viernes, 18 de marzo de 2016

El secreto de Jesús para vivir en tiempos difíciles

Vivimos tiempos difíciles.
De eso no hay ninguna duda.
En el Evangelio de Mateo, Capítulo 24, Jesús predice la destrucción del templo de Jerusalén en el año 70 d. C. y también profetiza sobre el fin del mundo. Los expertos difieren sobre a qué acontecimiento se refiere en diferentes puntos del texto.
Pero dejando a un margen los detalles, en Mateo 24 Jesús habla de lo que sucede en tiempos agitados y cómo deberían responder los cristianos.
Hace poco, uno de los versículos de este capítulo se me quedó clavado en la mente.
Jesús dice: “Por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará” (24:12).
En otras palabras, los momentos difíciles pueden hacer que se enfríe la llama de la caridad en nuestros corazones,
Jesús continúa: “Pero el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (24:13).
¿El que persevere en qué?
En el amor.
El que persevere en el amor será salvado.
Dios nos pide, incluso cuando vivimos tiempos de desacuerdo, difíciles y revueltos, que perseveremos en el amor.
Es obra del diablo que la palabra “amor” suene tan “cursi” hoy en día. Cuando la gente escucha una exhortación en favor del amor a menudo responden enojados insistiendo en la necesidad de ser sensatos.
Necesitamos protegernos a nosotros mismos y a nuestros seres queridos. Tenemos que luchar contra el mal y proclamar la verdad desde las azoteas.
Cierto.
Pero entonces, ¿de qué forma saber cómo es el auténtico amor?
El amor real, el amor ágape, es como Jesús.
Jesús no era un “cursi”. Él hablaba con la verdad por delante. Ponía a todo el mundo incómodo. Pero también compartía la comida con los pecadores y les invitaba a seguirle. Interactuó y debatió con los escribas y los fariseos, hasta su amargo final.
No se rindió y se marchó, tampoco les arrojó piedras desde lejos. Jesús se acercó a sus enemigos. Nunca se daba por vencido, sin importar la vehemencia o la intensidad con la que discrepara del punto de vista de otra persona.
Jesús se mezcló con sus “enemigos”. Permitió que Judas siguiera en su círculo más cercano hasta el último momento de su traición.
Lo hizo, presuntamente, porque es lo que haría un cristiano de verdad, pero también porque quería demostrarnos que nuestro amor debería extenderse a los demás hasta que no haya vuelta atrás, hasta el último momento.
Jesús fue el ejemplo de cómo responder ante las difíciles circunstancias derivadas de su llamamiento al amor a nuestros enemigos.
Lo hizo para mostrarnos que nuestro amor, enraizado al amor de Cristo, puede tener un papel fundamental a la hora de convertir a los enemigos en amigos de Dios.
Y luego también hay otra razón por la que Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos…
Jesús nos dice que amemos a nuestros enemigos porque sabe que la respuesta natural del ser humano ante la maldad y los tiempos difíciles es que nuestro amor se enfríe. Y cuanto más se enfría nuestro amor, más cerca estamos del infierno, tanto más alejados del amor de Dios.
Cuando nuestro amor se enfría en la presencia de la maldad, nos convertimos en el mismo mal que despreciamos, el mismo mal que Dios detesta.
Pero Dios no quiere que nos convirtamos en el mal que Él aborrece, incluso si esto sucede en el mismo proceso de lucha contra el mal. Jesús quiere que seamos como él.
Así que avivemos las llamas de nuestro amor cristiano haciendo exactamente lo contrario a lo que nos dice nuestro instinto humano: amar a nuestros enemigos.

Amemos a nuestros enemigos en vez de permitir que se enfríe nuestro amor.
Aleteia

Los relatos evangélicos de la Pasión sin detalles de los sufrimientos. "Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: la proclamación de la Resurrección"

La meditación de la Pasión del Señor es una práctica de la piedad cristiana, provechosa en todo tiempo pero muy especialmente en el llamado precisamente de Pasión. Sin embargo, el lector moderno puede sentirse decepcionado al leer los relatos evangélicos, porque su enfoque no coincide con el de los evangelistas.

El lector moderno está acostumbrado a los relatos y las imágenes de desgracias o de crímenes que difunden los medios de comunicación, relatos sensacionalistas y truculentos, y esperaría algo por el estilo en los evangelios de la Pasión. Incluso sin morbosidad, por devoción, el lector cristiano quisiera conocer los detalles de los sufrimientos de nuestro Redentor, y no los encuentra en los evangelios. Busca entonces comentarios históricos que los describan, pero no bastan.

Hay que situarse en el punto de vista de los apóstoles y los evangelistas y en la actitud de la primera generación cristiana. No tenían necesidad de que les explicaran en qué consistía la ejecución de la pena de crucifixión. Podían imaginarse muy bien lo que le hicieron a Jesús, pero no consideraban decoroso explicitarlo, ni con palabras ni con imágenes. La representación tal vez más antigua de Jesús en la cruz es un relieve de talla de madera en la puerta de la basílica de Santa Sabina, en Roma, del siglo V. Los cristianos no se atrevieron a representar al crucificado hasta que, cristianizado el imperio, la cruz era una joya en la corona de los emperadores. Antes, representaban la pasión y resurrección con simbolismos bíblicos, como Jonás saliendo del vientre de la ballena, o Daniel en el foso de los leones.
Lo que urgía a los primeros predicadores cristianos, ante el hecho histórico de todos conocido de la muerte en cruz del Señor, no era describir cómo se realizó, sino proclamar que después había resucitado, y que aquella muerte no fue un fallo en el plan divino de salvación, sino que estaba previsto y anunciado en las Escrituras. Así se expresa en el kerygma, el núcleo sintético de la buena noticia, tal como se lee en la predicación de Pedro y Pablo en los Hechos de los Apóstoles, o en las cartas paulinas; por ejemplo, 1 Corintios 15,3-4: "Cristo murió por nuestros pecados, como decían ya las Escrituras, y fue sepultado, y resucitó al tercer día, como decían ya las Escrituras".
Así, en los relatos evangélicos de la Pasión no se describen con todos los pormenores las torturas que le aplicaron (que es lo que el lector moderno espera), sino tan solo aquellos detalles que se podían encontrar anunciados en las Escrituras, principalmente en los cantos del Siervo de Yahvé, de la segunda parte del libro de Isaías, y en algunos pasajes de los salmos del justo sufriente: que todos lo abandonaron, que fue contado entre los malhechores, que los soldados se repartieron sus vestidos y echaron suerte sobre su túnica, o que no le rompieron ningún hueso. Detalles todos que no son los que más interesan al lector actual.
Lo más importante de los relatos de la Pasión es el final: que terminan con la proclamación de la Resurrección. Los evangelistas no cayeron en la trampa de presentar a Jesús resucitando, sino resucitado. Desde el día de Pascua los apóstoles proclaman que el crucificado vive, y que les hace vivir a ellos con una vida nueva. Sabemos que antes de la redacción de los cuatro evangelios canónicos circularon algunos primeros escritos, como por ejemplo colecciones de parábolas, o de disputas con los rabinos y fariseos, o de sentencias pronunciadas por el Maestro en distintas ocasiones y agrupadas en forma fácil de memorizar. Pero seguramente no existió nunca un relato de la Pasión sola, que no terminara y culminara en la Resurrección.
Nosotros estamos acostumbrados a la lectura litúrgica, que en la Semana Santa quiere seguir día por día y casi hora por hora lo que entonces sucedió, y así el Viernes Santo se lee la Pasión hasta la sepultura, y hasta la vigilia del domingo de Pascua no se continúa con la Resurrección, pero en los evangelios no se separaban.

El Cristo Majestad de las pinturas románicas expresa una visión de fe cuando, a diferencia de las imágenes góticas y sobre todo barrocas, hiperrealistas, vela (sin negarlos) los detalles cruentos y presenta a Jesucristo reinando desde la cruz, con corona no de espinas sino de rey, con manto real, y a veces hasta con casulla sacerdotal. Aquellos artistas, y los fieles que contemplaban sus obras, no desconocían la realidad de los sufrimientos del Redentor, pero por encima de lo que la visión material ofrecía, se elevaban a una visión de fe sobre el porqué y el final de la Pasión.
El relato de la Pasión según Juan abunda en esta visión de fe. No oculta la realidad material, pero presenta a Jesús glorioso en la Pasión y hasta en la cruz. La escena de Getsemaní, más que un prendimiento, en Juan es una entrega voluntaria, después de hacer retroceder a los que iban a prenderle. Ante Pilatos, se comporta con la mayor dignidad, como si fuera él quien juzga al gobernador romano. Desde la cruz, toma sus disposiciones sobre su madre y el discípulo, dice que todo se ha cumplido y, cuando quiere, "entrega el espíritu": exhala su último aliento, o sea, muere, pero a la vez Juan sugiere que desde la cruz emite el Espíritu, que da la verdadera vida. En los evangelios sinópticos, el reino de Dios se establecerá plenamente en el fin del mundo, con la segunda venida de Jesucristo. En las cartas paulinas, se da ya en este mundo, en la Iglesia. En Juan, en la cruz.

(Hilari Raguer osb).

"No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios".



Evangelio según San Juan 10,31-42. 


Los judíos tomaron piedras para apedrearlo. 

Entonces Jesús dijo: "Les hice ver muchas obras buenas que vienen del Padre; ¿Por cuál de ellas me quieren apedrear?". 

Los judíos le respondieron: "No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino porque blasfemas, ya que, siendo hombre, te haces Dios". 

Jesús les respondió: "¿No está escrito en la Ley: Yo dije: Ustedes son dioses? 

Si la Ley llama dioses a los que Dios dirigió su Palabra -y la Escritura no puede ser anulada- 
¿Cómo dicen: 'Tú blasfemas', a quien el Padre santificó y envió al mundo, porque dijo: "Yo soy Hijo de Dios"? 

Si no hago las obras de mi Padre, no me crean; 

pero si las hago, crean en las obras, aunque no me crean a mí. Así reconocerán y sabrán que el Padre está en mí y yo en el Padre". 

Ellos intentaron nuevamente detenerlo, pero él se les escapó de las manos. 

Jesús volvió a ir al otro lado del Jordán, al lugar donde Juan había bautizado, y se quedó allí. 

Muchos fueron a verlo, y la gente decía: "Juan no ha hecho ningún signo, pero todo lo que dijo de este hombre era verdad". 

Y en ese lugar muchos creyeron en él. 


Homilía del Papa: la esperanza es fundamental en la vida del cristiano

La esperanza cristiana es una virtud humilde y fuerte que nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las tantas dificultades de la vida. Lo recordó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice reafirmó que la esperanza en el Señor jamás decepciona y es fuente de alegría que da paz a nuestro corazón.

Jesús habla con los doctores de la ley y afirma que Abraham “exultó en la esperanza” de ver su día. El Santo Padre se inspiró en el pasaje del Evangelio del día para subrayar que la esperanza es fundamental en la vida del cristiano. Abraham – dijo Francisco – “tuvo sus tentaciones por el camino de la esperanza”, pero creyó y obedeció al Señor, y así se puso en camino hacia la tierra prometida.

La esperanza nos conduce hacia adelante con alegría

El Papa Bergoglio también destacó que hay como un “hilo de la esperanza” que une “toda la historia de la salvación” y es “fuente de alegría”:
“Hoy la Iglesia nos habla de la alegría de la esperanza. En la primera oración de la Misa hemos pedido a Dios la gracia de custodiar la esperanza de la Iglesia, para que no ‘fracase’. Y Pablo, hablando de nuestro padre Abraham, nos dice: ‘Crean contra toda esperanza’. Cuando no hay esperanza humana, está aquella virtud que te lleva adelante, humilde, sencilla, pero que te da una alegría, a veces una gran alegría, a veces sólo la paz, pero la seguridad de que aquella esperanza no decepciona. La esperanza no decepciona”.

Esta “alegría de Abraham”, esta esperanza – dijo también el Pontífice – “crece en la historia”. Y admitió que “a veces se esconde, no se ve”; mientras otras veces “se manifiesta abiertamente”. Francisco citó el ejemplo de Isabel embarazada que exulta de alegría cuando la visita su prima María. Es la “alegría de la presencia de Dios – dijo – que camina con su pueblo. Y cuando hay alegría, hay paz. Esta es la virtud de la esperanza: de la alegría a la paz”. Esta esperanza – prosiguió diciendo el Papa – “no decepciona jamás”, ni siquiera en los “momentos de la esclavitud”, cuando el pueblo de Dios estaba en tierra extranjera.

La esperanza nos sostiene y hace que no nos ahoguemos en las dificultades

Este “hilo de la esperanza” comienza con Abraham, “Dios que habla a Abraham”, y “termina” con Jesús. El Obispo de Roma se detuvo a considerar las características de esta esperanza. Y añadió que, si en efecto se puede decir que se tiene fe y caridad, es más difícil responder acerca de la esperanza:
“Tantas veces podemos decir esto fácilmente, pero cuando se nos pregunta: ‘¿Tú tienes esperanza? ¿Tú tienes la alegría de la esperanza?’ ‘Pero, padre, no entiendo, explíquemelo’. La esperanza, aquella virtud humilde, aquella virtud que corre bajo el agua de la vida, pero que nos sostiene para que no nos ahoguemos en las tantas dificultades, para no perder aquel deseo de encontrar a Dios, de encontrar aquel rostro maravilloso que todos veremos un día: la esperanza”.

La esperanza no decepciona: es silenciosa, humilde y fuerte

Hoy – dijo el Papa al concluir su homilía – “es un lindo día para pensar en esto: el mismo Dios, que llamó a Abraham y lo hizo salir de su tierra sin que supiera a dónde debía ir, es el mismo Dios que va a la cruz, para cumplir la promesa que había hecho”:
“Es el mismo Dios que en la plenitud de los tiempos hace que aquella promesa llegue a ser una realidad para todos nosotros. Y lo que une aquel primer momento a este último momento es el hilo de la esperanza; y lo que une mi vida cristiana a nuestra vida cristiana, de un momento al otro, para ir siempre hacia adelante – pecadores, pero adelante – es la esperanza; y lo que nos da paz en los feos momentos, en los momentos peores de la vida es la esperanza. La esperanza no decepciona, está siempre allí: silenciosa y humilde, pero fuerte”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 17 de marzo de 2016

Cardenal Amigo: "La Iglesia católica está en un momento espléndido"."El Papa Francisco ha llegado en el momento que la Iglesia necesitaba"

El cardenal y arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo, ha asegurado hoy que la Iglesia "no es un programa de acción hecho en un despacho", sino que "mira a la realidad y trata de dar respuesta a la realidad que se encuentra delante, de los católicos y de los necesitados, no católicos".
Amigo ha realizado estas declaraciones a Efe antes de pronunciar mañana, día 17, el Pregón de la Semana Santa, que este año se estrena con la declaración de Interés Turístico Nacional, y que ha organizado la Hermandad de Cofradías de la Pasión de la ciudad de Logroño.

Según Amigo, "la Iglesia católica está en un momento espléndido" y ha puesto como ejemplo al Papa Francisco, "con un prestigio moral enorme en el mundo y un atractivo enorme no solo por los católicos, sino por otras religiosas".

A pesar de incidir en esta buena aceptación que cree que tiene el Papa Francisco, ha dicho que "la Iglesia no comienza nunca con un nuevo Papa, sino que hay una trayectoria y una progresión del misterio del verbo de Dios".
Ha recordado que fue el Papa Juan Pablo II el que dijo que "Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba"; y fue su sucesor, Benedicto XVI, quien "empezó a asumir los problemas fuertes de la organización vaticana respecto a las finanzas".

"El Papa Francisco -ha recalcado- ha llegado en el momento que la Iglesia necesitaba", pero, más allá de ser una persona "muy valorada", la Iglesia católica "está en una renovación permanente y es un organismo vivo, que necesita esta renovación, no en los contenidos fundamentales de la fe, sino en la forma, muchas veces, de explicar ese mensaje".

También ha subrayado que "la dimensión caritativa y social" que cree que tiene actualmente la Iglesia es "espléndida", en un momento en el que, además, "está haciendo todo lo que puede por ayudar a los más deprimidos, a los más pobres, en un sitio y en otro".

Sin embargo, ha precisado que la Iglesia está en "una situación de ser consciente de su obligación en el mundo y está muy preocupada, no por el aplauso, sino por ser fiel a Jesucristo".
Sobre la Semana Santa y su carácter religioso, ha dicho que le resulta un "honor" ser pregonero de esta festividad en Logroño, donde esta festividad tiene "unas raíces muy profundas y La Rioja es una región que tiene una fama muy justificada de una religiosidad austera y auténtica".
Para el prelado, España es un país en el que "la Semana Santa se celebra durante todo el año y es algo más que turismo, sobre todo, por la continuidad que dan las cofradías a sus actos".
"Logroño, como tantas ciudades españolas, tienen unas representaciones magníficas para su Semana Santa, con un gusto excelente para sus procesiones, unas imágenes de una gran belleza y ello, en conjunto, atrae turismo", ha indicado.

Por ello, ha considerado que el turismo "no es un peligro" para la Semana Santa en la medida en que "se sepa conservar" la faceta religiosa de esta fiesta.

Para él, "el peligro está en querer despojar a la Semana Santa de cualquier contenido religioso", que entiende que es algo que está ocurriendo y que es "lamentable", ya que "una procesión no es un museo por la calle ni un museo itinerante, sino una procesión de fe en el misterio de Cristo redentor". (RD/Efe)

Siria: El Vaticano denuncia crímenes contra la humanidad


La Santa Sede denunció este martes en el Consejo de Derechos Humanos en Ginebra, que en Siria se están cometiendo «crímenes contra la humanidad» que quedan «impunes», entre ellos «ataques diarios contra la población civil».
Lo informó el programa en inglés de la Radio Vaticano, que en su web publica la intervención de monseñor Richard Gyhra, observador ad interim de la misión permanente de la Santa Sede en Ginebra.
Durante el conflicto en Siria –que ha cumplido cinco años este mes– se han registrado más de 270 mil muertos, más de 4,5 millones de refugiados y unos 7 millones de desplazados internos, según los datos de las organizaciones internacionales.
Monseñor Gyhra señaló en su intervención que «los recientes acontecimientos que están sucediendo en Siria parecen reforzar el sentimiento de abandono delante de una tragedia humana sin fin causada por la continuación del conflicto y el éxodo de los refugiados, el desprecio de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario».
El observador de la Santa Sede señaló además que es urgente enviar ayuda humanitaria a la región e invitó a todas las partes a participar en el proceso de paz.
Y explicó que «una dimensión crucial que debe ser observada en la construcción sostenible del proceso de paz es el respeto hacia una sociedad plural, en la cual se reconozca a las minorías étnicas, religiosas y lingüísticas un lugar como miembros de pleno derecho en la sociedad y el Estado sirio».
«La supervivencia y el bienestar de estas minorías –señaló Mons. Gyhra– son la garantía de un Estado democrático, respetuoso de las diferencias». Además el retorno de los refugiados y los desplazados internos se vuelve «una condición esencial para la reconciliación, la reconstrucción y la sostenibilidad» en cualquier solución al conflicto.
Zenit/Sergio Mora

Ratzinger apoya a Francisco: "Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta ante ella"

"Es un signo de los tiempos que la misericordia sea cada vez más central y dominante"
"Papa Francisco se encuentra completamente en sintonía con esta línea. Su práctica pastoral se expresa justamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos espanta". En unas pocas líneas, Benedicto XVI ha mostrado respaldo al pontificado de su sucesor, Francisco.
En un libro-entrevista publicado en Italia, Ratzinger destaca la parábola del buen samaritano y se muestra, como Bergoglio, crítico con "los representantes de la religión" que "se rindieron, por decirlo así, inmunes en relación con Dios".
Acaba de publicarse el libro "Por medio de la fe. Doctrina de la justificación y experiencia de Dios en la predicación de la Iglesia", en el que Ratzinger cita por primera vez públicamente a su sucesor, el papa Francisco, y su práctica pastoral centrada en el misericordia.
El volumen, del jesuita Daniele Libanori, publica los actos de un congreso teológico celebrado en Roma el pasado mes de octubre. En esta ocasión, monseñor Georg Gänswein leyó el texto de una entrevista con el papa Benedicto XVI realizada por el teólogo jesuita Jacques Servais titulado "Qué es la fe y cómo se llega a creer", casi completamente centrada sobre el tema de la misericordia.

"Para mí es un signo de los tiempos el hecho de que la idea de la misericordia de Dios se convierta cada vez más central y dominante" dice en el coloquio el Papa emérito, citando dos santos. Primero a la mística polaca Faustina Kowalska cuyas visiones reflejan "el deseo de la bondad divina que es proprio del hombre de hoy", después a Juan Pablo II que la canonizó y dedicó un domingo a la Divina misericordia, publicando después la encíclica "Dios rico de misericordia", en 1980.
Wojtyla - dice Benedicto XVI - "estaba profundamente impregnado por este impulso, también si esto no siempre surgía de forma explícita. Pero no es casualidad que su último libro, que vio la luz precisamente inmediatamente antes de su muerte, habla de la misericordia de Dios. A partir de las experiencias en las cuales desde los primeros años de vida que tuvo que constatar toda la crueldad de los hombres, él afirma que la misericordia es la única verdadera y última reacción eficaz contra el poder del mal. Solo allí donde haya misericordia termina la crueldad, termina el mal y la violencia".
De este modo, el Papa emérito cita a Francisco que -subraya- "se encuentra completamente de acuerdo con esta línea. Su práctica pastoral se expresa precisamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. "Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta ante ella", prosigue. Asimismo, Benedicto XVI en la entrevista indica que en su punto de vista esto pone de manifiesto que bajo la pátina de seguridad de sí mismo y de la propia justicia, el hombre de hoy esconde un profundo conocimiento de sus heridas y de su indignidad frente a Dios. Él espera la misericordia".
Al preguntarle Servais sobre el tema de la entrevista "qué es la fe y cómo se llega a creer", Benedicto XVI explica que "la fe es un contacto profundamente personal con Dios, que me toca en mi tejido más íntimo y me pone frente al Dios viviente en absoluta inmediatez de forma que yo pueda hablarle, amarle y entrar en comunión con él". Al mismo tiempo, "esta realidad principalmente personal tiene que ver de forma inseparable con la comunidad: forma parte de la esencia de la fe el hecho de introducirme en el nosotros de los Hijos de Dios, en la comunidad que peregrina de hermanos y hermanas".
La Iglesia no se ha hecho a sí misma -concluye el Papa emérito- sino que ha sido creada por Dios y viene continuamente formada por Él, encontrando su expresión en los sacramentos, sobre todo en el bautismo.


RECURRAN AL SEÑOR, A SU PODER, BUSQUEN SU ROSTRO

Sal 104,4-5.6-7.8-9

El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su Rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente
¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
Él gobierna toda la tierra.
El Señor se acuerda de su alianza eternamente
Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac.

El Señor se acuerda de su alianza eternamente

"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás".

Evangelio según San Juan 8,51-59. 

Jesús dijo a los judíos: 
"Les aseguro que el que es fiel a mi palabra, no morirá jamás". 
Los judíos le dijeron: "Ahora sí estamos seguros de que estás endemoniado. Abraham murió, los profetas también, y tú dices: 'El que es fiel a mi palabra, no morirá jamás'. 

¿Acaso eres más grande que
 nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?". 

Jesús respondió: "Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. Es mi Padre el que me glorifica, el mismo al que ustedes llaman 'nuestro Dios', 

y al que, sin embargo, no conocen. Yo lo conozco y si dijera: 'No lo conozco', sería, como ustedes, un mentiroso. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. 

Abraham, el padre de ustedes, se estremeció de gozo, esperando ver mi Día: lo vio y se llenó de alegría". 

Los judíos le dijeron: "Todavía no tienes cincuenta años ¿y has visto a Abraham?". 
Jesús respondió: "Les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy". 

Entonces tomaron piedras para apedrearlo, pero Jesús se escondió y salió del Templo.

CATEQUESIS DEL PAPA: EL SEÑOR ES FIEL, NO ABANDONA EN LA DESOLACIÓN

Queridos amigos, les ofrecemos el texto completo de la catequesis de hoy del Papa Francisco, que continúa el ciclo que está dedicando a la misericordia divina en la Biblia:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Libro del profeta Jeremías, los capítulos 30 y 31 son llamados “libro de la consolación”, porque en ellos la misericordia de Dios se presenta con toda su capacidad de confrontar y abrir el corazón de los afligidos a la esperanza. Hoy queremos también nosotros escuchar este mensaje de consolación.
Jeremías se dirige a los israelitas que han sido deportados a tierras extranjeras y pre-anuncia el regreso a la patria. Este regreso es signo del amor infinito de Dios Padre que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva.
El exilio había sido una experiencia catastrófica para Israel. La fe había vacilado porque en tierra extranjera, sin el templo, sin el culto, después de haber visto el país destruido, era difícil continuar creyendo en la bondad del Señor.
Me viene a la mente la cercana Albania y como después de tantas persecuciones y destrucciones ha logrado levantarse en su dignidad y en la fe. Así habían sufrido los israelitas en el exilio.
También nosotros podemos vivir a veces una especie de exilio, cuando la soledad, el sufrimiento, la muerte nos hacen pensar de haber sido abandonados por Dios. Cuántas veces hemos escuchado esta palabra: “Dios se ha olvidado de mi”. Muchas veces personas que sufren y se sienten abandonadas.
Y cuántos de nuestros hermanos en cambio están viviendo en este tiempo una real y dramática situación de exilio, lejos de su patria, en sus ojos todavía las ruinas de sus casas, en el corazón el miedo y muchas veces, lamentablemente, ¡el dolor por la pérdida de personas queridas! En estos casos uno puede preguntarse: ¿Dónde está Dios? ¿Cómo es posible que tanto sufrimiento pueda golpear a hombres, mujeres y niños inocentes?
Y cuando tratan de entrar en otra parte les cierran la puerta. Y están ahí, al límite porque tantas puertas y tantos corazones están cerrados. Los migrantes de hoy que sufren el aire, sin alimentos y no pueden entrar, no reciben la acogida. ¡A mí me gusta mucho escuchar, cuando veo a las naciones, los gobernantes que abren el corazón y abren las puertas!
El profeta Jeremías nos da una primera respuesta. El pueblo exiliado podrá regresar a ver su tierra y a experimentar la misericordia del Señor. Es el gran anuncio de consolación: Dios no está ausente, ni siquiera hoy en estas dramáticas situaciones, Dios está cerca, y hace obras grandes de salvación para quien confía en Él. No se debe ceder a la desesperación, sino continuar a estar seguros de que el bien vence al mal, y de que el Señor secará toda lágrima y nos liberará de todo temor.
Por eso Jeremías da su voz a las palabras del amor de Dios por su pueblo: «Yo te amé con un amor eterno, por eso te atraje con fidelidad. De nuevo te edificaré y serás reedificada, virgen de Israel; de nuevo te adornarás con tus tamboriles y saldrás danzando alegremente» (31,3-4).
El Señor es fiel, no abandona en la desolación. Dios ama con un amor sin fin, que ni siquiera el pecado puede frenar, y gracias a Él el corazón del hombre se llena de alegría y de consolación.
El sueño consolador del regreso a la patria continua en las palabras del profeta, que dirigiéndose a cuantos regresaran a Jerusalén dice: «Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo, el vino nuevo y el aceite, hacia las crías de ovejas y de vacas. Sus almas serán como un jardín bien regado y no volverán a desfallecer» (31,12).
En la alegría y en la gratitud, los exiliados retornaran a Sión, subiendo al monte santo hacia la casa de Dios, y así podrán de nuevo elevar himnos y oraciones al Señor que los ha liberado.
Este regreso a Jerusalén y a sus bienes es descrito con un verbo que literalmente quiere decir “afluir, correr”. El pueblo es considerado, en un movimiento paradójico, como un río caudaloso que corre hacia la altura de Sión, subiendo hacia la cima del monte. ¡Una imagen audaz para decir cuánto es grande la misericordia del Señor!
La tierra, que el pueblo había debido abandonar, se había convertido en presa de los enemigos y desolada. Ahora, en cambio, retoma vida y florece. Y los exiliados mismos serán como un jardín irrigado, como una tierra fértil. Israel, llevado a su patria por su Señor, asiste a la victoria de la vida sobre la muerte y de la bendición sobre la maldición.
Y así el pueblo es fortificado y – esta palabra es importante: ¡consolado! – es consolado por Dios. Los repatriados reciben vida de una fuente que gratuitamente los irriga.
A este punto, el profeta anuncia la plenitud de la alegría, y siempre en nombre de Dios proclama: «Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción» (31,13).
El salmo nos dice que cuando regresaron a su patria la boca se les llenó de sonrisa; ¡es una alegría tan grande! Es el don que el Señor quiere hacer también a cada uno de nosotros, con su perdón que convierte y reconcilia.
El profeta Jeremías nos ha dado el anuncio, presentando el regreso de los exiliados como un gran símbolo de la consolación dado al corazón que se convierte. El Señor Jesús, por su parte, ha llevado a cumplimiento este mensaje del profeta. El verdadero y radical regreso del exilio y la confortante luz después de la oscuridad de la crisis de fe, se realiza en la Pascua, en la experiencia llena y definitiva del amor de Dios, amor misericordioso que dona alegría, paz y vida eterna».
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Monseñor Audo, obispo de Aleppo (Siria): «Los cristianos me preguntan “¿dónde está Dios?” “¿Qué hace por nosotros?”»

Decenas de miles de refugiados cristianos llegaron a Siria entre 2007 y 2010 procedentes de Irak. Monseñor Antonie Audo era el único obispo de rito caldeo –el mayoritario en el país vecino–, y por eso se hizo cargo de su asistencia. Cuando en 2011 estalló la guerra en Siria, ese bagaje le permitió poner a punto Cáritas Siria para enfrentarse a la mayor crisis de su historia. «De un día para otro, hubo que formar a los voluntarios y trabajadores en asistencia humanitaria. No era suficiente con tener caridad en el corazón, hacía falta profesionalización», cuenta a Alfa y Omega durante su estancia en Madrid, que visitó la pasada semana invitado por la Fundación Promoción Social de la Cultura.
Cáritas llega a las zonas bajo control del Gobierno sirio y asiste a unas 300 mil personas con cestas de comida, alojamiento, medicinas o educación. «El 80 % de los sirios vive en la pobreza severa, y con la inflación resulta imposible acceder a bienes básicos», asegura el obispo de Alepo, la segunda ciudad del país, si bien su mitad oeste resulta inaccesible por encontrarse bajo control de grupos islamistas, que han obligado a huir de sus casas a los cristianos y a muchos vecinos musulmanes.
La ONG de la Iglesia no solo presta una ayuda humanitaria preciosa en tiempos de guerra, también construye ciudadanía en Siria, «por encima de las diferencias étnicas o religiosas». «No hacemos distinción en la ayuda», asegura Audo. «Eso sorprende a los musulmanes, porque, en su mentalidad, solo es posible ayudar a los del propio grupo. Está habiendo testimonios muy positivos. Hace poco, saliendo de Obispado, un musulmán viejo y muy pobre estaba sentado en el suelo, muy sucio… Cuando me vio, saltó y empezó a señalarme, gritando, como si fuera un profeta: “Ahora sabemos quiénes son los cristianos. Ahora sabemos que son un pueblo verdadero. Son oro puro, no son falsos”. Yo estaba muy sorprendido». «Cuando la guerra termine –prosigue el obispo–, los cristianos vamos a tener una misión importante de ayudar a reconciliarse a las comunidades enfrentadas: a sunitas con chiítas y alauitas. Nosotros no tenemos problema con nadie».
Pero también es necesario frenar la desmoralización entre los cristianos, a menudo entre dos fuegos y blanco preferente de los radicales. De los más de 250.000 que había en Aleppo antes del conflicto, hoy quedan solo unos 50 mil, los que no han podido o no han querido emigrar. «Muchos sacerdotes y familias están dando un testimonio heroico, pero otros están muy desanimados. La situación es difícil. Yo no le puedo decir a un padre de familia: “no os vayáis”. No culpabilizo a nadie por marcharse, aunque, si me preguntan, les explico que Europa no es el paraíso. Pero entiendo que quieran viajar».
En medio de multitud de dramas humanos –añade el obispo–, «muchas veces me preguntan: “¿dónde está Dios?’ “¿Qué hace por nosotros?”. En momentos así, no sirve hacer homilías. Yo me limito a estar con ellos, a rezar, a intentar consolar».

Ricardo Benjumea
Fuente: Alfa y Omega

"Risen (Resucitado)": la película imprescindible de esta Semana Santa. La Resurrección, en los ojos de un centurión romano

Está llamada a ser la película de esta Semana Santa. El próximo 23 de marzo se estrena en toda España "Risen"(Resucitado) y producida por Sony Pictures. Protagonizada por Joseph Fiennes (Lutero) y Tom Felton (Malfoy en Harry Potter), Risen nos sitúa en el Jerusalén del siglo primero, cincuenta días después de la muerte de Jesucristo.
En la ciudad no se habla de otra cosa y por ello Poncio Pilato manda a Clavius, un centurión romano agnóstico, a que investigue la realidad del asunto. La misión que le encomiendan consiste en localizar el cuerpo desaparecido de Jesús de Nazaret para zanjar y dar fin al tema de la resurrección.
Sin embargo, a lo largo de la misión, las dudas aumentan en el centurión, respecto a la existencia de lo sobrenatural y se veráconfrontado con los apóstoles, otros personajes bíblicos y los misteriosos acontecimientos que tuvieron lugar después de la crucifixión.
Dirigida por Kevin Reynolds (Waterworld y Robin Hood: príncipe de los ladrones), Risen mezcla épica, historia y acción. Junto a Fiennes y Felton, se encuentran Peter Firth y Cliff Curtis, y las españolas Leonor Watling y María Botto, su estreno en España está previsto para el próximo 23 de marzo de 2016.

‘Resucitado' es la épica historia bíblica sobre la resurrección, contada desde los ojos de un no creyente. Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso militar romano y su ayudante Lucius (Tom Felton), son asignados para resolver el misterio sobre lo que le ocurrió a Jesús en las semanas posteriores a su crucifixión, con el fin de combatir los rumores del mesías resucitado y prevenir una revuelta en Jerusalén.


COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (8,31-42) POR BENEDICTO XVI

«Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8,31). En este texto del Evangelio, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. 

Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y Él los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun así, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.

En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (Jn 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos. 

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.

Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jesús golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: «¡Crucifícalo!» (cf. Jn 19, 6).

Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad. Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano.

Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en Él.


El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente está llamado a ofrecerla a sus contemporáneos, como lo hizo el Señor, incluso ante el sombrío presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los demás, especialmente con el testimonio. 

Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En él hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Él nos ayuda a derrotar nuestros egoísmos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime.

El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzará la libertad (cf. Jn 8,34). Sólo renunciando al odio y a nuestro corazón duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotará en nosotros. 
(Benedicto XVI, homilía del 28 de marzo de 2012 en La Habana)