Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
domingo, 23 de diciembre de 2012
viernes, 21 de diciembre de 2012
¡ALÉGRATE!
En el Evangelio vemos cómo los hechos que marcan el inicio de la vida de Jesús se caracterizan por la alegría.
Cuando el arcángel Gabriel anuncia a la Virgen María que será madre del Salvador, comienza con esta palabra: "¡Alégrate!" [...]
Aquí nos preguntamos: ¿Cómo podemos recibir y conservar este don de la alegría profunda, de la alegría espiritual?
Buscar la alegría en el Señor: la alegría es fruto de la fe, es reconocer cada día su presencia, su amistad: "El Señor está cerca"; es volver a poner nuestra confianza en Él, es crecer en su conocimiento y en su amor.
El "Año de la Fe", que iniciaremos dentro de pocos meses, nos ayudará y estimulará.
Queridos amigos, aprended a ver cómo actúa Dios en vuestras vidas, descubridlo oculto en el corazón de los acontecimientos de cada día.
Creed que Él es siempre fiel a la alianza que ha sellado con vosotros el día de vuestro Bautismo. Sabed que jamás os abandonará. Dirigid a menudo vuestra mirada hacia Él.Benedicto XVI, 27 de marzo de 2012.
TIEMPO DE ALIANZA
Tiempo de alianza
“El Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros” (Is 7, 14)-«No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. (Lc 1, 26-38). Súplica
“Llave de David, que abres las puertas del reino eterno, ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas”.
Consideración
Al hacer un pacto, suele
intercambiarse un documento y es necesario un testigo que garantice el
cumplimiento de lo acordado. Dios, por su cuenta, sin que nadie se lo pida, nos
entrega la señal más entrañable, una doncella encinta, para acreditar su opción
de acompañarnos siempre.
Por el misterio de Emmanuel se
confirma la voluntad divina de amar, proteger, acompañar a cada criatura dentro
de ella misma. Somos en verdad tabernáculos sagrados, tiendas del encuentro,
artesas remecidas de presencia divina, seres habitados.
En la hondura del ser, en el
hondón del alma, más íntimo que nuestra propia intimidad, en el corazón, todos
los seres humanos llevamos grabada la imagen de nuestra semejanza divina, que
nos acredita a los ojos de Dios como criaturas suyas.
Quienes son conscientes de la
opción de Dios de hacerse carne; quienes dan fe a la Palabra revelada, que
asegura el acompañamiento divino, han conocido el secreto de la fuerza
invencible, de la alegría constante, de la seguridad permanente. De ellos se
aleja el temor y el miedo, porque están seguros de la opción divina en su favor.
Todo se confirmó cuando María quedó
embarazada y se convirtió en señal del cumplimiento de todas las alianzas.
Ruego
No seas injusto contigo mismo. No
andes solitario, sin referencia a quien te ha hecho persona sagrada, habitada
por el misterio. Abre la llave de tu espacio interior, entra en la celda de tu
corazón, y aguarda en silencio, hasta escuchar claramente, aun sin palabras,
que eres amado.
III LUNES DE ADVIENTO
III Lunes de Adviento
Tiempo de profecía
“A ti, Judá, te alabarán tus hermanos, pondrás la mano sobre la cerviz de
tus enemigos, se postrarán ante ti los hijos de tu padre” (Gn 49, 8-10).
“Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús,
llamado Cristo” (Mt 1, 17)
Súplica
“Que florezca la justicia, y la paz abunde eternamente” (Sal 71)
Consideración
En un momento en que las noticias
domésticas y las lejanas atentan diariamente contra la esperanza, porque la
violencia, la pobreza, la falta de trabajo, y hasta el hambre, se imponen de
manera dramática, parece fuera de lugar que se eleve una voz positiva,
extasiada en contemplar un futuro amable, positivo, colmado de luz y de
belleza.
Es tiempo de interrumpir la
inercia de la visión negativa de la realidad para descubrir signos de
esperanza, gestos permanentes que iluminan el trayecto penoso, la travesía por
el desierto sin horizonte.
Los ojos abiertos del profeta
evocan los ojos abiertos del ciego que vuelve a ver y por la visión, rostro a
rostro, de Jesús de Nazaret, se dispone a seguirlo de cerca, para compartir la
suerte del Maestro.
Se nos anuncia un futuro
florecido, que es presente para el que cree, porque del cielo llueve la
justicia, la santidad, y de la tierra brota la salvación, alumbrada en el seno
de una mujer nazarena.
Atrévete a iluminar todo
acontecimiento con la noticia del nacimiento de Jesús, y por aciagos que sean
los días, siempre habrá una razón para bendecir a Dios.
Preguntas
¿Te atreverás a ser augurio de
bondad, verdad y belleza?
¿Te descubres anunciando y
comentando realidades positivas, o en la inercia social de la crítica violenta
y desesperanzada?
¿Qué haces o estás dispuesto a
hacer para que los que están junto a ti descubran lo positivo?
domingo, 16 de diciembre de 2012
Sufrimiento humano
En un mundo que busca todos los medios, lícitos e ilícitos, para eliminar cualquier forma de dolor, ¿cómo puede el sacerdote ser testigo del sentido cristiano del sufrimiento y cómo debe comportarse ante quienes sufren, sin resultar retórico o patético?
Benedicto XVI: ¿Qué hacer? Debemos reconocer que conviene tratar de hacer todo lo posible para mitigar los sufrimientos de la humanidad y para ayudar a las personas que sufren -son numerosas en el mundo- a llevar una vida buena y a librarse de los males que a menudo causamos nosotros mismos: el hambre, las epidemias, etc.
Pero, reconociendo este deber de trabajar contra los sufrimientos causados por nosotros mismos, al mismo tiempo debemos reconocer también y comprender que el sufrimiento es un elemento esencial para nuestra maduración humana.
Pienso en la parábola del Señor sobre el grano de trigo que cae en tierra y que sólo así, muriendo, puede dar fruto. Este caer en tierra y morir no sucede en un momento, es un proceso de toda la vida.
Preguntas de los seminaristas del Seminario Romano Mayor y las respuestas de Benedicto XVI el 28 de febrero de 2007.
sábado, 15 de diciembre de 2012
Adviento. Benedicto XVI, 2012
El Papa ha concluido hablando del tiempo litúrgico de Adviento que nos prepara para la Navidad.
“Como todos sabemos -ha dicho- la palabra `Adviento` significa `venida`, `presencia`, y antiguamente indicaba la llegada del rey o del emperador a una determinada provincia.
Para nosotros los cristianos, significa una realidad maravillosa y desconcertante. Dios mismo ha atravesado su cielo y se ha inclinado hacia el hombre; ha forjado una alianza con él, entrando en la historia de un pueblo.
Él es el rey que ha bajado a esta pobre provincia que es la tierra, y nos ha obsequiado con su visita asumiendo nuestra carne, haciéndose hombre como nosotros.
El Adviento nos invita a recorrer el camino de esta presencia y nos recuerda una y otra vez que Dios no se ha ido del mundo, que no está ausente, que no nos abandona; al contrario, nos sale al encuentro de diferentes maneras que tenemos que aprender a discernir.
Y también nosotros, con nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad, estamos llamados, día tras día, a entrever esta presencia y dar testimonio de ella en el mundo a menudo superficial y distraído, a hacer que brille en nuestras vidas la luz que ha iluminado la gruta de Belén”
viernes, 14 de diciembre de 2012
Señor, auméntanos la fe
| Señor auméntanos la fe Caminamos llenos de esperanza,pero a tientas en la noche . Vienes tú en el Adviento de la historia ,eres tú el Hijo del Altisimo.¡ Creo, Señor! Con los santos que caminan con nosotros, Señor,te pedimos:¡Auméntanos la fe! Caminamos fatigados y perdidos, sin el pan de cada día. Tú nos nutres con la luz de Navidad ,eres tú la estrella de la aurora. ¡Creo,Señor! Con María, la primera creyente, Señor,te rogamos:¡Auméntanos la fe! Caminamos esperando el fuego nuevo que se enciende en Pentecostés . Tú recreas la presencia de aquel soplo ,eres tú la Palabra del futuro . ¡Creo, Señor ! Con la iglesia que anuncia tu Evangelio , Señor , te imploramos : ¡Auméntanos la fe ! Caminamos cada dia que nos donas , con los hombres de este mundo . Tú nos guias por las sendas de la tierra ,eres tù la meta que anhelamos . ¡Creo, Señor ! Con el mundo donde el Reino está presente , Señor , te clamamos : AUMÉNTANOS LA FE ! |
Santa Lucía
Con el descubrimiento, hecho en 1894, de la inscripción sepulcral sobre el “loculus” o sepulcro de la santa en las catacumbas de Siracusa, desaparecieron todas las dudas sobre la historicidad de la joven mártir Lucía, cuya fama y devoción se deben en gran parte a su legendaria Pasión, posterior al siglo V. La inscripción se remonta a comienzos del siglo V, cien años después del glorioso testimonio que dio de Cristo la mártir de Siracusa.
Epígrafes, inscripciones y el mismo antiguo recuerdo litúrgico (se debe probablemente al Papa Gregorio Magno la introducción del nombre de Santa Lucía en el Canon de la Misa) demuestran la devoción desde antiguo, que se difundió muy pronto no sólo en Occidente, sino también en Oriente.
Epígrafes, inscripciones y el mismo antiguo recuerdo litúrgico (se debe probablemente al Papa Gregorio Magno la introducción del nombre de Santa Lucía en el Canon de la Misa) demuestran la devoción desde antiguo, que se difundió muy pronto no sólo en Occidente, sino también en Oriente.
Lucía pertenecía a una rica familia de Siracusa. La madre, Eutiquia, cuando quedó viuda, quería hacer casar a la hija con un joven paisano. Lucía, que había hecho voto de virginidad por amor a Cristo, obtuvo que se aplazara la boda, entre otras cosas porque la madre se enfermó gravemente. Devota de Santa Águeda, la mártir de Catania, que había vivido medio siglo antes, quiso llevar a la madre enferma a la tumba de la santa. De esta peregrinación la madre regresó completamente curada y por eso le permitió a la hija que siguiera el camino que deseaba, permitiéndole dar a los pobres de la ciudad su rica dote.
El novio rechazado se vengó acusando a Lucía ante el procónsul Pascasio por ser ella cristiana. Amenazada de ser llevada a un prostíbulo para que saliera contaminada, Lucía le dio una sabia respuesta al procónsul: “El cuerpo queda contaminado solamente si el alma es consciente”.
El procónsul quiso pasar de las amenazas a los hechos, pero el cuerpo de Lucía se puso tan pesado que más de diez hombres no lograron moverla ni un palmo. Un golpe de espada hirió a Lucía, pero aun con la garganta cortada la joven siguió exhortando a los fieles para que antepusieran los deberes para con Dios a los de las criaturas, hasta cuando los compañeros de fe, que estaban a su alrededor, sellaron su conmovedor testimonio con la palabra Amén.
¿Quieres saber más? Consulta ewtn
martes, 11 de diciembre de 2012
El Papa: Juan Bautista enseña a vivir la Navidad como fiesta del Hijo de Dios
VATICANO, 09 Dic. 12 / 07:42 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, el Papa Benedicto XVI afirmó que en medio de la sociedad consumista, San Juan Bautista nos enseña a vivir la Navidad como la fiesta del Hijo de Dios.
El Santo Padre señaló que “en la sociedad de consumo, en la que se está tentado de buscar la felicidad en la cosas, el Bautista nos enseña a vivir de manera esencial, para que la Navidad sea vivida no solo como una fiesta exterior, sino como la fiesta del Hijo de Dios que ha venido a traer a los hombres la paz, la vida y la verdadera felicidad”.
El Papa indicó que durante “el Tiempo de Adviento la liturgia pone en relieve, de manera particular, dos figuras que preparan la venida del Mesías: la Virgen María y Juan Bautista. Hoy san Lucas nos presenta a este ultimo, y lo hace con características diversas de los otros Evangelistas”.
Citando a su reciente libro, “La Infancia de Jesús”, Benedicto XVI recordó que “‘todos los cuatro Evangelios colocan al inicio de la actividad de Jesús la figura de Juan Bautista y lo presentan como su precursor. San Lucas ha llevado hacia atrás la conexión entre las dos figuras y sus respectivas misiones. Ya en la concepción y en el nacimiento, Jesús y Juan son colocados en relación entre ellos’”.
El Papa explicó que “esta impostación ayuda a comprender que Juan, en cuanto hijo de Zacarías e Isabel, ambos de familias sacerdotales, no solo es el ultimo de los profetas, sino que representa también al entero sacerdocio de la Antigua Alianza y por lo tanto prepara a los hombres al culto espiritual de la Nueva Alianza, inaugurado por Jesús”.
Además, el evangelista Lucas “deshace toda lectura mítica que a menudo se hace de los Evangelios y coloca históricamente la vida del Bautista: ‘En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, mientras Poncio Pilato era gobernador … bajo los sumos sacerdotes Anás y Caifás’”.
“Al interior de este cuadro histórico se coloca el verdadero gran acontecimiento, el nacimiento de Cristo, que los contemporáneos ni siquiera notarán. Para Dios los grandes de la historia ¡hacen de marco a los pequeños!”, exclamó el Papa.
Benedicto XVI recordó que “Juan Bautista se define como la ‘voz de uno que grita en el desierto: Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos’. La voz proclama la palabra, pero en este caso la Palabra de Dios precede, en cuanto es ella misma a bajar sobre Juan, hijo de Zacarías, que estaba en el desierto”.
“Él por tanto tiene un gran rol, pero siempre en función de Cristo”, indicó.
San Agustín, recordó el Santo Padre, dijo que “Juan es la voz. Del Señor en cambio se dice: ‘Al principio existía la Palabra’. Juan es la voz que pasa, Cristo es el Verbo eterno que era en un principio. Si a la voz se quita la palabra, ¿que cosa queda? Un sonido vago. La voz sin palabra resuena en el oído, pero no edifica el corazón”.
El Papa señaló que “a nosotros hoy espera la tarea de dar escucha a aquella voz para conceder espacio y acogida a Jesús en el corazón, Palabra que nos salva”.
“En este Tiempo de Adviento, preparémonos a ver, con los ojos de la fe, en la humilde Gruta de Belén, la salvación de Dios.
Al concluir sus palabras, el Papa Benedicto XVI confió a la intercesión de la Virgen María “nuestro camino al encuentro del Señor que viene, para estar listos a acoger, en el corazón y en toda la vida, al Emanuel, el Dios-con-nosotros”.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Navidad. Una invitación de.....Jesús
Llega la Navidad. Para algunos, un tiempo de descanso. Para otros, momentos de inquietud: salen a la luz tensiones y problemas que uno, a veces, puede ocultar gracias al trabajo. Para los cristianos, un momento de fiesta: ¡nace el Salvador!
Para Dios, ¿qué es la Navidad? Dios no tiene tiempo, lo sabemos. Pero entró en el tiempo. Jesús sigue siendo Hombre en el cielo: cada Navidad "recuerda" que es su "cumpleaños".
Ese día (lo hace todos los días, pero también en Navidad) mirará al mundo con cariño inmenso. Buscará, como hace más de 2000 años, a la oveja perdida. Pensará en su pueblo, en su raza, en quienes viven en Tierra Santa entre odios tristes, angustias profundas, lágrimas por los fallecidos y los ausentes.
Mirará el corazón de cada hombre, de cada mujer, para mendigar algo de cariño. Más aún, para ofrecer su Amor, para derramar bálsamos de ternura, para vendar heridas profundas, para animar buenos deseos que no acaban de hacerse realidad.
Me mirará también a mí, con mi historia, con mis penas, con mis esperanzas, con mis angustias, con mi generosidad. Querrá decirme que sintió frío porque quería calentar mi corazón egoísta, que pasó sed porque venía a darme agua viva, que conocerá el hambre porque se convertirá en el Pan que se inmola por el mundo.
Entre las postales o los mensajes que me lleguen durante estos días, el más importante viene del Corazón de Cristo. Me invita a abrir el Evangelio, a descubrir que los pobres son llamados al banquete, a recordar que el pecador no es condenado, a vivir en la alegría profunda del perdón divino. Me buscará, aunque tenga que pasar entre abrojos, para tomarme sobre sus hombros, para llevarme nuevamente a casa, para sentarme en un banquete eterno.
Llega la Navidad. La invitación de Dios descansa sobre mi mesa de trabajo o en lo más profundo de mi espíritu hambriento de esperanzas. Es una invitación sencilla y perfumada, amable y sugestiva, bondadosa y humilde. Como todo lo que viene de Dios, que abraza a los que se hacen como niños, a los que viven con la sencillez propia de quienes se sienten muy amados.
P. Fernando Pascual
sábado, 8 de diciembre de 2012
DEDICADO A LA INMACULADA CONCEPCIÓN
Hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María, el dogma que declara que por una gracia singular de Dios, María fue preservada de todo pecado, desde su concepción.
Este dogma fue proclamado por el Papa Pío en la bula Ineffabilis Deus (1854): “...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles...”
Que María Santísima los cubra a todos con su manto... cuidándoles y protegiéndoles... y sobre todo, guiándoles por el camino de la humildad y de la virtud... camino que conduce a los brazos de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo... DLB!
De: Tengo sed de Ti
viernes, 7 de diciembre de 2012
El hombre está vivo cuando espera, por Benedicto XVI
En el Adviento, la Iglesia inicia un nuevo Año Litúrgico, un nuevo camino de fe que, por una parte, hace memoria del acontecimiento de Jesucristo, y por otra, se abre a su cumplimiento final. Es precisamente desde esta doble perspectiva de donde vive el Tiempo de Adviento, mirando tanto a la primera venida del Hijo de Dios, cuando nació de la Virgen María, como a su vuelta gloriosa, cuando vendrá a "juzgar a vivos y muertos", como decimos en el Credo.
Sobre este sugestivo tema de la "espera" quisiera ahora detenerme brevemente, porque se trata de un aspecto profundamente humano, en el que la fe se convierte, por así decirlo, en un todo con nuestra carne y nuestro corazón.
La espera, el esperar es una dimensión que atraviesa toda nuestra existencia personal, familiar y social. La espera está presente en mil situaciones, desde las más pequeñas y banales hasta las más importantes, que nos implican totalmente y en lo profundo. Pensemos, entre estas, en la espera de un hijo por parte de dos esposos; a la de un pariente o de un amigo que viene a visitarnos de lejos; pensemos, para un joven, en la espera del éxito en un examen decisivo, o de una entrevista de trabajo; en las relaciones afectivas, en la espera del encuentro con la persona amada, de la respuesta a una carta, o de la acogida de un perdón...
Se podría decir que el hombre está vivo mientras espera, mientras en su corazón está viva la esperanza. Y al hombre se le reconoce por sus esperas: nuestra “estatura” moral y espiritual se puede medir por lo que esperamos, por aquello en lo que esperamos.
Cada uno de nosotros, por tanto, especialmente en este Tiempo que nos prepara a la Navidad, puede preguntarse: yo, ¿qué espero? ¿A qué, en este momento de mi vida, está dirigido mi corazón? Y esta misma pregunta se puede plantear a nivel de familia, de comunidad, de nación. ¿Qué es lo que esperamos, juntos? ¿Qué une nuestras aspiraciones, qué las acomuna?
En el tiempo precedente al nacimiento de Jesús, era fortísima en Israel la espera del Mesías, es decir, de un Consagrado, descendiente del rey David, que habría finalmente liberado al pueblo de toda esclavitud moral y política e instaurado el Reino de Dios. Pero nadie habría nunca imaginado que el Mesías pudiese nacer de una joven humilde como era María, prometida del justo José. Ni siquiera ella lo habría esperado nunca, pero en su corazón la espera del Salvador era tan grande, su fe y su esperanza eran tan ardientes, que Él pudo encontrar en ella una madre digna. Del resto, Dios mismo la había preparado, antes de los siglos.
Hay una misteriosa correspondencia entre la espera de Dios y la de María, la criatura "llena de gracia", totalmente transparente al designio de amor del Altísimo. Aprendamos de Ella, Mujer del Adviento, a gestionar los gestos cotidianos con un espíritu nuevo, con el sentimiento de una espera profunda, que solo la venida de Dios puede colmar.
Palabras del Papa Benedicto XVI pronunciadas el domingo a mediodía, durante el rezo del Ángelus, el domingo 28 de noviembre de 2010 en la Plaza de San Pedro.
Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
jueves, 6 de diciembre de 2012
CREEMOS EN DIOS
En nuestra generación parece que el hombre se ha olvidado de Dios, pero sin embargo, el hombre tiene un deseo inmenso de Dios, y lo demuestra en las distintas manifestaciones de su vida diaria. En la búsqueda continua de algo nuevo, ya que lo que tiene y con lo que se divierte no le llega a satisfacer del todo. En el vacío que nota en su vida, en ese continuo querer aparentar esa felicidad y esa alegría que no le llena por dentro.
Dios nos ha creado por Él y para Él, nos ama con todas sus fuerzas y espera lo mismo de nosotros. Tener fe plena en Dios es abandonarnos totalmente en su amor, aceptar todas nuestras alegrías y nuestras preocupaciones, tener plena confianza en que Él vela por nosotros.
Pero, ¿nosotros tenemos verdadera fe?, ¿nos abandonamos totalmente al amor de Dios?.
Muchos de nosotros tenemos una gran necesidad de dios en nuestra vida, verdaderamente amamos a Dios y es del todo cierto que sabemos que nos ama, a cada uno de nosotros personalmente.
Pero, en los momentos difíciles de nuestra existencia, ¿tenemos la misma confianza en Dios?,¿recurrimos a Él para que nos ayude?, ¿o procuramos salir del problema sólo con nuestras propias fuerzas? ¿tenemos la misma sensación de su proximidad o lo notamos lejos y oculto?
Si nos ocurre esto último, quizás no tenemos toda la fe que deberíamos en el amor de Dios, porque no nos abandonamos a Él. Deberíamos dedicar más rato a la oración, a la lectura y meditación de la Palabra de Dios. O dedicar un rato al día a estar simplemente con Él.
Y si el momento es tan duro que se oscurece todo, tenemos que tener la seguridad de que Él está a nuestro lado y quizás con ese problema que estamos teniendo nos quiere comunicar algo y debemos estar más atentos que nunca a lo que sucede a nuestro alrededor.
Y tampoco debemos olvidarnos de nuestros hermanos en la fe, debemos amarlos, pero de verdad, no sólo con palabras sino también con obras, estar siempre disponibles, rezar por ellos, preocuparnos de sus problemas y acudir a ellos cuando vemos que necesitan ayuda.
Y También "saber" recurrir a ellos cuando somos nosotros los que necesitamos su amor.
Todos estamos unidos en nuestro amor a Dios, juntos ofrecemos al Señor nuestras ofrendas en la Eucaristía y juntos estamos caminando en la senda del Señor.
Señor, ayúdanos en este caminar hacia Ti.
H. de Carmen.
martes, 4 de diciembre de 2012
De Bach y Berlioz a Ratzinger
Javier nos ha mandado un artículo muy interesante de Olegario González de Cardedal, teólogo. :
"En los últimos decenios, cuando han tenido lugar coloquios sobre el cristianismo entre filósofos o científicos por un lado y teólogos por otro; aquellos siempre querían tener como dialogante a Ratzinger, no a otros teólogos más liberales o exponentes de la última moda teológica. Sabían que con él tenían delante a alguien que tomaba en serio los artículos duros del Credo cristiano.
En el cristianismo hay tres o cuatro afirmaciones en las cuales consiste y sin las cuales perece. Estas tienen que ser presentadas a los no cristianos con delicadeza pero sin rebozo. Sería una traición ofrecerles solo aquellos aspectos de la vida cristiana que les pueden agradar. No se trata de proponer solo el hecho aislado de la cruz, que entonces sería insoportable; pero tampoco de guardar silencio sobre ella y sobre aquellos artículos del Credo que chocan con la mentalidad dominante.
Si es verdad que la religión es una vocal y la historia es una consonante, y uniendo las dos se forman las sílabas, podríamos decir que uniendo los hechos y experiencias originarias en torno a Jesús con la experiencia y esperanza de cada generación tendríamos la consonancia sintáctica que es la fe cristiana. Consonancia de testimonio y de razón, de inteligencia y de libertad, de amor y de esperanza.
Benedicto XVI acaba de publicar La infancia de Jesús, último volumen de su trilogía sobre Jesucristo. T. S. Eliot comienza y cierra el segundo de sus Cuatrocuartetos con esta afirmación que ya encontramos en los presocráticos y en el Nuevo Testamento: «En mi comienzo está mi fin. En mi fin está mi comienzo». Ratzinger cerraba el tomo segundo de su obra hablando del fin: la resurrección. Los evangelistas han descrito el inicio (infancia) de Jesús desde su final (resurrección). Cuando tuvieron la experiencia de que aquel, a quien los hombres habían crucificado, Dios lo había resucitado, les fue inevitable preguntarse por el sentido de todo lo que habían vivido con Jesús y sobre todo a pensar quién era y desde dónde venía para que Dios hubiera actuado así con él. Y comienza un proceso de relectura de lo vivido, hasta llegar al mismo nacimiento de Jesús. Una convicción anima todo el proceso: la unidad personal del sujeto. Dios no ha incrustado su acción de buenas a primeras en alguien sin cualificación para tal misión y sin una relación especial con él. El que ha resucitado es el mismo que ha muerto en la cruz, el que ha predicado el Reino, el que ha nacido en Belén. Y concluyen: este a quien Dios ha resucitado es su Hijo. Y el que nace en Belén es ese mismo Hijo encarnado.
Los Evangelios nacen de tres fuentes, sin las cuales no son inteligibles: la memoria viva de las palabras y de los hechos de Jesús, la experiencia de la iglesia que nace y crece, la relectura del Antiguo Testamento hecha desde la convicción de que en cuanto anuncio anticipado del Mesías prometido por Dios se había cumplido en Cristo.
No son biografías en el sentido científico moderno del término. Presuponen los hechos relatados, ya que aún perduran testigos que pueden acreditar o desacreditar lo que los evangelistas y Pablo narran. Escriben no desde la sospecha sino desde la confianza, con la alegría de saber que llevan entre sus manos vasijas de barro, un tesoro que ofrecen a los demás. Estos tres elementos tienen que ser tenidos en cuenta a la hora de leer los Evangelios y a la hora de utilizarlos como fuente para el conocimiento de Jesús. Con estos criterios escribe Ratzinger su libro. Pero, ¿es serio dedicar un libro a estudiar la infancia de Jesús? ¿No es la infancia un mero tránsito hacia la juventud y madurez? ¿Tiene sentido hablar de la infancia del Hijo eterno de Dios compartiendo nuestra encarnadura en el seno de una mujer, nuestro nacimiento y nuestros primeros pasos? ¿Son los relatos de Navidad algo más que « cuentos de navidad » ? Los Dickens como literatos y los Schleiermacher como filósofos, ¿no los han desmitificado para siempre? Reducirlos a mito o mera poesía es la eterna tentación del hombre ante la condescendencia divina. Han suscitado tanta poesía y tanta música porque son mucho más que eso. No nos atrevemos a creer que Dios, siendo bueno de verdad, quiera compartir destino con nosotros, que sea Enmanuel. El Dios cristiano no es simplemente el dios de los deístas, motor inmóvil o relojero que de una vez para siempre dio cuerda al mundo. Lo que afirman los Evangelios y repite Ratzinger es que Dios se ha insertado en un mundo que es su creación y actúa por medio de ella, colaborando con el hombre y siendo hombre.
La dignidad de la naturaleza no se consuma enfrentándose a Dios su creador desde una hipotética autonomía sino sirviéndole para llevar a cabo su designio salvífico. Y este es el sentido del milagro. Dios se inserta en el mundo para ayudar al hombre. Así se entiende la encarnación como nueva creación del Espíritu, haciendo surgir la humanidad de Jesús en el seno de María, lo mismo que en el Génesis vemos surgir todo desde la nada por la fuerza del Espíritu. Así se entiende también la resurrección como anticipación al corazón de la historia de la recreación gloriosa del final. Concepción virginal, encarnación y resurrección consuman así el milagro originario que es la creación: Dios dándose en su amor y libertad creadora hasta el extremo de la carne.
Atreverse a hablar absolutamente en serio de la infancia de Jesús es atreverse a hablar absolutamente en serio de Dios hecho hombre, del hombre niño en su desvalimiento y de la nueva forma de ser persona desde esa nueva creación en Cristo. No nacieron de la ingenuidad el Oratorio de Navidad de Bach (1723), las Veintemiradas al niño Jesús de Messiaen (1944), ni la Infancia de Jesús de Berlioz (1854). A éste debemos los españoles especial agradecimiento. Oyéndole vivió lo que llama «El hecho extraordinario» —su conversión— el filósofo García Morente, alma de la Facultad de Filosofía en la nueva Ciudad Universitaria (Madrid). Él escribe: «Oía un trozo de Berlioz titulado “La infancia de Jesús”. Tuvo un efecto fulminante en mi alma. Ese es Dios, ese es el verdadero Dios, Dios vivo; esa es la Providencia viva —me dije a mí mismo—. Ese es Dios que entiende a los hombres, que vive con los hombres, que sufre con ellos, que los da aliento y los trae la salvación».
Olegario González de Cardedal, teólogo".
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