Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
miércoles, 14 de mayo de 2014
“Nadie puede soltarse de la mano del Padre”
Dios es. La fe cristiana añade: dios es como Padre, Hijo y Santo
Espíritu, uno en tres personas. En la cristiandad un silencio molesto rodea
este centro de su fe. ¿La Iglesia no ha ido demasiado lejos? ¿No valdría más
dejarlo como una cosa muy grande, muy impenetrable, de carácter inaccesible?
¿Por otra parte, tal realidad puede significar algo para nosotros? Por cierto,
este artículo de fe nos expresa en cierto modo que Dios es Todo Otro, que es
infinitamente más grande que nosotros, que sobrepasa todo nuestro pensamiento,
todo nuestro ser. Pero si no tenía nada que decirnos, su contenido no nos
habría sido revelado…
¿Qué
significa esto? Comencemos allí dónde Dios también comenzó: él se llama Padre.
La paternidad humana puede dar una idea de lo que es. Pero allí dónde no hay
más que paternidad, allí dónde la paternidad se vive más como un fenómeno
biológico más que humano y espiritual, hablar de Dios Padre, es una forma de
hablar vacía… Allí dónde la paternidad no aparece más que como azar biológico
sin recurso humano o como tiranía que hay que rechazar, está herida la
estructura profunda del ser humano. Para ser plenamente hombre necesitamos de
un padre con verdadero sentido del término: una responsabilidad frente al otro,
sin dominar al otro pero devolviéndole su libertad; es decir un amor que no
desea tomar posesión del otro sino que le quiere en su verdad más íntima, que
está en su creador. Esta manera de ser padre sólo es posible con la condición
de aceptar de ser hijo; aceptar la palabra de Jesús: "Vosotros tenéis un
solo Padre, el que está en los cielos" (Mt 23,9), es la condición interior
para que los hombres puedan ser padres de la mejor manera…
Hay
que completar nuestro pensamiento: el hecho de que en la Biblia Dios aparece
fundamentalmente bajo la imagen de Padre incluye el hecho de que el misterio
del maternal también, está presente en él en su origen… No es una abstracción
que el hombre es "imagen de Dios" (Gn 1,27) - esto nos presentaría
sólo a un Dios abstracto. El lo es en su realidad concreta, es decir en la
relación.
El Espíritu Santo impulsa siempre a la Iglesia más allá de los límites, reitera el Papa
¿Quiénes somos nosotros
para cerrarle las puertas al Espíritu Santo? fue la pregunta recurrente que el
Papa Francisco repitió en su homilía de la Misa matutina, en la capilla de la
Casa de Santa Marta, este lunes dedicada a la conversión de los primeros
paganos al cristianismo. El Espíritu Santo - reiteró - es el que hace que la
Iglesia vaya «más allá de los límites, hacia adelante». El Espíritu sopla donde
quiere, pero una de las tentaciones más recurrentes de quien tiene fe es la de
ponerle trabas en el camino y de desviarlo hacia una dirección, en lugar que
hacia otra.
Una tentación que no faltaba tampoco en los albores de la Iglesia,
como muestra la experiencia que vive Simón Pedro, en el episodio de los Hechos
de los Apóstoles, presente en la liturgia. Una comunidad de paganos acoge el
anuncio del Evangelio y Pedro es testigo ocular de la bajada del Espíritu Santo
sobre ellos, pero primero duda en tener contacto con lo que siempre había
creído ‘impuro’. Y luego recibe duras críticas de parte de los cristianos de
Jerusalén, escandalizados por el hecho de que su jefe había comido con unos ‘no
circuncisos’ y hasta los había bautizado. Un momento de crisis interna, que el
Papa recuerda con un matiz de ironía:
«Algo que no se podía ni pensar.... Si mañana
llegara una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos vinieran
donde nosotros, digo marcianos ¿no?... Verdes, con esa nariz larga y las orejas
grandes, como los pintan los niños... Y uno dijera: "Pero, yo quiero el
bautismo”. ¿Qué pasaría?».
Pedro comprende su error cuando una visión le
ilumina una verdad fundamental: nadie puede llamar ‘profano’ lo que ha sido
purificado por Dios. Y al narrar estos hechos a la muchedumbre que lo critica,
el Apóstol – recuerda también el Papa Francisco – tranquiliza a todos con esta
afirmación: ¿Si por lo tanto Dios les ha dado el mismo don que nos dio a
nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, quién soy yo para poner
impedimentos a Dios?:
«Cuando el Señor nos indica el camino ¿quiénes
somos nosotros para decir: ‘¡No Señor, no es prudente! No, hagamos así...? Y
Pedro en esa primera diócesis – la primera diócesis fue Antioquía – toma esa
decisión: ¿Quién soy yo para poner impedimentos?’. Una bella palabra para los
obispos, los sacerdotes y también para los cristianos. Pero ¿quiénes somos para
cerrar puertas? En la Iglesia antigua, incluso hoy, está el ministerio del
hostiario. Y ¿qué hacia el hostiario? Abría la puerta, recibía a la gente, la
hacía pasar. Pero ¡nunca fue el ministerio del que cierra la puerta!
Aún hoy, recordó el Papa Francisco, Dios ha dejado
la guía de la Iglesia «en manos del Espíritu Santo». Y «el Espíritu Santo es el
que, como dice Jesús, nos enseñará todo» y «hará que nos acordemos de lo que
Jesús nos ha enseñado»:
«El Espíritu Santo es la presencia viva de Dios
en la Iglesia. Es el que hace que la Iglesia ande, el que hace que la Iglesia
camine. Cada vez más, más allá de los límites, hacia adelante. El Espíritu
Santo con sus dones guía a la Iglesia. No se puede comprender la Iglesia de
Jesús sin este Paráclito, que el Señor nos envía para ello. Y cumple estas
opciones impensables ¡pero impensables! Para usar una palabra de San Juan
XXIII: es precisamente el Espíritu Santo el que actualiza la Iglesia:
verdaderamente la actualiza y hace que vaya adelante. Y nosotros los cristianos
debemos pedir al Señor la gracia de la docilidad al Espíritu Santo. La
docilidad a este Espíritu, que nos habla en el corazón, nos habla en las
circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial en las comunidades
martes, 13 de mayo de 2014
El Padre y yo somos una sola cosa
Evangelio según San Juan 10,22-30.
Se celebraba entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación. Era invierno, y Jesús se paseaba por el Templo, en el Pórtico de Salomón.
Los judíos lo rodearon y le preguntaron: "¿Hasta cuándo nos tendrás en suspenso? Si eres el Mesías, dilo abiertamente".
Jesús les respondió: "Ya se lo dije, pero ustedes no lo creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí,
pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas.
Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.
Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos.
Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre. El Padre y yo somos una sola cosa".
De News. Va
El Espíritu Santo impulsa siempre a la Iglesia más allá de los límites, reitera el Papa
¿Quiénes
somos nosotros para cerrarle las puertas al Espíritu Santo? fue la pregunta
recurrente que el Papa Francisco repitió en su homilía de la Misa matutina, en
la capilla de la Casa de Santa Marta, este lunes dedicada a la conversión de
los primeros paganos al cristianismo.
El Espíritu Santo - reiteró - es el que
hace que la Iglesia vaya «más allá de los límites, hacia adelante». El Espíritu
sopla donde quiere, pero una de las tentaciones más recurrentes de quien tiene
fe es la de ponerle trabas en el camino y de desviarlo hacia una dirección, en
lugar que hacia otra. Una tentación que no faltaba tampoco en los albores de la
Iglesia, como muestra la experiencia que vive Simón Pedro, en el episodio de
los Hechos de los Apóstoles, presente en la liturgia. Una comunidad de paganos
acoge el anuncio del Evangelio y Pedro es testigo ocular de la bajada del
Espíritu Santo sobre ellos, pero primero duda en tener contacto con lo que
siempre había creído ‘impuro’. Y luego recibe duras críticas de parte de los
cristianos de Jerusalén, escandalizados por el hecho de que su jefe había
comido con unos ‘no circuncisos’ y hasta los había bautizado. Un momento de
crisis interna, que el Papa recuerda con un matiz de ironía:
«Algo que no
se podía ni pensar.... Si mañana llegara una expedición de marcianos, por
ejemplo, y algunos de ellos vinieran donde nosotros, digo marcianos ¿no?...
Verdes, con esa nariz larga y las orejas grandes, como los pintan los niños...
Y uno dijera: "Pero, yo quiero el bautismo”. ¿Qué pasaría?».
Pedro comprende su error cuando una visión le ilumina una verdad fundamental: nadie puede llamar ‘profano’ lo que ha sido purificado por Dios. Y al narrar estos hechos a la muchedumbre que lo critica, el Apóstol – recuerda también el Papa Francisco – tranquiliza a todos con esta afirmación: ¿Si por lo tanto Dios les ha dado el mismo don que nos dio a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, quién soy yo para poner impedimentos a Dios?:
«Cuando el
Señor nos indica el camino ¿quiénes somos nosotros para decir: ‘¡No Señor, no
es prudente! No, hagamos así...? Y Pedro en esa primera diócesis – la primera
diócesis fue Antioquía – toma esa decisión: ¿Quién soy yo para poner
impedimentos?’. Una bella palabra para los obispos, los sacerdotes y también
para los cristianos. Pero ¿quiénes somos para cerrar puertas? En la Iglesia
antigua, incluso hoy, está el ministerio del hostiario. Y ¿qué hacia el
hostiario? Abría la puerta, recibía a la gente, la hacía pasar. Pero ¡nunca fue
el ministerio del que cierra la puerta!
Aún hoy, recordó el Papa Francisco, Dios ha dejado la guía de la Iglesia «en manos del Espíritu Santo». Y «el Espíritu Santo es el que, como dice Jesús, nos enseñará todo» y «hará que nos acordemos de lo que Jesús nos ha enseñado»:
«El Espíritu
Santo es la presencia viva de Dios en la Iglesia. Es el que hace que la Iglesia
ande, el que hace que la Iglesia camine. Cada vez más, más allá de los límites,
hacia adelante. El Espíritu Santo con sus dones guía a la Iglesia. No se puede
comprender la Iglesia de Jesús sin este Paráclito, que el Señor nos envía para
ello. Y cumple estas opciones impensables ¡pero impensables! Para usar una
palabra de San Juan XXIII: es precisamente el Espíritu Santo el que actualiza
la Iglesia: verdaderamente la actualiza y hace que vaya adelante. Y nosotros
los cristianos debemos pedir al Señor la gracia de la docilidad al Espíritu
Santo. La docilidad a este Espíritu, que nos habla en el corazón, nos habla en
las circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial en las comunidades
cristianas, nos habla siempre».
(CdM - RV)
(CdM - RV)
lunes, 12 de mayo de 2014
El Papa preside en la basílica de San Pedro la ordenación presbiteral de 13 diáconos

El Papa Francisco presidió la mañana de este domingo la Santa Misa en la basílica de san Pedro con la ordenación presbiteral de 13 diáconos, a quienes pidió que no se cansen nunca de ser misericordiosos.
Después de la presentación de los ordenándoos el Papa reflexionó sobre la importancia del sacramento presbiteral y les recordó que si cierran "las puertas de la Iglesia", no serán buenos "pastores". Les pidió que se empeñaran en "unir a los fieles en una única familia y que tengan siempre delante la figura del Buen Pastor".
Durante la homilía reconoció que le duele mucho ver "que las personas no van a confesarse porque han sido tratadas mal por el sacerdote, porque les han regañado o porque han visto que las puertas de la Iglesia se les cerraban en la cara". Por eso ha insistido a los diáconos en que tengan "tanta misericordia".
Una vez terminada la homilía, el Papa preguntó uno a uno si querían tomar el sacramento sacerdotal. Después de las letanías, el Santo Padre impuso las manos sobre la cabeza de cada elegido, y continuando con el rito, los ordenandos, ayudados por otros presbíteros, se pusieron la estola sacerdotal y la casulla. Luego el Papa les ungió con el sagrado crisma las palmas de las manos, y también entregó a cada uno el pan sobre la patena y el cáliz con el vino preparados para la celebración de la misa. Finalmente abrazó a todos los recién ordenados.
Homilía completa
domingo, 11 de mayo de 2014
YO HE VENIDO PARA QUE TENGAN VIDA, Y LA TENGAN EN ABUNDANCIA
Evangelio según San Juan 10,1-10.
Jesús dijo a los fariseos: "Les aseguro que el que no entra por la puerta en el corral de las ovejas, sino por otro lado, es un ladrón y un asaltante. El que entra por la puerta es el pastor de las ovejas. El guardián le abre y las ovejas escuchan su voz. Él llama a cada una por su nombre y las hace salir. Cuando las ha sacado a todas, va delante de ellas y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz. Nunca seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen su voz".
Jesús les hizo esta comparación, pero ellos no comprendieron lo que les quería decir.
Entonces Jesús prosiguió: "Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos aquellos que han venido antes de mí son ladrones y asaltantes, pero las ovejas no los han escuchado. Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará; podrá entrar y salir, y encontrará su alimento. El ladrón no viene sino para robar, matar y destruir. Pero yo he venido para que las ovejas tengan Vida, y la tengan en abundancia."
La escuela es el complemento de la familia. Papa Francisco
Los maestros son los primeros que deben permanecer abiertos a la realidad - he escuchado los testimonios de sus maestros; me ha dado gusto sentirlos tan abiertos a la realidad ¡con la mente siempre abierta a aprender! Sí, porque si un maestro no está abierto a aprender, no es un buen maestro, y ni siquiera es interesante; los muchachos lo perciben, tienen “olfato”, y son atraídos por profesores que tienen un pensamiento abierto, “inconcluso”, que buscan “algo más”, y así contagian esta actitud a los estudiantes. Este es uno de los motivos por el que amo la escuela.Otro motivo es que la escuela es un lugar de encuentro. Porque todos nosotros estamos en camino, ¿eh? Poniendo en marcha un proceso, activando una vía. Y he escuchado que la escuela -todos lo hemos escuchado hoy- no es un estacionamiento, ¿eh? es un lugar de encuentro en el camino. Un lugar de encuentro. Se encuentra a los compañeros; se encuentra a los maestros; se encuentra al personal asistente. Los padres de familia encuentran a los profesores; el director encuentra a las familias, etcétera. Es un lugar de encuentro. Y nosotros hoy tenemos necesidad de esta cultura del encuentro, ¿eh? para encontrarnos, para conocernos, para amarnos, para caminar juntos. Y esto es fundamental precisamente en la edad del crecimiento, como un complemento a la familia. La familia -sabemos- es el primer núcleo de relaciones: la relación con el padre y la madre y los hermanos es la base, y nos acompaña siempre en la vida. Pero en la escuela nosotros “socializamos”: encontramos personas diferentes a nosotros, diferentes por edad, por cultura, por proveniencia, por capacidades diferentes…
La escuela es la primera sociedad que integra a la familia. La familia y la escuela ¡jamás van contrapuestas! Son complementarias, y por lo tanto es importante que colaboren, en el respeto recíproco. Y las familias de los chicos de una clase pueden hacer mucho colaborando juntas entre ellas y con los maestros. Esto hace pensar en un proverbio africano que dice: “Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo”. Para educar a un muchacho se necesita mucha gente: familia, escuela, maestros, todos, todos, personal asistente, profesores, ¡todos! ¿Les gusta este proverbio africano? ¿Les gusta? Digámoslo juntos: ¡Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo!, ¡juntos! ¡Para educar a un hijo se necesita a todo un pueblo! Piensen en esto, ¿eh? Piensen.
Y también amo la escuela porque nos educa a lo verdadero, al bien y a lo bello. Las tres cosas van juntas, ¿eh? La educación no puede ser neutra. O es positiva o es negativa; o nos enriquece o nos empobrece; o hace crecer a la persona o la deprime, incluso puede corromperla. Y en la educación es muy importante lo que también hemos escuchado hoy: ¡siempre, es mejor una derrota limpia que una victoria sucia! ¡Recuérdenlo! Esto nos hará bien durante toda la vida. Digámoslo juntos: siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia. ¡Todos juntos! ¡siempre es mejor una derrota limpia que una victoria sucia!
La misión de la escuela es desarrollar el sentido de lo verdadero, el sentido del bien y el sentido de lo bello. Y esto ocurre a través de un camino rico, hecho por tantos “ingredientes”. ¡Es por esto del por qué existen tantas disciplinas! Porque el desarrollo es fruto de diversos elementos que actúan juntos y estimulan a la inteligencia, a la consciencia, a la afectividad, al cuerpo, etcétera. Por ejemplo, si estudio esta Plaza, la Plaza de San Pedro, aprendo cosas de arquitectura, de historia, de religión, también de astronomía – el obelisco recuerda al sol, pero pocos saben que esta plaza es también una gran meridiano. De esta manera cultivamos en nosotros lo verdadero, el bien y lo bello; y aprendemos que estas tres dimensiones no están jamás separadas, sino siempre entrelazadas. Si una cosa es verdadera, es buena y es bella; si es bella, es buena y es verdadera; y si es buena, es verdadera y es bella. Y estos elementos juntos nos hacen crecer y nos ayudan a amar la vida, también cuando estamos mal, también en medio a los problemas. ¡La verdadera educación nos hace amar la vida y nos abre a la plenitud de la vida!
Y finalmente quisiera decir que en la escuela no solamente aprendemos conocimientos, contenidos, sino que aprendemos costumbres y también valores. Juntos. Se educa para conocer tantas cosas, o sea tantos contenidos importantes, para tener ciertas costumbres también para asumir los valores. Y esto es muy importante. Les deseo a todos ustedes, padres de familia, maestros, personas que trabajan en la escuela, estudiantes, les deseo un hermoso camino en la escuela, un camino que haga crecer, que haga crecer las tres lenguas, que una persona madura debe saber hablar: la lengua de la mente,la lengua del corazón y la lengua de las manos. Pero con armonía, o sea pensar aquello que tú sientes y aquello que tú haces; sentir bien aquello que tú piensas y aquello que haces; y hacer bien aquello que tú piensas y aquello que tú sientes. ¡Las tres lenguas, en armonia y juntas! ¡Gracias de nuevo! Gracias una vez más a los organizadores de esta jornada y a todos ustedes que han venido. Y por favor, por favor ¡no nos dejemos robar el amor por la escuela! ¡Gracias! (Traducción del italiano: Raúl Cabrera-Radio Vaticano)
sábado, 10 de mayo de 2014
¿CÓMO PAGARÉ AL SEÑOR TODO EL BIEN QUE ME HA HECHO?
Del
Salmo 115:
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha
hecho?
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo.
Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha
hecho?
Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?Señor, yo soy tu siervo, siervo tuyo,
hijo de tu esclava:
rompiste mis cadenas.
Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
¿A QUIÉN IREMOS? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA
Evangelio según San Juan 6,60-69.
Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?".
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen".
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?".
Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".
Después de oírlo, muchos de sus discípulos decían: "¡Es duro este lenguaje! ¿Quién puede escucharlo?".
Jesús, sabiendo lo que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué pasará, entonces, cuando vean al Hijo del hombre subir donde estaba antes? El Espíritu es el que da Vida, la carne de nada sirve. Las palabras que les dije son Espíritu y Vida. Pero hay entre ustedes algunos que no creen".
En efecto, Jesús sabía desde el primer momento quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar.
Y agregó: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".
Desde ese momento, muchos de sus discípulos se alejaron de Él y dejaron de acompañarlo.
Jesús preguntó entonces a los Doce: "¿También ustedes quieren irse?".
Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios".
Los santos no son héroes, sino humildes pecadores que se dejan santificar por Jesús, señala el Papa
Los
santos no son héroes, sino que son pecadores que siguen a Jesús en el camino de
la humildad y de la cruz, y, de este modo, se dejan santificar por Él, porque
nadie se santifica a sí mismo, dijo el Papa Francisco, este viernes por la
mañana, en su homilía de la misa que presidió en la capilla de la Casa de Santa
Marta.
A partir de la primera Lectura que presenta la conversión de San Pablo, que después de haber sido enemigo de la Iglesia llegó a ser santo, el Papa Francisco explicó qué quiere decir cuando se dice "la Iglesia es santa":
A partir de la primera Lectura que presenta la conversión de San Pablo, que después de haber sido enemigo de la Iglesia llegó a ser santo, el Papa Francisco explicó qué quiere decir cuando se dice "la Iglesia es santa":
"Pero ¿cómo puede ser santa si todos estamos
dentro de ella? Todos somos pecadores aquí. ¡Es la Iglesia la que es santa!
Nosotros somos pec
adores, pero ella es santa. Es la esposa de Jesucristo y Él
la ama, Él la santifica, la santifica cada día con su sacrificio Eucarístico,
porque la ama tanto. Y nosotros somos pecadores, pero en una Iglesia santa. Y
también nosotros nos santificamos con esta pertenencia a la Iglesia: somos
hijos de la Iglesia y la Iglesia Madre nos santifica, con su amor, con los
Sacramentos de su Esposo.
"
En sus cartas, recordó el Papa “San Pablo habla a los santos, a nosotros pecadores, pero hijos de la Iglesia santa, santificada por el Cuerpo y la Sangre de Jesús":
"En esta Iglesia santa el Señor elige a algunas personas para hacer ver mejor la santidad, para mostrar que es Él el que santifica, que nadie se santifica a sí mismo, que no hay un curso para llegar a ser santo, que ser santo no es hacer el fakir o algo por el estilo ... ¡No! ¡No es así! La santidad es un don de Jesús a su Iglesia y, para mostrar esto, Él elige a personas en las que se puede ver claramente su trabajo para santificar.”
En sus cartas, recordó el Papa “San Pablo habla a los santos, a nosotros pecadores, pero hijos de la Iglesia santa, santificada por el Cuerpo y la Sangre de Jesús":
"En esta Iglesia santa el Señor elige a algunas personas para hacer ver mejor la santidad, para mostrar que es Él el que santifica, que nadie se santifica a sí mismo, que no hay un curso para llegar a ser santo, que ser santo no es hacer el fakir o algo por el estilo ... ¡No! ¡No es así! La santidad es un don de Jesús a su Iglesia y, para mostrar esto, Él elige a personas en las que se puede ver claramente su trabajo para santificar.”
En el Evangelio hay muchos ejemplos de santos: está María Magdalena, de quien Jesús había expulsado siete demonios; está Mateo, "que era un traidor de su pueblo y cobrara el dinero para dárselo a los romanos"; está Zaqueo y muchos otros que hacen que todos vean cuál es "la primera regla de la santidad: es necesario que Cristo crezca y que nosotros disminuyamos. Es "la regla de la santidad: la humillación nuestra, para que el Señor crezca". Así, Cristo eligió a Saulo, que era un persecutor de la Iglesia", pero el Señor los espera. Lo espera hace sentir su poder. " Saulo "se vuelve ciego y obedece". Y de grande que era " ¡se vuelve como un niño: obedece!." Su corazón cambia "¡es otra vida!". Pero Pablo no se convierte en un héroe - dijo el Papa - porque él, que había predicado el Evangelio en todo el mundo", termina su vida con un pequeño grupo de amigos, aquí en Roma, víctima de sus discípulos": "una mañana fueron a donde él 3-4-5 soldados", "se lo llevaron y le cortaron la cabeza. Simplemente.
El que era un grande, el que había ido por todo el mundo termina así". "Disminuye, disminuye, disminuye...". "La diferencia entre los héroes y los santos – afirmó Francisco - es el testimonio, la imitación de Jesucristo. Seguir el camino de Jesucristo", el de la cruz. Y muchos santos acaban humildemente así. ¡Los grandes santos!, destacó el Papa, recordando “los últimos días de San Juan Pablo II ... lo vimos todos":
"Ya no podía hablar, el gran atleta de Dios,
el gran guerrero de Dios termina así: doblegado por la enfermedad, humillado
como Jesús. Éste es el camino de la santidad de los grandes. Y es también el
camino de nuestra santidad. Si no nos dejamos convertir el corazón por este
camino de Jesús – llevando la cruz cada día, la cruz ordinaria, la cruz
sencilla – dejando que Jesús crezca; si no vamos por este camino, no seremos
santos. Sin embargo, si seguimos por este camino, todos daremos testimonio de
Jesucristo, que nos ama tanto. Y daremos testimonio de que, a pesar de que
somos pecadores, la Iglesia es santa. Es la esposa de Jesús".
viernes, 9 de mayo de 2014
Los dones del Espíritu: el Consejo
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hemos escuchado en la lectura aquella parte del
libro de los Salmos que dice “el Señor me aconseja, el Señor me habla
interiormente”. Y este es otro don del Espíritu Santo: el don del consejo.
Sabemos cuánto es importante, sobre todo en los momentos más delicados, el
poder contar con las sugerencias de personas sabias y que nos quieren. Ahora, a
través del don del consejo, es Dios mismo, con el Espíritu Santo, que ilumina
nuestro corazón, para hacernos comprender el modo justo de hablar y de
comportarse y el camino a seguir. Pero ¿cómo actúa este don en nosotros?
1. En el momento en el cual lo recibimos y lo
acogemos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza inmediatamente a
hacernos sensibles a su voz y a orientar nuestros pensamientos, nuestros
sentimientos y nuestras intenciones según el corazón de Dios. Al mismo tiempo,
nos lleva siempre más a dirigir la mirada interior sobre Jesús, como modelo de
nuestro modo de actuar y de relacionarnos con Dios Padre y con los hermanos. El
consejo, es entonces el don con el cual el Espíritu Santo hace que nuestra
conciencia sea capaz de hacer una elección concreta en comunión con Dios, según
la lógica de Jesús y de su Evangelio. Y de este modo, el Espíritu nos hace
crecer interiormente, nos hace crecer positivamente, nos hace crecer en la
comunidad. Y nos ayuda a no caer en posesión del egoísmo y del propio modo de
ver las cosas. Así el Espíritu nos ayuda a crecer y también a vivir en
comunidad.
2. La condición esencial para conservar este don
es la oración. Pero siempre volvemos sobre lo mismo ¿no? La oración. Pero es
tan importante la oración, rezar. Rezar las oraciones que todos nosotros
sabemos desde niños, pero también rezar con nuestras palabras. Rezar al Señor:
Señor ayúdame, aconséjame, ¿qué tengo que hacer ahora? Y con la oración hacemos
lugar para que el Espíritu venga y nos ayude en aquel momento, nos aconseje
sobre lo que nosotros debemos hacer. La oración. Jamás olvidar la oración,
jamás. Nadie se da cuenta cuando nosotros rezamos en el autobús, en la calle:
oramos en silencio, con el corazón. Aprovechemos estos momentos para rezar.
Rezar para que el Espíritu nos dé este don del consejo.
En la intimidad con Dios y en la escucha de su
Palabra, poco a poco dejamos de lado nuestra lógica personal, dictada la mayor
parte de las veces por nuestra cerrazón, por nuestros prejuicios y nuestras
ambiciones, y en cambio, aprendamos a preguntar al Señor: ¿cuál es tu deseo?
¡Pedirle consejo al Señor! Y esto lo hacemos con la oración. De esta manera
madura en nosotros una sintonía profunda, casi innata con el Espíritu y
comprobamos qué verdaderas son las palabras de Jesús citadas en el Evangelio de
Mateo: "No se preocupen de cómo van a hablar o qué van a decir: lo que
deban decir se les dará a conocer en ese momento, porque no serán ustedes los
que hablarán, sino que el Espíritu de su Padre hablará en ustedes" (Mt
10:19-20). Es el Espíritu que nos aconseja. Pero nosotros debemos darle espacio
al Espíritu para que nos aconseje, y dar espacio es rezar. Rezar para que Él
venga y nos ayude siempre.
3. Y al igual que todos los otros dones del
Espíritu, entonces, el consejo es también un tesoro para toda la comunidad
cristiana. El Señor nos habla no solamente en la intimidad del corazón, nos
habla sí, pero no solamente allí, sino también a través de la voz y el
testimonio de los hermanos. ¡Realmente es un gran don poder encontrar hombres y
mujeres de fe que, especialmente en los momentos más complicados e importantes
de nuestra vida, nos ayudan a iluminar nuestro corazón y a reconocer la
voluntad del Señor!
Yo recuerdo una vez que yo estaba en el confesionario
- y había una fila larga adelante - en el Santuario de Luján. Y estaba en la
fila un muchacho todo moderno, ¿no? Con aritos, tatuajes, todas las cosas. Y
vino para decirme lo que le sucedía a él. Era un problema grande, difícil. ¿Y
tú qué harías? Y me dijo esto: yo le he contado todo esto a mi madre y mi madre
me dijo: anda a ver a la Virgen y Ella te dirá lo que debes hacer. ¡Esta es una
mujer que tenía el don del consejo! No sabía cómo salir del problema del hijo,
pero le ha indicado el camino justo: “anda a ver a la Virgen y Ella te dirá”.
Este es el don del consejo, dejar que el Espíritu hable. Y esta mujer humilde y
simple, ha dado al hijo el más verdadero consejo, el más verdadero consejo.
Porque este joven me dijo: “yo he mirado a la Virgen y he sentido que tengo que
hacer esto, esto y esto. Yo no tuve que hablar. Lo hicieron todo la madre, la
Virgen y el muchacho. ¡Éste es el don del consejo! Ustedes mamás, que tienen
este don, ¡pidan este don para sus hijos! El don de aconsejar a los hijos. Es
un don de Dios.
Queridos amigos, el Salmo 16 nos invita a orar
con estas palabras: "Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche
me instruye mi conciencia! Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado,
nunca vacilaré". (vv. 7-8). Que el Espíritu siempre pueda infundir en
nuestro corazón esta certeza y nos llene así con su consuelo y su paz! Pidan
siempre el don del consejo.¡Gracias!
Traducción del italiano: Eduardo Rubió y María Cecilia
MutualLa Iglesia dispensa la gracia, no la burocracia, dijo el Papa en su homilía
Quien en la Iglesia está llamado a administrar los Sacramentos debe
dejar espacio a la gracia de Dios y no poner obstáculos de tipo “burocrático”.
Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la
Capilla de la Casa de Santa Marta.
“Quien evangeliza es Dios”. El Papa reafirmó esta verdad oponiéndola al exceso de burocratización que a veces en la Iglesia puede obstaculizar el acercamiento de las personas a Dios. Y afirmó que el modelo al que hay que referirse es el del Apóstol Felipe, quien en el pasaje de los Hechos de los Apóstoles destaca las tres cualidades cristalinas de un cristiano, a saber: docilidad al Espíritu, diálogo y confianza en la gracia. La primera de las cuales se desprende a partir del momento en el que el Espíritu pide a Felipe que interrumpa sus actividades y que alcance la carroza en la que está viajando, entre Jerusalén y Gaza, el ministro de la reina de Etiopía:
“Él, Felipe, obedece, es dócil a la llamada del Señor. Seguramente dejó tantas cosas que tenía que hacer, porque los Apóstoles en aquel tiempo estaban muy ocupados en la evangelización. Deja todo y va. Y esto nos hace ver que sin esta docilidad a la voz de Dios nadie puede evangelizar, nadie puede anunciar a Jesucristo: al máximo se anunciará a sí mismo. Es Dios quien llama, es Dios quien pone a Felipe en camino. Y Felipe va. Es dócil”.
Para Felipe el encuentro con el ministro etíope se convierte en una ocasión de anuncio del Evangelio. Pero este anuncio – explicó Francisco – no es una enseñanza caída desde lo alto, impuesta. Es un diálogo, que el Apóstol inicia respetando la sensibilidad espiritual de su interlocutor, que está leyendo, sin logar comprenderlo, un pasaje del Profeta Isaías:
“No se puede evangelizar sin el diálogo. No se puede. Porque tú debes partir precisamente de donde está la persona que debe ser evangelizada. ¡Y cuán importante es esto! ‘Pero, padre, se pierde tanto tiempo, porque cada uno tiene su propia historia, viene con esto, con sus ideas...’. Y pierde tiempo… Más tiempo perdió Dios en la creación del mundo ¡y la hizo bien! El diálogo. Perder el tiempo con la otra persona, porque esa persona es la que Dios quiere que tú evangelices, a la que tú le des la noticia de Jesús, es más importante. Pero como es, no como debe ser: como es ahora”.
Las palabras de Felipe suscitan en el ministro etíope el deseo de ser bautizado y en el primer curso de agua, a lo largo del camino, así sucede. Felipe administra el Bautismo al etíope, “lo pone – observó el Papa – en las manos de Dios, de su gracia”. Y Francisco destacó que el ministro, a su vez, será capaz de generar la fe y “quizá esto – concluyó el Papa – nos ayude a entender mejor que quien evangeliza es Dios”:
“Pensemos en estos tres momentos de la evangelización: la docilidad para evangelizar; hacer lo que Dios manda, según el diálogo con las personas – pero en el diálogo, se parte desde donde ellas están – y tercero, encomendarse a la gracia: es más importante la gracia que toda la burocracia. ‘¿Qué lo impide?’. Recordemos esto. Y tantas veces nosotros en la Iglesia somos una empresa para fabricar impedimentos, para que la gente no pueda llegar a la gracia. Que el Señor nos haga comprender esto”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).
miércoles, 7 de mayo de 2014
ACLAME AL SEÑOR TODA LA TIERRA
Del Salmo 65 (66):
¡Aclame a Dios toda la tierra!
¡Aclame a Dios toda la tierra!
¡Canten la gloria de su Nombre!
Tribútenle una alabanza gloriosa,
digan a Dios: «¡Qué admirables son tus obras!».
¡Aclame a Dios toda la tierra!
Toda la tierra se postra ante ti,
y canta en tu honor, en honor de tu Nombre.
Vengan a ver las obras de Dios,
las cosas admirables que hizo por los hombres:
¡Aclame a Dios toda la tierra!
Él convirtió el Mar en tierra firme,
a pie atravesaron el Río.
Por eso, alegrémonos en Él,
que gobierna eternamente con su fuerza;
¡Aclame a Dios toda la tierra!
Bendito sea Dios,
que no rechazó mi oración
ni apartó de mí su misericordia.
¡Aclame a Dios toda la tierra!
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