| La Iglesia celebra a san Lucas poniendo en la liturgia el pasaje de los setenta y dos discípulos que salen predicar la palabra de Dios. Lucas nos narra aquí la alegre partida del primer grupo de predicadores de la historia cristiana. Más adelante nos narrará, en los Hechos, los frutos imparables de esta primera predicación. ¿Sabía san Lucas que el Evangelio llegaría con la velocidad de un reguero de pólvora a todo el mundo conocido? ¿Sabía que esa locura en la que él había creído conquistaría miles de millones de vidas? Sabemos, ciertamente que Lucas creyó, y creyó con tal fuerza que nos quiso escribir los avances incontenibles de la fe por la que había apostado en la vida y por la que había dado todo lo que tenía. Desde el cielo, Lucas nos mira continuamente y -estoy seguro- arde en deseos de gritarnos que creamos, que confiemos, que estemos seguros de que todo esfuerzo por transmitir la fe tiene a Dios por garantía infalible y que, por lo tanto, dará su fruto. Pero sin perder de vista que nuestra primera misión somos nosotros mismos. Cristo, lo fundamental que hizo fue obedecer al Padre respecto a la voluntad que Éste tenía para Él, y así consiguió para nosotros la salvación. Pues nosotros, como empresa apostólica primera tenemos la salvación de nuestra alma, y el cumplimiento de la Voluntad de Dios sobre nosotros. No suceda, como dice san Pablo, que habiendo predicado a otros, yo vaya a ser reprobado.
Fuente: Catholic.net
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Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
sábado, 19 de octubre de 2013
Lucas nos dió a conocer a todos a Cristo
Papa Francisco.Más allá de la esclavitud de la ganancia a toda costa
No es tolerable el “escándalo” del hambre en un mundo en el que un tercio de la producción alimentaria “no está disponible a causa de pérdidas y derroches cada vez mayores”. La denuncia llega del Papa Francisco, quien, en un mensaje enviado al director general de la FAO, José Graziano da Silva, con ocasión de la Jornada mundial de la alimentación, invoca un cambio de mentalidad frente a la tragedia “en la que viven todavía millones de personas hambrientas y malnutridas, entre ellas muchos niños”.
Una tragedia que para el Pontífice no hay que afrontarla según la lógica ocasional de
la emergencia, sino como “un problema que interpela nuestra conciencia personal y social” y exige “una solución justa y duradera”.
Por esto el obispo de Roma pide superar actitudes de indiferencia o acostumbramiento y “abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa”, para “repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios”. Hay que derrotar, en particular, “la lógica de la explotación salvaje de la creación” —dice el mensaje que leyó el observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el arzobispo Luigi Travaglino, en el curso de la ceremonia del miércoles 16 de octubre por la mañana en la sede de la organización en Roma— a través del “compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos”.
Recordando que “nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios”, el Papa Francisco exhorta a todos a un serio examen de conciencia “sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida” alimentario, marcado con demasiada frecuencia “por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos”. Y vuelve a poner en guardia contra las consecuencias de la «cultura del descarte», que sacrifica “hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo”, y de la «globalización de la indiferencia», que “nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal”. El problema del hambre, en sustancia, no es sólo económico o científico, sino también y sobre todo ético y antropológico. “Educar en la solidaridad —advierte de ahí el Pontífice— significa entonces educarnos en la humanidad” y comprometerse para edificar una sociedad que tenga “siempre en el centro a la persona y su dignidad”.
Una tragedia que para el Pontífice no hay que afrontarla según la lógica ocasional de la emergencia, sino como “un problema que interpela nuestra conciencia personal y social” y exige “una solución justa y duradera”.
Por esto el obispo de Roma pide superar actitudes de indiferencia o acostumbramiento y “abatir con decisión las barreras del individualismo, del encerrarse en sí mismos, de la esclavitud de la ganancia a toda costa”, para “repensar y renovar nuestros sistemas alimentarios”. Hay que derrotar, en particular, “la lógica de la explotación salvaje de la creación” —dice el mensaje que leyó el observador permanente de la Santa Sede ante la FAO, el arzobispo Luigi Travaglino, en el curso de la ceremonia del miércoles 16 de octubre por la mañana en la sede de la organización en Roma— a través del “compromiso de cultivar y cuidar el medio ambiente y sus recursos, para garantizar la seguridad alimentaria y avanzar hacia una alimentación suficiente y sana para todos”.
Recordando que “nuestros padres nos educaban en el valor de lo que recibimos y tenemos, considerado como un don precioso de Dios”, el Papa Francisco exhorta a todos a un serio examen de conciencia “sobre la necesidad de cambiar realmente nuestro estilo de vida” alimentario, marcado con demasiada frecuencia “por el consumismo, el desperdicio y el despilfarro de alimentos”. Y vuelve a poner en guardia contra las consecuencias de la «cultura del descarte», que sacrifica “hombres y mujeres a los ídolos de las ganancias y del consumo”, y de la «globalización de la indiferencia», que “nos va «acostumbrando» lentamente al sufrimiento de los otros, como si fuera algo normal”. El problema del hambre, en sustancia, no es sólo económico o científico, sino también y sobre todo ético y antropológico. “Educar en la solidaridad —advierte de ahí el Pontífice— significa entonces educarnos en la humanidad” y comprometerse para edificar una sociedad que tenga “siempre en el centro a la persona y su dignidad”.
martes, 15 de octubre de 2013
Con Jesús ante el Sagrario
Un pequeño grupo de oración en la capilla, delante del Sagrario . Un sacerdote leyendo y comentando el evangelio del domingo para ayudarnos en la meditación.
Y Tú, derramando todo tú amor sobre mi y yo, sintiendo como mi corazón se llena de amor hacia Ti. ¡Qué bálsamo para mi alma! No hay medicina mejor para todos los dolores y las tristezas de este mundo.
Dejarse amar por Ti, sentirse querido por ti. Amándote, sólo amándote. Porque yo te amo Señor, más que a nada ni a nadie.
Ya sé que te niego muchas veces, que no correspondo a tu amor, que no te veo en mis hermanos, que la locura de este mundo me puede y me absorbe. Que mis reacciones, a veces, hacen daño y te hacen daño. Que no soy humilde, ni merezco ese amor tan inmenso que me tienes.
Pero Señor, aunque no lo parezca, Tú eres el centro de mi vida, por Ti me levanto cada mañana, en Ti pienso cuando el fin de mi vida llegue.
Ayúdame Señor, en demostrarte este amor, ayúdame en que sea una realidad que Tú seas el centro de mi vida. Ayúdame Señor, sin Ti no soy ni puedo hacer nada.
Tú nos dices que no nos cansemos de orar, que no nos desanimemos sin tardas en concedernos nuestras peticiones. Ayúdame para que la oración sea una constante en mi vida.
H. de Carmen
lunes, 14 de octubre de 2013
Mensaje del Papa a los fieles presentes en santurarios marianos de todo el mundo por la vigilia de oración
Ciudad del Vaticano, 12 de octubre de 2013 (VIS).- Al final de la ceremonia mariana en la Plaza de San Pedro, la imagen de la Virgen de Fatima fue transportada en helicóptero al santuario romano del Divino Amor.
A las 19.30, diversos santuarios marianos de todo el mundo, se conectaron con el Divino Amor para rezar el Rosario y participar en la vigilia de oración "Con María más allá de la noche”, que concluye al alba con la peregrinación tradicional a ese santuario.
El Papa Francisco ha grabado un mensaje en vídeo transmitido antes del Rosario y cuyo texto es el siguiente:
“Queridos hermanos y hermanas:
Saludo a todos los peregrinos que están en el Santuario del Divino Amor, y a los que se conectan desde los santuarios marianos de Lourdes, Nazaret, Luján, Vailankanni, Guadalupe, Akita, Nairobi, Benneux, Częstochowa y Marian Valley.
Esta tarde me siento unido a todos ustedes en la recitación del Santo Rosario y en la Adoración Eucarística bajo la mirada de la Virgen María.
La mirada. ¡Qué importante es! ¡Cuántas cosas pueden decirse con una mirada! Afecto, aliento, compasión, amor, pero también reproche, envidia, soberbia, incluso odio. Con frecuencia, la mirada dice más que las palabras, o dice aquello que las palabras no pueden o no se atreven a decir.
¿A quién mira la Virgen María? Nos mira a todos, a cada uno de nosotros. Y, ¿cómo nos mira? Nos mira como Madre, con ternura, con misericordia, con amor. Así ha mirado al hijo Jesús en todos los momentos de su vida, gozosos, luminosos, dolorosos, gloriosos, como contemplamos en los Misterios del Santo Rosario, simplemente con amor.
Cuando estamos cansados, desanimados, abrumados por los problemas, volvámonos a María, sintamos su mirada que dice a nuestro corazón: "¡Animo, hijo, que yo te sostengo!" La Virgen nos conoce bien, es madre, sabe muy bien cuáles son nuestras alegrías y nuestras dificultades, nuestras esperanzas y nuestras desilusiones. Cuando sintamos el peso de nuestras debilidades, de nuestros pecados, volvámonos a María, que dice a nuestro corazón: "!Levántate, acude a mi Hijo Jesús!, en él encontrarás acogida, misericordia y nueva fuerza para continuar el camino".
La mirada de María no se dirige solamente a nosotros. Al pie de la cruz, cuando Jesús le confía al Apóstol Juan, y con él a todos nosotros, diciendo: "Mujer, ahí tienes a tu hijo", los ojos de María están fijos en Jesús. Y María nos dice, como en las Bodas de Caná: "Haced lo que él os diga". María indica a Jesús, nos invita a dar testimonio de Jesús, nos guía siempre a su Hijo Jesús, porque sólo en él hay salvación, sólo él puede trasformar el agua de la soledad, de la dificultad, del pecado, en el vino del encuentro, de la alegría, del perdón. Sólo él.
"Bienaventurada porque has creído". María es bienaventurada por su fe en Dios, por su fe, porque la mirada de su corazón ha estado siempre fija en Dios, en el Hijo de Dios que ha llevado en su seno y que ha contemplado en la cruz. En la Adoración del Santísimo Sacramento, María nos dice: "Mira a mi Hijo Jesús, ten los ojos fijos en él, escúchalo, habla con él. Él te mira con amor. No tengas miedo. Él te enseñará a seguirlo para dar testimonio de él en las grandes y pequeñas obras de tu vida, en las relaciones de familia, en tu trabajo, en los momentos de fiesta; te enseñará a salir de ti mismo, de ti misma, para mirar a los demás con amor, como él, que te ha amado y te ama, no de palabra, sino con obras".
¡Oh María!, haznos sentir tu mirada de Madre, guíanos a tu Hijo, haz que no seamos cristianos "de escaparate", sino de los que saben "mancharse la manos" para construir con tu Hijo Jesús su Reino de amor, de alegría y de paz”.
domingo, 13 de octubre de 2013
El papa Francisco le confía el mundo a María, Virgen de Fátima
con renovada gratitud por tu presencia materna
unimos nuestra voz a la de todas las generaciones
que te llaman bienaventurada.
que nunca se cansa de inclinarse
con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.
con misericordia sobre la humanidad afligida por el mal
y herida por el pecado, para sanarla y salvarla.
Acoge con benevolencia de madre
el acto por el nos ponemos hoy bajo tu protección
con confianza, ante esta tú imagen
tan querida por todos nosotros.
Estamos seguros que cada uno de nosotros es preciosos a tus ojos
y que nada te es ajeno de todo lo que habita en nuestros corazones.
Nos dejamos alcanzar por tu dulcísima mirada
y recibimos la caricia consoladora de tu sonrisa.
Protege nuestra vida entre tus brazos:
bendice y refuerza cada deseo de bien; reaviva y alimenta la fe;
sostiene e ilumina la esperanza; suscita y anima la caridad;
guíanos a todos nosotros en el camino de la santidad.
Enséñanos tu mismo amor de predilección hacia los pequeños y los pobres,
hacia los excluidos y los que sufren, por los pecadores
y por los que tienen el corazón perdido:
reúne a todos bajo tu protección y a todos entrégales
a tu Hijo dilecto, el Señor Nuestro, Jesús.
Amén.
sábado, 12 de octubre de 2013
¡Vigilar siempre con Jesús! El Papa el viernes
Debemos estar alerta siempre contra el engaño del demonio. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta, quien señaló también que no se puede seguir “a medias” la victoria de Jesús sobre el mal, y reiteró que no debemos confundir, relativizar la verdad en la lucha contra el demonio.
Jesús expulsa los demonios y alguno empieza a dar explicaciones “para disminuir la fuerza del Señor”. El Obispo de Roma centró su homilía en el Evangelio de hoy recordando que existe siempre la tentación de minimizar la figura de Jesús como si fuese “en el mejor de los casos un curandero”, al cual no tomar “muy en serio”. Una actitud, observó, que “ha llegado hasta nuestros días”:
“Hay algunos sacerdotes que cuando leen este pasaje del Evangelio, este y otros, dicen: “Pero, Jesús ha sanado a una persona con una enfermedad mental”. No leen esto aquí, ¿no? Es verdad que en aquel tiempo se podía confundir una epilepsia con la posesión de demonio; ¡pero también es cierto que existía el demonio! Y nosotros no tenemos derecho a simplificar las cosas, como diciendo: ‘Todos esos no estaban poseídos; eran enfermos mentales’. ¡No! La presencia del demonio está en la primera página de la Biblia y la Biblia termina también con la presencia del demonio, con la victoria de Dios sobre el demonio”.
Por esta razón, advirtió, “no debemos ser ingenuos”. El Santo Padre observó luego que el Señor nos da algunos criterios para “discernir” la presencia del mal y para seguir el “camino cristiano cuando hay tentaciones”. Uno de los criterios es “no seguir la victoria de Jesús sobre el mal” sólo “a medias”. “O estás conmigo - dice el Señor - o estás contra mí”. Jesús, añadió, ha venido para destruir al demonio, “a liberarnos” de la “esclavitud del demonio sobre nosotros”. Y, advirtió, no se puede decir que así “exageramos”. “En este tema - dijo - no hay matices. Es una lucha donde se juega la salud, la salud eterna, la salvación eterna” de todos nosotros. Luego está el criterio de la vigilancia. “Siempre debemos vigilar -exhortó el Papa- vigilar contra el engaño, contra la seducción del maligno”:
“Podemos hacernos la pregunta: ‘¿vigilo sobre mí, sobre mi corazón, sobre mis sentimientos, sobre mis pensamientos’? ¿Custodio el tesoro de la gracia? ¿Custodio la presencia del Espíritu Santo en mí? ¿O dejo las cosas así, seguro, creyendo que todo está bien?’ Si tú no te custodias, viene aquel que es más fuerte que tú. Pero si llega uno más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en las que confiaba y reparte el botín. ¡La vigilancia! Pero, tres criterios, ¡eh! No hay que confundir la verdad. Jesús lucha contra el demonio: primer criterio. Segundo criterio: quien no está con Jesús, está en contra de Jesús. No hay posiciones a medias. Tercer criterio: la vigilancia sobre nuestro corazón, porque el demonio es astuto. ¡Jamás ha sido expulsado para siempre! Sólo el último día lo será”.
Cuando el espíritu impuro sale del hombre, ha recordado el Papa, “deambula por lugares desiertos, buscando reposo, y no encontrándolo, dice: ‘Volveré a mi casa, de donde salí’ Y cuando la encuentra ‘barrida y ordenada’, va ‘toma otros siete espíritus peores que él, entran y se instalan ahí’. Y, de esta manera, “la última condición de aquel hombre resulta peor que la primera”:
“Vigilancia, porque la estrategia del demonio es ésta: ‘Te has convertido en cristiano, va adelante en la fe, te dejo, te dejo tranquilo. Pero luego, cuando te has acostumbrado, y no vigilas tanto, y te sientes seguro, yo regreso’. El Evangelio de hoy comienza con el demonio expulsado y el demonio ¡que regresa! San Pedro lo decía: ‘Es como un león feroz, que da vueltas a nuestro alrededor’. Es así. ‘Pero, Padre, ¡usted es un poco anticuado! Nos asusta con estas cosas’... ". No, ¡yo no! ¡Es el Evangelio! Y no son mentiras: ¡es la Palabra del Señor! Pidamos al Señor la gracia de tomar en serio estas cosas. Él ha venido a luchar por nuestra salvación. ¡Él ha vencido al demonio! Por favor, ¡no negociemos con el demonio! Él trata de volver a la casa, de tomar posesión de nosotros... No relativizar, ¡vigilar! ¡Y siempre con Jesús!” (RC-RV)
VIRGEN DEL PILAR
Etimológicamente significa " pila". Viene de la lengua latina.
Este nombre, uno de los más abundantes en España tiene un origen curioso. Fue la misma Virgen María la que se apareció al apóstol Santiago que estaba desanimado mientras evangelizaba la patria española.
Se le apareció en carne mortal cuando, junto al Ebro, y sentado en una piedra o pila quería llegar hasta otros lugares predicando la Buena Nueva del Evangelio.
Santiago llevaba inscritas en su corazón las últimas recomendaciones de Jesús:"Id por todo el mundo predicando el Evangelio y bautizando a la gente en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".
Con el paso del tiempo, los zaragozanos le hicieron una inmensa y preciosa basílica levantada en su honor en el primer milenio, aunque haya sufrido muchas reformas arquitectónicas.
Hay que tener en cuenta que España ha sufrido muchas invasiones, pero es seguro que ya existía en la época de los Visigodos.
Dicen que la misma Virgen le dejó una imagen como recuerdo del inolvidable encuentro. Y el mandato de que le construyera allí un templo.
Según dice la Tradición, esto sucedía en el año 40. Científicamente no está nada comprobado a nivel de papeles. Sin embargo, el testimonio vivo de tantos miles y miles de personas que van en peregrinación a este santo lugar mariano, demuestran fehacientemente que la fe no viene del aire sino de personas que, generación tras generación, viven su devoción a la Virgen de forma continuada.
Juntamente con el sepulcro de Santiago en Galicia y el Pilar de Zaragoza son dos polos de espiritualidad palpable en España y con proyección a todo el universo.
Hoy es la fiesta nacional en España y también el día de la Hispanidad. Las banderas de las naciones sudamericanas llenan este lugar. En la misa de hoy se leen estas palabras:"La devoción al Pilar tiene una gran repercusión en Iberoamérica, cuyas naciones celebran la fiesta del descubrimiento de América en este día".
¡Felicidades a las personas que lleven este nombre!
Si quieres saber más consulta
El Pilar de Nuestra Fe de Jesús Martí Ballester
jueves, 10 de octubre de 2013
Es necesario pedir, buscar y llamar, el Papa el jueves
En la oración debemos ser valientes y descubrir cuál es la verdadera gracia que nos ha sido dada, o sea Dios mismo: Lo dijo el Papa en la misa de la mañana del jueves en la Casa de Santa Marta.
El Santo Padre centró su homilía en el Evangelio propuesto por la liturgia del día: Jesús hace hincapié en la necesidad de orar con confiada insistencia. La parábola del amigo inoportuno, que gracias a su insistencia consigue lo que quiere, fue el punto de partida de la reflexión del Papa, quien meditó sobre la calidad de nuestra oración:
“Nosotros, ¿cómo oramos? Oramos así no más por costumbre, piadosamente pero tranquilos, por costumbre, ¿o con coraje nos ponemos ante el Señor para pedir la gracia, para pedir por aquello por lo que oramos? El valor en la oración: una oración que no sea valiente no es una verdadera oración. El coraje de tener confianza que el Señor nos escuche, el coraje de llamar a la puerta… El Señor lo dice: ‘Porque todo el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama, se le abrirá’. Pero es necesario pedir, buscar y llamar”.
“Nosotros, ¿nos involucramos en la oración?” – preguntó el Papa – “¿Sabemos llamar al corazón de Dios?”.
En el Evangelio, Jesús dice: “Si ustedes, que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a aquellos que se lo pidan”. Esto - notó el Papa – “es una gran cosa”:
“Cuando oramos con valor, el Señor nos da la gracia, y también se da a sí mismo en la gracia: el Espíritu Santo, es decir, ¡a sí mismo! El Señor nunca da o manda una gracia por correo: ¡nunca! ¡la lleva Él! ¡Es Él, la gracia! Lo que nosotros pedimos es un poco como... el papel en el que se envuelve la gracia. Pero la verdadera gracia es Él que viene trayéndomela. Es Él. Nuestra oración, si es valiente, recibe aquello que pedimos, pero también aquello que es más importante: el Señor”.
En los Evangelios - observó el Papa – “algunos reciben la gracia y se van”: de los diez leprosos sanados por Jesús, sólo uno regresó a darle las gracias. También el ciego de Jericó encuentra al Señor en la curación y alaba a Dios. Pero es necesario orar con el “valor de la fe” empujándonos a pedir también aquello que la oración no se atreve a esperar, es decir, a Dios mismo:
“Pedimos la gracia, y no nos atrevemos a decir: ‘Pero tráela tú’. Sabemos que la gracia es siempre traída por Él: es Él quien viene y nos la da. Nosotros damos la fea impresión de tomar la gracia y no reconocer a quien nos la trae, aquel que nos la da: el Señor. Que el Señor nos conceda la gracia de darse a sí mismo, siempre, en cada gracia. Y que nosotros lo reconozcamos, y que lo alabemos como aquellos enfermos sanados del Evangelio. Porque en aquella gracia hemos encontrado al Señor”. (RC-RV)
Alegría de Cristo. Alegría del cristiano de Pablo VI
Aquí nos interesa destacar el secreto de la insondable
alegría que Jesús lleva dentro de sí y que le es propia. Es sobre todo el
evangelio de san Juan el que nos descorre el velo, descubriéndonos las palabras
íntimas del Hijo de Dios hecho hombre.
Si Jesús irradia esa paz, esa seguridad, esa alegría,
esa disponibilidad, se debe al amor inefable con que se sabe amado por su
Padre. Después de su bautismo a orillas del Jordán, este amor, presente desde
el primer instante de su Encarnación, se hace manifiesto: «Tu eres mi hijo
amado, mi predilecto» (Lc 3,22). Esta certeza es inseparable de la
conciencia de Jesús.
Es una presencia que nunca lo abandona (cf. Jn
16,32). Es un conocimiento íntimo el que lo colma: «El Padre me conoce y yo
conozco al Padre» (Jn 10,15). Es un intercambio incesante y total: «Todo
lo que es mío es tuyo, y todo lo que es tuyo es mío» (Jn 17,19).
El Padre ha dado al Hijo el poder de juzgar y de
disponer de la vida. Entre ellos se da una inhabitación recíproca: «Yo estoy en
el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,10). En correspondencia, el Hijo
tiene para con el Padre un amor sin medida: «Yo amo al Padre y procedo conforme
al mandato del Padre» (Jn 14,31). Hace siempre lo que place al Padre, es
ésta su «comida» (cf. Jn 8,29; 4,34).
Su disponibilidad llega hasta la donación de su vida
humana, su confianza hasta la certeza de recobrarla: «Por esto me ama el Padre,
porque yo entrego mi vida, para recobrarla de nuevo» (Jn 10,17). En este
sentido, él se alegra de ir al padre. No se trata, para Jesús, de una toma de
conciencia efímera: es la resonancia, en su conciencia de hombre, del amor que
él conoce desde siempre, en cuanto Dios, en el seno de Padre: «Tú me has amado
antes de la creación del mundo» (Jn 17,24). Existe una relación
incomunicable de amor, que se confunde con su existencia de Hijo y que
constituye el secreto de la vida trinitaria: el Padre aparece en ella como el
que se da al Hijo, sin reservas y sin intermitencias, en un palpitar de
generosidad gozosa, y el Hijo, como el que se da de la misma manera al Padre
con un impulso de gozosa gratitud, en el Espíritu Santo.
De ahí que los discípulos y todos cuantos creen en
Cristo, estén llamados a participar de esta alegría. Jesús quiere que sientan
dentro de sí su misma alegría en plenitud: «Yo les he revelado tu nombre, para
que el amor con que tú me has amado esté en ellos y también yo esté en ellos» (Jn
17,26).
Esta alegría de estar dentro del amor de Dios comienza
ya aquí abajo. Es la alegría del Reino de Dios. Pero es una alegría concedida a
lo largo de un camino escarpado, que requiere una confianza total en el Padre y
en el Hijo, y dar una preferencia a las cosas del Reino.
El mensaje de Jesús promete ante todo la alegría, esa
alegría exigente; ¿no se abre con las bienaventuranzas? «Dichosos vosotros los
pobres, porque el Reino de los cielos es vuestro. Dichosos vosotros lo que
ahora pasáis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos vosotros, los que
ahora lloráis, porque reiréis» (Lc 6,20-21).
Misteriosamente, Cristo mismo, para desarraigar del
corazón del hombre el pecado de suficiencia y manifestar al Padre una
obediencia filial y completa, acepta morir a manos de los impíos (cf. Hech
2,23), morir sobre una cruz. Pero el Padre no permitió que la muerte lo
retuviese en su poder. La resurrección de Jesús es el sello puesto por el Padre
sobre el valor del sacrificio de su Hijo; es la prueba de la fidelidad del
Padre, según el deseo formulado por Jesús antes de entrar en su pasión: «Padre,
glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique» (Jn 17,1). Desde
entonces Jesús vive para siempre en la Gloria del Padre, y por esto mismo los
discípulos se sintieron arrebatados por una alegría imperecedera al ver al
Señor, el día de Pascua.
Sucede que, aquí abajo, la alegría del Reino hecha
realidad, no puede brotar más que de la celebración conjunta de la muerte y
resurrección del Señor. Es la paradoja de la condición cristiana que esclarece
singularmente la de la condición humana: ni las pruebas, ni los sufrimientos
quedan eliminados de este mundo, sino que adquieren un nuevo sentido, ante la
certeza de compartir la redención llevada a cabo por el Señor y de participar
en su gloria.
Por eso el cristiano, sometido a las dificultades de la
existencia común, no queda sin embargo reducido a buscar su camino a tientas,
ni a ver la muerte el fin de sus esperanzas. En efecto, como yo lo anunciaba el
profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban
tierra de sombras y una luz les brilló. Acreciste la alegría, aumentaste el
gozo» (Is 9,1-2). El Exsultet del pregón pascual canta un
misterio realizado por encima de las esperanzas proféticas: en el anuncio
gozoso de la resurrección, la pena misma del hombre se halla transfigurada,
mientras que la plenitud de la alegría surge de la victoria del Crucificado, de
su Corazón traspasado, de su Cuerpo glorificado, y esclarece las tinieblas de
las almas": «Et nox illuminatio mea in deliciis meis» [6].
La alegría
pascual no es solamente la de una transfiguración posible: es la de una nueva
presencia de Cristo resucitado, dispensando a los suyos el Espíritu, para que
habite en ellos. Así el Espíritu Paráclito es dado a la Iglesia como principio
inagotable de su alegría de esposa de Cristo glorificado. El lo envía de nuevo
para recordar, mediante el ministerio de gracia y de verdad ejercido por los sucesores
de los Apóstoles, la enseñanza misma del Señor. El suscitó en la Iglesia la
vida divina y el apostolado. Y el cristiano sabe que este Espíritu no se
extinguirá jamás en el curso de la historia. La fuente de esperanza manifestada
en Pentecostés no se agotará.
miércoles, 9 de octubre de 2013
Marta y María por Benedicto XVI
Marta y María son dos hermanas; tienen también un hermano, Lázaro, quien en
este caso no aparece.
Jesús pasa por su pueblo y —dice el texto— Marta le
recibió (cf. 10, 38). Este detalle da a entender que, de las dos, Marta es la
mayor, quien gobierna la casa. De hecho, después de que Jesús entró, María se
sentó a sus pies a escucharle, mientras Marta está completamente ocupada en
muchos servicios, debidos ciertamente al Huésped excepcional.
Nos parece ver la
escena: una hermana se mueve atareada y la otra como arrebatada por la
presencia del Maestro y sus palabras. Poco después, Marta, evidentemente
molesta, ya no aguanta y protesta, sintiéndose incluso con el derecho de criticar
a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo?
Dile, pues, que me ayude». Marta quería incluso dar lecciones al Maestro.
En
cambio Jesús, con gran calma, responde: «Marta, Marta —y este nombre repetido
expresa el afecto—, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y hay necesidad
de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la parte buena, que no le será
quitada» (Lc 10, 41-42).
La palabra de Cristo es clarísima: ningún
desprecio por la vida activa, ni mucho menos por la generosa hospitalidad; sino
una llamada clara al hecho de que lo único verdaderamente necesario es otra
cosa: escuchar la Palabra del Señor; y el Señor en aquel momento está allí,
¡presente en la Persona de Jesús! Todo lo demás pasará y se nos quitará, pero la
Palabra de Dios es eterna y da sentido a nuestra actividad cotidiana.
Queridos amigos: como decía, esta página del Evangelio recuerda el hecho de que la persona
humana debe trabajar, sí; empeñarse en las ocupaciones domésticas y
profesionales; pero ante todo tiene necesidad de Dios, que es luz interior de
amor y de verdad. Sin amor, hasta las actividades más importantes pierden valor
y no dan alegría. Sin un significado profundo, toda nuestra acción se reduce a
activismo estéril y desordenado. Y ¿quién nos da el amor y la verdad sino
Jesucristo? Por eso aprendamos, hermanos, a ayudarnos los unos a los otros, a
colaborar, pero antes aún a elegir juntos la parte mejor, que es y será siempre
nuestro mayor bien.
Saber elegir “la mejor parte”, el Papa el martes
Un corazón que sabe orar y sabe perdonar. Por esto podemos reconocer a un cristiano. Lo dijo esta mañana el Papa Francisco en la homilía de la Misa en la Casa de Santa Marta. Y precisamente del Evangelio dedicado a la Santa a la que está titulada su residencia, el Papa desarrolló algunas ideas para recordarnos que “la oración hace milagros”, siempre y cuando no sea el resultado de un acto mecánico
Marta y el profeta Jonás. Estas figuras plásticas del Nuevo y del Antiguo Testamento, presentadas por la liturgia de hoy, están unidas de una incapacidad idéntica: no sabían orar. El Pontífice se refirió en su homilía a este aspecto, partiendo de la famosa escena en el Evangelio en donde Marta pide casi en tono de reproche a Jesús para que su hermana la ayudara a servir, en lugar de permanecer parada escuchándolo, mientras que Jesús responde: “María ha escogido la mejor parte”. Y esta “parte”, reiteró el Santo Padre, es “aquella de la oración, aquella de la contemplación de Jesús”:“
A los ojos de su hermana estaba perdiendo el tiempo, también parecía tal vez un poco fantasiosa: mirar al Señor como si fuera una niña fascinada. Pero, ¿quién la quiere? El Señor: “Esta es la mejor parte”, porque María escuchaba al Señor y oraba con su corazón. Y el Señor un poco nos dice: ‘La primera tarea en la vida es esto: la oración’. Pero no la oración de palabra, como loros, sino la oración, el corazón: mirar al Señor, escuchar al Señor, pedir al Señor. Sabemos que la oración hace milagros”.
Y la oración produce un milagro incluso en la antigua ciudad de Nínive, a la que el profeta Jonás anuncia en nombre de Dios su destrucción inminente, y que se salva porque los habitantes, creyendo en la profecía, se convierten del primero al último, invocando el perdón divino con todas sus fuerzas. Sin embargo, incluso en esta historia de redención, el Papa notó una actitud equivocada, la de Jonás, más dispuesto a una justicia sin misericordia de una manera parecida a la de Marta, proclive a un servicio que excluye la interioridad:“
Y Marta hacía esto: ¿Qué hacía? ¡No oraba! Hay otros como el terco Jonás, que son los justicieros. Él iba, profetizaba, pero en su corazón, decía: ‘¡Pero se lo merecen. Se lo merecen. Se lo han buscado!’. ¡Él profetizaba, pero no oraba! No pedía perdón al Señor por ellos. Sólo los golpeaba. ¡Son los justicieros, aquellos que se creen que tienen la razón! Y al final - continúa el libro de Jonás - se ve que era un hombre egoísta, porque cuando el Señor salvó Nínive, por la oración del pueblo, él se molestó con el Señor: ‘¡Eres siempre así . Siempre perdonas!’”.Por lo tanto, concluyó el Obispo de Roma, la oración que es sólo una fórmula sin corazón, así como el pesimismo o la inclinación a la justicia sin perdón, son las tentaciones de las que el cristiano debe siempre resguardarse para llegar a elegir “la mejor parte”:“También nosotros cuando no oramos, lo que hacemos es cerrarle la puerta al Señor. Y no orar es esto: cerrar la puerta al Señor, para que Él no pueda hacer nada. En cambio, la oración, ante un problema, una situación difícil, a una calamidad es abrirle la puerta al Señor para que venga. Porque Él rehace las cosas, sabe arreglar las cosas, acomodar las cosas. Orar por esto: abrir la puerta al Señor, para que pueda hacer algo. ¡Pero si cerramos la puerta, el Señor no puede hacer nada! Pensemos en esta María que eligió la mejor parte y nos hace ver el camino, cómo se abre la puerta al Señor”. (RC-RV) -
martes, 8 de octubre de 2013
Frases del Papa Francisco en Brasil
"No
tengo oro ni plata, pero traigo conmigo lo más valioso: Jesucristo".
"Seamos
luces de esperanza. Tengamos una visión positiva de la realidad".
"Tendamos
la mano a quien se encuentra en dificultad, al que ha caído en el
abismo de la dependencia".
"No
es la liberalización del consumo de drogas... lo que podrá reducir la
propagación y la
influencia de la dependencia química"
"No robemos la
esperanza, más aún, hagámonos todos portadores de esperanza".
"No se dejen robar la
esperanza".
"Nunca
se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se
apague".
"Me gustaría hacer un
llamamiento a quienes tienen más recursos, a los
poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la
justicia social: que no se cansen
de trabajar por un mundo más justo y más solidario".
"Nadie
puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el
mundo".
"Quiero
que se salga afuera, quiero que la iglesia salga a la calle".
"Las
parroquias, las instituciones, son para salir, si no salen se convierten en una
ONG, y la iglesia no puede ser una ONG".
"El
odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida".
"El
dinero tiene que servir, no gobernar".
"Los jóvenes tienen que
hacerse valer. Los jóvenes tienen que luchar por los valores".
"Los
viejos abran la boca... y enséñennos, transmítanos la sabiduría de los
pueblos".
"Sean cristianos en
serio, no cristianos a medio tiempo... no cristianos de fachada".
"Jóvenes: nunca se desanimen, no pierdan
la confianza, no dejen que la esperanza se apague".
"Dar
provoca mayor alegría que recibir".
"Les pido que sean
revolucionarios... tengan el coraje de ir contra la corriente. Tengan el coraje de ser felices".
"A
todos nos llama Dios pero hay un camino para cada uno".
"No
tengan miedo de lo que les pide Dios. Vale la pena decir sí. En él está la
alegría".
lunes, 7 de octubre de 2013
EL SANTO ROSARIO POR JUAN PABLO II
El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo
el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y
fomentada por el Magisterio.
En su sencillez y profundidad, sigue siendo también
en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado,
destinada a producir frutos de santidad.
Se encuadra bien en el camino
espiritual de un cristianismo que, después de dos mil años, no ha perdido nada
de la novedad de los orígenes, y se siente empujado por el Espíritu de Dios a
«remar mar adentro» (duc in altum!), para anunciar, más aún, 'proclamar'
a Cristo al mundo como Señor y Salvador, «el Camino, la Verdad y la Vida»
(Jn14, 6), el «fin de la historia humana, el punto en el que convergen
los deseos de la historia y de la civilización».
El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter
mariano, es una oración centrada en la cristología. En la sobriedad de sus
partes, concentra en sí la profundidad de todo el mensaje
evangélico, del cual es como un compendio.
En él resuena la oración de María, su perenne
Magnificat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con
él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del
rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor.
Mediante el
Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las
mismas manos de la Madre del Redentor.
Dejemos escribir nuestra vida por Dios.
Roma, (Zenit.org) Redacción | 382 hitos
Esta fue la exhortación del santo
padre Francisco en la misa que la mañana del lunes celebró en la Casa Santa
Marta, y durante la cual se centró en las figuras de Jonás y el Buen Samaritano.
En ocasiones, observó el papa, puede suceder que incluso un cristiano, un
católico huye de Dios, mientras un pecador, considerado alejado de Dios, escucha
la voz del Señor.
"La fuga de Dios. Se puede huir de Dios, incluso siendo cristiano, católico,
siendo de la Acción Católica, siendo presbítero, obispo, papa... ¡todos, todo
podemos huir de Dios! Es una tentación diaria. No escuchar a Dios, no escuchar
su voz , no sentir en el corazón su propuesta, su invitación. Se puede escapar
directamente. Hay otras maneras de escapar de Dios, un poco más educado, un poco
más sofisticado, ¿no?
En el evangelio, está este hombre medio muerto, tirado en
el suelo, y por casualidad un sacerdote bajaba por aquel camino --un digno
sacerdote, precisamente en sotana, bueno ¡muy bueno! Vio y observó: ‘Llego tarde
a misa’, y ha seguido su camino. No había oído la voz de Dios, allí".
Luego pasa un levita, que, dice el papa, quizá pensó: "Si lo cojo o si me
acerco, tal vez estará muerto, y mañana tendré que ir al juez y dar
testimonio..." y se siguió de largo. También Él, dijo el papa, se escapa "de la
voz de Dios". Y añade: "Solo tuvo la capacidad de comprender la voz de Dios uno
que habitualmente huía de Dios, un pecador", un samaritano.
Este, señala, "es un pecador, alejado de Dios", que sin embargo "escuchó la
voz de Dios y se acercó". El samaritano, señala, "no estaba acostumbrado a las
prácticas religiosas, a la vida moral, incluso teológicamente estaba mal",
porque los samaritanos “creían que a Dios se le debía adorar en otro lugar y no
donde el Señor quería". Y, sin embargo, prosiguió el papa, el samaritano "se ha
dado cuenta de que Dios lo estaba llamando, y no huyó".
"Se le acercó, le vendó las heridas echándole aceite y vino, y luego lo puso
en el caballo", e incluso "lo llevó a una posada y cuidó de él. Perdió toda la
tarde":
"El presbítero llegó a tiempo para la Santa Misa, y todos los fieles
contentos; el levita tuvo al día siguiente, un día tranquilo de acuerdo con lo
que había pensado hacer, porque no pasó por todo este enredo de ir al juez y
todas esas cosas...
¿Y por qué Jonás huyó de Dios? ¿Por qué el sacerdote huyó de Dios? ¿Por qué
el levita se escapó de Dios? Porque tenían cerrado el corazón, y cuando tienes
cerrado el corazón, no se puede escuchar la voz de Dios. En cambio, un
samaritano que iba de camino ‘lo vio y tuvo compasión’: tenía el corazón
abierto, era humano. Y su humanidad lo acercó".
"Jonás –observa el papa- tenía un diseño de su vida: él quería escribir su
historia", y así también el sacerdote y el levita. "Un diseño del trabajo". Sin
embargo, continuó el papa, este pecador, el samaritano "se ha dejado escribir la
vida por Dios: ha cambiado todo, aquella tarde, porque el Señor le ha acercado
la persona de este pobre hombre, herido, gravemente herido, tirado en la
calle":
"Me pregunto a mí mismo, y les pregunto también a ustedes: ¿nos dejamos
escribir la vida, nuestra vida, por Dios o queremos escribirla nosotros? Y esto
nos habla acerca de la docilidad: ¿somos dóciles a la Palabra de Dios? '¡Sí, yo
quiero ser dócil!'. Pero tú, ¿tienes la capacidad de escucharla, de oirla?
Tienes la capacidad de encontrar la Palabra de Dios en la historia de cada día,
o tus ideas son las que te rigen, y no dejas que la irrupción del Señor te
hable?".
"Tres personas están huyendo de Dios -resumió el papa-, y otra en situación
irregular", que es "capaz de escuchar, abrir el corazón y no escapar". Estoy
seguro, dijo el pontífice, que todos vemos que "el samaritano, el pecador, no
huyó de Dios".
Que el Señor, concluyó, "nos permita escuchar la voz del Señor, su voz, que
nos dice: ¡Anda y haz los mismo!".
Al concluir la misa el santo padre saludó uno a uno a un grupo de 40
periodistas acreditados en la Sala de Prensa del Vaticano. Entre ellos, el
hispano Juno Arrocho, de la edición angófona que le entregó una carta
demostrando la estima del team de periodistas de Zenit y el primer libro
editado: 'Un ciclón de nombre Francisco'.
(07 de octubre de 2013) © Innovative
Media Inc.
domingo, 6 de octubre de 2013
Te ofrecemos nuestra fe así como es para que Tú la hagas crecer, rezó a Dios el Papa en el Ángelus
Con un agradecimiento a Dios por el don de la peregrinación a Asís en la fiesta del santo, el Obispo de Roma inició su reflexión previa a la oración del Ángelus con la multitud de peregrinos reunidos en la plaza del Santuario de San Pedro en Roma.
Los apóstoles le dicen al Señor “Aumenta en nosotros la fe”, dijo el Papa Francisco refiriéndose al evangelio del domingo, para invitar a que en el Año de la Fe, digamos todos nosotros como los apóstoles, auméntanos la fe. “Nuestra fe es pequeña, nuestra fe es débil, frágil, pero te la ofrecemos así como es para que tu la hagas crecer”.
El Vicario de Cristo afirmó que el Señor nos responde que basta una fe pequeñísima como un grano de mostaza, pero verdadera y sincera para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. “Y ¡es verdad! –expresó con admiración-, todos conocemos personas simples, humildes, pero con una fe muy fuerte, capaz de mover montañas”, como los papás y las mamás que afrontan situaciones muy pesadas; o ciertos enfermos, también gravísimos que transmiten serenidad”. Es más -dijo Francisco-, estas personas no se agrandan, sino que son humildes.
Papa Francisco recordó que “en este mes de octubre, que está dedicado de modo particular a las misiones, pensemos en los tantos misioneros, hombres y mujeres, que para llevar el Evangelio han superado obstáculos de todo tipo, han dado verdaderamente la vida”. Afirmando a continuación que “esto atañe a cada uno de nosotros, en la propia vida de cada día, puede dar testimonio de Cristo, con la fuerza de Dios, la fuerza de la fe”. Una fuerza dijo que tomamos de Dios en la oración, que es la respiración de la fe, “en una relación de confianza, de amor, no puede faltar el dialogo, y la oración es el diálogo del alma con Dios.
Recordó también que octubre es el mes del rosario y la súplica a la Virgen de Pompeya. Afirmando que ¡es una escuela de oración, una escuela de fe!
Después de la oración mariana, el Santo Padre pidió que se rezara en silencio por las víctimas de la nueva tragedia de Lampedusa y recordó la beatificación, ayer en Módena del joven mártir italiano Rolando Rivi, recordando que la fe en Jesús vence el espíritu del mundo e invitando a la acción de gracias por su testimonio. Y saludó de forma especial a la comunidad peruana de Roma que llegó a la Plaza de San Pedro llevando en procesión la imagen del Señor de los Milagros.
(jesuita Guillermo Ortiz – RV).
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