miércoles, 12 de julio de 2017

Experto explica la nueva vía de beatificación abierta por el Papa Francisco


Reconocer a aquellos que viven y que han dado su vida imitando a Cristo, incluso aunque no tengan fe. Ese es el objetivo del reciente Motu Proprio aprobado por el Papa Francisco en el que se establece el ofrecimiento de la propia vida como una nueva posible causa de beatificación.
Así lo explicó en declaraciones a ACI Prensa el P. Giulio Maspero, profesor extraordinario de Teología Dogmática de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz, en Roma.
«Para entenderlo hay que ir a lo fundamental, y en este caso lo fundamental, como es siempre, es Cristo», explicó.
El P. Maspero se preguntó: «¿Qué es lo que hizo Cristo?: Murió por nosotros. Sabía que iba a morir en la Cruz, a pesar de que no necesitaba morir. Por el contrario, nosotros morimos porque hemos nacido. Él no. Él nació para morir. Y murió para que nosotros viviéramos».
«Entonces, cuando un hombre muere para salvar a otro, eso ya es imitar a Cristo. Incluso cuando no tiene fe explícita, es decir, cuando no entrega su vida como un mártir al que exigieran rechazar la fe para salvarse». Porque «cuando una persona hace ese acto de entrega, está imitando a Cristo».
En este sentido recordó que el santo «es una persona que está viviendo la vida de Cristo. La Iglesia cuando dice que alguien es santo no es que lo esté haciendo santo, sino que está reconociendo que algo ha pasado en su vida que le ha convertido en una sola cosa con Cristo».
Por otro lado, afirmó que se pueden encontrar muchos ejemplos, como el P. Maximiliano Kolbe, quien «durante la segunda guerra mundial, en un campo de concentración, dio la vida para salvar a un padre de familia. Otro caso es el de un carabinero en Italia que murió para salvar a otro».
«Lo que dice el Motu Proprio ahora es que esto se pude extender también a personas que no tenían una intención explícita de hacer eso para Jesús», subrayó.
Para ilustrar la intención del Motu Proprio con más claridad, el P. Giulio Maspero señaló el episodio del Evangelio de Mateo en el que se habla del Juicio Final. En ese pasaje Jesús sitúa a su derecha a aquellos que le dieron de beber cuando tenía sed, o de comer cuando tenía hambre. Pero «esos señores preguntan que cuándo hicieron eso. Se nota que no sabían quién era Cristo. Sólo han ayudado a otras personas».
«Si eso implica dar incluso la vida, darse totalmente al otro, quiere decir que en medio hay una comunión con Cristo, no explícita, quizás, pero real, que se puede reconocer ahora como causa de beatificación».
El profesor de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz situó este Motu Proprio en la línea del Pontificado de Francisco, centrado en la Misericordia. «Toda persona que tiene Misericordia está hablando de Dios, aunque no tenga una fe explícita».
«En el fondo es decir lo mismo que subrayaba Benedicto XVI cuando decía que el Cristianismo no es una doctrina filosófica, no es una moral, sino que es el encuentro con Cristo, es la presencia de Cristo entre nosotros. El Papa Francisco está explicando lo mismo pero a través de hechos, de gestos concretos», concluyó.
ACI/Miguel Pérez Pichel

El Papa invita a los catequistas a ser creativos y buscar las formas para anunciar a Cristo



El papa Francisco envió un mensaje a los catequistas reunidos en el Simposio Internacional de Catequética que se desarrolla desde este martes 11 de julio hasta el viernes 14, recordándoles que ser catequistas «no es un trabajo» sino que «es un don», e invitándolos «a ser creativos», y «buscar diferentes medios y formas para anunciar a Cristo». El simposio se está realizando en la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (UCA), en el barrio de Villa Devoto, informó la agencia de noticias Aica.
A continuación el texto de la misiva
A Su Excelencia Mons. Ramón Alfredo Dus, Arzobispo de Resistencia,
Presidente de la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica
Vaticano, 5 de julio de 2017
Querido hermano:
Un cordial saludo a vos y a todos los que participarán en los diferentes encuentros de formación que ha organizado la Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica.
San Francisco de Asís, cuando uno de sus seguidores le insistía para que le enseñara a predicar, le respondió de esta manera: «Hermano, [cuando visitamos a los enfermos, ayudamos a los niños y damos comida a los pobres] ya estamos predicando». En esta bella lección se encuentra encerrada la vocación y la tarea del catequista.
En primer lugar, la catequesis no es un «trabajo» o una tarea externa a la persona del catequista, sino que se «es» catequista y toda la vida gira entorno a esta misión. De hecho, «ser» catequista es una vocación de servicio en la Iglesia, lo que se ha recibido como don de parte del Señor debe a su vez transmitirse. De aquí que el catequista deba volver constantemente a aquel primer anuncio o «kerygma» que es el don que le cambió la vida. Es el anuncio fundamental que debe resonar una y otra vez en la vida del cristiano, y más aún en aquel que está llamado a anunciar y enseñar la fe. «Nada hay más sólido, más profundo, más seguro, más denso y más sabio que ese anuncio» (Evangelii Gaudium, 165). Este anuncio debe acompañar la fe que está ya presente en la religiosidad de nuestro pueblo. Es necesario hacerse cargo de todo el potencial de piedad y amor que encierra la religiosidad popular para que se transmitan no sólo los contenidos de la fe, sino para que también se cree una verdadera escuela de formación en la que se cultive el don de la fe que se ha recibido, a fin de que los actos y las palabras reflejen la gracia de ser discípulos de Jesús.
El catequista camina desde y con Cristo, no es una persona que parte de sus propias ideas y gustos, sino que se deja mirar por él, por esa mirada que hace arder el corazón. Cuanto más toma Jesús el centro de nuestra vida, tanto más nos hace salir de nosotros mismos, nos descentra y nos hace ser próximos a los otros. Ese dinamismo del amor es como el movimiento del corazón: «sístole y diástole»; se concentra para encontrarse con el Señor e inmediatamente se abre, saliendo de sí por amor, para dar testimonio de Jesús y hablar de Jesús, predicar a Jesús. El ejemplo nos lo da él mismo: se retiraba para rezar al Padre e inmediatamente salía al encuentro de los hambrientos y sedientos de Dios, para sanarlos y salvarlos. De aquí nace la importancia de la catequesis «mistagógica» que es el encuentro constante con la Palabra y con los sacramentos y no algo meramente ocasional previo a la celebración de los sacramentos de iniciación cristiana. La vida cristiana es un proceso de crecimiento y de integración de todas las dimensiones de la persona en un camino comunitario de escucha y de respuesta (cf. Evangelii Gaudium, 166).
El catequista es además creativo; busca diferentes medios y formas para anunciar a Cristo. Es bello creer en Jesús, porque él es «el camino, y la verdad y la vida» (Jn 14, 6) que colma nuestra existencia de gozo y de alegría. Esta búsqueda de dar a conocer a Jesús como suma belleza nos lleva a encontrar nuevos signos y formas para la transmisión de la fe. Los medios pueden ser diferentes pero lo importante es tener presente el estilo de Jesús, que se adaptaba a las personas que tenía ante él para hacerles cercano el amor de Dios. Hay que saber «cambiar», adaptarse, para hacer el mensaje más cercano, aun cuando es siempre el mismo, porque Dios no cambia sino que renueva todas las cosas en él. En la búsqueda creativa de dar a conocer a Jesús no debemos sentir miedo porque él nos precede en esa tarea. Él ya está en el hombre de hoy, y allí nos espera.
Queridos catequistas, les doy las gracias por lo que hacen, pero sobre todo porque caminan con el Pueblo de Dios. Los animo a que sean alegres mensajeros, custodios del bien y la belleza que resplandecen en la vida fiel del discípulo misionero.
Que Jesús los bendiga y la Virgen santa, verdadera «educadora de la fe», los cuide.
Y, por favor, no se olviden de rezar por mí.
Francisco. +
Zenit

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO (10,1-7)




El pasaje evangélico de hoy nos presenta un momento decisivo... Cuando Jesús llamó a los Doce, quería referirse simbólicamente a las tribus de Israel, que se remontan a los doce hijos de Jacob. Por eso, al poner en el centro de su nueva comunidad a los Doce, dio a entender que vino a cumplir el plan del Padre celestial...

Como hemos escuchado, a los Doce “les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia” (Mt 10, 1). Los Doce deberán cooperar con Jesús en la instauración del reino de Dios, es decir, en su señorío benéfico, portador de vida, y de vida en abundancia, para la humanidad entera. 

En definitiva, la Iglesia, como Cristo y juntamente con Él, está llamada y ha sido enviada a instaurar el Reino de vida y a destruir el dominio de la muerte, para que triunfe en el mundo la vida de Dios, para que triunfe Dios, que es Amor. 

Esta obra de Cristo siempre es silenciosa; no es espectacular. Precisamente en la humildad de ser Iglesia, de vivir cada día el Evangelio, crece el gran árbol de la vida verdadera. Con estos inicios humildes, el Señor nos anima para que, también en la humildad de la Iglesia de hoy, en la pobreza de nuestra vida cristiana, podamos ver su presencia y tener así la valentía de salir a su encuentro y de hacer presente en esta tierra su amor, que es una fuerza de paz y de vida verdadera. 

Así pues, el plan de Dios consiste en difundir en la humanidad y en todo el cosmos su amor, fuente de vida. No es un proceso espectacular; es un proceso humilde, pero que entraña la verdadera fuerza del futuro y de la historia. Es un proyecto que el Señor quiere realizar respetando nuestra libertad, porque el amor, por su propia naturaleza, no se puede imponer. 

Por tanto, la Iglesia es, en Cristo, el espacio de acogida y de mediación del amor de Dios. Desde esta perspectiva se ve claramente cómo la santidad y el carácter misionero de la Iglesia constituyen dos caras de la misma medalla: sólo en cuanto santa, es decir, en cuanto llena del amor divino, la Iglesia puede cumplir su misión; y precisamente en función de esa tarea Dios la eligió y santificó como su propiedad personal. 

Por tanto, nuestro primer deber, precisamente para sanar a este mundo, es ser santos, conformes a Dios. De este modo obra en nosotros una fuerza santificadora y transformadora que actúa también sobre los demás, sobre la historia...

Al respecto, es útil tener presente que los doce Apóstoles no eran hombres perfectos, elegidos por su vida moral y religiosa irreprensible. Ciertamente, eran creyentes, llenos de entusiasmo y de celo, pero al mismo tiempo estaban marcados por sus límites humanos, a veces incluso graves. 

Así pues, Jesús no los llamó por ser ya santos, completos, perfectos, sino para que lo fueran, para que se transformaran a fin de transformar así la historia. Lo mismo sucede con nosotros y con todos los cristianos. 
(De la homilía de Benedicto XVI el 15-06-2008)

EVANGELIO DE HOY: PROCLAMEN QUE EL REINO DE LOS CIELOS ESTÁ CERCA



Lectura del santo evangelio según san Mateo (10,1-7):

En aquel tiempo, Jesús, llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y dolencia. 

Éstos son los nombres de los doce apóstoles: el primero, Simón, llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago el Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé, Tomás y Mateo, el publicano; Santiago el Alfeo, y Tadeo; Simón el Celote, y Judas Iscariote, el que lo entregó.

A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones: «No vayáis a tierra de gentiles, ni entréis en las ciudades de Samaria, sino id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca.»

Palabra del Señor

Nuevo criterio para las beatificaciones: perder la vida por el prójimo, por amor de Jesús


El papa Francisco a través del Motu Proprio “Maiorem hac dilectionem”, ha abierto la posibilidad de abrir la causa de beatificación de “quienes empujados por la caridad han ofrecido heroicamente la propia vida por el prójimo aceptando libremente y voluntariamente una muerte cierta y prematura con la intención de seguir a Jesús”.
Sería por ejemplo el fiel que da su vida en un extremo acto de caridad, al asistir a un enfermo que le acabará contagiando una enfermedad mortal.
Esta nueva se suma a las otras tres causales ya existentes: la del martirio, la de las virtudes heroicas y la de las causas excepcionales, indica el documento pontificio divulgado este martes por la Oficina de prensa de la Santa Sede.
Y si bien estas tres vías están abiertas y se puedan recorrer, parece que no sean suficientes para interpretar todos los casos posibles de santidad canonizable. Por ello últimamente, explica L’Osservatore Romano, la Congregación de la Causa de los Santos se planteó la pregunta “si no merezcan la beatificación aquellos siervos de Dios que inspirados por el ejemplo de Cristo, hayan libremente y voluntariamente ofrecido e inmolado la propia vida por los hermanos en un supremo acto de caridad, que haya sido directamente causa de muerte”.
El diario del Vaticano indica que se trata de “una cuarta vía que podríamos llamar la oferta de la vida. Y si bien tiene elementos que la asemejan a la vía del martirio y a la de las virtudes heroicas, es una nueva vía que quiere valorizar un testimonio heroico cristiano, hasta ahora sin un procedimiento específico, porque no entra plenamente en la tipología del martirio, ni en las de las virtudes heroicas.
La nueva disposición recibió el 27 de septiembre de 2016 en sesión plenaria, el parecer favorable de la Congregación de las Causas de los Santos.
El Motu Proprio establece por tanto que “el ofrecimiento de la vida es una nueva causal en el proceso de beatificación y canonización, distinta de los casos del martirio y de la heroicidad de las virtudes”.
El Motu proprio formula así el ofrecimiento de la vida: “Si resulta probado el ofrecimiento de la vida hasta la muerte debido a la caridad, así como a las virtudes cristianas ejercitadas al menos en grado ordinario”.
 ZENIT

martes, 11 de julio de 2017

¿De Pedro o de Pablo?



El Papa da de nuevo en la diana. No quiere «cristianos de salón, que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y el mundo», sobre todo si el comentario no está destinado a mejorar sino a someter todo a «estado de opinión».
A veces me he encontrado en esta tesitura, en medio de un grupo de gente que comenta, habla, murmura, opina sobre la Iglesia y sus miembros, poniéndose de parte de, a favor de, o en contra de, como si de una costumbre se tratara. Hay quien lo ideologiza todo, da igual que hable del Papa actual, del emérito, del anterior, del que hubo hace siglos o del que desearía que ahora estuviera en la cátedra de Pedro… ¡Cuántos comentarios inútiles para no acoger el tiempo presente!
Es el afán del hombre de ser juez, sobre todo de sus hermanos. Hoy quiero deciros que viene mucha gente a nuestro monasterio, las puertas de la acogida están abiertas a todos. Somos un hospital de campaña para todos, también para la misma Iglesia, un lugar de comunión, no de enfrentamiento; un lugar de concordia, no de lucha dialéctica; un lugar de perdón y comprensión, no de crítica ni murmuración; un lugar de reconciliación, no un lugar en el que se alarguen las distancias. Creo que ese talante conciliador, pacífico, que no entra a la crítica rápida y al posicionamiento, sino que tiene claro el pacto fundamental con el Evangelio y con la Iglesia de Cristo, nos ha hecho ser rechazados por ciertos sectores, aquellos que tienen trincheras muy claras y evidentes.
¿De Pedro, de Pablo, de Apolo? ¿No os recuerda esto, queridos lectores, a un aviso de Pablo a los cristianos de sus comunidades en la primera carta a los Corintios? De Cristo, somos de Cristo. «Así que no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es vuestro: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios». Que la Iglesia sea «un recinto de paz», ese hospital de campaña donde nos curemos los unos a los otros de ese afán partidista que nos divide y enfrenta. No hay otra llamada: ser uno en Cristo Jesús.
Madre Prado González Heras

11 de julio: san Benito de Nursia, abad


Es el hombre que formó una verdadera revolución en la puesta en marcha en Occidente de un estilo de vida cristiano que perdura en nuestros días y que ha dado a la Iglesia cantidad de hombres influyentes tanto en el gobierno, como pioneros fueron en las artes; de él salió una impresionante estela de monjes que terminaron por influir en el mundo científico y en el saber teológico; fueron guías de pueblos y otras muchas cosas más.
Aunque no es demostrable, se dice que sus padres se llamaron Eutropio y Abundancia. Hermano gemelo de la santa Escolástica, que se venera a su sombra. Se le presenta como proveniente de una familia ilustre, aunque de costumbres austeras, como era propio de la montaraz Umbría italiana. El nombre de Benedictus lo empleó su biógrafo san Gregorio para jugar con los conceptos expresados en la palabra y afirmar que «fue bendito, además de por el nombre, por la gracia».
En su niñez estuvo bajo los cuidados de su nodriza, llamada Cirila, que era griega de nacimiento. Estudió en Roma en los difíciles tiempos de la invasión y saqueo de Teodorico, en el 493; allí se llenó de romanidad, se hizo experto en artes liberales y perito en derecho. Pero al final de su preparación, en vez de dedicarse al ejercicio de la jurisprudencia, sintió deseos de imitar a los eremitas del desierto dados a conocer en Roma por Atanasio y Jerónimo. Abandona todo, su status, su familia, los libros, y las promesas humanas de futuro; considera que la más alta ciencia es la contemplación. Solo la chacha griega le ata al mundo y vida anterior; ella le acompañará a la aldea de Eufide, en la montaña, junto a la iglesia; allí comenzará los balbuceos que terminarán en la pujanza de los monasterios aún por inventar. Vida de intensísima oración y penitencia con alguna plática espiritual al viajero que pasa o con el paisano que cuida ganado o cultiva la tierra. Todo marchó bien hasta que un día se le ocurrió a Benito hacer un milagro para quitar las lágrimas del rostro de su aya Cirila porque el cedazo se le había roto y con la sola oración unió los pedazos de barro; ella lo comentó con alguien y así fue como se rompieron las ataduras humanas. Al día siguiente desapareció Benito sin despedirse siquiera.
El monje Román le impone la túnica como hábito. Vive en la gruta de Subiaco donde mantiene luchas casi desesperadas contra la carne, el hambre, la sed, la soledad, los reclamos de la vida mundana y las terribles tentaciones diabólicas. Los aprendices de monje en Vicovaro, conociendo su santidad, le piden que ponga orden en su indisciplinada vida donde las pasiones habían hecho presa; hizo levantar doce pequeños monasterios en las orillas del lago que formaba el río Anio. Los nobles comenzaron a encomendarle la educación de sus hijos y se llegaron a mezclar entre ellos los godos con los romanos. La fama de santidad pasó a las tierras y llegó a Roma ¡y a Nursia! Pero su buena voluntad no fue suficiente porque aquellos monjes no aceptaban su disciplina; aquel envidioso clérigo, Florencio, llegó hasta la calumnia y el intento de envenenarlo. Pudo, pero no quiso usar su autoridad; empleó la mansedumbre, dejó su amada gruta y a los monjes en buenas manos, marchó con poca compañía por los Abruzos hasta encontrar el lugar adecuado en Monte Casino, entre Roma y Nápoles, y sobre las ruinas de un templo pagano levanta el gran monasterio cuna de la orden benedictina. Allí, poco a poco, va surgiendo un cada vez más grande cenobio amurallado, donde escribió la Regla para conducirse en la vida monástica.
Cada año recibía una vez, en dependencia próxima al monasterio, a su hermana Escolástica que regía monasterio y vivía contemplando según el espíritu que enseñaba su hermano. La última vez pidió la hermana alargar durante la noche la conversación sobre cosas del Paraíso; la firme negativa del hermano provocó la oración de Escolástica ¡y el milagro! Se levantó un huracán, llovió como nunca, sonaron los truenos y relámpagos impidiendo la separación y llevando hasta el nuevo día con el alba la charla sobre asuntos celestiales. A los tres días murió Escolástica, viendo su hermano en oración salir su alma en forma de paloma; mandó subir su cuerpo a Montecasino para ponerlo en sepulcro que había preparado para sí mismo.
El posterior eco de su estilo, su Regla –modelo de espiritualidad y discreción–, la fidelidad de los monjes de hábito negro, hizo que por todo Occidente fueran surgiendo monasterios para la oración continua, la contemplación intensa, la penitencia, el espíritu de pobreza, el trabajo manual de la tierra para mantenerse, el estudio y el escritorio, la alabanza a Dios y la parquedad en la conversación –reducida a la necesaria– dieran tono espiritual, irradiándolo en su entorno. Tanto que su Regla por la que se rigen hoy varias decenas de miles de monjes en todo el mundo ha hecho que el patriarca del monacato occidental sea como la carta fundacional de Europa. Comparte este patronazgo con los santos Cirilo y Metodio. En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, cuando se prepara la Iglesia para el comienzo del tercer milenio, el Sumo Pontífice Juan Pablo II declaró a Edith Stein, Patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Brígida de Suecia, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los Patronos, para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del Continente.
El mismo Montecasino puede interpretarse como un símbolo de nuestra cultura cristiana. Construido sobre el paganismo, arrasado por los bárbaros, machacado en la segunda guerra mundial… y ahí está, sobreviviendo a las culturas como ciudad construida en lo elevado para que se vea, y como luz que se coloca en lugar alto para iluminar.
Es la persona que marca un estilo y lo hace vida, abriendo surco de santidad para los llamados.
Archimadrid.org

Cardenal Osoro a los jóvenes de Madrid: «Jesús es el antídoto contra el cansancio y el agobio»

El pasado viernes, 7 de julio y primero de mes, el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, celebró la tradicional vigilia de oración con jóvenes en la catedral de Santa María la Real de la Almudena. El prelado fijó su mirada en cada uno de los allí presentes, para animarles a descubrir «la ecología de un cristiano». Así, rememorando cada misterio de la Palabra y a un Dios que «no puede tener privilegios con nadie», señaló que «lo que quiere decir el Señor solo puede ser dictado por la gente sencilla, que no tiene prejuicios»; mientras que «los engreídos, los autosuficientes y los sabios tienen capacidad para crearse su propio Dios», pero «un Dios que siempre se parecerá a ellos mismos».
Esta es nuestra ecología, destacó, «la que nos reúne a nosotros en torno a Jesús». Ya que en Él «comprendemos y entendemos quién es el hombre, quienes somos nosotros y quién es Dios». Por eso, señaló «tres aspectos esenciales» que el Señor regala para vivir en esta ecología del cristiano.
La experiencia de sentirnos amados
En primer lugar, «todo nos ha sido dado» y «estamos aquí porque nos ha sido dada la vida; es su amor el que nos está dando en todo momento», dijo. De esta manera, «el fondo de la realidad última no es nada sino amor». La realidad última no es la nada, aseveró, «sería terrible»; ya que «la realidad última es el amor, eres tú Señor, que has dicho de ti mismo que eres el amor, el camino, la verdad y la vida».
Además, subrayó que, en segundo lugar, «conocemos todo por Jesús». Porque «"Nadie conoce al Hijo, sino el Padre", decía Él», y «nosotros podemos decir lo mismo, podemos reconocer que todo nos ha sido dado, que el Padre reconoce al Hijo en profundidad y esta es la experiencia nuclear de la vivencia de Jesús». De esta manera, «la experiencia humana más profunda que podemos hacer es la de sentirnos amados».
Y, en tercer lugar, «Jesús es el antídoto contra el cansancio y el agobio». Y, por eso, «nos dice "Venid a mí los que estáis cansados y agobiados", sí, "y yo os aliviaré"». Jesús, afirmó, «se dirige a los cansados, a los que andan sin sentido, a aquellos no pueden más, a los que dejamos al margen, a los abatidos por los sufrimientos de la vida», y «entre esos cansados y agobiados, podemos estar nosotros».
Nadie está excluido del amor de Dios
Y de ese amor, concluyó, «no está excluido nadie», incluso «aquel que pueda insultar al Señor, aquel que no le respeta, no está excluido de su amor». Un amor que «libera a todos, ilumina a la oscuridad y llena los vacíos de nuestro corazón», porque «Jesús sana, cura y es el verdadero consuelo».
Las vigilias se retomarán el viernes 1 de septiembre.
Infomadrid / Carlos González
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Comentario del santo Evangelio según san Mateo 19, 27-29


El Señor custodia los buenos senderos

“Hijo mío si aceptas mis palabras… alcanzarás el conocimiento de Dios”. Y con el conocimiento de Dios y todo lo que Dios nos revela lograremos la sensatez, el saber e inteligencia de la vida, la rectitud, la conducta intachable, el caminar por buenos senderos, la justicia. Esto es lo que ya proporcionaba Dios, a través de su sabiduría, en el Antiguo Testamento. Algo que Jesús, el Hijo de Dios, viene a decirnos con mucha más fuerza y mucha más claridad. Nos indica el camino que debemos seguir para obtener esa vida en abundancia que todos deseamos. “Yo soy la luz del mundo, el que me sigue no andará en tinieblas”. Profundamente agradecidos al Señor Jesús, por la sabiduría de vida que nos regala, fruto del gran amor que nos tiene, volvamos a él una y mil veces.  “Te seguiré donde quiera que vayas”.

  ¿Qué nos va a tocar?

El impetuoso y directo Pedro pregunta a Jesús que, después de todo lo que han hecho por él, dejarlo todo y seguirle, “¿qué nos va a tocar?”. Espera una recompensa por parte de Jesús.

Distinto planteamiento tiene el monje San Benito, cuya fiesta celebramos hoy. Desde que fue seducido por Jesús, desde que atisbó quién era Dios, todo lo que había hecho por él y todo los que le ofrecía, su gran ilusión, su gran tarea fue “quaerere Deum”, “buscar a Dios”. Y su recompensa no podía ser otra que encontrar a Dios y gozar de su amistad. No quería más. San Benito y todos los monjes tienen como misión recordarnos a todos los hombres, principalmente a todos los cristianos, que el gran deseo del corazón humano no es alcanzar grandes riquezas, grandes triunfos según nuestra sociedad, sino la unión amorosa con nuestro Dios, porque nuestro corazón está hecho justamente para eso, para el encuentro amoroso con Dios. Sabiendo que nuestra unión amorosa con Dios es el mejor trampolín para amar a nuestros hermanos.

San Benito (480-547), fundador de los benedictinos y patriarca del monaquismo occidental, él y sus hijos, quieren recordarnos que Dios es Dios, a quien hay que alabar, agradecer, implorar, buscar, encontrar, disfrutar… Quieren ser memoria de Dios y de otra dimensión humana esencial: la de colaborar con el Creador en la casa común que es la tierra con el trabajo de cada día: “Ora et labora”.  

Fray Manuel Santos Sánchez
Real Convento de Predicadores (Valencia)

Vosotros, los que me habéis seguido, recibiréis cien veces más

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 27-29

En aquel tiempo, dijo Pedro a Jesús: «Nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar?»

Jesús les dijo: «Os aseguro: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para regir a las doce tribus de Israel. El que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.»
Palabra del Señor.

Ángelus del Papa: Jesús dice a todos ¡ánimo, ven a mí!


«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
En el Evangelio de hoy, Jesús dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso» (Mt 11, 28). El Señor no reserva esa frase a alguno de sus amigos, no. La dirige a ‘todos’ aquellos que están cansados y agobiados por la vida. Y ¿quién puede sentirse excluido de esta invitación? El Señor sabe cuán pesada puede ser la vida. Sabe que muchas cosas fatigan el corazón: desilusiones y heridas del pasado, cargas que hay que llevar y perjuicios que hay que soportar en el presente, incertidumbres y preocupaciones para el futuro.
Ante todo ello, la primera palabra de Jesús es una invitación; una invitación a moverse y reaccionar: ‘Vengan’. La equivocación, cuando las cosas van mal, es la de permanecer allí donde se está. Parece evidente, pero ¡qué difícil es reaccionar y abrirse! No es fácil. En los momentos oscuros es natural estar consigo mismo, rumiar sobre cuán injusta es la vida, sobre cuán ingratos son los demás y qué malo es el mundo, y otras cosas así… Todos lo sabemos. Algunas veces hemos sufrido esta experiencia fea, pero así, ensimismados en nosotros mismos, vemos todo negro. Entonces se llega incluso a familiarizar con la tristeza, que se arraiga, aquella tristeza nos postra. Qué cosa fea es esta tristeza. En vez, Jesús quiere sacarnos de esas ‘tierras movedizas’ y por ello le dice a  cada uno: ‘¡Ven!’ - ¿Quién? ¡Tú, tú, tú! El camino para salir está en la relación, en el tender la mano y levantar la mirada hacia quien nos ama de verdad.
En efecto, salir de sí mismo no basta, hay que saber dónde ir. Porque tantas metas son ilusorias: prometen alivio y distraen solamente un poco, aseguran paz y dan diversión, dejando luego en la soledad de antes, son ‘fuegos artificiales’. Por ello, Jesús indica dónde ir: ‘Vengan a mí’, así dice Jesús. Tantas veces ante un peso de la vida o ante una situación que nos aflige, intentamos hablar con alguien que nos escuche, con un amigo, con un experto… Es un gran bien, ¡pero no olvidemos a Jesús! No nos olvidemos de abrirnos a Él y de contarle nuestra  vida, de encomendarle a las personas y las situaciones. Quizá haya ‘zonas’ de nuestra vida que nunca le abrimos a Él y que han permanecido oscuras, porque nunca han visto la luz del Señor. Cada uno de nosotros tiene su propia historia. Y si alguien tiene esta zona oscura, busquen a Jesús, vayan adonde un misionero de la misericordia, vayan a donde un sacerdote, vayan… Pero vayan a Jesús y cuéntenle eso a Jesús.
Hoy, él nos dice a cada uno: ¡Ánimo, no te rindas ante los pesos de la vida, no te encierres ante los miedos y los pecados, sino ven a mí!’
Él nos espera, nos espera siempre, no para resolvernos mágicamente los problemas, sino para fortalecernos en nuestros problemas. Jesús no nos quita los pesos de la vida, sino la angustia del corazón; no nos quita la cruz, sino que la lleva con nosotros. Y, con Él, todo peso se vuelve ligero (Cfr 30), porque Él es el descanso que buscamos. Cuando en la vida entra Jesús, llega la paz, aquella que permanece aún en las pruebas, en los sufrimientos. Vayamos a Jesús, démosle nuestro tiempo, encontrémoslo cada día en la oración, en un diálogo confiado y personal; familiaricemos con su Palabra, redescubramos sin miedo su perdón, saciémonos con su Pan de vida: nos sentiremos amados y nos sentiremos consolados por Él.
Es Él mismo el que nos lo pide, casi insistiendo. Lo repite nuevamente al final del Evangelio de hoy: ‘Aprendan de mí… y encontrarán descanso para vuestra vida» (29). Aprendamos a ir a Jesús y, mientras, en los meses de verano buscamos un poco de reposo de lo que fatiga el cuerpo, no olvidemos encontrar el descanso verdadero en el Señor. Que nos ayude en esto la Virgen María nuestra Madre, que siempre nos cuida cuando estamos cansados y oprimidos y nos acompaña a Jesús»
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak)

domingo, 9 de julio de 2017

Las ONG retan al ministro Zoido a acompañarles en patrullas de rescate en el mar a refugiados



Criminalizar a las ONG, acusándolas de complicidad con las mafias, es una forma de «manipular con discursos del miedo»
Médicos Sin Fronteras (MSF) lamenta el «gran desconocimiento» del ministro del Interior, Juan Ignacio Zoido, de lo que está ocurriendo en el Mediterráneo Central, después de que acusara a las ONG de fomentar «la migración irregular». «Las ONG están trabajando coordinadas con los guardacostas italianos, no es un grupo de hippies que vaya por libre», responde la responsable de Operaciones para el Mediterráneo de MSF, Paula Farías.
«Nos gustaría saber desde qué autoridad moral habla Zoido, cuando representa a un país que está incumpliendo los compromisos que había adquirido respecto a la reubicación de refugiados», añade Farías. Las ONG –denuncia– están rescatando a «gente del agua» cuando deberían ser los Estados los que se encargaran de hacerlo. Sin embargo, una Europa «insolidaria» es incapaz de ver una crisis humanitaria, y se preocupa únicamente por proteger las fronteras.
«Nosotros ayudamos a la gente que muere y se juega la vida en el Mediterráneo, a la que Europa está dando la espalda». «Criminalizar a las ONG» es «una cortina de humo» y «un ejercicio de cinismo muy grande», dice la responsable de MSF, quien critica igualmente la afirmación de la Comisión Europea al considerar Libia como un «estado seguro» al que «se puede devolver a la gente».
Europa –asegura– lleva «mucho tiempo jugando con el miedo a lo diferente», para «generar miedo» en la sociedad y convencerla de que si llega gente habrá «terribles consecuencias». «Esto es una forma de manipular mensajes, les conviene ese discurso del miedo, que es una falacia. La gente que huye es vulnerable y necesita apoyo y que estemos a la altura de nuestros principios».
Palabras de indignación ha habido también desde Cáritas Española y otras organizaciones sociales. Save the Children ha invitado al ministro a participar en sus misiones de rescate en el Mediterráneo para que vea la «desesperación» de las familias, para las que «arriesgar sus vidas en el mar es la única opción».
Andrés Conde, director general de esta organización, denuncia que son estados como el español los que «potencian» la inmigración irregular y que los refugiados e inmigrantes se vean obligados a recurrir a las mafias, ante la inexistencia de «vías seguras para hacerlo».
Italia cuenta con corredores humanitarios puestos en marcha por la Comunidad de Sant’Egidio para traer a refugiados de forma segura, en coordinación con las autoridades. El proyecto ha arrancado esta semana también en Francia. En España, la oferta, con coste cero para la Administración, está encima de la mesa del gobierno desde hace varios meses.

Europa Press/Alfa y Omega

Llegan al Reino Unido «pruebas» a favor del tratamiento experimental para el niño Charly Gard


Expertos del Hospital Bambino Gesu reconocen que la terapia no está aún desarrollada, pero creen que podría funcionar
El hospital pediátrico londinense Great Ormond Street rectifica parcialmente, al reconocer que «hay pruebas» que muestran que el tratamiento experimental para el pequeño Charly Gard, de 10 meses, podrían funcionar.
La justicia británica dio la razón al hospital contra el deseo de sus padres, partidarios de intentar alguna terapia alternativa o, al menos, llevarse al niño, desahuciado por los médicos, a morir a casa. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos, con sede en Estrasburgo, refrendó la decisión.
Casos como el de Charly son relativamente frecuentes. El motivo por el que ha saltado a la luz es por el rechazo de los padres del niño al criterio de los médicos. En atención, supuestamente, al bien del menor, se optó por retirarle el tratamiento (incluidas las medidas de soporte vital) para evitarle sufrimientos, medidas que los padres y la presión internacional han logrado paralizar, al menos de forma temporal.
Desde el Papa a Donald Trump, el caso de Charly Gard ha recibido atención desde todo el mundo, al mismo tiempo convirtiéndolo para algunos dirigentes británicos en una especie de cuestión de honor nacional. Para muchos ciudadanos del Reino Unido, sin embargo, el verdadero escándalo es que a unos padres se les niegue el derecho a ofrecer un tratamiento médico a su hijo para intentar salvarle la vida.
Lo que afirman las pruebas remitidas ahora al hospital desde varios países del mundo, entre otros del Hospital Bambino Gesu de Roma (conocido como el “hospital del Papa”), es que el tratamiento experimental que se propone frente a la enfermedad genética que padece el menor no supone un encarnizamiento terapéutico ni tampoco puede descartarse de entrada que pueda ser eficaz. Los expertos del Bambino Gesu reconocen que el tratamiento debería probarse antes en animales, pero en un caso límite como este consideran adecuado intentarlo. Por ello, se dirigen «respetuosamente» al hospital británico que solicitando que «esta terapia pueda ser administrada a Charlie Gard».
Alfa y Omega

Tres llamadas de Jesús

El evangelio de Mateo ha recogido tres llamadas de Jesús que hemos de escuchar con atención sus seguidores, pues pueden transformar el clima de desaliento, cansancio y aburrimiento que a veces se respira en algunos sectores de nuestras comunidades cristianas.
"Venid a mí todos los que estáis fatigados y agobiados, y yo os aliviaré".
Es la primera llamada. Está dirigida a todos los que viven su religión como una carga pesada. No son pocos los cristianos que viven agobiados por su conciencia. No son grandes pecadores. Sencillamente han sido educados para tener siempre presente su pecado y no conocen la alegría del perdón continuo de Dios. Si se encuentran con Jesús se sentirán aliviados.
Hay también cristianos cansados de vivir su religión como una tradición gastada. Si se encuentran con Jesús aprenderán a vivir confiando en un Dios Padre. Descubrirán una alegría interior que hoy no conocen. Seguirán a Jesús no por obligación, sino por atracción.
"Cargad con mi yugo, porque es llevadero, y mi carga, ligera".
Es la segunda llamada. Jesús no agobia a nadie. Al contrario, libera lo mejor que hay en nosotros, pues nos propone vivir haciendo la vida más humana, digna y sana. No es fácil encontrar un modo más apasionante de vivir.
Jesús libera de miedos y presiones, no los introduce; hace crecer nuestra libertad, no nuestras servidumbres; despierta en nosotros la confianza, nunca la tristeza; nos atrae hacia el amor, no hacia leyes y preceptos. Nos invita a vivir haciendo el bien.
"Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras vidas".
Es la tercera llamada. Hemos de aprender de Jesús a vivir como él. Jesús no complica la vida. La hace más clara y sencilla, más humilde y más sana. Ofrece descanso. No propone nunca a sus seguidores algo que él no ha vivido. Por eso puede entender nuestras dificultades y nuestros esfuerzos, puede perdonar nuestras torpezas y errores, animándonos siempre a levantarnos.

Hemos de centrar nuestros esfuerzos en promover un contacto más vital con Jesús en nuestras comunidades, tan necesitadas de aliento, descanso y paz. Me entristece ver que es precisamente su modo de entender y de vivir la religión lo que conduce a no pocos, casi inevitablemente, a no conocer la experiencia de confiar en Jesús. Pienso en tantas personas que, dentro y fuera de la Iglesia, viven "perdidas", sin saber a qué puerta llamar. Sé que Jesús podría ser para ellas la gran noticia.
José Antonio Pagola

Soy manso y humilde de corazón

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomó la palabra Jesús y dijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me lo ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Palabra del Señor.