martes, 24 de mayo de 2016

Osoro y Pagola, "firmas estrella" de PPC en la Feria del Libro de Madrid. En la caseta 307 del Parque del Retiro


Desde el viernes 27 de mayo hasta el 12 de junio, PPC tendrá una presencia específica en el Parque del Retiro en la Feria del Libro de Madrid (FLM), una de las citas más importantes del panorama editorial español.
La editorial PPC invita a todos sus lectores y amigos a conocer su amplia variedad de áreas y títulos, así como a saludar a algunos de sus autores más destacados.
La caseta es la 307 -al lado de las casetas de SM-, en mitad del Paseo de Carruajes o Paseo de Duque de Fernán Núñez (la entrada más cercana es por la calle Menéndez Pelayo).
El viernes 27 de mayo, solo por venir a visitar la caseta de PPC, te obsequiamos con una práctica bolsa-mochila. El resto de los días, te la regalamos con tu compra.
Calendario de firmas de autores
La FLM estará abierta desde el viernes 27 de mayo al domingo 12 de junio. / De lunes a viernes: 11 a 14 h. y de 18 a 21.30 h. / sábados, domingos y festivos: 11 a 15 h. y de 17 a 21.30 h.
Ocho autores vendrán a firmar a nuestra caseta 307. El calendario y horario es el siguiente:
ü  Domingo 29 de mayo. De 12 a 13.30 h.
Isabel Cano Espinosa. Autora de 
‘Orar con sencillez de corazón'.
ü  Domingo 29 de mayo. De 19 a 20.30 h.
Hortensia Muñoz Castellaños. Autora de 
‘El niño de Belén'.
ü  Sábado 4 de junio. De 12 a 13.30 h.
José Antonio Pagola. Autor de 
‘Anunciar hoy a Dios como buena noticia' y de muchos otros títulos en PPC, como 'Jesús. Aproximación histórica' o 'Jesús y el dinero' (ver todos).
ü  Sábado 4 de junio. De 17 a 18.30 h.
Monseñor Carlos Osoro. Arzobispo de Madrid y autor de ‘Con rostro de misericordia'.
ü  Sábado 4 de junio. De 19 a 20.30 h.
Jorge Oesterheld. Autor de ‘No basta con un clic. Iglesia y comunicación' (de próxima aparición). Estará acompañado por José Beltrán, director de ‘Vida Nueva'
ü  Viernes 10 de junio. De 19 a 20.30 h.
José Carlos Bermejo. Coautor de 
Humanización y Evangelio' y autor de muchos otros títulos, como 'Estoy en duelo' o 'La visita al enfermo' (ver todos).
ü  Domingo 12 de junio. De 12 a 13.30 h.
Mª Ángeles López Romero. Autora de ‘Un columpio en el desierto' (de próxima aparición) y '
Adiós al Jesusito de mi vida'.

(PPC).-

Misa del Papa: santidad significa ir adelante cada día con coraje

“Caminar ante la presencia de Dios de modo irreprensible”. En su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, el Papa afirmó que esto quiere decir “moverse hacia la santidad”. Un empeño que ciertamente tiene necesidad de un corazón que sepa esperar con coraje, ponerse en discusión y abrirse “con sencillez” a la gracia de Dios.
"La santidad no se compra. Ni la ganan las mejores fuerzas humanas. No, la santidad sencilla de todos los cristianos, la nuestra, aquella que debemos hacer todos los días – afirmó el Papa – es un camino que se puede hacer sólo si lo sostienen cuatro elementos imprescindibles, a saber: coraje, esperanza, gracia y conversión".
El camino del coraje
Francisco comentó el pasaje litúrgico tomado de la primera Carta de Pedro, que definió un “pequeño tratado sobre la santidad”, que dice que debemos “caminar ante la presencia de Dios de modo irreprensible”:
“Este caminar: la santidad es un camino, la santidad no se puede comprar, no se vende. Ni siquiera se regala. La santidad es un camino ante la presencia de Dios, que debo hacer yo: no puede hacerlo otro en mi nombre. Yo puedo rezar para que aquel otro sea santo, pero el camino debe hacerlo él, no yo. Caminar ante la presencia de Dios, de modo irreprensible. Y yo usaré hoy algunas palabras que nos enseñen cómo es la santidad de cada día, aquella santidad – digamos – también anónima. Primero: coraje. El camino hacia la santidad requiere coraje”.
Esperanza y gracia
“El Reino de los Cielos de Jesús – repitió el Papa – es para aquellos que tienen el coraje de ir adelante” y el coraje – observó –  está movido por “la esperanza”, la segunda palabra del itinerario que conduce a la santidad. El coraje que espera “en un encuentro con Jesús”. Después está el tercer elemento, cuando Pedro escribe: “Pongan toda su esperanza en aquella gracia”:
“La santidad no podemos hacerla nosotros solos. No. Es una gracia. Ser bueno, ser santo, ir dando todos los días un paso adelante en la vida cristiana es una gracia de Dios y debemos pedirla. Coraje, un camino. Un camino, que se debe hacer con coraje, con la esperanza y con la disponibilidad de recibir esta gracia. Y la esperanza: la esperanza del camino. Es tan bello aquel capítulo XI de la Carta a los Hebreos, léanlo. Relata el camino de nuestros padres, de los primeros llamados por Dios. Y de cómo ellos fueron adelante. Y de nuestro padre Abraham dice: ‘Pero, él salió sin saber adónde iba’. Pero con esperanza”.
Convertirse todos los días
El Pontífice prosiguió explicando que Pedro, en su Carta, pone de manifiesto la importancia de un cuarto elemento. Cuando invita a sus interlocutores a no conformarse “a los deseos de un tiempo”, los insta esencialmente a cambiar desde dentro el propio corazón, en un continuo y cotidiano trabajo interior:
“La conversión, todos los días: ‘Ah, Padre, para convertirme yo debo hacer penitencias, darme bastonazos…’. ‘No, no, no: conversiones pequeñas. Pero si tú eres capaz de lograr no hablar mal de alguien, estás por el buen camino para llegar a ser santo’. ¡Es tan simple! Yo sé que ustedes jamás hablan mal de los demás, ¿no? Pequeñas cosas… Tengo ganas de criticar al vecino, al compañero de trabajo: morderse la lengua un poco. Se hinchará un poco la lengua, pero su espíritu será más santo, en este camino. Nada grande, mortificaciones: no, es sencillo. El camino de la santidad es simple. No volver para atrás, sino ir siempre adelante, ¿no? Y con fortaleza”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


El Papa, a la cumbre de Estambul: "Escuchen el grito de las víctimas y de los que sufren"


"Millones de personas necesitan protección, atención y asistencia, y buscan un futuro digno"

El papa Francisco envió un mensaje al secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, con motivo de la celebración del Cumbre Humanitaria Mundial que se está llevando a cabo, en Estambul, Turquía, del 23 al 24 de mayo. El cardenal Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, encabezó la delegación vaticana y leyó el mensaje del Santo Padre, en el que el pontífice exhorta a "escuchar el grito de las víctimas de la violencia y la persecución y a aprender de ellas una lección de humanidad para cambiar las opciones políticas y económicas, abandonando cualquier conducta o actitud de superioridad cultural".

Mensaje del papa Francisco

"Deseo saludar a todos los participantes en esta primera Cumbre Humanitaria Mundial, al presidente de Turquía, junto con los organizadores de este encuentro, y a usted, señor secretario general, que han solicitado que esta ocasión sea un punto de inflexión en la vida de millones de personas que necesitan protección, atención y asistencia, y que buscan un futuro digno.
Espero que sus esfuerzos contribuyan realmente a aliviar los sufrimientos de estos millones de personas, de modo que la Cumbre muestre sus frutos a través de una sincera solidaridad y un respeto verdadero y profundo por los derechos y la dignidad de las personas que sufren debido a los conflictos, la violencia, la persecución y los desastres naturales. En este contexto, las víctimas son aquellos que son más vulnerables, aquellos que viven en condiciones de miseria y explotación.
No podemos negar que hoy muchos intereses impiden soluciones a los conflictos, y que las estrategias militares, económicas y geopolíticas desplazan a las personas y a los pueblos e imponen el dios del dinero, el dios del poder. Al mismo tiempo, los esfuerzos humanitarios son frecuentemente condicionados por limitaciones comerciales e ideológicas.
Por esta razón, lo que se necesita hoy es un compromiso renovado de proteger a cada persona en su vida diaria y de proteger su dignidad y sus derechos humanos, su seguridad y sus necesidades integrales. Al mismo tiempo, es necesario preservar la libertad y la identidad social y cultural de los pueblos, sin que comporte casos de aislamiento, sino favoreciendo también la cooperación, el diálogo, y sobre todo la paz.




Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros".


Evangelio según San Marcos 10,28-31. 

Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". 

Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. 

Muchos de los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros". 

Homilía del Papa: triste es el cristiano aferrado a las riquezas

No puede haber un cristiano sin alegría. Lo afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que, también en los sufrimientos de la vida, el cristiano sabe encomendarse a Jesús y vivir con esperanza. Además, Francisco  hizo un llamamiento a no dejarse dominar por la riqueza, que al final, sólo produce tristeza.
El documento de identidad del cristiano es la alegría del Evangelio
Nosotros – observó el Obispo de Roma – “podemos ir” hacia “aquella esperanza”, que “los primeros cristianos representaban como un ancla en el cielo”. Nosotros –  añadió – “tomamos la cuerda y vamos allá”, hacia “aquella esperanza” que nos da alegría:
“Un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, un hombre y una mujer con alegría en el corazón. ¡No existe un cristiano sin alegría! ‘Pero, Padre, ¡yo he visto tantos así!’ – ‘¡No son cristianos! Dicen que lo son, ¡pero no lo son! Les falta algo’. El documento de identidad del cristiano es la alegría, la alegría del Evangelio, la alegría de haber sido elegidos por Jesús, salvados por Jesús, regenerados por Jesús; la alegría de aquella esperanza que Jesús nos espera, la alegría que – también en las cruces y en los sufrimientos de esta vida – se expresa de otro modo, que es la paz en la seguridad de que Jesús nos acompaña, está con nosotros”.
“El cristiano – añadió el Pontífice – hace crecer esta alegría con la confianza en Dios. Dios se acuerda siempre de su alianza”. Y, a su vez – prosiguió – “el cristiano sabe que Dios lo recuerda, que Dios lo ama, que Dios lo acompaña, que Dios lo espera. Y ésta es la alegría”.
Es un mal servir a la riqueza, que al final nos hace tristes
De este modo Francisco se refirió al pasaje del Evangelio del día que narra el encuentro entre Jesús y el joven rico. Un hombre –  dijo –  que “no ha sido capaz de abrir su corazón a la alegría y que ha elegido la tristeza”, “porque poseía muchos bienes”:
“¡Estaba aferrado a los bienes! Jesús nos había dicho que no se puede servir a dos patrones: o sirves al Señor, o sirves a las riquezas. Las riquezas no son malas en sí mismas: pero servir a la riqueza es esa la maldad. El pobrecito se fue triste… ‘Ensombreció su rostro y se fue entristecido’. Cuando en nuestras parroquias, en nuestras comunidades, en nuestras instituciones encontramos gente que se dice cristiana y quiere ser cristiana pero es triste, algo sucede allí que no va. Y debemos ayudarlos a encontrar a Jesús, a quitarles aquella tristeza, para que puedan gozar del Evangelio, para que puedan tener esta alegría que es propia del Evangelio”.
El Santo Padre se detuvo sobre la alegría y el estupor. “El estupor bueno – dijo Francisco – ante la revelación, ante el amor de Dios, ante las emociones del Espíritu Santo”. El cristiano “es un hombre, una mujer de estupor”. Una palabra que, como destacó el Pontífice, vuelve hoy al final, “cuando Jesús explica a los Apóstoles que aquel muchacho tan bueno no logró seguirlo, porque estaba aferrado a las riquezas”. ¿Quién puede ser salvado, se preguntan entonces los Apóstoles? A ellos el Señor responde: “¡Imposible para los hombres”, “pero no para Dios!”.
No buscar la felicidad en cosas que, al final entristecen
La alegría cristiana, por tanto, “el estupor de la alegría, el ser salvados del hecho de vivir aferrados a otras cosas, a la mundanidad – a los tantos tipos de mundanidad que nos separan de Jesús – sólo se puede lograr con la fuerza di Dios, con la fuerza del Espíritu Santo”, dijo el Papa:
“Pidamos hoy al Señor que nos dé el estupor ante Él, ante tantas riquezas espirituales que nos ha dado; y que con este estupor nos dé la alegría, la alegría de nuestra vida y de vivir con paz en el corazón las tantas dificultades; y que nos proteja de buscar la felicidad en tantas cosas que al final nos entristecen: prometen tanto, ¡pero no nos darán nada! Acuérdense bien: un cristiano es un hombre y una mujer de alegría, de alegría en el Señor; un hombre y una mujer de estupor”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
  


lunes, 23 de mayo de 2016

La Iglesia se opone a la creación de milicias cristianas en Siria e Irak


El arzobispo Behnan señala que “crear otras milicias sectarias que pretenden presentarse como ‘cristianos’ va contra el Evangelio”
El arzobispo sirio católico Jacques Behnan Hindo, guía de la Eparquía deHassaké-Nísibis, se opuso decididamente a la idea de dar armas a las autodenominadas ‘milicias cristianas’ y definió como “una locura, tal vez inspirada por algún traficante de armas que aún no ha vaciado sus almacenes” la idea de que Washington pueda dar armamento para los cristianos de Siria e Irak.
Las declaraciones del arzobispo fueron difundidas ayer por la agencia de noticias FIDES, señalando que la idea ha sido presentado por algunos medios de comunicación de Estados Unidos como una consecuencia lógica de la declaración del Congreso de Estados Unidos en la que ha definido como “genocidio” la violencia sufrida por los cristianos a manos de los yihadistas del Estado Islámico (Daesh).
“Desde el primer momento” refiere a la Agencia Fides, Mons Hindo, “he pensado que la campaña para hacer que se aplicase la categoría de ‘genocidio’ al sufrimiento de los cristianos, era una operación geopolítica que apuntaba a intereses concretos. Según los modos de actuar de los EE.UU, al aplicar la categoría de genocidio se hace más fácil autorizar operaciones militares o de otro tipo, más o menos transparentes”.
Según el arzobispo Hindo, “en la situación en la que nos encontramos, en Iraq y en Siria, cada individuo, también los cristianos, está llamado a tomar sus propias decisiones de acuerdo con su conciencia. Pero si un cristiano quiere tomar parte en la liberación del Daesh, puede hacerlo enrolándose en los ejércitos regulares. La opción de crear otras milicias sectarias que pretenden presentarse como ‘cristianos’ va contra el Evangelio, y es también una opción tácticamente suicida”.
El arzobispo sirio recuerda, en este sentido, una historia que lo ha visto involucrado en primera persona: “cuando el conflicto en Siria llegó a nuestra región, el gobierno ofreció 700 fusiles Kalashnikov para distribuirlos entre los cristianos de Hassaké, y mil más para aquellos de Qamishli, yo me opuse. Estamos en contra de la violencia, venga de donde venga. Como pastores debemos apoyar a nuestras personas que caminan por el camino del Evangelio, sea cual sea la situación en la que nos encontremos. Además, con ciertas opciones imprudentes también corremos el riesgo de exponer a todos los cristianos a actos de venganza y violencia selectiva”.

 (ZENIT – Roma)

«Contemplar el rostro de la Misericordia». Arzobispo de Bacelona.


Carta dominical del arzobispo de Barcelona, Mons. Juan José Omella. ‘La vida contemplativa es expresión del amor a Dios y no se puede amar auténticamente a Dios sin amar a la humanidad’
Publicamos a continuación la carta dominical del arzobispo de Barcelona, Mons. Juan José Omella, correspondiente a este domingo, 22 de mayo de 2016, fiesta de la Santísima Trinidad.  
“Al hombre de hoy, inmerso en la desazón y el ruido, apenas le queda tiempo para probar el sabor sabrosísimo de la oración y de la presencia de Dios en su vida. Sin embargo, hay hombres y mujeres que se sienten llamados a dedicar toda su vida a la oración, el trabajo y la vida de comunidad en el seno de un monasterio contemplativo. Son personas que han tomado esta decisión para toda la vida y son muy felices.
Por su estilo de vida las vemos muy poco. Han hecho una opción por el silencio y la oración en su entrega a Dios. La vida de los contemplativos y las contemplativas, es decir, la de los monjes y las monjas de clausura, suscita sorpresa y curiosidad en nuestro ambiente social, tan fuertemente marcado por la secularización. ¿Qué sentido tiene esta vida? Pues justamente la vida de estas personas nos recuerda la primacía que debería tener Dios en la vida de cada uno de nosotros.
Este domingo celebramos la Jornada Pro Orantibus con el lema “Contemplemos el rostro de la Misericordia”, en sintonía con el Año Santo de la Misericordia. En este tiempo nuestro de escasez de vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa activa o apostólica, es muy significativo que no falten las peticiones de ingreso en la vida de los monasterios. Son jóvenes que aman la vida, son solidarios con los hermanos y están comprometidos en la transformación del mundo. Su vida contemplativa en un monasterio no es de ninguna manera una evasión del mundo, un desentenderse de la sociedad. La vida contemplativa es expresión del amor a Dios y no se puede amar auténticamente a Dios sin amar a la humanidad.
La vida contemplativa realiza plenamente a las personas que han recibido esta vocación, porque Dios llena maravillosamente todos nuestros anhelos. ¿Habéis visitado alguna vez una comunidad contemplativa? Es una buena experiencia, que interpela y suscita muchas preguntas como estas: ¿Qué valor damos a Dios en nuestra vida? ¿Qué relación creemos que existe entre Dios y la creación, entre Dios y la vida? ¿Qué valor damos a la oración y al silencio en nuestra vida personal y familiar?
En la celebración de la solemnidad de la Santísima Trinidad, este domingo la Iglesia nos propone orar por los consagrados y las consagradas en la vida contemplativa. En este contexto, también quiero recordar a la santa carmelita María Magdalena de Pazzi, la gran mística florentina. El próximo miércoles 25 de mayo se celebra la fiesta litúrgica de esta santa, fundadora de la Orden del Carmen. Este año conmemoramos los 450 años de su nacimiento.
Qué mejor homenaje podemos hacerle que encomendarnos a ella y dar a conocer la vocación de los contemplativos y las contemplativas que, como ella, tanto han aportado a nuestra sociedad. Aunque parece una paradoja, estas personas que han dejado el mundo son muy solidarias y están muy cerca de las necesidades eclesiales y de las inquietudes de los hombres y las mujeres, sus hermanos. Son personas que viven con los ojos puestos en Jesucristo y con el corazón abierto a las necesidades de los hermanos, y que nos llevan a todos en su impetración ante Dios. Hoy, os animo a que nos unamos en la oración por los que contemplan el rostro de la Misericordia.”
+ Juan José Omella Omella
Arzobispo de Barcelona
Zenit

"Nuestro Dios no es un Dios de muerte, sino de vida" El Misterio de la vida.

"La Divinidad nos envuelve, nos respira, nos invita a ser más humanos"
El Misterio solo adquiere sentido cuando nos abre al asombro, la admiración, la contemplación callada. Y también cuando nos deja conmocionados ante el sufrimiento injusto, el dolor, la marginación y el odio desalmado.
El Misterio no se refleja en lo secreto, en lo oculto, sino que se vuelve diáfano en la transparencia de una mirada, en la calidez del abrazo, en la fascinación ante la belleza, en el encuentro con el amigo.
La Divinidad nos envuelve, nos respira, nos invita a ser más humanos. Se la descubre en las entrañas de la tierra, en la mar serena o arbolada, en las caricias que regalan mis manos.
Todo es Sagrado. Cada nuevo amanecer lo hace patente: en la chica que corre a mi lado, en el niño que sonríe a su madre, en el cartel de manifestación contra la guerra, en el abeto majestuoso que crece junto al asfalto, en el beso profundo que se da una pareja de enamorados.
El Amor solo adquiere plenitud en la donación gratuita. En la entrega desinteresada, en la compasión ante el desconsuelo, en la solidaridad cotidiana. Al compartir la alegría, la fiesta, la celebración de los años.
La Fuente nos invita a detenernos para calmar la sed, a mirar entorno, a seguir caminando. Pero, al momento, se siente de nuevo la necesidad de acudir al manantial, al hontanar, para seguir bebiendo de un agua que de verdad nos sacie.
El Espíritu nos habita. El Aliento vital, que está en la montaña, en el río, en la alondra, en el sol, en la brisa. Y en cada ser humano. Es una llamada, un rumor permanente para acudir a su llamada. Para recrear cada nuevo encuentro y así reencantarnos.
Nuestro Dios no es un Dios de muerte, sino de vida. Por eso estamos convocados a la vida, a vivir con gozo y a llevar vida a nuestro alrededor. Solo calmando el hambre, acogiendo al extranjero, apoyando a la mujer maltratada, llevando paz ante la violencia, justicia contra tanta opresión... le haremos presente y diáfano en nuestro mundo, en la cotidiana sorpresa que nos regala cada nuevo día.

(Miguel Ángel Mesa)

PARA DIOS TODO ES POSIBLE


Evangelio según San Marcos 10,17-27.
Cuando Jesús se puso en camino, un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?".
Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre".
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud".
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme".
Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!".
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!. Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios".
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?".
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible".

domingo, 22 de mayo de 2016

“Dios es una familia de tres Personas que se aman tanto que conforman una sola cosa”, el Papa en el Ángelus

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
Hoy, fiesta de la Santísima Trinidad, el Evangelio de San Juan nos presenta una parte del largo discurso de adiós, pronunciado por Jesús poco antes de su pasión. En este discurso Él explica a los discípulos las verdades más profundas que le conciernen; y así viene delineada la relación entre Jesús, el Padre y el Espíritu. Jesús sabe estar cercano a la realización del diseño del Padre, que se cumplirá con su muerte y resurrección; por eso quiere asegurar a los suyos que no los abandonará, porque su misión será prolongada por el Espíritu Santo. Será el Espíritu quien prolongue la misión de Jesús, es decir, a guiar la Iglesia hacia adelante.
Jesús revela en qué consiste esta misión. Ante todo el Espíritu nos guía a entender las muchas cosas que Jesús mismo tiene aún por decir (cfr. Jn 16,12). No se trata de doctrinas nuevas o especiales, sino de una plena comprensión de todo lo que el Hijo ha oído del Padre y que ha dado a conocer a los discípulos (cfr v. 15). El Espíritu nos guía en las nuevas situaciones existenciales con una mirada dirigida a Jesús y, al mismo tiempo, abierta a los eventos y al futuro. Él nos ayuda a caminar en la historia firmemente enraizados en el Evangelio y también con una dinámica fidelidad a nuestras tradiciones y costumbres.
Pero  el misterio de la Trinidad nos habla también de nosotros, de nuestra relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. De hecho, mediante el Bautismo, el Espíritu Santo nos ha insertado en el corazón y en la vida misma de Dios, que es comunión de amor. Dios es una “familia” de tres Personas que se aman tanto que conforman una sola cosa. Esta “familia divina” no está cerrada en sí misma, sino que es abierta, se comunica en la creación y en la historia y ha entrado en el mundo de los hombres para invitar a todos a formar parte de ella. El horizonte trinitario de comunión envuelve a todos y nos estimula a vivir en el amor y en el compartir fraterno, seguros que allí donde hay amor, allí está Dios.
Nuestro haber sido creados a imagen y semejanza de Dios- comunión nos llama a comprendernos a nosotros mismos como seres-en-relación y a vivir las relaciones interpersonales en la solidaridad y en el amor recíproco. Tales relaciones se desarrollan, ante todo, en el ámbito de nuestras comunidades eclesiales, para que siempre cada vez sea más evidente la imagen de la Iglesia icono de la Trinidad. Pero también se desarrollan en toda otra relación social, desde la familia hasta las amistades o el ambiente de trabajo - todo: son ocasiones concretas que nos son ofrecidas para construir relaciones humanas cada vez más ricas, capaces de respeto recíproco y de amor desinteresado.
La fiesta de la Santísima Trinidad nos invita a comprometernos en los eventos cotidianos para ser levadura de comunión, de consolación y de misericordia. En esta misión, estamos sostenidos por la fuerza que nos dona el Espíritu Santo: ella cura la carne de la humanidad herida por la injusticia, por el atropello, el odio y la avidez. La Virgen María, en su humildad, ha acogido la voluntad del Padre y ha concebido al Hijo por obra del Espíritu Santo. Que ella, espejo de la Trinidad, nos ayude a reforzar nuestra fe en el Misterio trinitario y a encarnarla con elecciones y actitudes de amor y de unidad.
(MTC / RC - RV).

DOMINGO DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. DIOS ES SINODAL


Al hilo de las últimas lecturas litúrgicas del Tiempo Pascual, he ido guardando en la memoria las declaraciones de Jesús a sus discípulos, y cómo les aseguraba que Él no hacía nada por su cuenta, ni tampoco hablaba por su cuenta, sino que hacía lo que le había visto hacer a su Padre, y hablaba de lo que había oído a su Padre: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo” (Jn 5, 19).
Y más adelante, el evangelista San Juan reitera la comunicación del Maestro: “Yo no vengo por mi cuenta, sino que el Verdadero es el que me envía” (Jn 7, 28). Jesús hace y dice en relación estrecha con su Padre: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada». (Jn 8, 28-29).

Y en este contexto, cuando Jesús adelanta la noticia de la efusión del Espíritu Santo, y la misión a la que será enviado, se descubre que ni Jesús ni el Paráclito actúan por libre. “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de lo mío y os lo anunciará. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que recibirá y tomará de lo mío y os lo anunciará” (Jn 16, 12-15).
Estas declaraciones implican que, al igual que quien ve al Hijo ve al Padre, según palabras de Jesús al apóstol Felipe, quien escucha a Jesús, acoge la Palabra de Dios; y a quien la recibe, se le da poder para ser hijo de Dios, por adopción. Y quien abre su oído al Espíritu, a quien escucha es al Señor que lo envía.
Las personas divinas se comunican de tal manera entre sí, que no cabe relacionarse en verdad con el Padre al margen del Hijo, ni con el Hijo, excluyendo al Espíritu, sino que el obsequio que hagamos a uno se lo hacemos a la Trinidad Santa, y la recepción de la revelación divina, manifestada en las Escrituras, y en el propio corazón, significa la receptividad del don divino total, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
El mensaje evangélico aún llega a más, cuando afirma: “No podéis decir que amáis a Dios a quien no veis, si no amáis al prójimo a quien veis”. Y en otro momento dice Jesús: “Lo que hagáis a uno de estos mis pequeños, a Mí me lo hacéis”. Con lo que descubrimos que no solo la Trinidad vive en la unidad, sino que la humanidad está en íntima relación con la Santa Trinidad, de tal forma que el trato mutuo, desde la fe, se convierte en posibilidad de amor trinitario, lo mismo que la relación con el Hijo es relación con el Padre, gracias a quien nos abre al amor de Dios y al prójimo, el Espíritu Santo.

Por gracia somos una misma cosa en Dios, y lo mismo que se comunican las divinas Personas en la Trinidad Santa, cuando tratamos con el Padre lo hacemos con el Hijo y con el Espíritu Santo; y cuando nos tratamos entre nosotros, aunque no lo sepamos, estamos tratando con Dios de la forma más inmediata. No porque nos arroguemos dignidad pretenciosa, sino porque la Trinidad se siente amada en nosotros.
Ángel Moreno de Buenafuente

EL ESPÍRITU SANTO LES ENSEÑARÁ. Abrirnos al misterio de Dios

A lo largo de los siglos, los teólogos han realizado un gran esfuerzo por acercarse al misterio de Dios formulando con diferentes construcciones conceptuales las relaciones que vinculan y diferencian a las personas divinas en el seno de la Trinidad. Esfuerzo, sin duda, legítimo, nacido del amor y el deseo de Dios.
Jesús, sin embargo, no sigue ese camino. Desde su propia experiencia de Dios, invita a sus seguidores a relacionarse de manera confiada con Dios Padre, a seguir fielmente sus pasos de Hijo de Dios encarnado, y a dejarnos guiar y alentar por el Espíritu Santo. Nos enseña así a abrirnos al misterio santo de Dios.
Antes que nada, Jesús invita a sus seguidores a vivir como hijos e hijas de un Dios cercano, bueno y entrañable, al que todos podemos invocar como Padre querido. Lo que caracteriza a este Padre no es su poder y su fuerza, sino su bondad y su compasión infinita. Nadie está solo. Todos tenemos un Dios Padre que nos comprende, nos quiere y nos perdona como nadie.
Jesús nos descubre que este Padre tiene un proyecto nacido de su corazón: construir con todos sus hijos e hijas un mundo más humano y fraterno, más justo y solidario. Jesús lo llama "reino de Dios" e invita a todos a entrar en ese proyecto del Padre buscando una vida más justa y digna para todos empezando por sus hijos más pobres, indefensos y necesitados.
Al mismo tiempo, Jesús invita a sus seguidores a que confíen también en él: "No se turbe vuestro corazón. Creéis en Dios; creed también en mí". Él es el Hijo de Dios, imagen viva de su Padre. Sus palabras y sus gestos nos descubren cómo nos quiere el Padre de todos. Por eso, invita a todos a seguirlo. Él nos enseñará a vivir con confianza y docilidad al servicio del proyecto del Padre.
Con su grupo de seguidores, Jesús quiere formar una familia nueva donde todos busquen "cumplir la voluntad del Padre". Ésta es la herencia que quiere dejar en la tierra: un movimiento de hermanos y hermanas al servicio de los más pequeños y desvalidos. Esa familia será símbolo y germen del nuevo mundo querido por el Padre.
Para esto necesitan acoger al Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús: "Vosotros recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y así seréis mis testigos". Éste Espíritu es el amor de Dios, el aliento que comparten el Padre y su Hijo Jesús, la fuerza, el impulso y la energía vital que hará de los seguidores de Jesús sus testigos y colaboradores al servicio del gran proyecto de la Trinidad santa."

José Antonio Pagola

HOY, FIESTA DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD. REFLEXIÓN ESPIRITUAL: «LUZ, RESPLANDOR Y GRACIA EN LA TRINIDAD Y POR LA TRINIDAD»




Siempre resultará provechoso esforzarse en profundizar el contenido de la antigua tradición, de la doctrina y la fe de la Iglesia católica, tal como el Señor nos la entregó, tal como la predicaron los apóstoles y la conservaron los santos Padres. 

En ella, efectivamente, está fundamentada la Iglesia, de manera que todo aquel que se aparta de esta fe deja de ser cristiano y ya no merece el nombre. 

Existe, pues, una Trinidad, santa y perfecta, de la cual se afirma que es Dios en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que no tiene mezclado ningún elemento extraño o externo, que no se compone de uno que crea y de otro que es creado, sino que toda ella es creadora, es consistente por naturaleza y su actividad es única. El Padre hace todas las cosas a través del que es su Palabra, en el Espíritu Santo. De esta manera queda a salvo la unidad de la santa Trinidad. 

Así, en la Iglesia se predica un solo Dios, que lo trasciende todo, y lo penetra todo, y lo invade todo. Lo trasciende todo, en cuanto Padre, principio y fuente; lo penetra todo, por su Palabra; lo invade todo, en el Espíritu Santo. San Pablo, hablando a los corintios acerca de los dones del Espíritu, lo reduce todo al único Dios Padre, como al origen de todo, con estas palabras: 

Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. El Padre es quien da, por mediación de aquel que es su Palabra, lo que el Espíritu distribuye a cada uno. Porque todo lo que es del Padre es también del Hijo; por esto, todo lo que da el Hijo en el Espíritu es realmente don del Padre. 

De manera semejante, cuando el Espíritu está en nosotros, lo está también la Palabra, de quien recibimos el Espíritu, y en la Palabra está también el Padre, realizándose así aquellas palabras: El Padre y yo vendremos a fijar en él nuestra morada. Porque donde está la luz, allí está también el resplandor; y donde está el resplandor, allí está también su eficiencia y su gracia esplendorosa. 

Es lo que nos enseña el mismo Pablo en su segunda carta a los Corintios, cuando dice: La gracia de Jesucristo el Señor, el amor de Dios y la participación del Espíritu Santo estén con todos vosotros. Porque toda gracia o don que se nos da en la Trinidad se nos da por el Padre, a través del Hijo, en el Espíritu Santo. 

Pues así como la gracia se nos da por el Padre, a través del Hijo, así también no podemos recibir ningún don si no es en el Espíritu Santo, ya que hechos partícipes del mismo poseemos el amor del Padre, la gracia del Hijo y la participación de este Espíritu.


De las Cartas de san Atanasio, obispo (Carta 1 a Serapión, 28-30: PG 26, 594-595. 599). Fuente: News.va