jueves, 20 de febrero de 2014

No dudemos del amor de Cristo

Los discípulos tenían miedo como también nosotros tenemos miedo de afrontar los desafíos del día a día. Su atención estaba centrada más en el resolver las cuestiones y problemas del momento y no tanto en mirar al Maestro que siempre estaba con ellos.


¿Teniendo ojos no veis y oídos no oís? Les replica el Señor. Están con Dios y aún así sus ojos se centran en otras realidades y dudan del poder infinito del Señor. 

Habían visto los milagros y su poder pero prefieren poner la confianza en sus propias fuerzas humanas. Jesús ya se los había dicho: Buscad primero su Reino y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura (Mt 6,33). Pero les faltaba confiar. Muchas veces afrontamos las dificultades sin mirar al Señor que siempre está con nosotros y quiere ayudarnos. Qué fácil es caer en el cansancio y el tedio cuando afrontamos solos las luchas de cada día. 

Miremos al Señor y pongamos nuestras angustias y alegrías en Él. Lo que más le duele a Cristo es que dudemos de su amor. Él nunca se va a cansar de acompañarnos y demostrarnos su amor. Tal vez no sabemos ver, al igual que los discípulos, esos milagros y continuas muestras de amor que tiene con nosotros. Hagamos nuestra esa llamada de atención que le hace Jesús a sus apóstoles ¿Teniendo ojos no veis y oídos no oís?... Dios está con nosotros y solo busca que seamos felices. Confiemos en Él.

La confianza en el amor de Dios por cada uno de nosotros en particular es la causa y la fuente de la verdadera alegría porque nos sentimos realmente hijos amados y predilectos de Dios. Busquemos en nuestras vidas ser reflejo del amor a Dios. Transmitamos la alegría de sabernos hijos amados de Dios a todos los que nos rodean sin importar lo poco o mucho que nos agraden los demás.

Julián Higuera

miércoles, 19 de febrero de 2014

Acercarse al sacramento de la Penitencia para recibir el abrazo de la infinita misericordia del Padre, invitación del Papa Francisco

 El Santo Padre Francisco volvió a encontrarse con miles de fieles y peregrinos en la Plaza de San Pedro para la audiencia semanal. La catequesis de este miércoles estuvo centrada en el sacramento de la Reconciliación “auténtico tesoro, que en ocasiones corremos el peligro de olvidar”. El Obispo de Roma nos recordó que el perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino don del Espíritu Santo que nos purifica con la misericordia y la gracia del Padre. “La Confesión, que se realiza de forma personal y privada, no debe hacernos olvidar su carácter eclesial”. “No basta pedir perdón al Señor interiormente; es necesario confesar con humildad los propios pecados ante el sacerdote, que representa a Dios y a la Iglesia”, puntualizó el Papa, quien invitó a todos a acercarse al sacramento de la Penitencia y recibir así el abrazo de la infinita misericordia del Padre, “que está siempre dispuesto a acogernos.” (RC-RV)
Resumen de su catequesis y saludo del Papa en nuestro idioma:
 

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está centrada en el sacramento de la Reconciliación, con el que el Señor continúa su obra de salvación entre nosotros. Este sacramento brota directamente del Misterio Pascual. Jesús Resucitado se apareció a sus apóstoles y les dijo: «Reciban el Espíritu Santo, a quienes perdonen los pecados, les quedarán perdonados». Así pues, el perdón de los pecados no es fruto de nuestro esfuerzo personal, sino don del Espíritu Santo que nos purifica con la misericordia y la gracia del Padre.
La Confesión, que se realiza de forma personal y privada, no debe hacernos olvidar su carácter eclesial. En la comunidad cristiana es donde se hace presente el Espíritu Santo, que renueva los corazones en el amor de Dios y une a todos los hermanos en un solo corazón, en Jesucristo. Por eso, no basta pedir perdón al Señor interiormente; es necesario confesar con humildad los propios pecados ante el sacerdote, que representa a Dios y a la Iglesia.
El ministerio de la Reconciliación es un auténtico tesoro, que en ocasiones corremos el peligro de olvidar, por pereza o por vergüenza, pero sobre todo por haber perdido el sentido del pecado, que en el fondo es la pérdida del sentido de Dios
. Convirtiéndonos a nosotros mismos en única medida y sin tener que dar cuentas a nadie, nos cerramos a Dios y a los hermanos..
 En cambio, cuando nos dejamos reconciliar por Jesús, encontramos la paz verdadera Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los participantes en el Curso Internacional de Animación Misionera, así como a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a acercarse al sacramento de la Penitencia y recibir así el abrazo de la infinita misericordia del Padre, que siempre está dispuesto a acogernos. Muchas gracias.



"Las imágenes de Dios"

"Meditaciones para la Fe", con el Padre Guillermo Buzzo
 
 

En el prólogo del evangelio según San Juan dice: a Dios nadie lo ha visto jamás. Y es verdad. Dios no forma parte de las cosas que nuestros sentidos pueden percibir.
A Dios no se lo ve, no se lo huele, no se lo toca, y cuando decimos que lo escuchamos, no nos referimos a escucharlo como escuchamos, por ejemplo, este programa de radio. A Dios nadie lo ha visto jamas… Pero sí es verdad, que, los que hemos recibido el regalo de la fe, mantenemos sí, un tipo de relación con Dios. Le hablamos, le preguntamos, nos enojamos, le pedimos perdón, le agradecemos, lo alabamos. Y cada uno, con su modo particular, desarrolla esta relación con sus momentos más intensos, y otros momentos más tranquilos, y hasta casi vacíos. Como pasa con cualquier relación de amistad.

Como no lo vemos, como no tenemos esa proximidad así más tangible, se nos hace difícil de a ratos. Estamos acostumbrados a lo concreto; incluso las telecomunicaciones son cada vez más reales: ahora no sólo escuchamos sino que además podemos ver a aquellos que conversan con nosotros a miles de kilómetros. 
Pero con Dios, no pasa así. Dice un salmo: Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Tengo sed de Dios, del Dios vivo: ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?

No podemos vivir sin imágenes, y entonces, sucede, que nos formamos en nuestra imaginación una imagen de Dios. Cuando digo que nos formamos una imagen, no me refiero a si Dios tiene o no barba, de qué color, como es el tono de su voz, y cómo va vestido, etc. No, eso es otra cosa. Lo que me refiero hoy es que nos creamos una imagen, una idea de quién es Dios, de cómo es, de cómo se para frente a mí. Qué piensa de mí, qué piensa de mi vida, de mis pecados, de mi miseria. Qué espera de mí, Cuál es su plan para mí. Tantas veces nos ha pasado con otras personas lo mismo. Nos hacemos la idea de que es así, o de otra forma, que piensa esto, o que reaccionará de tal modo. Y cuando un día tenemos la oportunidad de compartir con ella, se nos desarma todo. Porque nuestra imagen, aquella que nosotros formamos, no se ajustaba a la realidad.

A Dios nadie lo ha visto jamas, dice juan, y continúa: El Hijo Unigénito, que está en el seno del Padre, el nos lo ha revelado. Así termina Juan su prólogo. Por eso, la Iglesia afirma que Jesucristo es el mediador y la plenitud de la revelación de Dios al Hombre. El mediador, porque es a través de Él, que es el único que lo conoce, que llegamos al Padre.
 


Y es el culmen, la pleitud, porque si bien a lo largo de la historia, Dios ha ido dando pistas de su presencia y de sus planes, llegamos al punto máximo cuando envía a su propio Hijo al mundo para mostrar su rostro.San Pablo lo expresa de otra forma: Dice: Cristo es la imagen del Dios invisible.
Por eso, católico, católica, necesitamos revisar cómo es la imagen que nos hemos formado de Dios, y ver si de verdad coincide con lo que Jesús nos ha mostrado del Padre.


"Dios es providente"

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martes, 18 de febrero de 2014

Si conocieras como te amo

Cuando estamos tentados, sólo la Palabra de Dios nos salva, el Papa el martes en Santa Marta

Resistir a la seducción de las tentaciones es posible solamente “cuando se escucha la Palabra de Jesús”. Lo afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa presidida esta mañana en la Casa de Santa Marta. No obstante nuestras debilidades, repitió el Papa, Cristo nos da siempre “confianza” y nos abre un horizonte más amplio de nuestros límites.

La tentación se manifiesta como una atracción inocua y termina por transformarse en una jaula, de la que a menudo más que buscar evitarla se intenta minimizar su esclavitud, sordos a la Palabra de Dios. En su homilía, el Papa reafirmó una verdad y una secuencia descritas por Santiago en un pasaje de su Epístola, propuesta por la liturgia. La verdad es que jamás es Dios quien tienta al hombre, sino sus pasiones. La secuencia es aquella producida por las mismas pasiones las cuales, dice el Apóstol, “conciben y generan el pecado. Y el pecado, una vez cometido, produce la muerte”:

“La tentación, ¿de dónde viene? ¿Cómo actúa dentro de nosotros? El apóstol nos dice que no viene de Dios, sino de nuestras pasiones, de nuestras debilidades interiores, de las heridas que ha dejado en nosotros el pecado original: las tentaciones vienen de allí, de estas pasiones. Es curioso, la tentación tiene tres características: crece, contagia y se justifica. Crece: comienza como si nada, y crece… El mismo Jesús decía esto, cuando habló de la parábola del grano y de la cizaña: el grano crecía, pero también la cizaña sembrada por el enemigo. Y la tentación crece: crece, crece… Y si uno no la detiene, ocupa todo”.
Además, continuó el Pontífice, la tentación “busca otro para hacerse compañía, contagia” y “en este crecer y contagiar, la tentación nos encierra en un ambiente de donde no se puede salir con facilidad”. Es la experiencia de los Apóstoles narrada en el Evangelio del día, que ve a los Doce culparse unos a otros bajo los ojos del Maestro por no haber traído pan a bordo de la barca. Jesús, observó el Santo Padre, quizás sonriendo por aquel altercado, los invita a estar “atentos de la levadura de los fariseos y de la levadura de Herodes.” Pero los Apóstoles que por un poco insisten, sin escucharlo, “tan cerrados en el problema de quién tuviese la culpa por no haber traído pan - comentó Francisco - no tenían lugar, no tenían tiempo, no tenían luz para la Palabra de Dios”:

“Y así, cuando estamos tentados, no escuchamos la Palabra de Dios: no escuchamos. No entendemos. Y Jesús ha debido recordar la multiplicación de los panes para hacerlos salir de aquel ambiente, porque la tentación nos encierra, nos quita toda capacidad de previsión, nos cierra todo horizonte, y así nos lleva al pecado. Cuando estamos tentados, solo la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús nos salva. Escuchar aquella Palabra que nos abre el horizonte… Él siempre está dispuesto a enseñarnos cómo salir de la tentación. Y Jesús es grande porque no solo nos hace salir de la tentación, sino que nos da más confianza”.

Esta confianza, afirmó el Obispo de Roma, es “una fuerza grande, cuando somos tentados: el Señor nos espera”, “se fía de nosotros tentados, pecadores”, “abre siempre horizontes”. Por el contario, repitió Francisco, el diablo con “la tentación, encierra, cierra, cierra” y hace “crecer” un ambiente parecido a la barca de los Apóstoles. No dejarse “encarcelar” por este tipo de ambiente, concluyó, es posible sólo “cuando se escucha la Palabra de Jesús”:
“Pidamos al Señor que siempre, como hizo con los discípulos, con su paciencia, cuando somos tentados nos diga: ‘Detente, estate tranquilo. Acuérdate que hice contigo en aquel momento, en aquel tiempo: acuérdate. Alza los ojos, mira el horizonte, no cerrar, no te cierres, va adelante’. Y esta Palabra nos salvará de caer en el pecado en el momento de la tentación”. (RC-RV)

“Sin la paciencia no se crece”, el Papa este lunes en Santa Marta

“La paciencia no es resignación, es otra cosa”: el Papa comentó la carta de Santiago donde está escrito: “alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas”. “Parece una invitación a volverse faquir” – observó – pero no es así. La paciencia, soportar las pruebas, “las cosas que nosotros no queremos”, hace “madurar nuestra vida. 

Quien no tiene paciencia quiere todo de inmediato, todo de prisa. Quien no conoce esta sabiduría de la paciencia – subrayó el Santo Padre - es una persona caprichosa, como los niños que son caprichosos” y ninguna cosa les está bien. “La persona que no tiene paciencia – explicó - es una persona que no crece, que se queda en los caprichos del niño, que no sabe tomar la vida como viene: o esto o nada. Ésta es una de las tentaciones: volverse caprichosos”. 

“Otra tentación de aquellos que no tienen paciencia – afirmó el Pontífice - es la omnipotencia” de querer de inmediato una cosa, como sucedió a los fariseos que piden a Jesús un signo del cielo: “querían un espectáculo, un milagro”:
“Confunden el modo de actuar de Dios con el modo de actuar de un brujo. Y Dios no actúa como un brujo, Dios tiene su modo de ir adelante. La paciencia de Dios. También Él tiene paciencia. Cada vez que nos dirigimos al sacramento de la reconciliación, ¡cantamos un himno a la paciencia de Dios! 

Con cuánta paciencia el Señor nos lleva sobre su espalda, ¡con cuánta paciencia! La vida cristiana debe desenvolverse sobre esta música de la paciencia, porque es precisamente la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de aquellos que han creído en la Palabra de Dios, que han seguido el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abraham: ‘Camina delante de mí y se irreprensible’”.
 



El pueblo de Dios – constató el Obispo de Roma citando la Carta a los Hebreos – “ha sufrido tanto, han sido perseguidos, asesinados”, pero tuvo “la alegría de saludar desde lejos las promesas” de Dios. “Ésta es la paciencia” que “nosotros debemos tener en las pruebas: la paciencia de una persona adulta, la paciencia de Dios” que nos lleva sobre la espalda. Y ésta – prosiguió - es “la paciencia de nuestro pueblo”:
“¡Cuán paciente es nuestro pueblo! ¡Aún hoy! Cuando vamos a las parroquias y encontramos a aquellas personas que sufren, que tienen problemas, que tienen un hijo minusválido o tienen una enfermedad, pero llevan adelante la vida con paciencia. No piden signos, como aquellos del Evangelio, que pretendían una señal. Decían: ‘¡Danos un signo!’. No, no piden, pero saben leer los signos de los tiempos: saben que cuando el higo florece, llega la primavera; saben distinguir aquello. En cambio, estos impacientes del Evangelio de hoy, que querían una señal, no sabían leer los signos de los tiempos, y por eso no reconocieron a Jesús”.

Francisco finalizó su homilía alabando a la “gente de nuestro pueblo, gente que sufre, que sufre tantas, tantas cosas, pero que no pierde la sonrisa de la fe, que tiene la alegría de la fe”:
“Y esta gente, nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones - tanta gente – es aquella que lleva adelante a la Iglesia, con su santidad, de todos los días, de cada día. ‘Hermanos, alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas, sabiendo que la fe, al ser probada, produce la paciencia. Y la paciencia debe ir acompañada de obras perfectas, a fin de que ustedes lleguen a la perfección y a la madurez, sin que les falte nada.’ (Sant 1, 2-4). Que el Señor nos dé a todos nosotros la paciencia, la paciencia alegre, la paciencia del trabajo, de la paz, nos de la paciencia de Dios, ésa que Él tiene, y nos de la paciencia de nuestro pueblo fiel, que es tan ejemplar”. (RC-RV)

ORAR CON EL SALMO DE HOY: CUANDO ESTOY CARGADO DE PREOCUPACIONES, TUS CONSUELOS ME LLENAN DE ALEGRÍA, SEÑOR



Feliz el que es educado por ti, Señor, 
aquél a quien instruyes con tu ley, 
para darle un descanso después de la adversidad, 
mientras se cava una fosa para el malvado. 

Porque el Señor no abandona a su pueblo 
ni deja desamparada a su herencia: 
la justicia volverá a los tribunales 
y los rectos de corazón la seguirán. 

Cuando pienso que voy a resbalar, 
tu misericordia, Señor, me sostiene; 
cuando estoy cargado de preocupaciones, 
tus consuelos me llenan de alegría. 

El Señor es mi fortaleza, 
mi Dios es la Roca en que me refugio 

lunes, 17 de febrero de 2014

Evangelio según San Marcos 8,11-13. COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO


«Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo.

Jesús, suspirando profundamente, dijo: "¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo".
Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla».


La paciencia, superar las pruebas, hace madurar nuestra vida. Quien no tiene paciencia, quiere todo enseguida, ahora mismo. El Papa subraya que quien no posee la sabiduría de la paciencia “es una persona caprichosa, como los niños caprichosos, que no están conformes con nada. La persona que no tiene paciencia no crece, se queda en los caprichos del niño, y no sabe aceptar la vida como viene. Quiere esto o nada. Esta es una de las tentaciones: ser caprichosos”.

Los fariseos que piedieron a Jesús un signo del Cielo “querían un espectáculo, un milagro. Confunden el modo de actuar de Dios con el de una especie de mago. Y Dios no actúa como un mago, Dios tiene su modo de ir adelante. La paciencia de Dios. También Él tiene paciencia. Cada vez que vamos al sacramento de la reconciliación, cantamos un himno a la paciencia de Dios. El Señor nos lleva sobre sus hombros, con mucha paciencia, ¡con cuánta paciencia!”

La vida cristiana debe desarrollarse sobre esta música de fondo de la paciencia, porque “fue la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de quienes han creído en la Palabra de Dios, y que han seguido el mandamiento que el Señor dio a nuestro padre Abraham: ‘Camina en mi presencia y sé irreprensible’.

El pueblo de Dios ha sido paciente, lo es también ahora: “Cuando vamos a las parroquias y encontramos esas personas que sufren, que tienen problemas, que tienen un hijo discapacitado, o tienen una enfermedad, pero llevan adelante la vida con paciencia. No piden signos, como los fariseos del Evangelio que querían un signo. No, no lo piden, pero saben leer los signos de los tiempos. En cambio, estos impacientes del Evangelio de hoy que querían un signo, no sabían leer los signos de los tiempos, y por eso no reconocieron a Jesús”.

En nuestro pueblo, en nuestras parroquias, en nuestras instituciones hay tantas personas que llevan adelante la Iglesia con su santidad de todos los días, de cada día.

El Papa concluyó citando las palabras de la lectura de hoy del apóstol Santiago: «Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna». Y pidió: “Que el Señor nos dé a todos nosotros la paciencia, la paciencia gozosa, la paciencia del trabajo, de la paz, nos dé la paciencia de Dios, la que Él tiene, y nos dé la paciencia de nuestro pueblo fiel, que es tan ejemplar”.
De News.va

domingo, 16 de febrero de 2014

Evangelio según San Mateo 5,17-37.


No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento.
Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice.
El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.
Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.
Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal.
Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego.
Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti,
deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda.
Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso.
Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo.
Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio.
Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón.
Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena.
También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio.
Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio.
Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor.
Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios,
ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey.
No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos.
Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.

Fuente: News.va

Arzobispo de Tánger: Lo inaceptable

Es inaceptable que la vida de un ser humano tenga menos valor que una supuesta seguridad o impermeabilidad de las fronteras de un estado.

Es inaceptable que una decisión política vaya llenando de sepulturas un camino que los pobres recorren con la fuerza de una esperanza.

Es inaceptable que mercancías y capitales gocen de más derechos que los pobres para entrar en un país.

Es inaceptable que las políticas migratorias de los llamados países desarrollados, ignoren a los empobrecidos de la tierra, vulneren sus derechos fundamentales, y se conviertan en el caldo de cultivo necesario para que se multiplique en los caminos de los emigrantes el poder de las mafias que los explotan.

Es inaceptable que se reclamen fronteras impermeables para los pacíficos de la tierra, y se toleren permeables para el dinero de la corrupción, para el turismo sexual, para la trata de personas, para el comercio de armas.

Es inaceptable que una política inhumana de fronteras obligue a las fuerzas del orden a cargar la vida entera con la memoria de muertes que nunca quisieron causar.

Es inaceptable que el mundo político no tenga una palabra creíble que dar y una mano firme que ofrecer a los excluidos de una vida digna.

Es inaceptable que a los fallecidos en las fronteras se les haga culpables, primero de su miseria, y luego de su muerte. Ellos no son agresores: han sido agredidos desde que sus corazones empezaron a latir al sur del Sahara, hasta que se paran para siempre, antes en nuestra indiferencia que en nuestras fronteras.

Es inaceptable que el negrero de ayer perviva en los gobiernos que hoy vuelven a encadenar la libertad de los africanos, supeditándola a los mismos intereses y al mismo poder opresor.

Desde la impotencia a la esperanza:

Queridos: ante el drama de sufrimientos y muerte en que el poder ha convertido los caminos de los emigrantes, es difícil que apartemos de nuestro corazón sentimientos de frustración, de impotencia, de tristeza, de indignación. Pero nuestro compromiso con la vida de los pobres no nace de esos sentimientos, sino de un amor incondicional, un amor fiel, que a todos se nos ha manifestado, y que a todos nos ha reunido para siempre en el único cuerpo de Cristo.

“No te cierres a tu propia carne”: no te cierres al sufrimiento de Cristo.

En este camino el poder no puede seguirnos. A él sólo le pedimos que sea justo. A nosotros el amor nos pide dar incluso la vida por el bien de los demás.

Y son muchas las cosas que, hasta dar la vida, podemos hacer: Tenemos la fuerza del amor y de la oración, una fuerza que es capaz de mover el mundo. Podemos hacer que los emigrantes no estén solos en su camino, y podemos dejar solos a quienes, gobiernos o mafias, les están robando la vida. Podemos compartir con el emigrante nuestro poco de leña, nuestro poco de agua, la última harina de nuestra vasija, el último aceite de nuestra alcuza. Podemos darles voz para que se escuche su grito, podemos llamar a las puertas de cada conciencia para que la sociedad reclame una nueva política de fronteras, y, con terquedad de discípulos de Jesús, podemos recordar a cada hombre que es su propia carne, también la de Cristo, la que, día a día, es condenada a muerte en las fronteras del sur de Europa.
Queridos: no me dejéis sin vuestra oración.

viernes, 14 de febrero de 2014

El cristiano es “enviado” y anuncia el Evangelio “con alegría”. Lamentándose no se hace un favor al Señor. El Papa el viernes en Santa Marta


El cristiano no se detiene, camina siempre más allá de las dificultades. Lo afirmó el Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta. En la fiesta de los Santos Patronos de Europa, Cirilo y Metodio, el Pontífice se concentró en la identidad del discípulo. El Evangelio, advirtió, se anuncia con alegría, lamentándose no se hace un favor al Señor. Y puso en guardia sobre las tentaciones de hacerse lobo entre los lobos.

¿Cómo debe ser un discípulo de Jesús? El Papa se inspiró en las figuras de Cirilo y Metodio para detenerse en la identidad del cristiano. Y comentando la primera Lectura tomada de los Hechos de los Apóstoles subrayó que el cristiano es “enviado”. El Señor envía a sus discípulos, les pide ir adelante. “Y esto – observó – significa que el cristiano es un discípulo del Señor que camina, que va siempre adelante”:

“No se puede pensar en un cristiano inmóvil: un cristiano que se detiene está enfermo, sufre alguna enfermedad en su identidad cristiana, tiene alguna enfermedad en aquella identidad. El cristiano es discípulo para caminar, para avanzar. Al final lo hemos escuchado en el Salmo, la despedida del Señor: ‘Vayan por todo el mundo y proclamen el Evangelio’. Vayan. Caminen. Esto: una primera actitud de la identidad cristiana es caminar, y caminar también si hay dificultades, ir más allá de las dificultades”.

Esto, agregó, es lo que sucedió con Pablo en Antioquia de Pisidia, “donde había dificultades con la comunidad judía”. Jesús, recordó el Obispo de Roma, “exhorta a ir a los cruces de los caminos” y a invitar a “todos, buenos y malos”. Así dice el Evangelio, reiteró: “¡También a los malos! Todos”. El cristiano, por lo tanto, “camina” y “si hay dificultades, va más allá, para anunciar que el Reino de Dios está cerca”. Un segundo aspecto de la identidad del cristiano, continuó, “es que el cristiano debe permanecer siempre cordero”. El cristiano, repitió, “es un cordero, y debe conservar esta identidad”. El Señor nos envía “como corderos en medio de los lobos”. Pero, se preguntó el Papa, alguien podría proponer usar la “fuerza contra ellos”. Pensemos en David, y de esta forma observó, “cuando debía luchar contra el filisteo: querían vestirlo con todas las armaduras de Saúl y no podía moverse”. Así, explicó Francisco, “no era el mismo, no era el humilde, no era el simple David. Al final, él tomó solo la honda y venció la batalla”:

“Como corderos… No volverse lobos… Porque, a veces, la tentación nos hace pensar: ‘Esto es difícil, estos lobos son astutos y yo seré más astuto que ellos, ¿eh?’. Cordero. No tonto, sino cordero. Cordero. Con la astucia cristiana, pero cordero siempre. Porque si tú eres cordero, Él te defiende. Pero si tú te sientes fuerte como el lobo, Él no te defiende, te deja solo, y los lobos te comerán inmediatamente. Como cordero”.

El tercer aspecto de esta identidad, dijo, es el “estilo del cristiano” que es “la alegría”. Los cristianos, afirmó, “son personas que exultan porque conocen al Señor y llevan consigo al Señor”. Y advirtió que “no se puede caminar como cristiano sin alegría, no se puede caminar como cordero sin gozo”. También “en los problemas, también en las dificultades, también en los propios errores y pecados – insistió – está la alegría de Jesús que perdona y ayuda siempre”. El Evangelio entonces “debe ir adelante, llevado por estos corderos enviados por el Señor que camina, con alegría”:

“Aquellos cristianos que tienen un tiempo de adagio-lamentoso, que viven siempre así, quejándose de todo, tristes, no le hacen un favor ni al Señor ni a la Iglesia… Éste no es el estilo del discípulo. San Agustín dice a los cristianos: ‘¡Anda, va adelante, canta y camina!’. Con alegría: y ese es el estilo del cristiano. Anunciar el Evangelio con alegría. Y el Señor lo hace todo. En cambio, la excesiva tristeza, esta excesiva tristeza, también la amargura nos lleva a vivir un, por así decirlo, cristianismo sin Cristo: la Cruz vacía a los cristianos que están ante el Sepulcro llorando, como la Magdalena, pero sin la alegría de haber encontrado al Resucitado”. (RC-RV)

«LA PALABRA DE DIOS, FUENTE INAGOTABLE DE VIDA» SAN EFRÉN.

Reflexión Espiritual: 

Del comentario de san Efrén, diácono, sobre el Diatésaron


¿Quién hay capaz, Señor, de penetrar con su mente una sola de tus frases? Como el sediento que bebe de la fuente, mucho más es lo que dejamos que lo que tomamos. Porque la palabra del Señor presenta muy diversos aspectos, según la diversa capacidad de los que la estudian. El Señor pintó con multiplicidad de colores su palabra, para que todo el que la estudie pueda ver en ella lo que más le plazca. Escondió en su palabra variedad de tesoros, para que cada uno de nosotros pudiera enriquecerse en cualquiera de los puntos en que concentrara su reflexión.

La palabra de Dios es el árbol de vida que te ofrece el fruto bendito desde cualquiera de sus lados, como aquella roca que se abrió en el desierto y manó de todos lados una bebida espiritual. Comieron -dice el Apóstol- el mismo alimento espiritual y bebieron la misma bebida espiritual.

Aquel, pues, que llegue a alcanzar alguna parte del tesoro de esta palabra no crea que en ella se halla solamente lo que él ha hallado, sino que ha de pensar que, de las muchas cosas que hay en ella, esto es lo único que ha podido alcanzar. [...] Lo que, por tu debilidad, no puedes recibir en un determinado momento lo podrás recibir en otra ocasión, si perseveras. Ni te esfuerces avaramente por tomar de un solo sorbo lo que no puede ser sorbido de una vez, ni desistas por pereza de lo que puedes ir tomando poco a poco.
Fuente: News.va

jueves, 13 de febrero de 2014

Evangelio según San Marcos 7,24-30. Comentario del Papa Francisco

Después Jesús partió de allí y fue a la región de Tiro. Entró en una casa y no quiso que nadie lo supiera, pero no pudo permanecer oculto.
En seguida una mujer cuya hija estaba poseída por un espíritu impuro, oyó hablar de él y fue a postrarse a sus pies.
Esta mujer, que era pagana y de origen sirofenicio, le pidió que expulsara de su hija al demonio.
El le respondió: "Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros".
Pero ella le respondió: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos".
Entonces él le dijo: "A causa de lo que has dicho, puedes irte: el demonio ha salido de tu hija".
Ella regresó a su casa y encontró a la niña acostada en la cama y liberada del demonio.



COMENTARIO DEL PAPA FRANCISCO AL EVANGELIO DE HOY

De la homilía de hoy del Papa en Santa Marta:

La cananea es una madre desesperada, que “por la salud de su hija, hace de todo. Jesús le explica que Él ha venido en primer lugar por las ovejas de la casa de Israel, pero se lo explica con un lenguaje duro: “Deja que antes se sacien los hijos; no está bien tomar el pan de los hijos para tirárselo a los cachorros”.

Esta mujer, aunque no tenía estudios, sabía cómo responder, y responde “no con la inteligencia, sino con sus entrañas de madre, con su amor: "Es verdad, Señor, pero los cachorros, debajo de la mesa, comen las migajas que dejan caer los hijos, ¡dame a mí esas migajas, a mí!”. Esta mujer no se avergonzó de pedir con insistencia, y por su fe Jesús le hizo el milagro que pedía.

“Se expuso al riesgo de quedar en ridículo, pero insistió, y del paganismo y la idolatría –el Evangelio nos dice que era pagana-, por amor a su hija encontró al Dios viviente. Este es el camino personas recorren este camino y el Señor les espera! Pero es el mismo Espíritu Santo quien les lleva adelante para hacer este camino. Cada día, en la Iglesia del Señor hay personas que van por este camino, silenciosamente, para encontrar al Señor, porque se dejan llevar por el Espíritu Santo”. 

Sin embargo, advirtió el Papa, también existe el camino contrario, del que es ejemplo el rey Salomón (primera Lectura de hoy), que había recibido de Dios grandes bendiciones, tenía fama universal, todo el poder, creía en Dios… Pero empezó a rodearse de concubinas paganas que hicieron que su corazón se desviase para seguir a otros dioses. De este modo, el corazón de Salomón “se debilitó y perdió la fe. El hombre más sabio del mundo se dejó llevar por un amor indiscreto, sin discernimiento; se dejó llevar por sus pasiones”. 

Salomón “era pecador, como su padre David. Pero fue más allá y de pecador se convirtió en corrupto. Su corazón estaba corrompido por la idolatría. Su Padre era pecador, pero el Señor perdonó sus pecados porque David era humilde y pedía perdón”. En cambio, “la semilla maligna de las sus pasiones creció en el corazón de Salomón y lo llevó a la idolatría. Es en el corazón donde se pierde la fe”. 

Para terminar, el Papa dijo: “Recorramos el camino de la mujer cananea, de aquella mujer pagana que acogió la palabra de Dios, que fue sembrada en nosotros y que nos llevará a la salvación. Que la palabra de Dios nos custodie en este camino y no permita que terminemos en la corrupción y que ésta nos lleve a la idolatría”.


Fuente: News.va

miércoles, 12 de febrero de 2014

¿Cómo vivimos la Eucaristía? El Papa Francisco durante la audiencia general

El Papa Francisco dedicó la audiencia general de este miércoles a la Eucaristía preguntándonos qué relación tiene la Eucaristía con nuestra vida. "Quien celebra la Eucaristía, notó el Obispo de Roma, no lo hace porque sea mejor que los demás, sino porque se reconoce necesitado de la misericordia de Dios". “La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos y hechos de Jesús. Es obra y don de Cristo que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y su vida”, puntualizó el Papa. (RC-RV)

Resumen del Papa y saludo en nuestro idioma:

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy nos preguntamos qué relación tiene la Eucaristía con nuestra vida. Hay unos indicadores concretos que nos ayudan en este sentido. El primero es el modo de relacionarnos con los demás.

A Jesús le gustaba estar con la gente, compartir sus anhelos, problemas y preocupaciones. En la Santa Misa nos encontramos con muchas personas, pero ¿las vemos en verdad como hermanos y hermanas? ¿La Eucaristía nos lleva a salir al encuentro de los pobres, de los enfermos, de los marginados, viendo en ellos el rostro de Jesús?

Un segundo indicador es sentirnos perdonados e impulsados a perdonar. Quien celebra la Eucaristía no lo hace porque sea mejor que los demás, sino porque se reconoce necesitado de la misericordia de Dios.

La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo para la remisión de los pecados y, por eso, mueve nuestro corazón al perdón de los hermanos y la reconciliación.

Un último indicador es la coherencia entre la liturgia y la vida de nuestras comunidades. La Eucaristía no es un mero recuerdo de algunos dichos y hechos de Jesús. Es obra y don de Cristo que sale a nuestro encuentro y nos alimenta con su Palabra y su vida.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros de la Hermandad matriz de Nuestra Señora del Rocío, acompañados por el Obispo de Huelva, así como a los demás grupos provenientes de España, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a vivir la Eucaristía con espíritu de fe y de oración, sabiendo que quien come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre tendrá la vida eterna. Muchas gracias.
 

Para crecer en la ternura miremos a María, en Ella la divina misericordia se hace carne, recuerda el Papa

Con el tema «Fe y caridad: ‘También nosotros debemos dar la vida por los hermanos’ (1 Jn 3,16), el Papa Francisco en su mensaje para este día confía la XXII Jornada Mundial del Enfermo «a la intercesión de María, para que ayude a las personas enfermas a vivir su propio sufrimiento en comunión con Jesucristo, y sostenga a los que los cuidan» 

Y tras hacer hincapié en que la Iglesia reconoce en los enfermos «una presencia especial de Cristo que sufre», el mensaje pontificio nos recuerda que «en virtud del Bautismo y de la Confirmación estamos llamados a configurarnos con Cristo, el Buen Samaritano de todos los que sufren».

«Cuando nos acercamos con ternura a los que necesitan atención, llevamos la esperanza y la sonrisa de Dios en medio de las contradicciones del mundo». Y «cuando la entrega generosa hacia los demás se vuelve el estilo de nuestras acciones, damos espacio al Corazón de Cristo y el nuestro se inflama, ofreciendo así nuestra aportación a la llegada del Reino de Dios», escribe el Papa Bergoglio, que luego destaca que «para crecer en la ternura, en la caridad respetuosa y delicada, nosotros tenemos un modelo cristiano a quien dirigir con seguridad nuestra mirada. Es la Madre de Jesús y Madre nuestra, atenta a la voz de Dios y a las necesidades y dificultades de sus hijos».

El Papa Francisco vuelve a recordar que «María, animada por la divina misericordia, que en Ella se hace carne, se olvida de sí misma y se encamina rápidamente de Galilea a Judá para encontrar y ayudar a su prima Isabel; intercede ante su Hijo en las bodas de Caná cuando ve que falta el vino para la fiesta; a lo largo de su vida, lleva en su corazón las palabras del anciano Simeón anunciando que una esp
ada atravesará su alma, y permanece con fortaleza a los pies de la cruz de Jesús. Ella sabe muy bien cómo se sigue este camino y por eso es la Madre de todos los enfermos y de todos los que sufren. Podemos recurrir confiados a ella con filial devoción, seguros de que nos asistirá, nos sostendrá y no nos abandonará. Es la Madre del crucificado resucitado: permanece al lado de nuestras cruces y nos acompaña en el camino hacia la resurrección y la vida plena».

Y evocando sus palabras en la JMJ de Río, el Obispo de Roma reitera que «San Juan, el discípulo que estaba con María a los pies de la Cruz, hace que nos remontemos a las fuentes de la fe y de la caridad, al corazón de Dios que «es amor» (1 Jn 4,8.16), y nos recuerda que no podemos amar a Dios si no amamos a los hermanos. El que está bajo la cruz con María, aprende a amar como Jesús. La Cruz es «la certeza del amor fiel de Dios por nosotros. Un amor tan grande que entra en nuestro pecado y lo perdona, entra en nuestro sufrimiento y nos da fuerza para sobrellevarlo, entra también en la muerte para vencerla y salvarnos… La Cruz de Cristo invita también a dejarnos contagiar por este amor, nos enseña así a mirar siempre al otro con misericordia y amor, sobre todo a quien sufre, a quien tiene necesidad de ayuda» (Vía Crucis con los jóvenes, Río de Janeiro, 26 de julio de 2013).

Con profunda emoción recordamos que instituyendo esta Jornada, Juan Pablo II escribió: «he decidido instituir la Jornada mundial del enfermo, que se celebrará el 11 de febrero de cada año, memoria litúrgica de la Virgen de Lourdes. En efecto, creo muy oportuno extender a toda la comunidad eclesial una iniciativa que se está realizando en algunos países y regiones, con grandes frutos pastorales». El Papa Wojtyla en una carta - fechada el 13 de mayo, memoria de la Virgen de Fátima, de 1992 - dirigida al cardenal Fiorenzo Angelini, presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios, añadió: «al tiempo que confío en la plena colaboración de todos para el buen inicio y el desarrollo de esta Jornada, encomiendo su eficacia sobrenatural a la mediación materna de María, Salus infirmorum y a la intercesión de los santos Juan de Dios y Camilo de Lellis, patronos de los lugares de curación y de los agentes sanitarios. Que estos santos extiendan siempre los frutos de ese apostolado de la caridad, que el mundo actual tanto necesita». (CdM - RV)
Mensaje completo del Papa Francisco