lunes, 8 de mayo de 2017

Papa: Cristo, Buen Pastor, puerta de salvación para la humanidad

 Antes de rezar la oración mariana de este tiempo pascual, es decir el Regina Coeli del primer domingo de mayo, conocido como “Domingo del Buen Pastor”, el Papa Francisco reflexionó con el Evangelio de Juan que nos presenta a Jesús mediante dos imágenes. A saber, la del Pastor y la de la Puerta del corral de las ovejas. El Santo Padre afirmó que todos nosotros somos el rebaño, que conoce la voz del Pastor y se deja conducir por Él.
Sí, porque Jesús, es el pastor bueno y la puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para gobernar da la vida y no pide a los demás que la sacrifiquen. De manera que podemos fiarnos de un jefe así, Cristo, que representa una presencia amiga, fuerte y dulce y que al mismo tiempo nos protege, consuela y cura.
El Pontífice invitó a no perder de vista la dimensión espiritual y afectiva de la experiencia cristiana.  Sabiendo que estamos unidos al Señor por un vínculo especial, al igual que las ovejas a su pastor. Y pidió que no racionalicemos demasiado la fe, porque de este modo corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de la voz de Jesús Buen Pastor, que anima y fascina. De manera que hoy – dijo el Papa – estamos invitados a no dejarnos distraer por las falsas sabidurías de este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como único guía seguro que da sentido a nuestra vida.
En esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, el Obispo de Roma pidió que invoquemos a la Virgen María para que acompañe a los diez nuevos sacerdotes a quienes ordenó durante la Santa Misa celebrada anteriormente en la Basílica Vaticana, y con el deseo de que sostenga con su ayuda a cuantos el Señor sigue llamando.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
Texto y audio del Santo Padre Francisco antes de rezar a la Madre de Dios:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo (Cfr. Jn 10, 1-10), llamado “el domingo del Buen Pastor”, Jesús se presenta con dos imágenes que se completan recíprocamente. La imagen del Pastor y la imagen de la Puerta del corral de las ovejas. El rebaño, que somos todos nosotros, tiene como habitación un corral que sirve de refugio, donde las ovejas viven y descansan después de las fatigas del camino. Y el corral tiene un recinto con una puerta, donde hay un guardián. Al rebaño se acercan diversas personas: está quien entra en el recinto pasando por la puerta y quien “entra por otro lado” (v. 1).
El primero es el pastor, el segundo un extraño, que no ama a las ovejas, quiere entrar por otros intereses. Jesús se identifica con el primero y manifiesta una relación de familiaridad con las ovejas, expresada a través de la voz, con la que las llama, y que ellas reconocen y siguen (Cfr. v. 3). Él las llama para conducirlas afuera, a los prados herbosos donde encuentran buen sustento.
La segunda imagen con Jesús se presenta es la de la “puerta de las ovejas” (v. 7). En efecto dice: “Yo soy la puerta. El que entra por mí se salvará” (v. 9), es decir, tendrá la vida y la tendrá en abundancia (Cfr. v. 10). Cristo, Buen Pastor, se ha convertido en la puerta de la salvación de la humanidad, porque ha ofrecido la vida por sus ovejas.
Jesúspastor bueno y puerta de las ovejas, es un jefe cuya autoridad se expresa en el servicio, un jefe que para gobernar da la vida y no pide a otros que la sacrifiquen. De un jefe así nos podemos fiar, como las ovejas que escuchan la voz de su pastor porque saben que con Él se va a prados buenos y abundantes. Basta una señal, una llamada y ellas lo siguen, obedecen, se encaminan guiadas por la voz de aquel que sienten como una presencia amiga, fuerte y dulce al mismo tiempo, que dirige, protege, consuela y cura.
Así es Cristo para nosotros. Hay una dimensión de la experiencia cristiana que tal vez dejamos un poco en la sombra: la dimensión espiritual y afectiva. El hecho de sentirnos unidos al Señor por un vínculo especial, como las ovejas a su pastor. A veces racionalizamos demasiado la fe y corremos el riesgo de perder la percepción del timbre de aquella voz, de la voz de Jesús Buen Pastor, que anima y fascina. Como les sucedió a los dos discípulos de Emaús, a los que les ardía el corazón mientras el Resucitado hablaba a lo largo del camino.
Es la experiencia maravillosa de sentirse amados por Jesús. Pregúntense: ¿Yo me siento amado por Jesús? ¿Yo me siento amada por Jesús? Para Él jamás somos extraños, sino amigos y hermanos. Y sin embargo, no siempre es fácil distinguir la voz del Pastor Bueno. Estén atentos. Siempre existe el riesgo de estar distraídos por el bullicio de tantas otras voces. Hoy estamos invitados a no dejarnos distraer por las falsas sabidurías de este mundo, sino a seguir a Jesús, el Resucitado, como único guía seguro que da sentido a nuestra vida.
En esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones – en especial por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor nos envíe buenos pastores – invocamos a la Virgen María: Que Ella acompañe a los diez nuevos sacerdotes a quienes he ordenado hace poco. He pedido a cuatro de ellos, de la diócesis de Roma, que se asomaran para dar la bendición junto a mí. Que la Virgen  sostenga con su ayuda a cuantos están llamados por Él, a fin de que estén listos y sean generosos para seguir su voz.
(from Vatican Radio)


domingo, 7 de mayo de 2017

Nueva relación con Jesús


En las comunidades cristianas necesitamos vivir una experiencia nueva de Jesús reavivando nuestra relación con él. Ponerlo decididamente en el centro de nuestra vida. Pasar de un Jesús confesado de manera rutinaria a un Jesús acogido vitalmente. El evangelio de Juan hace algunas sugerencias importantes al hablar de la relación de las ovejas con su pastor.
Lo primero es «escuchar su voz» en toda su frescura y originalidad. No confundirla con el respeto a las tradiciones ni con la novedad de las modas. No dejarnos distraer ni aturdir por otras voces extrañas que, aunque se escuchen en el interior de la Iglesia, no comunican su Buena Noticia.
Es importante, además, sentirnos llamados por Jesús «por nuestro nombre». Dejarnos atraer por él. Descubrir poco a poco, y cada vez con más alegría, que nadie responde como él a nuestras preguntas más decisivas, nuestros anhelos más profundos y nuestras necesidades últimas.
Es decisivo «seguir» a Jesús. La fe cristiana no consiste en creer cosas sobre Jesús, sino en creerle a él: vivir confiando en su persona; inspirarnos en su estilo de vida para orientar nuestra propia existencia con lucidez y responsabilidad.
Es vital caminar teniendo a Jesús «delante de nosotros». No hacer el recorrido de nuestra vida en solitario. Experimentar en algún momento, aunque sea de manera torpe, que es posible vivir la vida desde su raíz: desde ese Dios que se nos ofrece en Jesús, más humano, más amigo, más cercano y salvador que todas nuestras teorías.
Esta relación viva con Jesús no nace en nosotros de manera automática. Se va despertando en nuestro interior de forma frágil y humilde. Al comienzo es casi solo un deseo. Por lo general crece rodeada de dudas, interrogantes y resistencias. Pero, no sé cómo, llega un momento en el que el contacto con Jesús empieza a marcar decisivamente nuestra vida.
Estoy convencido de que el futuro de la fe entre nosotros se está decidiendo, en buena parte, en la conciencia de quienes en estos momentos nos sentimos cristianos. Ahora mismo la fe se está reavivando o se está extinguiendo en nuestras parroquias y comunidades, en el corazón de los sacerdotes y fieles que las formamos.
La increencia empieza a penetrar en nosotros desde el mismo momento en que nuestra relación con Jesús pierde fuerza o queda adormecida por la rutina, la indiferencia y la despreocupación. Por eso, el papa Francisco ha reconocido que «necesitamos crear espacios motivadores y sanadores [...] lugares donde regenerar la fe en Jesús». Hemos de escuchar su llamada.
4 Pascua - A
(Juan 10,1-10)

07 de mayo 2017
José Antonio Pagola

Fátima: “más que un viaje apostólico será una peregrinación”


“Más que un viaje apostólico será una peregrinación”. Esta observación la hizo el director de la Oficina de prensa de la Santa Sede, Greg Burke, este viernes por la mañana durante una rueda de prensa en la que explicó el viaje del papa al santuario de Fátima el próximo viernes 12 y sábado 13 de mayo, con motivo del centenario de las apariciones. “Este será el 19º viaje apostólico y 28º país visitado”, añadió el portavoz.
Al final de la rueda de prensa participaron también la directora de Comunicación del Santuario de Fátima, Carmo Rodeia, y el sacerdote Nuno Rosário Fernandes, director del Departamento de Comunicación del Patriarcado de Lisboa.
Burke precisó que es la primera vez que el Santo Padre visita Portugal, si bien ya hizo una escala en el país sin salir del aeropuerto. Durante los dos días de la visita, el Papa hará cuatro alocuciones, todas ellas en idioma portugués.
Este viaje coincide además con el de Pablo VI hizo a Fátima 50 años atrás. Y de los predecesores del actual pontífice, Benedicto XVI y Juan Pablo II, quienes visitaron el país tres veces. Greg recordó también que fue un 13 de mayo, en 1981, cuando san Juan Pablo II sufrió el atentado por manos de Ali Agca, del cual el Papa atribuyó haberse salvado por la intercesión de Nuestra Señora de Fátima.
Recordó que el papa Francisco ha sido invitado por el presidente de Portugal y por los obispos. “Es una visita muy natural”, de hecho el papa Francisco va a Fátima con motivo del centenario de las apariciones marianas, pero al mismo tiempo “nada se puede dar por descontado, porque en el aniversario la vista del Papa es un don”. Además porque es una peregrinación mariana en el mes de mayo, mes de María.
Señaló que en santuario estará también el sacerdote más anciano de Portugal, con 104 años, o sea en vida en al época de las apariciones.
Un evento importante es que canonizará a dos de los tres pastorcitos, Francisco y Jacinta, videntes junto a Lucía de las apariciones de María en Fátima, en Portugal, un país donde el 80 por ciento son cristianos, mayoritariamente católicos.
Precisó que acompañarán en el viaje al Papa, además del cardenal Pietro Parolín, el sustituto de la Secretaría de Estado, Angelo Becciu, y los cardenales portugueses Josè Saraiva Martins y Manuel Monteiro de Castro, respectivamente prefecto emérito de la Congregación para las causas de los Santos y el peniteciario mayor emérito.
El sacerdote Nuno Rosário Fernandes, director del Departamento de Comunicación del Patriarcado de Lisboa, por su parte señaló que se espera la llegada de aproximadamente un millón de peregrinos, de los cuales 400 mil entran en la explanada del Santuario.
Sobre el proceso de canonización de la hermana Lucía, recordó que concluyó la fase diocesana y que la documentación ahora está en Roma para proseguir las fases sucesivas.
El huso horario de Portugal es de una hora menos que en Roma, y una más del Gtm.
ZENIT

IV Domingo de Pascua, Domingo del Buen Pastor Jesucristo como puerta y pastor



Desde el libro del Génesis, el primer libro del Antiguo Testamento, la imagen del pastor que conduce el rebaño se encuentra fuertemente arraigada en la Sagrada Escritura. La cultura israelita estaba dominada por una sociedad de pastores. Por eso no será extraño escuchar a lo largo de la Biblia alusiones constantes hacia este oficio. Por una parte, el pastor es el jefe que guía el rebaño. Es un hombre fuerte, capaz de defender a las ovejas contra las fieras. Pero al mismo tiempo se preocupa cuidadosamente por el estado de su rebaño. Se adapta a su situación y, si es oportuno, lleva a las ovejas en sus brazos. Su autoridad se fundamenta, por lo tanto, en el conocimiento, en la entrega y en el amor a su rebaño. Este es el motivo por el cual en el Antiguo Oriente los reyes eran considerados como los pastores de un gran rebaño, al que habían de cuidar. Esta imagen será asumida por la Escritura para describir la relación de Israel con Dios o del pueblo de Dios con Cristo o sus enviados.
Una relación de conocimiento y amor
San Juan considera la Iglesia bajo el cayado de Jesucristo, el único pastor. El evangelista parte de que nadie puede querer lo que no conoce. Para que exista amor verdadero, ha de haber un conocimiento previo. El Evangelio que nos ofrece la liturgia de este Domingo del Buen Pastor trata de describir los rasgos más significativos de la relación entre Cristo-Pastor y su rebaño. La relación es tan profunda que es difícil de romper. Y el fundamento de este vínculo es el conocimiento recíproco y el amor. Y este conocimiento y amor mutuo es capaz de crear una nueva existencia en el hombre. Si se mantiene la relación, se nos garantiza la vida: «He venido para que tengan vida y la tengan abundante», concluye el pasaje de san Juan.
La actitud del rebaño hacia Cristo, el Pastor, es descrita mediante dos verbos: escuchar y seguir. Para seguir al Señor es necesario escuchar su Palabra, para poder alimentar la fe y posibilitar que esta aumente día tras día. Si estamos atentos a la voz del Señor, podemos valorar nuestro obrar, de manera que se adecúe a la voluntad del Señor. A partir de la escucha, podemos seguir al Señor. Pensemos en los discípulos que vivían con el Señor. Para iniciar el camino junto a Jesús tuvieron que escucharlo. Solo a partir de ahí comenzaban un itinerario de vida junto a él.
Pasar por la puerta: el Bautismo y la vida cristiana
Jesús se presenta a sí mismo como el único mediador. Así lo explicita cuando afirma: «Yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos». El Señor nos dice que para llegar a conocer a Dios es necesario pasar por Él, que es su hijo y el verdadero pastor del rebaño. Para los cristianos, la puerta se nos abre en el momento del Bautismo. Por eso es útil poner en relación el pasaje evangélico con la primera lectura de hoy, tomada de los Hechos de los Apóstoles. Cuando, tras el anuncio de la resurrección, los judíos preguntan a los apóstoles qué han de hacer, Pedro contesta: «Convertíos y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesús». El Bautismo se presenta como el modo esencial de pasar por la puerta. A partir de ahí, toda la vida del cristiano ha de ser una respuesta al sacramento que ha recibido. Por eso, Cristo es también referencia para la moral cristiana. No vivimos un comportamiento o una moral cristiana sin más, sino porque estamos respondiendo a un don recibido previamente: el de haber sido conocidos y amados por el verdadero y único pastor del rebaño. Si Jesucristo es modelo de vida para nosotros, el seguimiento a su persona consiste en hacer cuanto él hizo.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

«La Iglesia debe acercarse a la familia tal y como está»

«Acercarse a las familias como estén» y «salir a los caminos» para encontrarse con tanta gente que necesita ser escuchada son las dos recomendaciones que el cardenal arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, propuso a los asistentes a la segunda edición de Conversciones PPC –organizadas por la editorial PPC junto con el Instituto Superior de Pastoral–, que en esta ocasión abordó la exhortación apostólica Amoris laetitia y los desafíos pastorales para la Iglesia de hoy.
Un encuentro, continuó el purpurado, que no debe hacerse con «exposiciones impositivas», sino con «exposiciones que hagan posible lo que hizo Jesús en el camino de Emaús: se acercó a aquellos que no le reconocían, pero que sintieron el gozo inmenso de la presencia de alguien que les hacía sentirse a gusto por las cosas que decía».
El cardenal Osoro recordó que el modo de afrontar hoy la situación de la familia es «la pasión de amar a pesar de todo» y citó las palabras del Papa Francisco en su reciente viaje a Egipto, cuando dijo que «el único extremo permitido es la caridad». «Hay que llevar al límite las exigencias del amor», concluyó.
Antes, el director de PPC España, Pedro Miguel García Fraile incidió en que la exhortación Amoris laetitia «es un documento que ha sacudido conciencias y ha recuperado la belleza de la familia». Y añadió: «Amoris laetitia es el gran texto moral que se esperaba desde el Concilio Vaticano II».

El desarrollo de las conversaciones comenzó con el sociólogo y director del Instituto de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas, Fernando Vidal, que abordó las propuestas de la exhortación, que definió como «un libro de sabiduría sobre la vida real», pues cuando se lee «habla de cuestiones concretas». E insistió: «La aegría del Amor no va de teorías, va de la vida real».
Destacó del mismo modo virtudes de la institución familia, como la única que se resiste al consumismo y al utilitarismo y también sus problemas, que, en su opinión, «no tienen que ver con los derechos, sino con las heridas». Durante su intervención, Fernando Vidal también recalcó la importancia de que las parroquias sean más familias, «como un lugar de familia».
Tras Vidal, tomó la palabra Pepa Torres, de la Red Interlavapiés y colaboradora de Alfa y Omega, que abordó la cuestión de las mujeres, la pobreza y la familia a la luz de la exhortación papal. «Puso la lupa» sobre realidades de frontera como la de las familias monoparentales, la de la violencia contra la mujer o la de los feminismos y la ideología de género. La jornada se completa, por la tarde, con una mesa redonda y con la intervención del teólogo Marciano Vidal sobre Amoris laetitia: hacia un nuevo paradigma eclesial de matrimonio, con particular atención a las situaciones especiales.
Fran Otero / Fotos: PPC

COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN POR EL PAPA FRANCISCO:


... Contemplando esta página del Evangelio, podemos comprender el tipo de relación que Jesús tenía con sus discípulos: una relación basada en la ternura, en el amor, en el conocimiento recíproco y en la promesa de un don inconmensurable: «Yo he venido —dice Jesús— para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10). Tal relación es el modelo de las relaciones entre los cristianos y de las relaciones humanas.

También hoy, como en tiempos de Jesús, muchos se proponen como «pastores» de nuestras existencias; pero sólo el Resucitado es el verdadero Pastor que nos da la vida en abundancia. Invito a todos a tener confianza en el Señor que nos guía. Pero no sólo nos guía: nos acompaña, camina con nosotros. Escuchemos su Palabra con mente y corazón abiertos, para alimentar nuestra fe, iluminar nuestra conciencia y seguir las enseñanzas del Evangelio.

En este domingo recemos por los pastores de la Iglesia, por todos los obispos, incluido el obispo de Roma, por todos los sacerdotes, por todos... Que el Señor nos ayude a nosotros, pastores, a ser siempre fieles al Maestro y guías sabios e iluminados del pueblo de Dios confiado a nosotros. 

También a vosotros, por favor, os pido que nos ayudéis: ayudarnos a ser buenos pastores. Una vez leí algo bellísimo sobre cómo el pueblo de Dios ayuda a los obispos y a los sacerdotes a ser buenos pastores. Es un escrito de san Cesáreo de Arlés, un Padre de los primeros siglos de la Iglesia. Explicaba cómo el pueblo de Dios debe ayudar al pastor, y ponía este ejemplo: cuando el ternerillo tiene hambre va donde la vaca, a su madre, para tomar la leche. Pero la vaca no se la da enseguida: parece que la conserva para ella. ¿Y qué hace el ternerillo? Llama con la nariz a la ubre de la vaca, para que salga la leche. 

¡Qué hermosa imagen! «Así vosotros —dice este santo— debéis ser con los pastores: llamar siempre a su puerta, a su corazón, para que os den la leche de la doctrina, la leche de la gracia, la leche de la guía». 

Y os pido, por favor, que importunéis a los pastores, que molestéis a los pastores, a todos nosotros pastores, para que os demos la leche de la gracia, de la doctrina y de la guía. ¡Importunar! Pensad en esa hermosa imagen del ternerillo, cómo importuna a su mamá para que le dé de comer.

A imitación de Jesús, todo pastor «a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo —el pastor debe ir a veces adelante—, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados». ¡Ojalá que todos los pastores sean así! Pero vosotros importunad a los pastores, para que os den la guía de la doctrina y de la gracia.

(...) Recemos para que también en este tiempo muchos jóvenes oigan la voz del Señor, que siempre corre el riesgo de ser sofocada por otras muchas voces. Recemos por los jóvenes: quizá aquí... haya alguno que oye esta voz del Señor que lo llama al sacerdocio; recemos por él, si está aquí, y por todos los jóvenes que son llamados.



(Papa Francisco, Regina Coeli del 11 de mayo de 2014)

EVANGELIO DE HOY: JESÚS HA VENIDO PARA QUE TENGAMOS VIDA EN ABUNDANCIA





Lectura del santo evangelio según san Juan (10,1-10):

En aquel tiempo, dijo Jesús: 

«En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ese es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A este le abre el guarda y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. 

Cuando ha sacado todas las suyas camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños».

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

«En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estragos; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».

Palabra del Señor

sábado, 6 de mayo de 2017

COMENTARIO DE BENEDICT XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (6,60-69)



“Queridos hermanos y hermanas:
... Hoy, el Evangelio nos presenta la reacción de los discípulos al discurso sobre el «pan de vida» que Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm, una reacción que Cristo mismo, de manera consciente, provocó. 

Ante todo, el evangelista Juan —que se hallaba presente junto a los demás Apóstoles—, refiere que «desde entonces muchos de sus discípulos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él» (Jn 6, 66). ¿Por qué? Porque no creyeron en las palabras de Jesús, que decía: Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que coma mi carne y beba mi sangre vivirá para siempre (cf. Jn 6, 51.54).

Ciertamente, palabras en ese momento difícilmente aceptables, difícilmente comprensibles. Esta revelación —como he dicho— les resultaba incomprensible, porque la entendían en sentido material, mientras que en esas palabras se anunciaba el misterio pascual de Jesús, en el que Él se entregaría por la salvación del mundo: la nueva presencia en la Sagrada Eucaristía.

Al ver que muchos de sus discípulos se iban, Jesús se dirigió a los Apóstoles diciendo: «¿También vosotros queréis marcharos?» (Jn 6, 67). Como en otros casos, es Pedro quien responde en nombre de los Doce: «Señor, ¿a quién iremos? —también nosotros podemos reflexionar: ¿a quién iremos?— Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros hemos creído y sabemos que Tú eres el Santo de Dios» (Jn 6, 68-69). 

Sobre este pasaje tenemos un bellísimo comentario de san Agustín, que dice, en una de sus predicaciones sobre el capítulo 6 de san Juan: 

«¿Veis cómo Pedro, por gracia de Dios, por inspiración del Espíritu Santo, entendió? ¿Por qué entendió? Porque creyó. Tú tienes palabras de vida eterna. Tú nos das la vida eterna, ofreciéndonos tu cuerpo [resucitado] y tu sangre [a ti mismo]. Y nosotros hemos creído y conocido. No dice: hemos conocido y después creído, sino: hemos creído y después conocido. Hemos creído para poder conocer. En efecto, si hubiéramos querido conocer antes de creer, no hubiéramos sido capaces ni de conocer ni de creer. ¿Qué hemos creído y qué hemos conocido? Que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, es decir, que Tú eres la vida eterna misma, y en la carne y en la sangre nos das lo que Tú mismo eres» (Comentario al Evangelio de Juan, 27, 9). Así lo dijo san Agustín en una predicación a sus fieles.

Por último, Jesús sabía que incluso entre los doce Apóstoles había uno que no creía: Judas. También Judas pudo haberse ido, como lo hicieron muchos discípulos; es más, tal vez tendría que haberse ido si hubiera sido honrado. En cambio, se quedó con Jesús. Se quedó no por fe, no por amor, sino con la secreta intención de vengarse del Maestro. 

¿Por qué? Porque Judas se sentía traicionado por Jesús, y decidió que a su vez lo iba a traicionar. Judas era un zelote, y quería un Mesías triunfante, que guiase una revuelta contra los romanos. Jesús había defraudado esas expectativas. El problema es que Judas no se fue, y su culpa más grave fue la falsedad, que es la marca del diablo. Por eso Jesús dijo a los Doce: «Uno de vosotros es un diablo» (Jn 6, 70). 

Pidamos a la Virgen María que nos ayude a creer en Jesús, como san Pedro, y a ser siempre sinceros con Él y con todos.
Benedicto XVI, Ángelus del 26 de agosto de 2012)

EVANGELIO DE HOY: SEÑOR, ¿A QUIÉN ACUDIREMOS? TÚ TIENES PALABRAS DE VIDA ETERNA




Lectura del santo evangelio según san Juan (6,60-69):

En aquel tiempo, muchos de los discípulos de Jesús dijeron:
«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?».

Sabiendo Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir adonde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y, con todo, hay algunos de entre vosotros que no creen».

Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar.

Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».

Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con Él.

Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?».

Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que Tú eres el Santo de Dios».

Sirven sacerdotes expertos en el arte del discernimiento, el Papa a seminaristas

Hoy en día los cristianos tienen necesidad de sacerdotes que los guíen "en el saber reconocer la voz de Dios entre la multitud de voces a menudo confusas  que se sobreponen, con mensajes que contrastan entre ellos, en nuestro mundo caracterizado por una pluralidad de sensibilidades culturales y religiosas". Lo dijo el Papa Francisco la mañana del sábado a la comunidad del Pontificio seminario campano de Posillipo, recibida en audiencia, recalcando que sirven sacerdotes que sean "expertos en el arte del discernimiento".
A esta comunidad italiana guiada por jesuitas el Papa recordó además que educar al discernimiento quiere decir "huir de la tentación de refugiarse detrás una de una norma rígida o detrás de la imagen de una libertad idealizada. Educar al discernimiento quiere decir 'exponerse', salir del mundo de las propias convicciones y prejuicios para abrirse a la comprensión de cómo Dios nos está hablando, hoy, en este mundo, en este tiempo, en este momento, y cómo me habla ahora". Para los sacerdotes en formación, continuó, "es importante conocer, acoger y reformar en continuación la propia humanidad, no cansarse de ir adelante, reformar, siempre en camino".
El Santo Padre puntualizó que en esta dirección la formación intelectual no debe tender ser el simple aprendizaje de nociones para volverse eruditos, para convertirse en un diccionario, sino para ayudar a la adquisición de instrumentos cada vez más refinados para una lectura crítica de la realidad, a partir de uno mismo.
"Queridos seminaristas, no tengan miedo de llamar a las cosas por su nombre, de mirar en la cara la verdad de sus vidas y de abrirse en transparencia y verdad a los demás, sobre todo a sus formadores, huyendo de la tentación del formalismo y del clericalismo que están en la raíz de la doble vida". 
(RC- RV)
(from Vatican Radio)

El Papa: “Jóvenes: promuevan el cuidado de la creación y la construcción de la paz”


“Es el momento de afrontar y vencer sin miedo la cultura de la destrucción con la fuerza de la humildad”, es el aliento del Papa Francisco a los jóvenes estudiantes italianos comprometidos en la Coordinación Nacional de Entes Locales por la paz y los derechos humanos, a quienes recibió en Audiencia la mañana del sábado 6 de mayo, en el Aula Pablo VI del Vaticano.
En su discurso, el Pontífice agradeció a los estudiantes por sus preguntas concretas, en las cuales manifiestan la angustia por las tantas tragedias que afligen al mundo, desde las guerras hasta pobreza, asimismo por la violación de los derechos humanos. El Santo Padre subrayó que, hoy no hay respeto ni siquiera por los niños y denunció que en la televisión se ven sólo malas noticias, y destrucción, porque pareciera que más un programa televisivo transmite estas calamidades, más suceso tiene.
El Obispo de Roma también recordó la emergencia de los emigrantes, “la tragedia más grande en Europa después de la Segunda Guerra Mundial”. Por ello, dirigió su pensamiento a la violencia y a las guerras que desfiguran la humanidad:
“Nosotros estamos viviendo la tragedia más grande después de la segunda guerra mundial. Es verdad. Hay gente buena, existen cosas buenas en el mundo que no se ven; pero el mundo está en guerra. Díganlo ustedes que están en la escuela de la paz: digan, el mundo está en guerra. Luego, no lo sé, yo me he avergonzado por el nombre de una bomba: ‘la madre de todas las bombas’. Pero mira tú, la madre da vida. Y esta da muerte. ¿Y le decimos madre a este artefacto? ¿Qué cosa esta sucediendo?”.
El Papa Francisco evidenció la debilidad de muchos líderes internacionales. Y exhortó que de una parte se pide la paz, pero después se producen y trafican con armas. “Existen los comerciantes – dijo – que venden armas” a quienes están en guerra y así ellos ganan sobre la muerte de los demás.
Una vez más, el Santo Padre denunció el tráfico de drogas que destruye a muchos jóvenes. Así mismo, denunció que en el centro de la economía se encuentra el dinero y el poder y no el hombre, refiriéndose en particular al flagelo del trabajo ilegal, a la explotación de las personas e incluso de los niños:
“Pero Padre, esto sucede allá, en ese continente lejano o en ese país lejano. Aquí, aquí en Europa, aquí en Italia. Aquí se explotan a las personas cuando son pagadas ilegalmente, cuando te hacen un contrato de trabajo de septiembre a mayo, y luego dos meses sin contrato y así no hay continuidad, y luego reinician en septiembre: esto se llama destrucción, esto se llama – nosotros los católicos lo llamamos pecado mortal – explotación”.
El Papa Francisco también se detuvo sobre el tema de las habladurías, un verdadero terrorismo dijo, porque destruye a la persona y ha animado a los jóvenes a “morderse la lengua” antes de hablar mal de los demás. Al mismo tiempo el Pontífice advirtió de cuidarse de la violencia, de los insultos que, a veces se ve también en los debates políticos. Ante todo esto, dijo, se necesita una actitud de humildad:
“Ser humildes, tener una actitud de humildad, no significa ser estúpidos; significa decir las cosas en paz, con tranquilidad, sin herir, buscar el modo de decirlas sin herir. Pero la humildad es una de las virtudes que debemos re-aprender, rencontrar en nuestra vida. Y esto ayuda mucho en nuestras conversaciones, no adjetivar a la gente. No: dejémoslo. Siempre con humildad. Siempre con esa actitud humilde que esta contra la violencia”.
Finalmente, el Papa Francisco invitó a los jóvenes a no resignarse jamás, a dejar de lado la palabra “resignación”. Además, puso el acento en la necesidad de reconstruir un pacto educativo entre la escuela y la familia para promover el bien común en la sociedad. Así como promover el cuidado de la creación y la construcción de la paz.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

jueves, 4 de mayo de 2017

Catequesis del Papa: “Egipto, signo de esperanza, de refugio, de ayuda”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy deseo hablarles del Viaje Apostólico que, con la ayuda de Dios, he realizado en los días pasados en Egipto. He ido a este País después de una cuádruple invitación: del Presidente de la República, de Su Santidad el Patriarca Copto ortodoxo, del Gran Imán de Al-Azhar y el Patriarca Copto católico. Agradezco a cada uno de ellos por la acogida que me han reservado, verdaderamente calurosa. Y agradezco al entero pueblo egipcio por la participación y por el afecto con el cual han vivido esta visita del Sucesor de San Pedro.
El Presidente y las Autoridades civiles han puesto un empeño extraordinario para que este evento pudiera desarrollarse en los mejores modos; para que pudiera ser un signo de paz, un signo de paz para Egipto y para toda aquella región, que lamentablemente sufre por los conflictos y el terrorismo. De hecho, el lema del Viaje era: “El Papa de la paz en un Egipto de paz”.
Mi visita a la Universidad de Al-Azhar, la más antigua universidad islámica y máxima institución académica del Islam sunita, ha tenido un doble horizonte: aquel del diálogo entre cristianos y musulmanes y, al mismo tiempo, aquel de la promoción de la paz en el mundo. En Al-Azhar se realizó el encuentro con el Gran Imán, encuentro que después se amplió en la Conferencia Internacional por la Paz. En este contexto he ofrecido una reflexión que ha valorizado la historia de Egipto como tierra de civilización y tierra de alianzas. Para toda la humanidad Egipto es sinónimo de antigua civilización, de tesoros de arte y de conocimiento; y esto nos recuerda que la paz se construye mediante la educación, la formación de la sabiduría, de un humanismo que comprende como parte integrante la dimensión religiosa, la relación con Dios, como lo ha recordado el Gran Imán en su discurso. La paz se construye también partiendo de la alianza entre Dios y el hombre, fundamento de la alianza entre todos los hombres, basado en el Decálogo escrito en las tablas de piedra del Sinaí, pero más profundamente en el corazón de todo hombre de todo tiempo y lugar, ley que se resume en los dos mandamientos del amor a Dios y al prójimo.
Este mismo fundamento esta también a la base de la construcción del orden social y civil, al cual están llamados a colaborar todos los ciudadanos, de todo origen, cultura y religión. Esta visión de sana laicidad ha aparecido en el intercambio de discursos con el Presidente de la República de Egipto, con la presencia de las Autoridades del país y del Cuerpo Diplomático. El gran patrimonio histórico y religioso de Egipto y su rol en la región medio oriental le confiere una tarea peculiar en el camino hacia una paz estable y duradera, que se basa no en el derecho de la fuerza, sino en la fuerza del derecho.
Los cristianos, en Egipto como en toda nación de la tierra, están llamados a ser levadura de fraternidad. Y esto es posible si viven en sí mismos la comunión con Cristo. Un fuerte signo de comunión, gracias a Dios, hemos podido darlo junto con mí querido hermano el Papa Tawadros II, Patriarca de los Coptos ortodoxos. Hemos renovado el compromiso, también firmando una Declaración Conjunta, de caminar juntos y de comprometernos para no repetir el Bautismo administrado en las respectivas Iglesias. Juntos hemos orado por los mártires de los recientes atentados que han golpeado trágicamente aquella venerable Iglesia; y su sangre ha fecundado este encuentro ecuménico, en el cual ha participado también el Patriarca de Constantinopla Bartolomé. El Patriarca ecuménico, mí querido hermano.
El segundo día del viaje ha sido dedicado a los fieles católicos. La Santa Misa celebrada en el Estadio puesto a disposición por las Autoridades egipcias ha sido una fiesta de fe y de fraternidad, en la cual hemos sentido la presencia viva del Señor Resucitado. Comentando el Evangelio, he exhortado a la pequeña comunidad católica en Egipto a revivir la experiencia de los discípulos de Emaús: a encontrar siempre en Cristo, Palabra y Pan de vida, la alegría de la fe, el ardor de la esperanza y la fuerza de testimoniar en el amor que “hemos encontrado al Señor”.
Y el último momento lo he vivido junto con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas y los seminaristas, en el Seminario Mayor. Hay tantos seminaristas… Y esta es una consolación. Ha sido una liturgia de la Palabra, en la cual se han renovado las promesas de la vida consagrada. En esta comunidad de hombres y mujeres que han elegido donar la vida a Cristo por el Reino de Dios, he visto la belleza de la Iglesia en Egipto, y he orado por todos los cristianos de Oriente Medio, para que, guiados por sus pastores y acompañados por los consagrados, sean sal y luz en estas tierras, en medio a estos pueblos. Egipto, para nosotros, ha sido un signo de esperanza, de refugio, de ayuda. Cuando aquella parte del mundo estaba hambrienta, Jacob, con sus hijos, se fue allá; luego cuando Jesús fue perseguido, se fue allá. Por esto, narrarles este viaje, entra en el camino de hablar de la esperanza: para nosotros Egipto tiene este signo de esperanza sea para la historia, sea para hoy, para esta fraternidad que acabo de contarles.
Agradezco nuevamente a quienes han hecho posible este Viaje y a cuantos de diversos modos han dado su aporte, especialmente a tantas personas que han ofrecido sus oraciones y sus sufrimientos. La Santa Familia de Nazaret, que emigró a las orillas del Nilo para huir de la violencia de Herodes, bendiga y proteja siempre al pueblo egipcio y lo guie en la vía de la prosperidad, de la fraternidad y de la paz. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

El Papa denuncia a los creyentes "cuyos corazones sólo conocen el lenguaje de la condena"


El Papa Francisco ha pedido que se ablande el corazón de los que están cerrados en la Ley y ha invitado a tenerlo "abierto para que el Espíritu Santo actúe en él" porque hacen mucho daño a la Iglesia, durante la homilía de la misa que ha pronunciado en la Casa Santa Marta.
Francisco ha señalado que para poder dar el testimonio cristiano es necesario tener el corazón abierto porque -según ha observado- los cerrados "hacen sufrir mucho a la Iglesia".
"Entremos en ese diálogo y pidamos la gracia de que el Señor ablande un poco nuestros duros corazones y de la gente que permanece siempre cerrada en la Ley y que condena todo aquello que está fuera de la Ley", ha dicho.
El Pontífice argentino ha reflexionado sobre el martirio de San Esteban, narrado en la Primera Lectura, y ha centrado su homilía en el testimonio de obediencia que todo cristiano debe ofrecer.
"Los corazones cerrados, los corazones de piedra, los corazones que no quieren abrirse, que no quieren escuchar, los corazones que solo conocen el lenguaje de la condena. Están condenados. No saben decir: 'Pero explicarme, ¿por qué dices esto?'. No, están cerrado. Lo saben todo. No necesitan ninguna explicación", ha especificado.
Así, ha comparado a los "obstinados, incircuncisos de corazón y de oídos" con los "paganos" porque tenían "el corazón cerrado y duro", un corazón "en el que no podía entrar el Espíritu Santo".
Finalmente, ha explicado que en un corazón cerrado "no hay sitio para el Espíritu Santo". "Un corazón cerrado, un corazón obstinado, un corazón pagano no deja entrar al Espíritu y se siente suficiente en sí mismo", ha concluido.
Los dos discípulos de Emaús "somos nosotros", dice el Papa, "con tantas dudas", "tantos pecados", que tantas veces "queremos alejarnos de la Cruz, de las pruebas" pero "hacemos espacio para escuchar a Jesús que nos templa el corazón". Al otro grupo, a aquellos que están "encerrados en la rigidez de la ley", que no quieren escuchar, Jesús - recuerda el Papa - ha hablado tanto, diciendo cosas "más feas" de aquellas dichas por Esteban.
Y Francisco concluye haciendo referencia al episodio de la adultera que era una pecadora. "Cada uno de nosotros - subraya - entra en un diálogo entre Jesús y la víctima de los corazones de piedra: la adúltera". A quienes querían lapidarla, Jesús responde solamente: "Mírense ustedes adentro":
"Y hoy miramos esta ternura de Jesús: el testigo de la obediencia, el Gran Testigo, Jesús, que ha dado la vida, nos hace ver la ternura de Dios con respecto a nosotros, a nuestros pecados, a nuestras debilidades. Entremos en este diálogo y pidamos la gracia de que el Señor enternezca un poco el corazón de estos rígidos, de aquella gente que está encerrada siempre en la Ley y condena todo aquello que está fuera de la Ley. No saben que el Verbo vino en carne, que el Verbo es testigo de obediencia, no saben que la ternura de Dios es capaz de mover un corazón de piedra y poner en su lugar un corazón de carne". (RD/Agencias)

"Francisco ha hablado en nombre de Cristo"



Durante su visita a Egipto -donde vivieron patriarcas y profetas, donde Dios hizo resonar su voz y la Sagrada Familia encontró refugio y hospitalidad ante las amenazas del rey Herodes-, el Papa Francisco ha hablado en nombre de Cristo, se ha acercado a la pequeña comunidad de católicos, ha vivido una vez más esa dimensión ecuménica con los cristianos coptos ortodoxos y ha mostrado la urgencia y necesidad de vivir la dimensión interreligiosa con los musulmanes.
Es todo un camino que nos propone el Sucesor de Pedro, actualizando lo que tan bellamente nos dice el Concilio Vaticano II, tanto en las constituciones como en los decretos de ecumenismo y de relaciones con otras religiones.
Os escribo esta carta cuando acabamos de comenzar el mes de mayo, que la Iglesia dedica muy especialmente a la Virgen María. Para todos los discípulos de Cristo, este mes se convierte en una provocación a vivir en y desde la caridad, es decir, en y desde el amor mismo de Dios manifestado en Jesucristo. Viene bien hacer memoria de la página del Evangelio en la que se nos narra la Visitación de María a su prima santa Isabel. El texto no puede ser más expresivo para nosotros: en María se nos presenta la primera discípula de Cristo, en la actitud en la que debemos estar todos los cristianos: en salida, como nos dice tantas veces el Papa Francisco.
Recibida la noticia y aceptada por María, ya habiendo sido engendrada por obra del Espíritu Santo, se puso en camino. Nos dice el Evangelio que atravesó una región montañosa, es decir, con dificultades, pero lo hizo llena de confianza y esperanza por lo que había dicho el ángel de parte de Dios, «para Dios nada hay imposible». Y así llegó a casa de su prima Isabel provocando lo que todos los cristianos deberíamos provocar: «Saltó de gozo el niño que Isabel llevaba en su vientre». E Isabel reconoció lo grande que se hace el ser humano cuando cree en lo que Dios dice: «Dichosa tú que has creído que lo que te ha dicho el Señor se cumplirá». Cómo veis, María nos regala tres dones necesarios para vivir el único extremismo que nos está permitido a los cristianos: salir al mundo donde están los hombres; llevar a Dios en y con nuestra vida que une a todos y hace sentir el gozo de la confortadora alegría de la Buena Noticia, y vivir sintiendo la dicha de fiarnos de Dios, el don de la fe, de la confianza en Él por encima de todas las cosas.
El Papa Francisco nos propone a los cristianos el modo de vivir y de hacer de nuestra Madre María. Como la Sagrada Familia que marchó a Egipto, cuando intentaban hacer desaparecer a Dios de este mundo, el Papa con este viaje nos hizo ver realidades que no podemos olvidar. La misión de los cristianos es llevar a todos los hombres la Paz, que para nosotros tiene rostro: Jesucristo.
Es necesario recobrar la unidad de los cristianos para ser creíbles en este mundo, tal y como fue el deseo de Cristo, y establecer relaciones con todas las religiones promoviendo la paz que es de Dios y la quiere para todos los hombres. El lema del viaje es bien significativo y orientador para todos los cristianos, estemos donde estemos: El Papa de paz en el Egipto de paz. Ya en el logo se ve el Nilo, símbolo de la vida, junto a las pirámides y la esfinge que evocan la historia de esta nación; por otra parte, se contemplan la cruz y la media luna, que representan la coexistencia entre las distintas religiones del pueblo egipcio, y la paloma símbolo de la paz, con la imagen del Papa Francisco. Tres pasiones han movido al Papa y nos invita a que sean las nuestras también:
1. La pasión de Cristo, amar a pesar de todo. El Papa Francisco nos lo ha dicho con una expresión clara y fuerte: «El único extremismo permitido es la caridad». Y hay que entenderlo como nos dice el apóstol san Pablo en el himno a la caridad: a) que es paciente y no se deja llevar por impulsos, reconoce que el otro tiene derecho a vivir, que no es un estorbo, es un don y me invita a vivir en permanente compasión; b) que es servicial, es decir, amar es hacer siempre el bien, donde se experimenta la felicidad de dar; c) que no tienen envidia, no hay malestar por el bien del otro, al contrario, valora los logros y el derecho a la felicidad del otro; d) no hace alarde y no es arrogante, nunca aparece como superior a los demás, no se agranda, no pierde el sentido de la realidad, ni se cree más grande, no a la lógica del dominio de unos sobre otros; e) que no obra con dureza, pues detesta ver sufrir a los demás, quiere llevar hasta el límite las exigencias del amor, no se detiene en los límites del otro; f) que no busca su propio interés, ni se irrita, es decir, nunca lo suyo, sí lo del otro, acaricia y nunca termina el día sin hacer las paces; g) no lleva cuentas del mal, excusa siempre y perdona siempre, se alegra y goza con la verdad, disculpa todo, ve lo bueno siempre, confía y se fía siempre como Dios mismo se fía de nosotros, nunca desespera pues sabe que el otro puede cambiar; lo soporta todo, es decir, amor a pesar de todo.
2. La pasión de Cristo, llamar por el nombre a las cosas. No predicamos una doctrina, hablamos de una persona; no damos unas verdades abstractas, sino que deseamos comunicar el Misterio vivo de Dios. Como nos dice el libro de los Hechos de los Apóstoles, «Jesús hizo y enseñó». Con estos dos verbos se nos muestra la misión de Jesús, que ha de ser la de la Iglesia. «Hizo»; a Jesús le preguntan: «¿Qué tengo que hacer de bueno para alcanzar la vida eterna?». «Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo», responde y nos narra la parábola de buen samaritano. «Enseñó»: «todos los días me sentaba en el templo a enseñar», «les enseñaba como quien tiene autoridad»... Una imagen majestuosa, familiar, impresionante, tranquilizadora, llena de vida, escuchada hasta por los enemigos, pues había coherencia y fuerza persuasiva.
3. La pasión de Cristo, por afirmar que Dios y la religión no son un problema. Nunca la violencia puede estar asociada al nombre de Dios, a Él hay que asociar la defensa de la dignidad de la persona humana, la manifestación con obras y palabras de los derechos que tiene. En ese sentido, cuando el poder político privatiza la religión, en el fondo y en la forma conculca los derechos humanos, que hacen de la humanidad una familia de hombres y mujeres libres. En el cristianismo la laicidad es principio evangélico -«Dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César»- y promueve el respeto a la dignidad de la persona, es provocadora de la paz social y es autentificadora de la legitimidad política.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid