Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
jueves, 25 de diciembre de 2014
miércoles, 24 de diciembre de 2014
BENDICIÓN DE LA CENA DE NOCHEBUENA EN FAMILIA
En la mesa
se colocará una vela apagada. La familia se reúne en torno, y todos hacen la
señal de la cruz.
La madre de
familia dice:
Hoy nos
encontramos reunidos a cenar para celebrar el naci-miento de Jesús de la Virgen
María. Dios, en muestra de su inmenso amor, envió a su Hijo para demostrarnos
toda su ternura y misericordia. Él nos reúne esta noche y unidos de la misma
forma que la familia de Nazaret nos muestra que nuestra espera no ha sido en
vano.
Uno de los
hijos lee el pasaje del nacimiento de Jesús:
En aquel
tiempo, salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del
mundo entero. Éste fue el primer censo que se hizo siendo Cirino gobernador de
Siria. Y todos iban a inscribirse, cada cual a su ciudad. También José, que era
de la casa y familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a
la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su
esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del
parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en
un pesebre, por-que no tenían sitio en la posada.
Todos
responden: Gloria a Ti, Señor Jesús, que hoy has
nacido de la Virgen María.
Mientras
otro de los hijos enciende el cirio, y todos cantan:
Noche de
Dios, noche de paz, claro sol brilla ya, y los ángeles cantando están:
"Gloria a Dios, gloria al Rey eternal".
Duerme el
Niño Jesús.
Noche feliz
de Navidad; viene Dios a salvar. Nochebuena en que alumbra el Amor, el misterio
escondido de Dios. Duerme el Niño Jesús.
El padre
reza la siguiente oración de bendición:
martes, 23 de diciembre de 2014
Este vierne fue la Tercera predicación de Adviento al Papa y a la Curia Romana
Después de haber reflexionado sobre la paz como don de Dios en Cristo Jesús a toda la humanidad y de la paz como tarea en la que trabajar, esta semana el padre Raniero Cantalamessa ha hablado esta semana, en su predicación al Papa y a la Curia Romana, de la paz como fruto del Espíritu.
Y así, ha explicado que en la expresión frutos del Espíritu, Espíritu no indica el Espíritu Santo en sí mismo, como el principio de la nueva existencia, o incluso el hombre que se deja guiar por el Espíritu. A diferencia de los carismas, que son obra exclusiva del Espíritu, que los da a quien quiere y cuando quiere, los frutos son el resultado de una colaboración entre la gracia y la libertad.
Además, ha indicado que no todos en la Iglesia pueden ser apóstoles, profetas, evangelistas; pero todos indistintamente, del primero al último, pueden y deben ser caritativos, pacientes, humildes, pacíficos. A continuación, el predicador ha analizado la paz interior en la tradición espiritual de la Iglesia, afirmando que alcanzarla, ha ocupado a lo largo de los siglos a todos los grandes buscadores de Dios. En Oriente, comenzando por los Padres del desierto, hasta la tradición occidental, persiguiendo el mismo ideal pero por otros caminos.
La concepción de Agustín de la paz interior como la adhesión a la voluntad de Dios es una confirmación y una profundización en los místicos, ha asegurado el padre Cantalamessa. Un desarrollo diferente, más ascético que místico, lo encontramos en san Ignacio de Loyola con su doctrina de la santa indiferencia que consiste en ponerse en un estado de disposición total a aceptar la voluntad de Dios, renunciando, desde el principio, a cualquier preferencia personal, al igual que una balanza dispuesta a inclinarse del lado donde el peso será mayor. Sin embargo, tal y como ha recordado que predicador ninguna corriente espiritual saludable, ha pensado nunca que la paz del corazón sea una paz barata y sin esfuerzo.
El padre capuchino ha indicado que para mantener y aumentar la paz del corazón hay que domar, momento a momento, sobre todo al principio, una revuelta: la de la carne contra el espíritu. Y Pablo lo dice si con el Espíritu hacéis morir las obras del cuerpo, viviréis. Esta frase --ha afirmado-- contiene una enseñanza importantísima. El Espíritu Santo no es la recompensa a nuestros esfuerzos de mortificación, sino el que los hace posibles y fructíferos; no sólo al final, sino también al comienzo del proceso, ha subrayado.
Pero también ha advertido que una mortificación voluntarista y demasiado confiada de sí misma puede llegar a ser (y se ha convertido a menudo) también en una obra de la carne.
Sin pretender sustituir los medios ascéticos tradicionales, la espiritualidad moderna pone su acento en otros medios más positivos para conservar la paz interior, ha precisado el predicador. Y el primero es la confianza y el abandono en Dios.
Nos acercamos a la Navidad --ha recordado el padre Cantalamessa-- y me gustaría resaltar lo que creo que es el medio más eficaz de todos para preservar la paz del corazón y esto es la certeza de ser amados por Dios. Tal y como recuerda, San Pablo nos muestra un manera de superar todas nuestras ansiedades y encontrar cada vez la paz del corazón, a través de la certeza de que somos amados por Dios. En la epístola a los romanos dice: Si Dios está por nosotros ¿quién contra nosotros? El que no perdonó ni a su propio Hijo, antes bien le entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas? ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Pero en todo esto salimos más que vencedores gracias a aquel que nos amó.
El padre Cantalamessa ha explicado que el apóstol nos invita a hacer lo mismo: a mirar nuestra vida, tal y como se presenta, para sacar a la luz los miedos y las razones para la tristeza que se esconden allí, y que no nos permiten aceptarnos con serenidad a nosotros mismos.
De este modo, ha recordado que estamos invitados a mirar a la luz del amor de Dios, el mundo que nos rodea y que nos da miedo.
Al finalizar la predicación, ha mencionado a Santa Teresa de Ávila, que nos ha dejado una especie de testamento, que es útil repetirnos cada vez que tenemos que encontrar la paz del corazón: Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios basta.
lunes, 22 de diciembre de 2014
MI CORAZÓN SE REGOCIJA POR EL SEÑOR, MI SALVADOR
Del primer libro de Samuel (1S
2,1.45.6-7.8abcd):
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Mi corazón se regocija en el Señor,
tengo la frente erguida gracias a mi Dios.
Mi boca se ríe de mis enemigos,
porque tu salvación me ha llenado de alegría.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Se rompen los arcos de los valientes,
mientras los cobardes se ciñen de valor;
los hartos se contratan por el pan,
mientras los hambrientos engordan;
la mujer estéril da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos queda baldía.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
El Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
da la pobreza y la riqueza,
humilla y enaltece.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
Él levanta del polvo al desvalido,
alza de la miseria al pobre,
para hacer que se sienten entre príncipes
y que hereden un trono de gloria.
Mi corazón se regocija por el Señor, mi Salvador
MI ALMA CANTA LA GRANDEZA DEL SEÑOR
Evangelio según San
Lucas 1,46-56.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
De News.va
"Mi alma canta
la grandeza del Señor,
y mi espíritu se estremece de
gozo en Dios, mi Salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu
servidora.
En adelante todas las generaciones me llamarán
feliz".
Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes
cosas: ¡su Nombre es santo!
Su misericordia se extiende de generación en
generación sobre aquellos que lo temen.
Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los
soberbios de corazón.
Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los
humildes.
Colmó de bienes a los hambrientos y despidió a los ricos con las manos vacías.
Socorrió a Israel, su servidor, acordándose de su misericordia, como lo había prometido a nuestros padres, en favor
de Abraham y de su descendencia para siempre".
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.
De News.va
Vivir una Navidad cristiana, libres de toda mundanidad, pidió el Papa
Ante la inminencia de la Navidad, a la
hora del Ángelus del cuarto y último Domingo de Adviento, el Papa Francisco
recordó a los fieles y peregrinos reunidos en una Plaza de San Pedro adornada
con los símbolos típicos de este período – el Pesebre y el Árbol – que la
liturgia nos invita a meditar el relato del anuncio del Ángel a María. Y
afirmó que al contemplar el momento en que esta sencilla muchacha
de Nazaret se
vuelve disponible al mensaje divino con su “sí” vemos dos aspectos esenciales
de su actitud, que es para nosotros modelo de cómo prepararse a la Navidad.
Ante
todo su fe, que consiste en escuchar la Palabra de
Dios y
abandonarse a ella con plena disponibilidad de mente y de corazón.
Y
también la capacidad de la Madre de Cristo de reconocer el tiempo de Dios.
Porque Ella – dijo el Papa Francisco – es la que ha hecho posible la
encarnación del Hijo de Dios en ese “sí” humilde y valiente, enseñándonos, de
este modo, a comprender el momento favorable en que Jesús pasa por nuestra vida
y pide una respuesta generosa.
El
Papa Bergoglio no olvidó mencionar la
presencia silenciosa de San José en este misterio, cuya figura se representa
siempre en todo pesebre.
Después
de destacar que el don precioso de la Navidad es la paz, que Cristo es nuestra
paz verdadera, el Santo Padre concluyó pidiendo la
intercesión de nuestra Madre y de San José, para vivir una Navidad
verdaderamente cristiana, libres de toda mundanidad y dispuestos a acoger al Salvador, es decir de Dios-con-nosotros.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
domingo, 21 de diciembre de 2014
La nostalgia de la Navidad
La Navidad es una fiesta llena de
nostalgia. Se canta la paz, pero no sabemos construirla. Nos deseamos
felicidad, pero cada vez parece más difícil ser feliz. Nos compramos mutuamente
regalos, pero lo que necesitamos es ternura y afecto. Cantamos a un niño Dios,
pero en nuestros corazones se apaga la fe. La vida no es como quisiéramos, pero
no sabemos hacerla mejor.
No es sólo un sentimiento de Navidad. La
vida entera está transida de nostalgia. Nada llena enteramente nuestros deseos.
No hay riqueza que pueda proporcionar paz total. No hay amor que responda
plenamente a los deseos más hondos. No hay profesión que pueda satisfacer del
todo nuestras aspiraciones. No es posible ser amados por todos.
La nostalgia puede tener efectos muy
positivos. Nos permite descubrir que nuestros deseos van más allá de lo que hoy
podemos poseer o disfrutar. Nos ayuda a mantener abierto el horizonte de
nuestra existencia a algo más grande y pleno que todo lo que conocemos. Al
mismo tiempo, nos enseña a no pedir a la vida lo que no nos pueda dar, a no
esperar de las relaciones lo que no nos pueden proporcionar. La nostalgia no
nos deja vivir encadenados sólo a este mundo.
Es fácil vivir ahogando el deseo de
infinito que late en nuestro ser. Nos encerramos en una coraza que nos hace
insensibles a lo que puede haber más allá de lo que vemos y tocamos. La fiesta
de la Navidad, vivida desde la nostalgia, crea un clima diferente: estos días
se capta mejor la necesidad de hogar y seguridad. A poco que uno entre en
contacto con su corazón, intuye que el misterio de Dios es nuestro destino
último.
Si uno es creyente, la fe le invita estos
días a descubrir ese misterio, no en un país extraño e inaccesible, sino en un
niño recién nacido. Así de simple y de increíble. Hemos de acercarnos a Dios
como nos acercamos a un niño: de manera suave y sin ruidos; sin discursos
solemnes, con palabras sencillas nacidas del corazón. Nos encontramos con Dios
cuando le abrimos lo mejor que hay en nosotros.
A pesar del tono frívolo y superficial que
se crea en nuestra sociedad, la Navidad puede acercar a Dios. Al menos, si la
vivimos con fe sencilla y corazón limpio.
José Antonio Pagola
UN ANUNCIO SORPRENDENTE
Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con
el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos
permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa
capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento
de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una
aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda
salir nada bueno.
Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús
anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi
siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al
Dios encarnado en Jesús.
El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado
del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará
presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren.
Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre.
Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su
morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.
El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el
sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le
hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica dónde está ni qué
está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer?
Sin embargo,
Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente,
defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.
Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una
pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo.
El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el
origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios».
El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se
quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús
no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.
José Antonio Pagola
La obediencia a Dios es el secreto de la felicidad
Llevamos toda esta semana viendo las grandes promesas divinas al pueblo elegido de Israel. En la primera lectura la profecía-promesa del profeta Natán establece la elección de Jerusalén como ciudad santa ya que el arca de la alianza pedía un templo en el que habitar. También, había que asegurar la descendencia o dinastía davídica ante la esterilidad de la mujer de David, al elegir la dinastía davídica como depositaria de las promesas divinas, Dios promete que “permanecerá por siempre”, resolviendo la incertidumbre. Así lo comprobamos en el salmo 88 y en el Evangelio de hoy de la anunciación: Jesús, recibe el trono de David, su padre, y su reino no tendrá fin.
A nosotros, los cristianos, el nuevo pueblo de Dios, se nos ha revelado el “misterio mantenido en secreto durante siglos”, anuncia San Pablo en la segunda lectura de la liturgia. Con la predicación del Evangelio de Cristo Jesús, recibimos la fortaleza y a fe que nos ayuda a conocer y obedecer a Dios. Sabemos muy bien, y cada día lo vamos descubriendo, que el secreto de la felicidad en nuestra vida es obedecer a Dios. Así nos lo va repitiendo una y otra vez la revelación bíblica. El Señor nos ama, y su amor es fiel y leal. Por ello, la importancia de descubrir nuestra propia elección en el amor por Él, aceptarla y responder con lealtad a ella. Así lo viven los israelitas y luego los apóstoles. También la Virgen María lo cree así y se deja llenar de gracia por Dios, respondiendo con una fidelidad plena a Él. Esta obediencia le llena de gozo y felicidad por la gracia que redunda en todos nosotros, en la humanidad, por su participación en el misterio de la redención.
La obediencia al Señor nos lleva a escuchar su Palabra, a tener una relación cercana con Él, a acudir a recibir su gracia en los sacramentos y, por tanto, nos ayuda a que nuestro actuar sea conforme a su voluntad divina, o sea, a hacer lo correcto, lo bueno. Y cuando se va viviendo con esta certeza, cada vez más, experimentamos la auténtica felicidad. Cuando somos niños lo entendemos rápidamente y parece fácil. Pero ha medida que vamos creciendo todo se complica, nosotros nos complicamos y vamos perdiendo esta actitud creyente de vida. Cuando hablo con los jóvenes, ellos se dan cuenta rápido y siempre me preguntan que hacer para evitarlo. La respuesta es que lo que a mi me funciona es no parar de conocer a Jesucristo a través de vivir su Evangelio, de tratar con Él y de aprender día a día a ser fiel, luchando con constancia por mantenerse en la obediencia, aún teniendo que levantarme una y otra vez por culpa de mi pecado ¿Tú lo haces?
Fuente: Archimadrid
Arzobispo de Mosul: 'Hemos perdido todo menos la fe'
Ayuda a la Iglesia Necesitada lanza la mayor campaña de su historia para
evitar que el cristianismo desaparezca de Irak. 120 mil cristianos viven en
situación crítica en el Kurdistán
La comunidad cristiana en Irak está desde el pasado verano en
una situación insostenible debido a la presión y persecución del Estado Islámico (EI). La Iglesia local ha informado este viernes que el número de cristianos refugiados en el Kurdistán iraquí, único lugar seguro para ellos, es de 120 mil. Son 20 mil las familias que no tienen trabajo, vivienda ni escuela para sus hijos.
Por este motivo, la fundación de la Santa Sede, Ayuda a la Iglesia
Necesitada (AIN) en España ha lanzado la mayor campaña en sus 50 años de
historia para ayudar a la comunidad cristiana refugiada de Irak y evitar que el
cristianismo, presente desde el siglo III en ese país, desaparezca.
En la presentación de esta iniciativa, el arzobispo caldeo de Mosul,
monseñor Amel Nona ha asegurado que han perdido todas sus
posesiones "pero lo único que no han perdido es la fe".
"Estamos muy felices y contentos que de los 120 mil cristianos que han
huído de Mosul y la planicie de Nínive, ninguno de ellos ha apostatado,
ninguno ha renunciado a su fe y se ha convertido al Islam".
Monseñor Nona ha explicado que lo que más necesitan los cristianos en estos
momentos es alojamiento y comida. "Queremos evitar un éxodo
cristiano todavía mayor. Pensábamos que la crisis iba a durar como mucho un
mes, pero ya llevamos seis meses y todavía no hay señales positivas de que
nuestra tierra sea liberada del Estado Islámico".
En este sentido, ha apuntado que no podemos decir a las familias que se
queden en Irak, que permanezan en su tierra, "si no hay un motivo
esperanzador para ellos, si no son sostenidos". Por ello, ha agradecido
toda la ayuda que están recibiendo del exterior. "Gracias a esta
generosidad sentimos que contamos como cristianos" para la Iglesia
universal. "Estamos sufriendo, pero con vuestra ayuda esperamos poder
permanecer en nuestra tierra", ha señalado el arzobispo caldeo de Mosul.
Por su parte, el director de Ayuda a la Iglesia Necesitada en
España, Javier Menéndez Ros ha explicado que Irak ha sido, es y será un
país preferente para esta fundación de la Santa Sede y ha anunciado que la
próxima semana una delegación de AIN viajará a Erbil para mostrar la cercanía
de los cristianos españoles con los iraquíes. "Queremos que sepan que no
están solos, que estamos unidos a ellos, que no les vamos a abandonar" en
estos gravemos momentos de dificultad, ha destacado Menéndez Ros.
Antes del 2003, los cristianos eran 1,6 millones. En estos momentos, se
calcula que no llegan a los 300 mil. "Si no queremos que se vayan,
hay que ayudarles a que susbistan. Cada día 75 cristianos abandona
Irak", ha reiterado el responsable de AIN.
"Ayuda a la Iglesia
Necesitada es consciente de que este pueblo se encuentra en estos momentos
en una gran encrucijada histórica. O se les sostiene con ayuda o todos se
irán y desapa
sábado, 20 de diciembre de 2014
“El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz.” Jesús viene a nacer en ti como luz. El ha venido para iluminar tu vida, para dar sentido a tu vida.
Y viene porque el amor de Dios Padre es
muy grande y quiere revelarte los secretos de la vida a través de su Hijo.
Jesús es el Salvador y Él viene para revelarte qué es la verdad, qué es el
amor, qué es la humildad, qué es la paz y en qué consiste la salvación.
El misterio de esta noche ha dejado
iluminada todas las noches pues el Salvador ha venido a iluminar todas nuestras
noches: «No temáis, os anuncio una gran noticia: “Hoy, en la ciudad de Belén,
os ha nacido un Salvador”». ¿Se te quitarán todos tus miedos, confiarás en Él,
lo acogerás como tu verdadero Salvador?
Haz de tu corazón la gruta de Belén,
deja que allí te habite el misterio y haz este misterio vida. El gran regalo de
la Navidad es que Jesús nazca en tu corazón.
Si quieres descubrir el verdadero
sentido de la Navidad necesitas ojos iluminados del corazón, es decir,
necesitas la fe y la humildad para acoger el misterio de la pobreza de Belén.
Jesús nace pobre en un pesebre y para Él
no habrá posada, “fue a los suyos pero los suyos no le recibieron”.
Acércate delicadamente al misterio.
Jesús viene a solidarizarse con todos y
a traer la salvación, y quiere que tú seas sus manos y sus pies para quien
busca la salvación.
Adéntrate en el misterio de Belén con un
a actitud de adoración, como los pastores.
Abre tu corazón al misterio de la
pobreza de Belén, aviva en ti actitudes de humildad, de generosidad y siembra
el amor del Niño Dios en tu entorno cercano y en este mundo que está hambriento
de amor.
En el silencio de la noche entremos en
las afueras de Belén, dejémonos iluminar por la estrella que conduce a Belén,
contemplemos a María, a José y al Niño Dios. En el silencio de la noche busquemos
la luz de Jesús.
Fuente: Reflejos de Luz
Pastoral
Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo
Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: - «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: - «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»
Y María dijo al ángel: - «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»
El ángel le contestó: - «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»
María contestó: - «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»
Y la dejó el ángel.
El silencio de san José
Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras.
En estos últimos días del Adviento, la liturgia nos invita a contemplar de modo especial a la Virgen María y a san José, que vivieron con intensidad única el tiempo de la espera y de la preparación del nacimiento de Jesús. Hoy deseo dirigir mi mirada a la figura de san José. (......)
Desde luego, la función de san José no puede reducirse a un aspecto legal. Es modelo del hombre "justo" (Mt 1, 19), que en perfecta sintonía con su esposa acoge al Hijo de Dios hecho hombre y vela por su crecimiento humano. Por eso, en los días que preceden a la Navidad, es muy oportuno entablar una especie de coloquio espiritual con san José, para que él nos ayude a vivir en plenitud este gran misterio de la fe.
El amado Papa Juan Pablo II, que era muy devoto de san José, nos ha dejado una admirable meditación dedicada a él en la exhortación apostólica Redemptoris Custos, "Custodio del Redentor". Entre los muchos aspectos que pone de relieve, pondera en especial el silencio de san José. Su silencio estaba impregnado de contemplación del misterio de Dios, con una actitud de total disponibilidad a la voluntad divina. En otras palabras, el silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos.
Un silencio gracias al cual san José, al unísono con María, guarda la palabra de Dios, conocida a través de las sagradas Escrituras, confrontándola continuamente con los acontecimientos de la vida de Jesús; un silencio entretejido de oración constante, oración de bendición del Señor, de adoración de su santísima voluntad y de confianza sin reservas en su providencia.
No se exagera si se piensa que, precisamente de su "padre" José, Jesús aprendió, en el plano humano, la fuerte interioridad que es presupuesto de la auténtica justicia, la "justicia superior", que él un día enseñará a sus discípulos (cf. Mt 5, 20).
Dejémonos "contagiar" por el silencio de san José. Nos es muy necesario, en un mundo a menudo demasiado ruidoso, que no favorece el recogimiento y la escucha de la voz de Dios. En este tiempo de preparación para la Navidad cultivemos el recogimiento interior, para acoger y tener siempre a Jesús en nuestra vida.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
Meditación del Ángelus. Domingo 18 de diciembre de 2005
Dios nos ama, es el medio más eficaz para llegar a la paz
Para mantener la paz el "medio más eficaz" se
encuentra en la "certeza de ser amados por Dios". Así lo aseguró el
padre Raniero Cantalamessa en la Tercera Predicación de Adviento, realizada
ante el Papa y la Curia Romana, dedicada al tema "la paz, fruto del
Espíritu".
El predicador de la Casa
Pontificia asegura que “la paz fruto del Espíritu es distinta de la paz don de
Dios y de la paz como tarea en la que trabajar”. Recordando el título del
mensaje del papa Juan Pablo II para la Jornada mundial de la paz de 1984 decía:
“La paz nace de un corazón nuevo” y Francisco de Asís, mandando a sus hermanos
por el mundo, les aconsejaba: “La paz que anunciáis con la boca, tenedla sobre
todo en vuestros corazones”.
Y así asegura que “la paz
interior o del corazón ha ocupado a lo largo de los siglos a todos los grandes
buscadores de Dios”. La esperanza de esta paz eterna ha marcado toda la
liturgia de los difuntos. Expresiones como “Pax”, “In pace Christi”,
“Requiescat in pace” son las más frecuentes en las tumbas de los cristianos y
en las oraciones de la Iglesia. La Jerusalén celeste, con alusión a la etimología
del nombre, es definitiva “beata pacis visio”[1], beata visión de paz, aseguró.
Hablando sobre la concepción de
San Agustín de la paz interior como la adhesión a la voluntad de Dios, asegura
que encuentra una confirmación y una profundización en los místicos. Y
cita al maestro Eckhart cuando escribe: “Nuestro Señor dice: ‘Sólo tendréis paz
en mí’ (cfr. Jn 16, 33). Cuanto más se penetra en Dios, más nos adentramos en
la paz. El que tiene su yo en Dios tiene la paz, el que tiene su yo fuera de
Dios no tiene la paz”[2]. “No se trata, por lo tanto, sólo de cumplir con la
voluntad de Dios, sino de no tener otra voluntad que la Dios, morir
completamente a la propia voluntad. La misma cosa se lee, en forma de
experiencia vivida, en Santa Ángela de Foligno: “Más adelante, la bondad de
Dios me concedió la gracia de hacer de dos cosas una sola, tanto que no puedo
querer otra cosa, sino lo que Él quiere. […] Ya no me hallo más ahora como
solía hallarme, sino que fui conducida a una gran paz en la cual vivo con Él y estoy
contenta de cualquier cosa”[3].
Recordó también a San Ignacio
de Loyola y su “doctrina de la santa indiferencia”. Consiste en ponerse en un
estado de disposición total a aceptar la voluntad de Dios, renunciando, desde
el principio, a cualquier preferencia personal, al igual que una balanza
dispuesta a inclinarse del lado donde el peso será mayor. La experiencia de paz
interior se convierte así en el principal criterio en todo discernimiento. Hay
que considerar que es conforme a la voluntad de Dios, la elección, que después
de una prolongada ponderación y oración, viene acompañada por una mayor paz del
corazón.
Finalmente el padre
Cantalamessa habla del testamento que nos ha dejado Santa Teresa de Ávila, el
que asegura que es muy útil para repetirnos cada vez que tenemos que recobrar
la paz en el corazón: “Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se
muda; la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta. Sólo Dios
basta”.
Concluye esta tercera
predicación de Adviento, deseando que el nacimiento del Señor, Santo Padre,
Venerables padres, hermanos y hermanas, sea realmente para nosotros, como decía
san León Magno, ¡“el nacimiento de la paz”![4] De las tres dimensiones de la
paz: aquella entre el cielo y la tierra, aquella entre todos los pueblos y
aquella en nuestros corazones.
P. Cantalamessa
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






.jpg)

