Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
viernes, 31 de julio de 2015
Las siete claves de Laudato si. Carta pastoral de monseñor Francesc Pardo.
Es muy importante leer íntegramente –o
por lo menos un buen resumen– esta encíclica que el Papa Francisco dirige a
todo el mundo, y no únicamente a los cristianos católicos, para concienciarnos
de lo que sucede y de la necesidad de cambios profundos, si no queremos poner
en peligro la persona y la Humanidad.
Estas breves líneas, en un formato casi
telegráfico, son una invitación a conocer qué nos propone el Papa.
– El título: Laudato
si —Alabado seas, mi Señor— es una expresión de san Francisco
de Asís, el gran santo amante de las personas, los animales y la naturaleza,
que en su Cántico de las criaturas recuerda que la tierra es nuestra
casa común. El Papa invita a contemplar de una forma diferente a las personas,
los pueblos, animales y naturaleza, no como objeto de explotación, sino como
contribución al bienestar y disfrute de las personas, los pueblos y la
humanidad. Por ello su clamor para que, dialogando, nos esforcemos en promover
un cambio radical.
– Compresión integral de la ecología.
La encíclica, en su análisis de la
realidad, lo hace con los pies en el suelo y concreta la cuestión sobre la
contaminación y el cambio climático, en lo referente al agua, a la tierra, al
mar, las plantas, los animales, la diversidad biológica… Pero al mismo tiempo
remarca la necesidad de justicia respecto a los pobres, el deterioro de la
calidad de la vida humana, la decadencia social en el sentido que muchas
ciudades son inhabitables. Y señala el daño a la salud de las personas y las
desigualdades planetarias.
– Posicionamiento en relación a la
debilidad de las reacciones.
El Papa se muestra afectado por «la
debilidad de las reacciones» ante las tragedias de tantas persones y
poblaciones. Remarca reacciones positivas, pero lamenta una cierta
«irresponsabilidad despreocupada». Solicita con urgencia «crear un sistema
normativo que garantice la protección de los ecosistemas».
– El evangelio de la Creación.
La fe ofrece motivaciones para cuidar de
la naturaleza y de nuestros hermanos y hermanas más frágiles. Los deberes
respecto a la naturaleza forman parte de la fe cristiana. El Dios que libera y
salva es el mismo que ha creado el universo. La creación solo puede entenderse
como un regalo que brota de la mano del Padre de todos. Por ello la tierra es
un don, no una propiedad. Se nos ha dado para administrarla, no para destruirla.
– El destino común de los bienes.
«Creados por el mismo Padre, nosotros,
todos los seres del universo, estamos unidos por lazos invisibles y formamos
una especie de familia universal». El Papa, recordando a los Padres de la
Iglesia, enfatiza el destino común de los bienes de la tierra: «La tierra es
esencialmente una herencia común, los frutos de la cual han de revertir en
beneficio de todos». Los que poseen una parte han de administrarla respetando
la «hipoteca social» que grava todas las formas de propiedad. Propiedad
privada, sí, pero respetando la dimensión social de toda propiedad.
– Ecología ambiental, económica, social,
cultural, de la vida cotidiana.
Aquí apreciamos el corazón de la
encíclica: la ecología integral, un nuevo paradigma de justicia, una ecología
que integre el lugar que ocupa el ser humano en este mundo y sus relaciones con
la realidad en que está inmerso. Esto es válido para todas las dimensiones que
configuran la vida: economía, política, cultura, e incluso cada momento de
nuestra vida cotidiana.
– Educación y espiritualidad. Invitación
a la conversión.
Estilo de vida distinto con una
verdadera conversión ecológica. La dimensión civil y política del amor. La
relación con la Trinidad, con la celebración de los sacramentos y con la Reina
de la Creación, María.
Al final nos hallaremos ante la infinita
belleza de Dios. ¡Laudato si’!
+
Francesc Pardo i Artigas, obispo de Gerona
Nuncio Apostólico denuncia: Además de la guerra, Siria sufre el olvido del mundo
El Nuncio Apostólico en Damasco (Siria), Mons. Mario
Zenari, exhortó a la comunidad internacional a no acostumbrarse a la violencia
que golpea a este país, porque corre el riesgo de acostumbrarse y dejar caer en
el olvido a los más de once millones de refugiados dentro y fuera de las
fronteras sirias.
“La situación es verdaderamente alarmante: se superan los cuatro millones de refugiados en los países vecinos, se habla todavía de siete millones y medio, incluso más de siete millones y medio de refugiados internos”, señaló el Prelado a Radio Vaticana.
Sin embargo, advirtió que junto a los muertos y heridos está “la amenaza de la bomba de la pobreza”. “Cerca del 60 por ciento de la población no tiene trabajo”, señaló.
En ese sentido, reiteró que junto a las Naciones Unidas se sigue insistiendo en que “no se debe dar una solución militar: Es necesario encontrar urgentemente una solución política y se necesita que la comunidad internacional haga esfuerzos mayores. No se puede permitir que sigan llegando más meses y meses de guerra”.
“El olvido es un mal que se une al mal que ya existe. Cuando un conflicto se prolonga por un largo tiempo, se corre el riesgo de caer en el olvido y esto hace mucho daño a todos”, advirtió el Prelado en declaraciones a Radio Vaticana.
En ese sentido, agradeció la cercanía del Papa Francisco, que anda pendiente de lo que sucede en Siria. “Es cercano a estas personas que sufren y ello lo he tocado con la mano, lo he sentido”, afirmó.
“La situación es verdaderamente alarmante: se superan los cuatro millones de refugiados en los países vecinos, se habla todavía de siete millones y medio, incluso más de siete millones y medio de refugiados internos”, señaló el Prelado a Radio Vaticana.
Sin embargo, advirtió que junto a los muertos y heridos está “la amenaza de la bomba de la pobreza”. “Cerca del 60 por ciento de la población no tiene trabajo”, señaló.
En ese sentido, reiteró que junto a las Naciones Unidas se sigue insistiendo en que “no se debe dar una solución militar: Es necesario encontrar urgentemente una solución política y se necesita que la comunidad internacional haga esfuerzos mayores. No se puede permitir que sigan llegando más meses y meses de guerra”.
“El olvido es un mal que se une al mal que ya existe. Cuando un conflicto se prolonga por un largo tiempo, se corre el riesgo de caer en el olvido y esto hace mucho daño a todos”, advirtió el Prelado en declaraciones a Radio Vaticana.
En ese sentido, agradeció la cercanía del Papa Francisco, que anda pendiente de lo que sucede en Siria. “Es cercano a estas personas que sufren y ello lo he tocado con la mano, lo he sentido”, afirmó.
«DICHOSOS LOS QUE PUDIERON HOSPEDAR AL SEÑOR EN SU PROPIA CASA» San Agustín
Las palabras del Señor nos
advierten que, en medio de la multiplicidad de ocupaciones de este mundo, hay
una sola cosa a la que debemos tender. Tender, porque somos todavía peregrinos,
no residentes; estamos aún en camino, no en la patria definitiva; hacia ella
tiende nuestro deseo, pero no disfrutamos aún de su posesión. Sin embargo, no
cejemos en nuestro esfuerzo, no dejemos de tender hacia ella, porque sólo así
podremos un día llegar a término.
Marta y María eran dos hermanas, unidas no sólo por su parentesco de sangre,
sino también por sus sentimientos de piedad; ambas estaban estrechamente unidas
al Señor, ambas le servían durante su vida mortal con idéntico fervor. Marta lo
hospedó, como se acostumbra a hospedar a un peregrino cualquiera. Pero, en este
caso, era una sirvienta que hospedaba a su Señor, una enferma al Salvador, una
criatura al Creador. Le dio hospedaje para alimentar corporalmente a aquel que
la había de alimentar con su Espíritu. Porque el Señor quiso tomar la condición
de esclavo para así ser alimentado por los esclavos, y ello no por necesidad,
sino por condescendencia, ya que fue realmente una condescendencia el permitir
ser alimentado. Su condición humana lo hacía capaz de sentir hambre y sed.
[...]No te sepa mal, no te quejes por haber nacido en un tiempo en que ya no puedes ver al Señor en carne y hueso; esto no te priva de aquel honor, ya que el mismo Señor afirma: Cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Por lo demás, tú, Marta —dicho sea con tu venia, y bendita seas por tus buenos servicios—, buscas el descanso como recompensa de tu trabajo. Ahora estás ocupada en los mil detalles de tu servicio, quieres alimentar unos cuerpos que son mortales, aunque ciertamente son de santos; pero ¿por ventura, cuando llegues a la patria celestial, hallarás peregrinos a quienes hospedar, hambrientos con quienes partir tu pan, sedientos a quienes dar de beber, enfermos a quienes visitar, litigantes a quienes poner en paz, muertos a quienes enterrar?
Todo esto allí ya no existirá; allí sólo habrá lo que María ha elegido: allí seremos nosotros alimentados, no tendremos que alimentar a los demás. Por esto, allí alcanzará su plenitud y perfección lo que aquí ha elegido María, la que recogía las migajas de la mesa opulenta de la palabra del Señor. ¿Quieres saber lo que allí ocurrirá? Dice el mismo Señor, refiriéndose a sus siervos: Os aseguro que los hará sentar a la mesa y los irá sirviendo.
De los
sermones de san Agustín, obispo (Sermón 103,1-2. 6: PL 38, 613. 615)
News.va
Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 47-53
En aquel
tiempo, dijo Jesús a la gente:
-«El
reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge
toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y
reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.
Lo mismo
sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los
buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de
dientes.
¿Entendéis
bien todo esto?»
Ellos les
contestaron:
-«Sí.»
Él les
dijo:
-«Ya veis,
un escriba que entiende el reino de los cielos es como un padre de familia que
va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo. »
Cuando
Jesús acabó estas parábolas, partió de allí.
Palabra
del Señor.
miércoles, 29 de julio de 2015
Ofrecer la vida, elegir el amor
En 1895,
Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia
vida pero,
también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que,
finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros
de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso
los límites de la Iglesia Católica.
Parece
desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más
fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos
concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas.
Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y
regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de
Dios», para que la repartiera.
No ocultó las
muchas batallas que libró consigo misma para que el sí que daba, fuera un sí
con toda su vida. Y, en cambio, intuyó que vivir de ese modo, cogida
por el amor y entregada a él, era formar parte de una onda expansiva que no
tenía límites.
Tenía
experiencia de la misericordia, de lo que es capaz de despertar la bondad divina
en los seres humanos. De cómo mueve y transforma, y de cómo cura, porque Teresa había permitido
que la misericordia labrase su interior y había aceptado la purificación
continua del amor, al elegir la gratuidad como su modo de ser
en el mundo.
Su propia
vida le decía que el amor es lo que hace dignos a los seres humanos y lo único
que los hace santos al modo del único santo: Jesús. Por eso, escribía: «Sé también
que el fuego del amor tiene mayor fuerza santificadora que el del purgatorio.
Sé que Jesús no puede desear para nosotros sufrimientos inútiles».
Así es como Teresa
tomó la decisión de ofrecer su vida: desde la experiencia del desproporcionado
amor de Dios. Hablando a Jesús, decía: «Déjame que te diga que tu amor
llega hasta la locura... ¿Cómo quieres que, ante esa locura, mi corazón no se
lance hacia ti? ¿Cómo va a conocer límites mi confianza...?».
Esa confianza
le dio alas para comprometer toda su vida, para poder decir: hago «ofrenda de
mí misma», una ofrenda de amor. Teresa había comprendido que lo único que
agrada a Dios es el amor, que ese es su modo de comunicarse y el camino humano
para unirse a Él. Por eso, escribía dirigiéndose a Dios: «Creo que te
sentirías feliz si no tuvieses que reprimir las oleadas de infinita ternura que
hay en ti».
Quien vive
con un Dios así, que –como decía Juan de la Cruz– «el lenguaje que más oye solo
es el callado amor», entiende que aprender esa lengua es el camino de vida
verdadera. Desde esa experiencia, escribirá Teresa: «No quiero acumular
méritos para el cielo, quiero trabajar solo por tu amor».
Esa es la
ofrenda que hace ella: elegir cada día el amor. Y entiende que hay que elegirlo
allí donde uno se encuentra y haciendo lo que tiene a mano, en vez de soñar con
lo que no está al alcance. Por eso, le habla a su hermana Celina de amar buscando «pequeñas
ocasiones, naderías que agradan a Jesús… una sonrisa, una palabra amable cuando
tendría ganas de callarme o de mostrar un semblante enojado».
Teresa llevó
al extremo el amor que sentía por Jesús, dándole concreción en su vida. Eligió
ser amable, es decir, hacer agradable la vida, facilitar las cosas, mostrar
afecto, colaborar abiertamente con todos los que le rodeaban pero,
especialmente, con aquellas personas que no podían devolverle la amabilidad. Prefirió
estar con «los pobres, los lisiados, los ciegos y los paralíticos» de los que
hablaba Jesús, con aquellos que tenían carencias poco agradables y no podían
«pagar» su afecto.
Por todo esto
–y más que desvela una lectura profunda del mismo–, el «acto de ofrenda
al amor misericordioso» que escribe Teresa, dos años antes de morir, es
un testamento de amor y una confesión de fe en el Dios entrañable del que
hablaba Jesús.
Solo a ese
Dios podía Teresa entregar su vida, sabiendo que Él la uniría a la suya, entregada
por todos. Solo a ese Dios podía decirle: «Quiero, Amado mío, renovarte
esta ofrenda con cada latido de mi corazón y un número infinito de veces, hasta
que las sombras se desvanezcan y pueda yo decirte mi amor en un cara a cara
eterno».
Religión digital
“No tengan miedo al matrimonio, Cristo los acompaña con su gracia”. Mons. Paglia comenta el Tweet del Papa
Queridos
jóvenes, no tengan miedo del matrimonio: Cristo acompaña con su gracia a los
esposos que permanecen unidos a él”. Escribe esta mañana el Papa Francisco en
su cuenta oficial de Twitter @Pontifex, seguido por más de 22 millones de
usuarios en todo el mundo. Sobre la exhortación del Santo Padre a los jóvenes
de hoy y a menos de tres meses del inicio del Sínodo sobre la Familia, el
Presidente del Pontificio Consejo para la Familia, el Arzobispo Vincenzo
Paglia, explica las palabras del Pontífice ante los micrófonos de Radio
Vaticano, el servicio es de nuestro compañero Alessandro Gisotti.
R.-
Como muchas veces sucede, el Papa Francisco ha acertado. Todos nosotros, en
proximidad del Sínodo, sabemos cuántos problemas giran alrededor de este tema
del matrimonio, de la familia. Pero el núcleo de fondo es exactamente este:
lamentablemente muchos jóvenes tienen miedo de casarse, no porque ellos sean –
como decir – peores de ayer, ¡absolutamente no! Existe una cultura que induce a
tener miedo, que provoca este desconcierto sobre las decisiones definitivas por
lo cual es fácil retroceder. El Papa Francisco repite a los jóvenes hoy: “!NO
tengan miedo!”. Es interesante ver que esta afirmación se repite en la Biblia
365 veces, una al día. Entonces, diría que esta insistencia cotidiana debe ser
el coro que debe resonar en el corazón y en la mente de los jóvenes porque – de
verdad – si se está unido a Jesús, el matrimonio, la unión para siempre, logra
dar esta estabilidad que en cambio una sociedad demasiado liquida lo impide.
P.-
Es muy bello que el Papa Francisco utilice el tweet, para animar a los jóvenes,
es decir una “modalidad joven” que viene justamente usada por la juventud,
entonces es una modalidad para conectarse con quienes escuchan.
R.-
Si justamente, en este sentido todavía una vez más se percibe a un Papa que
sale de los esquemas ordinarios, un poco pomposos y solemnes para hacerse
cercano a todos. En definitiva, el Papa Francisco cuando nos pide “salir” no lo
dice solo en palabras, lo dice también con los hechos y también con este
pequeño y extraordinario medio que es el tweet, que de todos modos logra tocar
un poco la mente y el corazón. ¡Esperamos de verdad que llegue al corazón con
este tweet!
P.-
¿Qué cosa puede hacer la Iglesia para evidenciar la belleza del matrimonio en
un periodo en el cual, tal vez la cultura muestra más los peligros y las
dificultades de formar una familia?
R.-
Sí, creo yo que la Iglesia tiene un tesoro en este campo: un tesoro espiritual,
humanístico, de una increíble riqueza. Pienso que sea poco conocido y tal vez
también olvidado. Hoy se tiene necesidad de sacarlo fuera, y representar el
matrimonio y la familia no como una opción simplemente por sí misma, sino como
el modo para cambiar el mundo. El matrimonio y la familia no es una opción
cerrada en el círculo de los propios afectos: es una opción para la sociedad,
para el mundo.
(Renato
Martinez - RV)
"Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en Mí no morirá para siempre".
En el episodio de Betania.
Lágrimas derramadas por las hermanas Marta y María junto a su hermano Lázaro,
muerto y puesto ya hace cuatro días en la sepultura. También Jesús llora. Pero
de aquellas lágrimas del Amigo Divino saltan destellos de victoria, que son el
primer anuncio del misterio de la Pascua.
¡Oh, qué palabras las que se
dijeron Jesús y Marta! La seguridad de la Resurrección y de la vida garantizada
a la humanidad redimida toda entera por virtud de la sangre de Cristo.
"Yo soy la resurrección y
la vida. Quien cree en Mí, aunque hubiere muerto, vivirá. Y todo aquel que vive
y cree en Mí no morirá para siempre".
En realidad, la Pascua —cuyo anuncio
solemne tuvo lugar en Betania— está toda aquí: celebración perenne y renovada
del misterio de Cristo, Rey glorioso e inmortal de los pueblos y de los siglos,
consuelo y alimento para toda la humanidad, por Él redimida y reservada al
triunfo de sus destinos eternos, y también a los triunfos pacíficos dentro de
la humana convivencia y de la ordenada prosperidad sobre la Tierra.
MENSAJE PASCUAL DE SU
SANTIDAD JUAN XXIII .
La resurrección de Lázaro. San Agustín
Este relato del evangelio se ha hecho tan célebre por ser
tan grande milagro, que ni aun infiel hay que no haya oído hablar de la
resurrección de Lázaro; ¿cuánto más conocido no será de los fieles, cuando ni
los infieles han podido ignorarlo? Y, sin embargo, cuando se lee, el alma
parece como que asiste a una escena siempre nueva. No está fuera de lo
razonable que repitamos nosotros lo que solemos decir sobre la resurrección
esta; ni debe daros fastidio, me parece, lo que yo diga; al fin, más veces oís
leerlo que comentarlo; porque, si acontece leerlo fuera de un sábado o de un
domingo, no se predica. Lo digo para que no torzáis el rostro ahora que vamos a
decir algo, ni salga nadie con un «Ya otras veces dijo eso»; también lo ha
leído el diácono más veces, y lo habéis oído con gusto. Atención, pues.
Otro es un joven llevado ya fuera de las puertas de la
ciudad y amargamente llorado por su madre viuda; él lo vio, mandó que se
detuviesen los que le llevaban y dijo: Joven, levántate; yo te lo mando; y el
muerto se sentó y comenzó a hablar, y se le devolvió a su madre.
El tercero es este Lázaro al que acabamos de ver con los
ojos de la fe muriendo y resucitando en virtud de un prodigio mucho mayor que
los anteriores y blanco de una gracia extraordinaria, pues llevaba cuatro días
muerto y ya hedía; con todo, fue resucitado.
¿Qué significan estos tres muertos? Algo, sin duda; los
milagros del Señor son palabras de sentido misterioso. Tres géneros de muerte
hallamos en los pecados de los hombres. Traed a la memoria estos tres muertos.
Había primeramente muerto aquella doncella en su casa; aún no había sido alzado
su cadáver; al joven habíanle sacado fuera de las puertas de la ciudad; Lázaro
ya estaba sepultado y oprimido bajo la mole de piedra. ¿Cuáles son, pues, los
tres géneros de muerte que hay en los pecados?
Digo: si uno consintió en su
corazón el mal deseo, resolviendo ceder a la suavidad de sus halagos, está ya
muerto. Nadie lo sabe, aún no fue sacado fuera; es muerte secreta, en su casa,
en su cuarto; pero muerte. Nadie diga que no cometió adulterio si determinó
cometerle; si ha consentido a la delectación que le impulsaba blandamente a
cometerlo, ya lo cometió; él es adúltero, ella casta. Preguntad a Dios, y él os
responderá sobre esta muerte doméstica, interior, de la muerte en el lecho,
lechos de los que leemos: Compungíos en el silencio de vuestros lechos de las
cosas que andáis meditando en vuestros corazones. Oye la sentencia del
resucitador en punto a este morir: Quien a una mujer casada mira para desearla,
adulteró ya con ella en su corazón, si bien no llevó aún a efecto la
fornicación corporal. Más a las veces le mira el Señor, y se arrepiente de
haber determinado hacerlo, de haber consentido; en su lecho ha muerto y en su
lecho resucita.
Pero, si ejecuta lo pensado, ya la muerte se puso en marcha,
ya salió fuera; mas por el arrepentimiento se le da fin, y el muerto llevado a
enterrar es devuelto a la vida. Pero si a la consumación de la obra se allega
la costumbre, ya hiede y tiene encima de sí la losa de la mala costumbre; mas
ni aun a éste le abandona Cristo; poderoso es para resucitarle también, aunque
llora. Hemos oído, cuando se leía el evangelio, haber Cristo llorado a Lázaro.
Los oprimidos por la costumbre están aprisionados, y Cristo brama para
resucitarlos. Mucho, en efecto, los increpa la palabra divina, mucho les grita
la Escritura, y también es mucho lo que yo grito para ser oído y felicitarme de
la resurrección de este Lázaro.
Quitad, dice, la piedra, pues ¿cómo puede resucitar el
consuetudinario si no se le quita el peso de la costumbre? Clamad, ligadle,
acusadle, removed la piedra; cuando veáis a uno de ésos, no queráis daros
tregua; es cosa trabajosa, mas el trabajo ese remueve la piedra. Aquel cuya voz
traspasa los corazones sea el que grite: Lázaro, sal fuera; esto es, vive, sal
del sepulcro, muda la vida, da fin a la muerte. Y el muerto salió atado con las
vendas; porque, si bien el consuetudinario cesa de pecar, todavía es reo de lo
pasado, y necesario es que ruegue y haga penitencia por lo hecho, no por lo que
hace, pues ya no lo hace; está vivo, no lo hace, pero aún está ligado por las
cosas que hizo. Luego es a los ministros de la Iglesia, por medio de los cuales
se imponen las manos a los penitentes, a los que dice Cristo: Desatadle y
dejadle ir. Dejadle, desatadle: Lo que desatéis en la tierra, desatado quedará
en el cielo. (Quien me hubiese oído ya esto que ahora dije y lo recordaba,
imagínese estar leyendo lo que entonces escribió; y quien no lo había oído,
escríbalo ahora en su corazón para leerlo cuando guste.)
(San Agustín, Obras Completas, XXIII, Sermones (3º), BAC,
Madrid, 1983, Pág. 270-273)
Creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 19-27
En aquel
tiempo, muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame
por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su
encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:
-«Señor, si
hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo
que pidas a Dios, Dios te lo concederá.»
Jesús le
dijo:
-«Tu
hermano resucitará.»
Marta
respondió:
-«Sé que
resucitará en la resurrección del último día.»
Jesús le
dice:
-«Yo soy la
resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que
está vivo y cree en mi, no morirá para siempre. ¿Crees esto?»
Ella le
contestó:
-«Si,
Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir
al mundo.»
Palabra del
Señor
martes, 28 de julio de 2015
HACE DOS AÑOS, EL PAPA FRANCISCO EN RÍO CON LOS JÓVENES: "QUIERO QUE LA IGLESIA SALGA A LA CALLE"
Queridos amigos, falta un año para el inicio de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia, en Polonia, y este domingo, después de rezar el Ángelus, el Papa Francisco fue el primero en inscribirse oficialmente en la JMJ.
Y hace dos años, el Papa Francisco participaba en la Jornada Mundial de la Juventud de Río de Janeiro 2013. Un momento especial fue el encuentro con los jóvenes argentinos en la Catedral de San Sebastián, el 25 de julio. El Papa afirmó: “Quiero que la Iglesia salga a la calle”, e invitó a los jóvenes a salir con la ya famosa expresión: "Quiero lío”.
Les ofrecemos este vídeo para recordar este momento y este deseo del Papa.
News.va
LA MESA DE LA CREACIÓN
En el ciclo “B” del Tiempo Ordinario, por ser el año en el que
se proclama el evangelio de San Marcos, que es el más breve de los textos
evangélicos, a partir de este domingo se leerá el capítulo sexto del evangelio
de San Juan.
Las
palabras de Jesús en el evangelio son a la vez llamada de atención y profecía
de la situación actual, cuando les advierte a los discípulos, después de dar de
comer a la multitud: -«Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se
desperdicie.».
El
papa Francisco, quien acaba de regalarnos la comprometedora carta encíclica:
“Laudato sí”, nos señala en ella: “Sabemos que se desperdicia aproximadamente
un tercio de los alimentos que se producen, y « el alimento que se desecha es
como si se robara de la mesa del pobre” (Francisco, Laudato Sí 50). Esta
denuncia nos obliga a cada uno, y no solo a las instituciones políticas o
económicas.
Escuchamos hoy la orden que da Eliseo a su criado cuando recibe la ofrenda de
veinte panes de cebada: «Dáselos a la gente, que coman. Porque así dice el
Señor: Comerán y sobrará.» Entonces el criado se los sirvió, comieron y sobró,
como había dicho el Señor. (2 Re 4, 44)”. La imagen coincide con el gesto de
Jesús ante la multitud, con los cinco panes de cebada: “Jesús tomó los panes,
dijo la acción de gracias y los repartió a los que estaban sentados, y lo mismo
todo lo que quisieron del pescado” (Jn 6, 11).
Deberíamos sentir por un lado,
la responsabilidad sobre la administración de los bienes y por otro lado, el
escándalo por la cultura del consumismo y del despilfarro, cuando tantos pasan
hambre.
Al
meditar la Palabra, nos tendría que invadir la compasión, como a Jesús, y
movernos a introducir en nuestros hábitos, al tiempo que la austeridad, la
opción de compartir, sintiendo el grito de los más pobres. “Los ojos de todos
te están aguardando, tú les das la comida a su tiempo; abres tú la mano, y
sacias de favores a todo viviente” (Sal 144).
Los
textos bíblicos que hoy se proclaman, si los leemos en clave material tienen
una dimensión social, que no deberemos obviar: hay una gran necesidad de pan en
el mundo. Y también contienen una dimensión sacramental, al interpretarlos en
clave eucarística, como lo hace el Papa en su encíclica: “La Eucaristía une el
cielo y la tierra, abraza y penetra todo lo creado. El mundo que salió de las
manos de Dios vuelve a él en feliz y plena adoración. En el Pan eucarístico, «
la creación está orientada hacia la divinización, hacia las santas bodas, hacia
la unificación con el Creador mismo ».167 Por eso, la Eucaristía es también
fuente de luz y de motivación para nuestras preocupaciones por el ambiente, y
nos orienta a ser custodios de todo lo creado” (Ls 236).
Seamos
solidarios, a la vez que contemplativos. Participemos en la mesa santa, a la
vez que compartimos el pan cotidiano.
Ángel Moreno de Buenafuente
Yo quiero vivir el hoy
Esto me confirma en lo que hace unos años trato de vivir con sencillez y
humildad. Vivir el presente y atender a lo cotidiano de la vida. Para ello
trato de ser fiel a la vida cotidiana en todas sus manifestaciones, en la
atención a cada momento y a cada persona, sin quedar absorbido por sueños y
ritmos que me agitan y me sacan del día a día y de aquella persona que tengo
delante de mí, sin dejarme tiempo para el encuentro en el que se rehacen las
personas y las tareas.
Cada vez veo más claramente, que es una trampa trabajar para vivir bien en el futuro, sin tener, aquí y ahora, buenas relaciones con aquellas personas con las que estoy, sean familiares, amigos y amigas, personas con las que ocasional y puntualmente me encuentro, como por ejemplo aquellas con las que comparto este mes de julio en México. Ya no me dejo llevar y arrastrar con impaciencia por la agenda, pues he constatado que eso me hacer perder el tacto y la sensibilidad necesaria para estar con las personas, asumir los sucesos de cada día y vivir esperanzadamente el futuro posible, que no tanto el deseado.
Es por eso que para mí cada persona, cada encuentro, cada día… son únicos, y no leña para quemar y así alumbrar el futuro. A medida que la vida y cada detalle cobran su valor, me siento unificado en mi vida y vivo en paz y, de esta forma, puedo pasar de una situación a otra, del dolor a la risa, del trabajo al canto, porque cada segundo está situado en una corriente de vida que alimenta y unifica desde dentro los instantes, tanto los dolorosos como los alegres.
Así trato de vivir el tiempo al ritmo del evangelio en el que cada detalle cuenta: “el vaso de agua dado al servidor, el abrazo al niño que se abre paso entre los adultos para ver qué pasa, la falta de vino en una boda, el perfume de nardo en la cabeza, un hombre rico que se sube a una higuera del camino para ver al hombre del que todo el mundo habla…”
Para mí, pues, vivir el hoy, el aquí ahora, me lleva a asumir con responsabilidad y solidaridad el paso de la vida, lo que hacerme cargo de lo que me pasa cada día, asumirla responsable y solidariamente, muy lejos de la búsqueda del disfrute y del gozo del presente, al que descaradamente se nos invita, por diversos modos y medios, en la sociedad del bullicio y el descarte.
Si quieres ejercitarte en vivir el hoy, desde la cotidianidad, te invito a participar en el encuentro, que tendrá lugar en Segovia, “Desafíos de humanización”, promovido por este servicio de Animación comunitaria por un Mundo Mejor.
Nacho. Fuente: Religión digital
El Señor es compasivo y misericordioso.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
El Señor es compasivo y
misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo.
lento a la ira y rico en clemencia;
no está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
No nos trata como merecen
nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.
ni nos paga según nuestras culpas.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre sus fieles.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
Como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.
así aleja de nosotros nuestros delitos.
Como un padre siente ternura por sus hijos,
siente el Señor ternura por sus fieles.
El Señor
es compasivo y misericordioso.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo
Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 36-43
En aquel
tiempo, Jesús dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a
decirle:
-«Acláranos
la parábola de la cizaña en el campo.»
Él les
contestó:
-«El que
siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena
semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del
Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del
tiempo, y los segadores los ángeles.
Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga. »
Palabra
del Señor
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