miércoles, 17 de agosto de 2016

La recuperación católica de Martín Lutero. "Hay signos de superación de las tensiones emocionales y doctrinales"

Andaban los funcionarios enviados por el Vaticano (Roma, en ese entonces) vendiendo documentos que aseguraban el cielo a quienes los compraran a buen precio. Se trataba de juntar dinero para los gastos de la corte papal, de las guerras entre los estados del centro de Europa, y para enfrentar a la armada turca. La venta de "indulgencias" era un negocio redondo: aumentaba el ingreso para la jerarquía católica y dejaba a los compradores con el alma más limpia que un recién bautizado.
Observando esa situación, un cura dominico llamado Martín Lutero, se indignó. Escribió pergaminos con 95 proposiciones que señalaban las incongruencias de la predicación católica, las hizo públicas pegándolas en las puertas del templo de Todos los Santos, en la ciudad de Wittenburg, y tuvo que salir huyendo en busca de protección por parte de príncipes y gobernantes peleados con Roma.
Desde ese momento Lutero fue considerado un réprobo por parte de la iglesia católica. Su actuación marcó el inicio de la llamadaReforma Protestante que exigía más biblia que palabrería desde Roma, y más fe que acciones interesadas en "merecer" la salvación. La respuesta católica fue la declaración de guerra, tanto mental, doctrinal como también física: los diversos gobiernos europeos tomaron arcabuces y espadas y se pusieron a pelear entre ellos por asuntos de religión.
Católicos y protestantes diversificados en muchas tradiciones mas o menos parecidas, se consideraron enemigos, aunque ambas corrientes aseguraban fundarse en la persona y el mensaje de Jesús de Nazaret. Se trató de una de las calamidades más tontas en la historia de occidente.
Lutero y sus seguidores fueron marcados como demonios por la parte católica. La iglesia romana fue detestada como la gran prostituta de Babilonia por las tradiciones protestantes. Por 500 años no ha habido entendimiento, aunque desde hace un tiempo las cúpulas pensantes han estado trabajando en un plan común de acercamiento.
Esa tarea no llega aún a las bases que se siguen ignorando y despreciando mutuamente.
Pero algo está cambiando. El reconocimiento que han hecho los obispos católicos de Alemania expresando que Martín Lutero ha sido "un pionero religioso, un testigo del evangelio y un maestro de la fe", indica que nuevos aires están limpiando el ambiente de ese clima de enfrentamiento que ha durado tanto tiempo. La iglesia católica está recuperando a Martín Lutero al reconocer la razón de su protesta por los abusos que denunciaba, por promover la Sagrada Escritura como centro orientador de toda la vida cristiana, y por proclamar a Jesús, como único mediador entre Dios y la humanidad.
Al cumplirse en el 2017 los 500 años de la Reforma, hay signos de superación de las tensiones emocionales y doctrinales. Se stá trabajando en la "sanación del recuerdo" y en la búsqueda de una unidad más visible y no solamente en una reconciliación de abrazos y promesas.
(José Agustín Cabré)

Francisco pide fomentar "la cultura de la acogida y la solidaridad" con los migrantes

El Papa ha pedido que se favorezca la"cultura de la acogida y la solidaridad" ante la llegada de migrantes, en una carta enviada a los participantes del congreso internacional'#cartadileuca.0 - Mediterráneo, un mar de puentes', celebrado en Santa Maria de Leuca (Apulia), en el sur de Italia, del 11 al 14 de agosto.
En el documento, remitido como es habitual por el secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Pietro Parolin, al obispo de Ugento-Santa Maria di Leuca, monseñor Vito Angiuli, el Pontífice ha pedido que la presencia de migrantes sea un enriquecimiento cultural y una oportunidad para el ecumenismo.
"Que la presencia de tantos hermanos y hermanas migrantes sea una oportunidad de crecimiento humano, de encuentro y de diálogo entre las culturas y las religiones, así como una oportunidad para ser testimonios del Evangelio de la caridad", ha pedido Francisco.
Finalmente, el Papa ha manifestado su deseo de que el congreso que concluyó el pasado 14 de agosto "suscite un renovado empeño que favorezca una cultura de la acogida y de la solidaridad, de manera que se promuevan la paz y la fraternidad de los pueblos".


¿Vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?




Lectura del santo Evangelio según san Mateo 20, 1-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:
-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.
Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:
"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."
Ellos fueron.
Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo.
Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:
"¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"
Le respondieron:
"Nadie nos ha contratado".
Él les dijo:
"Id también vosotros a mi viña".
Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:
"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros".
Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.
Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:
"Estos últimos han trabajado sólo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno.
Él replicó a uno de ellos:
"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?'
Así, los últimos serán los primeros y los primeros, últimos».
Palabra del Señor.

martes, 16 de agosto de 2016

Juan José Omella: "Lo que no quiere la Iglesia es que nadie quede tendido al borde de la ruta"


La recepción, en teología, es el grado de acogida -o de rechazo- que provoca un determinado documento doctrinal o una disposición práctica. Como se puede suponer, es una categoría importante. En la carta de la semana pasada, que dediqué a la exhortación Amoris laetitia, comentaba la importancia de la correcta recepción de este documento. En el comentario de hoy me hago eco de la conclusión a la que llega la reflexión que ha hecho nuestro Ateneu Sant Pacià, la entidad que integra las facultades de Teología, de Filosofía y de Historia, Arqueología y Artes Cristianas Antoni Gaudí.
"La recepción de la exhortación Amoris laetitia -se lee en esta reflexión teológica- pide unainterpretación según el espíritu con que fue escrita, para que los pastores contribuyan a aplicarla y todo el pueblo de Dios se beneficie de su magisterio y de la misericordia que desprende. Se trata de un camino que no es otro que el del seguimiento de Cristo. El discípulo sigue a Jesús con toda la seriedad y exigencia que ello conlleva. Pero lo que no quiere la Iglesia es que nadie que acepte este camino quede tendido al borde de la ruta."
El texto de Francisco propone, por una parte, la grandeza del matrimonio cristiano afirmado secularmente por la Iglesia; pero, por otra parte, desea una Iglesia que sea madre de misericordia que no renuncia al bien posible, tampoco cuando este bien está presente en situaciones imperfectas, semejantes al "barro del camino con el que te puedes manchar" (AL 308; véase EG 44). En todo el documento hay una sensibilidad transversalque se inspira de lleno en el espíritu y la letra del Concilio Vaticano II y deja ver un espíritu parecido al de los padres conciliares cuando se planteaban cuestiones capitales como el ecumenismo o la libertad religiosa. Entonces, el Vaticano II, sin olvidar la tradición dogmática vinculante de la Iglesia, abrió unas puertas que iban más allá de la interpretación que se había hecho en los últimos siglos.
El documento utiliza sobre todo el lenguaje de la misericordia. La preocupación del Papa, en esta exhortación sobre el amor en la familia, es contextualizar de nuevo la doctrina sobre el matrimonio y la familia al servicio de la misión pastoral de la Iglesia. Como dice el padre Antonio Spadaro en su documentado trabajo sobre la exhortación pontificia, en ella "la doctrina es interpretada en relación con el núcleo del kerigma cristiano y a la luz del contexto pastoral en el que este se aplicará, buscando sobre todo la salus animarum, la salvación de las almas".
Todos tenemos una especial responsabilidad a la hora de asegurar una buena recepción de este documento. Hago un llamamiento, en este sentido, a la Delegación de Pastoral Familiar y a los movimientos de espiritualidad conyugal y familiar, tan presentes y activos en nuestra archidiócesis. Estudiar y explicar correctamente este documento es el paso previo a su aplicación siguiendo el espíritu que lo ha inspirado.
¡Que Dios os bendiga a todos!
+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona

«Cristo vive en el rostro de los jóvenes», testimonio de sacerdotes tras la JMJ 2016

«Doy gracias a Dios por la vida que a través de los jóvenes transmite a la Iglesia. He visto muchísimos rostros de jóvenes alegres, entusiastas, con ganas de "hacer lío", como dice el Santo Padre; de llenar la ciudad de bullicio, de bailes, de cantos... también de oración», cuenta el padre Javier Cereceza, sacerdote madrileño. «He visto Iglesias con jóvenes de rodillas ante El Santísimo, he visto la riqueza de tantísimos grupos y movimientos predicando en jardines, dando catequesis en cualquier lugar, en cualquier esquina...esa muchedumbre de jóvenes con las banderas de sus países caminando hacia el encuentro del Papa», continúa diciendo. 
«Para mí esta experiencia significa volver a mi casa, a mi trabajo, a mi Ministerio sacerdotal renovado con la ilusión de saber que Jesucristo sigue tocando los corazones de los jóvenes. Hago extensivo mi deseo a todos los que nos están escuchando, de que recen por las vocaciones. Las Jornadas Mundiales de la Juventud son  momentos en los cuales muchos jóvenes sienten esa llamada del Señor a entregar sus vidas. Elevemos nuestras oraciones al cielo pidiendo para que los jóvenes a los que el Señor ha tocado el corazón sean generosos y decidan entregarle sus vidas, que es la cosa más grande que pueden hacer con su existencia».
De la alegría de los jóvenes que participaron en esta JMJ y de sus frutos nos habla también, Samuel Jofre, Obispo de la Diócesis de Villa María, en la provincia de Córdoba, Argentina:
«Tenemos que aprovechar este entusiasmo juvenil, procurar capitalizarlo para poder llevar a nuestra patria esta alegría de la fe en Jesús. La alegría que se vive aquí es fruto del encuentro con Cristo y del encuentro con el prójimo por Cristo. Y eso lo hemos de vivir en la vida diaria. La Jornada Mundial de la Juventud es un hecho extraordinario, pero no es lo principal ya que lo principal está siempre en lo ordinario. Entonces, tenemos que animar a la juventud a vivir día a día esa cotidianidad; esa paz, esa alegría del encuentro con los demás que acá se vive de modo extraordinario pero que también entre nosotros tenemos que fomentar diariamente», explica monseñor Jofre.
Uno de los momentos más emotivos de esta JMJ 2016, fue la celebración de la Misa votiva de la misericordia de Dios presidida por el Papa con los sacerdotes, religiosos, consagrados y seminaristas en el Santuario dedicado a San Juan Pablo II, en la que el Santo Padre les recordó que la Iglesia y el mundo son los espacios abiertos de la misión de los discípulos de Jesús para llevar la Buena Nueva.
 «Jesús quiere que sus discípulos abran las puertas y salgan a propagar el perdón y la paz de Dios con la fuerza del Espíritu Santo», dijo Francisco haciendo especial hincapié en que Jesús quiere corazones verdaderamente consagrados, que vivan del perdón que han recibido de él, para derramarlo con compasión sobre los hermanos.
Estos profundos testimonios compartidos por nuestros dos hermanos sacerdotes son ejemplo, precisamente, de esa dimensión universal, misionera y peregrina que Dios desea para la Iglesia sin olvidar que «Cristo también vive en el rostro de los jóvenes».
Meditando sobre el llamamiento del Obispo de Roma, a «dejar transformar verdaderamente nuestros corazones por el poder misericordioso de Dios» y, en consecuencia, derramar misericordia con todos los demás; finalizamos nuestro programa Tu comentario ayuda Tu opinión cuenta, invitándolos a permanecer en sintonía con la Radio del Papa.
(SL-RV)
(from Vatican Radio)

Más fácil le es a un camello entrar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 23-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
-«En verdad os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Lo repito: más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de los cielos».
Al oírlo, los discípulos dijeron espantados:
-«Entonces, ¿quién puede salvarse?».
Jesús se les quedó mirando y les dijo:
-«Es imposible para los hombres, pero Dios lo puede todo».
Entonces dijo Pedro a Jesús:
-«Ya ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido; ¿qué nos va a tocar? ».
Jesús les dijo:
-«En verdad os digo: cuando llegue la renovación, y el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, también vosotros, los que me habéis seguido, os sentaréis en doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel.
Todo el que por mí deja casa, hermanos o hermanas, padre o madre, mujer, hijos o tierras, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.
Pero muchos primeros serán últimos y muchos últimos serán primeros».
Palabra del Señor.

Papa: silencio vergonzoso ante las matanzas de inocentes en el Congo


Después de rezar el Ángelus en la fiesta de la Asunción de María, el Papa Bergoglio hizo un llamamiento por la paz en República Democrática del Congo, con las siguientes palabras:

Queridos hermanos y hermanas:
A la Reina de la paz, que contemplamos hoy en la gloria celestial, quisiera encomendar, una vez más, las angustias y los dolores de las poblaciones que en tantas partes del mundo son víctimas inocentes de los conflictos persistentes.
Mi pensamiento se dirige a los habitantes de Kivu del Norte, en la República Democrática del Congo, recientemente afectados por nuevas matanzas, que desde hace tiempo se perpetúan en el silencio vergonzoso, sin llamar  ni siquiera nuestra atención. Lamentablemente forman parte de los tantos inocentes que no tienen peso en la opinión mundial.
¡Que María obtenga para todos sentimientos de compasión y de comprensión; y deseo de paz y concordia!
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

lunes, 15 de agosto de 2016

Osoro en la Virgen de la Paloma: "Como María, seamos instrumentos de su misericordia, de su amor incondicional a todos"

El arzobispo de Madrid, monseñor Carlos Osoro, ha presidido este lunes, 15 de agosto, por la mañana la solemne Misa en honor a la Virgen de la Paloma en la parroquia Virgen de la Paloma y San Pedro el Real. En un templo abarrotado, en el que también estaban autoridades del Ayuntamiento y la Comunidad, así como miembros de las distintas congregaciones, cofradías, asociaciones y hermandades de la diócesis.
El prelado ha invitado a contemplar el cuadro recuperado por Isabel Tintero: «La Virgen con las manos unidas sosteniendo un rosario: un arma, la cruz; unas manos unidas que la llevan, y llaman a unir y difundir la fraternidad y la comunión entre los hombres; una corona llena de cuentas, somos todos los hombres unidos, tú y yo estamos en esa corona. ¿Os atrevéis acompañados por la Virgen a realizar el proyecto?».
Texto completo de la homilía de Don Carlos Osoro
Queridos hermanos y hermanas, que es el título más grande dado por Dios mismo a todos los hombres, como consecuencia de ser hijos suyos. Hoy, un año más nos reunimos aquí todos, también quienes seguís la celebración por la TV. Con un gozo inmenso, os acercáis a este santuario de la Virgen de la Paloma. Honrar, contemplar y escuchar a esta Buena Madre que Dios mismo nos dio, y que el pueblo de Madrid supo acoger con este título entrañable de Virgen de la Paloma es una gracia y una bendición.
Además, fue una mujer de este pueblo de Madrid, Andrea Isabel Tintero, quien adquirió esta pintura e invitó a visitar y a vivir esta devoción en su propio domicilio; donando el lienzo a la Iglesia en 1777. Son muy numerosos los pintores que se han hecho eco de esta devoción, destaca la pintura de Goya en el hermoso cuadro Procesión de disciplinantes. Pero especialmente se hizo eco de esta devoción el pueblo de Madrid, desde hace casi dos siglos y medio, nuestros antepasados y hoy vosotros, año tras año venís a honrar a nuestra Madre en esta advocación de la Virgen de la Paloma.
Hemos escuchado la Palabra de Dios. En ella, el Señor nos habla como lo hace siempre, muy directamente al corazón, y nos hace descubrir que es cierto que «se abrió en el cielo el santuario de Dios y en su santuario apareció el Arca de la Alianza» (Ap 11, 19a). En esa Arca que alude a la Virgen María, pues Ella es «la nueva Arca de la Alianza», ha venido a este mundo Dios, quien «resucitó de entre los muertos», y que «por Cristo todos volverán a la vida».
San Pablo nos propone con un imperativo una tarea: «Cristo tiene que reinar» (cfr. 1 Cor 15, 20-27a). Y María nos enseña cómo hacer posible el dar a conocer a todos los hombres a Jesucristo: 1) «se puso en camino»; 2) «entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel»; 3) y provocó en aquel encuentro que se experimentase la acción y la cercanía de Dios: «saltó la criatura en su vientre». Un niño aún no nacido, que todavía estaba en el vientre de la madre, Juan Bautista, experimenta la presencia de Dios e Isabel canta la fe de quien se fía de Dios, de María, «dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
Pero en este día, como pastor vuestro, como arzobispo de Madrid, quiero que os fijéis en elmensaje que Dios nos quiere dar a través de su Madre, a quien invocamos como la Virgen de la Paloma. Porque vuestro arzobispo quiere estar con su pueblo, a la manera y al modo que estuvo Jesús, enseñando y dándole la mano para que sepa actuar, vivir y ser presencia viva del Evangelio, del Reino que es el mismo Jesucristo; en este tiempo en el que vivimos en el que presentar el mensaje del Evangelio debe de hacerse con claridad, pero con la misericordia, que es el modo más claro en que Dios se hace visible y que alcanza a todos los hombres.
La Virgen de la Paloma, nuestra Madre, nos invita a dar este mismo mensaje hoy a los hombres, aquí desde Madrid. Fijad vuestra atención en sus palabras: «Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios [...] su misericordia llega a sus fieles de generación en generación» (Cfr. Lc 1, 39-56).

Papa: La Asunción de María, misterio grande para nuestro futuro


Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡Buena fiesta de la Asunción!
La página evangélica (Lc 1,39-56) de la  fiesta de la Asunción de María al cielo describe el encuentro entre María y su prima Isabel, subrayando que «María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá» (v.39). En aquellos días, María corría hacia una pequeña ciudad a los alrededores de Jerusalén para encontrar a Isabel. Hoy, en cambio, la contemplamos en su camino hacia la Jerusalén celeste, para encontrar finalmente el rostro del Padre y volver a ver el rostro de su Hijo Jesús. Muchas veces en su vida terrena había recorrido zonas montañosas, hasta la última etapa dolorosa del Calvario, asociada al misterio de la pasión de Cristo. Ahora la vemos llegar a la montaña de Dios, «revestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas en su cabeza» (Ap 12,1) – como dice el Libro del Apocalipsis – y la vemos cruzar el umbral de la patria celeste.
Ha sido la primera en creer en el Hijo de Dios, y es la primera de nosotros en ser elevada al cielo en alma y cuerpo. Fue la primera en recibir y tomar en brazos a Jesús cuando era todavía niño y es la primera en ser recibida en sus brazos para ser introducida en el Reino eterno del Padre. María, la humilde y simple muchacha de un pueblo perdido de las periferias del imperio romano, justamente porque ha recibido y vivido el Evangelio, es admitida por Dios a estar para la eternidad junto al Hijo. Es así que el Señor derriba a los poderosos de su trono y eleva a los humildes (Cfr. Lc 1,52).
La Asunción de María es un misterio grande que se refiere a cada uno de nosotros, concierne nuestro futuro. María, de hecho, nos precede en el camino en la cual están encaminados aquellos que, mediante el Bautismo, han ligado su vida a Jesús, como María ligó a Él su propia vida. La fiesta de hoy nos hace ver al cielo; la fiesta de hoy pre-anuncia los “cielos nuevos y la tierra nueva”, con la victoria de Cristo resucitado de la muerte y la derrota definitiva del maligno. Por lo tanto, el regocijo de la humilde joven de Galilea, expresada en el cantico del Magníficat, se convierte en el canto de la humanidad entera, que se complace en ver al Señor inclinarse sobre todos los hombres y todas las mujeres, humiles creaturas, y llevarlos con Él al cielo. El Señor se inclina sobre los humildes para elevarlos y esto lo hemos escuchado en el Magníficat, en el catico de María.
Y el cantico de María nos lleva también a pensar en tantas situaciones dolorosas actuales, en particular a aquellas, de las mujeres oprimidas por el peso de la vida y del drama de la violencia, de las mujeres esclavas de la prepotencia de los poderosos, de las niñas obligadas a trabajos deshumanos, de las mujeres obligadas a rendirse en el cuerpo y en el espíritu a la concupiscencia de los hombres. Pueda llegar lo más antes para ellas el inicio de una vida de paz, de justicia, de amor, en espera del día en el cual finalmente se sentirán tomadas por manos que no las humillan, sino con ternura las levantan y las conducen en el camino de la vida, hasta el cielo. María, una mujer, una joven que ha sufrido tanto en la vida, nos hace pensar en estas mujeres que sufren tanto. Y pidamos al Señor que Él mismo las lleve en sus manos por el camino de la vida y las libere de estas esclavitudes.
Y ahora nos dirigimos con confianza a María, dulce Reina del cielo, y le pedimos: «Dónanos días de paz, vigila sobre nuestro camino, has que veamos a tu Hijo, llenos de alegría en el Cielo» (Himno de las segundas vísperas).
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano).(from Vatican Radio)


SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA A LOS CIELOS


Sube, Señora, donde está tu Hijo. Asciende tú, la gloriosa, Santa María, pero si tu Hijo, estando en la cruz, nos dejó su túnica, la que tú le hiciste, no te olvides de quienes seguimos peregrinos en este valle, tantas veces oscuro, y cúbrenos con tu manto.
Tú, la Madre de Misericordia diste de mamar al mismo Hijo de Dios. Tú fuiste la artesa del Pan Santo, y en Belén te hiciste la mejor panadera. No dejes de ser, como en Caná, la mujer que consiguió de su Hijo el don supremo del banquete sagrado, el Pan de vida, y el cáliz de bendición, y así seremos alimentados y saciados de misericordia.
Tu Hijo Jesús pasó haciendo el bien, y fuiste tú quien logró que nos dejara abastecidos del buen vino, don gratuito de amistad, de amor de pertenencia. Tú eres en verdad Mujer Eucarística. Sigue intercediendo para que no nos falte nunca el don de quienes prolongan en la Iglesia al banquete donde gustar la máxima misericordia de Jesucristo, que en la última cena se nos dio en comida y en bebida.
Tú conociste el relato del profeta Elías, en el que se nos cuenta que al ser arrebatado a los cielos en torbellino de fuego, ante los ruegos de su discípulo Eliseo, dejó caer su manto, y con ello también la fuerza de su espíritu. En tu asunción, Señora, déjanos al menos la certeza de tu protección, y al igual que los primeros cristianos te invocamos: “Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios”.
Si la misericordia significa el amor de las entrañas, tú eres la Virgen, la Mujer, la Madre, la Esposa, Tú sabes mejor que nadie llenarnos de consuelo. El vidente del Apocalipsis narra que la Mujer que dio a luz a un varón fue llevada al desierto por 1.200 años.
Esta imagen me da la esperanza de que sigues entre nosotros, aunque con razón gozas ya de la gloria de tu Hijo en el cielo.
El pueblo cristiano te invoca, Señora, con muchos nombres, y pone bajo tu protección sus tierras, sus caminos y sus frutos, pero sobre todo la vida de cada uno de tus hijos. No te olvides de ser nuestra abogada, nuestro consuelo, auxilio, refugio, faro, estrella, horizonte de luz en la noche, guía en el camino de la existencia.
Virgen bendita, recibe el homenaje que hoy te tributan los pueblos; en algunos hasta llegan a alfombrar sus calles con romero, cantueso, espliego, mejorana, tomillo, ajedrea, y al recorrido de la procesión sube el suave olor de las yerbas del campo esparcidas en tu honor.
Virgen María asunta al cielo, ruega por todos los que aún andamos como forasteros, mientras esperamos compartir contigo y con tu Hijo la misma gloria.
Ángel Moreno de Buenafuente

Solemnidad de la Asunción de María


P. Antonio Rivero, L.C. Doctor en Teología Espiritual, director espiritual y profesor de Humanidades Clásicas en el Centro de Noviciado y Humanidades y Ciencias de la Legión de Cristo en Monterrey (México).
Idea principal: Esta fiesta es la explosión de la victoria de Dios. El dragón y Dios frente a frente, ¿quién ganará?
Síntesis del mensaje: La fiesta de la Asunción es un día de alegría. Dios ha vencido. El amor ha vencido. Ha vencido la vida. Se ha puesto de manifiesto que el amor es más fuerte que la muerte, que Dios tiene la verdadera fuerza, y su fuerza es bondad y amorMaría fue elevada al cielo en cuerpo y alma. En Dios también hay lugar para el cuerpo. El cielo ya no es para nosotros una esfera muy lejana y desconocida. En el cielo tenemos una madre. Y la Madre de Dios, la Madre del Hijo de Dios, es nuestra madre. Él mismo lo dijo. La hizo madre nuestra cuando dijo al discípulo y a todos nosotros:  “He aquí a tu madre”. En el cielo tenemos una madre. El cielo está abierto; el cielo tiene un corazón.
Puntos de la idea principal:
En primer lugarel dragón quiso devorar a esa Mujer –símbolo de María- y el fruto de sus entrañas, Jesús (1ª lectura). ¿Qué pasó en esa batalla? La “mujer vestida de sol” es el gran signo de la victoria del amor, de la victoria del bien, de la victoria de Dios. Un gran signo de consolación. Pero esta mujer que sufre, que debe huir, que da a luz con gritos de dolor, también es la Iglesia, la Iglesia peregrina de todos los tiempos. En todas las generaciones debe dar a luz de nuevo a Cristo, darlo al mundo con gran dolor, con gran sufrimiento. Perseguida en todos los tiempos, vive casi en el desierto perseguida por el dragón. Pero en todos los tiempos la Iglesia, el pueblo de Dios, también vive de la luz de Dios y —como dice el Evangelio— se alimenta de Dios, se alimenta con el pan de la sagrada Eucaristía. Así, la Iglesia, sufriendo, en todas las tribulaciones, en todas las situaciones de las diversas épocas, en las diferentes partes del mundo, vence. Es la presencia, la garantía del amor de Dios contra todas las ideologías del odio y del egoísmo.
En segundo lugar, también hoy el dragón quiere devorar al Dios que se hizo niño. No temamos por este Dios aparentemente débil. La lucha es algo ya superado. También hoy este Dios débil es fuerte: es la verdadera fuerza. Así, la fiesta de la Asunción de María es una invitación a tener confianza en Dios y también una invitación a imitar a María en lo que ella misma dijo: “¡He aquí la esclava del Señor!, me pongo a disposición del Señor”. Esta es la lección: seguir su camino; dar nuestra vida y no tomar la vida. Precisamente así estamos en el camino del amor, que consiste en perderse, pero en realidad este perderse es el único camino para encontrarse verdaderamente, para encontrar la verdadera vida.
Finalmente, esta solemnidad nos llena de esperanza y alegría, porque el triunfo de Cristo –primicia de todos los que han muerto, 2ª lectura- y de su Madre se proyecta a la Iglesia y a toda la humanidad. En María se condensa nuestro destino. Al igual que su “sí” fue como representante del nuestro, también el “sí” de Dios a Ella, glorificándola, es un “sí” a todos nosotros, sus hijos; nos espera ese destino donde está la Madre. Reflexionemos en estas palabras de una homilía del Papa emérito Benedicto XVI: “María fue elevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, y con Dios es reina del cielo y de la tierra. ¿Acaso así está alejada de nosotros? Al contrario. Precisamente al estar con Dios y en Dios, está muy cerca de cada uno de nosotros. Cuando estaba en la tierra, sólo podía estar cerca de algunas personas. Al estar en Dios, que está cerca de nosotros, más aún, que está “dentro” de todos nosotros, María participa de esta cercanía de Dios. Al estar en Dios y con Dios, María está cerca de cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, puede escuchar nuestras oraciones, puede ayudarnos con su bondad materna. Nos ha sido dada como “madre” -así lo dijo el Señor-, a la que podemos dirigirnos en cada momento. Ella nos escucha siempre, siempre está cerca de nosotros; y, siendo Madre del Hijo, participa del poder del Hijo, de su bondad. Podemos poner siempre toda nuestra vida en manos de esta Madre, que siempre está cerca de cada uno de nosotros. En este día de fiesta demos gracias al Señor por el don de esta Madre y pidamos a María que nos ayude a encontrar el buen camino cada día. Amén” (15 de agosto 2015).
Para reflexionar: ¿Tengo fe en que mi cuerpo también resucitará? ¿Me acompaña María en mi caminar hacia Dios y me hace desear el cielo, donde Ella nos espera como Madre e Intercesora? ¿Durante mi trayecto a la eternidad voy entonando el “Magnificat”, junto con María o voy quejándome y maldiciendo mi suerte?
Para rezar:
Alégrate y gózate Hija de Jerusalén
mira a tu Rey que viene a ti, humilde,
a darte tu parte en su victoria.
Eres la primera de los redimidos
porque fuiste la adelantada de la fe.
Hoy, tu Hijo, te viene a buscar, Virgen y Madre:
“Ven amada mía”,
te pondré sobre mi trono, prendado está el Rey de tu belleza.
Te quiero junto a mí para consumar mi obra salvadora,
ya tienes preparada tu “casa” donde voy a celebrar
las Bodas del Cordero:
Hoy, tu sí, María, tu fiat, se encuentra con el sí de Dios
a su criatura en la realización de su alianza,
en el abrazo de un solo sí.
Amén.
Zenit

Seguidora fiel de Jesús


Los evangelistas presentan a la Virgen con rasgos que pueden reavivar nuestra devoción a María, la Madre de Jesús. Su visión nos ayuda a amarla, meditarla, imitarla, rezarla y confiar en ella con espíritu nuevo y más evangélico.
María es la gran creyente. La primera seguidora de Jesús. La mujer que sabe meditar en su corazón los hechos y las palabras de su Hijo. La profetisa que canta al Dios, salvador de los pobres, anunciado por él. La madre fiel que permanece junto a su Hijo perseguido, condenado y ejecutado en la cruz. Testigo de Cristo resucitado, que acoge junto a los discípulos al Espíritu que acompañará siempre a la Iglesia de Jesús.
Lucas, por su parte, nos invita a hacer nuestro el canto de María, para dejarnos guiar por su espíritu hacia Jesús, pues en el «Magníficat» brilla en todo su esplendor la fe de María y su identificación maternal con su Hijo Jesús.
María comienza proclamando la grandeza de Dios: «mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava». María es feliz porque Dios ha puesto su mirada en su pequeñez. Así es Dios con los sencillos. María lo canta con el mismo gozo con que bendice Jesús al Padre, porque se oculta a «sabios y entendidos» y se revela a «los sencillos». La fe de María en el Dios de los pequeños nos hace sintonizar con Jesús.
María proclama al Dios «Poderoso» porque «su misericordia llega a sus fieles de generación en generación». Dios pone su poder al servicio de la compasión. Su misericordia acompaña a todas las generaciones. Lo mismo predica Jesús: Dios es misericordioso con todos. Por eso dice a sus discípulos de todos los tiempos: «sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso». Desde su corazón de madre, María capta como nadie la ternura de Dios Padre y Madre, y nos introduce en el núcleo del mensaje de Jesús: Dios es amor compasivo.
María proclama también al Dios de los pobres porque «derriba del trono a los poderosos» y los deja sin poder para seguir oprimiendo; por el contrario, «enaltece a los humildes» para que recobren su dignidad. A los ricos les reclama lo robado a los pobres y «los despide vacíos»; por el contrario, a los hambrientos «los colma de bienes» para que disfruten de una vida más humana. Lo mismo gritaba Jesús: «los últimos serán los primeros». María nos lleva a acoger la Buena Noticia de Jesús: Dios es de los pobres.
María nos enseña como nadie a seguir a Jesús, anunciando al Dios de la compasión,trabajando por un mundo más fraterno y confiando en el Padre de los pequeños.
(José Antonio Pagola)

El Poderoso ha hecho obras grandes por mi; enaltece a los humildes

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-56
En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.
En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito:
-«¡ Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!
¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».
María dijo:
-«Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación.
Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos.
Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia - como lo había prometido a nuestros padres - en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».
María se quedó con Isabel unos tres meses y después volvió a su casa.
Palabra del Señor.

“El fuego de Jesús nos ayuda a superar los muros y las barreras de hoy”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de este domingo (Lc 12,49-53) forma parte de las enseñanzas de Jesús dirigidas a sus discípulos a lo largo del camino hacia Jerusalén, donde le espera la muerte de cruz. Para indicar el objetivo de su misión, Él se sirve de tres imágenes: el fuego, el bautismo y la división. Hoy deseo hablar de la primera imagen: el fuego.
Jesús lo expresa con estas palabras: «Yo he venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo! » (v.49). El fuego del cual habla Jesús es el fuego del Espíritu Santo, presencia viva y operante en nosotros desde el día de nuestro Bautismo. Este – el fuego – es una fuerza creadora que purifica y renueva, incendia toda humana miseria, todo egoísmo, todo pecado, nos transforma desde adentro, nos regenera y nos hace capaces de amar. Jesús desea que el Espíritu Santo arda como fuego en nuestro corazón, porque es sólo partiendo del corazón que el incendio del amor divino podrá desarrollarse y hacer progresar el Reino de Dios. No parte de la cabeza, parte del corazón. Y por esto Jesús quiere que el fuego entre en nuestro corazón. Si nos abrimos completamente a la acción de este fuego que es el Espíritu Santo, Él nos donará la audacia y el fervor para anunciar a todos a Jesús y su consolador mensaje de misericordia y de salvación, navegando en alto mar, sin miedo. Pero el fuego comienza en el corazón.
En el cumplimiento de su misión en el mundo, la Iglesia – es decir, todos nosotros Iglesia – tiene necesidad de la ayuda del Espíritu Santo para no detenerse ante el miedo, para no habituarse a caminar dentro de los confines seguros. Estas dos actitudes llevan a la Iglesia a ser una Iglesia funcional, que no arriesga jamás. En cambio, la valentía apostólica que el Espíritu Santo enciende en nosotros como un fuego nos ayuda a superar los muros y las barreras, nos hace creativos y nos impulsa a ponernos en movimiento para caminar incluso por vías inexploradas o incomodas, ofreciendo esperanza a cuantos encontramos. Con este fuego del Espíritu Santo estamos llamados a convertirnos siempre más en una comunidad de personas guiadas y transformadas, llenas de comprensión, personas con el corazón abierto y el rostro gozoso. Hoy más que nunca se necesita de sacerdotes, de consagrados y de fieles laicos, con la mirada atenta del apóstol, para conmoverse y detenerse ante las dificultades y la pobreza material y espiritual, caracterizando así el camino de la evangelización y de la misión con el ritmo restaurador de la proximidad. Es justamente el fuego del Espíritu Santo el que nos lleva a hacernos “prójimos” de los demás: de las personas que sufren, de los necesitados; de tantas miserias humanas, de tantos problemas; de los refugiados, de los prófugos, de aquellos que sufren. Este fuego que viene del corazón. Fuego.
En este momento, pienso también con admiración sobre todo a los numerosos sacerdotes, religiosos y fieles laicos que, en todo el mundo, se dedican al anuncio del Evangelio con gran amor y fidelidad, e incluso a costo de sus vidas. Su ejemplar testimonio nos recuerda que la Iglesia no tiene necesidad de burócratas y de diligentes funcionarios, sino de misioneros apasionados, devorados por el ardor de llevar a todos la consoladora palabra de Jesús y su gracia. Este es el fuego del Espíritu Santo. Si la Iglesia no recibe este fuego o no lo deja entrar en sí, se hace una Iglesia fría o solamente tibia, incapaz de dar vida, porque está constituida por cristianos fríos y tibios. Nos hará bien, hoy, tomar cinco minutos y preguntarnos: ¿Cómo es mi corazón? ¿Es frío? ¿Es tibio? ¿Es capaz de recibir este fuego? Tomemos cinco minutos para esto. Nos hará bien a todos.
Y pidamos a la Virgen María de orar con nosotros y por nosotros al Padre celeste, para que infunda sobre todos los creyentes el Espíritu Santo, fuego divino que enciende los corazones y nos ayuda a ser solidarios con las alegrías y los sufrimientos de nuestros hermanos. Nos sostenga en nuestro camino el ejemplo de San Maximiliano Kolbe, mártir de la caridad, de quien hoy celebramos la fiesta: él nos enseñe a vivir el fuego del amor por Dios y por el prójimo.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
«Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia»