miércoles, 13 de noviembre de 2013

Aceptar la Cruz

San Pablo le decía a los Corintios: «Así, mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; mas para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo, fuerza de Dios y sabiduría de Dios»...

Estas palabras de Pablo tienen especial relevancia en nuestro tiempo... miremos a nuestro alrededor y notaremos que todo en la sociedad nos empuja a soltar nuestras cruces... y a buscar la vida “fácil”... la vida sin dolor... sin sufrimiento... sin responsabilidades... sin consecuencias... nos han vendido esta idea subjetiva donde todo vale, lo importante es “ser feliz”... sin embargo, la felicidad prometida nunca llega... porque la verdadera felicidad está en Dios...


En este día, te invito a aceptar esa cruz que te ha tocado cargar... si es pesada, pídele al Señor la fortaleza para llevarla con alegría... si es dolorosa, pídele la gracia de unir tu sufrimiento al Suyo... si te causa angustia o temor, pídele encontrar la paz en medio de tu situación... sobre todo, pídele que te ayude a cargarla con Amor... consciente de que caminas junto de Él... y que buscas hacer su Voluntad...
 De "Tengo sed de Ti"

Cuando nos reprocha, Dios nos acaricia y jamás nos hiere, dice el Papa en su homilía

Encomendémonos a Dios como un niño se encomienda en las manos de su papá. Es cuanto afirmó el Papa Francisco en la Mesa matutina celebrada en la Casa de Santa Marta. El Papa reafirmó que el Señor jamás nos abandona y subrayó que incluso cuando nos reprocha, Dios no nos da una bofetada sino una caricia.
“Dios ha creado al hombre para la incorruptibilidad”, pero “por la envidia del diablo entró la muerte en el mundo”. 

El Papa comentó en su homilía la Primera Lectura, correspondiente a un pasaje del Libro de la Sabiduría que recuerda nuestra creación. La envidia del diablo, afirmó, ha hecho que comenzara esta guerra, “este camino que termina con la muerte”. Y reafirmó que esta última “ha entrado en el mundo y hacen experiencia de ella aquellos que le pertenecen”. 

Es una experiencia que todos hacemos:
Todos debemos pasar por la muerte, pero una cosa es pasar por esta experiencia con una pertenencia al diablo y otra cosa es pasar por esta experiencia de la mano de Dios. Y a mí me gusta sentir esto: “Estamos en las manos de Dios”, pero desde el inicio. La Biblia nos explica la creación, usando una imagen bella: Dios que, con sus manos nos hace del fango, de la tierra a su imagen y semejanza. Han sido las manos de Dios que nos han creado: ¡el Dios artesano, eh! Como un artesano nos ha hecho. Estas manos del Señor… Las manos de Dios, que no nos han abandonado.
 


La Biblia, prosiguió explicando el Papa, narra que el Señor dice a su pueblo: “Yo he caminado contigo, como un papá con su hijo, llevándolo de la mano”. Son precisamente las manos de Dios, añadió, “las que nos acompañan en el camino”:
Nuestro Padre, como un Padre con su hijo, nos enseña a caminar; nos enseña a ir por el camino de la vida y de la salvación. Son las manos de Dios que nos acarician en los momentos del dolor, nos consuelan. ¡Es nuestro Padre quien nos acaricia! Nos quiere tanto. Y también en estas caricias, tantas veces, está el perdón. Una cosa que a mí me hace bien pensarla. Jesús, Dios, ha llevado consigo sus llagas: las hace ver al Padre. Éste es el precio: ¡las manos de Dios son manos llagadas por amor! Y esto nos consuela tanto.

Tantas veces, prosiguió diciendo Francisco, oímos decir de personas que no saben en quien confiar: “¡Me encomiendo en las manos de Dios!”. Y observó que esto “es bello” porque “allí estamos seguros: es la máxima seguridad, porque es la seguridad de nuestro Padre que nos quiere”. “Las manos de Dios – comentó – también nos curan de nuestras enfermedades espirituales”:

 Pensemos en las manos de Jesús, cuando tocaba a los enfermos y los curaba… Son las manos de Dios: ¡nos curan! ¡Yo no me imagino a Dios dándonos una bofetada! No me lo imagino. ¡Reprochándonos, sí me lo imagino, porque lo hace! Pero jamás, jamás, nos hiere. ¡Jamás! Nos acaricia. También cuando debe reprocharnos lo hace con una caricia, porque es Padre. “Las almas de los justos están en las manos de Dios”. Pensemos en las manos de Dios, que nos ha creado como un artesano, nos ha dato la salud eterna. Son manos llagadas y nos acompañan en el camino de la vida. Encomendémonos en las manos de Dios, como un niño se encomienda en la mano de su papá. ¡Esa es una mano segura!

 (María Fernanda Bernasconi – RV).

martes, 12 de noviembre de 2013

El papa en Santa Marta: No es lícito robarle al Estado para ser benefactor de la Iglesia

En su homilía del lunes: Reconocernos pecadores. Ser corruptos nunca. Denuncia el escándalo de la 'doble vida' de algunos cristianos
Ciudad del Vaticano, 11 de noviembre de 2013 (Zenit.orgRedacción
Quien no se arrepiente y “finge ser cristiano” hace mucho daño a la Iglesia. Es lo que ha afirmado el papa Francisco en su homilía de este lunes en la Casa Santa Marta. El santo padre ha recordado que todos debemos reconocernos “pecadores”, pero debemos guardarnos de convertirnos en “corruptos”. Quién es un benefactor de la Iglesia, pero le roba al Estado, ha añadido, es “un injusto” que lleva una “doble vida”.


Jesús “no se cansa de perdonar y nos aconseja” hacer lo mismo. En sus palabras, el pontífice se ha detenido en la exhortación del Señor a perdonar al hermano arrepentido, de la que habla el Evangelio de hoy. Cuando Jesús nos dice que perdonemos siete veces al día, ha observado, “hace un retrato de sí mismo”. Jesús, ha añadido, “perdona”, pero en este relato del Evangelio dice también: “Ay de los que escandalizan”. No habla de pecado sino de escándalo, que es otra cosa. Y añade que “es mejor para él que se le ponga al cuello una rueda de molino y se le eche al mar antes que escandalizar a uno de estos pequeños”.
“¿Qué diferencia hay --se pregunta el papa-- entre pecar y escandalizar?” “La diferencia es que quien peca y se arrepiente, pide perdón, se siente débil, se siente hijo de Dios, se humilla y pide la salvación a Jesús. Pero ¿el qué escandaliza?, ¿qué es lo que escandaliza? Que no se arrepiente. Continua pecando, pero disimula ser cristiano: la doble vida. Y la doble vida de un cristiano hace mucho daño, mucho daño. ‘¡Pero si yo soy un benefactor de la Iglesia! Me meto la mano en el bolsillo y doy limosna a la Iglesia’. Pero con la otra mano, roba: al Estado, a los pobres… Roba. Es un injusto. Esta es la doble vida. Y esto merece, dice Jesús, no lo digo yo, que le pongan al cuello una rueda de molino y sea echado al mar. No habla de perdón aquí”.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Sal 138. Guíame, Señor, por el camino eterno.


Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso.

Todas mis sendas te son familiares.
No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.
Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada? 
Si escalo el cielo, allí estás tú; 
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro.

Si vuelo hasta el margen de la aurora, 
si emigro hasta el confín del mar, 
allí me alcanzará tu izquierda, 
me agarrará tu derecha. 

domingo, 10 de noviembre de 2013

Comentario de José Antonio Pagola al evangelio de San lucas 20, 27-38

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20, 27-38
"En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:
- «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano. Pues bien, habla siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.»
Jesús les contestó:
- «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección.
Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac,

DECISIÓN DE CADA UNO
     
      Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.
         Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son vivos”.
         Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.
         El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.
         Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?
         La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.
         Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora?    
José Antonio Pagola


El Papa a los enfermos: ¡No se avergüencen de ser un tesoro precioso de la Iglesia!

Esta mañana a las 11,00, en el Aula Pablo VI del Vaticano el Pontífice celebró un encuentro con los casi siete mil participantes en la peregrinación de la UNITALSI, es decir de la Unión Nacional italiana para el traslado de los enfermos a Lourdes y a los Santuarios internacionales, que festejan los 110 años de su fundación.
El Papa Francisco saludó con afecto y de modo especial a las personas enfermas y minusválidas, acompañadas por los voluntarios, los asistentes eclesiásticos, los responsables de las diversas secciones y el Presidente nacional de la UNITALSI, a quien agradeció sus palabras.
También afirmó que la presencia de diversos Cardenales, Obispos y personalidades institucionales son signo del aprecio que la Iglesia y la sociedad civil tienen por esta asociación que desde hace 110 años se dedica a los enfermos y a las personas con fragilidades siguiendo un estilo típicamente evangélico. Y destacó que su obra no es asistencialismo o filantropía, sino el anuncio genuino del Evangelio de la caridad, es – dijo – “ministerio del consuelo”.
Pienso en los tantos socios de la UNITALSI esparcidos en toda Italia: son hombres y mujeres, mamás y papás, tantos jóvenes que, movidos por el amor a Cristo y a ejemplo del Buen Samaritano, frente al sufrimiento no giran la cara de la otra parte. ¡Y esto de no girar la cara de la otra parte es una virtud. Vayan adelante con esta virtud! Al contrario, tratan de ser mirada que acoge, mano que levanta y acompaña, palabra de consuelo, abrazo de ternura. No se desanimen por las dificultades y el cansancio, sino sigan donando tiempo, sonrisa y amor a los hermanos y hermanas que tienen necesidad.
Tras manifestar su deseo de que cada persona enferma y frágil pueda ver en el rostro de los socios de la UNITALSI el rostro de Jesús, y que también ellos puedan reconocer en la persona que sufre la carne di Cristo, el Papa Francisco añadió:
Los pobres, también los pobres de salud, son una riqueza para la Iglesia; y ustedes de la UNITALSI, junto a tantas otras realidades eclesiales, han recibido el don y el empeño de recoger esta riqueza, para ayudar a valorizarla, no sólo para la misma Iglesia, sino para toda la sociedad.


Teniendo en cuenta que el actual contexto cultural y social tiende más bien a esconder la fragilidad física, considerándola sólo como un problema, que requiere resignación y mojigatería o a veces el descarte de las personas, el Obispo de Roma destacó que la UNITALSI está llamada a ser un signo profético y a ir contra esta lógica mundana, ayudando a los que sufren a ser protagonistas en la sociedad, en la Iglesia y también en la misma asociación.
Mientras para favorecer la real inserción de los enfermos en la comunidad cristiana y suscitar en ellos un fuerte sentido de pertenencia, el Papa afirmó que es necesaria una pastoral inclusiva en las parroquias y en las asociaciones. “Se trata – dijo el Santo Padre – de valorizar realmente la presencia y el testimonio de las personas frágiles y sufrientes, no sólo como destinatarios de la obra evangelizadora, sino como sujetos activos de esta misma acción apostólica.
Queridos hermanos y hermanas enfermos, no se consideren sólo objeto de solidaridad y de caridad, sino siéntanse insertados con pleno título en la vida y en la misión de la Iglesia. Ustedes tienen un lugar suyo, un papel específico en la parroq

uia y en todo ámbito eclesial. Su presencia, silenciosa pero más elocuente que tantas palabras, su oración, el ofrecimiento diario de sus sufrimientos en unión con los de Jesús crucificado para la salvación del mundo, la aceptación paciente y también gozosa de su condición, son un recurso espiritual, un patrimonio para cada comunidad cristiana. ¡No se avergüencen de ser un tesoro precioso de la Iglesia!
El Papa también destacó que la experiencia más fuerte que viva la UNITALSI en el curso del año es la peregrinación a los lugares marianos, especialmente a Lourdes; a la vez que puso de relieve el estilo apostólico y la espiritualidad que los caracteriza que hacen referencia a la Santísima Virgen.
Y concluyó dirigiéndose a estos queridos hermanos y hermanas invitándolos a encomendarse siempre a la protección de nuestra Madre celestial, que nos consuela e intercede por nosotros ante su Hijo. “Que Ella nos ayude – dijo – a ser para cuantos encontramos en nuestro camino un reflejo de Aquel que es Padre misericordioso y Dios de toda consolación”.
(María Fernanda Bernasconi – RV).

sábado, 9 de noviembre de 2013

Comentario a la parábola del administrador astuto

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: «Había una vez un hombre rico que tenía un administrador, el cual fue acusado ante él de haberle malgastado sus bienes. Lo llamó y le dijo: "¿Es cierto lo que me han dicho de ti? Dame cuenta de tu trabajo, porque en adelante ya no serás administrador." Entonces el administrador se puso a pensar: "¿Qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo? No tengo fuerzas para trabajar la tierra y me da vergüenza pedir limosna. Ya sé lo que voy a hacer, para tener a alguien que me reciba en su casa, cuando me despidan." Entonces fue llamando uno por uno a los deudores de su amo. Al primero le preguntó: "¿Cuánto le debes a mi amo?" El hombre respondió: "Cien barriles de aceite." El administrador le dijo: "Toma tu recibo, date prisa y haz otro por cincuenta." Luego preguntó al siguiente: "Y tú, ¿cuánto debes?" Éste respondió: "Cien sacos de trigo." El administrador le dijo: "Toma tu recibo y haz otro por ochenta." El amo tuvo que reconocer que su mal administrador había procedido con habilidad. Pues los que pertenecen a este mundo son más hábiles en sus negocios que los que pertenecen a la luz». San Lucas 16, 1-8

Hermanas y hermanos:
La parábola de hoy sorprende por su tono provocativo y poco edificante. A los predicadores les resulta incómoda la explicación de esta parábola que contradice las más básicas reglas de la moral. ¿Debemos entender que Jesús alaba esa picardía deshonesta, en la que el fin justifica los medios, cualesquiera que estos sean? ¿No estaría esto en flagrante contradicción con la condena sin paliativos hacia el fraude y el engaño defendidos por cualquier manual de ética o de derecho?

No tratemos de encontrar aquí, en absoluto, ningún lapsus o descuido por parte del Maestro en temas morales relativos al séptimo mandamiento. Ni mucho menos pretende esta parábola recordar y advertirnos de que el mal y la trampa suelen acabar triunfando en el mundo de los trajines humanos.

¿Qué quiere enseñarnos Jesús? La parábola parte de un hecho sin calificaciones éticas: un problema administrativo y de falta de honestidad de un funcionario. En base a tal hecho nos enseña una verdad más profunda. El administrador infiel se encuentra en una situación de gran apuro, prácticamente sin salida: pillado en su deshonestidad, no encuentra alternativas válidas para escapar, en el sentido más inmediato de la expresión: ni el trabajo físico ni la mendicidad son salidas válidas para él. De ahí que busque soluciones por medio de la astucia, haciendo que los deudores de su amo se conviertan en deudores suyos, y así poder ganarse su favor futuro.

En la moraleja encontramos la lección: Debemos aprender la astucia de ese administrador. Es una astucia más propia de los hijos de este mundo con su gente que de los hijos de la luz. ¿Y qué es exactamente tal astucia?

No se refiere aquí a aquella capacidad fullera y mentirosa que posibilita conseguir los propios objetivos a través del engaño o de la picaresca. Evoca otra cosa distinta. Se trata de la creatividad, de la imaginación para salir airosos en las situaciones difíciles de la vida sin quedar congelados por la desesperación o por la inútil acusación de que la culpa la tienen otros. Esa sagacidad es aquella habilidad y empeño que nos lleva a encontrar una salida en toda situación complicada que se nos presente, por retorcida y peligrosa que nos pueda parecer. Es una actitud de ojos abiertos, de lucidez.

Desde esta perspectiva, esa astucia es un sinónimo de la esperanza activa, que el Señor desea que aprendamos bien.
Hermano en el Señor
Juan Carlos Martos, cmf

El Papa reza por los hijos de los “devotos del dios soborno”, puesto que la corrupción quita la dignidad

Esta mañana, durante la Misa celebrada en la Capilla de la Casa de Santa Marta, el Papa rezó por los tantos niños y jóvenes que reciben de sus padres “pan sucio”, que ganan como fruto de los sobornos y de la corrupción, y que sin embargo tienen hambre de dignidad.
Basándose en la parábola del administrador deshonesto Francisco habló del “espíritu del mundo” y de la “mundanidad”, y de cuán peligrosa es esta “mundanidad”. Mientras Jesús “rezaba al Padre para que sus discípulos no cayeran en la mundanidad”.
Cuando pensamos en nuestros enemigos, verdaderamente pensemos primero en el demonio, porque es precisamente lo que nos hace mal. El clima, el estilo de vida le gusta tanto al demonio y esta mundanidad: vivir según los valores – entre comillas – del mundo. Y este administrador es un ejemplo de mundanidad. Alguno de ustedes podrá decir: “¡Pero este hombre ha hecho lo que hacen todos!”. ¡Pero no todos! Algunos administradores, administradores de empresas, administradores públicos; algunos administradores del gobierno... Quizá no sean tantos. Pero es un poco esa actitud del camino más breve, más cómodo para ganarse la vida.
El Pontífice afirmó que el patrón alaba al administrador deshonesto por su astucia:
¡Eh sí, ésta es una alabanza al soborno! Y el hábito del soborno es un hábito mundano y fuertemente pecador. Es un hábito que no viene de Dios: ¡Dios nos ha pedido que llevemos el pan a casa con nuestro trabajo honesto! Y este hombre, administrar, lo llevaba, ¿pero cómo? ¡Daba de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos, tal vez educados en colegios costosos, tal vez crecidos en ambientes cultos, habían recibido de su papá como comida suciedad, porque su papá, llevando el pan sucio a la casa, ¡había perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza tal vez con una pequeña coima, ¡pero es como la droga, eh!
Por tanto – afirmó el Santo Padre – el hábito del soborno se vuelve una dependencia. Pero si hay una “astucia mundana”, dijo, también hay una “astucia cristiana”, que es la de hacer las cosas no con el espíritu del mundo, sino honestamente. Y esto nos lo dice Jesús cuando nos invita a ser astutos como las serpientes y sencillos como las palomas: poner juntas estas dos dimensiones – subrayó – “es una gracia del Espíritu Santo”, un don que debemos pedir. Y concluyó con una oración:
Quizás hoy nos hará bien a todos nosotros rezar por tantos niños y muchachos que reciben de sus padres pan sucio: ¡también éstos están hambrientos, están hambrientos de dignidad! Rezar para que el Señor cambie el corazón de estos devotos del soborno y se den cuenta de que la dignidad viene del trabajo digno, del trabajo honesto, del trabajo de cada día y no de estos caminos más fáciles que al final te quitan todo. Y después, concluiría como aquel otro del Evangelio que tenía tantos graneros, tantos silos repletos y no sabía qué hacer de ellos: “Esta noche deberás morir”, le dijo el Señor. Esta pobre gente que ha perdido la dignidad en el hábito de los sobornos ¡sólo lleva consigo, no el dinero que ha ganado, sino la falta de dignidad! ¡Recemos por ellos!
(María Fernanda Bernasconi – RV).

jueves, 7 de noviembre de 2013

Dios no es un buen perdedor, el Papa el jueves


La alegría de Dios es encontrar a la oveja perdida, porque tiene una “debilidad de amor” por todos los que se han extraviado: lo que dijo el Papa Francisco durante la misa en la Casa de Santa Marta.


Al comentar las parábolas de la oveja perdida y la moneda perdida , el Obispo de Roma explicó la actitud de los escribas y fariseos que se escandalizaron por las cosas que Jesús hacía y murmuraban contra Él : “Este hombre es un peligro, come con publicanos y pecadores.” Jesús – afirmó el Santo Padre -, dice que ésta “es la música de la hipocresía” y que “a ésta hipocresía de los murmullos responde con una parábola”:


“Él responde a la murmuración con un parábola alegre. En este pequeño relato aparece cuatro veces la palabra alegría. ‘Y ustedes - como si dijese – y ustedes se escandalizan por esto, pero mi Padre se alegra’. Ese es el mensaje más profundo: la alegría de Dios que es un Dios que no le gusta perder, no es un buen perdedor, y por eso, para no perder, sale de sí y va, busca. Es un Dios que busca: busca a todos aquellos que están lejos de Él, como el pastor, que va en busca de la oveja perdida.”


El trabajo de Dios – subrayó Francisco - es “ir a buscar” para “invitar a todos a la fiesta, a los buenos y los malos”:


“Él no tolera perder a uno de los suyos. Ésta será también la oración de Jesús, el Jueves Santo: ‘Padre, que no pierda a ninguno de los que me has dado’. Es un Dios que camina buscándonos y tiene una cierta debilidad de amor por los que están más alejados, que se han perdido ...va y los busca ¿y cómo busca? Busca hasta el final, como ese pastor que va en la oscuridad, buscando hasta que encuentra a la oveja; o como la mujer, que cuando pierde aquella moneda enciende la lámpara, barre la casa y la busca con cuidado. Así busca Dios. ‘¡Este hijo no lo pierdo, es mío! No quiero perderlo’. Este es nuestro Padre: siempre nos busca.”


Luego, “cuando ha encontrado a la oveja” y la ha traído al redil poniéndola junto a las demás, explicó el Pontífice, ninguna debe decir: “tú estabas perdida”, sino “tú eres una de nosotras”, porque le vuelve a dar toda la dignidad. “No hay diferencia” porque Dios “cura a todos aquellos que ha encontrado. Y cuando hace esto es un Dios que se alegra”:


“El gozo de Dios no es la muerte del pecador, sino su vida: es la alegría. ¡Tan lejos estaba esa gente que murmuraba contra Jesús, tan lejos del corazón de Dios! No lo conocían. Creían que ser religiosos, que ser personas buenas significase estar siempre bien, ser educados y tantas veces aparentar ser educados, ¿no? Esta es la hipocresía de la murmuración. En cambio, la alegría del Padre, Dios, es aquella del amor: nos ama. ‘¡Pero, yo soy un pecador, he hecho esto, esto, esto!’... ‘Yo te amo lo mismo y voy a buscarte y te traigo de regreso a casa’. Este es nuestro Padre. Pensemos.” (RC-RV)

Las dos realidades distintas de la fe, por Cirilo de Jerusalén.

De las catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
La fe, aunque por su nombre es una, tiene dos realidades distintas. Hay, en efecto, una fe por la que se cree en los dogmas y que exige que el espíritu atienda y la voluntad se adhiera a determinadas verdades; esta fe es útil al alma, como lo dice el mismo Señor: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio; y añade: El que cree en el Hijo no está condenado, sino que ha pasado ya de la muerte a la vida.

¡Oh gran bondad de Dios para con los hombres! Los antiguos justos, ciertamente, pudieron agradar a Dios empleando para este fin los largos años de su vida; mas lo que ellos consiguieron con su esforzado y generoso servicio de muchos años, eso mismo te concede a ti Jesús realizarlo en un solo momento. Si, en efecto, crees que Jesucristo es el Señor y que Dios lo resucitó de entre los muertos, conseguirás la salvación y serás llevado al paraíso por aquel mismo que recibió en su reino al buen ladrón. No desconfíes ni dudes de si ello va a ser posible o no: el que salvó en el Gólgota al ladrón a causa de una sola hora de fe, él mismo te salvará también a ti si creyeres.

La otra clase de fe es aquella que Cristo concede a algunos como don gratuito: Uno recibe del Espíritu el hablar con sabiduría; otro, el hablar con inteligencia, según el mismo Espíritu. Hay quien, por el mismo Espíritu, recibe el don de la fe; y otro, por el mismo Espíritu, don de curar.
Esta gracia de fe que da el Espíritu no consiste solamente en una fe dogmática, sino también en aquella otra fe capaz de realizar obras que superan toda posibilidad humana; quien tiene esta fe podría decir a una montaña que viniera aquí, y vendría. Cuando uno, guiado por esta fe, dice esto y cree sin dudar en su corazón que lo que dice se realizará, entonces este tal ha recibido el don de esta fe.


News.va Español

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ir y comunicar a los demás la salvación: catequesis del Papa este miércoles

Queridos hermanos y hermanas:
Hoy quisiera hablar de la comunión de los santos, que crece mediante la participación en los bienes espirituales de la Iglesia.
En los Sacramentos nos encontramos con Jesús y, por medio de Él, entramos a formar parte del santo Pueblo de Dios. Todo encuentro con el Señor tiene un carácter misionero. Por eso, los Sacramentos constituyen una invitación a comunicar a los otros lo que hemos visto y oído, a llevar a los demás la salvación que hemos recibido.
A su vez, los carismas son dones y gracias especiales que el Espíritu Santo reparte para la edificación de la Iglesia, es decir, de su santidad y de su misión en el mundo. Ellos enriquecen la caridad, que está por encima de todo. Sin amor, los carismas son vanos. Con amor, hasta el menor de nuestros actos repercute en beneficio de todos.
La caridad es la mayor riqueza de la Iglesia. Vivir la comunión en la caridad significa no buscar el propio interés, sino ser capaces de compartir las alegrías y los sufrimientos de los hermanos, ser capaces de llevar los unos los cargas de los otros.

No lo olvidemos: los bienes espirituales que compartimos en la Iglesia están al servicio de la comunión y de la misión, y mediante la comunión de los santos cada uno de nosotros somos signo y “sacramento” del amor de Dios para los demás y para el mundo entero.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Panamá, Argentina y los demás países latinoamericanos. Que María Santísima haga de todos nosotros discípulos misioneros, que dan gratis las gracias recibidas. Muchas gracias.

lunes, 4 de noviembre de 2013

¿Cómo será mi muerte?


Comencemos por decir hoy que hay muertes preciosas. Es una muerte maravillosa la de quien puede decir en ese momento: "He cumplido mi misión". Una muerte así es el comienzo de la vida verdadera. Es propiamente entonces cuando se nace. Por eso en el Martirologio, el libro donde se narra la vida de los santos y mártires, no se hace constar el día de su nacimiento, sino el de su muerte, como el verdadero día de su nacimiento, su "dies natalis".

La muerte para los buenos brilla como una estrella de esperanza. Sus frutos son la paz, el descanso, la vida. Con esta paz y serenidad murió Juan XXIII: "¡Qué alegría cuando me dijeron, vamos a la casa del Señor!.", decía en su lecho de muerte. Un muchacho decía a la hora de su muerte: "¡Qué bueno ha sido Dios conmigo, por haberme concedido vivir 17 años!"; y moría ofreciendo su vida por sus padres y por los que lo habían formado. 

Preguntémonos ahora la cosa más importante: ¿Cómo será mi muerte? He aquí lo importante, no el cuándo sino el cómo voy a morir. Es decir, en qué disposiciones. Aunque no podemos fijar el día, el lugar, la forma externa de morir, sí podemos fijar el cómo. Podemos preverlo: se muere según se vive. Si se vive bien, lo normal es que se muera bien; si se vive mal, lo normal es que se muera mal, si Dios no pone remedio. Si vivo bien, con su ayuda moriré bien; si vivo mediocremente, moriré como un mediocre; si vives santamente, no lo dudes, morirás como un santo.
Si desde hoy te decides a ser un buen hombre, seguro que morirás como un buen hombre, y nunca te arrepentirás; pero, si dejas ese asunto para más adelante, lo dejas para nunca. No se puede improvisar la hora de la muerte. Los dos ladrones que iban a morir, estaban al lado del Redentor, pero sólo uno de los dos compañeros de suplicio de Jesús se convirtió.

Comenta San Agustín: "Hubo un buen ladrón, para que nadie desespere; pero sólo uno, para que nadie presuma y se confíe". Hay que ser lógicos y aprovechar el tiempo. El que pasó, ya pasó, pero el que queda por delante hay que aprovecharlo con avaricia. Si muriera esta noche, ¿estaría preparado?; ¿tendría mis manos llenas, vacías o medio vacías? ¿Estaré preparado el día de mí muerte? Esta es la gran pregunta. 

Podríamos terminar estas reflexiones con las palabras de un gran hombre, que todos los días medita sobre la muerte como maestra de vida: "Yo sé que toda la vida humana se gasta y se consume bien o mal, y no hay posible ahorro: los años son esos, y no más. Y la eternidad es lo que sigue a esta vida. Gastarnos por Dios y por amor a nuestros hermanos en Dios es lo razonable y seguro"

Según se vive, así se muere. Si esto es así: de los que viven santamente estamos seguros que morirán santamente. Pero de los que viven en pecado podemos estar seguros que morirán impenitentes.
P. Fernando Pascual

sábado, 2 de noviembre de 2013

Halloween ¿Cristianismo o paganismo?

No se puede negar que es divertido disfrazar a los pequeños de la casa y salir con ellos a pedir dulces por las calles, muchos de nosotros tenemos recuerdos gratos de las fiestas de Halloween en donde compartíamos dulces y echábamos mano de todo lo que estaba a nuestro alcance para confeccionarnos el mejor de los disfraces.

Halloween, ¿Lo debe celebrar un cristiano? 

Pero no podemos pasar por alto que las fiestas que celebramos reflejan quiénes somos e influyen en nuestros valores. Desgraciadamente muchos cristianos han olvidado el testimonio de los santos y la importancia de rezar por los muertos y se dejan llevar por costumbres paganas para festejar con brujas y fantasmas. 

"Halloween" significa (All hallow´s eve), del inglés antiguo, all hallows eve, o Víspera Santa, pues se refiere a la noche del 31 de octubre, víspera de la Fiesta de Todos los Santos. La fantasía anglosajona, sin embargo, le ha robado su sentido religioso para celebrar en su lugar la noche del terror, de las brujas y los fantasmas. Halloween marca un triste retorno al antiguo paganismo, tendencia que se ha propagado también entre los pueblos hispanos. 
Raíces paganas de Halloween

Ya desde el siglo VI antes de Cristo los celtas del norte de Europa celebraban el fin del año con la fiesta de Samhein (o La Samon), fiesta del sol que comenzaba la noche del 31 de octubre. Marcaba el fin del verano y de las cosechas. El colorido de los campos y el calor del sol desaparecían ante la llegada de los días de frío y oscuridad. 

Creían que aquella noche el dios de la muerte permitía a los muertos volver a la tierra fomentando un ambiente de muerte y terror. La separación entre los vivos y los muertos se disolvía aquella noche y haciendo posible la comunicación entre unos y otros. Según la religión celta, las almas de algunos difuntos estaban atrapadas dentro de animales feroces y podían ser liberadas ofreciéndole a los dioses sacrificios de toda índole, incluso sacrificios humanos. Sin duda Samhein no es otro sino el mismo demonio que en todas las épocas busca implantar la cultura de la muerte. 


viernes, 1 de noviembre de 2013

APRESURÉMONOS HACIA LOS HERMANOS QUE NOS ESPERAN

¿De qué sirven a los santos nuestras alabanzas, nuestra glorificación, esta misma solemnidad que celebramos? De qué les sirven los honores terrenos, si reciben del Padre celestial los honores que les había prometido verazmente el Hijo? [...] Es que la veneración de su memoria redunda en provecho nuestro, no suyo. Por lo que a mí respecta, confieso que, al pensar en ellos, se enciende en mí un fuerte deseo.

El primer deseo ... es el de gozar de su compañía, tan deseable, y de llegar a ser conciudadanos y compañeros de los espíritus bienaventurados [...]. Desean los santos nuestra compañía, y nosotros no hacemos caso... Despertémonos, por fin, hermanos; resucitemos con Cristo, busquemos los bienes de arriba, pongamos nuestro corazón en los bienes del cielo. 

El segundo deseo que enciende en nosotros la conmemoración de los santos es que, cómo a ellos, también a nosotros se nos manifieste Cristo, que es nuestra vida, y que nos manifestemos también nosotros con él, revestidos de gloria. Entretanto, aquel que es nuestra cabeza se nos representa no tal como es, sino tal como se hizo por nosotros, no coronado de gloria, sino rodeado de las espinas de nuestros pecados. Teniendo a aquel que es nuestra cabeza coronado de espinas, nosotros, miembros suyos, debemos avergonzarnos de nuestros refinamientos y de buscar cualquier púrpura que sea de honor y no de irrisión.

Llegará un día en que vendrá Cristo [...]. Se manifestará la cabeza gloriosa y, junto con él, brillarán glorificados sus miembros, cuando transfigurará nuestro pobre cuerpo en un cuerpo glorioso semejante a la cabeza, que es él. Deseemos, pues, esta gloria con un afán seguro y total. Mas, para que nos sea permitido esperar esta gloria y aspirar a tan gran felicidad, debemos desear también, en gran manera, la intercesión de los santos, para que ella nos obtenga lo que supera nuestras fuerzas.

De los sermones de san Bernardo, abad

Creo en la Comunión de los Santos


Hoy, me gustaría hablar de una realidad muy bonita de nuestra fe, es decir, la "comunión de los santos". El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda que este término hace referencia a dos realidades: la comunión en las cosas santas, y la comunión entre las personas santas (núm. 948). Me centro en el segundo significado: se trata de una verdad de las más consoladoras de nuestra fe, porque nos recuerda que no estamos solos, sino que existe una comunión de vida entre todos los que pertenecen a Cristo. Una comunión que nace de la fe; de hecho, el término "santos" se refiere a aquellos que creen en el Señor Jesús, y son incorporados a Él en la Iglesia a través del Bautismo. Por eso los primeros cristianos también fueron llamados "santos" (cf. Hch 9,13.32.41, Romanos 8:27, 1 Corintios 6:01).

1. El Evangelio de Juan dice que, antes de su Pasión, Jesús oró al Padre por la comunión entre los discípulos, con estas palabras: "Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste".(17:21) La Iglesia, en su verdad más profunda, es comunión con Dios, familiaridad con Dios, comunión de amor con Cristo y con el Padre en el Espíritu Santo, que se prolonga en una comunión fraterna. Esta relación entre Jesús y el Padre es la "matriz" de la unión entre nosotros cristianos: si estamos íntimamente incluidos en esta "matriz", en este horno ardiente de amor que es la Trinidad, entonces podemos verdaderamente convertirnos en un único corazón y en una sola alma entre nosotros, porque el amor de Dios quema nuestros egoísmos, nuestros prejuicios, nuestras divisiones internas y externas. El amor de Dios quema también nuestros pecados.

2. Estar unidos entre nos Si existe este enraizamiento en la fuente del Amor, que es Dios, entonces también existe el movimiento recíproco: de los hermanos a Dios; la experiencia de la comunión fraterna que me lleva a la comunión con Dios. otros nos lleva a estar unidos con Dios, a esta unión con Dios que es nuestro Padre. Nuestra fe necesita el apoyo de los demás, ¡especialmente en los momentos difíciles! Y si estamos unidos, la fe se hace fuerte ¡Qué hermoso es apoyarse mutuamente en la aventura maravillosa de la fe! Digo esto porque la tendencia a cerrarse en lo privado también ha influido en la esfera religiosa, tanto es así que muchas veces es difícil buscar ayuda espiritual en aquellos que comparten nuestra experiencia cristiana.

¿Quién de nosotros -¡todos, todos!- quién de nosotros no ha experimentado inseguridades, desorientaciones e incluso dudas en el camino de la fe? Todos, todos hemos experimentado esto: yo también. Todos. Es parte del camino de la fe, es parte de nuestra vida. Todo esto no debe sorprendernos, porque somos seres humanos, marcados por la fragilidad y las limitaciones. Todos somos frágiles, todos tenemos limitaciones: no se asusten. ¡Todos las tenemos! Sin embargo, en estos momentos difíciles hay que confiar en la ayuda de Dios, a través de la oración filial, y al mismo tiempo, es importante encontrar el coraje y la humildad para estar abiertos a los demás, para pedir ayuda, para que nos den una mano: “dame una mano, tengo este problema”. ¡Cuántas veces lo hemos hecho! Y luego, hemos conseguido superar el problema y encontrar a Dios, otra vez. En esta comunión -comunión quiere decir ‘común unión’, todos unidos, unión común- en esta comunión somos una gran familia, todos nosotros, donde todos los miembros se ayudan y se apoyan mutuamente.

3. Y ahora vengamos a otro aspecto: la comunión de los santos va más allá de la vida terrena, va más allá de la muerte y dura para siempre. Esta unión entre nosotros va más allá y continua en la otra vida. Es una unión espiritual que nace del Bautismo, no se trunca con la muerte, sino que, gracias a que Cristo ha resucitado, está destinada a encontrar su plenitud en la vida eterna. Hay un vínculo profundo e indisoluble entre los que todavía son peregrinos en este mundo, entre nosotros, y los que han cruzado el umbral de la muerte a la eternidad. Todos los bautizados en la tierra, las almas del Purgatorio y todos los beatos que están ya en el Paraíso forman una única gran Familia. Esta comunión entre tierra y cielo se realiza sobre todo en la oración de intercesión.
Queridos amigos, tenemos esta belleza, la memoria de la fe: es una realidad nuestra, de todos, que nos hace hermanos, que nos acompañamos en el camino de la vida, y nos vamos a encontrar de nuevo, allí arriba, en el Cielo. Vayamos por este camino con confianza, con alegría. Un cristiano debe ser alegre, con la alegría de tener a tantos hermanos bautizados que caminan con nosotros, y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que hacen este viaje para ir al Cielo, y también con la ayuda de nuestros hermanos y hermanas que están en el Cielo y rezan a Jesús por nosotros. ¡Adelante por este camino, y con alegría!

(Traducción del italiano: Eduardo Rubiò- Radio Vaticano)