martes, 24 de diciembre de 2013

ORAR CON EL SALMO DE HOY: CANTARÉ ETERNAMENTE EL AMOR DEL SEÑOR


Del Salmo 88 (89)

Cantaré eternamente el amor del Señor, 
proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. 

Porque tú has dicho: «Mi amor se mantendrá eternamente, 
mi fidelidad está afianzada en el cielo. 
Yo sellé una alianza con mi elegido, 
hice este juramento a David, mi servidor: 
«Estableceré tu descendencia para siempre, 
mantendré tu trono por todas las generaciones». 

Él me dirá: «Tú eres mi padre, 
mi Dios, mi Roca salvadora». 
Yo lo constituiré mi primogénito, 
el más alto de los reyes de la tierra. 
Le aseguraré mi amor eternamente, 
y mi alianza será estable para él;

El Señor viene y verán su gloria, el Papa el lunes en Santa Marta

  En Navidad, como María, hagamos lugar para Jesús que viene. Fue la exhortación del Papa Francisco en la Misa de esta mañana en la Casa de Santa Marta. El Santo Padre resaltó que el Señor visita todos los días a su Iglesia y puso en guardia de la actitud de cerrazón de nuestra alma. El cristiano, dijo, debe vivir siempre en vigilante espera del Señor.

La Navidad está cerca. En estos días que anteceden el nacimiento del Señor, el Obispo de Roma subrayó que la Iglesia, como María, está en espera de un parto. También Ella, observó, “sentía aquello que sienten todas las mujeres en ese tiempo”. Siente esas “percepciones interiores en su cuerpo, en su alma” que el hijo está llegando. María, dijo el Papa, siente en el corazón que quiere mirar el rostro de su Niño. Nosotros como Iglesia, agregó, “acompañamos a la Virgen en este camino de espera” y casi “queremos apresurar este nacimiento" de Jesús. El Señor viene dos veces, añadió el Santo Padre, “aquella que conmemoramos ahora, el nacimiento físico” y aquella en que “vendrá al final a cerrar la historia”. Pero, como afirma San Bernardo, hay también un tercer nacimiento:



“Hay una tercera venida del Señor: aquella de cada día. ¡El Señor visita a su Iglesia cada día! Visita a cada uno de nosotros y también nuestra alma entra en esta semejanza: nuestra alma asemeja a la Iglesia, nuestra alma asemeja a María. Los padres del desierto dicen que María, la Iglesia y nuestra alma son femeninas y aquello que se dice de una, análogamente se puede decir de la otra. Nuestra alma también está en espera, en esta espera por la venida del Señor; un alma abierta que llama: '¡Ven, Señor!'”. 


Y también a cada uno de nosotros, en estos días, prosiguió, “El Espíritu Santo nos mueve a hacer esta oración: ¡Ven! ¡Ven!”. Todos los días de Adviento, recordó el Pontífice, “hemos dicho en el prefacio que nosotros, la Iglesia, como María, estamos vigilantes en la espera”. Y la vigilancia, evidenció, “es la virtud” del peregrino. ¡Todos nosotros “somos peregrinos!”: 



“Y me pregunto: ¿estamos en espera o estamos cerrados? ¿Somos vigilantes o nos quedamos seguros en un albergue, a lo largo del camino y no queremos ir más adelante? ¿Somos peregrinos o somos errantes? Por esto la Iglesia nos invita a rezar este '¡Ven!', a abrir nuestra alma y que nuestra alma sea, en estos días, vigilante en la espera. ¡Vigilar! ¿Qué cosa sucede en nosotros si viene el Señor o si no viene? Si hay lugar para el Señor o hay lugar para fiestas, para comprar cosas, hacer barullo… ¿Nuestra alma está abierta, como está abierta la Santa Madre Iglesia y como estuvo abierta la Virgen? ¿O nuestra alma está cerrada y hemos puesto un letrerito en la puerta, muy educado, que dice: '¡Se ruega no molestar!?'”. 



“El mundo – advirtió Francisco – no termina con nosotros, nosotros no somos los más importantes en el mundo: ¡es el Señor, con la Virgen y con la Madre Iglesia!”. “Nos hará bien repetir” la invocación: “¡O sabiduría, o llave de David, o Rey de los pueblos, ven!”: 


“Y hoy repetir tantas veces '¡Ven!', e intentar que nuestra alma no sea un alma que diga: 'Se ruega no molestar'. ¡No! Que sea un alma abierta, que sea un alma grande, para recibir en estos días al Señor y que comience a sentir aquello que mañana nos dirá la Iglesia en la antífona: ‘¡Sepan que hoy viene el Señor! ¡Y mañana verán su gloria!’”.
(RC-RV)

lunes, 23 de diciembre de 2013

"EL ODIO Y EL RENCOR ENVENENAN EL ALMA"

EL ANGELUS DEL PAPA FRANCISCO: TEXTO COMPLETO

El Santo Padre Francisco rezó la oración mariana del Ángelus con los miles de fieles y peregrinos que se habían dado cita en la Plaza de San Pedro en el IV Domingo de Adviento.

Antes de invocar a la Madre de Dios, el Obispo de Roma recordó que en esta ocasión el Evangelio nos relata los hechos que precedieron al nacimiento de Jesús, y que el evangelista Mateo nos los presenta desde el punto de vista de San José, el esposo prometido de la Virgen María:

«Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En este IV Domingo de Adviento, el Evangelio nos relata los hechos que precedieron al nacimiento de Jesús, y el evangelista Mateo los presenta desde el punto de vista de San José, el esposo prometido de la Virgen María.

José y María vivían en Nazaret; aún no habitaban juntos, porque el matrimonio todavía no se había celebrado. Mientras tanto, María, después de haber acogido el anuncio del Ángel, estaba encinta por obra del Espíritu Santo. Cuando José se da cuenta de este hecho, permanece desconcertado.

El Evangelio no explica sus pensamientos, pero nos dice lo esencial: él trata de hacer la voluntad de Dios y está dispuesto a la renuncia más radical. En lugar de defenderse y de hacer valer sus propios derechos, José elige una solución que para él representa un enorme sacrificio. Y el Evangelio dice: “Como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto” (1, 19).

¡Esta breve frase resume un verdadero y propio drama interior, si pensamos en el amor que José tenía por María! Pero también en semejante circunstancia, José desea hacer la voluntad de Dios y decide, seguramente con gran dolor, despedir a María en secreto.

Es necesario meditar sobre estas palabras, para entender cuál fue la prueba que José tuvo que sostener en los días que precedieron el nacimiento de Jesús. Una prueba semejante a la del sacrificio de Abraham, cuando Dios le pidió a su hijo Isaac (Cfr. Ge 22): renunciar a lo más precioso, a la persona más amada.

Pero, como en el caso de Abraham, el Señor interviene: ha encontrado la fe que buscaba y abre un camino diverso, un camino de amor y de felicidad: “José – le dice – no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo” (Mt 1, 20).

Este Evangelio nos muestra toda la grandeza de espíritu de San José. Él estaba siguiendo un buen proyecto de vida, pero Dios reservaba para él otro designio, una misión más grande. José era un hombre que escuchaba siempre la voz de Dios, profundamente sensible a su secreto deseo, un hombre atento a los mensajes que le llegaban de lo profundo del corazón y de lo alto.

No se obstinó en perseguir su proyecto de vida, no permitió que el rencor le envenenara el ánimo, sino que estuvo listo para ponerse a disposición de la novedad que se le presentaba de modo desconcertante. Y así, ¡era un hombre bueno! No odiaba, y no permitió que el rencor le envenenara el ánimo. 

¡Pero cuántas veces a nosotros el odio, también la antipatía, el rencor nos envenenan el alma! ¡Esto hace mal! No lo permitan jamás, él es un ejemplo de esto. Y de este modo José se volvió más libre y grande aún. Aceptándose según el designio del Señor, José se encuentra plenamente, más allá de sí mismo. Esta libertad suya de renunciar a lo que es suyo, a la posesión de su propia existencia, y esta plena disponibilidad interior suya a la voluntad de Dios, nos interpelan y nos muestran el camino.

Nos disponemos entonces a celebrar la Navidad contemplando a María y a José: María, la mujer llena de gracia que ha tenido el coraje de encomendarse totalmente a la Palabra de Dios; José, el hombre fiel y justo que ha preferido creer al Señor en lugar de escuchar las voces de la duda y del orgullo humano. Con ellos, caminamos juntos hacia Belén».
De News.va

Comentario evangélico para el domingo 22 de diciembre de 2013. José Antonio Pagola.

El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.
Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?
De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.
El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera.ara hacerse presente en cada vida.  Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.
¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón… que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.
Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros: dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.
Por José Antonio Pagola

Investigando estafas

C.S.I. Las Vistillas: investigando estafas

lego detectiveHabitualmente, cuando escuchamos la palabra estafa pensamos en dinero. Y, efectivamente, la estafa es un delito económico. Pero si estrapolamos las características de la estafa al resto de nuestra vida, nos puede ayudar mucho a no ser estafados en otros ámbitos de la vida, no sólo en lo económico, ya que también podemos ser estafados en lo afectivo y lo espiritual.
La característica fundamental de la estafa, lo que ayuda al autor a conseguir su objetivo, es el engaño. El estafador hace ver que ofrece un bien para obtener su beneficio. Tenemos un primer ejemplo de estafa en el Génesis, con Adán y Eva. Esta estafa sería de tipo espiritual, en la que el hombre se aleja de Dios.

Estudiemos el engaño de forma esquemática:


  • La serpiente presenta la tentación como un bien. La serpiente no le dice a Eva que no haga caso a Dios, sino que le presenta su engaño como la auténtica Verdad: Dios te ha dicho una cosa, pero la Verdad es otra. Es decir, las tentaciones, siempre se nos van a presentar como algo bueno.
  • La estafa, a corto plazo, es beneficiosa para la víctima. Es decir, durante un tiempo, la víctima cree haber salido beneficiada. El estafador sacrifica el corto plazo por el largo. Así vemos cómo Eva tras comer la manzana percibe su bondad y recomienda a Adán que también coma.
  • Las consecuencias de la estafa intentan ser solucionadas con parches, sin acudir a la raíz. Tras ser estafados, Adán y Eva se dan cuenta de que están desnudos, y en lugar de acudir a Dios, se visten con hojas de higuera.

Esta misma dinámica la podemos ver en nuestras vidas diarias, cuando somos estafados vitalmente, con conceptos erróneos de felicidad, amor, diversión, libertad, relación con Dios… Podemos poner ejemplos: se nos presenta el amor como una acumulación sentimientos buenos compartidos entre dos personas (lo cual tiene parte de verdad), nos entregamos a esa forma de vivir el amor y en el corto plazo nos resulta positivo, pero a largo plazo solemos constatar un vacío en la relación que no sabemos cómo llenar. A partir de aquí, las soluciones suelen ser dispares, porque el disfrute a corto plazo nos engaña y nos hace ver que nuestro problema no es la forma de vivir el amor, sino cualquier otra.

En la vida diaria, cuando constatamos que algo va mal, lo importante es no caer en la desesperanza de pensar que “la vida es así”, sino buscar la Verdad. La Verdad en el Amor, la Felicidad, la Libertad…
¡Ojo con las estafas! Están por todas partes, y sólo Cristo, Camino, Verdad y Vida nos muestra cómo y por dónde caminar.
En próximos artículos iremos descubriendo estafas concretas, en las que caemos a diario.
Fuente: Seminario de Madrid.

Nacimiento de San Juan Bautista


Evangelio según San Lucas 1,57-66.

Cuando llegó el tiempo en que Isabel debía ser madre, dio a luz un hijo.

Al enterarse sus vecinos y parientes de la gran misericordia con que Dios la había tratado, se alegraban con ella.

A los ocho días, se reunieron para circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre dijo: "No, debe llamarse Juan".

Ellos le decían: "No hay nadie en tu familia que lleve ese nombre".

Entonces preguntaron por señas al padre qué nombre quería que le pusieran.

Este pidió una pizarra y escribió: "Su nombre es Juan". Todos quedaron admirados.

Y en ese mismo momento, Zacarías recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

Este acontecimiento produjo una gran impresión entre la gente de los alrededores, y se lo comentaba en toda la región montañosa de Judea.

Todos los que se enteraron guardaban este recuerdo en su corazón y se decían: "¿Qué llegará a ser este niño?". Porque la mano del Señor estaba con él.
De News.va

domingo, 22 de diciembre de 2013

Cuarto domingo de Adviento




Hoy, cuando miremos la corona de Adviento con sus cuatro velas encendidas, notaremos que brilla más... que tiene más luz que las semanas anteriores... y es que según hemos ido avanzando durante este tiempo de Adviento, las tinieblas se han ido disipando para darle paso a la Luz verdadera que está por llegar...

Es la misma experiencia que tuvieron los Magos de Oriente y los pastores... según la estrella se aproximaba al Pesebre, brillaba con más fuerza, con más intensidad... señalando que el Mesías estaba por nacer... que la Luz iba a entrar al mundo...

A unos días de Navidad... pidámosle a Dios la gracia de abrir nuestros corazones y dejarnos alumbrar por la Luz que viene de lo alto... para que con María y José, los ángeles, los Magos y los pastores... entonemos todos juntos un canto de alabanza a nuestro Dios...

Oración para encender la 4ta vela de Adviento

Al encender esta cuarta vela, en el último domingo de Adviento, pensemos en la Virgen, Madre de Jesús y nuestra Madre. Nadie le esperó con más ansia, con más ternura, con más amor. Nadie le recibió con más alegría.

Tú Señor, te encarnaste en Ella, como el grano de trigo se siembra en el surco. Y en sus brazos encontraste la cuna más hermosa. También nosotros queremos prepararnos así: en la fe, en el amor, y en el trabajo de cada día.

¡Marana tha, ven, Señor, Jesús!
De Tengo sed de Ti

sábado, 21 de diciembre de 2013

San Francisco de Asís hacía locuras en Navidad, cuenta el P. Cantalamessa

En esta ocasión el P. Cantalamessa se refirió al misterio de la Encarnación contemplado con los ojos de Francisco de Asís. En esta última medicación de Adviento el predicador abordó cuatro puntos referidos a Greccio y la institución pesebre; La Navidad y los pobres; Amar, socorrer, evangelizar a los pobres y la alegría en los cielos y en la tierra.
Para Francisco de Asís, la Navidad no era sólo una ocasión para llorar sobre la pobreza de Cristo; era también la fiesta que tenía el poder de hacer estallar toda la capacidad de alegría que tenía en su corazón, y que era inmensa. En Navidad él, literalmente, hacía locuras.
Y explicó que san Francisco de Asís quería que en este día los pobres y los mendicantes fueran saciados por los ricos, y que los bueyes y los asnos recibieran una ración de alimento más abundante. Mientras decía, que si pudiera hablar con el emperador, le suplicaría que emanara un edicto general, en el que se ordenara que todos los que tuvieran la posibilidad esparcieran por las calles el trigo y cereales, a fin de que en un día de tanta solemnidad los pájaros y especialmente las hermanas alondras, tuvieran comida en abundancia.
El Santo de Asís, prosiguió el P. Cantalamessa, se volvía como uno de aquellos niños que están con los ojos llenos de estupor ate el pesebre. Y recordó que su biógrafo cuenta que durante la función natalicia en Greccio, cuando pronunciaba el nombre “Belén” llenaba su boca de voz y más aún de tierno afecto, produciendo un sonido semejante al balido de una oveja. Y cada vez que decía “Niño de Belén” o “Jesús”, se pasaba la lengua por los labios, casi como para gustar y conservar toda la dulzura de estas palabras.
El predicador terminó recordando el villancico que expresa perfectamente los sentimientos de San Francisco ante el pesebre, lo que no sorprende, dijo, si pensamos que sus palabras y su música tienen como autor a otro santo como él, San Alfonso María de Ligorio. Escuchándolo, en el tiempo natalicio, afirmó, dejémonos conmover por su mensaje sencillo, pero esencial:
“Bajas de las estrellas, oh Rey del Cielo. Y vienes en una gruta, al frío y al hielo. A ti que eres del mundo el Creador, faltan vestidos y fuego, oh mi Señor. Querido elegido niñito, cuánto esta pobreza me inspira amor para ti. Luego que el amor te hizo aún más pobre”.
“Santo Padre, Venerables Padres, hermanos y hermanas, concluyó diciendo el P. Raniero Cantalamessa, ¡Feliz Navidad!”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

El silencio dejó crecer el misterio en la esperanza, el Papa el viernes en Santa Marta.

El misterio de nuestro encuentro con Dios se comprende en un silencio que no busca publicidad. Sólo el silencio custodia el misterio del camino que el hombre cumple con Dios. Lo aseguró el Papa Francisco en la homilía de la Misa presidida en la Casa de Santa Marta. Que el Señor, pidió el Santo Padre, nos dé "la gracia de amar el silencio", que tiene necesidad de ser "custodiado" lejos de toda "publicidad".
 

En la historia de la salvación, no el bullicio ni las plateas, sino la sombra y el silencio son los “lugares” que Dios ha elegido para manifestarse al hombre. Confines evanescentes de los que su misterio ha tomado de vez en vez una forma visible, ha tomado carne. La reflexión del Pontífice partió de los instantes de la Anunciación, propuesta por el Evangelio de hoy, de forma particular el pasaje en el que el Ángel dice a María que la potencia del Altísimo la “cubrirá con su sombra”. Como, en el fondo, casi de la misma sustancia de la sombra estaba también hecha la nube con la cual, recordó el Pontífice, Dios había protegido a los judíos en el desierto:
 

“El Señor siempre se ha ocupado del misterio y ha cubierto el misterio. No ha hecho publicidad al misterio. Un misterio que hace publicidad de sí no es cristiano, no es el misterio de Dios: ¡es una farsa de misterio! Y esto es lo que ocurrió aquí a la Virgen, cuando recibe a su Hijo: el misterio de su maternidad virginal está escondido. ¡Estuvo escondido toda la vida! Y Ella lo sabía. Esta sombra de Dios, en nuestra vida, nos ayuda a descubrir nuestro misterio: nuestro misterio del encuentro con el Señor, nuestro misterio del camino de la vida con el Señor”.
 

“Cada uno de nosotros – afirmó el Obispo de Roma – sabe cómo obra el Señor misteriosamente en nuestro corazón, en nuestra alma”. Y ¿cuál es – se preguntó – “la nube, la potencia, cual es el estilo del Espíritu Santo para cubrir nuestro misterio?”:
 

“Esta nube en nosotros, en nuestra vida se llama silencio: el silencio es precisamente la nube que cubre el misterio de nuestra relación con el Señor, de nuestra santidad y de nuestros pecados Este misterio que no podemos explicar. Pero cuando no hay silencio en nuestra vida, el misterio se pierde, se va. ¡Custodiar el misterio con el silencio! Aquella es la nube, aquella es la potencia de Dios para nosotros, aquella es la fuerza del Espíritu Santo”.
 

La Madre de Jesús ha sido el icono perfecto del silencio. Desde el anuncio de su excepcional maternidad hasta el Calvario. “Pienso, meditó Francisco, en cuantas veces ha guardado silencio y cuantas veces no ha dicho aquello que sentía para custodiar el misterio de la relación con su Hijo”, hasta el silencio más crudo, “al pie de la Cruz”:
 

“El Evangelio no nos dice nada: si ella dijo o no una palabra … Era silenciosa, pero dentro su corazón, ¡cuántas cosas decía al Señor! ‘Tú, aquel día - esto es lo que hemos leído - me has dicho que será grande; tú me has dicho que le habrías dado el Trono de David, su padre, que habría reinado por siempre ¡y ahora lo veo allí!’. ¡La Virgen era humana! Y quizás tenía ganas de decir: ‘¡Mentiras! ¡He sido engañada!’: Juan Pablo II decía esto, hablando de la Virgen en aquel momento. Pero Ella, con el silencio, ha cubierto el misterio que no comprendía y con este  silencio ha dejado que este misterio pudiese crecer y florecer en la esperanza”.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Juan Pablo II, III Semana de Adviento - Reflexión Espiritual

Audiencia General, 17 de diciembre de 2003


"El Adviento mantiene viva la espera de Cristo, que vendrá a visitarnos con su salvación, realizando en plenitud su reino de justicia y paz. La conmemoración anual del nacimiento del Mesías en Belén renueva en el corazón de los creyentes la certeza de que Dios cumple sus promesas. […]

El misterio de la Navidad, que reviviremos dentro de pocos días, nos asegura que Dios es el Emmanuel, Dios con nosotros. Por eso, jamás debemos sentirnos solos. Dios...ha compartido nuestra peregrinación en la tierra, garantizándonos la consecución de la alegría y la paz a las que aspiramos en lo más íntimo de nuestro ser. […]

Al hombre, que, elevándose de las vicisitudes diarias, busca la comunión con Dios, el Adviento, y sobre todo la Navidad, le recuerda que es Dios quien tomó la iniciativa de salir a su encuentro. Al hacerse niño, Dios asumió nuestra naturaleza y estableció para siempre su alianza con la humanidad entera. 

Por consiguiente, podríamos concluir que el sentido de la esperanza cristiana, que el Adviento nos vuelve a proponer, es el de la espera confiada, la disponibilidad activa y la apertura gozosa al encuentro con el Señor. Él vino a Belén para quedarse con nosotros para siempre."
Fuente: News.va

jueves, 19 de diciembre de 2013

Papa Francisco: La humildad nos hace fecundos, la soberbia estériles

“La humildad es necesaria para la fecundidad”. Es lo que ha destacado el Papa Francisco en la Misa de Santa Marta celebrada esta mañana. El Papa ha afirmado que la intervención de Dios vence la esterilidad de nuestra vida y la hace fecunda. Por tanto, ha advertido contra el comportamiento de soberbia que nos hace estériles.
 
Tantas veces, en la Biblia, encontramos mujeres estériles a las que el Señor les regala el don de la vida. Así ha comenzado Papa Francisco su homilía comentando las Lecturas del día y en particular el Evangelio de hoy que cuenta como Isabel que era estéril, tuvo un hijo, Juan. “De la imposibilidad de dar vida, constató el Papa, viene la vida”. Y esto, prosiguió, no sucedió “a las mujeres estériles” sino a “las que no tenían esperanza de vida” como Noemí que al final tuvo un nieto.
 
“El Señor interviene en la vida de estas mujeres para decirnos: ‘Yo soy capaz de dar vida’. También en los profetas está la imagen del desierto, la tierra desierta incapaz de hacer germinar cualquier cosa. ‘Pero el desierto será como una floresta –dicen los profetas- será grande florecerá’. ¿Pero el desierto puede florecer? Sí ¿La mujer estéril puede dar vida? Sí. Esta es la promesa del Señor: ¡Yo puedo! Yo puedo desde la sequedad, desde vuestra sequedad, hacer crecer la vida ¡la salvación! Yo puedo, desde la aridez, hacer crecer los frutos!”.
 
Y la salvación, afirmó Papa Francisco, es esta: “La intervención de Dios nos hace fecundos, nos da la capacidad de dar vida”. Nosotros, advirtió, “no podemos” hacerlo “por nuestras fuerzas”. Sin embargo, reveló, “muchos han hecho la prueba de pensar en nuestra capacidad de salvarnos”.


 
“También los cristianos, ¡eh! Pensemos en los pelagianos, por ejemplo. Todo es gracia. Es la intervención de Dios las que nos lleva a la salvación. Es la intervención de Dios que nos ayuda en el camino de la santidad. Sólo Él puede. ¿Pero qué hacemos por nuestra parte? Primero reconocer nuestra sequedad, nuestra incapacidad de dar vida. Reconocer esto. Segundo, pedir: ‘Señor, yo quiero ser fecundo. Yo quiero que mi vida dé vida, que mi fe sea fecunda y vaya adelante y pueda darla a los demás’. ‘Señor, yo soy estéril, yo no puedo. Tú puedes. Yo soy un desierto: yo no puedo, Tú puedes’”.

Y esta, añadió, puede ser la oración de estos días, antes de Navidad. “Pensemos, observó, en los soberbios, los que creen que pueden hacer todo por sí mismo, son afectados por esto”. El Papa dirigió su pensamiento a Micol, hija de Saúl. Una mujer, recordó, “que no era estéril, pero sí soberbia, y no entendía qué era alabar a Dios”, incluso “se reía de la alabanza”. Y “fue castigada con la esterilidad”.

Última audiencia de 2013: el nacimiento de Jesús es la manifestación de que Dios ha tomada partido por el ser humano

El Papa Francisco ha dedicado la última audiencia de 2013 al nacimiento de Jesús “fiesta de fe y esperanza , que supera la incertidumbre y el pesimismo” . “Y la razón de nuestra esperanza -ha dicho- es esta: ¡Dios está con nosotros y todavía se fía de nosotros!... Viene a habitar con los hombres , elige la tierra como su casa para estar en medio de los hombres y hacerse encontrar allí donde los seres humanos pasan sus días entre alegrías y penas . Por lo tanto , la tierra ya no es sólo un " valle de lágrimas " ,sino el lugar donde Dios mismo ha puesto su tienda, es el lugar de encuentro entre Dios y el hombre, de la solidaridad de Dios con los hombres”. 

Pero en esta división de la condición humana, aún hay algo más sorprendente: “Dios no vino a un mundo ideal , idílico, sino a este mundo real, marcado por tantas cosas buenas y malas, donde hay enfrentamientos, mal y pobreza, opresión y guerra. Él ha elegido vivir nuestra historia tal como es, con todo el peso de sus limitaciones y de sus dramas... Es el Dios - con - nosotros; Jesús es Dios con nosotros... desde siempre y por siempre con nosotros en los sufrimientos y las tristezas de la historia. El nacimiento de Jesús es la manifestación de que Dios “ha tomado partido” de una vez por todas por el ser humano, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, dificultades y pecados”.

El gran “regalo” de Belén es, pues, “la energía espiritual que nos ayuda a no hundirnos en nuestras fatigas, en nuestra desesperación y nuestra tristeza... El nacimiento de Jesús , nos trae la buena noticia de que somos amados inmensa e individualmente por Dios”. Y de la contemplación del misterio del Hijo de Dios hecho hombre se desprenden dos consecuencias. 

La primera es que en su natividad Dios “se abaja, desciende a la tierra pequeño y pobre ...Y si queremos asemejarnos a El, no podemos situarnos por encima de los demás, sino abajarnos, servirlos, hacernos pequeños con los pequeños y pobres con los pobres, ¡Que feo es ver a un cristiano que no se abaja, que no quiere servir; un cristiano que se pavonea. Eso no es cristiano, es pagano!. Hagamos entonces, que nuestros hermanos no se sientan nunca solos”. 


La segunda consecuencia es que si Dios, por medio de Jesús “se involucró con el ser humano hasta llegar a ser como uno de nosotros, el trato que damos a nuestros hermanos y hermanas se lo estamos dando a Jesús y Él mismo nos lo recuerda: el que haya dado de comer, el que haya acogido, visitado, amado a uno de los más pequeños y pobres entre los hombres, lo habrá hecho con el Hijo de Dios”.

En esta Navidad, ha finalizado el Papa, pidamos a María que nos ayude “a reconocer en el rostro de nuestro prójimo, especialmente de las personas más vulnerables y marginadas , la imagen del Hijo de Dios hecho hombre”.

Como decíamos al principio esta ha sido la última audiencia general de 2013, ya que el próximo miércoles es Navidad. Desde su elección, el Papa Francisco ha celebrado 30 audiencias generales para las que la Prefectura de la Casa Pontificia ha distribuido 1.548.500 entradas, aunque a menudo la participación ha sido mayor que el aforo de la Plaza superando en algunos casos las cien mil personas, hasta el punto de que en diversas ocasiones se han instalado pantallas gigantes en la adyacente Plaza Pío XII y la Vía de la Conciliación ha tenido que transformarse en zona peatonal.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Que en tu pueblo no falten los profetas, el Papa el lunes en Santa Marta

Cuando en la Iglesia falta la profecía, falta la vida misma de Dios y el clericalismo toma la delantera: lo dijo el Papa Francisco en la Misa presidida en la Casa de Santa Marta, hoy, tercer lunes de Adviento.
El profeta – afirmó el Santo Padre comentando las lecturas del día – es aquel que escucha las palabras de Dios, sabe ver el momento y proyectarse hacia el futuro. “Tiene dentro de sí estos tres momentos”: el pasado, el presente y el futuro:

“El pasado: el profeta es consciente de la promesa y tiene en su corazón la promesa de Dios, la tiene viva, la recuerda, la repite. Luego mira el presente, mira a su pueblo y siente la fuerza del Espíritu para decirle una palabra que lo ayude a alzarse, a continuar el camino hacia el futuro. El profeta es un hombre de tres tiempos: promesa del pasado; contemplación del presente; coraje para indicar el camino hacia el futuro. Y el Señor siempre ha custodiado a su pueblo, con los profetas, en los momentos difíciles, en los momentos en los cuales el Pueblo estaba desalentado o destruido, cuando no había Templo, cuando Jerusalén estaba bajo el poder de los enemigos, cuando el pueblo se preguntaba dentro de sí: ‘¡Pero Señor tú nos has prometido esto! Y ahora ¿qué pasa?’”.
Es aquello que “sucedió en el corazón de la Virgen –prosiguió el Obispo de Roma - cuando estaba al pie de la Cruz”. En estos momentos “es necesaria la intervención del profeta. Y no siempre el profeta es acogido, tantas veces es rechazado. El mismo Jesús dice a los Fariseos que sus padres han asesinado a los profetas, porque decían cosas que no eran agradables: ¡decían la verdad, recordaban la promesa! Y cuando en el pueblo de Dios falta la profecía – observó Francisco- falta algo: ¡falta la vida del Señor!”. “Cuando no hay la profecía la fuerza cae sobre la legalidad”, el legalismo tiene la ventaja. Así, en el Evangelio los “sacerdotes fueron a Jesús a pedirle la tarjeta de legalidad: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¡Nosotros somos los dueños del Templo!’”. “No entendían las profecías. ¡Habían olvidado la promesa! No sabían leer las señales del momento, no tenían ni ojos penetrantes, ni escuchado acerca la Palabra de Dios: ¡tenían sólo la autoridad!”:

“Cuando en el pueblo de Dios no hay profecía, el vacío que esto deja es ocupado por el clericalismo: es precisamente este clericalismo que interpela a Jesús: ‘¿Con qué autoridad haces estas cosas? ¿Con qué legalidad?’. Y la memoria de la promesa y la esperanza de ir adelante se reducen sólo al presente: en el pasado, ni futuro de esperanza. El presente es legal: si es legal vas adelante”.
Pero cuando reina el legalismo, la Palabra de Dios no existe y el pueblo de Dios que cree, llora en su corazón, porque no encuentra al Señor: le falta la profecía. Llora “como lloraba la mamá Ana, la mamá de Samuel, pidiendo la fecundidad del pueblo, la fecundidad que viene de la fuerza de Dios, cuando Él nos despierta la memoria de su promesa y nos empuja hacia el futuro, con la esperanza. ¡Este es el profeta! Este es el hombre del ojo penetrante y que oye las palabras de Dios”:

“Que nuestra oración en estos días, en los que nos preparamos a la Navidad del Señor, sea: ‘¡Señor, que en tu pueblo no falten los profetas!’. Todos nosotros bautizados somos profetas. ‘Señor, que no olvidemos tu promesa! ¡Que no nos cansemos de ir adelante! ¡Que no nos cerremos en las legalidades que cierran las puertas! Señor, libra a tu pueblo del espíritu del clericalismo y ayúdalo con el espíritu de profecía’”. (RC-RV)

El apellido de Dios. Papa Francisco.

El hombre es el apellido de Dios: El Señor, en efecto, toma el nombre de cada uno de nosotros —seamos santos o pecadores— para convertirlo en el propio apellido. Porque encarnándose, el Señor hizo historia con la humanidad: su alegría fue compartir su vida con nosotros, «y esto hace llorar: tanto amor, tanta ternura»
Con el pensamiento puesto en la Navidad ya cercana, el Papa Francisco comentó, el martes 17 de diciembre, las dos lecturas propuestas por la liturgia de la Palabra, tomadas respectivamente del libro del Génesis (49, 2.8-10) y del Evangelio de san Mateo (1, 1-17). En el día de su septuagésimo séptimo cumpleaños, el Santo Padre presidió como de costumbre la misa matutina en la capilla de Santa Marta. Concelebró, entre otros, el cardenal decano Angelo Sodano, quien le expresó la felicitación de todo el Colegio cardenalicio.
En la homilía, centrada en la presencia de Dios en la historia de la humanidad, el Obispo de Roma señaló en dos términos —herencia y genealogía— la clave para interpretar respectivamente la primera lectura (referida a la profecía de Jacob que reúne a sus hijos y anuncia una descendencia gloriosa para Judá) y el pasaje evangélico que presenta la genealogía de Jesús. Centrándose en especial en esta última, destacó que no se trata de «una lista telefónica», sino de «un tema importante: es toda historia», porque «Dios envió a su Hijo» en medio de los hombres. Y, añadió, «Jesús es consustancial al Padre, Dios; pero también consustancial a la madre, una mujer. Y es esta la consustancialidad de la madre: Dios se hizo historia, Dios quiso hacerse historia. Está con nosotros. Ha hecho camino con nosotros».

Un camino —continuó el Obispo de Roma– iniciado hace tiempo, en el Paraíso, inmediatamente después del pecado original. Desde ese momento, en efecto, el Señor «tuvo esta idea: hacer camino con nosotros». Por ello «llamó a Abrahán, el primero que se nombra en esta lista, en este elenco, y le invitó a caminar. Y Abrahán comenzó ese camino: generó a Isaac, e Isaac a Jacob, y Jacob a Judá». Y así sucesivamente, adelante en la historia de la humanidad. «Dios camina con su pueblo», por lo tanto, porque «no quiso venir a salvarnos sin historia; él quiso hacer historia con nosotros».

Una historia, afirmó el Pontífice, hecha de santidad y de pecado, porque en la lista de la genealogía de Jesús hay santos y pecadores. Entre los primeros, el Papa recordó a «nuestro padre Abrahán» y «David, que tras el pecado se convirtió». Entre los indicados en segundo lugar, «pecadores de alto nivel, que cometieron pecados grandes», pero con quienes Dios igualmente «hizo historia». Pecadores que no supieron responder al proyecto que Dios había imaginado para ellos: como «Salomón, tan grande e inteligente, que acabó como un pobrecillo que no sabía ni siquiera cómo se llamaba». Sin embargo, constató el Papa Francisco, Dios estaba también con él. «Y esto es hermoso: Dios hace historia con nosotros. Es más, cuando Dios quiere decir quién es, dice: yo soy el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob».

He aquí por qué ante la pregunta «¿cuál es el apellido de Dios?», según el Papa Francisco es posible responder: «Somos nosotros, cada uno de nosotros. Él toma de nosotros el nombre para hacer de ello su apellido». Y en el ejemplo presentado por el Pontífice no están sólo los padres de nuestra fe, sino también gente común. «Yo soy el Dios de Abrahán, de Isaac, de Jacob, de Pedro, de Marietta, de Armony, de Marisa, de Simone, de todos. De nosotros toma el apellido. El apellido de Dios somos cada uno de nosotros», explicó.

De aquí la constatación que, tomando «el apellido de nuestro nombre, Dios hizo historia con nosotros»; es más, aún más: «dejó que la historia la escribiésemos nosotros». Y nosotros aún hoy seguimos escribiendo «esta historia», que está hecha «de gracia y de pecado», mientras que el Señor no se cansa de venir a nuestro encuentro: «ésta es la humildad de Dios, la paciencia de Dios, el amor de Dios». Por lo demás, también «el libro de la Sabiduría dice que la alegría del Señor está en los hijos del hombre, con nosotros».
He aquí, entonces, que «acercándose la Navidad» al Papa Francisco —como él mismo confesó al concluir su reflexión— se le ocurrió naturalmente pensar: «Si Él hizo su historia con nosotros, si Él tomó de nosotros su apellido, si Él dejó que nosotros escribiésemos su historia», nosotros, de nuestra parte, deberíamos dejar que Dios escriba la nuestra. Porque, aclaró, «la santidad» es precisamente «permitir que el Señor escriba nuestra historia». Y este es el deseo de Navidad que el Pontífice quiso expresar «a todos nosotros». Un deseo que es una invitación a abrir el corazón: «Haz que el Señor escriba tu historia y tú permite que Él la escriba».

Dios se abaja, se hace pequeño y pobre, el trato que damos a nuestros hermanos se lo damos a Jesús, reitera el Papa

Queridos hermanos y hermanas:Cercanos ya a la Navidad, les propongo hoy una reflexión sobre el nacimiento de Jesús como expresión de la confianza de Dios en el hombre y fundamento de la esperanza del hombre en Dios.
 

El Verbo no se ha encarnado en un mundo ideal, sino que ha querido compartir nuestras alegrías y sufrimientos, y demostrarnos así que Dios se ha puesto de parte de los hombres, con su amor real y concreto. Y este amor, que enardece nuestro corazón, nos «regala» una energía espiritual que nos sostiene en medio de las luchas y fatigas de cada día.De la gozosa contemplación del misterio del Hijo de Dios hecho carne, se desprenden dos consecuencias:

La primera es que, en su natividad, Dios se abaja, se hace pequeño y pobre. Por eso, si queremos ser como Él, no podemos situarnos por encima de los demás, sino que hemos de ponernos a su servicio, ser solidarios, especialmente con los más débiles y marginados, haciéndoles sentir así la cercanía de Dios mismo.

La segunda: ya que Jesús, en su encarnación, se ha comprometido con los hombres hasta el punto de hacerse uno de nosotros, el trato que damos a nuestros hermanos o hermanas se lo estamos dando al mismo Jesús. Recuerden que «quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20).
 

Que en esta Navidad, el amor, la bondad y la generosidad entre todos sean un reflejo y una prolongación de la luz de Jesús, que desde la gruta de Belén ilumina nuestros corazones.********
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Confío a todos ustedes a la protección maternal de María, Madre de Dios y Madre nuestra. Que ella los cuide y los llene de alegría y de paz. Muchas gracias.