sábado, 19 de abril de 2014

La soledad de la Virgen. Fray Luis de Granada

Después de esto considera cómo fue quitado aquél santo cuerpo de la cruz y recibido en los brazos de la Virgen.

Abrázase la Madre con el cuerpo despedazado, apriétalo fuertemente en sus pechos, para sólo esto le quedaban fuerzas; mete su cara entre las espinas de la sagrada cabeza, júntase rostro con rostro, tíñese la cara de la Madre con la sangre del Hijo y riégase la del Hijo con las lágrimas de la Madre.

¿Cómo no hablas ahora, Reina del cielo? ¿Cómo han atado los dolores vuestra lengua? La lengua estaba enmudecida, mas el corazón allá dentro hablaría con entrañable dolor al Hijo dulcísimo y le diría:

Hijo mío, ¿Qué haré sin ti? ¿Adónde iré? ¿Quién me remediará? Los padres y los hermanos afligidos venían a rogarte por sus hijos y por sus hermanos difuntos, y tú, con tu infinita virtud y clemencia, los consolabas y socorrías. Mas yo que veo muerto a mi hijo, y a mi padre, y mi hermano y mi Señor, ¿a quién rogaré por Él? ¿Quién me consolará? ¿Dónde está el buen Jesús Nazareno, Hijo de Dios vivo, que consuela a los vivos y da vida a los muertos? ¿Dónde está aquel grande Profeta poderoso en obras y palabras?
   
¡Oh dulcísimo hijo mío! ¿qué haré sin ti? Ya no limpiaré tu rostro asoleado y fatigado de los caminos y trabajos. Ya no te veré más sentado a mi mesa comiendo y dando de comer a mi alma con tu divina presencia. Ya no me veré más a tus pies oyendo las palabras de tu dulce boca. Fenecida en ya mi gloria; hoy se acaba mi alegría y comienza mi soledad.

Cómo dura poco la alegría en la tierra y se siente mucho el dolor después de mucha prosperidad! ¡Oh Belén y Jerusalén, cuán diferentes días he llevado en vosotros! ¡Qué noche fue aquella tan clara y qué día este tan oscuro! ¡Qué rica entonces y qué pobre ahora!

¡Oh ángel bienaventurado!, ¿dónde están ahora aquellas tan grandes alabanzas de la antigua salutación? Entonces me llamaste llena de gracia; ahora estoy llena de dolor. Entonces, bendita entre las mujeres; ahora, la más afligida entre las mujeres. Entonces dijiste: El Señor es contigo; ahora también está conmigo, mas no vivo, sino muerto, como lo tengo en mis brazos.

¡Oh muerte!, ¿por qué eres tan cruel que me apartas de aquel en cuya vida está la mía? Más cruel eres a las veces en perdonar que en matar. Piadosa fuera para mí si nos llevaras a entrambos; mas ahora fuiste cruel en matar al hijo y más cruel en perdonar a la madre. 


viernes, 18 de abril de 2014

LA VICTORIA DE CRISTO. Por San Juan Crisóstomo.


¿Has considerado esta victoria admirable? ¿Has considerado los preclaros hechos de la cruz? ¿Podré yo decirte algo que sea más admirable? ¡Conoce el modo de esta victoria y quedarás aún más estupefacto! Porque por los medios por donde el demonio había vencido, por esos Cristo lo venció; y habiendo tomado las mismas armas con que aquél se había revestido, con ellas lo derrocó. ¡Oye cómo! ¡Una virgen y un leño y la muerte fueron los signos de nuestra ruina! La virgen fue Eva, porque aún no había conocido varón. El leño fue el árbol y la muerte era la amenaza hecha a Adán. Pero observa: ¡de nuevo la Virgen, el leño y la muerte, fueron signos, pero ciertamente signos de ruina y de victoria!.

Porque en lugar de Eva aquí está María; en vez del árbol de la ciencia del bien y del mal, está el árbol de la cruz; y en vez de la muerte de Adán está la muerte de Cristo. ¿Ves cómo aquél fue vencido por los mismos medios con que había vencido? ¡A Adán lo venció el demonio junto al árbol y junto al árbol Cristo derribó al demonio! Aquel árbol echaba al infierno; mientras que éste, aun a los que ya habían descendido, los devuelve a la vida. Además, al hombre ya vencido y desnudo, lo ocultó uno de los árboles; el otro mostró desnudo en alto al vencedor a todos. ¡Aquella muerte condenó a todos los que después han nacido; ésta, en cambio, aun a los que nacieron antes de ella, los resucitó!.

¿Quién podrá contar las obras del poder de Yavé? ¡Sacados de la muerte se nos hizo inmortales! ¡Son éstas las preciaras hazañas de la cruz! ¿Has comprendido la victoria? ¿has comprendido el modo de ella? ¡Pues entiende ahora cómo sin trabajos ni sudores nuestros se alcanzó esta victoria! ¡No ensangrentamos nosotros nuestras armas; no nos presentamos en el combate; no sufrimos las heridas; ni siquiera vimos la batalla; y con todo ganamos la victoria! ¡Fue del Señor la pelea y fue nuestra la corona! Siendo pues nuestra la victoria, imitemos a los soldados, y cantemos las alabanzas y honores del triunfo con alegres voces: ¡La muerte ha sido absorbida por la victoria! ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¡Y fue la cruz la que nos engendró todas estas preclaras hazañas!.

¡La cruz es el trofeo erigido contra los demonios, la espada contra el pecado, la espada con que Cristo atravesó a la serpiente! ¡La cruz fue voluntad del Padre, gloria del Hijo, gozo del Espíritu Santo, honor de los ángeles, seguridad de la Iglesia, glorificación de Pablo, muro de los santos, luz del orbe todo! Porque así como si alguno enciende una lámpara en una habitación envuelta toda en tinieblas, y la pone en lo alto, al punto pone en fuga la oscuridad; así Cristo, cuando las tinieblas estaban esparcidas por todo el universo, El, a la manera de una lámpara, encendió la cruz y la levantó en alto y disipó en toda la tierra las tinieblas. Y a la manera que la lámpara lleva la luz en la parte superior, así la cruz tuvo encima de lo alto al Sol de justicia que resplandecía.

En cuanto el mundo lo vio a El fijo con los clavos, quedó aterrorizado; tembló la tierra; las rocas se partieron. Pero, aunque las rocas se rompieron, la dureza de los judíos no se rompió. Se rasgó el velo del templo, pero no se rompió la malvada conspiración de ellos. ¿Por qué se rasgó el velo? ¡Porque el templo no tuvo fuerzas para contemplar al Señor crucificado, y así, por lo que al velo le aconteció, publicó el templo, sólo faltando las palabras, que cualquiera, de hoy en adelante, puede conculcar el Santo de los santos! Porque ¿qué necesidad tengo ya de esas cosas, una vez que allá afuera se ha llevado a cabo y se ha ofrecido semejante sacrificio? ¿De qué me sirve ya el Testamento? ¡En vano y por tanto tiempo enseñé a éstos! ¿Qué utilidad se me sigue de la Ley? Todo esto gritaba también el profeta, cuando decía: ¿Por qué se amotinan las naciones y trazan los pueblos planes en vano? 25 Habían escuchado aquello de que: Como oveja fue llevado al matadero y a la manera de un cordero calló delante del que lo trasquilaba; y a pesar de haber considerado y meditado por tanto tiempo esta profecía, no la creyeron cuando ya estuvo presente lo que había ella predicho.

¿Ves cómo meditaron en vano? ¡Por esto se rasgó el velo del templo: para significar así la soledad y perpetua devastación que en adelante se seguiría!.


Papa Francisco: La oración nos cambia el corazón y nos hace comprender mejor cómo es Dios

En su homilía en la Misa que celebró en la capilla de la Casa Santa Marta hoy, el Papa Francisco señaló que “la oración nos cambia el corazón” y “nos hace comprender mejor cómo es Dios”, por lo que debe hacerse con libertad e insistencia, como se le habla a un amigo.

El Santo Padre recordó en su homilía el diálogo de Dios con Moisés en el Monte Sinaí, en el que Moisés reza con fuerza para que el Señor no castigue a su pueblo por haber hecho un becerro de oro.

“Esta oración es una verdadera lucha con Dios. Una lucha del jefe del pueblo para salvar a su pueblo, que es el pueblo de Dios”, indicó el Papa, pues la oración debe ser “negociar con Dios”, llevando “argumentaciones”.

Al final, Moisés convence a Dios, indicó el Papa, y la lectura dice que “el Señor se arrepintió del mal que había amenazado hacer a su pueblo”. Pero Francisco cuestionó a continuación “¿pero, quién ha cambiado a quién? ¿Cambió el Señor? Yo creo que no”.

“El que cambió fue Moisés, porque Moisés creía que el Señor habría hecho esto, creía que el Señor habría destruido al pueblo, y recuerda qué bueno había sido el Señor con su pueblo, cómo lo había liberado de la esclavitud de Egipto y conducido con una promesa”.

“Y con estas argumentaciones, trata de convencer a Dios, pero en este proceso él vuelve a encontrar la memoria de su pueblo, y encuentra la misericordia de Dios. Moisés, que tenía miedo, miedo de que Dios hiciera esto, al final desciende del monte con algo grande en su corazón: nuestro Dios es misericordioso. Sabe perdonar. Vuelve sobre sus decisiones. Es un Padre”.

El Papa señaló que todo esto Moisés ya lo sabía, “pero lo sabía más o menos oscuramente y en la oración lo reencuentra. Esto es lo que hace la oración en nosotros: nos cambia el corazón”.

“La oración nos cambia el corazón. Nos hace comprender mejor cómo es nuestro Dios. Pero para esto es importante hablar con el Señor, no con palabras vacías. Jesús dice: ‘Como hacen los paganos’. No, no, hablar con la realidad: ‘Pero, mira, Señor, que tengo este problema, en la familia, con mi hijo, con este, con el otro… ¿Qué se puede hacer? ¡Pero mira que tú no me puedes dejar así!’. ¡Ésta es la oración! ¿Pero tanto tiempo lleva esta oración? Sí, lleva tiempo”.

El Santo Padre recordó que “la Biblia dice que Moisés hablaba cara a cara con el Señor, como con un amigo. Así debe ser la oración: libre, insistente, con argumentaciones”.

“Y también reprochando un poco al Señor: ‘Pero, tú me has prometido esto, y esto no lo has hecho…’, así, como se habla con un amigo. Abrir el corazón a esta oración”.

Francisco indicó que “Moisés bajó del monte fortalecido: ‘He conocido más al Señor’, y con esa fuerza que le había dado la oración, retoma su trabajo de conducir al pueblo hacia la Tierra prometida. Porque la oración fortalece: fortalece. Que el Señor nos dé a todos nosotros la gracia, porque rezar es una gracia”.

“En toda oración está el Espíritu Santo”, recordó el Papa, señalando que “no se puede rezar sin el Espíritu Santo. Es Él quien reza en nosotros, es Él quien nos cambia el corazón, es Él quien nos enseña a llamar a Dios ‘Padre’”.

“Pidamos al Espíritu Santo que Él nos enseñe a rezar, sí, como ha rezado Moisés, a negociar con Dios, con libertad de espíritu, con coraje. Y que el Espíritu Santo, que siempre está presente en nuestra oración, nos conduzca por este camino”, concluyó.

jueves, 17 de abril de 2014

JUEVES SANTO

Este día comienza el Misterio del Amor de Dios... hoy es el día de la Cena... del lavatorio... de la Eucaristía... del Huerto... es día de dejarnos alcanzar por el amor de Jesús... de ser sus amigos... de orar con Él y no dejarle Solo... es día de abrazarle y consolarle ante la llegada inminente de su “Hora”...
Que esta hermosa reflexión del Padre Ignacio Camarena nos ayude a comprender un poco mejor el Misterio del Jueves Santo... y nos mueva a abrirle nuestros corazones al Corazón que salvó al mundo: el Corazón Misericordioso de Jesucristo... DTB!


De "Tengo sed de Ti"

miércoles, 16 de abril de 2014

Jesús aparece en la cruz como un derrotado pero Él carga el mal sobre sí para vencerlo, el Papa en su catequesis

El Papa Francisco dedicó su catequesis de este Miércoles Santo a la aceptación de Jesús de la humillación y muerte de cruz para salvarnos, y en cuyo sufrimiento podemos ver el dolor de la humanidad.
El Obispo de Roma afirmó que si bien nos gustaría que Dios acabara, mediante un gesto de su omnipotencia, con la injusticia, el mal y el pecado, la pasión de Jesucristo “no ocurre por error”, sino que de este modo nos muestra su amor infinito
Mientras nos revela que cuando todo parece perdido es cuando Dios interviene con la potencia de su resurrección, que no es el “final feliz” de un cuento de hadas, sino la prueba de que Dios actúa allí donde las fuerzas humanas ya no dan más de sí. 

Por eso, dijo el Papa, también nosotros, en los momentos de mayor oscuridad, debilidad y flaqueza, debemos poner nuestra esperanza en Dios, como hizo Jesús.
El Santo Padre invitó a vivir esta Pascua con la certeza de que, en Jesús, Dios nos ama y nos perdona. A la vez que pidió a nuestra Madre, la Virgen María, que nos acompañe en el camino de la cruz y del amor que Cristo nos enseña.
Hablando en nuestro idioma, el Papa Francisco dijo: 


 Resumen de la catequesis que el Papa Francisco pronunció español:

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy, en la mitad de la Semana Santa la liturgia nos presenta el triste hecho de la traición de Judas. 

Judas va a las autoridades y les dice simplemente: ¿Cuánto me van a dar si yo lo entrego? ¡30 monedas! Y Jesús tiene precio, como cualquier mercadería en un mercado. Y Jesús acepta esa humillación hasta la muerte de cruz.
 

En su sufrimiento y en su muerte, podemos ver el dolor de la humanidad, el dolor de nuestros pecados, y la respuesta de Dios a ese misterio del poder del mal. Dios toma sobre sí el mal del mundo para vencerlo. 

Su pasión no ocurre por error. Es la manera de mostrarnos su amor infinito. 


En esa pasión de Jesús contemplamos su grandeza y su amor.
En esta Semana Santa nos hará bien, a todos, mirar el crucifijo, besar las llagas de Jesús y decirle gracias. Porque eso lo hizo por cada uno de nosotros. Pero Dios siempre interviene en el momento en que quizás uno no lo espera, y Jesús resucita.
La resurrección de Jesús no es el “final feliz” de un cuento de hadas, no es el “happy end” de una película, sino que es la prueba de que Dios actúa en el momento más difícil, en el momento más oscuro. La noche siempre es muy oscura un poquito antes de que empiece a amanecer. 

No bajemos de la cruz antes de tiempo. Y no olvidemos, en esta semana, de besar muchas veces el crucifijo.
 

martes, 15 de abril de 2014

El decálogo de Juan XXIII: sólo hoy, intentaré hacer el bien

Los diez consejos para la serenidad que proponía el "Papa Bueno"
1. Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente este día, sin querer resolver de una sola vez el problema de mi vida.
2. Sólo por hoy pondré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis modales, no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar o disciplinar a nadie, salvo a mí mismo.
3. Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

4. Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiem­po a una buena lectura; recordando que como el ali­mento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

5. Sólo por hoy haré una buena acción sin decírselo a nadie.
6. Sólo por hoy haré por lo menos una cosa que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido procuraré que nadie lo sepa.

7. Sólo por hoy seré feliz, en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en este mundo, sino también en el otro.

8. Sólo por hoy haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.
9. Sólo por hoy creeré firmemente, aunque las cir­cunstancias demuestren lo contrario, que la buena pro­videncia de Dios se ocupa de mí como si nadie existie­ra en el mundo.

10. Sólo por hoy no tendré temores: De manera par­ticular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad.
Puedo hacer el bien durante un día. Lo que me desa­lentaría sería pensar en tener que hacerlo durante toda mi vida.

Articulo publicado por Mercabá

UNO DE USTEDES ME ENTREGARÁ. Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38.


Jesús, estando en la mesa con sus discípulos, se estremeció y manifestó claramente: "Les aseguro que uno de ustedes me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. 

Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere".

El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. 

Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche.

Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en Él. Si Dios ha sido glorificado en Él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto.

Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: 'A donde yo voy, ustedes no pueden venir'".

Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás".

Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces". 

lunes, 14 de abril de 2014

A LOS POBRES LOS TIENEN SIEMPRE CON USTEDES. Evangelio según San Juan 12,1-11

Seis días antes de la Pascua, Jesús volvió a Betania, donde estaba Lázaro, al que había resucitado.
Allí le prepararon una cena: Marta servía y Lázaro era uno de los comensales.

María, tomando una libra de perfume de nardo puro, de mucho precio, ungió con él los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. La casa se impregnó con la fragancia del perfume.

Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dijo: "¿Por qué no se vendió este perfume en trescientos denarios para dárselos a los pobres?".
Dijo esto, no porque se interesaba por los pobres, sino porque era ladrón y, como estaba encargado de la bolsa común, robaba lo que se ponía en ella.

Jesús le respondió: "Déjala. Ella tenía reservado este perfume para el día de mi sepultura. A los pobres los tienen siempre con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre".

Entre tanto, una gran multitud de judíos se enteró de que Jesús estaba allí, y fueron, no sólo por Jesús, sino también para ver a Lázaro, al que había resucitado.

Entonces los sumos sacerdotes resolvieron matar también a Lázaro, porque muchos judíos se apartaban de ellos y creían en Jesús, a causa de él. 

domingo, 13 de abril de 2014

¿Me parezco a Judas o a María, que llora a su Jesús?, el Papa en su homilía del Domingo de Ramos

¿Dónde está mi corazón? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Quién soy yo? ¿Me parezco a Judas o a María, que llora a su Jesús? ¿Quién soy yo, ante mi Señor?, son algunas de las preguntas que el Papa hizo en su homilía de este Domingo de la Pasión del Señor, que abre la Semana Santa. (MFB - RV)
 

Texto completo de la homilía del Santo Padre Francisco:

Esta semana comienza con una procesión festiva con ramas de olivo: todo el pueblo acoge a Jesús. Los niños y los jóvenes cantan, alaban a Jesús. Pero esta semana va adelante en el misterio de la muerte de Jesús y de su resurrección.
Hemos escuchado la Pasión del Señor. Nos hará bien preguntarnos ¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo ante mi Señor? ¿Quién soy yo, delante de Jesús entrando en Jerusalén en este día de fiesta? ¿Soy capaz de expresar mi alegría, de alabarlo? ¿O tomo las distancias? ¿Quién soy yo, delante de Jesús que sufre

Hemos oído muchos nombres: tantos nombres.
El grupo de líderes religiosos, algunos sacerdotes, algunos fariseos, algunos maestros de la ley que había decidido matarlo. Estaban esperando la oportunidad de apresarlo ¿Soy yo como uno de ellos? Incluso hemos oído otro nombre: Judas. 30 monedas. ¿Yo soy como Judas? Hemos escuchado otros nombres: los discípulos que no entendían nada, que se quedaron dormidos mientras el Señor sufría.
 

¿Mi vida está dormida? ¿O soy como los discípulos, que no entendían lo que era traicionar a Jesús? ¿O como aquel otro discípulo que quería resolver todo con la espada: soy yo como ellos? ¿Yo soy como Judas, que finge amar y besa Maestro para entregarlo, para traicionarlo? ¿Soy yo, un traidor? ¿Soy como aquellos líderes religiosos que tienen prisa en organizar un tribunal y buscan falsos testigos? ¿Soy yo como ellos?
Y cuando hago estas cosas, si las hago, ¿creo que con esto salvo al pueblo? ¿Soy yo como Pilato que cuando veo que la situación es difícil, me lavo las manos y no sé asumir mi responsabilidad y dejo condenar – o condeno yo – a las personas? ¿Soy yo como aquella muchedumbre que no sabía bien si estaba en una reunión religiosa, en un juicio o en un circo, y elije a Barrabás?
 

Para ellos es lo mismo: era más divertido, para humillar a Jesús. ¿Soy yo como los soldados que golpean al Señor, le escupen, lo insultan, se divierten con la humillación del Señor? ¿Soy yo como el Cireneo que regresaba del trabajo, fatigado, pero que tuvo la buena volunta de ayudar al Señor a llevar la cruz? ¿Soy yo como aquellos
que pasaban delante de la Cruz y se burlaban de Jesús?: “¡Pero... tan valeroso! ¡Que descienda de la cruz, y nosotros creeremos en Él!”.
La burla a Jesús… ¿Soy yo como aquellas mujeres valientes, y como la mamá de Jesús, que estaba allí, y sufrían en silencio? ¿Soy yo como José, el discípulo escondido, que lleva el cuerpo de Jesús con amor, para darle sepultura? ¿Soy yo como estas dos Marías, que permanecen en la puerta del Sepulcro, llorando, rezando? 
¿Soy yo como estos dirigentes que al día siguiente fueron a los de Pilato para decir: “Pero, mira que éste decía que habría resucitado; pero que no venga otro engaño”, y frenan la vida, bloquean el sepulcro para defender la doctrina, para que la vida no salga afuera? ¿Dónde está mi corazón? ¿A cuál de éstas personas yo me parezco?
Que esta pregunta nos acompañe durante toda la semana.
(Traducción de Eduardo Rubió y María Fernanda Bernasconi – RV).

sábado, 12 de abril de 2014

Domingo de Ramos. Juan Pablo II

1. "Bendito el que viene en nombre del Señor" (Mc 11, 9).
La liturgia del domingo de Ramos es casi un solemne pórtico de ingreso en la Semana santa. Asocia dos momentos opuestos entre sí:  la acogida de Jesús en Jerusalén y el drama de la Pasión; el "Hosanna" festivo y el grito repetido muchas veces:  "¡Crucifícalo!"; la entrada triunfal y la aparente derrota de la muerte en la cruz. Así, anticipa la "hora" en la que el Mesías deberá sufrir mucho, lo matarán y resucitará al tercer día (cf. Mt 16, 21), y nos prepara para vivir con plenitud el misterio pascual.

2. "Alégrate, hija de Sión; (...) mira a tu rey que viene a ti" (Zc 9, 9).
Al acoger a Jesús, se alegra la ciudad en la que se conserva el recuerdo de David; la ciudad de los profetas, muchos de los cuales sufrieron allí el martirio por la verdad; la ciudad de la paz, que a lo largo de los siglos ha conocido violencia, guerra y deportación.
En cierto modo, Jerusalén puede considerarse la ciudad símbolo de la humanidad, especialmente en el dramático inicio del tercer milenio que estamos viviendo. Por eso, los ritos del domingo de Ramos cobran una elocuencia particular. Resuenan consoladoras las palabras del profeta Zacarías:  "Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno. (...) Romperá los arcos guerreros, dictará la paz a las naciones" (Zc 9, 9-10). Hoy estamos de fiesta, porque entra en Jerusalén Jesús, el Rey de la paz.


3. Entonces, a lo largo de la bajada del monte de los Olivos, fueron al encuentro de Cristo los niños y los jóvenes de Jerusalén, aclamando y agitando con júbilo ramos de olivo y de palmas.
Hoy acogemos con fe y con júbilo a Cristo, que es nuestro "rey":  rey de verdad, de libertad, de justicia y de amor. Estos son los cuatro "pilares" sobre los que es posible construir el edificio de la verdadera paz, como escribió hace cuarenta años en la encíclica Pacem in terrisel beato Papa Juan XXIII. 


4. La paz es don de Cristo, que nos lo obtuvo con el sacrificio de la cruz. Para conseguirla eficazmente, es necesario subir con el divino Maestro hasta el Calvario. Y en esta subida, ¿quién puede guiarnos mejor que María, que precisamente al pie de la cruz nos fue dada como madre en el apóstol fiel, san Juan?  El vínculo íntimo con la Madre del Señor llevará al "discípulo amado" a convertirse en el apóstol del Amor que él había tomado del Corazón de Cristo a través del Corazón inmaculado de María.

5. "He ahí a tu Madre". Jesús os dirige estas palabras a cada uno de vosotros, queridos amigos. También a vosotros os pide que acojáis a María como madre "en vuestra casa", que la recibáis "entre vuestros bienes", porque "ella, desempeñando su ministerio materno, os educa y os modela hasta que Cristo sea formado plenamente en vosotros" (Mensaje, 3). María os lleve a responder generosamente a la llamada del Señor y a perseverar con alegría y fidelidad en la misión cristiana.

6. "Realmente, este hombre era el Hijo de Dios" (Mc 15, 39). Hemos vuelto a escuchar la clara profesión de fe del centurión, "al ver cómo había expirado" (Mc 15, 39). De cuanto vio brota el sorprendente testimonio del soldado romano, el primero en proclamar que ese hombre "era el Hijo de Dios".

EL PAPA: PIDO PERDÓN POR TODO EL MAL COMETIDO POR ALGUNOS SACERDOTES CON LOS ABUSOS SEXUALES A LOS NIÑOS

«Queridos amigos,

les doy las gracias por este encuentro. Aprecio sus esfuerzos en favor de los niños: es una expresión concreta y actual de la predilección que el Señor Jesús tiene por ellos.

A mí me gusta decir que en una sociedad bien constituida los privilegios sólo deben ser para los niños y los ancianos, porque el futuro de un pueblo está en manos de ellos. Los niños porque ciertamente llevarán adelante la fuerza de la historia. Los ancianos porque son la sede de la sabiduría de un pueblo y tienen que aportar esa sabiduría ¿no?

Podemos decir que el BICE nació de la maternidad de la Iglesia. En efecto, tuvo su origen a partir de la intervención del Papa Pío XII en defensa de los niños, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, esta organización se ha comprometido siempre en promover la defensa de los derechos del menor, contribuyendo también a la Convención de las Naciones Unidas de 1989. Y en esta labor colabora constantemente con las oficinas de la Santa Sede en Nueva York, en Estrasburgo y sobre todo en Ginebra.

Usted, con delicado espíritu de fineza, habló del buen trato. Le agradezco, esta expresión suave, pero me siento interpelado a hacerme cargo de todo el mal de algunos sacerdotes, bastantes. Bastantes en número, no en comparación con la totalidad. Hacerme cargo de pedir perdón del daño que han hecho con los abusos sexuales a los niños. La Iglesia es consciente de este daño; es un daño personal y moral de ellos, pero hombres de Iglesia. Y no vamos a dar un paso atrás en lo que se refiere al tratamiento de estos problemas y a las sanciones que se deben poner, al contrario. Creo que debemos ser muy fuertes. Con los chicos no se juega.

En nuestros días, es importante llevar adelante los proyectos contra el trabajo esclavo, contra el reclutamiento de niños soldados y cualquier tipo de violencia sobre los menores.

Dicho en positivo, es preciso reafirmar el derecho de los niños a crecer en una familia, con un padre y una madre capaces de crear un ambiente idóneo para su desarrollo y su madurez afectiva. Seguir madurando en la relación y confrontación con lo que es la masculinidad y la femineidad de un padre y de una madre y a seguir así madurando, ir armando su madurez afectiva.

Esto comporta al mismo tiempo apoyar el derecho de los padres a la educación moral y religiosa de sus hijos. Y en este punto quisiera manifestar mi rechazo a todo tipo de experimentación educativa con los chicos. Con niños y jóvenes no se puede experimentar. No son cobayas de laboratorio.

Los horrores de la manipulación educativa que hemos vivido en las grandes dictaduras genocidas del siglo XX no han desparecido; conservan su actualidad bajo ropajes diversos y propuestas que, con pretensión de modernidad, fuerzan a caminar a niños y jóvenes por el camino dictatorial del “pensamiento único”. Me decía hace un poco más de una semana un gran educador: a veces uno no sabe si con estos proyectos – se refería a proyectos concretos de educación – uno manda al chico a la escuela o a un campo de reeducación.

Trabajar por los derechos humanos presupone mantener siempre viva la formación antropológica, estar bien preparados en la realidad de la persona humana, y saber responder a los problemas y desafíos que plantean las culturas contemporáneas y la mentalidad difundida por los medios de comunicación social. 


Obviamente no se trata de acurrucarnos en cobertizos de protección, que hoy día son incapaces de dar vida, que dependen de culturas que ya está pasadas... que... no eso no. Eso está mal. Pero enfrentar con los valores positivos de la persona humana los nuevos desafíos que nos traen las culturas nuevas.

Para ustedes, se trata de ofrecer a sus dirigentes y funcionarios una formación permanente sobre la antropología del niño, porque es ahí donde los derechos y las obligaciones tienen su fundamento. De ella depende el planteamiento de los proyectos educativos, que obviamente tienen que ir progresando tienen que ir madurando, tienen que acomodarse a los signos de los tiempos. Respetando siempre la identidad humana y la libertad de conciencia.

Gracias de nuevo. Les deseo un buen trabajo. Me viene a la mente el logo que la comisión de protección de niñez y adolescencia tenía en Buenos Aires, que Norberto conoce muy bien. El logo de la Sagrada Familia arriba de un burrito, escapando a Egipto, defendiendo ese Niño. A veces para defender hay que escapar. A veces hay que quedarse y proteger. A veces hay que pelear. Pero siempre hay que tener ternura. Gracias por lo que hacen. Que el Señor los bendiga y la Virgen los acompañe».

Los sumos sacerdotes y los fariseos resuelven matar a Jesús. Evangelio según San Juan 11,45-57.


Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Pero otros fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que Jesús había hecho.
Los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron un Consejo y dijeron: "¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchos signos.
Si lo dejamos seguir así, todos creerán en él, y los romanos vendrán y destruirán nuestro Lugar santo y nuestra nación".
Uno de ellos, llamado Caifás, que era Sumo Sacerdote ese año, les dijo: "Ustedes no comprenden nada.
¿No les parece preferible que un solo hombre muera por el pueblo y no que perezca la nación entera?".
No dijo eso por sí mismo, sino que profetizó como Sumo Sacerdote que Jesús iba a morir por la nación,
y no solamente por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios que estaban dispersos.
A partir de ese día, resolvieron que debían matar a Jesús.
Por eso él no se mostraba más en público entre los judíos, sino que fue a una región próxima al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí permaneció con sus discípulos.
Como se acercaba la Pascua de los judíos, mucha gente de la región había subido a Jerusalén para purificarse.
Buscaban a Jesús y se decían unos a otros en el Templo: "¿Qué les parece, vendrá a la fiesta o no?".
Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado orden de que si alguno conocía el lugar donde él se encontraba, lo hiciera saber para detenerlo.

viernes, 11 de abril de 2014

Oración al Señor Jesús


Señor Jesús, 
también nosotros hemos "visto" 
cómo has padecido 
y cómo has muerto por nosotros
. 
Fiel hasta el extremo, 
nos has arrancado de la muerte 
con tu muerte.
Con tu cruz nos ha redimido.
Tú, María, Madre dolorosa, 
eres testigo silenciosa 
de aquellos instantes decisivos
para la historia de la salvación.
Danos tus ojos para reconocer 
en el rostro del Crucificado, 
desfigurado por el dolor, 
la imagen del Resucitado glorioso.

Ayúdanos a abrazarlo 
y a confiar en él, 
para que seamos dignos de sus promesas.
Ayúdanos a serle fieles hoy 
y durante toda nuestra vida. Amén.

El diablo también está en el Siglo XXI, aprendamos del Evangelio cómo combatirlo, dijo el Papa en su homilía

Aprendamos del Evangelio a luchar contra las tentaciones del demonio. Lo afirmó el Papa Francisco en su homilía de la Misa matutina celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta. El Pontífice subrayó que todos somos tentados, porque el diablo no quiere nuestra santidad. Y reafirmó que la vida cristiana es, precisamente, una lucha contra el mal.
“La vida de Jesús ha sido una lucha. Vino para vencer el mal, para vencer al príncipe de este mundo, para vencer al demonio”. Con estas palabras el Papa comenzó su homilía dedicada enteramente a la lucha contra el demonio. Una lucha – dijo – que debe afrontar todo cristiano. Y subrayó que el demonio “tentó a Jesús tantas veces, y Jesús sintió en su vida las tentaciones”, así como “también las persecuciones”. A la vez que advirtió que nosotros, los cristianos, “que queremos seguir Jesús”, “debemos conocer bien esta verdad”:
 

“También nosotros somos tentados, también nosotros somos objeto del ataque del demonio, porque el espíritu del mal no quiere nuestra santidad, no quiere el testimonio cristiano, no quiere que seamos discípulos de Jesús. ¿Y cómo hace el espíritu del mal para alejarnos del camino de Jesús con su tentación? La tentación del demonio tiene tres características y nosotros debemos conocerlas para no caer en las trampas. ¿Cómo hace el demonio para alejarnos del camino de Jesús? La tentación comienza levemente, pero crece: siempre crece. Segundo, crece y contagia a otro, se transmite a otro, trata de ser comunitaria. Y, al final, para tranquilizar el alma, se justifica. Crece, contagia y se justifica”.



La primera tentación de Jesús – observó Francisco – “casi siembra una seducción”: el diablo dice a Jesús que se tire del Templo y así, sostiene el tentador, “todos dirán: ‘¡He aquí el Mesías!’”. Es lo mismo que hizo con Adán y Eva: “Es la seducción”. El diablo – dijo el Papa – “habla como si fuera un maestro espiritual”. Y cuando la tentación “es rechazada”, entonces “crece: crece y vuelve más fuerte”. Jesús – recordó el Santo Padre – “lo dice en el Evangelio de Lucas: cuando el demonio es rechazado, gira y busca a algunos compañeros y con esta banda, vuelve”. Por lo tanto, “crece también implicando a otros”. Así sucedió con Jesús, “el demonio implica” a sus enemigos. Y lo que “parecía un hilo de agua, un pequeño hilo de agua, tranquilo – explicó Francisco – se convierte en una marea”.
 

La tentación “crece, y contagia. Y al final, se justifica”. El Papa también recordó que cuando Jesús predica en la Sinagoga, inmediatamente sus enemigos lo disminuyen, diciendo: “Pero, ¡éste es el hijo de José, el carpintero, el hijo de María! ¡Nunca fue a la universidad! Pero, ¿con qué autoridad habla? ¡No estudió!”. La tentación – dijo Francisco – “implicó a todos contra Jesús”. Y el punto más alto, “más fuerte de la justificación – añadió el Pontífice – es el del sacerdote”, cuando dice: “¿No saben que es mejor que un hombre muera” para salvar “al pueblo?”:
 

“Tenemos una tentación que crece: crece y contagia a los demás. Pensemos en una habladuría, por ejemplo: yo siento un poco de envidia por aquella persona, por aquella otra, y antes tengo la envidia dentro, solo, y es necesario compartirla y a va a lo de otra persona y dice: ‘¿Pero tú has visto a esa persona?’… y trata de crecer y contagia a otro, a otro… Pero éste es el mecanismo de las habladurías ¡y todos nosotros hemos sido tentados de caer en las habladurías! Quizá alguno de ustedes no, si es santo, ¡pero también yo estoy tentado por las habladurías! Esta es una tentación cotidiana. Comienza así, suavemente, como el hilo de agua. Crece por contagio y, al final, se justifica”.

Estemos atentos – dijo también el Papa – “cuando en nuestro corazón sentimos algo que terminará por destruir” a las personas. 

“Estemos atentos – recalcó – porque si no detenemos a tiempo ese hilo de agua, cuando crecerá y contagiará será una marea tal que sólo nos conducirá a justificarnos mal, como se justificaron estas personas”. Y afirmó que “es mejor que muera un hombre por el pueblo”:
“Todos somos tentados, porque la ley de la vida espiritual, de nuestra vida cristiana, es una lucha: una lucha. Porque el príncipe de este mundo – el diablo – no quiere nuestra santidad, no quiere que nosotros sigamos a Cristo. Alguno de ustedes, tal vez, no sé, podría decir: ‘Pero, Padre, ¡qué antiguo es usted: hablar del diablo en el Siglo XXI!’. Pero ¡miren que el diablo existe! El diablo existe. ¡También en el Siglo XXI! Y no debemos ser ingenuos, ¡eh! Debemos aprender del Evangelio cómo se hace para luchar contra él”.

(María Fernanda Bernasconi – RV).

ORAR CON EL SALMO DE HOY: EN EL PELIGRO INVOQUÉ AL SEÑOR Y ME ESCUCHÓ


Del salmo 17:

 En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;
Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,
mi fuerza salvadora, mi baluarte.
Invoco al Señor de mi alabanza
y quedo libre de mis enemigos.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

Me cercaban olas mortales,
torrentes destructores me aterraban,
me envolvían las redes del abismo,
me alcanzaban los lazos de la muerte.

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó

En el peligro invoqué al Señor,
grité a mi Dios.
Desde su templo Él escuchó mi voz,
y mi grito llegó a sus oídos. 

En el peligro invoqué al Señor, y me escuchó