martes, 11 de abril de 2017

Los coptos en Egipto: cristianos perseguidos


Los cristianos coptos se han convertido en una de las minorías cristianas más perseguidas del planeta. Su arraigo en la sociedad egipcia, el hecho de que sean una de las principales minorías cristianas en Oriente Medio, y su valentía a la hora de defender sus derechos, han situado a los cristianos coptos en el blanco de los atentados terroristas del Estado Islámico.
El 9 de abril, Domingo de Ramos, el Estado Islámico perpetró dos atentados en Egipto contra cristianos en los que murieron al menos 44 personas. ¿Quiénes son esta minoría?
La palabra «copto» deriva de la palabra griega «aigyptos». Por lo tanto «copto» y «egipcio» pueden considerarse casi como sinónimos.
Su lengua, el copto, deriva de la antigua lengua egipcia, aunque en la actualidad prácticamente solo se utiliza en el ámbito litúrgico. Casi todos los coptos egipcios tienen el árabe como lengua materna.
Según el Informe de Libertad Religiosa de Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), los cristianos representan el 4,95% de los 84 millones de egipcios, es decir, algo más de 4,1 millones de personas.
La mayor parte de los cristianos egipcios pertenecen a la Iglesia Copta Ortodoxa, aunque también hay una pequeña minoría católica.
Aunque la Iglesia Ortodoxa Copta nació en Egipto, y tiene su principal centro en este país, hay unos 65 millones de coptos repartidos en todo el mundo. Además de Egipto, cuentan con una importante presencia en Etiopía, Eritrea y los dos Sudán.
Fuera de Egipto, es especialmente pujante la comunidad copta de Etiopía, articulada en torno al Patriarcado Copto de Etiopía, donde el 62,8 % de sus 97 millones de habitantes (casi 61 millones) son cristianos, la mayoría también pertenecientes a la Iglesia Copta Ortodoxa.
Según la tradición, la Iglesia Copta Ortodoxa fue fundada por San Marcos en el primer siglo del cristianismo en la ciudad egipcia de Alejandría.
El cristianismo arraigó con fuerza en Egipto y cuando los musulmanes conquistaron el antiguo país de los faraones en el siglo VII, se encontraron con una sociedad profundamente cristiana.
Sin embargo, los siglos de dominación islámica hicieron que el cristianismo fuera retrocediendo de forma paulatina, con períodos de persecución y períodos de tolerancia, hasta llegar a su situación actual.
La tradición teológica, litúrgica, y cultural de la Iglesia Copta Ortodoxa constituye un patrimonio valioso que ayuda a comprender mejor la historia del cristianismo y la historia bíblica. Los monasterios coptos custodian una gran cantidad de manuscritos de gran valor para la comunidad cristiana.
A pesar de su denominación, la Iglesia Copta Ortodoxa no pertenece a la Comunión Ortodoxa. Los coptos no reconocen al Patriarca Ecuménico de Constantinopla como primado. La Iglesia Copta Ortodoxa se separó del tronco común cristiano durante el Concilio de Calcedonia, en el año 451.
Su actual Patriarca es el Papa Tawadros II, con el que el Papa Francisco mantiene una estrecha amistad.
Aunque la mayoría de los coptos pertenecen a la Iglesia Copta Ortodoxa, también hay una minoría perteneciente a la Iglesia Católica Copta, en comunión con Roma pero que sigue el rito copto. La relación entre ambas Iglesias es fluida y amistosa.
El diálogo ecuménico juega un papel esencial en la cohesión de los cristianos egipcios, un valor que el Papa Francisco tratará de potenciar en su visita a Egipto prevista para el 28 y 29 de abril.
ACI/Miguel Pérez Pichel

Egipto: realizaron los funerales de los mártires de los atentados terroristas



El funeral de las víctimas de la matanza llevada a cabo el Domingo de Ramos por un terrorista suicida en la ciudad de Tanta, al norte del Cairo, en la iglesia copta de San Jorge, se ha celebrado este domingo por la noche.
En la iglesia de San Jorge, en Tanta, se han registrado 29 muertes y más de 70 heridos, mientras que el ataque a la Iglesia de San Marcos en Alejandría a causado la muerte de otras 18 personas. En esta iglesia, donde también estaba presente el Patriarca Tawadros, la policía bloqueó el terrorista suicida que se hizo estallar fuera del lugar de culto.
En cuestión de horas, los fieles han construido las tumbas donde han sido enterrados los cuerpos de las víctimas, en la misma iglesia donde ha tenido lugar la masacre.
Lo indicó en Roma la agencia de noticias FIDES, precisando que el funeral se ha realizado el mismo día del atentado, porque la tradición litúrgica copta no prevé ceremonias funerarias durante la Semana Santa.
El funeral de Tanta ha sido celebrado por Anba Paula, Obispo copto ortodoxo de dicha ciudad, y han asistido otros obispos del Sínodo Copto. En el mensaje enviado por el patriarca copto ortodoxo al Obispo y a los fieles de la Diócesis de Tanta, leído durante la misa del funeral, se expresa la mirada de fe con la que muchos cristianos egipcios están experimentando los trágicos acontecimientos que les han afectado precisamente al comienzo de la Semana Santa.
«Con la celebración de la entrada de Jesús en Jerusalén», se lee en el mensaje del Patriarca, recibido en la Agencia Fides «nos hemos separado de nuestros queridos mártires de la iglesia de Mar Girgis en Tanta.
Ellos han sido llamados al cielo en el día de fiesta, para llevar las ramas de palma y de olivo ante Cristo. (...). Se habían preparado con el ayuno para celebrar los sagrados misterios, y rezando y alabando con todo el corazón, en el momento del martirio, han pasado a través del dolor, a la alegría de la gloria de la resurrección». En su mensaje, el Patriarca no pide que se oculte el dolor de la separación de los hermanos asesinados por los terroristas «porque los amamos», pero invita a todos a encontrar consuelo en la esperanza segura de que los mártires del Domingo de Ramos han sido recibidos por «el abrazo de Cristo», y ahora viven con Él.
Zenit

COMENTARIO DE BENEDICTO XVI AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (13,21-33.36-38)




«Queridos hermanos y hermanas: 
... El nombre de Judas suscita entre los cristianos una reacción instintiva de reprobación y de condena. El significado del apelativo "Iscariote" es controvertido... algunos ven en ese apodo la simple trascripción de una raíz hebreo-aramea que significa: "el que iba a entregarlo". 

... La traición en cuanto tal tuvo lugar en dos momentos: ante todo en su gestación, cuando Judas se pone de acuerdo con los enemigos de Jesús por treinta monedas de plata (cf. Mt 26, 14-16), y después en su ejecución con el beso que dio al Maestro en Getsemaní (cf. Mt 26, 46-50). 

... Judas pertenecía al grupo de los que Jesús se había escogido como compañeros y colaboradores cercanos. Esto plantea dos preguntas al intentar explicar lo sucedido. La primera consiste en preguntarnos cómo es posible que Jesús escogiera a este hombre y confiara en él. 

Ante todo, aunque Judas era de hecho el ecónomo del grupo (cf. Jn 12, 6; 13, 29), en realidad también se le llama "ladrón" (Jn 12, 6). Es un misterio su elección, sobre todo teniendo en cuenta que Jesús pronuncia un juicio muy severo sobre él: "¡Ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado!" (Mt 26, 24). 

Es todavía más profundo el misterio sobre su suerte eterna, sabiendo que Judas "acosado por el remordimiento, devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: "Pequé entregando sangre inocente"" (Mt 27, 3-4). Aunque luego se alejó para ahorcarse (cf. Mt 27, 5), a nosotros no nos corresponde juzgar su gesto, poniéndonos en el lugar de Dios, infinitamente misericordioso y justo. 

Una segunda pregunta atañe al motivo del comportamiento de Judas: ¿por qué traicionó a Jesús? Para responder a este interrogante se han hecho varias hipótesis. Algunos recurren al factor de la avidez por el dinero; otros dan una explicación de carácter mesiánico: Judas habría quedado decepcionado al ver que Jesús no incluía en su programa la liberación político-militar de su país. 

En realidad, los textos evangélicos insisten en otro aspecto: Juan dice expresamente que "el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo" (Jn 13, 2); de manera semejante, Lucas escribe: "Satanás entró en Judas, llamado Iscariote, que era del número de los Doce" (Lc 22, 3). De este modo, se va más allá de las motivaciones históricas y se explica lo sucedido basándose en la responsabilidad personal de Judas, que cedió miserablemente a una tentación del Maligno. 

En todo caso, la traición de Judas sigue siendo un misterio. Jesús lo trató como a un amigo (cf. Mt 26, 50), pero en sus invitaciones a seguirlo por el camino de las bienaventuranzas no forzaba las voluntades ni les impedía caer en las tentaciones de Satanás, respetando la libertad humana. 

En efecto, las posibilidades de perversión del corazón humano son realmente muchas. El único modo de prevenirlas consiste en no cultivar una visión de las cosas meramente individualista, autónoma, sino, por el contrario, en ponerse siempre del lado de Jesús, asumiendo su punto de vista. Día tras día debemos esforzarnos por estar en plena comunión con Él. 

Recordemos que incluso Pedro quería oponerse a Jesús y a lo que le esperaba en Jerusalén, pero recibió una fortísima reprensión: "Tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres" (Mc 8, 33). Tras su caída, Pedro se arrepintió y encontró perdón y gracia. 

También Judas se arrepintió, pero su arrepentimiento degeneró en desesperación y así se transformó en autodestrucción. Para nosotros es una invitación a tener siempre presente lo que dice san Benito al final del capítulo V de su "Regla", un capítulo fundamental: "No desesperar nunca de la misericordia de Dios". 

...Recordemos dos cosas. La primera: Jesús respeta nuestra libertad. La segunda: Jesús espera que queramos arrepentirnos y convertirnos; es rico en misericordia y perdón. 

Por lo demás, cuando pensamos en el papel negativo que desempeñó Judas, debemos enmarcarlo en el designio superior de Dios que guía los acontecimientos. Su traición llevó a la muerte de Jesús, quien transformó este tremendo suplicio en un espacio de amor salvífico y en entrega de sí mismo al Padre ... En su misterioso plan de salvación, Dios asume el gesto injustificable de Judas como ocasión de la entrega total del Hijo por la redención del mundo. 

... Aunque en la Iglesia no faltan cristianos indignos y traidores, a cada uno de nosotros nos corresponde contrarrestar el mal que ellos realizan con nuestro testimonio fiel a Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. 
(De la catequesis de Benedicto XVI el 18 de octubre de 2006)

EVANGELIO DE HOY: ÚLTIMA CENA




Lectura del santo evangelio según san Juan (13,21-33.36-38):

En aquel tiempo, estando Jesús a la mesa con sus discípulos, se turbó en su espíritu y dio testimonio diciendo: «En verdad, en verdad os digo: uno de vosotros me va a entregar».

Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús amaba, estaba reclinado a la mesa en el seno de Jesús. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía.

Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: «Señor, ¿quién es?».

Le contestó Jesús: «Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado». Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. 

Entonces Jesús le dijo: «Lo que vas hacer, hazlo pronto».

Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche.

Cuando salió, dijo Jesús: «Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en Él. Si Dios es glorificado en Él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijitos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: "Donde yo voy, vosotros no podéis ir"»

Simón Pedro le dijo: «Señor, ¿a dónde vas?».

Jesús le respondió: «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».

Pedro replicó: «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».

Jesús le contestó: «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».

Palabra del Señor

lunes, 10 de abril de 2017

JMJ: los jóvenes de Cracovia entregan la cruz a los jóvenes de Panamá




Con motivo de la XXXII Jornada mundial de la juventud celebrada a nivel diocesano el 9 de abril del 2017, los jóvenes de la JMJ de Cracovia 2016 han entregado la cruz del acontecimiento a los jóvenes de Panamá, país donde tendrá lugar el próximo encuentro internacional 2019.
Al final de la misa de Ramos presidida por el papa Francisco en la plaza San Pedro, una delegación de jóvenes polacos ha transportado solemnemente la imponente cruz de madera delante del altar, donde la han recibido los jóvenes panameños, pasando de mano en mano, aplaudidos por la gente: 50 000 personas.
“Pidamos al Señor que la Cruz, unida al icono de María Salus Populi Romani, haz crecer la fe y la esperanza, revelando el amor invencible de Cristo allá por donde pase” ha declarado el papa Francisco antes del ángelus.
He aquí nuestra traducción completa de las palabras que el papa ha pronunciado al introducir la oración mariana.
AK/RA
Palabras del papa Francisco en el ángelus
Al término de esta celebración, saludo cordialmente a todos los aquí presentes, especialmente a aquellos que han participado en el Encuentro internacional para la asamblea sinodal sobre los jóvenes, promovida por el Dicasterio por los laicos, la Familia y la Vida, en colaboración con el Secretariado general del sínodo de los obispos. Este saludo se extiende a todos los jóvenes que hoy, entorno a sus obispos, celebran la Jornada de la juventud en cada diócesis del mundo. Es otra etapa de la gran peregrinación, iniciada por San Juan Pablo II que el año pasado nos ha reunido en Cracovia y que nos convoca a Panamá en enero de 2019.
Por eso, en unos instantes, los jóvenes polacos entregarán la cruz de las jornadas mundiales de la juventud a los jóvenes panameños, acompañados los unos y los otros, de sus Pastores y de las autoridades civiles.
Pidamos al Señor que la Cruz, unida al icono de María Salus Populi Romani, haga crecer la fe y la esperance, revelando el amor invencible de Cristo allá por donde ella pase.
A Cristo, que hoy entra en la Pasión, y a la Santa Virgen, confiamos a las víctimas del atentado terrorista ocurrido el pasado viernes en Estocolmo, lo mismo que todos aquellos que han sido duramente probados por la guerra, desgracia de la humanidad.
Y oramos por las víctimas del atentado perpetrado desgraciadamente hoy, esta mañana, en el Cairo en una iglesia copta. A mi querido hermano, Su Santidad Teodoro II, a la Iglesia Copta y a toda la quería nación egipcia, expreso mis profundas condolencias, oro por los difuntos y los heridos y estoy cerca de las familias y de toda la comunidad.
Que el Señor convierta el corazón de las personas que siembran el terror, violencia y muerte y también a los que fabrican las armas y trafican con ellas.
© Traducción de ZENIT, Raquel Anillo

Lavar los pies



En los oficios del Jueves Santo, el Papa no solo lava los pies a doce personas. También los besa y, después, todavía de rodillas, levanta la mirada para dirigir a cada rostro una sonrisa dulce, inolvidable. La emoción es mayor por tratarse de personas que han sufrido golpes duros en la vida y porque el Papa, como buen pastor, ha ido a buscarlas allí donde están.
El lugar elegido para la Misa de la Cena del Señor se anuncia con poca antelación para no alterar su vida cotidiana. El año pasado, Francisco fue a un centro de acogida de refugiados a 30 kilómetros de Roma. Allí lavó los pies a tres refugiados musulmanes de Siria, Pakistán y Malí, tres refugiadas coptas de Eritrea, una empleada italiana del centro…
El Jueves Santo anterior había ido a la cárcel de Rebibbia, donde lavó los pies a seis presas y seis presos de entre las 2.400 personas reclusas. Ninguna es inocente, pero el Papa fue allí lo mismo que en su primera Semana Santa, la de 2013, cuando eligió una cárcel de menores en la que casi todos los muchachos y muchachas de 14 a 21 años son extracomunitarios.
En 2014 escogió una residencia para jóvenes y ancianos discapacitados graves, donde repitió el gesto de amor de Jesús con un muchacho de 16 años de Cabo Verde tetrapléjico por haberse tirado al mar de cabeza sin calcular la profundidad, una anciana de 86 años convaleciente de rotura de cadera y varias costillas por caída en el cuarto de baño…
En la Misa del Jueves Santo el Papa predica sobre la institución de la Eucaristía. Pero realiza estos gestos para ayudarnos a entender que los pobres y los enfermos son la carne de Cristo. Para poner ante nuestros ojos el modo de comportarse de Jesús y algunas de sus enseñanzas: «El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido sino a servir», o «Id y aprended qué significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a los justos sino a los pecadores».
En su maravilloso prólogo a los Hechos de los Apóstoles, san Lucas comenta a Teófilo que en su Evangelio, el primer libro, había escrito «todo lo que Jesús comenzó a hacer y enseñar».
Jesús no solo enseñaba sino que también hacía. Y muchas veces enseñaba precisamente haciendo: tocar a un leproso, curar enfermos en sábado, hablar a solas con una mujer samaritana, abstenerse de apedrear a una mujer adúltera, lavar los pies a sus discípulos…
El centro del mensaje de Francisco es siempre Jesucristo.
Juan Vicente Boo

10 de abril: san Ezequiel, profeta



Cuando vive, ya se ha terminado el imperio asirio con la caída de Nínive; ahora los poderosos son los caldeos, con Nabucodonosor.
Es una época dificultosa para el pueblo de Israel. En Jerusalén reina Joaquín, hijo del piadoso rey Josías, que murió en la batalla de Megiddo (609 a. C.). En un primer momento, Joaquín intenta halagar al coloso babilónico, pero termina uniéndose en coalición con pequeñas potencias contra Nabucodonosor.
Jeremías ya dio la voz de alerta, sugiriendo la sumisión, pero el orgullo de los elegidos la hizo imposible. En 598, los babilonios ponen cerco a Jerusalén y capitula Judá. Su precio es la deportación de gran parte de la población, entre ellos el rey Jeconías, hijo de Joaquín, que murió durante el asedio. Con los deportados va también el joven Ezequiel que será el profeta del exilio.
Dos etapas enmarcan su acción profética.
La primera es antes de la destrucción de Jerusalén por los caldeos (598 a. C.). Aquí el hombre de Dios se encuentra con un pueblo ranciamente orgulloso y lleno de falso optimismo, fruto de la presunción. «¿Cómo va Dios a abandonarnos? ¡Están las Promesas! Es imposible una catástrofe total». Así razonaban ante los requerimientos del profeta. Es verdad que siglo y medio antes había permitido Dios la desaparición de Samaría, el Reino del Norte; pero Jerusalén es otra cosa; Yahwéh habita en ella.
Pensaban que pasaría como en tiempos de Senaquerib, un siglo antes, cuando tuvo que abandonar el asedio por una intervención milagrosa; ahora Dios repetiría el prodigio. Ezequiel no piensa como ellos. Afirma y predica que Jerusalén será destruida con el Templo. Dice a todos que ha llegado la hora del castigo divino para el pueblo israelita pecador; solo queda aceptar con compunción y humildad los designios punitivos de Yahwéh. A esta altura, el profeta tiene una misión ingrata porque es un agorero de males futuros y próximos. Para la gente sencilla y las autoridades pasa por ser considerado como un judío despreciable que no tiene categoría para comprender los altos designios del Pueblo; es un derrotista ciego de pesimismo.
La segunda fase de su profecía se desarrolla una vez consumada la catástrofe. Ahora ha de levantar los ánimos oprimidos; debe dar esperanzas luminosas sobre un porvenir mejor. Creían sus compatriotas deportados que Dios se había excedido en el castigo, o que les había hecho cargar con los pecados de los antepasados. «¡Nuestros padres comieron las agraces y nosotros sufrimos la dentera!», es el grito unánime de protesta. Ezequiel se preocupará de hacerles ver que Dios ha sido justo y que el castigo no tiene otra finalidad que la de purificarlos antes de pasar a una nueva etapa gloriosa nacional.
Y esto lo hace Ezequiel empleando un estilo que no tiene nada que ver con el de los profetas preexílicos Amós, Oseas, Isaías y Jeremías; no goza de su sencillez y frescor. Ezequiel pertenece a la clase sacerdotal, está cabalgando entre dos épocas y se aproxima a la literatura apocalíptica del judaísmo tardío. Frecuentemente, su mensaje viene expresado con el simbolismo de las visiones y también con el simbolismo de su propia existencia. Es conocidísima la visión «de los cuatro vivientes» (c. 1) en la que toda la creación simbolizada en el hombre, el toro, el león y el águila, son el trono del Creador que viene triunfante y esplendoroso a visitar a los exiliados de Mesopotamia. Y el expresivo contenido de la visión del «campo lleno de huesos» (c. 37) que reviven por el poder de Yahwéh, cubriéndose de nervios y carne, cobrando vida nuevamente. O la otra del «Templo que mana un torrente de aguas» (c. 47) para regar y hacer feracísima la nueva tierra con plenitud edénica. En todas ellas está vivo el mensaje de restauración nacional; volverá del exilio un pueblo purificado y vendrá con certeza una teocracia mesiánica.
Fue la vida profética de Ezequiel un período de veinte años (593-573) de amplia actividad para salvar las esperanzas mesiánicas de sus compañeros de infortunio, al derrumbarse la monarquía israelita.
Quizá hoy en la Iglesia convenga también un nuevo tipo religioso que, surgido en horas de aturdimiento y desaliento general, sea instrumento de Dios para salvar la crisis de conciencia que trae el desmoronamiento de los principios. Bien puede estar el secreto en copiar la fidelidad de Ezequiel.
Archimadrid.org

Daesh convierte el Domingo de Ramos en una masacre de cristianos en Egipto



Los yihadistas matan al menos a 45 personas cuando asistían a Misa en dos iglesias coptas de Tanta y Alejandría
La primera bomba sacudió una iglesia en la localidad de egipcia de Tanta, mientras los feligreses celebraban Misa. En medio del caos y la creciente cifra de víctimas, que pronto superó la treintena y aumentaba por minutos, una segunda explosión se registró en otra iglesia, esta vez en la ciudad costera de Alejandría, empañando de sangre la celebración del Domingo de Ramos por los cristianos coptos egipcios. Esa misma tarde, el grupo terrorista Daesh reivindicó la autoría de sendos atentados, que en total han segado la vida de al menos 45 personas.
La mayoría de las 27 víctimas de la explosión en la iglesia de Tanta, a 90 kilómetros de El Cairo, son feligreses y sacerdotes que celebraban el comienzo de la Semana Santa. En Alejandría, donde el objetivo de los terroristas ha sido la emblemática catedral de San Marcos, los muertos ascienden a 18. En declaraciones a ABC, el portavoz del Ministerio de Sanidad, Jaled Jatib, admitió que el número de víctimas fatales podría crecer en las próximas horas. Los heridos, muchos de ellos de gravedad, superan el centenar.
Junto al altar
Según las primeras reconstrucciones del doble atentado, rápidamente reivindicado por Daesh, la primera explosión tuvo lugar a las 09:30 hora local en la iglesia de San Jorge en Tanta. La bomba fue colocada dentro del templo, en el pasillo central y cerca del altar donde un nutrido coro de sacerdotes entonaba cánticos de alabanza. Fuentes de la Iglesia copta en Tanta han confirmado la muerte de varios de sus sacerdotes, mientras que vídeos del interior de la iglesia muestran imágenes dantescas, que se replican en el atentado de Alejandría: manchas de sangre en las columnatas y las baldosas, miembros cercenados, ramas de palmas ensangrentadas y bancos destrozados.
La segunda explosión se produjo hacia las 12 del mediodía contra la Catedral de San Marcos en Alejandría, sede histórica (la actual está en El Cairo) del patriarca de la Iglesia copta ortodoxa, y donde el Papa Teodoro II tenía previsto celebrar la Misa de comienzo de la Semana Santa. El patriarca, finalmente, resultó ileso.
El atentado en Alejandría, que pretendía ser tanto o más mortal que el de Tanta, fue frustrado parcialmente cuando varios oficiales de policía detuvieron al terrorista suicida, que al negársele la entrada a la iglesia sin pasar por el control de metales, se hizo estallar a la entrada de la catedral. Murieron al menos cuatro oficiales de policía, entre ellos una mujer y el oficial Emad al Rokeby, que según el relato de medios locales «se abrazó al terrorista impidiéndole entrar».
La iglesia, llena
«La iglesia estaba llena, es una festividad muy celebrada que congrega a muchísimos cristianos, que pasan todo el día en la iglesia», ha relatado por teléfono Sarah, vecina de Alejandría. Una apreciación en la que coinciden analistas consultados por ABC: «El atentado fue cuidadosamente planeado para matar al mayor número de civiles posible», señala el analista del centro Tahrir para Políticas de Oriente Medio Timothy E.Kaldas. En su búsqueda de nuevos explosivos, fuerzas de seguridad desmantelaron dos bombas colocados en la mezquita sufí de Sidi Abdel Rahim.
En su usual rapidez por acreditarse atentados, Daesh, que cuenta con una filial en Egipto bajo el nombre de Wilayat Sina, atribuyó a uno de sus «grupos de seguridad» lo que se ha convertido en el más sangriento atentado contra la perseguida minoría cristiana copta en los últimos años.
Objetivos de esporádicos estallidos de violencia sectaria, en los últimos meses Daesh ha reforzado su campaña contra los que tilda de «apóstatas», amenazando en un comunicado publicado en febrero con «limpiar el país» de cristianos. En diciembre, un terrorista suicida de Daesh se hizo explotar en la iglesia de San Pedro y San Pablo, en el corazón de la sede del patriarcado copto en El Cairo, cobrándose las vidas de 28 personas, la mayoría mujeres y niñas que atendían misa. Entonces, y pese a las primeras protestas de la comunidad copta, que gritaban «¿la sangre de los coptos es barata?» a las puertas del complejo catedralicio cairota, las autoridades capitalizaron el atentado como un ataque «a todo el pueblo de Egipto, no sólo los coptos».
Un mensaje similar al presentado ayer por el presidente, Abdelfatah al Sisi, que insistió a través de un comunicado en que este «ultrajante acto terrorista tiene como objetivo tanto a los coptos como a los musulmanes», y que «no disminuirá la resolución y la voluntad del pueblo egipcio de hacer frente a las fuerzas del mal». El presidente decretó asimismo el estado de emergencia durante tres meses y una movilización general del Ejército para proteger «instalaciones vitales».
Precisamente Al Sisi, que se erige como el defensor de los cristianos ante la violencia islamista en Egipto, fue uno de los promotores de la próxima visita del Papa Francisco al país árabe, programada para el 28 y 29 de este mes, y que, según fuentes de la iglesia ortodoxa copta, pretendía enviar un mensaje de normalidad y seguridad en el país.
Alicia Alamillos/ABC

DOMINGO DE RAMOS. REFLEXIÓN ESPIRITUAL DEL PAPA FRANCISCO



«¡Bendito el que viene en nombre del Señor!», gritaba festiva la muchedumbre de Jerusalén recibiendo a Jesús. Hemos hecho nuestro aquel entusiasmo, agitando las palmas y los ramos de olivo hemos expresado la alabanza y el gozo, el deseo de recibir a Jesús que viene a nosotros.
Sí, del mismo modo que entró en Jerusalén, desea también entrar en nuestras ciudades y en nuestras vidas. Así como lo ha hecho en el Evangelio, cabalgando sobre un asno, viene a nosotros humildemente, pero viene «en el nombre del Señor»: con el poder de su amor divino perdona nuestros pecados y nos reconcilia con el Padre y con nosotros mismos.
Jesús está contento de la manifestación popular de afecto de la gente, y cuando los fariseos le invitan a que haga callar a los niños y a los otros que lo aclaman, responde: «si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).
Nada pudo detener el entusiasmo por la entrada de Jesús; que nada nos impida encontrar en él la fuente de nuestra alegría, de la alegría auténtica, que permanece y da paz; porque sólo Jesús nos salva de los lazos del pecado, de la muerte, del miedo y de la tristeza.
Sin embargo, la Liturgia de hoy nos enseña que el Señor no nos ha salvado con una entrada triunfal o mediante milagros poderosos. El apóstol Pablo sintetiza con dos verbos el recorrido de la redención: «se despojó» y «se humilló» a sí mismo (Fil 2,7.8).
Estos dos verbos nos dicen hasta qué extremo ha llegado el amor de Dios por nosotros. Jesús se despojó de sí mismo: renunció a la gloria de Hijo de Dios y se convirtió en Hijo del hombre, para ser en todo solidario con nosotros pecadores, Él que no conoce el pecado.
Pero no solamente esto: ha vivido entre nosotros en una «condición de esclavo» (v. 7): no de rey, ni de príncipe, sino de esclavo. Se humilló y el abismo de su humillación, que la Semana Santa nos muestra, parece no tener fondo.
El primer gesto de este amor «hasta el extremo» (Jn 13,1) es el lavatorio de los pies. «El Maestro y el Señor» (Jn 13,14) se abaja hasta los pies de los discípulos, como solamente hacían lo siervos. Nos ha enseñado con el ejemplo que nosotros tenemos necesidad de ser alcanzados por su amor, que se vuelca sobre nosotros; no podemos prescindir de este, no podemos amar sin dejarnos amar antes por Él, sin experimentar su sorprendente ternura y sin aceptar que el amor verdadero consiste en el servicio concreto.
Pero esto es solamente el inicio. La humillación de Jesús llega al extremo en la Pasión: es vendido por treinta monedas y traicionado por un beso de un discípulo que él había elegido y llamado amigo. Casi todos los otros huyen y lo abandonan; Pedro lo niega tres veces en el patio del templo.
Humillado en el espíritu con burlas, insultos y salivazos; sufre en el cuerpo violencias atroces, los golpes, los latigazos y la corona de espinas desfiguran su aspecto haciéndolo irreconocible. Sufre también la infamia y la condena inicua de las autoridades, religiosas y políticas: es hecho pecado y reconocido injusto.
Pilato lo envía posteriormente a Herodes, y este lo devuelve al gobernador romano; mientras le es negada toda justicia, Jesús experimenta en su propia piel también la indiferencia, pues nadie quiere asumirse la responsabilidad de su destino...
El gentío que apenas unos días antes lo aclamaba, transforma las alabanzas en un grito de acusación, prefiriendo incluso que en lugar de Él sea liberado un homicida. Llega de este modo a la muerte en cruz, dolorosa e infamante, reservada a los traidores, a los esclavos y a los peores criminales.
La soledad, la difamación y el dolor no son todavía el culmen de su anonadamiento. Para ser en todo solidario con nosotros, experimenta también en la cruz el misterioso abandono del Padre. Sin embargo, en el abandono, ora y confía: «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46).
Suspendido en el patíbulo, además del escarnio, afronta la última tentación: la provocación a bajar de la cruz, a vencer el mal con la fuerza, y a mostrar el Rostro de un Dios potente e invencible.
Jesús en cambio, precisamente aquí, en el culmen del anonadamiento, revela el Rostro auténtico de Dios, que es misericordia. Perdona a sus verdugos, abre las puertas del paraíso al ladrón arrepentido y toca el corazón del centurión.
Si el misterio del mal es abismal, infinita es la realidad del Amor que lo ha atravesado, llegando hasta el sepulcro y los infiernos, asumiendo todo nuestro dolor para redimirlo, llevando luz donde hay tinieblas, vida donde hay muerte, amor donde hay odio.
Nos pude parecer muy lejano a nosotros el modo de actuar de Dios, que se ha humillado por nosotros, mientras a nosotros nos parece difícil incluso olvidarnos un poco de nosotros mismos. Él viene a salvarnos; y nosotros estamos llamados a elegir su camino: el camino del servicio, de la donación, del olvido de uno mismo.
Podemos encaminarnos por este camino deteniéndonos durante estos días a mirar el Crucifijo, es la “catedra de Dios”.
Os invito en esta semana a mirar a menudo esta “Catedra de Dios”, para aprender el amor humilde, que salva y da la vida, para renunciar al egoísmo, a la búsqueda del poder y de la fama.
Con su humillación, Jesús nos invita a caminar por su camino. Volvamos a Él la mirada, pidamos la gracia de entender al menos un poco de este misterio de su anonadamiento por nosotros; y así, en silencio, contemplemos el misterio de esta semana.
(De la homilía del Papa Francisco el 20 de marzo de 2016, Domingo de Ramos)

domingo, 9 de abril de 2017

Un atentado contra una iglesia copta de Egipto causa al menos 15 muertos


La explosión se ha producido en la localidad de Tanta, al norte de El Cairo, y ha herido a otras 42 personas
Al menos 15 personas han muerto y 42 han resultado heridas a consecuencia de una explosión registrada este domingo cerca de la iglesia copta de San Jorge, en la localidad egipcia de Tanta, al norte de El Cairo, según han informado fuentes policiales a la agencia Reuters.
El Papa tiene previsto viajar a El Cairo los días 28 y 29 de abril. Egipto está siendo epicentro de un importante movimiento en el diálogo entre musulmanes y cristianos, algo que los yihadistas no ven con buenos ojos.
El atentado tuvo lugar justo antes del inicio de las celebraciones del Domingo de Ramos.
Los cristianos coptos conforman aproximadamente un 10% del total de la población egipcia (unos 85 millones de personas) y sus relaciones con la mayoría musulmana son consideradas un modelo de convivencia entre religiones.
Sin embargo, las iglesias coptas son objetivo de atentados islamistas como por ejemplo el que costó las vidas de 25 personas a finales del año pasado, al estallar una bomba en la catedral de San Marcos, en el distrito cairota de Abassia, que dejó además 31 heridos.
El pasado 15 de diciembre, los yihadistas de Daesh reivindicaron la autoría de otro atentado contra una iglesia copta en El Cairo, que en aquella ocasión se saldó con 24 muertos y más de 40 heridos.
A través de dos comunicados difundidos en foros yihadistas, Daesh señalo a su «mártir» Abu Abdalá Al Masri (el egipcio) como el terrorista suicida que hizo explotar un cinturón de explosivos en el interior de la iglesia copta de San Pedro, en el complejo catedralicio de la Iglesia Ortodoxa copta en El Cairo.
Daesh advertía en su comunicado que continuaría su guerra contra «infieles y apóstatas» en Egipto y el resto del mundo.

Efe / Alfa y Omega

El Papa el Domingo de Ramos: “Jesús, el gran Paciente del dolor humano, está con los que hoy sufren como Él”


Esta celebración tiene como un doble sabor, dulce y amargo, es alegre y dolorosa, porque en ella celebramos la entrada del Señor en Jerusalén, aclamado por sus discípulos como rey, al mismo tiempo que se proclama solemnemente el relato del Evangelio sobre su pasión. Por eso nuestro corazón siente ese doloroso contraste y experimenta en cierta medida lo que Jesús sintió en su corazón en ese día, el día en que se regocijó con sus amigos y lloró sobre Jerusalén.
Desde hace 32 años la dimensión gozosa de este domingo se ha enriquecido con la fiesta de los jóvenes: La Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra en ámbito diocesano, pero que en esta plaza vivirá dentro de poco un momento intenso, de horizontes abiertos, cuando los jóvenes de Cracovia entreguen la Cruz a los jóvenes de Panamá.
El Evangelio que se ha proclamado antes de la procesión (cf. Mt 21,1-11) describe a Jesús bajando del monte de los Olivos montado en una borrica, que nadie había montado nunca; se hace hincapié en el entusiasmo de los discípulos, que acompañan al Maestro con aclamaciones festivas; y podemos imaginarnos con razón cómo los muchachos y jóvenes de la ciudad se dejaron contagiar de este ambiente, uniéndose al cortejo con sus gritos. Jesús mismo ve en esta alegre bienvenida una fuerza irresistible querida por Dios, y a los fariseos escandalizados les responde: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40).
Pero este Jesús, que justamente según las Escrituras entra de esa manera en la Ciudad Santa, no es un iluso que siembra falsas ilusiones, no es un profeta «new age», un vendedor de humo, todo lo contrario: es un Mesías bien definido, con la fisonomía concreta del siervo, el siervo de Dios y del hombre que va a la pasión; es el gran Paciente del dolor humano.
Así, al mismo tiempo que también nosotros festejamos a nuestro Rey, pensamos en el sufrimiento que Él tendrá que sufrir en esta Semana. Pensamos en las calumnias, los ultrajes, los engaños, las traiciones, el abandono, el juicio inicuo, los golpes, los azotes, la corona de espinas... y en definitiva pensemos en el vía crucis, hasta la crucifixión.
Él lo dijo claramente a sus discípulos: «Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga» (Mt 16,24). Él nunca prometió honores y triunfos. Los Evangelios son muy claros. Siempre advirtió a sus amigos que el camino era ese, y que la victoria final pasaría a través de la pasión y de la cruz. Y lo mismo vale para nosotros. Para seguir fielmente a Jesús, pedimos la gracia de hacerlo no de palabra sino con los hechos, y de llevar nuestra cruz con paciencia, de no rechazarla, ni deshacerse de ella, sino que, mirándolo a Él, aceptémosla y llevémosla día a día.
Y este Jesús, que acepta que lo aclamen aun sabiendo que le espera el «crucifige», no nos pide que lo contemplemos sólo en los cuadros o en las fotografías, o incluso en los vídeos que circulan por la red. No. Él está presente en muchos de nuestros hermanos y hermanas que hoy, hoy sufren como Él, sufren a causa de un trabajo esclavo, sufren por los dramas familiares, sufren por las enfermedades... Sufren a causa de la guerra y el terrorismo, por culpa de los intereses que mueven las armas y dañan con ellas. Hombres y mujeres engañados, pisoteados en su dignidad, descartados.... Jesús está en ellos, en cada uno de ellos, y con ese rostro desfigurado, con esa voz rota pide - nos pide - que se le mire, que se le reconozca, que se le ame.
No es otro Jesús: es el mismo que entró en Jerusalén en medio de un ondear de ramos de palmas y de olivos. Es el mismo que fue clavado en la cruz y murió entre dos malhechores. No tenemos otro Señor fuera de Él: Jesús, humilde Rey de justicia, de misericordia y de paz.
(from Vatican Radio)

sábado, 8 de abril de 2017

El Gobierno aprueba siete indultos con motivo de la Semana Santa



El Gobierno ha aprobado este viernes la concesión de siete indultos con motivo de la festividad de Semana Santa, respondiendo la solicitud de siete cofradías de León, Sevilla, Madrid, Salamanca, Oviedo y Zaragoza. Esta cifra es la más baja en los últimos 10 años.
A propuesta del ministro de Justicia, Rafael Catalá, el Consejo de Ministros ha aprobado siete Reales Decretos por los que se conceden el igual número de indultos. Tradicionalmente, las cofradías de penitentes solicitan esta medida de gracia para aquellos reos del ámbito de su provincia que cumplen los requisitos de cualquier indulto ordinario, en los que concurren razones de justicia, equidad o utilidad pública.
El año 2017 es en el que menos indultos se conceden desde 2007 por esta festividad. El año pasado, el Gobierno conmutó por estas fechas seis condenas más, siendo también una de las cifras más bajas de la década.
Aún así, el segundo año que menos indultos se concedieron fue el 2015, cuando se perdonó la pena a 11 personas. Precisamente, los años 2013 y 2014 fueron los que más castigos se levantaron: un total de 21.
Petición de siete cofradías
El Gobierno de Mariano Rajoy ha dado el visto bueno a la solicitud que han formalizado siete cofradías de toda España. En León serán dos las personas beneficiadas por esta medida, S.D.F. y J.V.V., gracias a las cofradías de la Real Hermandad de Jesús Nazareno (Ponferrada) y la del Santo Cristo del Perdón.
También en Castilla y León, en Salamanca, la Seráfica Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Agonía y de Nuestro Padre Jesús del Perdón han pedido el indulto de S.Q.G. En Zaragoza, G.T.T. será agraciado a solicitud de la Cofradía de Nuestra Señora de la Piedad y del Santo Sepulcro, de Zaragoza.
En Sevilla, la Hermandad del Sagrado Decreto de la Santísima Trinidad y Santísimo Cristo de las Cinco Llagas ha querido beneficiar a M.P.G.G.; mientras que en Madrid, la Archicofradía Primaria de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno Cristo de Medinaceli ha solicitado la conmutación de la pena de M.P.M. El último indulto ha sido el de E.R.R., a petición de la Hermandad de Jesús Cautivo de Oviedo.
RD/Ep

Via Crucis en Roma por las mujeres víctimas de trata y prostitución



Un Via Crucis recordando el drama de las mujeres víctimas de la trata y la esclavitud de la prostitución se realizó este viernes por la noche en la ciudad de Roma, congregando a varios miles de personas que acompañaron con velas encendidas.
Esta tercera edición de evento promovido por la Comunidad Papa Juan XXIII, busca sensibilizar a la sociedad esta llaga que afecta en Italia a más de cien mil las mujeres extranjeras entre 15 y 25 años, obligadas a prostituirse.
El Vía Crucis de solidaridad y oración que se realizó en el barrio romano de Garbatella. Este momento de oración y reflexión fue presidido por Mons. Angelo Becciu, sustituto de la Secretaria de Estado Vaticano y otras personalidades religiosas y políticas.
Ha sido cargada una gran cruz para “abrazar simbólicamente a todas las víctimas de este horrible mercado, para darles solidaridad y elevar una oración de súplica a nuestro Señor en favor de las jóvenes que piden ser liberadas de este flagelo”, indicaron los organizadores.
El pasado miércoles 5 de abril, el papa Francisco en la audiencia general invitó a participar en este evento con las siguientes palabras: “Saludo a la Comunidad Papa Juan XXIII y, al tiempo que exhorto a proseguir la obra en favor de las jóvenes salvadas de la prostitución, invito a los romanos a participar en el Vía Crucis por las mujeres crucificadas. Que tendrá lugar el viernes, 7 de abril en la Garbatella”.
(ZENIT – Roma, 8 Abr. 2017).

COMENTARIO DE SAN JUAN PABLO II AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (11,45-57)




Jesucristo es el Redentor del mundo mediante su muerte en cruz... Al profesar esta fe, conmemoramos la muerte de Cristo, también como un evento histórico, que, como su vida, conocemos por fuentes históricas seguras y autorizadas...

¿Cómo se llegó a la muerte de Jesús de Nazaret?... El Evangelista Marcos, describiendo el proceso de Jesús ante Poncio Pilato, anota que fue "entregado por envidia" y que Pilato era consciente de este hecho. "Se daba cuenta... de que los Sumos Sacerdotes se lo habían entregado por envidia" (Mc 15, 10). 

Preguntémonos: ¿por qué esta envidia? Podemos encontrar sus raíces en el resentimiento, no sólo hacia lo que Jesús enseñaba, sino por el modo en que lo hacía. Si, según dice Marcos, enseñaba "como quien tiene autoridad y no como los escribas" (Mc 1, 22), esta circunstancia era, a los ojos de estos últimos, una "amenaza" para su prestigio...

De hecho, sabemos que ya el comienzo de la enseñanza de Jesús en su ciudad natal lleva a un conflicto. El Nazareno de treinta años, tomando la palabra en la Sinagoga, se señala a Sí mismo como Aquél sobre el que se cumple el anuncio del Mesías, pronunciado por Isaías. Ello provoca en los oyentes estupor y a continuación indignación, de forma que quieren arrojarlo desde el monte "sobre el que estaba situada su ciudad...". "Pero Él, pasando por en medio de ellos, se marchó" (Lc 4, 29-30).

Este incidente es sólo el inicio: es la primera señal de las sucesivas hostilidades. Recordemos las principales. Cuando Jesús hace entender que tiene el poder de perdonar los pecados, los escribas ven en esto una blasfemia porque tan sólo Dios tiene ese poder (cf. Mc 2, 6). Cuando obra milagros en sábado, afirmando que "el Hijo del hombre es Señor del sábado" (Mt 12, 8), la reacción es análoga a la precedente. 

Ya desde entonces se deja traslucir la intención de dar muerte a Jesús (cf. Mc 3, 6): "Trataban... de matarle porque no sólo quebrantaba el sábado, sino que llamaba a Dios su propio Padre, haciéndose a Sí mismo igual a Dios" (Jn 5, 18). ¿Qué otra cosa podían significar las palabras: "En verdad, en verdad os digo: antes de que Abraham existiera Yo soy?" (Jn 8, 58). Los oyentes sabían qué significaba aquella denominación "Yo soy". Por ello Jesús corre de nuevo el riesgo de la lapidación. Esta vez, por el contrario, "se ocultó y subió al templo" (Jn 8, 59).

El hecho que en definitiva precipitó la situación y llevó a la decisión de dar muerte a Jesús fue la resurrección de Lázaro en Betania. El Evangelio de Juan nos hace saber que en la siguiente reunión del sanedrín se constató: "Este hombre realiza muchos signos. Si le dejamos que siga así todos creerán en Él y vendrán los romanos y destruirán nuestro lugar santo y nuestra nación". 

Ante estas previsiones y temores Caifás, Sumo Sacerdote, se pronunció con esta sentencia: "Conviene que muera uno sólo por el pueblo y no perezca toda la nación". (Jn 1, 47-50). El Evangelista añade: "Esto no lo dijo de su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación sino para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos". Y concluye: "Desde este día, decidieron darle muerte" (Jn 11, 51-53).

Juan, de este modo, nos hace conocer un doble aspecto de aquella toma de posición de Caifás. Desde el punto de vista humano, que se podría más precisamente llamar oportunista, era un intento de justificar la decisión de eliminar un hombre al que se consideraba políticamente peligroso, sin preocuparse de su inocencia. 

Desde un punto de vista superior, hecho suyo y anotado por el Evangelista, las palabras de Caifás, independientemente de sus intenciones, tenían un contenido auténticamente profético referente al misterio de la muerte de Cristo según el designio salvífico de Dios.

... En esta perspectiva superior nos damos cuenta de que todos, por causa de nuestros pecados, somos responsables de la muerte de Cristo en la cruz: todos, en la medida en que hayamos contribuido mediante el pecado a hacer que Cristo muriera por nosotros como víctima de expiación.

...La Cruz de Cristo no cesa de ser para cada uno de nosotros esta llamada misericordiosa y, al mismo tiempo severa a reconocer y confesar la propia culpa. Es una llamada a vivir en la verdad.

(San Juan Pablo II, catequesis del 28 de septiembre de 1988)

EVANGELIO DE HOY: JESÚS HABÍA DE MORIR PARA REUNIR A LOS HIJOS DE DIOS DISPERSOS





Lectura del santo evangelio según san Juan (11,45-57):

En aquel tiempo,muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en Él. Pero algunos acudieron a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron el Sanedrín y dijeron: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación».

Uno de ellos, Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo:
«Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera».

Esto no lo dijo por propio impulso, sino que, por ser sumo sacerdote aquel año, habló proféticamente, anunciando que Jesús iba a morir por la nación; y no solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos.

Y aquel día decidieron darle muerte. Por eso Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la región vecina al desierto, a una ciudad llamada Efraín, y pasaba allí el tiempo con los discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?».

Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo.

Palabra del Señor