domingo, 26 de diciembre de 2010

Uno entre nosotros. Benedicto XVI

Las palabras del santo pontífice se produjeron apenas unas horas después de que en su homilía durante la Misa del Gallo celebrada el viernes por la noche en el Vaticano, donde asegurara que “Cristo ha entrado en el mundo, haciéndose uno entre nosotros para atraernos a todos a sí. Benedicto XVI ha pedido a Dios que “cumpla su promesa” y termine “con el tiempo de las túnicas ensangrentadas” para erigir en el mundo su reino “de justicia, de amor y de paz”.


Ante miles de peregrinos reunidos en la Basílica de San Pedro, el Papa señaló que en la noche de Belén “ha quedado superada la distancia infinita entre Dios y el hombre”. Benedicto XVI rogó al Niño de Belén que ayude a los cristianos “a reconocer su rostro en el otro que lo necesita, en los que sufren o están desamparados” y en “todos los hombres” para convertir al mundo “en su familia”. El Papa aseguró que Dios “ha llamado al hombre a una libre respuesta de amor” y que el hombre no puede “con su buena voluntad redimirse a sí mismo” sino que necesita la gracia del amor de Dios y la respuesta libre del hombre para su salvación, que Dios espera “y que incluso ruega en el nacimiento de su Hijo”.



El Pontífice insistió en que Dios “no deja de buscar” a cada hombre y de levantarlo cada vez que lo necesita. Según declaró el Papa en su homilía, Dios “no abandona a la oveja extraviada en el desierto” y no se deja “confundir por el pecado” sino que vuelve “a comenzar” con cada hombre. Benedicto XVI asegurado que Dios ama a los hombres “para que puedan convertirse en personas que aman junto con Él y así haya paz en la tierra”.

sábado, 25 de diciembre de 2010

Jesús nació para todos

En esta noche santa un niño nos ha dado, Hijo de Dios, Luz de Luz, engendrado no creado.


En estos días los cristianos estamos contentos, celebramos el nacimiento de Jesús en Belén.
Jesús nació por nosotros, por todos, pero sobre todo por los pobres, por los pecadores, los abandonados.
Es dificil estos días no recordar a las personas que no tienen para comer, las familias que no tienen una casa para cobijarse, los ancianos que viven solos, los tristes, los enfermos terminales.

Juan Pablo II propuso  contemplar el misterio de la Navidad y ofrecer gestos de ayuda a los más necesitados para superar el consumismo que con frecuencia caracteriza estas fiestas.


«La sencillez del pesebre contrasta con esa imagen de la Navidad que en ocasiones es presentada de manera insistente por los mensajes publicitarios», aseguró el Papa.

Pidamos al Señor que nos ayude para no pensar solo en nosotros y dediquemos parte de nuestro tiempo en ayudar a los más necesitaos.
H de Carmen

martes, 21 de diciembre de 2010

San José según Benedicto XVI

Dos razones para mirar a San José en Navidad y convertirle en nuestro modelo, según el papa.

Es cuarto domingo de Adviento y el Ángelus del Papa se ha centrado en una de las tres figuras del Misterio que se celebra la semana que viene.




«Hombre justo, fiel a la ley de Dios, dispuesto a cumplir su santa voluntad»: así describe Benedicto XVI al esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesucristo, que «entra en el misterio de la Encarnación» porque, avisado por el ángel de la naturaleza virginal de la concepción que se ha obrado en su esposa, «sus ojos ven en ella la obra de Dios» y se sabe «seguro de estar haciendo lo justo».
Y al poner el nombre de Jesús al niño hijo del Espíritu Santo, San José «se sitúa entre el número de los servidores humildes y fieles, similar a los ángeles y a los profestas, similar a los mártires y a los apóstoles... Es testigo de la virginidad de María y de la acción gratuita de Dios, y custodio de la vida terrena del Mesías».

 
Pero Benedicto XVI, tras estos elogios al maestro del Maestro en este mundo, señala dos razones particulares por las que debe convertirse en nuestro modelo, al perfilarse en él ese «hombre nuevo» del Evangelio, caracterizado por dos virtudes: primera, «mira con confianza y coraje al futuro»; segunda, «no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de quien cumple las profecías y abre el tiempo de la salvación».
Antes de confiar a San José, «patrono universal de la Iglesia», la labor de sus pastores (obispos y sacerdotes), Benedicto XVI fija pues las dos grandes lecciones de la vida de San José para los cristianos de hoy: contemplar con valentía los tiempos que vienen, y entregarse a la voluntad de Dios para nosotros, más que a nuestros propios y limitados designios


Benedicto XVI ha recordado además que es el patrón universal de la Iglesia y ejemplo de fidelidad para sus pastores

viernes, 10 de diciembre de 2010

ADVIENTO Y NAVIDAD

Adviento y Navidad son como las dos caras de una misma medalla en esta experiencia litúrgica de la Iglesia. Por una parte la espera y la esperanza; por otra la presencia y el cumplimiento de las promesas. Navidad asegura a este nuevo Adviento de la historia, en espera de Cristo glorioso, la fidelidad de Dios. No son vanas nuestras esperanzas, como no fueron vanas las del pueblo de Israel que esperaba al Mesías. Por eso Adviento es celebración de la espera mesiánica de nuestros Padres en la fe y actualización de nuestras esperanzas de cara a Cristo, cuando venga a salvar definitivamente nuestro mundo y nuestra historia. Y Navidad, en la que desemboca el Adviento, es celebración del Dios con nosotros, gozo por la compañía de Dios que desde hace dos mil años está presente en la vida de la Iglesia, a partir de su Encarnación y en una misteriosa y real presencia en los misterios de la liturgia.


No es intimismo, sino realismo personalista, el poner el acento en la vivencia del Adviento como experiencia personal, interior, de espera y de vigilancia, en el momento presente de nuestra historia y de nuestro camino hacia la plenitud de la vida en Cristo.

El Cardenal H. J. Newman ha expresado muy bien el sentido personal del Adviento en una homilía de la que destacamos estas expresiones: “Sabéis lo que significa esperar a un amigo, esperar que llegue y ver que tarda? ¿Sabéis lo que significa estar en ansia cuando una cosa podría ocurrir y no acaece, o estar a la espera de algún acontecimiento importante que os hace latir el corazón cuando os lo recuerdan y al que pensáis cada mañana desde que abrís los ojos? ¿Sabéis lo que es tener un amigo lejos, esperar sus noticias y preguntaros cada día qué estará haciendo en ese momento o si se encontrará bien?... Velar en espera de Cristo es un sentimiento que se parece a todos estos, en la medida en que los sentimientos de este mundo pueden ser semejantes a los del otro mundo”.

Salvación de Adviento. No es una palabra hueca, cuando hay una experiencia viva. Se espera lo que se desea. Se desea aquello que se necesita. ¿Cómo podemos decir que esperamos al Señor si no lo deseamos, o que lo deseamos si no sentimos necesidad de su presencia? Sin deseo, no hay esperanza, sin necesidad no hay deseo. Y sin estas componentes de la espiritualidad del Adviento, la oración del deseo y de la esperanza pierde su verdad y su fuerza expresiva.

No hay Adviento donde no hay deseo y necesidad de presencia y de salvación

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Gracias Señor, porque en los momentos duros sigues con nosotros




Gracias Señor, porque en los momentos difíciles, cuando todo se oscurece, cuando nos sentimos completamente solos, aunque estemos rodeados de gente, Tú siempre estás con nosotros, muy cerca, protegiéndonos y consolándonos.

Gracias, porque cuando todo se desmorona  a nuestro alrededor , cuando sentimos que  nos hundimos sin remedio, Tú  siempre nos tiendes tu mano  fuerte y generosa que nos lleva a la superficie.


Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados” –nos dice–, y Él nos acogerá así como somos: inermes y frágiles, pero desnudos ya de falsas caretas y de disfraces. Y entonces sí, “Yo os aliviaré”, porque Él es el verdadero Médico de nuestras almas.

Te pedimos señor, por las personas que se sienten solas y desesperadas y que todavía no han comprendido del todo que solo en Tí se puede encontrar el verdadero consuelo, la verdadera compañía y el  amor incondiconal y  eterno.
H. de Carmen
Porqué Yo te amo amor eterno ... Jeremías 3

 “Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. Isaías 43:2
Gracias, porque nos aceptas con nuestras flaquezas, debilidades y miserias

martes, 7 de diciembre de 2010

ORACIÓN

Hemos recibido en nuestro correo del blog una oración que nos manda Isabel

ORACION

Dios Padre Bueno, guiame, acompaña mi caminar, hacia la felicidad plena contigo.

No dejes Señor que me dentenga en el camino emprendido, enseñame a seguir esperando aunque no vea resultados; a seguir trabajando con paciencia a pesar de los fracasos.

En el camino de la conversion e de ir desprendiendome de todo lo que me pesa y me hace fatigoso el caminar.

Pero creo Señor, que Tú conoces mis anelos y no dejaras mi vida en fecunda .
Creo y espero porque amo y necesito ser amado y yo se Señor que tu me amas.
 
DON SIN RAZONES

Sólo al percibirte sin razones
podemos regalarnos.
Sólo al encontrarte en el fondo de la nada, podemos darnos por nada. Sólo al unificarnos en tu silencio.
Sólo al reposar en tu misterio, podemos ir muriendo en el misterio.
 
  Isabel Araque

Muchas gracias Isabel por compartir con nosotros tus oraciones.

domingo, 5 de diciembre de 2010

El deseo de contemplar a Dios

Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro".
Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.

Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mio; no conozco tu rostro.

¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.
Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré.

Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo

(Cap. 1: Opera omnia, edición Schmitt, Seckau [Austria] 1938, 1, 97-100)

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡Ven Señor Jesús!

El año litúrgico cristiano se abre con las cuatro semanas de Adviento que antecede a la Navidad. Es el tiempo de la virtud de la esperanza cristiana, que se apoya en la conmemoración de la triple venida del Señor. Nos prepara para celebrar el acontecimiento histórico del alumbramiento de Cristo, nos recuerda que el Señor vendrá al final de los tiempos para revelar la plenitud de su obra que fue realizada al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne y, mientras tanto, Jesucristo no nos ha abandonado, sino que se hace presente en nuestras vidas y en la presencia de los sacramentos de la Iglesia.
Monseñor Juan del Río.



En el Adviento avivamos el deseo de encontrarnos con Jesús y esperamos su venida definitiva. ¡Ven Señor, Jesús!
Debemos prepararnos, encontrar tiempo todos los días para la oración, para estar a solas con Él. Hay que acercarnos a Él, que nos puede ayudar. Si no hay una unión completa e íntima entre nosotros y Él no podemos hacer sus obras.
La luz de los hombres, la verdadera sabiduría viene de Jesucristo.
Pidamos a la Virgen que nos ayude a vivir este Adviento como quién espera al Señor en cualquier momento.

martes, 23 de noviembre de 2010

¿ES CRISTO, REY Y SEÑOR DE MI VIDA?

Jesús fue tentado hasta el final: Si eres Dios ¡sálvate a ti mismo!. Pero el demostró su realeza preocupándose desde la cruz por un hombre, un pecador arrepentido: "Jesús acuerdate de mi cuando llegues a tu reino". Jesús le respondió: "Te lo aseguro : hoy estarás conmigo en el paraiso".
En la muerte es cuando empieza el reinado de Cristo, que no es de este mundo.
El reinar de Jesús es amar hasta dar la vida.
Jesús demostró hasta el último momento que había venido por todos, pero sobre todo por los pobres y por los pecadores. Y que con Él todo es posible, pero debemos cargar con la Cruz.
"Si alguno quiere venir detrás de mi.......que cargue con su cruz y me siga"
Llegamos al final del año litúrgico y debemos preguntarnos ¿Es Cristo Rey y Señor de mi vida?
o, ¿o tenemos otras prioridades?

Oración

Bendito seas, Padre, porque constituiste a Cristo resucitado como Señor y Rey de la creación, como juez de vivos y muertos.
Tú eres el Dios santo, tú eres la luz, amor, ternura y misericordia; y nosotros somos tiniebla, egoísmo, dureza, frialdad y violencia.
No obstante, tú nos quieres a todos tus hijos tal como somos, pero nos mandas amarnos unos a otros como Cristo nos amó.
Nos cuesta mucho, Señor, ver a Jesús en los pobres, en los marginados, en los rudos, antipáticos y maleducados.
Haznos ver en ellos la cara oculta del Cristo sufriente. Enciende nuestros corazones con el fuego de tu palabra y danos tu espíritu de amor que nos transforme por completo para que, amando a todos, aprobemos tu examen final

jueves, 18 de noviembre de 2010

Necesitamos orar



Necesitamos orar y seguramente las oraciones que nos salen del corazón son mucho más profundas y quizás nos ayudan más que las oraciones concretas que se recitan. San Pablo escribe a los Tesalonicenses: "Estad siempre alegres, orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. Para San Pablo la oración no es una parte de la vida sino toda la vida. Debemos orar sin cesar, clamando a Dios  en todas nuestras necesidades, dando gracias por todo lo recibido y pidiéndole todo lo que necesitemos para nosotros y para nuestros hermanos.Debemos, cuando nos sea posible, orientar nuestro pensamiento a una incesante conversación con Dios.
Tenemos que aprender a escuchar a Dios en nuestro corazón, para saber que desea de nosotros en cada momento.
Orar no solo en la Iglesia, en todo momento somos cristianos, y debemos comportarnos como tales, tanto en la Iglesia como en el lugar de trabajo, con la familia y con los amigos. Por ello debemos sentirnos siempre en presencia del Señor y ¡ojala que toda nuestra vida fuera una oración a Dios!
Que Dios os bendiga y os guarde.
H de Carmen

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Homilía de San Agustín sobre María

"Os ruego, hermanos míos, paréis mientes, sobre todo, en lo dicho por el Señor, extendiendo su mano hacia los discípulos: éstos son mi Madre y mis hermanos; y al que hiciere la voluntad de mi Padre que me ha enviado, ése es mi padre, y mi hermano y mi hermana. ¿Por ventura, no hizo la voluntad del Padre la Virgen María, que dio fe y por la fe concibió y fue escogida para que, por su medio, naciera entre los hombres nuestra salud, y fue creada por Cristo antes de nacer Cristo de ella? Hizo por todo extremo la voluntad del Padre la Santa Virgen María, y mayor merecimiento de María es haber sido discípula de Cristo que Madre de Cristo; mayor ventura es haber sido discípula de Cristo que Madre de Cristo.

 María es bienaventurada porque antes de pedirle llevó en su seno al Maestro. Mira si no es verdad lo que digo. Pasando el Señor seguido de las turbas y haciendo milagros, una mujer exclama: "Bienaventurado el vientre que te llevó" (Lc. 11, 27); y el Señor, para que la ventura no se pusiera en la carne, responde: Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica. María es bienaventurada porque oyó la palabra de Dios y la puso en práctica, porque más guardó la verdad en la mente que la carne en el vientre. Verdad es Cristo, carne es Cristo. Verdad en la mente de María. Carne en el vientre de María, y vale más lo que se lleva en la mente que lo que se lleva en el vientre" (Sermón 25. Obras de ·Agustín-san, t. VII. Sermones. B.A.C. Madrid, 1950).

Y nosotros,que oímos muchas veces la palabra de Dios, ¿la ponemos en práctica?. A nosotros que se nos dá Cristo todos los días en la Eucaristía, ¿la ponemos en práctica?. ¿Somos bienaventurados? ¿Intentamos serlo? Pidamos a la Vigen María que interceda por nosotros para que consigamos levantarnos de cada una de nuestras caídas y cuando lleguemos al fin del camino podamos ver el Rosto de Dios.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Que el Señor nos guarde siempre del mal

Salmo 126
Que el Señor nos construya la casa.
Que el Señor nos guarde la ciudad.
Que nos llene de sus riquezas.
Que nos guarde siempre del mal
Oración I: En ti, Señor, vivimos, nos movemos y existimos; fuera de ti nada podemos hacer; Tú eres el cimiento de nuestra casa, la fuerza de nuestra libertad;  haz que practiquemos las obras que Tú has predispuesto de antemano.

Oración II:Señor de la bendición, crea en nosotros una nueva humanidad, edificada según el modelo de tu Hijo primogénito; sé Tú quien nos dé el crecimiento y la plenitud; que nunca desconfiemos de ti. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración III: Padre, que quisiste prolongar en tu Iglesia la fecundidad manifestada en la juventud de tu hijo y actuada por la creatividad constante de tu Espíritu, concédenos que nuestra vida sea la casa edificada en la roca de Cristo.

Oración IV:  Construye tú mismo, Señor, la casa que nosotros queremos construir en nosotros mismos; guarda Tú la ciudad terrena, que nosotros quisiéramos guardar; que no nos resulte inútil madrugar ni velar hasta muy tarde, sino que ayudados con tu auxilio, nos sintamos fuertes y no quedemos derrotados cuando litiguemos con nuestro adversario en la plaza.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Llegar a santos con ayuda de Cristo



"Los santos son hombres como nosotros, con problemas complicados... La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar, y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón". "Y todos podemos aprender este camino de santidad". -31 enero 2007 Benedicto XVI.

Que el Señor nos de fuerza, a través de la oración y los sacramentos, para llegar a esa conversión diaria.
Para que todos nos unamos y nos apoyemos en el camino que tenemos que recorrer hasta llegar a la felicidad eterna con nuestro Creador.

Oración:

La mano joven se une a la mano vieja y, entre ellas, se cruza la mano eterna del Cristo.
La mano débil se une a la mano fuerte y, entre ellas, se cruza la mano firme del Cristo.
La mano blanca se une a la mano negra y, entre ellas, se cruza la mano santa del Cristo.
La mano del médico se une a la mano del paciente y, entre ellas, se cruza la mano ensangrentada del Cristo.
La mano de la ignorancia se une a la mano de la sabiduría y, entre ellas, se cruza la mano omniesciente del Cristo.
La mano pecadora se une a la mano de la gracia y, entre ellas, se cruza la mano del perdón del Cristo.
Lamentablemente, solamente las manos cerradas no se unen a otras manos cerradas.
Y, aun así, entre ellas se puede; ¡es que entre ellas se cruza la mano abierta del Cristo¡

domingo, 31 de octubre de 2010

Zaqueo

Zaqueo que era un hombre pecador se encuentra con Jesús. Pero este encuentro no sucede de manera fortuita, sino que nace de la curiosidad de este hombre, que seguramente admiraba a Jesús en secreto. Al pasar Jesús por Jericó había mucha gente reunida con la esperanza de ver cómo era ese profeta del que tanto se oía. Uno de ellos era Zaqueo, hombre de mala reputación, ya que se dedicaba a cobrar impuestos y además era muy rico. Su baja estatura le impedía ver a Jesús. Entonces corrió adelantándose para subirse a un árbol y desde ahí poder contemplar a Jesús en el momento en que pasara. Y al pasar Jesús miró hacia arriba y le dijo "Zaqueo, baja enseguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa". Él bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Y todo el pueblo murmuraba: "Se ha ido a casa de un rico pecador". Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha entrado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido"

Cuán transformante habrá sido el encuentro de Zaqueo con Jesucristo para que este hombre decidiera corregir el rumbo de su vida. Probablemente desde el momento en que Zaqueo con tanto interés buscó a Jesús, sabía que su modo de actuar no era el correcto y sabía que conocer a ese profeta le cambiaría la vida, aunque esto tuviera muchas consecuencias. Zaqueo al subir al árbol, vence el respeto humano. Pone los medios necesarios para un encuentro cara a cara con el Señor. No imaginó que Jesucristo le pediría hospedarse en su casa. Y bajó del árbol rápidamente y lo recibió con alegría.

Qué actitud tan hermosa la de Zaqueo, que conociendo sus pecados, acepta al Señor y atiende rápidamente a su petición. Todos los cristianos podemos imitar esta actitud de prontitud ante los reclamos del señor y una prontitud alegre, porque no hay mayor motivo de felicidad y alegría que Jesús nos llame y lo hace todos los días. Zaqueo no podía seguir siendo el mismo después de conocer personalmente a Cristo. Decide restituir a toda persona que haya engañado. Y Cristo, que conoce el corazón de cada hombre, le da la buena noticia: "Hoy la salvación ha entrado a su casa".

Texto de Catholic.net