lunes, 29 de junio de 2015

"Jesús nos dice: 'Tú eres mi hijo, mi hija, tú estás curado, yo perdono todo, yo curo a todos y a todo'

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El Evangelio de hoy presenta el relato de la resurrección de una niña de doce años, hija de uno de los jefes de la sinagoga, el cual se arroja a los pies de Jesús y le suplica: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva" (Mc 5, 23). En esta oración sentimos la preocupación de todo padre por la vida y por el bien de sus hijos. Pero sentimos también la gran fe que aquel hombre tiene en Jesús. Y cuando llega la noticia que la niña ha muerto, Jesús le dice: "No temas, basta que creas" (v. 36). ¡Da coraje esta palabra de Jesús! Y también la dice a nosotros tantas veces: "No temas, solamente ten fe". Una vez entrado en la casa, el Señor hizo salir a toda la gente que llora y grita y se dirige a la niña muerta, diciendo: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!" (v. 41). E inmediatamente la niña se levantó y comenzó a caminar. Aquí se ve el poder absoluto de Jesús sobre la muerte, que para Él es como un sueño del cual nos puede despertar. ¡Jesús ha vencido la muerte, y tiene también poder sobre la muerte física!

Al interno de este relato, el Evangelista introduce otro episodio: la curación de una mujer que desde hacía doce años sufría de pérdidas de sangre. A causa de esta enfermedad que según la cultura del tiempo la hacía "impura", ella debía evitar todo contacto humano: pobrecita, estaba condenada a una muerte civil. Esta mujer anónima, en medio a la multitud que sigue a Jesús, dijo a sí misma: "Con sólo tocar su manto quedaré curada" (v. 28). Y así sucedió: la necesidad de ser liberada la empujó a probar y la fe "arranca", por así decir, al Señor la curación. Quién cree "toca" a Jesús y toma de Él la gracia que salva. La fe es esto: tocar a Jesús y tomar de Él la gracia que salva. Nos salva, nos salva la vida espiritual, nos salva de tantos problemas. Jesús se da cuenta y en medio a la gente, busca el rostro de aquella mujer. Ella se adelanta temblorosa y Él le dice: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad" (v. 34). Es la voz del Padre celestial que habla en Jesús: "¡Hija, no estás condenada, no estás excluida, eres mi hija!" Y cada vez que Jesús se acerca a nosotros, cuando nosotros vamos hacia Él con la fe, escuchamos esto del Padre: "Hijo, tú eres mi hijo, tú eres mi hija, tú te has curado, tú estás curada. Yo perdono a todos y todo. Yo curo todo y a todos".

Estos dos episodios - una curación y una resurrección - tienen un único centro: la fe. El mensaje es claro, y se puede resumir en una pregunta: ¿creemos que Jesús - una pregunta que nos hacemos nosotros - nos puede curar y nos puede despertar de la muerte? Todo el Evangelio está escrito en la luz de esta fe: Jesús ha resucitado, ha vencido la muerte, y por esta victoria suya también nosotros resucitaremos. Esta fe, que para los primeros cristianos era segura, puede empañarse y hacerse incierta, al punto que algunos confunden resurrección con reencarnación. Pero la Palabra de Dios de este domingo nos invita a vivir en la certeza de la resurrección: Jesús es el Señor, Jesús tiene poder sobre el mal y sobre la muerte, y quiere llevarnos a la casa del Padre, en donde reina la vida. Y allí nos encontraremos todos, todos los que estamos en la plaza hoy, nos encontraremos en la casa del Padre, en la vida que Jesús nos dará.
La Resurrección de Cristo actúa en la historia como principio de renovación y de esperanza. Cualquier persona que está desesperada y cansada hasta la muerte, si se confía en Jesús y en su amor puede recomenzar a vivir. También recomenzar una nueva vida, cambiar vida es un modo de resurgir, de resucitar. La fe es una fuerza de vida, da plenitud a nuestra humanidad; y quien cree en Cristo se debe reconocer porque promueve la vida en toda situación, para hacer experimentar a todos, especialmente a los más débiles, el amor de Dios que libera y salva.
Pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, el don de una fe fuerte y valerosa, que nos empuje a ser difusores de esperanza y de vida entre nuestros hermanos.

Gracias por el ministerio del Papa

Celebramos mañana ( en este caso hoy )  la solemnidad de los apóstoles san Pedro y san Pablo. La fe cristiana se fundamenta en el testimonio de los Apóstoles. Jesús escogió a los Doce "para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar". Los Apóstoles entregaron su vida al anuncio de la buena nueva del Reino, y coronaron su trabajo apostólico con el martirio.
Los apóstoles Pedro y Pablo son las dos columnas de la Iglesia: Pedro, el líder en la confesión de la fe; Pablo, el que la puso a plena luz. Pedro instituyó la primera Iglesia con el resto de Israel. Pablo evangelizó a los otros pueblos llamados a la fe. Esto es lo que expresa el prefacio de la solemnidad de estos dos apóstoles.
El apóstol Pedro fue uno de los primeros llamados por Jesús y siempre ocupa un lugar preeminente en los evangelios. Esta primacía la pone de relieve el Señor con estas palabras que le dirigió: "Tú eres Pedro. Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.” El ministerio de Pedro proviene de la voluntad de Jesús, que quiso que él y sus sucesores fueran instrumentos a través de los cuales el Espíritu Santo constituye y mantiene la unidad de la Iglesia.
Al Papa le corresponde mantener y promover la unidad con Jesucristo de todos los pastores y fieles reunidos en las Iglesias particulares; es decir, el hecho de mantenerse en la fidelidad íntegra e incondicional a la palabra de Cristo, a sus sacramentos, al mandamiento nuevo del amor. Esto significa que todos deben seguirle indefectiblemente para que la Iglesia extendida de Oriente a Occidente pueda dar un testimonio unánime del Evangelio para la salvación de todos los hombres. Por ello, en la persona del Papa se visibiliza a Cristo de modo eminente, como buen pastor de toda la Iglesia.
Los cristianos tenemos que agradecer al Señor el ministerio de Pedro y de sus sucesores y acoger con un profundo sentido eclesial y con reconocimiento el servicio que ofrece a pastores y fieles el actual sucesor de Pedro, el Papa Francisco.
Francisco tiene la costumbre de pedir a menudo a todos los miembros de la Iglesia que roguemos por él y por las intenciones de su ministerio como obispo de Roma y responsable de la comunión de todas las Iglesias diocesanas del mundo. A mí muchas veces me ha dicho que pida a los diocesanos que recen por él. Si siempre lo tenemos que hacer, sobre todo cuando se menciona su nombre en la oración eucarística de cada misa, mucho más debemos hacerlo en el día dedicado cada año a recordar y orar por el sucesor de san Pedro.
† Lluís Martínez Sistach

Cardenal arzobispo de Barcelona

Francisco condena los atentados de Túnez, Francia y Kuwait

El Papa, "profundamente apenado" por los ataques de los integristas islámicos
El Papa Francisco ha expresado su dolor por los atentados de este viernes 26 de junio en Túnez, Francia y Kuwait a través de tres diversos telegramas, firmados por el cardenal Secretario de Estado Pietro Parolin.
Dirigiéndose a los Nuncios Apostólicos, el Pontífice "condena nuevamente la violencia que genera tanto sufrimiento y pide al Señor el don de la paz, invocando la bendición divina sobre las familias de las víctimas, tanto francesas como tunecinas".
"Profundamente apenado ante la noticia de la de la trágica pérdida de vidas humanas y de los heridos causados por el ataque contra una mezquita de Kuwait City", el Papa "ofrece sus fervientes oraciones por las víctimas y por todos aquellos que lloran".
Lamentando "tales actos bárbaros", el Santo Padre pide que se transmita su cercanía espiritual a las familias afectadas por este momento de dolor y alienta al pueblo de Kuwait a no desanimarse de frente al mal, invocando sobre la nación "el amor consolador y curativo del Omnipotente".
Fuente: Religión digital

HERIDAS SECRETAS



No conocemos su nombre. Es una mujer insignificante, perdida en medio del gentío que sigue a Jesús. No se atreve a hablar con él como Jairo, el jefe de la sinagoga, que ha conseguido que Jesús se dirija hacia su casa. Ella no podrá tener nunca esa suerte.

Nadie sabe que es una mujer marcada por una enfermedad secreta. Los maestros de la Leyle han enseñado a mirarse como una mujer «impura», mientras tenga pérdidas de sangre. Se pasado muchos años buscando un curador, pero nadie ha logrado sanarla. ¿Dónde podrá encontrar la salud que necesita para vivir con dignidad?

Muchas personas viven entre nosotros experiencias parecidas. Humilladas por heridas secretas que nadie conoce, sin fuerzas para confiar a alguien su «enfermedad», buscan ayuda, paz y consuelo sin saber dónde encontrarlos. Se sienten culpables cuando muchas veces solo son víctimas.
Personas buenas que se sienten indignas de  acercarse a recibir a Cristo en la comunión; cristianos piadosos que han vivido sufriendo de manera insana porque se les enseñó a ver como sucio, humillante y pecaminoso todo lo relacionado con el sexo; creyentes que, al final de su vida, no saben cómo romper la cadena de confesiones y comuniones supuestamente sacrílegas... ¿No podrán conocer nunca la paz?

Según el relato, la mujer enferma «oye hablar de Jesús» e intuye que está ante alguien que puede arrancar la «impureza»  de su cuerpo y de su vida entera. Jesús no habla de dignidad o indignidad. Su mensaje habla de amor. Su persona irradia fuerza curadora.
La mujer busca su propio camino para encontrarse con Jesús. No se siente con fuerzas para mirarle a los ojos: se acercará por detrás. Le da vergüenza hablarle de su enfermedad: actuará calladamente. No puede tocarlo físicamente: le tocará solo el manto. No importa. No importa nada. Para sentirse limpia basta esa confianza grande en Jesús.

Lo dice él mismo. Esta mujer no se ha de avergonzar ante nadie. Lo que ha hecho no es malo. Es un gesto de fe. Jesús tiene sus caminos para curar heridas secretas, y decir a quienes lo buscan: «Hija, hijo, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud».
Con frecuencia, las mujeres son también hoy las que con su fe en Jesús y su aliento evangélico sostienen la vida de nuestras comunidades cristianas."

José Antonio Pagola

sábado, 27 de junio de 2015

Homilía del Papa: la Iglesia es comunidad si se acerca a los últimos

Los cristianos deben acercarse y tender la mano a aquellos a los que la sociedad tiende a excluir, como hizo Jesús con los marginados de su tiempo. Y esto hace de la Iglesia unaverdadera “comunidad”. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El bien no se hace desde lejos
Jesús fue el primero que se “ensució las manos acercándose” a los excluidos de su tiempo. Se “ensució las manos” tocando a los leprosos, por ejemplo, curándolos. Y enseñando así a la Iglesia “que no se puede hacer comunidad sin cercanía”. El Papa Francisco centró su homilía en el protagonista del breve pasaje del Evangelio del día: un enfermo de lepra que se postra ante Jesús y se anima a decirle: “Señor, si quieres, puedes purificarme”. Y Jesús lo toca y lo cura.
Jesús tiende la mano al excluido
El milagro – observó el Papa – se produce ante los ojos de los doctores de la ley para los cuales, en cambio, el leproso era un “impuro”. Y afirmó que “la lepra era una condena de por vida” y que “curar a un leproso era tan difícil como resucitar a un muerto”, razón por la cual eran marginados. Jesús, en cambio, tiende la mano al excluido y demuestra el valor fundamental de una palabra, “cercanía”:
“No se puede hacer comunidad sin cercanía. No se puede hacer la paz sin cercanía. No se puede hacer el bien sin acercarse. Jesús podía decirle: ‘¡Que te cures!’. No: se acercó y lo tocó. ¡Es más! En el momento en que Jesús tocó al impuro se volvió impuro. Y éste es el misterio de Jesús: tomar sobré si nuestras suciedades, nuestras cosas impuras. Pablo lo dice bien: ‘Siendo igual a Dios, no estimó un bien irrenunciable esta divinidad; se rebajó a sí mismo’. Y después Pablo va más allá: ‘Se hizo pecado’. Jesús se hizo pecado. Jesús se ha excluido, ha tomado sobre sí la impuridad para acercarse a nosotros”.
Jesús incluye
El pasaje del Evangelio contiene también la invitación que Jesús hace al leproso curado: “No se lo digas a nadie; ve, en cambio, a mostrarte al sacerdote y presenta la oferta establecida por Moisés como testimonio para ellos”. El Papa subrayó que para Jesús, además de la proximidad, en esto es fundamental la inclusión:
“Tantas veces pienso que sea, no digo imposible, pero muy difícil hacer el bien sin ensuciarse las manos. Y Jesús se ensució. Cercanía. Y además va más allá. Le dijo: ‘Ve a lo de los sacerdotes y haz lo que  se debe hacer cuando un leproso es curado’. A aquel que estaba excluido de la vida social, Jesús lo incluye: incluye en la Iglesia, incluye en la sociedad… ‘Vete para que todas las cosas sean como deben ser’. Jesús no margina jamás a nadie. Se margina a sí mismo para incluir a los marginados, para incluirnos a nosotros, pecadores, marginados, con su vida”.
Cercanía quiere decir tender la mano
El Papa puso de relieve el estupor que Jesús suscita con sus afirmaciones y con sus gestos. “Cuánta gente – comentó el Santo Padre  – siguió a Jesús en aquel momento” y “sigue a Jesús en la historia porque se siente maravillada al oírle hablar”:
“Cuánta gente mira desde lejos y no entiende, no le interesa… Cuánta gente mira desde lejos pero con corazón malo, para poner a prueba a Jesús, para criticarlo, para condenarlo…  Y cuánta gente mira desde lejos  porque no tiene el coraje que ha tenido éste, ¡pero tiene tantas ganas de acercarse! Y en ese caso, Jesús ha tendido la mano, primero, pero en su ser, ha tendido la mano a todos, haciéndose uno de nosotros, como nosotros: pecador como nosotros pero sin pecado, pero sucio con nuestros pecados. Y ésta es la cercanía cristiana”.
Es una “bella palabra la de la cercanía”, concluyó Francisco. E invitó a hacer un examen de conciencia: “¿Yo sé acercarme?”. ¿“Tengo ánimo, tengo fuerza, tengo coraje de tocar a los marginados?”.
Una pregunta – dijo –  que también tiene que ver con “la Iglesia, las parroquias, las comunidades, los consagrados, los obispos, los sacerdotes, todos”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


jueves, 25 de junio de 2015

Papa: No a los pastores que hablan demasiado y escuchan poco

La gente sabe cuándo un pastor tiene esa coherencia que le da autoridad. Es uno de los pasajes de la homilía del Papa Francisco durante la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta, centrada en la distinción entre los verdaderos predicadores delEvangelio y los “pseudo profetas”.
El pueblo sigue maravillado a Jesús porque Él enseña como uno que tiene autoridad y no como los escribas. Desarrollando su reflexión a partir del pasaje del Evangelio del día el Santo Padre observó que la gente percibe, sabe, “cuando un sacerdote, un obispo, un catequista o un cristiano tiene esa coherencia que le da autoridad”. Jesús – dijo el Papa – “pone en guardia a sus discípulos” ante los “falsos profetas”. Y después les explicó cómo hacer para comprender “dónde están los verdaderos profetas y dónde los pseudo profetas”; “dónde están los verdaderos predicadores del Evangelio y dónde los que predican un Evangelio que no es Evangelio”.
Hablar, hacer y escuchar
El Papa también afirmó que hay tres palabras-clave para entender esto: “Hablar, hacer y escuchar”. Ante todo – advirtió retomando la admonición de Jesús – “No cualquiera que me dice: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos”:
“Estos hablan, hacen, pero les falta otra actitud, que es precisamente la base, que es precisamente el fundamento del hablar, del hacer: les falta escuchar. Por tanto, prosigue Jesús: ‘Quien escucha estas palabras mías y las pone en práctica: el binomio hablar-hacer no es suficiente… nos engaña, tantas veces nos engaña. Y Jesús cambia y dice: el binomio es el otro, escuchar y hacer, poner en práctica: ‘Quien escucha mis palabras y las pone en práctica será semejante a un hombre sabio que ha construido su casa sobre la roca’”.
Estar atentos ante los “pseudo profetas”
En cambio – prosiguió diciendo el Papa – “el que escucha las palabras pero no las hace suyas, las deja pasar, es decir no escucha seriamente y no las pone en práctica, será como aquel que edifica su casa sobre la arena”. Y – añadió –  “conocemos el resultado”:
“Cuando Jesús pone en guardia a la gente de los ‘pseudo profetas’, dice: ‘Por sus frutos los conocerán’. Y aquí, de su actitud: tantas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la palabra de Dios y estos son los ‘pseudo cristianos’, los ‘pseudo pastores’. Es  verdad, hacen cosas buenas, es verdad, pero les falta la roca”.
Los pastores mundanos hablan demasiado y escuchan poco
Les falta – especificó Francisco – “la roca del amor de Dios, la roca de la Palabra de Dios”. Y sin esta roca –  advirtió – “no pueden profetizar, no pueden construir: aparentan, porque al final todo se derrumba”. “Son  – dijo el Santo Padre  – los  ‘pseudo pastores’, los pastores mundanos; también los pastores o los cristianos que hablan demasiado, tienen miedo del silencio, quizá hacen demasiado”. Pero no son capaces de escuchar, hacen lo que dicen, hacen de lo propio, pero no de Dios”:
“Recordemos estas tres palabras, son un signo: hacer, escuchar, hablar. Uno que sólo habla y hace, no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo: no está sobre la roca del amor de Dios, no está firme como la roca. Uno que sabe escuchar y de la escucha hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la propia, ese permanece firme. Si bien sea una persona humilde, que no parece importante, ¡pero cuántos de estos grandes hay en la Iglesia! ¡Cuántos obispos grandes, cuántos sacerdotes grandes, cuántos fieles grandes que saben escuchar y de la escucha hacen!”
Un ejemplo de nuestros días – dijo también el Papa –  es la Madre Teresa de Calcuta que “no hablaba, y en el silencio ha sabido escuchar” y “¡ha hecho tanto! No se derrumbó ni ella, ni su obra”. “Los grandes – añadió Francisco  – saben escuchar y de la escucha hacen porque su confianza y su fuerza está en la roca del amor de Jesucristo”.
“Que la debilidad de Jesús, que de fuerte se hizo débil para hacernos fuertes  –concluyó el Papa – nos acompañe en esta celebración y nos enseñe a escuchar y a hacer de la escucha, no de nuestras palabras”.

(María Fernanda Bernasconi - RV)

DAD GRACIAS AL SEÑOR PORQUE ES BUENO

Del Salmo 105:

Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
¿Quién podrá contar las hazañas de Dios,
pregonar toda su alabanza?

Dad gracias al Señor porque es bueno

Dichosos los que respetan el derecho
y practican siempre la justicia.
Acuérdate de mí por amor a tu pueblo.

Dad gracias al Señor porque es bueno

Visítame con tu salvación:
para que vea la dicha de tus escogidos,
y me alegre con la alegría de tu pueblo,
y me gloríe con tu heredad.

Dad gracias al Señor porque es bueno

Por la fe y el amor a los hijos hay esposos que siguen dando testimonio de fidelidad al vínculo conyugal, dijo el Papa en la Catequesis

“Por nuestras familias, especialmente por los que pasan por dificultades, para que sepan superar y sanar siempre las heridas que causan división y amargura”, pidió el Obispo de Roma el miércoles 24 de junio de 2015.

En otra Catequesis más sobre la familia el Papa, que anteriormente había considerado la fragilidad de la familia con la pobreza, la enfermedad y la muerte, esta vez propuso reflexionar sobre las heridas que se producen en la misma convivencia familiar. “Se trata –dijo- de palabras, acciones y omisiones que, en vez de expresar amor, hieren los afectos más queridos, provocando profundas divisiones entre sus miembros, sobre todo entre el marido y la mujer”.

Francisco afirmó que “si estas heridas no se curan a tiempo se agravan y se transforman en resentimiento y hostilidad, que recae sobre los hijos. Cuando los adultos pierden la cabeza y cada uno piensa en sí mismo; cuando los padres se hacen daño, el alma de los niños sufre marcándolos profundamente”. Y explicó que esto es así porque “en la familia todo está entrelazado. Los esposos son ‘una sola carne’, de tal manera que todas las heridas y abandonos afectan a la carne viva que son sus hijos. Así se entienden las palabras de Jesús sobre la grave responsabilidad de custodiar el vínculo conyugal, que da origen a la familia”.

El Sucesor de Pedro expresó que “en algunos casos, la separación es inevitable, precisamente para proteger al cónyuge más débil o a los hijos pequeños”. Pero que no faltan “los casos en que los esposos, por la fe y el amor a los hijos, siguen dando testimonio de su fidelidad al vínculo en el que han creído”. jesuita Guillermo Ortiz - RADIO vATICANA

SEÑOR, TÚ ME SONDEAS Y ME CONOCES


Del Salmo 138: 

Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Señor, Tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.


Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma.


Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente

No desconocías mis huesos,
cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra.



Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente
News.va

miércoles, 24 de junio de 2015

Tal día como hoy, nacía Juan de la Cruz



Tal día como hoy, en 1542, según la tradición, nació Juan de Yepes, quien, andado el tiempo, sería el carmelita Juan de la Cruz. Así figura en una inscripción:

«En esta pila se bautizó el Místico Doctor San Juan de la Cruz, primer Carmelita Descalzo, lustre y honra de esta nobilísima Villa de Fontiveros por haber sido natural de ella. Nació el año de 1542 a 24 de Junio. Murió el año de 159 a 14 de Diciembre. Hízose siendo cura el Licenciado José Velado año de 1680»

Carlos Osoro: "Si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios"

"Si no existiese Dios, no habría ateos". Carlos Osoro se presentó anoche en un lugar cuando menos atípico para un obispo. "No soy torero pero he predicado en una plaza de toros. Nunca me imaginé en un teatro y aquí estoy, encantado". El arzobispo de Madrid participó en la sala Pérez Galós del Teatro Español en la segunda edición de "Voces de Madrid", un proyecto que quiere sentar en el escenario a personajes de la vida pública para hablar y escuchar.
El moderador, Ignacio García May, reconoció no esperar nunca que un obispo llegara al estrado. Osoro se ganó enseguida al público, recordando su vocación y reivindicando la normalidad de ser cristiano, y el deber de confrontar la fe en la sociedad. De modo pacífico e incluyente, pues "si hacemos de la fe una espada contra los demás, no hemos entendido a Dios".
"El peregrino", apodo que le puso el Papa Francisco ("y mi amigo Jesús Bastante, que está aquí", señaló, indicando a este ruborizado cronista) se calificó como "un nómada permanente", y justificó la verdad del término que lo califica. "Madrid no se puede conocer desde mi despacho". Anoche, en el centro de un escenario, acompañado por un piano y una escenografía propia de un cabaret, con mesas redondas, sillas y un granizado.
"El Dios en quien yo creo ha dado al hombre la tierra para que pueda vivir compartiéndola", pues "hablar de Dios supone dedicarse al ser humano. Dios no nos anula ni nos distancia de los demás", aclaró.
"El cristianismo es un bien social, porque a mí me enseña a respetar al otro", apuntó el obispo, quien incidió en que "tenemos que vivir para los demás. Si creo en Dios, no puedo hacer otra cosa. Y creer no estorba a los demás". De hecho, muchos de sus amigos "no creen ni en las aspirinas, pero cuando necesitan consejo ahí estoy. Y nunca nos hemos abandonado".
"A mí ser obispo me ha ensanchado el corazón", confesó Carlos Osoro, quien mostró su objetivo de "ser pastor de todos, y acercarme a las personas no por lo que tienen, sino por lo que son". Confesó que le costó mucho abandonar Valencia, y que "el acto de obediencia más grande de mi vida ha sido tener que venir a Madrid. Por eso, me entrego totalmente".

Pese a todo lo que está cayendo, Osoro es optimista: "Éste es un tiempo de gran esperanza, porque el ser humano está necesitado de una Buena Noticia; que Dios le quiere y no pasa de nadie", concluyó. Cayó el telón, y los aplausos. Y otro mito: el de ver a un obispo ante las tablas.