miércoles, 23 de julio de 2014

Elevación de la mente a Cristo salvador, De las oraciones atribuidas a santa Brígida


Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo, por todos y cada uno de los momentos que, en la cruz, sufriste las mayores amarguras y angustias por nosotros, pecadores; porque los dolores agudísimos procedentes de tus heridas penetraban intensamente en tu alma bienaventurada y atravesaban cruelmente tu corazón sagrado, hasta que dejó de latir y exhalaste el espíritu e, inclinando la cabeza, lo encomendaste humildemente a Dios, tu Padre, quedando tu cuerpo invadido por la rigidez de muerte.

Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que con tu sangre preciosa y tu muerte sagrada redimiste las almas y, por tu misericordia, las llevaste del destierro a la vida eterna.

Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que, por nuestra salvación, permitiste que tu costado y tu corazón fueran atravesados por la lanza y, para redimirnos, hiciste que de él brotara con abundancia tu sangre preciosa mezclada con agua.

Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, porque quisiste que tu cuerpo bendito fuera bajado de la cruz por tus amigos y reclinado en los brazos de tu afligidísima madre, que ella lo envolviera en lienzos y fuera enterrado en el sepulcro, permitiendo que unos soldados montaran guardia.

Honor por siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que enviaste el Espíritu Santo a los corazones de los discípulos y aumentaste en sus almas el inmenso amor divino.

Bendito seas tú, glorificado y alabado por los siglos, Señor Jesús, que estás sentado sobre el trono en tu reino de los cielos, en la gloria de tu divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros santísimos, que tomaste de la carne de la Virgen. Y así has de venir el día del juicio a juzgar a las almas de todos los vivos y los muertos: tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén

ES NECESARIO NO SÓLO LLAMARSE CRISTIANOS, SINO SERLO EN REALIDAD. San Ignacio de Antioquía, obispo y mártir, a los Magnesios

Ignacio, por sobrenombre Teóforo, es decir, Portador de Dios, a la Iglesia de Magnesia del Meandro, a la bendecida en la gracia de Dios Padre por Jesucristo, nuestro Salvador: mi saludo en él y mis votos por su más grande alegría en Dios Padre y en Jesucristo.

Después de enterarme del orden perfecto de vuestra caridad según Dios, me he determinado, con regocijo mío, a tener en la fe en Jesucristo esta conversación con vosotros. Habiéndose dignado el Señor honrarme con un nombre en extremo glorioso, voy entonando en estas cadenas que llevo por doquier un himno de alabanza a las Iglesias, a las que deseo la unión con la carne y el espíritu de Jesucristo, que es nuestra vida para siempre, una unión en la fe y en la caridad, a la que nada puede preferirse, y la unión con Jesús y con el Padre; en él resistimos y logramos escapar de toda malignidad del príncipe de este mundo, y así alcanzaremos a Dios.

Tuve la suerte de veros a todos vosotros en la persona de Damas, vuestro obispo, digno de Dios, y en la persona de vuestros dignos presbíteros Baso y Apolonio, así como del diácono Soción, consiervo mío, de cuya compañía ojalá me fuera dado gozar, pues se somete a su obispo como a la gracia de Dios, y al colegio de los presbíteros como a la ley de Jesucristo.

Es necesario que no tengáis en menos la poca edad de vuestro obispo, sino que, mirando en él el poder de Dios Padre, le tributéis toda reverencia. Así he sabido que vuestros santos presbíteros no menosprecian su juvenil condición; que salta a la vista, sino que, como prudentes en Dios, le son obedientes, o por mejor decir, no a él, sino al Padre de Jesucristo, que es el obispo o supervisor de todos. Así pues, para honor de aquel que nos ha amado es conveniente obedecer sin ningún género de fingimiento; porque no es a este o a aquel obispo que vemos a quien se trataría de engañar, sino que el engaño iría dirigido contra el obispo invisible; es decir, en este caso, ya no es contra un hombre mortal, sino contra Dios, a quien aun lo escondido está patente.

Es pues necesario no sólo llamarse cristianos, sino serlo en realidad; pues hay algunos que reconocen ciertamente al obispo su título de vigilante o supervisor, pero luego lo hacen todo a sus espaldas. Los tales no me parece a mí que tengan buena conciencia, pues no están firmemente reunidos con la grey, conforme al mandamiento.

Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, que llevan cada una grabado su propio cuño: los incrédulos el de este mundo, y los que han permanecido fieles por la caridad, el cuño de Dios Padre, grabado por Jesucristo. Y si no estamos dispuestos a morir por él, para imitar su pasión, tampoco tendremos su vida en nosotros.

martes, 22 de julio de 2014

María Magdalena

El primer día de la semana, de madrugada, cuando todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro y vio que la piedra había sido sacada. Corrió al encuentro de Simón Pedro y del otro discípulo al que Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto". María se había quedado afuera, llorando junto al sepulcro. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio a dos ángeles vestidos de blanco, sentados uno a la cabecera y otro a los pies del lugar donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Ellos le dijeron: "Mujer, ¿por qué lloras?". María respondió: "Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto". Al decir esto se dio vuelta y vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó: "Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?". Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: "Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo". Jesús le dijo: "¡María!". Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: "¡Raboní!", es decir "¡Maestro!". Jesús le dijo: "No me retengas, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: 'Subo a mi Padre, el Padre de ustedes; a mi Dios, el Dios de ustedes'". María Magdalena fue a anunciar a los discípulos que había visto al Señor y que él le había dicho esas palabras.
(San Juan 20,1-2.11-18)
El Evangelio de hoy es una fuente inagotable de palabras de vida eterna, pero quiero centrarme en el actuar de María Magdalena cuando llega al sepulcro.
María se queda llorando. El llanto es un sentimiento humano que nos permite desahogarnos. El llanto es una forma de expresar nuestro dolor ante alguna situación de la vida que no entendemos, y es lo que vive María Magdalena. Ella llora porque se han llevado al Maestro. ¿Por qué lloramos nosotros? Luego de ver el mundial, es lamentable las escenas de personas que lloraban con profundo dolor por la derrota de Brasil. Puede entenderse que esa cultura sea apasionada por el fútbol, pero ¿lloraríamos así cuando perdemos al Señor por culpa del pecado? Es la pregunta inicial que hoy nos debemos hacer. ¿Nos duele perder al Señor al punto de llorar su ausencia? Cristo mismo lloró cuando murió Lázaro, pero como sabiamente nos enseña San Basilio en su IV homilía sobre la acción de gracias: "Llorando así al amigo, dio a entender la comunicación de nuestra naturaleza, y juntamente nos enseñó a evitar los excesos; no queriendo que nos contristáramos demasiado con las adversidades, ni en las molestias y dolores nos mostremos indiferentes" (Hom IV. 5). De esta forma, esta parte nos muestra que debe dolernos el perder al Señor, a la vez que nos enseña a que el llanto es un sentimiento humano que debe darse en su justa medida.

Cuando llora, los ángeles se le muestran. Esta parte es hermosa, porque muestra que Dios no es indolente ante nuestras dificultades. María mientras llora se asoma y ve a dos ángeles. Igualmente esta parte nos muestra que el llanto no debe paralizarnos. Si María se queda fuera llorando y no entra, seguramente no hubiera visto a los ángeles. Dios hoy nos invita a no quedarnos derrotados ante la pena, ante la pérdida de un ser muy querido, ante un fracaso; hay que levantarse y seguir, y siguiendo podremos ver la presencia de Dios. No podemos seguir mostrando el dolor simplemente para quedarnos quietos por miedo. Hoy debemos pedir la fuerza del Espíritu Santo para seguir caminando al encuentro del Señor. El llanto en María por la pérdida del Señor la impulsa a caminar, a buscarlo a como dé lugar. ¿El llanto en nosotros a qué nos impulsa? Hoy debemos levantarnos a buscar la misericordia de Dios, a buscar su perdón, a no quedarnos inmersos en nuestros problemas creyendo que todo está acabado. Busca al Señor, reconciliate con él, recibe su Cuerpo y su Sangre, y así, podremos vivir como verdaderos creyentes.
María encuentra al Señor. El mensaje es ese, el que busca, encuentra. María le hace ver a los ángeles el por qué de su llanto, el por qué de su angustia. Y Cristo se le muestra. María al comienzo no lo reconoce pero luego lo reconoce. ¿Cuando? Dice el texto que cuando Cristo la llamó por su nombre. Qué hermoso es esto, saber que Cristo nos llama por nuestro nombre. Hoy cuando el mundo nos etiqueta de diferentes formas, cuando el mundo y la sociedad nos ve como productos, cuando la gente que nos ha hecho daño nos ha llamado de manera ofensiva, cuando nos señalan por nuestra fe, hoy el Señor nos llama por nuestro nombre; qué hermoso saberlo, como dice el profeta Isaías: El Señor me llamó desde el seno materno,desde el vientre de mi madre pronunció mi nombre. (Is 49, 2). Hoy el Señor nos invita a ir a su encuentro, a no buscarlo en donde el mundo aparente felicidad, sino como ovejas que oyen la voz de su pastor, saber que él viene a darnos una vida nueva, una vida eterna, y que nuestro nombre es único para Dios.
Fuente: Católicos firmes en su Fe

Nuestro Viaje hacia Dios nunca termina, incluso para los Santos


Cuando los católicos hablamos de conversión, nos referimos casi siempre al viaje de nuestros corazones, mentes y almas hacia Dios, no una experiencia instantánea, un aumento repentino de la fe y de la emoción, o un rayo de luz sobrenatural que nos sella para siempre como los elegidos. 

La idea de la fe como un camino está bien ilustrada en las vidas de algunos de los mayores apologistas del siglo XX. Thomas Merton subió la "montaña de siete pisos." CS Lewis pasó de la Iglesia de Irlanda al ateísmo de alto anglicanismo. Malcolm Muggeridge, un prominente periodista británico, pasó la mayor parte del siglo pasado en su camino a la conversión, que termina en la Iglesia a principios de 1980, el lo describió como un encontrar su "lugar de descanso". Nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti, escribe San Agustín en sus Confesiones, por lo que muchos siglos antes. San Gregorio de Nisa dijo esto y mucho más:

San Gregorio, un Padre de Capadocia, que era más o menos contemporáneo de Agustín, habría estado de acuerdo que cuando encontramos a Dios nuestra inquietud llega a su fin y se sustituye por un tipo especial de paz que él llamó parresía. Pero nosotros no "descansamos" en el sentido de que nuestro camino espiritual haya terminado. ¿Cómo puede ser esto? He aquí una manera que San Gregorio describe en su “Tratado Contra Eunomius”, hablando de la creación en general: 

“ La creación alcanza la excelencia al participar en algo mejor que sí mismo; y, además, no sólo tuvo un comienzo en su ser, pero también se encuentra constantemente en un estado de comienzo para estar en la excelencia, por su avance continuo, mejora, ya que nunca se detiene en lo que se ha alcanzado, pero todo lo que se ha adquirido se convierte por la participación de un comienzo de su ascenso a algo aún más grande, y nunca cesa. “

Gregorio vio a la humanidad como a la realeza del orden creado. Ahora leamos las palabras anteriores de nuevo cuidadosamente. Gregorio no dice simplemente que crecemos continuamente en Dios, mientras que estamos en esta tierra, algo que es evidente entre los fieles católicos de hoy. Su afirmación es que estamos "en un constante estado de comienzo para estar en la excelencia", ya que nunca nos detenemos en lo que hemos alcanzado. En otras palabras: el progreso es de nunca allí termina-hay fin para el crecimiento de incluso los más avanzados espiritualmente. 

Para Gregorio, esto se aplica tanto, tal vez incluso más, a los santos para el resto de nosotros. Y es cierto no sólo en la tierra, pero más aún en el cielo. Como el teólogo Lucas Francisco Mateo-Seco dice, "La perfección no consiste en llegar a un fin, sino en correr sin parar nunca" (de The Brill Diccionario de Gregorio de Nisa.) 

Esta idea, conocida como “epectasis” se confirma de profundas reflexiones filosóficas de Gregorio sobre la naturaleza última de la realidad. También se toma directamente de las palabras de San Pablo en Filipenses 3:
” Esto no quiere decir que haya alcanzado la meta ni logrado la perfección, pero sigo mi carrera con la esperanza de alcanzarla, habiendo sido yo mismo alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo no pretendo haberlo alcanzado. Digo solamente esto: olvidándome del camino recorrido, me lanzo hacia adelante y corro en dirección a la meta, para alcanzar el premio del llamado celestial que Dios me ha hecho en Cristo Jesús.” (12-14)

En el texto anterior, la frase en griego dice “epekteinomenos”, una forma del verbo epekteinomai, lo que significa “estirarse hacia” o “ ir en dirección de”. Esta palabra, que sólo aparece una vez en el Nuevo Testamento, es en realidad un compuesto de tres partes: epi (bajo), ek (de) y Teino (estirar). (Epectasis es la forma nominal.) 

Cada parte es esencial para entender lo que significa el término. Llegar a Dios de hecho implica un "estiramiento" de uno mismo, dada la brecha que existe entre lo humano y lo divino. Es un estiramiento que nos lleva a “salir de nosotros mismos”, "olvidarnos” a nosotros mismos, para usar el lenguaje de Pablo. Y este extenderse hacia fuera ,no es un estrirarse hacia fuera ciegamente en la oscuridad con la esperanza de que nos encontraremos algo o alguien allí. Es un estiramiento "sobre" El que Está allí. Hay una confianza, incluso la certeza, que se refleja en este término. De hecho, esta palabra significa mucho más de lo que creemos acerca de la condición humana, Dios, y cómo los dos están relacionados. Tal vez por eso resultó tan fructífera en las manos de un gran pensador como Gregorio.

Ahora, Gregorio no esta ciertamente diciendo que nunca se llega a Dios, o que la vida divina es inalcanzable incluso para los grandes santos como Paul. En cambio, él está postulando una paradoja: después de haber encontrado a Dios, lo seguimos buscando nuevamente. Para reafirmar esto en términos modernos, diremos que en amar a Dios, uno a la vez tiene tanto la emoción de la persecución y el placer de la captura. 

Y esto no es decir que vamos en círculos buscando y encontrando a Dios, en algún ciclo sin final que aparentemente no va a ninguna parte. Más bien, como ha explicado Mateo-Seco, es un proceso de constante progreso. Cada encuentro con Dios sólo amplía nuestra capacidad para experimentarlo más, profundizando nuestro deseo de Dios. "Cuanto más se llega a él, más se desea. El deseo de Dios trae consigo la paradoja gozosa de alcanzar lo que se desea, ampliando así la capacidad de un nuevo deseo ", escribe Mateo-Seco. 

La preocupación última de Gregorio está aquí centrada en los atributos divinos. Él era cuidadoso de cualquier relato de la vida espiritual que no mantuviera un profundo respeto por una vívida conciencia del infinito y de la trascendencia de Dios. Gregorio argumentó que nuestra experiencia de Dios, que es infinita bondad y amor, nunca podría estar agotada. Decir lo contrario, sugirió, es un insulto a Dios. En su tratado Sobre el alma y la resurrección, Gregorio comenta que "la insolencia de la saciedad no puede tocar" el "La Verdadera Belleza" de lo divino. 

En pocas palabras, Gregorio está diciendo que el infinito y la trascendencia de Dios significa que nunca se puede llegar a él con un sentido de finalidad. No hay punto final, no poste ni línea de meta. No hay límite a Dios y a su amor. Es por esto que el viaje no termina nunca, incluso para aquellos que han "encontrado" a Dios, incluso para grandes santos como Pablo y Gregorio de Nisa.

Fuente: Católicos firmes en su Fe. Autor: Stephen Beale

POCA PALESTINA QUEDA

Para justificarse, el terrorismo de Estado fabrica terroristas: siembra odio y cosecha coartadas. Todo indica que esta carnicería de Gaza, que según sus autores quiere acabar con los terroristas, logrará multiplicarlos.

Desde 1948, los palestinos viven condenados a humillación perpetua. No pueden ni respirar sin permiso. Han perdido su patria, sus tierras, su agua, su libertad, su todo. Ni siquiera tienen derecho a elegir sus gobernantes. Cuando votan a quien no deben votar, son castigados.
Gaza está siendo castigada. Se convirtió en una ratonera sin salida, desde que Hamas ganó limpiamente las elecciones en el año 2006. Algo parecido había ocurrido en 1932, cuando el Partido Comunista triunfó en las elecciones de El Salvador. Bañados en sangre, los salvadoreños expiaron su mala conducta y desde entonces vivieron sometidos a dictaduras militares. La democracia es un lujo que no todos merecen.
Son hijos de la impotencia los cohetes caseros que los militantes de Hamas, acorralados en Gaza, disparan con chambona puntería sobre las tierras que habían sido palestinas y que la ocupación israelí usurpó.
Y la desesperación, a la orilla de la locura suicida, es la madre de las bravatas que niegan el derecho a la existencia de Israel, gritos sin ninguna eficacia, mientras la muy eficaz guerra de exterminio está negando, desde hace años, el derecho a la existencia de Palestina. Ya poca Palestina queda. Paso a paso, Israel la está borrando del mapa.
Los colonos invaden, y tras ellos los soldados van corrigiendo la frontera. Las balas sacralizan el despojo, en legítima defensa.
No hay guerra agresiva que no diga ser guerra defensiva. Hitler invadió Polonia para evitar que Polonia invadiera Alemania. Bush invadió Irak para evitar que Irak invadiera el mundo.
En cada una de sus guerras defensivas, Israel se ha tragado otro pedazo de Palestina, y los almuerzos
siguen. La devoración se justifica por los títulos de propiedad que la Biblia otorgó, por los dos mil años de persecución que el pueblo judío sufrió, y por el pánico que generan los palestinos al acecho.
Israel es el país que jamás cumple las recomendaciones ni las resoluciones de las Naciones Unidas, el que nunca acata las sentencias de los tribunales internacionales, el que se burla de las leyes internacionales, y es también el único país que ha legalizado la tortura de prisioneros.
¿Quién le regaló el derecho de negar todos los derechos? ¿De dónde viene la impunidad con que Israel está ejecutando la matanza de Gaza? El gobierno español no hubiera podido bombardear impunemente al País Vasco para acabar con ETA, ni el gobierno británico hubiera podido arrasar Irlanda para liquidar a IRA. ¿Acaso la tragedia del Holocausto implica una póliza de eterna impunidad? ¿O esa luz verde proviene de la potencia mandamás que tiene en Israel al más incondicional de sus vasallos?
El ejército israelí, el más moderno y sofisticado del mundo, sabe a quién mata. No mata por error. Mata por horror. Las víctimas civiles se llaman daños colaterales, según el diccionario de otras guerras imperiales.
En Gaza, de cada diez daños colaterales, tres son niños. Y suman miles los mutilados, víctimas de la tecnología del descuartizamiento humano, que la industria militar está ensayando exitosamente en esta operación de limpieza étnica.
Y como siempre, siempre lo mismo: en Gaza, cien a uno. Por cada cien palestinos muertos, un israelí. Gente peligrosa, advierte el otro bombardeo, a cargo de los medios masivos de manipulación, que nos invitan a creer que una vida israelí vale tanto como cien vidas palestinas. Y esos medios también nos invitan a creer que son humanitarias las doscientas bombas atómicas de Israel, y que una potencia nuclear llamada Irán fue la que aniquiló Hiroshima y Nagasaki.
La llamada comunidad internacional, ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Ante la tragedia de Gaza, la hipocresía mundial se luce una vez más. Como siempre, la indiferencia, los discursos vacíos, las declaraciones huecas, las declamaciones altisonantes, las posturas ambiguas, rinden tributo a la sagrada impunidad. Ante la tragedia de Gaza, los países árabes se lavan las manos. Como siempre. Y como siempre, los países europeos se frotan las manos.
La vieja Europa, tan capaz de belleza y de perversidad, derrama alguna que otra lágrima mientras secretamente celebra esta jugada maestra. Porque la cacería de judíos fue siempre una costumbre europea, pero desde hace medio siglo esa deuda histórica está siendo cobrada a los palestinos, que también son semitas y que nunca fueron, ni son, antisemitas. Ellos están pagando, en sangre contante y sonante, una cuenta ajena.
Eduardo Galeano

"La violencia no se vence con la violencia. ¡Se gana con la paz!", el Papa pide oración por Oriente Medio y Ucrania

Después de la oración mariana del Ángelus de este domingo el Papa pidió que rezáramos por la situación de las comunidades cristianas en Iraq y Oriente Medio. "Queridos hermanos y hermanas tanto perseguidos, yo sé cuánto sufren, yo sé que son despojados de todo. Estoy con vosotros en la fe, con Él que ha vencido el mal".
Palabras del Santo Padre:
Queridos hermanos y hermanas:
He recibido con preocupación las noticias procedentes de las Comunidades cristianas en Mosul (Iraq) y en otras partes de Oriente Medio, donde éstas, desde el inicio del cristianismo, han vivido con sus conciudadanos, ofreciendo una contribución significativa al bien de la sociedad. Hoy son perseguidos. ¡Nuestros hermanos son perseguidos, son echados, deben dejar sus casas sin tener la posibilidad de llevarse nada! Aseguro a estas familias y a estas personas mi cercanía y mi constante oración. Queridos hermanos y hermanas tan perseguidos, yo sé cuánto sufren, yo sé que son despojados de todo. Estoy con vosotros en la fe con Él que ha vencido el mal.
Y a vosotros aquí, en la plaza, y a todos los que nos siguen por la televisión, invito recordar en la oración. Les exhorto, a perseverar en la oración por las situaciones de tensión y de conflicto que persisten en diferentes partes del mundo, especialmente en Oriente Medio y Ucrania. El Dios de la paz suscite en todos un auténtico deseo de diálogo y de reconciliación. La violencia no se vence con la violencia. ¡La violencia se gana con la paz! Recemos en silencio pidiendo la paz. Todos en silencio.

Jesús afronta el problema del mal en el mundo y resalta la paciencia de Dios, Francisco en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡Buenos días!
 


En estos domingos la liturgia propone algunas parábolas evangélicas, o sea breves narraciones que Jesús usaba para anunciar a la multitud el Reino de los cielos. 

Entre aquellas presentes en el Evangelio de hoy, se encuentra una más bien compleja que al inicio no se entiende, la cual Jesús explica luego a discípulos: es aquella de la semilla buena y de la cizaña, que enfrenta el problema del mal en el mundo y pone en relieve la paciencia de Dios(cfr Mt 13,24-30.36-43). La escena se desarrolla en un campo en donde el propietario siembra la semilla; pero una noche llega el enemigo y siembra la cizaña, término que en hebreo deriva de la misma raíz del nombre “Satanás” y evoca el concepto de división. 

Todos sabemos que el demonio es un cizañero: trata siempre de dividir a las personas, a las familias, a las Naciones y a los pueblos. Los peones quisieran de inmediato arrancar la hierba mala, pero el propietario lo impide con esta motivación: «porque al arrancar la cizaña, corren el peligro de arrancar también el trigo» (Mt 13, 29). Porque todos sabemos que, cuando la cizaña crece, se parece mucho a la semilla buena y existe el peligro de confundir una con otra.
 

La enseñanza de la parábola es doble. Ante todo dice que el mal en el mundo no proviene de Dios, sino de su enemigo, el Maligno. Es curioso: él va de noche a sembrar la cizaña, en la oscuridad, en la confusión… Donde no existe la luz, él va y siembra la cizaña. Este enemigo es astuto: ha sembrado el mal en medio del bien, de manera que es imposible para nosotros hombres separarlos netamente; pero al final, Dios, podrá hacerlo. Él se toma el tiempo.
Y aquí llegamos al segundo tema: la contraposición entre la impaciencia de los peones y la paciente espera del propietario del campo, que representa a Dios. A veces nosotros tenemos una gran prisa en juzgar, clasificar, poner de un lado a los buenos, y del otro a los malos… Pero acuérdense de la oración del hombre soberbio: “te agradezco, Dios, porque yo soy bueno y no soy como ese otro que es malo”. Acuérdense de esto. Dios en cambio sabe esperar. Él mira en el “campo” de la vida de cada persona con paciencia y misericordia: ve mucho mejor que nosotros la suciedad y el mal, pero también ve los retoños del bien y espera con confianza que maduren. Dios es paciente, sabe esperar. 


¡Que hermoso es esto! Nuestro Dios es un padre paciente, que nos espera siempre, y nos espera con el corazón en la mano para acogernos, ¡para perdonarnos! Nos perdona siempre si vamos hacia Él… 

La actitud del propietario es aquella de la esperanza fundada sobre la certidumbre de que el mal no tiene ni la primera ni la última palabra. Y hay más: gracias a esta paciente espera de Dios la misma cizaña, o sea el corazón malvado con tantos pecados, al final puede convertirse en semilla buena.

Pero atención: la paciencia evangélica no es indiferencia al mal; ¡no se puede hacer confusión entre bien y mal! Frente a la cizaña presente en el mundo el discípulo del Señor está llamado a imitar la paciencia de Dios, a alimentar la esperanza con el apoyo de una inquebrantable confianza en la victoria final del bien, o sea de Dios.
Al final, de hecho, el mal será arrancado y eliminado: al tiempo de la cosecha, o sea del juicio, los cosechadores seguirán la orden del propietario separando la cizaña para quemarla (cfr Mt13,30). En aquel día de la cosecha final el juez será Jesús, Aquel que ha sembrado la semilla buena en el mundo y que se ha vuelto Él mismo “semilla”, ha muerto y resucitado. Al final todos seremos juzgados con la misma medida ¿Con cuál? ¿Con cuál medida? con la misma medida con la que hemos juzgado: la misericordia que habremos tenido para con los demás será usada también con nosotros. Pidamos a la Virgen, nuestra Madre, que nos ayude a crecer en la paciencia, en la esperanza y en la misericordia con todos los hermanos.

(Traducción del italiano: Raúl Cabrera- Radio Vaticano)

sábado, 19 de julio de 2014

Autentica fraternidad entre cristianos y musulmanes, mensaje vaticano para el fin del Ramadán

'Hacia una auténtica fraternidad entre cristianos y musulmanes'' es el título del mensaje del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso en ocasión del final del Ramadán (Id al-Fitr 1435/ 2014 AD). El documento está firmado por el cardenal Jean-Louis Tauran y por padre Miguel Ángel Ayuso Guixot MCCJ, respectivamente presidente y secretario de ese dicasterio. El año pasado, el primero de su ministerio el Papa Francisco firmó personalmente el Mensaje con motivo del 'Id-al Firt y, en el Ángelus del 13 de agosto de ese mismo año se dirigió a los musulmanes llamándolos ''hermanos nuestros''.
''Todos reconocemos -dice el texto- la importancia de esas palabras. Efectivamente, los cristianos y los musulmanes son hermanos y hermanas de una única familia humana, creada por el único Dios''. El mensaje recuerda también las palabras de San Juan Pablo II a algunos líderes religiosos musulmanes en 1982 en Nigeria: ''Todos nosotros, cristianos y musulmanes, vivimos bajo el sol de un único Dios misericordioso. Todos creemos en un sólo Dios creador del hombre. Aclamamos la señoría de Dios y defendemos la dignidad del ser humano en cuanto siervo de Dios, Adoramos a Dios y le profesamos una sumisión total. En este sentido podemos llamarnos unos a otros hermanos y hermanas en la fe en un sólo Dios''. ''Damos gracias al Altísimo -prosigue el documento- por todo lo que tenemos en común, aunque seamos conscientes de nuestras diferencias. Nos damos cuenta de la importancia de la promoción de un diálogo fructífero basado en el respeto y la amistad recíprocas. Inspirados por nuestros valores compartidos y reforzados por nuestros sentimientos de fraternidad genuina, estamos llamados a trabajar juntos por la justicia, la paz y el respeto de los derechos y de la dignidad de toda persona. Nos sentimos particularmente responsables de los más necesitados: los pobres, los enfermos, los huérfanos, los migrantes, las víctimas de la trata de personas y todos los que sufren a causa de cualquier forma de dependencia''. ''Sabemos que el mundo actual debe hacer frente a grandes desafíos que requieren solidaridad por parte de las personas de buena voluntad -observa el mensaje- Estos retos comprenden las amenazas al medio ambiente, la crisis de la economía global y altos niveles de desempleo, especialmente entre los jóvenes. Situaciones tales generan un sentido de vulnerabilidad y una falta de esperanza en el futuro. Tampoco tenemos que olvidar los problemas que afrontan las tantas familias que han sido separadas dejando a sus seres queridos y, a menudo, también a niños pequeños. Por lo tanto, aunemos nuestros esfuerzos para construir puentes de paz y para promover la reconciliación, especialmente en las regiones en que musulmanes y cristianos padecen juntos el horror de la guerra''.
El documento se cierra manifestando el deseo de que la amistad común ''inspire siempre nuestra cooperación cuando se trata de afrontar estos retos tan numerosos con sabiduría y prudencia. Así podremos ayudar a reducir las tensiones y los conflictos y a hacer que progrese el bien común. Y demostraremos también que las religiones pueden ser fuente de armonía para el beneficio de toda la sociedad''. ''Rogamos -concluye-que la reconciliación, la justicia, la paz y el desarrollo sigan siendo nuestras prioridades, por el bienestar y el bien de toda la familia humana. Con el Papa Francisco os dirigimos nuestra mejores deseos de una fiesta gozosa y de una vida de prosperidad en la paz.''(RC-RV)

viernes, 18 de julio de 2014

ACEPTAR LA CIZAÑA NOS HUMANIZA. Escrito por Enrique Martínez Lozano

Mt 13, 24-43
La personalidad fanática tiende a ver la realidad escindida completamente en dos: todo es blanco o negro, verdadero o falso, bueno o malo, "trigo o cizaña"; para ella, no caben otras tonalidades. 
Por eso, se convierte en juez implacable que "salva" o "condena".
Sabemos que, tras esa apariencia de dureza e intransigencia, lo que se esconde es una inseguridad amenazadora, aunque con frecuencia inconsciente para el propio individuo. Precisamente, el fanatismo cumple la función de mantenerla a raya, aunque sea a un precio excesivamente alto, por el desgaste y el sufrimiento que conlleva.
La intolerancia, nos advertía el físico ruso Andrei Sájarov, no es sino "la angustia de no tener razón". Pero imposibilita el descanso y la paz, porque se asienta en una no aceptación de la realidad tal como es.
Algo similar ocurre en las actitudes fundamentalistas: al identificar sus creencias con la verdad, y al haber hecho de las mismas el sostén de su propia seguridad psicológica, no queda otro remedio que condenar tajantemente todo aquello que pueda poner en cuestión el "orden" que su propia mente ha establecido (y que, en el caso religioso, intentará justificar remitiéndose a una autoridad divina).
Y aquí se unen todos esos perfiles mentalmente autoritarios: aun sin pretenderlo, están cultivando la semilla del fanatismo que siempre brota al adoptar una actitud de superioridad moral.
Con un humor que no oculta la tragedia, el escritor israelí Amos Oz escribe lo siguiente: "La esencia del fanatismo reside en el deseo de obligar a los demás a cambiar. En esa tendencia tan común de mejorar al vecino, de enmendar a la esposa, de hacer ingeniero al niño o de enderezar al hermano en vez de dejarles ser.
El fanático es una criatura de lo más generosa. El fanático es un gran altruista. A menudo, está más interesado en los demás que en sí mismo. Quiere salvar tu alma, redimirte. Liberarte del pecado, del error, de fumar. Liberarte de tu fe o de tu carencia de fe. Quiere mejorar tus hábitos alimenticios, lograr que dejes de beber o de votar. El fanático se desvive por uno. Una de dos: o nos echa los brazos al cuello porque nos quiere de verdad o se nos lanza a la yugular si demostramos ser unos irredentos.
En cualquier caso, topográficamente hablando, echar los brazos al cuello o lanzarse a la yugular es casi el mismo gesto. De una forma u otra, el fanático está más interesado en el otro que en sí mismo por la sencillísima razón de que tiene un sí mismo bastante exiguo o ningún sí mismo en absoluto" (A. OZ, Contra el fanatismo, Debolsillo, Barcelona 2005, pp.28-29).
La tragedia puede formularse de este modo: el trigo y la cizaña no se dan en campos diferentes, ni dividen a las personas en dos grupos: buenos y malos, como el fundamentalismo quiere hacer creer. Trigo y cizaña habitan juntos en cada corazón humano.

Más aún: en la medida en que venimos a conocer el funcionamiento de la sombra, nos percatamos de que es precisamente aquello que más nos crispa lo que –aunque reflejado en el vecino- tenemos en nosotros mismos. La "cizaña" que más detestamos en el prójimo es aquella que más escondida se halla en nuestro interior.
Por eso, la actitud sabia es la de "dejarlos crecer juntos". Tal actitud remite precisamente a lo que tenemos que hacer con la propia sombra: aceptarla, abrazarla, para poder reconocerla como propia –con lo que, al dejar de proyectarla en los demás, renunciaremos a juzgarlos-, sin reducirnos a ella.

El regalo que tal trabajo esconde para quien lo emprende es un crecimiento en integración y en humildad. Paradójicamente, la aceptación de la "cizaña" nos ha terminado humanizando, bajándonos del pedestal egoico –hecho de exigencia, perfeccionismo y ciertas ideas de "superioridad"- que sostenía el fanatismo, y acercándonos a nuestra verdad completa.

Severidad contra la "lepra" de la pederastia eclesial Sobre el celibato: "hay soluciones y las encontraré"

Francisco afirmó que afrontará con toda la "severidad" que requiere los casos de pederastia en el seno de la Iglesia Católica y los tildó de "lepra", en una entrevista publicada el lunes 14 de julio por el diario italiano "La Repubblica", en la que también habló de la mafia y del celibato.


Francisco señaló que los casos de pederastia son "frecuentes" en la sociedad actual, en la que se perpetran estos "abominables" delitos como consecuencia, entre otras cosas, de que la educación parece haber desaparecido de las casas y de las familias.

"La corrupción de un muchacho es lo más terrible e inmundo que se pueda imaginar y especialmente si, como demuestran los datos que he podido examinar personalmente, gran parte de estos hechos abominables se dan en el entorno de familias o amigos", indicó.
Un problema que también afecta a la Iglesia Católica, donde se desarrolla como si de una enfermedad infecciosa se tratara, como si fuera "lepra", dijo.

El papa expresó su preocupación por las estadísticas que le ofrecen algunos de sus colaboradores, que apuntan a que la pederastia podría afectar al 2 % de la Iglesia.
"Lo considero gravísimo. Este 2 % de pederastas son incluso obispos y cardenales. Además, otros conocen estos casos y callan. Encuentro esta situación insostenible y mi intención es afrontarla con la severidad que requiere", subrayó.

El pasado lunes, el papa pidió "perdón por los pecados de omisión" cometidos por líderes de la Iglesia en relación con los abusos sexuales durante una misa en su residencia vaticana, a la que asistieron seis víctimas de dichos delitos.

"Humildemente pido perdón", dijo el papa argentino, quien reconoció que los líderes de la Iglesia "no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso presentadas por familiares y por aquellos que fueron víctimas del abuso".
Otro de los asuntos que abordó durante la entrevista es el crimen organizado, que el pontífice argentino dijo no conocer "a fondo", aunque es consciente de los delitos que a menudo cometen los mafiosos o de los "enormes intereses" que administran.
"Todo esto está cambiando y cambiará. Nuestra denuncia de la mafia no será un hecho aislado, sino constante. Pederastia y mafia: la Iglesia, el pueblo de Dios, los sacerdotes y las comunidades tendrán entre sus cometidos estas dos importantísimas cuestiones", dijo.
Por último, el Obispo de Roma también se refirió al celibato entre los miembros del clero y aseguró que, a este respecto, hay soluciones y las encontrará.

"El celibato fue establecido en el siglo X, es decir, 900 años después de la muerte de Jesús. La Iglesia católica oriental permite que sus sacerdotes se casen. El problema ciertamente existe aunque no es de gran dimensión. Se requiere tiempo aunque hay soluciones y las encontraré", señaló.


Redacción de Religión Digital

Yo quiero misericordia y no sacrificios.


Evangelio según San Mateo 12,1-8.

En aquel tiempo, Jesús atravesaba unos sembrados y era un día sábado. Como sus discípulos sintieron hambre, comenzaron a arrancar y a comer las espigas.

Al ver esto, los fariseos le dijeron: "Mira que tus discípulos hacen lo que no está permitido en sábado".

Pero él les respondió: "¿No han leído lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron hambre,
cómo entró en la Casa de Dios y comieron los panes de la ofrenda, que no les estaba permitido comer ni a él ni a sus compañeros, sino solamente a los sacerdotes?

¿Y no han leído también en la Ley, que los sacerdotes, en el Templo, violan el descanso del sábado, sin incurrir en falta?

Ahora bien, yo les digo que aquí hay alguien más grande que el Templo.

Si hubieran comprendido lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios, no condenarían a los inocentes.

Porque el Hijo del hombre es dueño del sábado". 
Fuente: News. va

jueves, 17 de julio de 2014

IMPORTANCIA DE LO PEQUEÑO. Escrito por José Antonio Pagola


Mt 13, 24-42
Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran un Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.


Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre (el reino de Dios), sembrando pequeñas "semillas" de Evangelio e introduciéndose en la sociedad como pequeño "fermento" de vida humana.

La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.

La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso y espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores es insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso, los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.

La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla enteramente.

Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo, va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.

Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres, siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio, y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.


José Antonio Pagola

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.

Evangelio según San Mateo 11,28-30.

Vengan a mí todos los que están afligidos y agobiados, y yo los aliviaré.
Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio.
Porque mi yugo es suave y mi carga liviana".

Meditación del Papa Francisco


Con su mansedumbre. Jesús nunca ha dejado de ser cordero: manso, bueno, lleno de amor, cercano a los pequeños, cercano a los pobres. Estaba allí, entre la gente, curaba a todos, enseñaba, rezaba. Pero, tan débil Jesús: como un cordero. 

Pero ha tenido la fuerza para cargar sobre sí todos nuestros pecados: todos. "Pero, padre, usted no sabe mi vida: tengo uno que... pero, ni siquiera puedo llevarlo con un camión...". Muchas veces, cuando miramos en nuestra conciencia, nos encontramos con algunos que son grandes, ¿eh? Pero Él los lleva. 

Él ha venido para eso: para perdonar, para traer la paz en el mundo, pero primero en el corazón. Quizá cada uno de nosotros tiene una tormenta en el corazón, quizá tiene una oscuridad en el corazón, quizá se siente un poco triste por una culpa... Él ha venido a quitar todo eso. Él nos da la paz, Él lo perdona todo.