lunes, 26 de octubre de 2015

BENDITO EL SEÑOR CADA DÍA

Del Salmo 67:

Nuestro Dios es un Dios que salva

Se levanta Dios, y se dispersan sus enemigos,
huyen de su presencia los que lo odian.
En cambio, los justos se alegran,
gozan en la presencia de Dios, rebosando de alegría

Nuestro Dios es un Dios que salva

Padre de huérfanos, protector de viudas,
Dios vive en su santa morada.
Dios prepara casa a los desvalidos,
libera a los cautivos y los enriquece.

Nuestro Dios es un Dios que salva

Bendito el Señor cada día,
Dios lleva nuestras cargas, es nuestra salvación.
Nuestro Dios es un Dios que salva,
el Señor Dios nos hace escapar de la muerte.


Nuestro Dios es un Dios que salva

A esta, que es hija de Abrahán ¿no había que soltarla en sábado?


Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacia dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y andaba encorvada, sin poderse enderezar.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
-«Mujer, quedas libre de tu enfermedad.»
Le impuso las manos, y en seguida se puso derecha.
Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, dijo a la gente:
-«Seis días tenéis para trabajar; venid esos días a que os curen, y no los sábados.»
Pero el Señor, dirigiéndose a él, dijo:
-«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata del pesebre al buey o al burro y lo lleva a abrevar, aunque sea sábado?
Y a ésta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no había que soltarla en sábado?»
A estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba de los milagros que hacía.
Palabra del Señor

domingo, 25 de octubre de 2015

"El Sínodo ha sido laborioso, pero un don de Dios, que traerá mucho fruto"."El Pueblo de Dios camina al paso de los últimos, como se hace en las familias"

¡Queridos hermanos y hermanas , buenos días!
Esta mañana, con la Santa Misa celebrada en la Basílica de San Pedro, concluyó la Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos sobre la familia. Invito a todos a dar gracias a Dios por estas tres semanas de intenso trabajo, animado por la oración y por un espíritu de verdadera comunión. Ha sido arduo, pero ha sido un verdadero don de Dios, que seguramente traerá muchos frutos.

La palabra "sínodo" significa "caminar juntos". Y aquella que hemos vivido ha sido la experiencia de la Iglesia en camino, en camino especialmente con las familias del Pueblo santo de Dios esparcido en todo el mundo. Por esto me ha impresionado la Palabra de Dios que hoy nos sale al encuentro en la profecía de Jeremías: «Yo los hago venir del país del Norte y los reúno desde los extremos de la tierra; hay entre ellos ciegos y lisiados, mujeres embarazadas y parturientas: ¡es una gran asamblea la que vuelve aquí!». Y el profeta agrega: «Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo; los conduciré a los torrentes de agua por un camino llano, donde ellos no tropezarán. Porque yo soy un padre para Israel» (31,8-9).

Esta Palabra de Dios nos dice que el primero en querer caminar junto a nosotros, a querer hacer "sínodo" con nosotros, es precisamente Él, nuestro Padre. Su "sueño", desde siempre y por siempre, es el de formar un pueblo, de reunirlo, de guiarlo hacia la tierra de la libertad y de la paz. Y este pueblo está hecho de familias: están «la mujer embarazada y la parturienta»; es un pueblo que mientras camina lleva adelante la vida, con la bendición de Dios.

Es un pueblo que no excluye a los pobres y a los desfavorecidos, es más, los incluye: «entre ellos están el ciego y el lisiado» - dice el Señor. Es una familia de familias, en la que quien enfrenta fatigas no se encuentra marginado, dejado atrás, sino que logra seguir el paso de los otros, porque este pueblo camina al paso de los últimos; como se hace en las familias, y como nos enseña el Señor, que se ha hecho pobre con los pobres, pequeño con los pequeños, último con los últimos. No lo ha hecho para excluir a los ricos, a los grandes y a los que están primero, sino porque ésta es la única forma para salvar también a ellos, para salvar a todos.

Les confieso que esta profecía del pueblo en camino la he comparado también con las imágenes de los prófugos en marcha por las calles de Europa, una realidad dramática de nuestros tiempos. Dios también les dice a ellos: «Habían partido llorando, pero yo los traigo llenos de consuelo». También estas familias tan sufrientes, desarraigadas de sus tierras, han estado presentes con nosotros en el Sínodo, en nuestra oración y en nuestros trabajos, a través de la voz de algunos de sus Pastores presentes en la Asamblea. Estas personas en busca de dignidad, estas familias en busca de paz siguen permaneciendo con nosotros, la Iglesia no las abandona, porque forman parte del pueblo que Dios quiere liberar de la esclavitud y guiar hacia la libertad.
Por lo tanto, en esta Palabra de Dios, se refleja la experiencia sinodal que hemos vivido. Que el Señor, por intercesión de la Virgen María, nos ayude también a realizar las indicaciones surgidas en forma de fraterna comunión.


¡Animo, levántate! Con la invitación del Evangelio el Papa clausura el Sínodo

Las tres lecturas de este domingo nos presentan la compasión de Dios, su paternidad, que se revela definitivamente en Jesús.
El profeta Jeremías, en pleno desastre nacional, mientras el pueblo estaba deportado por los enemigos, anuncia que «el Señor ha salvado a su pueblo, ha salvado al resto de Israel» (31,7). Y ¿por qué lo hizo? Porque él es Padre (cf. v. 9); y como el Padre cuida de sus hijos, los acompaña en el camino, sostiene a los «ciegos y cojos, lo mismo preñadas que paridas» (31,8). Su paternidad les abre una vía accesible, una forma de consolación después de tantas lágrimas y tantas amarguras. Si el pueblo permanece fiel, si persevera en buscar a Dios incluso en una tierra extranjera, Dios cambiará su cautiverio en libertad, su soledad en comunión: lo que hoy siembra el pueblo con lágrimas, mañana lo cosechará con la alegría (cf. Sal 125,6 ).

Con el Salmo, también nosotros hemos expresado la alegría, que es fruto de la salvación del Señor: «La boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares» (v. 2). El creyente es una persona que ha experimentado la acción salvífica de Dios en la propia vida. Y nosotros, los pastores, hemos experimentado lo que significa sembrar con fatiga, a veces llorando, y alegrarnos por la gracia de una cosecha que siempre va más allá de nuestras fuerzas y de nuestras capacidades.

El pasaje de la Carta a los Hebreos nos ha presentado la compasión de Jesús. También él «está envuelto en debilidades» (5,2), para sentir compasión por quienes yacen en la ignorancia y en el error. Jesús es el Sumo Sacerdote grande, santo, inocente, pero al mismo tiempo es el Sumo Sacerdote que ha compartido nuestras debilidades y ha sido puesto a prueba en todo como nosotros, menos en el pecado (cf. 4,15). Por eso es el mediador de la nueva y definitiva alianza que nos da salvación.

El Evangelio de hoy nos remite directamente a la primera Lectura: así como el pueblo de Israel fue liberado gracias a la paternidad de Dios, también Bartimeo fue liberado gracias a la compasión de Jesús que acababa de salir de Jericó. A pesar de que apenas había emprendido el camino más importante, el que va hacia Jerusalén, se detiene para responder al grito de Bartimeo. Se deja interpelar por su petición, se deja implicar en su situación. No se contenta con darle limosna, sino que quiere encontrarlo personalmente. No le da indicaciones ni respuestas, pero hace una pregunta: «¿Qué quieres que haga por ti»? (Mc 10,51). Podría parecer una petición inútil: ¿Qué puede desear un ciego si no es la vista? Sin embargo, con esta pregunta, hecha «de tú a tú», directa pero respetuosa, Jesús muestra que desea escuchar nuestras necesidades. Quiere un coloquio con cada uno de nosotros sobre la vida, las situaciones reales, que no excluya nada ante Dios. Después de la curación, el Señor dice a aquel hombre: «Tu fe te ha salvado» (v. 52). Es hermoso ver cómo Cristo admira la fe de Bartimeo, confiando en él. Él cree en nosotros más de lo que nosotros creemos en nosotros mismos.

Hay un detalle interesante. Jesús pide a sus discípulos que vayan y llamen a Bartimeo. Ellos se dirigen al ciego con dos expresiones, que sólo Jesús utiliza en el resto del Evangelio. Primero le dicen: «¡Ánimo!», una palabra que literalmente significa «ten confianza, anímate». En efecto, sólo el encuentro con Jesús da al hombre la fuerza para afrontar las situaciones más graves. La segunda expresión es «¡levántate!», como Jesús había dicho a tantos enfermos, llevándolos de la mano y curándolos. Los suyos no hacen más que repetir las palabras de alentadoras y liberadoras de Jesús, guiando hacia él directamente, sin sermones. Los discípulos de Jesús están llamados a esto, también hoy, especialmente hoy: a poner al hombre en contacto con la misericordia compasiva que salva. Cuando el grito de la humanidad, como el de Bartimeo, se repite aún más fuerte, no hay otra respuesta que hacer nuestras las palabras de Jesús y sobre todo imitar su corazón. Las situaciones de miseria y de conflicto son para Dios ocasiones de misericordia. Hoy es tiempo de misericordia.

Pero hay algunas tentaciones para los que siguen a Jesús. El Evangelio de hoy destaca al menos dos. Ninguno de los discípulos se para, como hace Jesús. Siguen caminando, pasan de largo como si nada hubiera sucedido. Si Bartimeo era ciego, ellos son sordos: aquel problema no es problema suyo. Este puede ser nuestro riesgo: ante continuos apuros, es mejor seguir adelante, sin preocuparse. De esta manera, estamos con Jesús como aquellos discípulos, pero no pensamos como Jesús. Se está en su grupo, pero se pierde la apertura del corazón, se pierde la maravilla, la gratitud y el entusiasmo, y se corre el peligro de convertirse en «habituales de la gracia». Podemos hablar de él y trabajar para él, pero vivir lejos de su corazón, que está orientado a quien está herido. Esta es la tentación: una «espiritualidad del espejismo». Podemos caminar a través de los desiertos de la humanidad sin ver lo que realmente hay, sino lo que a nosotros nos gustaría ver; somos capaces de construir visiones del mundo, pero no aceptamos lo que el Señor pone delante de nuestros ojos. Una fe que no sabe radicarse en la vida de la gente permanece árida y, en lugar oasis, crea otros desiertos.

Hay una segunda tentación, la de caer en una «fe de mapa». Podemos caminar con el pueblo de Dios, pero tenemos nuestra hoja de ruta, donde entra todo: sabemos dónde ir y cuánto tiempo se tarda; todos deben respetar nuestro ritmo y cualquier inconveniente nos molesta. Corremos el riesgo de hacernos como aquellos «muchos» del Evangelio, que pierden la paciencia y reprochan a Bartimeo. Poco antes habían reprendido a los niños (cf. 10,13), ahora al mendigo ciego: quien molesta o no tiene categoría, ha de ser excluido. Jesús, por el contrario, quiere incluir, especialmente a quienes están relegados al margen y le gritan. Estos, como Bartimeo, tienen fe, porque saberse necesitados de salvación es el mejor modo para encontrar a Jesús.
Y, al final, Bartimeo se puso a seguir a Jesús en el camino (cf. v. 52). No sólo recupera la vista, sino que se une a la comunidad de los que caminan con Jesús. Queridos hermanos sinodales, hemos caminado juntos. Les doy las gracias por el camino que hemos compartido con la mirada puesta en el Señor y en los hermanos, en busca de las sendas que el Evangelio indica a nuestro tiempo para anunciar el misterio de amor de la familia. Sigamos por el camino que el Señor desea. Pidámosle a él una mirada sana y salvada, que sabe difundir luz porque recuerda el esplendor que la ha iluminado. Sin dejarnos ofuscar nunca por el pesimismo y por el pecado, busquemos y veamos la gloria de Dios que resplandece en el hombre viviente.

Concluyó el Sínodo de los obispos sobre la vocación y misión de la Familia

Con la aprobación del documento final concluyó el Sínodo de los obispos sobre la vocación y misión de la Familia, en el Vaticano a las 18,46 de la tarde del 24 de octubre de 2015.
Fue aprobado el documento final. Todos los 94 parágrafos han superado los 2/3 de votos. Estas proposiciones servirán al Papa para escribir la Exhortación post sinodal sobre la Vocación y Misión de la Familia en la Iglesia y el mundo contemporáneo. El mismo Documento final elaborado y votado por los obispos será publicado, dentro de poco, con las respectivas votaciones de cada uno de los 94 parágrafos.
Al cierre de los trabajos Francisco habló a toda la asamblea de 270 personas, agradeciendo al Señor y a todos. Subrayando la acción del Señor, explicó que el haber puesto las dificultades de las familias delante del Señor es lo más importante. jesuita Guillermo Ortiz, Raúl Cabrera


LA ALEGRÍA DE LA FE

Una recomendación muy útil para avanzar por el camino espiritual, e incluso por el camino de la existencia, es guardar memoria de lo vivido, de manera especial de los momentos más recios, en los que todo parecía inclinado a la derrota, y de manera providente se convirtió en experiencia de gracia y de favor, como cuenta el profeta que le sucedió al pueblo de Israel en tiempos del exilio. “Gritad de alegría por Jacob, regocijaos por el mejor de los pueblos; proclamad, alabad y decid: El Señor ha salvado a su pueblo, al resto de Israel” (Jr 31, 7-8).
Cuando se han vivido circunstancias aciagas, en las que no faltaron los trabajos, las penosidades, y hasta las lágrimas, al recordar esos momentos difíciles de la vida, si después se tornaron motivo de bendición, se comprenden muy bien las expresiones del salmista: “El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres” (Sal 125).
Tengo que reconocer que el salmo 125 lo hemos personalizado en Buenafuente al recordar los años de penuria, ruinas y soledad, y al celebrar, después, la afluencia de tantos amigos y de personas que desean vivir días de oración, soledad, silencio, en medio de la naturaleza y en un ambiente de austeridad. Hemos llegado a reconocer que este salmo es como nuestro himno, el relato de nuestra biografía, la narración de una historia providente.

El Evangelio nos cuenta la situación menesterosa, deprimida, marginal, hundida, crónica, y hasta depresiva en la que vive el ciego de Jericó, fuera de la ciudad, al margen del camino, pidiendo limosna, tendido en el suelo. Todo parecía irremediable, acaso objeto de piedad y compasión. Y en esas circunstancias, al paso de Jesús por el camino, todo cambia, y acontece lo más inesperado: que aquel de quien se pensaba que era un hombre relegado, se convierte en el prototipo de discípulo:
Jesús se detuvo y dijo: -«Llamadlo.»
Llamaron al ciego, diciéndole: _«Ánimo, levántate, que te llama.»
Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.
Jesús le dijo: -«¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: -«Maestro, que pueda ver.»
Jesús le dijo: «Anda, tu fe te ha curado.»
Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.
El ciego da un salto; hay que presupone que también de alegría, y según el evangelista San Marcos, tiene un gesto muy significativo, abandonar el manto, es decir, su identidad deprimida, para ponerse ante el Señor, y cara a cara con la pregunta que cada uno podemos personalizar: “¿Qué quieres que haga por ti?”
Parece que no hay respuesta más lógica que la del ciego: “Señor, que vea”. Pero ¿qué significa ver? En el contexto del pasaje, debemos interpretar que es tener fe. Por la fe, el ciego ve, y el ciego se convierte en discípulo, detrás de Jesús.
Ángel Moreno de Buenafuente

Curarnos de la ceguera

¿Qué podemos hacer cuando la fe se va apagando en nuestro corazón? ¿Es posible reaccionar? ¿Podemos salir de la indiferencia? Marcos narra la curación del ciego Bartimeo para animar a sus lectores a vivir un proceso que pueda cambiar sus vidas.
No es difícil reconocernos en la figura de Bartimeo. Vivimos a veces como «ciegos», sin ojos para mirar la vida como la miraba Jesús. «Sentados», instalados en una religión convencional, sin fuerza para seguir sus pasos. Descaminados, «al borde del camino» que lleva Jesús, sin tenerle como guía de nuestras comunidades cristianas.
¿Qué podemos hacer? A pesar de su ceguera, Bartimeo «se entera» de que, por su vida, está pasando Jesús. No puede dejar escapar la ocasión y comienza a gritar una y otra vez: «ten compasión de mí». Esto es siempre lo primero: abrirse a cualquier llamada o experiencia que nos invita a curar nuestra vida.
El ciego no sabe recitar oraciones hechas por otros. Solo sabe gritar y pedir compasión porque se siente mal. Este grito humilde y sincero, repetido desde el fondo del corazón, puede ser para nosotros el comienzo de una vida nueva. Jesús no pasará de largo.
El ciego sigue en el suelo, lejos de Jesús, pero escucha atentamente lo que le dicen sus enviados: «¡Ánimo! Levántate. Te está llamando». Primero, se deja animar abriendo un pequeño resquicio a la esperanza. Luego, escucha la llamada a levantarse y reaccionar. Por último, ya no se siente solo: Jesús lo está llamando. Esto lo cambia todo.
Bartimeo da tres pasos que van a cambiar su vida. «Arroja el manto» porque le estorba para encontrarse con Jesús. Luego, aunque todavía se mueve entre tinieblas, «da un salto» decidido. De esta manera «se acerca» a Jesús. Es lo que necesitamos muchos de nosotros: liberarnos de ataduras que ahogan nuestra fe; tomar, por fin, una decisión sin dejarla para más tarde; y ponernos ante Jesús con confianza sencilla y nueva.
Cuando Jesús le pregunta qué quiere de él, el ciego no duda. Sabe muy bien lo que necesita: «Maestro, que pueda ver». Es lo más importante. Cuando uno comienza a ver las cosas de manera nueva, su vida se transforma. Cuando una comunidad recibe luz de Jesús, se convierte.

José Antonio Pagola

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.


 Lectura del santo evangelio según san Marcos 10,46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó con sus discípulos y bastante gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: - «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.»

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: - «Hijo de David, ten compasión de mí.»

Jesús se detuvo y dijo: - «Llamadlo.»

Llamaron al ciego, diciéndole: - «Ánimo, levántate, que te llama.»

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús. Jesús le dijo: - «¿Qué quieres que haga por ti?»
El ciego le contestó: - «Maestro, que pueda ver.»

Jesús le dijo: - «Anda, tu fe te ha curado.»

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

Palabra del Señor.

sábado, 24 de octubre de 2015

Homilía del Papa: Leer los signos de los tiempos fieles al Evangelio

“Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente”, con libertad y en la verdad de la fe. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta
El Pontífice reflexionó sobre el discernimiento que la Iglesia debe hacer viendo los “signos de los tiempos”, sin ceder a la comodidad del conformismo, sino dejándose inspirar por la oración.
Los tiempos hacen lo que deben: cambian. Y los cristianos deben hacer lo que quiere Cristo, a saber: evaluar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo “firmes en la verdad del Evangelio”. Lo que no se admite es el tranquilo conformismo que, de hecho, hace que permanezcamos inmóviles.
Sabiduría cristiana

Inspirándose en un pasaje de la Carta de San Pablo a los Romanos, el Santo Padre explicó que el Apóstol predica con “mucha fuerza la libertad que nos ha salvado del pecado”. Mientras el Evangelio relata que Jesús habla de los “si
gnos de los tiempos” definiendo hipócritas a quienes saben comprenderlos pero no hacen lo mismo con el tiempo del Hijo del Hombre.Dios nos ha creado libres y “para tener esta libertad  – afirmó el Papa – debemos abrirnos a la fuerza del Espíritu y entender bien qué cosa sucede dentro y fuera de nosotros”, usando el “discernimiento”:
“Tenemos esta libertad para juzgar lo que sucede fuera de nosotros. Pero para juzgar debemos conocer bien lo que sucede fuera de nosotros. ¿Y cómo se puede hacer esto? ¿Cómo se puede hacer esto, que la Iglesia llama ‘discernir los signos de los tiempos’? Los tiempos cambian. Es precisamente de la sabiduría cristiana conocer estos cambios, conocer los diversos tiempos y conocer los signos de los tiempos. Lo que significa una cosa y lo que significa otra cosa. Y hacer esto sin miedo, con libertad”.

Silencio, reflexión y oración

El Papa Bergoglio reconoció que no es una cosa “fácil”, porque son demasiados los condicionamientos externos que también afectan a los cristianos induciendo a muchos a un más cómodo “no hacer”:
“Este es un trabajo que nosotros no solemos hacer: nos conformamos, nos tranquilizamos con ‘me han dicho, he oído, la gente dice, he leído…’. Así estamos tranquilos… ¿Pero cuál es la verdad? ¿Cuál es el mensaje que el Señor quiere darme con aquel signo de los tiempos? Para entender los signos de los tiempos, ante todo es necesario el silencio: hacer silencio y observar. Y después reflexionar dentro de nosotros. Un ejemplo: ¿por qué hay tantas guerras ahora? ¿Por qué ha sucedido algo? Y rezar… Silencio, reflexión y oración. Sólo así podremos comprender los signos de los tiempos, y qué cosa quiere decirnos Jesús”.

Libres en la verdad del Evangelio

Y comprender los signos de los tiempos no es un trabajo exclusivo de una élite cultural. Jesús – recordó Francisco – no dice “miren cómo hacen los universitarios, miren cómo hacen los doctores, miren cómo hacen los intelectuales…”. Y subrayó que Jesús habla a los campesinos que, “en su sencillez” saben “distinguir el trigo de la cizaña”:
“Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente. Debemos cambiar firmes en la fe en Jesucristo, firmes en la verdad del Evangelio, pero nuestra actitud debe  moverse continuamente según los signos de los tiempos. Somos libres. Somos libres por el don de la libertad que nos ha dado Jesucristo. Pero nuestro trabajo es mirar qué cosa sucede dentro de nosotros, discernir nuestros sentimientos, nuestros pensamientos; y ver qué cosa sucede fuera de nosotros y discernir los signos de los tiempos. Con el silencio, con la reflexión y con la oración ”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


La Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas espera que el Sínodo contribuya a una mayor valorización de la mujer

Se puede decir que el Sínodo, que está reflexionando sobre la vocación y la misión de la familia en la Iglesia y en el mundo contemporáneo, tiene como desafío prioritario el poder conciliar la doctrina con la misericordia.
El Papa Francisco nos invita continuamente a esta conversión pastoral. Dicha conversión tiene como objetivo el poder tocar y experimentar la bondad y la ternura de Dios Padre misericordioso.
La familia es el primer lugar donde se aprende la ternura y el amor humano, donde "se aprende a convivir en la diferencia y a pertenecer a otros" (EG 66), donde se aprende el respeto, la aceptación y el perdón mutuo. En un mundo en el que “el individualismo posmoderno y globalizado favorece un estilo de vida que debilita el desarrollo y la estabilidad de los vínculos entre las personas, y que desnaturaliza los vínculos familiares.
La acción pastoral debe mostrar mejor todavía que la relación con nuestro Padre exige y alienta una comunión que sane, promueva y afiance los vínculos interpersonales" (EG 67). Estas dificultades requieren un apoyo, una ayuda para que la familia pueda seguir siendo la escuela de amor donde se aprende el arte de tejer relaciones, el arte de dar cabida a los diferentes puntos de vista, el de superar las barreras inter-generacionales y donde cada uno es consciente de su propia dignidad.
Como se indica en el Instrumentum Laboris, las mujeres tienen un papel crucial en el crecimiento de la familia y de la sociedad. Las mujeres esperan con confiada esperanza el apoyo del Sínodo para el reconocimiento de su dignidad.
En muchos lugares, a las mujeres todavía les resulta difícil reconocer y hacer que sea reconocida la riqueza de su contribución, indispensable para la Iglesia y para la sociedad de los países y continentes. Con demasiada frecuencia, incluso dentro de la comunidad cristiana, las mujeres siguen encontrando dificultades en vez de ser alentadas a realizar plenamente su vocación. Si todavía hay un largo camino por recorrer, también hemos de reconocer los muchos avances de las últimas décadas.
La Unión Mundial de Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC) espera que el Sínodo contribuya a "una mayor valorización (de la mujer) de su responsabilidad en la Iglesia: su intervención en los procesos de decisión; su participación, no sólo formal, en el gobierno de algunas instituciones; su participación en la formación de los ministros ordenados" (IL 30).
La prioridad sigue siendo un trabajo formativo que ayude a redefinir en la familia "las tareas de los cónyuges en su reciprocidad y en la común responsabilidad respecto a la vida familiar" (Ibid), de modo que todos los padres, hijos e hijas puedan acoger y vivir plenamente su vocación.
La familia ha de ser el lugar privilegiado de la formación integral donde "se aprende a pedir permiso sin avasallar, a decir « gracias » como expresión de una sentida valoración de las cosas que recibimos, a dominar la agresividad o la voracidad, y a pedir perdón cuando hacemos algún daño"(LS 213). Serán precisamente las mujeres las primeras en recibir los beneficios, pues no hemos de olvidar que son ellas las primeras víctimas de la violencia.
Por ello, para la UMOFC son importantes temas relacionados con la familia, tales como: la migración, la trata de seres humanos - en el que las mujeres y los niños son las primeras víctimas- y los conflictos en los que, no sólo las mujeres sino todos los cristianos viven en situaciones minoritarias.
Maria Giovanna Ruggieri - Presidenta General de la Unión Mundial dºe Organizaciones Femeninas Católicas (UMOFC)
El objetivo de la UMOFC es promover la presencia, participación y corresponsabilidad de las mujeres católicas en la sociedad y en la Iglesia, para que puedan cumplir con su misión evangelizadora y trabajar por el desarrollo humano. Reúne unas 100 organizaciones miembros de todos los continentes y tiene representación en el ECOSOC de Nueva York y Ginebra, en la UNESCO, la FAO y en el Consejo de Europa. Es una Asociación Pública Internacional de Fieles. Fue fundada en 1910 y representa a unos 5 millones de mujeres católicas de múltiples países y culturas.
Zenit

Si no os convertís, todos pecerecéis de la misma manera.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 13, 1-9
En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:
_« ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.»
Y les dijo esta parábola:
-«Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.
Dijo entonces al viñador:
"Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?
Pero el viñador contestó:
"Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas." »
Palabra del Señor

viernes, 23 de octubre de 2015

El Sínodo de la Familia podría decepcionar a progresistas y conservadores

 El borrador final será votado este sábado y después entregado al pontífice
"Ambos extremos van a quedar muy decepcionados", sostiene Romilda Ferrauto, una de las portavoces del sínodo, la víspera de la clausura el sábado en el Vaticano de la asamblea de obispos de todo el mundo.

Durante tres semanas, unos 400 obispos y cardenales se reunieron ante la presencia del papa Francisco a puerta cerrada en el Vaticano para debatir sobre los retos de la familia moderna.
"No vamos a cambiar la doctrina de la Iglesia", adelantaron en varias ocasiones los prelados que asisten a la reunión.

Interrogados al margen de las labores, la mayoría de ellos coincide en decir que no hay que esperarse un "resultado sensacional" de la reunión.

Divididos sobre temas candentes que afectan a la familia moderna, como la homosexualidad y el divorcio, los llamados "padres sinodales" entregarán al papa un informe final con las conclusiones, el cual deberá ser votado el sábado.

Según uno de los portavoces del sínodo, es probable que el informe sea aprobado por la mayoría de la asamblea, pero no se sabe si el papa lo hará público como ocurrió hace un año.

Al abrir las labores, Francisco instó a los 270 obispos de todo el mundo presentes a oponerse a la "mentalidad de la conspiración" al referirse indirectamente a la divulgación de una carta firmada por 13 cardenales conservadores que lo criticaban por sus posiciones a favor de las reformas.

El clima de conspiración se agudizó este mes con la falsa noticia divulgada el miércoles por la prensa italiana en la que se aseguraba que el papa tenía un tumor benigno en el cerebro, una manera de desprestigiar sus palabras y sus gestos, ya que tendría algo anómalo en la cabeza.

"El momento elegido revela la intención manipuladora de la polvareda que se levantó", comentó irritado el diario del Vaticano, l'Osservatore Romano.

Divididos por grupos lingüísticos, los obispos han abordado algunos de los temas espinosos según su propia visión.

Más de dos tercios de los Padres Sinodales, se opone a la idea de otorgar la comunión a divorciados que se vuelven a casar, según fuentes internas.

El grupo alemán que asiste al sínodo, motor de la reunión por sus posiciones progresistas, propuso una serie de criterios para lo que llaman el "discernimiento", es decir la evaluación de cada caso según la propia conciencia, de manera de permitir a algunos divorciados acceder a la comunión.
Una comisión especial se encargará de seguir trabajando sobre el tema.

Este viernes el papa volvió a abordar el tema de las reformas durante la misa que ofició en la capilla de la Casa Santa Marta al animar a la Iglesia a "evaluar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo firmes en el Evangelio".

Un llamado a "no ser conformistas" y a evitar "permanecer inmóviles" por comodidad, dijo.
Pese al escándalo este mes por la 'salida del armario' más clamorosa de la historia del Vaticano por parte de un prelado y alto funcionario de la curia, el tema de la homosexualidad no fue abordado.

Los obispos africanos se niegan en bloque a abordar el asunto, ya que lo consideran un fenómeno de las sociedades occidentales.

Buena parte de los prelados crecieron y se formaron bajo la influencia del papa Juan Pablo II (1978-2005) y consideran clave el documento "Familiaris consortio" de 1981, muy firme con la doctrina.
"La ley de hierro de la Familiaris consortio pesó", lamentó a la AFP un obispo progresista.

"El sínodo no puede concluirse teniendo como referencia un texto de hace 34 años como si el mundo no hubiera cambiado", comentaron algunos obispos, según informó Ferrauto.

El texto final insta a los católicos a vivir el matrimonio como algo positivo y optimista e invita a acompañar a las familias "heridas", las parejas separadas, las madres solteras, etc.
Los obispos aprobaron también la decisión de Francisco de simplificar los trámites para obtener la nulidad del matrimonio. que algunos conservadores tildaron en su momento de divorcio católico contrario al dogma.

Por otro lado El cardenal canadiense Gerald Cyprien Lacroix ha destacado la "ternura" que la Iglesia aplica en casi toda situación y respecto a todas las personas y ha expresado que se va del Sínodo de Obispos de la Familia que concluye este domingo "con mucha más esperanza" que cuando llegó
.
"La Iglesia tiene la capacidad de ofrecer a las familias algo maravilloso", ha aseverado durante el tradicional briefing informativo en el Vaticano sobre los avances de la asamblea sinodal.


Lacroix ha detallado que su grupo lingüístico uno de los 13 círculos menores en los que se subdividía a los participantes del Sínodo ha pedido "que la preparación al matrimonio no sea cerca de la fecha del matrimonio, sino una preparación catecumenal". Además, ha precisado que "el trabajo sinodal no emana un texto legislativo" sino que pretende"presentar al Papa una reflexión" para que el pontífice ayude a seguir adelante.

Los Círculos Menores concluyen el examen del Instrumentum Laboris

Los Padres Sinodales abordaron en los Círculos Menores del pasado lunes y martes la tercera parte del Instrumentum Laboris que trata entre otros temas de la situación de las familias irregulares, de la admisión a la comunión de los divorciados que se han vuelto a casar, del acompañamiento de las personas homosexuales y de la paternidad responsable.
Los Círculos han analizado las necesidades especiales de las familias en situación irregular o difícil, reconociendo, -afirma el círculo de habla inglesa C cuyo relator es el arzobispo australiano Mark Benedict Coleridge- que las personas que cohabitan se encuentran en una situación diferente de los divorciados que se han vuelto a casar civilmente. Si bien afirman que la convivencia -aunque muy extendida en muchas culturas en nuestra época- no puede ser considerada como un bien en sí misma, reconocen que puede existir un bien entre los que conviven, más que en la convivencia de por sí.
''Sabemos -afirma por su parte el círculo francés cuyo relator es el obispo Laurent Ulrich- que hay tantas otras familias que se sienten alejadas de la ideal y otras que no piensan ni siquiera que esté más o menos hecha para ellas. Familias divididas, familias mixtas, familias monoparentales, familias sin matrimonio civil: No podemos descartarlas, no queremos pensar que su camino no las acerca a Dios que ama y atrae hacia sí a todos los seres humanos. Creemos que en ellas viva el Espíritu del Señor que inspira muchos comportamientos de sus vidas; y esto no quita nada de nuestro apoyo y aliento a las familias cristianas''.
Respecto a los divorciados y vueltos a casar civilmente hay un acuerdo general en que se necesita proporcionar un acompañamiento pastoral más eficaz para estas parejas, y, para sus hijos que también tienen derechos. En algunos círculos, suscita en cambio perplejidad lo que el Instrumentum Laboris llama "un camino penitencial". ''No se ve claro llamar "camino penitencial" -sostiene el círculo hispanohablante B cuyo relator es el arzobispo venezolano Baltazar Enrique Porras Cardozo- al itinerario de los divorciados y vueltos a casar; convendría, quizás hablar de itinerarios de reconciliacion, pues hay realidades irreversibles que no pueden ser sometidas a un camino penitencial sin posibilidad de superación''.
''Parece que, en el tema de la cercanía, estamos todos de acuerdo, pero ¿qué pasa cuando se plantea el acceso a los sacramentos? -dicen en el círculo hispanohablante cuyo relator es el cardenalde Panamá José Luis Lacunza Maestrojuan, O.A.R.- Sin duda, tenemos que plantear un movimiento generoso quitando del camino muchas trabas para que los divorciados vueltos a casar puedan participar más ampliamente en la vida de la Iglesia: no pueden ser padrinos, no pueden ser catequistas, no pueden dar clases de religión... Tenemos que dar muestras de que hemos escuchado el “grito” de tantas gentes que sufren y gritan pidiendo participar lo más plenamente posible en la vida de la Iglesia''.
''Sobre la disciplina con respecto a los divorciados vueltos a casar, hasta la fecha, no es posible establecer requisitos inclusivos de todos los casos, a veces muy diferentes unos de otros -observa el círculo italiano B cuyo relator es el cardenal Mauro Piacenza- Hay divorciados vueltos a casar que se aplican a caminar según el Evangelio, ofreciendo ejemplos significativos de caridad. Al mismo tiempo, no se puede negar que, en determinadas circunstancias, se presentan factores que limitan la capacidad de actuar de forma diferente. En consecuencia, el juicio de una situación objetiva no podría convertirse en juicio sobre la "imputabilidad" subjetiva. Los límites y las limitaciones se convierten entonces en una llamada al discernimiento, principalmente del obispo, preciso y respetuoso de la complejidad de estas situaciones''.
En cambio, el círculo inglés A cuyo relator es el arzobispo estadounidense Joseph Edward Kurtz opina que la práctica pastoral en relación con la recepción del sacramento de la Eucaristía por los divorciados y vueltos a casar civilmente no debe dejarse en manos de las conferencias episcopales porque se correría el riesgo de perjudicar la unidad de la Iglesia Católica, la comprensión del orden sacramental y el testimonio visible de vida de los fieles.
Por su parte el grupo de habla inglesa cuyo relator es el arzobispo irlandés Diarmuid Martin pediría que el Santo Padre, teniendo en cuenta el rico material que ha surgido durante este proceso sinodal, considere ''el establecimiento durante el año jubilar de la Misericordia de una Comisión Especial para el estudio en profundidad las formas en que las disciplinas de la Iglesia que se derivan de la indisolubilidad del matrimonio se aplican a la situación de las personas en las uniones irregulares, incluidas las situaciones derivadas de la práctica de la poligamia''.
En este argumento son numerosas las referencias a la encíclica de Juan Pablo II ''Familiaris consortio''.
La condición de las personas homosexuales se enfocó sobre todo desde la perspectiva del contexto familiar. El grupo inglés C insistió en que es un tema que se debe abordar como pastores que buscan comprender la realidad de la vida de las personas y no las cuestiones abstractas. También sus miembros pidieron que el documento final del Sínodo incluyese una afirmación clara de la enseñanza de la Iglesia de que las uniones del mismo sexo no son en modo alguno equivalentes al matrimonio.
Sobre el mismo tema el círculo inglés A reitera que ''la Iglesia como esposa de Cristo sigue las huellas de su Señor Jesús, cuyo amor universal se ofrece a todas las personas sin excepción. Los padres y hermanos de los miembros de la familia con tendencias homosexuales están llamados a amar y aceptar a estos miembros de su familia con un corazón indiviso y con comprensión''.
Algunos Padres Sinodales propusieron que el argumento se eliminase de la discusión del Sínodo sobre la Familia porque dada su importancia merecería un sínodo específico en materia.
El tema de la paternidad responsable y de la responsabilidad generativa fue objeto de rico intercambio, y se considera en los momentos actuales, de gran importancia para el respeto a la dignidad de la persona y de la vida. También trataron los círculos de los matrimonios mixtos y la disparidad de cultos solicitando enfoques pastorales que defiendan a las mujeres y a los hijos en condiciones de fragilidad.
Sobre la metodología del Sínodo, el grupo de habla francesa cuyo relator es el arzobispo canadiense Paul-André Durocher comentó : ''Como agrónomos que discuten diversos métodos de suministro de agua, discutimos el método de nuestro Sínodo. ¿Está bien ajustado a su propósito? Derrochamos una enorme cantidad de energía, desde todos los puntos de vista. Las personas se han agotado a fuerza de trabajo. ¿El resultado valdrá la pena? ¿Tal vez podríamos identificar algunos temas específicos que se abordarán entre los dos sínodos, y tendremos más tiempo para estudiar? ¿Se confiará a comisiones pontificias el trabajo que esperamos llevar a cabo?... El hecho es que hemos disfrutado del aumento del tiempo que se nos ha dado en los pequeños grupos. De nuestros intercambios emerge fuertemente el ministerio de comunión que nos corresponde como obispos''.
''El tema de la misericordia -concluye el círculo italiano B- ha atravesado el Sínodo, interpelando nuestro ministerio pastoral, conscientes de que el misterio de la Encarnación expresa con plenitud la voluntad salvífica de Dios. Esta determinación divina ha sido confiada también a nuestra misión y a los medios sacramentales que encuentran su adecuada hermenéutica en el significado de ser llamamiento a la conversión, apoyo, fármaco, socorro para nuestra salvación''.

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