lunes, 23 de octubre de 2017

Vaticano publica nueva edición del Catecismo de la Iglesia Católica


La Santa Sede publicó una nueva edición del Catecismo de la Iglesia Católica con una breve presentación del Papa Francisco y un comentario teológico-pastoral elaborado por monseñor Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.
Esta nueva edición, con motivo del 25° aniversario de su primera publicación en el año 1992, no contiene ninguna modificación respecto a la edición anterior.
En la presentación, el Santo Padre afirma que «el Catecismo de la Iglesia Católica se presenta como un camino que, a lo largo de cuatro etapas, permite acoger la dinámica de la fe».
Estas cuatro etapas son «el deseo de cada hombre que lleva con él anhelo hacia Dios», «la vida de gracia expresada de forma particular en los siete sacramentos», «el estilo de vida del creyente como una vocación que se vive según el Espíritu», y «la oración como expresión de un encuentro donde el hombre y Dios se miran, hablan y se escuchan».
Ese recorrido es necesario «para comprender en plenitud la identidad del creyente como discípulo misionero de Jesucristo».
Esta nueva edición del Catecismo de la Iglesia Católica contiene además un comentario teológico-pastoral elaborado por monseñor Fisichella, «de gran ayuda para profundizar más en la comprensión del misterio de la fe», explica Francisco.
De esta manera, el Catecismo se convierte en «un instrumento por medio del cual promover y sostener la iglesia particular en todo el mundo en el empeño de evangelización como instrumento eficaz para la formación, sobre todo de sacerdotes y catequistas».
En el comentario de monseñor Fisichella se señala la importancia del Catecismo de la Iglesia Católica en la formación de los cristianos y en su crecimiento en la fe.
«Para que la evangelización pueda ser fecunda, se pide a cada bautizado que crezca en la escucha de la Palabra de Dios, que celebre los sacros misterios, que viva en la senda del Señor y que haga de la oración su pan de cada día. El Catecismo de la Iglesia Católica es un instrumento que ayuda a entrar progresivamente en ese empeño de vida».
Además, el Catecismo «también es un instrumento necesario para la nueva evangelización en cuanto permite evidenciar la unidad que interviene entre el acto con el cual se cree en los contenidos de la fe».
En este sentido, «puede ayudar a la nueva evangelización a superar una dificultad presente en varias iglesias que con frecuencia limitan la catequesis a la sola preparación de los sacramentos».
«Si la catequesis se dirige únicamente a la recepción de los sacramentos, parece evidente que terminado el recorrido de la iniciación cristiana, la formación sucesiva corre el riesgo de terminar a la deriva. Es el momento de retomar con convicción la posibilidad de una formación constante, dirigida a todos los creyentes».
ACI

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (12,13-21)





Los jóvenes son particularmente sensibles al vacío de significado y de valores que a menudo les rodea. Y lamentablemente pagan las consecuencias. 

En cambio, el encuentro con Jesús vivo, en su gran familia que es la Iglesia, colma el corazón de alegría, porque lo llena de vida auténtica, de un bien profundo, que no pasa y no se marchita... Pero esta experiencia debe afrontar la vanidad cotidiana, el veneno del vacío que se insinúa en nuestras sociedades basadas en la ganancia y en el tener, que engañan a los jóvenes con el consumismo. 

El Evangelio de hoy nos alerta precisamente del absurdo de fundar la propia felicidad en el tener. El rico dice a sí mismo: Alma mía, tienes a disposición muchos bienes... descansa, come, bebe y diviértete. Pero Dios le dice: Necio, esta noche te van a reclamar la vida. Y lo que has acumulado, ¿de quién será? (cf. Lc 12, 19-20). 

Queridos hermanos y hermanas, la verdadera riqueza es el amor de Dios compartido con los hermanos. Ese amor que viene de Dios y que hace que lo compartamos entre nosotros y nos ayudemos. Quien experimenta esto no teme la muerte, y recibe la paz del corazón. 

Confiemos esta intención, la intención de recibir el amor de Dios y compartirlo con los hermanos, a la intercesión de la Virgen María.

(Ángelus del 4 de agosto de 2013)

EVANGELIO DE HOY: LA VIDA NO DEPENDE DE LAS RIQUEZAS






Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,13-21):

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.»

Él le contestó: «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»

Y dijo a la gente: «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»

Y les propuso una parábola: «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha." Y se dijo: "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida." 

Pero Dios le dijo: "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?" Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios.»

Palabra del Señor

Ángelus del Papa: Jesús nos recuerda aún hoy que pertenecemos a Dios, sin huir de la realidad

«El Evangelio de este domingo (Mt 22,15-21) nos presenta un nuevo careo entre Jesús y sus opositores. El tema afrontado es el del impuesto a César: una cuestión espinosa sobre lo lícito o no de pagar el impuesto al emperador de Roma, al cual  estaba sometida Palestina en el tiempo de Jesús. Las posiciones eran distintas. Por lo tanto, la pregunta dirigida por los fariseos: ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? (v17) es una trampa para el Maestro. En efecto, se le iba a acusar, según cómo respondiera, si estaba a favor o en contra de Roma.
Pero Jesús, también en este caso, responde con calma y aprovecha la pregunta maliciosa para dar una enseñanza importante, elevándose por encima de la polémica y de los bandos opuestos. Les dice a los fariseos: «Muéstrenme la moneda con que pagan el impuesto». Ellos le presentan un denario y Jesús, observando la moneda, pregunta: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Le respondieron: «Del César». Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». (cfr 19-21).
Por una parte, instando a restituir al emperador lo que le pertenece, Jesús declara que pagar el impuesto no es un acto de idolatría, sino un acto debido a la autoridad terrena; por otra – y aquí Jesús da un ‘golpe de ala’ - recordando la primacía de Dios, pide darle lo que le corresponde en cuanto Señor de la vida del hombre y de la historia.
La referencia a la imagen de César, grabada en la moneda dice que es justo sentirse  ciudadanos de pleno derecho del Estado; pero simbólicamente hace pensar en la otra imagen que está grabada en cada hombre: la imagen de Dios. Él es el Señor de todo y nosotros, que hemos sido creados ‘a su imagen’ le pertenecemos ante todo a Él. Jesús extrae, de la pregunta planteada por los fariseos, un interrogativo más radical y vital para cada uno de nosotros, un interrogativo que podemos plantearnos: ¿a quién pertenezco? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, es cierto. Pero ante todo – nos recuerda Jesús – tú perteneces a Dios. Ésta es la pertenencia fundamental. Es Él el que te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día tras día, podemos y debemos vivirla en el re-conocimiento de esta nuestra pertenencia fundamental y en el re-conocimiento del corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros singularmente, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio estupendo.
El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades humanas y sociales sin contraponer a ‘Dios’ y a ‘César’: contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenas, pero iluminando las realidades terrenas con la luz que viene de Dios. La consagración prioritaria a Dios y la esperanza en Él no conllevan una fuga de la realidad, sino aún más un restituir operosamente a Dios lo que le pertenece. Es por ello que el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrena en plenitud y responder con valentía a sus desafíos.
Que la Virgen María nos ayude a vivir siempre en conformidad con la imagen de Dios que llevamos en nosotros, dando también nuestra contribución a la construcción de la ciudad terrena»
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)
(from Vatican Radio)

Carta del Papa para convocar el mes misionero extraordinario de octubre de 2019

El Papa Francisco -  con una Carta al Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Card. Filoni, acogiendo la propuesta de este Dicasterio - convocó un mes misionero extraordinario en octubre de 2019,  año en que se cumple el centenario de la promulgación de la Carta apostólica Maximum illud, con la que Benedicto XV quiso dar un nuevo impulso al compromiso misionero de anunciar el Evangelio.
Respondiendo a «la perenne invitación de Jesús: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda criatura» (Mc 16,15). Cumplir con este mandato del Señor no es algo secundario para la Iglesia; es una «tarea ineludible», como recordó el Concilio Vaticano II», recuerda el Papa Francisco, que destaca asimismo que convoca este mes misionero extraordinario «con el fin de despertar aún más la conciencia misionera de la missio ad gentes y de retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral».
El Obispo de Roma añade que nos podremos disponer para ello, también durante el mes misionero de octubre de 2018, «para que todos los fieles lleven en su corazón el anuncio del Evangelio y la conversión misionera y evangelizadora de las propias comunidades; para que crezca el amor por la misión, que ‘es una pasión por Jesús, pero, al mismo tiempo, una pasión por su pueblo’»
La Carta pontificia recuerda que «corría el año 1919 cuando el Papa, tras un tremendo conflicto mundial que él mismo definió como una «matanza inútil», comprendió la necesidad de dar una impronta evangélica a la misión en el mundo, para purificarla de cualquier adherencia colonial y apartarla de aquellas miras nacionalistas y expansionistas que causaron tantos desastres».
El Papa Francisco escribe que desea proponer de nuevo la exhortación de San Juan Pablo II «a la Iglesia a un “renovado compromiso misionero”, convencido de que la misión “renueva la Iglesia, refuerza la fe y la identidad cristiana, da nuevo entusiasmo y nuevas motivaciones. ¡La fe se fortalece dándola! La nueva evangelización de los pueblos cristianos hallará inspiración y apoyo en el compromiso por la misión universal”»
El Santo Padre encomienda la preparación del evento a la  Congregación para la Evangelización y a las Pontificias Obras Misioneras y fecha su Carta al Card. Filoni, el 22 de octubre de 2017, Domingo XXIX del tiempo ordinario, Memoria de San Juan Pablo II, Jornada Misionera Mundial. 
(CdM)

(from Vatican Radio)

domingo, 22 de octubre de 2017

Santa Marta: “Jesús siempre nos pide que seamos verdaderos”


“Cuando rezas, hazlo a escondidas; cuando ayunas, allí sí, un poco maquillado, para que nadie vea en el rostro la debilidad del ayuno; y cuando das la limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, hazlo en lo secreto”.
A partir del Evangelio de San Lucas, propuesto por la liturgia del día, el Papa ha reflexionado en la Misa celebrada en Santa Marta: Jesús nos hace comprender “otro modo de logar la justificación”, proponiéndonos la imagen de “aquellos que se creen justos según las apariencias”.
“La verdad siempre ante Dios, siempre. Y esta verdad ante Dios es la que deja espacio para que el Señor nos perdone”, ha explicado el Papa.
Son los hipócritas –explicó Francisco– “dentro de ellos está todo sucio”, hay “basura”, pero externamente quieren “aparecer” justos y buenos, haciéndose ver cuando ayunan, rezan o dan la limosna. Pero dentro de su corazón no hay nada, “no hay sustancia”, la suya “es una vida hipócrita”, su verdad “es nula”.
“Jesús siempre nos pide que seamos verdaderos, pero verdaderos dentro del corazón y que si algo aparece que aparezca esta verdad, lo que hay dentro del corazón”.
Así, el Papa aconsejó: Cuando rezas, hazlo a escondidas; cuando ayunas, allí sí, un poco maquillado, para que nadie vea en el rostro la debilidad del ayuno; y cuando das la limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha, hazlo en lo secreto”.
“Jesús nos pide coherencia de vida, coherencia entre lo que hacemos y lo que vivimos dentro. La falsedad hace mucho mal, la hipocresía hace tanto mal, es un modo de vivir. En el Salmo hemos pedido la gracia de decir la verdad ante el Señor. Es hermoso lo que hemos pedido: ‘Señor, te he dado a conocer mi pecado, no lo he escondido, no he cubierto mi culpa, no he maquillado mi alma’. He dicho: ‘Confesaré al Señor mis iniquidades’, y tú has quitado mi culpa y mi pecado’, ha explicado el Papa.
También el Papa se ha detenido en la homilía en la Carta de San Pablo a los Romanos, en la que el Apóstol exhorta a adherir a Dios con un acto de fe, explicando en qué consiste el “verdadero perdón de Dios”.
“Nuestras obras son la respuesta al amor gratuito de Dios, que nos ha justificado y que nos perdona siempre. Y nuestra santidad es, precisamente, recibir siempre este perdón –ha aclarado el Papa– por eso termina citando el Salmo que hemos rezado”: “Bienaventurados aquellos cuyas iniquidades han sido perdonadas y los pecados han sido recubiertos. Bienaventurado el hombre de quien el Señor no tiene en cuenta su pecado”.
“Es el Señor, Él es el que nos ha perdonado el pecado original y el que nos perdona cada vez que vamos a Él”, declaró el Papa. Nosotros no podemos perdonar –afirmó– nuestros pecados con nuestras obras. “Sólo Él perdona. Nosotros podemos responder con nuestras obras a este perdón”, ha anunciado Francisco.

22 de octubre: san Juan Pablo II


Juan Pablo II y el misterio del sufrimiento humano
Unos meses antes de su muerte, Joaquín Navarro-Valls recordaba en una conferencia en Madrid cómo le impresionó el modo en que Juan Pablo II vivió la enfermedad. Estos son algunos extractos:
Desde joven, Karol Wojtyla fue atraído por el problema del misterio del dolor. En una carta a su amigo Miesczylaw Ktlarzyk, cuando tenía 19 años, escribía: «Es en el sufrimiento en donde se funda el mensaje de Cristo, comenzando por la Cruz y hasta el más pequeño tormento humano». A tan temprana edad, ya había perdido su madre -cuando tenía 9 años- y a su hermano. Todo esto, además, en una Polonia invadida por los nazis. Recuerdo que, hablando con él del día de su ordenación sacerdotal en 1946, ya bajo la ocupación soviética, le pregunté quién le acompañaba en aquella ocasión: «A aquella edad -me respondió- había ya perdido todas las personas a quienes habría podido amar».
Como espíritu objetivo que era, Wojtyla entendía que en el ser humano el sufrimiento es, sencillamente, inevitable. Por eso, siempre tuvo la convicción de que el «mundo del sufrimiento» -del cansancio, del hambre, de los deseos que no se realizan- y el «sufrimiento del mundo» -de la guerra, de la pérdida de la libertad, de los desastres naturales- son un único misterio que sólo recibe significado a la luz del sufrimiento de Cristo.
Recuerdo un día en el que, en Castelgandolfo, Juan Pablo II fue visitado por un especialista que lo sometió a una meticulosa exploración neurológica. Al final, el médico preguntó al Papa: «¿Cómo vive usted, Santo Padre, esta situación?» La pregunta era claramente de carácter médico. La respuesta del Papa fue: «Yo me pregunto qué quiere decirme Dios con esto».
También conservo un recuerdo indeleble de un viaje en Colombia durante el cual, el Papa quiso visitar Armero, una ciudad de 25.000 habitantes sepultada por el fango. Llegamos a aquella costra de tierra ya endurecida, de la que asomaba solamente la cima del campanario de una iglesia. Juan Pablo II permaneció arrodillado largo tiempo. A la vuelta del viaje le pregunté qué pensaba en aquellos momentos. Y él, como hablando consigo mismo, respondió: «El hombre aplastado… Pero el hombre no puede ser aplastado nunca porque Dios ha sido aplastado en Cristo. Esto es difícil de entender: Dios aplastado… Ni siquiera Pedro lo entendía…» Me pareció que, en esas palabras se reflejaba su profunda convicción de que en Cristo encuentra sentido toda tragedia humana. Convicción que era el fundamento de su íntimo, razonado y absoluto optimismo; un optimismo no sólo temperamental, sino reflejo de una esperanza profunda.
Siempre al lado de los enfermos
Desde el inicio de su pontificado, Juan Pablo II dio la indicación de que en todos sus ceremonias públicas las primeras filas estuvieran siempre dedicadas a los enfermos. Antes de las audiencias, los saludaba, acariciaba, escuchaba. En una de esas ocasiones, alguien le hizo notar, discretamente, el retardo que se estaba acumulando. Su respuesta fue inmediata: «Con quien sufre no se debe tener nunca prisa». Así, nos enseñó la actitud adecuada para destruir la soledad que amenaza siempre a quien sufre.
Al final de su vida, la dimensión física del dolor le acompañó durante años. Diría que, desde entonces, comenzó a escribir la encíclica más bella de todo su largo pontificado porque no la estaba escribiendo con palabras, sino con su propia vida. Y lo que nos decía, aún sin poderlo a veces manifestar, era que la enfermedad no solo no lleva a la desesperación, sino que se presenta como una simplificación excepcional, una destilación saludable de lo que es realmente humano. Para él, «la alegría proviene del descubrimiento del sentido del dolor». Y no faltaban, en su persona, las manifestaciones de simpatía y buen humor que son la consecuencia de una alegría estable y sólida. Una vez, un visitante en los años en los que el Parkinson estaba ya avanzado, le manifestó su impresión sobre lo bien que lo encontraba. Juan Pablo II, esbozando una sonrisa, le respondió: «Pero, ¿usted cree que no veo en televisión la pinta que tengo…?” Cuando se está convencido de esto, como él lo estaba, dos actitudes humanas -buen humor y aceptación de la aflicción- no solamente están unidas sino que, al final, una es la base y la razón de la otra.
La última vez que lo vi fuera del lecho en donde se consumó su existencia, era en una silla de ruedas empujada por una religiosa en su apartamento. La distancia era corta: los escasos diez metros que discurrían entre su habitación y la capilla de su apartamento. Era allí, junto al tabernáculo, donde pasaba su tiempo aquellos días. Era el lugar donde, del sufrimiento, se podía entender todo. Porque era allí donde la aceptación más plena hacía, del sufrimiento humano, ofrenda.
Joaquín Navarro-Valls
Alfa y Omega

Confiamos nuestra vida a Jesús, es sencillo


Tras aquella entrevista en El Espejo, hace ocho meses, he descolgado de nuevo el teléfono para llamar a Victoria (Ushindi) y entender lo que está pasando en un inmenso país en que la vida y la muerte se cruzan a velocidad de vértigo. Por el auricular escucho la algarabía de los niños en el recreo: Victoria Braquehais, misionera de la Pureza de María, responde alegre, casi cantarina, rodeada de sus chavales en la escuela que las misioneras tienen en Kanzenze, en la región minera de Kasai, al suroeste de la República Democrática del Congo. Le pregunto cómo está con un punto de legítima aprensión, a la vista de las informaciones que manejo sobre la violencia en el país, que en los últimos meses está poniendo en su foco a la Iglesia católica. Me deja sorprendido su respuesta nada impostada: «estoy bien, contenta de estar aquí, agradecida por todo lo que el Señor nos da». Al fondo suenan las risas y los gritos de los niños.
Le pido una foto-resumen para que los españoles podamos entender qué sucede en el Congo y me explica sin titubeos, con gran precisión, la situación de bloqueo provocada por el empeño del Presidente Kabila de mantenerse en el poder. La situación se está pudriendo una vez que ha quedado claro que el Gobierno no tiene ninguna voluntad de cumplir lo estipulado en los Acuerdos de San Silvestre, firmados con la oposición el 31 de diciembre de 2016, gracias a la mediación de la Conferencia Episcopal congoleña. El bloqueo político sine die genera inestabilidad y desencanto, se han multiplicado las protestas en la calle y la consiguiente represión. Por otra parte la violencia se extiende incontrolada por el país; a las endémicas luchas interétnicas en las regiones orientales fronterizas con Ruanda, se une ahora una violencia creciente en Kasai, donde se habla de más de 3.000 muertos. Existe la sospecha creciente de que en esta región se ha intentado provocar el caos para hacer imposible que arranque el proceso electoral.
Victoria me habla de la gente, su gente, que está viendo cada día el desplome de su escaso poder adquisitivo, y que no puede permitirse el lujo de participar en el movimiento cívico de resistencia porque necesita trabajar cada día para asegurar el sustento. Me cuenta el drama de los desplazados, algunos hacia ciudades más grandes, como Lubumbashi, donde existe una apariencia de mayor seguridad; otros han cruzado incluso la frontera rumbo a Angola. Le duele especialmente la situación de los niños, que ven truncado el curso escolar y pierden el hilo de su formación, la única herramienta para cambiar su futuro. Con todo, recobra el brío cuando me dice que este curso, en el colegio de las misioneras, en Kanzenze, han llegado cincuenta nuevos alumnos, cada uno con su historia, con su deseo de una vida grande y bella. Y también cuando me reitera la alegría de vivir que bulle en el corazón de este pueblo tan probado, tan resistente porque afirma siempre, en última instancia, el bien que es la vida.
Le pregunto por el precio que está pagando la Iglesia por su presencia profética en este país feraz y violento, prometedor y siempre a punto de romperse. La Iglesia católica es casi la única referencia moral reconocida a lo largo y ancho de este inmenso territorio, algo así como la osamenta del país. Y me comenta divertida que ante este protagonismo, un ministro de Kabila afirmó recientemente que «el Congo no es un convento», para reprochar a obispos, sacerdotes y religiosas su participación creciente en los avatares sociales. De hecho fue la Conferencia de los Obispos del Congo la que, en cierta forma, forzó con su autoridad moral los fallidos Acuerdos de San Silvestre, y ahora paga por ello: sacerdotes secuestrados y asesinados, seminarios quemados, parroquias saqueadas…
Y claro está, me intereso por cómo viven esta circunstancia las misioneras. Responde con sencillez que su primera preocupación es la gente, sostener su esperanza con el Evangelio, mantener vivas las obras con las que atienden a sus necesidades, especialmente el reto inmenso de la educación (me confía que está convencida de que Nelson Mandela acertaba plenamente al decir que sólo la educación podría cambiar el rumbo de África). En cuanto a su comunidad, me dice que para ellas es sencillo: «una le confía su vida a Jesús y está en sus manos», y añade, entre risas, que una vez tomada esa decisión se aplica aquello de «Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita». Después evoca el momento difícil de finales del pasado año, cuando su comunidad tuvo que mirar a la cara un riesgo muy concreto y ante el Santísimo expuesto decidieron permanecer junto a su pueblo. «Nosotras no vamos a irnos, estamos en Sus manos, es sencillo».
Le mando un abrazo para ella, para sus hermanas y para su pueblo, y le digo que verdaderamente me siento muy cerca de su pasión por Cristo y por el bien del mundo, que ahora soy más consciente de lo que están viviendo en el Congo. Y ella me responde que lleva a España en el corazón y que sigue con dolor todo lo que está pasando en nuestro país. Pedimos unos por otros.
José Luis Restán
Alfa y Omega

El arzobispo de Barcelona apela al «respeto», al «diálogo» y a vivir «como hermanos y miembros de una misma familia»



Juan José Omella ha concelebrado, junto al cardenal Angelo Amato, la Misa de beatificación de 109 mártires claretianos asesinados en 1936. El purpurado vaticano denunció la persistencia de la persecución religiosa en nuestros días: «Nos degüellan cada día, pero vencemos gracias a Aquel que nos ama»
El cardenal arzobispo de Barcelona, Juan José Omella, ha invitado a ser «portadores de paz y respeto» y a favorecer «ámbitos de diálogo», así como a «vivir como hermanos y miembros de una misma familia», durante la ceremonia de beatificación de 109 mártires claretianos asesinados en 1936 durante la Guerra Civil Española, celebrada este sábado 21 de octubre en la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona.
«Que el testimonio de estos testigos que mueren implorando la paz nos ayuden a vivir generosamente nuestra fe también en estos momentos de nuestra historia, que nos ayude el Señor a ser portadores de paz, reconciliación, amor y respeto a todas las personas favoreciendo siempre ámbitos de diálogo, de conocimiento mutuo y entendimiento, y que la sagrada familia de Nazaret nos ayude a vivir siempre como hermanos, como miembros de una sola familia», ha pedido Omella al final de la celebración.
El purpurado ha puesto a los mártires como ejemplo de «reconciliación en tiempos convulsos» así como de «firmeza de fe, perdón y amor». Asimismo, ha defendido el cristianismo que «educa, libera, ennoblece y humaniza» y que, según ha añadido, es «la verdadera vocación de la humanidad». También ha agradecido la presencia de todos los presentes, también de las autoridades civiles, entre las ha nombrado a la consejera de Gobernación y Relaciones Institucionales de la Generalitat de Cataluña, Meritxel Borràs.
Amato recuerda el «No tinc por» tras los atentados
Por su parte, el prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano, el cardenal Angelo Amato, que ha pronunciado la homilía, ha recordado el grito unísono del pueblo catalán «No tinc por!» (¡No tengo miedo!) ante los atentados perpetrados el pasado mes de agosto en Cataluña y ha asegurado que nada puede herir al hombre porque tiene «un potente antivirus», que es «su vocación a la vida».
«No tenim por (No tenemos miedo) ha sido el grito de miles de hombres y mujeres en la Plaza de Cataluña tras el cruel atentado islamista del pasado mes de agosto. El terrorismo intenta infundir miedo pero el pueblo responde con una sola voz: No tenim por. Nadie puede herir al hombre con el miedo y el terror. En el hombre existe un potente antivirus que es su vocación a la vida y no a la muerte», ha precisado.
Además, ha denunciado el «diabólico tsunami» de la persecución a los cristianos aunque ha precisado que la única «venganza» de los cristianos es el perdón. Por ello, ha puesto el ejemplo de estos 109 mártires claretianos que respondieron a sus asesinos con «la eficaz arma del perdón y la caridad» y ha explicado que la Iglesia no celebra estas beatificaciones de mártires «por venganza» sino por la ley cristiana de «la caridad sin límites».
«Nos degüellan cada día, nos tratan como ovejas de matanza pero vencemos de sobra gracias a Aquel que nos ama», ha añadido.
También se ha referido a «la persecución religiosa española» como «una virulenta epidemia de muerte y destrucción» que dejó «miles de víctimas indefensas e inocentes». «Es la historia del martirio de una Iglesia antigua y rica en santidad, la historia del amor que vence al odio», ha precisado.
Amato ha indicado que en julio de 1936, cuando estalló la Guerra Civil española, la Iglesia «fue entregada a las llamas» y ha recordado la historia de algunos de los mártires que encabezan el grupo beatificado este sábado: el sacerdote Mateu Casals, el estudiante Teófilo Casajús y el hermano Ferran Saperas. Su «único delito», según ha señalado Amato fue »ser católicos».
Además, ha lamentado que, además de ser apresados y asesinados, «no faltaron las manifestaciones de odio anticatólico». Si bien, ha añadido que a la Iglesia le conforta la «fortaleza, dignidad y valentía» con que respondieron los mártires, que no renunciaron a su fe.
Finalmente, ha invitado a responder a estas persecuciones, a esta «moderna masacre de inocentes» con la «esperanza» del cristiano que «sabe que las nubes tempestuosas son pasajeras» y ha exhortado a los fieles a ser «hombres y mujeres de primavera», como dice el Papa, y a «transformar el rencor en perdón».

Europa Press

Los pobres son de Dios


A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez no faltan entre ellos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.
La trampa está bien pensada: "¿Estamos obligados a pagar tributo al César o no?". Si responde negativamente le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.
La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Pocas palabras de Jesús habrán sido tan citadas como estas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta defensor de los pobres.
Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios "le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes" (Salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? ¿Acaso no son hijos de Dios los súbditos del emperador?
Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan la "moneda del tributo" en sus bolsas que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.
Por eso les recuerda algo que nadie le ha preguntado: "Dad a Dios lo que es de Dios". Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa "dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano" que, según el Papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia con las prácticas religiosas.
José Antonio Pagola

ORAR CON EL SALMO DE HOY: CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO





Del Salmo 95:

R/. Aclamad la gloria y el poder del Señor

Cantad al Señor un cántico nuevo, 
cantad al Señor, toda la tierra. 
Contad a los pueblos su gloria, 
sus maravillas a todas las naciones. R/.

Porque es grande el Señor, 
y muy digno de alabanza, 
más temible que todos los dioses. 
Pues los dioses de los gentiles son apariencia, 
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R/. 

Familias de los pueblos, aclamad al Señor, 
aclamad la gloria y el poder del Señor, 
aclamad la gloria del Nombre del Señor, 
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R/. 

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado, 
tiemble en su presencia la tierra toda; 
decid a los pueblos: «El Señor es rey, 
Él gobierna a los pueblos rectamente.» R/.

EVANGELIO DE HOY: DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS






Lectura del santo evangelio según san Mateo (22,15-21):

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. 

Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» 

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» 

Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» 
Le respondieron: «Del César.» 

Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»

Palabra del Señor

sábado, 21 de octubre de 2017

21 de octubre: san Viator, siervo bueno y fiel


Viator fue educado por la Iglesia en Lyon y se terminó convirtiendo en lector de la misma. Fue el siervo más bueno y fiel de su obispo Justo. Ambos se retiraron al desierto de Egipto para llevar una vida de oración y penitencia. Murieron en Egipto y sus restos fueron trasladados a Lyon para ser venerados por el pueblo
La historia de san Viator es una historia de fidelidad. Viator permaneció siempre fiel a su obispo y lo siguió hasta la muerte.
El santo nació en Lyon en el siglo IV. Su vida se desarrolló en torno a la catedral, pues fue allí donde se formó. Leía y comentaba la Palabra de Dios y terminó por convertirse en Lector de la catedral y en el siervo más fiel del obispo san Justo.
San Viator incluso acompañó a su obispo a hacer penitencia en el desierto de Egipto. Tras el concilio de Aquilea, año 381, san Justo se sitió responsable de la muerte de un hombre a manos de una muchedumbre enfurecida. Decidió abandonar la sede episcopal e irse al desierto de Egipto a llevar una vida de oración y penitencia. Viator acompaña al obispo en su viaje y en el cariz que toma la vida de Justo.
San Justo y san Viator vivieron, sin revelar su identidad al resto de monjes, en un monasterio de Egipto. Fueron reconocidos poco después por un hombre que dio el aviso en Lyon del paradero del obispo y de su lector. El pueblo decidió enviar un emisario, llamado Antioco, para pedir la vuelta de ambos pero los dos santos, ahora eremitas, no se dejaron convencer.
Justo muere después de la visita de Antioco, que lo sucederá como obispo de Lyon. Viator muere poco después de que muera Justo. Tras la muerte de ambos sus cuerpos son trasladados a Lyon y venerados por el pueblo.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega

PAPA FRANCISCO: NINGÚN LÍMITE FÍSICO O PSÍQUICO PUEDE SER UN IMPEDIMENTO PARA ENCONTRAR A JESÚS

 


Es preciso descubrir y experimentar formas nuevas de catequesis para que toda persona, con sus dones, sus límites y sus discapacidades, incluso graves, “pueda encontrar en su camino a Jesús y abandonarse a Él con fe”. Así lo afirmó el Papa Francisco en su discurso a los participantes en el Congreso del Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización sobre “La catequesis y las personas con discapacidad”.

Reconocer la dignidad de las personas discapacitadas

El Papa subrayó que, en el curso de los últimos decenios, “el incremento de la conciencia de la dignidad de toda persona, sobre todo de aquellas más débiles, ha llevado a asumir posiciones valerosas para la inclusión de cuantos viven con diversas formas de discapacidad, para que ninguno se sienta extranjero en su propia casa”. 

Sin embargo, aún permanece “una visión narcisista y utilitarista”, que lleva a muchos marginar a las personas con discapacidad: “Es todavía demasiado fuerte en la mentalidad común una actitud de rechazo a esta condición, como si esta impidiera ser feliz y realizarse a sí mismo. Lo prueba la tendencia eugénica a suprimir a los bebés que presentan alguna forma de imperfección. En realidad, todos conocemos a muchas personas que, con su fragilidad, incluso grave, han encontrado, a pesar de la dificultad, el camino de una vida buena y rica de significado”.

Nuestra respuesta es el amor

Ante este desafío que presenta la mentalidad común de nuestra sociedad, el Papa Francisco señaló que la respuesta es el amor verdadero, concreto y respetuoso: 

“En la medida en que se es acogido y amado, también en la comunidad, y acompañado a mirar al futuro con confianza, se desarrolla el verdadero recorrido de la vida y se tiene la experiencia de la felicidad duradera. 

Esto vale para todos, pero las personas más frágiles son la prueba. La fe es una gran compañera de la vida cuando nos permite tocar con la mano la presencia de un Padre que no deja jamás solas a sus creaturas, en ninguna condición de su vida”.

La catequesis debe descubrir los dones de toda persona

Por ello, afirmó el Papa Francisco, es preciso descubrir y experimentar formas nuevas de catequesis 
para que toda persona, con sus dones, sus límites y sus discapacidades, incluso graves, pueda encontrar en su camino a Jesús:

“Ningún límite físico o psíquico podrá jamás ser un impedimento para este encuentro, para que el rostro de Cristo resplandezca en el interior de toda persona. Además, estemos atentos, especialmente nosotros ministros de la gracia de Cristo, a no caer en el error neo-pelagiano de no reconocer la exigencia de la fuerza de la gracia que viene de los Sacramentos de iniciación cristiana. 

Aprendamos a superar las dificultades y el miedo que a veces se puede sentir en relación a las personas con discapacidad. Aprendamos a buscar y también a ‘inventar’ con inteligencia instrumentos adecuados para que a nadie le falte la ayuda de la gracia”.

Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco alentó a los participantes a formar, antes que nada con el ejemplo, catequistas capaces de acompañar a estas personas para que crezcan en la fe y den su aporte genuino y original a la vida de la Iglesia. 

“Espero – dijo el Santo Padre – que cada vez más en las comunidades las personas con discapacidad puedan ser ellos mismos catequistas, incluso con su mismo testimonio, para transmitir la fe de modo más eficaz”.

PAPA FRANCISCO A LOS SEMINARISTAS: LOS SACERDOTES DEBEN SER SIGNOS DE ESPERANZA




La actividad pública del Papa Francisco inició hoy sábado con una audiencia en la Sala del Consistorio del Palacio Apostólico a la Comunidad del Pontificio Colegio Pío-Brasileño de Roma, que está celebrando los trecientos años del hallazgo de la Imagen de Nuestra Señora de Aparecida. 

“Ustedes no son más párrocos o vicarios parroquiales sino sacerdotes estudiantes, y esta nueva condición puede generar desequilibrio entre los cuatro pilares que sostienen la vida de un presbítero: la dimensión espiritual, la dimensión académica, la dimensión humana y la dimensión pastoral”, les recordó el Pontífice.

“En este periodo de sus vidas, la dimensión académica ocupa el primer lugar. Ello no puede significar descuidar los otros aspectos. Es necesario preocuparse de la vida espiritual: la Misa de cada día, la oración cotidiana, la lectio divina, el encuentro personal con el Señor, el rezo del rosario.

También la dimensión pastoral debe ser cuidada: según las posibilidades, es saludable y aconsejable desarrollar alguna actividad apostólica. Y en cuanto a la dimensión humana, es necesario sobre todo evitar que, ante un cierto vacío generado por la soledad –porque ahora se disfruta menos de la consolación del pueblo de Dios que cuando se estaba en la diócesis –, se pierda la perspectiva eclesial y misionera de los estudios”.

“¿Cómo es posible mantener el equilibrio entre estos cuatro pilares fundamentales de la vida sacerdotal? El remedio más eficaz contra el riesgo del desequilibrio es la fraternidad sacerdotal... que se basa en el hecho que, mediante la Ordenación sacerdotal, participamos en el único sacerdocio de Cristo y formamos una verdadera familia”.

Para custodiar la fraternidad sacerdotal, es necesario evitar las habladurías: “Lo que más daño hace a la fraternidad sacerdotal son las habladurías. La habladuría es un acto terrorista, porque tú con la habladuría ¡tiras una bomba, destruyes al otro y te vas tranquilo!”. El pueblo de Dios “ama ver y tiene necesidad de ver que sus sacerdotes se quieren y viven como hermanos”.

Refiriéndose a la situación actual del Brasil, el Papa dijo que “en este momento difícil de su historia nacional, cuando muchas personas parecen haber perdido la esperanza en un futuro mejor a causa de los enormes problemas sociales y de una escandalosa corrupción, el Brasil tiene necesidad que sus sacerdotes sean un signo de esperanza. 

Los brasileños tienen necesidad de ver un clero unido, fraterno y solidario, en el que los sacerdotes se encuentran a enfrentar juntos los obstáculos, sin ceder a las tentaciones del protagonismo o del hacer carrera. Estoy seguro que el Brasil superará su crisis y tengo confianza que en esto ustedes serán protagonistas”.

El Papa les aseguró que en esta tarea pueden contar siempre con una ayuda particular: la ayuda de nuestra Madre del Cielo, que los brasileños llaman Nuestra Señora de Aparecida.

“Quiera la Virgen María, con su apoyo y socorro, ayudarles a vivir la fraternidad presbiteral, haciendo que su período de estudio en Roma produzca, además del título académico, frutos abundantes”.