martes, 10 de junio de 2014

Es hora de actuar para eliminar el crimen de la violencia sexual, también como arma de guerra, alienta el Papa


«Oremos por todas las víctimas de la violencia sexual en situaciones de conflicto y por los que combaten tal crimen», es la exhortación del Papa Francisco, en la mañana de este martes, con el #TimeToAct: es hora de actuar. El tweet pontificio se une a la Cumbre Mundial de Londres, que precisamente a partir de este martes y hasta el 13 de junio, se propone actuar contra semejante violencia. Es hora de sostener a las víctimas y sobrevivientes – a menudo menores - de detener la cultura de la impunidad y de asegurar que se aplique la justicia ahora y en el futuro.


La Cumbre es la mayor reunión internacional que se haya celebrado sobre este tema, y está presidida por el Secretario de Relaciones Exteriores británico, William Hague, y la enviada especial del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, ACNUR, Angelina Jolie, con la participación de más de cien estados.

Los debates abarcan tres aspectos principales de la cuestión global de cómo acabar con la violencia sexual en los conflictos: problema, progresos, prevención. Además de examinar el papel de las redes católicas, sus conocimientos y experiencia en zonas de conflicto; escuchar las voces de misioneros y misioneras que ayudan a las víctimas de la violencia; examinar las causas fundamentales, y promover acciones prácticas contra el crimen de la violencia sexual.



El apostolado de la Iglesia católica, misioneros y misioneras y laicos apoyando y asistiendo a las víctimas, y las redes católicas tienen un papel importante que desempeñar en este esfuerzo internacional. La Confederación de Caritas Internacional recuerda que la Iglesia provee asistencia médica a las víctimas de la violencia sexual en los conflictos, les da refugio y asesoramiento y se opone a la estigmatización. Asegurando que tenemos que decir a los victimarios que cambien sus vidas y dejen de perpetrar estos crímenes.

También se destacan las actividades comunitarias del Servicio Jesuita para los Refugiados, que ofrecen a las víctimas de la violencia sexual un espacio para reconstruir sus vidas. En todo el mundo - desde las remotas colinas del este del Congo a las zonas urbanas de Colombia – aseguran esfuerzos por construir comunidades de esperanza. Y señalan que sin embargo, un futuro más justo depende de las acciones de los gobiernos que son necesarios para financiar la prestación de servicios médicos y psicosociales que salven vidas y para hacer cumplir las leyes que garanticen que los responsables rindan cuentas de sus crímenes.

EL ENVÍO DEL ESPÍRITU SANTO. SAN IRINEO

El Señor dijo a los discípulos: Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Con este mandato les daba el poder de regenerar a los hombres en Dios.

Dios había prometido por boca de sus profetas que en los últimos días derramaría su Espíritu sobre sus siervos y siervas, y que éstos profetizarían; por esto descendió el Espíritu Santo sobre el Hijo de Dios, que se había hecho Hijo del hombre, para así, permaneciendo en él, habitar en el género humano, reposar sobre los hombres y residir en la obra plasmada por las manos de Dios, realizando así en el hombre la voluntad del Padre y renovándolo de la antigua condición a la nueva, creada en Cristo.

Y Lucas nos narra cómo este Espíritu, después de la ascensión del Señor, descendió sobre los discípulos el día de Pentecostés, con el poder de dar a todos los hombres entrada en la vida y para dar su plenitud a la nueva alianza; por esto, todos a una, los discípulos alababan a Dios en todas las lenguas, al reducir el Espíritu a la unidad de los pueblos distantes y ofrecer al Padre las primicias de todas las naciones.

Por esto el Señor prometió que nos enviaría aquel Defensor que nos haría capaces de Dios. Pues, del mismo modo que el trigo seco no puede convertirse en una masa compacta y en un solo pan, si antes no es humedecido, así también nosotros, que somos muchos, no podíamos convertirnos en una sola cosa en Cristo Jesús, sin esta agua que baja del cielo. Y, así como la tierra árida no da fruto, si no recibe el agua, así también nosotros, que éramos antes como un leño árido, nunca hubiéramos dado el fruto de vida, sin esta gratuita lluvia de lo alto. Nuestros cuerpos, en efecto, recibieron por el baño bautismal la unidad destinada a la incorrupción, pero nuestras almas la recibieron por el Espíritu.

lunes, 9 de junio de 2014

Invocación por la Paz: palabras del Santo Padre Francisco

Señores Presidentes
Los saludo con gran alegría, y deseo ofrecerles, a ustedes y a las distinguidas Delegaciones que les acompañan, la misma bienvenida calurosa que me han deparado en mi reciente peregrinación a Tierra Santa.
Gracias desde el fondo de mi corazón por haber aceptado mi invitación a venir aquí para implorar de Dios, juntos, el don de la paz. Espero que este encuentro sea el comienzo de un camino nuevo en busca de lo que une, para superar lo que divide.
Y gracias a Vuestra Santidad, venerado hermano Bartolomé, por estar aquí conmigo para recibir a estos ilustres huéspedes. Su participación es un gran don, un valioso apoyo, y es testimonio de la senda que, como cristianos, estamos siguiendo hacia la plena unidad.
Su presencia, Señores Presidentes, es un gran signo de fraternidad, que hacen como hijos de Abraham, y expresión concreta de confianza en Dios, Señor de la historia, que hoy nos mira como hermanos uno de otro, y desea conducirnos por sus vías.
Este encuentro nuestro para invocar la paz en Tierra Santa, en Medio Oriente y en todo el mundo, está acompañado por la oración de tantas personas, de diferentes culturas, naciones, lenguas y religiones: personas que han rezado por este encuentro y que ahora están unidos a nosotros en la misma invocación. Es un encuentro que responde al deseo ardiente de cuantos anhelan la paz, y sueñan con un mundo donde hombres y mujeres puedan vivir como hermanos y no como adversarios o enemigos.
Señores Presidentes, el mundo es un legado que hemos recibido de nuestros antepasados, pero también un préstamo de nuestros hijos: hijos que están cansados y agotados por los conflictos y con ganas de llegar a los albores de la paz; hijos que nos piden derribar los muros de la enemistad y tomar el camino del diálogo y de la paz, para que triunfen el amor y la amistad.
Muchos, demasiados de estos hijos han caído víctimas inocentes de la guerra y de la violencia, plantas arrancadas en plena floración. Es deber nuestro lograr que su sacrificio no sea en vano. Que su memoria nos infunda el valor de la paz, la fuerza de perseverar en el diálogo a toda costa, la paciencia para tejer día tras día el entramado cada vez más robusto de una convivencia respetuosa y pacífica, para gloria de Dios y el bien de todos.
Para conseguir la paz, se necesita valor, mucho más que para hacer la guerra. Se necesita valor para decir sí al encuentro y no al enfrentamiento; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad; sí al respeto de los pactos y no a las provocaciones; sí a la sinceridad y no a la doblez. Para todo esto se necesita valor, una gran fuerza de ánimo.
La historia nos enseña que nuestras fuerzas por sí solas no son suficientes. Más de una vez hemos estado cerca de la paz, pero el maligno, por diversos medios, ha conseguido impedirla. Por eso estamos aquí, porque sabemos y creemos que necesitamos la ayuda de Dios. No renunciamos a nuestras responsabilidades, pero invocamos a Dios como un acto de suprema responsabilidad, de cara a nuestras conciencias y de frente a nuestros pueblos. Hemos escuchado una llamada, y debemos responder: la llamada a romper la espiral del odio y la violencia; a doblegarla con una sola palabra: «hermano». Pero para decir esta palabra, todos debemos levantar la mirada al cielo, y reconocernos hijos de un mismo Padre.
A él me dirijo yo, en el Espíritu de Jesucristo, pidiendo la intercesión de la Virgen María, hija de Tierra Santa y Madre nuestra.
Señor, Dios de paz, escucha nuestra súplica.
Hemos intentado muchas veces y durante muchos años resolver nuestros conflictos con nuestras fuerzas, y también con nuestras armas; tantos momentos de hostilidad y de oscuridad; tanta sangre derramada; tantas vidas destrozadas; tantas esperanzas abatidas... Pero nuestros esfuerzos han sido en vano. Ahora, Señor, ayúdanos tú. Danos tú la paz, enséñanos tú la paz, guíanos tú hacia la paz. Abre nuestros ojos y nuestros corazones, y danos la valentía para decir: «¡Nunca más la guerra»; «con la guerra, todo queda destruido». Infúndenos el valor de llevar a cabo gestos concretos para construir la paz. Señor, Dios de Abraham y los Profetas, Dios amor que nos has creado y nos llamas a vivir como hermanos, danos la fuerza para ser cada día artesanos de la paz; danos la capacidad de mirar con benevolencia a todos los hermanos que encontramos en nuestro camino. Haznos disponibles para escuchar el clamor de nuestros ciudadanos que nos piden transformar nuestras armas en instrumentos de paz, nuestros temores en confianza y nuestras tensiones en perdón. Mantén encendida en nosotros la llama de la esperanza para tomar con paciente perseverancia opciones de diálogo y reconciliación, para que finalmente triunfe la paz. Y que sean desterradas del corazón de todo hombre estas palabras: división, odio, guerra. Señor, desarma la lengua y las manos, renueva los corazones y las mentes, para que la palabra que nos lleva al encuentro sea siempre «hermano», y el estilo de nuestra vida se convierta en shalom, paz, salam. Amén.

Papa Francisco: las Bienaventuranzas que Jesús nos enseña son el carnet de identidad de los cristianos


En su homilía de la Misa matutina, en la Capilla de la Casa de Santa Marta, el Papa Bergoglio hizo hincapié en lo que nos enseña Jesús en las Bienaventuranzas y en dar de comer a los que tienen hambre, de beber a los que tienen sed... Este lunes, al día siguiente de su histórica iniciativa ‘Invocación por la paz’, celebrada en los jardines vaticanos. Señalando que Jesús nos indica el programa de vida, la identidad de los cristianos, yendo contracorriente con respecto a lo que se ‘suele hacer en el mundo’. Felices, Bienaventurados los pobres. Una vez más, el Papa recordó que cuando el corazón es rico, está tan satisfecho que ya no hay lugar para la Palabra de Dios. Los que lloran, porque serán consolados:


«Pero el mundo nos dice: la alegría, la felicidad, la diversión, eso es lo lindo de la vida. E ignora, mira hacia otro lado cuando hay problemas de enfermedad, problemas de dolor en la familia. El mundo no quiere llorar, prefiere ignorar las situaciones dolorosas, taparlas. Sólo la persona que ve las cosas como son y llora en su corazón es feliz y será consolada. El consuelo de Jesús, no el del mundo. Bienaventurados los mansos en este mundo que desde el comienzo es un mundo de guerras, un mundo donde se pelea por todas partes, donde en todo lugar hay odio. Y Jesús dice: nada de guerras, nada de odio, paz, mansedumbre».

Si soy manso en la vida, pensarán que soy un necio, que piensen lo que quieran, señaló el Obispo de Roma, añadiendo luego que los mansos heredarán la Tierra. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados, recordó también, refiriéndose asimismo a las injusticias, tantas injusticias, que son producto de la corrupción, de los compinches de la corrupción, de la política del negocio por encima de todo. Y Jesús nos recuerda que son Bienaventurados los que luchan contra estas injusticias. Bienaventurados los misericordiosos, los que comprenden los errores de los demás, Jesús no nos dice Bienaventurados los que se vengan:


«Bienaventurados los que perdonan, misericordiosos. ¡Porque todos somos un ejército de perdonados! Y por ello es Bienaventurado el que va por ese camino del perdón. Bienaventurados los que tienen el corazón puro, sencillo, puro sin malezas, un corazón que sabe amar con esa pureza tan linda. Bienaventurados los que trabajan por la paz. ¡Pero es tan común entre nosotros ser trabajadores por guerras o al menos trabajadores de malentendidos! Cuando oigo algo de éste y voy y se lo digo, con una versión ampliada ... El mundo de los chismes. Esta gente que chismea no trabaja por la paz, es enemiga de la paz. No son bienaventurados».


Jesús nos presenta las Bienaventuranzas y nos da también otras indicaciones, que encontramos en el capítulo 25 del Evangelio «tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver», volvió a recordar el Obispo de Roma:

«Pocas palabras, palabras sencillas pero prácticas para todos, porque el cristianismo es una religión práctica: no para pensarla sino para practicarla. Hoy, si tienen un poco de tiempo en casa, tomen el Evangelio, el Evangelio de Mateo, capítulo quinto, al comienzo están estas Bienaventuranzas; en el capítulo 25 las otras. Les hará bien leerlo, una, dos, tres veces. Pero leer esto, que es el programa de santidad. ¡Que el Señor nos de la gracia de comprender este mensaje suyo!»

El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda y nos hace hablar: el Papa en Pentecostés

«Todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hech 2,4).

Hablando a los Apóstoles en la Última Cena, Jesús les dijo que, luego de su partida de este mundo, les enviaría el don del Padre, o sea el Espíritu Santo (cfr Jn 15,26). Esta promesa se realiza con potencia en el día de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo desciende sobre los discípulos reunidos en el Cenáculo. Aquella efusión, si bien extraordinaria, no permaneció única y limitada a aquel momento, sino que es un evento que se ha renovado y se renueva todavía. Cristo glorificado a la derecha del Padre continúa realizando su promesa, enviando sobre la Iglesia el Espíritu vivificante, que nos enseña, nos recuerda, nos hace hablar.


El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el camino justo, a través de las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino. En los primeros tiempos de la Iglesia, el Cristianismo era llamado “el Camino” (cfr Hech 9,2), y el mismo Jesús es el Camino. El Espíritu Santo nos enseña a seguirlo, a caminar sobre sus huellas. Más que un maestro de doctrina, el Espíritu es un maestro de vida. Y ciertamente de la vida forma parte también el saber, el conocer, pero dentro del horizonte más amplio y armónico de la existencia cristiana.
El Espíritu Santo nos recuerda, nos recuerda todo aquello que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor.

Éste recordar en el Espíritu y gracias al Espíritu no se reduce a un hecho mnemónico, es un aspecto esencial de la presencia de Cristo en nosotros y en la Iglesia. El Espíritu de verdad y de caridad nos recuerda todo aquello que Cristo ha dicho, nos hace entrar cada vez más plenamente en el sentido de sus palabras. Esto requiere de nosotros una respuesta: cuanto más generosa sea nuestra respuesta, más las palabras de Jesús se vuelven vida, actitudes, elecciones, gestos, testimonio, en nosotros. En esencia, el Espíritu nos recuerda el mandamiento del amor, y nos llama a vivirlo.

Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un hombre o una mujer prisionero del momento, que no sabe atesorar su historia, no sabe leerla y vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús. Y así crece en nosotros la sabiduría de la memoria, la sabiduría del corazón, que es un don del Espíritu. ¡Que el Espíritu Santo reviva en todos nosotros la memoria cristiana!

El Espíritu Santo nos enseña, nos recuerda, y –otro aspecto– nos hace hablar, con Dios y con los hombres. Nos hace hablar con Dios en la oración. La oración es un don que recibimos gratuitamente; es diálogo con Él en el Espíritu Santo, que ora en nosotros y nos permite dirigirnos a Dios llamándolo Padre, Papá, Abba (cfr Rm 8,15; Gal 4,4); y ésta no es solamente una “forma de decir”, sino que es la realidad, nosotros somos realmente hijos de Dios. «Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios son hijos de Dios» (Rm 8,14).

Y el Espíritu nos hace hablar con los hombres en el diálogo fraterno. Nos ayuda a hablar con los demás reconociendo en ellos a los hermanos y hermanas; a hablar con amistad, con ternura, comprendiendo las angustias y las esperanzas, las tristezas y las alegrías de los demás.

Pero el Espíritu Santo nos hace también hablar a los hombres en la profecía, o sea haciéndonos “canales” humildes y dóciles de la Palabra de Dios. La profecía está hecha con franqueza, para mostrar abiertamente las contradicciones y las injusticias, pero siempre con docilidad e intención constructiva. Penetrados por el Espíritu de amor, podemos ser signos e instrumentos de Dios que ama, que sirve, que dona la vida.

Resumiendo: el Espíritu Santo nos enseña el camino; nos recuerda y nos explica las palabras de Jesús; nos hace orar y decir Padre a Dios, nos hace hablar a los hombres en el diálogo fraterno y en la profecía.

El día de Pentecostés, cuando los discípulos «quedaron llenos de Espíritu Santo», fue el bautismo de la Iglesia, que nació “en salida”, en “partida” para anunciar a todos la Buena Noticia. Jesús fue perentorio con los Apóstoles: no debían alejarse de Jerusalén antes de haber recibido desde lo alto la fuerza del Espíritu Santo (cfr Hech 1,4.8). Sin Él no existe la misión, no hay evangelización. Por esto con toda la Iglesia invocamos: ¡Ven, Santo Espíritu!
(Traducción de Raúl Cabrera - RV

domingo, 8 de junio de 2014

Recibid al Espíritu Santo

Colaborar con el Espíritu Santo en nuestra santificación es escoger siempre el camino que nos enseña Jesucristo.

1. El don mayor de Cristo resucitado es el Espíritu Santo. Sus primeras palabras a sus apóstoles, reunidos en el cenáculo fueron: "Recibid el Espíritu Santo". Era el cumplimiento de una promesa que les había hecho en la Última Cena: iba a mandar al Espíritu Consolador.El Espíritu Santo les dio un poder espiritual: el de perdonar los pecados. Aquí vemos cómo el Espíritu Santo les da la facultad de hacer lo que Cristo hacía durante su vida. Es el Espíritu Santo quien les dará el poder de predicar y de santificar como hacía Cristo. La misión de la Tercera Persona es secundar la obra de Cristo, llevar a los hombres a transformarse en Cristo.

2. Ser devoto del Espíritu Santo es ser un hombre "espiritual", que quiere decir dejarse guiar por Él, y no ser un hombre "carnal", que significa dejarse arrastrar por las propias pasiones.¿Hasta dónde me guía el Espíritu? El punto de llegada siempre es el mismo: Cristo. Cristo era el hombre del Espíritu porque siempre se dejaba iluminar por sus inspiraciones.¿Cómo sé que me estoy dejando "mover" por el Espíritu? Es muy fácil: cada vez que opto por el bien y rechazo el mal, estoy colaborando con Él. Donde hay un ser humano que está haciendo el bien, allí está obrando el Espíritu de Dios.3. ¿Cómo aumentar el influjo del Espíritu Santo en mi vida? Cada vez que recibo un sacramento el Espíritu Santo viene a mi alma. El acercarme frecuentemente al sacramento de la reconciliación y a la Eucaristía es una manera óptima para incrementar su presencia dentro de mi.Cuando una persona ora abre la ventana de su alma al Espíritu. Así Él podrá influir en mi inteligencia, mi voluntad y mi corazón. Dios no rehusa su gracia a la persona que se dispone a recibirla.

Propósito:Revisar mi vida para ver si soy un "hombre espiritual" o un "hombre carnal".

sábado, 7 de junio de 2014

Cada confesión es un Pentecostés - Carta del cardenal Piacenza

El perdón sacramental es un auténtico Pentecostés para el alma. Lo afirma el cardenal Mauro Piacenza, penitenciario mayor, en la carta con la que se dirige a confesores y penitentes, con ocasión de la solemnidad del próximo domingo, 8 de junio.


El sacramento de la reconciliación, escribe, es «una experiencia siempre nueva del Espíritu Santo en acción» tanto para el sacerdote que lo administra como para el fiel que lo recibe. En especial, el sacerdote «profundamente unido» a Jesús, comprende cada vez mejor «el pensamiento mismo de Cristo, al corregir, valorar y sanar; y, mientras pronuncia las palabras de la absolución, siente reavivarse en el corazón, por obra del Espíritu, el sigilo sacramental y la personal identificación con el buen Pastor».

Tienes que aliarte con el Espíritu Santo

Cuando haces tu opción por la santidad tienes que convencerte que es algo, arduo, no fácil, algo difícil y costoso. Porque hay muchas almas que consideran que con unos ejercicios espirituales, con un retiro, con una buena dirección espiritual, una visita eucarística pueden ya lograr la santidad. ¡No!

 La  santidad es algo difícil y costoso. ¿Por qué? Porque tenemos que luchar siempre por controlar nuestros instintos y nuestras pasiones que nos llevan en muchos casos por un camino lejano del camino de la santidad.

Debemos convencernos íntimamente de que solos no vamos a lograr en verdad y objetivamente y sin parodias llegar a la santidad, y que por lo tanto debemos aliarnos con plena concienciacon el Espíritu Santificador. Aquél que nos envió Jesucristo después de su muerte para enseñarnos, iluminarnos, mantenernos en la verdad, dulce huésped del alma, Maestro, artífice de santidad, sin Él no hay nada en el hombre. 

Así pues, tú tienes que ser aliado, amigo colaborador del que tiene que ser tu inspirador y tu fuerza. Has hecho tu opción tienes que luchar duro para lograrla y tienes que aliarte con alguien todavía más fuerte que tú y que tus pasiones, para lograr esa santidad. Tienes que aliarte con el Espíritu Santificador, el que Cristo te prometió que te enviaría después de subir a los cielos y que te mandó el día de Pentecostés. Ese Espíritu que late en todo el mundo, en toda la Iglesia, que late en todos los corazones que quieren darle cabida.

Tenlo pues, como aliado, como amigo, como colaborador. Hazlo alguien que cuenta para todo tu quehacer diario. Para todo: estudios, trabajo, juego, apostolado, relaciones humanas, vida interior. ¡Para todo! Sin excluir nada

Hazte una pregunta: ¿tú realmente estás trabajando acompañado de esa fuerza misteriosa, santificadora y vivificadora que es la alianza y la unión con el Espíritu Santo, que habita en tu corazón por la gracia, que está dentro de ti por la gracia, con la Santísima Trinidad, con el padre y con el Hijo?Realmente pregúntate: ¿tú trabajas aliado a Él? ¿Lo recuerdas? ¿Cuántas veces lo sientes en tu vida, en tus oraciones, en tus recreos, en el comedor, en todo tu tiempo? ¿Cuántas veces te percatas de que cuentas y estás con el Espíritu Santo santificador trabajando por lograr aquellos actos, que parecen intrascendentes, tu santificación personal?

Trabaja pues y haz todo esto con una gran confianza y estrecha unión con el "socio", con el que vas hacer la obra más importante de tu vida: la obra de tu santificación. No hay socio mejor ni amigo mejor.Tú ya tiene un "socio" para poder santificarte. Tú tienes que trabajar con tu "socio" para poder santificarte. Tú tienes que trabajar con tu "socio" para preparar el mármol, la piedra, el material donde Él y tú van a esculpir la imagen viviente de nuestro Señor Jesucristo. Así es como tú desde la santidad y desde la amistad con el Espíritu Santo vas a lograr llegar a ser otro Cristo, un testimonio viviente del Evangelio. Así es como va a cumplirse en ti aquello de: que Cristo sea vuestra vida.
Fuente: Catholic. net

Francisco: los gitanos son uno de los grupos más vulnerables a las nuevas formas de esclavitud

Nuevo enfoques en ámbito civil, cultural y social y también en la estrategia pastoral de la Iglesia para combatir las nuevas formas de persecución, de opresión y a veces de esclavitud. Es lo que ha pedido el Papa para hacer frente a la situación de los gitanos en todo el mundo durante la audiencia concedida esta mañana a los participantes en el encuentro mundial “La Iglesia y los gitanos: anunciar el Evangelio en las periferias``, organizado por el Pontificio Consejo de la Pastoral de los Emigrantes e Itinerantes.
El tema de la reunión, ha dicho Francisco, corresponde ``a la memoria de una relación entre la comunidad eclesial y el pueblo gitano, a la historia de un camino para conocerse, para encontrarse y, además, a los retos de hoy, un reto que concierne a la pastoral ordinaria y también a la nueva evangelización``.

El Papa ha recordado que a menudo los gitanos se encuentran al margen de la sociedad y a veces hasta ``se les mira con hostilidad y sospecha``; además ``están escasamente involucrados en las dinámicas políticas, económicas y sociales del territorio``. Sabemos, ha proseguido que se trata de ``una realidad compleja pero, ciertamente, también el pueblo gitano está llamado a contribuir al bien común y esto es posible con itinerarios adecuados de corresponsabilidad, en la observancia de los deberes y en el respeto de los derechos de cada uno``.
 Después, notando, que entre las causas actuales de las situaciones de miseria en varios sectores de la población se encuentran la carencia de estructuras educativas para la formación cultural y profesional, la dificultad de acceso a la asistencia sanitaria, la discriminación en el mercado del trabajo y la falta de viviendas decentes, ha recalcado que si estas plagas del tejido social afectan a todos, ``los grupos más débiles son los que con más facilidad se vuelven víctimas de nuevas formas de esclavitud`` porque `` de hecho son las personas menos tuteladas las que caen en la trampa de la explotación, de la mendicidad forzada y de diversas formas de abuso. Los gitanos se encuentran entre los más vulnerables, sobre todo cuando no hay ayudas para la integración y la promoción de la persona en las diversas formas del vivir civil``. Aquí es donde se injerta la solicitud de la Iglesia ya que ``el Evangelio es , efectivamente, anuncio de alegría para todos y de forma especial para los más débiles y marginados. A ellos estamos llamados a garantizar nuestra cercanía y nuestra solidaridad siguiendo el ejemplo de Jesucristo que testimonió que son los predilectos del Padre``. Pero es necesario que, junto a esta acción solidaria en favor del pueblo gitano, ``esté también el empeño de las instituciones locales y nacionales y el sostén de la comunidad internacional para individuar proyectos e intervenciones destinadas a mejorar la calidad de vida``. Francisco ha concluido animando al Pontificio Consejo a proseguir su tarea sin desalentarse. ``Y que los gitanos - ha dicho- encuentren en vosotros hermanos y hermanas que los aman con el mismo amor con el que Cristo amó a los marginados. Sed para ellos el rostro acogedor y alegre de la Iglesia``.

viernes, 6 de junio de 2014

Que los sacerdotes no olviden que Jesús es “el primer amor”, dijo el Papa en su homilía

Pastores, antes que estudiosos, que no olvidan jamás a Cristo, su “primer amor”, y permanecen siempre en su seguimiento. Es el retrato que el Papa Francisco trazó en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.
“¿Cómo va el primer amor?”. 

Es decir, ¿estoy enamorado de ti como el primer día? ¿Soy feliz contigo o te ignoro? Preguntas universales que hay que hacerlas con frecuencia, dijo el Papa. Y no sólo los cónyuges en la pareja, sino también los sacerdotes y los obispos ante Jesús. Porque es Él – afirmó Francisco – quien nos lo pregunta como un día hizo con Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?”. Precisamente el Santo Padre inició su homilía a partir de este diálogo presentado por el Evangelio, en el que Cristo pregunta tres veces al primero de los Apóstoles si lo ama más que a los demás. Y dijo que se trata de un modo para llevarlo “al primer amor”:
“Esta es la pregunta que me hago a mí, a mis hermanos obispos y a los sacerdotes. Como va el amor de hoy, el de Jesús, ¿no? ¿Es como el primero? ¿Estoy enamorado como el primer día? ¿O el trabajo, las preocupaciones un poco me hacen mirar otras cosas, y olvidar un poco el amor? Pero los cónyuges pelean, pelean. Y eso es normal. Pero cuando no hay amor, no se pelea: se rompe”.
 


“Jamás olvidar el primer amor. Jamás”, reafirmó el Papa Francisco y destacó otros tres aspectos que hay que tener presentes en la relación de diálogo de un sacerdote con Jesús. Ante todo, antes del estudio, antes de querer convertirse en “un intelectual de la filosofía, de la teología o de la patrología – afirmó el Santo Padre – debe ser un “pastor”, tal como Jesús le pidió a Pedro cuando le dijo: “Apacienta mis ovejas”. Y añadió: “El resto, viene “después”:
 

“Apacienta. Con la teología, con la filosofía, con la petrología, con lo que estudias, pero apacienta. Se pastor. Porque el señor nos ha llamado para esto. Y las manos del obispo sobre nuestra cabeza son para ser pastores. Es una segunda pregunta, ¿no? La primera es: ‘¿Cómo va el primer amor?’. La segunda es ésta: ‘¿Soy pastor, o soy un empleado de esta ONG que se llama Iglesia?’. Hay una diferencia. ¿Soy pastor? Una pregunta que yo debo hacerme, que los obispos se deben hacer, y también los sacerdotes: todos. Apacienta. Pastorea. Ve adelante”.
 


No hay “gloria” ni “majestad” – observó Francisco – para el pastor consagrado a Jesús: “No, hermano. Terminará del modo más común, incluso más humillante, tantas veces: en un lecho, que te dan de comer, que te deben vestir… Pero inútil, allí, enfermo…”. El destino es “terminar – repitió el Papa – como terminó Él”: amor que muere “como la semilla de grano y después vendrá el fruto. Pero yo no lo veré”. En fin, el cuarto aspecto, la “palabra más fuerte” – indicó el Santo Padre – con la cual Jesús concluye su diálogo con Pedro, “sígueme”:
 

“Si nosotros hemos perdido la orientación o no sabemos cómo responder sobre el amor, no sabemos cómo responder sobre este ser pastores, no sabemos cómo responder o no tenemos la certeza de que el Señor no nos dejará solos, incluso en los momentos perores de la vida, en la enfermedad, Él dice: ‘Sígueme. Es ésta nuestra certidumbre. Sobre las huellas de Jesús. En ese camino. ‘Sígueme”.


A todos nosotros, sacerdotes y obispos – terminó diciendo el Papa – que el Señor de “la gracia de encontrar siempre o de recordar el primer amor, de ser pastores, de no tener vergüenza de terminar humillados en un lecho o incluso con la cabeza perdida. Y que siempre nos de la gracia de ir tras Jesús, sobre las huellas de Jesús: la gracia de seguirlo”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

EL PATRIARCA ARAM I DE LOS ARMENOS VISITA AL PAPA FRANCISCO: QUE EL ESPÍRITU SANTO NOS ENSEÑE A ESTRECHAR LOS LAZOS DE HERMANDAD

El Papa Francisco recibió ayer al Patriarca Aram I, Catholicós de la Iglesia Armenia Apostólica de Cilicia (Iglesia Armenia Ortodoxa) y a su séquito. Tras un encuentro privado, se dirigieron a la capilla Redemtoris Mater para rezar juntos. 

El Papa dijo al Patriarca: "Agradezco, junto con ustedes, al Señor por las relaciones fraternales que nos unen, por su continuo progreso, y considero que es un auténtico regalo de Dios el poder compartir este momento de encuentro y de oración común".

"Yo diría que, en este camino hacia la plena comunión, compartimos las mismas esperanzas y el mismo compromiso responsable, conscientes de que caminamos así en la voluntad del Señor Jesucristo".

El Papa recordó que la Iglesia Ortodoxa Armena representa "una parte del mundo cristiano marcada profundamente por una historia de pruebas y de sufrimientos, aceptados valerosamente por amor de Dios (...) La historia de la emigración, la persecución y el martirio de muchos fieles ha dejado heridas profundas en los corazones de todos los armenios. Las tenemos que ver y venerar como heridas del mismo cuerpo de Cristo".

"Como seguidores de Jesús, debemos aprender a llevar con humildad las cargas de unos y de otros, ayudándonos así el uno al otro a ser más cristianos, más discípulos de Jesús. Caminemos, entonces, juntos en la caridad, como Cristo nos amó y se entregó a sí mismo por nosotros, ofreciéndose en sacrificio agradable a Dios (cfr Efesios 5:1-2 )".

"En estos días que preceden a la solemnidad de Pentecostés, mientras nos preparamos a revivir el misterio del milagro de la venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia naciente, invoquemos con fe al Espíritu, Señor y dador de vida, para que renueve la faz de la tierra, sea fuerza para sanar las heridas del mundo y reconciliar los corazones de cada hombre con el Creador.

Sea Él, el Paráclito, el que inspire nuestro camino hacia la unidad, sea Él el que nos enseñe cómo alimentar los lazos de hermandad que ya nos unen en el único Bautismo y en la única fe. Invoco sobre todos nosotros, la protección de María Santísima, Toda Santa, presente en el Cenáculo, junto con los Apóstoles, de modo que sea para nosotros Madre de la Unidad. Amén".

Cabe recordar que el pasado 8 de mayo, el Papa recibió la visita de Karekin II, Patriarca Supremo y Catolicós de todos los armenios. La Iglesia Armenia tiene dos catolicosados y dos patriarcados, que cuentan con cerca de seis millones de fieles. Desde el Concilio Vaticano II, se han desarrollado nuevas relaciones entre la Iglesia católica y la Iglesia Armenia.
De News. va

jueves, 5 de junio de 2014

¿Después de la Ascensión, qué? ¡No podemos quedarnos mirando al Cielo!


Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que anuncie la Buena Nueva. Ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, hacerlo. Los Sacerdotes predicando(sobre todo)con la palabra, los laicos predicando(sobre todo) con el ejemplo, los padres de familia predicando con la palabra y el ejemplo.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que compadezca a los pobres y lo enfermos. Ahora nos toca a nosotros.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que multiplique los panes y los pescados para alimentar a las multitudes. Esa es ahora nuestra tarea, multiplicando nuestros esfuerzos para dar de comer sino a las multitudes, por lo menos a los pobres que podamos.


Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que cuide a sus ovejas. Ahora nosotros tenemos que velar por ellas, especialmente por aquellas (el cónyuge, los hijos, los hermanos, los trabajadores) que Dios nos ha encomendado a cada uno. 

Después de la Ascensión a nosotros nos toca ser la voz de Jesús para alentar y consolar. Sus manos para tenderlas a todo el que necesite ayuda. Sus pies para llevarlo a donde no lo conocen. 


Después de la Ascensión:

¡No podemos quedarnos mirando al Cielo!

Autor: Karime Alle
 

PROTÉGEME, DIOS MÍO, QUE ME REFUGIO EN TI


Del salmo 15:
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con Él a mi derecha no vacilaré.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti
Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha.

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

La Iglesia no es una casa en alquiler, en la que podemos estar con un pie dentro y otro fuera, dijo el Papa en su homilía

La Iglesia “no es rígida”, la Iglesia “es libre”. Lo subrayó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa Santa Marta. El Pontífice advirtió acerca de tres tipos de personas que pretenden llamarse cristianos: los que quieren la “uniformidad”, los que pretenden las “alternativas” y los que buscan las “ventajas”. Para estos, observó, “la Iglesia no es su casa”, sino que la toman “en alquiler”.
Jesús reza por la Iglesia y pide al Padre que entre sus discípulos “no haya divisiones ni peleas”. 

El Papa se inspiró en el Evangelio del día para detenerse precisamente sobre la unidad de la Iglesia. “Tantos – observó Francisco – dicen que están en la Iglesia”, pero “están con un pie adentro” y con el otro aún afuera. Se reservan, así, la “posibilidad de estar en dos lugares, “dentro y fuera”. “Para esta gente – agregó el Papa – la Iglesia no es su casa, no la sienten como propia. Para ellos es un alquiler”.
 

Y reafirmó que hay “algunos grupos que alquilan la Iglesia, pero no la consideran su casa”. El Santo Padre enumeró estos tres grupos de cristianos: en el primero – dijo – están “aquellos que quieren que todos sean iguales en la Iglesia”. “Martirizando un poco la lengua italiana” – bromeó Francisco –podríamos definirlos que se “uniforman”:
“La uniformidad. La rigidez. ¡Son rígidos! No tienen esa libertad que da el Espíritu Santo. Y crean confusión entre lo que Jesús predicó en el Evangelio con su doctrina, con su doctrina de igualdad. Y Jesús jamás quiso que su Iglesia fuera tan rígida. Jamás. Y éstos, por tal actitud, no entran en la Iglesia. Se dicen cristianos, se dicen católicos, pero su actitud rígida los aleja de la Iglesia”.

El otro grupo – prosiguió diciendo el Papa – está hecho de aquellos que siempre tienen una idea propia, “que no quieren que sea como la de la Iglesia, tienen una alternativa”. Son – dijo el Papa – los “alternativos”:
“Yo entro en la Iglesia, pero con esta idea, con esta ideología. Y así su pertenencia a la Iglesia es parcial. También éstos tienen un pie fuera de la Iglesia. También para éstos la Iglesia no es su casa, no es propia. En un determinado momento alquilan la Iglesia. ¡Al principio de la predicación evangélica había de éstos! Pensemos en los agnósticos, a los que el Apóstol Juan bastonea tan fuerte, ¿no? ‘Somos... sí, sí... somos católicos, pero con estas ideas’. Una alternativa. No comparten ese sentir propio de la Iglesia”.

Y el tercer grupo – dijo Francisco – es el de aquellos que “se dicen cristianos, pero que no entran con el corazón en la Iglesia”: son los “ventajistas”, aquellos que “buscan las ventajas, y van a la Iglesia, pero por ventaja personal, y terminan haciendo negocios en la Iglesia”:
“Los especuladores. ¡Los conocemos bien! Pero desde el principio estaban. Pensemos en Simón el Mago, pensemos en Ananías y en Safira. Estos se aprovechaban de la iglesia para su propia ventaja. Y los hemos visto en las comunidades parroquiales o diocesanas, en las congregaciones religiosas, en algunos benefactores de la Iglesia, ¡tantos, eh! Se pavonean de ser precisamente benefactores y al final, detrás de la mesa, hacían sus negocios. Y éstos tampoco sienten a la Iglesia como madre, como propia. 

Y Jesús dice: ‘¡No! ¡La Iglesia no es rígida, una, sola: la Iglesia es libre!’”.

En la Iglesia – reflexionó el Papa – “hay tantos carismas, hay una gran diversidad de personas y de dones del Espíritu”. Y recordó que el Señor nos dice: “Si tu quieres entrar en la Iglesia, que sea por amor”, para dar “todo tu corazón y no para hacer negocios en tu beneficio”. La Iglesia – reafirmó Francisco – “no es una casa de alquiler”, la Iglesia “es una casa para vivir”, “como madre propia”.
El Papa Francisco reconoció que esto no es fácil, porque “las tentaciones son tantas”. Pero puso de manifiesto que quien hace la unidad en la Iglesia, “la unidad en la diversidad, en la libertad, en la generosidad es sólo el Espíritu Santo”, porque “ésta es su tarea”. El Espíritu Santo – añadió – “hace la armonía en la Iglesia. La unidad en la Iglesia es armonía”. Y observó que todos “somos diversos, no somos iguales, gracias a Dios”, de lo contrario “¡sería un infierno!”. Y “todos estamos llamados a la docilidad al Espíritu Santo”. Precisamente esta docilidad – dijo el Pontífice – es “la virtud que nos salvará de ser rígidos, de ser ‘alternativos’ y de ser ‘especuladores’ en la Iglesia: la docilidad al Espíritu Santo”. Y es precisamente “esta docilidad la que transforma a la Iglesia de una casa en alquiler en una casa propia”.
“Que el Señor – dijo el Papa al concluir – nos envíe al Espíritu Santo y que cree esta armonía en nuestras comunidades, comunidades parroquiales, diocesanas, comunidades de los movimientos. Que sea el Espíritu el que haga esta armonía, porque como decía un Padre de la Iglesia: El Espíritu, Él mismo, es la armonía”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

miércoles, 4 de junio de 2014

SEÑOR, DESPLIEGA TU PODER, QUE ACTÚA EN FAVOR NUESTRO



Del Salmo 67:


Reyes de la tierra, cantad a Dios

Oh Dios, despliega tu poder,
tu poder, oh Dios, que actúa en favor nuestro.
A tu templo de Jerusalén
traigan los reyes su tributo.


Reyes de la tierra, cantad a Dios


Reyes de la tierra, cantad a Dios,
tocad para el Señor,
que avanza por los cielos,
los cielos antiquísimos,
que lanza su voz, su voz poderosa:
«Reconoced el poder de Dios.»


Reyes de la tierra, cantad a Dios


Sobre Israel resplandece su majestad,
y su poder, sobre las nubes.
¡Dios sea bendito!

Reyes de la tierra, cantad a Dios