de extrañar que el principal apoyo que hoy tiene el cardenal africano sea el poderoso e inefable purpurado alemán Gerhard Müller que se atrevió a contradecir públicamente algunos lineamientos del Papa Francisco en su paso por Asturias y Madrid, como ya lo hemos señalado.
Volviendo a Sarah, es interesante saber a qué se comprometió con el Papa cuando le nombró con confianza en tal alto puesto. Observemos con atención lo que el cardenal dice de su conversación con el Santo Padre cuando le nombró Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos:
"Cuando el Santo Padre, el Papa Francisco, me pidió que aceptara el ministerio de Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, le pregunté: Santidad, ¿cómo quiere que ejerza este ministerio? ¿Qué quiere que haga como prefecto de esta Congregación? La respuesta del Santo Padre fue clara: 'Quiero que continúe implementando la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II'...".
Entonces, que obedezca el cardenal Sarah y cese en sus intentos contestatarios y dañinos a las líneas de acción que imparte y señala, incansablemente, el Papa Bergoglio.
Es urgente producir nuevos cambios en los dicasterios
Desde el inicio de su pontificado, Francisco soporta una campaña persistente de no solo oposición a sus anhelos de reforma en la Iglesia Católica, también aumentan las críticas a cómo lleva adelante una serie de cambios que ponen en cuestión el desmedido poder de los cardenales de la curia romana.
Felizmente el Papa argentino -como le llaman sus detractores- se ha ganado un liderazgo mundial impresionante por su modestia, informalidad y sinceridad para decir con plena libertad lo que piensa. Es este ambiente y praxis lo que molesta a poderosos cardenales que desde varios flancos y desde las sombras siembran y promueven conjeturas, "chismes" y trascendidos que intentan poner dudas y rechazos a la labor diaria del Papa, en especial cuando entrega sus reflexiones desde la casa Santa Marta o cuando improvisa conferencias de prensa en sus viajes apostólicos.
Solo dos ejemplos que grafican cierta molestia por la sinceridad y libertad con que Francisco se expresa cuando comparte sus anhelos ante sus hermanos obispos. Es lo que ocurrió el 16 de mayo de este año cuando se dirigió a los obispos italianos en su 69° asamblea general y les señaló:
"Nos hemos preguntado cuál es la razón última de la entrega de nuestro presbítero. ¡Cuánta tristeza dan aquellos que en la vida están siempre un poco a la mitad, con el pie levantado! Calculan, sopesan, no arriesgan nada por miedo a perderse... ¡Son los más infelices! Nuestro presbítero, en cambio, con sus límites, es uno que se la juega hasta el final: en las condiciones concretas en las que la vida y el ministerio le han puesto, se ofrece con gratuidad, con humildad y alegría. Aun cuando nadie parece darse cuenta. Incluso cuando intuye que, humanamente, quizá nadie le agradecerá lo suficiente su entrega sin medida".
El segundo ejemplo, cargado de verdad y que obviamente no agradó al clan de cardenales vaticanos que recurrentemente critican a Bergoglio, es cuando en octubre de 2013 comparte con Eugenio Scalfari que: "Los jefes de la Iglesia a menudo han sido narcisos adulados y malamente alentados por sus cortesanos. La corte es la lepra del papado...".
Por esto y más, cardenales tenaces como Müller y Sarah se aferran a esa Iglesia poder que castiga en los tribunales antes del necesario diálogo. También estos purpurados opositores al Papa no trepidan en desoír lo que les indica el Santo Padre respecto al principio de la misericordia como elemento central de la pastoral misionera católica, por el contrario, esta camarilla de cardenales insisten en una variable ya fracasada: imponer por el miedo o, so pena de sufrir la excomunión. Esa norma que oscureció a la Iglesia por años quedó, felizmente, obsoleta desde los tiempos del Concilio Vaticano II.
Finalmente, desde Latinoamérica, esperamos que esta "revolución de Francisco" -en palabras del cardenal Kasper-, no se detenga y que los augurios de que personas poderosas pasen de la oposición a la conspiración solo sea uno de los tantos rumores que salen de ciertos dicasterios romanos. Se sabe que el pontífice tiene un tiempo muy limitado para intentar los aires de reforma que una mayoría de religiosas, presbíteros y laicos esparcidos por el mundo quieren y reclaman, pero si no se detiene esa oposición temeraria que existe, se corre el serio riesgo de detener abruptamente esta primavera esperanzadora de hacer de la Iglesia un instrumento fiel al discipulado de Jesús.
Proféticas son hoy las palabras que el cardenal Jorge Mario Begoglio compartió con los cardenales horas antes de iniciarse el cónclave: "Tengo la impresión de que Jesús estuvo encerrado en la Iglesia y golpea a la puerta porque quiere salir".

CREA EN MI, SEÑOR, UN CORAZÓN PURO


Del Salmo 50:
 Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;no me arrojes lejos de tu Rostro,
no me quites tu santo Espíritu.


 Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. 

 Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, Tú no lo desprecias.

 Oh Dios, crea en mí un corazón puro

TÚ ERES PEDRO Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA



Evangelio según San Mateo 16,13-23.

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?".

Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas".

"Y ustedes -les preguntó-, ¿quién dicen que soy?".

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo.Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo".

Entonces ordenó severamente a sus discípulos que no dijeran a nadie que Él era el Mesías.

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá".

Pero Él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".