Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
domingo, 30 de junio de 2013
SEGUIR A JESÚS
Cristo mismo le dice: "Sígueme", pidiéndole un corte radical con los vínculos familiares. Estas exigencias pueden parecer demasiado duras, pero en realidad expresan la novedad y la prioridad absoluta del reino de Dios, que se hace presente en la Persona misma de Jesucristo.
En última instancia, se trata de la radicalidad debida al Amor de Dios, al cual Jesús mismo es el primero en obedecer. Quien renuncia a todo, incluso a sí mismo, para seguir a Jesús, entra en una nueva dimensión de la libertad, que san Pablo define como "caminar según el Espíritu". "Para ser libres nos libertó Cristo" -escribe el Apóstol- y explica que esta nueva forma de libertad que Cristo nos consiguió consiste en estar "los unos al servicio de los otros". Libertad y amor coinciden. Por el contrario, obedecer al propio egoísmo conduce a rivalidades y conflictos.
Queridos amigos, está llegando a su fin el mes de junio, caracterizado por la devoción al Sagrado Corazón de Cristo. Precisamente en la fiesta del Sagrado Corazón renovamos con los sacerdotes del mundo entero nuestro compromiso de santificación. Hoy quiero invitar a todos a contemplar el misterio del Corazón divino-humano del Señor Jesús, para beber de la fuente misma del Amor de Dios.
Quien fija su mirada en ese Corazón atravesado y siempre abierto por amor a nosotros, siente la verdad de esta invocación: "Sé tú, Señor, mi único bien", y está dispuesto a dejarlo todo para seguir al Señor. ¡Oh María, que correspondiste sin reservas a la llamada divina, ruega por nosotros!
(Benedicto XVI, 27 de junio de 2010).
Jesús, ayúdanos a seguirte con generosidad, a seguirte con todo nuestro amor hacia Ti. Que TÚ seas el centro de nuestra vida, que todos nuestros actos sean por Ti y para Ti. Que seas nuestro compañero en el camino, nuestro guía en los momentos de duda, nuestro apoyo en los momentos difíciles.
Te queremos, Señor, pero necesitamos tu ayuda, solos no podemos, QUEREMOS QUE SEAS NUESTRO GUÍA EN EL CAMINO HACIA TI.
sábado, 29 de junio de 2013
Pedro y Pablo, mártires de Jesucristo
Dice san Agustín que el martirio de san Pedro y san Pablo significan una
misma realidad, por eso la Iglesia los celebra juntos en un mismo día… es el
celo del discípulo que está dispuesto a llegar al extremo con tal de llevar el
Mensaje del Evangelio a todos
De los Sermones de san Agustín
Sermón 295, 1-2. 4.
7-8: PL 38, 1348-1352
El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio
de los santos apóstoles Pedro y Pablo. No nos referimos, ciertamente, a unos
mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los
límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban
testimonio de lo que habían visto con un desinterés absoluto, dieron a conocer
la verdad hasta morir por ella.
San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y
que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo: Tú eres Pedro.
Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo
le replicó: «Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré
mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre
esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres «Pedro». «Pedro» es una palabra
que se deriva de «piedra», y no al revés. «Pedro» viene de «piedra», del mismo
modo que «cristiano» viene de «Cristo».
De Tengo sed de Ti. Ver más
viernes, 28 de junio de 2013
¿Quién es justo ante el Señor?
Señor,
¿quién puede hospedarse en tu tienda
y habitar en tu monte santo?
El que procede honradamente
y practica la justicia,
el que tiene intenciones leales
y no calumnia con su lengua,
el que
no hace mal a su prójimo
ni difama al vecino,
el que considera despreciable al impío
y honra a los que temen al Señor,
el que
no retracta lo que juró
aun en daño propio,
el que no presta dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que
así obra nunca fallará.
Salmo 14
jueves, 27 de junio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
La mirada al cielo
Es la mirada que diferencia al hombre de todos los demás animales. Sólo la criatura humana levanta la cabeza para contemplar el firmamento; sólo el hombre busca en lo alto, en Dios, el sentido de su existencia.
Los ojos fijos en el cielo, en su Padre, han caracterizado toda la vida de Jesús. No obstante en algunos pasajes del evangelio se hace notar explícitamente este gesto suyo de mirar lo alto.
Antes de multiplicar los panes, alza los ojos al Padre (Mt 14, 19). Antes de pronunciar la palabra efetá y de abrir los ojos del sordo contempla el cielo (Mc 7,34), el lugar donde, según la concepción religiosa de los israelitas, se encuentra el trono de Dios.
Su mirada indica la dirección en la que debe orientar los ojos todo el que busque alimento para su vida y palabras de salvación. Sólo de lo alto viene la luz que da sentido a la alegría y al dolor, a los éxitos y a los fracasos, a las traiciones, a la soledad y al mayor de todos los enemigos: la muerte.
En el rostro de Jesús brilla la mirada del hombre auténtico, del hombre logrado según Dios: la mirada de quien, aun estando comprometido en las realidades materiales, mantiene los ojos abiertos al cielo, consciente de ser no sólo "el mejor de los animales" sino incluso "poco inferior a los ángeles"(Sal 8, 6)
Del libro "Tenía rostro y palabras de hombre" Armellini y Moretti.
lunes, 24 de junio de 2013
El Papa Francisco invita a "perder la vida por Cristo", cumpliendo el propio deber con amor
VATICANO, 23 Jun. 13 / 10:14 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del
Ángelus, ante los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San
Pedro, el Papa Francisco exhortó a “‘perder la vida’ por Cristo, cumpliendo el propio
deber con amor”.
El Santo Padre señaló que “en el Evangelio de este
domingo resuena una de las palabras más incisivas de Jesús: ‘Quien quiera salvar
su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la
salvará’”.
“Aquí hay una síntesis del mensaje de Cristo, y está expresada
con una paradoja muy eficaz, que nos hace conocer su modo de hablar, casi nos
hace sentir su voz”.
El Papa explicó que “perder la vida por causa de
Jesús” puede “suceder de dos maneras explícitamente confesando la fe, o
implícitamente defendiendo la verdad”.
“Los mártires son el máximo
ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una fila inmensa de
hombres y mujeres que han sacrificado su vida por permanecer fieles a Jesucristo
y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo son tantos, tantos, más que
en los primeros siglos, tantos mártires que dan su vida por
Cristo”.
Francisco remarcó que “esta es nuestra Iglesia, hoy tenemos más
mártires que en los primeros siglos. Pero también está el martirio cotidiano,
que no comporta la muerte pero que también es un ‘perder la vida’ por Cristo,
cumpliendo el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica de la
donación, del sacrificio”.
“Pensemos: ¡cuántos papás y mamás cada día
ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su propia vida por el bien de
la familia! Pensemos
en esto. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas desarrollan con
generosidad su servicio por el Reino de Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus
propios intereses para dedicarse a los niños, a los minusválidos, a los
ancianos…! ¡También estos son mártires, mártires cotidianos, mártires de la
cotidianidad!”.
El Santo Padre recordó que “hay tantas personas,
cristianos y no cristianos, que “pierden su propia vida’ por la verdad. Y Cristo
ha dicho ‘yo soy la verdad’, por tanto, quien sirve a la verdad sirve a
Cristo”.
“Una de estas personas, que ha dado su vida por la verdad es
Juan el Bautista: precisamente mañana, 24 de junio, es su fiesta grande, la
solemnidad de su nacimiento”.
El Papa indicó que “Juan fue elegido por
Dios para ir delante de Jesús a preparar su camino, y lo indicó al pueblo de
Israel como el Mesías, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Juan se
consagró completamente a Dios y a su enviado, Jesús. Pero al final, ¿qué
sucedió?, murió por causa de la verdad, cuando denunció el adulterio del rey
Herodes y de Herodías”.
“¡Cuántas personas pagan a caro precio el
compromiso por la verdad! ¡Cuántos hombres rectos prefieren ir contracorriente,
con tal de no renegar la voz de la conciencia, la voz de la
verdad!”.
Francisco también pidió a los jóvenes que “no tengan miedo de
ir contracorriente”.
“Cuando te quieren robar la esperanza, cuando te
proponen estos valores que son valores descompuestos, valores como la comida
descompuesta, cuando un alimento está mal nos hace mal. Estos valores nos hacen
mal por eso debemos ir contracorriente”.
“Y ustedes jóvenes son los
primeros que deben ir contracorriente. Y tener esta dignidad de ir precisamente
contracorriente. ¡Adelante, sean valientes y vayan contracorriente! Y estén
orgullosos de hacerlo”.
El Papa exhortó a los fieles a recibir “con
alegría esta palabra de Jesús. Es una regla de vida propuesta a todos. Y que san
Juan Bautista nos ayude a ponerla en práctica”.
“Por este camino nos
precede, como siempre, nuestra Madre, María Santísima: ella perdió su vida por
Jesús, hasta la Cruz, y la recibió en
plenitud, con toda la luz y la belleza de la Resurrección. Que María nos ayude a
hacer cada vez más nuestra la lógica del Evangelio”, concluyó.
Arciprensa
sábado, 22 de junio de 2013
Dios mío, confío en Ti.
Dijo Jesús:
Ante la situación de tantas personas, cercanas o lejanas, que viven en la miseria, estas palabras de Jesús podrían parecer poco realistas o, incluso, evasivas.
¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento ¿Y porqué se preocupen por el vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe? No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas"
Ante la situación de tantas personas, cercanas o lejanas, que viven en la miseria, estas palabras de Jesús podrían parecer poco realistas o, incluso, evasivas.
En realidad, el Señor quiere dar a entender con claridad que no es posible servir a dos señores: a Dios y a la riqueza. Quien cree en Dios, Padre lleno de amor por sus hijos, pone en primer lugar la búsqueda de su reino, de su voluntad. Y eso es precisamente lo contrario del fatalismo o de un ingenuo irenismo.
La fe en la Providencia, de hecho, no exime de la ardua lucha por una vida digna, sino que libera de la preocupación por las cosas y del miedo del mañana. Es evidente que esta enseñanza de Jesús, si bien sigue manteniendo su verdad y validez para todos, se practica de maneras diferentes según las distintas vocaciones: un fraile franciscano podrá seguirla de manera más radical, mientras que un padre de familia deberá tener en cuenta sus deberes hacia su esposa e hijos.
En todo caso, sin embargo, el cristiano se distingue por su absoluta confianza en el Padre celestial, como Jesús. Precisamente la relación con Dios Padre da sentido a toda la vida de Cristo, a sus palabras, a sus gestos de salvación, hasta su pasión, muerte y resurrección. Jesús nos demostró lo que significa vivir con los pies bien plantados en la tierra, atentos a las situaciones concretas del prójimo y, al mismo tiempo, teniendo siempre el corazón en el cielo, sumergido en la misericordia de Dios.
Benedicto XVI, Ángelus del 27de febrero de 2011.
jueves, 20 de junio de 2013
Papa Francisco: La Iglesia
Deseo hoy hablar sobre otra expresión conciliar para referirse al misterio de la Iglesia, la de cuerpo: La Iglesia, Cuerpo de Cristo.

Ser parte del Cuerpo de Cristo es estar unidos al Hijo y recibir su vida divina, viviendo cristianamente, estando unidos al Papa y a los Obispos que son instrumentos de comunión, aprendiendo a superar egoísmos y divisiones, armonizando la variedad y riquezas de cada uno para amar cada vez más a Dios y al prójimo.
Jesús convoca de entre todos los pueblos a sus hermanos, les comunica su Espíritu y los constituye místicamente en su cuerpo.
La Iglesia no es una asociación asistencial, cultural o política; es un cuerpo vivo, que camina y actúa en la historia, que tiene a Jesucristo como cabeza que lo guía, lo alimenta y lo ayuda.
Como el cuerpo no puede sobrevivir separado de la cabeza, tampoco la Iglesia separada de Cristo. Debe permanecer unida a Él, permitiéndole que actúe en ella, que su palabra la guíe, que su presencia eucarística la nutra y anime, que su amor la fortalezca para ir en ayuda del necesitado.

Ser parte del Cuerpo de Cristo es estar unidos al Hijo y recibir su vida divina, viviendo cristianamente, estando unidos al Papa y a los Obispos que son instrumentos de comunión, aprendiendo a superar egoísmos y divisiones, armonizando la variedad y riquezas de cada uno para amar cada vez más a Dios y al prójimo.
Jesús convoca de entre todos los pueblos a sus hermanos, les comunica su Espíritu y los constituye místicamente en su cuerpo.
martes, 18 de junio de 2013
GRACIAS, SEÑOR
Gracias, Señor, por el
día,por tu mensaje de amor
que nos das en cada flor;
por esta luz de alegría,
te doy las gracias, Señor.
Gracias, Señor, por la espina
que encontraré en el sendero,
donde marcho pregonero
de tu esperanza divina;
gracias, por ser compañero.
Gracias, Señor, porque dejas
que abrase tu amor mi ser,
porque haces aparecer
tus flores a mis abejas,
tan sedientas de beber.
Gracias por este camino,
donde caigo y me levanto,
donde te entrego mi canto
mientras marcho peregrino,
Señor, a tu monte santo.
Gracias, Señor, por la luz
que ilumina mi existir;
por este dulce dormir
que me devuelve a tu cruz.
¡Gracias, Señor, por vivir! Amén.
-Himno de los Laudes, Liturgia de las Horas
domingo, 16 de junio de 2013
Papa Francisco: La compasión de Jesús es como el amor de una madre
“La piedad popular- ha dicho- valoriza mucho los símbolos, y el
Corazón de Jesús es el símbolo por excelencia de la misericordia de Dios; pero
no es un símbolo imaginario, es un símbolo real, que representa el centro, la
fuente de la que ha brotado la salvación para toda la humanidad”.
Entre las
diversas referencias de los textos evangélicos al Corazón de Jesús, el Papa ha
subrayado la del relato de la muerte de Cristo según san Juan: Cuando Jesús ya
estaba muerto un soldado le atravesó el costado con la lanza, y en seguida
brotaron sangre y agua.”Juan reconoció en aquel signo, aparentemente casual, el
cumplimiento de las profecías: del corazón de Jesús, Cordero inmolado sobre la
cruz, brotan el perdón y la vida”.
Pero la misericordia de Jesús “no es sólo un sentimiento: es
una fuerza que da vida, ¡que resucita al hombre!”, como dice el Evangelio de hoy
que habla de la compasión de Cristo por la viuda de Naín, que estaba a punto de
enterrar a su único hijo cuando pasa Jesús. “Dice el evangelista Lucas: “Al
verla, el Señor se conmovió”.
Esta “compasión” es el amor de Dios por el hombre,
es la misericordia, o sea la actitud de Dios en contacto con la miseria humana,
con nuestra indigencia, nuestro sufrimiento, nuestra angustia. El término
bíblico “compasión” recuerda las entrañas maternas: la madre, efectivamente,
siente de una forma que es sólo suya el dolor de los hijos. Así nos ama Dios,
dice la Escritura”.
“Y ¿cuál es el fruto de este amor, de esta misericordia? ¡Es la
vida! Jesús dice a la viuda de Naín: “¡No llores!” y luego llama al muchacho
muerto y lo despierta como de un sueño. Pensemos en esto. La misericordia de
Dios da vida al hombre, lo resucita de la muerte. El Señor nos mira siempre con
misericordia... nos espera con misericordia. ¡No tengamos miedo de acercarnos a
Él! ¡Tiene un corazón misericordioso! Si le enseñamos nuestras heridas
interiores, nuestros pecados, nos perdona siempre. ¡Es pura misericordia!”.
Papa Francisco (11 de junio de 2013)
Desde el pecado hacia el amor
El pecado deja huellas profundas y heridas duraderas. Uno de sus mayores daños consiste en hundir al pecador en la tristeza, la amargura, la desesperanza. Otro daño es el de la dejadez: si caigo una y otra vez en lo mismo, ¿para qué luchar por el cambio? Un daño más profundo y sutil consiste en llegar a la idea de que, en el fondo, el pecado no es tan malo, incluso podría ser bueno para uno en su situación actual...
Para el cristiano, el pecado es siempre una grave ofensa al amor. El pecado lleva al hombre a ir contra Dios, al optar por su egoísmo, y contra el prójimo, al preferir el propio bienestar en perjuicio de otros.
Pero si la ofensa es grave, si implica un desorden en el universo, la mano tendid
a de Dios puede provocar un cambio radical, incluso una situación paradójicamente favorable para el bien.
El pecador que pide misericordia, que se siente perdonado, permite el ingreso en el mundo de una inmensa infusión de bien y de esperanza. La acción de Dios, al ofrecer su perdón, suscita en los corazones una "nueva creación".
"Convertíos y apartaos de todos vuestros crímenes; no haya para vosotros más ocasión de culpa. Descargaos de todos los crímenes que habéis cometido contra mí, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué habéis de morir, casa de Israel? Yo no me complazco en la muerte de nadie, sea quien fuere, oráculo del Señor Yahvéh. Convertíos y vivid" (Ez 18,30-32).
El corazón que se deja tocar por el perdón de Dios entra en una nueva vida, empieza a existir en el Reino de la misericordia. Si antes sufría bajo las cadenas del pecado, ahora goza en el mundo del amor.
Los que antes éramos "no-pueblo" podemos llegar a ser Pueblo de Dios. Los que vivíamos sin compasión, podemos ahora ser compadecidos (cf. 1P 2,10).
La Encarnación, la Muerte, la Resurrección de Cristo, han abierto las puertas de los cielos, han abierto las puertas de la misericordia. Si el pecado introdujo el misterio del mal en el mundo, la obediencia del Hijo al Padre ha provocado la revolución más profunda en la historia humana: el perdón.
Quien acoge ese perdón, quien se deja tocar por el Amor redentor de Cristo, ya no puede volver a pensar ni a vivir como pecador. Paradójicamente, el pecado "provocó" la llegada de la gracia. Quien ha sido tocado por la misericordia, quien ha abierto su alma a la conversión, empieza a vivir en el mundo del amor.
"¿Qué diremos, pues? ¿Que debemos permanecer en el pecado para que la gracia se multiplique? ¡De ningún modo! Los que hemos muerto al pecado ¿cómo seguir viviendo en él? ¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva. Porque si nos hemos hecho una misma cosa con él por una muerte semejante a la suya, también lo seremos por una resurrección semejante; sabiendo que nuestro hombre viejo fue crucificado con él, a fin de que fuera destruido este cuerpo de pecado y cesáramos de ser esclavos del pecado" (Rm 6,1-6).
Desde el pecado, borrado por la Cruz del Señor, podemos avanzar hacia el amor. Quien ha recibido tanto amor, sólo puede responder con amor. Quien ha sido perdonado, empieza a comprender que también él necesita perdonar a sus hermanos (cf. Lc 6,37).
Sólo entonces seremos semejantes al Padre de los cielos, que es bueno con todos, también con los ingratos y los perversos (cf. Lc 6,35).
Porque tristemente un día fui pecador. Pero Jesús, en su bondad, me dijo: "Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más" (Jn 8,11).
P.Fernando Pascual
lunes, 10 de junio de 2013
Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo
En la vida espiritual de los cristianos y en su acción apostólica y pastoral debe prevalecer la imagen de Dios Padre de misericordia tal como se nos ha revelado en Jesucristo su Hijo.
La aportación más decisiva de la misión de Jesús es que nos trae a Dios, Dios se revela así para nosotros como Dios del Hijo: "Padre de nuestro Señor Jesucristo"
Por eso la relación única y singular de Jesús con Dios cambió el lenguaje de los discípulos y su conocimiento de Dios. Jesús nos muestra la posibilidad de nuestra relación de hijos respecto a Dios Padre. San Pablo nos indica que podemos de verdad llamar Padre a Dios .
Unidos a Jesús y con la gracia del Espíritu Santo podemos sentirnos verdaderamente hijo de Dios que de algún modo participamos de la vida de Dios Padre.
La fe en el amor paterno de Dios nos lleva a una relación de confianza filial en Él y de entrega a su amor .
Un ejemplo elocuente: Santa Teresa de Lisieux , Doctora de la Iglesia. Poniendo toda su confianza en Dios decía: "Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares....En una palabra, ¡que el amor es eterno...! ¡Al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor!...En el corazón de la Iglesia, mi Madre yo seré el amor...Así lo seré todo..." (Santa Teresa del Niño Jesús, Obras completas, Burgos 1996, p. 261)
Elías Yanes (Arzobispo Emérito de Zaragoza)
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