jueves, 11 de agosto de 2016

José Alegre: "El carisma profético es un don de Dios"

 Querida Kandi: Una vez regresado a mi monasterio después de asistir como invitado al Capítulo de vuestra Congregación de Castilla, quiero expresarte mi agradecimiento por la Semana que he pasado con vosotras en el monasterio de Santo Domingo de las Calzada.
Han sido unos días muy interesantes de convivencia y reflexión de todos los monasterios cistercienses femeninos, bajo tu presidencia y acompañados por el buen servicio espiritual de nuestro Abad General de la Orden.
Han sido unos días de reflexión en torno a la vida de nuestros monasterios, y de despertar la conciencia en torno a la importancia que tienen hoy nuestros valores monásticos, así como de la necesidad de hacer con ellos un buen servicio a nuestra sociedad. Por esto, he considerado que era interesante enviarte estas líneas al modo de una carta abierta.
La vida de una Congregación cisterciense ya es por sí interesante, pues va más allá de los vínculos jurídicos, es una relación, yo diría de familia, donde prevalecen los lazos de ayuda, de compartir, de estímulo mutuo: vida litúrgica, económica, espiritual...
No es, pues extraño que al inicio nos saludases a todos con la palabra del salmista: es hermoso vivir los hermanos unidos (Salm 132)
Un saludo que no era un mero cumplimiento, sino como el sello de un trabajo serio durante varios años, y en ocasiones con problemas nada fáciles, pero todo vivido y llevado a término con un servicio generoso, siempre necesario en la vida de la monja o del monje. Y aquí siempre con el mismo horizonte: potenciar la unidad de la Congregación.
Hoy, en nuestro tiempo, y en esta sociedad concreta tan amenazada de dispersión, cuando no de violencia y enfrentamiento, siempre es de agradecer poner en juego todo un esfuerzo de servicio para crecer en la unidad y en la reconciliación. Yo creo que es el signo de una fe madura.
En esta línea habló una palabra de profunda sabiduría nuestro Abad General en un comentario exegético de las parábolas del Hijo Prodigo y del Buen Samaritano, que venía a subrayar la fecundidad de un Dios Padre que siempre sorprende a nuestra infidelidad con nuevos signos de vida y de fecundidad. Lo cual es hoy algo trascendente cuando nosotros nos acostumbramos a "sobrevivir", dejando de vivir con "el deseo de la plenitud". Dios es la fuente de la vida, y quiere sumergirnos en su caudal de vida, para ser como hijos suyos creadores de vida, potenciadores de vida.
¿Y no es potenciar la vida, sugerir caminos de vida, de amor.... Exhortar a tener una vida de buena relación, a tener una comunicación fluida, una solidaridad fraterna... hechas verdades vividas en el afecto y el cariño y en la ayuda mutua.
Estas líneas, o estos sentimientos no son patrimonio exclusivo de monasterios sino de la misma existencia humana. Si quiere ser verdaderamente humana.
Bien, pues en todo esto se mueve la inquietud de la Congregación. No obstante ser una inquietud vivida dentro de una palpable debilidad: comunidades con dificultades de edad y de salud en sus miembros, con escasez de vocaciones... Pero, no obstante es una buena ocasión para vivir la Palabra, para mostrar la madurez de nuestra fe, recordando la enseñanza de san Pablo: Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte (2Cor 12,10)
Sólo que esto estamos llamados a vivirlo no con lamentación sino con la confianza en un Dios Padre, siempre fecundo como fuente de vida nueva, y que nos quiere fecundos en estos tiempos nada fáciles para una fecundidad espiritual.
Pero todo resulta más fácil cuando se contempla y se vive bajo el prisma de la Misericordia. Todos estos sentimientos están también impulsados por este movimiento de misericordia que ha levantado como un vendaval bonancible la iniciativa del Papa Francisco, y que esperamos no pase a mejor vida con el final del año, sino con el final de nuestra vida, cuando verdaderamente caigamos en los brazos amorosos del Padre que nos recibe en su casa no ya como trabajadores sino como hijos, regalándonos la plenitud de la vida.
Una mirada de ternura. Mirar con el corazón... Un corazón que da la impresión que hemos subido al desván para quedarnos tranquilos. Hay que bajar el corazón de ese espacio de objetos inútiles que es el desván, para que vuelva a recobrar la alegría ejercitándose en lo que es propio suyo: mirar con sensibilidad humana, mirar con ternura, con amor...
Tomás Merton decía: ... ya no somos profetas. Nuestros monasterios no dan al mundo moderno ninguna vocación profética. El carisma profético es un don de Dios, no un deber del hombre. Por otro lado si no se nos ha dado el don de Dios, tal vez nosotros no nos hemos preparado para recibirlo. Los contemplativos tendrían que ser capaces de decir al hombre moderno alguna cosa de Dios.
Y me pregunto: ¿Acaso todo esto que vengo escribiendo no tiene fuerza para decir al hombre moderno alguna cosa de Dios? Pero, evidentemente, no desde un corazón recogido en el desván.
Querida Kandi, sigue con el corazón en tus manos.
(José Alegre, monje de Poblet)

Santa Clara de Asís – 11 de agosto

Nació en Asís, Italia, entre 1193 y 1194 en el seno de una familia aristocrática. Era hija de Favarone di Offreduccio, conde de Sasso-Rosso, y de Ortolana di Fiume. Ésta era una mujer intrépida y generosa que atendía a los pobres, estaba al frente de la casa y peregrinaba a Roma, a Tierra Santa, a Santiago de Compostela y a otros santuarios esparcidos por Italia. Ella fue la artífice de la educación espiritual de Clara, que heredó muchas de sus virtudes, además de su amor a la oración y a las obras de caridad con los necesitados. Dado su origen nobiliario se cree que la santa debió recibir una formación cultural acorde con su estatus social, aunque no hay datos que lo corroboren, como también le enseñarían las labores propias de la época: hilar y tejer, así como cualquier aspecto apropiado para alguien de su alcurnia.
Nada más iniciarse el siglo XIII la guerra que enfrentó a los habitantes de Asís dividiéndolos en bandos, obligó a su familia a exiliarse a Perusa. En el transcurso de la misma cayó prisionero el joven Bernardone, futuro e incomparable santo, que luego sería liberado. Al final de esta contienda, hacia 1205, Clara y su familia regresaron a Asís. Poco después se produjo la conversión de Francisco, hecho que corrió como un reguero de pólvora al tratarse del hijo de un rico comerciante y líder absoluto de los jóvenes de la ciudad. Es posible que la santa fuese testigo del radical desprendimiento evangélico del Poverello efectuado ante el obispo y en presencia de su padre, además de muchos ciudadanos, porque su domicilio paterno se enclavaba en la céntrica plaza de la catedral (hoy con el nombre de San Rufino). Clara escuchaba con atención las noticias que circulaban por Asís sobre la conversión del heredero de los Bernardone y sus primeras correrías apostólicas con otros jóvenes de diversas clases sociales que habían quedado seducidos por Cristo. Ella se afanaba en cultivar el ayuno y la oración, al tiempo que socorría a los pobres, muchas veces ocultando los alimentos entre sus vestidos.
Sus padres la preparaban para casarla como correspondía a su alcurnia. Pero ya había elegido la virginidad y la pobreza como formas de vida. Le llamaba poderosamente la atención la austeridad de Francisco y sus seguidores. Conocía su lugar de reunión: la ermita de Santa María de los Ángeles (la Porciúncula). Y aunque contaba con la frontal oposición de su familia, durante cinco años estuvo sopesando la idea que se había clavado en sus entrañas de compartir el mismo ideal del Poverello. En ese tiempo se entrevistó con él a escondidas en varias ocasiones a las puertas de la Porciúncula. Finalmente, el Domingo de Ramos, bien de 1211 o de 1212, ella también abandonó familia, títulos, bienes, prestigio…, y se dirigió a la ermita. Fue recibida por Francisco y sus discípulos que entonaban solemnemente el Veni Creátor Spíritus. Dentro de la iglesia, la joven se desprendió de sus vestiduras y tomó el áspero hábito. En el suelo quedaron esparcidos sus cabellos cercenados por el fundador de los franciscanos dejando al descubierto la nuca que a partir de ese instante cubrió con negra toca.
A continuación, el santo la condujo al monasterio de San Pablo de las Abadesas, situado en Bastia Umbra. Así prevenía las gravísimas consecuencias que esta decisión tendría en su familia, como así fue. Pensó también que la tutela que la joven recibiría en el monasterio junto a los votos emitidos iban a preservarla de tener que regresar a casa. Además, al haber legado todos sus bienes, Clara no poseía dote alguna para ingresar en el convento, como habría hecho en condiciones normales. Tuvo que entrar como sierva, algo que aún incrementó más la contrariedad de sus padres que veían en ello algo humillante para una rica aristocrática. Cuando intentaron disuadirla y llevarla junto a ellos, se descubrió su cabeza tonsurada, y así ahuyentó sus propósitos. La determinación de la joven era irrevocable, y cuando las aguas se calmaron un poco, se trasladó a la comunidad del Santo Angel de Panzo, uniéndose a religiosas que llevaban vida comunitaria. Poco más tarde, su hermana Inés siguió sus pasos y tomó el hábito en presencia de Francisco. Después, establecidas ya en San Damián, lo hicieron Beatriz, su hermana pequeña, y su madre. El grupo fue creciendo, y de común acuerdo se abrazaron a los postulados que regía la naciente Orden franciscana, sometiéndose voluntariamente bajo obediencia.
Francisco le proporcionó las líneas que las religiosas debían seguir. Una de ellas era la limosna. En esa época ya estaban vigentes las indicaciones emanadas del IV concilio de Letrán que imponía a las nuevas órdenes regirse por una de las tres reglas existentes: la benedictina, la de san Basilio y la de san Agustín. En un primer momento, los recelos e incomprensiones les obligaron a adoptar la regla benedictina, pero Clara amaba profundamente la pobreza. De modo que acudió a Inocencio III, le solicitó y obtuvo de él, el privilegio de pobreza, y pudieron seguir plenamente el carisma franciscano, confiando únicamente en la divina Providencia. Ya entonces era abadesa de la comunidad de las Damas Pobres de San Damián, fundada por ella a petición de Francisco, quien puso el gobierno de la misma en sus manos. Clara siempre le asistió y apoyó, proporcionándole consuelo humano y espiritual.
Cuando San Damián pasó a depender de la Santa Sede, después del fallecimiento de Francisco, recibió el apoyo del cardenal Hugolino, futuro pontífice Gregorio IX. Ella fue la autora de la regla, primera de la historia de la Iglesia redactada por una mujer y dirigida a otras congéneres. La aprobó Inocencio IV que estuvo presente en su lecho de muerte, el 11 de agosto de 1253, donde acudió a visitarla y a darle su bendición. Había sido agraciada con numerosos carismas, entre otros, el don de milagros. Fue canonizada en Anagni por Alejandro IV el 15 de agosto de 1255. En 1958 Pío XII la declaró patrona de la televisión.
Zenit

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete


Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".


Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

“Jubileo: inagotable tesoro de la misericordia de Dios”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado (7,11-17) nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un joven. Sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, no: sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. La misericordia toma aquí el nombre de una gran compasión hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y lo induce al milagro de la resurrección.
Al presentar este episodio, el evangelista se entretiene en muchos particulares. En la puerta de la ciudad de Naím – un pueblo – se encuentran dos grupos numerosos que provienen de direcciones opuestas y que no tienen nada en común. Jesús, seguido por sus discípulos y por una gran multitud está por entrar en la zona habitada, mientras de ella está saliendo la procesión fúnebre que acompaña a un difunto, con la madre viuda y mucha gente. Ante la puerta los dos grupos se acercan solamente recorriendo cada uno por su propio camino, pero es ahí que san Lucas precisa el sentimiento de Jesús: «Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: ¡No llores! Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron» (vv. 13-14). Una gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene la procesión tocando el féretro y, conmovido por una profunda misericordia por esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, de tú a tú. Y la afrontará definitivamente, de tú a tú, en la Cruz.
Durante este Jubileo, sería una buena cosa que, al pasar por la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recordaran este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naím. Cuando Jesús vio a esta madre en lágrimas, ¡ella entró en su corazón! A la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarlas a la misericordia del Señor. Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “¡No llores!” (v. 13). Ésta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Y pensemos en esto: un encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Cruzando el umbral nosotros realizamos nuestra peregrinación hacia la misericordia de Dios que, como al joven muerto, repite a todos: «Yo te lo ordeno, levántate» (v.14). A cada uno de nosotros: “levántate”. Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por esto, la compasión de Jesús lleva a aquel gesto de la curación, a curarnos… Y la palabra clave es: “Levántate”. Ponte de pie, como te ha creado Dios”. De pie… “Pero padre, nosotros caemos muchas veces”. “Adelante, levántate”. Esta es la palabra de Jesús, siempre. Al cruzar la Puerta Santa, tratemos de sentir en nuestro corazón esta palabra: “Levántate”. La palabra poderosa de Jesús puede levantarnos y obrar también en nosotros el paso de la muerte a la vida. Su Palabra nos hace revivir, dona esperanza, consuela los corazones cansados, abre a una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte. ¡En la Puerta Santa esta esculpido para cada uno el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!
Alcanzado por la Palabra de Jesús, «el muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre» (v. 15). Esta frase es tan bella, indica la ternura de Jesús: “Lo restituyó a su madre”. La madre encuentra al hijo. Recibiéndolo de las manos de Jesús ella se hace madre por segunda vez, pero el hijo que ahora le es restituido no es de ella de quien ha recibido la vida. Madre e hijo reciben así la respectiva identidad gracias a la palabra poderosa de Jesús y a su gesto amoroso. Así, especialmente en el Jubileo, la madre Iglesia recibe a sus hijos reconociendo en ellos la vida donada por la gracia de Dios. Es en virtud de tal gracia, la gracia del Bautismo, que la Iglesia se hace madre y que cada uno de nosotros se hace su hijo.
Ante el joven resucitado a la vida y restituido a la madre, «todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo!». Cuanto Jesús ha hecho no es por lo tanto solo una acción de salvación destinada a la viuda y a su hijo, o un gesto de bondad limitada a aquella ciudad. En la ayuda misericordiosa de Jesús, Dios va al encuentro de su pueblo, en Él surge y continuará a surgir para la humanidad toda la gracia de Dios. Celebrando este Jubileo, que he querido que fuera vivido en todas las Iglesias particulares, es decir, en todas las iglesias del mundo, y no solo en Roma, es como si toda la Iglesia extendida por el mundo se uniera en un único canto de alabanza al Señor. También hoy la Iglesia reconoce ser visitada por Dios. Por esto, acercándonos a la Puerta Santa de la Misericordia, cada uno sabe de acercarse a la puerta del corazón misericordioso de Jesús: es Él de hecho la verdadera Puerta que conduce a la salvación y nos restituye a una vida nueva. La misericordia, sea en Jesús sea en nosotros, es un camino que parte del corazón para llegar a las manos… ¿Qué cosa significa esto? Jesús te mira, te cura con su misericordia, te dice: “Levántate”, y ti corazón es renovado. Pero esto del camino del corazón a las manos… “Eh, si, ¿Y ahora qué hago yo? Con el corazón nuevo, con el corazón sanado por Jesús realizo las obras de misericordia con las manos, y trato de ayudar, de sanar a muchos que tienen necesidad”. La misericordia es un camino que parte del corazón y llega a las manos, es decir, a las obras de misericordia. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

miércoles, 10 de agosto de 2016

10 de agosto, san Lorenzo, mártir



San Lorenzo (mártir), nació en Huesca, Aragón, España , en el siglo III. Era uno de los diáconos de la iglesia romana, fue una de las víctimas de la persecución de Valeriano en el año 258, al igual que lo fueron el Papa Sixto II y muchos otros clérigos romanos.

A comienzos del mes de agosto del año 258, el emperador emitió un edicto ordenando matar inmediatamente a todos los obispos, curas y diáconos.

Esta orden imperial se ejecuto inmediatamente en Roma. El 6 de agosto, el Papa Sixto II fue capturado en una catacumba y ejecutado de inmediato.

Cuatro días más tarde, el 10 de agosto del mismo año, Lorenzo, el último de los siete diáconos, también sufrió la muerte de un mártir.

San Ambrosio de Milán y el poeta Prudencio, dieron detalles concretos sobre la muerte de San Lorenzo. Ambrosio relata ( De officiis min. Xxviii ) cuando se le preguntó a San Lorenzo por los tesoros de la Iglesia, este, hizo comparecer a los pobres entre los que, en lugar de darles limosna, había repartido el tesoro.

También contó que cuando se llevaban al Papa Sixto II para ejecutarlo, éste reconfortó a San Lorenzo que deseaba compartir su martirio, diciéndole que le seguiría en tres días.

El santo Obispo de Milán también explica que San Lorenzo fue quemado hasta la muerte en una parrilla de hierro (De offic., xli). De igual manera, pero con más detalles poéticos, Prudencio describe el martirio del diácono romano en su himno a San Lorenzo("Peristephanon", Hymnus II).


“Roma no se entiende sin su aportación española”

 Pasear y vivir en Roma y leer sobre su rica y abundante historia, ha llevado al profesor Sergio Rodríguez López-Ros, director del Instituto Cervantes en esta ciudad, a escribir este libro para profundizar en la “lectura española” que ofrece la ciudad eterna. “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana“, publicado por la Libreria Editrice Vaticana, ofrece a los lectores un recorrido por las calles y plazas de esta urbe donde se puede ver y sentir esta aportación española. 
Cuatro doctores de la Iglesia son españoles: san Isidoro de Sevilla, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila y san Juan de Ávila. Los países de lengua española están a la cabeza en cuanto a número de santos canonizados, con un total de 802. Cinco de las grandes órdenes – dominicos, jerónimos, mercedarios, jesuitas, escolapios-  fueron fundadas por un español. Son solo algunos datos que ayudan a entender la huella española en la historia de la Iglesia. Y como no podía ser de otra manera, Roma, centro de la Iglesia católica, refleja también esta marca.
Fue un español, Joan B. Vives, quien fundó en 1622 el Colegio de Propaganda Fide, actual Congregación para la Evangelización de lo Pueblos. De las 7 universidad pontificias en Roma, 4 han sido fundadas por españoles: Angelicum, Gregoriana, Urbaniana y la Santa Cruz. El cardenal español Francisco de Lorenzana, arzobispo de México, fundó la Pontificia Accademia di Religione Cattolica en 1801, institución que en 1879 se transformó en la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino. Hoy en día, el español es el idioma del 46% de los católicos. Y España es el primer contribuyente a las misiones.
Sergio Rodríguez cree que esta ciudad no se entiende plenamente sin su aportación española y así lo muestra en este volumen. “Poner en valor que Roma tiene un carácter universal pero también es lo que es gracias a la aportación española de personas e instituciones”, este sería el objetivo de su libro “Un Jubileo en español. Itinerario por la Roma iberoamericana”, según explica a ZENIT.
Asimismo, explica que es una obra muy didáctica porque no está pensada como tratado de historia, está pensada para alguien que viene a Roma y tiene que hacer una lectura rápida y descodificar rápido los elementos que se ofrecen. Es una análisis muy estructurado, sintetizado y organizado a través de recorridos que permiten “pasear” por la ciudad en clave de fe.
Sobre todo, precisa, en clave de fe desde las pautas culturales españolas. Es decir, “uno ve los lugares donde se han fundado órdenes españolas, donde españoles han escrito libros, iglesias vinculadas a España”. Además, subraya Rodríguez López-Ros, como este año es el año del Jubileo, la guía está vista en esta clave.
El director del Instituto Cervantes en Roma reconoce que la labor de documentación ha sido muy intensa porque se han consultado muchos archivos, bibliotecas e ir in situ a los lugares. De este modo se han preparado unas fichas con una introducción sobre la larga vinculación entre Roma y España. Arranca con la España romana, continúa con la etapa de esplendor de las coronas de Aragón y Castilla en Roma, luego con la Roma española desde el siglo XVI al XVIII y finalmente la etapa del siglo XIX desde la visión iberoamericana. De este modo, explica Rodríguez López-Ros, se pone en valor la gran comunidad iberoamericana de naciones, que tiene como colofón que hoy en día el 46% de los católicos habla español.
En este trabajo han surgido algunos “elementos especiales” sobre los vínculos Roma  – España. Se sabe, explica, que plaza Navona acogió una comunidad española, por tanto en torno a ella surgieron iglesias españolas y luego el centro de gravedad pasa a la plaza España. Y en torno a ella, muchas órdenes fueron ubicando sus casas y se crea así un barrio español. Estas dos zonas “son las más españolas de Roma”, precisa. Pero también existe una vinculación muy estrecha con Santa María la Mayor. Una curiosidad, por ejemplo, es el caso de un santo español, san Lorenzo, que después de san Pedro es el santo con más iglesias dedicadas en Roma, ocho en total.
Este trabajo, asegura el autor de libro, también ha llevado a descubrir muchas zonas desconocidas de Roma. Por ejemplo, San Lorenzo in fonte, antigua terma romana donde san Lorenzo estuvo recluido, una pequeña iglesia detrás de Largo de Torre Argentina, donde se puede bajar y ver la celda. Y como este detalle se encuentran muchos más.  
Por otro lado, también asegura que España no solo crea obras sino que crea modelos, formas de hacer. Y esto es lo que configura una influencia muy grande en toda la cristiandad durante los siglos. ¿Cómo ayudará este libro a los peregrinos que vengan a Roma para vivir el Jubileo? El director del Instituto Cervantes en Roma insiste en la idea de “poner en valor” y así los peregrinos españoles al conocer Roma se reconozcan a ellos mismos y la aportación de sus antepasados y su cultura.
A propósito de la huella de América Latina en Roma, recuerda que el país que tiene relaciones diplomáticas más antiguas con la Santa Sede es España, desde 1480. Pero de Iberoamérica también nos encontramos por ejemplo con Colombia, desde 1831. Además, México y Argentina tienen iglesias nacionales propias en esta ciudad.
Finalmente el profesor Rodríguez López-Ros subraya que es fácil darse cuenta en Roma que el diálogo entre fe y cultura es esencial. En esta ciudad se ve que “a lo largo de la historia la Iglesia siempre ha trabajado en obras que sean perceptibles por la gente de esa época”. Esa es la clave: que la transmisión de la fe sea comprendida por las personas de cada época.
Zenit

El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna.


Evangelio según San Juan 12,24-26. 

Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. 


El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. 


El que quiera servirme que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre. 

Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein



Edith  Stein, un itinerario hacia la verdad
«Una se siente trasladada en el tiempo en que nuestra Santa Madre Teresa, la fundadora del Carmelo reformado, atravesaba España de norte a sur y de este a oeste, plantando  nuevas viñas para el Señor. Y querría trasplantar en nuestro tiempo algo del espíritu que invadía a esta gran mujer que, en un siglo de luchas y turbulencias, construyó un maravilloso edificio. Quiera ella enviarnos su bendición para que, al menos esta pequeña descripción sobre su vida y obras, reciba algunos rayos de su espíritu y los contagie en el corazón de los lectores; y que despierte el deseo de conocerla más cercanamente en las fuentes, en el rico tesoro de sus propios escritos; y quien aprenda a beber de estas fuentes, no se cansará de recoger allí de nuevo ánimo y fuerza».
(Edith Stein,  Amor con amor. Vida y obra de Santa Teresa de Jesús ).

Hoy, 9 de agosto de 2015 celebramos la fiesta de Santa Teresa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, carmelita descalza mártir que entregó su vida en el campo de concentración de Auschwitz, hace 73 años. Su vida y sus escritos constituyen el mejor legado de esta mujer judía que desde niña mostró una profunda sed de verdad, que la llevaría a descubrirla en su vida, en los acontecimientos, en el ser humano, en la naturaleza, en Dios.

Resulta indudable que Santa Teresa de Jesús provocó en Edith un fuerte deseo de centrar su vida en la auténtica Verdad. Sin embargo, este acontecimiento no se puede considerar un hecho aislado sino que vino precedido  por la influencia de personas y acontecimientos que la llevaron a disponerse a ese encuentro con la persona de Jesucristo, en el seno de la Iglesia católica.

Una de estas personas que, durante sus años universitarios de Gotinga, ejerció influencia en su espíritu, fue el filósofo Max Scheler, del que Edith refiere en su Autobiografía :

«Tanto para mí como para otros muchos, la influencia de Scheler en aquellos años fue algo que rebasaba los límites del campo estricto de la filosofía. (…) Este fue mi primer contacto con este mundo hasta entonces para mí completamente desconocido. No me condujo todavía a la fe, pero me abrió a una esfera de “fenómenos” ante los cuales ya nunca más podía pasar ciega. No en vano nos habían inculcado que debíamos tener todas las cosas ante los ojos sin prejuicios y despojarnos de toda “anteojera”. Las limitaciones de los prejuicios racionalistas en los que me había educado, sin saberlo, cayeron, y el mundo de la fe apareció súbitamente ante mí. Personas con las que trataba diariamente y a las que admiraba, vivían en él. Tenían que ser, por lo menos, dignos de ser considerados en serio. Por el momento no pasé a una dedicación sistemática sobre las cuestiones de la fe; estaba demasiado saturada de otras cosas para hacerlo. Me conformé con recoger sin resistencia las incitaciones de mi entorno y  –casi sin notarlo–, fui transformada poco a poco ».

Esta última afirmación de Edith podría dar la clave de su itinerario de conversión. Evoca rasgos de una personalidad abierta a lo diferente, resuelta a permanecer siempre en constante búsqueda y acogida de todo aquello que le pueda ir enriqueciendo y haciendo madurar, y constituye de alguna manera, su seña de identidad, como mujer reflexiva y ponderada que era.

“Recoger sin resistencia”, “dejarse transformar poco a poco” son actitudes interiores, que, a su vez, comportan decisiones que afectan la vida de la persona. La trayectoria espiritual de Edith viene jalonada por una serie de acontecimientos que hemos conocido en sus escritos y en los testimonios de personas que la trataron a lo largo de su fecunda vida.

En este sentido, resulta particularmente  iluminador el testimonio de Paulina Reinach, hermana de Adolf Reinach, filósofo y profesor en la Universidad de Gotinga, al que Edith admiraba por su grandeza de espíritu y afabilidad en el trato, y que murió en el campo de batalla (1917). 

Paulina refiere en los Procesos de Beatificación de Edith lo siguiente:
«En el verano de 1921, cuando la Sierva de Dios se iba a despedir de nosotras, mi cuñada (Ana Reinach) y yo le pedimos que escogiera un libro de nuestra biblioteca. Su elección recayó en una biografía de Santa Teresa de Ávila, escrita por ella misma. De este detalle, estoy absolutamente segura» (Cf. SACRA CONGREGATIO PRO CAUSIS SANCTORUM,  Canonisationis servae Dei Teresiae Benedictae a Cruce , Roma, 1983, p. 437).

Con toda probabilidad, este libro no lo pudo leer en la Universidad de Gotinga, así que seguramente se lo llevaría a Bergzabern, a casa de los Conrad-Martius, Theodor y Hedwig, matrimonio de filósofos, con los que Edith trabó profunda amistad. Podría ser, por tanto, que la lectura de la Vida de la Santa la efectuara en la casa de los amigos Martius, si bien Edith ya llevaba consigo el libro, regalo de Ana y Paulina Reinach.

Dado que Edith era una persona reflexiva, la lectura de la Vida de Teresa de Jesús, la rumiaría con sosiego en el tiempo de vacaciones que pasó junto a sus amigos, a quienes les regaló dicha obra, de la que Hedwig, hizo un asiento a mano en el libro: “Bergzabern, verano de 1921”. Es probable que más tarde, cuando Edith ya estaba en el Carmelo de Colonia, la señora Conrad-Martius, se lo volviera a regalar, pues el libro lleva el sello del convento. Y actualmente, se encuentra en la casa parroquial de Bergzabern.

Por tanto, se puede atisbar que la conversión de Edith no se produjo de manera espectacular ni inmediata, sino que fue a lo largo de un itinerario, en que la tierra  fértil de un espíritu abierto como el suyo, iba asumiendo con profunda convicción, su paso a la Iglesia católica, de la mano de Teresa de Jesús. De hecho, su experiencia de conversión cabría situarla a finales de 1918 y no en el verano de 1921, con la lectura de la Vida de Santa Teresa. Edith no afirma que en el Libro de la Vida encontrase la verdad, sino que «puso fin a mi larga búsqueda de la verdadera fe» ( Cómo llegué al Carmelo de Colonia)¹.
Y a quien fue uno de sus compañeros de estudios y con quien mantuvo una intensa correspondencia epistolar, el filósofo polaco Roman Ingarden, le escribe:

«Si realmente se toma usted en serio la búsqueda de la verdad en las cosas religiosas, es decir, la búsqueda de Dios, no de la prueba de la experiencia religiosa, entonces encontrará usted, sin lugar a dudas, un camino. Solo puedo aconsejarle lo que ya le escribí una vez: apoyarse en los escritos de los grandes santos y místicos, ahí tiene usted la mejor documentación: la Vida de santa Teresa, escrita por ella misma (no le recomendaría empezar con el Castillo interior, si bien esta es la principal obra mística), los escritos de san Juan de la Cruz» (Bergzabern, 1 de enero de 1928).

Hace referencia a una carta fechada un mes antes, en la que Edith le decía:
«Uno debe apoyarse en testimonios de  homines religiosi . De esto no hay escasez. Según mi modo de entender, los más impresionantes son los místicos españoles Teresa de Jesús y Juan de la Cruz» (Espira, 20 de noviembre de 1927).

Concluyo con un texto que puede resultar iluminador, porque expresa la esencia de la vida de Edith Stein y Teresa de Jesús, dos mujeres profundamente libres que, en la medida que se dejaron alcanzar por el Espíritu, fueron capaces de vivir en plenitud su entrega a la humanidad:
 «La autoentrega es la más libre obra de la libertad. Quien se entrega a la gracia tan enteramente despreocupado de sí mismo –de su libertad y de su individualidad- se fundirá en ella de ese mismo modo, siendo enteramente libre y enteramente él mismo. Sobre este trasfondo destaca claramente la imposibilidad de encontrar el camino mientras uno  aún se mire a sí mismo» (Naturaleza, libertad y gracia).
Paqui Sellés, ocd Puzol

martes, 9 de agosto de 2016

La sorprendente catequesis del obispo de Ponce

Una de las actividades más importantes de las jornadas mundiales de la juventud son las catequesis. En Bochnia, al este de Cracovia, se alojaron miles de jóvenes durante la semana de la JMJ, entre ellos el grueso de los españoles. El jueves 28 de julio, el encargado de impartir la catequesis en la parroquia de San Estanislao de Kostka fue monseñor Rubén Antonio González Medina, obispo de Ponce (Puerto Rico).
El prelado usó una manera de impartir la catequesis que sorprendió a muchos. Pese a la falta de sueño, nadie se durmió ni despegó la mirada de este centroamericano que estudió Filosofía en el seminario claretiano de Colmenar Viejo, en Madrid.
«Evangelizar, ¿qué significa? Anunciar y proclamar que en Jesucristo muerto y resucitado se ofrece gratis la salvación. ¿Qué significa la palabra “salvación”? La podemos definir desde la cabeza o la podemos definir desde las acciones. Se trata de que salgas: “sal”; de que vayas: “ve”. ¿Qué le pide el Espíritu Santo a esta Iglesia joven? Calle, calle y calle. No “que se calle”, que vaya a la calle a callejear, dice el Papa», explicó monseñor González Medina a los peregrinos.
El obispo pidió a los jóvenes que hicieran preguntas. Una joven quiso saber cómo vivir durante el curso el ambiente de la JMJ. «El que sigue a Jesús es un discípulo. Y discípulo es el que escucha, porque como escucha, aprende y lo que aprende lo practica», explicó el obispo mientras muchos jóvenes lo grababan en vídeo o tomaban notas.
«Entiendes que, como cristiana, estas llamada a ser discípula, entonces te haces misionera. ¿Y qué necesita una misionera? Cabeza, piernas, manos y corazón. Cabeza para pensar, piernas para moverse, brazos para coger y trabajar, pero sobre todo fuego en el corazón», afirmó González Medina mientras gesticulaba. Y finalmente respondió: «No te canses de ser discípula y aprende a descubrir en la historia de cada día la presencia del Señor que actúa en tu vida normal y sencilla, pero actúa con fuerza y potencia. Y sobre todo te transmite la fortaleza de su Espíritu».
Misioneros con móvil
El obispo explicó cómo evangelizar a través de herramientas como Instagram o Snapchat. «El joven de hoy tiene la facilidad para comunicarse rápidamente con un montón de personas y sobre temas que en breves palabras o frases comunican grandes verdades», destacó. «Si logramos que nuestros jóvenes verdaderamente se conviertan en misioneros porque han sido buenos discípulos, a través de las redes vamos a poder llegar a muchas personas a las que de otra manera no podríamos tocar el corazón».
Cada vez son más las diócesis que evangelizan en Internet. «Un muchacho, más que leer, ve. Y entonces tenemos toda esta experiencia comunicativa que se da a través de las fotos, del audio, de pequeños mensajes que van tocando las fibras del corazón. Y desde esta opción misionera podemos construir una sociedad diferente donde la justicia, la libertad y la paz sean realidad», afirmó el prelado.


Después de la catequesis, monseñor González Medina celebró la Eucaristía junto a los obispos de Calahorra y La Calzada-Logroño, Albacete y Alcalá de Henares. En la homilía, abandonó el presbiterio y se acercó a los bancos para hacer preguntas a los jóvenes. Incluso fue al atrio para conversar con aquellos que no tenían sitio dentro del templo. No dejó a nadie indiferente.
Pablo H. Breijo

El cardenal Ouellet suaviza su oposición a la comunión para los divorciados vueltos a casar


 El cardenal Marc Ouellet -actual Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Pontificia Comisión para América Latina- ha dado un fuerte respaldo a la exhortación apostólica sobre el amor en la familia Amoris laetitia, sosteniendo que "lo esencial es que intentemos entender el deseo del Santo Padre", expresado en este documento, "de proporcionar la reconciliación verdadera y sustancial de tantas familias en situaciones confusas y difíciles".
Hablando la semana pasada en una convención del grupo católico conservador de los Caballeros de Colón en Toronto (Canadá), el cardenal Ouellet -que reeditó, en vísperas del Sínodo sobre la familia en 2015, un libro suyo crítico con la posibilidad de que los católicos divorciados y vueltos a casar pudieran recibir la eucaristía- dijo que "las controversias respecto a Amoris laetitia son entendibles, pero con toda confianza, y al fin y al cabo, creo que podrían resultar hasta fructíferas".
Un mes antes del comienzo del Sínodo sobre la familia en octubre 2015, el cardenal Ouellet publicó una nueva versión, en inglés, de su volumen Mistero e sacramento dell'amore, teología del matrimonio e della familia per la nuova evangelizzazione, en el que sostenía -sobre la cuestión de una posible relajación de la disciplina sacramental- que "no se trata de ser más o menos "misericordiosos" con respecto a personas en situaciones irregulares, sino de tomar en serio la verdad de los sacramentos".
Ya que, opinaba el cardenal en su libro, "aquellos que se han divorciado y vuelto a casar están en una situación que contradice de forma objetiva el enlace eclesial indisoluble que expresaron solemnemente ante la comunidad" y, por lo tanto, deben buscar "otras maneras de expresar su fe y pertenencia a la comunidad" que no pasen por comulgar.
Amén de sus opiniones en el tomo Misterio y sacramento del amor, el cardenal Ouellet expresó en su discurso a los Caballeros de Colón su agradecimiento al Papa Francisco por el nuevo paradigma de "discernimiento cuidadoso y abierto de miras" que Amoris laetitia plantea.
Aunque el purpurado afirmó que en exhortación apostólica "no se propone ningún cambio de doctrina", a la vez reconoció que lo que sí pone de manifiesto es "un nuevo enfoque pastoral: más paciente y respetuoso, más dialogante y misericordioso". En el escrito papal, en opinión de Ouellet, "se nos pide a los sacerdotes y obispos que cuidemos, acompañemos y ayudemos a las personas a crecer espiritualmente incluso en situaciones irregulares objetivas".
En su discurso en Toronto, el cardenal Ouellet no se limitó, sin embargo, a celebrar solo la exhortación apostólica del Papa Francisco, la cual, para él, "es un documento que merece la pena leer y releer". También dio voz a la profunda admiración que siente por la figura del actual pontífice, al que calificó como "impredecible, como el Espíritu Santo".
"Cuando veo al Santo Padre rezando", dijo en Toronto el Prefecto de la Congregación de los Obispos, "entiendo el impacto que tiene en la gente, porque su caridad concreta fluye de una profunda familiaridad con el Espírtu". Y es esa caridad, según el cardenal Ouellet, la que se ha erigido como piedra de toque tanto en Amoris laetitia como en el resto del ministerio de Francisco. "Nuestro Santo Padre nos enseña que la caridad va más allá de estar a favor de la gente. También hemos de estar con la gente, allá donde nosotros también somos transformados en ese encuentro", declaró el purpurado.
Cameron Doody

Si no se hacen como niños no entrarán en el reino de los cielos


Evangelio según San Mateo 18,1-5.10.12-14.

En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: "¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?".

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: "Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos.

Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. 

El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo.

Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial."

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió?

Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron.

De la misma manera, el Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños."

lunes, 8 de agosto de 2016

Había pedido a Dios


Había pedido a Dios FUERZA para triunfar;
Él me ha dado FLAQUEZA para que aprenda a obedecer con humildad.

Había pedido SALUD para realizar grandes empresas;
me ha dado ENFERMEDAD para que haga cosas mejores.

Deseé la RIQUEZA para llegar a ser dichoso;
me ha dado POBREZA para que alcance la sabiduría.

Quise PODER para ser apreciado de los hombres;
me ha concedido DEBILIDAD a fin de que llegara a tener deseos de Él.

Pedí un COMPAÑERO para no vivir solo;
me dio un CORAZÓN para que pudiera amar a todos los hermanos.

Anhelaba COSAS que pudieran alegrar mi vida;
me dio la VIDA para que pudiera gozar de todas las cosas.

No tengo NADA de lo que he pedido;
pero he recibido TODO lo que había esperado.

Porque, sin darme cuenta,
mis plegarias no formuladas han sido escuchadas.

Yo soy, de entre todos los hombres, el más rico.

Fuente: Tengo sed de Ti
 — con Faby Ley y Romualdo Olazabal

8 de agosto: santo Domingo de Guzmán, presbítero y fundador


Don Félix de GuzGumán y Doña Juana de Aza fueron sus padres. Eran de los nobles de Caleruega, al sur de Burgos. Como el padre empleaba gran parte de su tiempo acompañando al rey en sus campañas, tuvo que ser la madre la que se ocupara de la formación de Domingo y debió de hacerlo muy bien poniendo las bases. Luego será su tío que es canónigo el que se encargará de enseñarle las primeras letras hasta que pasó al Estudio General de Palencia a estudiar Artes Liberales y Teología, familiarizándose de modo especial con los Santos Padres y con la Sagrada Escritura.
En el ambiente estudiantil se ha hecho notar por el apasionamiento que demuestra en los estudios y con los libros. Un día, algo raro ha pasado, porque los estudiantes cuentan y no paran expresando su extrañeza: Domingo vende los libros que tanto amaba, se desprende de los pergaminos y códices con sus minuciosas anotaciones que tanto le embelesaban porque, acabadas las reservas de su despensa, no hay ya otro modo de contribuir a aliviar la hambruna local causada por tanta interminable lucha contra los moros y entre los príncipes cristianos, y a los pobres hay que darles algo de comer.
Don Martín Bazán, obispo de Osma, anda buscando gente para su cabildo porque tuvo que desprenderse de algunos que no cumplían. Esa es la razón de ver a Domingo hecho canónigo, sacerdote, y encargado del culto en la catedral con mandato pastoral de predicar y atender tanto a los que se acercan como a los que viven por poblados cercanos. Es el hombre de confianza del obispo sucesor, Don Diego de Acevedo, y viajan juntos cumpliendo el mandato real de marchar a Dinamarca para concertar matrimonio –que, por cierto, nunca llegó a celebrarse– para Fernando, el hijo de Alfonso VIII.
Al pasar por Provenza detectan el terrible foco herético que hay allí. Es su primer contacto con los albigenses. Se quedan en el Languedoc intentando su conversión. Los príncipes ya han intentado hacerlo con la fuerza de las armas, pero él entiende que ha de ser con el ejemplo de la caridad y de la pobreza.
Notan que son más numerosos de lo que pensaron al principio; están por todas partes y tienen una jerarquía propia, incluso un papa llamado Nicetas, venido de Constantinopla, que llegó incluso a convocar un concilio. Son la carcoma de la Iglesia: niegan toda la fe católica, la unicidad de Dios, la redención de Cristo por la cruz, y los sacramentos; profesan la doctrina maniquea creyendo en la existencia de dos dioses –uno bueno y otro malo–, y predican la salvación por medio de una austerísima ascesis. Afirman que la Iglesia no practica lo que enseña y se presentan ante el pueblo como adalides de la austeridad, vistiendo de negro, sin comer jamás carne y viviendo en absoluta continencia.
Lo peor de todo es que el pueblo –menos entendido en teología que en moral– les hace caso, teniéndolos por auténticos; el éxito se debe a encontrar abonado el terreno; la cristiandad está aburrida, con un clero en gran número concubinario, con muchos obispos sin vocación fueron colocados en sus sedes nombrados por los reyes y con un pueblo harto de ver que los que mandan –clérigos y laicos– están más interesados por la riqueza y por ampliar sus ámbitos de poder que por la predicación auténtica y con obras del Evangelio.
Domingo es consciente de que solo con mucha oración, viviendo con caridad heroica, adoptando la pobreza que se ve frente a la tiranía de los príncipes, y muy bien dotados de ciencia podrán combatirse con éxito la plaga presente y servir en adelante a la Iglesia. Van juntándose en torno a él algunos clérigos que poco a poco crece. Toma cuerpo la Orden de los Predicadores, a pesar de que en el derecho de la Iglesia hay cuestiones difíciles que solventar; pero Inocencio III les da una aprobación verbal y, en 1216, es confirmada formalmente por Honorio III.
El modelo que ha tomado Domingo para sus Predicadores es el que usaron los Apóstoles. Serán sacerdotes de sólida formación intelectual, ligados con votos, viviendo en la pobreza y dedicados a la tarea de predicar y enseñar. El rezo difundido del santo Rosario será una de las principales armas para ganar. Se produce una difusión rápida por Europa y Domingo muere en Bolonia –extenuado– en el año 1221, teniendo ya iniciadas las tres ramas de la Orden: los dominicos conventuales, las mujeres con el mismo espíritu y los seglares.
Visten con el hábito blanco que recuerda la antigua condición de canónigo regular de san Agustín y el manto negro de predicador. Con esos colores aparecen en Florencia, en las pinturas de la Capilla de los Españoles de Santa María de Novella, como Domini canes –los perros del Señor–, que sirven, defendiendo con uñas y dientes la gloria de la iglesia peregrina y triunfante, de los lobos rapaces de las herejías que la asedian.
Fue canonizado por Gregorio IX en el año 1234
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