miércoles, 5 de agosto de 2015

La atención pastoral a los que han iniciado un nuevo vínculo, fue el tema del Papa en la Catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Con esta catequesis retomamos nuestra reflexión sobre la familia. Después de haber hablado, la última vez, de las familias heridas a causa de la incomprensión de los cónyuges, hoy quisiera detener nuestra atención sobre otra realidad: cómo cuidar a aquellos que, después del irreversible fracaso de su vínculo matrimonial, han comenzado una nueva unión.
La Iglesia sabe bien que una situación tal contradice el Sacramento cristiano. De todos modos, su mirada de maestra viene siempre de un corazón de madre; un corazón que, animado por el Espíritu Santo, busca siempre el bien y la salvación de las personas. He aquí porqué siente el deber, “por amor a la verdad”, de “discernir bien las situaciones”. Así se expresaba san Juan Pablo II, en la Exhortación apostólica Familiaris consortio (n. 84), dando como ejemplo la diferencia entre quien ha sufrido la separación y quien la ha provocado. Se debe hacer este discernimiento.
Si luego miramos también estos nuevos lazos con los ojos de los hijos pequeños, los pequeños miran, de los niños, vemos aún más la urgencia de desarrollar en nuestras comunidades una acogida real hacia las personas que viven tales situaciones. Por esto, es importante que el estilo de la comunidad, su lenguaje, sus actitudes, estén siempre atentos a las personas, a partir de los pequeños, ellos son quienes más sufren estas situaciones. Después de todo, ¿cómo podríamos aconsejar a estos padres hacer de todo para educar a los hijos a la vida cristiana, dando ellos el ejemplo de una fe convencida y practicada, si los tenemos alejados de la vida de la comunidad como si fueran excomulgados? No se deben agregar otros pesos a aquellos que ya los hijos, en estas situaciones, ¡ya deben cargar! Lamentablemente, el número de estos niños y jóvenes es de verdad grande. Es importante que ellos sientan a la Iglesia como madre atenta a todos, dispuesta siempre a la escucha y al encuentro.
En estas décadas, en verdad, la Iglesia no ha sido ni insensible ni perezosa. Gracias a la profundización realizada por los Pastores, guiada y confirmada por mis Predecesores, ha crecido mucho la conciencia de que es necesaria una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, a los bautizados que han establecido una nueva convivencia después del fracaso del matrimonio sacramental; en efecto, estas personas no son en efecto excomulgadas, no están excomulgados, y no van absolutamente tratadas como tales: ellas forman parte siempre de la Iglesia.
Papa Benedicto XVI ha intervenido sobre esta cuestión, solicitando un discernimiento atento y un sabio acompañamiento pastoral, sabiendo que no existen “recetas simples” (Discurso al VII Encuentro Mundial de las Familias, Milán, 2 junio 2012, respuesta n. 5).
De ahí la reiterada invitación de los Pastores a manifestar abiertamente y coherentemente la disponibilidad de la comunidad a acogerlos y a animarlos, para que vivan y desarrollen cada vez más su pertenencia a Cristo y a la Iglesia con la oración, con la escucha de la Palabra de Dios, con la frecuencia a la liturgia, con la educación cristiana de los hijos, con la caridad y el servicio a los pobres, con el compromiso por la justicia y la paz.
El ícono bíblico del Buen Pastor (Jn 10, 11-18) resume la misión que Jesús ha recibido del Padre: la de dar la vida por las ovejas. Tal actitud es un modelo también para la Iglesia, que acoge a sus hijos como una madre que dona su vida por ellos. “La Iglesia está llamada a ser siempre la casa abierta del Padre […] Ninguna puerta cerrada. Todos pueden participar de alguna manera en la vida eclesial, todos pueden integrar la comunidad. La Iglesia […] es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas” (Exort. ap. Evangelii gaudium, n. 47).
Del mismo modo todos los cristianos están llamados a imitar al Buen Pastor. Sobre todo las familias cristianas pueden colaborar con Él cuidando a las familias heridas, acompañándolas en la vida de fe de la comunidad. Cada uno haga su parte asumiendo la actitud del Buen Pastor, que conoce cada una de sus ovejas ¡y a ninguna excluye de su infinito amor! Gracias.

(Traducción del italiano por Mercedes De La Torre - RV)

Me siento un náufrago espiritual En este mar apático se nada y se nada, buscando una isla donde aferrarse, hasta que vemos a Dios a nuestro alrededor


Si, a veces me siento como un náufrago nadando en un mar de incomprensión espiritual, tratando de encontrar aunque más no sea una isla pequeña donde descansar ¿A qué me refiero?

Rodeado de la vida mundana, no se advierte que los demás miren este mundo aunque no sea más que un poquito, con los ojos de Dios. Escucho hablar a la gente de cosas que suceden, y se advierte de inmediato la mano de Dios en ello. Pero, ¿cómo decirlo, si no hay peor sordo que el no quiere oír, ni peor ciego que el que no quiere ver? Miro a derecha, a izquierda, por delante y por detrás, y sólo veo gente que no tiene la más mínima voluntad de introducir a Dios en sus vidas. ¡Un verdadero mar de frialdad espiritual!. Miles de millones de almas viven totalmente ajenas a Él. Mientras rezo en mi interior, y pienso en lo mal que se siente el Creador al ver semejante nivel de indiferencia, más y más me siento como un náufrago perdido en un mar de ignorancia y ceguera espiritual. Y ésta realidad me resulta visible en aquellos momentos en que, por Gracia de Dios, se abre mi corazón a ver la realidad con una mirada espiritual, porque el resto del tiempo entristezco al Señor con pensamientos y sentimientos del todo mundanos también.

En este mar apático se nada y se nada, buscando una isla donde aferrarse. Y esas islas aparecen, cuando cruzamos nuestro camino con alguien que ve a Dios en lo que ocurre a nuestro alrededor. ¡Y cómo nos aferramos a estas personas en esos momentos! Conversaciones vibrantes, plenas de amor a Dios, compartiendo tantas cosas que el mar-desierto espiritual que nos rodea ignora totalmente. Son momentos de descansar, de tomar fuerzas, de recordar que el Señor nunca nos deja desamparados. Y luego de gozar estos instantes de unión con esos hermanos en el amor a Jesús y María, a nadar nuevamente en el mar que nos rodea.

Creo que nuestra obligación, como hijos de Dios, es sobreponernos a éstas frustraciones del alma, y seguir luchando en medio de tan grande incomprensión. Debemos dar testimonio del amor por Dios, aunque nadie nos preste atención, a riesgo de que nos tomen por locos o aburridos, o pasados de moda, o el calificativo que sea. Imaginen que el pobre Jesús también nadó en este mar espiritual cuando vino a nosotros, y como siempre, la Palabra del Señor es el modelo de lo que debemos esperar de nuestras vidas, y también de cómo debemos reaccionar frente a la falta de amor del mundo.

Hoy nos sentimos náufragos, y también colaboramos con el naufragio general ante nuestra falta de amor por El. Pero, personalmente, creo que si cada uno de nosotros nada con fuerza en estas aguas, dando vigoroso testimonio del amor como único camino, se irán formando más y más islas a nuestro alrededor, hasta que se unan poco a poco.

Y esas islas, que son las almas de los que aman a Dios, unidas unas con otras formarán un continente espiritual, donde reine el Amor por nuestro Dios, donde se pueda pisar firme y confiado en tierras regadas por las lágrimas de quienes donaron sus vidas por el Salvador, a lo largo de los siglos

Autor: Oscar Schmidt. Fuente: Catholic.net

"Santa Teresa vive una experiencia de la grandeza de Dios y del misterio del hombre". D. Carlo Osoro

"Santa Teresa vive una experiencia de la grandeza de Dios y del misterio del hombre"
En su ponencia, jalonada de citas y poemas de la santa de Ávila, monseñor Osoro manifestó que “santa Teresa plantea una opción antropológica, una manera de situarse el ser humano en la Historia, en la vida, en su relación con los demás con una novedad absoluta y una fuerza extraordinaria, que tiene una vigencia que es muy especial en estos momentos”. “Ella vive una experiencia de la grandeza de Dios y del misterio del hombre, y la vive con una pasión, que es mostrar a Cristo con el verdadero rostro del hombre, darle a conocer, con su propia vida, no solo de forma teórica”, aseveró.
Asimismo, para santa Teresa “el fundamento es, utilizando sus mismas palabras, andar en verdad” –observó– y “solo en la verdad se tiene acceso al mundo de la oración”. “Andar en verdad fue la pasión por excelencia de Santa Teresa de Jesús, algo con lo que vivamente se encontró metido en las entrañas y fue creciendo a medida que avanzaba en el camino de oración, en el camino del diálogo de Dios”, añadió.
A continuación, monseñor Osoro detalló que, siguiendo a santa Teresa, el hombre es “llamado a la existencia, recibimos una vocación”, en la que la actitud del hombre ha de ser una “humilde respuesta, como la de la Virgen María” y descubre que es necesario “entregar la raíz”.
El arzobispo de Madrid también señaló que se trata de una existencia “para vivir junto a los otros, en solidaridad con los otros”, pero, a su vez, el ser humano tiene que ser conocedor de sus límites”. Así, reiteró que “es muy importante que los cristianos no olvidemos que nuestra opción y seguimiento de Cristo pasa por el seguimiento concreto con los que más están sufriendo y más necesidades tienen, sean quienes sean, hay que estar al lado de ellos, y esto el Papa lo dice claramente”. “Hoy se manifiesta la existencia de un Dios que ama con personas que habiendo sentido su amor lo regalan a los demás”, añadió.
Desdibujamiento, desencanto y desorientación del hombre
Monseñor Osoro incidió en que “santa Teresa vive en la seguridad y la certeza de su destino, ella sabe para qué está aquí”. Por contra, lamentó la “enfermedad más grave” que padecen los hombres en la actualidad y que tiene tres des: desdibujamiento, desencanto y desorientación.
“Desdibujamiento, no hay dibujo del ser humano y esto es grave; desencanto, desesperanza, desilusión por que no hay seguridades ni certezas, parece que todo dé igual y sea relativo; y, en tercer lugar, desorientación, que es estar en la vida no como peregrino, como estaba santa Teresa, sino estar en la vida de un sitio para otro como un vagabundo”, matizó.
El acto estuvo presidido por el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, que también participa en este curso de verano, y contó con la presecia de monseñor Manuel Sánchez Monge, obispo de Santander; la rectora de la Universidad Católica de Ávila, María del Rosario Sáez, y José Luis Sánchez, vicerrector de la UCV y director de este curso de verano.

Monseñor Osoro: "Hay que ver en cada hombre la imagen de Dios, como hace el Papa”

El arzobispo de Madrid y vicepresidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Carlos Osoro, pidió ayer a los cristianos “no tener sospechas, que las hay, por desgracia, con el Papa Francisco” y hacer como él, que “ve en cada hombre un hermano por quien ha muerto Cristo, sea quien sea, piense lo que piense, haga lo que haga”.
El prelado pronunció estas palabras durante la ponencia titulada Santa Teresa vive en la alegría del Evangelio que impartió en el marco de los cursos de verano que la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir celebra durante esta semana en el seminario Monte Corbán de Santander.
En su ponencia, monseñor Osoro defendió que, al igual que santa Teresa, “el hombre no es un ser solitario ante Dios, ha de vivir la solidaridad tal y como la explica la vida de nuestro Señor Jesucristo, en quien tanto se fijó ella y para quien la humanidad de Cristo fue algo fundamental en su vida y en su entrega a Dios”.
De igual manera, el Papa Francisco es “un hombre que se acerca a todos, a los que están incluso viviendo una contradicción absoluta y total con nuestra manera de entender la vida”, señaló el arzobispo de Madrid. Esa cercanía, además, “el Papa la hace real no solo con palabras, que las da, sino con su misma vida”, porque es un hombre que quiere “ver en todo ser humano la imagen de Dios y recuperar esa imagen de Dios solo se puede hacer como lo hace Jesús: mirándolos”.
Archidiócesis de Madrid

“Dialogar con Jesús, para ir hacia los demás. Sean misioneros”, el Papa a los Monaguillos

Queridos monaguillos, ¡buenas tardes!
Agradezco vuestra presencia tan numerosa, que ha desafiado el sol romano de agosto. Agradezco al Obispo Nemet, vuestro Presidente, las palabras con las que ha introducido este encuentro. Os habéis puesto en camino desde diversos países para peregrinar a Roma, el lugar del martirio de los apóstoles Pedro y Pablo. Es importante ver que la proximidad y la familiaridad con Jesús en la Eucaristía sirviendo el altar se convierte también en una oportunidad para abrirse a los demás, para caminar juntos, para marcarse metas comprometidas y encontrar la fuerza para alcanzarlas. Es fuente de verdadera alegría reconocerse pequeño y débil, pero saber que, con la ayuda de Jesús, podemos ser revestidos de fuerza y emprender un gran viaje en la vida a su lado.
También el profeta Isaías descubre esta verdad, a saber, que Dios purifica sus intenciones, perdona sus pecados, sana su corazón y lo hace idóneo para llevar a cabo una tarea importante, la de llevar al pueblo la palabra de Dios, convirtiéndose en un instrumento de la presencia y de la misericordia divina. Isaías descubre que, poniéndose confiadamente en manos del Señor, toda su vida se transformará.
El pasaje bíblico que hemos escuchado nos habla precisamente de esto. Isaías tiene una visión que le permite percibir la majestad del Señor, pero, al mismo tiempo, le revela que él, aun revelándose, sigue estando muy distante.
Isaías descubre con asombro que Dios es quien da el primer paso – no se olviden de esto: siempre es Dios a realizar la primera iniciativa en nuestra vida – descubre que es Dios el primero en acercarse; se da cuenta de que la acción divina no se ve obstaculizada por sus imperfecciones, que únicamente la benevolencia divina es lo que le hace idóneo para la misión, transformándole en una persona totalmente nueva y, por tanto, capaz de responder a su llamada y decir: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8).
Hoy, vosotros sois más afortunados que el Profeta Isaías. En la Eucaristía y en los demás sacramentos experimentáis la íntima cercanía de Jesús, la dulzura y la eficacia de su presencia. No encontráis a Jesús en un inalcanzable trono alto y elevado, sino en el pan y el vino eucarísticos, y su palabra no hace vibrar las paredes, sino las fibras del corazón. Al igual que Isaías, cada uno de vosotros descubre también que Dios, aunque en Jesús se hace cercano y se inclina sobre vosotros con amor, sigue siendo siempre inmensamente más grande y permanece más allá de nuestra capacidad de comprender su íntima esencia. Como Isaías, también vosotros tenéis la experiencia de que la iniciativa es siempre de Dios, porque es él quien os ha creado y querido. Es él quien, en el bautismo, os ha hecho criaturas nuevas, y es siempre él quien espera pacientemente la respuesta a su iniciativa y el que ofrece el perdón a todo el que se lo pida con humildad.
Si no ponemos resistencia a su acción, él tocará nuestros labios con la llama de su amor misericordioso, como lo hizo con el profeta Isaías, y esto nos hará aptos para acogerlo y llevarlo a nuestros hermanos. Como Isaías, también a nosotros se nos invita a no permanecer cerrados en nosotros mismos, custodiando nuestra fe en un depósito subterráneo en el que nos retiramos en los momentos difíciles. Estamos llamados más bien a compartir la alegría de reconocerse elegidos y salvados por la misericordia de Dios, a ser testigos de que la fe es capaz de dar un nuevo rumbo a nuestros pasos, que ella nos hace libres y fuertes para estar disponibles y aptos para la misión.
Qué bello es descubrir que la fe nos hace salir de nosotros mismos, de nuestro aislamiento y que, precisamente rebosantes de la alegría de ser amigos de Cristo, el Señor, nos mueve hacia los demás, convirtiéndonos naturalmente en misioneros. ¡Monaguillos misioneros: así los quiere Jesús!
Vosotros, queridos monaguillos, cuanto más cerca estéis del altar, tanto más os recordaréis de dialogar con Jesús en la oración cotidiana, más os alimentaréis de la Palabra y del Cuerpo del Señor y seréis más capaces de ir hacia el prójimo llevándole el don que habéis recibido, dándole a su vez con entusiasmo la alegría que se os ha dado.
Gracias por vuestra disponibilidad de servir en el altar del Señor, haciendo de este servicio una cancha de educación en la fe y en el amor al prójimo. Gracias por haber iniciado también vosotros a responder al Señor como el profeta Isaías: «Aquí estoy, mándame» (Is 6,8).

LA FE DE LA CANANEA



Evangelio según San Mateo 15,21-28.

Jesús partió de allí y se retiró al país de Tiro y de Sidón.

Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: "¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio".

Pero Él no le respondió nada. Sus discípulos se acercaron y le pidieron: "Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos".

Jesús respondió: "Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel".
Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: "¡Señor, socórreme!".

Jesús le dijo: "No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros".
Ella respondió: "¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!".

Entonces Jesús le dijo: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!". Y en ese momento su hija quedó curada.

martes, 4 de agosto de 2015

Mándame ir hacia ti andando sobre el agua


Lectura del santo evangelio según san Mateo 14, 22-36
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente.
Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo.
Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida:
-«¡ Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! »
Pedro le contestó:
-«Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua. » Él le dijo:
-«Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó:
-«Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo:
-«¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?»
En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo:
-«Realmente eres Hijo de Dios.»
Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos.
Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.
Palabra del Señor

lunes, 3 de agosto de 2015

Primer aniversario del saqueo de las aldeas cristianas de Nínive.El patriarca de Babilonia recuerda a los millones de cristianos perseguidos por el Estado Islámico



"Te pedimos que nos des la fuerza de permanecer firmes en esta violenta tempestad"

Ha pasado casi un año, desde que los terroristas del Estado Islámico saquearon las aldeas cristianas de la Llanura de Nínive, forzando la huida de cientos de miles de personas. Fue la noche del 6 al 7 de agosto
En el aniversario de este trágico suceso ,Louis Raphael I Sako, Patriarca de Babilonia de los Caldeos y presidente de la Conferencia Episcopal Iraquí, dirige una oración al Papa y a los obispos de todo el mundo y hace un llamamiento a los cristianos de todo el mundo "para que se unan a nosotros en este triste aniversario", tal y como publica la agencia Asia News.
La oración dice así:
Señor Jesucristo,
nos has enseñado a rezar al Padre en tu nombre
nos has asegurado que cualquier cosa que pidamos la obtendremos.
Por esto nos encomendamos a Ti con total confianza
y te pedimos que nos des la fuerza de permanecer firmes en esta violenta tempestad, para tener la paz y la certeza antes de que sea demasiado tarde.
Esta es nuestra oración, y aunque nos parezca difícil
confiamos en que Tú puedas darnos aquello que necesitamos para nuestra supervivencia y para nuestro futuro.
Ayúdanos, Padre, a trabajar juntos
a ser libres, responsables y amorosos
y a cumplir tu Voluntad y a hacerlo con alegría, atención y coraje.
En Caná, la Madre de Jesús fue la primera en darse cuenta de que faltaba el vino,
a través de Su intercesión te pedimos, Padre,
cambiar nuestra situación de la muerte a la vida, así como Tu hijo convirtió el agua en vino.
Amén
Desde el inicio de la persecución masiva de los cristianos y otras minorías en Irak, por parte del autoproclamado Estado Islámico, el santo padre Francisco se ha mostrado cercano y preocupado por esta comunidad. Han sido numerosos los llamamientos no solo de oración, sino también a los gobiernos y a la comunidad internacional para poner fin a esta masacre.
Miles de personas han tenido que huir de sus casas, dejando todo atrás, para poner a salvo sus vidas aún teniendo que adaptarse a la vida en campos de refugiados.
El cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, ha viajado hasta esta nación golpeada por la violencia como enviado del Papa, para llevarles su cercanía y su apoyo.
Asimismo, el Pontificio Consejo Cor Unum, que se encarga de gestionar ‘la caridad del Papa' prepara para el 17 de septiembre, el tercer encuentro de coordinación de los organismos caritativos católicos, activos para contrarrestar la crisis humanitaria en Irak.
Y es que en Irak "se está produciendo un auténtico genocidio del que nadie quiere hablar y ninguna instancia internacional se ocupa". Así de contundente se mostró Pascale Warda, ex ministra iraquí del 2004 al 2005. En rueda de prensa organizada por la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada y la Fundación Promoción Social de la Cultura (FPSC), Pascale Warda aseguró el pasado mes de febrero que: "Necesitamos ayuda internacional para luchar contra el Estado Islámico. Es diabólico. Es un movimiento internacional de terrorismo que necesita soluciones auténticas internacionales".

Según las últimas cifras proporcionadas Oficina de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, en Irak, el aumento de la violencia entre los grupos armados y las fuerzas gubernamentales ha provocado más de 3,1 millones de desplazados internos y más de 8,2 millones que necesitan asistencia humantaria.
Fuente: Religión digital

Papa: "Hay gente que siente miedo de acercarse a la confesión"

"Cuando vamos al confesionario, sentimos un poco de vergüenza. Nos pasa a todos"
 Esta vergüenza en una gracia que nos prepara al abrazo del Padre que siempre perdona y perdona todo
Primer ángelus del Papa en el ferragosto romano. Con una catequesis y unso saludos en clave eclesial y espiritual. Francisco exalta el "pan de vida" que es Cristo e invita a los fieles a acercarse a la confesión, "sacramento de la misericordia". El Santo Padre reconoce que algunos sienten vergüenza al acercarse a este sacramento, "una vergüenza que es una gracia", pero, en cambio no debemos sentir miedo, porque "Dios perdona siempre y perdona todo".
Algunas frases de la catequesis del Papa
"Me buscáis, porque os habéis saciado"
"Lo siguen por el pan material, que había saciado su hambre el día anterior"
"Dieron más valor al pan que al que se lo dió"
"Ante esta cegüera espiritual, Jesús pide ir más allá del don y descubrir al que dona"
"Dios es el don y el donante"
"Jesús habla de otra comida"
"Buscad el encuentro con Dios"
"El hombre lleva en sí otra hambre más importante, que no puede saciarse con comida ordinaria"
"Es el hambre de vida y de eternidad, que sólo Él puede saciar como pan de vida"
"Jesús no elimina la preocupación por la comida cotidiana"
"Pero recuerda que nuestro destino está en el encuentro con Él, que es don y donante"
"El Encuentro con Dios ilumina todos los días de nuestra vida"
"Incluso los sufrimiento serán iluminados por este encuentro"
"Que podamos saciar el hmabre espiritual y material de los hermanos"

"Jesús es el pan verdadero y vivo, que dura para la vida eterna"
 (José M. Vidal).

Tiempo para todo

La sabia palabra del libro del Eclesiastés dice: «Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol». Como si se hiciera eco de esa palabra, Teresa de Jesús escribía a su gran amigo Antonio Gaytán diciéndole: «Sepa que como en este mundo hay tiempos diferentes, así en el interior, y no es posible menos… y vaya mirando a lo que le inclina más su espíritu». Hay tiempos diferentes… y tiempo para todo.
Teresa había experimentado la prisa y la calma, los agobios de los mil asuntos de la vida y el descanso de la amistad, tanto la divina como la humana. Conocía los humores que zarandean a los seres humanos y lo que el cansancio puede hacer en un buen espíritu, agostándolo y haciéndolo tambalear.
También había disfrutado el regalo de la naturaleza y en el Libro de la Vida decía: «Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me despertaban y recogían y servían de libro».
No solo le acercaban a Dios todas esas cosas, sino que entendía que son un descanso para el cuerpo y el alma. Por eso, ponía mucho interés en que las casas que iba fundando tuvieran huerta y buenas vistas, porque –decía– «para nuestra manera de vivir es gran negocio». Y así, tratando de la casa en la que convenía estar en Sevilla, escribía a su querida María de San José: «Siempre advierta que es menester vistas más que estar en buen puesto, y huerta si pudieren».
Inclinada a la discreción y enemiga de los excesos, dirá a Gracián, su descalzo más protegido, en un momento en que se le iba la mano en esfuerzos y penitencias: «Yo digo, mi padre, que será bien que vuestra paternidad duerma. Mire que tiene mucho trabajo, y no se siente la flaqueza hasta estar de manera la cabeza que no se puede remediar, y ya ve lo que importa su salud». Así de sabia y humana era.
En la misma línea, decía a su hermano Lorenzo: «No piense le hace Dios poca merced en dormir tan bien, que sepa es muy grande; y torno a decir que no procure que se le quite el sueño, que ya no es tiempo de eso».
Teresa era poco amiga de las ñoñerías y le disgustaba que había quienes pensaban que «todo nos ha de matar y quitar la salud» y con esa excusa dejaban de esforzase en el amor y el servicio. Por eso avisaba de la necesidad de «vencer estos corpezuelos» para que no lleven las riendas de la vida.
Pero sabía que muchas dificultades venían, sencillamente, de «indisposición corporal (y de) las mudanzas de los tiempos y las vueltas de los humores». Por eso, era contraria a forzar a las personas, porque eso solo provoca desazón, un «afligimiento –decía– que no sirve de más de inquietar el alma».
Invitaba a la creatividad, a la amplitud de miras y a buscar modos de estar con Dios, cuando no se puede orar, por cansancio u otros motivos: «Sirva entonces al cuerpo por amor de Dios, porque otras veces muchas sirva él al alma, y tome algunos pasatiempos santos de conversaciones que lo sean, o irse al campo».
Teresa animaba a descubrir la propia disposición y lo necesario en cada ocasión, y a comprender que «en todo se sirve Dios», cuando se entra en el camino del amor. Por eso, añadía: «Suave es su yugo, y es gran negocio no traer el alma arrastrada, como dicen, sino llevarla con suavidad para su mayor aprovechamiento».
Dar descanso al cuerpo y al alma, porque el corazón también necesita solaz. A la misma María de San José, por ejemplo le decía: «Para descansar de otras ocupaciones cansosas sería bien vuestra merced no dejase de escribirme alguna vez, que cierto cuando veo su letra me es gran merced y alivio».
«Hay tiempos diferentes» y ya que –como decía a su hermano Lorenzo– «siempre suele Dios traer tiempos para cumplir los buenos deseos», hay que saber vivir el descanso.
Recrearse con la naturaleza y en soledad, como le escribía en otra carta, desde Toledo: «Tengo una celdilla muy linda, que cae al huerto una ventana, y muy apartada». Y recrearse con los buenos amigos que, a veces, cuidan mejor que uno mismo, como decía a Gracián: «Dios me libre de mí, que tan poco caso hago de mi descanso. Plega al Señor me dé alguno en que pueda yo descansar mi alma, muy despacio con vuestra paternidad».
Todavía, por si acaso no hay ventanas con vistas, ni espacios más amables ni tiempos largos de descanso, Teresa invitará a descansar en lo profundo, donde habita Dios, y dirá:«Os será consuelo deleitaros en este castillo interior… podéis entrar y pasearos por él a cualquier hora».

Y en una de sus Cuentas de Conciencia, describe el mejor descanso: «Me vino un recogimiento con una luz tan grande interior que me parece estaba en otro mundo, y hallóse el espíritu dentro de sí en una floresta y huerto muy deleitoso tanto, que me hizo acordar de lo que se dice en los Cantares: Veniat dilectus meus in hortum suum».

 Teresa de Lisieux

EL PAPA FRANCISCO EXPLICA LA RELACIÓN ENTRE JUSTICIA Y MISERICORDIA

“Justicia y misericordia no son dos momentos contrastantes entre sí, sino dos dimensiones de una única realidad que se desarrolla progresivamente hasta alcanzar su ápice en la plenitud del amor.
La justicia es un concepto fundamental para la sociedad civil cuando, normalmente, se hace referencia a un orden jurídico a través del cual se aplica la ley. Con la justicia se entiende también que a cada uno se debe dar lo que le es debido.
En la Biblia, muchas veces se hace referencia a la justicia divina y a Dios como juez. Generalmente es entendida como la observación integral de la ley y como el comportamiento de todo buen israelita conforme a los mandamientos dados por Dios. Esta visión, sin embargo, ha conducido no pocas veces a caer en el legalismo, falsificando su sentido originario y oscureciendo el profundo valor que la justicia tiene.
Para superar la perspectiva legalista, sería necesario recordar que en la Sagrada Escritura la justicia es concebida esencialmente como un abandonarse confiado en la voluntad de Dios.
Por su parte, Jesús habla muchas veces de la importancia de la fe, más bien que de la observancia de la ley. Es en este sentido que debemos comprender sus palabras cuando estando a la mesa con Mateo y otros publicanos y pecadores, dice a los fariseos que le replicaban: « Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores » (Mt 9,13).
Ante la visión de una justicia como mera observancia de la ley que juzga, dividiendo las personas en justos y pecadores, Jesús se inclina a mostrar el gran don de la misericordia que busca a los pecadores para ofrecerles el perdón y la salvación.
Se comprende por qué, en presencia de una perspectiva tan liberadora y fuente de renovación, Jesús haya sido rechazado por los fariseos y por los doctores de la ley. Estos, para ser fieles a la ley, ponían solo pesos sobre las espaldas de las personas, pero así frustraban la misericordia del Padre. El reclamo a observar la ley no puede obstaculizar la atención a las necesidades que tocan la dignidad de las personas.
Al respecto es muy significativa la referencia que Jesús hace al profeta Oseas –« yo quiero amor, no sacrificio » (6, 6). Jesús afirma que de ahora en adelante la regla de vida de sus discípulos deberá ser la que da el primado a la misericordia, como Él mismo testimonia compartiendo la mesa con los pecadores.
La misericordia, una vez más, se revela como dimensión fundamental de la misión de Jesús. Ella es un verdadero reto para sus interlocutores que se detienen en el respeto formal de la ley. Jesús, en cambio, va más allá de la ley; su compartir con aquellos que la ley consideraba pecadores permite comprender hasta dónde llega su misericordia.
(…) Jesucristo, con su muerte y resurrección trae la salvación junto con la misericordia que justifica. La justicia de Dios se convierte ahora en liberación para cuantos están oprimidos por la esclavitud del pecado y sus consecuencias. La justicia de Dios es su perdón (cfr Sal 51,11-16)”.

(De la Bula Misericordiae Vultus -El rostro de la misericordia-, mediante la que el Papa convocó el Jubileo de la Misericordia el pasado 11 de abril).

EL PAN DE VIDA

Siempre me sorprendo al contemplar una concurrencia tan exacta de pasajes del Antiguo Testamento y del Evangelio como la que hoy se nos ofrece en la Liturgia de la Palabra de este domingo. Cuando esto sucede, se pone de manifiesto la clave de lectura que debemos aplicar siempre para comprender la Biblia, y es leerla desde el acontecimiento de Jesucristo.
Si el libro del Éxodo revela el nombre de Dios -“Yo soy”- y nos relata la experiencia del pueblo de Israel de haber sido alimentado de manera providente en la travesía del desierto - “El Señor dijo a Moisés: -«Yo haré llover pan del cielo: que el pueblo salga a recoger la ración de cada día” (Ex 16, 4)-, la expresión en labios de Jesús “Yo soy el pan de vida”, revela su identidad divina, y la permanente opción de ser, para los que creen, el alimento en la travesía de la existencia.
El salmista, como eco de uno de los fenómenos más sobresalientes que vivió el pueblo de Dios, al haber sido alimentado durante cuarenta años de forma gratuita, eleva la memoria a cántico de alabanza: “El señor hizo llover sobre ellos maná, les dio un trigo celeste” (Sal 77).
Las palabras del discurso que Jesús pronuncia en Cafarnaúm: -«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.» -«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.» (Jn 6, 32.35)-, me llevan a una consideración sobrecogedora.
El Creador, que al tercer día hizo germinar las semillas sobre la faz de la tierra, y que después se manifiesta en Jesús, como el sembrador que esparce la semilla sobre el campo, y según sea la tierra, así da fruto, del 30%, del 60%, del 100%, se convierte Él mismo en cosecha y en pan partido, pan tierno, en el que se entrega totalmente para dar la vida por todos los hombres.
Y ante la figura holística, circular, tan propia de la literatura oriental, no solo me encuentro con el Sembrador que se hace semilla, cosecha abundante, pan en la cena, entrega total, sino que me sobrecogen otras muchas figuras, como la del viñador, que se hace viña, vid, copa brindada; el pastor que se hace Cordero y gracias a su inmolación somos redimidos. Pero aún es mayor la revelación cuando contemplamos al Creador hecho criatura, a Dios hecho hombre, para que el hombre alcance la filiación divina.
Quienes comen y beben del banquete del Señor, de su Cena Pascual, reciben vida y prenda de salvación eterna, si participan con fe en la Eucaristía.
No nos queda otra respuesta que el agradecimiento, la adoración y la entrega, porque como diría Santa Teresa de Jesús: “Amor saca amor”. O como nos dice san Pablo: “Renovaos en la mente y en el espíritu y vestíos de la nueva condición humana” (Ef 4, 24)
Ángel Moreno de Buenafuente

domingo, 2 de agosto de 2015

El corazón del cristianismo









La gente necesita a Jesús y lo busca. Hay algo en él que los atrae, pero todavía no saben 
exactamente por qué lo buscan ni para qué. Según el evangelista, muchos lo hacen porque el día anterior les ha distribuido pan para saciar su hambre.

Jesús comienza a conversar con ellos. Hay cosas que conviene aclarar desde el principio. El pan material es muy importante. Él mismo les ha enseñado a pedir a Dios «el pan de cada día» para todos. Pero el ser humano necesita algo más. Jesús quiere ofrecerles un alimento que puede saciar para siempre su hambre de vida.

La gente intuye que Jesús les está abriendo un horizonte nuevo, pero no saben qué hacer, ni por dónde empezar. El evangelista resume sus interrogantes con estas palabras: «y ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»Hay en ellos un deseo sincero de acertar. Quieren trabajar en lo que Dios quiere, pero, acostumbrados a pensarlo todo desde la Ley, preguntan a Jesús qué obras, prácticas y observancias nuevas tienen que tener en cuenta.

La respuesta de Jesús toca el corazón del cristianismo: «la obra (¡en singular!) que Dios quiere es esta: que creáis en el que él ha enviado». Dios solo quiere que crean en Jesucristo pues es el gran regalo que él ha enviado al mundo. Esta es la nueva exigencia. En esto han de trabajar. Lo demás es secundario.
Después de veinte siglos de cristianismo, ¿no necesitamos descubrir de nuevo que toda la fuerza y la originalidad de la Iglesia está en creer en Jesucristo y seguirlo?¿No necesitamos pasar de la actitud de adeptos de una religión de «creencias» y de «prácticas» a vivir como discípulos de Jesús?

La fe cristiana no consiste primordialmente en ir cumpliendo correctamente un código de prácticas y observancias nuevas, superiores a las del antiguo testamento. No. La identidad cristiana está en aprender a vivir un estilo de vida que nace de la relación viva y confiada en Jesús el Cristo. Nos vamos haciendo cristianos en la medida en que aprendemos a pensar, sentir, amar, trabajar, sufrir y vivir como Jesús.

Ser cristiano exige hoy una experiencia de Jesús y una identificación con su proyecto que no se requería hace unos años para ser un buen practicante. Para subsistir en medio de la sociedad laica, las comunidades cristianas necesitan cuidar más que nunca la adhesión yel contacto vital con Jesús el Cristo.

Juan 6,24-35

José Antonio Pagola

«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»


Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 24-35
En aquel tiempo, cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaún en busca de Jesús., Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: 
«Maestro, ¿cuándo has venido aquí?»

Jesús les contestó:
«Os lo aseguro, me buscáis, no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros.

Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura para la vida eterna, el que os dará el Hijo del hombre; pues a éste lo ha sellado el Padre, Dios.»
Ellos le preguntaron:
«Y, ¿qué obras tenemos que hacer para trabajar en lo que Dios quiere?»

Respondió Jesús: «La obra que Dios quiere es ésta: que creáis en el que él ha enviado.»
Le replicaron: «¿Y qué signo vemos que haces tú, para que creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: "Les dio a comer pan del cielo."»
Jesús les replicó:
«Os aseguro que no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.»

Entonces le dijeron:
«Señor, danos siempre de este pan.»

Jesús les contestó:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed.»

Palabra del Señor.