martes, 21 de octubre de 2014

¡PREDICAR A CRISTO HASTA LOS CONFINES DE LA TIERRA! HOMILÍA DEL PAPA PABLO VI EN MANILA


¡Ay de mi si no anuncio el Evangelio!. Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy Apóstol y Testigo. Cuanto más lejana está la meta, cuanto más difícil es el mandato, con tanta mayor vehemencia nos apremia el amor. Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios Vivo; Él es quien nos ha revelado al Dios Invisible, Él es el primogénito de toda criatura, y todo se mantiene en Él. Él es también el Maestro y Redentor de los hombres; Él nació, murió y resucitó por nosotros.

Él es el centro de la historia y del Universo; Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; Él, ciertamente, vendrá de nuevo y será finalmente nuestro Juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad.

Yo nunca me cansaría de hablar de Él; Él es la Luz, la Verdad, más aún, el Camino, y la Verdad y la Vida; Él el Pan y la fuente de agua viva que satisface nuestra hambre y nuestra sed, nuestro consuelo, nuestro hermano. Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el Nuevo Reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos.

Este es Jesucristo, de quien ya han oído hablar, al cual muchos de ustedes ya pertenecen, por vuestra condición de cristianos. A ustedes, cristianos, les repito su nombre, a todos se lo anuncio: Cristo Jesús es el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega, el Rey del mundo, la arcana y suprema Razón de la historia humana y de nuestro destino; Él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; Él es el hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito, y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del Cuerpo Místico.

¡JESUCRISTO! Recuérdenlo siempre: Él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos.


 HOMILÍA DEL PAPA PABLO VI EN MANILA - 29 de noviembre de 1970

Somos un pueblo unido en Jesús, recuerda Francisco

El cristiano es un hombre o una mujer que sabe esperar a Jesús y por esta razón es un hombre o una mujer de esperanza”. Lo reafirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa de la mañana, celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.

El Papa también dijo que con su sacrificio, Cristo nos ha hecho “amigos cercanos, en paz”. Personas que saben esperar y, en la espera, cultivan una sólida esperanza. Éstos son los cristianos, un pueblo unido por Jesús más allá de toda enemistad – explicó Francisco –; servido por Él y dotado de un nombre. El Santo Padre reflexionó inspirándose en el Evangelio de Lucas y en la Carta de san Pablo a los Efesios.
Ante todo, recordó, Cristo habla a sus discípulos comparándose con el patrón que regresa tarde, por la noche, de la fiesta de matrimonio y llama “bienaventurados” a los siervos que lo esperan despiertos y con las lámparas encendidas. En la escena siguiente Jesús se hace siervo de sus servidores, llevándoles la comida a la mesa.
El Papa Bergoglio observó que el primer servicio que el Maestro hace a los cristianos es darles “la identidad”. “Nosotros sin Cristo – dijo – no tenemos identidad”. Mientras destacando las palabras de Pablo a los paganos, el Papa dijo “recuerden que en aquel tempo estaban sin Cristo, excluidos de la ciudadanía de Israel”, y reafirmó que “lo que ha venido a hacer Jesús con nosotros es daros una ciudadanía, la pertenencia, a un pueblo, un nombre, un apellido”. Y así, de “enemigos sin paz”, Cristo “nos ha unido” con “su sangre”, “derribando el muro de separación que divide”:

“Todos nosotros sabemos que cuando no estamos en paz con las personas, hay un muro. Hay un muro que nos divide. Pero Jesús nos ofrece su servicio, el de derribar este muro, para que podamos encontrarnos. Y si estamos divididos, no somos amigos: somos enemigos. Y ha hecho mucho más, para reconciliar a todos en Dios. Nos ha reconciliado con Dios: de enemigos, amigos; de extraños, hijos”.

De “gente de la calle”, de personas que ni siquiera eran “huéspedes”, a “conciudadanos de los Santos y familiares de Dios”, dijo también el Papa recordando a San Pablo, y añadió que esto es lo que ha hecho Jesús con su venida. “Pero, ¿a qué condición?, se preguntó: a condición de “esperarlo”, esperarlo como los siervos con el patrón:
“Esperar a Jesús. Quien no espera a Jesús, cierra la puerta a Jesús, no le deja hacer esta obra de paz, de comunidad, de ciudadanía, es más: de nombre. Nos da un nombre. Nos hace hijos de Dios. Ésta es la actitud para esperar a Jesús, que está dentro de la esperanza cristiana. El cristiano es un hombre o una mujer de esperanza. Sabe que el Señor vendrá. Verdaderamente vendrá, ¡eh! No conocemos la hora, como esos. No conocemos la hora, pero vendrá, vendrá a encontrarnos, pero no para encontrarnos aislados, enemigos, no. A encontrarnos como Él ha hecho con su servicio: amigos cercanos, en paz”.

El Papa Francisco concluyó con otra pregunta que el cristiano podría hacerse: ¿cómo espero a Jesús? Y antes aún: ¿Lo “espero o no lo espero?”:


“¿Yo creo en esta esperanza, que Él vendrá? ¿Tengo el corazón abierto, para oír cuando llama a la puerta, cuando abre la puerta? El cristiano es un hombre o una mujer que sabe esperar a Jesús y por esto es hombre o mujer de esperanza. En cambio el pagano – y tantas veces nosotros los cristianos nos comportamos como paganos – se olvida de Jesús, piensa en sí mismo, en sus cosas, no espera a Jesús. El egoísta pagano hace como si fuera un dios: ‘Yo me las arreglo solo’. Y así termina mal, termina sin nombre, sin cercanía, sin ciudadanía”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).


lunes, 20 de octubre de 2014

LA VIDA NO DEPENDE DE LA RIQUEZA

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 12, 13-21.

En aquel tiempo, dijo uno del público a Jesús: –Maestro, dile a mi hermano que reparta conmigo la herencia.

El le contestó: –Hombre, ¿quién me ha nombrado juez o árbitro entre vosotros ?

Y dijo a la gente: –Mirad: guardaos de toda clase de codicia. Pues aunque uno ande sobrado, su vida no depende de sus bienes.

Y les propuso una parábola: –Un hombre rico tuvo una gran cosecha. Y empezó a echar cálculos: ¿Qué haré? No tengo donde almacenar la cosecha. Y se dijo: Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el grano y el resto de mi cosecha. Y entonces me diré a mí mismo: «Hombre, tienes bienes acumulados para muchos años: túmbate, come, bebe y date buena vida». 

Pero Dios le dijo: «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?»

Así será el que amasa riquezas para sí y no es rico ante Dios

domingo, 19 de octubre de 2014

Papa Pablo VI Beato: “El amor por las Misiones es amor por la iglesia, es amor por Cristo!”

“¡El amor por las Misiones es amor por la iglesia, es amor por Cristo! Ningún cristiano puede replegarse sobre sí mismo, sino que debe estar abierto a las necesidades espirituales de aquellos que no conocen a Cristo, y son cientos de millones”: con estas palabras el Santo Padre Pablo VI se dirigía a los directores diocesanos de las Obras Misionales Pontificias de Italia, recibidos en audiencia el 28 de junio de 1978, pocas semanas antes de su muerte.


En la Jornada Misionera de este año 2014, en la conclusión del Sínodo extraordinario de los Obispos, el Papa Pablo VI , civilmente Giovanni Battista Montini, será proclamado beato. En sus quince años de pontificado Pablo VI dio un fuerte impulso a la conciencia misionera de la Iglesia, a la animación y cooperación misionera, continuando con un compromiso que ya había manifestado como arzobispo de Milán. En el Magisterio misionero de Pablo VI surgen el Decreto conciliar “Ad Gentes” sobre la actividad misionera de la Iglesia, completado por el Motu Proprio “Ecclesiae Sanctae”, con las normas para la aplicación de ciertos decretos del Concilio Vaticano II; el mensaje “Africae terrarum” en defensa de la identidad africana y sus valores tradicionales; la Exhortación Apostólica “Evangelii Nuntiandi” sobre el compromiso de anunciar el Evangelio a los hombres de nuestro tiempo.


Junto a estos documentos no podemos pasar por alto la gran cantidad de cartas, mensajes y discursos, a todos los niveles y en las ocasiones más diversas, sobre la responsabilidad misionera de toda la Iglesia. Con las Cartas Apostólicas “Benegnissimus Deus” y “Graves et Increscentes” destacó la importancia y relevancia de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol y la Pontificia Unión Misionera. En su carta a la Conferencia Misionera Internacional en Lyon , que conmemoraba el aniversario de la Obra Pontificia para la Propagación de la Fe, pidió una toma de conciencia del problema moderno de la evangelización con el fin de renovar el impulso a la actividad misionera. En su mensaje al Congreso Misionero de México y América Latina recomendó a todas las iglesias locales el realizar un esfuerzo pastoral conjunto “para hacer de toda la Iglesia de América Latina una Iglesia misionera”.

A lo largo de su pontificado, a excepción del 1964, el Papa Pablo VI envió siempre un mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones de octubre. El último, que ya había preparado antes de morir, insiste una vez más en la responsabilidad de todo el pueblo de Dios para con la obra misionera.

Pablo VI fue el primer Papa en visitar todos los continentes y las tierras de misión : Tierra Santa y la India en 1964, Europa en 1967, América en 1968, Africa en 1969, el Lejano Oriente y Oceanía en 1970 en su encuentro con las Iglesias jóvenes, siempre las invitó a tomar conciencia de su responsabilidad misionera, ya sea en sus propios territorios como en todo el mundo.

DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS


Lectura del santo Evangelio según san Mateo.

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:

–Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no?

Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: –Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.

Le presentaron un denario. Él les preguntó: –¿De quién son esta cara y esta inscripción?

Le respondieron: –Del César.


viernes, 17 de octubre de 2014

LOS POBRES SON DE DIOS. José Antonio Pagola

Mt 22, 15-21

A espaldas de Jesús, los fariseos llegan a un acuerdo para prepararle una trampa decisiva. No vienen ellos mismos a encontrarse con él. Le envían a unos discípulos acompañados por unos partidarios de Herodes Antipas. Tal vez, no faltan entre estos algunos poderosos recaudadores de los tributos para Roma.

La trampa está bien pensada: "¿Es lícito pagar impuestos al César o no?". Si responde negativamente, le podrán acusar de rebelión contra Roma. Si legitima el pago de tributos, quedará desprestigiado ante aquellos pobres campesinos que viven oprimidos por los impuestos, y a los que él ama y defiende con todas sus fuerzas.

La respuesta de Jesús ha sido resumida de manera lapidaria a lo largo de los siglos en estos términos: "Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". Pocas palabras de Jesús habrán sido citadas tanto como éstas. Y ninguna, tal vez, más distorsionada y manipulada desde intereses muy ajenos al Profeta, defensor de los pobres.

Jesús no está pensando en Dios y en el César de Roma como dos poderes que pueden exigir cada uno de ellos, en su propio campo, sus derechos a sus súbditos. Como todo judío fiel, Jesús sabe que a Dios "le pertenece la tierra y todo lo que contiene, el orbe y todos sus habitantes" (salmo 24). ¿Qué puede ser del César que no sea de Dios? Acaso los súbditos del emperador, ¿no son hijos e hijas de Dios?

Jesús no se detiene en las diferentes posiciones que enfrentan en aquella sociedad a herodianos, saduceos o fariseos sobre los tributos a Roma y su significado: si llevan "la moneda del impuesto" en sus bolsas, que cumplan sus obligaciones. Pero él no vive al servicio del Imperio de Roma, sino abriendo caminos al reino de Dios y su justicia.

Por eso, les recuerda algo que nadie le ha preguntado: "Dad a Dios lo que es de Dios". Es decir, no deis a ningún César lo que solo es de Dios: la vida de sus hijos e hijas. Como ha repetido tantas veces a sus seguidores, los pobres son de Dios, los pequeños son sus predilectos, el reino de Dios les pertenece. Nadie ha de abusar de ellos.

No se ha de sacrificar la vida, la dignidad o la felicidad de las personas a ningún poder. Y, sin duda, ningún poder sacrifica hoy más vidas y causa más sufrimiento, hambre y destrucción que esa "dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano" que, según el papa Francisco, han logrado imponer los poderosos de la Tierra. No podemos permanecer pasivos e indiferentes acallando la voz de nuestra conciencia en la práctica religiosa.

Dios nos ha dado el Cielo como anticipo de eternidad, dijo Francisco

A través del Espíritu Santo, Dios ha dado a los cristianos el Cielo como “anticipo” de eternidad. Pero a veces los cristianos se olvidan de este don para seguir una vida “opaca” e hipócrita. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta.
El Pontífice destacó que el Espíritu Santo es el “sello” de luz con el que Dios ha dado el Cielo a los cristianos, los cuales, muchas veces, olvidan esta luz a cambio de una vida de penumbra o, peor aún, de luz falsa, esa que brilla en la hipocresía. El Papa reflexionó siguiendo la lectura de Pablo, que explica a los cristianos de Éfeso que, por haber creído en el Evangelio, recibieron “el sello del Espíritu Santo”. Y explicó que con este don, Dios “no sólo nos ha elegido”, sino que además nos dado un estilo, “un modo de vivir, que no es sólo “una lista de hábitos”, es algo más, es, precisamente, “una identidad"

“Nuestra identidad es precisamente este sello, esta fuerza del Espíritu Santo, que todos nosotros hemos recibido en el Bautismo. Y el Espíritu Santo ha sellado nuestro corazón y, además, camina con nosotros. Este Espíritu, que había sido prometido – Jesús lo había prometido – esto Espíritu no sólo nos da la identidad, sino que también es anticipo de nuestra herencia. Con Él el Cielo comienza. Nosotros estamos viviendo precisamente este Cielo, esta eternidad, porque hemos sido sellados por el Espíritu Santo, que precisamente es el inicio del Cielo: era el anticipo; lo tenemos en nuestras manos. Nosotros tenemos el Cielo en nuestras manos con este sello”.
 



Francisco prosiguió explicando que sin embargo tener el Cielo como anticipo de eternidad no impide a los cristianos “resbalar al menos en un par de tentaciones”. Primero – afirmó textualmente – “cuando nosotros queremos, no digo borrar la identidad, sino volverla opaca”:
“Es el cristiano tibio. Es cristiano, sí. Va a Misa el domingo, sí. Pero en su vida la identidad no se ve. También vive como un pagano: puede vivir como un pagano, pero es cristiano. Ser tibios. Volver opaca nuestra identidad. Y el otro pecado, aquel del que Jesús hablaba a sus discípulos y hemos oído: ‘Estén atentos a la levadura de los fariseos, que es la hipocresía’. ‘Hacer de cuenta que’: yo hago de cuenta que soy cristiano, pero no lo soy. No soy transparente, digo una cosa – ‘sí, sí, soy cristiano’ – pero hago otra que no es cristiana”.

En cambio, y el mismo Pablo lo recuerda en otro pasaje, una vita cristiana vivida según la identidad creada por el Espíritu Santo trae como dote – subrayó el Papa – dones de otro calibre:
“Amor, alegría, paz, magnanimidad, benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí. Y éste es nuestro camino hacia el Cielo, es nuestro camino, que hace que comience el Cielo desde acá. Porque tenemos esta identidad cristiana, hemos sido sellados por el Espíritu Santo. Pidamos al Señor la gracia de estar atentos a este sello, a nuestra identidad cristiana, que no sólo es promesa, no, ya la tenemos en nuestras manos como anticipo”.

(María Fernanda Bernasconi - RV).

jueves, 16 de octubre de 2014

La oración de alabanza es difícil, pero da alegría, dijo Francisco

Es fácil rezar para pedir gracias, mientras es más difícil la oración de alabanza, pero es ésta la oración de la verdadera alegría. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la capilla de la Casa de Santa Marta.


El Pontífice centró su reflexión en la Carta a los Efesios, en la que San Pablo eleva con alegría su bendición a Dios. Se trata de una oración de alabanza – observó –, de una oración “que nosotros no solemos hacer habitualmente: alabar a Dios. Y dijo que se trata de pura gratuidad, que nos hace entrar en “una gran alegría”:


“Nosotros sabemos rezar muy bien cuanto pedimos cosas, también cuando agradecemos al Señor, pero la oración de alabanza es un poco más difícil para nosotros: no es tan habitual alabar al Señor. Y esto podemos sentirlo mejor cuando hacemos memoria de las cosas que el Señor ha hecho en nuestra vida: ‘En Él – en Cristo – nos ha elegido antes de la creación del mundo’. ¡Bendito eres Señor, porque tú me has elegido! Es la alegría de una cercanía paterna y tierna”.


Francisco prosiguió explicando que “la oración de alabanza” nos da esta alegría, nos lleva a ser felices ante el Señor. Por lo que pidió que hagamos un esfuerzo para reencontrarla; teniendo en cuenta que el punto de partida es, precisamente, “hacer memoria” de esta elección: “el Señor me ha elegido antes de la creación del mundo. ¡Pero esto – dijo – no se puede comprender!”:

“No se puede comprender ni imaginar: que el Señor me haya conocido antes de la creación del mundo, que mi nombre estaba en el corazón del Señor. ¡Ésta es la verdad! ¡Ésta es la revelación! Si nosotros no creemos esto no somos cristianos ¡eh! Quizá estemos impregnados de una religiosidad teísta, ¡pero no somos cristianos! El cristiano es uno elegido, el cristiano es uno elegido en el corazón de Dios antes de la creación del mundo. También este pensamiento colma de alegría nuestro corazón: ¡yo soy elegido! Y nos da seguridad”.


El Papa observó además que nuestro nombre está en el corazón de Dios. Precisamente en las vísceras de Dios, como el niño está dentro de su mamá. Ésta es nuestra alegría, la de ser elegidos”. Es algo – subrayó Francisco – que “no se puede entender sólo con la cabeza. Ni siquiera sólo con el corazón. Para comprender esto debemos entrar en el Misterio de Jesucristo. El Misterio de su Hijo amado: ‘Él ha derramado su sangre en abundancia sobre nosotros, con toda sabiduría e inteligencia, haciéndonos conocer el misterio de su voluntad’. Y ésta es una tercera actitud: entrar en el Misterio”:


“Cuando celebramos la Eucaristía, entramos en este Misterio, que no se puede comprender totalmente: el Señor está vivo, está con nosotros, aquí, en su gloria, en su plenitud, y da otra vez su vida por nosotros. Debemos aprender cada día esta actitud de entrar en el Misterio. El cristiano es una mujer, es un hombre, que se esfuerza para entrar en el Misterio. El Misterio no se puede controlar: ¡es Misterio! Yo entro”.


El Papa Francisco concluyó diciendo que la oración de alabanza es ante todo “oración de alegría”, y también “oración de memoria: ‘¡Pero cuánto ha hecho por mí el Señor! Con cuánta ternura me ha acompañado, cómo se ha abajado; se ha inclinado como el papá se inclina con el niño para hacerlo caminar’”. Y, en fin, oración al Espíritu Santo para que nos dé “la gracia de entrar en el Misterio, sobre todo cuando celebramos la Eucaristía”.(María Fernanda Bernasconi - RV).

miércoles, 15 de octubre de 2014

Mensaje del Papa con motivo del Año Jubilar por V centenario del nacimiento de Santa Teresa de Ávila

Querido Hermano: El 28 de marzo de 1515 nació en Ávila una niña que con el tiempo sería conocida como santa Teresa de Jesús. Al acercarse el quinto centenario de su nacimiento, vuelvo la mirada a esa ciudad para dar gracias a Dios por el don de esta gran mujer y animar a los fieles de la querida diócesis abulense y a todos los españoles a conocer la historia de esa insigne fundadora, así como a leer sus libros, que, junto con sus hijas en los numerosos Carmelos esparcidos por el mundo, nos siguen diciendo quién y cómo fue la Madre Teresa y qué puede enseñarnos a los hombres y mujeres de hoy. En la escuela de la santa andariega aprendemos a ser peregrinos. La imagen del camino puede sintetizar muy bien la lección de su vida y de su obra. Ella entendió su vida como camino de perfección por el que Dios conduce al hombre, morada tras morada, hasta Él y, al mismo tiempo, lo pone en marcha hacia los hombres. ¿Por qué caminos quiere llevarnos el Señor tras las huellas y de la mano de santa Teresa? Quisiera recordar cuatro que me hacen mucho bien: el camino de la alegría, de la oración, de la fraternidad y del propio tiempo.


Teresa de Jesús invita a sus monjas a «andar alegres sirviendo» (Camino 18,5). La verdadera santidad es alegría, porque “un santo triste es un triste santo”. Los santos, antes que héroes esforzados, son fruto de la gracia de Dios a los hombres. Cada santo nos manifiesta un rasgo del multiforme rostro de Dios. En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla ya «a los principios» (Vida 13,1). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12,1). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado. Al igual que a uno de sus monasterios en dificultades, la Santa nos dice también hoy a nosotros, especialmente a los jóvenes: «¡No dejen de andar alegres!» (Carta 284,4). ¡El Evangelio no es una bolsa de plomo que se arrastra pesadamente, sino una fuente de gozo que llena de Dios el corazón y lo impulsa a servir a los hermanos!
 

CANTARÉ ETERNAMENTE LAS MISERICORDIAS DEL SEÑOR

Del salmo 88:

Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré
Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré
El cielo proclama tus maravillas, Señor,
y tu fidelidad, en la asamblea de los ángeles.
¿Quién sobre las nubes se compara a Dios?
¿Quién como el Señor entre los seres divinos?
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré
Dios es temible en el consejo de los ángeles,
es grande y terrible para toda su corte.
Señor de los ejércitos, ¿quién como tú?
El poder y la fidelidad te rodean.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré
Dichoso el pueblo que sabe aclamarte:
caminará, oh Señor, a la luz de tu rostro;
tu Nombre es su gozo cada día,
tu justicia es su orgullo.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré
Porque Tú eres su honor y su fuerza,
y con tu favor realzas nuestro poder.
Porque el Señor es nuestro escudo,
y el Santo de Israel nuestro rey.
Contaré tu fama a mis hermanos,
en medio de la asamblea te alabaré

News.va

martes, 14 de octubre de 2014

ORACIÓN DEL V CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE SANTA TERESA DE JESÚS


NO A UNA FE DE APARIENCIAS, LO QUE CUENTA ES LA CARIDAD

¿La nuestra es una “vida cristiana cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe que obra en la caridad?”. Es la pregunta que planteó el Papa al término de su homilía de la Misa de la mañana en la capilla de la Casa de Santa Marta.


El Papa Francisco afirmó asimismo que la fe “no es sólo rezar el Credo”, sino que pide que nos separemos de la avidez y de la concupiscencia para saber dar a los demás, especialmente si son pobres.
La fe no tiene necesidad de aparecer, sino de ser. No tiene necesidad de ser envuelta en cortesías, especialmente si son hipócritas, sino que más bien necesita un corazón capaz de amar de modo genuino.
Al comentar el Evangelio del día – que presenta al fariseo que se sorprende porque Jesús no realiza las abluciones prescriptas antes de comer – el Papa repitió que Cristo “condena” ese tipo de “seguridad” totalmente centrada en el “cumplimiento de la ley”:

“Jesús condena esta espiritualidad cosmética, el querer aparecer como buenos, bellos, ¡pero la verdad interior es otra cosa! Jesús condena a las personas de buenas maneras pero de malos hábitos, esos hábitos que no se ven porque se viven a escondidas. Pero la apariencia es justa: era gente a la que le gustaba pasear por las plazas, hacerse ver rezando, ‘maquillarse’ con un poco de debilidad cuando ayunaba…"

Jesús dirá de ellos que están llenos de robos y maldades. En el análogo pasaje del Evangelio de Mateo los llama “sepulcros blanqueados”, remarcando ciertas actitudes que Él define con dureza como “inmundicia”, “podredumbre”.

“Den más bien como limosna de lo que tienen dentro”, es su contrapropuesta. “La limosna – recordó el Papa – ha sido siempre, en la tradición de la Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, una vara para medir la justicia”.

También Pablo, en la Lectura del día, discute con los Gálatas por el mismo motivo, su apego a la ley. Y también el resultado es idéntico, porque como dijo el Papa, “la ley sola no salva”:

“Lo que vale es la fe. ¿Qué fe? Aquella que se ‘vuelve laboriosa por medio de la caridad’. El mismo razonamiento de Jesús al fariseo. Una fe que no es sólo rezar el Credo: todos nosotros creemos en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo, en la vida eterna…. ¡Todos creemos! Pero ésta es una fe inmóvil, no activa. Lo que vale en Cristo Jesús es la laboriosidad que viene de la fe, o mejor la fe que se traduce en obras en la caridad, es decir que vuelve a la limosna. Limosna en el sentido más amplio de la palabra: desprenderse de la dictadura del dinero, de la idolatría del dinero. Toda avaricia nos aleja de Jesucristo”.

El Papa Francisco evocó un episodio de la vida del padre Arrupe, quien fue Prepósito General de la Compañía de Jesús. Un día, una rica señora lo invitó para donar dinero para las misiones de los jesuitas en Japón, para las que el padre Arrupe estaba trabajando. La entrega del sobre se produjo prácticamente ante la puerta y delante de periodistas y fotógrafos. El padre Arrupe relató que había sufrido “una gran humillación”, pero dijo que aceptó el dinero “por los pobres de Japón”. Y cuando abrió el sobre, encontró diez dólares…”.

Preguntémonos – concluyó el Papa – si la nuestra es “una vida cristiana cosmética, de apariencia o es una vida cristiana con la fe laboriosa en la caridad”:
“Jesús nos aconseja esto: ‘No hacer sonar la trompeta’. El segundo consejo: ‘No dar sólo lo que sobra’. Y nos habla de aquella viejita que dio todo lo que tenía para vivir. Y elogia a aquella mujer por haber hecho esto. Y ella lo hizo un poco a escondidas, quizá porque se avergonzaba por no poder dar más”.
Papa Francisco

El papa emérito Benedicto XVI hoy.



Queridos amigos, compartimos con ustedes una foto reciente del Papa emérito Benedicto paseando por los jardines vaticanos. 

Como a menudo nos piden noticias de nuestro querido Benedicto, hemos pensado que les gustaría verle. 

Él ahora se dedica principalmente a rezar por la Iglesia, acordémonos aunque sea de vez en cuando de rezar por él.

News.Va

No permanecer cerrados en los propios sistemas, sino abrirse a las sorpresas de Dios, pidió el Papa

Abrirse a las sorpresas de Dios y no cerrarse ante los signos de los tiempos. Es cuanto afirmó el Papa en su homilía de la Misa matutina presidida en la capilla de la Casa de Santa Marta. Al comentar las palabras de Jesús a los doctores de la ley, Francisco exhortó a los fieles a no permanecer sujetos a sus propias ideas, sino a caminar con el Señor, encontrando siempre cosas nuevas.


Jesús habla a los doctores de la ley que le piden un signo y los define “generación malvada”. El Santo Padre partió de este pasaje del Evangelio para detenerse sobre el tema de las “sorpresas de Dios”. Y observó que tantas veces estos doctores piden signos a Jesús, y Él les responde que no son capaces de “ver los signos de los tiempos”:
“Porque estos doctores de la ley no entendían los signos del tiempo y pedían un signo extraordinario (Jesús se los dijo después). ¿Por qué no entendían? Ante todo porque estaban cerrados. Estaban encerrados en su sistema, habían ordenado la ley muy bien, una obra de arte. Todos los hebreos sabían qué cosa se podía hacer, y qué cosa no se podía hacer, hasta dónde se podía ir. Estaba todo organizado. Y ellos estaban seguros allí”.
 

Para ellos – añadió el Papa – eran “cosas extrañas” esas que había Jesús: “Ir con los pecadores, comer con los publicanos”. Porque a ellos “no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos”, los “teólogos, habían hecho a lo largo de los siglos”. Además, Francisco reconoció que “lo habían hecho por amor, para ser fieles a Dios”. Pero “estaban encerrados allí”, “sencillamente habían olvidado la historia. Se habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero que también es el Dios de las sorpresas”. Por otra parte – dijo Francisco – “también a su pueblo, Dios le ha reservado sorpresas tantas veces” como cuando los ha salvado “de la esclavitud de Egipto”:

"Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que jamás reniega de sí mismo, que jamás dice que lo que había dicho era incorrecto. Jamás. Pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encerraban en aquel sistema hecho con tanta buena voluntad, y pedían a Jesús: ‘¡Pero danos una señal!’. Y no entendían los tantos signos que Jesús hacía y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, habían olvidado que ellos eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando uno están en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía”.
 



Y añadió, “un camino no es absoluto en sí mismo”, es el camino hacia “la manifestación definitiva del Señor. La vida es un camino hacia la plenitud de Jesucristo, cuando vendrá por segunda vez”. Esta generación – dijo también el Papa – “busca un signo”, pero el Señor dice: “no le será dado ningún signo, sino el signo de Jonás”, o sea “el signo de la Resurrección, de la Gloria, de aquella escatología hacia la cual estamos en camino”. Y estos doctores – reafirmó – “estaban encerrados en sí mismos, no estaban abiertos al Dios de las sorpresas, no conocían el camino y ni siquiera esta escatología”. De este modo, cuando en el Sinedrio Jesús afirma que es el Hijo de Dios, “se arrancan las vestiduras”, se escandalizaron diciendo que había blasfemado. “El signo que Jesús les da a ellos – afirmó – era una blasfemia”. Y por este motivo “Jesús dice: generación malvada”.
El Papa observó asimismo que éstos “no habían entendido que la ley que ellos custodian y amaban” era una pedagogía hacia Jesucristo. “Si la ley no lleva a Jesucristo – reafirmó – no nos acerca a Jesús, está muerta. Y por esta razón Jesús les recrimina que están cerrados, que no son capaces de reconocer los signos de los tiempos, que no son capaces de estar abiertos al Dios de las sorpresas”:
 

“Y esto debe hacernos pensar: yo estoy apegado a mis cosas, a mis ideas, ¿cerrado? ¿O estoy abierto al Dios de las sorpresas? ¿Soy una persona detenida o una persona que camina? ¿Yo creo en Jesucristo? ¿En Jesús, en lo que ha dicho: que ha muerto, resucitado y terminada la historia? ¿Credo que el camino va adelante hacia la madurez, hacia la manifestación de la gloria del Señor? ¿Soy capaz de comprender los signos de los tiempos y ser fiel a la voz del Señor que se manifiesta en ellos? Podemos hacernos hoy estas preguntas y pedir al Señor un corazón que ame la ley, porque la ley es de Dios; que ame también las sorpresas de Dios y que sepa que esta ley santa no tiene un fin en sí misma”.

Está “en camino” – reafirmó – es una pedagogía “que nos lleva a Jesucristo, al encuentro definitivo, donde se producirá este gran signo del Hijo del hombre”.
(María Fernanda Bernasconi - RV).