domingo, 5 de diciembre de 2010

El deseo de contemplar a Dios

Ea, hombrecillo, deja un momento tus ocupaciones habituales; entra un instante en ti mismo, lejos del tumulto de tus pensamientos. Arroja fuera de ti las preocupaciones agobiantes; aparta de ti tus inquietudes trabajosas. Dedícate algún rato a Dios y descansa siquiera un momento en su presencia. Entra en el aposento de tu alma; excluye todo, excepto Dios y lo que pueda ayudarte para buscarle; y así, cerradas todas las puertas, ve en pos de él. Di, pues, alma mía, di a Dios: "Busco tu rostro; Señor, anhelo ver tu rostro".
Y ahora, Señor, mi Dios, enseña a mi corazón dónde y cómo buscarte, dónde y cómo encontrarte.

Señor, si no estás aquí, ¿dónde te buscaré, estando ausente? Si estás por doquier, ¿cómo no descubro tu presencia? Cierto es que habitas en una claridad inaccesible. Pero ¿dónde se halla esa inaccesible claridad?, ¿cómo me acercaré a ella? ¿Quién me conducirá hasta ahí para verte en ella? Y luego, ¿con qué señales, bajo qué rasgo te buscaré? Nunca jamás te vi, Señor, Dios mio; no conozco tu rostro.

¿Qué hará, altísimo Señor, éste tu desterrado tan lejos de ti? ¿Qué hará tu servidor, ansioso de tu amor, y tan lejos de tu rostro? Anhela verte, y tu rostro está muy lejos de él. Desea acercarse a ti, y tu morada es inaccesible. Arde en el deseo de encontrarte, e ignora dónde vives. No suspira más que por ti, y jamás ha visto tu rostro.
Señor, tú eres mi Dios, mi dueño, y con todo, nunca te vi. Tú me has creado y renovado, me has concedido todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. Me creaste, en fin, para verte, y todavía nada he hecho de aquello para lo que fui creado.
Entonces, Señor, ¿hasta cuándo? ¿Hasta cuándo te olvidarás de nosotros, apartando de nosotros tu rostro? ¿Cuándo, por fin, nos mirarás y escucharás? ¿Cuándo llenarás de luz nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo volverás a nosotros?
Míranos, Señor; escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Manifiéstanos de nuevo tu presencia para que todo nos vaya bien; sin eso todo será malo. Ten piedad de nuestros trabajos y esfuerzos para llegar a ti, porque sin ti nada podemos.

Enséñame a buscarte y muéstrate a quien te busca; porque no puedo ir en tu busca a menos que tú me enseñes, y no puedo encontrarte si tú no te manifiestas. Deseando te buscaré, buscando te desearé, amando te hallaré y hallándote te amaré.

Del libro Proslógion de san Anselmo, obispo

(Cap. 1: Opera omnia, edición Schmitt, Seckau [Austria] 1938, 1, 97-100)

domingo, 28 de noviembre de 2010

¡Ven Señor Jesús!

El año litúrgico cristiano se abre con las cuatro semanas de Adviento que antecede a la Navidad. Es el tiempo de la virtud de la esperanza cristiana, que se apoya en la conmemoración de la triple venida del Señor. Nos prepara para celebrar el acontecimiento histórico del alumbramiento de Cristo, nos recuerda que el Señor vendrá al final de los tiempos para revelar la plenitud de su obra que fue realizada al venir por primera vez en la humildad de nuestra carne y, mientras tanto, Jesucristo no nos ha abandonado, sino que se hace presente en nuestras vidas y en la presencia de los sacramentos de la Iglesia.
Monseñor Juan del Río.



En el Adviento avivamos el deseo de encontrarnos con Jesús y esperamos su venida definitiva. ¡Ven Señor, Jesús!
Debemos prepararnos, encontrar tiempo todos los días para la oración, para estar a solas con Él. Hay que acercarnos a Él, que nos puede ayudar. Si no hay una unión completa e íntima entre nosotros y Él no podemos hacer sus obras.
La luz de los hombres, la verdadera sabiduría viene de Jesucristo.
Pidamos a la Virgen que nos ayude a vivir este Adviento como quién espera al Señor en cualquier momento.

martes, 23 de noviembre de 2010

¿ES CRISTO, REY Y SEÑOR DE MI VIDA?

Jesús fue tentado hasta el final: Si eres Dios ¡sálvate a ti mismo!. Pero el demostró su realeza preocupándose desde la cruz por un hombre, un pecador arrepentido: "Jesús acuerdate de mi cuando llegues a tu reino". Jesús le respondió: "Te lo aseguro : hoy estarás conmigo en el paraiso".
En la muerte es cuando empieza el reinado de Cristo, que no es de este mundo.
El reinar de Jesús es amar hasta dar la vida.
Jesús demostró hasta el último momento que había venido por todos, pero sobre todo por los pobres y por los pecadores. Y que con Él todo es posible, pero debemos cargar con la Cruz.
"Si alguno quiere venir detrás de mi.......que cargue con su cruz y me siga"
Llegamos al final del año litúrgico y debemos preguntarnos ¿Es Cristo Rey y Señor de mi vida?
o, ¿o tenemos otras prioridades?

Oración

Bendito seas, Padre, porque constituiste a Cristo resucitado como Señor y Rey de la creación, como juez de vivos y muertos.
Tú eres el Dios santo, tú eres la luz, amor, ternura y misericordia; y nosotros somos tiniebla, egoísmo, dureza, frialdad y violencia.
No obstante, tú nos quieres a todos tus hijos tal como somos, pero nos mandas amarnos unos a otros como Cristo nos amó.
Nos cuesta mucho, Señor, ver a Jesús en los pobres, en los marginados, en los rudos, antipáticos y maleducados.
Haznos ver en ellos la cara oculta del Cristo sufriente. Enciende nuestros corazones con el fuego de tu palabra y danos tu espíritu de amor que nos transforme por completo para que, amando a todos, aprobemos tu examen final

jueves, 18 de noviembre de 2010

Necesitamos orar



Necesitamos orar y seguramente las oraciones que nos salen del corazón son mucho más profundas y quizás nos ayudan más que las oraciones concretas que se recitan. San Pablo escribe a los Tesalonicenses: "Estad siempre alegres, orad constantemente, en todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros. Para San Pablo la oración no es una parte de la vida sino toda la vida. Debemos orar sin cesar, clamando a Dios  en todas nuestras necesidades, dando gracias por todo lo recibido y pidiéndole todo lo que necesitemos para nosotros y para nuestros hermanos.Debemos, cuando nos sea posible, orientar nuestro pensamiento a una incesante conversación con Dios.
Tenemos que aprender a escuchar a Dios en nuestro corazón, para saber que desea de nosotros en cada momento.
Orar no solo en la Iglesia, en todo momento somos cristianos, y debemos comportarnos como tales, tanto en la Iglesia como en el lugar de trabajo, con la familia y con los amigos. Por ello debemos sentirnos siempre en presencia del Señor y ¡ojala que toda nuestra vida fuera una oración a Dios!
Que Dios os bendiga y os guarde.
H de Carmen

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Homilía de San Agustín sobre María

"Os ruego, hermanos míos, paréis mientes, sobre todo, en lo dicho por el Señor, extendiendo su mano hacia los discípulos: éstos son mi Madre y mis hermanos; y al que hiciere la voluntad de mi Padre que me ha enviado, ése es mi padre, y mi hermano y mi hermana. ¿Por ventura, no hizo la voluntad del Padre la Virgen María, que dio fe y por la fe concibió y fue escogida para que, por su medio, naciera entre los hombres nuestra salud, y fue creada por Cristo antes de nacer Cristo de ella? Hizo por todo extremo la voluntad del Padre la Santa Virgen María, y mayor merecimiento de María es haber sido discípula de Cristo que Madre de Cristo; mayor ventura es haber sido discípula de Cristo que Madre de Cristo.

 María es bienaventurada porque antes de pedirle llevó en su seno al Maestro. Mira si no es verdad lo que digo. Pasando el Señor seguido de las turbas y haciendo milagros, una mujer exclama: "Bienaventurado el vientre que te llevó" (Lc. 11, 27); y el Señor, para que la ventura no se pusiera en la carne, responde: Bienaventurados más bien los que oyen la palabra de Dios y la ponen en práctica. María es bienaventurada porque oyó la palabra de Dios y la puso en práctica, porque más guardó la verdad en la mente que la carne en el vientre. Verdad es Cristo, carne es Cristo. Verdad en la mente de María. Carne en el vientre de María, y vale más lo que se lleva en la mente que lo que se lleva en el vientre" (Sermón 25. Obras de ·Agustín-san, t. VII. Sermones. B.A.C. Madrid, 1950).

Y nosotros,que oímos muchas veces la palabra de Dios, ¿la ponemos en práctica?. A nosotros que se nos dá Cristo todos los días en la Eucaristía, ¿la ponemos en práctica?. ¿Somos bienaventurados? ¿Intentamos serlo? Pidamos a la Vigen María que interceda por nosotros para que consigamos levantarnos de cada una de nuestras caídas y cuando lleguemos al fin del camino podamos ver el Rosto de Dios.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Que el Señor nos guarde siempre del mal

Salmo 126
Que el Señor nos construya la casa.
Que el Señor nos guarde la ciudad.
Que nos llene de sus riquezas.
Que nos guarde siempre del mal
Oración I: En ti, Señor, vivimos, nos movemos y existimos; fuera de ti nada podemos hacer; Tú eres el cimiento de nuestra casa, la fuerza de nuestra libertad;  haz que practiquemos las obras que Tú has predispuesto de antemano.

Oración II:Señor de la bendición, crea en nosotros una nueva humanidad, edificada según el modelo de tu Hijo primogénito; sé Tú quien nos dé el crecimiento y la plenitud; que nunca desconfiemos de ti. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Oración III: Padre, que quisiste prolongar en tu Iglesia la fecundidad manifestada en la juventud de tu hijo y actuada por la creatividad constante de tu Espíritu, concédenos que nuestra vida sea la casa edificada en la roca de Cristo.

Oración IV:  Construye tú mismo, Señor, la casa que nosotros queremos construir en nosotros mismos; guarda Tú la ciudad terrena, que nosotros quisiéramos guardar; que no nos resulte inútil madrugar ni velar hasta muy tarde, sino que ayudados con tu auxilio, nos sintamos fuertes y no quedemos derrotados cuando litiguemos con nuestro adversario en la plaza.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Llegar a santos con ayuda de Cristo



"Los santos son hombres como nosotros, con problemas complicados... La santidad crece con la capacidad de conversión, de arrepentimiento, de disponibilidad para volver a comenzar, y sobre todo con la capacidad de reconciliación y de perdón". "Y todos podemos aprender este camino de santidad". -31 enero 2007 Benedicto XVI.

Que el Señor nos de fuerza, a través de la oración y los sacramentos, para llegar a esa conversión diaria.
Para que todos nos unamos y nos apoyemos en el camino que tenemos que recorrer hasta llegar a la felicidad eterna con nuestro Creador.

Oración:

La mano joven se une a la mano vieja y, entre ellas, se cruza la mano eterna del Cristo.
La mano débil se une a la mano fuerte y, entre ellas, se cruza la mano firme del Cristo.
La mano blanca se une a la mano negra y, entre ellas, se cruza la mano santa del Cristo.
La mano del médico se une a la mano del paciente y, entre ellas, se cruza la mano ensangrentada del Cristo.
La mano de la ignorancia se une a la mano de la sabiduría y, entre ellas, se cruza la mano omniesciente del Cristo.
La mano pecadora se une a la mano de la gracia y, entre ellas, se cruza la mano del perdón del Cristo.
Lamentablemente, solamente las manos cerradas no se unen a otras manos cerradas.
Y, aun así, entre ellas se puede; ¡es que entre ellas se cruza la mano abierta del Cristo¡

domingo, 31 de octubre de 2010

Zaqueo

Zaqueo que era un hombre pecador se encuentra con Jesús. Pero este encuentro no sucede de manera fortuita, sino que nace de la curiosidad de este hombre, que seguramente admiraba a Jesús en secreto. Al pasar Jesús por Jericó había mucha gente reunida con la esperanza de ver cómo era ese profeta del que tanto se oía. Uno de ellos era Zaqueo, hombre de mala reputación, ya que se dedicaba a cobrar impuestos y además era muy rico. Su baja estatura le impedía ver a Jesús. Entonces corrió adelantándose para subirse a un árbol y desde ahí poder contemplar a Jesús en el momento en que pasara. Y al pasar Jesús miró hacia arriba y le dijo "Zaqueo, baja enseguida, pues hoy tengo que quedarme en tu casa". Él bajó rápidamente y lo recibió con alegría. Y todo el pueblo murmuraba: "Se ha ido a casa de un rico pecador". Zaqueo dijo resueltamente a Jesús: "Señor, voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres y a quien le haya exigido algo injustamente le devolveré cuatro veces más". Jesús le contestó: "Hoy ha entrado la salvación a esta casa, pues también este hombre es un hijo de Abraham. El Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido"

Cuán transformante habrá sido el encuentro de Zaqueo con Jesucristo para que este hombre decidiera corregir el rumbo de su vida. Probablemente desde el momento en que Zaqueo con tanto interés buscó a Jesús, sabía que su modo de actuar no era el correcto y sabía que conocer a ese profeta le cambiaría la vida, aunque esto tuviera muchas consecuencias. Zaqueo al subir al árbol, vence el respeto humano. Pone los medios necesarios para un encuentro cara a cara con el Señor. No imaginó que Jesucristo le pediría hospedarse en su casa. Y bajó del árbol rápidamente y lo recibió con alegría.

Qué actitud tan hermosa la de Zaqueo, que conociendo sus pecados, acepta al Señor y atiende rápidamente a su petición. Todos los cristianos podemos imitar esta actitud de prontitud ante los reclamos del señor y una prontitud alegre, porque no hay mayor motivo de felicidad y alegría que Jesús nos llame y lo hace todos los días. Zaqueo no podía seguir siendo el mismo después de conocer personalmente a Cristo. Decide restituir a toda persona que haya engañado. Y Cristo, que conoce el corazón de cada hombre, le da la buena noticia: "Hoy la salvación ha entrado a su casa".

Texto de Catholic.net

domingo, 24 de octubre de 2010

Oración al Santísimo

En la oración al Santísimo del Jueves pasado, una de las oraciones que rezamos es la que voy a colocar a continuación, espero que os ayude en vuestra relación con Dios.
Oración


Señor Jesús: me pongo en camino. Quiero buscarte. Dame un corazón sencillo, unos pies ligeros, unos ojos abiertos para que mi marcha sólo se dirija a Ti.


Oriéntame cuando me pierda, acógeme cuando me canse, llévame a los otros cuando me sienta solo.

Dame valentía, fortaleza y audacia para no decaer en mi búsqueda, para permanecer siempre firme.

Haz que mis pies pisen la tierra pobre que pisaron los tuyos, que mis hombros sólo carguen la libertad y el desprendimiento que llevaron los tuyos, que mis entrañas anhelen sólo tu Palabra.

Y concédeme descansar mi cabeza sobre tu hombro y pronunciar tu nombre, Señor, siempre hermano, siempre nuevo.

Amén

martes, 19 de octubre de 2010

San Lucas

San Lucas escribió  el tercer Evangelio y Los Hechos de los apóstoles. Es un escritor muy agradable, y el que tiene el estilo más hermoso en el Nuevo Testamento.
Era médico. San Pablo lo llama "Lucas, el médico muy amado", y probablemente cuidaba de la salud del gran apóstol.
Era compañero de viajes de San Pablo. En los Hechos de los apóstoles,  narra los grandes viajes del Apóstol.
Lucas acompañó a San Pablo cuando éste estuvo prisionero, primero dos años en Cesarea y después otros dos en Roma. Es el único escritor del Nuevo Testamento que no es israelita. Era griego.
En su evangelio demuestra una gran estimación por la mujer. Todas las mujeres que allí aparecen son amables y Jesús siempre les demuestra gran aprecio y verdadera comprensión.

Su evangelio es el más fácil de leer, de todos los cuatro.  Lo han llamado "el evangelio de los pobres", porque allí aparece Jesús prefiriendo siempre a los pequeños, a los enfermos, a los pobres y a los pecadores arrepentidos. Es un Jesús que corre al encuentro de aquellos para quienes la vida es más dura y angustiosa.
También se ha llamado: "el evangelio de la oración", porque presenta a Jesús orando en todos los grandes momentos de su vida e insistiendo continuamente en la necesidad de orar siempre y de no cansarse de orar.

Otro nombre que le han dado a su escrito es el "evangelio de los pecadores", porque presenta siempre a Jesús infinitamente comprensivo con los que han sido víctimas de las pasiones humanas. San Lucas quiere insistir en que el amor de Dios no tiene límites ni rechaza a quien desea arrepentirse y cambiar de vida.

viernes, 15 de octubre de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN

Quizás en este mundo tan competitivo, en el que todos vamos demasiado deprisa y queremos hacer mil cosas a la vez, nos haga falta dedicar más tiempo a la oración.
Un rato dedicado a conversar con nuestro Señor, para contarle los problemas del día, darle gracias por todo lo que nos da y pedirle perdón por nuestros fallos continuos.
Dios quiere que oremos, "Todo cuanto orando pidiereis creed que lo recibiréis". Y si no somos escuchados es que no pedimos con insistencia: "En efecto, es necesario orar siempre y no desfallecer" (Luc 18, 1); o no pedimos lo que más conviene para nuestra salvación.
En algunas ocasiones nos parece que no nos escucha porque no nos da lo que pedimos, San Agustín dice: "Bueno es el Señor, que a menudo no nos concede lo que queremos para darnos lo que más nos favorece". Ejemplo de ello hallamos en Pablo, que tres veces pidió ser librado de un punzante tormento y no fue oído: 2 Cor 12, 8.
La oración debe ser también humilde, "Atendió la oración de los humildes"; hay verdadera humildad cuando le pedimos que Él nos ayude, ya que nosotros no podemos conseguirlo con nuetras propias fuerzas.
 "Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura". Lo cual nos enseña el Señor que se piden primeramente las cosas celestiales y después las de la tierra.

Todos debemos dedicar al Señor un rato de oración, un rato de encuentro íntimo con Él, porque si no nuestra fe se debilita y caemos en la rutina y en el desánimo.

sábado, 9 de octubre de 2010

El Padre Nuestro, oración que resume todo el Evangelio

Padre Nuestro

«El Señor nos enseña a orar en común por todos nuestros hermanos. Porque él no dice “Padre mío” que estás en el cielo, sino ‘Padre nuestro”, a fin de que nuestra oración sea de una sola alma para todo el Cuerpo de la Iglesia.» (San Juan Crisóstomo)
Que estás en el cielo

«“Que estás en el cielo” no designa un lugar sino la majestad de Dios y su presencia en el corazón de los justos. El cielo, la Casa del Padre, constituye la verdadera patria hacia donde tendemos y a la que ya pertenecemos.» (2802)
Santificado sea tu nombre

«Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros tu noticia, para que conozcamos cuál es la anchura de tus beneficios, la largura de tus promesas, la altura de la majestad y la hondura de los juicios.» (San Francisco de Asís).
Venga a nosotros tu reino

«Para que reines tú en nosotros por la gracia y nos hagas llegar a tu reino, donde se halla la visión manifiesta de ti, el perfecto amor a ti, tu dichosa compañía, la fruición de ti por siempre.» (San Francisco de Asís)
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo

«La voluntad de nuestro Padre es “que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Timoteo 2,3-4)
Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden
«Perdónanos: por tu inefable misericordia, por la virtud de la pasión de tu amado Hijo y por los méritos e intercesión de la beatísima Virgen y de todos tus elegidos. Así como nosotros y lo que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, que ple namente lo perdonemos, para que por ti amemos de verdad a los enemigos y en favor de ellos intercedamos devotamente ante ti, no devolviendo a nadie mal por mal, y para que procuremos ser en ti útiles en todo.» (San Francisco de Asís)
No nos dejes caer en la tentación.

«Dios no quiere imponer el bien, quiere seres libres. En algo la tentación es buena. Todos, menos Dios, ignoran lo que nuestra alma ha recibido de Dios, incluso nosotros. Pero la tentación lo manifiesta para enseñarnos a conocernos, y así, descubrirnos nuestra miseria, y obligarnos a dar gracias por los bienes que la ten tación nos ha manifestado.» (Orígenes)
Y líbranos del mal

«El Señor que ha borrado vuestro pecado y perdonado vuestras faltas también os protege y os guarda contra las astucias del Diablo que os combate para que el enemigo, que tiene la costumbre de engendrar la falta, no os sorprenda. Quien confía en Dios, no tema al Demonio. “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?” (Rm 8, 31) (5. Ambrosio)

martes, 5 de octubre de 2010

Otra oración de San Francisco de Asís


Oh Señor, haz de mí un instrumento de tu paz:

Donde hay odio, que yo lleve el amor.
Donde hay ofensa, que yo lleve el perdón.
Donde hay discordia, que yo lleve la unión.
Donde hay duda, que yo lleve la fe.
Donde hay error, que yo lleve la verdad.
Donde hay desesperación, que yo lleve la esperanza.
Donde hay tristeza, que yo lleve la alegría.
Donde están las tinieblas, que yo lleve la luz.

Oh Maestro, haced que yo no busque tanto:
A ser consolado, sino a consolar.
A ser comprendido, sino a comprender.
A ser amado, sino a amar.
Porque:
Es dando, que se recibe;
Perdonando, que se es perdonado;
Muriendo en Ti, que nacemos a la Vida Eterna.

Francisco de Asís

Oh Señor, ayúdanos a parecernos, aunque sea solo un poquito a Francisco. Que donde haya tristeza llevemos alegría y siempre procuremos llevar amor. Ayúdanos Señor, ya que sin tu ayuda no podemos hacer gran cosa y necesitamos sentirnos cerca de Tí y de tu Amor.

H de Carmen

lunes, 4 de octubre de 2010

Cántico de las criaturas de San Francisco de Asís

Omnipotente, altísimo, bondadoso Señor,
tuyas son las alabanzas,la gloria y el honor,
tan sólo tú eres digno de toda bendición,
y nunca es digno el hombre
de hacer de tí mención

Loado seas por toda criatura, mi Señor,
y en especial loado por el hermano sol,
que alumbra y abre el día,
y es bello en su esplendor,
y lleva por los cielos noticia de su autor.

Y por la hermana luna, de blanca luz menor,
y las estrellas claras, que tu poder creó,
tan limpias, tan hermosas,
tan vivas como son,
y brillan en los cielos: ¡loado, mi Señor!

Y por la hermana agua, preciosa en su candor,
que es útil, casta, humilde: ¡loado mi Señor!
Por el hermano fuego, que alumbra al irse el sol,
y es fuerte, hermoso alegre: ¡loado mi Señor!

Y por la hermana tierra, que es toda bendición,
la hermana madre tierra, que da en toda ocasión
las hierbas y los frutos y flores de color,
y nos sustenta y rige: ¡loado mi Señor!

Y por los que perdonan y aguantan por tu amor
los males corporales y la tribulación:
¡felices los que sufren en paz con el dolor,
porque les llega el tiempo de la consolación!

Y por la hermana muerte: ¡loado mi Señor!
Ningún viviente escapa a su persecución;
¡ay si en pecado grave sorprende al pecador!
¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!

¡No probarán la muerte de la condenación!
Servidle con ternura y humilde corazón.
Agradeced sus dones, cantad su creación.
Las criaturas todas, load a mi Señor. Amén.