martes, 5 de abril de 2016

El Señor reina, vestido de majestad.


Sal 92, lab. 1c-2. 5

El Señor reina, vestido de majestad.
El Señor reina, vestido de majestad,
el Señor, vestido y ceñido de poder.
El Señor reina, vestido de majestad.
 Así está firme el orbe y no vacila.
Tu trono está firme desde siempre,
y tú eres eterno.
El Señor reina, vestido de majestad.
Tus mandatos son fieles y seguros;
 la santidad es el adorno de tu casa,
Señor, por días sin término.
El Señor reina, vestido de majestad.

Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre

Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 5a. 7b-l 5
En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: -«Tenéis que nacer de nuevo; el viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu». 
Nicodemo le preguntó: - «¿Cómo puede suceder eso?» 
Le contestó Jesús: - «¿Tú eres maestro en Israel, y no lo entiendes? 
En verdad, en verdad re digo; hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero no recibís nuestro testimonio. 
Si os hablo de las cosas terrenas y no me creéis, ¿cómo creeréis si os hable de las coas celestiales? 
Nadie ha subido al cielo, sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna».

Palabra del Señor.

El día en el que Tomás encontró la paz en las heridas de Jesús

La experiencia de los apóstoles y discípulos luego de la Pasión y Muerte de Jesús fue muy dura. Los evangelios nos transmiten una serie de detalles que nos hablan de la difícil prueba a la que su fe fue sometida. Incluso los primeros testimonios y la constatación de que el cuerpo del Maestro no estaba en el sepulcro son tomados con escepticismo. En este sentido, es significativo que aun luego de que Pedro y Juan vieron el sepulcro vacío, de haber escuchado de boca de María Magdalena que había visto al Señor vivo y de haber recibido el testimonio de otras mujeres, encontremos a los discípulos atemorizados y encerrados en una casa.
Esto nos habla de que los discípulos —comenzando por los más cercanos, los 11 apóstoles— vivieron un proceso de maduración en la fe. Es cierto que lo venían viviendo desde que conocieron a Cristo, pero los días inmediatamente previos y posteriores a la Resurrección del Señor fueron, sin duda, particularmente intensos.
En este proceso o etapa en la vida de fe de los discípulos encontramos una constante. El Señor Jesús siempre sale primero al encuentro de los suyos. Les salió al encuentro a las mujeres que iban al sepulcro; le sale al encuentro a la Magdalena; les sale al encuentro a los discípulos que caminaban a Emaús. El pasaje del Evangelio de Juan que se lee este Domingo de Pascua es, en este sentido, paradigmático. Mientras los discípulos están «con las puertas cerradas» por «miedo», Jesús se aparece en medio de ellos. La cerradura de las puertas no es obstáculo para que el Resucitado se haga presente en la habitación y toque a la puerta del corazón de cada uno de los presentes:  «“Paz a ustedes”. Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado».

Tomás reclama «ver para creer». Nuevamente el Resucitado se aparece en medio de ellos y esta vez le dice a Tomás: ven, mira y toca. Y Tomás, desde lo profundo de su corazón se adhiere al Señor, lo acoge, le abre la puerta de su corazón incrédulo y proclama una de las confesiones más hermosas que hemos recibido: ¡Señor mío y Dios mío! El Papa San Gregorio Magno (s. VI) decía que «aquel discípulo que había dudado, al palpar las heridas del cuerpo de su maestro, curó las heridas de nuestra incredulidad. Más provechosa fue para nuestra fe la incredulidad de Tomás que la fe de los otros discípulos».

lunes, 4 de abril de 2016

¿Cómo afectó a los ángeles la resurrección de Cristo?



La presencia de los Ángeles en toda la vida de Nuestro Señor es algo que la Sagrada Escritura pone de manifiesto: desde la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los Ángeles (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, 333)
En este sentido los Evangelios nos enseñan la presencia de los Santos Ángeles en el evento que es el corazón de nuestra fe: la muerte y la resurrección de Nuestro Señor.
Los Ángeles preguntan a las santas mujeres que han ido a buscar el cuerpo de Jesús en el sepulcro: “¿Por qué buscar entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6).
Este anuncio que hacen los Ángeles de este evento fundamental para nuestra fe debe ser comprendido dentro del papel que éstos ocupan en el misterio de la salvación.
Recordemos los grandes anuncios que se refieren de manera expresa y directa a la persona de Jesús: el primero de ellos es el anuncio que le hace San Gabriel Arcángel a Nuestra Señora: “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo” (Lc. 1,26-28); “No temas recibir en tu casa a Maria, tú esposa, pues lo concebido en Ella es obra del Espíritu Santo” (Mt. 1,20-24), le dice el Ángel a San José.
A este santo varón también el mensajero de Dios le advierte en sueños: “Levántate, toma al niño y a su Madre y huye a Egipto” (Mt. 2,13); a las mujeres que de madrugada van a visitar el sepulcro de Jesús los Ángeles les preguntan: “¿Porqué buscáis entre los muertos al que vive? No está aqui, ha resucitado” (Lc. 24, 1-10); y al momento de la Ascensión anuncian que “El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como le habéis visto marcharse” (Hch. 1,11).
De los mensajes anteriormente citados se desprende no sólo la presencia de los Ángeles como meros testigos pasivos de eventos, sino su papel protagónico en los misterios centrales de nuestra fe y, por ende, de la historia de la salvación.
Los Ángeles son protagonistas en la historia de la salvación, por ello ¿cómo dejarlos de lado?.
Si bien es cierto que el mensaje de la salvación se dirige a los hombres, esto no implica que los Ángeles no sean tenidos en cuenta. Ellos nos anuncian las grandes verdades centrales de nuestra fe.
Y este aspecto es necesario resaltar: Dios, en su plan salvífico, ha deseado que quienes nos transmitan los misterios de nuestra salvación sean los Santos Ángeles. Por ello San Juan Pablo II afirmaba, en la Audiencia General del 6 de Agosto de 1986, que la Iglesia presta un gran servicio al hombre al proponer con franqueza la verdad sobre los Ángeles.
Este papel de los Ángeles se enmarca dentro de una idea presente que G.K Chesterton afirma: “la base del cristianismo es que el hombre es sagrado”. Por ello, lo Ángeles están al servicio del hombre.
En este evento, en que el Ángel anuncia la resurrección de Nuestro Señor, se anuncia una nueva creación. Como lo ha dicho el Papa Benedicto XVI el 25 de Abril de 2011: “La Resurrección del Señor implica una renovación de nuestra condición humana”. Esta renovación implica, de acuerdo a Nuestro Señor, el “ser como ángeles son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección” (Lc. 20, 36).
De esta manera la presencia del Ángel en la resurrección nos pone de presentes el que seremos como ángeles y nos ayuda a entender lo qué es la resurrección.
En efecto, los Santos Ángeles son aquellos que ven constantemente el rostro de Dios que está en los cielos (cfr. Mt. 18, 10), seres llenos de luz, así los vieron las mujeres que van al sepulcro, y esa luz viene del amor de Dios.
Ese amor que no se apaga, que brilla y resplandece siempre es lo que nos da la resurrección. Como afirmó el Papa Benedicto XVI al celebrar la Vigilia Pascual de 2006: “La mera indestructibilidad del alma, por sí sola, no podría dar un sentido a una vida eterna, no podría hacerla una vida verdadera. La vida nos llega del ser amados por Aquél que es la Vida; nos viene del vivir con Él y del amar con Él”.
Es este amor el que nos transmiten los Santos Ángeles y nos dicen en nuestras noches oscuras: No está en el sepulcro, ese Amor vive, se encuentra vivo. No lo busquemos entre los muertos sino que está vivo.
La resurrección entonces es un acontecimiento que abarca a Ángeles y hombres.

Unámonos a nuestros ángeles para participar de este amor trasformado, unámonos a ellos para ver que Jesús está vivo y para junto con ellos, celebrar el triunfo de Jesús sobre la muerte.
PADRE ANTONIO MARÍA CÁRDENAS ORC

CARTA ENCÍCLICA «DIVES IN MISERICORDIA» DE JUAN PABLO II SOBRE LA MISERICORDIA DIVINA, 1980

La Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, cual nos ha sido transmitida por la revelación. [...]

En la vida cotidiana de la Iglesia la verdad acerca de la misericordia de Dios, expresada en la Biblia, resuena cual eco perenne a través de numerosas lecturas de la Sagrada Liturgia. La percibe el auténtico sentido de la fe del Pueblo de Dios, como atestiguan varias expresiones de la piedad personal y comunitaria. Sería ciertamente difícil enumerarlas y resumirlas todas, ya que la mayor parte de ellas están vivamente inscritas en lo íntimo de los corazones y de las conciencias humanas. Si algunos teólogos afirman que la misericordia es el más grande entre los atributos y las perfecciones de Dios, la Biblia, la Tradición y toda la vida de fe del Pueblo de Dios dan testimonios exhaustivos de ello. No se trata aquí de la perfección de la inescrutable esencia de Dios dentro del misterio de la misma divinidad, sino de la perfección y del atributo con que el hombre, en la verdad intima de su existencia, se encuentra particularmente cerca y no raras veces con el Dios vivo. Conforme a las palabras dirigidas por Cristo a Felipe, « la visión del Padre »—visión de Dios mediante la fe—halla precisamente en el encuentro con su misericordia un momento singular de sencillez interior y de verdad, semejante a la que encontramos en la parábola del hijo pródigo.

« Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre ». La Iglesia profesa la misericordia de Dios, la Iglesia vive de ella en su amplia experiencia de fe y también en sus enseñanzas, contemplando constantemente a Cristo, concentrándose en EL, en su vida y en su evangelio, en su cruz y en su resurrección, en su misterio entero. Todo esto que forma la « visión » de Cristo en la fe viva y en la enseñanza de la Iglesia nos acerca a la « visión del Padre » en la santidad de su misericordia.

PPC lanza la web www.pastoralescolar.com. Una propuesta educativa y pastoral integral

La web se integra en el proyecto ‘Jesús contigo'
La editorial PPC y SM ponen en marcha la web www.pastoralescolar.com, un nuevo espacio digital para los educadores y agentes de pastoral de la Escuela Católica que buscan recursos para acompañar a niños y jóvenes en su crecimiento en la fe y quieren formarse en esta tarea.
La web se integra en el proyecto ‘Jesús contigo', una propuesta educativa y pastoral integral. Esta oferta está dirigida a alumnos, educadores y familias de Infantil, Primaria y Secundaria. Es una propuesta abierta a todas las dimensiones de la persona e innovadora, en tanto que aúna las tecnologías y las nuevas metodologías aplicadas a la pastoral escolar.
El objetivo de este espacio web es dar a conocer el proyecto de PPC y SM a los educadores y responsables de pastoral de los colegios religiosos y laicos. En él encontrarán formación y capacitación específica, así como una asesoría pastoral que ayuda en todos los aspectos de la Pastoral Escolar que necesitan las instituciones educativas.
Para conocer en profundidad el proyecto ‘Jesús contigo', para solicitar el servicio de asesoría o de formación, para saber más sobre los materiales digitales de pastoralescolar o para descubrir la oferta específica de PPC, la web es la herramienta perfecta.
Los interesados pueden ponerse en contacto con la editorial a través de un breve formulario, y recibirán de regalo ‘21 ideas creativas de pastoral' y un número especial de la revista ‘Imágenes de la fe' dedicado de manera monográfica a la pastoral escolar y a presentar las claves de este proyecto.
Os esperamos a todos en este nuevo espacio pastoral.


(PPC Editorial).-

Homilía del Papa: los cristianos deben ser hombres y mujeres del "sí"

 Preguntémonos si somos hombres del sí o si dirigimos la miramos la mirada hacia otra parte para no responder. Es uno de los pasajes de la homilía matutina del Papa Francisco celebrada en la capilla de la Casa de la Santa Marta, tras la pausa por las festividades pascuales. Inspirándose en la Solemnidad de la Anunciación, el Santo Padre subrayó que es precisamente el “sí” de María, el que abre la puerta al “sí” de Jesús.  


Abraham obedece a Dios, diciendo “sí” a su llamada y parte de su tierra sin saber adónde debía llegar. El Pontífice centró su homilía sobre la “cadena de los sí” que inicia con Abraham. Y partiendo de la Solemnidad de la Anunciación, Francisco recordó a esa “humanidad de hombres y mujeres” que aun siendo “ancianos”, como Abraham y Moisés, “dijeron sí a la esperanza del Señor”. A la vez que invitó a pensar en Isaías,  quien responde que sus labios son impuros, cuando Dios le pide que vaya a decir las cosas al pueblo.

El sí de María abre la puerta al sí de Jesús

El Papa también afirmó que el Señor “purifica los labios de Isaías, ¡e Isaías dice sí!”. Y añadió que esto mismo vale para Jeremías, quien consideraba que no sabía hablar, pero después también dice “sí” al Señor.
“Y hoy el Evangelio nos habla del final de esta cadena de los 'sí', pero que es el inicio de otro 'sí', que comienza  a crecer: el sí de María. Y este 'sí' hace que Dios, no sólo mire al hombre, no sólo camine con su pueblo, sino que se haga uno de nosotros y tome nuestra carne. El ‘sí’ de María que abre la puerta al 'sí' de Jesús: ‘Yo vengo para hacer Tu voluntad’, este ‘sí’ que va con Jesús durante toda su vida, hasta la Cruz”.
El Papa Bergoglio se detuvo de este modo sobre el “sí” de Jesús si bien le pide al Padre que aleje de él el cáliz. Y teniendo en cuenta que le respondió que “se haga Tu voluntad”, Francisco añadió que ahí vemos el “sí” de Dios”. Es más, “Él es el sí”.

En el “sí” de María está el “sí” de toda la historia de la Salvación

El Obispo de Roma dijo que éste es “un hermoso día para dar gracias al Señor por habernos enseñado este camino del “sí”, y también para pensar en nuestra vida”. Un pensamiento que elPapa dirigió de manera especial a algunos sacerdotes presentes en esta Misa, que celebran su 50º aniversario de ordenación:
“Todos nosotros, cada día, debemos decir ‘sí’ o ‘no’, y pensar si siempre decimos ‘sí’, o tantas veces nos escondemos, con la cabeza gacha, como Adán y Eva, para no decir ‘no’, sino para hacer un poco como que no se entiende… el que no entiende lo que Dios pide. Hoy es la fiesta del ‘sí’. En el ‘sí’ de María está el ‘sí’ de toda la historia de la Salvación, y comienza allí el último ‘sí’ del hombre y de Dios”.

Preguntémonos si somos hombres y mujeres del “sí”

Allí – añadió el Papa – Dios recrea con un “sí” como cuando al inicio hizo al mundo y al hombre. Y ahora, con este “sí” “recrea el mundo maravillosamente, nos recrea a todos nosotros”. Es “el ‘sí’ de Dios  – dijo – el que nos santifica, el que nos hace ir adelante enJesucristo”:
“Es una jornada para dar gracias al Señor y para preguntarnos: ¿Yo soy un hombre o una mujer del ‘sí’ o soy un hombre o una mujer del ‘no’, o soy un hombre o una mujer que mira un poco hacia otra parte, para no responder? Que el Señor nos de la gracias de entrar en este camino de hombres y mujeres que han sabido decir ‘sí’”.
Al término de la homilía, las religiosas vicentinas que prestan su servicio en la Casa de Santa Marta renovaron sus votos. “Lo hacen cada año  – dijo el Papa – porque San Vicente era inteligente y sabía que la misión que les encomendaba era muy difícil y por eso quiso que cada año renovaran los votos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):

A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia 
ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.

domingo, 3 de abril de 2016

El Papa promueve una colecta especial en Europa para ayudar a las víctimas de la guerra en Ucrania

"¡Renovemos el compromiso por un mundo sin minas!", reclama Francisco en el Regina Coeli
Antes del rezo del Regina Coeli, el Obispo de Roma dirigió su cercanía a las poblaciones que en estos momentos tienen tanta necesidad de reconciliación y paz. El Santo Padre se refirió especialmente a la dramática situación que se vive en Ucrania.
"Además de acompañarlos con mi constante pensamiento y con mi oración, he decidido promover una acción de apoyo humanitario a su favor. Con tal fin tendrá lugar una colecta especial en todas las iglesias católicas de Europa el próximo domingo 24 de abril", anunció el Pontífice, invitando a los fieles a unirse a esta iniciativa suya. Al mencionar la Jornada Mundial contra las minas antipersona, el lunes 4 de abril, Francisco recordó que muchos continúan siendo asesinados o mutilados por estas terribles armas. "¡Renovemos el compromiso por un mundo sin minas!", pidió con énfasis el Papa.
El anuncio lo realizó al hablar de la situación que desde hace tiempo se vive en aquél país a causa del conflicto con Rusia y al señalar en concreto que su pensamiento en este día estaba "con todos los pueblos que tienen más sed de reconciliación y de paz".
"Pienso en particular en el drama de los que sufren las consecuencias de la violencia en Ucrania: de cuantos permanecen en las tierras golpeadas por las hostilidades que han causado ya varios miles de muertos, y de cuantos -más de un millón- han sido empujados a dejarlas por la grave situación que perdura".
Francisco pidió especialmente por los "ancianos y niños". "Además de acompañarles con mi constante pensamiento y con mi oración, he decidido promover una ayuda humanitaria en su favor. A tal propósito, tendrá lugar una colecta especial en todas las iglesias católicas de Europa el próximo domingo 24 de abril". "Invito a los fieles a unirse a esta iniciativa del Papa con una generosa contribución", añadió.
El Pontífice manifestó además que "este gesto de caridad, más allá de aliviar los sufrimientos materiales, quiere expresa la cercanía y mi solidaridad personal y de toda la Iglesia hacia Ucrania".
"Deseo vivamente que esto pueda ayudar a promover sin más retraso la paz y el respeto del derecho en esa tierra tan probada".
"Y mientras oramos por la paz -dijo a continuación- recordamos que mañana se celebra la Jornada Mundial contra las minas antipersona. Demasiadas personas continúan siendo asesinadas o mutiladas por estas terribles armas, y hombres y mujeres valientes arriesgan la vida para recuperar los terrenos minados. ¡Renovemos el compromiso por un mundo sin minas!", exclamó.


Jesús Bastante

Homilía del Papa: el Evangelio es el libro de la misericordia de Dios

Con la participación de miles de fieles y peregrinos el Santo Padre Francisco celebró la mañana del II Domingo de Pascua, la Santa Misa en la Fiesta de la Divina Misericordia, tras la solemne vigilia de oración del primer sábado de abril, en que también se recordó a San Juan Pablo II, en el día en que se cumplían once años de su fallecimiento.  

El Pontífice recordó en su homilía que el Evangelio es el libro de la misericordia de Dios, para leer y releer, porque todo lo que Jesús ha dicho y hecho es expresión de la misericordia del Padre. Y añadió que este texto sagrado sigue siendo un libro abierto, en el que se siguen escribiendo los signos de los discípulos de Cristo, gestos concretos de amor, que son el mejor testimonio de la misericordia. De ahí su exhortación a ser, todos nosotros, “escritores vivos del Evangelio, portadores de la Buena Noticia a todo hombre y mujer de hoy”.

El Papa Bergoglio también afirmó que las obras de misericordia, corporales y espirituales, son el estilo de vida del cristiano, puesto que mediante estos gestos sencillos y fuertes, y a veces hasta invisibles, podemos visitar a los necesitados, llevándoles la ternura y el consuelo de Dios, haciendo de este modo lo que hizo Jesús en el día de Pascua, cuando derramó en los corazones de los discípulos temerosos la misericordia del Padre, el Espíritu Santo que perdona los pecados y da la alegría.

Además Francisco puso de manifiesto el contraste entre el miedo de los discípulos que cierran las puertas de la casa y el mandato misionero de Jesús, que los envía al mundo a llevar el anuncio del perdón. Contraste que – dijo – puede manifestarse también en nosotros como una lucha interior entre el corazón cerrado y la llamada del amor a abrir las puertas cerradas y a salir de nosotros mismos.

Tras recordar que Cristo entró a través de las puertas cerradas del pecado, de la muerte y del infierno, y que desea entrar también en cada uno para abrir de par en par las puertas cerradas del corazón, el Obispo de Roma afirmó que el Señor resucitado nos indica una sola vía que va en una única dirección: salir de nosotros mismos, para dar testimonio de la fuerza sanadora del amor que nos ha conquistado.

En cuanto al saludo de Cristo a sus discípulos, “paz a ustedes”, el Papa Bergoglio afirmó que no se trata de “una paz negociada”, no es la suspensión de algo malo: es su paz, la paz que procede del corazón del Resucitado, la paz que venció el pecado, la muerte y el miedo. Es la paz que no divide, sino que une; es la paz que no nos deja solos; es la paz que permanece en el dolor y hace florecer la esperanza.

Por esta razón el Papa concluyó su homilía agradeciendo el amor inmenso que el Señor nos tiene e invitando a pedir la gracia de no cansarnos nunca de acudir a la misericordia del Padre y de llevarla al mundo siendo nosotros mismos misericordiosos, para difundir por doquier la fuerza del Evangelio.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

Octava de Pascua: Divina Misericordia

En la Biblia no son indiferentes las citas numéricas, y al igual que hemos vivido la referencia “a los tres días”, “al tercer día”, cifra que contiene un significado pascual de muerte y resurrección; al igual que nos resuena todavía la expresión “el primer día de la semana”, que coincide con nuestro domingo, para señalar el día de la resurrección de Cristo; el octavo día, no solo significa la reiteración del ciclo semanal, sino el día más pleno.
En la noche de Pascua se proclamaba el relato de la creación, y en él se iban desgranando los siete días en los que Dios hizo su obra magnífica, por la que exultó satisfecho, al ver que todo había sido hecho bueno, ¡muy bueno! Los que nos ayudan a comprender las Escrituras, nos enseñan que el día de la resurrección es el octavo día, el día definitivo, con el que Dios ha consumado no solo la creación, sino también la redención, por lo que todo vuelve a ser bueno y amado.
Celebrar el octavo día es celebrar el último día, el día que no acabará hasta que se consume la tierra, mientras dure la representación de este mundo. En este día, celebrar la octava de Pascua nos permite gustar hasta qué extremo se realiza la plenitud en nuestra vida, gracias a la misericordia divina.
Este año jubilar de la Misericordia que nos ha ofrecido el papa Francisco, con las resonancias de la fiesta establecida por san Juan Pablo II, de celebrar en la octava de Pascua la Divina Misericordia, nos posibilita la experiencia restauradora de todas nuestras heridas, al contemplar el gesto de Jesús resucitado, alargando sus manos al discípulo Tomás, para confirmarle que Él estaba vivo. Dijo Jesús a Tomás: - «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.» Contestó Tomás: -«¡Señor mío y Dios mío!»
El Resucitado nos revela la posibilidad de convertir nuestras heridas en testigos proféticos de la Pascua, incluso la herida de la duda creyente, el dolor por la travesía de la noche de la fe; el sentimiento terrible de la falta de esperanza; la soledad más profunda por la ausencia de la persona en la que has confiado y que has querido; la percepción de fracaso y de ruina de una ilusión…
Las llagas de Jesucristo resucitado, que no han desaparecido en su cuerpo glorioso, nos indican que las heridas se convertirán en trofeos, en credenciales, que nos posibilitan la certeza de que nada se pierde, ningún dolor es inútil, no solo porque Jesucristo glorioso se da a conocer mostrando sus manos con las señales de los clavos, sino porque Él viene en ayuda de nuestra debilidad, y llega a proclamar: «Dichosos los que crean sin haber visto.»
Atrévete a esperar, en medio de tus pruebas, la luz de la Pascua, el sentido pleno de tu vida, por la participación en los signos del Resucitado. Y al igual que el discípulo, profesa la fe, que en tu caso lleva ya bienaventuranza, porque no ves ni palpas, pero te atreves a creer, como lo hicieron los amigos de Jesús y tantos otros, a lo largo de la historia.

 Ángel Moreno de Buenafuente

No seas incrédulo sino creyente


La figura de Tomás como discípulo que se resiste a creer ha sido muy popular entre los cristianos. Sin embargo, el relato evangélico dice mucho más de este discípulo escéptico. Jesús resucitado se dirige a él con unas palabras que tienen mucho de llamada apremiante, pero también de invitación amorosa: «No seas incrédulo, sino creyente». Tomás, que lleva una semana resistiéndose a creer, responde a Jesús con la confesión de fe más solemne que podemos leer en los evangelios: «Señor mío y Dios mío».

¿Qué ha experimentado este discípulo en Jesús resucitado? ¿Qué es lo que ha transformado al hombre hasta entonces dubitativo y vacilante? ¿Qué recorrido interior lo ha llevado del escepticismo hasta la confianza? Lo sorprendente es que, según el relato, Tomás renuncia a verificar la verdad de la resurrección tocando las heridas de Jesús. Lo que le abre a la fe es Jesús mismo con su invitación.

A lo largo de estos años, hemos cambiado mucho por dentro. Nos hemos hecho más escépticos, pero también más frágiles. Nos hemos hecho más críticos, pero también más inseguros. Cada uno hemos de decidir cómo queremos vivir y cómo queremos morir. Cada uno hemos de responder a esa llamada que, tarde o temprano, de forma inesperada o como fruto de un proceso interior, nos puede llegar de Jesús: «No seas incrédulo, sino creyente».
Tal vez necesitamos despertar más nuestro deseo de verdad. Desarrollar esa sensibilidad interior que todos tenemos para percibir, más allá de lo visible y lo tangible, la presencia del Misterio que sostiene nuestras vidas. Ya no es posible vivir como personas que lo saben todo. No es verdad. Todos, creyentes y no creyentes, ateos y agnósticos, caminamos por la vida envueltos en tinieblas. Como dice Pablo de Tarso, a Dios lo buscamos «a tientas».
¿Por qué no enfrentarnos al misterio de la vida y de la muerte confiando en el Amor como última Realidad de todo? Esta es la invitación decisiva de Jesús. Más de un creyente siente hoy que su fe se ha ido convirtiendo en algo cada vez más irreal y menos fundamentado. No lo sé. Tal vez, ahora que no podemos ya apoyar nuestra fe en falsas seguridades, estamos aprendiendo a buscar a Dios con un corazón más humilde y sincero.
No hemos de olvidar que una persona que busca y desea sinceramente creer, para Dios es ya creyente. Muchas veces, no es posible hacer mucho más. Y Dios, que comprende nuestra impotencia y debilidad, tiene sus caminos para encontrarse con cada uno y ofrecerle su salvación.

José Antonio Pagola

FELICES LOS QUE CREEN SIN HABER VISTO

Evangelio según San Juan 20,19-31. 

A l atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".  

Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.  
Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes".  

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.  Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".  

Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.  

Los otros discípulos le dijeron: "¡Hemos visto al Señor!". El les respondió: "Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré".  

Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: "¡La paz esté con ustedes!".  

Luego dijo a Tomás: "Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe".  

Tomas respondió: "¡Señor mío y Dios mío!".  

Jesús le dijo: "Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!".  

Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro.  
Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.  

“Dejémonos guiar por el amor y llegaremos a ser misericordiosos como el Padre”, el Papa en la Vigilia de la Divina Misericordia

“En Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia.”, lo dijo el Papa Francisco en la Plaza de San Pedro, durante la Vigilia de oración por la Divina Misericordia.
En su discurso, el Santo Padre recordó con alegría que este momento de oración nos introduce en el Domingo de la Misericordia, segundo Domingo de Pascua, solemnidad instituida por San Juan Pablo II, tras las revelaciones a santa Faustina Kowalska.
Después de haber escuchado los testimonios de algunos participantes en la celebración y comentando las lecturas del profeta Isaías, el Pontífice señaló que, “Dios no se cansa nunca de manifestar su misericordia y nosotros no deberíamos acostumbrarnos nunca a recibirla, buscarla y desearla. Siempre es algo nuevo que provoca estupor y maravilla al ver la gran fantasía creadora de Dios, cuando sale a nuestro encuentro con su amor”.
En diferentes pasajes bíblicos, preciso el Obispo de Roma, Dios se ha revelado, manifestando muchas veces su nombre, y este nombre es “misericordia”. Así como la naturaleza de Dios es grande e infinita, agregó el Papa, del mismo modo es grande e infinita su misericordia, hasta el punto que parece una tarea difícil poder describirla en todos sus aspectos. Pero sobre todo, puntualizó el Sucesor de Pedro, “la misericordia es cercanía de Dios a su pueblo. Una cercanía que se manifiesta principalmente como ayuda y protección”.
Antes de concluir su discurso, el Papa Francisco señaló que “no tenemos un Dios que no sepa comprender y compadecerse de nuestras debilidades. Por lo tanto, en Jesús no sólo podemos tocar la misericordia del Padre, sino que somos impulsados a convertirnos nosotros mismos en instrumentos de su misericordia”. Puede ser fácil hablar de misericordia, dijo el Papa, mientras que es más difícil llegar a ser testigos de esa misericordia en lo concreto. Este es un camino que dura toda la vida y no debe detenerse. Jesús nos dijo que debemos ser “misericordiosos como el Padre”.

(Renato Martinez – Radio Vaticano)