jueves, 17 de marzo de 2016

CATEQUESIS DEL PAPA: EL SEÑOR ES FIEL, NO ABANDONA EN LA DESOLACIÓN

Queridos amigos, les ofrecemos el texto completo de la catequesis de hoy del Papa Francisco, que continúa el ciclo que está dedicando a la misericordia divina en la Biblia:
«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
En el Libro del profeta Jeremías, los capítulos 30 y 31 son llamados “libro de la consolación”, porque en ellos la misericordia de Dios se presenta con toda su capacidad de confrontar y abrir el corazón de los afligidos a la esperanza. Hoy queremos también nosotros escuchar este mensaje de consolación.
Jeremías se dirige a los israelitas que han sido deportados a tierras extranjeras y pre-anuncia el regreso a la patria. Este regreso es signo del amor infinito de Dios Padre que no abandona a sus hijos, sino que los cuida y los salva.
El exilio había sido una experiencia catastrófica para Israel. La fe había vacilado porque en tierra extranjera, sin el templo, sin el culto, después de haber visto el país destruido, era difícil continuar creyendo en la bondad del Señor.
Me viene a la mente la cercana Albania y como después de tantas persecuciones y destrucciones ha logrado levantarse en su dignidad y en la fe. Así habían sufrido los israelitas en el exilio.
También nosotros podemos vivir a veces una especie de exilio, cuando la soledad, el sufrimiento, la muerte nos hacen pensar de haber sido abandonados por Dios. Cuántas veces hemos escuchado esta palabra: “Dios se ha olvidado de mi”. Muchas veces personas que sufren y se sienten abandonadas.
Y cuántos de nuestros hermanos en cambio están viviendo en este tiempo una real y dramática situación de exilio, lejos de su patria, en sus ojos todavía las ruinas de sus casas, en el corazón el miedo y muchas veces, lamentablemente, ¡el dolor por la pérdida de personas queridas! En estos casos uno puede preguntarse: ¿Dónde está Dios? ¿Cómo es posible que tanto sufrimiento pueda golpear a hombres, mujeres y niños inocentes?
Y cuando tratan de entrar en otra parte les cierran la puerta. Y están ahí, al límite porque tantas puertas y tantos corazones están cerrados. Los migrantes de hoy que sufren el aire, sin alimentos y no pueden entrar, no reciben la acogida. ¡A mí me gusta mucho escuchar, cuando veo a las naciones, los gobernantes que abren el corazón y abren las puertas!
El profeta Jeremías nos da una primera respuesta. El pueblo exiliado podrá regresar a ver su tierra y a experimentar la misericordia del Señor. Es el gran anuncio de consolación: Dios no está ausente, ni siquiera hoy en estas dramáticas situaciones, Dios está cerca, y hace obras grandes de salvación para quien confía en Él. No se debe ceder a la desesperación, sino continuar a estar seguros de que el bien vence al mal, y de que el Señor secará toda lágrima y nos liberará de todo temor.
Por eso Jeremías da su voz a las palabras del amor de Dios por su pueblo: «Yo te amé con un amor eterno, por eso te atraje con fidelidad. De nuevo te edificaré y serás reedificada, virgen de Israel; de nuevo te adornarás con tus tamboriles y saldrás danzando alegremente» (31,3-4).
El Señor es fiel, no abandona en la desolación. Dios ama con un amor sin fin, que ni siquiera el pecado puede frenar, y gracias a Él el corazón del hombre se llena de alegría y de consolación.
El sueño consolador del regreso a la patria continua en las palabras del profeta, que dirigiéndose a cuantos regresaran a Jerusalén dice: «Llegarán gritando de alegría a la altura de Sión, afluirán hacia los bienes del Señor, hacia el trigo, el vino nuevo y el aceite, hacia las crías de ovejas y de vacas. Sus almas serán como un jardín bien regado y no volverán a desfallecer» (31,12).
En la alegría y en la gratitud, los exiliados retornaran a Sión, subiendo al monte santo hacia la casa de Dios, y así podrán de nuevo elevar himnos y oraciones al Señor que los ha liberado.
Este regreso a Jerusalén y a sus bienes es descrito con un verbo que literalmente quiere decir “afluir, correr”. El pueblo es considerado, en un movimiento paradójico, como un río caudaloso que corre hacia la altura de Sión, subiendo hacia la cima del monte. ¡Una imagen audaz para decir cuánto es grande la misericordia del Señor!
La tierra, que el pueblo había debido abandonar, se había convertido en presa de los enemigos y desolada. Ahora, en cambio, retoma vida y florece. Y los exiliados mismos serán como un jardín irrigado, como una tierra fértil. Israel, llevado a su patria por su Señor, asiste a la victoria de la vida sobre la muerte y de la bendición sobre la maldición.
Y así el pueblo es fortificado y – esta palabra es importante: ¡consolado! – es consolado por Dios. Los repatriados reciben vida de una fuente que gratuitamente los irriga.
A este punto, el profeta anuncia la plenitud de la alegría, y siempre en nombre de Dios proclama: «Yo cambiaré su duelo en alegría, los alegraré y los consolaré de su aflicción» (31,13).
El salmo nos dice que cuando regresaron a su patria la boca se les llenó de sonrisa; ¡es una alegría tan grande! Es el don que el Señor quiere hacer también a cada uno de nosotros, con su perdón que convierte y reconcilia.
El profeta Jeremías nos ha dado el anuncio, presentando el regreso de los exiliados como un gran símbolo de la consolación dado al corazón que se convierte. El Señor Jesús, por su parte, ha llevado a cumplimiento este mensaje del profeta. El verdadero y radical regreso del exilio y la confortante luz después de la oscuridad de la crisis de fe, se realiza en la Pascua, en la experiencia llena y definitiva del amor de Dios, amor misericordioso que dona alegría, paz y vida eterna».
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)

miércoles, 16 de marzo de 2016

Monseñor Audo, obispo de Aleppo (Siria): «Los cristianos me preguntan “¿dónde está Dios?” “¿Qué hace por nosotros?”»

Decenas de miles de refugiados cristianos llegaron a Siria entre 2007 y 2010 procedentes de Irak. Monseñor Antonie Audo era el único obispo de rito caldeo –el mayoritario en el país vecino–, y por eso se hizo cargo de su asistencia. Cuando en 2011 estalló la guerra en Siria, ese bagaje le permitió poner a punto Cáritas Siria para enfrentarse a la mayor crisis de su historia. «De un día para otro, hubo que formar a los voluntarios y trabajadores en asistencia humanitaria. No era suficiente con tener caridad en el corazón, hacía falta profesionalización», cuenta a Alfa y Omega durante su estancia en Madrid, que visitó la pasada semana invitado por la Fundación Promoción Social de la Cultura.
Cáritas llega a las zonas bajo control del Gobierno sirio y asiste a unas 300 mil personas con cestas de comida, alojamiento, medicinas o educación. «El 80 % de los sirios vive en la pobreza severa, y con la inflación resulta imposible acceder a bienes básicos», asegura el obispo de Alepo, la segunda ciudad del país, si bien su mitad oeste resulta inaccesible por encontrarse bajo control de grupos islamistas, que han obligado a huir de sus casas a los cristianos y a muchos vecinos musulmanes.
La ONG de la Iglesia no solo presta una ayuda humanitaria preciosa en tiempos de guerra, también construye ciudadanía en Siria, «por encima de las diferencias étnicas o religiosas». «No hacemos distinción en la ayuda», asegura Audo. «Eso sorprende a los musulmanes, porque, en su mentalidad, solo es posible ayudar a los del propio grupo. Está habiendo testimonios muy positivos. Hace poco, saliendo de Obispado, un musulmán viejo y muy pobre estaba sentado en el suelo, muy sucio… Cuando me vio, saltó y empezó a señalarme, gritando, como si fuera un profeta: “Ahora sabemos quiénes son los cristianos. Ahora sabemos que son un pueblo verdadero. Son oro puro, no son falsos”. Yo estaba muy sorprendido». «Cuando la guerra termine –prosigue el obispo–, los cristianos vamos a tener una misión importante de ayudar a reconciliarse a las comunidades enfrentadas: a sunitas con chiítas y alauitas. Nosotros no tenemos problema con nadie».
Pero también es necesario frenar la desmoralización entre los cristianos, a menudo entre dos fuegos y blanco preferente de los radicales. De los más de 250.000 que había en Aleppo antes del conflicto, hoy quedan solo unos 50 mil, los que no han podido o no han querido emigrar. «Muchos sacerdotes y familias están dando un testimonio heroico, pero otros están muy desanimados. La situación es difícil. Yo no le puedo decir a un padre de familia: “no os vayáis”. No culpabilizo a nadie por marcharse, aunque, si me preguntan, les explico que Europa no es el paraíso. Pero entiendo que quieran viajar».
En medio de multitud de dramas humanos –añade el obispo–, «muchas veces me preguntan: “¿dónde está Dios?’ “¿Qué hace por nosotros?”. En momentos así, no sirve hacer homilías. Yo me limito a estar con ellos, a rezar, a intentar consolar».

Ricardo Benjumea
Fuente: Alfa y Omega

"Risen (Resucitado)": la película imprescindible de esta Semana Santa. La Resurrección, en los ojos de un centurión romano

Está llamada a ser la película de esta Semana Santa. El próximo 23 de marzo se estrena en toda España "Risen"(Resucitado) y producida por Sony Pictures. Protagonizada por Joseph Fiennes (Lutero) y Tom Felton (Malfoy en Harry Potter), Risen nos sitúa en el Jerusalén del siglo primero, cincuenta días después de la muerte de Jesucristo.
En la ciudad no se habla de otra cosa y por ello Poncio Pilato manda a Clavius, un centurión romano agnóstico, a que investigue la realidad del asunto. La misión que le encomiendan consiste en localizar el cuerpo desaparecido de Jesús de Nazaret para zanjar y dar fin al tema de la resurrección.
Sin embargo, a lo largo de la misión, las dudas aumentan en el centurión, respecto a la existencia de lo sobrenatural y se veráconfrontado con los apóstoles, otros personajes bíblicos y los misteriosos acontecimientos que tuvieron lugar después de la crucifixión.
Dirigida por Kevin Reynolds (Waterworld y Robin Hood: príncipe de los ladrones), Risen mezcla épica, historia y acción. Junto a Fiennes y Felton, se encuentran Peter Firth y Cliff Curtis, y las españolas Leonor Watling y María Botto, su estreno en España está previsto para el próximo 23 de marzo de 2016.

‘Resucitado' es la épica historia bíblica sobre la resurrección, contada desde los ojos de un no creyente. Clavius (Joseph Fiennes), un poderoso militar romano y su ayudante Lucius (Tom Felton), son asignados para resolver el misterio sobre lo que le ocurrió a Jesús en las semanas posteriores a su crucifixión, con el fin de combatir los rumores del mesías resucitado y prevenir una revuelta en Jerusalén.


COMENTARIO AL EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN (8,31-42) POR BENEDICTO XVI

«Si os mantenéis en mi palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8,31). En este texto del Evangelio, Jesús se revela como el Hijo de Dios Padre, el Salvador, el único que puede mostrar la verdad y dar la genuina libertad. 

Su enseñanza provoca resistencia e inquietud entre sus interlocutores, y Él los acusa de buscar su muerte, aludiendo al supremo sacrificio en la cruz, ya cercano. Aun así, los conmina a creer, a mantener la Palabra, para conocer la verdad que redime y dignifica.

En efecto, la verdad es un anhelo del ser humano, y buscarla siempre supone un ejercicio de auténtica libertad. Muchos, sin embargo, prefieren los atajos e intentan eludir esta tarea. Algunos, como Poncio Pilato, ironizan con la posibilidad de poder conocer la verdad (Jn 18, 38), proclamando la incapacidad del hombre para alcanzarla o negando que exista una verdad para todos. 

Esta actitud, como en el caso del escepticismo y el relativismo, produce un cambio en el corazón, haciéndolos fríos, vacilantes, distantes de los demás y encerrados en sí mismos. Personas que se lavan las manos como el gobernador romano y dejan correr el agua de la historia sin comprometerse.

Por otra parte, hay otros que interpretan mal esta búsqueda de la verdad, llevándolos a la irracionalidad y al fanatismo, encerrándose en «su verdad» e intentando imponerla a los demás. Son como aquellos legalistas obcecados que, al ver a Jesús golpeado y sangrante, gritan enfurecidos: «¡Crucifícalo!» (cf. Jn 19, 6).

Sin embargo, quien actúa irracionalmente no puede llegar a ser discípulo de Jesús. Fe y razón son necesarias y complementarias en la búsqueda de la verdad. Dios creó al hombre con una innata vocación a la verdad y para esto lo dotó de razón. No es ciertamente la irracionalidad, sino el afán de verdad, lo que promueve la fe cristiana. Todo ser humano ha de indagar la verdad y optar por ella cuando la encuentra, aun a riesgo de afrontar sacrificios.

Además, la verdad sobre el hombre es un presupuesto ineludible para alcanzar la libertad, pues en ella descubrimos los fundamentos de una ética con la que todos pueden confrontarse, y que contiene formulaciones claras y precisas sobre la vida y la muerte, los deberes y los derechos, el matrimonio, la familia y la sociedad, en definitiva, sobre la dignidad inviolable del ser humano.

Este patrimonio ético es lo que puede acercar a todas las culturas, pueblos y religiones, las autoridades y los ciudadanos, y a los ciudadanos entre sí, a los creyentes en Cristo con quienes no creen en Él.


El cristianismo, al resaltar los valores que sustentan la ética, no impone, sino que propone la invitación de Cristo a conocer la verdad que hace libres. El creyente está llamado a ofrecerla a sus contemporáneos, como lo hizo el Señor, incluso ante el sombrío presagio del rechazo y de la cruz. El encuentro personal con quien es la verdad en persona nos impulsa a compartir este tesoro con los demás, especialmente con el testimonio. 

Queridos amigos, no vacilen en seguir a Jesucristo. En él hallamos la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Él nos ayuda a derrotar nuestros egoísmos, a salir de nuestras ambiciones y a vencer lo que nos oprime.

El que obra el mal, el que comete pecado, es esclavo del pecado y nunca alcanzará la libertad (cf. Jn 8,34). Sólo renunciando al odio y a nuestro corazón duro y ciego seremos libres, y una vida nueva brotará en nosotros. 
(Benedicto XVI, homilía del 28 de marzo de 2012 en La Habana)

CONOCERÁN LA VERDAD Y LA VERDAD LES HARÁ LIBRES


Lectura del santo evangelio según san Juan (8,31-42):
En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos que habían creído en Él: «Si permanecéis en mi Palabra, seréis de verdad discípulos míos; conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.»
Le replicaron: «Somos linaje de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie. ¿Cómo dices tú: "Seréis libres"?».
Jesús les contestó: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es esclavo. El esclavo no se queda en la casa para siempre, el hijo se queda para siempre. Y si el Hijo os hace libres, seréis realmente libres.
Ya sé que sois linaje de Abrahán; sin embargo, tratáis de matarme, porque mi palabra no cala en vosotros. Yo hablo de lo que he visto junto a mi Padre, pero vosotros hacéis lo que le habéis oído a vuestro padre».
Ellos replicaron: «Nuestro padre es Abrahán».
Jesús les dijo: «Si fuerais hijos de Abrahán, haríais lo que hizo Abrahán. Sin embargo, tratáis de matarme a mí, que os he hablado de la verdad que escuché a Dios, y eso no lo hizo Abrahán. Vosotros hacéis lo que hace vuestro padre».
Le replicaron: «Nosotros no somos hijos de prostitución; tenemos un solo padre: Dios».


Jesús les contestó: «Si Dios fuera vuestro padre, me amaríais, porque yo salí de Dios, y he venido. Pues no he venido por mi cuenta, sino que Él me envió».

martes, 15 de marzo de 2016

El Papa Francisco canonizará a Madre Teresa de Calcuta el 4 de septiembre en Roma

El Vaticano acaba de anunciar la fecha de canonización de la Madre Teresa de Calcuta, fundadora de la congregación de las Misioneras de la Caridad, para el próximo 4 de septiembre en Roma. El anuncio fue comunicado por la Santa Sede tras la celebración del consistorio público para la canonización de cinco beatos: José Sánchez del Río (México); el Cura Brochero (Argentina); Elizabeth Hesselblad (Suecia); Estanislao de Jesús y María (Polonia).
La Canonización de la conocida también como ‘Santa de los pobres’ será uno de los eventos más destacados del Jubileo de la Misericordia. Según el calendario, el 4 de septiembre de 2016 se celebrará el Jubileo de los voluntarios y operadores de la misericordia, en memoria justamente de la Madre Teresa cuya fiesta es el 5 de septiembre, día en que murió en el año 1997.
El pasado 18 de diciembre el Vaticano anunció la aprobación del milagro atribuido a la Madre Teresa, la curación de un hombre brasileño que sufría de abscesos cerebrales.
La vida de la Madre Teresa
Agnes Gonxha Bojaxhiu nació el 26 de agosto 1910, en Skopje, Macedonia. Era la menor de tres hijos, asistió a un grupo de jóvenes dirigido por un sacerdote jesuita que la hizo considerar una vocación de servicio como monja misionera.
Se unió a las Hermanas de Loreto a los 17 años y fue enviada a Calcuta, donde enseñó en una escuela secundaria. Después de contraer tuberculosis, fue enviada a descansar en Darjeeling, y fue en medio de esa enfermedad cuando descubrió "una orden" de Dios para dejar el convento y vivir entre los pobres.
El Vaticano le concedió permiso para salir de las Hermanas de Loreto y vivir su nuevo llamado, bajo la dirección del Arzobispo de Calcuta.
La Madre Teresa comenzó a trabajar en los barrios pobres, enseñaba a los niños y asistía enfermos en sus hogares. Un año más tarde, algunos de sus exalumnos se le unieron y juntos se hicieron cargo de hombres, mujeres y niños que agonizaban en las calles.
En 1950, las Misioneras de la Caridad nacieron como una congregación de la Diócesis de Calcuta. En 1952, el gobierno les concedió una casa desde la cual continuaron su misión de servir a los pobres y olvidados de Calcuta.
La congregación creció rápidamente y de tener una sola casa para moribundos y pobres extremos, llegó a tener 500 casas en todo el mundo.
La Madre Teresa estableció albergues para prostitutas, mujeres maltratadas, orfanatos para niños pobres y hogares para víctimas del SIDA. Fue una férrea defensora de los no nacidos.
Murió el 5 de septiembre 1997, y fue beatificada sólo seis años más tarde por San Juan Pablo II 19 de octubre 2003.
ACI/Alvaro de Juana


Homilía del Papa: Jesús se aniquila por amor y vence el mal

Si queremos conocer “la historia de amor” que Dios tiene con nosotros, es necesario mirar al Crucifijo, en el que hay un Dios que se ha “vaciado de la divinidad”, se ha “ensuciado” con el pecado con tal de salvar a los hombres. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta.

La historia de la salvación que relata la Biblia tiene que ver con un animal, el primero que es nombrado en el Génesis y el último que se lee en el Apocalipsis: la serpiente. Un animal que, en la Escritura, es símbolo poderoso de condenación y, misteriosamente – afirmó Francisco – de redención.

El misterio de la serpiente

Para explicar el misterio de la serpiente, el Santo Padre relacionó la Lectura tomada del Libro de los Números con el pasaje del Evangelio de Juan. La primera contiene el célebre paso del pueblo de Israel que, cansado de vagar por el desierto con poco alimento, impreca contra Dios y contra Moisés. También aquí son protagonistas, dos veces, las serpientes. Las primeras enviadas por el cielo contra el pueblo infiel, que siembran miedo y muerte hasta que la gente no implora a Moisés que pida perdón. Y la segunda, reptil singular que llegados a ese punto entra en la escena:
Dios dice a Moisés: ‘Haz una serpiente y ponla sobre un asta (la serpiente de bronce). Quien habrá sido mordido y la mirará, permanecerá con vida’. Es misterioso: el Señor no hace morir a las serpientes, las deja. Pero si una de éstas hace mal a una persona, miras a aquella serpiente de bronce y te curarás. Levantar a la serpiente”.

La salvación está en lo alto

El verbo “levantar” está, en cambio, en el centro de la dura confrontación entre Cristo y los fariseos tal como lo describe el Evangelio. En un momento determinado, Jesús afirma: “Cuando habrán levantado al Hijo del hombre, entonces entenderán que soy Yo”. Ante todo – notó el Papa – “Yo Soy” es también el nombre que Dios había dado de Sí mismo a Moisés para que se lo comunicara a los israelitas. Y después – añadió Francisco – está esa expresión que vuelve: “Levantar al Hijo del hombre…”:

“La serpiente, símbolo del pecado. La serpiente que mata. Pero una serpiente que salva. Y éste es el Misterio de Cristo. Pablo, hablando de este Misterio, dice que Jesús se vació, se humilló a sí mismo, se aniquiló para salvarnos. Es más fuerte aún: ‘Se ha hecho pecado’. Usando este símbolo se ha hecho serpiente. Este es el mensaje profético de estas Lecturas de hoy. El Hijo del hombre, que como una serpiente, ‘hecho pecado’, es levantado para salvarnos”.

El aniquilamiento de Dios

El Pontífice afirmó que “ésta es la historia de nuestra redención, ésta es la historia del amor de Dios. Y añadió que si queremos conocer el amor de Dios, debemos mirar al Crucificado: un hombre torturado”, un Dios “vaciado de la divinidad”, “ensuciado” por el pecado”. Pero un Dios que – concluyó el Obispo de Roma – aniquilándose destruye para siempre el verdadero nombre del mal, aquel que el Apocalipsis llama “la serpiente antigua”:

“El pecado es la obra de Satanás y Jesús vence a Satanás ‘haciéndose pecado’ y desde allí nos levanta a todos nosotros. El Crucifijo no es un ornamento, no es una obra de arte, con tantas piedras preciosas, como vemos: el Crucifijo es el Misterio del ‘aniquilamiento’ de Dios, por amor. Y aquella serpiente que profetiza en el desierto la salvación: elevada y quien la mira es curado. Y esto no ha sido hecho con la varita mágica de un Dios que hace las cosas: ¡no! ¡Ha sido hecho con el sufrimiento del Hijo del hombre, con el sufrimiento de Jesucristo!”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)


Ante asesinato de las hermanas de la Caridad. La indiferencia mata y el olvido remata.



"Europa está regresando a la época más oscura de su historia reciente" 
"La indiferencia mata". Estas son palabras del Papa Francisco a propósito de la muerte de las cuatro Hermanas de la Caridad de la Orden de Madre Teresa en Aden (Yemen). Ningún titular en los grandes periódicos afirma con tristeza el Papa, ni siquiera una breve crónica.

Incluso el "L´Osservatore Romano", en un primer momento, unas pocas líneas. Matan, porque saben que somos indiferentes y pronto nos olvidaremos de sus muertes. En el fondo: ¿A quién le importa la muerte de cuatro monjas en un país en guerra?¡Mueren tantos cada día!. Su único delito: trabajar, en nombre de Cristo, al servicio de los más pobres y descartados de la sociedad. El olvido remata.

Y mientras tanto, nosotros ensimismados con el parto de los montes del gobierno. En USA con las elecciones presidenciales, y así sucesivamente. Y en Europa, dando la espalda a los inmigrantes y pagando a sicarios para que no vengan. Nos queremos olvidar de que son seres humanos, hermanos, hijos del mismo Padre. Europa está regresando a la época más oscura de su historia reciente. Lamentablemente, Ayran, tu muerte fue pura propaganda para los gobiernos hipócritas que desde entonces palabras, palabras...y peor. Y lo mismo, indiferencia y olvido. Y los gobiernos lo saben, por eso actúan así. La indiferencia y el olvido. de nuevo.

A estas hermanas las han odiado hasta la muerte como esposas de Cristo y testigos de la civilización del amor en medio de una guerra. El único motivo: el odio a la fe cristiana. Los detalles de este atentado conducen a esta conclusión. Ha sido claramente una masacre planificada y decidida contra la presencia cristiana en Yemen. Las hermanas asesinadas, la capilla, el crucifijo, el sagrario, todo metódicamente destruido. Eran las ocho y media de la mañana, los 80 huéspedes, ancianos y enfermos, entre ellos algunos niños, estaban desayunando. Los terroristas llegaron delante del edificio, que a pesar de las amenazas recibidas por las hermanas, no tenía ninguna vigilancia y pudieron realizar sus felonías sin ningún impedimento. Cuando la policía llegó encontró dieciséis cadáveres: las cuatro hermanas y doce colaboradores y un padre salesiano secuestrado.

En Yemen, periferia de Arabia, epicentro de choques entre sunitas y chitas, la complacencia internacional es notoria, sin olvidar el negocio del mercado de armas de oriente y occidente. La hipocresía diplomática en este país es manifiesta. Todos los gobiernos, que podrían influir, miran hacia otro lado. Sin embargo, todos los elementos de esta masacre conducen a una pregunta: si es verdad que en Aden manda la administración central yemenita; si hay un ejército y una policia: ¿por qué un lugar de riesgo como es la única residencia cristiana no estaba protegido? ¿Quién ha llevado a cabo la masacre? Al Qaeda dice que no sabe nada. ¿Daesh? El secuestro del padre salesiano, que se encontraba en la capilla en ese momento, quizás, si no sucede lo peor, nos podrá dar alguna pista.

Los doce colaboradores, al parecer fueron asesinados de un golpe en la sien, una auténtica ejecución. Las hermanas, que tienen nombres (Anselma, india de 57 años; Margarita, rwandesa de 44; Reginette, ruandesa de 32 años; Judith, keniata de 41 años) por el contrario, fueron golpeadas en el rostros y desfiguradas y posteriormente asesinadas. Sus cadáveres fueron pisoteados. Estos detalles nos muestran el odio sin límites de esos asesinos. Por el contrario, los cuerpos de las hermanas llevaban todavía el delantal azul con el que estaban sirviendo a los pobres y enfermos en esos momentos. Solamente, de manera milagrosa se ha salvado una religiosa, la hermana Sally, que pudo esconderse cuando oyó los golpes y los gritos.

Las hermanas de la Caridad, a pesar de las amenazas, y sin ninguna protección por parte de un gobierno apoyado por Arabia Saudí, han decidido permanecer en Yemen, fieles a las palabras de la Fundadora: "vivir y morir con los pobres". Desde la Casa Madre en Calcuta la Orden ha anunciado que no dejarán Yemen, ya que las hermanas tienen otra casa en Sanaa. La Congregación de las Misioneras de la Caridad, desde hace 66 años dedican sus vidas al servicio de la humanidad herida y descartada. Moribundos, ancianos, enfermos mentales, huérfanos, drogodependientes. Cualquiera -sin distinción de raza o religión- encuentra acogida en sus casas, respeto y dignidad. Así lo enseñó con su vida Agnese Gonxha Bojaxhiu, nuestra Madre Teresa de Calcuta.

"No existe pobreza más grande que no tener amor para dar", decía la Beata, cuyo decreto de canonización será firmado por el Papa el 15 de marzo. Un ejemplo concreto de misericordia -tantas veces citado en este Año Santo-, capaz de conquistar también a personas de diferente fe y no creyentes. La madre Teresa es Patrimonio de la Humanidad entera como lo demuestra el Premio Nobel de la Paz, que se le concedió en 1979. Las alrededor de cinco mil hermanas del "sari" blanco adornado con las líneas azules continúan, cada día, la obra de su fundadora, dando ayuda a miles y miles de personas en 135 países, desde África y Asía a América Latina y Europa. Tienen unas 762 casas en todo el mundo.
Esta decisión de permanecer en Yemen, a pesar de estos asesinatos, demuestra una obstinada voluntad de permanecer junto a los últimos, que les ha convertido en muy amadas por la población local, que se ha manifestado en protesta delante del Ministerio de la Seguridad. El Papa en el Ángelus hace unos días hablaba de una masacre por odio a los cristianos. ¡Estos son los mártires de hoy! Son víctimas no sólo de quienes les han asesinado, sino también de la indiferencia. En nuestros países en relación con el Yemen u otros lugares conflictivos priman los intereses económicos o políticos, antes que los personales o humanitarios. Es triste, pero es así. Veremos si los países occidentales más cercanos al gobierno de Yemen -por medio de Arabia Saudí-, piden una investigación seria y castigo de los culpables. ¿Lo veremos?

(José Luis Ferrando).- 

Sacerdotes del Nuevo Testamento. "Necesitamos creyentes que despierten atractivo"

"Si no son capaces de contagiar lo que es Jesús, falta lo esencial"

La formación reglada del sacerdocio es relativamente reciente, pues la creación de seminarios diocesanos se institucionaliza a partir del Concilio de Trento (s. XVI). Si nos atenemos al Decreto sobre el ministerio y la vida sacerdotal (1965), el propósito del Seminario es la formación de pastores tomando como ejemplo a Jesús, como sacerdote y Buen Pastor. Sin embargo, Jesús no perteneció a ninguna clase social dedicada al servicio religioso y la práctica espiritual; tampoco pertenecía a la tribu de Leví, de donde provenía la casta sacerdotal, sino que era descendiente de la tribu de Judá. 
Lo que todos le reconocen es a Jesús como un rabino, y así le llamaban todos: Maestro. La persona y la actividad de Jesús de Nazaret no se sitúa, por tanto, en la línea de los antiguos sacerdotes, sino más bien en la de los profetas.

El seminarista de los países de Occidente actual tiene mucho mérito porque parece venirle todo a contra corriente: la propia apuesta radical de célibe, exclusiva para los varones (lo que reduce su número) y en un contexto socio-religioso que no ayuda ni estimula a perseverar en su apuesta vocacional. Pero, ¿qué es lo esencial de la figura del sacerdote, aquello por lo que solo un consagrado después de su paso por el seminario, está capacitado y autorizado para realizar? Por más que le doy vueltas, lo que ningún laico o laica -ni tampoco una religiosa- puede hacer es el sacrificio eucarístico y la absolución de los pecados.

¿Una vocación sacerdotal debería sustentarse en estos dos sacramentos? Hay que recordar que también el número de sacramentos han ido variando en número e importancia hasta llegar a los siete de ahora. Más bien creo, a la luz del propio evangelio, que las bienaventuranzas son el verdadero carisma del cristiano, laico o célibe, hombre o mujer, y no los sacramentos, signos especiales de la presencia de Dios y a los que, lejos de quitarles importancia, veo su esencia a la luz de las bienaventuranzas. Y en el caso del sacerdote como lo entendemos ahora, en su radicalidad de amor con todos.

Ni siquiera el sacerdote suplanta Cristo en la eucaristía ni en el sacramento del perdón. Lo dice el Concilio: cuando el sacerdote realiza un sacramento, es Cristo quien lo hace. Y por mucho que los pastores administren algunos sacramentos en exclusiva, si no son capaces de contagiar lo que transmitió Jesús, falta lo esencial. Lo medular del consagrado es implantar el Reino de Dios y su justicia a tiempo completo, sanar los corazones, predicar con el ejemplo la Buena Noticia, ser profetas.

En medio de la oscuridad de nuestro tiempo necesitamos creyentes que despierten el verdadero atractivo amoroso de Jesús y hagan creíble su mensaje. Cristianos y cristianas que hagan una vocación de su experiencia personal y faciliten el encuentro con Dios en el hermano, sin suplantarlo ni eclipsarlo. Pablo lo entendió así desde el principio, pero hoy las mujeres no pueden ser ni siquiera diaconisas. "Vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Ped. 2,9). Juan dice en el Ap. 1,6: "Y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre..." Desde el Nuevo Testamento, todos los cristianos son sacerdotes cuando realizan el evangelio de Cristo.

Lo esencial de un seminarista de nuestro tiempo es incardinarse radicalmente en las necesidades de su comunidad como presencia madura que acerque a Jesús resucitado con su ejemplo en su estilo de vida. Si no es esta la principal radicalidad sacerdotal, la impartición de sacramentos se descentra de su verdadero fin. Y el buen fin significa huir de las exageraciones litúrgicas, de los grandes fastos religiosos que añoran el pasado de poder eclesiástico y del aferramiento al derecho canónico por encima de las bienaventuranzas. Y a partir de aquí, no se entiende la exclusión de las mujeres en la Misión radical de mostrar la Buena Noticia a no ser manteniendo de facto su inferioridad, cosa que nunca se le puede atribuir al Maestro.

(Gabriel María Otalora)

Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy

Evangelio según San Juan 8,21-30. 

Jesús dijo a los fariseos: 


"Yo me voy, y ustedes me buscarán y morirán en su pecado. Adonde yo voy, ustedes no pueden ir". 


Los judíos se preguntaban: "¿Pensará matarse para decir: 'Adonde yo voy, ustedes no pueden ir'?". 


Jesús continuó: "Ustedes son de aquí abajo, yo soy de lo alto. Ustedes son de este mundo, yo no soy de este mundo. 


Por eso les he dicho: 'Ustedes morirán en sus pecados'. Porque si no creen que Yo Soy, morirán en sus pecados".


Los judíos le preguntaron: "¿Quién eres tú?". Jesús les respondió: "Esto es precisamente lo que les estoy diciendo desde el comienzo. 


De ustedes, tengo mucho que decir, mucho que juzgar. Pero aquel que me envió es veraz, y lo que aprendí de él es lo que digo al mundo". 


Ellos no comprendieron que Jesús se refería al Padre. 


Después les dijo: "Cuando ustedes hayan levantado en alto al Hijo del hombre, entonces sabrán que Yo Soy y que no hago nada por mí mismo, sino que digo lo que el Padre me enseñó. 


El que me envió está conmigo y no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que le agrada". 


Mientras hablaba así, muchos creyeron en él. 

lunes, 14 de marzo de 2016

Entidades de Iglesia lanzan una campaña de recogida de firmas contra el acuerdo UE-Turquía. "Tenemos 72 horas para actuar"

Bajo el lema "Tenemos 72 horas para actuar", las entidades de acción social de la Iglesia que trabajan con refugiados y migrantes -Cáritas, CONFER, el Sector Social de la Compañía de Jesús y Justicia y Paz- lanzan hoy una campaña viral derecogida de firmas para reclamar al Gobierno de España su oposición a ratificar, en la reunión del Consejo Europeo que se celebra los próximos 17 y 18 de marzo, el principio de acuerdo alcanzado la semana pasada entre la Unión Europea y Turquía para devolver a suelo turco a los refugiados y migrantes que llegan a territorio europeo a través de la Frontera Este.
Según el texto aprobado, por cada persona siria devuelta desde la UE a Turquía, se trasladaría a una persona siria desde este país a Europa, aunque el cuándo y el cómo de ese reasentamiento son cuestiones absolutamente inciertas. El resto de personas migrantes y refugiadas procedentes de otros países que lleguen a Grecia se devolverían a Turquía.
Para las entidades promotoras de la campaña, este plan supone llevar a cabo devoluciones colectivas y tratar a las personas que huyen de la guerra y de las migraciones forzadas como monedas de cambio. Además, vulnera los derechos humanos y el estado de derecho en Europa.
No se trata de una crisis de refugiados sino de una crisis de Europa, ya que lo que se pone en juego con la firma de este acuerdo son los valores y la identidad europea. Cabe señalar, además, que tanto España como Europa tienen los medios para ayudar a estas personas.
Por esa razón, se pide al Gobierno español hospitalidad en vez de hostilidad y se exige al Consejo de la Unión Europea la protección de migrantes y refugiados con derechos, y la adopción de políticas urgentes de acogida e integración, en vez de medidas que alientan el miedo y rechazo al otro.
Además, el acuerdo, que sería contrario al Derecho Internacional y al Derecho Comunitario, ha sido rechazado también por numerosas instituciones civiles y por la inmensa mayoría del Congreso.
Las organizaciones de Iglesia que trabajan con personas migrantes y refugiadas se suman al rechazo a este acuerdo. Para ello, a través de la recogida de firmas se pide al Gobierno español que no apoye la ratificación del mismo y que defienda:
- Mantener abiertas las fronteras externas de la Unión Europea para garantizar el acceso a las personas con necesidades de protección.
- Tramitar individualmente cada solicitud de asilo y sin discriminación por razón de nacionalidad, conforme a la normativa europea e internacional.
- La prohibición de devoluciones colectivas a Turquía o a cualquier otro país.
- La necesidad de solidaridad con los países europeos a donde están llegando la mayoría de los refugiados, así como con los países limítrofes a los conflictos, que albergan las cifras más elevadas de personas refugiadas.
- Establecer vías de acceso legal y seguro a Europa, y un sistema de distribución de la población refugiada en Europa que sea justo para los Estados y para las personas refugiadas.

- La necesidad de abordar las causas por las que tantas personas abandonan involuntariamente sus hogares por el miedo, la guerra o el hambre.

"Está sucediendo una masacre a las puertas de Europa, no podemos permanecer indiferentes". El padre Ángel denuncia que "algunos están haciendo un gran negocio con los refugiados"

El padre Ángel García, fundador de Mensajeros de la Paz, ha denunciado que "algunos están haciendo un gran negocio con los refugiados, y no son precisamente las mafias", en referencia al acuerdo alcanzado entre la Unión Europea y Turquía que permitirá devolver a territorio turco a todos los refugiados que han llegado a Europa desde las costas del Egeo.
En una entrevista concedida a Europa Press, el fundador de la ONG, premio Príncipe de Asturias de la Concordia, ha lamentado el acuerdo sobre refugiados, que incluye el desembolso a Ankara de 3.000 millones de euros.
"Los tratan como si fueran delincuentes, cuando son hombres que huyen de la guerra, y cientos de miles de niños y ancianos que solo piden una manta y un plato de comida", ha recalcado.
Según el padre Ángel, "es una vergüenza lo que está pasando, como ha dicho el Papa Francisco; y parece que lo que intentan los estados es echar al mar a estas personas, o levantar una gran cárcel" con millones de euros.
"Solo falta que les pinchen las barcas; incluso a algún parlamentario europeo le ha faltado poco para decir que lo mejor es que caigan al mar", ha reprochado el sacerdote, quien ha estado recientemente en Bruselas para abordar la crisis de refugiados con los responsables políticos.
En este sentido, ha criticado que los parlamentarios le pidieran que se dirija a los medios de comunicación "porque son los que más pueden hacer". "Yo me pregunto entonces qué papel juegan los políticos, y para qué han sido elegidos", ha remachado, no sin elogiar la labor de los medios de comunicación: "Cuando los políticos corrompen la información son los periodistas los que persiguen la verdad con sus cámaras y micrófonos, incluso recogiendo a los heridos, dejando a un lado las crónicas y fotografías".
Ángel García ha arremetido también contra el Gobierno en funciones de Mariano Rajoy señalando que él mismo ha escuchado al presidente decir que no está de acuerdo con la política comunitaria "pero nadie mueve ficha". "Ahora resulta que España también va a poner millones de euros para expulsar a los refugiados a Turquía, todos intentan quitarse el mochuelo", ha aseverado.
A su juicio, parte de la solución a este drama humanitario pasa por el papel de algunas de las comunidades autónomas partidarias de "romper el silencio" y están dispuestas a acoger a los refugiados. "Vamos a ver qué pasa, está sucediendo una tragedia, una masacre a las puertas de Europa y no podemos permanecer indiferentes", ha concluido.

(RD/Ep)

"Ante los valles oscuros de nuestro tiempo, la única respuesta es confiar en Dios"

Francisco: "Esas cuatro hermanas asesinadas, ¡servían por amor, y fueron asesinadas por odio!"
"¿Por qué sufre un niño? No sé por qué, pero confío en Dios",afirma el Papa en Santa Marta
El transeunte muerto de frío en Roma, las hermanas de Madre Teresa asesinadas en Yemen, las personas que se enferman en la "Tierra de los fuegos". En la Misa matutina en Casa San ta Marta, el Papa Francisco recuerda algunos hechos dramáticos de los últimos tiempos. Ante estos "valles oscuros" de nuestro tiempo, afirma, la única respuesta es confiar en Dios. Incluso cuando no entendemos, como ante la enfermedad rara de un niño, dijo, confiémonos en las manos del Señor que nunca deja a su pueblo.
Susanna, una mujer justa, es "ensuciada" por el "mal deseo" de dos jueces, pero prefiere confiarse a Dios y elige morir inocente antes que hacer lo que querían estos hombres.
Francisco tomó pie de la primera lectura, tomada del libro de Daniel, para subrayar que, incluso cuando nos encontramos recorriendo un "valle oscuro", no debemos temer ningún mal.
Cuántos valles oscuros, ¿dónde estás, Señor?
El Señor, dijo el Papa, siempre camina con nosotros, nos quiere y no nos abandona. De aquí, Francisco volvió la mirada a tantos "valles oscuros" de nuestro tiempo.
"Cuando hoy miramos a tantos valles oscuros, tantas desgracias, tanta gente que muere de hambre, de guerra, tantos niños discapacitados, tantos ... tantos que ahora, tu preguntas a los padres: ‘¿Pero qué enfermedad tiene?' - ‘Nadie lo sabe: se llama enfermedad rara'. Es la que nosotros hacemos con nuestras cosas: pensemos en los tumores en la Tierra de los fuegos ... Cuando tu ves todo esto, pero ¿dónde está el Señor, dónde estás? ¿Tu caminas conmigo? Este era el sentimiento de Susana. También el nuestro. Tú ves a estas cuatro hermanas asesinadas: ¡servían por amor, y fueron asesinadas por odio! Cuando ves que se cierran las puertas a los prófugos y se les deja fuera, al aire, con el frío... Pero, Señor, ¿dónde estás Tu?".
¿Por qué sufre un niño? No sé por qué, pero confío en Dios
"¿Cómo puedo confiar en Ti - prosigue el Papa - si veo todas estas cosas? Y cuando las cosas me pasan a mi, cada uno de nosotros puede decir: ¿pero cómo me confío a Ti?". "A esta pregunta sólo hay una respuesta", dijo Francisco: "No se puede explicar, yo no soy capaz".
"¿Por qué sufre un niño? No lo sé: es un misterio, para mi. Sólo me da algo de luz- no a la mente, sino al alma - Jesús en el Getsemaní: ‘Padre, este cáliz no. Pero que se haga tu voluntad'. Se confía a la voluntad del Padre. Jesús sabe que no acaba todo, con la muerte o con la angustia, y la última palabra desde la Cruz: ‘¡Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu!', y muere así. Confiarse a Dios, que camina conmigo, que camina con mi pueblo, que camina con la Iglesia: esto es un acto de fe. Yo me confío. No lo sé: no sé por qué sucede esto, pero yo me confío. Tú sabrás por qué".
El mal no es definitivo, el Señor es siempre con nosotros

Y esta, dijo, "es la enseñanza de Jesús: al que se confía que es Pastor, nada le falta". Aunque camine por valle oscuro, añadió, "sabe que el mal es un mal del momento, pero el mal definitivo no existirá porque el Señor, ‘porque Tu estás conmigo. Tu vara y tu cayado me consuelan'". Esta, subrayó, "es una gracia" que debemos pedir: "Señor, enséñame a confiarme a Tus manos, a confiarme a Tu guía, incluso en los momentos malos, en los momentos oscuros, en el momento de la muerte".
"Nos hará bien, hoy, pensar en nuestra vida, en los problemas que tenemos, y pedir la gracia de confiarnos a las manos de Dios. Pensemos en tanta gente que ni siquiera tiene una última caricia en el momento de morir. Hace tres días murió uno aquí, en la calle, un sin techo: murió de frío. En plena Roma, una ciudad con todas las posibilidades para ayudar. ¿Por qué, Señor? Ni siquiera una caricia ... Pero yo me confío, porque Tu no me defraudas".

"Señor - concluyó - no te entiendo. Esta es una bella oración. Pero sin comprender, me confío a tus manos".

«EL MISTERIO DE NUESTRA VIVIFICACIÓN»



El bienaventurado Job, que es figura de la Iglesia, unas veces se expresa como el cuerpo, y otras veces como la cabeza, de manera que, mientras está hablando en nombre de los miembros, de repente se eleva hasta tomar las palabras de la cabeza. Por esto dice: Todo esto lo he sufrido aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.

Sin que hubiera violencia en sus manos, tuvo que sufrir también aquel que no cometió pecado, ni encontraron engaño en su boca, a pesar de lo cual arrostró el dolor de la cruz por nuestra redención. Fue el único, entre todos los hombres, que pudo presentar a Dios súplicas inocentes, porque hasta en medio de los dolores de la pasión rogó por sus perseguidores, diciendo: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. ¿Qué es lo que puede decirse o pensarse de más puro en una oración que alcanzar la misericordia para aquellos mismos de los que se está recibiendo el dolor? [...]

Fíjate también en lo que se añade después: No encierres mi demanda de justicia. Pues la misma sangre de la redención que se recibe es la demanda de justicia de nuestro Redentor. Por ello dice también Pablo: La aspersión de una sangre que habla mejor que la de Abel. De la sangre de Abel se había dicho: La sangre de tu hermano me está gritando desde la tierra. Pero la sangre de Jesús es más elocuente que la de Abel, porque la sangre de Abel pedía la muerte de su hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor imploró la vida para sus perseguidores.

De los tratados Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job