lunes, 12 de diciembre de 2016

Una explosión junto a la catedral copta de El Cairo se cobra la vida de al menos 25 personas




Se trata del peor ataque terrorista contra cristianos desde 2011, cuando un coche bomba fue detonado junto a una iglesia copta en Alejandría, cobrándose más de una veintena de vidas. Centenares de cristianos egipcios se han acercado al lugar del atentado en lo que pronto se ha convertido en una espontánea protesta contra el gobierno
Al menos 25 personas han muerto y otras 40 resultaron heridas en un atentado este domingo contra la comunidad cristiana de El Cairo, según confirmó el Ministerio de Sanidad egipcio.
Durante el servicio religioso del domingo, hacia las 10:00 de la mañana hora local, un artefacto explotó en una capilla lateral de la iglesia de San Pablo, aledaña a la catedral de San Marcos, en el barrio cairota de Al Abasiya.
La deflagración rompió los cristales de la iglesia, destrozó bancos y el exterior del edificio, tal como ha podido comprobar este diario. Según los primeros reportes de la Policía, el atentado fue perpetrado con un IED de entre 6 y 12 kilos de TNT.
Se trata del peor ataque terrorista contra cristianos desde 2011, cuando un coche bomba fue detonado junto a una iglesia copta en Alejandría, cobrándose más de una veintena de vidas.
Indignación entre los coptos
Pese a que la policía ha acordonado el perímetro, centenares de egipcios coptos se han acercado al lugar del atentado en lo que pronto se a convertido en una espontánea protesta contra el gobierno de Abdelfatah Al Sisi y el ministro de Interior, a quien culpan de negligencia en proteger a la minoría cristiana, un 10 % de la población egipcia.
Coptos con los que ha hablado ABC se mostraron asustados y enfadados. «No había apenas medidas de seguridad. La iglesia es vieja y tiene dos puertas, han conseguido colarse dentro, es terrible» señala Mina, mientras frente a la catedral cientos de coptos pedían la dimisión del Ministro de Interior. «La sangre de los egipcios no es barata», «Sisi, ¿por qué fue atacada esta iglesia?», coreaba la exaltada multitud.
La magnitud del atentado apunta a una brecha en la seguridad: normalmente las iglesias, especialmente las catedrales, están flanqueadas por puestos de seguridad militares o policiales. La espontánea protesta se ha convertido en una de las mayores contra el gobierno de Sisi en los últimos dos años, que ha controlado con mano de hierro a manifestantes y críticos.
Momentos de horror
Otros coptos todavía no se desprendían del horror del atentado. Según han relatado testigos del atentado a medios locales, tras la explosión el suelo quedó lleno de cadáveres, muchos de ellos destrozados.
Se espera que aumente el número de muertos, la mayoría mujeres, pues la bomba fue colocada cerca de una zona reservada para ellas.
Para los coptos, la catedral de San Marcos es especialmente significativa, pues es la sede del patriarca de la Iglesia copta ortodoxa en El Cairo, el papa Teodoro, de visita hoy en Grecia. «Es como si hubieran atentado contra el Vaticano. La catedral de San Marcos es importante no sólo para los cristianos en Egipto, sino para los cristianos de Oriente Medio», apostilla otro joven.
Hasta el momento, ningún grupo ha reivindicado el atentado, que tiene lugar días después de que un casi desconocido «Movimiento de los Brazos de Egipto-Hasm» se adjudicara la autoría de un ataque con bomba en la calle Al Ahram, cerca de las pirámides de Giza, que se saldó con la muerte de 6 policías. En los últimos meses, este grupo ha llevado a cabo diversos atentados con coche bomba, dirigidos a fuerzas de seguridad o fiscales envueltos en procesos judiciales contra islamistas.
Punto de inflexión terrorista
Aunque los cristianos son objeto de violencia sectaria en Egipto, especialmente en zonas rurales, y varias iglesias fueron atacadas por turbas e incendiadas en 2013, cuando el entonces militar Abdelfatah Al Sisi sacó al islamista Mohamed Morsi del poder, este atentado es un «punto de inflexión» en la actividad de grupos terroristas en el país, según el investigador para Egipto del Centro Carnegie, Mojtar Awad.
Desde 2013, Egipto hace frente a periódicos atentados terroristas, especialmente en la península del Sinaí. Sin embargo, los objetivos suelen ser posiciones militares o efectivos policiales. Atentados organizados por grupos terroristas contra la minoría cristiana no han sido habituales, aunque Mina Thabet, investigador en minorías de la Comisión Egipcia para Derechos y Libertades (ECRF), señala que es solo «un paso más consecuencia del discurso sectario y anti-otras religiones de algunos predicadores».
 Alicia Alamillos. El Cairo (ABC)
Alfa y Omega

Comentario del papa Francisco al santo evangelio según san Mateo (21,23-27)



«La Iglesia no es una organización de cultura, de religión, tampoco social; no es eso. La Iglesia es la familia de Jesús. La Iglesia confiesa que Jesús es el Hijo de Dios que se hizo carne. Este es el escándalo, y por esto perseguían a Jesús». Sin la Encarnación del Verbo falta el fundamento de nuestra fe. 


Los sacerdotes, los escribas y los ancianos de Jerusalén plantean esta pregunta a Jesús: «¿Con qué autoridad haces esto?». ¿Por qué Jesús constituía un problema? No es porque hiciera milagros, ni porque predicara y hablara de la libertad del pueblo. 

«El problema que escandalizaba a esta gente era aquello que los demonios gritaban a Jesús: “Tú eres el Hijo de Dios, Tú eres el santo”. Esto, esto es el centro». Lo que escandaliza de Jesús es su naturaleza de Dios encarnado. 

Y como a Él, también a nosotros «nos tienden trampas en la vida», porque lo que escandaliza de la Iglesia es el misterio de la encarnación del Verbo. También ahora oímos decir a menudo: «Pero vosotros cristianos, sed un poco más normales, como las otras personas, sensatas, no seáis tan rígidos». Detrás, en realidad, está la petición de no anunciar que «Dios se hizo hombre», porque «la encarnación del Verbo es el escándalo».

Cuando el sumo sacerdote le pregunta: «¿Eres tú el Cristo, el Hijo de Dios?», Jesús responde que sí e inmediatamente es condenado a muerte. «Este es el centro de la persecución». De hecho, «si nosotros nos convertimos en cristianos sensatos, cristianos sociales, de beneficencia solamente, ¿cuál será la consecuencia? Que no tendremos jamás mártires». 

Al contrario, cuando afirmamos que «el Hijo de Dios vino y se hizo carne, cuando predicamos el escándalo de la cruz, vendrán las persecuciones, vendrá la cruz».

Hemos de pedir al Señor «no tener vergüenza de vivir con este escándalo de la cruz». Hemos de implorar de Dios la sabiduría, la inteligencia «para no dejarse atrapar por el espíritu del mundo, que siempre hará propuestas educadas, propuestas civilizadas». Propuestas que realmente niegan «el hecho de que el Verbo se encarnó».

(Papa Francisco, homilía en Santa Marta del 1-6-2013)

LA AUTORIDAD DE JESÚS




Lectura del santo evangelio según san Mateo (21,23-27):

EN aquel tiempo, Jesús llegó al templo y, mientras enseñaba, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo para preguntarle:

«¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?».

Jesús les replicó:

«Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».

Ellos se pusieron a deliberar:

«Si decimos “del cielo”, nos dirá: “¿Por qué no le habéis creído?”. Si le decimos “de los hombres”, tememos a la gente; porque todos tienen a Juan por profeta».

Y respondieron a Jesús:

«No sabemos».

Él, por su parte, les dijo:

«Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor

Llamados a compartir la alegría por la venida del Señor, dando consuelo y esperanza a los pobres, Ángelus del Papa



Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy celebramos el tercer domingo de Adviento, caracterizado por la invitación de san Pablo: “Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense. El Señor está cerca” (Fil 4,4-5). No es una alegría superficial o puramente emotiva aquella a la que nos exhorta el apóstol, y ni siquiera aquella mundana o aquella alegría del consumismo: no, no es ésta, sino que se trata de una alegría más auténtica, de la cual estamos llamados a redescubrir el sabor. El sabor de la verdadera alegría. Es una alegría que toca lo íntimo de nuestro ser, mientras esperamos a Jesús que ya ha venido a traer salvación al mundo, el Mesías prometido, nacido en Belén de la Virgen María. La liturgia de la Palabra nos ofrece el contexto adecuado para comprender y vivir esta alegría. Isaías habla de desierto, de tierra árida, de estepa, (cfr 35,1); el profeta tiene ante sí manos débiles, rodillas tambaleantes, corazones perdidos, ciegos, sordos y mudos (cfr vv. 3-6). Es el cuadro de una situación de desolación, de un destino inexorable sin Dios.
Pero finalmente la salvación es anunciada: “¡Sean fuertes, no teman!, dice el Profeta. ¡Ahí está su Dios! ¡Él mismo viene a salvarlos!” (cfr Is 35,4). E inmediatamente todo se transforma: el desierto florece, la consolación y la alegría invaden los corazones (cfr vv. 5-6). Estos signos anunciados por Isaías como reveladores de la salvación ya presente, se realizan en Jesús. Él mismo afirma respondiendo a los mensajeros enviados por Juan Bautista. ¿Qué dice Jesús a estos mensajeros?: “Los ciegos ven y los paralíticos caminan; los leprosos son purificados y los sordos oyen; los muertos resucitan” (Mt 11,5).  No son palabras, son hechos que demuestran cómo la salvación, traída por Jesús, aferra todo el ser humano y lo regenera. Dios ha entrado en la historia para liberarnos de la esclavitud del pecado, ha puesto su tienda en medio de nosotros para compartir nuestra existencia, curar nuestras llagas, vendar nuestras heridas y donarnos la vida nueva. La alegría es el fruto de esta intervención de salvación y de amor de Dios.
Estamos llamados a dejarnos involucrar por el sentimiento de júbilo: este júbilo, esta alegría. Pero un cristiano que no es alegre… algo le falta a este cristiano, ¡o no es cristiano! La alegría del corazón, la alegría dentro que nos lleva adelante y nos da el coraje. El Señor viene, viene a nuestra vida como liberador, viene a liberarnos de todas las esclavitudes interiores y externas. Es Él que nos indica el camino de la fidelidad, de la paciencia y de la perseverancia porque, a su regreso, nuestra alegría será plena. La Navidad está cerca, los signos de su aproximación son evidentes por nuestras calles y en nuestras casas; también aquí en la Plaza ha sido puesto el Pesebre con el árbol al lado. Estos signos externos nos invitan a recibir al Señor que siempre viene y llama a nuestra puerta, llama a nuestro corazón: para acercarse a nosotros. Nos invitan a reconocer sus pasos entre aquellos de los hermanos que nos pasan al lado, especialmente los más débiles y necesitados.
Hoy estamos invitados a alegrarnos por la venida inminente de nuestro Redentor, y estamos llamados a compartir esta alegría con los demás, donando consuelo y esperanza a los pobres, a los enfermos, a las personas solas e infelices. La Virgen María,  la “sierva del Señor”, nos ayude a escuchar la voz de Dios en la oración y a servirlo con compasión en los hermanos, para llegar listos a la cita con la Navidad, preparando nuestro corazón a recibir a Jesús. 
(Traducción del italiano: María Cecilia Mutual, Radio Vaticana)

domingo, 11 de diciembre de 2016

Carta de Dios al hombre y la mujer en Adviento

Querido hombre y mujer:
He escuchado tu grito de Adviento.
Está delante de mí.
Tu grito, golpea continuamente a mi puerta.

Hoy quisiera hablar contigo para que repienses tu llamada.
Hoy te quiero decir: ¿Por qué Dios preguntas? ¿A qué Dios esperas?
¿Qué has salido a buscar y a ver en el desierto?

Escucha a tu Dios, mujer y hombre  de Adviento:
"No llames a la puerta de un dios que no existe,
de un dios que tú te imaginas...
Si esperas... ábrete a la sorpresa del Dios que viene
y no del dios que tú te haces...
Tú, hombre y mujer,  todos, tenéis siempre la misma tentación:
hacer un dios a vuestra imagen.

Yo os digo, yo Dios de vivos,
soy un Dios más allá de vuestras invenciones.
Vosotros salís a ver donde está Dios... Os dicen:
"aquí está” pero no lo veis, y os sentís desanimados
porque Dios no está donde os han dicho...
Y Dios está vivo. Pero vosotros no tenéis mentalidad de Reino:
no descubrís a Dios en lo sencillo.
Os parece que lo sencillo es demasiado poco para que allí esté Dios.

Sabedlo: Yo, el Señor Dios, estoy en lo sencillo y pequeño...
Hombre y mujer  de hoy y de siempre:
deja espacio a tu Dios dentro de tu corazón.
Sólo puedo nacer y crecer donde mi palabra es acogida.

Qué tranquilo te quedas, haciendo -lo que hay que hacer- porque -
haciendo las cosas de siempre- evitas la novedad del Evangelio.
Pero yo te digo que tu corazón queda cerrado,
y tus ojos incapaces de ver el camino por donde yo llego.

No te defiendas como haces siempre.
No te escondas bajo ritos vacíos.
Hombre y mujer, si me esperas, deja de hacerme tú el camino
y ponte en el camino que yo te señalo por boca de los profetas.
Abre el corazón a mi Palabra.
Yo, tu Dios, te hablo

LA ALEGRÍA


En general, la Navidad es sinónimo de fiesta, de alegría, de familia, de ronda callejera. Sin embargo, para muchos son días en los que la soledad, el duelo, la intemperie, el desgarro, el luto se hacen más fuertes. ¿Dónde fundar la invitación a la alegría que hacen la Palabra y la Liturgia? ¿Por qué cantar y sentir gozo?
María, la Madre de Jesús, nos da la clave: “¡Mi alma se alegra en Dios, mi Salvador!” Y el apóstol invita: “¡Alegraos, os lo repito, alegraos en el Señor!” El salmista irrumpe con cánticos de alegría y de gozo cuando los pies del peregrino están pisando los umbrales de la ciudad santa.
Hay alegría provocada por el consumo, la extroversión evasiva, la exterioridad. “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (Francisco, EG 1)
La alegría cristiana se funda en saberse amado, redimido, acompañado por el Señor, por el Emmanuel. Y esta experiencia interior llega a reflejarse en el rostro de los creyentes, como les sucedió a María y a Isabel, al pequeño Juan, a los pastores…
¡Alégrate, porque el Señor está en medio de ti, dentro de ti, y te quiere!

Ángel Moreno de Buenafuente

Curar heridas


La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: «¿Eres tú el que tenía que venir o hemos de esperar a otro?».
Jesús le responde con su vida de profeta curador: «Id a contar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los cojos andan; los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia». Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.
Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».
Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: «No juzguéis y no seréis juzgados».
Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.
Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba «reino de Dios».
El papa Francisco afirma que «curar heridas» es una tarea urgente: «Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es capacidad de curar heridas». Habla luego de «hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano, que lava, limpia y consuela». Habla también de «caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perdernos».
Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Siempre les confía una doble tarea: curar enfermos y anunciar que el reino de Dios está cerca.
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE HOY:



“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hemos escuchado un pasaje del Evangelio de Mateo (11, 2-6). El intento del evangelista es hacernos entrar más profundamente en el misterio de Jesús, para recibir su bondad y su misericordia. 

El episodio es el siguiente: Juan Bautista envía a sus discípulos a Jesús —Juan estaba en la cárcel— para hacerle una pregunta muy clara: «¿Eres tú el que ha de venir o debemos esperar a otro?» (v. 3). Era justo en el momento de la oscuridad. 

El Bautista esperaba con ansia al Mesías que en su predicación había descrito muy intensamente, como un juez que habría instaurado finalmente el reino de Dios y purificado a su pueblo, premiando a los buenos y castigando a los malos. Él predicaba así: «ya está el hacha puesta a la raíz de los árboles; y todo árbol que no dé buen fruto será cortado y arrojado al fuego» (Mt 3, 10). 

Ahora que Jesús ha iniciado su misión pública con un estilo distinto; Juan sufre porque se encuentra sumergido en una doble oscuridad: en la oscuridad de la cárcel y de una celda, y en la oscuridad del corazón. No entiende este estilo de Jesús y quiere saber si verdaderamente es Él el Mesías, o si se debe esperar a otro.

Y la respuesta de Jesús parece, a simple vista, no corresponder a la pregunta del Bautista. Jesús, de hecho, dice: «Id y contad a Juan lo que oís y veis: los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan, y se anuncia a los pobres la Buena Nueva; ¡Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!». (vv. 4-6). 

Aquí se vuelve clara la intención del Señor Jesús: Él es el instrumento concreto de la misericordia del Padre, que sale al encuentro de todos llevando la consolación y la salvación, y de esta manera manifiesta el juicio de Dios. 

Los ciegos, los cojos, los leprosos, los sordos recuperan su dignidad y ya no son excluidos por su enfermedad; los muertos vuelven a vivir, mientras que a los pobres se les anuncia la Buena Nueva. Y esta se convierte en la síntesis del actuar de Jesús, que de este modo hace visible y tangible el actuar mismo de Dios.

El mensaje que la Iglesia recibe de esta narración de la vida de Cristo es muy claro. Dios no ha mandado a su Hijo al mundo para castigar a los pecadores ni para acabar con los malvados. Sino que es a ellos a quienes se dirige la invitación a la conversión para que, viendo los signos de la bondad divina, puedan volver a encontrar el camino de regreso. Como dice el Salmo: «Si en cuenta tomas las culpas, oh Yahveh, ¿quién, Señor, resistirá? Mas el perdón se halla junto a ti, para que seas temido» (Salmo 130, 3-4).

La justicia que el Bautista ponía al centro de su predicación, en Jesús se manifiesta en primer lugar como misericordia. Y las dudas del Precursor sólo anticipan el desconcierto que Jesús suscitará después con sus obras y con sus palabras. Se comprende, entonces, el final de la respuesta de Jesús. Dice: «¡Y dichoso aquel que no halle escándalo en mí!» (v. 6). Escándalo significa «obstáculo». 

Por eso Jesús advierte sobre un peligro en particular: si el obstáculo para creer son sobre todo sus obras de misericordia, eso significa que se tiene una falsa imagen del Mesías. Dichosos en cambio aquellos que, ante los gestos y las palabras de Jesús, rinden gloria al Padre que está en los cielos.

La advertencia de Jesús es siempre actual: hoy también el hombre construye imágenes de Dios que le impiden disfrutar de su presencia real. Algunos se crean una fe «a medida» que reduce a Dios en el espacio, limitado por los propios deseos y las propias convicciones. Pero esta fe no es conversión al Señor que se revela, es más, impide estimular nuestra vida y nuestra conciencia. 

Otros reducen a Dios a un falso ídolo; usan su santo Nombre para justificar sus propios intereses o incluso el odio y la violencia. Aun más, para otros, Dios es solamente un refugio psicológico en el cual ser tranquilizados en los momentos difíciles: se trata de una fe plegada en sí misma, impermeable a la fuerza del amor misericordioso de Jesús que impulsa hacia los hermanos. 

Otros consideran a Cristo sólo un buen maestro de enseñanzas éticas, uno de los muchos que hay en la historia. Y por último, hay quien ahoga la fe en una relación puramente intimista con Jesús, anulando su impulso misionero capaz de transformar el mundo y la historia. Nosotros cristianos creemos en el Dios de Jesucristo, y nuestro deseo es el de crecer en la experiencia viva de su misterio de amor.

Esforcémonos entonces en no anteponer obstáculo alguno al actuar misericordioso del Padre, y pidamos el don de una fe grande para convertirnos también nosotros en señales e instrumentos de misericordia.
(Papa Francisco, catequesis del 7-9-2016)

JUAN EL BAUTISTA PREPARA EL CAMINO A JESÚS





Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,2-11):

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»

Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? 

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: "Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti." 

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Palabra del Señor

Papa: triple pertenencia del presbítero a Cristo, a la Iglesia y al Reino

Al recibir a la comunidad del Pontificio Seminario Pío XI, de la región italiana de Pulla, el Papa Francisco improvisó unas palabras en un clima familiar y cordial, anunciando que el discurso preparado iba a ser entregado.
En ese texto se recuerdan sus palabras ante la Asamblea de los Obispos de Italia, sobre la identidad y el ministerio de los presbíteros.
Haciendo hincapié en la triple pertenencia al Señor, a la Iglesia y al Reino, que «no se improvisa, ni nace después de la ordenación», sino que se forma en los años del Seminario, cultivándola, custodiándola y desarrollándola con atención y sentido de responsabilidad, el Papa destaca en primer lugar, que la palabra pertenencia lleva consigo la idea de sentirse parte de un todo:
«Sólo si nos sentimos parte de Cristo, de la Iglesia y del Reino, podremos caminar bien en los años del Seminario. Para percibir el todo hay que elevar la mirada, dejar de pensar que yo soy el todo de mi vida. El primer obstáculo que hay que superar es el narcisismo. Es la tentación más peligrosa. No todo comienza y termina conmigo, puedo y debo mirar más allá de mí mismo, hasta percibir la belleza y la profundidad del misterio que me rodea, de la vida que me supera, de la fe en Dios que sostiene cada cosa y a cada persona, también a mí».
«Pertenecer significa también saber entrar en relación. Hay que prepararse para ser ante todo hombres que impulsen la relación» con Cristo, con los hermanos y con todas las personas, alienta el Obispo de Roma:
«Con Cristo, con los hermanos con los que compartimos el ministerio y la fe, con todas las personas que encontramos en la vida ¡Y en el seminario se comienza a saber vivir las relaciones!... Para que mañana sean sacerdotes que viven en medio del pueblo santo de Dios, comiencen siendo hoy jóvenes que saben estar con todos, que saben aprender algo de cada persona que encuentran, con humildad e inteligencia».
Una vez más, el Papa exhorta a poner a Cristo como cimiento de toda relación:
«Y como base de todas sus relaciones esté siempre su relación con Cristo: cuanto más lo conozcan y lo escuchen, más se unirán a Él en la confianza y en el amor, hagan que su amor sea el de ustedes, pónganlo en sus relaciones con los demás, sean ‘canales’ de su amor, mediante su madurez relacional. El lugar en el que crece la relación con Cristo es la oración y el fruto maduro de la oración es siempre la caridad».
Luego, el Santo Padre pone en guardia contra la exclusión y el descarte que se oponen a la pertenencia:
«La pertenencia de ustedes a Cristo les pide que vayan a su encuentro, que lo coloquen en el centro, que lo ayuden a sentirse que también Él es parte de la comunidad. Creciendo en su sentido de pertenencia a la Iglesia podrán saborear la belleza de la fraternidad, sepan  conocer la fatiga del perdón, en las cosas pequeñas y en las grandes. Si nada en la vida nos excluye de la mirada misericordiosa del Señor ¿por qué nuestra mirada tendría que excluir a alguien?».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

sábado, 10 de diciembre de 2016

Francisco: "Un sacerdote rígido es un insatisfecho"



Que los sacerdotes sean mediadores del amor de Dios y no intermediarios que piensan en sus propios intereses. Es la admonición que hizo el Papa en la homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, centrada en las tentaciones que pueden comprometer el servicio de los sacerdotes.
Además, Francisco puso en guardia ante los llamados "rígidos" que cargan sobre los fieles cosas cuyo peso ellos no llevan. Y denunció la tentación de la mundanidad que transforma al sacerdote en un funcionario y lo conduce a ser "ridículo".
Son como los niños a los cuales les ofreces algo que no les gusta, les ofreces lo contrario y tampoco va bien. El Santo Padre se inspiró en las palabras de Jesús, según el Evangelio del día, para subrayar la insatisfacción del pueblo, que jamás está contento. Y también hoy - observó el Pontífice - "hay cristianos insatisfechos - tantos - que no logran comprender lo que el Señor les ha enseñado, no logran entender el núcleo de la revelación del Evangelio".
A continuación, el Papa se detuvo en los sacerdotes "insatisfechos" que "hacen tanto mal". Viven insatisfechos y buscan siempre nuevos proyectos, "porque su corazón está alejado de la lógica de Jesús" y, por esta razón, "se lamentan o viven tristes".
No a los sacerdotes intermediarios, sí a los sacerdotes mediadores del amor de Dios
La lógica de Jesús - reafirmó el Obispo de Roma - debería dar, en cambio, "plena satisfacción" a un sacerdote. "Es la lógica del mediador". "Jesús - subrayó - es el mediador entre Dios y nosotros. Y nosotros debemos tomar este camino de mediadores", "no esa otra figura que se parece tanto pero que no es la misma: intermediarios". En efecto - prosiguió - el intermediario "hace su trabajo y toma su sueldo", "él jamás pierde". Totalmente diverso es el mediador:
"El mediador, en cambio, se pierde a sí mismo para unir a las partes, da la vida, sí mismo, el precio es ese: su propia vida, paga con su propia vida, su propio cansancio, su propio trabajo, tantas cosas - en este caso el párroco - para unir a la grey, para unir a la gente, para llevarla hacia Jesús. La lógica de Jesús como mediador es la lógica de aniquilarse a sí mismo. San Pablo en la Carta a los Filipenses es claro sobre esto: ‘Se aniquiló a sí mismo, se despojó de sí mismo' pero para hacer esta unión, hasta la muerte, muerte de cruz. Esa es la lógica: despojarse, aniquilarse".
El sacerdote auténtico - agregó el Papa Bergoglio - "es un mediador muy cercano a su pueblo", el intermediario, en cambio, hace su trabajo pero después toma otro, "siempre como funcionario", "no sabe qué significa ensuciarse las manos" en medio de la realidad. Y por esta razón - reafirmó - cuando "el sacerdote pasa de mediador a intermediario no es fácil, es triste". Y busca un poco de felicidad "haciéndose ver" y "haciendo sentir su autoridad".
La rigidez lleva a alejar a las personas que buscan consuelo
A los intermediarios de su tiempo - añadió el Pontífice - "Jesús les decía que a ellos les gustaba pasear por las plazas" para hacerse ver y honrar:
"Pero también para hacerse importantes, los sacerdotes intermediarios emprenden el camino de la rigidez: tantas veces, separados de la gente, no saben lo que es el dolor humano; pierden lo que habían aprendido en su casa, con el trabajo del papá, de la mamá, del abuelo, de la abuela, de los hermanos... Pierden estas cosas. Son rígidos, aquellos rígidos que cargan sobre los fieles tantas cosas que ellos no llevan, como decía Jesús a los intermediarios de su tiempo. La rigidez. Látigo en la mano con el pueblo de Dios: ‘Esto no se puede, esto no se puede...'. Y tanta gente que se acerca buscando un poco de consuelo, un poco de comprensión es echada con esta rigidez".
Cuando el sacerdote rígido y mundano se transforma en funcionario termina siendo ridículo
Sin embargo - dijo también el Papa - la rigidez no se puede mantener durante mucho tiempo. Y fundamentalmente es esquizoide: "Terminarás apareciendo rígido pero por dentro serás un desastre". Y con la rigidez, la mundanidad. "Un sacerdote mundano, rígido es un insatisfecho porque ha tomado el camino equivocado", denunció el Pontífice:
"A propósito de rigidez y mundanidad, ha sucedido tiempo atrás que ha venido a verme un anciano monseñor de la Curia, que trabaja, un hombre normal, un hombre bueno, enamorado de Jesús y me ha contado que había ido al "Euroclero" a comprarse un par de camisas y vio ante el espejo a un muchacho - piensa que no tenía más de 25 años, o un sacerdote joven o (que estaba) por convertirse en sacerdote - delante del espejo, con una manta, grande, amplia, con el terciopelo, la cadena de plata y se miraba. Y después tomó el capelo ‘saturno', se lo puso y se miraba. Un rígido mundano. Y aquel sacerdote - es sabio aquel monseñor, muy sabio - logró superar el dolor, con una broma de sano humorismo y añadió: ‘¡Y después se dice que la Iglesia no permite el sacerdocio a las mujeres!'. De modo que el oficio que hace el sacerdote cuando se vuelve funcionario termina en lo ridículo, siempre".
Un buen sacerdote se reconoce cuando sabe jugar con un niño
"En el examen de conciencia - dijo después el Papa - consideren esto: ‘¿Hoy he sido funcionario o mediador? ¿Me he custodiado a mí mismo, me he buscado a mí mismo, mi comodidad, mi orden o he dejado que la jornada estuviera al servicio de los demás?". Una vez - relató - una persona me "decía que él reconocía a los sacerdotes por la actitud con los niños: si saben acariciar a un niño, sonreír a un niño, jugar con un niño... Es interesante esto porque significa que saben abajarse, acercarse a las pequeñas cosas". En cambio - afirmó - "el intermediario es triste, siempre con aquella cara triste o demasiado seria, cara oscura. El intermediario tiene la mirada oscura, ¡muy oscura! El mediador - reafirmó - es abierto: la sonrisa, la acogida, la comprensión y las caricias".
Policarpo, San Francisco Javier, San Pablo: tres iconos de sacerdotes mediadores
Al final de su homilía el Papa Francisco propuso tres "iconos" de "sacerdotes mediadores y no intermediarios". El primero es el "gran" Policarpo que "no negocia su vocación y va valeroso a la hoguera y cuando el fuego sale a su encuentro, los fieles que estaban allí, han sentido el olor del pan". "Así - dijo - termina un mediador: como un trozo de pan para sus fieles".
El otro icono es San Francisco Javier, que muere joven en la playa de Shangchuan, "mirando hacia China" a donde quería ir pero no podrá porque el Señor se lo lleva consigo. Y después, el último icono: el anciano San Pablo en Tre Fontane. "Aquella mañana temprano - recordó - los soldados fueron a verlo, lo apresaron, y él caminaba curvado". Sabía muy bien que esto sucedía por la traición de algunos dentro de la comunidad cristiana pero él ha luchado tanto, tanto, en su vida, que se ofrece al Señor como sacrificio". "Tres iconos - concluyó el Papa - que pueden ayudarnos. Miremos allí: ¿Cómo quiero terminar mi vida de sacerdote? ¿Cómo funcionario, como intermediario o como mediador, es decir en la cruz?".

Francisco: El pesebre evoca la «trágica realidad» de los migrantes



Francisco recibe a una delegación de Malta, país que ha donado el pesebre de este año, y subraya que el nacimiento es una invitación a hacer un lugar en nuestra vida a Dios, «escondido en el rostro de tantas personas que están en condiciones de dificultad, de pobreza y de tribulación»

 «El Pesebre y el árbol de Navidad forman un mensaje de esperanza y de amor y ayudan a crear el clima navideño favorable para vivir con fe el misterio del Nacimiento del Redentor, venido a la tierra con sencillez y mansedumbre», dijo el Papa en una audiencia a las delegaciones de los obispos y del gobierno de Malta, que donaron el nacimiento instalado este año en la plaza de San Pedro, obra del artista maltés Manwel Grech. En la audiencia hubo también una representación de la provincia italiana del Trento, donante del abeto de este año.
«Dejémonos atraer con alma de niños ante el pesebre, porque allí se comprende la bondad de Dios y se contempla su misericordia, que se hizo carne humana para enternecer nuestras miradas», dijo Francisco.
El nacimiento, a juicio del Pontífice, «evoca también la triste y trágica realidad» de los migrantes en las barcazas, viajando hacia Europa, que nos recuerdan cómo nació Jesús y su mensaje de acogida y solidaridad, en especial para los más necesitados.
«En la experiencia dolorosa de estos hermanos y hermanas –añadió–, vemos la del Niño Jesús, que al nacer no encontró un lugar que lo acogiera y fue alumbrado en la Gruta de Belén. Luego, fue llevado a Egipto para huir de la amenaza de Herodes. Cuantos visitarán este pesebre están invitados a redescubrir su valor simbólico, que es un mensaje de fraternidad, del compartir, de acogida y de solidaridad. También los pesebres instalados en las iglesias, en las casas y en tantos lugares públicos son una invitación a hacerle lugar en nuestra vida y en la sociedad a Dios, escondido en el rostro de tantas personas que están en condiciones de dificultad, de pobreza y de tribulación».
Y al referirse al abeto navideño colocado cerca del pesebre en la misma plaza de San Pedro, el Obispo de Roma animó a «acercarnos a la creación con estupor contemplativo» «y a respetar la naturaleza», obra del Creador.
Francisco dio las gracias en especial a los niños que decoraron el árbol con la ayuda de la Fundación Lene Thun, que colabora con diversos hospitales. «Las esferas de colores que ustedes han creado representan los valores de la vida, del amor y de la paz que la Natividad de Cristo viene a proponernos cada año», les dijo el Papa.

EXPLICACIÓN DEL EVANGELIO SEGÚNSAN MATEO (17,10-13) POR SAN JUAN CRISÓSTOMO:



“Preguntaron los discípulos a Jesús: ¿Cómo, pues, dicen los escribas que Elías tiene que venir primero? (Mt 17,10). De modo que esto ellos no lo sabían por la Escritura, sino que así lo contaban los escribas, y semejante opinión corría entre el vulgo (...); pero ellos no la interpretaban correctamente. Porque la Escritura refiere dos venidas de Cristo: la que ya se verificó y la que está por venir. (...) 

Los profetas hablan de ambas venidas; y de una de ellas, que es la segunda, dicen que tendrá como Precursor a Elías. Precursor de la primera fue el Bautista, al cual Cristo llamó Elías, no porque fuera Elías, sino porque tenía un ministerio como el de Elías. Pues así como Elías será precursor de la segunda venida, así Juan lo fue de la primera. 

Pero los escribas, confundiéndolo todo y pervirtiendo la opinión popular, se fijaron únicamente en Elías, el Precursor de la segunda venida; y así decían al pueblo: Si éste (Jesús) fuera el Cristo, debería haberlo precedido Elías. Y este fue el motivo de que los discípulos preguntaran: ¿Cómo es, pues, que los escribas dicen que Elías ha de venir primero?

Por la misma causa los fariseos enviaron mensajeros al Bautista para preguntarle: ¿Eres tú Elías o uno de los profetas? sin mencionar la primera venida. ¿Cómo resolvió Cristo la cuestión? Respondiendo que Elías ciertamente vendrá antes de su segunda venida; pero que ya vino también, llamando así “Elías” al Bautista. Como si dijera: Juan vino ya como vendrá Elías; pero si preguntáis del Tesbita, ese ya vendrá. 

Y por esto dijo: Elías vendrá y restablecerá todo. ¿Qué es ese todo? Lo que dijo el profeta Malaquías: He aquí que yo enviaré a Elías Tesbita, el profeta, antes que venga el día de Yavé, grande y terrible. Él convertirá el corazón de los padres a los hijos, no sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema.

¿Observas la exactitud de la predicción profética? Como Cristo había llamado “Elías” a Juan, a causa del parecido en el ministerio, a fin de que no pensaras que éste era también el que el profeta predecía, notó la patria añadiendo “el Tesbita”. Ahora bien: el Bautista no era Tesbita. 

Además el profeta añadió otra cosa notable cuando dijo: “No sea que venga yo y entregue la tierra toda al anatema”, con lo que declaró lo terrible del segundo advenimiento. Porque en el primero no vino a entregar la tierra al anatema. Pues Jesús mismo dice: No he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. De modo que esto lo dice aludiendo al Tesbita que ha de aparecer antes de la venida de Cristo para el juicio. 

Y añade el motivo por el que vendrá. ¿Cuál es? Para inducir a los judíos a creer en Cristo, no sea que cuando Él llegue perezcan todos en absoluto. Y Cristo, recordando esas cosas, dice: Restablecerá todo. O sea que enmendará la incredulidad de los judíos que para entonces queden; de modo que se expresó exactísimamente. Porque no dijo el profeta: Convertirá el corazón de los hijos a los padres, sino de los padres para con sus hijos. Siendo los judíos los padres de los apóstoles, eso significa que convertirá el corazón de los judíos a los dogmas y enseñanzas de los apóstoles; o sea que convertirá a ellos el linaje judaico.

“Sin embargo, yo os digo: Elías ya vino y no lo reconocieron; antes hicieron con él lo que quisieron. De la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos. Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista”. Aunque esto no lo decían ni los escribas ni la Escritura, sin embargo, los discípulos por estar ya más despiertos y poner mayor atención a lo que se les decía, pronto lo entendieron. 

(...) Cuando Jesús dice que Elías vendrá y restablecerá todo, habla del mismísimo Elías y de la futura conversión de Israel. Y cuando dice: El es el que va a venir, dice que Juan es Elías a causa de lo parecido del ministerio.

(...) Y añade: “Vino y no lo reconocieron, antes hicieron con él lo que quisieron”... Es decir, lo encarcelaron, lo afrentaron, lo mataron, trajeron en una bandeja su cabeza. Y así de la misma manera el Hijo del hombre tiene que padecer de parte de ellos.

¿Adviertes cómo oportunamente les trae a la memoria su Pasión, y los consuela grandemente con lo de la Pasión de Juan? Ni lo hizo únicamente por este capítulo, sino haciendo enseguida grandes milagros. Cuando habla de su Pasión, al punto obra prodigios; y lo mismo hace antes y después de hablar de ella, como con frecuencia se observa. Pues dice el evangelista: Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y ser muerto y padecer mucho.

(...) Después de oírlo, ya no le preguntan cuándo vendrá Elías, ya fuera por la tristeza de la futura Pasión, ya porque se apoderó de ellos el temor. Pues con frecuencia, cuando advierten que Él no quiere hablar claramente, ellos callan”.
(San Juan Crisóstomo, Homilía 57, sobre Mateo)

NO RECONOCIERON AL SALVADOR NI A JUAN BAUTISTA



Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,10-13):

Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:

«¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».

Él les contestó:

«Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».

Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista.

Palabra del Señor

viernes, 9 de diciembre de 2016

El Papa compara la tragedia de los inmigrantes con el nacimiento de Jesús


El Papa Francisco comparó hoy la tragedia que viven miles de inmigrantes que tratan de cruzar el Mediterráneo con el rechazo que María experimentó cuando no se le dio alojamiento para dar a luz a Jesús.
"En la experiencia dolorosa de estos hermanos y hermanas volvemos a ver la del niño Jesús, que en el momento del nacimiento no encontró alojamiento y vio la luz en la gruta de Belén", dijo el Papa en un mensaje con motivo de la inauguración del pesebre de la Plaza de San Pedro.
"Y luego fue llevado a Egipto para huir de la amenaza de Herodes", continuó el pontífice, respecto a la experiencia vivida por Jesús tras su nacimiento.
"Quienes visiten este pesebre estarán invitados a redescubrir en él el valor simbólico, que es un mensaje de fraternidad, de compartir, de acoger y de solidaridad", agregó el papa.
Jorge Bergoglio aludió a la presencia en el belén de la Plaza de San Pedro a la presencia en él de la típica embarcación maltesa conocida como "luzzu", dado que el pesebre se inspira en el paisaje de esa isla mediterránea.
Ese tipo de barcas "recuerda también la triste y trágica realidad de los emigrantes en las barcazas que se dirigen hacia Italia", recordó el Papa. (RD/Agencias)