martes, 21 de junio de 2011

Mensajes de amigos de la parroquia: José Antonio y Richard

Estos días hemos recibido dos mensajes, uno de José Antonio, que nos decía lo siguiente:

"He seguido la Misa de hoy por television, como hago siempre, y no he conseguido ver los cuadros que teneis a los lados de la iglesia, ahora voy a vuestra estupenda pagina web y tampoco consigo verlos pese a que se aprecian. ¿Hay algun problema para su reproduccion? Gracias. Un saludo."

Ya le hemos contestado a su correo, pero por si a más personas les interesa, para ver los cuadros: Entrar en el botón: El ayer de la Parroquia, Arquitectura y Cuadros. Se pueden ver en tamaño pequeño y pulsando en cada uno de ellos, en tamaño grande. Gracias José Antonio por visitar nuestra página.

El otro mensaje es de Richard, y nos comenta algo tan importante como que "Hay que amar a Dios sobre todas las cosas"
¡Qué razón tienes Richard! y ¡ Qué dificil es llevarlo a cabo!. Siempre tenemos miedo de sucumbir al actractivo de otros "dioses", el dinero, el poder, la fama....Pero debemos ser fuertes y pensar que Dios nos quiere a cada uno de nosotros con un amor infinito. Y además el nos ama primero, cuando nos levantamos y pensamos en el Señor Él ya nos está amando y lo demuestra a cada momento. Además nuestro corazón y nuestra alma necesita de ese Amor y necesita amar a Dios sobre todas las cosas, si no es así nunca encontraremos la verdadera felicidad.


Ya decía San Agustín: Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón estará insatisfecho hasta que descanse en tí...

Y : ¡Oh Dios, separarse de ti es caer; volverse a ti levantarse; permanecer en ti estar seguro! ¡Oh Dios, salir de ti es morir; volver a ti revivir; habitar en ti vivir! San Agustín de Hipona

Gracias Richard, aunque ya lo sabemos, es bueno que nos lo recuerden

lunes, 20 de junio de 2011

Lo bueno para mí

Ante los conflictos de cada día, ¿cómo encontrar el camino correcto? ¿Qué es lo bueno para mí en esta hora, en estas circunstancias, en el círculo de personas más cercanas o respecto de las que viven tal vez lejos?

Las preguntas muestran la dificultad de encontrar lo bueno concreto para mí. Cerrar los ojos al problema y seguir simplemente el primer impulso puede llevarme a callejones sin salida, a daños en la propia vida o a penas en quienes me rodean.

¿Cómo, entonces, reconozco lo bueno para mí? Con una mirada serena, con un corazón atento, con una disciplina que me aparte del capricho inmediato y me abra a la justicia. También con la ayuda de consejos de quienes, desde la madurez adquirida tras buenas elecciones, pueden ofrecerme algo de luz.

Sobre todo, encontraré lo bueno para mí (y para otros) con una oración sencilla, confiada, a Dios. En ella le pediré un corazón grande y una mente dispuesta a descubrir en cada momento ese bien que puedo realizar en los próximos pasos de mi caminar humano.
P. Fernando Pascual

martes, 14 de junio de 2011

Las manos de Jesús

Todos pedimos y todos esperamos conseguir lo que pedimos:  mejoras, confort, comodidades, privilegios ...

Todos pedimos y son pocos los que dan.

Son pocos los que imitan a Cristo, cuyas manos nunca pidieron y siempre dieron; y porque siempre dieron, se le fueron gastando de tal forma,que hasta se le llegaron a perforar.

Nuestras manos,a semejanza de las suyas,tambièn pueden gastarse y romperse de tanto dar: dar consuelo,dar ayuda, dar comprensión, dar fuerza; dar, dar y siempre dar.

Es la mejor manera de realizarse uno mismo, aun a costa de que se nos perforen las manos, como las de Cristo.

No debemos contentarnos con dar, ni aun con darnos esporadicamente; debemos estar en constante disposición y actitud de darnos; debemos hacer del darnos algo asi como una especie de estado de vida.
 
Isabel, del libro "Los cinco minutos de Dios" 

domingo, 12 de junio de 2011

EL ESPÍRITU SANTO SEGÚN SAN AGUSTÍN

«La vida del cuerpo es el alma, y la vida del alma, Dios. El Espíritu de Dios habita en el alma y, a través del alma, en el cuerpo, para que también nuestros cuerpos sean templos del Espíritu Santo, don que nos otorga Dios. El Espíritu de Dios viene a nuestra alma, porque la caridad de Dios se ha derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado, y lo posee todo quien posee lo principal». (SAN AGUSTÍN, Sermón 161, 6).

«El espíritu Santo ha comenzado a habitar en vosotros. ¡Que no se tenga que marchad No lo excluyáis de vuestros corazones. Es buen huésped: si os encuentra vacíos, os llena; si hambrientos, os alimenta; finalmente, sí os halla sedientos, os embriaga. Sea El quien os embriague, pues dice el Apóstol: No os embriaguéis de vino, en el cual está todo desenfreno. Y, como queriendo enseñarnos de qué debemos embriagarnos, añadió: Antes bien llenaos del Espíritu Santo, cantando entre vosotros con himnos, salmos y cánticos espirituales,- cantando al Señor en vuestros corazones (Ef 5,18-19)». (SAN AGUSTÍN, Sermón 225, 4).

jueves, 9 de junio de 2011

DIOS ES EL DIOS DE LA PAZ. SAN FRANCISCO DE SALES

Como el amor sólo mora en la paz, cuidad de conservar la santa tranquilidad de corazón.

Todos los pensamientos que nos causan inquietud y agitación del alma no son en absoluto de Dios, que es el Príncipe de la Paz. Son tentaciones del enemigo y, por consiguiente, hay que rechazarlas y no tomarlas en cuenta.

Sobre todo, es preciso vivir pacíficamente. Aunque nos llegue el dolor, interior o exterior, debemos recibirlo pacíficamente. Si nos llega la alegría, es preciso recibirla pacíficamente sin estremecernos de gozo. ¿Hay que huir del mal? Hay que hacerlo pacíficamente, sin preocuparnos, porque, de otro modo, al huir podríamos caer y proporcionar al enemigo el placer de matarnos. Hay que hacer el bien, hay que hacerlo pacíficamente, pues afanándonos, cometeríamos numerosas faltas. Hay que vivir pacíficamente


PAZ Y HUMILDAD

La paz nace de la humildad.
Nada nos altera como el amor propio y la estima que tenemos de nosotros mismos. ¿Qué significa si no el hecho de que nos sorprendamos, nos sintamos confusos e impacientes cuando caemos en alguna imperfección o en algún pecado? Indudablemente, creíamos ser buenos, firmes y sólidos; y, en consecuencia, cuando comprobamos que no hay nada de eso y que hemos dado con nuestros huesos en el suelo, nos sentimos engañados, y en consecuencia alterados, ofendidos e inquietos. Si supiéramos bien quienes somos, en lugar de sentimos sorprendidos por vernos por los suelos, nos sorprenderíamos de poder permanecer en pie.

PAZ ANTE NUESTROS DEFECTOS

Es preciso aborrecer nuestros defectos, pero con un aborrecimiento tranquilo y pacífico, no con un odio despechado e inquieto; hay que tener paciencia al descubrirlos y sacar el provecho de un santo desprecio de nosotros mismos. Si no es así, vuestras imperfecciones, que veis sutilmente, os inquietarán aún más sutilmente, y a causa de esto se mantienen, pues no hay nada que conserve más nuestras taras que la inquietud y la prisa por arrancarlas.

San Francisco de Sales. Del libro "La paz interior" de Jacques Philippe

lunes, 6 de junio de 2011

DESPUÉS DE LA ASCENSIÓN

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que anuncie la Buena Nueva. Ahora nos toca a nosotros, sus discípulos, hacerlo. Los Sacerdotes predicando(sobre todo)con la palabra, los laicos predicando(sobre todo) con el ejemplo, los padres de familia predicando con la palabra y el ejemplo.

Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que compadezca a los pobres y lo enfermos. Ahora nos toca a nosotros.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que multiplique los panes y los pescados para alimentar a las multitudes. Esa es ahora nuestra tarea, multiplicando nuestros esfuerzos para dar de comer sino a las multitudes, por lo menos a los pobres que podamos.
Después de la Ascensión ya no va a ser Jesús el que cuide a sus ovejas. Ahora nosotros tenemos que velar por ellas, especialmente por aquellas (el cónyuge, los hijos, los hermanos, los trabajadores) que Dios nos ha encomendado a cada uno.

Después de la Ascensión a nosotros nos toca ser la voz de Jesús para alentar y consolar. Sus manos para tenderlas a todo el que necesite ayuda. Sus pies para llevarlo a donde no lo conocen.
Después de la Ascensión:
¡No podemos quedarnos mirando al Cielo!

Autor: Karime Alle

Fuente: Catholic.net

miércoles, 1 de junio de 2011

ALABANZAS AL DIOS ALTÍSIMO. SAN FRANCISCO DE ASÍS

Hoy Señor, sabes que no me he levantado como a Ti te gustaría. Demasiado "yo", demasiado pensar en mí y en mis problemas, en dolerme de las cosas que no hago bien y luego me arrepiento. Y necesito pensar en Ti, en tu Amor, quiero que invadas mi corazón como el mar invade la playa y quiero amarte. Sobre todo necesito rezarte y que seas Tú el centro de mi vida, Tú y no yo. Esta oración de tu hijo amado Francisco es perfecta para estos momentos.

Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas.
Tú eres fuerte, tú eres grande, tú eres altísimo.
Tú eres rey omnipotente, tú eres Padre santo, Rey del cielo y de la tierra.
Tú eres trino y uno, Señor Dios, todo bien.
Tú eres el bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios, vivo y verdadero.
Tú eres caridad y amor, tú eres sabiduría.
Tú eres humildad, tú eres paciencia, tú eres seguridad.
Tú eres quietud, tú eres gozo y alegría.
Tú eres justicia y templanza.
Tú eres todas nuestras riquezas a satisfacción.
Tú eres hermosura, tú eres mansedumbre.
Tú eres protector, tú eres custodio y defensor.
Tú eres fortaleza, tú eres refrigerio.
Tú eres esperanza nuestra, tú eres fe nuestra.
Tú eres la gran dulzura nuestra.
Tú eres la vida eterna nuestra, grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso salvador.

Gracias Señor por poner en mis manos esta oración y en estos momentos, espero que sirva de ayuda a más personas en este y en otros días.

H. de Carmen

La Ascensión.

"Y después de decir esto, mientras ellos miraban, se elevó, y una nube lo ocultó a sus ojos"(Act). Se elevó alzando las manos y bendiciéndoles (Lc).
Es el punto final de la vida de Jesús en la tierra. Se completa el ciclo del plan divino. Primero desciende, se hace hombre, y se abaja hasta el extremo en la cruz. Así toma al hombre en su miseria, se hace uno de nosotros en nuestra condición caída, y vence esta situación, pues paga el precio del rescate por el pecado. Vence a la muerte. Al tercer día recibe una vida nueva, una vida para no morir, una vida más divinizada, aunque plenamente humana. Y comienza una nueva humanidad. Ahora se eleva al cielo. Jesús vive junto al Padre también como hombre. La humanidad ha alcanzado en él el máximo progreso, la máxima perfección. Ya no se puede aspirar a más. Y como hombre está a la derecha del Padre, es decir rey y juez de toda la creación, cabeza de la nueva humanidad. Cabeza de la Iglesia que es el Cuerpo místico de Cristo, el Nuevo Pueblo de Dios peregrinante en la historia hasta la consumación. Se va, pero no abandona a los hombres, pues está presente de muchas maneras. Está en los sacramentos, está en la gracia que vivifica a los hombres.

"Cuando estaban mirando atentamente al cielo mientras Él se iba, se presentaron junto a ellos dos hombres con vestiduras blancas que dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacéis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que de entre vosotros ha sido elevado al cielo, vendrá de igual manera que le habéis visto subir al cielo"(Act). Y les recuerdan que la plenitud de los tiempos que acaban de comenzar será superada por la segunda venida en gloria de Jesús al final de los tiempos.
Autor: P. Enrique Cases . Catholic.net

domingo, 29 de mayo de 2011

Hacer la voluntad de Dios

Jesucristo durante toda su vida y sobre todo con su muerte en la cruz, para nuestra salvación, cumplió la voluntad de su Padre, y quiere que nosotros también hagamos la voluntad de Dios.

"Después que el Señor dijo de sí mismo: Yo no vine a hacer mi voluntad, sino solamente la de mi Padre; es muy peligroso hacer su propia voluntad, aun en las cosas menores...”[34] S. Basilio

Nosotros queremos hacer la voluntad de Dios, pero ¿ estamos seguros de hacer lo que Él nos pide?, ¿o nos engañamnos a nosotros mismos y en realidad hacemos nuestra voluntad?
También puede ser que haciendo actos que son en sí mismos buenos, los hagamos por nuestro beneficio, o por que nos consideren mejores o para acallar nuestara conciencia.

Lo que debemos hacer es lo que nuestro Padre quiere que hagamos , que seguro que será para el bien de nuestra alma.
La verdad es que es difícil, a veces, saber cuál es la voluntad del Señor, quisiéramos que nos lo dijera muy claro, pero Dios tiene sus propias formas de actuar. Debemos ser lo mejor posible con los que tenemos alrededor, cumplir sus mandamientos. Y rezar, nuestra oración no será en vano y si de verdad queremos hacer su voluntad, Él en algun momento nos indicará el camino.

Por la oración, podemos "discernir cuál es la voluntad de Dios" (Rm 12, 2; Ef 5, 17) y obtener "constancia para cumplirla" (Hb 10, 36). Jesús nos enseña que se entra en el Reino de los cielos, no mediante palabras, sino "haciendo la voluntad de mi Padre que está en los cielos" (Mt 7, 21).
H de Carmen

viernes, 27 de mayo de 2011

EN LO SECRETO OREMOS POR LOS JÓVENES

"La plegaria no es un entretenimiento ocioso para alguna anciana. Entendida y aplicada adecuadamente, es el instrumento más potente para la acción."
(MAHATMA Gandhi).

" Es hora de redescubrir, queridos hermanos y hermanas, el valor de la oraciòn, su fuerza misteriosa, su capacidad de volvernos a conducir a Dios y de introducirnos en la verdad radical del ser humano"
(Juan Pablo II)

Jesús escucha nuestra oración te pedimos por todos los jovenes del mundo. Haz que los que no te buscan te encuentren, y manifiestate a los que no preguntan por ti.

Que esta jornada mundial de la juventud sea llama viva que haga arder lo escondido del corazón humano y sirva de maecha para que tu amor sea preparado, !Manda obreros a tu mies¡
 
Isabel

miércoles, 25 de mayo de 2011

LA CARIDAD POR JUAN PABLO II

La caridad constituye la esencia del «mandamiento» nuevo que enseñó Jesús. En efecto, la caridad es el alma de todos los mandamientos, cuya observancia es ulteriormente reafirmada, más aún, se convierte en la demostración evidente del amor a Dios: «En esto consiste el amor a Dios: en que guardemos sus mandamientos» (1 Jn 5, 3). Este amor, que es a la vez amor a Jesús, representa la condición para ser amados por el Padre: «El que recibe mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo lo amaré y me manifestaré a él» (Jn 14, 21).

El amor a Dios, que resulta posible gracias al don del Espíritu, se funda, por tanto, en la mediación de Jesús, como él mismo afirma en la oración sacerdotal: «Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me has amado esté en ellos y yo en ellos» (Jn 17, 26). Esta mediación se concreta sobre todo en el don que él ha hecho de su vida, don que por una parte testimonia el amor mayor y, por otra, exige la observancia de lo que Jesús manda: «Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Jn 15, 13-14).

La caridad cristiana acude a esta fuente de amor, que es Jesús, el Hijo de Dios entregado por nosotros. La capacidad de amar como Dios ama se ofrece a todo cristiano como fruto del misterio pascual de muerte y resurrección.

Juan Pablo II

sábado, 21 de mayo de 2011

Pérdida de nuestra paz interior

Señor, a veces perdemos nuestra paz interior por nuestro mal comportamiento, pero otras veces el comportamiento de nuestros semejantes es la causa . Y, nosotros no sabemos responder de la forma que tú deseas.

En el libro ibro "La paz interior", he leído lo siguiente:
"La inquietud ante cualquier mal que amenace o atente contra nuestra persona o contra nuestr prójimo es uno de los motivos más frecuentes de perder la paz interior.

La respuesta es el abandono en las manos de Dios, que nos libra de todo mal o que, si lo permite, nos da la fuerza para soportarlo y transformarlo en beneficio nuestro. He de hacer todo lo que se me ocurra para ayudar a mejorar a los demás, serena y tranquilamente, y dejar el resto en las manos del Señor, que sabrá sacar provecho de todo.

Pero muchas veces fallamos en estos casos. Debemos velar no por desear cosas buenas en sí mismas, sino también por quererlas de un modo bueno. Debemos asegurarnos de que es bueno nuestro modo de quererlas y buenas las disposiciones de nuestro corazón. Es decir, que nuestro querer debe seguir siendo sereno, pacífico, desprendido, abandonado en Dios. No debe ser un querer impaciente, demasiado precipitado, inquieto, irritable, etc.

En la vida espiritual suele ocurrir que nuestra actitud es defectuosa: ciertamente no somos de los que quieren cosas malas, contrarias a Dios; deseamos cosas buenas, en conformidad con la voluntad de Dios, pero todavía las queremos de un modo que no es “el modo de Dios”, es decir, el del Espíritu Santo, que es dulce, pacífico y paciente, sino a la manera humana: tenso, precipitado, y defraudado sino logra inmediatamente aquello hacia lo que tiende."

Señor, ayudános a  abandonarnos en Tí  y saber desear las cosas de una forma paciente, pacífica y dulce.
MEMM

ORACIÓN A NUESTRA MADRE LA VIRGEN MARÍA



Santisima Virgen, Madre de la Eucaristia, Madre de Jesús y Madre nuestra, Tú nos invitas a acercarnos a Jesús , a su Morada Eucarística y a adorarlo sin cesar , como tú lo adoras.

Que entendamos, Madre, que en cada hora de adoración Jesucristo nos sana,nos bendice,disipa las nubes de dolor y soledad y quita nuestra tristeza regalándonos paz y amor.

Acompáñanos y haz de nosotros esos adoradores que busca el Padre: en espíritu y verdad.

Ruega por nosotros Santa Madre de Dios. Amen
 
ISABEL

miércoles, 18 de mayo de 2011

¡Gracias, Jesús, por tu amistad!

Muchas veces no sentimos simplemente siervos inútiles, y es verdad (Cf. Lucas 17, 10). Y, a pesar de ello, el Señor nos llama amigos, nos hace sus amigos, nos da su amistad.


El Señor define la amistad de dos maneras:

No hay secretos entre amigos: Cristo nos dice todo lo que escucha al Padre; nos da su plena confianza y, con la confianza, también el conocimiento. Nos revela su rostro, su corazón. Nos muestra su ternura por nosotros, su amor apasionado que va hasta la locura de la cruz. Nos da su confianza, nos da el poder de hablar con su yo: «este es mi cuerpo...», «yo te absuelvo...». Nos confía su cuerpo, la Iglesia. Confía a nuestras débiles mentes, a nuestras débiles manos su verdad, el misterio del Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo; el misterio del Dios que «tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Juan 3, 16). Nos ha hecho sus amigos y, nosotros, ¿cómo respondemos?

El segundo elemento con el que Jesús define la amistad es la comunión de las voluntades. «Idem velle - idem nolle», era también para los romanos la definición de la amistad. «Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando» (Juan 15, 14). La amistad con Cristo coincide con lo que expresa la tercera petición del Padrenuestro: «Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo». En la hora de Getsemaní, Jesús transformó nuestra voluntad humana rebelde en voluntad conformada y unida con la voluntad divina. Sufrió todo el drama de nuestra autonomía y, al llevar nuestra voluntad en las manos de Dios, nos da la verdadera libertad: «pero no sea como yo quiero, sino como quieras tú» (Mateo 26, 39). En esta comunión de las voluntades tiene lugar nuestra redención: ser amigos de Jesús, convertirse en amigos de Dios. Cuanto más amamos a Jesús, más le conocemos, más crece nuestra auténtica libertad, la alegría de ser redimidos.
¡Gracias, Jesús, por tu amistad!

Fragmento de la Homilía del cardenal Joseph Ratzinger en la misa por la elección del nuevo pontifice
Autor: Cardenal Joseph Ratzinger

Fuente: Catholic.net

lunes, 16 de mayo de 2011

El buen pastor y la puerta de las ovejas

Comentario al evangelio de Juan, 10 por Santo Tomás de Aquino.

Jesús dijo: «Yo soy el buen pastor». Es del todo evidente que el título de pastor es propio de Cristo. Porque igual que un pastor lleva a pastorear a su rebaño, así también Cristo da a los fieles como comida espiritual su propio Cuerpo y su propia Sangre.

Para diferenciarse del mal pastor y del ladrón, Jesús precisa que es el «buen pastor». Es el bueno porque defiende a su rebaño con el mismo interés que un soldado lo hace por su patria. Por otra parte, Cristo ha dicho que el pastor entra por la puerta y que él mismo es esta puerta. Así pues, cuando se declara aquí como el pastor, hay que comprender que es él el que entra y a través de sí mismo. Es del todo cierto porque manifiesta que conoce al Padre por sí mismo, mientras que nosotros, entramos a través de él, y es él el que nos da la felicidad. Fijémonos bien en que sólo él es la puerta, porque sólo él es la luz, y los demás lo son sólo por participación. Juan Bautista «no era la luz, pero vino para dar testimonio de la luz» (Jn 1,8). El mismo Cristo «era la luz verdadera que alumbra a todo hombre» (v.9). Nadie más puede decir que es la puerta, porque Cristo se reservó para sí este título

Pero el título de pastor lo dio a otros, lo dio a algunos de sus miembros. Efectivamente, Pedro lo fue, y también los demás apóstoles, así como todos los obispos. «Os pondré pastores según mi corazón» (3,15). Si bien es verdad que los jefes de la Iglesia –que son hijos de ella- todos son pastores, Cristo dice: «Yo soy el buen pastor» para mostrar la fuerza única de su amor. Ningún pastor es bueno si no está unido a Cristo por la caridad, llegando a ser pues, miembro del pastor verdadero.