lunes, 9 de febrero de 2015

¿Custodiar la Creación es de los ‘verdes’? ¡No, es cristiano!

Los cristianos están llamados a custodiar la Creación. Lo subrayó el Papa Francisco en la misa matutina en la casa deSanta Marta. El Pontífice reflexionó sobre la “segunda creación” obrada por Jesús que ha “recreado” lo que había sido arruinado por el pecado.Dios crea el universo pero la creación no termina, “Él continuamente sostiene aquello que ha creado”. El Papa ha desarrollado su homilía deteniéndose en el pasaje del Génesis, en la Primera Lectura, que narra la creación del universo. En el Evangelio del día, dijo, vemos “la otra creación de Dios”, “aquella de Jesús que viene a re-crear aquello que había sido arruinado por el pecado”.

¿Cómo respondemos a la creación de Dios?

Vemos a Jesús entre la gente, dijo, y “quienes lo tocaban eran salvados”: es la “recreación”.Esta ‘segunda creación’ – explicó Francisco – es más maravillosa que la primera; este segundo trabajo es más maravilloso”. Al final “hay otro trabajo”, aquel de la “perseverancia en la fe” que lo hace el Espíritu Santo:

“Dios trabaja, continúa trabajando y nosotros podemos preguntarnos cómo debemos responder a esta creación de Dios, que nació del amor, porque Él trabaja por amor. A la ‘primera creación’ debemos responder con la responsabilidad que el Señor nos da: ‘La Tierra es vuestra, llévenla adelante, domínenla, háganla crecer’. También nosotros tenemos la responsabilidad de hacer crecer la Tierra, de hacer crecer la Creación, de custodiarla y hacerla crecer según sus leyes. Nosotros somos señores de la Creación, no dueños”.

Custodiar la Creación es deber del cristiano


El Papa advirtió que debemos “tener cuidado de no adueñarnos de la Creación, sino de hacerla seguir adelante, fieles a sus leyes”. Por lo tanto – agregó – “ésta es la primera respuesta al trabajo de Dios: trabajar para custodiar la Creación”:
“Cuando nosotros escuchamos que la gente hace reuniones para pensar en cómo custodiar la Creación, podemos decir: ‘pero no, ¡son los verdes!’. ¡No, no son los ‘verdes’! ¡Esto es cristiano! Es nuestra respuesta a la ‘primera creación de Dios. Es nuestra responsabilidad. Un cristiano que no custodia la Creación, que no la hace crecer, es un cristiano al cual no le importa el trabajo de Dios, aquel trabajo nacido del amor de Dios por nosotros. Y ésta es la primera respuesta a la primera Creación: custodiar la Creación, hacerla crecer”.

Dejémonos reconciliar con Jesús

Francisco se preguntó cómo respondemos “a la segunda creación”. San Pablo – recordó – nos dijo que nos dejemos “reconciliar con Dios”, “recorrer el camino de la reconciliación, de lareconciliación comunitaria, porque la reconciliación es obra de Cristo”. Y luego, recordando al Apóstol de los Gentiles, el Pontífice dijo que no debemos entristecer al Espíritu Santo que está en nosotros, que está dentro de nosotros y trabaja dentro de nosotros. Y agregó: nosotros “creemos en un Dios personal”: “es persona Padre, persona Hijo y persona Espíritu Santo”:

“Y los tres están involucrados en esta Creación, en esta re-creación, en esta perseverancia en la re-creación. Y a los tres respondemos: custodiar y hacer crecer la Creación, dejarnos reconciliar con Jesús, con Dios en Jesús, en Cristo, cada día, y no entristecer al Espíritu Santo, no echarlo: es el huésped de nuestro corazón, aquel que nos acompaña, nos hace crecer”.
“Que el Señor – concluyó el Obispo de Roma – nos dé la gracia de entender que Él está obrando y nos dé la gracia de responder justamente a este trabajo de amor”.
(María Cecilia Mutual – RV)

BENDICE, ALMA MÍA AL SEÑOR


Del Salmo 103:
Bendice, alma mía, al Señor
Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto.

Bendice, alma mía, al Señor
Asentaste la tierra sobre sus cimientos,
y no vacilará jamás;
la cubriste con el manto del océano,
y las aguas se posaron sobre las montañas.

Bendice, alma mía, al Señor
De los manantiales sacas los ríos,
para que fluyan entre los montes;
junto a ellos habitan las aves del cielo,
y entre las frondas se oye su canto.

. Bendice, alma mía, al Señor

SANA A LOS ENFERMOS

Evangelio según San Marcos 6,53-56.

En aquel tiempo, cuando Jesús y sus discípulos terminaron la travesía, tocaron tierra en Genesaret, y atracaron. Apenas desembarcados, algunos lo reconocieron, y se pusieron a recorrer toda la comarca; cuando la gente se enteraba de dónde estaba Jesús, le llevaba los enfermos en camillas. 

En la aldea o pueblo o caserío donde llegaba, colocaban a los enfermos en la plaza, y le rogaban que les dejase tocar al menos el borde de su manto; y los que lo tocaban se ponían sanos.

Enfermos, camino privilegiado para encontrar a Cristo: el Papa en el Ángelus

Al rezar la oración del Ángelus en el V domingo del tiempo ordinario, con los miles de fieles y peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco se refirió al pasaje del Evangelio de Marcos que nos muestra a Jesús dedicado a curar a tantos enfermos.
Predicar y curar: ésta es la actividad principal de Jesús en su vida pública, afirmó el Pontífice, de este modo “Él anuncia el Reino de Dios y con las curaciones demuestra que nos está cerca, está en medio de nosotros”.

Francisco destacó que Jesús, que vino al mundo para anunciar y salvar a todos los hombres “muestra una particular predilección por aquellos que están heridos en el cuerpo y en el espíritu: los pobres, los pecadores, lo endemoniados, enfermos y marginados rebelándose medico de almas y cuerpo, buen samaritano del hombre”
“Tal realidad de la curación de los enfermos por parte de Cristo – dijo – nos invita a reflexionar sobre el sentido y el valor de la enfermedad. A esto nos llama la Jornada Mundial del Enfermo, que celebraremos el próximo miércoles 11 de febrero, memoria liturgia de la Beata Virgen María de Lourdes”. Y prosiguió: “Bendigo las iniciativas preparadas para esta Jornada, en particular la Vigilia que tendrá lugar en Roma en la tarde del 10 de febrero”.
El Obispo de Roma explicó que esta obra salvífica de Cristo “continúa mediante la Iglesia, sacramento del amor y de la ternura de Dios por los hombres. Jesús, enviando en misión a sus discípulos – continuó – les confiere un doble mandato: anunciar el Evangelio de la salvación y curar a los enfermos (cfr Mt 10,7-8). Por ello, “la Iglesia siempre ha considerado la asistencia a los enfermos parte integrante de su misión” y “considera a las personas enfermas como una vía privilegiada para encontrar a Cristo, para acogerlo y servirlo”.
Cada uno de nosotros, dijo el Pontífice, está llamado a llevar la luz del Evangelio y la fuerza de la gracia a aquellos que sufren y a cuantos los asisten, familiares, médicos, enfermeros, para que su servicio al enfermo sea cumplido siempre con más humanidad, con dedicación generosa, con amor evangélico.
Francisco concluyó pidiendo a la Madre de Dios, “Salud de los enfermos”, para que toda persona en la enfermedad pueda experimentar, gracias a la atención de quien le está cerca, la potencia del amor de Dios y la consolación de su ternura paternal.
(MCM – RV)

domingo, 8 de febrero de 2015

RETIRARSE A ORAR

Mc 1, 29-39
En medio de su intensa actividad de profeta itinerante, Jesús cuidó siempre su comunicación con Dios en el silencio y la soledad. Los evangelios han conservado el recuerdo de una costumbre suya que causó honda impresión: Jesús solía retirarse de noche a orar.
El episodio que narra Marcos nos ayuda a conocer lo que significaba la oración para Jesús. La víspera había sido una jornada dura. Jesús «había curado a muchos enfermos». El éxito había sido muy grande. Cafarnaúm estaba conmocionada: «La población entera se agolpaba» en torno a Jesús. Todo el mundo hablaba de él.
Esa misma noche, «de madrugada», entre las tres y las seis de la mañana, Jesús se levanta y, sin avisar a sus discípulos, se retira al descampado. «Allí se puso a orar». Necesita estar a solas con su Padre. No quiere dejarse aturdir por el éxito. Solo busca la voluntad del Padre: conocer bien el camino que ha de recorrer.
Sorprendidos por su ausencia, Simón y sus compañeros corren a buscarlo. No dudan en interrumpir su diálogo con Dios. Solo quieren retenerlo: «Todo el mundo te busca». Pero Jesús no se deja programar desde fuera. Solo piensa en el proyecto de su Padre. Nada ni nadie lo apartará de su camino.
No tiene ningún interés en quedarse a disfrutar de su éxito en Cafarnaúm. No cederá ante el entusiasmo popular. Hay aldeas que todavía no han escuchado la Buena Noticia de Dios: «Vamos... para predicar también allí».
Uno de los rasgos más positivos en el cristianismo contemporáneo es ver cómo se va despertando la necesidad de cuidar más la comunicación con Dios, el silencio y la meditación. Los cristianos más lúcidos y responsables quieren arrastrar a la Iglesia de hoy a vivir de manera más contemplativa.

Es urgente. Los cristianos, por lo general, ya no sabemos estar a solas con el Padre. Los teólogos, predicadores y catequistas hablamos mucho de Dios, pero hablamos poco con él. La costumbre de Jesús se olvidó hace mucho tiempo. En las parroquias se hacen muchas reuniones de trabajo, pero no sabemos retirarnos para descansar en la presencia de Dios y llenarnos de su paz.
Cada vez somos menos para hacer más cosas. Nuestro riesgo es caer en el activismo, el desgaste y el vacío interior. Sin embargo, nuestro problema no es tener muchos problemas, sino no tener la fuerza espiritual necesaria para enfrentarnos a ellos.

José Antonio Pagola

sábado, 7 de febrero de 2015

Como ovejas sin pastor


Evangelio según San Marcos 6,30-34.

Los Apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.

El les dijo: "Vengan ustedes solos a un lugar desierto, para descansar un poco". Porque era tanta la gente que iba y venía, que no tenían tiempo ni para comer.

Entonces se fueron solos en la barca a un lugar desierto.
Al verlos partir, muchos los reconocieron, y de todas las ciudades acudieron por tierra a aquel lugar y llegaron antes que ellos.

Al desembarcar, Jesús vio una gran muchedumbre y se compadeció de ella, porque eran como ovejas sin pastor, y estuvo enseñándoles largo rato.
News. va

ENTENDAMOS LA GRACIA DE DIOS. SAN AGUSTÍN

El motivo por el cual el Apóstol escribe a los gálatas es su deseo de que entiendan que la gracia de Dios hace que no estén ya sujetos a la ley. En efecto, después de haberles sido anunciada la gracia del Evangelio, no faltaron algunos, provenientes de la circuncisión, que, aunque cristianos, no habían llegado a comprender toda la gratuidad del don de Dios y querían continuar bajo el yugo de la ley... Lo único que quita el pecado es el don gratuito de la fe, que actúa por el amor. Ellos pretendían que los gálatas, beneficiarios ya de este don gratuito, se sometieran al yugo de la ley, asegurándoles que de nada les serviría el Evangelio si no se circuncidaban y no observaban las demás prescripciones rituales del judaísmo. [...]

El apóstol Pedro había cedido ante el escándalo de aquellos hombres, hasta llegar a la simulación, como si él pensara también que en nada aprovechaba el Evangelio a los gentiles si no cumplían los preceptos de la ley; de esta simulación le hizo volver atrás el apóstol Pablo, como explica él mismo en esta carta.

La misma cuestión es tratada en la carta a los Romanos. No obstante, parece que hay alguna diferencia entre una y otra, ya que en la carta a los Romanos dirime la misma cuestión y pone fin a las diferencias que habían surgido entre los cristianos procedentes del judaísmo y los procedentes de la gentilidad; mientras que en esta carta a los Gálatas escribe a aquellos que ya estaban perturbados por la autoridad de los que procedían del judaísmo y que los obligaban a la observancia de la ley. Influenciados por ellos, empezaban a creer que la predicación del apóstol Pablo no era auténtica, porque no quería que se circuncidaran. Por esto, Pablo empieza con estas palabras: Me sorprende que tan pronto hayáis abandonado al que os llamó a la gracia de Cristo, y os hayáis pasado a otro evangelio.

Con este exordio, insinúa, en breves palabras, el meollo de la cuestión. Aunque también lo hace en el mismo saludo inicial, cuando afirma de sí mismo que es enviado no de hombres, nombrado apóstol no por un hombre, afirmación que no encontramos en ninguna otra de sus cartas. Con esto demuestra suficientemente que los que inducían a tales errores lo hacían no de parte de Dios, sino de parte de los hombres; y que, por lo que atañe a la autoridad de la predicación evangélica, ha de ser considerado igual que los demás apóstoles, ya que él tiene la certeza de que es apóstol no de parte de los hombres ni por mediación de hombre alguno, sino por Jesucristo y por Dios Padre.


Del comentario de san Agustín, obispo, sobre la carta a los Gálatas
News.va

Papa: Muchos cristianos también hoy víctimas de gente que odia a Jesucristo

El martirio de los cristianos no es una cosa del pasado, muchos de ellos son víctimas también hoy “de gente que odia a Jesucristo”. Es la sufrida constatación de Papa Francisco en la homilía de la misa matutina en la Casa de Santa Marta, después de una meditación intensa sobre la vida y la muerte de Juan el Bautista. 
La parábola de “Juan el Grande” en primer plano y, apenas detrás, el dolor agudo por los muchos cristianos que aún hoy son llevados al matadero porque su vida anuncia la de un Dios que otros odian. Es una de las homilías de Santa Marta más conmovedoras la que propone el Papa siguiendo el pasaje del Evangelio de Marcos, que cuenta la trágica muerte de Juan el Bautista. Él – subrayó el Pontífice – que “nunca traicionó su vocación”, “consciente que su deber era sólo proclamar” la “proximidad del Mesías” – consciente de ser “sólo la voz”, porque “la Palabra era Otro” – “termina su vida como el Señor, con el martirio”.
Juan víctima de un rey corrupto
Es sobre todo cuando termina en la cárcel por mano de Herodes Antipas que “el hombre más grande nacido de mujer” se hace, observa el Papa, “pequeño, pequeño, pequeño”, golpeado primero por la prueba de “la oscuridad del alma” – cuando duda que Jesús sea aquel a quien ha preparado el camino – y luego cuando llega para él el momento final, ordenado por un rey fascinado y desconcertado al mismo tiempo por Juan. Una orden que el Papa se detiene a considerar con realismo:
“Al final, después de esta purificación, después de este descenso continuo en la anonadación, haciendo camino a la anonadación de Jesús, termina su vida. Ese rey desconcertado es capaz de tomar una decisión, pero no porque su corazón se haya convertido, sino porque el vino le ha dado coraje. Y así Juan termina su vida bajo la autoridad de un rey mediocre, borracho y corrupto, por el capricho de una bailarina y el odio vengativo de una adúltera. Así termina el Grande, el hombre más grande nacido de mujer”.
Cristianos odiados también hoy
“Cuando leo este pasaje – afirmó el Papa – les confieso que me conmuevo” y pienso siempre en “dos cosas”:
“En primer lugar, pienso en nuestros mártires, en los mártires de nuestros días, los hombres, las mujeres, los niños que son perseguidos, odiados, expulsados de sus hogares, torturados, masacrados. Y esto no es una cosa del pasado: esto sucede hoy. Nuestros mártires, que terminan sus vidas bajo la autoridad  corrupta de gente que odia a Jesucristo. Nos hará bien pensar en nuestros mártires. Hoy pensamos en Pablo Miki, pero eso sucedió en el 1600. ¡Pensemos en los de hoy! En los del 2015”.
Nadie tiene la vida “comprada”
Por otra parte, continuó el Santo Padre, este abajarse de Juan el Grande “continuamente hasta la nada” me hace pensar, “que estamos en este camino y vamos hacia la tierra, donde todos acabaremos”. Me hace pensar en “mí mismo”:
“También yo acabaré. Todos nosotros acabaremos. Nadie tiene la vida ‘comprada’. Nosotros también, queriendo o no queriendo, vamos por el camino de la anonadación existencial de la vida, y esto, al menos a mí, me hace rezar para que esta anonadación se parezca lo más posible a Jesucristo, a su anonadación”.
(GM - RV)

jueves, 5 de febrero de 2015

Las caricaturas contra Mahoma no tienen nada que ver con el cristianismo`


El ministro jordano de Asuntos Religiosos, Hayel Dawoud, ha afirmado este lunes que las acciones terroristas del autoproclamado Estado Islámico "no tienen nada que ver con el Islam", del mismo modo que "las caricaturas del profeta Mahoma no tienen nada que ver con el cristianismo, y las políticas sionistas perseguidas por los colonos no tienen nada que ver con la religión judía". 

Durante un discurso pronunciado en Amán, en el marco de la Conferencia sobre "El amor y el perdón" , un encuentro interreligioso promovido por el Royal Institute for Inter-Faith Studies en Jordania y el Salam Institute for Peace and Justice en Washington, Dawoud ha lamentado los ataques contra iglesias y objetivos cristianos, que en diversas partes del mundo se han realizado en represalia a las nuevas caricaturas de Mahoma publicadas por la revista Charlie Hebdo, la publicación satírica francesa que en varias ocasiones ha publicado también dibujos blasfemos y ofensivos contra la fe cristiana. 

Así, el ministro del Reino Hachemita de Jordania ha advertido sobre la distancia insalvable que separa a las llamadas religiones del libro o abrahámicas de las manipulaciones e ideologías violentas e intolerantes. Ya que, la tolerancia y la capacidad de perdonar son promovidas y apoyadas por el judaísmo, cristianismo e islamismo, y "los seguidores de estas religiones, que rechazan estos conceptos, causan vergüenza y escándalo a su propia religión". 

Para sus promotores, la iniciativa "tiene como objetivo destacar ejemplos positivos de solidaridad, amor, y actos de compasión entre musulmanes y cristianos de las sociedades de los Estados Unidos y Oriente Medio con el fin de romper con los estereotipos y brindar esperanza y optimismo a la generación más joven y al público en general". Además, "va a construir y mantener relaciones sostenibles entre los líderes religiosos de ambas sociedades". 

En el encuentro, que ha tenido lugar los días 2 y 3 de febrero en el Century Park Hotel, han participado académicos, religiosos, periodistas y trabajadores sociales de Jordania, Palestina, Egipto, Sudán, Líbano y Estados Unidos. 

Una vez finalizada la Conferencia, este miércoles se celebrarán una serie de charlas públicas sobre el perdón por parte de los invitados y los notables locales en el Monte Nebo y la Mezquita de Jesús en Madaba.
Fuente: Zenit

Iglesia pobre, el Evangelio no es teología de la prosperidad: el Papa en su homilía



La Iglesia debe anunciar el Evangelio en pobreza y quien lo anuncia debe tener como único objetivo el de aliviar las miserias de los más pobres, sin olvidar jamás que este servicio es obra del Espíritu Santo y no de fuerzas humanas. Es el pensamiento del Papa en la homilía en la misa matutina en la casa de Santa Marta.
Curar, levantar, liberar. Echar a los demonios. Y luego reconocer con sobriedad “he sido un obrero del Reino”. Esto es lo que debe hacer y decir de sí mismo un ministro de Cristo cuando pasa a curar a los tantos heridos que esperan en los pasillos de la Iglesia “hospital de campo”. El concepto importante para Francisco vuelve en su reflexión de la mañana, dictada por el pasaje del Evangelio de día en el cual Jesús envía a sus discípulos de dos en dos a los poblados a predicar, curar a los enfermos y echar a los “espíritus impuros”.
Curar las heridas del corazón
La mirada del Papa se centra en la descripción que Jesús hace del estilo que tienen que asumir sus enviados al pueblo: personas que  no ostenten  - no lleven “ni pan, ni bolsa, ni dinero en la cintura”, les dijo. Esto porque el Evangelio, afirma el Papa, “debe ser anunciado en pobreza”, porque “la salvación no es una teología de la prosperidad”. Es solamente y nada más que el “buen anuncio” de liberación llevado a todo oprimido:
“Ésta es la misión de la Iglesia: la Iglesia que sana, que cura. Algunas veces, he hablado de la Iglesia como hospital de campo. Es verdad: ¡cuántos heridos hay, cuántos heridos! ¡Cuánta gente necesita que sus heridas sean curadas! Ésta es la misión de la Iglesia: curar las heridas del corazón, abrir puertas, liberar, decir que Dios es bueno, que Dios perdona todo, que Dios es Padre, que Dios es tierno, que Dios nos espera siempre”.
Celo apostólico, no compromiso de Ong
Desviar de la esencialidad de este anuncio abre al riesgo – tantas veces advertido  por el Papa Francisco – de tergiversar la misión de la Iglesia, por lo cual el compromiso profuso para aliviar las diversas formas de miseria se vacía de la única cosa que cuenta: llevar a Cristo a los pobres, a los ciegos, a los prisioneros:
“Es verdad, nosotros debemos buscar ayuda y crear organizaciones que ayuden en esto: aquello sí, porque el Señor nos da los dones para esto. Pero cuando olvidamos esta misión, olvidamos la pobreza, olvidamos el celo apostólico y ponemos la esperanza en estos medios, la Iglesia lentamente cae en una Ong y se transforma en una bella organización: potente, pero no evangélica, porque falta aquel espíritu, aquella pobreza, aquella fuerza para curar”.
Discípulos “trabajadores del Reino”
Los discípulos vuelven felices de su misión y el Papa recuerda que Jesús los lleva a descansar un poco. No obstante, el Papa subraya:
“…no les dijo: ‘pero ustedes son grandes, en la próxima salida organicen mejor las cosas…’ Solamente les dice: ‘Cuando hayan hecho todo lo que deben hacer, díganse a sí mismos: somos siervos inútiles’. Éste es el apóstol. ¿Y cuál sería la gloria más grande para un apóstol? ‘Ha sido un obrero del Reino, un trabajador del Reino’. Ésta es la gloria más grande, porque va en este camino del anuncio de Jesús: va a curar, a custodiar, a proclamar este buen anuncio y este año de gracia. A hacer que el pueblo encuentre al Padre, a llevar la paz al corazón de la gente”.

(MCM-RV)

miércoles, 4 de febrero de 2015

Un buen padre es mediador y custodio de la fe, dijo el Papa

 En su catequesis de la  audiencia general, celebrada el primer miércoles de febrero en el Aula Pablo VI del Vaticano, el Papa Francisco prosiguió sus reflexiones sobre la figura del padre, deteniéndose en su aspecto positivo y decisivo.
El Obispo de Roma recordó que toda familia necesita un padre; un padre que no se vanaglorie de que el hijo sea como él, sino que se alegre de que aprenda la rectitud y la sensatez, que es lo que cuenta en la vida; lo que constituirá – dijo – la mejor herencia que podrá transmitir al hijo.
De hecho el Papa destacó que un padre trata de enseñar lo que el hijo aún no sabe, corregir los errores que aún no ve, orientar su corazón, protegerlo en el desánimo y la dificultad. Y todo esto – dijo Francisco – con cercaníadulzura y una firmeza que no humilla.
El Pontífice también afirmó que para ser buen padre, ante todo hay que estar presente en la familia, compartiendo los gozos y las penas y acompañando a los hijos a medida que van creciendo.
Por eso recordó que la parábola evangélica del hijo pródigo nos muestra al padre que espera en la puerta de casa el regreso del hijo. Sabiendo esperar y perdonar. De ahí que hoy los hijos, al volver a casa con sus fracasos, necesiten a un padre que los espere, los proteja, los anime y les enseñe cómo seguir por el buen camino, aunque muchas veces no lo admitan.
Al saludar a los fieles y peregrinos procedentes de América Latina y de España, el Papa Bergoglio invitó a pedir al Señor que nunca falte en las familias la presencia de un buen padre, que sea mediador y custodio de la fe en la bondad, la justicia y la protección de Dios, como san José.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

"Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".



Evangelio según San Marcos 6,1-6.


Jesús salió de allí y se dirigió a su pueblo, seguido de sus discípulos.

Cuando llegó el sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga, y la multitud que lo escuchaba estaba asombrada y decía: "¿De dónde saca todo esto? ¿Qué sabiduría es esa que le ha sido dada y esos grandes milagros que se realizan por sus manos?

¿No es acaso el carpintero, el hijo de María, hermano de Santiago, de José, de Judas y de Simón? ¿Y sus hermanas no viven aquí entre nosotros?". Y Jesús era para ellos un motivo de tropiezo.

Por eso les dijo: "Un profeta es despreciado solamente en su pueblo, en su familia y en su casa".

Y no pudo hacer allí ningún milagro, fuera de curar a unos pocos enfermos, imponiéndoles las manos.

Y Él se asombraba de su falta de fe. Jesús recorría las poblaciones de los alrededores, enseñando a la gente.

No temas, basta que tengas fe

El gran filósofo y teólogo ruso P. Endokimov decía “nuestros padres en la fe cuando oían o escuchaban las escrituras, no leían textos, hablaban con Cristo”. Esta conciencia es importantísima cuando escuchamos hoy el pasaje de la resurrección de la hija de Jairo. La voz de Cristo nos dice: “ No temas, basta que tengas fe”.
Estas palabras animan con fuerza a Jairo, el jefe de la sinagoga. Jairo está destrozado con la enfermedad mortal de su hija. El galeno o médico de la comarca ha desahuciado a la niña dándole poco tiempo de vida. No hay nada que hacer. Jairo acude en búsqueda de Jesús el Nazareno que tiene fama de poseer el poder de Elías, el poder de Dios. No hay tiempo que perder, si la niña está enferma todavía Jesús podría curarla. Pero como ocurrirá con la muerte de Lázaro, Jesús se retarda, parece no llegar a tiempo. Ahora se entretiene por el camino curando a una mujer con hemorragias.
El culmen de la desesperación llega cuando los familiares de Jairo vienen a avisarle de que el desenlace de su hija ha llegado. Es ahí cuando Jesús nos dice: “no temas, basta que tengas fe”. Jesús “aprovechará” la muerte de la niña para dar un testimonio sorprendente: no es un profeta con el poder de curar o liberar demonios, es capaz de devolver la vida a un muerto. Muestra el poder de la vida y eso es tan divino como perdonar los pecados.
Hoy estas palabras son bálsamo para ti que no encuentras una solución a tu dilema, fuerza para el que ve que su trabajo no tiene la recompensa deseada, paz para quien tiene que enfrentarse a una grave operación, impulso para quien no encuentra el amor de su vida,… “basta que tengas fe”… “No os canséis, no perdáis el ánimo…”, seguid adelante, corriendo la carrera, dirá el autor de los hebreos. Porque aunque arrecie el mal y parezca ganar la partida, “quien busca el reino de Dios y su justicia, lo demás le vendrá por añadidura”.

Como aquel muchacho cristiano de Siria, que apresándole una milicia yihadista, le forzaron a renegar de su fe amenazándole con la muerte. Negándose a hacerlo, veía como le iban a despeñar por una colina para matarle. Pero mantuvo la fe, sin temor. Y en un momento de diálogo con sus ejecutores les dijo: “yo también quiero ser fiel a Dios”. Aquella frase que salió sorprendentemente de sus labios, tocó el corazón de uno de los jefecillos del grupo, pues su hermano había muerto en una revuelta religiosa enarbolando una pancarta que decía eso mismo: “yo también quiero ser fiel a Ala”. Este chico recuperó su vida, pero lo increíble de su testimonio es que mantuvo la fe.
Archidiócesis de Madrid

martes, 3 de febrero de 2015

El Evangelio al alcance de la mano

Leer cada día una página del Evangelio durante «diez, quince minutos y no más», teniendo «fija la mirada en Jesús» para «imaginarme en la escena y hablar con Él, como surge de mi corazón»: estas son las características de la «oración de contemplación», auténtica fuente de esperanza para nuestra vida. Es la sugerencia dada por el Papa durante la misa que celebró el martes 3 de febrero, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta.
En la primera lectura, destacó el Papa Francisco, «el autor de la Carta a los Hebreos (12, 1-4) hace memoria de los primeros días después de la conversión, después del encuentro con Jesús, y hace memoria también de nuestros padres: “Cuánto sufrieron a lo largo del camino”». Precisamente «mirando a estos padres dice que también nosotros estamos rodeados de “una nube tan ingente de testigos”». Así, pues, «es el testimonio de nuestros antepasados» que «él trae a la memoria». Y «hace referencia también a nuestra experiencia, cuando éramos muy felices en el primer encuentro con Jesús». Esta «es la memoria, de la que hemos hablado como una referencia de la vida cristiana».
Pero hoy, destacó el Papa, «el autor de la Carta habla de otra referencia, es decir, de la esperanza». Y «nos dice que debemos tener el valor de seguir adelante: “Corramos, con constancia, en la carrera que nos toca”». Luego «dice cuál es precisamente el núcleo de la esperanza: “teniendo fijos los ojos en Jesús”». He aquí el punto: «si nosotros no tenemos la mirada fija en Jesús difícilmente podremos tener esperanza». Tal vez «podremos tener optimismo, ser positivos, ¿pero la esperanza?».
Por lo demás, explicó el Papa Francisco, «la esperanza se aprende sólo mirando a Jesús, contemplando a Jesús; se aprende con la oración de contemplación». Y «de esto quiero hablar hoy» confesó, alimentando su reflexión a través de una pregunta: «Os puedo preguntar: ¿cómo rezáis?». Alguno, dijo, podría responder: «Yo, padre, rezo las oraciones que aprendí siendo niño». Y comentó: «Está bien, eso es bueno». Algún otro podría añadir: «Rezo también el rosario, pero todos los días». Y el Papa: «Es bueno rezar el rosario todos los días». Por último está quien podría decir: «Hablo también con el Señor, cuando tengo una dificultad, o con la Virgen o con los santos...». Y también «esto es bueno».
Ante todo esto el Pontífice hizo otra pregunta: «Pero, ¿haces tú la oración de contemplación?». Un interrogante, tal vez, un poco desconcertante, tanto que alguno podría decir: «¿Qué es eso, padre? ¿Cómo es esa oración? ¿Dónde se compra? ¿Cómo se hace?». La respuesta del Papa Francisco es clara: «Se puede hacer sólo con el Evangelio en la mano». En concreto, sugirió, «tomas el Evangelio, eliges un pasaje, lo lees una vez, lo lees dos veces; imagina, como si tú vieses lo que sucede y contempla a Jesús».
Para dar una indicación práctica, el Papa tomó como ejemplo el pasaje del Evangelio de san Marcos (5, 21-43) propuesto por la liturgia, que «nos enseña muchas cosas hermosas». Partiendo de esta página, preguntó: «¿Cómo hago la contemplación con el Evangelio de hoy?». Y al compartir su experiencia personal, propuso una primera reflexión: «Veo que Jesús estaba en medio de la multitud, a su alrededor había mucha gente. Cinco veces dice este pasaje la palabra “multitud”. Pero, ¿Jesús no descansaba? Puedo pensar: ¡siempre con la gente! La mayor parte de su vida Jesús la pasó por la calle, con la multitud. ¿Y no descansaba? Sí, una vez: el Evangelio dice que dormía en la barca, pero sucedió que llegó la tormenta y los discípulos lo despertaron. Jesús estaba continuamente entre la gente». Por ello, sugirió el Papa, «se mira a Jesús así, contemplo a Jesús así, me imagino a Jesús así. Y le digo a Jesús lo que me viene en mente decirle».
El Papa Francisco continuó su meditación con estas palabras: «Luego, en medio de la multitud, estaba esa mujer enferma y Jesús se dio cuenta. ¿Cómo hace Jesús, en medio de tanta gente, para darse cuenta de que una mujer lo tocó?». Es Él mismo, en efecto, quien hace la pregunta directa: «¿Quién me ha tocado?». Por su parte, los discípulos dijeron a Jesús: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”». La cuestión, indicó el Papa, es que «Jesús no sólo comprende a la multitud, siente la multitud, siente el latido del corazón de cada uno de nosotros, de cada uno: nos cuida a todos, a cada uno, siempre».
El Papa, al seguir releyendo el pasaje de san Marcos, explicó que la misma situación se repite también cuando se acerca a Jesús «el jefe de la sinagoga, a contarle sobre su hija gravemente enferma. Y Él dejando todo se ocupa de esto: Jesús en lo grande y en lo pequeño, ¡siempre!». Luego, continuó, «podemos seguir adelante y ver cómo llega a la casa, ve todo el alboroto, a las mujeres llamadas para llorar cuando se vela un muerto: gritos, llantos». Pero Jesús dice: «Estad tranquilos: ¡duerme!». Ante estas palabras, alguno comenzó incluso a reírse de Él. Pero «Él permaneció en silencio» y con su «paciencia» logró soportar la situación, no responder a quienes se reían de Él.
El relato evangélico termina con «la resurrección de la niña». Y Jesús, «en lugar de decir: “¡Ánimo!”, les dice: “Por favor, dadle de comer”». Porque Jesús, es la conclusión del Papa, «tiene siempre pequeños detalles».
«Lo que hice con este Evangelio —explicó el Papa Francisco— es precisamente la oración de contemplación: tomar el Evangelio, leer e imaginarme la escena, imaginarme lo que sucede y hablar con Jesús, como surge del corazón». Y «así hacemos crecer la esperanza, porque tenemos fija la mirada en Jesús». De aquí la propuesta: «haced esta oración de contemplación». E incluso en medio de muchas ocupaciones, sugirió, se puede siempre encontrar el tiempo, tal vez quince minutos en casa: «Toma el Evangelio, un pasaje breve, imagina lo sucedido y habla con Jesús sobre eso». Así, «tu mirada estará fija en Jesús, y no tanto en la telenovela, por ejemplo; tu oído estará atento a las palabras de Jesús y no tanto a los comentarios del vecino, de la vecina».
«La oración de contemplación nos ayuda en la esperanza» y nos enseña a «vivir de la esencia del Evangelio», recordó el obispo de Roma. Por esto hay que «rezar siempre: rezar las oraciones, rezar el rosario, hablar con el Señor, pero también hacer esta oración de contemplación para tener nuestra mirada fija en Jesús». De aquí «viene la esperanza». Y así también «nuestra vida cristiana se mueve en ese marco, entre memoria y esperanza: memoria de todo el camino pasado, memoria de tantas gracias recibidas del Señor; y esperanza, mirando al Señor, que es el único que puede darme la esperanza». Y «para mirar al Señor, para conocer al Señor, tomemos el Evangelio y hagamos esta oración de contemplación».

Al concluir, el Papa Francisco volvió a proponer la experiencia de la oración de contemplación: «Hoy por ejemplo —sugirió— buscad diez minutos, quince y no más: leed el Evangelio, imaginad y decid algo a Jesús. Y nada más. Así, vuestro conocimiento de Jesús será más grande y vuestra esperanza crecerá. No olvidéis, teniendo fija la mirada en Jesús». Precisamente por esto se llama «oración de contemplación».

"¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".


Evangelio según San Marcos 5,21-43.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar.

Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: "Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se cure y viva".
Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados.

Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias.
Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor.
Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: "Con sólo tocar su manto quedaré curada".

Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba curada de su mal.
Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: "¿Quién tocó mi manto?".
Sus discípulos le dijeron: "¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?".
Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido.
Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad.
Jesús le dijo: "Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda curada de tu enfermedad".

Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: "Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?".
Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: "No temas, basta que creas".
Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba.

Al entrar, les dijo: "¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme".
Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba.
La tomó de la mano y le dijo: "Talitá kum", que significa: "¡Niña, yo te lo ordeno, levántate".
En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que le dieran de comer.