domingo, 30 de octubre de 2016

Dios, Padre de todos, nos espera


Dentro de unos días recordaremos de manera especial a todos los difuntos, a nuestros seres queridos que nos dejaron y a los que recordamos con dolor y afecto. Y en esa fecha de los Difuntos quién más y quién menos se pone la pregunta de si existe o no el cielo. Y solemos decir: nadie ha vuelto y, por lo tanto, ¿podemos estar seguros de que hay vida después de la muerte?
Permitidme que os cuente una pequeña historia que sucedió en una clínica. Un hombre muy enfermo estaba muy inquieto y turbado. Cogió la mano del médico y le dijo:
-"Tengo mucho miedo a morir. Dígame, doctor, ¿qué me espera después de la muerte? ¿A qué se parecerá lo que haya del otro lado?"
-"No lo sé", le dice el doctor.
-"¿Usted no lo sabe?", le dice el enfermo.
El doctor en lugar de responderle abre la puerta que da al pasillo. No se imaginaba encontrar a su perro, un magnífico pastor alemán, que le había seguido a través de la ciudad, había burlado la vigilancia del portero de la clínica y ahora se encontraba en el pasillo. Cuando el perro vio a su amo saltó sobre él y le manifestó de mil maneras la alegría de haberle encontrado.
El doctor se volvió hacia el enfermo y le dijo: "¿Ha observado el comportamiento del perro? Él nunca había estado en este hospital, no conocía la casa, no sabía cómo eran los lavabos, el armario, las camas, ni de qué color son las paredes de los pasillos. Él sabía que su amo estaba aquí, al otro lado de la puerta y está contento y gozoso desde que se ha abierto la puerta y me ha encontrado. Mire, yo no sé nada de lo que nos espera del otro lado después de la muerte. Lo que sé es que el Señor Dios, Padre nuestro, está al otro lado y nos espera. Y el día que la puerta se abra, es decir el día de nuestra muerte, yo pasaré al otro lado y recibiré con inmenso gozo el abrazo de Dios Padre."
Bonita reflexión la del doctor. Nos anima a vivir con esperanza porque no podemos olvidar que Dios es nuestro Padre, que nos ama y que está deseando darnos el abrazo después de la muerte e introducirnos en su casa, que no sabemos muy bien cómo es pero eso no importa, ya que lo verdaderamente importante es que seremos queridos y abrazos por Él.
"Quien contempla a una pareja que se mira tiernamente; quien contempla a un bebé que busca mientras mama los ojos de su madre, como si quisiera almacenar para siempre su sonrisa, percibe una lejana intuición del cielo. Poder mirar a Dios cara a cara es como un único y eterno momento de amor". Youcat (Catecismo joven de la Iglesia católica), nº 158.
Sí, recemos por nuestros difuntos a fin de que el Señor les perdone sus faltas y puedan recibir su abrazo y gozar en su presencia en compañía de todos los seres queridos que les precedieron en el camino del cielo. Y pidamos al Señor que no perdamos la confianza en su amor de Padre, que podamos recibir su abrazo de Padre y gocemos para siempre de su compañía.
¡Que Dios os bendiga a todos!
+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

EL PODER DE DIOS


A la hora de tratar con Dios, nos suele traicionar el concepto que tenemos del poder, y al invocarlo como Todopoderoso, interpretamos su poder a la manera humana y le convertimos en un gran mandatario, como son los de nuestro mundo, que emplean su posición incluso para entablar contiendas y guerras.
Hoy el texto bíblico nos define la peculiaridad del poder divino, que se aparta esencialmente de nuestra posible proyección: “Señor, te compadeces de todos, porque todo lo puedes”. Dios puede tanto, que hasta le es posible hacerse pequeño, débil, menesteroso, entrañable, y en vez de reaccionar como nosotros cuando nos ofenden, Él lo hace con misericordia. Una oración litúrgica del siglo VIII reza: “Oh Dios que revelas tu omnipotencia sobre todo en la misericordia y en el perdón”.
Hay un principio teológico que nos debería dar siempre esperanza: Nada existe sin que Dios lo quiera. Dice el texto del libro de la Sabiduría: “¿Cómo subsistirían las cosas, si tú no lo hubieses querido?” Cada uno de nosotros ha llegado a ser historia por el amor que Dios nos tiene. Nuestra existencia es la prueba de su voluntad amorosa. Y si acaso sentimos que nos corrige, lo hace para nuestro bien. “Corriges poco a poco a los que caen, les recuerdas su pecado y los reprendes, para que se conviertan y crean en ti, Señor”.
El Evangelio de este domingo presenta uno de los ejemplos más emblemáticos de la misericordia de Dios, manifestada en su Hijo. Jesús repara en Zaqueo, que ha superado la vergüenza y delante de los demás, a pesar de ser considerado un publicano y pecador, se sube a un árbol, con riesgo de hacer ridículo, porque desea ver a Jesús. Es magnifica la homilía que el papa Francisco dirigió a los jóvenes en Cracovia, centrada en el evangelio que hoy se proclama en la Liturgia.
Jesús manifiesta el deseo de entrar en la casa de Zaqueo, en tu casa, y aunque puedas responder como el centurión que no eres digno de recibirlo, Él supera todo obstáculo y quien es en verdad posada se convierte en huésped, imagen que corrobora la revelación divina de presentarse no tanto como un Dios poderoso, sino como un alguien necesitado. Nada nos puede separar el amor de Jesús. “Dios nos ama tal y como somos, y no hay pecado, defecto o error que lo haga cambiar de idea” (Francisco, JMJ, Cracovia)
Zaqueo bajó enseguida y recibió muy contento a Jesús. Este año de la misericordia hemos sido alentados a practicar las obras de misericordia, y entre ellas la de acoger al forastero, al peregrino, a quien se cruza con nosotros en el camino.
Ángel Moreno de Buenafuente

¿Puedo cambiar?


Lucas narra el episodio de Zaqueo para que sus lectores descubran mejor lo que pueden esperar de Jesús: el Señor al que invocan y siguen en las comunidades cristianas «ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido». No lo han de olvidar.
Al mismo tiempo, su relato de la actuación de Zaqueo ayuda a responder a la pregunta que no pocos llevan en su interior: ¿Todavía puedo cambiar? ¿No es ya demasiado tarde para rehacer una vida que, en buena parte, la he echado a perder? ¿Qué pasos puedo dar?
Zaqueo viene descrito con dos rasgos que definen con precisión su vida. Es «jefe de publicanos» y es «rico». En Jericó todos saben que es un pecador. Un hombre que no sirve a Dios sino al dinero. Su vida, como tantas otras, es poco humana.
Sin embargo, Zaqueo «busca ver a Jesús». No es mera curiosidad. Quiere saber quién es, qué se encierra en este Profeta que tanto atrae a la gente. No es tarea fácil para un hombre instalado en su mundo. Pero este deseo de Jesús va a cambiar su vida.
El hombre tendrá que superar diferentes obstáculos. Es «bajo de estatura», sobre todo porque su vida no está motivada por ideales muy nobles. La gente es otro impedimento: tendrá que superar prejuicios sociales que le hacen difícil el encuentro personal y responsable con Jesús.
Pero Zaqueo prosigue su búsqueda con sencillez y sinceridad. Corre para adelantarse a la muchedumbre, y se sube a un árbol como un niño. No piensa en su dignidad de hombre importante. Solo quiere encontrar el momento y el lugar adecuado para entrar en contacto con Jesús. Lo quiere ver.
Es entonces cuando descubre que también Jesús le está buscando a él pues llega hasta aquel lugar, lo busca con la mirada y le dice: «El encuentro será hoy mismo en tu casa de pecador». Zaqueo se baja y lo recibe en su casa lleno de alegría. Hay momentos decisivos en los que Jesús pasa por nuestra vida porque quiere salvar lo que nosotros estamos echando a perder. No los hemos de dejar escapar.
Lucas no describe el encuentro. Solo habla de la transformación de Zaqueo. Cambia su manera de mirar la vida: ya no piensa solo en su dinero sino en el sufrimiento de los demás. Cambia su estilo de vida: hará justicia a los que ha explotado y compartirá sus bienes con los pobres.
Tarde o temprano, todos corremos el riesgo de «instalarnos» en la vida renunciando a cualquier aspiración de vivir con más calidad humana. Los creyentes hemos de saber que un encuentro más auténtico con Jesús puede hacer nuestra vida más humana y, sobre todo, más solidaria.
José Antonio Pagola

COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (19,1-10)



“Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

La página del Evangelio de san Lucas de este domingo nos presenta a Jesús que, en su camino hacia Jerusalén, entra en la ciudad de Jericó. Es la última etapa de un viaje que resume en sí el sentido de toda la vida de Jesús, dedicada a buscar y salvar a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Pero cuanto más se acerca el camino a la meta, tanto más se va formando en torno a Jesús un círculo de hostilidad.


Sin embargo, en Jericó tiene lugar uno de los acontecimientos más gozosos narrados por san Lucas: la conversión de Zaqueo. Este hombre es una oveja perdida, es despreciado y es un «excomulgado», porque es un publicano, es más, es el jefe de los publicanos de la ciudad, amigo de los odiados ocupantes romanos, es un ladrón y un explotador.


Impedido de acercarse a Jesús, probablemente por motivo de su mala fama, y siendo pequeño de estatura, Zaqueo se trepa a un árbol, para poder ver al Maestro que pasa. Este gesto exterior, un poco ridículo, expresa sin embargo el acto interior del hombre que busca pasar sobre la multitud para tener un contacto con Jesús. 



Zaqueo mismo no conoce el sentido profundo de su gesto, no sabe por qué hace esto, pero lo hace; ni siquiera se atreve a esperar que se supere la distancia que le separa del Señor; se resigna a verlo sólo de paso. 



Pero Jesús, cuando se acerca a ese árbol, le llama por su nombre: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa» (Lc 19, 5). 



Ese hombre pequeño de estatura, rechazado por todos y distante de Jesús, está como perdido en el anonimato; pero Jesús le llama, y ese nombre «Zaqueo», en la lengua de ese tiempo, tiene un hermoso significado lleno de alusiones: «Zaqueo», en efecto, quiere decir «Dios recuerda».



Y Jesús va a la casa de Zaqueo, suscitando las críticas de toda la gente de Jericó (porque también en ese tiempo se murmuraba mucho), que decía: ¿Cómo? Con todas las buenas personas que hay en la ciudad, ¿va a estar precisamente con ese publicano? 

Sí, porque él estaba perdido; y Jesús dice: «Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también éste es hijo de Abrahán» (Lc 19, 9). En la casa de Zaqueo, desde ese día, entró la alegría, entró la paz, entró la salvación, entró Jesús. 
No existe profesión o condición social, no existe pecado o crimen de algún tipo que pueda borrar de la memoria y del corazón de Dios a uno solo de sus hijos. «Dios recuerda», siempre, no olvida a ninguno de aquellos que ha creado.

Él es Padre, siempre en espera vigilante y amorosa de ver renacer en el corazón del hijo el deseo del regreso a casa. Y cuando reconoce ese deseo, incluso simplemente insinuado, y muchas veces casi inconsciente, inmediatamente está a su lado, y con su perdón le hace más suave el camino de la conversión y del regreso. 

Miremos hoy a Zaqueo en el árbol: su gesto es un gesto ridículo, pero es un gesto de salvación. Y yo te digo a ti: si tienes un peso en tu conciencia, si tienes vergüenza por tantas cosas que has cometido, detente un poco, no te asustes. Piensa que alguien te espera porque nunca dejó de recordarte; y este alguien es tu Padre, es Dios quien te espera.

Sube, como hizo Zaqueo, sube al árbol del deseo de ser perdonado; yo te aseguro que no quedarás decepcionado. Jesús es misericordioso y jamás se cansa de perdonar. Recordadlo bien, así es Jesús.

Hermanos y hermanas, dejémonos también nosotros llamar por el nombre por Jesús. En lo profundo del corazón, escuchemos su voz que nos dice: «Es necesario que hoy me quede en tu casa», es decir, en tu corazón, en tu vida. 

Y acojámosle con alegría: Él puede cambiarnos, puede convertir nuestro corazón de piedra en corazón de carne, puede liberarnos del egoísmo y hacer de nuestra vida un don de amor. Jesús puede hacerlo; ¡déjate mirar por Jesús!”
(Papa Francisco, Ángelus del 3 de noviembre)

JESÚS HA VENIDO A BUSCAR Y SALVAR A LOS QUE SE HAN PERDIDO

Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,1-10):


Jesús entró en Jericó e iba atravesando la ciudad. Vivía en ella un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Quería conocer a Jesús, pero no conseguía verle, porque había mucha gente y Zaqueo era de baja estatura. 

Así que, echando a correr, se adelantó, y para alcanzar a verle se subió a un árbol junto al cual tenía que pasar Jesús.

Al llegar allí, Jesús miró hacia arriba y le dijo: «Zaqueo, baja en seguida porque hoy he de quedarme en tu casa.»

Zaqueo bajó aprisa, y con alegría recibió a Jesús. Al ver esto comenzaron todos a criticar a Jesús, diciendo que había ido a quedarse en casa de un pecador.

Pero Zaqueo, levantándose entonces, dijo al Señor: «Mira, Señor, voy a dar a los pobres la mitad de mis bienes; y si he robado algo a alguien, le devolveré cuatro veces más.» 

Jesús le dijo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa, porque este hombre también es descendiente de Abraham. Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido.»

Palabra del Señor


sábado, 29 de octubre de 2016

El Papa sobre su viaje a Suecia: “Voy para acercarme a mis hermanos y hermanas. La cercanía hace bien”



“No se puede ser católico y sectario”, lo dice el Papa Francisco en una entrevista concedida a la revista de los jesuitas suecos Sigrum, junto al director de la publicación La Civiltà Cattolica, a puertas de su viaje a Suecia el próximo 31 de octubre. El Obispo de Roma habló entre otras cosas, de sus amistades con fieles luteranos ya desde joven y también en los tiempos del ministerio episcopal.
El periodista pregunta al Papa por el evento de la conmemoración ecuménica de los 500 años de la Reforma, organizada por la Federación Luterana Mundial y por el Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los Cristianos, y las esperanzas que tiene. El Papa responde: “A mí me viene solo la palabra ‘acercarme’. Mi esperanza y mi espera es la de acercarme más a mis hermanos y a mis hermanas. La cercanía hace bien a todos. La distancia en cambio nos hace mal. Cuando nos alejamos, nos cerramos dentro de nosotros mismos y nos convertimos en mónadas, incapaces de encontrarnos. Tomamos miedos. Es necesario aprender a transcender para el encuentro con los demás. Si no lo hacemos, también nosotros cristianos nos enfermamos con las divisiones. Mi espera es aquella de llegar a dar un paso de acercamiento, de ser más cercano a mis hermanos y a mis hermanas que viven en Suecia”.
A la pregunta sobre qué podría aprender la Iglesia Católica de la tradición luterana, el Papa dice “ reforma y escritura”. La primera palabra porque al comienzo lo de Lutero era un gesto de reforma en un momento difícil para la Iglesia.  Lutero quería poner un remedio a una situación compleja. Después este gesto, también a causa de la situación política- se ha convertido en un estado de separación, y no en un proceso de reforma de toda la Iglesia, que en cambio es fundamental, porque la Iglesia está siempre reformada. La segunda palabra es “Escritura”, la Palabra de Dios. Lutero ha hecho un gran paso para poner la palabra de Dios en las manos de pueblo. Reforma y escritura son las dos cosas fundamentales en las que podemos profundizar de la tradición luterana.
(MZ-RV)
(from Vatican Radio)

Cardenal Tagle: "La Iglesia tiene que abrazar continuamente la pobreza que enseña el Evangelio"



¿Por qué es cristiano? "Porque amo a Jesús". Sencillo, directo, firme, alegre. Así se nos presenta el cardenal filipino Luis Antonio Tagle en "He aprendido de los pobres" (Claretianas), la biografía en la que el presidente de Caritas Internationalis, considerado por muchos como un posible sucesor de Francisco, reflexiona sobre su fe, su visión del mundo, de la Iglesia y de la vida.
Un relato, fruto de entrevistas con Gerolamo y Lorenzo Fazzini, en la que el cardenal de Manila no obvia ningún tema, desde la excesiva riqueza de la Iglesia al papel primordial de los pobres, pasando por sus aficiones o crisis de fe. "Me gusta leer -confiesa Tagle-. Me gustan las novelas policíacas, Sherlock Holmes, Agatha Christie y las novelas históricas (...) Me fascina Mozart. También me gusta la música pop y los musicales contemporáneos".
También, pasear y fijar la vista. "Me gusta observar a la gente por la calle cuando voy en coche o cuando paseo. Me gusta observar lo que hacen los otros (...). Aprendo mucho de la gente sencilla que ha tenido que afrontar diferentes pruebas pero ha sabido mantener su propia dignidad y su fe".
Como cardenal, pero especialmente como presidente de Caritas, le ha tocado lidiar con algunas de las más graves crisis humanitarias de este siglo. Por ello, no es extraño que su sueño sea "que desaparezca la pobreza inhumana y deshumanizadora". Y es que "la emigración a la que estamos asistiendo exige una decisión estable por parte de la comunidad internacional. La violencia, la pobreza y la miseria son los males que obligan a las personas a escapar de sus países (...). Por tanto, es necesario que los jefes de gobierno garanticen cada vez más la paz y la serenidad en sus países si no quieren afrontar los problemas y malestares de las migraciones. Ofrezcamos a todos los pueblos una vida digna".
También desde una Iglesia a la que ama y de la que se siente parte, aunque no ahorre las ríticas cuando toca. "Debo admitir que la tentación de la riqueza y del poder sigue viva en la Iglesia. Por eso, la palabra del Papa es citada y tiene validez. Todas las personas de la Iglesia tienen que estar atentas y vigilantes sobre este tema, pidiendo perdón cuando los bienes que se les ha confiado para que los administren no se han utilizado bien y restituyendo lo que sea necesario en caso de malversación. La Iglesia tiene que abrazar continuamente la pobreza que enseña el Evangelio". Palabra de Tagle, un hombre que "ha aprendido de los pobres".
Zenit

La cruz es lo primero que se restaura en los pueblos reconquistados al Daesh



En otras ocasiones, los terroristas se resisten a abandonar sus posiciones y luchan encarnizadamente. Sea de una forma u otra, cuando las tropas consiguen reconquistar cualquier localidad los soldados se apresuran a entrar en las iglesias para rezar y alzar las cruces que los terroristas habían intentado exterminar.
Es el caso de la localidad de Batnaya, situada a tan solo 24 kilómetros de Mosul -el último bastión del Daesh en Iraq-. Desde allí nos llegan unas fotografías del periodista Ferran Barber, colaborador de Alfa y Omega y que se encuentra en el país cubriendo la guerra para diversos medios de comunicación (Artículo de Ferran Barber: Así sobrevivieron tres ancianas cristianas al Daesh: «Sois viejas, no merece la pena gastar balas con vosotras»). En las fotografías se puede ver un pueblo casi totalmente en ruinas, unas imágenes que parecen sacadas de cualquier terremoto pero que en realidad revelan la barbarie del autoproclamado Estado Islámico.
Los terroristas se ensañan especialmente con los símbolos cristianos, especialmente con las cruces. A continuación vemos una inscripción en árabe presidida por una cruz, y a la que le han descerrajado cinco disparos.
También la Virgen sufre las consecuencias del paso del Daesh. A esta imagen le han cortado la cabeza y la han arrojado al suelo sin ningún tipo de consideración. Incluso se le intuye un disparo en la parte superior.
Pero una vez que las tropas de la coalición se hacen con el control de Batnaya, la cruz, derribada por las huestes del ISIS, vuelve a alzarse sobre la cúpula de su iglesia.

Alfa y Omega

El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 14, 1. 7-11

Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer y ellos le estaban espiando.
Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les decía una parábola:
«Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te diga:
"Cédele el puesto a éste".
Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto.
Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga:
"Amigo, sube más arriba."
Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales.
Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Palabra del Señor.

viernes, 28 de octubre de 2016

Homilía del Papa: La piedra angular de la Iglesia es Jesús

El fundamento de nuestra vida de cristianos es que Jesús reza por nosotros. Lo afirmó el Papa en su homilía de la misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. Francisco subrayó que cada elección del Señor, cada gesto suyo, e incluso el final de su vida terrenal en la cruz, se caracteriza por la oración. De ahí que el Santo Padre haya exhortado a los cristianos a confiar en la oración de Jesús:
El Señor, después de haber rezado intensamente, elige a sus discípulos. El Papa Bergoglio se detuvo en el pasaje del Evangelio del día para destacar el fundamento de nuestra vida cristiana.
La piedra angular de la Iglesia es Jesús ante el Padre que reza por nosotros
“La piedra angular  – subrayó el Pontífice partiendo de San Pablo – es el mismo Jesús”. Y dijo que “sin Jesús no hay Iglesia”, a la vez que observó que el pasaje evangélico de San Lucas añade un detalle que nos debe hacer reflexionar:
“‘Jesús se fue al monte a rezar y pasó toda la noche orando a Dios’. Y después viene todo lo demás: la gente, la elección de los discípulos, las curaciones, la liberación de los demonios… La piedra angular es Jesús, sí: pero Jesús que reza. Jesús reza. Ha orado y sigue orando por la Iglesia. La piedra angular de la Iglesia es el Señor ante el Padre, que intercede por nosotros, que reza por nosotros. Nosotros le rezamos a Él, pero el fundamento es Él que reza por nosotros”.
Nuestra seguridad es Jesús en oración por cada uno de nosotros
“Jesús  – agregó el Santo Padre – siempre ha rezado por los suyos”, incluso en la Última Cena. Jesús – prosiguió diciendo Francisco – “antes de hacer algún milagro, reza. Pensemos en la resurrección de Lázaro: reza al Padre”:
“En el Monte de los Olivos Jesús reza; en la cruz, termina rezando: su vida terminó en oración. Y ésta es nuestra seguridad, éste es nuestro fundamento, ésta es nuestra piedra angular: ¡Jesús que reza por nosotros! ¡Jesús que reza por mí! Y cada uno de nosotros puede decir esto: estoy seguro, estoy segura, de que Jesús reza por mí; está delante del Padre y me nombra. Ésta es la piedra angular de la Iglesia: Jesús en oración”.
Reflexionemos sobre el misterio de la Iglesia, fundada en Jesús que reza
“Pensemos en aquel pasaje – dijo el Papa al concluir – antes de la Pasión, cuando Jesús se dirige a Pedro, con aquella advertencia”: “Pedro… Satanás ha obtenido el permiso de zarandearlos como el trigo. Pero “yo he rogado por ti, para que no te falte la fe”:
“Es lo que dice a Pedro, te lo dice a ti, y a ti, y a ti, a mí, y a todos: ‘Yo he rogado por ti, yo rezo por ti, yo ahora estoy rezando por ti’, y cuando viene al altar, Él viene a interceder, a rezar por nosotros. Como en la cruz. Y esto nos da gran seguridad. Yo pertenezco a esta comunidad, firme, porque tiene como piedra angular a Jesús, pero Jesús que reza por mí, que reza por nosotros. Hoy nos hará bien pensar en la Iglesia; reflexionar sobre este misterio de la Iglesia. Somos todos como una construcción, pero el fundamento es Jesús, es Jesús que reza por nosotros. Es Jesús que reza por mí”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

La losa de la tumba de Jesucristo, retirada por primera vez en siglos


Científicos han expuesto la superficie original de lo que tradicionalmente se considera la tumba de Jesucristo por primera vez en siglos.
Situada en la Iglesia del Santo Sepulcro en la Ciudad Vieja de Jerusalén, la tumba ha estado cubierto por un revestimiento de mármol, al menos desde 1555, y probablemente desde siglos antes. National Geographic está filmando los trabajos de reestauración en curso en el que está considerado le lugar más sagrado para la cristiandad.
"El revestimiento de mármol de la tumba ha sido retirado, y nos sorprendió por la cantidad de material de relleno debajo de ella", dijo Fredrik Hiebert, arqueólogo de la National Geographic Society, un socio en el proyecto de restauración. "Será un análisis científico largo, pero finalmente seremos capaces de ver la superficie de la roca original en la que, según la tradición, se colocó el cuerpo de Cristo".
Según la tradición cristiana, el cuerpo de Jesúcristo fue colocado en un nicho excavado en la ladera de una cueva de piedra caliza después de su crucifixión por los romanos en el año 30 o 33. La creencia cristiana dice que Cristo resucitó después de la muerte, y que las mujeres que vinieron a ungir su cuerpo tres días después del entierro informaron de que no había restos presentes.
Esta plataforma de enterramiento está ahora cerrada por una pequeña estructura conocida como el Edículo, que se reconstruyó por última vez en 1808-1810 después de ser destruida en un incendio. El Edículo y la tumba interior se encuentran actualmente en proceso de restauración por un equipo de científicos de la Universidad Técnica Nacional de Atenas, bajo la dirección de Antonia Moropoulou.


La exposición del nicho está dando a los investigadores una oportunidad sin precedentes para estudiar la superficie original de lo que se considera el lugar más sagrado de la cristiandad. Un análisis de la roca original puede ayudar a comprender mejor no sólo la forma original de la cámara de la tumba, sino también cómo ha evolucionado como el punto focal de veneración desde que fue identificado por primera vez por Helena, madre del emperador romano Constantino, en el año 326.
"Estamos en el momento crítico para la rehabilitación de Edículo", dijo Moropoulou. "Las técnicas que estamos usando para documentar este monumento único permitirán al mundo estudiar nuestros hallazgos como si ellos mismos estuvieran en la tumba de Cristo". (RD/Ep)


28 de octubre: san Simón y san Judas, apóstoles de Cristo



Apóstoles de Cristo y amigos en la difusión del Evangelio. Ambos fueron martirizados en Persia después de una vida de entrega al Señor. San Judas fue aquél que preguntó al Señor en la última Cena por su manifestación. «El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él», le contestó Jesús.

El misal habla así de los dos apóstoles cuya fiesta se celebra de forma conjunta: «Fiesta de san Simón y san Judas, apóstoles, el primero apellidado Cananeo o Zelotas, y el segundo, hijo de Santiago, llamado también Tadeo, el cual, en la última Cena preguntó al Señor acerca de su manifestación recibiendo esta respuesta: El que me ame, observará mi palabra, y el Padre mío le amará, y vendremos a él y haremos nuestra mansión en él».
Simón y Judas fueron apóstoles de Cristo, por el que derramaron hasta su sangre. Su fiesta se celebra de forma conjunta el 28 de octubre porque se dice que siempre se les veía juntos predicando la palara de Dios.
Judas Tadeo evangelizó con gran celo a los paganos. Viajó hasta Mesopotamia para difundir la figura de Cristo. Regresó a Jerusalén para el Concilio de los Apóstoles. Posteriormente volvió a partir en dirección a Libia, donde junto a Simón, difundieron el Evangelio por toda aquella región.
Ambos apóstoles sufrieron el martirio en Persia, en la ciudad de Suanis. A san Judas le cortaron la cabeza después de golpearle con un garrote. Antes de morir Judas escribió una carta incluida en el Nuevo Testamento. Simón, por su parte, fue martirizado con una sierra, que cortó su cuerpo en dos.
Pero la historia de estos dos apóstoles no es solo la historia de su martirio, sino la historia de dos hombres que dejaron todo para seguir muy de cerca a Cristo y que difundieron su figura por muchos de los reinos conocidos entonces.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega


Carta semanal del arzobispo de Madrid: Generosos y entregados como María


La Virgen se presenta en nuestra vida como modelo de escucha, de generosidad, de entrega, de servicio y de plenitud. Con estas cinco connotaciones deseo situaros para la contemplación de su vida como misionera generosa y entregada
El mes de octubre, mes del rosario, es propicio para contemplar a la Virgen María como la primera misionera en la Iglesia. Los misterios del rosario nos ayudan a descubrir lo que quiere el Señor de sus discípulos. Y la mejor discípula ha sido su Madre, nuestra Madre. Por eso no quiero que termine el mes de octubre sin hablaros de María como discípula misionera.
A todos los que me leéis, muy especialmente, a los jóvenes, os llamo a descubrir en la fuente de la belleza que es Jesucristo, el más bello de los hombres, donde se alcanza de verdad vuestra belleza y donde está la clave del misterio de la vida de un discípulo misionero. ¿Queréis sanar las heridas de esta humanidad? ¿Queréis que este mundo sea para todos? ¿Queréis ayudar a los hombres a descubrir el proyecto desde el cual todos nos sintamos hermanos y unidos? ¿Deseáis ser ganados por esa belleza suprema manifestada en Jesucristo y que tiene las connotaciones de la entrega incondicional y sin límites, del servicio a todos, de mirar siempre al otro como el más importante? Tened el coraje y el atrevimiento para salvar a este mundo con la gracia y el amor del Jesucristo. Solo Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Por el Bautismo os habéis revestido de Cristo. Tenéis la vida de Cristo, de tal manera que se tiene que manifestar en la historia esa inundación en quien ha nacido de nuevo al recibir la vida de Él. La belleza suprema que Cristo nos otorga, dadla.
Descubrid el modo y la manera en que el Señor quiere y desea que seamos discípulos misioneros. La Virgen María se presenta en nuestra vida como modelo de escucha, de generosidad, de entrega, de servicio y de plenitud. Con estas cinco connotaciones deseo situaros para la contemplación de su vida como misionera generosa y entregada. Hay cinco textos del Evangelio que siempre han conmovido mi vida y que nos ayudan a descubrir precisamente estas connotaciones que tiene que tener el discípulo misionero:
1. Discípulo misionero como María en la escucha (cf. Lc 1, 26-38): En el silencio, en la atención a lo que pasa, en el camino corriente de la vida, María es llamada por Dios a la aventura más impresionante que se ha llevado en esta historia; nada más ni nada menos que a ser llamada para que sea Madre de Dios, es decir, para que preste su vida para que Dios tome rostro humano y todos los hombres podamos conocerlo. Sin un atisbo de duda, María responde inmediatamente: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu Palabra». ¿Escuchas como María? ¿A quién?
2. Discípulo misionero como María en generosidad (cf. Lc 39-45): La llamada de Dios lo es para la generosidad. Toda de Dios y toda para los demás. Porque así vive María. Atraviesa dificultades inmensas, una región montañosa, para ir a ver a su anciana prima Isabel que, por obra de Dios, a su edad, iba a tener un hijo. María iba a ayudarla, a darle alegría, a darle confianza en Dios. La entrada en su casa es expresión de la generosidad desbordante que Dios ha tenido con ella y que ella tiene para con los demás: por la presencia de Jesús en María, la criatura que llevaba Isabel salta de gozo y ella puede exclamar: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». ¿Cómo es mi generosidad? ¿Hasta dónde doy mi vida?
3. Discípulo misionero como María en la entrega (cf. Jn 19, 25-27): Cuando estaba al pie de la Cruz, su mismo Hijo la convierte en modelo de entrega a Dios y a los demás. Jesús la presenta como la Madre y mujer entregada absolutamente, que acoge a todos los hombres, se ocupa de ellos, los acompaña como ha acompañado a su Hijo y da la vida por ellos: «Ahí tienes a tu hijo». Y por otro lado, Jesús la propone como modelo para vivir y para acompañarnos, por eso nos invita a que abramos la vida a ella: «Ahí tienes a tu Madre». Mujer entregada, gastada totalmente, enteramente de Dios y, precisamente por eso, enteramente para todos los hombres. ¿Cómo vivo mi entrega a los demás? ¿Cómo vivo en mi familia, en mi trabajo, en mis responsabilidades con los otros que encuentro en mi camino?
4. Discípulo misionero como María en el servicio a los demás (cf. Jn 2, 1-12): Descentrada de sí misma y centrada enteramente en Dios, vive mirando las necesidades de los demás. Cuando se da cuenta de que unas gentes estaban pasando apuros, asume toda la responsabilidad de la situación y les presenta a quien puede quitar todo lo que enturbia la vida y quita la serenidad, a su Hijo Jesucristo: «Haced lo que Él os diga». El primer servicio que se puede hacer a alguien es que tenga la posibilidad de encontrarse con quien es el Camino, la Verdad y la Vida. Ella es la primera misionera, el modelo de misionero: testigo de la presencia de Dios en su vida, presenta a este Dios en el mundo con la pretensión de que haga el primer signo que distorsiona las leyes de los hombres, para hacernos ver que «solo Dios basta» y que en Él está la salida a toda situación humana. ¿Sirvo o me sirvo de los demás?
5. Discípulo misionero como María de plenitud de confianza (cf. Hch 1, 12-14): Cuando las cosas aún están a oscuras, María se presenta como la mujer fuerte que mantiene a todos en el diálogo, la confianza y la cercanía a Dios. «Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo Espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos». Ella nos da la medida de la desmedida que hay que tener con respecto a Dios en todas las circunstancias de la vida. Él siempre da respuestas; Él siempre atiende al ser humano; Él siempre sale al encuentro; Él siempre da plenitud a todo. Y en esa confianza, que es realidad que ella vive, mantiene a los apóstoles.
Solamente desde esta estructura de existencia que tiene María, asumida en nuestra vida, somos discípulos misioneros. Sigue llamando el Señor hoy como ayer a formular la vida vocacionalmente, es decir, desde la llamada que a todos los bautizados nos hace, y a encontrar el lugar donde transparentar a Jesús con nuestro ser, decir y hacer. Generosos y entregados como María. Para construir la nueva ciudad son necesarios discípulos misioneros que vivan con alegría del Evangelio.
Con gran afecto, os bendice,
+Carlos, Arzobispo de Madrid
Alfa y Omega

SALÍA DE JESÚS UNA FUERZA QUE LOS CURABA A TODOS




Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,12-19):

En aquel tiempo, subió Jesús a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios. 

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió a doce de ellos y los nombró apóstoles: Simón, al que puso de nombre Pedro, y Andrés, su hermano, Santiago, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Santiago Alfeo, Simón, apodado el Celotes, Judas el de Santiago y Judas Iscariote, que fue el traidor. 

Bajó del monte con ellos y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón. 

Venían a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; los atormentados por espíritus inmundos quedaban curados, y la gente trataba de tocarlo, porque salía de Él una fuerza que los curaba a todos.

Palabra del Señor

jueves, 27 de octubre de 2016

Amor y respeto por los difuntos

VER
Se acerca la memoria de nuestros difuntos. Es lamentable que la moda pagana y comercial del Hallowen se vaya difundiendo tanto, en vez de nuestras tradiciones tan llenas de contenido, no sólo sentimental, sino humano, familiar, social, cultural, religioso y trascendente.
En mi programa semanal de radio Pregúntale al Obispo, me han llegado estas y otras preguntas: ¿Es pecado celebrar el día los muertos? Nuestros padres están muertos, pero mis hermanas los visitan cada 8 días y nos han dicho que es malo; ¿es cierto? ¿Es posible volver a reencarnar en otro cuerpo, al morir? ¿La Iglesia permite la incineración?
Varias personas optan por conservar en su casa las cenizas de sus seres queridos difuntos, al menos durante el novenario posterior a su muerte, o en forma permanente. Aducen el cariño y la gratitud; dicen que quieren sentirlos muy cercanos y que no los pueden olvidar. En algunas comunidades indígenas, sepultan a sus muertos en la propia casa, sea en el patio, o en alguna de las habitaciones.
PENSAR
El Papa Francisco, en Amoris laetitia, dice: “A veces la vida familiar se ve desafiada por la muerte de un ser querido. No podemos dejar de ofrecer la luz de la fe para acompañar a las familias que sufren en esos momentos (253).
El duelo por los difuntos puede llevar bastante tiempo. En algún momento del duelo hay que ayudar a descubrir que quienes hemos perdido un ser querido todavía tenemos una misión que cumplir, y que no nos hace bien querer prolongar el sufrimiento, como si eso fuera un homenaje. La persona amada no necesita nuestro sufrimiento, ni le resulta halagador que arruinemos nuestras vidas. Tampoco es la mejor expresión de amor recordarla y nombrarla a cada rato, porque es estar pendientes de un pasado que ya no existe, en lugar de amar a ese ser real que ahora está en el más allá. Su presencia física ya no es posible, pero si la muerte es algo potente, «es fuerte el amor como la muerte» (Ct 8,6). El amor tiene una intuición que le permite escuchar sin sonidos y ver en lo invisible. Eso no es imaginar al ser querido tal como era, sino poder aceptarlo transformado, como es ahora. Jesús resucitado, cuando su amiga María quiso abrazarlo con fuerza, le pidió que no lo tocara (cf. Jn 20,17), para llevarla a un encuentro diferente (255).
Nos consuela saber que no existe la destrucción completa de los que mueren y la fe nos asegura que el Resucitado nunca nos abandonará. Así podemos impedir que la muerte envenene nuestra vida, que haga vanos nuestros afectos, que nos haga caer en el vacío más oscuro (256).
Una manera de comunicarnos con los seres queridos que murieron es orar por ellos. Dice la Biblia que «rogar por los difuntos» es «santo y piadoso» (2 M 12,44-45). (257).
No desgastemos energías quedándonos años y años en el pasado. Mientras mejor vivamos en esta tierra, más felicidad podremos compartir con los seres queridos en el cielo. Mientras más logremos madurar y crecer, más cosas lindas podremos llevarles para el banquete celestial” (258).
En cuanto a la cremación y depósito de las cenizas, la Congregación para la Doctrina de la Fe acaba de indicar: “Siguiendo la antiquísima tradición cristiana, la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados. Cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo. La cremación no está prohibida, a no ser que haya sido elegida por razones contrarias a la fe cristiana. Las cenizas del difunto, por regla general, deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o en una iglesia. No está permitida la conservación de las cenizas en el hogar. Para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no sea permitida la dispersión de cenizas en el aire, en la tierra, en el agua o en cualquier otra forma” (Ad resurgendum cum Christo).
ACTUAR
Conservemos nuestras tradiciones del “día de muertos”, porque nos dan identidad, historia, valores y trascendencia. Que no nos domine el mercado, con sus ofertas engañosas. Oremos por nuestros difuntos. El altar tradicional en algunos lugares, con sus fotos, velas, flores y ofrendas alimenticias, es un signo de que los experimentamos cercanos, espiritualmente. ¡En Cristo, hay vida y resurrección!

Felipe Arizmendi Esquivel / Zenit