miércoles, 22 de febrero de 2017

COMENTARIO AL EVANGELIO DE HOY POR BENEDICTO XVI:




Queridos hermanos y hermanas:
(...) El evangelista san Juan, al relatar el primer encuentro de Jesús con Simón, hermano de Andrés, atestigua un hecho singular: Jesús, “fijando su mirada en él, le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas”, que quiere decir “Piedra”” (Jn 1, 42) (...), en latín Petrus.... No era sólo un nombre; era un “mandato” que Petrus recibía así del Señor. 

El nuevo nombre, Petrus, se repetirá muchas veces en los evangelios y acabará sustituyendo a su nombre originario, Simón. El dato cobra especial relieve si se tiene en cuenta que, en el Antiguo Testamento, el cambio del nombre por lo general implicaba la encomienda de una misión (cf. Gn 17, 5; 32, 28 ss, etc.). 

De hecho, la voluntad de Cristo de atribuir a Pedro una importancia particular dentro del Colegio apostólico se manifiesta a través de numerosos indicios: en Cafarnaúm, el Maestro se hospeda en la casa de Pedro; cuando la muchedumbre se agolpaba a su alrededor a la orilla del lago de Genesaret, entre las dos barcas allí amarradas Jesús escoge la de Simón; cuando en circunstancias particulares Jesús se llevaba sólo a tres discípulos, a Pedro siempre se le nombra como primero del grupo: así sucede en la resurrección de la hija de Jairo, en la Transfiguración y, por último, durante la agonía en el huerto de Getsemaní. 

Además, a Pedro se dirigen los recaudadores del impuesto para el templo y el Maestro paga sólo por sí y por Pedro; Pedro es el primero a quien lava los pies en la última Cena y ora sólo por él para que no desfallezca en la fe y pueda confirmar luego en ella a los demás discípulos. 

Por lo demás, Pedro mismo es consciente de su situación peculiar: es él quien a menudo toma la palabra en nombre de los demás; habla para pedir la explicación de una parábola o el sentido exacto de un precepto o la promesa formal de una recompensa. 

En particular, es él quien resuelve algunas situaciones embarazosas interviniendo en nombre de todos. Por ejemplo, cuando Jesús, entristecido por la incomprensión de la multitud después del discurso sobre el “pan de vida”, pregunta: “¿También vosotros queréis iros?”, Pedro da una respuesta perentoria: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”. 

Igualmente decidida es la profesión de fe que, también en nombre de los Doce, hace en Cesarea de Filipo. A Jesús, que le pregunta “Y vosotros ¿quién decís que soy yo?”, Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Acto seguido, Jesús pronuncia la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (…). A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. 

Las tres metáforas que utiliza Jesús son en sí muy claras
  • Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; 
  • tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno; 
  • por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. 
Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro. 

(...) Además, el hecho de que varios de los textos clave referidos a Pedro puedan enmarcarse en el contexto de la última Cena, en la que Cristo le confiere el ministerio de confirmar a los hermanos (cf. Lc 22, 31 s), muestra cómo el ministerio confiado a Pedro es uno de los elementos constitutivos de la Iglesia que nace del memorial pascual celebrado en la Eucaristía. 

El hecho de insertar el primado de Pedro en el contexto de la última Cena, en el momento de la institución de la Eucaristía, Pascua del Señor, indica también el sentido último de este primado: Pedro, para todos los tiempos, debe ser el custodio de la comunión con Cristo; debe guiar a la comunión con Cristo; debe cuidar de que la red no se rompa, a fin de que así perdure la comunión universal. 

Sólo juntos podemos estar con Cristo, que es el Señor de todos. La responsabilidad de Pedro consiste en garantizar así la comunión con Cristo con la caridad de Cristo, guiando a la realización de esta caridad en la vida diaria.

Oremos para que el primado de Pedro, encomendado a pobres personas humanas, sea siempre ejercido en este sentido originario que quiso el Señor, y para que lo reconozcan cada vez más en su verdadero significado los hermanos que todavía no están en comunión con nosotros. 
(De la Audiencia general de Benedicto XVI el 7 de junio de 2006)

TÚ ERES PEDRO Y SOBRE ESTA PIEDRA EDIFICARÉ MI IGLESIA




Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-19):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»

Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas.»

Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»

Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. 

Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.»

Palabra del Señor

martes, 21 de febrero de 2017

Francisco en Sta. Marta: tener santa vergüenza delante de la ambición



 La “santa vergüenza” ante la tentación de la ambición, para todos, también a los obispos y las parroquias. Lo deseó el papa Francisco en su homilía de la misa celebrada este martes por la mañana en la Casa de Santa Marta.
La primera lectura indica que quien quiere servir al Señor, debe prepararse para hacer frente a “la tentación de no cumplir la misión. Y añadió que también Jesús fue tentado: tres veces por el diablo en el desierto y después por Pedro, cuando les reveló su muerte.
La otra tentación de la que habla el Evangelio del día es que los discípulos van discutiendo por el camino sobre quién de ellos es el más grande y cuando Jesús les pregunta de qué estaban hablando ellos callan, porque se avergüenzan.
“Era gente buena –señala Francisco– que quería seguir al Señor, servir al Señor. Pero no sabían que el camino del servicio al Señor no era tan fácil, no era como entrar en una institución o una asociación de beneficencia para hacer el bien: no, es otra cosa”.
Además, señala el pontífice, tenían “la tentación de la mundanidad: desde el momento en que la Iglesia es Iglesia hasta hoy, esto ha sucedido, sucede y sucederá”.
Como en las parroquias cuando se discute: ‘Yo quiero ser presidente de esta asociación, subir un poco’, ‘¿Quién es el más grande, aquí? ¿Quién es el más grande en esta parroquia? No, yo soy más importante que aquel, y aquel otro no, porque ha hecho aquella cosa…’, y de allí la cadena de los pecados”.
“Algunas veces nosotros los sacerdotes lo decimos con vergüenza en los presbiterios: ‘Yo querría aquella parroquia…’ – ‘Pero el Señor está aquí…’ – ‘pero yo querría aquella…’. Lo mismo. No es el camino del Señor, sino el camino de la vanidad, de la mundanidad”.
El Santo Padre invitó que se rece al Señor pidiendo “la gracia de avergonzarnos, cuando nos encontramos en estas situaciones”.
Jesús sentado junto a ellos –explica Francisco– les recuerda que “si uno quiere ser el primero, deberá ser el último y el servidor de todos”, lo dice tomando un niño que pone en medio de ellos.
“Que el Señor nos dé la gracia de la vergüenza, aquella santa vergüenza, cuando nos encontramos en aquella situación, bajo aquella tentación y avergonzarnos: ‘¿Pero yo soy capaz de pensar así? Cuando veo a mi Señor en la cruz, ¿quiero usar al Señor para subir?’”.
Que el Señor nos dé la gracia de la sencillez de un niño: comprender que sólo vale el camino del servicio… de poder decir de uno mismo: ‘Soy un siervo inútil’”.

La cruz elevada sobre la aldea de Teleskuf



El patriarca caldeo, monseñor Luis Sako, celebró este domingo la Santa Misa junto a cientos de fieles en la iglesia de San Jorge en Teleskuf (aldea iraquí recientemente liberada de Daesh) después de más de dos años y medio. Cuenta que después de la celebración eucarística, todos los fieles fueron a un monte fuera del pueblo donde elevaron una gran cruz

Lo cuenta el padre Luis Montes, sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado, en su perfil de Facebook. Se trata de un acontecimiento histórico que empezó a dar pasos ya a principios de febrero, cuando familias cristianas llegadas del Kurdistán iraquí volvieron a poblar la aldea de Teleskuf, escenario de uno de los combates más duros dirigidos por los peshmergas para reconquistar la zona. Sako ha manifestado su «alegría» y «satisfacción» por la llegada de estas familias y el giro que han tomado estos acontecimientos.
Capturada por Daesh en 2014, Teleskuf fue recuperada por las tropas kurdas en mayo de 2016. A pesar de las secuelas de los combates, monseñor Sako espera que la paz pueda volver a la región y que la llanura de Nínive se convierta en ejemplo de coexistencia pacífica entre comunidades de religiones diferentes.
Alfa y Omega

21 de febrero: san Pedro Damián, obispo y doctor de la Iglesia


Paradigma de teólogo medieval, san Pedro Damián estuvo a punto de no durar mucho en este mundo: cuando este retoño de familia humilde y numerosa nació en Rávena en el año 1007, su madre fue presionada pare dejarle morir de hambre. Su salvación se debió a la generosidad de una amiga de la familia que se ofreció a adoptarle durante sus primeros años de vida. Ya adolescente, cayó bajo el cuidado de un hermano que le sometió a un trato vejatorio, obligándole por ejemplo a cuidar de una piara de cerdo.
Menos mal que otro hermano se apiadó de él, detectó su excepcional inteligencia y corrió con los gastos de sus estudios, primero en Rávena y después en Fiensa y en Rávena. Le agradecerá el esfuerzo agregando su nombre al suyo, firmando a partir de entonces Petrus Damiani. Erudito, San Pedro Damián abre cátedra en Parma y no tarda en atraer a discípulos. No obstante, el éxito terrenal no colma sus aspiraciones y opta por la vida de convento tras un encuentro casual con dos monjes.
San Pedro Damián aprovecha su nuevo estado para fundar nuevas comunidades monacales de acuerdo con la Regla de San Benito. Pero sobre todo, denuncia con rotundidad la corrupción moral que impera en la Italia altomedieval. Y no en vano: papas, obispos y gobernantes apelan a su competencia para reformar al clero y a las sociedades, al tiempo que le encargan misiones diplomáticas en Italia, Francia y Alemania. Esteban X le nombra cardenal-obispo de Ostia.
Aún tiene tiempo para escribir. Su primer gran trabajo fue Del desprecio del mundo, libro en el que arremete contra el lujo de los que «amontonan en su mesa los platos abundantes, donde huelen las especias de la India; usan vasos de cristal, en los que brilla el oro del vino, adobado con mieles: se adornan con collares de oro…». Nace de esta forma la doctrina del menosprecio de los bienes caducos, que tanta influencia tuvo en san Bernardo de Claraval y en san Francisco de Asís.
Su segunda gran obra es Del celibato sacerdotal, en la que defiende que Cristo virgen solo puede confiar su Cuerpo a sacerdotes vírgenes. Un libro póstumo que sirvió de referencia a Gregorio VII, para llevar a cabo las reforma cluniacense y combatir la relajación eclesiástica.
San Pedro Damián murió en Faenza el 22 de febrero de 1072 y fue canonizado en 1625.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

La hija de Oswaldo Payá pide a la Iglesia cubana que se mantenga «del lado de los oprimidos»


Rosa María Payá intenta esquivar los obstáculos del régimen castrista para entregar este miércoles en La Habana un galardón al secretario general de la OEA, Luis Almagro, por su defensa de la democracia en Venezuela
Su teléfono ha dejado de funcionar, el de su casa y también el móvil. Pegados a sus talones tiene continuamente a agentes de la seguridad el estado desde que, el 18 de enero, regresó desde EE.UU. a La Habana para protagonizar una importante acción en la que se ha convertido ya en su misión: continuar la labor de su padre, Oswaldo Payá, el carismático líder del Movimiento Cristiano de Liberación, fallecido en extrañas circunstancias en 2012.
Confiesa que siente inquietud, casi miedo. Los seguimientos se han intensificado en las últimas horas, a medida que se acerca el gran momento: la entrega este miércoles al uruguayo Luis Almagro, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), del premio «Oswaldo Paya Libertad y Vida», que por primera vez concede la Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia, organización presente en 20 países de América Latina que preside la propia Payá.
«Es un acontecimiento muy importante para todos los cubanos», afirma la joven de 28 años, contada por Alfa y Omega a través del teléfono de otro opositor. Cuba, que aspira a reincorporarse a la OEA (de la que fue expulsada hace medio siglo), va a ser escenario de un reconocimiento público al actual responsable máximo de esta organización, galardonado por «su coherencia» en defensa de «la democracia y los derechos humanos» en Venezuela, la gran aliada del régimen castrista.
El intento de establecer paralelismos es claro. «También los cubanos, en medio de este clima de represión y violencia, necesitamos gestos de solidaridad efectiva que nos permitan hacer sentir que no estamos solos». «Esperamos reacciones de la comunidad internacional a favor de los derechos humanos, como una señal clara contra la impunidad, contra la violencia, contra la represión del régimen».
«Esta –añade Rosa María Payá– debe ser también la voz de la Iglesia». «Creo que la Iglesia tiene un rol que jugar. Hacer política no es el papel de la Iglesia, pero sí acompañar al pueblo cubano; mantenerse del lado de los oprimidos. Y levantar la voz en lo posible para detener la impunidad».
El arzobispo de la Habana y el nuncio han sido invitados a la entrega del galardón este miércoles, a las 11, en la propia casa de la familia Payá. No tiene confirmación de su asistencia, ni tampoco del resto de invitados, con quienes lleva días sin poder establecer contacto, desde que el régimen castrista le dejó prácticamente incomunicada. Una petición que lanza a este semanario es: «publiquen la hora del acto».
En contacto permanente con el Vaticano
Como «laica católica» comprometida «la libertad, con mi país y con los derechos de todos los cubanos», Rosa María Payá dice sentir «todos los días» la cercanía de muchos católicos de a pie, «y también de muchas personas que no son creyentes y nos acompañan en esta lucha». En lo que se refiere a la jerarquía, «podría estar un poco más activa en la defensa de los oprimidos –afirma–, no desde una convicción política, pero sí con actitud profética y evangélica».
Payá tuvo una audiencia privada con el Papa en 2014. Desde entonces, asegura que ha estado en permanente contacto con la Santa Sede, «no directamente, pero sí a través de la Nunciatura». Después de aquella audiencia, el Vaticano llevó una mediación entre el régimen cubano y EEUU. Payá entiende que la motivación fue mejorar las condiciones de vida de la población, pero lamenta que «el pueblo cubano realmente quedó excluido del proceso».
«No estamos pidiendo de la Iglesia ni al Vaticano una mediación», aclara. «Sí estamos pidiendo un acompañamiento. Estamos pidiendo observación, una actitud alerta y activa. Y que se alce la palabra de la Iglesia a favor de todos los cubanos».
«Oswaldo Payá fue asesinado»
Otra reivindicación que espera ver cumplida algún día es una investigación independiente sobre las circunstancias en las que murió su padre. «Todas las evidencias, como ha publicado la Human Rights Fundation de Nueva York, indican que mi padre fue asesinado en un “accidente” provocado por accidentes de seguridad del régimen cubano. Debe abrirse una investigación. Fue un atentado y esto es importante denunciarlo», afirma, mientras mira de reojo a los agentes que la están siguiendo en La Habana. «No sabemos qué va a hacer la gente de la seguridad del estado después de perseguirte, de dejarte incomunicado… Pero sabes que puedes sufrir un atentado».
Ricardo Benjumea
Alfa y Omega

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN MARCOS (9,30-37)




Jesús les hace a sus discípulos una pregunta aparentemente indiscreta: «¿De qué discutían por el camino?». Una pregunta que también puede hacernos hoy: ¿De qué hablan cotidianamente? ¿Cuáles son sus aspiraciones? 

«Ellos –dice el Evangelio– no contestaron, porque por el camino habían discutido sobre quién era el más importante». Les daba vergüenza decirle a Jesús de lo que hablaban. Como a los discípulos de ayer, también hoy a nosotros, nos puede acompañar la misma discusión: ¿Quién es el más importante? 

Jesús no insiste con la pregunta, no los obliga a responderle de qué hablaban por el camino, pero la pregunta permanece no solo en la mente, sino también en el corazón de los discípulos.

¿Quién es el más importante? Una pregunta que nos acompañará toda la vida y en las distintas etapas seremos desafiados a responderla. No podemos escapar a esta pregunta, está grabada en el corazón. 

Recuerdo más de una vez en reuniones familiares preguntar a los hijos: ¿A quién querés más, a papá o a mamá? Es como preguntarle: ¿Quién es más importante para vos? ¿Es tan solo un simple juego de niños esta pregunta? La historia de la humanidad ha estado marcada por el modo de responder a esta pregunta. 

Jesús no le teme a las preguntas de los hombres; no le teme a la humanidad ni a las distintas búsquedas que ésta realiza. Al contrario, Él conoce los «recovecos» del corazón humano, y como buen pedagogo está dispuesto a acompañarnos siempre. Fiel a su estilo, asume nuestras búsquedas, nuestras aspiraciones y les da un nuevo horizonte. 

Fiel a su estilo, logra dar una respuesta capaz de plantear un nuevo desafío, descolocando «las respuestas esperadas» o lo aparentemente establecido. Fiel a su estilo, Jesús siempre plantea la lógica del amor. Una lógica capaz de ser vivida por todos, porque es para todos. 

Lejos de todo tipo de elitismo, el horizonte de Jesús no es para unos pocos privilegiados capaces de llegar al «conocimiento deseado» o a distintos niveles de espiritualidad. El horizonte de Jesús, siempre es una oferta para la vida cotidiana también aquí en «nuestra isla»; una oferta que siempre hace que el día a día tenga cierto sabor a eternidad. 

¿Quién es el más importante? Jesús es simple en su respuesta: «Quien quiera ser el primero - o sea el más importante - que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás. 

Y esta es la gran paradoja de Jesús. Los discípulos discutían quién ocuparía el lugar más importante, quién sería seleccionado como el privilegiado –¡eran los discípulos, los más cercanos a Jesús, y discutían sobre eso!-, quién estaría exceptuado de la ley común, de la norma general, para destacarse en un afán de superioridad sobre los demás. Quién escalaría más pronto para ocupar los cargos que darían ciertas ventajas.

Y Jesús les trastoca su lógica diciéndoles sencillamente que la vida auténtica se vive en el compromiso concreto con el prójimo. Es decir, sirviendo.

La invitación al servicio posee una peculiaridad a la que debemos estar atentos. Servir significa, en gran parte, cuidar la fragilidad. Servir significa cuidar a los frágiles de nuestras familias, de nuestra sociedad, de nuestro pueblo. 

Son los rostros sufrientes, desprotegidos y angustiados a los que Jesús propone mirar e invita concretamente a amar. Amor que se plasma en acciones y decisiones. Amor que se manifiesta en las distintas tareas que como ciudadanos estamos invitados a desarrollar. Son personas de carne y hueso, con su vida, su historia y especialmente con su fragilidad, las que Jesús nos invita a defender, a cuidar y a servir. 

Porque ser cristiano entraña servir la dignidad de sus hermanos, luchar por la dignidad de sus hermanos y vivir para la dignidad de sus hermanos. Por eso, el cristiano es invitado siempre a dejar de lado sus búsquedas, afanes, deseos de omnipotencia ante la mirada concreta de los más frágiles. 

Hay un «servicio» que sirve a los otros; pero tenemos que cuidarnos del otro servicio, de la tentación del «servicio» que «se» sirve de los otros. Hay una forma de ejercer el servicio que tiene como interés el beneficiar a los «míos», en nombre de lo «nuestro». Ese servicio siempre deja a los «tuyos» por fuera, generando una dinámica de exclusión. 

Todos estamos llamados por vocación cristiana al servicio que sirve y a ayudarnos mutuamente a no caer en las tentaciones del «servicio que se sirve». Todos estamos invitados, estimulados por Jesús a hacernos cargo los unos de los otros por amor. 

Y esto sin mirar de costado para ver lo que el vecino hace o ha dejado de hacer. Jesús dice: «Quien quiera ser el primero, que sea el último y el servidor de todos». Ese va a ser el primero. No dice, si tu vecino quiere ser el primero que sirva. Debemos cuidarnos de la mirada enjuiciadora y animarnos a creer en la mirada transformadora a la que nos invita Jesús. 

Este hacernos cargo por amor no apunta a una actitud de servilismo, por el contrario, pone en el centro la cuestión del hermano: el servicio siempre mira el rostro del hermano, toca su carne, siente su projimidad y hasta en algunos casos la «padece» y busca la promoción del hermano... Porque, queridos hermanos y hermanas, «quien no vive para servir, no sirve para vivir».
(Papa Francisco, homilía del 20 de septiembre de 2015)

QUIEN QUIERA SER EL PRIMERO, QUE SEA EL SERVIDOR DE TODOS


Lectura del santo evangelio según san Marcos (9,30-37):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.

Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará».

Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle. 

Llegaron a Cafarnaún, y una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?».

Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.

Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».

Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi Nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».

Palabra del Señor

lunes, 20 de febrero de 2017

Papa Francisco: “Mi vida no ha sido fácil”


“Les diré, mi vida no ha sido fácil”, dijo el papa Francisco en tono confidencial dirigiéndose a los niños de una parroquia ubicada en el este de la periferia de Roma. En una serie de visitas pastorales a las parroquias de su diócesis, el Pontífice estuvo el domingo 19 de febrero en la Parroquia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde de Lunguezza.

El teatro parroquial fue el escenario del encuentro del Obispo de Roma con los infantes. Entre cantos, risas, abrazos y complicidad, Francisco dejó que los niños y niñas se acercaran a él y le hicieran preguntas y selfies (auto fotos con el celular).

El momento más difícil de Bergoglio
Los niños hacen preguntas sin rodeos. El Papa lo sabe. ¿Cuál ha sido el momento más difícil de su vida? “A los veinte años estuve cerca de morir, una infección pulmonar, me han quitado un pedazo de pulmón”, dijo el Papa refiriéndose a la ablación parcial de un pulmón a la que se sometió hace más de medio siglo y que al inicio del pontificado (marzo 2013) suscitó interrogantes entre sus detractores.
“Pero, yo les pregunto a ustedes: ¿la vida en general es fácil? No, la vida no es fácil. Es un don de Dios pero existen momentos difíciles por superar: yo he tenido tantos, pero de los cuales recuerdo la enfermedad. Siempre existen dificultades y siempre existirán, pero se superan con la fe y con coraje”, aseguró Francisco, de 80 años.

El cónclave explicado a los niños
¿Es difícil ser Papa, ser representante de la Iglesia? “Se siente mucha responsabilidad. Tú has dicho representante. Y uno que representa la Iglesia no puede quedar mal, no puede. ¿El Papa puede quedar mal? ¡No! Se debe tener cuidado. Es el obispo de Roma, pero tiene el cuidado pastoral de toda la Iglesia en el mundo con los otros obispos. Obispo y padre: a un obispo que no se siente padre, le falta algo”.

¿Cómo se elige el Papa?, preguntan a secas los niños. “Porque existen culpables y uno de ellos está aquí presente”, bromeó mirando hacía el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini. Así, explicó el cónclave. “Les explico cómo se convierte en Papa”. “¿Se paga para ser Papa? “¡No!”. ¿Pero si uno paga tanto, tanto, tanto, al final lo hacen papa? “¡No!”. Los cardenales “se reúnen , hablan entre ellos, piensan….’ ‘Eh, pero pensemos en esto, pensemos a este, y este tiene esta ventaja’, y razonan…Pero sobre todo –y esto es lo más importante- , se reza. ¿Entendido? Los cardenales hacen todos estos razonamientos humanos, pero el Señor envía al Espíritu Santo que ayuda a la elección. Sucesivamente cada uno da su voto y el que tiene dos tercios de los votos es elegido. Pero hace falta mucha oración, no hay amigos poderosos que te den un empujón”.

¿Quién es el más importante entre los que crean el Papa? “Piensen. ¿Quién es?” [Uno de los niños dice: El Papa]. “No, no han creado al Papa todavía”. [Otros niños dicen: Dios]. “Dios, el Espíritu Santo, que transmite el voto hace el Papa. Luego, aquel que es elegido, tal vez no sea el más inteligente, quizás no es el más inteligente, tal vez no sea el más rápido en hacer las cosas, pero es lo que Dios quiere para el tiempo de la Iglesia. ¿Entendido?” [“¡Sí!”].

¿El Papa se jubila?
Francisco admitió que también el Papa “debe morir, como todos o jubilarse, como ha hecho el gran papa Benedicto, porque no tenía buena salud, y llegará otro, que será diferente, será diverso, tal vez será más inteligente, o menos inteligente, no se sabe. Pero llegará este otro de la misma manera: elegido por el grupo de cardenales bajo la luz del Espíritu Santo”.

El saludo a los musulmanes
“Muchas gracias por estar aquí y rezar juntos, rezar por todo el barrio, por la parroquia. Saludo a todos ustedes, fieles católicos, y también a los musulmanes, y para todos ustedes pido la bendición del Señor”. Así se despidió el Papa.
Aleteia

El obispo de Roma visita otra parroquia en las afueras. La oración es antídoto al deseo de venganza



El papa Francisco visitó en la tarde de este domingo, una parroquia en las afueras de la ciudad de Roma, la segunda de este tipo después del final del Jubileo de la Misericordia y la treceava visita de este tipo.
La parroquia de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde di Lunghezza, está a seis kilómetros al este de la autopista circular entorno de Roma, (Grande raccordo anulare).
El Pontífice que llegó poco antes de las 15,30, fue recibido en el ingreso del templo por el cardenal Agostino Vallini, vicario de Roma y por el párroco Francesco Rondinelli.
Francisco saludó a las personas que se encontraban detrás de las vallas y saludó a muchas personas, apretando manos, bendiciendo a niños y ancianos e incluso permitiendo a algunos presentes de hacerse un ‘selfie’ con él.
Después encontró en el salón del teatro parroquial a los niños y jóvenes del catecismo, con el grupo juvenil. Ha saludado también a los enfermos y ancianos, a los esposos que han bautizado a sus hijos en los últimos meses, a las familias asistidas por la Cáritas parroquial, junto a los operadores y voluntarios. El Santo Padre también ha confesado a algunos parroquianos.
En la iglesia el Papa ha presidido la santa misa e improvisado su homilía, recordando que el Evangelio a diferencia de la ley del Talión invita a poner la otra mejilla. “Las ganas de vengarse, el ‘me la vas a pagar’, eso no es cristiano. Sean santos como Dios es santo, perfectos como perfecto es vuestro Padre, que hace nacer el sol sobre los buenos y malos y llover sobre justos e injustos”, dijo.
“Ese me hizo…, hay que perdonar en el corazón –prosiguió el Pontífice– esta es el camino de la santidad y esto aleja de las guerras. Si todos los hombres y mujeres del mundo aprendieran esto no habría guerras”.
La guerra inicia aquí (señaló el corazón), la ganas de venganza, destruye familias, los barrios, tanto, tanto…
¿Y qué hacer?, alguien preguntará: “lo dice Jesús, no lo digo yo… amene a vuestros enemigos. Yo tengo que amar a este? Sí” y añadió: recen por quien les persigue y les hace mal, para que cambie vida, para que el Señor le perdone.
“Esta es la magnanimidad de Dios, que todo perdona” señaló. Y concluyó preguntando: ¿Y tú eres misericordioso con las personas que te han hecho mal, o que no te quieren? Y subrayó la oración como antídoto, única vía de salida y medicina para salir del odio y de la venganza. El Papa al concluir la misa regaló un cáliz dentro de una teca para la parroquia. Y después de la bendición final estallaron los aplausos.
Zenit

20 de febrero: beatos Francisco y Jacinta Martos, los pastorcillos de Fátima


Los hermanos Francisco -nacido el 11 de junio de 1908- y Jacinta -nacida dos años después, el 11 de marzo de 1910- Martos son, con la excepción de algunos niños mártires, los más jóvenes en haber sido elevados a los altares por la Iglesia Católica. Junto a su prima hermana, sor Lucía Dos Santos (1907-2005), fueron los agraciados por las apariciones de Nuestra Señora en Fátima.
Los tres eran de origen humilde, hijos de unos padres -emparentados entre ellos- que se ganaban la vida cultivando unas hortalizas y pastoreando a unas pocas ovejas; tareas en las que los tres niños colaboraron desde muy pronto. Eran todos oriundos de Ajustrel, aldea situada en el centro de Portugal, y llevaban, tanto padres, como hijos una vida típica de sencillez cristiana.
En 1916, a los tres pastorcillos se les apareció un ángel. Pero fue al año siguiente, el 13 de mayo de 1917, cuando, en una encina de la pendiente de Cova de Iría se les apareció Nuestra Señora. Fue la primera de varias apariciones, en las que les reveló los tres secretos y les pidió que rezaran el rosario a diario para lograr la salvación del mundo. Solo la fe de los tres niños les permitió vencer la incredulidad de sus mayores y de las autoridades eclesiásticas cuando les relataron lo ocurrido. De ahí el interés que suscitan sus personalidades, especialmente la de los dos beatos.
Según cuenta Sor Lucía en sus memorias, «Francisco no parecía hermano de Jacinta, sino en la fisionomía del rostro y en la práctica de la virtud. No era tan caprichoso y vivo como ella. Al contrario, era de un natural pacífico y condescendiente». Sin embargo, ambos demostraron madurez sobrenatural; en el caso de Francisca cuando Nuestra Señora le anunció, en la aparición del 13 de junio de 1917, que pronto se le llevaría de este mundo. El joven pastor empezó enfermar de gripe española a finales de 1918 y murió el 4 de abril de 1919.
Jacinta empezó a enfermar por las mismas fechas que su hermano. Sin embargo, su calvario -que no le fue anunciado por Nuestra Señora- fue más largo y se prolongó hasta el 20 de febrero de 1920. Con la muerte de Francisca se cumplió la promesa que a ella y a Francisco les hizo la Virgen: «Tendréis mucho que sufrir, pero la gracia de Dios será vuestra fortaleza».
Años después, en 1935, los cuerpos de los dos pastorcillos fueron exhumados para ser trasladados del cementerio de Ajustrel a la Basílica de Fátima, el de Jacinta permanecía incorrupto. Fueron beatificados el 13 de mayo de 2000 por Juan Pablo II.
J.M. Ballester Esquivias (@jmbe12)
Alfa y Omega

«La revolución cristiana», según Francisco


Durante el rezo del Ángelus, el Papa expresa su «profundo dolor por las víctimas» en los últimos enfrentamientos del Congo, y denuncia la «tragedia» de «tantos niños arrebatados de sus familias y de la escuela para ser usados como soldados»
Ante las «noticias de enfrentamientos violentos y brutales» en la República Democrática del Congo, el Papa expresó este domingo su «profundo dolor por las víctimas, en especial por tantos niños arrebatados de sus familias y de la escuela para ser usados como soldados. ¡Ésta es una tragedia: niños soldados!», clamó el Pontífice, que, a través del Vídeo del Papa, ha apoyado recientemente la campaña de Entreculturas y el Servicio Jesuita a Refugiados a favor de estos niños. Las dos organizaciones han lanzado una campaña de recogida de firmas en la web http://menoressoldado.entreculturas.org.
Francisco expresó su «cercanía» y «oración» al «personal religioso y humanitario que trabaja en esa difícil región» del Congo, e hizo un «apremiante llamamiento a la conciencia y a la responsabilidad de las autoridades nacionales y de la comunidad internacional, con el fin de que se tomen pronto decisiones adecuadas para socorrer a estos nuestros hermanos y hermanas».
Francisco pidió extender esas oraciones «por todas las poblaciones que, en otros lugares del continente africano y del mundo, sufren a causa de la violencia y de la guerra», y recordó «en particular a los queridos pueblos de Paquistán y de Irak, golpeados por crueles actos terroristas en días pasados».
«Jesús no propone un nuevo orden civil»
Antes del rezo del Ángelus, Francisco comentó el pasaje evangélico del día, en el que, frente a la antigua ley del «ojo por ojo», Jesús pide devolver mal por bien, porque «solo así se rompe la cadena del mal».
«Para Jesús –añadió Francisco– el rechazo de la violencia puede comportar también la renuncia a un legítimo derecho», como cuando aconseja «poner la otra mejilla». «Pero esta renuncia no quiere decir que las exigencias de la justicia sean ignoradas o rebatidas; no, al contrario, el amor cristiano, que se manifiesta de modo especial en la misericordia, representa una realización superior de la justicia. Aquello que Jesús nos quiere enseñar es la neta distinción que debemos hacer entre la justicia y la venganza». Porque «la venganza no es jamás justa».
Con estas enseñanzas, «Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil», sino hacer efectivo «el mandamiento del amor al prójimo, que comprende también el amor a los enemigos». «Esta palabra no se debe entender como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a una perspectiva magnánima, semejante a aquella del Padre celestial, quien – dice Jesús – “hace salir el sol sobre malos y buenos”». «Cuantas enemistades en la familia, ¡cuántas!», prosiguió. «Pensemos en esto. Enemigos son también aquellos que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos hacen daño. Y no es fácil digerir esto. A todos aquellos estamos llamados a responder con el bien, que también esto tiene sus estrategias, inspiradas en el amo

Creo, Señor, pero ayuda mi falta de fe


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 9, 14-29

En aquel tiempo, Jesús y los tres discípulos bajaron del monte y volvieron adonde estaban los demás discípulos, vieron mucha gente alrededor, y a unos escribas discutiendo con ellos.
Al ver a Jesús, la gente se sorprendió, y corrió a saludarlo.
Él les preguntó:
«¿De qué discutís?».
Uno de la gente le contestó:
«Maestro, te he traído a mi hijo; tiene un espíritu que no le deja hablar y, cuando lo agarra, lo tira al suelo, echa espumarajos, rechina los dientes y se queda rígido. He pedido a tus discípulos que lo echen, no han sido capaces».
Él, tomando la palabra, les dice:
«¡Generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuando os tendré que soportar? Traédmelo».
Se lo llevaron.
El espíritu, en cuanto vio a Jesús, retorció al niño; este cayó por tierra y se revolcaba echando espumarajos.
Jesús preguntó al padre:
«¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?».
Contestó él:
«Desde pequeño. Y muchas veces hasta lo ha echado al fuego y al agua, para acabar con él. Si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos».
Jesús replicó:
«¿Si puedo? Todo es posible al que tiene fe».
Entonces el padre del muchacho gritó:
«Creo, pero ayuda a mi falta de fe».
Jesús, al ver que acudía gente, increpó al espíritu inmundo, diciendo:
«Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: sal de él y no vuelvas a entrar en él».
Gritando y sacudiéndolo violentamente, salió.
El niño se quedó como un cadáver, de modo que muchos decían que estaba muerto.
Pero Jesús lo levantó, cogiéndolo de la mano, y el niño se puso en pie.
Al entrar en casa, sus discípulos le preguntaron a solas:
«¿Por qué no pudimos echarlo nosotros?».
El les respondió:
«Esta especie solo puede salir con oración».
Palabra del Señor.

domingo, 19 de febrero de 2017

“Justicia sí, venganza no”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Evangelio de este domingo (Mt 5,38-48) – una de esas páginas que mejor expresa la “revolución” cristiana – Jesús muestra la vía de la verdadera justicia mediante la ley del amor que supera aquella del talión, es decir, «ojo por ojo y diente por diente». Esta antigua regla imponía aplicar a los transgresores penas equivalentes a los daños causados: la muerte a quién había asesinado, la amputación a quién había herido a alguien, y cosas así. Jesús no pide a sus discípulos de padecer el mal, al contrario, pide reaccionar, pero no con otro mal, sino con el bien. Sólo así se rompe la cadena del mal: un mal lleva a otro mal, y otro trae otro mal… Se rompe esta cadena de mal, y cambian verdaderamente las cosas. El mal de hecho es un “vacío”, un vacío de bien, y un vacío no se puede llenar con otro vacío, sino sólo con un “pleno”, es decir, con el bien. La represalia no lleva jamás a la solución de los conflictos. “Tú me lo has hecho, yo te lo haré”, esto jamás resuelve un conflicto, ni siquiera es cristiano.
Para Jesús el rechazo de la violencia puede comportar también la renuncia a un legítimo derecho; y pone algunos ejemplos: poner la otra mejilla, dar el propio vestuario o el propio dinero, aceptar otros sacrificios (Cfr. vv. 39-42). Pero esta renuncia no quiere decir que las exigencias de la justicia sean ignoradas o rebatidas; no, al contrario, el amor cristiano, que se manifiesta de modo especial en la misericordia, representa una realización superior de la justicia. Aquello que Jesús nos quiere enseñar es la neta distinción que debemos hacer entre la justicia y la venganza. Distinguir entre justicia y venganza. La venganza no es jamás justa. Nos es consentido pedir justicia; es nuestro deber practicar la justicia. En cambio, nos es prohibido vengarnos o fomentar de cualquier modo la venganza, en cuanto es expresión del odio y de la violencia.
Jesús no quiere proponer un nuevo orden civil, sino en cambio, el mandamiento del amor al prójimo, que comprende también el amor a los enemigos: «Amen a sus enemigos, rueguen por sus perseguidores» (v. 44). Y esto no es fácil. Esta palabra no se debe entender como aprobación del mal realizado por el enemigo, sino como invitación a una perspectiva superior, a una perspectiva magnánima, semejante a aquella del Padre celestial, quien – dice Jesús – «hace salir el sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos» (v. 45). También el enemigo, de hecho, es una persona humana, creada como tal a imagen de Dios, si bien en el presente esta imagen se haya ofuscado por una conducta indigna.
Cuando hablamos de “enemigos” no debemos pensar a quien sabe cuáles personas diversas y lejanas de nosotros; hablamos también de nosotros mismos, que podemos entrar en conflicto con nuestro prójimo, a veces con nuestros familiares. Cuantas enemistades en la familia, ¡cuántas! Pensemos en esto. Enemigos son también aquellos que hablan mal de nosotros, que nos calumnian y nos hacen daño. Y no es fácil digerir esto. A todos aquellos estamos llamados a responder con el bien, que también esto tiene sus estrategias, inspiradas en el amor.
La Virgen María nos ayude a seguir a Jesús en este camino exigente, que de verdad exalta la dignidad humana y nos hace vivir como hijos de nuestro Padre que está en los cielos. Nos ayude a practicar la paciencia, el diálogo, el perdón, y a así ser artesanos de comunión, artesanos de fraternidad en nuestra vida cotidiana, sobre todo en nuestra familia.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

"La ley no es igual para todos"

Titulares en diversos medios: "Urdangarin usó una ONG de niños con cáncer para llevarse el dinero a paraísos fiscales". "Urdangarín y Torres saquearon la Fundación para niños discapacitados". "Destinaron a fines sociales solo 9.800 de los más de 620.000 euros que recibieron en donaciones públicas y de empresas; el resto se lo embolsaron el duq
ue y sus socios".
Varias consideraciones
1ª Estoy haciendo un voluntariado en la cárcel. La conozco por dentro. La LEY NO ES IGUAL PARA TODOS. Si así fuera, muchos pobres hombres y mujeres, pobres todos ellos, sobre todo las mujeres, (sé de lo que hablo), no entrarían en esa "fábrica del llanto y telar de las lágrimas". Ni los hijos se criarían sin ellas ni ellas sin los hijos. Muchas de ellas, y en estos casos sí es verdad, no "sabían nada". Solo sabían de la desesperación por vivir.
No hay proporción entre una persona que usó una tarjeta para dar de comer a los hijos, (y claro que la usó ilegalmente), y defraudar a una ONG de niños con cáncer. Ésta fue usada para defraudar. ¿Qué cosa tan contradictoria y malvada, no es cierto? No habría querido tal cosa en mi familia ni en los vecinos que conozco en todo el mundo. ¡Qué vergüenza! De verdad deseo de corazón que sea cierto eso de que usted, Doña Cristina, nunca supo nada. Por lo menos así hay menos maldad. Le podrán decir que es una ingenua pero no una mala persona. Y ser buena persona es el mayor capital. El mayor título. La mayor nobleza.
2 ª. Mis respetos más sinceros para el señor juez Castro. Por lo menos éste, por encima de los acosos y presiones de los poderosos, se mantuvo en la decencia de la igualdad. No "levitó", como el Sr. Roca. Ya le irán al pelo. Al tiempo.
3ª. La cárcel de los poderosos no es igual que la de los pobres. Aun estando en las mismas celdas e incluso en el mismo patio. Nunca le faltará una tarjeta para telefonear, ni los euros para el economato y para el café o el tabaco. Cosas muy valiosas allí dentro. Enseguida podrá hacerse entrenador de balonmano, si es que accede a ayudar en algo desinteresadamente. No conozco su formación académica. También por ahí puede ayudar en la promoción cultural.
4ª. Siempre tendrá los mejores abogados, cosa muy importante en la cárcel. Nunca le fallarán las visitas ni los vis a vis. Y conste que no le deseo la cárcel a nadie, que la tenemos que pagar entre todos y es muy cara. Y deja marcas en el alma. Y siendo un ser humano no deseo para nadie una justicia vindicativa, aunque en este caso fue bien blanda para ustedes dos y familias.
5ª. En lo que sí soy intransigente es en pedir que devuelvan todos los dineros. Y que pidan perdón a los niños del cáncer, que alguno de ellos, a lo peor, ya falleció, Y a las familias y también a cuantos de buena voluntad contribuyeron. Perdón para cuantos dejan las cejas para ayudar en esas causas humanitarias. Porque esto crea una idea de que estamos colaborando con "pillos", por ser suave. Ya oí alguna mala contestación de rabia a este respecto contra los que hacían la cuestación en la calle o en centros comerciales.
6ª. No. No le deseo mal a su familia "real". Pero pienso, Dª Cristina, que no tiene derecho a repetir que "cuándo salga de este asunto piensa perder de vista este ingrato país". No, ALTEZA REAL. El pueblo español no le debemos nada. Pero ustedes a nosotros, tal vez sí. Por lo menos un buen trato. Cuando usted vino a Ferrol, a mí me obligaron a dar un rodeo grande y he llegado tarde a mis deberes. Estaba el paso cortado y, al menos yo, no lo sabía. Y yo no se lo puse en su debe.
7ª. Ahora que están sufriendo, me siento solidario de verdad en el dolor, pero también les pediría que a la hora de la justicia sean modélicos. Todos nos equivocamos. Y ustedes tienen un plus en el deber de EJEMPLARIDAD QUE va INCLUIDO en sus TÍTULOS y en las NÓMINAS. Por cierto, supongo que no serán mileuristas ni tendrán cláusulas "suelo" que les impidan llegar a fin de mes.
Alguna reina, santa Isabel de Hungría, española ella, se desvivió por los pobres. Y gastó su vida por ellos. Y su sobrina, Santa Isabel de Portugal, hizo lo mismo.
8ª. Y una cosa final: Aprovechen el dolor para hacer un cambio radical en sus vidas. Déjense ayudar por alguien experto en coaching espiritual personal o en relación de ayuda liberadora. Sería un gran gozo verles al final del proceso como personas que están al verdadero servicio de los más desfavorecidos.
Con todo mi respeto, señores.
Xaquín Campo Freire, sacerdote colaborador en la cárcel de Teixeiro