viernes, 15 de septiembre de 2017

Estas son las primeras palabras del P. Tom Uzhunnalil tras su secuestro

Ha circulado en las redes sociales un video donde el P. Tom Uzhunnalil da un mensaje a todos los que han rezado a Dios por su liberación tras el secuestro que sufrió a manos del Estado Islámico (ISIS).
Al inicio del video, el P. Tom afirmó que «Dios es grande, su amor es eterno. Su misericordia es infinita. Tiene un propósito para nuestras vidas y por lo que he pasado definitivamente tenía un propósito».
El sacerdote originario de la India aseguró que «he recibido las oraciones y el amor de todos ustedes en mi nombre ante nuestro Dios y Él últimamente ha respondido».
«Soy libre y estoy feliz y agradecido con Dios por cada uno de ustedes, por su amor, por preocuparse por mí, por sus oraciones. Que Dios bendiga a cada uno de ustedes y bendiga a todos aquellos que en Dios han hecho este día posible. Que Dios los bendiga junto con sus seres queridos», expresó.
«Me siento feliz, me siento fuerte en mi mente y alma», añadió.
El presbítero salesiano indicó que todavía necesita recuperarse de sus debilidades físicas y afirmó que no padece una «enfermedad mayor además de mi diabetes. Me visitaron doctores que me ayudaron».
También está convencido de que «Dios me puso de regreso a la misión que quiere para mí hasta cuando Él lo desee».
Manifestó que «últimamente deseo que todos ustedes junto conmigo regresemos y alabemos a Dios en su Reino celestial cuando Él nos llame. Que Dios nos bendiga a cada uno».
El P. Tom concluyó su mensaje volviendo a dar «nuevamente las gracias a cada uno por sus oraciones, su amor y su preocupación».
Este sacerdote salesiano fue liberado el 12 de septiembre tras permanecer 18 meses en poder del Estado Islámico. Fue secuestrado por los terroristas cuando estos atacaron un albergue de ancianos que era administrado por la Misioneras de la Caridad en la localidad de Aden, en Yemen. En el ataque fueron asesinadas cuatro religiosas y doce ancianos.
A través de una carta, el Rector Mayor de los Salesianos, P. Ángel Fernández Artime, indicó que la Congregación Salesiana «no ha pedido el pago de ningún rescate y no tiene noticias de que se haya hecho ningún pago».
También agradeció a «Su Majestad el Sultán de Omán y a las autoridades competentes del Sultanato por la labor humanitaria que han realizado».
La Santa Sede señaló en un comunicado que el P. Tom «será huésped durante algunos días en una comunidad salesiana de Roma antes de volver a la India».
El miércoles 13 de septiembre el sacerdote indio se encontró con el Papa Francisco en el Vaticano. Ambos se abrazaron y el Pontífice le aseguró que seguirá rezando por él como lo ha hecho durante su cautiverio.
El P. Tom le contó que mientras estuvo secuestrado le dolía no poder celebrar Misa, aunque todos los días repetía las palabras de la celebración.
También le dijo que recuerda a las religiosas y ancianos que murieron a manos de los yihadistas.
Por su parte, en una reunión en Roma, el P. Fernández Artime le obsequió al sacerdote su propia cruz como un «signo para decirte que todos los salesianos están contigo ahora y para siempre».
Además, le dijo que la Virgen María y San Juan Bosco «han hecho todo» para que él fuera liberado. Cuando le dijo «no dudo de que la Madre te acompañó todos los días», el P. Tom respondió que sí.
«Mis últimos pensamientos van a tu familia de sangre porque ellos han sufrido tanto, no dudo que serán tiempos bellos donde ellos estarán muy felices con tu presencia», le manifestó el Rector Mayor de los Salesianos.
ACI/María Ximena Rondó

Tienes


Desde pequeño el día de hoy ha sido en mis recuerdos un día de ilusiones y de experiencias de fiesta en mi vida. Las fiestas de mi pueblo son en honor a Nuestra Señora de la Soledad y estos días eran para disfrutar de las celebraciones festivas religiosas, y lo que a un niño y adolescente le aporta sus eventos y una feria con tus amigos y familiares.
Por ello, quizás he entendido mejor el profundo significado de la escena del evangelio de hoy, como el testimonio de San Pablo en el comienzo de la carta a Timoteo. La Cruz supera el dolor y es fuente de amor y de vida para todos aquellos que la acogen y la afrontan con confianza en el Señor. Ellos son los que están con Jesús en esta escena: María, su Madre, algunas mujeres y Juan. Jesús construye su Iglesia, la bendice y llena de relaciones de amor entre los que la forman. La maternidad espiritual y de fe de María en la Iglesia, realizada por Cristo a través de su discípulo amado, nos muestra la riqueza y el misterio de amor que nos salva del dolor, la injusticia y la incomprensión; que nos salva del pecado.
Nunca estaremos solos. Nunca nos abandonará el Señor, ni siquiera cuando nosotros le abandonemos. No nos olvidemos que detrás de la Cruz está la resurrección, el triunfo, la Vida. En la Cruz, el Señor se queda definitivamente y es un Dios que es Padre y Madre a la vez. En Nuestra Señora de los Dolores lo podemos percibir y comprender. María está en primera fila y a su lado en el dolor y el sufrimiento. Por ello, Jesús le concederá la gracia de poder estarlo ahora a nuestro lado.
Por consiguiente, es una fiesta y una alegría gozar de este cuidado y protección de Dios para con nosotros, de tener esta ayuda y consuelo. Algo que sencillamente lo he sentido desde pequeño y doy gracias con nuestra Madre por ello.
Con la Virgen, Madre en el dolor, aprendemos y sentimos que Tu eres, Señor, el lote de mi heredad y me sacias de gozo en tu presencia. Esto es lo que tengo y tienes, ¿cómo lo vives?
Archidiócesis de Madrid

Triste contemplaba y dolorosa miraba del Hijo amado la pena

Lectura del santo Evangelio según san Juan Jn 19, 25-27
Junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás, y María, la Magdalena.
Jesús, al ver a su madre y junto a ella al discípulo al que amaba, dijo a su madre:
«Mujer, ahí tienes a tu hijo».
Luego, dijo al discípulo:
«Ahí tienes a tu madre».
Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como algo propio.
Palabra del Señor.

15 de septiembre: Nuestra Señora de los Dolores


Siete son los dolores que tipifica la tradición piadosa con base a los datos evangélicos. Por orden son estos: la profecía de Simeón, la huida a Egipto, la pérdida de Jesús cuando tenía doce años en el Templo de Jerusalén, el encuentro con su hijo en la calle de la Amargura, la crucifixión y muerte sucedidas en el Calvario, el descendimiento y, por último, la sepultura. Pero, en realidad, de verdad fueron muchos más. Tuvo ella todos los dolores, ¿o es que puede pensarse que se quedara impasible ante la partida del casto esposo José, o que la intuición de madre no fuera capaz de advertir la animosidad creciente que la figura de Jesús iba despertando –in crescendo– entre los principales rectores de la sociedad que comenzaron poniéndole tropiezos, siguieron llamándole loco, continuaron denigrando su fama porque tenía trato con publicanos y pecadores y acabaron llamándole Belcebú hasta que decidieron tramar su muerte? Los siete enumerados son solo «hechos-clave» que marcan de modo especial su itinerario de dolor; pero fueron muchos más. Quizá el número siete tenga, en este caso un cierto sabor bíblico que indica plenitud.
Federico Ozanan intuyó bien esta afirmación al escribir que «la liturgia católica no tiene nada tan patético» como las estrofas del Stabat mater que compuso el franciscano Jacopone de Todi († 1306).
Y debe de ser cierto. Asociando a los dolores del hijo los de su madre, siempre suscitaron una compasión llena de ternura a los que adoran en Jesús al Hijo de Dios y veneran en María a la Madre de Dios. Así lo hizo Efrén; y tampoco pasaron desapercibidos esos dolores y angustias para Agustín, Antonio, Bernardo e infinitos más. Siempre el pueblo cristiano la invocará con el título de Regina martyrum para hacer ver que, por encima de ellos, la entrega de su vida estuvo adornada con la guirnalda del dolor.
La devoción a los dolores de María fue ampliamente difundida por los servitas, fundados en el siglo XIII por aquellos siete varones florentinos. Felipe Benicio, superior general de la Orden, extendió la devoción del hábito de la Virgen Dolorosa y su escapulario. Llegó a ser fiesta religiosa –fijada para el 15 de septiembre– ya en tiempos de Pío VII, en recuerdo de sus propios sufrimientos durante la cautividad napoleónica. La profundidad del eco despertado en el pueblo –¡quién no tiene dolores!– queda testificada por la incontable profusión de imágenes de «La Dolorosa» que se exhiben con piedad para el culto en los templos y pasean arte por las calles de las ciudades en las procesiones.
Ella supo estar derecha ante el dolor de la cruz, enseñando la realidad brutal que lleva consigo cualquier pecado del hombre.
¡Eia, Mater, fons amoris…! Y es que se necesita la gracia sobrenatural que aúpe el corazón humano y mueve la sensibilidad para poder siquiera rastrear la intensidad de los sufrimientos de Cristo y los de su Madre santa. Sí. Hasta las piedras saltaron hechas pedazos aquel día. Pero sus dolores llevaban promesa de cosecha feraz. Porque el Hijo la miró, sintiéndose ella amada, proponiendo el intercambio inexplicable de filiación y extendía a otros hijos su maternidad. No solo pedía al discípulo Juan la atención a la Madre en compasión para no verla desamparada; se trataba de mucho más. Era –en misterio recibido– la donación al discípulo de su filiación, entendiendo que el cambio de Hijo por discípulo comportaba ya la elevación del creyente hasta la divinidad, salvando por gracia la distancia y nivelando así la desigualdad.
Dolores. Unida a la entrega de su Hijo, se ofreció al Padre cooperando de modo impar e irrepetible con el único Redentor. Corredención. Se aprende el «sí» continuado del día nazareno.
Todo el arte queda como inexpresiva materia inerte, incapaz de manifestar lo interno e íntimo en gracias, amor y dolor de santa María.


Pecado-dolor-amor. Tríptico que abre puerta a la esperanza, después de haber mordido el arrepentimiento.

Reforma del Papa va adelante. La voz al Cardenal Rodríguez Maradiaga

La tarde del miércoles 13 concluyó en el Vaticano la XXI reunión del C9, el Consejo de Cardenales consejeros del Papa Francisco. Como informó la Oficina de Prensa de la Santa Sede, los trabajos se dedicaron a un estudio sobre el estado de las propuestas entregadas por el Consejo al Santo Padre para la reforma de la Curia.
La Curia como instrumento de evangelización y de servicio no solo para el Papa, sino también para las Iglesias locales; la descentralización; el papel de las Nunciaturas Apostólicas; la selección y competencia del personal, menos clerical y más internacional, con el incremento dejóvenes y de mujeres, fueron algunos de los temas tratados.
Asimismo los cardenales han seguido una relectura de los Estatutos del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, constituido el 1. de septiembre de 2016, y el card. Sean O’Malley ha actualizado sobre los trabajos de la Comisión Pontificia para la protección de los menores.
En su participación el cardenal hondureño Óscar Rodríguez Maradiaga se refirió a los textos del Papa relativos a la Reforma. Sobre todo aquellos del acostumbrado encuentro navideño con la Curia Romana, así como también de las intervenciones de Francisco en el Concistorio del 12 febrero de 2015 y del 17 de octubre 2015 con motivo del quincuagésimo aniversario del Sínodo de los Obispos.  Sobre el estado de la Reforma y los temas tratados estos días, nuestra colega Patricia Ynestroza conversó con el card. Rodríguez Maradiaga.  Escuchemos.
(Raúl Cabrera- Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

«Un pueblo que es capaz de tener hijos y mostrarlos con orgullo es un pueblo que tiene futuro», dijo el Papa en la catequesis

«La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado». (Sal 85,11) Con este verso del salmo 85 el Papa Francisco se refirió a lo vivido el pasado viernes en Colombia, durante su viaje apostólico, en el encuentro por la Paz y la Reconciliación del país: “estas palabras proféticas llenas de gracia las vimos encarnadas en las historias de los testigos, que hablaron en nombre de muchos que a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo, salieron de sí mismos y se abrieron al encuentro, al perdón, a la reconciliación”, dijo en la catequesis en italiano.
Un viaje, este vigésimo viaje internacional y quinto del Papa Francisco en un país latinoamericano, en el que el pontífice afirmó haber sentido la continuidad con los dos Papas que visitaron Colombia en precedencia, el Beato Pablo VI en 1968 y san Juan Pablo II en 1986. “Una continuidad – expresó -fuertemente animada por el Espíritu, que guía los pasos del Pueblo de Dios en los caminos de la historia”.
“En la catequesis de hoy deseo hacerles partícipes de mi reciente Viaje Apostólico a Colombia. En primer lugar, quiero agradecer desde aquí al Presidente por su invitación a visitar ese país, a las Autoridades y a todos cuantos han colaborado para hacerlo posible, y muy especialmente al pueblo colombiano por su acogida, su alegría y su afecto. El lema del Viaje era «Demos el primer paso», y miraba al proceso de reconciliación que vive hoy Colombia para poder salir de 50 años de conflicto interno. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de ese pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio, que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia”.
El Santo Padre se refirió a las fuertes raíces cristianas de  Colombia y manifestó la evidencia del obrar del maligno, que “quiso dividir el pueblo para destruir la obra de Dios”. Pero destacó además “que el amor de Cristo y su misericordia infinita es más fuerte del pecado y de la muerte”, y este viaje “ha sido llevar la bendición de Cristo y la de la Iglesia, sobre el deseo de vida y de paz que brota del corazón de la nación”.
Sucesivamente hizo un recorrido por las distintas etapas de su viaje, comenzando por Bogotá, en donde el primer encuentro fue aquel con las autoridades, seguido por el encuentro con los jóvenes y los obispos:
“He podido contemplar los deseos de paz y de vida de tantos niños y jóvenes, en quienes exulta la esperanza. He podido encontrar también a los Obispos de esta nación y a los representantes del CELAM, para alentar su labor. En la etapa culminante de mi viaje, Villavicencio, hemos oído el conmovedor testimonio de los mártires y hemos visto el cuerpo mutilado del Cristo de Bojayá, esto nos ha recordado que la paz se funda, ante todo, sobre la sangre de testigos del amor, de la verdad, de la justicia y de la fe. En Medellín Cartagena, el tema ha trascendido a la misión y al servicio, con ejemplos insignes de vocación y de seguimiento de Jesús, que hoy como ayer se entregan a los más pobres y se consagran a la promoción humana integral”.
“Un pueblo alegre entre los muchos sufrimientos, un pueblo con esperanza”. Así definió el Papa Francisco la hermana nación de Colombia, y repitió aquello que dijo en la conferencia de prensa en el avión, que tanto lo impactó de las ciudades que visitó: el ver entre las multitudes, a los papás y las mamás que alzaban  a sus niños para que el Papa los bendijera, que hacían ver los propios hijos como diciendo “éste es nuestro orgullo, ésta es nuestra esperanza”. “Un pueblo – afirmó el Papa - capaz de tener hijos y de hacerlos ver con orgullo, es un pueblo que tiene futuro”.
“Confío a todos a la Virgen de Chiquinquirá, que ella pueda ayudarnos a dar el primer paso hacia un mundo más justo y en paz. Que Dios los bendiga”, concluyó. 
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

jueves, 14 de septiembre de 2017

El Papa Francisco besa las manos del padre Tom, el salesiano secuestrado en Yemen


Nada más terminar la audiencia general de este miércoles, el Papa Francisco recibió al padre Tom Uzhunnalil, secuestrado en Yemen en marzo de 2016 y liberado recientemente. En las fotografías del encuentro se puede ver al Santo Padre besándole las manos y, a modo de bendición, haciéndole la señal de la Cruz en la frente.

El padre Tom llegó este martes al Vaticano y residirá hasta que se recupere en la comunidad salesiana que allí presta servicio, tal y como ha informado el Rector Mayor de los Salesianos, Ángel Fernández Artime. «He pedido a nuestros hermanos que durante algunos días lo acojan allí por múltiples razones, entre otras, la de asegurar un estudio médico y un necesario descanso, así como para poder encontrarlo y abrazarlo en nombre de todos los hermanos salesianos y de toda nuestra familia salesiana. Posteriormente, cuando lo médicos lo indiquen y todo sea oportuno podrá regresar, sin duda, a la India.

Fernández Artime explica, además, que en su liberación han intervenido el Sultanato de Omán, un operador humanitario y las personas que se han ocupado del caso de un modo diverso. Del mismo modo, ha confirmado que a la congregación no se le ha pedido el pago de ningún rescate, ni tenemos noticias de que se haya realizado pago alguno».
Finalmente manifiesta «un gracias a Dios, en su providencia, por este momento feliz que estamos viviendo». Y añade: «Y un gracias también a las miles y miles de personas que en estos 18 meses de Getsemaní de nuestro hermano Tom han orado con tanta fe. El Señor nos ha concedido una gran Gracia. Por eso hemos de seguir respondiendo en el futuro con más fidelidad y autenticidad a su llamada, y al carisma que nos ha confiado y al que ha vivido y entregado al padre Tom».

Alfa y Omega

14 de septiembre: Exaltación de la Santa Cruz


Aquel era uno de los peores suplicios de los muchos que ha ideado la humanidad en su historia. Estaba previsto para el caso de los malvados que no debían vivir; para aquellos que quitarles la vida de un momento hubiera sido considerado como poco castigo. Tardaron tiempo los cristianos en representar a Cristo clavado en la cruz, era tan horroroso aquello… Fue en la puerta de Santa Sabina, en Roma, la primera vez que la piedad y el arte se juntaron y plasmaron el más horripilante de los martirios y el que tuvo mayor eficacia redentora.
El reo, en este caso Jesús, había de terminar en lenta y desgarradora agonía. Bien conocían los «ocupantes romanos» todos los extremos; tanto que recurrieron a los azotes para ver si podían cerrar el expediente de aquel caso nada claro, ante la insistencia feroz del odio de sus paisanos judíos. Algunos lo habían considerado como un chiflado anarquista que les arruinaba la idea de la liberación política que anhelaban, sofocando sin remedio su propio afán de mando con la nube que consideraron pasajera de una redención etérea por los caminos del espíritu. Otros solo lo hicieron por celos de perder su hegemonía en lo religioso; vieron muy, pero que muy en peligro su monopolio espiritual al contemplar la altura de la doctrina y lo portentoso de sus milagros.
Allá lo sacaron a las afueras de la ciudad. Impotente ante la fuerza y callado ante el odio que leía en los ojos turbios y el sarcasmo sonriente de los que se salían con la suya. Clavado, estaba para «ejemplo» de los que sintieran en sus carnes la tentación del mal, porque el miedo ha conseguido muchas veces lo que la buena educación no consiguió, aunque ese no era el caso. Y nadie tuvo una nube de insultos, de mofas y de befa tan densa sobre sí. Lo colocaron en medio del ladrón empedernido y del criminal que admitió su inocencia en diálogo que prometía vida eterna. El papel decía que era el Rey del país; pero Él tenía solo una fea corona de espinas y su rostro estaba maquillado por hilillos de sangre fresca y seca; su cuerpo desvestido estaba plagado de señales de azotes entre negrales cárdenos y heridas sin limpiar, con la carne abierta.
Esa piltrafa humana crucificada, aparente subproducto de la sociedad, es Jesús. El que mandó al mar y al viento que obedecieron en la noche de tormenta, haciéndose mansos. Él quiso hacerse «obediente hasta la muerte y muerte de cruz» para ayudar al hombre, con su ejemplo, en la fidelidad a Dios. Y le rescataba. Y pagaba la deuda. Y restablecía el honor de Dios. Y amaba infinito sin pérdida de dolor.
Ahora es consuelo y lección para el cristiano cuando llega el dolor, ese testigo habitual en el caminar ordinario de todo hombre, ese que puede hacerse más grande en momentos especiales, ese que resulta insufrible o intolerable si fortuitamente se mezcla con abandonos, soledades, traiciones, mentiras, envidias e injusticias. ¡Claro! Siempre queda el recurso bienhechor de saber que no fue en vano el inefable sufrir de Jesús el Nazareno y la verdad sincera de afirmar que «yo mucho malo hice, mientras que Él solo amó».
Enseñó con la entrega de su voluntad propia para que en adelante uno aprenda a no querer algo distinto de lo que quiere Dios, porque el querer divino, se entienda o no se entienda, por ser divino, siempre es lo mejor.
Desprendido de todo, por bueno que sea. ¿No dijo Él aquello –tan difícil y hasta contradictorio– del grano de trigo y lo otro de morir para vivir, o algo así? En la cruz, montado en su íntima desazón total, está tirando para arriba del sano y del enfermo, del culto y del ignorante, del bueno y del malo, del político, del médico, del economista, del tendero, de la madre, del jubilado, del militar, del niño y del viejo; arrastra hacia Sí al tabernero, a la novia, al rey, a la modista y al pedigüeño; da pistas de eternidad al que hace el pan, al de los libros, al deportista, al olímpico y al banquero; transmite esperanza al drogata, a la prostituta, al sidoso, al cura, al del circo y al del convento. Todos ¡y el cosmos universo! Son atraídos con fuerza irresistible incorporados a la cruz que lleva al Cielo: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».
Árbol de la cruz, árbol de la cruz…
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Tiene que ser elevado el Hijo del hombre






Lectura del santo Evangelio según san Juan 3, 13-17

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:
«Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre.
Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
El que cree en él no será juzgado; l que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios».
Palabra del Señor.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

«¿Puede ser que la fe surja del gesto de ese hombre sentado a la mesa con nosotros?»


Tras la visita del cardenal Osoro a la prisión de Soto del Real, Pedro escribe este testimonio: «Jamás hubiera podido imaginar que a mis 65 años un hombre vestido con una sotana negra y un fajín rojo despertara en mi la convicción de que hay Alguien que me quiere como soy. ¿Puede ser posible que la fe surja por casualidad?, ¿que surja de unas palabras y el gesto de ese hombre [el cardenal Osoro] de sentarse a la mesa con nosotros y comer la misma comida en una bandeja como la nuestra?
He vivido sin creer en nada, solo pensando en mí y en el dinero, convencido de que era feliz estafando a la gente. He estado en la cárcel varias veces; ahora llevo 15 meses de una condena de tres años. En ninguna de las prisiones en las que he estado he sentido atracción por lo religioso. Esta vez, por su forma de ser cercana y sencilla, he hablado algún día con Paulino, el capellán de Soto. El 26 de julio me pudo la curiosidad y cuando dijeron que había “encuentro con el señor cardenal” salí a ver qué era eso. Estábamos unos 150 en salón de actos. Algo pasó cuando escuche sus primeras palabras, que decía que había puesto en su Twitter: “Hoy visito a unos grandes amigos en Soto del Real”. Enseguida me pregunté: ¿Yo soy uno de ellos? Me pareció extraño que me llamara amigo sin conocerme. Algo estaba pasando. Mi corazón empezaba a latir fuerte y mi mente parecía decirme que hasta ahora no había sido feliz.
Nos entregó un dibujo en el que aparecía una barca que se hunde y unas manos tendidas, y nos dijo: “El que está en la barca somos cada uno de nosotros y las manos tendidas son las de Dios. Cuando todo se hunde queda Dios, que es el único que nunca falla, siempre está para levantarnos del lugar en el que estamos caídos”. Estas palabras encendieron en mí una luz. Ese Dios ¿también me puede levantar a mí, que nunca he creído en Él? Y meditando desde ese día he llegado a la conclusión de que sí, de que Dios me ama. Quiero ser otro. Por eso he comenzado a ir a Misa y le pido a Dios “dejar de robar y estafar, y tender, como tú, mi mano al que me necesite”».
Paulino Alonso
Capellán de la cárcel de Soto del Real. Madrid
Alfa y Omega

Encuentran huesos de san Pedro en una antigua iglesia de Roma




Miraron dentro de unas vasijas de barro, y allí estaban: unos operarios han encontrado huesos atribuidos a san Pedro y a los primeros Papas durante los trabajos de restauración de la iglesia de Santa María in Capella, en el barrio del Trastévere, de cerca de 1.000 años de antigüedad



Según la información de la cadena de televisión italiana RAI 1, los huesos aparecieron cuando un trabajador descubrió una gran losa de mármol junto al altar, que hasta le fecha permanecía cerrado por problemas estructurales. Encontró detrás unas vasijas de la era romana con inscripciones indicando que guardaban restos no solo de san Pedro, sino también de varios Papas de la Iglesia primitiva –Félix, Calixto y Cornelio–, junto a los de cuatro mártires de los primeros siglos.
La existencia de estas reliquias era conocida, pues la iglesia alberga una inscripción en piedra que afirmaba que en el templo se conservaban estos restos, junto a un fragmento de un vestido de la Virgen María, pero hasta la fecha se desconocía su localización exacta.

De momento, las reliquias han sido trasladadas al Vaticano para su posterior estudio, «y arrojaría mucha luz sobre su origen si su ADN pudiera ser comparado con el de los restos de san Pedro que se conservan allí», ha dicho el diácono de la iglesia, Massimiliano Floridi.
No se sabe con certeza cómo han podido acabar estas reliquias en Santa María in Capella, una iglesia consagrada en el año 1090, pero se especula que podrían haber sido trasladadas allí por el Papa Urbano II en los años en los que arreciaba la polémica con el antipapa Clemente III. Quizá por seguridad Urbano se llevó las reliquias a una iglesia más vinculada él como la del Trastévere.
Juan Luis Vázquez (con información de The Telegraph)
Alfa y Omega

13 de septiembre: san Juan Crisóstomo, obispo y doctor de la Iglesia


En Dialogus historicus de Paladio, obispo de Hierápolis, encontramos datos de su vida y también en otras fuentes históricas del mismo siglo V, pero el principal arranque de documentación está en sus propios escritos. Es uno de los Padres de la Iglesia Oriental que poseyó una elocuencia fuera de lo común y difícilmente igualable que le valió el apelativo de Crisóstomo –«boca de oro»– con el que ha pasado a la historia, que lo considera como uno de los más grandes oradores de la humanidad. El Papa san Pío V lo declaró Doctor de la Iglesia en el año 1568.
Nació en Antioquía alrededor del año 350. Su padre era cristiano y posiblemente latino; se llamaba Secundo y era uno de los generales de la armada de Siria; su madre, Antusa, de ascendencia griega, se tuvo que ocupar de la educación de Juan casi en exclusiva, por la muerte prematura de su esposo; pero lo hizo con gran esmero y responsabilidad, poniéndolo en manos de los mejores maestros. Quizá heredó de su madre la ternura, la persuasión y la firme defensa de los derechos de Dios; y también es posible que de su padre tomara algunas características que le hicieron hombre brusco, violento y nada diplomático. A este carácter suyo se atribuyen las desdichas que se abatieron sobre él en la Constantinopla que hervía de intrigas, lujos y vanidades, cuando sonó su voz sin contemplaciones, sin miedo.
Estudió filosofía en la escuela de Andragathius y retórica con el sofista Libanios. Fue la oportunidad de relacionarse con Teodoro, futuro obispo de Mopsuestia, y con Máximo, que más tarde sería obispo de Seleucia, en Isauria.
A los 18 años comienza a sentir aprecio por la doctrina sagrada que profesan los católicos; por eso quiso acompañar al confesor de la fe Melecio de Armenia en sus frecuentes viajes. Recibió el bautismo, después de un largo tiempo de preparación, cuando Juan tenía 21 años, y en Antioquía lo nombraron lector, que debía tener a su cargo la narración de las Escrituras Santas en las asambleas litúrgicas.
El nuevo converso sintió la voz de la soledad y se retiró al silencio del desierto porque, antes de hablar de Dios, hay que aprender a callar y a escucharle; dos años vivió en una cueva con mucha oración; pero el poco dormir e intenso estudio del testamento de Cristo hicieron que su salud se quebrantara y se viera en la necesidad de dejar aquel estilo de vida y regresar a Antioquía; ahora le confiere el obispo Melecio el diaconado y, desde el año 386, es el sacerdote que durante 12 años ilumina a la Iglesia de Antioquía con su doctrina, mostrándose en todo momento como modelo ejemplar para el clero.
Murió Nectario, el obispo de Constantinopla, el año 397, y a la sede le salieron muchos novios. Pero eligieron, nombraron y consagraron obispo a Juan; lo hizo Teófilo, el patriarca de Alejandría, en el mes de febrero del 398.
Entre sus actividades como pastor, se dedicó preferentemente a la atención del clero que estaba necesitado de reforma: no eran infrecuentes los clérigos y diáconos cuya conducta sabía a escándalo para el resto de los fieles por su afición a la avaricia y a la lujuria. Tuvo que armarse de fortaleza para deponer de sus funciones a algunos colaboradores directos que se mostraban recalcitrantes impenitentes. No aceptó los dispendios, enredos y mal gobierno en que estaba sumida la administración de los bienes económicos de la Iglesia o del propio obispo. Fundó un hospital para la atención de peregrinos y de los pobres. Se ocupó de las viudas, dedicó su tiempo a la pastoral directa con sus fieles en lo que se refiere a la catequesis, la administración de los sacramentos y al cuidado en lo tocante a la dignidad del culto.
No tardó en hacerse notar la envidia –el vicio de los mediocres– incluida la de sus colegas en el episcopado.
Echando leña al fuego, supieron aprovechar –entre los intrigantes estaba también Teófilo de Alejandría, que no había sabido aguantar el tirón de ser pospuesto para la sede de Constantinopla– el conflicto que se originó entre la emperatriz Eudoxia y el Patriarca. Este, sin pelos en la lengua, había recriminado en público, delante de la corte imperial, los frecuentes abusos de poder y dejaba en su predicación bien claro el peligro que encierra para el alma el afán de riquezas; no se quedó mudo a la hora de criticar el desenfrenado lujo y el despilfarro, que era como quitar el pan a los pobres; censuraba los modos de vivir no cristianos que se introducían suave y sutilmente en el palacio del emperador. El asunto terminó con la deposición de Crisóstomo y su destierro en el 404 a Bitinia; regresará a petición de la misma emperatriz, hasta la nueva expulsión en la noche de Pascua del mismo año, sin que le dejaran terminar –por la violencia de las armas– el bautismo de los trescientos catecúmenos que estaban dispuestos y preparados. Esta vez lo desterraron a Cúcuso, en Armenia. Pero como la relativa proximidad provoca espontáneas peregrinaciones de gente que quiere ver y oír al santo, llega una nueva orden imperial que manda un traslado forzoso a Pitio, que es lugar más lejano. No pudo llegar; murió, yendo de camino, en Cumana.
Su cuerpo se trasladó a Constantinopla y lo enterraron en la iglesia de los Apóstoles.
La herencia teológica que deja en sus obras escritas no es sistemática. Entre sus numerosísimas homilías pueden distinguirse las que tienen como desarrollo un tema bíblico, comentando la Sagrada Escritura. Otras son apologéticas, contra los errores de los herejes. Algunas tienen un marcado fin catequético litúrgico. También se conservan bastantes de sus panegíricos y otros discursos circunstanciales, algún tratado teológico y multitud de cartas.
En la iconografía bizantina se le representa con un pergamino en la mano del que mana un río cuyas aguas beben los fieles. Su emblema es una colmena de abeja que simboliza a su elocuencia, dulce como la miel.
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El sacerdote que cura los cuerpos y las almas en Ruanda


A su padre lo mataron cuando él tenía 7 años, y su madre murió durante el genocidio que devastó Ruanda en 1994. «Vi cómo hermanos en la fe mataban a otros hermanos en la fe en mi propia parroquia. Hasta mis parroquianos me querían matar a mí». Desde entonces, Ubald Rugirangoga predica en su país la liberación del perdón, organizando retiros con víctimas, y también con los perpetradores de la masacre que se llevó 45.000 vidas en tres días. En 1991 recibió el don de intercesión por la sanación de los enfermos, con numerosas curaciones físicas y espirituales. Ha estado en Madrid invitado por una comunidad carismática para predicar el retiro Jesús sana hoy. «Soy un cura feliz. El perdón me ha hecho libre», dice
Usted afirma haber recibido en 1991 el don de sanación. ¿Qué es exactamente?
Empecé a rezar por los enfermos en 1987, a raíz de una epidemia de disentería que hubo en mi parroquia y que provocó muchos muertos. Yo tenía miedo de contagiarme y de enfermar cuando rezaba por ellos, pero pensé con mucha fuerza: «¡Tenemos que rezar!», y al cabo de un mes de orar todos juntos en mi parroquia la enfermedad desapareció. ¿Fueron las medicinas? ¿Fue la oración? Yo solo sé que ahí nació dentro de mí el interés en rezar por los enfermos. Formé un grupo de nueve personas que empezamos a rezar cada jueves por los enfermos, con mucha fe y convicción.
En 1991 vino un nuevo don: en la acción de gracias después de una Eucaristía vi venir hacia mí la imagen de un pie izquierdo con heridas. Luego, una mano derecha, junto a una voz que me decía que alguien sufría del codo. Luego, la imagen de un trasero de alguien lleno de heridas. Y luego el vientre de una mujer embarazada, y la voz diciéndome que una mujer tenía miedo al embarazo. Por último, la voz me dijo que había alguien allí que pensaba que daba igual rezar o no rezar. Todas esas imágenes y voces vinieron a mí.
¿Qué significaba todo eso?
Entonces pregunté si alguien allí sufría del pie izquierdo, y un hombre dijo: «Yo», y le pedí: «Prueba a andar», y entonces se levantó y dijo: «¡Ya no me duele!». Después pregunté si alguien padecía de su codo derecho, y un hombre se levantó y dijo que se había curado de repente. Después pregunté si alguien tenía heridas en su trasero y una mujer se levantó del suelo, porque no podía sentarse, y al cabo de tres días las heridas habían desaparecido; ella no se lo creía. Luego pregunté si alguna mujer estaba embarazada y tenía algún problema; una mujer se levantó y dijo que ella había tenido dos hijos pero luego llevaba siete años sin tenerlos, porque había perdido dos hijos, y este no creía que iba a nacer vivo; yo le dije que sí iba a nacer vivo. Y así fue.
¿Y la persona a la que le daba igual rezar o no rezar?
Pregunté por ella también, y se levantó una mujer. Su hijo de 5 años estaba enfermo, con una llaga en una pierna, y el médico le dijo que debía amputarla porque la herida llegaba ya al hueso. Ella quiso rezar y le pidió a su marido que la acompañara, pero él no quiso. Todo eso la deprimió y entonces ella perdió la esperanza en la curación de su hijo, pensaba que la oración no iba a solucionar nada. Pero ella vino a rezar ese día, y al cabo de tres días la herida de su hijo estaba completamente curada.
¿Cómo se lo tomó?
Estaba sorprendido. Yo tengo la convicción de que todo esto viene de Jesús. Eran imágenes, voces, que de repente llegaban a mí cuando rezaba, y la gente se curaba. Todo era nuevo para mí. Decidí consultar con mi obispo, y me recordó que el libro de los Hechos cuenta que también Pedro veía imágenes que le ayudaban en su ministerio. Así que me dio la autorización para llevar a cabo este don.
¿Desde entonces ha sido testigo de curaciones físicas?
Sí, muchas, incluso aquí en Madrid. En el retiro en el que acabo de participar me impresionó una doctora que padecía de un problema en su cabeza y dijo que se le había curado. En otra ocasión, en Estados Unidos, estaba yo rezando en adoración ante el Santísimo, y me vino la imagen de una chica en una silla de ruedas. Por la tarde estaba en un retiro, ¡y vi a la chica que había visto por la mañana! Recé por ella y me fui, y después invité a quien padeciera de alguna parálisis a que se levantara. Ella no se lo creyó en ese momento, pero luego, cuando ya estaba en la sacristía escuché voces fuera: la chica se había levantado de su silla de ruedas.
¡Es Jesús! Él es el que cura. Todo lo que hago es en el nombre de Jesús. Él es el que quiere curar a todas estas personas.
Padre Ubald, también hay heridas interiores, en el espíritu…
Toda curación física está encaminada a una curación espiritual. Cuando ves a alguien que ha recibido una curación, eso aumenta tu fe. Esas curaciones te hacen creer más.
Y también hay sanaciones que pasan por el perdón, porque el odio es una herida muy grande. Pero, al perdonar, las personas se curan y recuperan la paz. Mi misión principal es llevar a la gente a Jesús, llevar a la gente a la fe, a creer en Él, a creer que después de esta vida hay otra. Él es la Verdad, Él está vivo, lo que dice es la verdad.
¿Por qué no hay entonces más curaciones, para que haya más gente que pueda creer?
Es por nosotros. Si nosotros no rezamos por las curaciones, no habrá curaciones.
Usted experimentó en su propia vida el genocidio que hubo en Ruanda. ¿Es posible sanar también esas heridas?
Sí es posible. Yo mismo no tengo ningún odio. El hombre que mató a mi madre durante el genocidio de 1994 es ahora mi amigo; él vino un día a pedirme perdón, y yo lloré, le abracé y le dije: «En el nombre de Jesús, te perdono». Me he hecho cargo de sus dos hijos y les he pagado los estudios.
Uno de sus hijos no podía perdonar a su padre por lo que había hecho. Había matado a muchas personas, y ahora… Yo le dije: «Ven, y recemos juntos», y le pedí que perdonase de corazón. Él lloraba cuando decía: «Perdono a mi padre…».
Esto debe ser difícil de entender para muchos en su país…
Predicar el perdón me ha traído problemas, Dios mío. A veces la gente no lo entiende. Pero para mí el odio es el mal, y lo vencemos con el perdón y siendo misericordiosos. Solo así se puede parar la violencia.
Otro ejemplo: un hombre mató a otro, y el hijo de la víctima se casó con la hija del verdugo. Esa chica, cuando me escuchó predicar el perdón y dar mi testimonio, quiso hacer algo. Ella sabía que su padre había matado a un hombre y había dejado viuda a su mujer, y entonces fue a verla y acabó viviendo con ella, ayudándola en todo. El hijo de aquella viuda, que pudo escapar del genocidio, llegó un día a casa de su madre y se encontró con la hija del asesino de su padre. «¿Qué hace esa chica aquí? Su padre ha matado a papá», dijo enfadado. Pero la madre defendió a la chica: «Es una buena chica, es amable, me cuida mucho». Con el tiempo, él se dio cuenta de la bondad de la chica y cómo cuidaba de su madre, y acabó casándose con ella. Yo bendije su matrimonio y hoy tienen tres maravillosos hijos.
¿Y qué pasó con el padre de ella?
Cuando salió de la cárcel su hija preparó la reconciliación entre ambas familias. Recibió el perdón de la mujer y de su hijo, y él mismo decía: «Soy feliz. Yo quité la vida, y ahora mi hija me la está dando. Yo di muerte y ella da vida». Ahora es un abuelo orgulloso de sus nietos.
Dirige en Ruanda el centro El secreto de la paz. ¿Cuál es ese secreto?
¡El secreto de la paz es el perdón! Este es un centro en el que rezamos por la sanación de las personas. En mi país hay muchas heridos y lo primero que hacemos es escucharlos. Hacemos una escucha cristiana, porque muchos vienen con mucha ansiedad. La gente necesita alguien que los escuche, porque si no se vuelven locos. Pero si tienes alguien que te escucha, entonces compartes el dolor de tu corazón, curas tus heridas. Fundé una congregación llamada Misioneros de la Paz, con ramas masculina y femenina, y también con laicos, como un gran familia, y el carisma que tienen es el de la escucha: acoger y escuchar a las personas, y confortarlas.
¿Qué ocurre cuando uno quiere perdonar pero no puede?
Si no perdonas al alguien, entonces estarás llevando a esa persona encima, como un gran peso, toda tu vida. No perdonar es una forma de morir. Tienes que perdonar, para ser libre, para dormir bien, para no llevar ese peso siempre… Y si no puedes, al menos reza por ello, pídele a Jesús ese don, porque sin Jesús perdonar es imposible. Él lo hace.
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
Alfa y Omega

Bienaventurados los pobres. Ay de vosotros, los ricos


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 6, 20-26
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les decía:
«Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.
Bienaventurados los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados.
Bienaventurados los que ahora lloráis, porque reiréis.
Bienaventurados vosotros cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas.
Pero, ¡ay de vosotros, los ricos, porque ya habéis recibido vuestro consuelo!.
¡Ay de vosotros, los que estáis saciados!, porque tendréis hambre!.
¡Ay de los que ahora reís, porque haréis duelo y lloraréis!.
¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que vuestros padres hacían con los falsos profetas».
Palabra del Señor.

«Un pueblo que es capaz de tener hijos y mostrarlos con orgullo es un pueblo que tiene futuro», dijo el Papa en la catequesis

 «La misericordia y la verdad se han encontrado, la justicia y la paz se han besado». (Sal 85,11) Con este verso del salmo 85 el Papa Francisco se refirió a lo vivido el pasado viernes en Colombia, durante su viaje apostólico, en el encuentro por la Paz y la Reconciliación del país: “estas palabras proféticas llenas de gracia las vimos encarnadas en las historias de los testigos, que hablaron en nombre de muchos que a partir de sus heridas, con la gracia de Cristo, salieron de sí mismos y se abrieron al encuentro, al perdón, a la reconciliación”, dijo en la catequesis en italiano.
Un viaje, este vigésimo viaje internacional y quinto del Papa Francisco en un país latinoamericano, en el que el pontífice afirmó haber sentido la continuidad con los dos Papas que visitaron Colombia en precedencia, el Beato Pablo VI en 1968 y san Juan Pablo II en 1986. “Una continuidad – expresó -fuertemente animada por el Espíritu, que guía los pasos del Pueblo de Dios en los caminos de la historia”.
“En la catequesis de hoy deseo hacerles partícipes de mi reciente Viaje Apostólico a Colombia. En primer lugar, quiero agradecer desde aquí al Presidente por su invitación a visitar ese país, a las Autoridades y a todos cuantos han colaborado para hacerlo posible, y muy especialmente al pueblo colombiano por su acogida, su alegría y su afecto. El lema del Viaje era «Demos el primer paso», y miraba al proceso de reconciliación que vive hoy Colombia para poder salir de 50 años de conflicto interno. Con mi visita he querido bendecir el esfuerzo de ese pueblo, confirmarlo en la fe y en la esperanza, y recibir su testimonio, que es una riqueza para mi ministerio y para toda la Iglesia”.
El Santo Padre se refirió a las fuertes raíces cristianas de  Colombia y manifestó la evidencia del obrar del maligno, que “quiso dividir el pueblo para destruir la obra de Dios”. Pero destacó además “que el amor de Cristo y su misericordia infinita es más fuerte del pecado y de la muerte”, y este viaje “ha sido llevar la bendición de Cristo y la de la Iglesia, sobre el deseo de vida y de paz que brota del corazón de la nación”.
Sucesivamente hizo un recorrido por las distintas etapas de su viaje, comenzando por Bogotá, en donde el primer encuentro fue aquel con las autoridades, seguido por el encuentro con los jóvenes y los obispos:
“He podido contemplar los deseos de paz y de vida de tantos niños y jóvenes, en quienes exulta la esperanza. He podido encontrar también a los Obispos de esta nación y a los representantes del CELAM, para alentar su labor. En la etapa culminante de mi viaje, Villavicencio, hemos oído el conmovedor testimonio de los mártires y hemos visto el cuerpo mutilado del Cristo de Bojayá, esto nos ha recordado que la paz se funda, ante todo, sobre la sangre de testigos del amor, de la verdad, de la justicia y de la fe. En Medellín Cartagena, el tema ha trascendido a la misión y al servicio, con ejemplos insignes de vocación y de seguimiento de Jesús, que hoy como ayer se entregan a los más pobres y se consagran a la promoción humana integral”.
“Un pueblo alegre entre los muchos sufrimientos, un pueblo con esperanza”. Así definió el Papa Francisco la hermana nación de Colombia, y repitió aquello que dijo en la conferencia de prensa en el avión, que tanto lo impactó de las ciudades que visitó: el ver entre las multitudes, a los papás y las mamás que alzaban  a sus niños para que el Papa los bendijera, que hacían ver los propios hijos como diciendo “éste es nuestro orgullo, ésta es nuestra esperanza”. “Un pueblo – afirmó el Papa - capaz de tener hijos y de hacerlos ver con orgullo, es un pueblo que tiene futuro”.
“Confío a todos a la Virgen de Chiquinquirá, que ella pueda ayudarnos a dar el primer paso hacia un mundo más justo y en paz. Que Dios los bendiga”, concluyó. 
(Griselda Mutual - Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)