martes, 20 de octubre de 2015

Homilía del Papa: “La salvación es la amistad entre nosotros y Dios”

 Dios da siempre con generosidad su gracia a los hombres que, en cambio, tienen “la costumbre de medir las situaciones”: comprender la abundancia del amor divino es siempre fruto de una gracia. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.  
Abundante. El amor de Dios por el hombre es así. De una generosidad que al hombre en cambio se le escapa, demasiado habituado a medirse cuando decide donar algo de lo que posee. Es la clave con la que el Papa Bergoglio leyó el pasaje de San Pablo. La salvación que trae Jesús, que supera la caída de Adán, es una demostración de este darse con abundancia. Y la salvación – explicó el Santo Padre –, “es la amistad entre nosotros y Él”:

“¿Cómo da Dios, en este caso la amistad, toda nuestra salvación? Da como dice que nos dará a nosotros cuando hacemos una obra buena: nos dará una medida buena, apretada, colma, desbordante… Pero esto hace pensar en la abundancia y esta palabra, ‘abundancia’,  en este pasaje es repetida tres veces. Dios da en abundancia hasta el punto que Pablo dice, como resumen final: ‘Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia’. Sobreabunda, todo. Y esto es el amor de Dios: sin medida. Todo sí mismo”.

Un Dios que sale
Sin medida como el padre de la parábola evangélica, que todos los días otea el horizonte para ver si su hijo ha decidido volver a él. “El corazón de Dios – afirmó Francisco – no está cerrado: siempre está abierto. Y cuando nosotros llegamos, como aquel hijo, nos abraza, nos besa: un Dios que hace fiesta”:
“Dios no es un Dios mezquino: Él no conoce la mezquindad. Él da todo. Dios no es un Dios inmóvil: Él mira, espera que nosotros nos convirtamos. Dios es un Dios que sale: sale a buscar, a buscar a cada uno de nosotros. ¿Pero esto es verdad? Cada día Él nos busca, nos está buscando. Como ya ha hecho, como ya ha dicho, en la Parábola de la oveja perdida o de la moneda perdida: busca. Siempre es así”.
Abrazo sin medida

El Santo Padre reafirmó asimismo que en el cielo se hace “más fiesta” por un solo pecador que se convierte que por cien que permanecen justos. Y sin embargo  – reconoció Francisco  – “no es fácil, con nuestros criterios humanos”, pequeños y limitados, “comprender el amor de Dios”. Se lo comprende por una “gracia”, como lo había comprendido – recordó el Pontífice – la religiosa de 84 años de edad que conoció en su diócesis, y que aún se desplazaba constantemente por los pasillos del hospital para hablar con una sonrisa del amor de Dios a los enfermos. Ella –  concluyó el Papa – ha tenido “el don de entender este misterio, esta sobreabundancia” del amor de Dios, que la mayoría no ve:
“Es verdad, nosotros siempre tenemos la costumbre de medir las situaciones, las cosas con las medidas que nosotros tenemos: y nuestras medidas son pequeñas. Por esto nos hará bien pedir al Espíritu Santo la gracia, rezar al Espíritu Santo, la gracia de acercarnos al menos un poco para entender este amor y tener el deseo de ser abrazados, besados con aquella medida sin límites”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

Bergoglio homenajea al cardenal Martini

El papa Francisco rindió este lunes un homenaje especial al fallecido cardenal italiano Carlo Maria Martini, gran figura del ala progresista de la Iglesia católica, muy crítico con la institución y proclive a los cambios, fallecido en 2012.
En una introducción a un libro que recopila la obra del cardenal, firmada por el papa Francisco y publicada por el diario Il Corriere della Sera, el pontífice elogia la capacidad del prelado de promover el debate interno, los sínodos y asambleas de obispos de todo el mundo, introducidos a partir del Concilio Vaticano II (1962-1965).
El texto del pontífice se publica un día después de un importante discurso de Francisco ante los obispos reunidos en el Vaticano para un sínodo sobre los retos de la familia moderna que ha generado divisiones y fricciones sobre temas candentes.
"Nunca dejó de interrogarse", recuerda Francisco, que se formó con los textos de Martini, jesuita como él.
"La invitación a acoger a los olvidados y marginados fue el eje central del magisterio del cardenal Martini", escribió el papa quien también elogia el "talento pastoral para comunicar la palabra de Dios a todos los creyentes, laicos, intelectuales y gente sencilla".
Martini "no hizo concesiones a las modas ni a las encuestas sociológicas", pero era "consciente de la presencia en la Iglesia de tantas sensibilidades diferentes, de los contextos culturales, por lo que es indispensable un debate libre y humilde", recuerda.
Gran estudioso de la Biblia, el cardenal italiano figuró entre los "papables" en el cónclave que eligió a Joseph Ratzinger como sustituto de Juan Pablo II en 2005 y abogó siempre a favor del diálogo de la Iglesia con el mundo, sobre temas controvertidos para la doctrina, tales como la prohibición de la anticoncepción, la ordenación de mujeres y la concesión de la comunión a los divorciados que se vuelven a casar.
Todos asuntos que cerca de 400 obispos y cardenales de todo el mundo debaten en el Vaticano hasta el 24 de octubre a pedido de Francisco.
(RD/Ep)


El Sínodo entra en la recta final

Esta semana concluye el Sínodo de los Obispos sobre la familia, debatiendo la última parte del Instrumentum Laboris, con la redacción y aprobación del texto final 

El Sínodo de los Obispos, iniciado el pasado domingo 4 de octubre, entró este lunes en la semana final. Para explicar lo que está sucediendo, en la Sala de Prensa de la Santa Sede expusieron hoy el patriarca Latino de Jerusalén, Fouad Twal; el arzobispo australiano, metropolita de Brisbane y relator de un Círculo menor, Mark B. Coleridge; y monseñor Enrico Solmi, obispo italiano de Parma, acompañados por el director de la oficina de prensa de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi.

El patriarca ha asegurado sentirse estos días “en familia, como en casa”, viviendo un signo bellísimo de colegialidad. Asimismo ha precisado que es normal que haya diversidad de opiniones porque “venimos de contextos diferentes, los desafíos no son los mismos. Aunque también los hay que son comunes”. Por eso, ha indicado que hay un punto que les reúne a todos y es que “todos queremos el bien de las familias”. Subrayando el intenso trabajo de estas dos semanas, el patriarca ha indicado que “no hay un aspecto de la familia que no haya sido tratado”.

Por su parte, monseñor Coleridge ha observado que el trabajo no termina este domingo porque “el camino del Sínodo continúa”. Además, ha recordado que “este es un Sínodo pastoral, se necesita la doctrina pero es primordialmente un Sínodo pastoral”.  También ha manifestado su preocupación por “el enfoque de todo y nada de antes del Sínodo”, porque la realidad de la experiencia humana es mucho más matizada y amplia.

Monseñor Enrico Solmi ha asegurado que estos días se vive un fuerte sentido de catolicidad de la Iglesia, “venir a Roma y encontrar el mundo”. Al respecto ha indicado que en al Aula llegan “todas las familias del mundo con sus particularidades”. Y el Sínodo, ha observado, continúa el clima del año pasado, “hablar con franqueza” aunque haya distintos pensamientos y opiniones.
Uno de los temas que acapara gran atención en esta tercera parte del debate del Sínodo sobre la familia, es la situación de los divorciados vueltos a casar por lo civil. Al respecto, los padres sinodales han recordado que no todos los casos son iguales. El patriarca ha asegurado que es un campo delicado y no se puede generalizar “mejor estudiar caso por caso, mirando a la misericordia sin olvidar la doctrina”.

Así Coleridge indicó que no sabe si habrá cambios por lo que se refiere a la situación de los divorciados y vueltos a casar. Y que es necesario distinguir entre "segundo matrimonio estable vivido en amor y fidelidad y con hijos educados cristianamente" que no es la misma cosa que una "escapada a un hotel".

A propósito del camino penitencial propuesto para los divorciados vueltos a casar por lo civil, monseñor Solmi ha confirmado la importancia de que la Iglesia acompañe a las personas en dificultad sobre todo con el discernimiento.

Finalmente ha deseado que el Sínodo sepa incidir en la vida de la Iglesia, poniendo a la familia en el lugar que le corresponde en la Iglesia. “Y espero que esto puede convertirse en una señal fuerte para nuestra sociedad y nuestros países que a menudo se olvidan sistemáticamente de la familia”.
Por otro lado, el arzobispo australiano ha comentado las palabras del papa Francisco en ocasión del 50º aniversario del Sínodo de los Obispos. Según el prelado, se ha tratado de un discurso “programático”, “el más importante del Sínodo. Lo que más me ha conmovido --ha explicado-- es que ha hablado de la sinodalidad en toda la Iglesia. Y en este contexto el Papa habla de colegialidad episcopal. Es la eclesiología del Concilio Vaticano II.


ZENIT.org. Rocío Lancho García

Cáritas Europa: "La UE sacrifica el bienestar de millones de personas que están escapando de conflictos

Denuncia que las últimas medidas refuerzan la imagen de una Europa "cansada y pesimista"
(Cáritas).- Cáritas Europa ha hecho pública su valoración sobre la reunión del Consejo de la Unión Europea celebrada los pasados 15 y 16 de octubre en Bruselas, en la que, lamentablemente, sus miembros no dieron respuesta a las peticiones lanzadas desde numerosas instancias ciudadanas y sociales de toda Europa para abordar con humanidad y solidaridad la actual situación migratoria.
La propuesta del Consejo de reforzar la cooperación con terceros Estados (no miembros de la UE) a fin de proteger todavía más las fronteras exteriores de la Uniónestá alejando a las personas y sus necesidades del centro de las políticas públicas. Este tipo de prácticas sacrifica el bienestar de millones de personas que están escapando de situaciones de conflicto, de los efectos del cambio climático y de la pobreza, condenándolos a vivir en un limbo jurídico en terceros países, que se encuentran también empobrecidos y con muchos menos recursos que la UE para ofrecer ayuda.
Cáritas Europa entiende que desplazar la responsabilidad de la acogida de los refugiados y las personas migrantes a países más empobrecidos que no son miembros de la UE refuerza la imagen de una Europa "cansada y pesimista", con un papel cada vez menos relevante en el mundo, tal y como dijo el Papa Francisco a los líderes europeos en noviembre de 2014.
Según el testimonio de nuestras Cáritas, tanto en los Estados miembros como en las fronteras exteriores, las personas subsaharianas que están llegando a Sicilia no están autorizadas a abandonar los barcos que deberían llevarles a puerto. Están siendo sometidas a procedimientos de urgencia para evaluar, con carácter previo, sus posibilidades de solicitar asilo en Europa.
A aquellos que vienen de lo que se ha dado en denominar "países seguros", se les comunica una orden de expulsión y son transferidos directamente a un centro de internamiento. No tienen ninguna posibilidad de acceder a los puntos de entrada (hotspots) en el lugar de llegada y solicitar asilo, tal y como establecen los tratados internacionales sobre asilo y refugio.
"Estas informaciones describen prácticas contrarias a la Convención de Ginebra. Es absolutamente terrorífico lo que está ocurriendo en la UE y la propuesta de crear más de estos puntos. Lo que estas personas necesitan no es más Europa fortaleza, sino una Europa humana y solidaria. Necesitan soluciones constructivas a largo plazo, que pongan fin a todo este sufrimiento innecesario" manifiesta Shannon Pfohman, responsable de Incidencia Política de Cáritas Europa.
Por tanto, ante la Cumbre de La Valeta sobre migración y cooperación entre la UE y la Unión Africana, que tendrá lugar los días 11 y 12 de noviembre, Cáritas Europa urge a los Gobiernos de la UE que aseguren el apoyo a las personas allí dónde se encuentren:
1. Comprometiéndose a hacer esfuerzos reales para la construcción de la paz y el desarrollo en aquellos países que están sufriendo violencia y pobreza. Que incrementen la ayuda oficial al Desarrollo del 0.4% del producto interior bruto de la UE al prometido 0,7%.
2. Absteniéndose de amenazar a los países que no pertenecen a la UE con reducciones en la ayuda al desarrollo si no aceptan la inclusión de cláusulas de readmisión y expulsión en acuerdos bilaterales o regionales.
3. Protegiendo a las víctimas del tráfico de personas, en vez de criminalizarlas, estableciendo controles que rompan la impunidad de las mafias que operan en Europa. Y, en paralelo, intensificar las operaciones de búsqueda y salvamento en las fronteras exteriores, levantando las sanciones a los transportistas.
4. Asegurando medidas humanas y estables, tanto en la acogida como en la posterior integración de estas personas migrantes y refugiadas.

Cáritas Europa mantiene la esperanza en que los líderes europeos demostrarán en La Valeta que la solidaridad y la humanidad son pilares fundamentales de la identidad de la Unión Europea.

lunes, 19 de octubre de 2015

Homilía del Papa: el apego a la riqueza divide a las familias


Jesús no condena la riqueza sino el apego a la riqueza que divide a las familias y provoca las guerras. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.  
El apego a las riquezas es una idolatría
El Papa Francisco recordó que no es posible “servir a dos patrones”: o se sirve a Dios o a la riqueza. Jesús “no está contra las riquezas en sí mismas”, sino que advierte ante el hecho de poner la propia seguridad en el dinero que puede hacer de la “religión una agencia de seguros”. Además, el apego al dinero divide, como dice el Evangelio que refiere acerca de los “dos hermanos que pelean por la herencia”:

“Pero pensamos nosotros en cuántas familias conocemos que han peleado, pelean, no se saludan, se odian por una herencia. Y éste es uno de los casos. El amor de la familia, el amor de los hijos, de los hermanos, de los padres no es más importante, no, es el dinero. Y esto destruye. También las guerras, las guerras que hoy vemos. Sí, hay un ideal, pero detrás está el dinero: el dinero de los traficantes de armas, el dinero de aquellos que se aprovechan de la guerra. Y ésta es una familia, pero todos  – estoy seguro – todos conocemos al menos a una familia dividida por este motivo. Y Jesús es claro: ‘Presten atención y estén lejos de toda codicia: es peligroso’. La codicia. Porque nos da esta seguridad que no es verdadera y te lleva sí a rezar  – tú puedes rezar, ir a la Iglesia – pero también a tener el corazón apegado, y, al final, termina mal”.
Jesús relata la parábola de un hombre rico, “un buen empresario”, cuyo “campo había producido tan abundantemente” que “estaba lleno de riquezas”…
“… Y en lugar de pensar: ‘Compartiré esto con mis obreros, con mis empleados, para que también ellos tengan un poco más para sus familias’, razonaba para sí: ‘¿Qué haré, puesto que no tengo dónde poner mi cosecha? Ah, haré así: demoleré mis depósitos y construiré otros más grandes’. Cada vez más. La sed del apego a las riquezas no termina jamás. Si tú tienes el corazón apegado a la riqueza – cuando tienes tantas – quieres más. Y éste es el dios de la persona que se apega a las riquezas”.
El camino de la salvación  – afirmó el Papa – es el de las Bienaventuranzas: “la primera es la pobreza de espíritu”, es decir, no estar apegado a las riquezas que  – si se las poseen – deben estar “al servicio de los demás, para compartir, para que tanta gente vaya adelante”.

Y el signo de que no tenemos “este pecado de idolatría” es dar limosna, es dar “a aquellos que tienen necesidad” y dar no de lo superfluo sino de lo que me cuesta “alguna privación” porque tal vez “sea necesario para mí”. “Eso es un buen signo. Eso significa que es más grande el amor a Dios que el apego a las riquezas”. Por tanto, hay tres preguntas que podemos hacernos, dijo Francisco:

“Primera pregunta: ‘¿Doy?’. Segunda: ‘¿Cuánto doy?’. Tercera pregunta: ‘¿Cómo doy? ¿Cómo da Jesús, con la caricia del amor o como quien paga un impuesto? ¿Cómo doy?’. ‘Pero padre, ¿qué quiere decir usted con esto?’. Cuando tú ayudas a una persona, ¿la miras a los ojos? ¿Le tocas la mano? Es la carne de Cristo, es tu hermano, tu hermana. Y tú en aquel momento eres como el Padre que no permite que le falte el alimento a los pajaritos del Cielo. Con cuánto amor da el Padre. Pidamos al Señor la gracia de estar libres de esta idolatría, el apego a las riquezas; la gracia de mirarlo a Él, tan rico en su amor y tan rico en su generosidad, en su misericordia; y la gracia de ayudar a los demás con el ejercicio de la limosna, pero como lo hace Él. ‘Pero, padre, Él no se ha privado de nada…’. Jesucristo, siendo igual a Dios, se privó de esto, se abajó, se aniquiló, y también Él se ha privado”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


Un Sínodo dividido vota mañana las conclusiones de los círculos menores

Francisco "mantiene silencio, escucha y toma notas constantemente", afirma un sinodal español
"La discusión está siendo muy serena, sincera y en un clima inmejorable. Ahora empieza el momento crucial. Este lunes votaremos las conclusiones de los círculos menores". Uno de los sinodales españoles relata a Religión Digital sus impresiones, pocos días antes de que concluya el Sínodo de la Familia.
Según asegura, hasta el momento existe unconsenso "que raya en unanimidad" en torno a la mayoría de cuestiones, especialmente en lo relativo a un cambio de lenguaje y a promover el ejemplo de la familia tradicional como válido para la sociedad actual. En cuanto a los temas más polémicos, como la comunión a los divorciados vueltos a casar, la acogida a los homosexuales o el reconocimiento de aspectos positivos en las relaciones estables no matrimoniales, este sinodal confiesa que "hay dos grupos claramente diferenciados, opuestos y definidos, y una mayoría, en medio, sin decantarse".
Lo que sí parece claro es que el Papa Francisco, "que no se pronuncia en la sala, sino que mantiene un prudente silencio, y escucha y toma notas constantemente", aboga por una apertura lo más consensuada posible. Tal vez por ello no ha aclarado si habrá o no un documento final, pues "quiere que todos nos pronunciemos en total libertad, sin temor a que las posturas minoritarias puedan sentirse desplazadas. Este Papa quiere rotundamente la comunión: no va a romper la Iglesia".
Las palabras de este padre sinodal coinciden con las recabadas desde otros ámbitos. Así, la idea que empieza a emerger sería favorecer "el acompañamiento personalizado" hacia el matrimonio y una mayor flexibilidad ante quienes no observan un estilo de vida acorde con las enseñanzas de la Iglesia, sin alterar los dogmas, informan las agencias.
De esta forma, se podría llegar a un compromiso entre la mayoría de obispos, que abogan por un cambio moderado, sin radicalismos.
Un consenso semejante significaría que mientras el matrimonio seguiría siendo entre un hombre y una mujer de por vida, cada obispo podría, por ejemplo, decidir si un divorciado de su comunidad que se ha vuelto a casar tiene derecho a la comunión.
Francisco lo reafirmó el sábado: "No es apropiado que el papa ocupe el lugar de los obispos para solucionar los problemas a los que hacen frente en su diócesis". Al contrario, la Iglesia debe avanzar hacia "una sana descentralización", dijo.
Sin aprobar su modo de vida, el pontífice ha expresado en muchas ocasiones su respeto por los divorciados, las mujeres que abortaron, las madres solteras o los homosexuales.
La Iglesia se "traicionaría" a sí misma si cerrara sus puertas a "quien llama para pedir ayuda y apoyo", dijo el papa en la apertura del sínodo.
Sin embargo, algunos expertos advierten que el papa no irá muy lejos.
"El papa podría avanzar rápidamente solo, pero no quiere", dijo Gian Guido Vecchi, vaticanista del Corriere della Sera. "La Iglesia necesita tiempo para cambiar".
Después del sínodo, el papa podría solicitar a grupos de expertos que continúen trabajando en temas sensibles.
"El pontífice no quiere bajo ningún concepto dividir la Iglesia", confirma Ignazio Ingrao, experto religioso de la revista Panorama.
"Hay un consenso en el 90% de los temas. En el último 10%, el papa trata de ver si es posible un acuerdo. Si no, no lo forzará", prevé Ingrao.
 Jesús Bustamante


Apremiante llamamiento del Papa por la Paz en Oriente Medio a la hora del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas,

Sigo con gran preocupación la situación de tensión y violencia que afecta la Tierra Santa. 
En este momento se necesita mucho coraje y mucha fortaleza de ánimo para decir no al odio y a la venganza y cumplir gestos de paz. Por esto rezamos, para que Dios refuerce en todos, gobernantes y ciudadanos, la valentía de oponerse a la violencia y de realizar pasos concretos de distensión. 
En el contexto actual de Oriente Medio es más que nunca decisivo que se haga la paz en la Tierra Santa: esto nos pide Dios y el bien de la humanidad.

El servicio por los demás y la humildad, en el centro de la homilía del Papa por las canonizaciones

Las lecturas bíblicas de hoy nos hablan del servicio y nos llaman a seguir a Jesús a través de la vía de la humildad y de la cruz.
El profeta Isaías describe la figura del Siervo de Yahveh (53,10-11) y su misión de salvación. Se trata de un personaje que no ostenta una genealogía ilustre, es despreciado, evitado de todos, acostumbrado al sufrimiento. Uno del que no se conocen empresas grandiosas, ni célebres discursos, pero que cumple el plan de Dios con su presencia humilde y silenciosa y con su propio sufrimiento. Su misión, en efecto, se realiza con el sufrimiento, que le ayuda a comprender a los que sufren, a llevar el peso de las culpas de los demás y a expiarlas. La marginación y el sufrimiento del Siervo del Señor hasta la muerte, es tan fecundo que llega a rescatar y salvar a las muchedumbres.
Jesús es el Siervo del Señor: su vida y su muerte, bajo la forma total del servicio (cf. Flp 2,7), son la fuente de nuestra salvación y de la reconciliación de la humanidad con Dios. El kerigma, corazón del Evangelio, anuncia que las profecías del Siervo del Señor se han cumplido con su muerte y resurrección. La narración de san Marcos describe la escena de Jesús con los discípulos Santiago y Juan, los cuales –sostenidos por su madre– querían sentarse a su derecha y a su izquierda en el reino de Dios (cf. Mc 10,37), reclamando puestos de honor, según su visión jerárquica del reino. El planteamiento con el que se mueven estaba todavía contaminado por sueños de realización terrena. Jesús entonces produce una primera «convulsión» en esas convicciones de los discípulos haciendo referencia a su camino en esta tierra: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis … pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado» (vv. 39-40). Con la imagen del cáliz, les da la posibilidad de asociarse completamente a su destino de sufrimiento, pero sin garantizarles los puestos de honor que ambicionaban. Su respuesta es una invitación a seguirlo por la vía del amor y el servicio, rechazando la tentación mundana de querer sobresalir y mandar sobre los demás.
Frente a los que luchan por alcanzar el poder y el éxito, los discípulos están llamados a hacer lo contrario. Por eso les advierte: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor» (vv. 42-43). Con estas palabras señala que en la comunidad cristiana el modelo de autoridad es el servicio. El que sirve a los demás y vive sin honores ejerce la verdadera autoridad en la Iglesia. Jesús nos invita a cambiar de mentalidad y a pasar del afán del poder al gozo de desaparecer y servir; a erradicar el instinto de dominio sobre los demás y vivir la virtud de la humildad.

Y después de haber presentado un ejemplo de lo que hay que evitar, se ofrece a sí mismo como ideal de referencia. En la actitud del Maestro la comunidad encuentra la motivación para una nueva concepción de la vida: «Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos» (v. 45).
En la tradición bíblica, el Hijo del hombre es el que recibe de Dios «poder, honor y reino» (Dn 7,14). Jesús da un nuevo sentido a esta imagen y señala que él tiene el poder en cuanto siervo, el honor en cuanto que se abaja, la autoridad real en cuanto que está disponible al don total de la vida. En efecto, con su pasión y muerte él conquista el último puesto, alcanza su mayor grandeza con el servicio, y la entrega como don a su Iglesia.
Hay una incompatibilidad entre el modo de concebir el poder según los criterios mundanos y el servicio humilde que debería caracterizar a la autoridad según la enseñanza y el ejemplo de Jesús. Incompatibilidad entre las ambiciones, el carrerismo y el seguimiento de Cristo; incompatibilidad entre los honores, el éxito, la fama, los triunfos terrenos y la lógica de Cristo crucificado. En cambio, sí que hay compatibilidad entre Jesús «acostumbrado a sufrir» y nuestro sufrimiento. Nos lo recuerda la Carta a los Hebreos, que presenta a Cristo como el sumo sacerdote que comparte totalmente nuestra condición humana, menos el pecado: «No tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino que ha sido probado en todo, como nosotros, menos en el pecado» (4,15). Jesús realiza esencialmente un sacerdocio de misericordia y de compasión. Ha experimentado directamente nuestras dificultades, conoce desde dentro nuestra condición humana; el no tener pecado no le impide entender a los pecadores. Su gloria no está en la ambición o la sed de dominio, sino en el amor a los hombres, en asumir y compartir su debilidad y ofrecerles la gracia que restaura, en acompañar con ternura infinita su atormentado camino.
Cada uno de nosotros, en cuanto bautizado, participa del sacerdocio de Cristo; los fieles laicos del sacerdocio común, los sacerdotes del sacerdocio ministerial. Así, todos podemos recibir la caridad que brota de su Corazón abierto, tanto por nosotros como por los demás: somos «canales» de su amor, de su compasión, especialmente con los que sufren, los que están angustiados, los que han perdido la esperanza o están solos.
Los santos proclamados hoy sirvieron siempre a los hermanos con humildad y caridad extraordinaria, imitando así al divino Maestro. San Vicente Grossi fue un párroco celoso, preocupado por las necesidades de su gente, especialmente por la fragilidad de los jóvenes. Distribuyó a todos con ardor el pan de la Palabra y fue buen samaritano para los más necesitados.
Santa María de la Purísima vivió personalmente con gran humildad el servicio a los últimos, con una dedicación particular hacia los hijos de los pobres y enfermos.
Los santos esposos Luis Martin y María Azelia Guérin vivieron el servicio cristiano en la familia, construyendo cada día un ambiente lleno de fe y de amor; y en este clima brotaron las vocaciones de las hijas, entre ellas santa Teresa del Niño Jesús.
El testimonio luminoso de estos nuevos santos nos estimulan a perseverar en el camino del servicio alegre a los hermanos, confiando en la ayuda de Dios y en la protección materna de María. Ahora, desde el cielo, velan sobre nosotros y nos sostienen con su poderosa intercesión.
(from Vatican Rad)

Lo que has acumulado, ¿de quién será?



Lectura del santo evangelio según san Lucas 12, 13-21
En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús:
- «Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia. »
Él le contestó:
- «Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros?»
Y dijo a la gente:
- «Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues, aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.»
Y les propuso una parábola:
- «Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: "¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha."
Y se dijo:
- "Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años; túmbate, come, bebe y date buena vida."
Pero Dios le dijo:
- "Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?"
Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios. »
Palabra del Señor.

domingo, 18 de octubre de 2015

50 años de Sínodo. Papa: amar y servir al mundo, caminando juntos, como el Señor espera de su Iglesia

Mientras se encuentra en pleno desarrollo la XIV Asamblea General  Ordinaria, conmemorar el cinquantesimo aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos es para nosotros motivo de alegría, de alabanza y de agradecimiento al Señor. Desde el Concilio Vaticano II a la actual Asamblea sinodal sobre la familia, hemos experimentado de manera poco a poco más intensa la necesidad y la belleza de "caminar juntos".
En esta alegre circunstancia deseo dirigir un cordial saludo a Su Eminencia el Cardenal Lorenzo Baldisseri, Secretario General, con el Sub-Secretario Su Excelencia Monseñor Fabio Fabene, los Oficiales, los Consultores y los otros Colaboradores de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos. Junto a ellos, saludo y agradezco por su presencia a los Padres sinodales y a los otros Participantes a la Asamblea en curso, así como a todos los presentes en esta Aula.
En este momento también queremos recordar a aquellos que, en el transcurso de cincuenta años, han trabajado  al servicio del Sínodo, comenzando por los Secretarios Generales que se han alternado:  los Cardenales Władysław Rubin, Jozef Tomko, Jan Pieter Schotte y el Arzobispo Nikola Eterović.  Aprovecho esta ocasión para expresar de corazón mi gratitud a todos cuantos, vivos o difuntos, han contribuido con un compromiso generoso y competente al desarrollo de la actividad sinodal.
Desde el inicio de mi ministerio como Obispo de Roma he intentado valorizar el Sínodo, que constituye una de las herencias más preciosas de la última reunión conciliar. Para el Beato Pablo VI, el Sínodo de los  Obispos debía volver a proponer la imagen del Concilio ecuménico y reflexionar sobre su espíritu y el método. El mismo Pontífice anunciaba que el organismo sinodal «con el pasar del tiempo podrá ser mayormente perfeccionado». A él hacia eco, veinte años más tarde, San Juan Pablo II, cuando afirmaba que «tal vez este instrumento podrá aun ser mejorado. Quizás la colegial responsabilidad pastoral puede expresarse en el Sínodo aún más plenamente» . Finalmente, en el 2006, Benedicto XVI aprobaba algunas variaciones al Ordo Synodi Episcoporum, también a la luz de las disposiciones del Código de Derecho Canónico y del Código de los Cánones de las Iglesias orientales, promulgados en el interin .
Debemos proseguir por este camino. El mundo en el que vivimos, y que estamos llamados a amar y servir también en sus contradicciones, exige de la Iglesia el potenciamiento de las sinergias en todos los ámbitos de su misión. Precisamente el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio
Lo que el Señor nos pide, en cierto sentido, ya está todo contenido en la palabra “Sínodo”. Caminar juntos – Laicos, Pastores, Obispo de Roma – es un concepto fácil de expresar con palabras, pero no es tan fácil ponerlo en práctica.
Después de haber reafirmado que el Pueblo de Dios está constituido por todos los Bautizados llamados a “formar una casa espiritual y un sacerdocio santo”, el Concilio Vaticano II proclama que “la totalidad de los Fieles, teniendo la unción que viene del Santo (Cfr. 1 Jn 2,20 y 27), no puede equivocarse en creer, y manifiesta esta propiedad mediante el sentido sobrenatural de la fe de todo el Pueblo, cuando desde los Obispos hasta el último de los Fieles laicos muestra su consenso universal en cosas de fe y moral”.
En la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium he subrayado como “el Pueblo de Dios es santo en razón de esta unción que lo hace infalible in credendo”, agregando que “todo Bautizado, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de instrucción de su fe, es un sujeto activo de evangelización y sería inadecuado pensar a un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados en el cual el resto del Pueblo fiel sería solamente receptivo de sus acciones”. El sensus fidei impide separar rígidamente entre Ecclesia docens ed Ecclesia dicens, ya que también la Grey posee un “instinto” propio para discernir los nuevos caminos que el Señor abre a la Iglesia.
Ha sido esta convicción a guiarme cuando he deseado que el Pueblo de Dios viniera consultado en la preparación de la doble cita sinodal sobre la familia. Ciertamente, una consultación de este tipo en ningún modo podría bastar para escuchar el sensus fidei. Pero, ¿cómo sería posible hablar de la familia sin interpelar las familias, escuchando sus alegrías y sus esperanzas, sus dolores y sus angustias? Por medio de las respuestas de los dos cuestionarios enviados a las Iglesia particulares, hemos tenido la posibilidad de escuchar al menos algunas de ellas en relación a las cuestiones que tocan muy de cerca y sobre el cual tienen mucho que decir.
Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha, con la conciencia que escuchar “es más que oír”. Es una escucha reciproca en la cual cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio Episcopal, Obispo de Roma: uno en escucha de los otros; y todos en escucha del Espíritu Santo, el “Espíritu de verdad” (Jn 14,17), para conocer lo que Él “dice a las Iglesias” (Ap 2,7).
El Sínodo de los Obispos es el punto de convergencia de este dinamismo de escucha llevado a todos los niveles de la vida de la Iglesia. El camino sinodal inicia escuchando al Pueblo, que “también participa en la función profética de Cristo”, según un principio querido en la Iglesia del primer milenio: “Quod omnes tangit ab ómnibus tractari debet”. El camino del Sínodo prosigue escuchando a los Pastores. Por medio de los Padres sinodales, los Obispos actúan como auténticos custodios, intérpretes y testimonios de la fe de toda la Iglesia, que debe saber distinguir atentamente de los flujos muchas veces cambiantes de la opinión pública. A la vigilia del Sínodo del año pasado afirmaba: “da el Espíritu Santo para que los Padres sinodales pidan, sobre todo, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta sentir junto con Él el grito del Pueblo, escucha del Pueblo, hasta respirar la voluntad a la cual Dios nos llama”. Además, el camino sinodal culmina en la escucha del Obispo de Roma, llamado a pronunciarse como “Pastor y Doctor de todos los cristianos”: no a partir de sus convicciones personales, sino como testigo supremo de la fides totius Ecclesiae, “garante de la obediencia y de la conformidad de la Iglesia a la voluntad de Dios, al Evangelio de Cristo y a la tradición de la Iglesia”.
El hecho que el Sínodo actué siempre cum Petro et sub Petro – por lo tanto no sólo cum Petro, sino también sub Petro – no es una limitación de la libertad, sino una garantía de la unidad. De hecho el Papa es por voluntad del Señor, “el perpetuo y visible principio y fundamento de la unidad tanto de Obispos cuanto de la multitud de los Fieles”. A esto se une el concepto de ““jerarchica communio”, usado por el Concilio Vaticano II: Los Obispos están unidos al Obispo de Roma por el vínculo de la comunión episcopal (cum Petro) y al mismo tiempo están jerárquicamente sometidos a él como jefe del Colegio (sub Petro)
El carácter sinodal, como dimensión constitutiva de la Iglesia, nos ofrece el marco interpretativo más adecuado para comprender el mismo ministerio jerárquico. Si comprendemos que, como dice San Juan Crisóstomo, “Iglesia y Sínodo son sinónimos”  –  porque la Iglesia no es otra cosa que el “caminar juntos” de la Grey de Dios por los senderos de la historia que sale al encuentro de a Cristo Señor  –  entendemos también que en su interior nadie puede ser “elevado” por encima de los demás. Al contrario, en la Iglesia es necesario que alguno “se abaje” para ponerse al servicio de los hermanos a lo largo del camino.
Jesús ha constituido la Iglesia poniendo en su cumbre al Colegio apostólico, en el que el apóstol Pedro es la “roca” (Cfr. Mt 16, 18), aquel que debe “confirmar” a los hermanos en la fe (Cfr. Lc 22, 32). Pero en esta Iglesia, como en una pirámide dada vuelta, la cima se encuentra por debajo de la base. Por esto quienes ejercen la autoridad se llaman “ministros”: porque, según el significado originario de la palabra, son los más pequeños de todos. Cada Obispo, sirviendo al Pueblo de Dios, llega a ser para la porción de la Grey que le ha sido encomendada, vicarius Christi, vicario de Jesús, quien en la última cena se inclinó para lavar los pies de los apóstoles (Cfr. Jn 13, 1-15). Y, en un horizonte semejante, el mismo Sucesor de Pedro es el servus servorum Dei.
¡Jamás lo olvidemos! Para los discípulos de Jesús, ayer, hoy y siempre, la única autoridad es la autoridad del servicio, el único poder es el poder de la cruz, según las palabras del Maestro: “Pero Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad. Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes; y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo” (Mt 20, 25-27).
Entre ustedes no será así: en esta expresión alcanzamos el corazón mismo del misterio de la Iglesia y recibimos la luz necesaria para comprender el servicio jerárquico.
En una Iglesia sinodal, Sínodo de los Obispos es sólo la más evidente manifestación de un dinamismo de comunión que inspira todas las decisiones eclesiales.
El primer nivel de ejercicio de la sinodalidad se realiza en las Iglesias particulares. Después de haber citado la noble institución del Sínodo diocesano, en el cual Presbíteros y Laicos están llamados a colaborar con el Obispo para el bien de toda la comunidad eclesial, el Código de derecho canónico dedica amplio espacio a aquellos que usualmente se llaman los “organismos de comunión” de la Iglesia particular: el Consejo presbiteral, el Colegio de los Consultores, el Capítulo de los Canónigos y el Consejo pastoral. Solamente en la medida en la cual estos organismos permanecen conectados con lo “bajo” y parten de la gente, de los problemas de cada día, puede comenzar a tomar forma una Iglesia sinodal: tales instrumentos, que algunas veces proceden con cansancio, deben ser valorizados como ocasión de escucha y de participación.
El segundo nivel es aquel de las Provincias y de las Regiones Eclesiásticas, de los Consejos Particulares y, en modo especial, de las Conferencias Episcopales. Debemos reflexionar para realizar todavía más, a través de estos organismos, las instancias intermedias de la colegialidad, quizás integrando y actualizando algunos aspectos del antiguo orden eclesiástico. El auspicio del Consejo de que tales organismos puedan contribuir a acrecentar el espíritu de la colegialidad episcopal todavía no se ha realizado plenamente. En una Iglesia sinodal, como ya  afirmé, “no es oportuno que el Papa sustituya a los Episcopados locales en el discernimiento de todas las problemáticas que se plantean en sus territorios. En este sentido, advierto la necesidad de proceder a una saludable descentralización”.
El último nivel es aquel de la Iglesia universal. Aquí el Sínodo de los Obispos, representando al episcopado católico, se transforma en expresión de la colegialidad episcopal al interno de una Iglesia toda sinodal. Eso manifiesta la collegialitas affectiva, la cual puede volverse en algunas circunstancias “efectiva”, que une a los Obispos entre ellos y con el Papa, en el cuidado por el Pueblo de Dios.
El compromiso de edificar una Iglesia sinodal – misión a la cual todos estamos llamados, cada uno en el papel que el Señor le confía – está grávido de implicaciones ecuménicas. Por esta razón, hablando con una delegación del Patriarcado de Constantinopla, he reiterado recientemente la convicción de que "el atento examen sobre cómo se articulan en la vida de la Iglesia el principio de la sinodalidad y el servicio de quien preside ofrecerá una aportación significativa al progreso de las relaciones entre nuestras Iglesias".
Estoy convencido de que, en una Iglesia sinodal, también el ejercicio del primado Petrino recibirá mayor luz. El Papa no está, por sí mismo, por encima de la Iglesia; sino dentro de ella como Bautizado entre los Bautizados y dentro del Colegio episcopal como Obispo entre los Obispos, llamado a la vez, como Sucesor del apóstol Pedro- a guiar a la Iglesia de Roma, que preside en el amor a todas las iglesias.
Mientras reitero la necesidad y la urgencia de pensar a «una conversión del papado», de buen grado repito las palabras de mi predecesor el Papa Juan Pablo II: "Como Obispo de Roma soy consciente [...], que la comunión plena y visible de todas las Comunidades, en las que gracias a la fidelidad de Dios habita su Espíritu, es el deseo ardiente de Cristo. Estoy convencido de tener al respecto una responsabilidad particular, sobre todo al constatar la aspiración ecuménica de la mayor parte de las Comunidades cristianas y al escuchar la petición que se me dirige de encontrar una forma de ejercicio del primado que, sin renunciar de ningún modo a lo esencial de su misión, se abra a una situación nueva".
Nuestra mirada se extiende también a la humanidad. Una Iglesia sinodal es como un emblema levantado entre las naciones (cfr. Is 11, 12) en un mundo que – aun invocando participación, solidaridad y la transparencia en la administración de la cosa pública – a menudo entrega el destino de poblaciones enteras en manos codiciosas de pequeños grupos de poder. Como Iglesia que "camina junto" a los hombres, partícipe de las dificultades de la historia, cultivamos el sueño que el redescubrimiento de la dignidad inviolable de los pueblos y de la función de servicio de la autoridad podrán ayudar a la sociedad civil a edificarse en la justicia y la fraternidad, generando un mundo más bello y más digno del hombre para las generaciones que vendrán después de nosotros.
(Traducción del italiano: María Fernanda Bernasconi, Raúl Cabrera, María Cecilia Mutual, Griselda Mutual, Renato Martinez)