domingo, 20 de marzo de 2016

BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR


De los Sermones de San Andrés de Creta, Obispo (PG 97, 990-994)

Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy de Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a plenitud el misterio de la salvación de los hombres.

Porque Él va libremente hacia Jerusalén. Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

Alegrémonos, pues, porque se nos ha presentado mansamente el que es manso y que asciende sobre el ocaso de nuestra ínfima vileza, para venir hasta nosotros y convivir con nosotros, de modo que pueda, por su parte, llevarnos hasta la familiaridad con Él.

Así es como nosotros deberíamos prosternarnos a los pies de Cristo, no poniendo bajo sus pies nuestras túnicas o unas ramas inertes, que muy pronto perderían su verdor, su fruto y su aspecto agradable, sino revistiéndonos de su gracia.

Repitamos cada día aquella sagrada exclamación que los niños cantaban, mientras agitamos los ramos espirituales del alma: Bendito el que viene, como rey, en nombre del Señor.

sábado, 19 de marzo de 2016

La cadena de la nueva esclavitud. "El eslabón que hace posibles y fuertes los demás, es el de los ciegos"


El último eslabón lo forman los que humillan, los que acosan, los que pegan hasta magullar, fracturar, mutilar y matar.
El penúltimo lo integran los que encubren, los que justifican, los que mienten, los que legislan, los que mandan, en resumen, los que garantizan que el último eslabón cumpla sin riesgos su misión humanitaria.
Un tercer eslabón, esencial para que la cadena no se rompa, es el de los que financian. Los tales, aunque sepan muy bien qué es lo que se va a hacer con el dinero que asignan a los que han de humillar y acosar a los pobres, a los que magullan sus cuerpos, fracturan sus huesos, mutilan sus miembros, o los empujan a la muerte, jamás dirán que pagan para eso, jamás reconocerán que pagan para no ver echado en su portal al mendigo cubierto de llagas, y fingirán ignorar que ese dinero es una fábrica de dolor y de muerte.
Y el primero de todos, el indispensable, el que hace posibles y fuertes los demás eslabones, es el de los ciegos: una sociedad desinformada, engañada, distraída, indiferente... Sin ella, los negreros no tendrían un minuto de futuro. Esa ceguera hace posible que se llenen de esclavos los caminos de la tierra, y que negocien con el dolor de los pobres las mafias que se reparten los cometidos en los demás eslabones de la cadena.

 (Santiago Agrelo, arzobispo de Tánger)

HOY, FIESTA DE SAN JOSÉ: FELICITACIÓN, REFLEXIÓN ESPIRITUAL Y ORACIÓN


Queridos amigos, la Iglesia se alegra hoy celebrando la fiesta de San José. News.va desea felicitar a todos los amigos y amigas que llevan el nombre del santo que tanto y tan bien cuidó a Jesús cuando era niño.

Les ofrecemos una reflexión espiritual tomada de los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero: 
«PROTECTOR Y CUSTODIO FIEL»
Cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles.

José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.
Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es este el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos?

Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa. 
No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo. [...]

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante Aquél que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de Jesús que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

JOSÉ HIZO LO QUE LE HABÍA MANDADO EL ÁNGEL DEL SEÑOR



Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados.»

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Palabra del Señor

viernes, 18 de marzo de 2016

El secreto de Jesús para vivir en tiempos difíciles

Vivimos tiempos difíciles.
De eso no hay ninguna duda.
En el Evangelio de Mateo, Capítulo 24, Jesús predice la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d. C. y también profetiza sobre el fin del mundo. Los expertos difieren sobre a qué acontecimiento se refiere en diferentes puntos del texto.
Pero dejando a un margen los detalles, en Mateo 24 Jesús habla de lo que sucede en tiempos agitados y cómo deberían responder los cristianos.
Hace poco, uno de los versículos de este capítulo se me quedó clavado en la mente.
Jesús dice: “Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (24:12).
En otras palabras, los momentos difíciles pueden hacer que se enfríe la llama de la caridad en nuestros corazones,
Jesús continúa: “Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (24:13).
¿El que persevere en qué?
En el amor.
El que persevere en el amor será salvado.
Dios nos pide, incluso cuando vivimos tiempos de desacuerdo, difíciles y revueltos, que perseveremos en el amor.
Es obra del diablo que la palabra “amor” suene tan “cursi” hoy en día. Cuando la gente escucha una exhortación en favor del amor a menudo responden enojados insistiendo en la necesidad de ser sensatos.
Necesitamos protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Tenemos que luchar contra el mal y proclamar la verdad desde las azoteas.
Cierto.
Pero entonces, ¿de qué forma saber cómo es el auténtico amor?
El amor real, el amor ágape, es como Jesús.
Jesús no era un “cursi”. Él hablaba con la verdad por delante. Ponía a todo el mundo incómodo. Pero también compartía la comida con los pecadores y les invitaba a seguirle. Interactuó y debatió con los escribas y los fariseos, hasta su amargo final.
No se rindió y se marchó, tampoco les arrojó piedras desde lejos. Jesús se acercó a sus enemigos. Nunca se daba por vencido, sin importar la vehemencia o la intensidad con la que discrepara del punto de vista de otra persona.
Jesús se mezcló con sus “enemigos”. Permitió que Judas siguiera en su círculo más cercano hasta el último momento de su traición.
Lo hizo, presuntamente, porque es lo que haría un cristiano de verdad, pero también porque quería demostrarnos que nuestro amor debería extenderse a los demás hasta que no haya vuelta atrás, hasta el último momento.
Jesús fue el ejemplo de cómo responder ante las difíciles circunstancias derivadas de su llamamiento al amor a nuestros enemigos.
Lo hizo para mostrarnos que nuestro amor, enraizado al amor de Cristo, puede tener un papel fundamental a la hora de convertir a los enemigos en amigos de Dios.
Y luego también hay otra razón por la que Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos…
Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos porque sabe que la respuesta natural del ser humano ante la maldad y los tiempos difíciles es que nuestro amor se enfríe. Y cuanto más se enfría nuestro amor, más cerca estamos del infierno, tanto más alejados del amor de Dios.
Cuando nuestro amor se enfría en la presencia de la maldad, nos convertimos en el mismo mal que despreciamos, el mismo mal que Dios detesta.
Pero Dios no quiere que nos convirtamos en el mal que Él aborrece, incluso si esto sucede en el mismo proceso de lucha contra el mal. Jesús quiere que seamos como él.
Así que avivemos las llamas de nuestro amor cristiano haciendo exactamente lo contrario a lo que nos dice nuestro instinto humano: amar a nuestros enemigos.

Amemos a nuestros enemigos en vez de permitir que se enfríe nuestro amor.
Aleteia

Los relatos evangélicos de la Pasión sin detalles de los sufrimientos. "Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: la proclamación de la Resurrección"

La meditación de la Pasión del Señor es una práctica de la piedad cristiana, provechosa en todo tiempo pero muy especialmente en el llamado precisamente de Pasión. Sin embargo, el lector moderno puede sentirse decepcionado al leer los relatos evangélicos, porque su enfoque no coincide con el de los evangelistas.

El lector moderno está acostumbrado a los relatos y las imágenes de desgracias o de crímenes que difunden los medios de comunicación, relatos sensacionalistas y truculentos, y esperaría algo por el estilo en los evangelios de la Pasión. Incluso sin morbosidad, por devoción, el lector cristiano quisiera conocer los detalles de los sufrimientos de nuestro Redentor, y no los encuentra en los evangelios. Busca entonces comentarios históricos que los describan, pero no bastan.

Hay que situarse en el punto de vista de los apóstoles y los evangelistas y en la actitud de la primera generación cristiana. No tenían necesidad de que les explicaran en qué consistía la ejecución de la pena de crucifixión. Podían imaginarse muy bien lo que le hicieron a Jesús, pero no consideraban decoroso explicitarlo, ni con palabras ni con imágenes. La representación tal vez más antigua de Jesús en la cruz es un relieve de talla de madera en la puerta de la basílica de Santa Sabina, en Roma, del siglo V. Los cristianos no se atrevieron a representar al crucificado hasta que, cristianizado el imperio, la cruz era una joya en la corona de los emperadores. Antes, representaban la pasión y resurrección con simbolismos bíblicos, como Jonás saliendo del vientre de la ballena, o Daniel en el foso de los leones.
Lo que urgía a los primeros predicadores cristianos, ante el hecho histórico de todos conocido de la muerte en cruz del Señor, no era describir cómo se realizó, sino proclamar que después había resucitado, y que aquella muerte no fue un fallo en el plan divino de salvación, sino que estaba previsto y anunciado en las Escrituras. Así se expresa en el kerygma, el núcleo sintético de la buena noticia, tal como se lee en la predicación de Pedro y Pablo en los Hechos de los Apóstoles, o en las cartas paulinas; por ejemplo, 1 Corintios 15,3-4: "Cristo murió por nuestros pecados, como decían ya las Escrituras, y fue sepultado, y resucitó al tercer día, como decían ya las Escrituras".
Así, en los relatos evangélicos de la Pasión no se describen con todos los pormenores las torturas que le aplicaron (que es lo que el lector moderno espera), sino tan solo aquellos detalles que se podían encontrar anunciados en las Escrituras, principalmente en los cantos del Siervo de Yahvé, de la segunda parte del libro de Isaías, y en algunos pasajes de los salmos del justo sufriente: que todos lo abandonaron, que fue contado entre los malhechores, que los soldados se repartieron sus vestidos y echaron suerte sobre su túnica, o que no le rompieron ningún hueso. Detalles todos que no son los que más interesan al lector actual.
Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: que terminan con la proclamación de la Resurrección. Los evangelistas no cayeron en la trampa de presentar a Jesús resucitando, sino resucitado. Desde el día de Pascua los apóstoles proclaman que el crucificado vive, y que les hace vivir a ellos con una vida nueva. Sabemos que antes de la redacción de los cuatro evangelios canónicos circularon algunos primeros escritos, como por ejemplo colecciones de parábolas, o de disputas con los rabinos y fariseos, o de sentencias pronunciadas por el Maestro en distintas ocasiones y agrupadas en forma fácil de memorizar. Pero seguramente no existió nunca un relato de la Pasión sola, que no terminara y culminara en la Resurrección.
Nosotros estamos acostumbrados a la lectura litúrgica, que en la Semana Santa quiere seguir día por día y casi hora por hora lo que entonces sucedió, y así el Viernes Santo se lee la Pasión hasta la sepultura, y hasta la vigilia del domingo de Pascua no se continúa con la Resurrección, pero en los evangelios no se separaban.

El Cristo Majestad de las pinturas románicas expresa una visión de fe cuando, a diferencia de las imágenes góticas y sobre todo barrocas, hiperrealistas, vela (sin negarlos) los detalles cruentos y presenta a Jesucristo reinando desde la cruz, con corona no de espinas sino de rey, con manto real, y a veces hasta con casulla sacerdotal. Aquellos artistas, y los fieles que contemplaban sus obras, no desconocían la realidad de los sufrimientos del Redentor, pero por encima de lo que la visión material ofrecía, se elevaban a una visión de fe sobre el porqué y el final de la Pasión.
El relato de la Pasión según Juan abunda en esta visión de fe. No oculta la realidad material, pero presenta a Jesús glorioso en la Pasión y hasta en la cruz. La escena de Getsemaní, más que un prendimiento, en Juan es una entrega voluntaria, después de hacer retroceder a los que iban a prenderle. Ante Pilatos, se comporta con la mayor dignidad, como si fuera él quien juzga al gobernador romano. Desde la cruz, toma sus disposiciones sobre su madre y el discípulo, dice que todo se ha cumplido y, cuando quiere, "entrega el espíritu": exhala su último aliento, o sea, muere, pero a la vez Juan sugiere que desde la cruz emite el Espíritu, que da la verdadera vida. En los evangelios sinópticos, el reino de Dios se establecerá plenamente en el fin del mundo, con la segunda venida de Jesucristo. En las cartas paulinas, se da ya en este mundo, en la Iglesia. En Juan, en la cruz.

(Hilari Raguer osb).

"No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".



Evangelio según San Juan 10,31-42. 


Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. 

Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?". 

Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios". 

Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? 

Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- 
¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"? 

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; 

pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre". 

Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. 

Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. 

Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad". 

Y en ese lugar muchos creyeron en él. 


Homilía del Papa: la esperanza es fundamental en la vida del cristiano

La esperanza cristiana es una virtud humilde y fuerte que nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las tantas dificultades de la vida. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice reafirmó que la esperanza en el Señor jamás decepciona y es fuente de alegría que da paz a nuestro corazón.

Jesús habla con los doctores de la ley y afirma que Abraham “exultó en la esperanza” de ver su día. El Santo Padre se inspiró en el pasaje del Evangelio del día para subrayar que la esperanza es fundamental en la vida del cristiano. Abraham – dijo Francisco – “tuvo sus tentaciones por el camino de la esperanza”, pero creyó y obedeció al Señor, y así se puso en camino hacia la tierra prometida.

La esperanza nos conduce hacia adelante con alegría

El Papa Bergoglio también destacó que hay como un “hilo de la esperanza” que une “toda la historia de la salvación” y es “fuente de alegría”:
“Hoy la Iglesia nos habla de la alegría de la esperanza. En la primera oración de la Misa hemos pedido a Dios la gracia de custodiar la esperanza de la Iglesia, para que no ‘fracase’. Y Pablo, hablando de nuestro padre Abraham, nos dice: ‘Crean contra toda esperanza’. Cuando no hay esperanza humana, está aquella virtud que te lleva adelante, humilde, sencilla, pero que te da una alegría, a veces una gran alegría, a veces sólo la paz, pero la seguridad de que aquella esperanza no decepciona. La esperanza no decepciona”.

Esta “alegría de Abraham”, esta esperanza – dijo también el Pontífice – “crece en la historia”. Y admitió que “a veces se esconde, no se ve”; mientras otras veces “se manifiesta abiertamente”. Francisco citó el ejemplo de Isabel embarazada que exulta de alegría cuando la visita su prima María. Es la “alegría de la presencia de Dios – dijo – que camina con su pueblo. Y cuando hay alegría, hay paz. Esta es la virtud de la esperanza: de la alegría a la paz”. Esta esperanza – prosiguió diciendo el Papa – “no decepciona jamás”, ni siquiera en los “momentos de la esclavitud”, cuando el pueblo de Dios estaba en tierra extranjera.

La esperanza nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las dificultades

Este “hilo de la esperanza” comienza con Abraham, “Dios que habla a Abraham”, y “termina” con Jesús. El Obispo de Roma se detuvo a considerar las características de esta esperanza. Y añadió que, si en efecto se puede decir que se tiene fe y caridad, es más difícil responder acerca de la esperanza:
“Tantas veces podemos decir esto fácilmente, pero cuando se nos pregunta: ‘¿Tú tienes esperanza? ¿Tú tienes la alegría de la esperanza?’ ‘Pero, padre, no entiendo, explíquemelo’. La esperanza, aquella virtud humilde, aquella virtud que corre bajo el agua de la vida, pero que nos sostiene para que no nos ahoguemos en las tantas dificultades, para no perder aquel deseo de encontrar a Dios, de encontrar aquel rostro maravilloso que todos veremos un día: la esperanza”.

La esperanza no decepciona: es silenciosa, humilde y fuerte

Hoy – dijo el Papa al concluir su homilía – “es un lindo día para pensar en esto: el mismo Dios, que llamó a Abraham y lo hizo salir de su tierra sin que supiera a dónde debía ir, es el mismo Dios que va a la cruz, para cumplir la promesa que había hecho”:
“Es el mismo Dios que en la plenitud de los tiempos hace que aquella promesa llegue a ser una realidad para todos nosotros. Y lo que une aquel primer momento a este último momento es el hilo de la esperanza; y lo que une mi vida cristiana a nuestra vida cristiana, de un momento al otro, para ir siempre hacia adelante – pecadores, pero adelante – es la esperanza; y lo que nos da paz en los feos momentos, en los momentos peores de la vida es la esperanza. La esperanza no decepciona, está siempre allí: silenciosa y humilde, pero fuerte”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 17 de marzo de 2016

Cardenal Amigo: "La Iglesia católica está en un momento espléndido"."El Papa Francisco ha llegado en el momento que la Iglesia necesitaba"

El cardenal y arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo, ha asegurado hoy que la Iglesia "no es un programa de acción hecho en un despacho", sino que "mira a la realidad y trata de dar respuesta a la realidad que se encuentra delante, de los católicos y de los necesitados, no católicos".
Amigo ha realizado estas declaraciones a Efe antes de pronunciar mañana, día 17, el Pregón de la Semana Santa, que este año se estrena con la declaración de Interés Turístico Nacional, y que ha organizado la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la ciudad de Logroño.

Según Amigo, "la Iglesia católica está en un momento espléndido" y ha puesto como ejemplo al Papa Francisco, "con un prestigio moral enorme en el mundo y un atractivo enorme no solo por los católicos, sino por otras religiosas".

A pesar de incidir en esta buena aceptación que cree que tiene el Papa Francisco, ha dicho que "la Iglesia no comienza nunca con un nuevo Papa, sino que hay una trayectoria y una progresión del misterio del verbo de Dios".
Ha recordado que fue el Papa Juan Pablo II el que dijo que "Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba"; y fue su sucesor, Benedicto XVI, quien "empezó a asumir los problemas fuertes de la organización vaticana respecto a las finanzas".

"El Papa Francisco -ha recalcado- ha llegado en el momento que la Iglesia necesitaba", pero, más allá de ser una persona "muy valorada", la Iglesia católica "está en una renovación permanente y es un organismo vivo, que necesita esta renovación, no en los contenidos fundamentales de la fe, sino en la forma, muchas veces, de explicar ese mensaje".

También ha subrayado que "la dimensión caritativa y social" que cree que tiene actualmente la Iglesia es "espléndida", en un momento en el que, además, "está haciendo todo lo que puede por ayudar a los más deprimidos, a los más pobres, en un sitio y en otro".

Sin embargo, ha precisado que la Iglesia está en "una situación de ser consciente de su obligación en el mundo y está muy preocupada, no por el aplauso, sino por ser fiel a Jesucristo".
Sobre la Semana Santa y su carácter religioso, ha dicho que le resulta un "honor" ser pregonero de esta festividad en Logroño, donde esta festividad tiene "unas raíces muy profundas y La Rioja es una región que tiene una fama muy justificada de una religiosidad austera y auténtica".
Para el prelado, España es un país en el que "la Semana Santa se celebra durante todo el año y es algo más que turismo, sobre todo, por la continuidad que dan las cofradías a sus actos".
"Logroño, como tantas ciudades españolas, tienen unas representaciones magníficas para su Semana Santa, con un gusto excelente para sus procesiones, unas imágenes de una gran belleza y ello, en conjunto, atrae turismo", ha indicado.

Por ello, ha considerado que el turismo "no es un peligro" para la Semana Santa en la medida en que "se sepa conservar" la faceta religiosa de esta fiesta.

Para él, "el peligro está en querer despojar a la Semana Santa de cualquier contenido religioso", que entiende que es algo que está ocurriendo y que es "lamentable", ya que "una procesión no es un museo por la calle ni un museo itinerante, sino una procesión de fe en el misterio de Cristo redentor". (RD/Efe)

Siria: El Vaticano denuncia crímenes contra la humanidad


La Santa Sede denunció este martes en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, que en Siria se están cometiendo «crímenes contra la humanidad» que quedan «impunes», entre ellos «ataques diarios contra la población civil».
Lo informó el programa en inglés de la Radio Vaticano, que en su web publica la intervención de monseñor Richard Gyhra, observador ad interim de la misión permanente de la Santa Sede en Ginebra.
Durante el conflicto en Siria –que ha cumplido cinco años este mes– se han registrado más de 270 mil muertos, más de 4,5 millones de refugiados y unos 7 millones de desplazados internos, según los datos de las organizaciones internacionales.
Monseñor Gyhra señaló en su intervención que «los recientes acontecimientos que están sucediendo en Siria parecen reforzar el sentimiento de abandono delante de una tragedia humana sin fin causada por la continuación del conflicto y el éxodo de los refugiados, el desprecio de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario».
El observador de la Santa Sede señaló además que es urgente enviar ayuda humanitaria a la región e invitó a todas las partes a participar en el proceso de paz.
Y explicó que «una dimensión crucial que debe ser observada en la construcción sostenible del proceso de paz es el respeto hacia una sociedad plural, en la cual se reconozca a las minorías étnicas, religiosas y lingüísticas un lugar como miembros de pleno derecho en la sociedad y el Estado sirio».
«La supervivencia y el bienestar de estas minorías –señaló Mons. Gyhra– son la garantía de un Estado democrático, respetuoso de las diferencias». Además el retorno de los refugiados y los desplazados internos se vuelve «una condición esencial para la reconciliación, la reconstrucción y la sostenibilidad» en cualquier solución al conflicto.
Zenit/Sergio Mora

Ratzinger apoya a Francisco: "Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta ante ella"

"Es un signo de los tiempos que la misericordia sea cada vez más central y dominante"
"Papa Francisco se encuentra completamente en sintonía con esta línea. Su práctica pastoral se expresa justamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos espanta". En unas pocas líneas, Benedicto XVI ha mostrado respaldo al pontificado de su sucesor, Francisco.
En un libro-entrevista publicado en Italia, Ratzinger destaca la parábola del buen samaritano y se muestra, como Bergoglio, crítico con "los representantes de la religión" que "se rindieron, por decirlo así, inmunes en relación con Dios".
Acaba de publicarse el libro "Por medio de la fe. Doctrina de la justificación y experiencia de Dios en la predicación de la Iglesia", en el que Ratzinger cita por primera vez públicamente a su sucesor, el papa Francisco, y su práctica pastoral centrada en el misericordia.
El volumen, del jesuita Daniele Libanori, publica los actos de un congreso teológico celebrado en Roma el pasado mes de octubre. En esta ocasión, monseñor Georg Gänswein leyó el texto de una entrevista con el papa Benedicto XVI realizada por el teólogo jesuita Jacques Servais titulado "Qué es la fe y cómo se llega a creer", casi completamente centrada sobre el tema de la misericordia.

"Para mí es un signo de los tiempos el hecho de que la idea de la misericordia de Dios se convierta cada vez más central y dominante" dice en el coloquio el Papa emérito, citando dos santos. Primero a la mística polaca Faustina Kowalska cuyas visiones reflejan "el deseo de la bondad divina que es proprio del hombre de hoy", después a Juan Pablo II que la canonizó y dedicó un domingo a la Divina misericordia, publicando después la encíclica "Dios rico de misericordia", en 1980.
Wojtyla - dice Benedicto XVI - "estaba profundamente impregnado por este impulso, también si esto no siempre surgía de forma explícita. Pero no es casualidad que su último libro, que vio la luz precisamente inmediatamente antes de su muerte, habla de la misericordia de Dios. A partir de las experiencias en las cuales desde los primeros años de vida que tuvo que constatar toda la crueldad de los hombres, él afirma que la misericordia es la única verdadera y última reacción eficaz contra el poder del mal. Solo allí donde haya misericordia termina la crueldad, termina el mal y la violencia".
De este modo, el Papa emérito cita a Francisco que -subraya- "se encuentra completamente de acuerdo con esta línea. Su práctica pastoral se expresa precisamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. "Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta ante ella", prosigue. Asimismo, Benedicto XVI en la entrevista indica que en su punto de vista esto pone de manifiesto que bajo la pátina de seguridad de sí mismo y de la propia justicia, el hombre de hoy esconde un profundo conocimiento de sus heridas y de su indignidad frente a Dios. Él espera la misericordia".
Al preguntarle Servais sobre el tema de la entrevista "qué es la fe y cómo se llega a creer", Benedicto XVI explica que "la fe es un contacto profundamente personal con Dios, que me toca en mi tejido más íntimo y me pone frente al Dios viviente en absoluta inmediatez de forma que yo pueda hablarle, amarle y entrar en comunión con él". Al mismo tiempo, "esta realidad principalmente personal tiene que ver de forma inseparable con la comunidad: forma parte de la esencia de la fe el hecho de introducirme en el nosotros de los Hijos de Dios, en la comunidad que peregrina de hermanos y hermanas".
La Iglesia no se ha hecho a sí misma -concluye el Papa emérito- sino que ha sido creada por Dios y viene continuamente formada por Él, encontrando su expresión en los sacramentos, sobre todo en el bautismo.


RECURRAN AL SEÑOR, A SU PODER, BUSQUEN SU ROSTRO

Sal 104,4-5.6-7.8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su Rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
Él gobierna toda la tierra.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".

Evangelio según San Juan 8,51-59. 

Jesús dijo a los judíos: 
"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás". 
Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. 

¿Acaso eres más grande que
 nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". 

Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', 

y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. 

Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". 

Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". 
Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". 

Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

CATEQUESIS DEL PAPA: EL SEÑOR ES FIEL, NO ABANDONA EN LA DESOLACIÓN

Queridos amigos, les ofrecemos el texto completo de la catequesis de hoy del Papa Francisco, que continúa el ciclo que está dedicando a la misericordia divina en la Biblia:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Libro del profeta Jeremías, los capítulos 30 y 31 son llamados “libro de la consolación”, porque en ellos la misericordia de Dios se presenta con toda su capacidad de confrontar y abrir el corazón de los afligidos a la esperanza. Hoy queremos también nosotros escuchar este mensaje de consolación.
Jeremías se dirige a los israelitas que han sido deportados a tierras extranjeras y pre-anuncia el regreso a la patria. Este regreso es signo del amor infinito de Dios Padre que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva.
El exilio había sido una experiencia catastrófica para Israel. La fe había vacilado porque en tierra extranjera, sin el templo, sin el culto, después de haber visto el país destruido, era difícil continuar creyendo en la bondad del Señor.
Me viene a la mente la cercana Albania y como después de tantas persecuciones y destrucciones ha logrado levantarse en su dignidad y en la fe. Así habían sufrido los israelitas en el exilio.
También nosotros podemos vivir a veces una especie de exilio, cuando la soledad, el sufrimiento, la muerte nos hacen pensar de haber sido abandonados por Dios. Cuántas veces hemos escuchado esta palabra: “Dios se ha olvidado de mi”. Muchas veces personas que sufren y se sienten abandonadas.
Y cuántos de nuestros hermanos en cambio están viviendo en este tiempo una real y dramática situación de exilio, lejos de su patria, en sus ojos todavía las ruinas de sus casas, en el corazón el miedo y muchas veces, lamentablemente, ¡el dolor por la pérdida de personas queridas! En estos casos uno puede preguntarse: ¿Dónde está Dios? ¿Cómo es posible que tanto sufrimiento pueda golpear a hombres, mujeres y niños inocentes?
Y cuando tratan de entrar en otra parte les cierran la puerta. Y están ahí, al límite porque tantas puertas y tantos corazones están cerrados. Los migrantes de hoy que sufren el aire, sin alimentos y no pueden entrar, no reciben la acogida. ¡A mí me gusta mucho escuchar, cuando veo a las naciones, los gobernantes que abren el corazón y abren las puertas!
El profeta Jeremías nos da una primera respuesta. El pueblo exiliado podrá regresar a ver su tierra y a experimentar la misericordia del Señor. Es el gran anuncio de consolación: Dios no está ausente, ni siquiera hoy en estas dramáticas situaciones, Dios está cerca, y hace obras grandes de salvación para quien confía en Él. No se debe ceder a la desesperación, sino continuar a estar seguros de que el bien vence al mal, y de que el Señor secará toda lágrima y nos liberará de todo temor.
Por eso Jeremías da su voz a las palabras del amor de Dios por su pueblo: «Yo te amé con un amor eterno, por eso te atraje con fidelidad. De nuevo te edificaré y serás reedificada, virgen de Israel; de nuevo te adornarás con tus tamboriles y saldrás danzando alegremente» (31,3-4).
El Señor es fiel, no abandona en la desolación. Dios ama con un amor sin fin, que ni siquiera el pecado puede frenar, y gracias a Él el corazón del hombre se llena de alegría y de consolación.
El sueño consolador del regreso a la patria continua en las palabras del profeta, que dirigiéndose a cuantos regresaran a Jerusalén dice: «Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo, el vino nuevo y el aceite, hacia las crías de ovejas y de vacas. Sus almas serán como un jardín bien regado y no volverán a desfallecer» (31,12).
En la alegría y en la gratitud, los exiliados retornaran a Sión, subiendo al monte santo hacia la casa de Dios, y así podrán de nuevo elevar himnos y oraciones al Señor que los ha liberado.
Este regreso a Jerusalén y a sus bienes es descrito con un verbo que literalmente quiere decir “afluir, correr”. El pueblo es considerado, en un movimiento paradójico, como un río caudaloso que corre hacia la altura de Sión, subiendo hacia la cima del monte. ¡Una imagen audaz para decir cuánto es grande la misericordia del Señor!
La tierra, que el pueblo había debido abandonar, se había convertido en presa de los enemigos y desolada. Ahora, en cambio, retoma vida y florece. Y los exiliados mismos serán como un jardín irrigado, como una tierra fértil. Israel, llevado a su patria por su Señor, asiste a la victoria de la vida sobre la muerte y de la bendición sobre la maldición.
Y así el pueblo es fortificado y – esta palabra es importante: ¡consolado! – es consolado por Dios. Los repatriados reciben vida de una fuente que gratuitamente los irriga.
A este punto, el profeta anuncia la plenitud de la alegría, y siempre en nombre de Dios proclama: «Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción» (31,13).
El salmo nos dice que cuando regresaron a su patria la boca se les llenó de sonrisa; ¡es una alegría tan grande! Es el don que el Señor quiere hacer también a cada uno de nosotros, con su perdón que convierte y reconcilia.
El profeta Jeremías nos ha dado el anuncio, presentando el regreso de los exiliados como un gran símbolo de la consolación dado al corazón que se convierte. El Señor Jesús, por su parte, ha llevado a cumplimiento este mensaje del profeta. El verdadero y radical regreso del exilio y la confortante luz después de la oscuridad de la crisis de fe, se realiza en la Pascua, en la experiencia llena y definitiva del amor de Dios, amor misericordioso que dona alegría, paz y vida eterna».
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)