jueves, 23 de marzo de 2017

EVANGELIO DE HOY: EL QUE NO ESTÁ CONMIGO, ESTÁ CONTRA MÍ





Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,14-23):

En aquel tiempo, estaba Jesús echando un demonio que era mudo.

Sucedió que, apenas salió el demonio, empezó a hablar el mudo. La multitud se quedó admirada, pero algunos de ellos dijeron:

«Por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios, echa los demonios».

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. El, conociendo sus pensamientos, les dijo:

«Todo reino dividido contra sí mismo va a la ruina y se cae casa sobre casa. Si, pues, también Satanás se ha dividido contra si mismo, ¿cómo se mantendrá su reino? Pues vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú. 

Pero, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. 

Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín.

El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama.»

Palabra del Señor

El Papa en la Catequesis: “Hoy el Señor nos pide ser sembradores de esperanza”

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Ya desde hace algunas semanas el Apóstol Pablo nos está ayudando a comprender mejor en que cosa consiste la esperanza cristiana. Y hemos dicho que no era un optimismo, no: era otra cosa. Y el Apóstol nos ayuda a entender que cosa es esto. Hoy lo hace uniéndola a dos actitudes aún más importantes para nuestra vida y nuestra experiencia de fe: la «perseverancia» y la «consolación» (vv. 4.5). En el pasaje de la Carta a los Romanos que hemos apenas escuchado son citados dos veces: la primera en relación a las Escrituras y luego a Dios mismo. ¿Cuál es su significado más profundo, más verdadero? Y ¿En qué modo iluminan la realidad de la esperanza? Estas dos actitudes: la perseverancia y la consolación.
La perseverancia podríamos definirla también como paciencia: es la capacidad de soportar, llevar sobre los hombros, “soportar”, de permanecer fieles, incluso cuando el peso parece hacerse demasiado grande, insostenible, y estamos tentados de juzgar negativamente y de abandonar todo y a todos. 
La consolación, en cambio, es la gracia de saber acoger y mostrar en toda situación, incluso en aquellas marcadas por la desilusión y el sufrimiento, la presencia y la acción compasiva de Dios. Ahora, San Pablo nos recuerda que la perseverancia y la consolación nos son transmitidas de modo particular por las Escrituras (v. 4), es decir, por la Biblia. De hecho, la Palabra de Dios, en primer lugar, nos lleva a dirigir la mirada a Jesús, a conocerlo mejor y a conformarnos a Él, a asemejarnos siempre más a Él. En segundo lugar, la Palabra nos revela que el Señor es de verdad «el Dios de la constancia y del consuelo» (v. 5), que permanece siempre fiel a su amor por nosotros, es decir, que es perseverante en el amor con nosotros, no se cansa de amarnos: ¡no! Es perseverante: ¡siempre nos ama! Y también se preocupa por nosotros, curando nuestras heridas con la caricia de su bondad y de su misericordia, es decir, nos consuela. Tampoco, se cansa de consolarnos.
En esta perspectiva, se comprende también la afirmación inicial del Apóstol: «Nosotros, los que somos fuertes, debemos sobrellevar las flaquezas de los débiles y no complacernos a nosotros mismos» (v. 1). Esta expresión «nosotros, los que somos fuertes» podría parecer arrogante, pero en la lógica del Evangelio sabemos que no es así, es más, es justamente lo contrario porque nuestra fuerza no viene de nosotros, sino del Señor. Quien experimenta en su propia vida el amor fiel de Dios y su consolación está en grado, es más, en el deber de estar cerca de los hermanos más débiles y hacerse cargo de sus fragilidades. Si nosotros estamos cerca al Señor, tendremos esta fortaleza para estar cerca a los más débiles, a los más necesitados y consolarlos y darles fuerza. Esto es lo que significa. Esto nosotros podemos hacerlo sin auto-complacencia, sino sintiéndose simplemente como un “canal” que transmite los dones del Señor; y así se convierte concretamente en un “sembrador” de esperanza. Es esto lo que el Señor nos pide a nosotros, con esa fortaleza y esa capacidad de consolar y ser sembradores de esperanza. Y hoy, se necesita sembrar esperanza, ¿eh? No es fácil.
El fruto de este estilo de vida no es una comunidad en la cual algunos son de “serie A”, es decir, los fuertes, y otros de “serie B”, es decir, los débiles. El fruto en cambio es, como dice Pablo, «tener los mismos sentimientos unos hacia otros, a ejemplo de Cristo Jesús» (v. 5). La Palabra de Dios alimenta una esperanza que se traduce concretamente en el compartir, en el servicio recíproco. Porque incluso quien es “fuerte” se encuentra antes o después con la experiencia de la fragilidad y de la necesidad de la consolación de los demás; y viceversa en la debilidad se puede siempre ofrecer una sonrisa o una mano al hermano en dificultad. Y así es una comunidad que «con un solo corazón y una sola voz, glorifica a Dios» (Cfr. v. 6). Pero todo esto es posible si se pone al centro a Cristo, su Palabra, porque Él es el “fuerte”, Él es quien nos da la fortaleza, quien nos da la paciencia, quien nos da la esperanza, quien nos da la consolación. Él es el “hermano fuerte” que cuida de cada uno de nosotros: todos de hecho tenemos necesidad de ser llevados en los hombros del Buen Pastor y de sentirnos acogidos en su mirada tierna y solícita.
Queridos amigos, jamás agradeceremos suficientemente a Dios por el don de su Palabra, que se hace presente en las Escrituras. Es ahí que el Padre de nuestro Señor Jesucristo se revela como «Dios de la perseverancia y de la consolación». Y es ahí que nos hacemos conscientes de como nuestra esperanza no se funda en nuestras capacidades y en nuestras fuerzas, sino en el fundamento de Dios y en la fidelidad de su amor, es decir, en la fuerza de Dios y en la consolación de Dios. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 22 de marzo de 2017

Mil millones de personas se enfrentan a la escasez de agua en las regiones más secas del planeta



 En el Día Mundial del AguaManos Unidas vuelve los ojos hacia los millones de personas que, en estos momentos, se enfrentan en el mundo a los graves efectos de la escasez de agua, derivada de la sequía recurrente que padecen en sus países, consecuencia del cambio climático y del mal uso de los recursos.
El pasado mes de enero, Jose Graziano da Silva, director general de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) lo advertía en el Foro Global para la Alimentación y la Agricultura: "El cambio climático está alterando los regímenes hidrológicos en todo el mundo. Se estima que cerca de mil millones de personas en las regiones más secas, con mayores índices de pobreza y hambre, van a enfrentarse a una creciente escasez de agua a corto plazo".
Mabel Ibáñez, coordinadora de proyectos de Manos Unidas en África, el continente más castigado por una sequía que dura ya demasiados años y que está provocando la que, según Naciones Unidas, podría ser la mayor crisis humanitaria desde que terminó la II Guerra Mundial en 1945, asegura que "es inadmisible que, en pleno siglo XXI, en algunas zonas del mundo la falta de agua siga siendo sinónimo de muerte".
Otra vez África
En África, donde la amenaza del hambre es una constante, la escasez de lluvias ha agravado la situación hasta el punto de hacer saltar todas las alarmas. En Sudán del Sur, el país más joven del mundo, sumido en un conflicto tribal que parece no tener fin, la falta de precipitaciones ha contribuido al descenso en la producción de alimentos, muy mermada ya a causa de la guerra. La situación ha llevado a Naciones Unidas a una declaración formal de hambruna en Unity, una zona situada en el centro-norte del país, aunque se prevé que el hambre se extienda a otras regiones e, incluso, a la capital. Esta es la primera vez en seis años que Naciones Unidas declara la hambruna; la última vez fue en el año 2011 en Somalia, donde murieron de hambre 260.000 personas.
"Desgraciadamente, estamos hablando de una crisis regional que afecta a varios países. En Africa Este se está sufriendo una sequía muy fuerte. En algunas zonas no ha llovido en 3 años, y, en otras, por el efecto de El Niño, el año pasado las lluvias fueron muy cortas y escasas", asegura la coordinadora de proyectos de Manos Unidas en el continente africano.
"Es terrible que la amenaza de muerte por inanición penda otra vez sobre las cabezas de cerca de 1,5 millones de niños en cuatro países", afirma.
Nigeria, Somalia, el noreste de Kenia y diversas regiones de Etiopía, son algunos de los territorios en los que la población corre mayor riesgo de padecer hambre. Los pequeños agricultores y ganaderos, el sector de población más afectado por la falta de de lluvia y la consecuente escasez de agua, dependen ya, en gran medida, de la ayuda externa para poder asegurarse la alimentación. "En algunas de estas zonas hace mucho tiempo, demasiado, que no llueve y, en otras, las precipitaciones han sido tan escasas que no ha sido posible cosechar lo suficiente para garantizar el sustento", dice Ibañez, quien señala que "aunque la situación es de emergencia extrema, el mundo parece estar mirando a otro lado".

Manos Unidas y el agua en África
Desde hace 58 años, Manos Unida dedica grandes esfuerzos a la puesta en marcha de programas específicos de abastecimiento de agua potable y de regadío a través de la construcción de presas y traídas de agua, la perforación de pozos o los programas de regadío, básicos para evitar emergencias como la actual.
Para ello, solo en África y en los últimos cuatro años, Manos Unidas ha aprobado más de 140 proyectos relacionados con el agua por un importe superior a 8 millones de euros. "El agua es un elemento fundamental para el ser humano. Y en África puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. Por eso, está presente en gran parte de nuestros proyectos y en todos los sectores de actuación: agrícola, educativo, sanitario, de promoción social y de promoción de la mujer", afirma Mabel Ibáñez. Consulta aquí la lista de proyectos.
"Con su trabajo, Manos Unidas pone su granito de arena para paliar los efectos del cambio climático, pero nadie tiene capacidad para predecir y evitar sequías tan brutales como las de los últimos años", asegura la coordinadora de proyectos de Manos Unidas en África. "Lo que sí que podemos hacer es prevenir sus efectos y, sobre todo, trabajar para evitar que en el mundo la falta de agua sea sinónimo de muerte para muchos millones de personas a día de hoy".
Manos Unidas

El milagro que acontece cada día en las periferias


Llevo un par de semanas con el brazo y la mano derecha inmovilizada por un pequeño accidente. Es una situación nueva que me obliga a no valerme por mis manos, sino a ponerme en las manos de otros y otras.
Manos que me ayudan a levantarme y asearme, manos que me sostienen y ofrecen seguridad cuando cojo el autobús para ir al médico, manos que se ofrecen para escribir al ordenador mis palabras, manos de diferentes colores y texturas que cuidan y piden permiso para hacerlo.
Manos cobrizas como las de Farzana, que cuando me ayuda a vestirme me repite cariñosamente: «Tú ayudar a mí, yo ahora ayudar a ti», o manos negras, fuertes y grandes como las de Ammadou, al que tantas veces he acompañado al médico desde los grupos de Yo sí sanidad universal, y que ahora protege mi brazo inmóvil en el autobús para que nadie me lo roce mientras me acompaña al hospital.
«Hoy por ti, mañana por mí», me repite Sandra, una vecina ecuatoriana que también tuvo un pequeño accidente hace unos meses y las compañeras de la Red Interlavapiés le echamos unas manos con sus hijos.
Manos que cuidan, manos que se entrecruzan juntas en luchas comunes, compartiendo precariedades y sueños: la despenalización de la manta, la ratificación del convenio 189 de la OIT para trabajadoras domésticas, el pasaje seguro para los refugiados o los papeles por derecho.
Manos que nos recuerdan que el hoy por ti y mañana por mí, las relaciones de ida y vuelta, hacen posible la vida, la ternura y el cuidado, aún en las situaciones más hostiles. El hoy por ti y mañana por mí es el milagro que acontece cada día en las periferias.
Pepa Torres
Red interlavapiés
Alfa y Omega

Mensaje del Papa Francisco por la Jornada Mundial de la Juventud 2019


Hoy se ha dado a conocer el mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de la Juventud 2017, que se celebra este Domingo de Ramos y que lleva como título «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49).
A continuación el texto completo:
Queridos jóvenes:
Nos hemos puesto de nuevo en camino después de nuestro maravilloso encuentro en Cracovia, donde celebramos la XXXI Jornada Mundial de la Juventud y el Jubileo de los Jóvenes, en el contexto del Año Santo de la Misericordia.
Allí dejamos que san Juan Pablo II y santa Faustina Kowalska, apóstoles de la divina misericordia, nos guiaran para encontrar una respuesta concreta a los desafíos de nuestro tiempo.
Experimentamos con fuerza la fraternidad y la alegría, y dimos al mundo un signo de esperanza; las distintas banderas y lenguas no eran un motivo de enfrentamiento y división, sino una oportunidad para abrir las puertas de nuestro corazón, para construir puentes.
Al final de la JMJ de Cracovia indiqué la próxima meta de nuestra peregrinación que, con la ayuda de Dios, nos llevará a Panamá en 2019. Nos acompañará en este camino la Virgen María, a quien todas las generaciones llaman bienaventurada (cf. Lc 1,48).
La siguiente etapa de nuestro itinerario está conectada con la anterior, centrada en las bienaventuranzas, pero nos impulsa a seguir adelante. Lo que deseo es que vosotros, jóvenes, caminéis no sólo haciendo memoria del pasado, sino también con valentía en el presente y esperanza en el futuro.
Estas actitudes, siempre presentes en la joven Mujer de Nazaret, se encuentran reflejadas claramente en los temas elegidos para las tres próximas JMJ. Este año (2017) vamos a reflexionar sobre la fe de María cuando dijo en el Magnificat: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49).
El tema del próximo año (2018), No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios (Lc 1,30), nos llevará a meditar sobre la caridad llena de determinación con que la Virgen María recibió el anuncio del ángel. La JMJ 2019 se inspirará en las palabras: «He aquí la sierva del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38), que fue la respuesta llena de esperanza de María al ángel.
En octubre de 2018, la Iglesia celebrará el Sínodo de los Obispos sobre el tema: Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Nos preguntaremos sobre cómo vivís vosotros, los jóvenes, la experiencia de fe en medio de los desafíos de nuestra época.
También vamos a abordar la cuestión de cómo se puede desarrollar un proyecto de vida discerniendo vuestra vocación, tomada en sentido amplio, es decir, al matrimonio, en el ámbito laical y profesional, o bien a la vida consagrada y al sacerdocio. Deseo que haya una gran sintonía entre el itinerario que llevará a la JMJ de Panamá y el camino sinodal.
Nuestra época no necesita de «jóvenes-sofá»
Según el Evangelio de Lucas, después de haber recibido el anuncio del ángel y haber respondido con su «sí» a la llamada para ser madre del Salvador, María se levanta y va de prisa a visitar a su prima Isabel, que está en el sexto mes de embarazo (cf. 1,36.39).
María es muy joven; lo que se le ha anunciado es un don inmenso, pero comporta también un desafío muy grande; el Señor le ha asegurado su presencia y su ayuda, pero todavía hay muchas cosas que aún no están claras en su mente y en su corazón. Y sin embargo María no se encierra en casa, no se deja paralizar por el miedo o el orgullo.
María no es la clase de personas que para estar bien necesita un buen sofá donde sentirse cómoda y segura. No es una joven-sofá (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016). Si su prima anciana necesita una mano, ella no se demora y se pone inmediatamente en camino.
El trayecto para llegar a la casa de Isabel es largo: unos 150 km. Pero la joven de Nazaret, impulsada por el Espíritu Santo, no se detiene ante los obstáculos. Sin duda, las jornadas de viaje le ayudaron a meditar sobre el maravilloso acontecimiento en el que estaba participando.
Lo mismo nos sucede a nosotros cuando empezamos nuestra peregrinación: a lo largo del camino vuelven a la mente los hechos de la vida, y podemos penetrar en su significado y profundizar nuestra vocación, que se revela en el encuentro con Dios y en el servicio a los demás.
El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí
El encuentro entre las dos mujeres, la joven y la anciana, está repleto de la presencia del Espíritu Santo, y lleno de alegría y asombro (cf. Lc 1,40-45). Las dos madres, así como los hijos que llevan en sus vientres, casi bailan a causa de la felicidad. Isabel, impresionada por la fe de María, exclama: «Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá» (v. 45).
Sí, uno de los mayores regalos que la Virgen ha recibido es la fe. Creer en Dios es un don inestimable, pero exige también recibirlo; e Isabel bendice a María por eso. Ella, a su vez, responde con el canto del Magnificat (cf. Lc 1,46-55), donde encontramos las palabras: «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (v. 49).
La oración de María es revolucionaria, es el canto de una joven llena de fe, consciente de sus límites, pero que confía en la misericordia divina. Esta pequeña y valiente mujer da gracias a Dios porque ha mirado su pequeñez y porque ha realizado la obra de la salvación en su pueblo, en los pobres y humildes.
La fe es el corazón de toda la historia de María. Su cántico nos ayuda a comprender cómo la misericordia del Señor es el motor de la historia, tanto de la persona, de cada uno de nosotros, como del conjunto de la humanidad.
Cuando Dios toca el corazón de un joven o de una joven, se vuelven capaces de grandes obras. Las «cosas grandes» que el Todopoderoso ha hecho en la vida de María nos hablan también del viaje de nuestra vida, que no es un deambular sin sentido, sino una peregrinación que, aun con todas sus incertidumbres y sufrimientos, encuentra en Dios su plenitud (cf. Ángelus, 15 de agosto de 2015).
Me diréis: «Padre, pero yo soy muy limitado, soy pecador, ¿qué puedo hacer?». Cuando el Señor nos llama no se fija en lo que somos, en lo que hemos hecho. Al contrario, en el momento en que nos llama, él está mirando todo lo que podríamos dar, todo el amor que somos capaces de ofrecer.
Como la joven María, podéis hacer que vuestra vida se convierta en un instrumento para mejorar el mundo. Jesús os llama a dejar vuestra huella en la vida, una huella que marque la historia, vuestra historia y la historia de muchos (cf. Discurso en la Vigilia, Cracovia, 30 de julio de 2016).
Ser joven no significa estar desconectado del pasado
María es poco más que una adolescente, como muchos de vosotros. Sin embargo, en el Magnificat alaba a su pueblo, su historia. Esto nos enseña que ser joven no significa estar desconectado del pasado. Nuestra historia personal forma parte de una larga estela, de un camino comunitario que nos ha precedido durante siglos.
Como María, pertenecemos a un pueblo. Y la historia de la Iglesia nos enseña que, incluso cuando tiene que atravesar mares revueltos, la mano de Dios la guía, le hace superar momentos difíciles. La verdadera experiencia en la Iglesia no es como un flashmob, en el que nos damos cita, se realiza una performance y luego cada uno se va por su propio camino.
La Iglesia lleva en sí una larga tradición, que se transmite de generación en generación, y que se enriquece al mismo tiempo con la experiencia de cada individuo. También vuestra historia tiene un lugar dentro de la historia de la Iglesia.
Hacer memoria del pasado sirve también para recibir las obras nuevas que Dios quiere hacer en nosotros y a través de nosotros. Y nos ayuda a dejarnos escoger como instrumentos suyos, colaboradores en sus proyectos salvíficos.
También vosotros, jóvenes, si reconocéis en vuestra vida la acción misericordiosa y omnipotente de Dios, podéis hacer grandes cosas y asumir grandes responsabilidades.
Me gustaría haceros algunas preguntas: ¿Cómo “guardáis” en vuestra memoria los acontecimientos, las experiencias de vuestra vida? ¿Qué hacéis con los hechos y las imágenes grabadas en vuestros recuerdos? A algunos, heridos por las circunstancias de la vida, les gustaría “reiniciar” su pasado, ejercer el derecho al olvido.
Pero me gustaría recordaros que no hay santo sin pasado, ni pecador sin futuro. La perla nace de una herida en la ostra. Jesús, con su amor, puede sanar nuestros corazones, transformando nuestras heridas en auténticas perlas. Como decía san Pablo, el Señor muestra su fuerza a través de nuestra debilidad (cf. 2 Co 12,9).
Nuestros recuerdos, sin embargo, no deben quedar amontonados, como en la memoria de un disco duro. Y no se puede almacenar todo en una “nube” virtual. Tenemos que aprender a hacer que los sucesos del pasado se conviertan en una realidad dinámica, para reflexionar sobre ella y sacar una enseñanza y un sentido para nuestro presente y nuestro futuro. Descubrir el hilo rojo del amor de Dios que conecta toda nuestra existencia es una tarea difícil pero necesaria.
Muchos dicen que vosotros, los jóvenes, sois olvidadizos y superficiales. No estoy de acuerdo en absoluto. Pero hay que reconocer que en nuestros días tenemos que recuperar la capacidad de reflexionar sobre la propia vida y proyectarla hacia el futuro. Tener un pasado no es lo mismo que tener una historia.
En nuestra vida podemos tener tantos recuerdos, pero ¿cuántos de ellos construyen realmente nuestra memoria? ¿Cuántos son significativos para nuestros corazones y nos ayudan a dar sentido a nuestra existencia? En las «redes sociales», aparecen muchos rostros de jóvenes en multitud de fotografías, que hablan de hechos más o menos reales, pero no sabemos cuánto de todo eso es «historia», una experiencia que pueda ser narrada, que tenga una finalidad y un sentido.
Los programas en la televisión están llenos de los así llamados «reality show», pero no son historias reales, son sólo minutos que corren delante de una cámara, en los que los personajes viven al día, sin un proyecto. No os dejéis engañar por esa falsa imagen de la realidad. Sed protagonistas de vuestra historia, decidid vuestro futuro.
Cómo mantenerse unidos, siguiendo el ejemplo de María
De María se dice que conservaba todas las cosas, meditándolas en su corazón (cf. Lc 2,19.51). Esta sencilla muchacha de Nazaret nos enseña con su ejemplo a conservar la memoria de los acontecimientos de la vida, y también a reunirlos, recomponiendo la unidad de los fragmentos, que unidos pueden formar un mosaico. ¿Cómo podemos, pues, ejercitarnos concretamente en tal sentido? Os doy algunas sugerencias.
Al final de cada jornada podemos detenernos unos minutos a recordar los momentos hermosos, los desafíos, lo que nos ha salido bien y, también, lo que nos ha salido mal. De este modo, delante de Dios y de nosotros mismos, podemos manifestar nuestros sentimientos de gratitud, de arrepentimiento y de confianza, anotándolos también, si queréis, en un cuaderno, una especie de diario espiritual.
Esto quiere decir rezar en la vida, con la vida y sobre la vida y, con toda seguridad, os ayudará a comprender mejor las grandes obras que el Señor realiza en cada uno de vosotros. Como decía san Agustín, a Dios lo podemos encontrar en los anchos campos de nuestra memoria (cf. Confesiones, Libro X, 8, 12).
Leyendo el Magnificat nos damos cuenta del conocimiento que María tenía de la Palabra de Dios. Cada versículo de este cántico tiene su paralelo en el Antiguo Testamento. La joven madre de Jesús conocía bien las oraciones de su pueblo. Seguramente se las habían enseñado sus padres y sus abuelos.
¡Qué importante es la transmisión de la fe de una generación a otra! Hay un tesoro escondido en las oraciones que nos han enseñado nuestros antepasados, en esa espiritualidad que se vive en la cultura de la gente sencilla y que conocemos como piedad popular. María recoge el patrimonio de fe de su pueblo y compone con él un canto totalmente suyo y que es también el canto de toda la Iglesia.
La Iglesia entera lo canta con ella. Para que también vosotros, jóvenes, podáis cantar un Magnificat totalmente vuestro y hacer de vuestra vida un don para toda la humanidad, es fundamental que conectéis con la tradición histórica y la oración de aquellos que os han precedido.
De ahí la importancia de conocer bien la Biblia, la Palabra de Dios, de leerla cada día confrontándola con vuestra vida, interpretando los acontecimientos cotidianos a la luz de cuánto el Señor os dice en las Sagradas Escrituras. En la oración y en la lectura orante de la Biblia (la llamada Lectio divina), Jesús hará arder vuestros corazones e iluminará vuestros pasos, aún en los momentos más difíciles de vuestra existencia (cf. Lc 24,13-35).
María nos enseña a vivir en una actitud eucarística, esto es, a dar gracias, a cultivar la alabanza y a no quedarnos sólo anclados en los problemas y las dificultades. En la dinámica de la vida, las súplicas de hoy serán mañana motivo de agradecimiento.
De este modo, vuestra participación en la Santa Misa y los momentos en que celebraréis el sacramento de la Reconciliación serán a la vez cumbre y punto de partida: vuestras vidas se renovarán cada día con el perdón, convirtiéndose en alabanza constante al Todopoderoso. «Fiaros del recuerdo de Dios [...] su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal» (Homilía en la S. Misa de la JMJ, Cracovia, 31 de julio de 2016).
Hemos visto que el Magnificat brota del corazón de María en el momento en que se encuentra con su anciana prima Isabel, quien, con su fe, con su mirada perspicaz y con sus palabras, ayuda a la Virgen a comprender mejor la grandeza del obrar de Dios en ella, de la misión que él le ha confiado. Y vosotros, ¿os dais cuenta de la extraordinaria fuente de riqueza que significa el encuentro entre los jóvenes y los ancianos? ¿Qué importancia les dais a vuestros ancianos, a vuestros abuelos?
Vosotros, con sobrada razón, aspiráis a «emprender el vuelo», lleváis en vuestro corazón muchos sueños, pero tenéis necesidad de la sabiduría y de la visión de los ancianos. Mientras abrís vuestras alas al viento, es indispensable que descubráis vuestras raíces y que toméis el testigo de las personas que os han precedido.
Para construir un futuro que tenga sentido, es necesario conocer los acontecimientos pasados y tomar posición frente a ellos (cf. Exhort. ap. postsin. Amoris Laetitia, 191,193). Vosotros, jóvenes, tenéis la fuerza; los ancianos, la memoria y la sabiduría. Como María con Isabel, dirigid vuestra mirada hacia los ancianos, hacia vuestros abuelos. Ellos os contarán cosas que entusiasmarán vuestra mente y emocionarán vuestro corazón.
Fidelidad creativa para construir tiempos nuevos
Es verdad que tenéis pocos años de vida y, por esto mismo, os resulta difícil darle el debido valor a la tradición. Tened bien presente que esto no significa ser tradicionalistas. No. Cuando María en el Evangelio dice que «El Todopoderoso ha hecho cosas grandes en mí» (Lc 1,49), se refiere a que aquellas «cosas grandes» no han terminado, sino que continúan realizándose en el presente.
No se trata de un pasado remoto. El saber hacer memoria del pasado no quiere decir ser nostálgicos o permanecer aferrados a un determinado período de la historia, sino saber reconocer los propios orígenes para volver siempre a lo esencial, y lanzarse con fidelidad creativa a la construcción de tiempos nuevos.
Sería un grave problema que no beneficiaría a nadie el fomentar una memoria paralizante, que impone realizar siempre las mismas cosas del mismo modo. Es un don del cielo constatar que muchos de vosotros, con vuestros interrogantes, sueños y preguntas, os enfrentáis a quienes consideran que las cosas no pueden ser diferentes.
Una sociedad que valora sólo el presente tiende también a despreciar todo lo que se hereda del pasado, como por ejemplo las instituciones del matrimonio, de la vida consagrada, de la misión sacerdotal. Las mismas terminan por ser consideradas vacías de significado, formas ya superadas.
Se piensa que es mejor vivir en las situaciones denominadas «abiertas», comportándose en la vida como en un reality show, sin objetivos y sin rumbo. No os dejéis engañar. Dios ha venido para ensanchar los horizontes de nuestra vida, en todas las direcciones. Él nos ayuda a darle al pasado su justo valor para proyectar mejor un futuro de felicidad. Pero esto es posible solamente cuando vivimos experiencias auténticas de amor, que se hacen concretas en el descubrimiento de la llamada del Señor y en la adhesión a ella. Esta es la única cosa que nos hace felices de verdad.
Queridos jóvenes, encomiendo a la maternal intercesión de la Bienaventurada Virgen María nuestro camino hacia Panamá, así como también el itinerario de preparación del próximo Sínodo de los Obispos. Os invito a recordar dos aniversarios importantes en este año 2017: los trecientos años del descubrimiento de la imagen de la Virgen de Aparecida, en Brasil; y el centenario de las apariciones de Fátima, en Portugal, adonde, si Dios quiere, iré en peregrinación el próximo mes de mayo.
San Martín de Porres, uno de los santos patronos de América Latina y de la JMJ de 2019, en su humilde servicio cotidiano tenía la costumbre de ofrecerle las mejores flores a María, como signo de su amor filial. Cultivad también vosotros, como él, una relación de familiaridad y amistad con Nuestra Señora, encomendándole vuestros gozos, inquietudes y preocupaciones. Os aseguro que no os arrepentiréis.
La joven de Nazaret, que en todo el mundo ha asumido miles de rostros y de nombres para acercarse a sus hijos, interceda por cada uno de nosotros y nos ayude a proclamar las grandes obras que el Señor realiza a través de nosotros.
Desde el Vaticano, 27 de febrero de 2017
Memoria de San Gabriel de Nuestra Señora de los Dolores
Francisco

La grandeza de nuestras vidas. Comentario del Evangelio según san Mateo (5, 17 - 19)



“El que los cumpla (las enseñanzas de la ley y los profetas, los mandamientos) y los enseñe , será grande en el Reino de los cielos”. Con éste Evangelio nos coloca Jesús a todos en un gran horizonte de vida.

 Además de venir a quitarle los miedos a los fariseos  de que él no viene  a abolir la ley, Jesús nos saca de la visión aislada de una santidad personal y nos invita a concebirnos transmitiendo a mucho las enseñanzas que para un cristiano significan Vida en abundancia.

 Cuando las personas con las que convivimos, trabajamos o estudiamos nos ven vivir una vida diferente, al servicio de los demás, sin competitividades, perdonando las ofensas y creyendo en lo bueno de la gente, se llegan a cuestionar muchas cosas. Si en esos momentos damos razón de por qué tenemos esperanza, experimentaremos que nuestra propia fe se fortalece y que todas las dificultades que vivimos pueden ser un “camino abierto” para muchos. 

La fe toma otra viveza cuando nos concebimos como pueblo y como parte de una cadena de testigos, gracias a la cual nos ha llegado el Evangelio a nuestras vidas y en la cual también somos miembros pequeños, pero vitales. Sólo así podrán llegar estas enseñanzas a muchos.

Que en éste día nos podamos dejar mirar por Jesús con esa trascendencia que él nos ve, como esos “eslabones de una cadena de transmisores de fe y Vida” y podamos descubrir que no hay mayor grandeza para una vida que ésta.

Archidiócesis  de Madrid

Quien cumpla y enseñe será grande


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 5, 17-19
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«No creáis que he venido a abolir la Ley y los Profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud.
En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos».
Palabra del Señor.

martes, 21 de marzo de 2017

El Vaticano ofrece un examen de conciencia actual para una buena confesión en Cuaresma

 El Vaticano ofrece en esta Cuaresma un esquema con las preguntas clave para hacer una buena confesión, en el marco de celebración penitencial que el Papa Francisco preside este viernes en la Basílica de San Pedro.
La Oficina de Celebraciones Litúrgicas del Vaticano difundió en el libreto de la liturgia penitencial un esquema general para el examen de conciencia dividido en 28 puntos.
Esta es la traducción al español del texto original en italiano, realizada por ACI Prensa:
Esquema general para el examen de conciencia
1.   ¿Me acerco al sacramento de la Penitencia por un sincero deseo de purificación, de conversión, de renovación de vida y de una más íntima amistad con Dios, o lo considero más bien como un peso, que solo raramente estoy dispuesto a asumir?
2.   ¿He olvidado o a propósito he callado pecados graves en la confesión precedente o en confesiones pasadas?
3.   ¿He satisfecho la penitencia que me fue impuesta? ¿He reparado los daños que he cometido? ¿He buscado poner en práctica los propósitos hechos para enmendar mi vida según el Evangelio?
A la luz de la palabra de Dios, cada uno examínese a sí mismo.
El Señor dice: “Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón”
1.   ¿Mi corazón está verdaderamente orientado a Dios; puedo decir que lo amo verdaderamente sobre todas las cosas y con amor de hijo, en la observancia fiel de sus mandamientos?, ¿me dejo absorber demasiado por las cosas temporales?, ¿es siempre recta mi intención en el obrar?
2. ¿Es firme mi fe en Dios, que en su Hijo nos ha presentado su palabra?, ¿he dado mi plena adhesión a la doctrina de la Iglesia?, ¿me preocupa mi formación cristiana, escuchando la palabra de Dios, participando en la catequesis, evitando lo que pueda acechar la fe?, ¿he profesado siempre con valentía y sin temor mi fe en Dios y en la Iglesia?, ¿me he mostrado como cristiano en la vida privada y pública?
3.  ¿He rezado en la mañana y en la noche?, ¿mi oración es una verdadera conversación de corazón a corazón con Dios, o es solo una vacía práctica exterior?, ¿he sabido ofrecer a Dios mis ocupaciones, mis alegrías y dolores?, ¿recurro a Él con confianza también en las tentaciones?
4.  ¿Tengo reverencia y amor hacia el santo nombre de Dios o lo he ofendido con blasfemias, falsos juramentos o nombrándolo en vano?, ¿he sido irreverente con la Virgen y los santos?
5. ¿Santifico el día del Señor y las fiestas de la Iglesia, tomando parte con participación activa, atenta y pía a las celebraciones litúrgicas y especialmente en la Santa Misa?, ¿he evitado hacer trabajos no necesarios en los días festivos?, ¿he observado el precepto de la confesión al menos anual y de la comunión pascual?
6. ¿Existen para mí “otros dioses”, a saber expresiones o cosas por las cuales me intereso o en las cuales pongo más confianza que en Dios, por ejemplo: riqueza, superstición, espiritismo u otras formas de magia?

El Señor dice: “Ámense los unos a los otros, como yo los he amado”
1. ¿Amo verdaderamente a mi prójimo o abuso de mis hermanos, sirviéndome de ellos para mis intereses y reservando para ellos un tratamiento que no quisiera que fuese usado conmigo?, ¿he ocasionado escándalo con mis palabras y mis acciones?
2. En mi familia, ¿he contribuido con paciencia y con verdadero amor al bien y a la serenidad de los demás?
Para cada miembro de la familia:
-          Para los hijos: ¿fui obediente con mis padres, los he respetado y honrado?, ¿les he ayudado en las necesidades espirituales y materiales?, ¿me he esforzado en la escuela?, ¿he respetado las autoridades?, ¿he dado un buen ejemplo en toda situación?
-          Para los padres: ¿me he preocupado por la educación cristiana de mis hijos?, ¿les he dado un buen ejemplo?, ¿los he apoyado y dirigido con mi autoridad?
-          Para los esposos: ¿he sido siempre fiel en los afectos y en las acciones?, ¿he sido comprensivo en los momentos de desasosiego?
3.  ¿Sé dar de lo mío, sin mezquino egoísmo, a quien es más pobre que yo?, ¿En cuanto a lo que depende de mí, defiendo a los oprimidos y ayudo a los necesitados?, ¿o trato con suficiencia o con dureza a mi prójimo, especialmente a los pobres, los débiles, los viejos, los marginados y los inmigrantes?
4. ¿Soy consciente de la misión que me fue confiada?, ¿he participado de las obras de apostolado y de caridad de la Iglesia, en las iniciativas y en la vida de la parroquia?, ¿he rezado y dado mi contribución para las necesidades de la Iglesia y del mundo, por ejemplo: para la unidad de la Iglesia, para la evangelización de los pueblos, para la instauración de la justicia y de la paz?
5.  ¿Tengo en el corazón el bien y la prosperidad de la comunidad en la cual vivo o cuido solo de mis intereses personales?, ¿participo, en cuanto puedo, en las iniciativas que promueven la justicia, la moral pública, la concordia, las obras de beneficencia?, ¿cumplo con mis deberes civiles?, ¿he pagado regularmente mis impuestos?
6.  ¿Soy justo, comprometido, honesto en el trabajo, voluntarioso para prestar mi servicio para el bien común?, ¿he dado el justo salario a los obreros y a todos los dependientes? ¿he cumplido los contratos y promesas?
7. ¿He prestado obediencia y el respeto debido a las autoridades legítimas?
8. ¿Si tengo algún cargo o desarrollo funciones directivas, cuido solo mi interés o me esfuerzo por el bien de los demás, en espíritu de servicio?
9. ¿He practicado la verdad y la lealtad, o he ocasionado el mal al prójimo con mentiras, calumnias, denigraciones, juicios temerarios, violaciones de secretos?
10. ¿He atentado contra la vida y la integridad física del prójimo, le he ofendido en el honor, le he negado los bienes?, ¿he procurado o aconsejado el aborto?, ¿he callado en situaciones donde pude animar al bien?, ¿en la vida matrimonial soy respetuoso de las enseñanzas de la Iglesia acerca de la apertura y respeto a la vida?, ¿he obrado contra mi integridad física (por ejemplo con la esterilización)?, ¿fui siempre fiel también con la mente?, ¿he mantenido el odio?, ¿he sido conflictivo?, ¿he pronunciado insultos y palabras ofensivas, fomentando desacuerdos y rencores?, ¿he omitido de testimoniar la inocencia del prójimo, de forma culpable y egoísta?, ¿conduciendo el vehículo u otro medio de transporte he puesto en peligro mi vida o la de los demás?
11.¿He robado?, ¿injustamente he deseado el robo a los demás?, ¿he dañado al prójimo en sus pertenencias?, ¿he restituido aquello que sustraje y reparado los daños causados?
12.   Si he recibido males, ¿me he mostrado dispuesto a reconciliarme y perdonar por amor a Cristo, o guardo en el corazón odio y deseo de venganza?
Cristo el Señor dice: “Sean perfectos como el Padre”
1.   ¿Cuál es la orientación fundamental de mi vida?, ¿me doy ánimo con la esperanza de la vida eterna?, ¿he buscado reavivar mi vida espiritual con la oración, la lectura y la meditación de la palabra de Dios, la participación en los sacramentos?, ¿he practicado la mortificación?, ¿he estado pronto y decidido a cortar los vicios, someter las pasiones y las inclinaciones perversas?, ¿he respondido a los motivos de envidia, he dominado la gula?, ¿he sido presuntuoso y soberbio, despreciado a los demás y preferirme antes que a ellos?, ¿he impuesto mi voluntad a los demás, conculcando su libertad y despreciando sus derechos?
2.  ¿Qué uso he hecho del tiempo, las fuerzas y los dones recibidos de Dios como “los talentos del Evangelio”?, ¿me sirvo de todos estos medios para crecer cada día en la perfección de la vida espiritual y en el servicio al prójimo?, ¿he sido inerte y ocioso?, ¿Cómo utilizo internet y otros medios de comunicación?
3. ¿He soportado con paciencia, en espíritu de fe, los dolores y las pruebas de la vida?, ¿cómo he buscado practicar la mortificación, para cumplir aquello que falta a la pasión de Cristo?, ¿he observado la ley del ayuno y la mortificación?, ¿he observado la ley del ayuno y la abstinencia?
4.  ¿He conservado puro y casto mi cuerpo, en mi estado de vida, pensando que es templo del Espíritu Santo, destinado a la resurrección y a la gloria?, ¿he custodiado mis sentidos y evitado de ensuciarme en lo espíritu y en el cuerpo con pensamientos y malos deseos, con palabras y acciones indignas?, ¿me he permitido lecturas, discursos, espectáculos, diversiones en contraste con la honestidad humana y cristiana?, ¿he sido escándalo para los demás con mi comportamiento?
5.  ¿He actuado contra mi conciencia por temor o por hipocresía?
6.  ¿He buscado comportarme en todo y siempre en la verdadera libertad de los hijos de Dios y según las leyes del Espíritu o me he dejado someter por mis pasiones?
7. ¿He omitido un bien que era para mí posible de realizar?

El Santo Padre pide al presidente de Ruanda purificar la memoria del genocidio contra los Tutsi

El santo padre Francisco recibió este lunes en el Vaticano al presidente de la República de Ruanda, Paul Kagame, pequeño país africano situado en la zona de los Grandes Lagos, que se hizo célebre por el genocidio de 1994.
Lo informó la Oficina de prensa de la Santa Sede, precisando que “durante las cordiales conversaciones” que se desarrollaron el en Palacio Apostólico, se ha “apreciado el notable camino recorrido para recuperar la estabilidad social, económica y política del país. Se ha evidenciado la colaboración entre el Estado y la Iglesia local en la obra de reconciliación nacional y de consolidación de la paz en beneficio de toda la Nación”.
El comunicado indica que “el Papa ha manifestado su profundo dolor, el de la Santa Sede y el de la Iglesia por el genocidio contra los Tutsis, ha expresado solidaridad con las víctimas y con los que siguen sufriendo las consecuencias de aquellos acontecimientos trágicos y, en línea con el gesto efectuado por San Juan Pablo II durante el Gran Jubileo del año 2000, ha renovado la imploración de perdón a Dios por los pecados y las faltas de la Iglesia y de sus miembros, entre los cuales sacerdotes, religiosos y religiosas que cedieron al odio y a la violencia traicionando su misión evangélica”.
El Papa ha expresado también “la esperanza de que este humilde reconocimiento de las faltas cometidas en aquella circunstancia que, por desgracia, han desfigurado el rostro de la Iglesia, contribuyan, también a la luz del reciente Año Santo de la Misericordia y del Comunicado publicado por el episcopado de Ruanda en ocasión de la clausura del mismo, a ‘purificar la memoria’ y a promover, con esperanza y confianza renovadas, un futuro de paz, dando testimonio de que es concretamente posible vivir y trabajar juntos cuando se pone en el centro la dignidad de la persona humana y el bien común”.
“Por último –concluye el comunicado– ha habido un intercambio de puntos de vista sobre la situación política y social de la región, con especial atención a algunas áreas afectadas por conflictos o desastres naturales, y se ha expresado una preocupación particular por el gran número de refugiados y de migrantes que necesitan la asistencia y el apoyo de la comunidad internacional y de los organismos regionales”.
El presidente de Ruanda posteriormente tuvo un encuentro con el cardenal Pietro Parolin, Secretario de Estado, a quien acompañaba el Secretario para las Relaciones con los Estados, monseñor Paul Richard Gallagher. En el comunicado se señalan “las buenas relaciones existentes entre la Santa Sede y Ruanda”.
 Zenit

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY POR EL PAPA FRANCISCO:





«Cuando Dios perdona, su perdón es tan grande que es como si “olvidase”». Así, «una vez que estamos en paz con Dios por su misericordia», si le preguntáramos al Señor: «Pero, ¿te acuerdas de esa cosa fea que he hecho?», la respuesta podría ser: «¿Cuál? No me acuerdo...». 

Eso es «todo lo contrario de lo que hacemos nosotros» y que surge con frecuencia de nuestras conversaciones: “Este hizo eso, hizo aquello, hizo también esto otro...”. Nosotros no olvidamos, y de muchas personas conservamos «la historia antigua, media, medieval y moderna». Y la razón está en el hecho de «que no tenemos un corazón misericordioso». 

En el pasaje del Evangelio de Mateo, el protagonista es Pedro, quien «había escuchado muchas veces al Señor hablar del perdón, de la misericordia». El apóstol, evidentemente, en su sencillez no había comprendido plenamente el significado de esas palabras. Por ello «se acercó a Jesús y le dijo: “Dime, Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Te parece que hasta siete veces?”». Siete veces: tal vez le pareció haber sido incluso «generoso». Pero «Jesús lo detiene y dice: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”». 

Para explicarse mejor, Jesús relata la parábola del rey «que quiso ajustar cuentas con sus siervos». A este, se lee en la Escritura, le fue presentado «uno que le debía diez mil talentos», una cantidad enorme para la cual, «según la ley de esos tiempos», se hubiese visto obligado a vender «todo, también la esposa, los hijos y los campos». Ante esta situación, el deudor «comenzó a llorar, a pedir misericordia, perdón», hasta que «su señor tuvo “compasión”». 

«Compasión» es otra palabra que se aproxima fácilmente al concepto de misericordia. Cuando en los Evangelios se habla de Jesús y cuando se describe su encuentro con un enfermo, se lee, en efecto, que Cristo «tuvo “compasión” de él». 

La parábola continúa con el propietario que «dejó marchar» al siervo «le perdonó la deuda». Se trataba de «una deuda grande». El siervo, en cambio, al encontrarse «con uno de sus compañeros, que tenía una pequeña deuda con él, quería mandarlo a la cárcel». Ese hombre «no había comprendido lo que su rey había hecho con él» y así se «comportó de forma egoísta». Como conclusión del relato, el rey llama al siervo al cual había perdonado la deuda y lo mandó a la cárcel porque no había sido «generoso». Es decir, no había hecho «con su compañero lo que Dios había hecho con él».

Recordemos la frase del Padrenuestro que dice: «Perdona nuestras ofensas así como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden». Se trata de «una ecuación», o sea: «Si tú no eres capaz de perdonar, ¿cómo podrá perdonarte Dios?». El Señor «quiere perdonarte, pero no podrá hacerlo si tú tienes el corazón cerrado, y la misericordia no puede entrar». 

Alguien podría objetar: «Padre, yo perdono, pero no puedo olvidar el mal que me ha hecho...». La respuesta es: «Pide al Señor que te ayude a olvidar». En todo caso, si es verdad que «se puede perdonar, pero olvidar no siempre se logra», seguramente no se puede aceptar la actitud del «“perdonar” y “me la pagarás”». Es necesario, en cambio, «perdonar como perdona Dios», quien «perdona al máximo».

«No es fácil perdonar; no es fácil»; en muchas familias hay «hermanos que pelean por la herencia de los padres y no se saludan nunca más en la vida; muchas parejas pelean y crece, crece el odio, y esa familia acaba destruida». Estas personas «no son capaces de perdonar. Y este es el mal».

Que la Cuaresma «nos prepare el corazón para recibir el perdón de Dios. Pero recibirlo y luego hacer lo mismo con los demás: perdonar de corazón». Es decir, tener una actitud que nos lleve a decir: «Tal vez no me saludas nunca, pero en mi corazón yo te he perdonado».

Es esta la mejor forma de acercarnos «a la misericordia tan grande de Dios». En efecto, «perdonando abrimos nuestro corazón para que la misericordia de Dios entre y nos perdone a nosotros». Y todos tenemos motivos para pedir el perdón de Dios: «Perdonemos y seremos perdonados».

(De la homilía del Papa Francisco en Santa Marta el 1 de marzo de 2016. Fuente: L’Osservatore Romano)

EVANGELIO DE HOY: HEMOS DE PERDONAR SIEMPRE, COMO DIOS NOS PERDONA




Lectura del santo Evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:

«Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»

Jesús le contesta:

«No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Por esto, se parece el reino de los cielos a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus criados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así.

El criado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo."

Se compadeció el señor de aquel criado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el criado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes."

El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré."

Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?"

Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda.

Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor