viernes, 17 de febrero de 2017

Obispo de Italia elimina padrinos de Bautismo y Confirmación por grave razón

El obispo de Melfi-Rapolla-Venosa, monseñor Gianfranco Todisco, ha sorprendido con la drástica decisión de eliminar por tres años, mediante un decreto ad experimentum, los padrinos y las madrinas de Bautismo y Confirmación. El decreto indica como razón que a menudo falta la «responsabilidad de transmitir la fe con el testimonio de vida» entre los elegidos.
En el decreto, firmado en octubre de 2016 pero difundido en los últimos días, el obispo explica que los párrocos de su jurisdicción no pueden garantizar la idoneidad de los candidatos a padrinos que presentan los feligreses.
«Muchos padrinos y madrinas, pese a ser buenas personas, no tienen plena conciencia del papel que deben desarrollar testimonio de la fe porque son elegidos con criterios familiares, amicales o sociales», indica el decreto.
Ante la polémica decisión, monseñor Piero Amenta, prelado auditor del Tribunal de la Rota Romana, declaró a ACI Stampa (agencia italiana del Grupo ACI), que según el Código de Derecho Canónico la presencia del padrino o la madrina «no es del todo necesaria ni del todo indispensable».
El punto 872 del Código de Derecho Canónico establece que «en la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo».
Según monseñor Amenta, el obispo de Melfi utiliza un decreto que «suspende la vigencia del canon, que por otro lado ya relativizaba la figura del padrino y de la madrina», sin embargo el experto de la Rota considera que la decisión podría confundir.
En su opinión, «hubiese sido mejor una carta a todo el clero en la que el Obispo hubiera podido explicar que, así como el canon lo hace facultativo, se ha tomado la decisión de evitar los padrinos al menos para garantizar una uniformidad de comportamiento de parte de los párrocos».
Monseñor Amenta está de acuerdo con la necesidad de decisiones valientes para renovar la pastoral sacramental pero se pregunta si la suspensión de los padrinos sea la solución adecuada.
Según el experto, se debería buscar «conferir el sacramento del Bautismo y de la Confirmación pidiendo también a los padres un tipo de recorrido de fe. Tener también la valentía de rechazar un sacramento si se dan cuenta de que la familia en la que crecen los niños y jóvenes no está en grado de transmitir ni si quiera un vago sentido de la fe».
ACI

Si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana, el Papa



Humildad, docilidad, generosidad: este es el estilo cristiano, un camino que pasa por la cruz, como hizo Jesús, y es un camino que lleva a la alegría. Lo dijo el Papa Francisco en la homilía pronunciada en la mañana del jueves durante la Misa en la Casa de Santa Marta.
En el Evangelio propuesto de la liturgia del jueves posterior al Miércoles de Ceniza, Jesús dice a los discípulos: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga.” Éste – subrayó el Papa - es “el estilo cristiano” porque Jesús fue el primero que recorrió “este camino”:
“No podemos pensar en la vida cristiana fuera de este camino. Existe siempre este camino que Él hizo primero: el camino de la humildad, también el camino de la humillación a sí mismo, para luego resurgir. Este es el camino. El estilo cristiano, sin cruz no es cristiano, y si la cruz es una cruz sin Jesús, no es cristiana. El estilo cristiano toma la cruz con Jesús y va adelante. No sin cruz, no sin Jesús”.
Jesús “dio el ejemplo” – continuó el Santo Padre – y, “siendo igual a Dios”, “se humilló a sí mismo, se hizo siervo por todos nosotros”:
“Y este estilo nos salvará, nos dará alegría y nos hará fecundos, porque este camino de humillarse a sí mismo es para dar vida, está en contra del camino del egoísmo, de ser apegado a todos los bienes sólo para mí … Este camino está abierto a los demás, porque aquel camino que ha hecho Jesús, de humillación, aquel camino ha sido hecho para dar vida. El estilo cristiano es precisamente este estilo de humildad, de docilidad, de mansedumbre”.
“Quien quiera salvar la propia vida, la perderá” – repite Jesús – porque “si el grano no muere, no puede dar fruto”. Y “esto, con alegría – afirmó el Obispo de Roma - porque la alegría nos la da Él mismo. Seguir a Jesús es alegría, pero seguir a Jesús con el estilo de Jesús, no con el estilo del mundo”. Seguir el estilo cristiano significa recorrer el camino del Señor, “cada uno como pueda”, “para dar vida a los demás, no para dar vida a sí mismo. Es el espíritu de la generosidad”. Nuestro egoísmo nos empuja a querer parecer importantes ante los demás. En cambio, el libro de la Imitación de Cristo – observó Francisco - “nos da un consejo bellísimo: ‘Ama no ser conocido y ser juzgado como nada’. Es la humildad cristiana, aquello que Jesús fue el primero en practicar”:
“Y esta es nuestra alegría, y esta es nuestra fecundidad: ir con Jesús. Otras alegrías no son fecundas; sólo piensan – como dice el Señor – en ganar el mundo entero, pero al final pierden y arruinan la vida. Al inicio de la Cuaresma pidamos al Señor que nos enseñe un poco este estilo cristiano de servicio, de alegría, de humillación de nosotros mismos y de fecundidad con Él, como Él la quiere”.´(RV-RC)
2014-03-06,  Papa Francisco 

EL QUE QUIERA VENIR DETRÁS DE MÍ, TOME SU CRUZ Y ME SIGA




Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,34–9,1):

En aquel tiempo, llamando a la gente y a sus discípulos, Jesús les dijo:

«Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y me siga. Porque, quien quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. 

Pues ¿de qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero y perder su alma? ¿O qué podrá dar uno para recobrarla? 

Quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga con la gloria de su Padre entre sus santos ángeles».

Y añadió:

«En verdad os digo que algunos de los aquí presentes no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios en toda su potencia».

Palabra del Señor

jueves, 16 de febrero de 2017

El Papa solicita a Europa que proteja la cultura cristiana y viva el Evangelio



- Los santos patronos de Europa: Cirilo, monje y  Metodio, obispo, “todavía hoy recuerdan a Europa y a todos nosotros la necesidad de mantener la unidad de la fe, la tradición, la cultura cristiana y de vivir cada día el Evangelio”. Y concluyó: “A todos los que afrontan estos retos, sosteniéndolos con las plegarias, imparto de corazón mi bendición”.
Lo indicó el papa Francisco hacia el final de la audiencia de hoy miércoles, al saludar a los fieles y peregrinos de diversos países presentes en el Aula Pablo VI entre ellos los polacos, los francófonos procedentes de Francia y Suiza y los de habla inglesa llegados de Reino Unido, Dinamarca y Estados Unidos.
De los santos Cirilo y Metodio volvió a hablar cuando se dirigió a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. “Que su ejemplo les ayude queridos jóvenes –dijo- a convertirse en cada ambiente en discípulos misioneros. Que su tenacidad nos aliente, queridos enfermos, a ofrecer los sufrimientos por la conversión de los alejados y que su amor por el Señor nos ilumine, queridos recién casados, para hacer del Evangelio la regla fundamental de vuestra vida familiar”.
Entre los de lengua española dio la bienvenida en particular a los formadores y alumnos del seminario diocesano de Orihuela-Alicante. “Monseñor Murgui –dijo refiriéndose a su obispo- tiene un buen seminario”.
Un saludo especial fue al grupo de párrocos católicos y evangélicos de lengua alemana, provenientes de Carinzia y acompañados por monseñor Alois Schwarz y entre los de lengua árabe a los procedentes de Oriente Medio.

Zenit

La pistola que borró los ejercicios de matemáticas


Catalina se alistó en las FARC con 13 años. Huía de su padrastro, que abusaba de ella. Manuel vivía en la calle desde los 8 y a los 15 se alistó en la guerrilla seducido por el poder y las armas. El documental Alto el fuego de Misiones Salesianas cuenta su historia y muestra el trabajo de los salesianos en Medellín, que han recuperado física y emocionalmente a 2.000 niños huidos de las filas de la guerrilla colombiana
Catalina no celebró los famosos 15, no se puso un vestido largo ni tuvo sesión de fotos. Ese cumpleaños lo pasó vestida de camuflaje, pegando tiros y contando el dinero de las vacunas –dinero procedente de las extorsiones que pagaban los amenazados–. Cuatro años después dejó a todos los periodistas boquiabiertos en Madrid cuando, al finalizar la rueda de prensa de presentación del documental Alto el fuego de Misiones Salesianas, se levantó con su bonita chaqueta plateada y afirmó que «ya no es la hora de empuñar un arma, sino de coger un cuaderno, y prepararme para ser el futuro de mi país». A continuación pidió al auditorio que recordase siempre que «la paz sale de dentro, del corazón. Muchos hablan de paz, pero lo hacen solo de boquilla».
Así a priori esta petición puede parecer un lugar común. Pero cuando quien lo dice es una niña que a los 13 años quiso suicidarse porque su padrastro la pegaba con palos ardiendo y quiso violarla; una niña que tenía una madre que encubría al abusador; una niña que se alistó en las FARC y empuñó un arma más grande que ella una semana más tarde, la dimensión de la situación cambia.
Las primeras noches en el bosque Catalina no podía dormir. Luego conoció a un chico. Se hicieron novios. Una noche, durante un bombardeo, él murió protegiéndola. «Aún conservo la cadenita que me dio», recuerda la niña que nunca pudo ser niña. Estuvo tres años alistada en las FARC. En uno de los bombardeos que sufrió su batallón murieron 22 niños. Ella resultó herida: «El brazo se me iba y llegó un momento en que no podía moverlo, estaba llena de sangre». Tardaron cinco días en curarla con inyecciones. «Tenía metralla en el brazo y en la cabeza». Cicatrices, señala risueña, «que ahora servirán para enseñárselas a mis nietos».
«Chino, cuídese»
Manuel tiene 19 años. Acompaña a Catalina en su tour por Europa –ya han pasado por Roma y Bruselas– para dar a conocer el documental y, con él, su historia. A los 8 años se escapó de casa con su hermano, y a los 15 ambos entraron en la guerrilla seducidos por el uniforme, el poder y los fusiles. «Le perdí el miedo a algo tan grande como quitarle la vida a otro. Al final era lo normal».
Todo cambió cuando los guerrilleros mataron a su hermano por incumplir las normas. «Me dejaron despedirme de él. Me abrazó y me dijo: “Chao, Chino, cuídese”. Se lo llevaron del campamento para matarlo. Para mí era como un padre y una madre».Manuel no pudo más y decidió abandonar la guerrilla. Según cifras de la Organización Internacional de las Migraciones, aún quedan en Colombia entre 8.000 y 13.000 niños soldado.
Las difíciles secuelas psicológicas
Cuando cruzan el umbral del Centro de Atención Especializada (CAE) atendido por los salesianos de Ciudad Don Bosco en Medellín los niños llegan con un profundo estrés postraumático. «Viven en el temor constante porque creen que van a ser reconocidos por la guerrilla y asesinados por haber desertado», afirma Rafael Bejarano, salesiano y director del centro. Son adolescentes, con 14 o 16 años, «pero llama la atención cómo los muñecos de peluche son su mejor compañía cuando están enfermos, viendo la televisión o para dormir, lo que demuestra los traumas y las carencias afectivas que han sufrido», añade Bejarano.
Otro de los rasgos de los niños a su llegada es «la férrea disciplina militar con la que llegan. Cuando saben que cometen algún error te buscan con la cabeza agachada y te piden que los castigues. Este es para nosotros uno de los momentos más dolorosos, porque no nos encontramos con seres humanos libres, sino con seres humanos encadenados».
Para restablecer los derechos de estos jóvenes y recuperar su autoestima, los salesianos les ofrecen una pedagogía de la confianza «donde establecemos vínculos de cercanía y reconocimiento mutuo», explica Bejarano. El segundo paso es la pedagogía de la esperanza, «etapa en la que se restauran vínculos afectivos». La tercera parte es la pedagogía de la alianza, donde culminan el proceso de autonomía personal y social. «En esta etapa los adolescentes ya cuentan con las herramientas suficientes para reintegrarse y tienen un mínimo riesgo de reincidencia en el reclutamiento».
La compañía de un sacerdote
Además de estas herramientas, «el acompañamiento de los sacerdotes es crucial para su recuperación», explica Bejarano. Fue el caso de Catalina que, sin ningún tipo de cultura religiosa –venía de hecho influenciada por supersticiones y creencias en espíritus– «tras el estrellón inicial de toparme con lo religioso, hablé con un padre, me preguntó si sentía paz en mi corazón y ahí todo cambió». Ahora, asegura, no es muy practicante, «pero soy creyente y estoy en el proceso de pedir perdón y perdonarme a mí misma». El sacramento de la Reconciliación es crucial «para que los chicos reinicien su propia existencia y tomen un camino que les ayuda a elaborar un proceso de salvación», dice el sacerdote. Catalina se está preparando para ser enfermera y quiere ser abogada y una líder de la paz. Incluso ha vuelto a ver a su madre.
Manuel llegó a la Ciudad Don Bosco «sin creer ni confiar en nadie. Ni siquiera hablaba, era muy cerrado». Pero gracias a los salesianos «participo en los eventos religiosos y he conocido cosas de mi que no sabía que existían. Olvidar algo es condenarte a repetirlo. Quiero superar el pasado y mejorar para un nuevo futuro». Ahora estudia mecánica, vive independiente en un apartamento de alquiler y sueña con ser libre en un país «donde se pueda caminar sin estar rodeado de violencia».
Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

Alfa y Omega

Carta del cardenal arzobispo de Madrid: Manos Unidas para ser reflejo de su luz


No puedo dejar a mi hermano. Tengo que responder con compromiso y ello me exige dar y darme en la totalidad de lo que soy y lo que tengo
Os cuento lo que este fin de semana he vivido. Me ha dado luz y creo que os puede iluminar y ofrecer un camino realizado por testigos del compromiso con los demás. Lo he vivido con los niños. Ellos, con esfuerzo, en una barriada donde no abunda el dinero, han sido capaces de decirnos con su vida y con sus obras que es cierto lo que el lema de la campaña de este año de Manos Unidas nos expresa: El mundo no necesita más comida. Necesita más gente comprometida. Se pusieron manos a la obra y han sido capaces de movilizar a todos para unir las manos, el corazón y su pensamiento hacia esos 800 millones de seres humanos que padecen hambre, entre los que se encuentran muchos niños como ellos. Así nos demuestran que si somos solidarios, si experimentamos y hacemos ver a todos eso que decimos en el padrenuestro –que somos hermanos y que lo que tenemos en nuestra familia es para todos–, podemos hacer un mundo diferente. ¡Qué bueno es vivir haciendo la voluntad de Dios! ¡Qué grande es el ser humano cuando busca hacer esa voluntad con todo su corazón! ¡Qué hondura tiene la vida cuando la construimos en y desde el Señor, que es donde adquiere firmeza y seguridad para uno mismo y para los demás! ¡Qué belleza la del ser humano cuando le pide a Dios que nos facilite abrir los ojos y contemplar las maravillas que Él quiere hacer a través de nosotros!
Los niños de esta parroquia a la que me refiero, a lo largo del año, han querido hacer un gesto y una obra significativa. Tenían una hucha de cartón en su casa e iban poniendo sus ahorros en la misma, pensando que lo suyo era para otros que estaban peor, pasando hambruna y miseria, y que ellos podían aportar algo. Y ese algo era su compromiso, su solidaridad. Ellos saben que esto es lo que cambia el mundo. Por algo el Señor dijo¬: «Dejad que los niños se acerquen a mí, no se lo impidáis». La atención que Él muestra en el Evangelio por los niños tiene su razón de ser. Son los que tienen más limpios los oídos para escuchar y más limpios los ojos para ver las necesidades de los demás. ¡Qué fácil es ver cómo un niño entiende esas palabras de Jesús en las que nos muestra que Él está en cada uno de los que nosotros ayudamos: «Tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis». Gracias por hacernos sentir en lo más profundo del corazón el deseo de revelar y mostrar con obras el amor mismo de Jesús a todos los hombres con un cambio de corazón y con la preocupación por hacer que esta tierra sea una gran familia de hermanos, donde todos nos ayudamos y nadie pase necesidad. 800 millones de seres humanos que padecen hambre pueden desaparecer. Si somos solidarios, pueden comer. Hay en esta tierra riqueza y medios para todos. Hagamos posible esto.
El escándalo del hambre, que padecen tantos millones de personas, no puede dejarnos impasibles. ¡Cómo no sentir la dicha y la necesidad de caminar en la voluntad del Señor que quiere que los hombres vivamos como hermanos! ¡Cómo no guardar sus deseos en el corazón: «Amaos los unos a los otros, como yo os he amado»! ¡Cómo no hacer el bien, viviendo y cumpliendo su Palabra! ¡Cómo no vamos a decirle al Señor desde lo más profundo de nuestro corazón: «Señor ábreme el corazón, los ojos, el pensamiento para que vea las necesidades de mis hermanos»!
El Señor nos hace tres invitaciones:
1. A acoger la sabiduría de Dios. Que nos hace ver cuáles son los mandatos de Dios que más se hunden en la profundidad de nuestro corazón, para cambiarlo. Con la sabiduría de Dios, distinguimos perfectamente la elección que Él desea que hagamos. Tenemos delante de nosotros «muerte y vida». Él nos invita a vivir de su gracia. Es su deseo que demos siempre vida. Solamente lo podemos hacer con esa sabiduría que viene de Dios, que nos revela Jesucristo con su vida entre nosotros y que nos impulsa a cambiar este mundo y las relaciones entre los hombres. Se da ese cambio cuando se transforma el corazón, y nos hace ver que no puedo dejar a mi hermano, que tengo que responder con compromiso y ello me exige dar y darme en la totalidad de lo que soy y de lo que tengo.
2. A vivir desde el horizonte que Dios da a nuestra existencia y que se nos regala en Jesucristo. Nos ha preparado el ser uno en Él. Ser su Cuerpo, que se mueve y conmueve con obras y palabras que son las de Jesucristo. ¡Qué hondura tiene vivir en comunión con el Señor! ¿Puede un ser humano desentenderse de quien está a su lado si dice que su vida es la del mismo Cristo? Por supuesto que no. La relación y la vida de Cristo en nosotros crea tal comunión con el hermano que no puede permanecer impasible ante quien no tiene lo necesario para vivir con la dignidad que Dios mismo le reconoce, al «ser su imagen».
3. A escuchar siempre a Dios y a vivir según lo que somos, «imagen de Dios». Como tal acogemos el deseo del Señor: «Habéis oído que se dijo, pero yo os digo». ¡Qué novedad nos trae Jesucristo! Creo que se puede resumir en estas realidades:
a) Cambio de las relaciones entre los hombres, pues «se dijo no matarás, yo os digo mucho más, ni siquiera tener cólera e insultos»: matamos cuando no reconocemos en quienes nos encontramos la imagen de Dios, cuando dejamos que se estropeen esas imágenes por falta de los medios necesarios para subsistir o por otros motivos. Regalemos esa imagen que somos: regalad vida, entrega, esperanza, ilusión, verdad, fortaleza, generosidad. Ofreceos para ser puentes, distanciaos de ser muros. Sed mediadores para que todos los hombres puedan desvivirse por los demás sin imposiciones ni proposiciones que nada tienen que ver con construir una vida digna.
b) Regalemos siempre perdón. Esto debe ser tu ofrenda y tu pasión: vivir la reconciliación con el hermano. La ofrenda que debes hacer es tu vida entera a tu hermano. Antes él que tú.
c) Construyamos la cultura del encuentro que se inicia desde el mismo momento de la Encarnación. Hemos sido creados para encontrarnos y, por ello, para ocuparnos y preocuparnos por los demás.
d) Necesidad de hacer un trasplante de los ojos, el corazón y el pensamiento: hemos de aprender y pedir como regalo la mirada de Jesucristo que es ternura, compasión, misericordia. Que nunca nos adueñemos de lo que no nos pertenece. Que nunca sean los impulsos instintivos los que muevan nuestra vida, pues destruyen las relaciones. Devolvamos la dignidad de las personas, algo que se consigue cuando amamos sin reservas y no convertimos al otro en un objeto. No nos dejemos contaminar por la mentira, la ambigüedad de las palabras, el doble sentido y la falsedad.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos Card. Osoro Sierra, arzobispo de Madrid
Alfa y Omega

Tú eres el Mesías. El Hijo del hombre tiene que padecer mucho


Lectura del santo Evangelio según san Marcos 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Filipo; por el camino, preguntó a sus discípulos:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos le contestaron:
«Unos, Juan el Bautista; otros, Ellas; y otros, uno de los profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy?».
Tomando la palabra Pedro le dijo:
«Tú eres el Mesías».
Y les conminó a que no hablaran a nadie acerca de esto.
Y empezó a instruirlos:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser reprobado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días».
Se lo explicaba con toda claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Pero él se volvió y, mirando a los discípulos, increpó a Pedro:
-« Ponte detrás de mí, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!».
Palabra del Señor.

El Papa Francisco resume en español su catequesis de hoy sobre la esperanza.

miércoles, 15 de febrero de 2017

“El amor de Dios es la raíz de la esperanza cristiana”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Desde pequeños nos enseñan que no es bueno vanagloriarse. En mi tierra, a quienes presumen los llaman “pavos”. Y es justo, porque presumir de aquello que se es o de aquello que se tiene, además de ser soberbia, expresa también una falta de respeto en relación a los demás, especialmente con aquellos que son menos afortunados que nosotros. En este pasaje de la Carta a los Romanos, en cambio, el Apóstol Pablo nos sorprende, en cuanto nos exhorta dos veces a vanagloriarnos. Entonces, ¿de qué cosa es justo vanagloriarse? Porque si él nos exhorta a jactarnos, de algo es justo vanagloriarse. ¿Y cómo es posible hacer esto, sin ofender a los demás, sin excluir a alguien?
En el primer caso, estamos invitados a vanagloriarnos de la abundancia de la gracia de la cual somos impregnados en Jesucristo, por medio de la fe. ¡Pablo quiere hacernos entender que, si aprendemos a leer cada cosa a la luz del Espíritu Santo, nos damos cuenta que todo es gracia! ¡Todo es don! De hecho, si ponemos atención, al actuar – en la historia, como en nuestra vida – no sólo somos nosotros, sino es sobre todo Dios. Es Él el protagonista absoluto, que crea cada cosa como un don de amor, que teje la trama de su designio de salvación y que lo lleva a cumplimiento por nosotros, mediante su Hijo Jesús. A nosotros se nos pide reconocer todo esto, acogerlo con gratitud y convertirlo en motivo de alabanza, de bendición y de gran alegría. Si hacemos esto, estamos en paz con Dios y tenemos la experiencia de la libertad. Y esta paz se extiende luego a todos los ámbitos y a todas las relaciones de nuestra vida: estamos en paz con nosotros mismos, estamos en paz en la familia, en nuestra comunidad, en el trabajo y con las personas que encontramos cada día en nuestro camino.
Pablo también exhorta a vanagloriarnos en las tribulaciones. Esto no es fácil de entender. Esto nos parece más difícil y puede parecer que no tenga nada que ver con la condición de paz apenas descrita. En cambio, constituye el presupuesto más auténtico, más verdadero. De hecho, la paz que nos ofrece y nos garantiza el Señor no se debe de entender como la ausencia de preocupaciones, de desilusiones, de faltas, de motivos de sufrimiento. Si fuera así, en el caso en el cual lográramos estar en paz, ese momento terminaría rápido y caeríamos inevitablemente en la desesperación. La paz que surge de la fe es en cambio un don: es la gracia de experimentar que Dios nos ama y que siempre está a nuestro lado, no nos deja solos ni siquiera un instante de nuestra vida. Y esto, como afirma el Apóstol, genera la paciencia, porque sabemos que, también en los momentos más duros y difíciles, la misericordia y la bondad del Señor son más grandes de toda cosa y nada nos separará de sus manos y de la comunión con Él.
Entonces, es por eso qué la esperanza cristiana es sólida, es por eso qué no defrauda. Jamás, defrauda. ¡La esperanza no defrauda! No está fundada sobre aquello que nosotros podemos hacer o ser, y mucho menos en lo que nosotros podemos creer. Su fundamento, es decir, el fundamento de la esperanza cristiana, es lo que más fiel y seguro pueda existir, es decir, el amor que Dios mismo nutre por cada uno de nosotros. Es fácil decir: Dios nos ama. Todos lo decimos. Pero piensen un poco: cada uno de nosotros es capaz de decir, ¿estoy seguro que Dios me ama? No es tan fácil decirlo. Pero es verdad. Es un buen ejercicio, esto, decirlo a sí mismo: Dios me ama. Esta es la raíz de nuestra seguridad, la raíz de la esperanza. Y el Señor ha derramado abundantemente en nuestros corazones su Espíritu – que es el amor de Dios – como artífice, como garante, justamente para que pueda alimentar dentro de nosotros la fe y mantener viva esta esperanza. Y esta seguridad: Dios me ama. “Pero, ¿en este momento difícil? Dios me ama. ¿Y a mí, que he hecho esta cosa fea y malvada? Dios me ama”. Esta seguridad no nos la quita nadie. Y debemos repetirlo como oración: Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama. Estoy seguro que Dios me ama.
Ahora comprendemos porque el Apóstol Pablo nos exhorta a vanagloriarnos siempre de todo esto. Yo me glorío del amor de Dios, porque me ama. La esperanza que nos ha sido donada no nos separa de los demás, ni mucho menos nos lleva a desacreditarlos o marginarlos. Se trata en cambio de un don extraordinario del cual estamos llamados a convertirnos en “canales”, con humildad y simplicidad, para todos. Y entonces nuestro presumir más grande será aquel de tener como Padre un Dios que no tiene preferencias, que no excluye a ninguno, sino que abre su casa a todos los seres humanos, comenzando por los últimos y alejados, para que como sus hijos aprendamos a consolarnos y a sostenernos los unos a los otros. Y no se olviden: la esperanza no defrauda.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

La cripta de la catedral de la Almudena, una joya



La parroquia de Santa María de la Almudena es la más antigua de Madrid, heredera de la primera iglesia de la villa, Santa María, derribada en 1868. En el año 1883, el rey Alfonso XII puso la primera piedra para construir un nuevo templo dedicado a la Virgen de la Almudena y poder trasladar el cuerpo de su querida esposa Mercedes que descansaba en El Escorial. El proyecto fue encomendado a don Francisco de Cubas y Montes que diseñó una cripta con una fachada a modo de castillo que estaría bajo una grandiosa catedral que no pudo ejecutarse
La cripta de la catedral, inaugurada en 1911, es la actual parroquia de Santa María de la Almudena; y es una fabulosa iglesia desconocida por muchos madrileños. Posee una belleza sorprendente. Excepcionales columnas monolíticas y maravillosos capiteles tallados conforman una imagen que no nos deja indiferentes. El templo tiene una factura muy propia de su época, neorrománica, neogótica, y neobizantina. El proyecto catedralicio inicial era muy ambicioso, el marqués de Cubas trabajó junto con el pintor Isidoro Lozano diseñando los capiteles y adornos del templo. Muchos de los relieves de las capillas fueron ejecutados por Mariano Benlliure, y las vidrieras realizadas por la casa Maumejean. La iglesia posee unas admirables capillas funerarias de miembros de la burguesía de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. La capilla mayor destaca por su originalidad; concebida a modo de templete realizado en mármol y bronce y ejecutado por la casa Herraiz, carece de retablo, pero lo preside una imagen de la Virgen de la Almudena. Las cuatro columnas situadas en el presbiterio están rematadas por capiteles tallados con figuras que representan a la Virgen de la Merced, santa Cristina, san Idelfonso, y san Joaquín o san León Magno, advocaciones de los promotores del templo, y del Papa que vivió en el momento de su construcción, León XIII.
En la cripta también podemos contemplar la más antigua imagen de la Virgen que se conserva en nuestra ciudad, la Virgen de la Flor de Lis. La capilla del Santísimo, actual capilla de San Fernando, fue en el proyecto inicial capilla funeraria para la reina Mercedes. La iglesia, sin duda, merece ser visitada y así descubrir toda la belleza que tiene.
Cristina Tarrero
Alfa y Omega

Los niños de Alepo: «Nos emociona que alguien que no nos conoce piense en nosotros»


«Lo que más ilusión hacía a los niños de Alepo (Siria) era que alguien que no conocen pensara en ellos», nos cuenta el salesiano George Fattal, que repartió vuestras tarjetas a 800 niños de su centro
¡Misión cumplida! Los niños de Alepo ya tienen las tarjetas, textos y dibujos que les enviasteis. Para ellos, vuestro regalo ha sido muy importante. «Lo que más ilusión les hacía era que alguien que no conocen pensara en ellos y hubiera dedicado tiempo a escribirles», nos cuenta George Fattal, responsable del centro de los salesianos.
Para repartir las cartas a los 800 chicos que van a su oratorio, los salesianos organizaron una fiesta el 20 de enero. «Hubo para todos», y las que sobraron las repartieron a otros niños durante las fiestas en honor a san Juan Bosco, el último fin de semana de enero. «La fiesta fue preciosa –nos cuenta el padre Fattal–. Dimos una carta a cada niño de cada grupo. Les dijimos: “Mirad, estos niños de España han pensado en vosotros. Muchos tienen vuestra edad, y os han escrito una carta para que veáis que os quieren y rezan por vosotros. Ellos quieren la paz, igual que vosotros”».
«Después de repartirlas, todos los niños se me acercaron para enseñarme cómo era la tarjeta o la carta que habían recibido, y me decían “Mira lo que me han puesto”. Muchos saben algo de inglés, pero otros me pedían: “Padre, tradúceme esto”. Al final, cada uno se llevó la carta a su casa y sus padres también pudieron ver que no están solos aunque vivan en guerra».
Parada en el Líbano
Las cartas han tardado un poco más en llegar a su destino porque en su viaje tuvieron que hacer una parada en el Líbano, un país vecino de Siria. Antes de Navidad, nosotros se las entregamos al marista Carlos Mario McEwen. Él vive en el Líbano pero estaba de visita en España y se las llevó en su equipaje. Unos días después, le llegaron por correo las que habíais enviado al programa La hora feliz, de Radio María. En total, sumaban unas 5.000 cartas. A principios de enero, un marista viajó desde Alepo hasta el Líbano para recogerlas. Pero, para repartirlas, tuvieron que esperar a que los niños volvieran de vacaciones, a partir del 16 de enero.
Ese mismo día comenzó el reparto a los 175 niños que van al centro de los maristas. Los religiosos habían dedicado mucho tiempo a clasificar las cartas y ver cuál podía ser mejor para cada niño. El hermano George Sabé nos cuenta que, el día en que las repartieron, en la oración que hacen antes de volver a casa «rezamos dando gracias a Dios por los niños de España y confiándoselos a María» para que los cuide. También grabaron un vídeo dándoos las gracias en español y arameo. Pronto los podréis ver en la web alfayomega.es.
Un pantalón y una chaqueta
Desde antes de Navidad, en Alepo, «las cosas están más calmadas y los niños tienen más tranquilidad». Pero todavía les faltan muchas cosas. De hecho, en la fiesta de Don Bosco los salesianos han repartido a todos los niños del oratorio un pantalón y una chaqueta, y para ellos ha sido un regalo enorme.
Estos días, además, han tenido otra sorpresa: la visita del nuncio en Siria, el cardenal Zenari, y de monseñor Giampietro Dal Toso, un obispo enviado por el Papa Francisco para llevar algo de ayuda a la ciudad. «Estuvieron en el centro con nosotros y con los niños. Monseñor Dal Toso les dijo: “El Papa os quiere. Reza por vosotros. Me ha mandado que venga en persona a traeros su amor. Y me ha dicho que le lleve todos vuestros nombres para rezar por vosotros”», cuenta el padre Fattal.
María Martínez López
Alfa y Omega

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN MARCOS (8,22-26) POR SAN JUAN PABLO II




«No hay duda sobre el hecho de que, en los Evangelios, los milagros de Cristo son presentados como signos del reino de Dios, que ha irrumpido en la historia del hombre y del mundo. “Mas si yo arrojo a los demonios con el Espíritu de Dios, entonces es que ha llegado a vosotros el reino de Dios”, dice Jesús (Mt 12, 28). 

(...) En la predicación de los Apóstoles, de la cual principalmente toman origen los Evangelios, los primeros cristianos oían narrar de labios de testigos oculares los hechos extraordinarios acontecidos en tiempos recientes y, por tanto, controlables bajo el aspecto que podemos llamar crítico-histórico, de manera que no se sorprendían de su inserción en los Evangelios. 

Cualesquiera que hayan sido en los tiempos sucesivos las contestaciones, de las fuentes genuinas de la vida y enseñanza de Jesús emerge una primera certeza: los Apóstoles, los Evangelistas y toda la Iglesia primitiva veían en cada uno de los milagros el supremo poder de Cristo sobre la naturaleza y sobre las leyes. Aquél que revela a Dios como Padre Creador y Señor de lo creado, cuando realiza estos milagros con su propio poder, se revela a Sí mismo como Hijo consubstancial con el Padre e igual a Él en su señorío sobre la creación.

(...) Se puede, pues, decir que los milagros de Cristo, manifestación de la omnipotencia divina respecto de la creación, que se revela en su poder mesiánico sobre hombres y cosas, son, al mismo tiempo, las “señales” mediante las cuales se revela la obra divina de la salvación, la economía salvífica que con Cristo se introduce y se realiza de manera definitiva en la historia del hombre y se inscribe así en este mundo visible, que es también obra divina. 

La gente —como los Apóstoles en el lago—, viendo los milagros de Cristo, se pregunta: “¿Quién será éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?” (Mc 4, 41), mediante estas “señales”, queda preparada para acoger la salvación que Dios ofrece al hombre en su Hijo.

Este es el fin esencial de todos los milagros y señales realizados por Cristo a los ojos de sus contemporáneos, y de todos los milagros que a lo largo de la historia serán realizados por sus Apóstoles y discípulos con referencia al poder salvífico de su nombre: “En nombre de Jesús Nazareno, anda” (Act 3, 6)».

(De la catequesis de San Juan Pablo II el 2 de diciembre de 1987)

EL CIEGO DE BETSAIDA






Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,22-26):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida. Y le trajeron a un ciego pidiéndole que lo tocase.

Él lo sacó de la aldea, llevándolo de la mano, le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?».

Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan».

Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad.

Jesús lo mandó a casa diciéndole que no entrase en la aldea.

Palabra del Señor

Homilía del Papa: Cirilo y Metodio heraldos del Evangelio con coraje, oración y humildad

 «El verdadero predicador es el que sabe que es débil. Como cordero en medio de lobos: el Señor lo protegerá», señaló el Papa Francisco, en su homilía en la Misa matutina, en la capilla de la Casa de Santa Marta. En la fiesta de los Santos Cirilo y Metodio, Patronos de Europa, y con la Palabra de Dios del martes de la VI semana del Tiempo Ordinario, el Obispo de Roma hizo hincapié en que «el que está enviado a proclamar la Palabra debe hacerlo con franqueza y coraje, con la fuerza de la oración y con humildad».







Se necesitan «sembradores de la Palabra», «misioneros, verdaderos heraldos» para formar al pueblo de Dios, como fueron Cirilo y Metodio,  hermanos intrépidos y testimonios de Dios, que hicieron «más fuerte a Europa», de la que son Patronos. El Santo Padre, reflexionó sobre la primera lectura, evocando las figuras de Pablo y Bernabé, y sobre Evangelio de Lucas, evocando a los ‘setenta y dos discípulos enviados por el Señor, de dos en dos’
La Palabra de Dios no es una propuesta, se necesita coraje para hacer que penetre
El Papa Francisco subrayó la importancia de la franqueza, que incluye fuerza y coraje:
«La Palabra de Dios no se puede presentar como una propuesta –‘…, si te gusta… - o como una idea filosófica o moral, buena - … puedes vivir así…’. No. Es otra cosa. Se debe proponer con franqueza, con esa fuerza que la haga penetrar, como dice el mismo Pablo, hasta los huesos. La Palabra de Dios se debe anunciar con franqueza, con esta fuerza… con coraje. La persona que tiene coraje – coraje espiritual, coraje en el  corazón, que no está enamorada de Jesús, ¡de allí viene el coraje! -   ¿no? , dirá sí, algo interesante, algo moral, algo que hará bien, un bien filantrópico, pero allí no está la Palabra de Dios. Y esa palabra es incapaz de formar al pueblo de Dios. Sólo la Palabra de Dios proclamada con esta franqueza, con este coraje, es capaz de formar al pueblo de Dios».
Sin oración la Palabra de Dios se vuelve una conferencia
Con el capítulo 10 del Evangelio de Lucas, el Santo Padre señaló dos rasgos importantes en un ‘heraldo’ de la Palabra de Dios. Un Evangelio «un poco raro», dijo el Papa, citando la riqueza de elementos relacionados con el anuncio. «La mies es abundante y los obreros son pocos. Rueguen para que el Señor de la mies envíe obreros a su mies»… así, además del coraje, los misioneros necesitan «oración»:
«La Palabra de Dios se debe proclamar también con la oración. Siempre. Sin oración, podrá dar una linda conferencia, una linda instrucción: buena, buena.. Pero no es la Palabra de Dios. Sólo de un corazón en oración puede salir la Palabra de Dios. La oración, para que el Señor acompañe este sembrar la Palabra, para que el señor riegue la semilla para que germine la Palabra. La Palabra de Dios hay que proclamarla con la oración: la oración del que anuncia la Palabra de Dios».
El verdadero predicador tiene que ser humilde, de otro modo acaba mal

El Papa recordó la importancia de la humildad:
«El verdadero predicador es el que sabe que es débil, que sabe que no se puede defender solo. ‘Tú anda como un cordero en medio de lobos’… ‘Pero, Señor,  ¿para que me coman?... ‘¡Tú anda! ¡Éste es el camino!’. Y creo que es Crisóstomo el que hace una reflexión muy profunda, cuando die: ‘Pero si tú no vas como cordero, y vas como lobo en medio de lobos, el Señor no te protege: defiéndete solo’. Cuando el predicador se cree demasiado inteligente o cuando el que tiene la responsabilidad de llevar adelante la Palabra de Dios quiere hacerse el vivo: ‘¡Ah, yo me las arreglo con esa gente!’, entonces acabará mal. O negociará la Palabra de Dios con los potentes, los soberbios…»
Por lo tanto, «ésta es la misionariedad de la Iglesia y los grandes heraldos que han sembrado y han ayudado a crecer a las Iglesias en el mundo, han sido hombres con coraje, oración y humildad», concluyó Papa invocando la ayuda de los «Santos Cirilo y Metodio para proclamar la Palabra de Dios según estos criterios, como hicieron ellos»
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

Papa: los pequeños resentimientos destruyen la fraternidad

La destrucción de las familias y de los pueblos comienza a partir de los pequeños celos y envidias, por lo que es necesario detener al inicio los resentimientos que suprimen la hermandad. Lo afirmó el Santo Padre en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Una Misa que el Pontífice ofreció por el Padre Adolfo Nicolás, quien fue Prepósito General de la Compañía de Jesús desde el año 2008 y hasta el 2016, quien está a punto de regresar a Oriente donde seguirá trabajando. “Que el Señor – dijo Francisco – le retribuya todo el bien hecho y que lo acompañe en su nueva misión. Gracias, Padre Nicolás”. Asimismo participaron en esta celebración los miembros del Consejo de los Nueve Cardenales que se encuentran en la Ciudad del Vaticano con motivo de su XVIII reunión.
Hermandad destruida por las pequeñas cosas
El Papa comenzó su reflexión a partir de la primera Lectura, tomada del libro del Génesis, que habla de Caín y Abel. Y puso de manifiesto que por primera vez en la Biblia “se dice la palabra hermano”. Es la historia “de una hermandad que debía crecer, ser bella, y que termina destruida”. Una historia – observó Francisco – que comienza “con pequeños celos”: Caín está irritado porque su sacrificio no es agradable a Dios e inicia a cultivar aquel sentimiento dentro de sí. Podría controlarlo, pero no lo hace:
“Y Caín prefirió el instinto, prefirió cocinar dentro de sí este sentimiento, agrandarlo, dejarlo crecer. Este pecado que cometerá después, que está agazapado detrás del sentimiento. Y crece. Crece. Así crecen las hostilidades entre nosotros: comienzan con una pequeña cosa, celos, envidia y después esto crece y vemos la vida sólo desde aquel punto y aquella brizna se vuelve para nosotros una viga, pero la viga la tenemos nosotros, pero está allí. Y nuestra vida gira en torno a aquello y aquello destruye el vínculo de hermandad, destruir la fraternidad”.
El resentimiento no es cristiano
Poco a poco se llega a estar “obsesionados, perseguidos” por aquel mal, que crece cada vez más:
“Y así crece, crece la hostilidad y se termina mal. Siempre. Yo me separo de mi hermano, éste no es mi hermano, éste es un enemigo, éste debe ser destruido, echado… y así la gente se destruye, así las enemistades destruyen a las familias, a los pueblos, ¡todo! Ese amargarse la vida, siempre obsesionado con aquello. Esto ha sucedido a Caín, y al final mató a su hermano. No: no hay hermano. Sólo yo existo. No hay hermandad. Sólo yo existo. Esto que ha sucedido al inicio, nos sucede a todos nosotros, la posibilidad; pero este proceso debe ser detenido inmediatamente, al inicio, ante la primera amargura, detenerse. La amargura no es cristiana. El dolor sí, la amargura no. El resentimiento no es cristiano. El dolor sí, el resentimiento no. Cuántas enemistades, cuántas desavenencias”.
La sangre de tanta gente en el mundo grita a Dios desde el suelo
Participaron en esta Misa algunos nuevos párrocos, por lo que el Papa dijo: “También en nuestros presbíteros, en nuestros colegios episcopales: ¡cuántas rupturas comienzan así! Pero, ¿por qué a éste le dieron aquella sede y no a mí? ¿Y por qué a éste? Y… pequeñas cosas… rupturas… Se destruye la hermandad”. Y Dios pregunta: “¿Dónde está Abel, tu hermano?”.  La respuesta de Caín “es irónica”: “No sé: ¿acaso soy yo el custodio de mi hermano?”. “Sí, tú eres el custodio de tu hermano”. Y el Señor dice: “La voz de la sangre de tu hermano me grita desde el suelo”. Cada uno de nosotros – afirmó el Pontífice, incluyéndose en la lista – puede decir que jamás ha matado: pero “si tú tienes un sentimiento malo hacia tu hermano, lo has matado; si tú insultas a tu hermano, lo has matado en tu corazón. Matar es un proceso que comienza desde lo pequeño”. Así, sabemos “dónde están aquellos que son bombardeados” o “que son expulsados” pero “éstos no son hermanos”:
“Y cuántos poderosos de la Tierra pueden decir esto… ‘A mí me interesa este territorio, a mí me interesa esto pedazo de tierra, este otro… si la bomba cae y mata a doscientos niños, no es mi culpa: es culpa de la bomba. A mí me interesa el territorio…’. Y todo comienza a partir de aquel sentimiento que te lleva a separarte, a decir al otro: ‘Este es fulano, éste es así, pero no es hermano…’, y termina en la guerra que mata. Pero tú has matado al inicio. Este es el proceso de la sangre, y hoy la sangre de tanta gente en el mundo grita a Dios desde el suelo. Pero todo está relacionado, ¡eh! Aquella sangre allá tiene una relación – tal vez una pequeña gota de sangre – que con mi envidia, mis celos yo he hecho salir, cuando he destruido una hermandad”.
Una lengua que destruye al prójimo
Que el Señor – fue la oración conclusiva de Francisco – nos ayude hoy a repetir esta pregunta suya: “¿Dónde está tu hermano?”, y que nos ayude a pensar en aquellos a los que “destruimos con la lengua” y “a todos aquellos que en el mundo son tratados como cosas y no como hermanos, porque es más importante un pedazo de tierra que el lazo de la hermandad”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)