viernes, 14 de julio de 2017

Vida y familia, más allá de las batallas ideológicas


«Una nueva estrategia. Un proyecto ambicioso». Así resume Vincenzo Paglia la misión de la Iglesia para la defensa de la vida y la familia en tiempos de Francisco. No se trata de renunciar a las luchas de siempre. Pero tampoco de fosilizarse en posiciones de retaguardia. En entrevista con Alfa y Omega, el presidente de la Pontificia Academia para la Vida y gran canciller del Instituto Juan Pablo II explica los porqués de un nuevo rumbo que ha desatado no pocas controversias
¿Qué desea el Papa Francisco con la reforma a la Academia para la Vida?
Hoy existe una cultura mayoritaria según la cual cualquier cosa es matrimonio, cualquier cosa es familia. Este horizonte cultural exige de parte de la Iglesia, según el Papa Francisco, una reflexión adecuada. Eso implica una reestructuración de organismos de la Curia Romana. La academia, que estaba concentrada en cuestiones relativas a la bioética, exige una ampliación de horizontes. Se trata de entender la vida como las edades de la vida. Tomar las dimensiones de la vida humana en su complejidad, en todos sus aspectos y condiciones, vinculada a la relación entre el hombre y la creación. Es la «ecología humana» de Juan Pablo II y Benedicto XVI. Todo esto exige un rediseño, una ampliación de las perspectivas, una multiplicación de los temas, un recambio.
¿Se retira la Iglesia de la lucha en defensa de la vida no nacida?
No. Está claro que existen ciertos prejuicios sobre este tema; a veces se han convertido en batallas ideológicas situaciones muy delicadas y complejas que exigen una atención detallada. La vida, si la comprendemos en sentido global, requiere un abordaje mucho más articulado que simplemente repetir un principio llamado no negociable. Nadie quiere negociar nada, al contrario. Reivindico la necesidad de una mayor profundidad al defender la vida, una mayor eficacia e involucrar a la mayor cantidad de aliados posible. Es una nueva estrategia, mucho más compleja y extendida. Eso nos lleva a mar abierto, no nos cierra en posiciones a la defensiva, sino que nos da la responsabilidad de fermentar la cultura contemporánea. El proyecto es muy ambicioso: nosotros no queremos defender, queremos cambiar el mundo. Esto requiere un cuerpo a cuerpo, recorrer senderos nuevos, caminos polvorientos, a veces pasar entre las espinas. Este itinerario debe ser manejado, no sufrido. Las batallas deben ser afrontadas para ganarlas, no para ser derrotados.
¿Usted sabe que, para muchos católicos, lo que usted dice es percibido como una renuncia a luchar por los valores cristianos?
Yo pienso exactamente lo contrario. Estoy tan convencido de la fuerza de los valores cristianos que no los debo defender yo, se defienden solos. Con esa actitud no solo no silencio la identidad, al contrario, la vuelvo tan fuerte que es capaz de tocar a quien no cree. Sé bien que vivimos en un cambio de época dramático, pero justamente por eso o nos salvamos juntos, o no nos salvamos. Reivindico la fuerza del Evangelio, que es más que una ideología; reivindico la fuerza del diálogo, que no es diplomacia, es mucho más. Esta es la estrategia de quien piensa que la fe no tiene necesidad de fortines, la fe es mucho más fuerte que el príncipe de este mundo.
¿Este es el sentido de los cambios aplicados en la academia en los últimos tiempos? Como el cambio de los estatutos, donde se quitó el juramento obligatorio de los académicos.
Debo aclarar una cosa: sobre el cambio de los estatutos, yo solo recogí lo que se había decidido precedentemente.
¿Se estaba ya trabajando antes sobre eso?
Ya estaba todo listo antes de mi llegada. Eran propuestas de la administración anterior, yo solo recogí el material y se lo llevé al Papa. No es Paglia quien cambió todo, nosotros solo ampliamos la participación [entre los académicos] a algunos exponentes de otras religiones y confesiones, incluso no creyentes. Pero todos ellos deben estar dentro de un cuadro de defensa de la vida. No acepté a científicos favorables a la guerra, por poner un ejemplo. Algunas posiciones pueden ser un poco diferenciadas, pero con la certeza de que ninguno actuará contra el pensamiento católico.
¿Esto lo saben los académicos? El nombramiento de algunos generó encendidas polémicas.
Lo saben. El escenario es tan dramático que debemos tener el mayor número posible de científicos que reman en una misma dirección. El camino es ese. Algunos quizás están en el borde, pero están dentro del camino. Hoy está en juego la humanidad, hoy existe la tentación de poder crear la vida, de manipular el universo… Son desafíos gigantescos que nos piden alianzas lo más amplias posible.
¿Eso implica descartar las definiciones históricas de la Iglesia en bioética?
Al contrario. Pero si solo nos detenemos en una o dos batallas, estoy seguro de que perderemos incluso esas.
¿Están trabajando sobre una comisión para reformar la encíclica Humanae vitae?
No existe ninguna comisión, eso ha sido todo inventado. De todas maneras, estoy convencido de que uno de los temas centrales de nuestro tiempo, visto entonces por Pablo VI, es la procreación. ¿Cuál es el problema? Existe la tentación de querer cómo se genera vida: en China se obliga a tener solo un hijo. Luego el que puede engendrar no lo hace. El que no puede se vuelve loco por engendrar hasta bombardear su propio cuerpo. El crecimiento está descuadrado por los pocos nacimientos y la extensión de la vida anciana. Ante esto es miope plantear el problema en términos anticonceptivos sí o no, cuando hoy los hijos se hacen en probeta, existen los vientres de alquiler, la teoría de género… El riesgo es que, de tanto mirar para atrás, perdamos la batalla de la cultura. ¿Cómo anunciar el Evangelio de siempre a los hombres de hoy, individualistas, que pretenden controlar la procreación? Este es el gran desafío. Enorme. Y nosotros jugando a ver quién es más tradicionalista.
¿Y el Instituto Juan Pablo II sobre matrimonio y familia perderá su nombre? ¿Cerrará?
¡Es una locura! Estas son noticias falsas, una mentira dicha por quien no quiere entender. No solo conserva el nombre, el instituto necesita ser reforzado. Queremos ampliarlo, darle prestigio en el campo internacional. Nosotros enriqueceremos las enseñanzas, fortaleceremos académicamente el instituto y conservará su nombre, Juan Pablo II. No puede ser de otra manera.
¿Siente que existe una campaña mediática con todas estas informaciones falsas?
A mí me entristece que existan estas acusaciones, falsedades y detracciones. Lo que estoy diciendo es lo que se hará. He pedido a las conferencias episcopales que manden alumnos. Querían cerrar la sede australiana y yo me opuse, llamando a otro obispo para cambiarlo de diócesis pero para que continúe. Es más, propuse su apertura también en algún país de África.
Y utilizarlo para estudiar fenómenos como la poligamia, que tanto preocupa a los obispos africanos…
Para que se reflexione sobre todas estas situaciones. La Conferencia Episcopal de Mozambique me escribió porque quiere abrir una sección. Quisiera que nazca también en el África anglófona. Es indispensable reforzar el nivel cultural del instituto en su sede central, para que los afiliados puedan alzar ellos también el nivel y reflexionar así, en manera más detallada, las situaciones del mundo contemporáneo.
¿Qué responde a quienes cuestionan su compromiso en defensa de la vida?
Algunos amigos estadounidenses dudan de que yo defienda la vida. Yo les dije: la vida no solo la defiendo, faltaría más que yo estuviera a favor del aborto, ¿pero estamos locos? Lo que me pregunto es: ¿por qué ellos no están en contra de la pena de muerte? En estos últimos cinco meses 6.500 personas murieron por armas de fuego en Estados Unidos. ¿Alguien habla de ellos? La vida de estas personas, muchas veces jóvenes, ¿vale menos? ¿Tenemos que estar callados? ¿Por qué no las defendemos? Por esto acuso de no defender la vida. Pongamos todo sobre la mesa, eso quisiera yo.
Andrés Beltramo Álvarez
Ciudad del Vaticano

14 de julio: san Camilo de Lelis, fundador de la Orden de los Ministros de los Enfermos



Gigantón de carácter duro, resuelto, impetuoso y tenaz. Con ese resumen, uno se imagina a un sujeto de cuidado que no se desea tener por enemigo. Esos ciertos atributos personales no fueron dificultad para que Camilo pasara la mayor parte de su vida en el humildísimo servicio de la caridad, siendo el más incondicional servidor de los enfermos más necesitados. Quiso darles un aliento de consuelo mientras estaban vivos y buscó apasionadamente prepararlos para que dieran con sabiduría el paso a la eternidad.
Quizá su carácter era una herencia genética por parte de padre, Juan de Lelis, militar por toda Europa al servicio de España, Nápoles, Florencia, Lombardía, Piamonte y Francia; o quizá aprendió de la madre que supo gobernar bien su casa a pesar de las larguísimas y frecuentes ausencias del padre. El caso es que nació en 1550, en Chieti (Italia). Cuando quiso enrolarse en los ejércitos de Venecia, lo rechazaron; se consideró un hombre de suerte al ser aceptado en la cruzada que Pío V convocó contra los turcos; fue cuando murió su padre en Saint’ Elpidio a Mare.
Allí le salió una extrañísima llaga en una pierna que no tuvo cura ni siquiera por los médicos del hospital de Santiago, en la Roma de 1571. Las dos cosas –llaga y hospital– fueron sus compañeros inseparables de camino para el resto de su vida, hasta el punto de que, sin una de ellas, Camilo de Lelis no sería san Camilo.
Pareció que había quedado curado; se apuntó a la Compañía de Santiago que era un voluntariado que cooperaba en el cuidado de los enfermos, pero lo expulsaron; le pilló el vicio del juego. Se alquiló como soldado por cuatro años porque de algo había que vivir; estuvo en las guerras de Túnez y Palermo; los inviernos no eran tiempo de guerra y en ellos se gastaba la soldada entre tabernas y más juego. Prometió vestir el hábito de san Francisco en aquella tempestad del 28 de octubre de 1574; pensaba no salir con vida, pero al pasar el peligro dejó en el olvido lo que prometió, volviendo a sus tareas de empedernido ludópata; una noche perdió la espada, el trabuco y el manto; se quedó sin pasta y tuvo que pedir limosna en la puerta de las iglesias, ¡buen patrón para los técnicos limosneros de hoy, por los que se mide el nivel de fe de cualquier iglesia en dependencia del número de subalternos pastorales que pidan a su puerta! Así estaba en Manfredonia cuando le ofrecieron el puesto de peón para las obras del convento de los capuchinos el 2 de febrero de 1575. Allí se convirtió, y le dieron el hábito solo a regañadientes; cuando el roce del hábito le abría la llaga, marchaba a curarse; pero entre llagas y curas se le iba el tiempo; aquello era un correo. Decidió ponerse enteramente al servicio de los enfermos en el mes de octubre de 1579. Le nombraron mayordomo por méritos; pensó fundar una cofradía de varones para la que bocetó unos breves estatutos, pero no cuajó por las habladurías y tensiones que provocó; hasta Felipe Neri se le opuso.
Se hizo sacerdote, después de cursar los estudios en el Colegio Romano, y dijo su primera misa en 1584. Comenzó una vida inconcebible por su dureza junto a la iglesia de la Virgencita de los Milagros con un pequeño grupo de compañeros; todos enfermaron. Trasladados a una casa próxima a la iglesia de la Magdalena, fue donde empezaron de verdad.
Sixto V aprobó esa vida extremadamente pobre, con la cruz roja en la sotana o en el manto. Esa misma cruz que se había visto por los campos de batalla un poco antes, cuando el papa había encargado a Camilo y los suyos organizar la asistencia sanitaria de los ejércitos que marchaban a Hungría, y que ya no dejará de verse en guerras, epidemias y catástrofes naturales donde sea necesaria una labor humanitaria.
En el inmenso hospital romano del Espíritu Santo atienden el día entero a los enfermos, en medio de cuadros macabros –alguna vez se encontraron al moribundo colocado ya dentro de su ataúd de madera– y tristísimos de desahuciados, que hasta entonces estaban en manos de criados malhumorados malpagados.
Añadieron a su vida ordinaria la atención fuera del hospital a moribundos y encarcelados. Él se reservó los oficios más bajos y rastreros para cuidar los enfermos. Aquel grupo de sacerdotes y hermanos empezó a conocerse en Roma como ejemplo de caridad.
La peste y las epidemias del siglo XVI, que hacían perder la cabeza a la gente, fueron ocasión de heroísmo de los Camilos con días agotadores. También ellos quedaron diezmados por el contagio.
Luego se extendieron por Nápoles, Milán, Génova, toda Italia y las islas; pero no pudieron ni en Francia, ni en España.
Camilo quiso controlar en su globalidad la atención a los enfermos en los hospitales. Pensó que no había que tratarlos solo a la cabecera para que murieran entre jaculatorias y rezos. Era preciso organizar de tal modo los centros de salud que la dignidad del paciente se respetara en todos los frentes: el humano, el sanitario y el espiritual. Eso pedía unificar criterios tanto en la dirección como en la administración, en la contratación del personal sanitario, en los profesionales y en los que llevaban a Dios. La oposición fue tan fuerte por parte de los de fuera y de los de dentro, que abandonó el generalato, pero no cedió como fundador de los Ministros de los Enfermos y mantuvo la idea que, pasado el tiempo y los apasionamientos, acabó siendo aceptada.
No hay originalidad en los principios, son evangélicos: el prójimo es imagen de Dios, al final se pedirá cuentas del comportamiento con él, es decisiva la hora de la muerte. En esto se mantuvo firme, sin cesión. Todo lo demás estaba al servicio de la idea.
Y es bueno recordar que su trabajo con el enfermo lo hacía estando él mismo delicado, con su llaga ulcerada abierta, una hernia, dos forúnculos rebeldes y el estómago debilísimo.
Murió el 14 de julio de 1614 con 64 años, en Roma.
Fue canonizado por Benedicto XIV, el 29 de julio de 1746.
Es el patrono de enfermos y hospitales, compartiéndolo con san Juan de Dios.
Archimadrid.org

Cuando Jonás fue engullido por una maleta


Adou llegó a España escondido en una maleta. Su padre le esperaba al otro lado de la frontera, sin saber que había dejado a su hijo en manos de una mafia. Ahora espera a ser juzgado como traficante de personas. Su delito fue la desesperación de no dejar a su hijo solo en Costa de Marfil tras las negativas del Gobierno español a la reagrupación familiar. ¿El motivo? Le faltaban 56 euros en la nómina
El 7 de mayo del año 2015 una foto dio la vuelta al mundo. Un escáner del puesto fronterizo de El Tarajal, en Ceuta, detectó la perfecta silueta de un niño de 7 años escondido en posición fetal dentro de una maleta. Como Jonás, dice el poeta Luis García Montero en el prólogo de Me llamo Adou, el libro que el periodista Nicolás Castellano ha publicado con su historia. «La sociedad de hoy es el monstruo que se traga a Jonás –o Adou Nery Ouattara– pero ya no es el mensajero encargado de llevar a Nínive la salvación, sino un niño que se juega la vida por ir al encuentro con sus padres». Esta habría sido una historia más de un menor no acompañado que busca los escondites más inverosímiles para llegar a España si no fuera porque, 20 minutos después de ser escaneado, un hombre aseguró a los policías que ese niño era su hijo.
Alí Ouattara era profesor de Francés y Filosofía en Abiyán, la capital administrativa de Costa de Marfil. Una noche de 2005, cuando salía de dar clase en un instituto, varios militares armados le pararon en la calle y le retuvieron durante horas. Finalmente le dejaron marchar, pero lo que le salvó la vida realmente fue no llevar su documento de identidad encima. Si aquellos hombres del Gobierno de Gbagbo hubieran sabido que su apellido, Ouattara, coincidía con el del principal opositor del presidente –actual mandatario del país– «quizá nunca habría regresado a casa. Yo jamás participé en manifestaciones políticas, pero el simple hecho de llevar el mismo apellido me convertía en enemigo», explica Alí en conversación con Alfa y Omega.
Tardó un día en ponerse a buscar un visado para cualquier país europeo, siendo España el destino final. Para llegar hasta aquí se vio obligado a pasar por manos de traficantes, fue robado, engañado, maltratado… y todo ello «lejos de mi mujer y mis tres hijos, que se quedaron en Costa de Marfil». Ocho años tuvieron que pasar hasta que Alí cumplió los requisitos para traer a España a su familia. Con un trabajo fijo en una lavandería de la isla de Fuerteventura y un piso alquilado en Puerto del Rosario, el marfileño ya podía tramitar la reagrupación familiar de su mujer, Lucie, y de sus dos hijos pequeños, Mariam y Adou. «No era tan fácil con Michael, mi hijo mayor, porque tenía más de 18 años», explica con dolor.
Por 56 miserables euros
La primera en llegar fue su mujer, en 2014. En abril de 2015 llegaría Mariam y, «si la Delegación del Gobierno en Canarias no hubiera hecho una interpretación extrema de la ley de extranjería, Adou también podría haberse reunido con su familia sin necesidad de que sus padres buscaran a la desesperada una vía irregular para poder traer al pequeño», señala Nicolás Castellano, autor del libro recientemente publicado por Planeta que cuenta la historia de esta familia. «Con una correcta aplicación de la ley esa imagen nunca tendría que haberse producido».
Pero la nómina aportada por el padre de familia no cubría el importe requerido para el sostenimiento de los cuatro miembros que forman la unidad familiar, «y el criterio económico es el que prima tras la reforma de la ley de 2011», sostiene Castellano. A Alí le faltaban exactamente 56 euros al mes para llegar a los 1.331 que necesitaba acreditar y, en este caso, «no se aplicó correctamente el reglamento, que hace referencia a que cuando haya menores de edad, se puede minorar la cuantía en atención al interés del menor. Pero la Administración pública lo utiliza poco en la práctica», afirma Santiago Yerga, abogado de Pueblos Unidos y asesor jurídico de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración durante la redacción de la reforma de la ley.
Una madre desesperada
Las recurrentes negativas a las peticiones de los Ouattara para poder traer a España al benjamín de la familia y la desesperación de una madre que, cada vez que llamaba a Abiyán, escuchaba a su hijo llorar y decir que no quería comer ni ir al colegio, que quería estar con papá y mamá, desembocaron en que Alí confiara en el primer vendehumoque le prometía con pasmosa facilidad que llevaría al niño hasta España, eso sí, con un coste de 5.000 euros, todos los ahorros de un hombre trabajador para la casa familiar que Alí soñaba con construir en su país.
Ni el niño llegó a Barajas, como se le había prometido ni tenía un visado, ni siquiera llegó a pisar suelo español. A Adou le soltaron en Casablanca (Marruecos), y de allí llegó por vía terrestre hasta la frontera ceutí, donde le metieron en una maleta, eso sí, dejando una rendija para respirar. «Si un niño me dijera que quiere venir a Europa a estar con su familia, le diría que no lo hiciera como yo, porque puede morir. Yo he tenido suerte, porque Dios estuvo conmigo y no tuve miedo nunca», cuenta el pequeño Adou en la introducción del libro del periodista. El niño, que narra su experiencia en primera persona, recalca con una visión preclara que «le diría al Gobierno español y a todos los gobiernos de Europa que son idiotas. Hay que dejar venir a los niños que huyen de la guerra o de la miseria, es algo que tiene que permitírsele a los niños».
Condenado por tráfico de personas
El caso de Adou dio la vuelta al mundo gracias a la impactante foto. El Gobierno español, paradójicamente, aceleró los trámites para que el pequeño pudiera residir en el país. Pero su padre ha sido imputado por tráfico de personas y, a día de hoy, espera a la celebración del juicio que puede llevarle hasta la cárcel. «Mi madre falleció y el niño no podía quedarse solo en Abiyán. Yo no soy un delincuente, estaba desesperado», explica a este semanario.
No quiere aceptar una condena reducida de un año, porque eso significaría aceptar que es un traficante y tener antecedentes penales. Su pasaporte está retenido y no puede salir del país. Mientras, Lucie, Mariam y Adou emigraron a París, donde la madre de familia ha podido encontrar un trabajo (solo habla francés). Después de tanto, siguen separados.
Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

Alfa y Omega

Disposición al martirio



En el Evangelio de ayer contemplábamos el mandato y envío de Cristo a sus Apóstoles a proclamar que el Reino de los Cielos está cerca. También nos advertía cómo habrá muchos que no querrán oír. A continuación las advertencias del Señor suenan más fuertes. No sólo no querrán oír: “os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa (…). Los hermanos entregarán a sus hermanos para que los maten, los padres a los hijos; se rebelarán los hijos contra los padres, y los matarán. Todos os odiaran por mi nombre”. No quiere que seamos sorprendidos por esa resistencia al Evangelio y contemos con ello. Mientras está en la tierra, la Iglesia “va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios” (San Agustín, De civ. Dei XVI, 52, 2), anunciando la cruz del Señor hasta que venga (cf. 1 Cor 11, 26).

En algunos lugares del mundo esto ocurre literalmente y a los cristianos les cuesta la vida confesarse como tales. A muchos no les cuesta literalmente la vida, pero en ocasiones sí padecer comentarios despectivos, o se les impide progresar en su profesión, o sencillamente no ser tenidos en cuenta. Es importante no perder de vista que la vocación cristiana es vocación martirial. Hemos de estar dispuestos a padecer la injusticia y no temer a ser perseguidos de cualquier manera. Jesús nos anima: “cuando os arresten, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en su momento se os sugerirá lo que tenéis que decir; no seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro padre hablará por vosotros”. Todo cuanto sucede es algo con lo que la Providencia de Dios cuenta, llenémonos de esa seguridad, Él hará justicia, pondrá las cosas en su lugar: “creedme, no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del Hombre”. No es que deseemos ningún mal a quienes puedan perseguirnos de cualquier modo, al contrario, deseamos su conversión y su salvación. El Papa Francisco nos recordaba en Evangelii gaudium cómo “el discípulo sabe dar la vida entera y jugarla hasta el martirio como testimonio de Jesucristo, pero su sueño no es llenarse de enemigos, sino que la Palabra sea acogida y manifieste su potencia liberadora y renovadora”.
Necesitamos estar muy unidos a Cristo. Sólo así superaremos los temores. “El renovado ardor apostólico que se requiere en nuestros días para la evangelización, arranca de un reiterado acto de confianza en Jesucristo: porque El es quien mueve los corazones; El es el único que tiene palabras de vida para alimentar a las almas hambrientas de eternidad; El es quien nos transmite su fuego apostólico en la oración, en los sacramentos y especialmente en la Eucaristía. ‘He venido a traer fuego a la tierra, ¿y qué quiero sino que arda?’ (Lc 12, 49). Estas ansias de Cristo siguen vivas en su corazón.” (San Juan Pablo II, Salto (Uruguay), 22 – V – 1988)
María, Reina de los mártires nos lleve a perseverar en el seguimiento y anuncio de su Hijo, para que pueda cumplirse el deseo de Dios de que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2,4).
Archidiócesis de Madrid

No seréis vosotros los que habléis, sino el Espíritu de vuestro Padre



Lectura del santo Evangelio según san Mateo 10, 16-23
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«Mirad que yo os envío como ovejas entre lobos; por eso, sed sagaces como serpientes y sencillos como palomas.
Pero ¡cuidado con la gente!, porque os entregarán a los tribunales, os azotarán en las sinagogas y os harán comparecer ante gobernadores y reyes por mi causa, para dar testimonio ante ellos y ante los gentiles.
Cuando os entreguen, no os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis: en aquel momento se os sugerirá lo que tenéis que decir, porque no seréis vosotros los que habléis, sino que el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.
El hermano entregará al hermano a la muerte, el padre al hijo; se rebelarán los hijos contra sus padres y los matarán.
Y seréis odiados por todos a causa de mi nombre; pero el que persevere hasta el final, se salvará. Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra.
En verdad os digo que no terminaréis con las ciudades de Israel antes de que vuelva el Hijo del hombre».
Palabra del Señor.

jueves, 13 de julio de 2017

Nueva "carta de Alepo": ¡Optemos por construir la paz!


Este domingo 9 de julio, hace muchísimo calor en Alepo. Por la calle donde está la comunidad, los vehículos circulan regularmente, como antes.
Ésa es la expresión: «COMO ANTES». Recuerdo muy bien que, cuando estuve 4 meses en Bouaké (Costa de Marfil), la gente hacía siempre referencia al tiempo de ‘'la crisis''. Hoy, los Alepinos utilizan con frecuencia la palabra «antes». Pero, ¿antes de qué? ¿Antes de que empezara la guerra en Alepo en 2012, o antes del fin de la guerra,en diciembre de 2016? Siempre hay un antes, una comparación, una mirada hacia atrás para leer la actualidad de nuestra vida, la actualidad de los sucesos que atravesamos, la actualidad demográfica de la ciudad, la actualidad de la industria, la actualidad de los servicios básicos como el agua y la electricidad, la actualidad de la seguridad.
Comparar, evaluar y predecir... Esos son los tres verbos que van entretejiendo las largas discusiones que mantenemos.
Hay igualmente otras palabras que aparecen a menudo: la reconstrucción, la rehabilitación de las viviendas y las tiendas, el regreso de los desplazados a sus antiguos barrios; y también otros términos que expresan nuestro deseo de vivir.
Estos días son también jornadas de grandes decisiones por parte del municipio con respecto a la mejora de las estructuras urbanas y la vuelta a lo normal: abrir las calles que estaban cerradas o bloqueadas; colocar señales de tráfico; retirar los barracones que remplazaban a las tiendas y que crecieron como setas en las aceras y calzadas durante la guerra; el municipio ha dispuesto algunos lugares especiales para poder instalar esos barracones; aprovechar la energía solar para iluminar las rotondas de la ciudad. Parece que se quiere recuperar el tempo perdido por una guerra que asoló la ciudad y la transformó en una ciudad mártir.
Muchas familias esperaban el final del curso escolar (a mediados de mayo en Siria) o el final de los exámenes de diploma o de bachillerato (a mediados de junio) o la clausura de los cursos universitarios (a mediados de julio), para regresar a sus hogares en la parte oriental de la ciudad. Prefieren volver a su barrio, a sus casas, de donde se vieron obligados a huir muy a pesar suyo. Los hay quienes, durante estos años de guerra, se quedaron en Siria, pero no en Alepo. Los que se instalaron en Tartous, en Lattaquia o en otras ciudades, han venido a ver la situación, y muchos de ellos han decidido volver antes de septiembre, que es cuando empiezan los colegios.

¿Se puede hablar de regreso de personas desplazadas? ¿Podemos imaginar que quienes se marcharon hace años van a emprender el camino de regreso? Es un deseo. Pero, para que se convierta en realidad, queda mucho camino por recorrer.
Alepo es también una historia de aciertos, éxitos y victorias. Os comparto algunas:
Dos de nuestros jóvenes han aprobado el examen oficial de diploma con un 100%. Fueron recibidos por la primera dama del país. A pesar de la guerra, a pesar de tantos desplazamientos, a pesar de todo lo que impedía un resultado favorable, estos jóvenes, decididos a superarse, a ir adelante, a salir victoriosos en la vida y en los estudios, constituyen un ejemplo.

El martes 11 de julio, en la famosa catedral maronita, cuya techumbre fue destruida durante la guerra, y donde celebramos de nuevo la misa de Navidad en 2016, pocos días después de la liberación de Alepo, en esa misma catedral habrá un concierto con la MISA SOLEMNE EN DO MENOR de Mozart. La orquesta vendrá de Damasco; la coral, de Alepo. Más de 70 músicos volverán a tomar el pulso musical de Alepo. Como podéis imaginar, nuestra ciudad tiene renombre por su cultura musical tradicional.
Varias de las señoras que han seguido un curso avanzado de corte y confección, empiezan ya a soñar su futuro como modistas en algunos talleres o incluso en abrir su propio negocio.

Este verano ha visto la luz el libro «Le Journal de Myriam » (el Diario de Myriam),publicado por Fayard. Describe la vida de Myriam, hija de una de nuestras familias en Jabal el Sayed, durante la guerra de Alepo.
En el libro, describe su colegio, el desplazamiento de su familia, sus miedos, su amistad con Joudy, compañera de clase, sus sueños y su porvenir. Esta publicación ha recibido el Premio de Ensayo de la revista l'Express.
Otra buena noticia para este verano de 2017, es que tendremos colonias de verano fuera de la ciudad de Alepo. Para muchos jóvenes, será la primera ocasión que tengan de conocer otros rincones de Siria.
Toda esta hermosa panorámica de la realidad de la vida en Alepo tiene su contrapunto: otra visión desgraciadamente más triste y, para nosotros, más preocupante. Me refiero a la situación psíquica y humanitaria de la gente.
Actualmente, paso mucho tiempo escuchando los lamentos de las familias que ven cómo se degrada la situación de sus hijos, sobre todo los que son adolescentes. Un gran vacío se ha instalado en la vida de estos jóvenes. Hay una búsqueda de sentido que difícilmente encuentran; una necesidad de evadirse, de irse a otro sitio; una violencia que aumenta, dadas las características de su edad. Se dan cuestionamientos vitales: ¿Para qué vivir?¿Para qué luchar por el futuro? ¿Por qué actuar, por qué empeñarse cuando todo parece destrucción y desesperanza?
Muchos jóvenes han perdido a sus amigos, muertos durante la guerra o que se marcharon definitivamente del país. Sienten que son una pequeña minoría; el contacto con quienes emigraron les hace soñar con otros paraísos terrestres.
Varios dueños de industria o propietarios de talleres buscan obreros para relanzar sus proyectos; se enfrentan a una carencia de mano de obra cualificada. La vida es cara, los precios aumentan, el poder adquisitivo disminuye. Por eso, los Maristas azules siguen sosteniendo a las familias mediante una distribución regular, mensual, de bolsas de alimentos y productos higiénicos.
Es verdad que se elevan voces pidiendo que se cesen de distribuir estas bolsas de alimentos, y así forzar a la gente a volver a la vida normal; pero lo que estamos observando es que la miseria es muy grande, y las necesidades básicas son inmensas: pagar el alquiler de quienes no son propietarios, depósitos de agua, ropa, calzado, un poco de carne, agua, gastos escolares de los niños y de los universitarios, leche para los más pequeños, etc.
En enero pasado, Caritas Polonia lanzó un programa de seis meses de apadrinamiento de familias de Alepo por parte de familias polacas. En junio, varias familias Alepinas estaban angustiadas al ver que este programa llegaba a su fin. Felizmente no fue así: el apadrinamiento sigue. Ciertamente no hay que reducir las familias a un pueblo de mendigos, pero las consecuencias de la guerra son terribles y no paramos de descubrir situaciones dramáticas cada día
¿Ha acabado la guerra? En absoluto. Hay que ser realista. El hecho de que no haya bombardeos en Alepo, no quiere decir que la guerra haya terminado en Siria o en Alepo. Quedan todavía barrios periféricos de la ciudad que sufren bombardeos diarios por parte de facciones armadas. Sigue habiendo grandes amenazas locales, regionales e internacionales.
Como hemos hecho durante años, tenemos esperanza de que los esfuerzos diplomáticos y los cambios de postura de ciertas potencias mundiales, ayuden a instaurar la paz en nuestra amada Siria.
En medio de todo esto, nuestros proyectos continúan. Creemos que, aunque las bombas hayan cesado, hay muchos problemas explosivos en el interior de cada hombre, de cada mujer, de cada niño que esperan el momento para hacer estallar el futuro.

Las monitoras de los proyectos «Aprender a Crecer» y «Quiero aprender» están preparando nuestro propio programa educativo, y trabajan con tenacidad. Esperamos que al inicio del curso escolar 2017-2018, podamos tener un programa adaptado a la realidad de nuestros niños.
Como el año pasado, hemos lanzado nuestro club de verano. Se trata de un club gratuito en el que niños y familias pueden aprovechar un espacio para respirar, encontrarse y que los niños jueguen. Este año, los jóvenes de la «Escuela de Habilidades» organizaron actividades para los dos días de la fiesta del Fitr (que marca el final del Ramadán). Fue una iniciativa valorada por todos.
Por otra parte, estos mismos jóvenes de la "Escuela de Habilidades" tienen previstas iniciativas solidarias en la programación del verano. Queremos que pasen por esas experiencias vitales para construir un mundo más justo.
Los diferentes programas de alfabetización y aprendizaje de lenguas concluirán próximamente sus sesiones bimensuales. Hay que reconocer la valentía tanto de los instructores como de los participantes. Hay días en que la temperatura supera los 40 grados y, a pesar de eso, ¡no han fallado ni un solo día!
Hemos terminado, por este año, los ciclos formativos del MIT. Y, para septiembre, ya estamos pensando en un programa variado e intenso. El equipo de animación no para de prever sesiones que se adapten a las expectativas de los jóvenes y a las necesidades actuales de la población.
¡Creemos que la educación sigue siendo el único camino para la paz! La paz se construirá a partir de una educación que respeta al otro que es diferente, al otro tal cual es, al otro que terminará siendo mi hermano.
Este verano, en colaboración con el patriarca griego ortodoxo, y durante todo el mes de junio, hemos proporcionado agua a varios barrios de la parte oriental de la ciudad. Una experiencia realmente acertada. Los 4 jóvenes que ayudaron en este proyecto la han evaluado muy positivamente.
Hemos seguido ayudando a otras familias de los barrios del Oeste que carecían de agua. Hace apenas dos días que podemos hablar de una cierta normalización en la distribución de agua en toda la ciudad. ¡Toda una proeza! Esperemos que dure.
En una de mis intervenciones, cuando pasé por París, dije: «No podemos seguir en el confort cuando, delante de nosotros, oímos gritos de angustia. Si Siria es mundialmente conocida por su guerra, Siria es, ante todo, un lugar donde el ser humano se ha visto afectado en lo más íntimo. El hombre, la mujer, el niño, el adulto, el anciano, cada uno se ha visto afectado en lo más íntimo. En el mundo en que vivimos, lo importante es no olvidar que hay una persona humana a quien estoy vinculado, a quien mi destino está ligado, con quien mi sueño está unido. O bien optamos juntos por construir un mundo de paz, o todos perderemos, todos sin excepción, nuestra dignidad humana».
Os deseo unas felices vacaciones.
(Hno. Georges Sabé, maristas azules)

¿Un cristianismo de rogativas o de seguimiento?




A veces se encuentran tesoros en el arcón del tiempo y uno no tiene más remedio que gritar de alegría como "la mujer de la moneda hallada" (Lc 15,8) o enarbolarlos al viento, como "el padre de familia que saca del arca lo nuevo y lo antiguo" (Mt 13,52). Por eso te ofrezco hoy esta parábola cuya meditación podrá serte muy provechosa.
Un cuestionamiento síntesis: ¿Tu cristianismo es PASIVO, tu divinidad es el "dios perchero" al que le cuelgas todas las "necesidades"? ¿Tu religión está anclada en los ritos y ceremonias? ¿O tu cristianismo es ACTIVO, buscador apasionado del Dios Amor, con oración enraizada en tus "aspiraciones profundas", esas que te impulsan al seguimiento y la imitación?
Había una vez dos países. En uno corría la leche y la miel, el otro era árido, desgarrado por luchas y entristecido por inquietudes. Así pues, al primero le llamaban el "país de la felicidad" y al segundo el "país de la desgracia". Estaban separados por un caudaloso río, ancho y peligroso. Muchos se ahogaron tratando de cruzarlo.
Un día vino un hombre que, por amor a la humanidad, dijo: "En verdad, voy a tratar de echar una cuerda que una las dos orillas del río y, si perezco en el intento, poco importa, ya que otros podrán agarrarse a la cuerda y atravesar el río con toda seguridad".
Este hombre ejecutó su proyecto. Se preparó una cuerda, fijó un extremo a un árbol e hizo un nudo corredizo al otro extremo. Y así entró en el río en medio de la corriente, luchando contra los remolinos. En medio de los remolinos y de la espuma, unos cazadores le lanzaron unas flechas y lo hirieron de muerte, tomándolo por un animal.
En un último esfuerzo, antes de hundirse, logró atar la cuerda alrededor del tronco de un árbol. Perdió la vida, pero realizó su proyecto a pesar de la insensatez de los cazadores.
A partir de ese instante, los que fueron testigos del acontecimiento consideraron que este hombre había sido un héroe y lo adoraron diciendo: "Murió por salvarnos, es digno de nuestro amor".
Todos le rindieron culto, pero muy pocos siguieron su ejemplo tratando de cruzar el río. Ellos pensaban: no nos ahogaremos si nos agarramos a la cuerda, pero el agua está tan fría y el río es tan caudaloso que el peligro de atravesarlo siempre es grande.
Y así, al cabo del tiempo, se olvidaron de la cuerda casi por completo. Como no se utilizaba, se fue cubriendo de algas y se le enredaron las ramas, hasta tal punto que no había ya forma de encontrarla.
Pero el culto al héroe perduró. El pueblo levantó monumentos en su memoria, cantó himnos en su honor y continuó dedicándole oraciones en recuerdo del gran amor que les había demostrado.
Después vino una segunda, una tercera y una cuarta generación. Doctores, oradores y sabios predicaron las virtudes del héroe y dijeron cómo con su muerte había salvado a los hombres; pero nunca más se volvió a hablar de la cuerda que se tendió por encima del río. Se habían olvidado de ella totalmente. Los argumentos, los discursos y las enseñanzas de los letrados acabaron por crear una enorme confusión. Cundieron las supersticiones y fueron muy pocos los que pudieron distinguir el error de la verdad.
Surgieron discusiones y pleitos. Se organizaron persecuciones contra los que conservaban aún vestigios de la verdad. La pena y la inquietud aumentaron en el "país de la desgracia".
Por fin, un grupo de oradores declaró: "¿Por qué tanta disputa? Lo único que hay que hacer es adorar a nuestro héroe y creer que murió para salvarnos a todos. Y así, cuando muramos, entraremos sin ninguna dificultad en el "país de la felicidad".
Si nuestro cuerpo nos impide ahora atravesar el río, después de la muerte nuestra alma volará hacia la otra orilla. El amor, el poder, la valentía del héroe eran tan grandes que todo lo que pidamos a su espíritu nos será concedido; y, a cambio, nosotros le demostraremos cumplidamente nuestro amor".
Cuando el pueblo oyó esto, sintió una inmensa alegría y cubrió de honores a los oradores diciendo: "Grande es su sabiduría, porque nos han mostrado un camino fácil. Es muy sencillo adorar, rezar y recurrir a nuestro héroe para obtener nuestra salvación en el momento de nuestra muerte. Así pues, ahora comamos, bebamos, divirtámonos y saquemos el mejor partido de nuestra estancia en este "país de la desgracia".
Mientras tanto, el espíritu de este héroe contemplaba con tristeza a sus hermanos, escuchando sus oraciones y sus súplicas. Él trataba de ayudarles diciendo: "Hijos míos, en verdad estáis equivocados. He vivido para salvaros. Mi muerte no es más que un episodio del esfuerzo que he realizado. No puedo en ningún caso ser la causa de vuestra salvación.
Desgraciadamente, habéis olvidado la cuerda que lancé por encima del río entre el "país de la desgracia" y "el de la felicidad", vine únicamente para eso.
Por amor hacia vosotros, mi espíritu se encuentra presente para reconfortaros y animaros en la adversidad. Pero me es totalmente imposible transportaros al otro lado del río cualesquiera que sean vuestras oraciones y súplicas".
Pero el rumor de esas oraciones y súplicas eran tan grandes que no dejaban oír la voz de su espíritu. Así pues, se quedaron para siempre en el "país de la desgracia".

Un juez paraliza la deportación de cristianos iraquíes de EE.UU.

Los iraquíes con órdenes de expulsión tendrán tiempo para defenderse ante los tribunales
Un juez federal estadounidense bloqueó el martes la deportación de más de 1.400 iraquíes, muchos de ellos cristianos, que alegaban que de ser devueltos de Estados Unidos a su país serían perseguidos.
El juez federal Mark Goldsmith, que el 22 de junio paralizó temporalmente las deportaciones, ratificó ayer su decisión y decretó que antes se les debe conceder tiempo para defender ante los tribunales cada caso. De deportarlos, se les expondría «a un riesgo comprobado de muerte, tortura u otras graves persecuciones».
Algunos de estos 1.400 iraquíes tienen órdenes de deportación desde hace años, incluso décadas, pero la negativa de Irak de aceptarlos les permitió permanecer en Estados Unidos. Su situación, sin embargo, cambió en marzo de este año cuando Irak accedió a recibirlos tras un acuerdo sellado por el nuevo presidente estadounidense, Donald Trump.
199 detenidos
Aunque la mayoría de los 1.400 iraquíes siguen en libertad, las autoridades migratorias detuvieron el mes pasado a 199, la mayoría en Detroit (Michigan) y Nashville (Tennessee), con la intención de deportarlos de inmediato. Estados Unidos argumenta que cometieron delitos graves, desde homicidios a crímenes relacionados con drogas o armas.
Los arrestados, sin embargo, interpusieron una demanda junto a la Asociación Estadounidense de Libertades Civiles (ACLU), principal organización pro derechos civiles del país, para detener las deportaciones. Alegaron que por su condición de minorías (muchos de ellos son católicos caldeos y kurdos) estarían en riesgo de ser perseguidos. El Departamento de Justicia argumentaba que Goldsmith, nombrado por el expresidente Barack Obama, no tiene competencias para tomar decisiones de este tipo.
EFE/Alfa y Omega

Los obispos del Camino de Santiago piden más atención espiritual en los albergues



Piden que se cuiden los signos externos –crucifijos, imágenes de la Virgen, Biblias, documentos papales– y la atención pastoral con celebraciones religiosas, confesiones y bendiciones. Los albergues deberán ser de donativo o con un precio muy asequible
El Camino de Santiago viene batiendo récords de peregrinos año tras año. Casi 280.000 llegaron en todo el año 2016. Aunque la gran mayoría confiesa que lo hace por motivaciones religiosas al llegar al destino, la realidad es que probablemente se reparten a partes iguales aquellos que camina con fe y los que no. Incluso el Instituto de Estudios Turísticos de Galicia decía en 2007 que los que de verdad lo hacían por motivos religiosos eran el 38%.
Por ello, en un nuevo encuentro de obispos españoles y franceses por cuyas diócesis pasa el Camino de Santiago, que se celebra esta semana en la capital gallega, insisten en una carta pastoral titulada Acogida y Hospitalidad en el Camino de Santiago en la necesidad de ofrecer al peregrino una hospitalidad cristiana. Porque, en su opinión, «la presencia de cristianos en el camino es primordial para mantener la tradición religiosa de la gran peregrinación a Santiago de Compostela y ser activos testigos de la fe en Cristo».
¿Y cómo hacer esto? Los prelados proponen, en primer lugar, cuidar los signos externos en los albergues. «Sin ser exagerados», dicen, tendrá que haber algún crucifijo, alguna imagen del apóstol Santiago, así como folletos que expliquen su vida. También imágenes de la Virgen, mejor si es bajo la advocación de la zona en la que esté situado. Y Biblias en varios idiomas y, si se quiere, ejemplares de los últimos escritos de los Papas. Añaden: «Pero también guías del camino, guías locales, anuncios relativos a la ciudad de Santiago, fiestas locales, novenas en varios idiomas…».
Del mismo modo, consideran oportuno que si hay una iglesia no muy lejos del albergue, esta sea ofrecida a los peregrinos para rezar. Así, piden al hospitalero cristiano que se coordine con el párroco y los feligreses para mantenerla abierta a determinadas horas e invitar a sus huéspedes. «Si es posible, se harán unas vísperas, una misa vespertina o una bendición del peregrino cuando salga, y se ofrecerá el sacramento de la Penitencia al que lo pida. El hospitalero cristiano avisará a los demás –no cristianos– por si acogen en sus albergues a peregrinos interesados. Si entre los caminantes hay algún sacerdote, se le pedirá que oficie una eucaristía y se avisará a los vecinos para que puedan participar», recoge la carta presentada este miércoles.
Los obispos se detienen asimismo en la figura del hospitalero cristiano que, dicen, «necesita una formación que le permita profundizar en la fe propia» y dar razón de ella, porque el mero hecho de estar bautizado y ser católico practicante «no es suficiente». «El hospitalero tendrá que responder a preguntas muy diversas sobre los fundamentos de su fe, sobre la Iglesia, sobre lo que es la religión, sobre la moral…», añaden.
Apuntan que su acogida abierta, fraternal y alegre, sin distinciones, incluso cuando el caminante esté de mal humor, tenga mal carácter o huela mal. «En cada peregrino verá a Cristo y lo acogerá en su casa», explican. También le piden esté disponible para el peregrino si este quiere hablar, con un espíritu de escucha, pero sin rechazar contestar si se le hacen preguntas directas. Finalmente, recomiendan que los albergues cristianos sean de donativo o pongan un precio muy asequible.
«La labor de los hospitaleros, de cada hospitalero, a lo largo del Camino de Santiago preparará progresivamente al peregrino a meditar, a reencontrarse a sí mismo, a descubrir a Dios en su interior. Para que, cuando llegue a la meta, cuando se termine su largo andar, encuentre la esperanza y, recibiendo los sacramentos, comprenda en lo más íntimo de su ser el significado de «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí».
Monasterios y casas religiosas
La carta pastoral también aborda la hospitalidad en monasterios y casas parroquiales, una realidad debe ser promovida y ampliada.  En este sentido, los obispos dan claves para la atención en estos lugares: «Propondrán a los huéspedes seguir los oficios religiosos o monásticos, y guardar silencio. En algunos casos, pueden compartir mesa con los peregrinos, o proponer alguna conversación para explicar su vocación y escuchar al caminante». Para ello, piden que en cada monasterio haya un monje o monja dedicado a la acogida de peregrinos.
Fran Otero

COMENTARIO DE PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (10,7-15)




Leyendo las Escrituras queda claro que la propuesta del Evangelio no es sólo la de una relación personal con Dios. Nuestra respuesta de amor tampoco debería entenderse como una mera suma de pequeños gestos personales dirigidos a algunos individuos necesitados, lo cual podría constituir una «caridad a la carta», una serie de acciones tendentes sólo a tranquilizar la propia conciencia. 

La propuesta es el Reino de Dios; se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será ámbito de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. Tanto el anuncio como la experiencia cristiana tienden a provocar consecuencias sociales. Buscamos su Reino: «Buscad ante todo el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás vendrá por añadidura» (Mt 6,33). El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre; Él pide a sus discípulos: «¡Proclamad que está llegando el Reino de los cielos!» (Mt 10,7).

El Reino que se anticipa y crece entre nosotros lo toca todo y nos recuerda aquel principio de discernimiento que Pablo VI proponía con relación al verdadero desarrollo: «Todos los hombres y todo el hombre». Sabemos que «la evangelización no sería completa si no tuviera en cuenta la interpelación recíproca que en el curso de los tiempos se establece entre el Evangelio y la vida concreta, personal y social del hombre». 

Se trata del criterio de universalidad, propio de la dinámica del Evangelio, ya que el Padre desea que todos los hombres se salven y su plan de salvación consiste en «recapitular todas las cosas, las del cielo y las de la tierra, bajo un solo jefe, que es Cristo» (Ef 1,10). 

El mandato es: «Id por todo el mundo, anunciad la Buena Noticia a toda la creación», porque «toda la creación espera ansiosamente esta revelación de los hijos de Dios» (Rm 8,19). Toda la creación quiere decir también todos los aspectos de la vida humana, de manera que «la misión del anuncio de la Buena Nueva de Jesucristo tiene una destinación universal. 

Su mandato de caridad abraza todas las dimensiones de la existencia, todas las personas, todos los ambientes de la convivencia y todos los pueblos. Nada de lo humano le puede resultar extraño». La verdadera esperanza cristiana, que busca el Reino escatológico, siempre genera historia.

(De “Evangelii Gaudium”, 180 y 181: El Reino que nos reclama)

EVANGELIO DE HOY: LO QUE HABÉIS RECIBIDO GRATIS, DADLO GRATIS





Lectura del santo Evangelio según san Mateo (10,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «ld y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios. Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis. 

No llevéis en la faja oro, plata ni calderilla; ni tampoco alforja para el camino, ni túnica de repuesto, ni sandalias, ni bastón; bien merece el obrero su sustento. 

Cuando entréis en un pueblo o aldea, averiguad quién hay allí de confianza y quedaos en su casa hasta que os vayáis. Al entrar en una casa, saludad; si la casa se lo merece, la paz que le deseáis vendrá a ella. Si no se lo merece, la paz volverá a vosotros. 

Si alguno no os recibe o no os escucha, al salir de su casa o del pueblo, sacudid el polvo de los pies. Os aseguro que el día del juicio les será más llevadero a Sodoma y Gomorra que a aquel pueblo.»

Palabra del Señor

miércoles, 12 de julio de 2017

«La comunión de los celíacos es una práctica común en España desde hace años»



El sacerdote Daniel A. Escobar Portillo, de la Delegación Episcopal de Liturgia de Madrid despeja las dudas acerca de la comunión de los celíacos
¿Qué novedades destacaría de la carta de la Congregación para el Culto divino sobre el pan y el vino para la Eucaristía con respecto a la normativa anterior?
En primer lugar, la circular, aunque es pública, está dirigida a los obispos diocesanos, no a la generalidad de los fieles, como otros documentos eclesiásticos. El motivo es que, tal y como recuerda la carta, son ellos los principales responsables en garantizar lo necesario para la celebración eucarística. En segundo lugar, la carta no aporta, en sentido estricto, ninguna novedad. No modifica la reglamentación anterior sobre la materia del pan y del vino, sino que recuerda a los prelados las disposiciones vigentes, al mismo tiempo que les sugiere algunas indicaciones prácticas.
Entonces, si únicamente se recuerda una reglamentación ya existente, ¿cuál es el sentido de esta carta precisamente ahora?
La motivación concreta para escribir una carta sobre la materia del pan y del vino a los obispos en este momento parte sobre todo de un interés pastoral. La Iglesia debe, por una parte, cuidar de que los sacramentos se celebren conforme al mandato del Señor; por otro lado, debe ser capaz de dar respuesta a las cuestiones o problemas concretos que pueden surgir en cada momento…
Por internet y las redes sociales han circulado muchas noticias falsas estos días acerca de la comunión a los celíacos. ¿Cómo pueden comulgar en realidad estas personas?
En realidad, la comunión de los celíacos no plantea grandes problemas. Ciertamente, a la hora de distribuir la comunión se debe atender esta particularidad, cada vez más frecuente. La cuestión se solventa de dos maneras: por una parte, se permite la utilización de pan con pequeñas cantidades de gluten. Además, en casos de intolerancia absoluta al gluten, los celíacos pueden comulgar únicamente del cáliz. Esta es una práctica común desde hace muchos años en España y en nuestra diócesis. Sin embargo, la carta quiere salir también al paso de diversas propuestas, como utilizar otros cereales, frutas u otros ingredientes que no se corresponden con la sencillez del pan y del vino, utilizados por el mismo Jesucristo y mantenidos siempre en la vida de la Iglesia.
¿Por qué la Iglesia pide que el pan utilizado para la Eucaristía sea de trigo?
Y el vino ha de ser natural, del fruto de la vid y sin mezcla de sustancias extrañas. El motivo es que Jesús eligió precisamente estos elementos para quedarse entre nosotros. La Iglesia ha de ser fiel siempre a ese mandato del Señor. Sin embargo, garantizando esto, el pan puede tener cantidades mínimas de gluten e incluso ser modificado genéticamente para este fin. También se admite el mosto como materia para la Eucaristía, siempre que no sea alterada su naturaleza.
La carta habla de la necesidad de controlar la preparación de las hostias y del vino para la Misa. ¿En España, quien fabrica las formas y proporciona el vino para la Misa?
La circular es consciente de que, si hasta hace poco tiempo, esta misión se realizaba casi exclusivamente por determinadas comunidades religiosas, actualmente el pan y el vino se puede adquirir prácticamente desde cualquier sitio, como en supermercados o por internet. Por eso pide a los obispos no tanto limitar los proveedores del pan y vino para la liturgia, sino garantizar de algún modo la producción y conservación adecuada de los dones que se utilizarán para la Eucaristía. En España y en Madrid, la mayoría de las hostias y del vino que se compra para la Misa provienen de comunidades o de establecimientos que desde hace tiempo los proporcionan. Algunos de estos proveedores también se encargan de fabricar las formas con menor cantidad de gluten para las personas con intolerancia a este elemento.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo