miércoles, 2 de septiembre de 2015

El flujo de un estilo familiar devuelve la esperanza, el Papa en la catequesis


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En este último tramo de nuestro camino de catequesis sobre la familia, abrimos la mirada sobre el modo en que ella vive la responsabilidad de comunicar la fe, de transmitir la fe, sea en su interior como al exterior.
En un primer momento, se nos pueden venir a la mente algunas expresiones evangélicas que parecen contraponer los vínculos de la familia y el seguimiento de Jesús. Por ejemplo, aquellas palabras fuertes que todos conocemos y hemos escuchado: «El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí. El que no toma su cruz y me sigue, no es digno de mí» (Mt 10, 37-38).
Naturalmente, ¡Jesús no quiere cancelar el cuarto mandamiento con esto! Que es el primer gran mandamiento hacia las personas. Los tres primeros son en relación a Dios, éste en relación a las personas… ¡es grande!. Y ni siquiera podemos pensar que el Señor, después de haber realizado su primer milagro para los esposos de Caná, después de haber consagrado el vínculo conyugal entre el hombre y la mujer, después de haber restituido hijos e hijas a la vida familiar, ¡nos pida ser insensibles a estos vínculos! Esa no es la explicación, no. Al contrario, cuando Jesús afirma la primacía de la fe en Dios, no encuentra una comparación más significativa que los afectos familiares. Y por otro lado, estos mismos vínculos familiares dentro de la experiencia de fe y del amor de Dios, se transforman, vienen “completados” de un sentido más grande y se convierten en capaces de ir más allá de sí mismos, para crear una paternidad y una maternidad más amplias y para acoger como hermanos y hermanas también aquellos que están al margen de cada ligamen. Un día, a quien le dice que afuera estaban su madre y sus hermanos que lo buscaban, Jesús respondió, indicando a sus discípulos: «¡Estos son mi madre y mis hermanos! Porque el que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mc 3, 34-35).
La sabiduría de los afectos, que no se compran y no se venden, es la mejor dote del genio familiar. Especialmente en la familia aprendemos a crecer en aquella atmósfera de la sabiduría de los afectos. Su “gramática” se aprende allí, de otra manera es muy difícil aprenderla. Y es especialmente éste lenguaje a través del cual, Dios se da a entender a todos.

La invitación a poner los vínculos familiares en el ámbito de la obediencia de la fe y de la alianza con el Señor no los mortifica; al contrario, los protege, los desvincula del egoísmo, los protege del deterioro, los lleva a un lugar seguro para la vida que no muere. El flujo de un estilo familiar en las relaciones humanas es una bendición para los pueblos: trae nuevamente la esperanza a la tierra. Cuando los afectos familiares se dejan convertir al testimonio del Evangelio, se transforman capaces de cosas impensables, que hacen tocar con la mano las obras de Dios, aquellas obras que Dios realiza en la historia, como aquellas que Jesús ha hecho para los hombres, las mujeres, los niños que ha encontrado. Una sola sonrisa milagrosamente arrancada a la desesperación de un niño abandonado, que recomienza a vivir, nos explica el actuar de Dios en el mundo más que mil tratados teológicos. Un solo hombre o una sola mujer, capaces de arriesgar y de sacrificarse por un hijo de otros, y no solo por el propio, nos explican cosas del amor que muchos científicos no comprenden más.
Donde están estos afectos familiares brotan estos gestos del corazón que nos hablan más fuerte que las palabras, el gesto del amor, esto hace pensar.
La familia que responde a la llamada de Jesús devuelve la dirección del mundo a la alianza del hombre y de la mujer con Dios. Piensen en el desarrollo de este testimonio, hoy. Imaginemos que el timón de la historia (de la sociedad, de la economía, de la política) sea entregado - ¡finalmente! - a la alianza del hombre y de la mujer, para que lo gobiernen con la mirada dirigida a la generación que viene. Los temas de la tierra y de la casa, de la economía y del trabajo, ¡tocarían una música muy diferente!
Si volvemos a dar protagonismo – a partir de la Iglesia – a la familia que escucha la Palabra de Dios y la pone en práctica, nos transformaremos como el vino bueno de las bodas de Caná, ¡fermentaremos como la levadura de Dios!
En efecto, la alianza de la familia con Dios está llamada hoy a contrastar la desertificación comunitaria de la ciudad moderna. Pero nuestras ciudades se han transformado en desertificadas por falta de amor, por falta de sonrisas. Muchas diversiones, muchas, muchas cosas para perder el tiempo, para hacer reír, pero falta el amor. Y es especialmente la familia, y es ¡especialmente la familia! aquel papá, aquella mamá que  trabajan y con los niños… La sonrisa de una familia es capaz de vencer esta desertificación de nuestras ciudades y esta es la victoria del amor de la familia.
Ninguna ingeniería económica y política está en grado de sustituir esta aportación de las familias. El proyecto de Babel edifica rascacielos sin vida. El Espíritu de Dios, en cambio, hace florecer los desiertos (cfr Is 32, 15). Debemos salir de las torres y de las bóvedas blindadas de las élites, para frecuentar de nuevo las casas y los espacios abiertos a las multitudes, abiertas al amor de la familia.
La comunión de los carismas – aquellos dados al Sacramento del matrimonio y aquellos concedidos a la consagración para el Reino de Dios – está destinada a transformar la Iglesia en un lugar plenamente familiar para el encuentro con Dios. Vamos hacia adelante en este camino, no perdamos la esperanza, donde hay una familia con amor, esa familia es capaz de calentar el corazón de toda una ciudad, con su testimonio de amor.
Recen por mí, recemos los unos por los otros, para que seamos capaces de reconocer y de sostener las visitas de Dios. El Espíritu traerá el alegre desorden en las familias cristianas y la ciudad del hombre saldrá de la depresión. Gracias.
(Traducción del italiano – Mercedes De La Torre – RV).



CONFIO EN TU MISERICORDIA, SEÑOR

Del Salmo 51:

Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

Yo, como un olivo frondoso
en la Casa de Dios,
he puesto para siempre mi confianza
en la misericordia de Dios.
Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

Te daré gracias eternamente
por lo que has hecho,
y proclamaré la bondad de tu Nombre
delante de tus fieles

Confío en tu misericordia, Señor, por siempre jamás

Sistach será uno de los miembros de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos de octubre


Invitado de nuevo por el Papa Francisco. Para debatir sobre la vocación familiar en la Iglesia actual
El papa Francisco ha nombrado al cardenal arzobispo de Barcelona, Dr. Lluís Martínez Sistach, miembro de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos, que se celebrará entre el 4 y el 25 de octubre.
El Sr. Cardenal ya fue nombrado miembro de la Asamblea Sinodal del pasado mes de octubre por el Santo Padre. Estas dos asambleas están dedicadas a la familia y la del próximo mes de octubre concretamente tratará la vocación y misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo.

«También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 38-44
En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, entró en casa de Simón.
La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron que hiciera algo por ella.
Él, de pie a su lado, increpó a la fiebre, y se le pasó; ella, levantándose en seguida, se puso a servirles.
Al ponerse el sol, los que tenían enfermos con el mal que fuera se los llevaban; y él, poniendo las manos sobre cada uno, los iba curando.
De muchos de ellos salían también demonios, que gritaban:
-«Tú eres el Hijo de Dios.»
Los increpaba y no les dejaba hablar, porque sabían que él era el Mesías.
Al hacerse de día, salió a un lugar solitario.
La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese.
Pero él les dijo:
-«También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios, para eso me han enviado.»
Y predicaba en las sinagogas de Judea.
Palabra del Señor

martes, 1 de septiembre de 2015

"Cuidar la creación, denunciando la acumulación de riquezas exageradas en las manos de pocos", lo dijo el Padre Catalamessa

Nadie puede servir seriamente la causa del cuidado de la creación, si no tiene la valentía de denunciar la acumulación de riquezas exageradas en las manos de pocos”, lo dijo el Padre Raniero Cantalamessa en la homilía de la Liturgia de la Palabra celebrada en la Basílica de San Pedro con ocasión de la I Jornada mundial de oración por el Cuidado de la Creación.
La celebración presidida por el Papa Francisco la tarde de este martes en la Basílica Vaticana busca sensibilizar y dar un aporte significativo para superar la “crisis ecológica” de nuestro tiempo. Iniciativas como ésta, hoy se multiplican en diferentes partes del mundo, con oración, trabajo, celebración, en esta I Jornada Mundial por el Cuidado de Creación, que el Santo Padre invita a vivir juntamente con nuestros hermanos ortodoxos.
En su homilía el predicador de la Casa Pontificia resaltó que al origen de la “crisis ecológica” se encuentre el dominio indiscriminado del hombre sobre el resto de la naturaleza, cambiando el orden de la relación cosmológica establecida desde el principio. “Dominar”, dijo el padre Cantalamessa, “no tiene aquí el significado que la palabra tiene fuera de la Biblia. Para la Biblia, el modelo último del dominus del Señor, no es el soberano político que explota a sus súbditos, sino que es Dios mismo, Señor y Padre”.

Mensaje del Papa a Mons. Fisichella por el Año Jubilar “El perdón de Dios no se puede negar al que se haya arrepentido”


En el marco del Año Jubilar de la Misericordia, el Papa Francisco escribió una carta a Mons. Rino Fisichella,  Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, donde se lee como el Santo Padre destaca algunos puntos importantes para “facilitar que sea un auténtico momento de encuentro con la misericordia de Dios para todos los creyentes”.
El Obispo de Roma habla en primer lugar de los peregrinos que en cada diócesis o en Roma vivirán esta gracia del Jubileo, y explica que deberán hacer una “breve peregrinación” hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, como signo del deseo profundo de auténtica conversión. Así mismo recuerda que es importante que este momento esté unido al Sacramento de la Reconciliación y a la celebración de la santa Eucaristía con una reflexión sobre la misericordia.
Francisco nombra en su carta a Mons. Fisichella a quienes por diversos motivos no podrán llegar a la Puerta Santa, como los enfermos, los ancianos, o los fieles que están solos, y asegura que “también a través de los diversos medios de comunicación, será para ellos el modo de obtener la indulgencia jubilar”. También dedica unas palabras a los presos que están en cárceles, y les recuerda que “la misericordia del Padre quiere estar cerca de quien más necesita de su perdón”. Así mismo explica que en las capillas de las cárceles podrán ganar la indulgencia, y se lee en la carta: “que cada vez que atraviesen la puerta de su celda, dirigiendo su pensamiento y la oración al Padre, pueda este gesto ser para ellos el paso de la Puerta Santa, porque la misericordia de Dios, capaz de convertir los corazones, es también capaz de convertir las rejas en experiencia de libertad”.
Explica el Vicario de Cristo que la indulgencia también se puede ganar para los difuntos, “a ellos estamos unidos por el testimonio de fe y caridad que nos dejaron”.
El Papa invita a vivir de la misericordia para obtener la gracia del perdón completo y total por el poder del amor del Padre que no excluye a nadie, y en este sentido escribe “que la indulgencia jubilar plena es fruto del acontecimiento mismo que se celebra y se vive con fe, esperanza y caridad”.
Otro de los importantes puntos en los que el Papa incide en su carta es el hecho de como algunas personas viven el drama del aborto con una consciencia superficial, casi sin darse cuenta del gravísimo mal que comporta un acto de ese tipo, explica. Muchos otros, en cambio, incluso viviendo ese momento como una derrota, consideran no tener otro camino por dónde ir. Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto, y recuerda que “el perdón de Dios no se puede negar a todo el que se haya arrepentido, sobre todo cuando con corazón sincero se acerca al Sacramento de la Confesión para obtener la reconciliación con el Padre”. Así asegura que por este motivo ha decidido conceder  “a todos los sacerdotes para el Año jubilar, no obstante cualquier cuestión contraria, la facultad de absolver del pecado del aborto a quienes lo han practicado y arrepentidos de corazón piden por ello perdón”.
Finalmente, el Papa considera también a los fieles que frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad de San Pío X, “este Año jubilar de la Misericordia no excluye a nadie. Desde diversos lugares, algunos hermanos obispos me han hablado de su buena fe y práctica sacramental, unida, sin embargo, a la dificultad de vivir una condición pastoralmente difícil. Confío que en el futuro próximo se puedan encontrar soluciones para recuperar la plena comunión con los sacerdotes y los superiores de la Fraternidad. Al mismo tiempo –explica-, movido por la exigencia de corresponder al bien de estos fieles, por una disposición mía establezco que quienes durante el Año Santo de la Misericordia se acerquen a los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X para celebrar el Sacramento de la Reconciliación, recibirán válida y lícitamente la absolución de sus pecados
(MZ-RV)

«EL SEÑOR SE HA COMPADECIDO DE NOSOTROS» SAN AGUSTÍN

Dichosos nosotros, si llevamos a la práctica lo que escuchamos y cantamos. Porque cuando escuchamos es como si sembráramos una semilla, y cuando ponemos en práctica lo que hemos oído es como si esta semilla fructificara. Empiezo diciendo esto, porque quisiera exhortaros a que no vengáis nunca a la iglesia de manera infructuosa, limitándoos sólo a escuchar lo que allí se dice, pero sin llevarlo a la práctica. [...]

Ninguna obra buena habíamos realizado, hermanos míos; todas nuestras acciones eran malas. Pero, a pesar de ser malas las obras de los hombres, la misericordia de Dios no abandonó a los humanos. Y Dios envió a su Hijo para que nos rescatara, no con oro o plata, sino a precio de su sangre, la sangre de aquel Cordero sin mancha, llevado al matadero por el bien de los corderos manchados, si es que debe decirse simplemente manchados y no totalmente corrompidos. Tal ha sido, pues, la gracia que hemos recibido. Vivamos, por tanto, dignamente, ayudados por la gracia que hemos recibido y no hagamos injuria a la grandeza del don que nos ha sido dado. Un médico extraordinario ha venido hasta nosotros, y todos nuestros pecados han sido perdonados. Si volvemos a enfermar, no sólo nos dañaremos a nosotros mismos, sino que seremos además ingratos para con nuestro médico. 

Sigamos, pues, las sendas que él nos indica e imitemos en particular, su humildad, aquella humildad por la que él se rebajó a sí mismo en provecho nuestro. Esta senda de humildad nos la ha enseñado él con sus palabras y, para darnos ejemplo, él mismo anduvo por ella, muriendo por nosotros. Para poder morir por nosotros, siendo como era inmortal, la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros. Así el que era inmortal se revistió de mortalidad para poder morir por nosotros y destruir nuestra muerte con su muerte. Esto fue lo que hizo el Señor, éste el don que nos otorgó: Siendo grande, se humilló; humillado, quiso morir; habiendo muerto, resucitó y fue exaltado para que nosotros no quedáramos abandonados en el abismo, sino que fuéramos exaltados con él en la resurrección de los muertos, los que, ya desde ahora, hemos resucitado por la fe y por la confesión de su nombre. Nos dio y nos indicó, pues, la senda de la humildad. Si la seguimos, confesaremos al Señor y, con toda razón, le daremos gracias, diciendo: Te damos gracias, oh Dios, te damos gracias, invocando tu nombre.

De los sermones de san Agustín, obispo
(Sermón 23 A,1-4: CCL 41, 321-323)
Fuente: News. va

"Hoy es la Jornada Mundial por el Cuidado de la Creación, recemos y trabajemos", es el tweet del Papa

Te alabamos, Padre, con todas tus criaturas, que salieron de tu mano poderosa. Son tuyas, y están llenas de tu presencia y de tu ternura. Alabado seas.
Hijo de Dios, Jesús, por ti fueron creadas todas las cosas. Te formaste en el seno materno de María, te hiciste parte de esta tierra, y miraste este mundo con ojos humanos. Hoy estás vivo en cada criatura con tu gloria de resucitado. Alabado seas.
Espíritu Santo, que con tu luz orientas este mundo hacia el amor del Padre y acompañas el gemido de la creación, tú vives también en nuestros corazones para impulsarnos al bien. Alabado seas.
Señor Uno y Trino, comunidad preciosa de amor infinito, enséñanos a contemplarte en la belleza del universo, donde todo nos habla de ti. Despierta nuestra alabanza y nuestra gratitud por cada ser que has creado. Danos la gracia de sentirnos íntimamente unidos con todo lo que existe. Alabado seas
Dios de amor, muéstranos nuestro lugar en este mundo como instrumentos de tu cariño por todos los seres de esta tierra, porque ninguno de ellos está olvidado ante ti. Ilumina a los dueños del poder y del dinero para que se guarden del pecado de la indiferencia, amen el bien común, promuevan a los débiles, y cuiden este mundo que habitamos. Los pobres y la tierra están clamando: Señor, tómanos a nosotros con tu poder y tu luz, para proteger toda vida, para preparar un futuro mejor, para que venga tu Reino de justicia, de paz, de amor y de hermosura. Alabado seas. Amén.

El consuelo cristiano está en Jesús y no en las palabrerías, dijo el Papa


La esperanza en el encuentro final con Cristo debe reforzarse entre los cristianos gracias al “consuelo” recíproco dado mediante “buenas palabras y buenas obras” y no con “palabrerías” inútiles. Lo afirmó esta mañana el Papa Francisco en su homilía al reanudar, tras la pausa de verano, la celebración de la Misa matutina en la capilla de la Casa de Santa Marta con la participación de un pequeños grupo de fieles.

Una fe cierta en el encuentro final con Cristo más fuerte que la duda y tan firme que alegre cada jornada no se enraíza en las palabrerías y futilidades, sino en la “consolación” que los cristianos saben darse “recíprocamente” en Jesús.

El Papa Francisco consideró el comportamiento de la antigua comunidad de Tesalónica, a la que se refiere el pasaje de la carta de San Pablo propuesta por la liturgia del día. Una comunidad  “inquieta” – dijo –  que preguntaba al Apóstol acerca del “cómo” y del “cuándo” del regreso de Cristo, así como qué destino les tocaría a los muertos y del que incluso había sido necesario decir: “Quien no trabaja, que no coma”.

Las palabrerías no consuelan

Francisco destacó que San Pablo afirma que el “día del Señor” llegará al improviso “como un ladrón”, pero también añade que Jesús vendrá a traer la salvación a quien cree en Él. Y concluye: “Consuélense recíprocamente y sean de ayuda unos a otros”. Y es precisamente este consuelo – reafirmó el Papa – “el que da la esperanza”:

“Éste es el consejo: ‘Consuélense. Consuélense recíprocamente. Hablar de esto: pero yo les pregunto: ¿nosotros hablamos de esto, que el Señor vendrá, que nosotros lo encontraremos a Él? ¿O hablamos de tantas cosas, incluso de teologías, de cosas de Iglesia, de curas, de monjas, de monseñores, todo esto? Y nuestro consuelo ¿es esta esperanza? ‘Consuélense recíprocamente’: consuélense en comunidad. En nuestras comunidades, en nuestras parroquias, ¿se habla de esto, que estamos en espera del Señor que viene? ¿O se habla de esto, de aquello, de aquella, para pasar un poco el tiempo y no aburrirse demasiado?”.

El Juicio y el abrazo

En el Salmo responsorial – prosiguió diciendo el Pontífice – “hemos repetido: ‘Estoy seguro de contemplar la bondad del Señor en la tierra de los vivos’. ¿Pero tú  – preguntó el Papa – tienes aquella certeza de contemplar al Señor?”. El ejemplo de imitar a Job, que a pesar de sus desventuras afirmaba con decisión: “Yo sé que Dios está vivo y que lo veré, y lo veré con estos ojos”:
“Es  verdad, Él vendrá a juzgarme y cuando vamos a la Sixtina vemos aquella bella escena del Juicio final, es verdad. Pero pensemos también que Él vendrá a encontrarme para que yo lo vea con estos ojos, lo abrace y esté siempre con Él. Ésta es la esperanza que el Apóstol Pedro nos pide que expliquemos a los demás con nuestra vida,  que demos testimonio de esperanza. Éste es el verdadero consuelo, ésta es la verdadera certeza: Estoy seguro de contemplar la bondad del Señor”.

El consuelo de buenas palabras y obras

Como San Pablo a los cristianos de ayer, el Papa Francisco se hizo eco del consejo a aquellos de la Iglesia de hoy: “Consuélense recíprocamente con las buenas obras y ayúdense unos a otros. Y así iremos adelante:
“Pidamos al Señor esta gracia: que aquella semilla de esperanza que ha sembrado en nuestro corazón se desarrolle, crezca hasta el encuentro definitivo con Él. “Yo estoy seguro de que veré al Señor’. ‘Yo estoy seguro de que el Señor vive’. ‘Yo estoy seguro de que el Señor vendrá a verme’: y éste es el horizonte de nuestra vida. Pidamos esta gracia al Señor y consolémonos unos a otros con las buenas obras y las buenas palabras, por este camino”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Matar, no; dejar morir, sí.

Antes he dicho que en algunos pacientes la muerte se aferra a su presa. Pero también he visto como en algunos la medicina clava sus afiladas garras. Hay que dejar partir. Los médicos deberían exponer al paciente cual es la situación real, a veces una situación irrecuperable, una situación de inexorable hundimiento, de progresivo avance del colapso. 

Hay casos en los que lo más caritativo sería preguntarle al paciente si quiere tener una muerte natural por el fallo de sus órganos o si prefiere seguir vivo dos meses más pero sin moverse de la cama, conectado cada vez a más tubos.
Si esa gente tuviera la experiencia hospitalaria que tengo, muchos preferirían dejar el mundo en el salón de su casa, libres de vías intravenosas, tubos de goma hasta el estómago, ventilación artificial y un largo y penoso etcétera pero en el que cada elemento del inventario no está exento de un peaje de dolor.


Dejar la vida con tranquilidad cuando el mecanismo deje de funcionar de forma natural. No aferrarnos a toda costa como un naúfrago que se abraza a una boya.
Padre Fortea

EL SEÑOR ES MI LUZ Y MI SALVACIÓN

Del Salmo 26:
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida
El Señor es mi luz y mi salvación,
¿a quién temeré?
El Señor es la defensa de mi vida,
¿quién me hará temblar?
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida
Una cosa pido al Señor, eso buscaré:
habitar en la casa del Señor por los días de mi vida;
gozar de la dulzura del Señor,
contemplando su templo.
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida
Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente,
ten ánimo, espera en el Señor.

Espero gozar de la dicha del Señor
en el país de la vida

Sé quién eres: el Santo de Dios

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús bajó a Cafarnaún, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Se quedaban asombrados de su enseñanza, porque hablaba con autoridad. Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo, y se puso a gritar a voces:

–¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres: el Santo de Dios.
Jesús le intimó:


–¡Cierra la boca y sal!


El demonio tiró al hombre por tierra en medio de la gente, pero salió sin hacerle daño. Todos comentaban estupefactos:


–¿Qué tiene su palabra? Da órdenes con autoridad y poder a los espíritus inmundos, y salen.
Noticias de él iban llegando a todos los lugares de la comarca.

Palabra del Señor

lunes, 31 de agosto de 2015

Las migajas de los perros


Punta del iceberg de esa muralla nueva que levanta Europa para que no entren los pobres"

 Estamos siendo hombres de muy poca fe ante el grito de una humanidad desnuda, herida, sangrante y gritando
¿Por qué no damos el mismo trato a los inmigrantes que a este perrito que viajó con nosotros en el avión de Belgrado a Frankfurt? Han muerto más de setenta inmigrantes en camión frigorífico, también había niños. Para pasar la misma frontera que este perrito que nos acompañó en el avión con trato especial normalizado.
Desde que lo vi en el areopuerto, con el trato exquisito de los trabajadores, recordando alcampamento de inmigrantes que había visto en el parque de la estación de tren de Belgrado, le vengo dando vueltas en mi interior.
Me recordó al texto evangélico en el que una extranjera se acerca a Jesús a pedirle que cure a su hijo - que le deje entrar en su ámbito de curación y salvación-, El le responde una frase muy fuerte, excluyente desde la identidad pronunciada de los israelitas: "no está bien echar el pan de los hijos a los perros".
La mujer, sin embargo, le transformó su mente llegando a su corazón, porque Jesús también sabía escuchar al Padre en los extranjeros débiles, al decirle: "También los perritos se alimentan con las migajas que caen de las mesas de sus amos".
La reacción de Jesús fue humana, justa, compasiva, acogedora y de reconocimiento: "nunca vi a alguien con tanta fe, con tanta fuerza de sentido y de justicia en medio de la realidad y tan luchadora por la causa de la verdad".
En este caso es mucho más duro, porque el texto tendría que decir algo así como: "no está bien que echemos a los hijos, a la humanidad, el cuidado de los perros... que son nuestros".
Esta mañana al levantarme con la noticia de los setenta muertos en el camión frigorífico,punta del iceberg de esa muralla nueva que se está levantando en Europa para que no entren los pobres y los débiles, no puedo por menos que querer recomponer esta perícopa, a ver cómo suena y cómo llega a mi corazón para transformar más mi pensamiento, y hacerlo más universal, compasivo, solidario y, lo que es más importante, justo y humano.
No hay duda que la perícopa está abierta y sangrante en todos los periódicos, el grito del Papa no está teniendo límites...¿qué falta para que entre en nuestro interior y nos mueva? La verdad que estamos siendo hombres de muy poca fe ante el grito de una humanidad desnuda, herida, sangrante y gritando¡
José Moreno


José Ignacio Calleja: "¿Dónde están los europeos del derecho a la vida?"

"No puede consentirlo el pueblo soberano sin perder a jirones su dignida
 Mientras que Turquía o el Líbano acogen a millones de refugiados, España ha aceptado en lo que va de año a 130
 No sé por dónde empezar, amigos,... veo esas fotos de niños "sirios" ahogados en las playas griegas e italianas, o aterrados junto a una valla de cuchillas afiladas, pienso en ellos, en sus padres... me pongo en su lugar mirando el rostro de los hijos de mi casa... y no sé cómo seguir.
No puedo ir a esa comida de familia, a esa compra en rebajas, a esa playa, a esa fiesta, a ese viaje, a ese bautizo... no puedo guardar para mí ese dinero ahorrado... no puedo ensimismarme en esa novela, en esa oración de la tarde, en esa visita cultural... y no sé cómo seguir.
¿De qué sirve la fe..., o la ética humanista, si no nos movilizan en esta causa, hasta "y dejándolo todo, le siguieron"? Tiene que reaccionar la iglesia mucho más. No puede seguir de vacaciones nadie con alguna responsabilidad en ella. No puede pasar de puntillas una clase política en Europa que sólo mira por su reelección temprana.
No puede consentirlo el pueblo soberano sin perder a jirones su dignidad. Asco de patrias y naciones, sí, que al cabo sirven ante todo para asegurar lo nuestro.
Mientras que Turquía o el Líbano acogen a millones de refugiados, España ha aceptado en lo que va de año a 130, según datos de Médicos sin Frontera. Estos niños, estas víctimas, son la primera ideología social y la primera ortodoxia religiosa.
La Iglesia tiene que decirlo a tiempo y a destiempo. Francisco debe hacer todavía más. Y nosotros vamos a recuperar el aliento y extender esto por doquier, vamos a movilizar las conciencias y la mano de los ciudadanos... hay ONGs haciendo mucho "in situ", pero los Gobiernos y los "pueblos de Europa" no reaccionan todavía.
Vamos a movilizarnos boca a boca, mano con mano, hasta conseguir que la Europa política y económica dé una salida digna a estas personas. Ellas somos ya nosotros y nuestros niños. ¡Ponte en su lugar! No es una opción, es una necesidad de tu corazón de persona.

Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres... Ningún profeta es bien mirado en su tierra

Lectura del santo evangelio según san Lucas 4, 16-30
En aquel tiempo, fue Jesús a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.»
Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»
Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios. Y decían: -«¿No es éste el hijo de José?»
Y Jesús les dijo: -«Sin duda me recitaréis aquel refrán: "Médico, cúrate a ti mismo”; haz también aquí en tu tierra lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún.»
Y añadió: - «Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. Os garantizo que en Israel habla muchas viudas en tiempos de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, más que a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos habla en Israel en tiempos de] profeta Elíseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, más que Naamán, el sirio.»
Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte en donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo.
Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba.

Palabra del Señor