martes, 15 de enero de 2013

Bautismo de Cristo

 En sus palabras previas al rezo del Ángelus, en la Plaza de San Padre, el Papa Benedicto XV aseguró que los cristianos, a semejanza de Jesús debemos ofrecer la propia vida por la verdad y la justicia ante el mal del mundo.

El Santo Padre indicó que “Jesús es el hombre nuevo que quiere vivir como hijo de Dios, es decir, en el amor; el hombre que ante el mal del mundo, elige el camino de la humildad y de la responsabilidad, elige no de salvarse a sí mismo sino de ofrecer la propia vida por la verdad y la justicia”.

“Ser cristianos significa vivir así”, señaló el Papa, sin embargo reconoció que “este tipo de vida comporta renacer: renacer desde lo alto, desde Dios, desde la Gracia”.

Benedicto XVI subrayó que “este renacer es el Bautismo, que Cristo ha donado a la Iglesia para regenerar a los hombres en la vida nueva”.

El Papa recordó que este domingo concluye el tiempo litúrgico de Navidad, “tiempo de luz, la luz de Cristo que, como nuevo sol aparecido en el horizonte de la humanidad, disipa las tinieblas del mal y de la ignorancia”.

“Celebramos hoy la fiesta del Bautismo de Jesús: aquel Niño, hijo de la Virgen, que contemplamos en el misterio de su nacimiento, lo vemos hoy adulto sumergirse en las aguas del río Jordán, y santificar así todas las aguas y el cosmos entero –como indica la tradición oriental”.

El Papa también cuestionó “¿por qué Jesús, en quien no había sombra de pecado, fue para hacerse bautizar por Juan? ¿Por qué quiso realizar este gesto de penitencia y conversión, junto con tantas personas que de este modo querían prepararse para la venida del mesías?”.

“El sentido de este movimiento de abajamiento divino se resume en una única palabra: amor, que es el nombre mismo de Dios”.

El Santo Padre indicó que el evangelista Lucas relata que “Jesús, habiendo recibido el bautismo, ‘mientras estaba orando, se abrió el cielo y el Espíritu Santo descendió sobre él en forma corporal, como una paloma. Se oyó entonces una voz del cielo: Tú eres mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección’”.

El Papa afirmó que “este Jesús es el Hijo de Dios que está totalmente inmerso en la voluntad de amor del Padre. Este Jesús es Aquel que morirá en la cruz y resurgirá por la potencia del mismo Espíritu que ahora se posa sobre Él y lo consagra”.

“Según la tradición, esta mañana tuve la alegría de bautizar a un numeroso grupo de niños que nacieron en los últimos tres o cuatro meses. En este momento quiero extender mi oración y mi bendición a todos los recién nacidos; pero en especial invitar a todos a recordar nuestro Bautismo, hacer memoria de aquel renacer espiritual que nos abrió el camino de la vida eterna”.

“Que pueda cada cristiano, en este Año de la fe, redescubrir la belleza de haber renacido desde lo alto, desde el amor de Dios, y vivir como su verdadero hijo”, concluyó.

 Benedicto XVI, Vaticano, Bautismo

sábado, 12 de enero de 2013

Nacer de la Virgen María


Una persona realmente cristiana no puede ni debe vivir más que de la vida de Nuestro Señor Jesucristo.

Esta vida divina debe ser el principio de todos sus pensamientos, de todas sus palabras y de todas sus acciones.

Jesucristo fue concebido en el seno de María por obra del Espíritu Santo. Jesucristo nació del seno virginal de María. Concebido por obra del Espíritu Santo, nacido de María Virgen.
El bautismo y la fe hacen que empiece en nosotros la vida de Jesucristo. Por eso, somos como concebidos por obra del Espíritu Santo. Pero debemos, como el Salvador, nacer de la Virgen María.

Jesucristo quiso formarse a nuestra semejanza en el seno virginal de María. También nosotros debemos formarnos a semejanza de Jesucristo en el seno de María, conformar nuestra conducta con su conducta, nuestras inclinaciones con sus inclinaciones, nuestra vida con su vida.

María, con un amor inimaginable, nos lleva siempre en sus castas entrañas como hijos pequeños, hasta tanto que, habiendo formado en nosotros los primeros rasgos de su hijo, nos dé a luz como a Él. María nos repite incesantemente estas hermosas palabras de san Pablo: Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo se forme en vosotros (Gál 4,19). Hijitos míos, que yo quisiera dar a luz cuando Jesucristo se haya formado perfectamente en vosotros.
Ágora Marianista

martes, 8 de enero de 2013

EPIFANÍA DEL SEÑOR


VATICANO, 06 Ene. 13 / 11:37 am (ACI/EWTN Noticias).- En sus palabras previas al rezo del Ángelus, con ocasión de la Solemnidad de la Epifanía del Señor, el Papa Benedicto XVI señaló que “en las figuras de los Magos, que llegan a Belén siguiendo la luz de una estrella y las indicaciones de las Sagradas Escrituras” se conoce que la Iglesia es “desde el inicio universal”.

El Santo Padre indicó que “la Virgen María, junto a su esposo, representan el ‘tronco’ de Israel, el ‘resto’ preanunciado por los profetas, del que debía germinar el Mesías. En cambio los Magos representan los pueblos, y también podemos decir las civilizaciones, las culturas, y las religiones que están, por decirlo de alguna manera, en camino hacia Dios, en busca de su reino de paz, de justicia, de verdad y de libertad”.

“En un primer momento hay un núcleo, personificado por María, la ‘hija de Sión’: un núcleo de Israel, el pueblo que conoce y que tiene fe en aquel Dios que se ha revelado a los Patriarcas y en el camino de la historia”.

El Papa subrayó que “esta fe alcanza su cumplimiento en María, en la plenitud de los tiempos; en ella, ‘bienaventurada porque ha creído’, el Verbo se ha hecho carne, Dios ha ‘aparecido’ en el mundo”.

“La fe de María se convierte en la primicia y el modelo de la fe de la Iglesia, Pueblo de la Nueva Alianza”.

Benedicto XVI recordó también que mientras hoy celebramos la Epifanía del Señor, “numerosas Iglesias Orientales, según el calendario Juliano, festejan la Navidad”.

“Esta ligera diferencia, que hace que se superpongan los dos momentos, hace resaltar que aquel Niño, nacido en la humildad de la gruta de Belén, es la luz del mundo, que orienta el camino de todos los pueblos”.

“Es un binomio que también hace reflexionar desde el punto de vista de la fe: por una parte, en Navidad, ante Jesús, vemos la fe de María, de José y de los pastores; y hoy, en la Epifanía, vemos la fe de los Magos, venidos de Oriente para adorar al rey de los Judíos”.

El Papa señaló que “la fe de María se puede poner junto a la de Abraham: es el nuevo inicio de la misma promesa, del mismo inmutable designio de Dios, que encuentra ahora su pleno cumplimiento en Jesucristo”.

“Y la luz de Cristo es tan límpida y fuerte que hace inteligible tanto el lenguaje del cosmos, cuanto el de las Escrituras, de modo que todos aquellos que, como los Magos, están abiertos a la verdad, pueden reconocerla y llegar a contemplar al Salvador del mundo”.

El Santo Padre indicó que “también en esta perspectiva podemos ver las Ordenaciones episcopales que he tenido la alegría de conferir esta mañana en la Basílica de San Pedro: dos de los nuevos Obispos permanecerán al servicio de la Santa Sede, y los otros dos partirán para ser Representantes Pontificios en dos naciones”.

“Oremos por cada uno de ellos, por su ministerio, y para que la luz de Cristo resplandezca en el mundo entero”, concluyó.

domingo, 6 de enero de 2013

Querido Jesús, yo también te quiero regalar


«Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mateo 2, 11).
Mi buen Jesús... hoy, día que celebramos Tu epifanía a todos los hombres... y día en que te visitaron los «magos de Oriente» para llevarte sus dones... yo también me acerco a Ti para entregarte lo poco que tengo...

En este día, te entrego el «oro» de lo poco que poseo, con la conciencia de que lo tengo porque Tú me lo has dado... te entrego mis pensamientos y mis acciones... mi trabajo, mi esfuerzo y mi cansancio... en fin, te entrego mi vida para que Tú la dirijas como y hacia donde Tú quieras hacerlo...
...
Te entrego el «incienso» de mis oraciones... las dichas con fervor... y aquellas que, por la prisa, en ocasiones he repetido sin poner todo mi corazón en ellas... las dichas ante el Sagrario y las dichas en el automóvil, mientras conduzco... te entrego mis horas ante Ti en el Santísimo... y las Eucaristías a las que he asistido a encontrarme contigo... te entrego cada Rosario... cada Novena... y cada oración que te he ofrecido... para que Tú, mi Señor, las multipliques y las hagas dar fruto...

Te entrego, también, la «mirra» de mis dificultades y problemas... de mis angustias y pesares... te entrego mis momentos de ansiedad, cuando buscaba con urgencia Tu Paz... te ofrezco mis miserias... mis momentos de dudas... mis miedos y temores... te entrego las tormentas que he encontrado y de las que Tú me has permitido salir... te entrego cada cruz... cada sufrimiento... cada tribulación... para que Tú, Dios mío, las guardes en Tú Sacratísimo Corazón...

Por último, mi amado Jesús... te pido que bendigas a cada uno de los amigos que nos visitan en este pequeño rinconcito que tenemos aquí... derrama sobre ellos y sus familias Tus Gracias... llénalos de Tu Amor... y concédeles Tu Paz... para que vivan, hoy y siempre, unidos a Ti...

~*~*~*~

¡Muchas felicidades y que Dios me los bendiga mucho en este día de los Reyes Magos!!!
De "Tengo sed de Ti"

«Entraron en la casa; vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron; abrieron luego sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra» (Mateo 2, 11).

Mi buen Jesús... hoy, día que celebramos Tu epifanía a todos los hombres... y día en que te visitaron los «magos de Oriente» para llevarte sus dones... yo también me acerco a Ti para entregarte lo poco que tengo...

En este día, te entrego el «oro» de lo poco que poseo, con la conciencia de que lo tengo porque Tú me lo has dado... te entrego mis pensamientos y mis acciones... mi trabajo, mi esfuerzo y mi cansancio... en fin, te entrego mi vida para que Tú la dirijas como y hacia donde Tú quieras hacerlo...

Te entrego el «incienso» de mis oraciones... las dichas con fervor... y aquellas que, por la prisa, en ocasiones he repetido sin poner todo mi corazón en ellas... las dichas ante el Sagrario y las dichas en el automóvil, mientras conduzco... te entrego mis horas ante Ti en el Santísimo... y las Eucaristías a las que he asistido a encontrarme contigo... te entrego cada Rosario... cada Novena... y cada oración que te he ofrecido... para que Tú, mi Señor, las multipliques y las hagas dar fruto...

Te entrego, también, la «mirra» de mis dificultades y problemas... de mis angustias y pesares... te entrego mis momentos de ansiedad, cuando buscaba con urgencia Tu Paz... te ofrezco mis miserias... mis momentos de dudas... mis miedos y temores... te entrego las tormentas que he encontrado y de las que Tú me has permitido salir... te entrego cada cruz... cada sufrimiento... cada tribulación... para que Tú, Dios mío, las guardes en Tú Sacratísimo Corazón...

Por último, mi amado Jesús... te pido que bendigas a cada uno de los amigos que nos visitan en este pequeño rinconcito que tenemos aquí... derrama sobre ellos y sus familias Tus Gracias... llénalos de Tu Amor... y concédeles Tu Paz... para que vivan, hoy y siempre, unidos a Ti...

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¡Muchas felicidades y que Dios me los bendiga mucho en este día de los Reyes Magos!!!

¿Quiénes eran los Magos?

Hoja Parroquia de Nuestra Señora de Europa

Epifanía del Señor


Con los pastores pasó hace unos días un acontecimiento extraño que resultó bien. Cuidaban sus rebaños cumpliendo su rudo oficio cuando vieron una tan extraña como clara visión de ángeles que les decían cosas al principio incomprensibles y al poco rato comprobadas. Sí, allí, en un casuco, estaba el Niño del que se les habló, con su madre y un varón. Hicieron lo que pudieron en su tosquedad y carencia según mandaban las circunstancias. Como les habían asegurado que era la "Luz que iluminaba al pueblo que habitaba en sombras de muerte", de lo que tenían dieron para ayudar y para quedar bien con aquella familia que al parecer era más pobre que ellos. No les costó trabajo aceptar el milagro que era tan claro. Lo dijeron los ángeles, pues... tenían razón.



Vinieron unos Reyes. Fueron los últimos en llegar a ver a aquel Niño y si se entretienen un poco más..., pues ¡que no lo encuentran! Viajaron mucho por los caminos del mundo. Venían desde muy lejos. Pasaron miedo, frío y calor. Hasta estuvieron perdidos pero, preguntando e inquiriendo, sacaron fruto de su investigación. Aquello fue un consuelo porque tuvieron susto de haber perdido el tiempo y tener que regresar a los comienzos con el fracaso en sus reales frentes. Pero no, sabían que aquella estrella era capaz de llevarles adonde estaba Dios. También las circunstancias mandaban y adoraron y ¡cómo no! ofrecieron dones al Niño-Creador.

Los dos son caminos, la fe y la razón. Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es costoso, búsqueda constante y sincera con peligros de equivocación. La Verdad está en su sitio. Sencillez es condición. Los pastores la aprehenden y los sabios la descubren. Entrambos la sirven y entrambos son de Dios.



Archidiócesis de Madrid

Los Magos de Oriente, modelos del verdadero sabio. Benedicto XVI

¡Queridos hermanos y hermanas!

Celebramos hoy la gran fiesta de la Epifanía, el misterio de la Manifestación del Señor a todas las gentes, representadas por los Magos, venidos de Oriente para adorar al Rey de los Judíos (cfr Mt 2,1-2). El evangelista Mateo, que relata el acontecimiento, subraya que éstos llegaron a Jerusalén siguiendo una estrella, avistada en su surgimiento e interpretada como signo del nacimiento del Rey anunciado por los profetas, o sea, el Mesías. Llegados sin embargo a Jerusalén, los Magos necesitaron las indicaciones de los sacerdotes y de los escribas para conocer exactamente el lugar a donde dirigirse, es decir, Belén, la ciudad de David (cfr Mt 2,5-6; Mi 5,1). La estrella y las Sagradas Escrituras fueron las dos luces que guiaron el camino de los Magos, los cuales aparecen como modelos de los auténticos buscadores de la verdad.

Éstos eran unos sabios, que escrutaban los astros y conocían la historia de los pueblos. Eran hombres de ciencia en un sentido amplio, que observaban el cosmos considerándolo casi un gran libro lleno de signos y de mensajes divinos para el hombre. Su saber, por tanto, lejos de considerarse autosuficiente, estaba abierto a ulteriores revelaciones y llamadas divinas. De hecho, no se avergüenzan de pedir instrucciones a los jefes religiosos de los judíos. Habrían podido decir: hagámoslo solos, no necesitamos a nadie, evitando, según nuestra mentalidad actual, toda “contaminación” entre la ciencia y la Palabra de Dios. En cambio los Magos escuchan las profecías y las acogen; y, apenas se vuelven a poner en camino hacia Belén, ven nuevamente la estrella, casi como confirmación de una perfecta armonía entre la búsqueda humana y la Verdad divina, una armonía que llenó de alegría sus corazones de auténticos sabios (cfr Mt 2,10). El culmen de su itinerario de búsqueda fue cuando se encontraron ante "el niño con María su madre" (Mt 2,11). Dice el Evangelio que “postrándose le adoraron". Habrían podido quedarse desilusionados, es más, escandalizados. En cambio, como verdaderos sabios, se abrieron al misterio que se manifiesta de modo sorprendente; y con sus dones simbólicos demostraron que reconocían en Jesús al Rey y al Hijo de Dios. Precisamente en ese gesto se cumplen los oráculos mesiánicos que anuncian el homenaje de las naciones al Dios de Israel.

Un último detalle confirma, en los Magos, la unidad entre inteligencia y fe: es el hecho de que “advertidos en sueños de que no volvieran a Herodes, volvieron a su tierra por otro camino" (Mt 2,12). Habría sido natural volver a Jerusalén, al palacio de Herodes y al Templo, para proclamar su descubrimiento. En cambio, los Magos, que han elegido como soberano al Niño, lo cus
ces de vivir siempre la profunda sintonía que hay entre la razón y la fe, entre la ciencia y la revelación.

Benedicto XVI. 6 de enero de 2010

sábado, 5 de enero de 2013

Queridos Reyes Magos:


De Pastoral Católica en la Red

Los hijos un don de Dios por Benedicto XVI


Los padres “no son los amigos o los dueños de la vida de sus hijos, sino los custodios de este don incomparable de Dios”. Lo indicó el Papa durante el Ángelus, al recordar a la familia de Jesús. Benedicto XVI invitó a “que el amor, la fidelidad y la dedición de María y José sirvan de ejemplo para todos los esposos cristianos”. En la familia de Jesús, añadió, hay un “misterio lleno de fe y de humanidad”, al que podemos entrar siguiendo el ejemplo de María y José.

“La preocupación de María y José por Jesús -explicó Benedicto XVI- es la misma de cada padre que educa a un hijo, lo introduce a la vida y a la comprensión de la realidad”. Después de haber invitado a una “necesaria y especial oración al Señor por todas las familias del mundo”, el Pontífice expresó su deseo de que “los padres se preocupen seriamente por el crecimiento y la educación de los propios hijos, para que maduren como hombres responsables y ciudadanos honestos, sin jamás olvidar que la fe es un don precioso que hay que alimentar en los propios hijos también con el ejemplo personal”.

“Al mismo tiempo -prosiguió-, oremos para que cada niño sea acogido como don de Dios, sea sostenido por el amor del padre y de la madre, para poder crecer como el Señor Jesús «en sabiduría, edad y gracia ante Dios y los hombres» (Lc 2,52)”.

“El silencio de José -concluyó el Papa-, hombre justo (cfr Mt 1,19), y el ejemplo de María, que guardaba todo en su corazón (cfr Lc 2,51), nos hagan entrar en el misterio lleno de fe y de humanidad de la Santa Familia. Deseo a todas las familias cristianas vivir en presencia de Dios con el mismo amor y con el mismo gozo de la familia de Jesús, María y José”. 

Benedicto XVI

jueves, 3 de enero de 2013

¿Cómo hemos vivido la Navidad?


"Hemos visto su estrella". Los Reyes Magos son proclamadores del misterio de Cristo. Quien al menos por un instante haya contemplado la estrella de Cristo, se siente invitado a proclamarla. Es el caso de la Samaritana, es la experiencia de Sta. Teresa de Jesús, de Juan Pablo II, de la Madre Teresa de Calcuta: cuando se experimenta el amor de Dios, todo se hace fácil y ligero. 

Anunciemos gozosos que Cristo ha nacido en nuestro corazón. No hay lugar para la tristeza, cuando Cristo nace en el alma. ¿Qué palabras de aliento y esperanza he llevado en mis labios a lo largo de estos días santos de la Navidad?

Anunciar a Cristo, para el cristiano, es vivir alegre y feliz, es aspirar a la santidad propia de su estado, es construir su familia con la sencillez de su alma y la confianza puesta en Dios. El seguimiento de Cristo no es un camino sembrado de rosas, es, más bien, un sendero estrecho, de grandes alturas y para corazones audaces. Ante todo, ellos se ponen en marcha sin tener la totalidad de la ruta, tienen la corazonada, tienen la inspiración, la estrella que se cruzó por su telescopio, pero nada más. Quien espere tener la hoja de ruta en su experiencia de Dios, se quedará siempre atado a la orilla. Con Dios, una buena dosis de aventura y de confianza en Él, son indispensables.

Ahora bien, esa estrella no siempre brillará esplendorosa. Hay momentos en que se oculta. En la vida hay que seguir, pues sabemos que aunque la estrella desaparezca por las nubes de alguna posible tormenta, la estrella sigue estando ahí, los magos nos dan una gran lección, de fe y constancia. En estos momentos hay que preguntar a Dios, no a mis propias seguridades, no a mi egoísmo, no a la ciencia o al ambiente que nos envuelve, tú sigue buscando la estrella. Cuando tengas dudas, cuando la vida te duela, pregunta, pregunta siempre a tu estrella.

El Papa Benedicto XVI, en una jornada de la juventud, nos decía a todos los jóvenes del mundo: "Quisiera decir a todos insistentemente: abrid vuestro corazón a Dios, dejad sorprenderos por Cristo. Dadle el «derecho a hablaros». Presentad vuestras alegrías y vuestras penas a Cristo, dejando que Él ilumine con su luz vuestra mente y acaricie con su gracia vuestro corazón".

Es cierto que hoy no buscamos ya a un rey; pero estamos preocupados por la situación del mundo y preguntamos: ¿Dónde encuentro los criterios para mi vida?, ¿dónde los criterios para colaborar de modo responsable en la edificación del presente y del futuro de nuestro mundo?, ¿de quién puedo fiarme; a quién confiarme?, ¿dónde está aquel que puede darme la respuesta satisfactoria a los anhelos del corazón?.


La respuesta nos la dan los mismos Reyes Magos. Los Magos, una vez que oyeron la respuesta «en Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta», decidieron continuar el camino y llegar hasta el final y ¡vaya, que gran sorpresa!, ahí se encontraron con Dios, se encontraron con el Rey que iban a adorar. «Los Magos están asombrados ante lo que ahí contemplan: el cielo en la tierra y la tierra en el cielo; el hombre en Dios y Dios en el hombre; ven encerrado en un pequeñísimo cuerpo, aquello que no puede ser contenido en todo el mundo».

Al terminar estas fiestas navideñas, tal vez valga la pena hacernos algunas preguntas, ¿qué Navidad he vivido?, ¿me he encontrado con este Niño Dios?, ¿hoy entro a la cueva como los Reyes Magos, después de ser invitado a Belén, por mi estrella?, ¿entro con las manos vacías o están llenas de regalos?, ¿me siento satisfecho con Dios y conmigo mismo por lo que he hecho? 

Tal vez hoy le podríamos ofrecer a Jesús todas las buenas obras realizadas a lo largo de este año que acaba de terminar, tal vez le ofrezca aquellos proyectos que estoy dispuesto a realizar a lo largo de este nuevo año, no sé, todo está en tus manos y en tu corazón. 

Hoy, cuando vayas a Misa, cuando entres una vez más a esa cueva que se llama Iglesia y te encuentres con Cristo, y cuando lo vayas a recibir, recuerda: es el día en el que tengo que ofrecer algo al recién nacido. 

Ojalá no sean sólo las sobras de tu vida, o un mero sentimiento o pensamiento de algo que tienes en mente, llévale algo diferente, llévale algo que signifique para tí un verdadero compromiso con Él, tal vez sea una buena confesión, el reconciliarte con algún pariente, el ir a Misa cada domingo, el ser menos gruñón, el compartir tus cosas con tus hermanos, el obedecer siempre con una sonrisa a papá y a mamá, el ser más tolerante...
P. Dennis Doren

Pensamientos de un cristiano en Navidad


Otra vez contigo Señor, he hecho buenos propósitos para este nuevo año y los he puesto en manos de tu Madre, que gracias a Ti también es la mía, la nuestra.

Cuando rezaba, tenía miedo Señor , de que fuera como siempre, sólo buenos propósitos.  Pero a la vez estaba contento, me sentía más fuerte que otros años.  Sé que lo voy a intentar con fuerza  y sé que Tú vas a estar a mi lado para ayudarme y darme ánimos.

Quiero que los problemas de cada día no me alejen de Ti, al revés,  quiero que me acerquen cada vez más a Ti, porque Tú estás conmigo cada instante de mi vida y quiero tener absoluta confianza en tu amor, en tu misericordia y en tu bondad.

También he pensado mucho en la Eucaristía, cuando pensaba que te hiciste hombre y que naciste de una Mujer limpia de pecado, me he dado cuenta de que cuando te recibo en la Eucaristía, de verdad que no soy digno de recibirte. Tengo que procurar tener  el corazón más limpio  para Ti, ya sé que nunca estará completamente preparado, pero, sabes Señor, quiero que esté cada día mejor para que Tú te sientas más cómodo cada día.

También he meditado sobre  el camino que recorrieron los Magos para conocerte, para verte, para adorarte  y  sentirte cerca. Me he dado cuenta de que Tú nos has dado el regalo de tenerte, sentirte y adorarte  sin hacer tan largo viaje. Cada día en la Eucaristía podemos recibirte y sentirte dentro de nuestro corazón, perdona Señor por no darle la importancia que tiene. Cada día que comulgue pensaré,  de verdad  con toda mi alma, en tu inmenso regalo que no merezco, pero que Tú quieres darme y quieres que sea digno de recibirlo.
¡¡Muchas Gracias!!
H. de Carmen

lunes, 31 de diciembre de 2012

Oración ante un año que termina


Mi buen Jesús… en este día, entre un año que termina y otro que comienza, quiero hacer un alto y mirar hacia atrás… reconozco que sin Ti no hubiera sido capaz de dar ni un solo paso… y aunque en algunos momentos me he apartado de Ti y no he hecho lo que Tú me pedías… sé que Tú siempre has estado a mi lado… sosteniéndome… confortándome… fortaleciéndome… guiándome… e impulsándome a seguir adelante… por todo eso… y por tu paciencia conmigo… este día quiero darte gracias…

Gracias por el don de la vida… y el deseo de vivirla por Ti y para Ti… gracias porque aunque a Ti te pertenece la vida de todas tus criaturas, a mí me has concedido la gracia de saber que la mía está en tus manos… te pido que me ayudes a vivir este próximo año con la conciencia de que Tú eres mi Creador… y que todo lo que soy y tengo te pertenece solamente a Ti…
Gracias por el don de la familia… en especial por Noemí, por Maldy y por mis padres… por todas las bendiciones que me has concedido a través de ellos… y por la oportunidad de encontrarme contigo a través de sus palabras, de sus gestos, de sus sueños y sus emociones… te pido que en este nuevo año pueda amarlos más… amarlos con Tu Amor… y así pueda llegar a ser ese esposo, padre e hijo que Tú me pides que sea…

Gracias por el don de la alegría, de la perseverancia, de la fe… gracias porque me has dado la oportunidad de servirte con mi trabajo y esfuerzo, tanto en la parroquia, como en los distintos proyectos y apostolados en los que nos hemos lanzado juntos… te ruego que en este nuevo año me des la fortaleza para seguir trabajando en todos los lugares y proyectos donde Tú me llames… y que mis humildes esfuerzos, aunque vanos e insuficientes, puedan dar los frutos que Tú deseas sacar ellos…

Pero sobre todo, quiero darte muchas, muchas gracias por el don de la Paz… Paz que no viene de la ausencia de pruebas o dificultades… sino de la gracia de saberme amigo tuyo… y de la confianza que da saber que Tú deseas lo mejor y más importante para mí: mi salvación… que en este año pueda ser instrumento dócil del Espíritu Santo para llevar a mis hermanos esta Paz que Tú pones en mi corazón…
En este día quiero pedirte por esta humanidad tan necesitada de Ti… que este nuevo año traiga un renacer en la fe, en la esperanza y en la caridad en los corazones de todos los hombres…
Por los que terminan de nacer y de fenecer,
por los angustiados y turbados,
por los pobres y por los ricos,
por los agraviados por el hambre,
por los que viven en la calle,
por los punzados con frío y fuego,
por los totalitarios y por los déspotas,
por los terroristas y por los aterrorizados,
por los que lo han perdido todo,
por los que no se les enseñó a amar,
por los que no aceptan razonar,
por los que desprecian la ley natural y su orden,
por los violentos y por los mentirosos,
por los que odian y por los vengativos,
por los enfermos y por los que consuelan,
por los solitarios y por los que carecen de justicia,
por los que ofrecen una copa de agua fresca,
por los que nadie se acuerda de ellos,
por los niños moralmente atacados en sus propias familias,
por los no autorizados a nacer asesinándoseles con el aborto,
por los esposos abandonados por sus esposas,
por las esposas heridas por sus esposos,
por los hijos despreciados por sus padres,
por los padres ignorados por sus hijos,
por los ancianos olvidados y por los tratados como estorbos,
por las madres solteras y por las mujeres violentadas,
por los infantes y doncellas escandalizados,
por los magnánimos y abnegados,
por los esclavos de las drogas, prostitución, egoísmos e ideologías,
por los maestros, profesores y catedráticos,
por los presos y refugiados,
por los calumniados y los difamadores,
por los crucificados y los crucificadores,
por los que perdieron toda esperanza,
por los tristes y por los alegres,
por los profetas y por los sabios,
por los que siembran la paz y en ella viven,
por los que luchan por la Justicia y la Verdad,
por los que padecen injusticias o desprecios,
por los humildes y por los abatidos,
por los que perdonan y por los que dividen,
por los que dan vida gratuitamente, sin mirar atrás,
por la Iglesia Santa de Dios,
por los que proclaman Evangelio,
por los catequistas, enfermeros, médicos, colaboradores,
por los monjes y monjas de clausura,
por los que lo dan todo y te siguen,
por todo el Colegio Episcopal,
por el Obispo de Roma, Benedicto XVI,
por nosotros, por nuestros sueños, por nuestro corazón…
por mi familia y por mis amigos,
por mis ancestros y descendientes,
por mis compañeros y mis conocidos,
por mis enemigos y por mis antagonistas,
por mi comunidad cristiana que en el bautismo me recibió,
por todos los hombres de buena voluntad,
y por todos aquellos que necesitan tu Luz y tu Salvación.
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo,
como era en el principio, por los siglos de los siglos.
Amén.

Una carta preciosa sacada de la página "Tengo sed de ti", refleja perfectamente todo lo que siento y me imagino que otras muchas personas, además muy bien escrita. Espero que os ayude. Muchas gracias a la persona que la ha escrito, por compartirla con los demás.
H. de Carmen

domingo, 30 de diciembre de 2012

Jesús entre los doctores

Hoy contemplamos, como continuación del Misterio de la Encarnación, la inserción del Hijo de Dios en la comunidad humana por excelencia, la familia, y la progresiva educación de Jesús por parte de José y María. Como dice el Evangelio, «Jesús progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2,52).

El libro del Siracida, nos recordaba que «el Señor glorifica al padre en los hijos, y afirma el derecho de la madre sobre su prole» (Si 3,2). Jesús tiene doce años y manifiesta la buena educación recibida en el hogar de Nazaret. La sabiduría que muestra evidencia, sin duda, la acción del Espíritu Santo, pero también el innegable buen saber educador de José y María. La zozobra de María y José pone de manifiesto su solicitud educadora y su compañía amorosa hacia Jesús.

No es necesario hacer grandes razonamientos para ver que hoy, más que nunca, es necesario que la familia asuma con fuerza la misión educadora que Dios le ha confiado. Educar es introducir en la realidad, y sólo lo puede hacer aquél que la vive con sentido. Los padres y madres cristianos han de educar desde Cristo, fuente de sentido y de sabiduría.

Difícilmente se puede poner remedio a los déficits de educación del hogar. Todo aquello que no se aprende en casa tampoco se aprende fuera, si no es con gran dificultad. Jesús vivía y aprendía con naturalidad en el hogar de Nazaret las virtudes que José y María ejercían constantemente: espíritu de servicio a Dios y a los hombres, piedad, amor al trabajo bien hecho, solicitud de unos por los otros, delicadeza, respeto, horror al pecado... Los niños, para crecer como cristianos, necesitan testimonios y, si éstos son los padres, esos niños serán afortunados.

Es necesario que todos vayamos hoy a buscar la sabiduría de Cristo para llevarla a nuestras familias. Un antiguo escritor, Orígenes, comentando el Evangelio de hoy, decía que es necesario que aquel que busca a Cristo, lo busque no de manera negligente y con dejadez, como lo hacen algunos que no llegan a encontrarlo. Hay que buscarlo con “inquietud”, con un gran afán, como lo buscaban José y María

Rev. D. Joan Ant. MATEO i García (La Fuliola, Lleida, España