domingo, 23 de julio de 2017

Proteger a los niños migrantes con soluciones duraderas


“Proteger” a los niños migrantes, “integrarlos y proponer soluciones duraderas” este es el objetivo señalado por el Papa. Lo indicó el subsecretario del dicasterio para el Servicio del desarrollo integral, el padre Fabio Baggio. C.S., en su intervención en la octava edición de la ‘escuela de verano’ sobre la Movilidad humana que llevó por título: Niños y adolescentes en los procesos migratorios”. El evento se realizó del 17 al 20 de julio pasado en Italia, en la localidad de Montepaone Lido.
Los trabajos de la ‘escuela de verano’ fueron organizados por la Universidad católica del Sagrado Corazón, en colaboración con el Instituto internacional escalabriniano para las migraciones, la Fundación Migrantes, la Fundación Ismu, y la agencia escalabriniana para la cooperación y el desarrollo.
Las jornadas que profundizaron el problema de los menores involucrados en los fenómenos migratorios, se inspiró al mensaje del papa Francisco para la Jornada mundial del migrante y refugiado 2017: “Migrantes menores, vulnerables y sin voz”.
El padre Baggio evocó la exhortación del papa que invita a “ocuparse de los niños” migrantes, “que son indefensos porque menores, extranjeros e indefensos”. El secretario del dicasterio insistió que “el Santo Padre insiste sobre el deber de resolver y regularizar la posición de los migrantes menores, en el pleno respeto de su dignidad”.
Señaló que “encontrar soluciones duraderas” a este problema “significa sobre todo empeñarse en eliminar las causas de las migraciones forzadas de tantos niños: las guerras, las violaciones de los derechos humanos, la corrupción, la pobreza, los desequilibrios y los desastres ambientales”.
(ZENIT – Roma, 22 Jul. 2017)

El trigo y la cizaña


Nos situamos hoy ante un relato que pretende seguir profundizando en cómo es el Reino de los Cielos. De nuevo, Jesús utiliza las parábolas con un lenguaje sencillo y comprensible por la gente, especialmente por quienes conocen el mundo agrario. El trigo y la cizaña, el grano de mostaza y la levadura corresponden a realidades de la vida cotidiana. A través de la función de estos elementos en su contexto natural –el campo– el Señor quiere hacernos ver el modo en el que Dios Padre actúa en nuestra vida.
La paciencia
La controversia que aparece en la narración de Jesús sobre el trigo y la cizaña gira en torno a si es conveniente arrancar esta última cuanto antes. El desenlace del relato hace ver que es preferible que el trigo y la cizaña crezcan juntos hasta que llegue el momento de la siega. Solo en ese momento serán separados.
Desde un punto de vista meramente racionalista y calculador no parece tener mucho sentido la espera, pues cuanto antes hagamos desaparecer las malas hierbas, mejor será para el campo y para el trigo. Además, siendo Dios omnipotente, no habría ningún obstáculo para que desde el primer momento impidiera al maligno sembrar la cizaña. Sin embargo, la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, señala que si Dios no interviene no es por carencia de poder: «Tú, dueño del poder, juzgas con moderación y nos gobiernas con mucha indulgencia […] pues concedes el arrepentimiento a los pecadores». Si alguna característica del obrar de Dios destaca aquí es su infinita paciencia con el hombre. Aunque la parábola hable del campo y de la hierba, la realidad que hay detrás es el actuar de Dios en relación con el hombre, así como la posibilidad de cambio del hombre. El Señor desea ante todo que cambiemos y nos convirtamos. Y ello no sería posible si la siega se realizara antes de tiempo.
La otra cara de la moneda es que hemos de ser pacientes también nosotros. Naturalmente, quisiéramos ver solucionados todos nuestros problemas de un plumazo, los que nos afectan directamente y aquellos que escapan de nuestro alcance inmediato. Nos enerva, a menudo, ver cómo al mal arraiga en el mundo y parece que poco podemos hacer. Tampoco comprendemos, a veces, por qué Dios no interviene de modo excepcional en cada momento. Entendemos que el Señor permita que seamos libres, que podamos elegir entre el bien y el mal. Sin embargo, cuando somos testigos del mal propagándose por el mundo, no entendemos por qué Dios no interviene fulminantemente.
El grano de mostaza y la levadura
Las otras dos parábolas del pasaje que la liturgia nos presenta este domingo amplían nuestro conocimiento sobre el Reino de Dios y sirven para iluminar el sentido de la primera. La parábola del grano de mostaza quiere ser una muestra de que el Reino de Dios no se impone de una manera deslumbrante, sino que nace como algo pequeño y escondido. Nos enseña que Dios actúa de modo casi invisible, pero real. Con el tiempo va saliendo a la luz la gran obra que el Señor hace en nuestra vida. Parecido es el sentido de la levadura: no se ve, pero está presente y hace germinar la masa.
En resumidas cuentas, mediante las parábolas del Reino de Dios, Jesús nos anima a centrar nuestra mirada en la acción de Dios de un modo paciente y con esperanza. Dios es quien marca los tiempos y quien ya ha puesto su germen en nosotros. De no poner obstáculos, su Evangelio puede hacerse realidad en nuestra vida.
Daniel A. Escobar Portillo
Delegado episcopal de Liturgia adjunto de Madrid

23 de julio: santa Brígida de Suecia, fundadora y Patrona de Europa


La santa sueca; una mujer cuya vida está inmersa en lo sobrenatural, acompañada de todo tipo de visiones, profecías, revelaciones. Como si se pudiera decir que es el juego de Dios, o quizá la paradoja de lo divino, para enseñar dónde se encuentra la verdad. Viene bien, sobre todo, para los que han mirado en los últimos tiempos a Suecia como prototipo de país culto y adelantado, por los que no ven más allá de sus narices llamando el progreso a lo que solo lo es parcial.
Aunque en la actualidad sea Suecia uno de los países europeos de más acusada carencia católica, llevaba ya seis siglos de cultura cristiano-romana sobre sus espaldas cuando entró en ella el protestantismo. O sea, que no siempre fue así. Los países escandinavos cuentan con un gran plantel de santos entre los que sobresalen los reyes mártires, patronos muy venerados a lo largo de la Edad Media, de los tres países nórdicos: Dinamarca, cuenta con san Canuto, Noruega tiene a san Olav y Suecia venera a san Eric.
Brígida nació probablemente en el 1030, en Finsta. Su padre era un senador del reino, se llamaba Birger Peterson, y era gobernador de Upland; hombre rico, piadoso y casado con Ingeborg Bengtsdotter, que murió al poco de nacer Brígida, por lo que tuvo que educarla una tía suya, que a su vez estaba casada con el gobernador de Östergötland.
Siguiendo la costumbre de la época, Brígida se casó a los catorce años con Ulf Gudmarson, senador y gobernador de la región de Närke, con quien tuvo ocho hijos en sus treinta años de matrimonio. Facilitó a su esposo el gobierno recto y justo del territorio, y se entregó sin reserva a la educación personal de los hijos. No todos le salieron buenos; pero Catalina estará siempre unida a ella y será la continuadora de la obra de su madre. Brígida fue llamada a la corte cuando la nombraron dama de honor de la reina Blanca, la esposa de Magnus Eriksson. Como era frecuente en su época, peregrinó con su esposo a Santiago de Compostela en un viaje de dos años y que le facilitó conocer in situ los dos males de la sociedad de su tiempo con desastrosas consecuencias: la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, y el destierro de los papas en Avignon. A la vuelta, su marido entró en el monasterio cisterciense de Alvastra, donde enfermó y murió en febrero de 1344. Con ello empezaba una nueva época para Brígida, plena de intervenciones sobrenaturales, visiones –de Cristo, de la Virgen y del demonio–, revelaciones, profecías, terribles tentaciones contra todas las virtudes, discernimiento de espíritus, que le llevaron a una dinámica acción con papas, reyes, príncipes, nobles, obispos y clero para intentar poner algo de orden en el estado deplorable que padecía la Cristiandad.
En 1345 fundó un monasterio en Vadstena y escribió su Regla. Sería la Ordo Sanctissimi Salvatoris: Orden contemplativa para alabar al Señor y a su Madre, y reparar por los pecados con la contemplación frecuente de la Pasión. El hábito tendría manto gris. Cada monasterio se compone de 85 miembros repartidos entre 60 monjas, 13 presbíteros, 2 diáconos, 2 subdiáconos y 8 legos; todo un simbolismo medieval que representaba a los 72 discípulos del Señor, más los 12 Apóstoles con san Pablo.
Para conseguir la aprobación de la Regla y ganar el Jubileo del Año Santo 1350 se puso en camino hacia Roma en el año 1349. Por revelación tenía orden de evitar Avignon y de permanecer en Roma hasta la llegada del papa. Fueron veinte años de espera paciente acompañada de su hija Catalina, de dos obispos suecos y del eremita Alfonso de Vadaterra que recopilaría su obra como obispo de Jaén. En Roma trabajaron con sus manos para vivir y hacer limosnas; ejercían la caridad, visitaban las piedras santas, instruían a los pobres y extranjeros. Brígida, enamorada de la humanidad de Cristo y, por tanto, de la Eucaristía, practicaba el ayuno con grandes penitencias corporales, siempre durmió en el suelo. Su estilo chocaba fuertemente con el espíritu mundano de la Roma del siglo XIV, que la llamó «bruja escandalosa» por sus continuas llamadas a la rectitud moral. Cuando vino el papa Urbano V, aprobó la Orden pero no le hizo caso en lo de residir en Roma, regresando de nuevo a Avignon… y murió como le había avisado.
Muere en Roma, el 23 de julio de 1373, al regreso de la peregrinación que hizo con Catalina a Tierra Santa, donde tuvo más revelaciones sobre la vida no-narrada –conocidas por Revelaciones y por Revelaciones Extravagantes– de Cristo, que luego inspiraron las obras de muchos artistas.
Su entierro en San Lorenzo in Panisperma fue temporal. Catalina y su hermano Birger Ulfsson trasladaron sus restos a Suecia; pero hasta que lo depositaron en el monasterio de Vadstena el 4 de julio de 1374, pasaron atravesando Europa –incluidas Viena y Czestochowa–, predicando una misión itinerante mientras daban a conocer las revelaciones de Brígida, ratificada con los milagros que Dios iba haciendo y que fueron solo un anticipo de los que luego se realizarían junto al sepulcro de Brígida.
Otro dato curioso por infrecuente fue su «triple canonización». Me explico. Catalina se fue a Roma en 1375 a gestionar la canonización de su madre, pero murió sin conseguirlo. La canonizó el papa Bonifacio IX en el 1401; ratificó la canonización el antipapa Juan XXIII, en 1415, en el Concilio de Constanza; legitimó la canonización Martín V, ya Sumo Pontífice de toda la Cristiandad. Fue una de las mínimas consecuencias de tener varios papas por estar la Iglesia dividida por el cisma.
Por si quedaran dudas al lector hispano de lo que supuso la figura y escritos de santa Brígida para el último largo siglo de la Edad Media, conviene reseñar que el sapientísimo Juan de Torquemada defendió sus Revelaciones tan discutidas y combatidas, dándolas por buenas.
En la inauguración de las sesiones del Sínodo de obispos del 1999, cuando se prepara la Iglesia para el comienzo del tercer milenio, el Sumo Pontífice la declaró Patrona de Europa, junto a Catalina de Siena y Edith Stein, queriendo colocar tres figuras femeninas junto a los patronos Benito, Cirilo y Metodio para subrayar el papel que las mujeres han tenido y tienen en la historia eclesial y civil del continente.
Archimadrid.org

Comentario del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30


“El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo”. Estas palabras del Señor hacen del mundo y de la historia un lugar hermoso. Dios no deja de bendecirnos, de cuidarnos, de exhortarnos. Siembra incesantemente. Aunque muchas personas desesperen contemplando el mal en el mundo, en realidad se siembra mucho más bien, aunque su acción no sea tan evidente. En la primera lectura leemos: “diste a tus hijos la dulce esperanza de que, en el pecado, das lugar al arrepentimiento”. También en el salmo exclamamos: “Tú, Señor, eres bueno y clemente”.
Cristo ha vencido al maligno, le ha sometido instaurando el reino de los cielos, donde sólo Uno puede reinar. Algún día lo veremos con evidencia total en el cielo nuevo y la tierra nueva. Mientras tanto, nos toca esperar. O mejor dicho, vivir de la gran virtud teologal de la esperanza. No esperamos la victoria de Cristo, pues ha vencido ya por su muerte y resurrección; esperamos que esa victoria se manifieste en su plenitud y esplendor.
La virtud propia del sembrador es la esperanza. La hierba no crece rápido, y mucho menos los árboles. En el episodio de Astérix “La residencia de los dioses”, el druida Panorámix inventa unas semillas de crecimiento instantáneo para evitar que los romanos, talando árboles, construyan sus edificaciones. En ese cuento, basta plantar la semilla mágica para que crezca un árbol completo en décimas de segundo, para regocijo de Idéfix. Fuera de los cuentos, el crecimiento vegetal requiere de mucho tiempo.
También el enemigo sabe luchar a largo plazo, aunque no tiene tanta paciencia como el Señor. La cizaña estropea la calidad de la buena semilla y pone en peligro la cosecha de trigo. No pertenece a la cosecha buena, pero la afecta completamente, pues crecen juntas. Así es el pecado: no pertenece a la naturaleza humana —imagen y semejanza de Dios—, pero la afecta completamente.
En la vida real, nos encontramos muchas veces con situaciones similares: un campo en que junto al buen trigo, encontramos cizaña. Por ejemplo, en muchas situaciones familiares o de amistad, cuando hay problemas y pretendemos solucionarlos, corremos el riesgo de arrancar no sólo la cizaña (la envidia, el orgullo, la codicia), sino también la buena voluntad o la rectitud de intención salvable en las personas. Cuántas veces pensamos en “decirle a fulano esto y esto”, “cantarle las cuarenta” o “ponerle en su sitio”. No todo es cizaña, no todo es perverso: con una frecuencia mucho mayor de lo que pensamos, siempre hay algo que salvar. El Señor nos enseña a tener paciencia para salvar lo salvable, fomentarlo y afianzarlo. Quizá acompaña siempre la cizaña, pero al final, todo se cortará y se pondrá en su justo lugar.
La impaciencia, cuando se trata de avanzar en el bien, no es cosa buena. Tampoco en la vida interior, donde el campo del buen trigo tiene la cizaña del pecado. No podemos bastarnos a nosotros mismos, sino que con humildad, tenemos que reconocer que es Otro quien nos salva, cortando y separando lo bueno de lo malo. San Pablo lo dice con gran ternura: “El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene”.
Hoy es un buen día para pedir dos cosas. En primer lugar, esperanza en la victoria definitiva del bien. La segunda, saber distinguir siempre bien el trigo y la cizaña. Esto último es también don del Paráclito: ilumina los corazones y las mentes para movernos hacia la santidad, abandonando el pecado y la muerte. Sin duda, una de las mayores victorias del enemigo es el relativismo moral que impide distinguir el bien del mal, haciendo que muchos coetáneos nuestros anden como vagabundos por la vida, desorientados, faltos de una luz que guíe su existencia.
Señor, ¡no dejes de sembrar el buen trigo en nuestros corazones! ¡Ilumina nuestras vidas, multiplica los dones de tu gracia, para que encendidos de fe, esperanza y caridad, perseveremos fielmente en el cumplimiento de tu ley!
Archidiócesis de Madrid

La importancia de lo pequeño




Al cristianismo le ha hecho mucho daño a lo largo de los siglos el triunfalismo, la sed de poder y el afán de imponerse a sus adversarios. Todavía hay cristianos que añoran una Iglesia poderosa que llene los templos, conquiste las calles e imponga su religión a la sociedad entera.
Hemos de volver a leer dos pequeñas parábolas en las que Jesús deja claro que la tarea de sus seguidores no es construir una religión poderosa, sino ponerse al servicio del proyecto humanizador del Padre -el reino de Dios- sembrando pequeñas «semillas» de Evangelio e introduciéndolo en la sociedad como pequeño «fermento» de una vida humana.
La primera parábola habla de un grano de mostaza que se siembra en la huerta. ¿Qué tiene de especial esta semilla? Que es la más pequeña de todas, pero, cuando crece, se convierte en un arbusto mayor que las hortalizas. El proyecto del Padre tiene unos comienzos muy humildes, pero su fuerza transformadora no la podemos ahora ni imaginar.
La actividad de Jesús en Galilea sembrando gestos de bondad y de justicia no es nada grandioso ni espectacular: ni en Roma ni en el Templo de Jerusalén son conscientes de lo que está sucediendo. El trabajo que realizamos hoy sus seguidores parece insignificante: los centros de poder lo ignoran.
Incluso los mismos cristianos podemos pensar que es inútil trabajar por un mundo mejor: el ser humano vuelve una y otra vez a cometer los mismos horrores de siempre. No somos capaces de captar el lento crecimiento del reino de Dios.
La segunda parábola habla de una mujer que introduce un poco de levadura en una masa grande de harina. Sin que nadie sepa cómo, la levadura va trabajando silenciosamente la masa hasta fermentarla por completo.
Así sucede con el proyecto humanizador de Dios. Una vez que es introducido en el mundo va transformando calladamente la historia humana. Dios no actúa imponiéndose desde fuera. Humaniza el mundo atrayendo las conciencias de sus hijos hacia una vida más digna, justa y fraterna.
Hemos de confiar en Jesús. El reino de Dios siempre es algo humilde y pequeño en sus comienzos, pero Dios está ya trabajando entre nosotros promoviendo la solidaridad, el deseo de verdad y de justicia, el anhelo de un mundo más dichoso. Hemos de colaborar con él siguiendo a Jesús.
Una Iglesia menos poderosa, más desprovista de privilegios, más pobre y más cercana a los pobres siempre será una Iglesia más libre para sembrar semillas de Evangelio y más humilde para vivir en medio de la gente como fermento de una vida más digna y fraterna.
José Antonio Pagola

SOLO DIOS ES DIOS


MANDAMIENTO PRINCIPAL
El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas (Dt 6, 4-5).

PRINCIPIO DE SABIDURÍA
“No hay más Dios que tú, que cuidas de todo, para demostrar que no juzgas injustamente” (Sb 12, 13).

ORACIÓN DEL SALMISTA
“Grande eres tú y haces maravillas, tú eres el único Dios” (Sal 85).

APOTEGMA EVANGÉLICO
“Entonces los justos brillarán como el sol en el Reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga” (Mt 13, 43).

TEXTO PATRÍSTICO
“Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y único Señor” (San Agustín).

TEXTO MÍSTICO
“Nada te turbe, nada te espante, quien a Dios tiene nada le falta, solo Dios basta” (Santa Teresa).

CONFESIÓN
“Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso…”

CONSIDERACIÓN
Los que han creído en Dios nos manifiestan la mayor sabiduría, la de cruzar esta vida con la mayor libertad interior, por no perecer en ningún deísmo, no permanecer sujeto a ninguna idolatría esclavizante. Ellos nos enseñan a buscar enteramente a Dios (San Benito); a invocarlo como a único Señor: “Dios, Dios; Dios, mi todo (San Francisco de Asís); a poner en Él toda la esperanza: “Solo Dios, solo Dios” (San Rafael Arnáiz).


La fe en Dios es liberadora, consuela el alma, acompaña el corazón, y permite retornar siempre a los brazos entrañables de quien aguarda siempre a que lo amemos por Él mismo con el corazón unificado, haciendo de su voluntad nuestro camino, y compartiendo los dones que de Él hemos recibido.
Ángel Moreno de Buenafuente

Dejadlos crecer juntos hasta la siega




Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 24-30

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo:
«El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:
"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"
Él les dijo:
"Un enemigo lo ha hecho".
Los criados le preguntaron:
"¿Quieres que vayamos a arrancarla?"
Pero él les respondió:
"No, que, al recoger la cizaña podéis arrancar también el trigo. Dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero”».
Palabra del Señor.

sábado, 22 de julio de 2017

«En nombre de Dios, ni una muerta más»





«Queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan a su lado», afirma el cardenal Carlos Osoro en un vídeo contra el machismo difundido por la archidiócesis en el día de santa María Magdalena
«Como Iglesia, queremos que las mujeres víctimas de violencia nos sientan inequívoca, radical, efectiva, y afectivamente a su lado». Este es el deseo que expresa el cardenal Carlos Osoro en el vídeo de presentación de la nueva comisión diocesana Por una vida libre de violencia contra las mujeres. La iniciativa se presenta este 22 de julio, fiesta de santa María Madalena, y lleva por lema: «En nombre de Dios, ni una muerta más».
Julia Almansa, directora de la fundación Luz Casanova, es una de las integrantes de la comisión. «En el nombre de María Magdalena y del de tantas mujeres silenciadas, abusadas, violadas y asesinadas, la Iglesia de Madrid se compromete en la erradicación de la violencia contra la mujer y se suma a la denuncia y reivindicación civil para solicitar medidas sociales, económicas, legales y educativas que permitan terminar con esta lacra», explica.
Toman la palabra en el vídeo diversas personalidades de la Iglesia local, como la periodista María Ángeles López, el filósofo Luis Aranguren o el jesuita Pablo Guerrero, coordinador del Área Familia de la Compañía de Jesús en España.
«Como Iglesia, estoy en contra de la violencia contra las mujeres, y si te lo tengo que explicar es que tienes un problema», dice el sacerdote Agustín Rodríguez Teso.
Enrique Iglesias Bemúdez, de la Delegación de Pastoral Gitana, llama la atención sobre la tolerancia social hacia esta forma de violencia. «Si vuelvo la cara ante el maltrato de la mujer me convierto en cómplice», dice. Por su parte, el Delegado de Pastoral de Trabajo, Juan Fernández de la Cueva, advierte sobre el riego que corren muchas empleadas en el trabajo doméstico, donde «la mujer no tiene suficiente protección ante el acoso sexual machista».
La nueva comisión diocesana pertenece a la Vicaría de Pastoral Social e Innovación de Madrid. Su máximo responsable, José Luis Segovia, define la violencia machista «como una cobarde degradación del poder masculinoy como la máxima expresión de las relaciones de poder y desigualdad entre hombres y mujeres que hunden sus raíces en los excesos del patriarcado y considera a la mujer de segunda categoría».

22 de julio: santa María Magdalena, pecadora arrepentida



Era «una mujer pecadora que había en la ciudad» y se le perdonaron los pecados «porque había amado mucho».
El relato de san Lucas (7, 36-50) introduce a esta mujer en la historia de los hombres y ya estará en ella hasta el fin; de no ser por los Evangelios y por lo que Jesús hizo con ella, nadie la recordaría hoy; su vida habría pasado como un anónimo de baja calidad olvidado por todos. Leyendo la escena de lo que pasó en casa de Simón no se descubre su nombre; fue una delicadeza de autor tan humano y fino que no quiso ponerla en evidencia. Hizo bien, porque como la malicia de los hombres y mujeres con sus evidentes debilidades no tienen nada de atractivo ni de originalidad, prefirió resaltar la misericordia sin límite de Jesús. Luego, cuando ya no tuviera dentro «los siete demonios» que tuvo, sí sería oportuno escribir el nombre de María Magdalena, como hace Lucas en el capítulo siguiente.
Sin que pueda afirmarse de modo absoluto la identidad entre María Magdalena, la pecadora sin nombre, con la hermana de Lázaro y de Marta que se llamaba María a la que habría de suponer una época de extravíos juveniles, parece que la coincidencia de rasgos comunes en los relatos evangélicos –preferencia por los pies de Jesús y ser amiga de ungüentos perfumados–, justifican la fusión que de ambas figuras hace la tradición cristiana como queda expresada en la liturgia y en el martirologio.
Quizá fue un reproche de Jesús lo que la llevó al cambio, pero no lo sabemos; o a lo mejor fue una mirada de Jesús encontrada en alguno de aquellos momentos en los que la había situado su curiosidad por desear ver al joven Rabí de Nazaret; o la afirmación agresiva que hizo Jesús –para aclarar la mente de los que pensaban que eran buenos– de que «los publicanos y las prostitutas os precederán en el reino de los Cielos». El caso es que comenzó a sentirse incómoda consigo misma desde que le escuchó aquello de «bienaventurados los limpios» que verían a Dios. Hablaba mucho Jesús de la misericordia divina y, sin poderlo explicar, María no podía distraerse del deseo vehemente de estar cercana; le parecía que nadie hasta entonces entendía tanto de las profundidades de ese corazón bueno de Dios y ella comenzó a notar en su interior un deseo acuciante de bondad y de bien. El Nazareno disfrutaba hablando de la misericordia divina con los pecadores, rompió las reglas de juego admitiendo entre sus amigos a indeseables, y hasta dijo aquella verdad de que el médico está para los enfermos, que lo sanos no lo necesitan. María se siente colocada frente a sí misma; comenzó a darle asco su vida. La enseñanza variopinta del Maestro hablaba del padre bueno que espera la vuelta del hijo que se fue, y del pastor que busca cuidadoso a la oveja que se extravió. La de Magdala ya no se soporta; no puede sufrir el pensamiento de su propio espectáculo a pesar de su ansia vehemente de triunfos y halagos; se rebela contra su situación actual al tiempo que escucha a Jesús que hablaba de Dios –el mismo de siempre, pero sin palo–, como un padre lleno de comprensión. La mujer siente su orgullo encabritado, pero la gracia va abriéndose camino; solo hacía falta querer dar un paso, porque los pecados pesan ahora como una atadura insoportable.
Ni se lo pensó. Entró como a escondidas con un vaso de alabastro lleno de perfume, sin deseo de llamar la atención, y sin conseguir pasar desapercibida. Quiso pedir perdón y no pudo; se arrastró; no le salían palabras; solo es capaz de llorar, besar los pies y secar lo mojado con sus cabellos manejados con arte. Aturdida por tan extraña situación, le pareció oír que el joven Rabí la defendía de Simón con palabras pausadas y voz serena. Después vino el gozo al escuchar «tu fe te ha salvado, vete en paz».
Libre y renovada, flotando en bondad, se une al grupo de mujeres que le asisten en el ministerio mesiánico, y ya no dejará jamás a Jesús, ni siquiera cuando le escuche que deberá comer su carne y beber su sangre, ni se unirá a la cobarde deserción de sus amigos en el momento del Calvario. Vive una felicidad indecible.
Galilea, Judea, Decápolis y Fenicia. En Judea, el ambiente se iba enrareciendo; ella no sintió miedo, ni entendió cómo podían tenerlo los discípulos. Pero aquello pasó, aunque María no lo tuviera previsto y hasta le pareciera la pesadilla de un sueño embustero, ¡habían apresado al Maestro! Si solo ha hecho el bien, si es tan bueno, si no hizo mal, si ayuda a los pobres, si se desvive por los enfermos, si dice verdades, si habla del Cielo… Su actuación fue la misma por todas partes. ¿No curó al paralítico? ¿Qué hizo con el ciego? ¿No sanó leprosos? ¡Dio vida a la niña, al chico de Naín, a Lázaro! Alimentó a miles con pocos panes y peces, libró a endemoniados… tantas y tantos vivían contentos gracias e él.
Ya han levantado la cruz. El Gólgota está oscuro y con truenos. Se le escucha perdonando, que es lo suyo. Y hace promesa del Reino al ladrón y asesino que se arrepiente; sí, ese es su estilo. María mira y no entiende, mira y se avergüenza. La antigua profecía: «Mi siervo ha tomado sobre sí los pecados de todos» fue como un relámpago en su mente que le hizo entrever algo del misterio. Era descubrir el precio de sus pecados, la malicia de sus hechos. Y muchas lágrimas, algún grito, todo es desconsuelo mientras hipa a moco tendido. La mano de la madre del crucificado puesta en su hombro venía a darle paz; el rostro de aquella mujer con lloro sosegado le hizo entender que no tenía derecho a expresar más dolor del que sufría la propia madre del muerto.
Cuando lo desclavaron y lo bajaron, casi no tuvieron tiempo para prepararlo y así lo tuvieron que enterrar. María Magdalena tiene la cabeza confusa y lleva un propósito en el pecho: cuando pasase el descanso sabático, moriría al lado de Jesús, quedándose junto al sepulcro.
Allá iba el domingo entre dos luces, con más ungüentos aromáticos, acompañada de un grupo pequeño de mujeres. La puerta está abierta, ¡han violado la tumba y no está su cuerpo! Corre al cenáculo y corren también Juan y Pedro. Todos se alborotan y regresan con el corazón en un puño, plasmada la incertidumbre en los rostros y con más miedo dentro. María se queda sola con su desventura; ya no le queda ni siquiera el cuerpo de Jesús muerto.
Le dice al hortelano que lo buscará y lo traerá. Solo una palabra en tono especial la revuelve para poder ella responder de modo increíble a lo humano: Rabboni, Maestro mío. Hay un nuevo intento de agarrarse a sus pies y la alegría indescriptible de testificar como un huracán que ha visto vivo al que estuvo muerto.
A partir de este momento, ya no se vuelve a hablar en el Evangelio más de María Magdalena.
Después quedó la leyenda –clara en sus justos términos– parloteando de sus posibles, imaginados o deseados pasos por el mundo, apartada en el desierto o llegando en diáspora judía hasta las playas de Marsella. Yo prefiero quedarme con la estampa que cierra su vida el Evangelio hasta que la salude personalmente en el cielo. ¿Podrá hacerse eso?
Archimadrid.org

Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?



Lectura del santo Evangelio según san Juan 20, 1. 11-18
El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro.
Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo:
«Se han llevado del sepulcro al señor y no sabemos dónde lo han puesto».
Estaba María fuera, junto al sepulcro, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús.
Ellos le preguntan:
«Mujer, ¿por qué lloras?».
Ella les contesta:
«Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto».
Dicho esto, se vuelve y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús.
Jesús le dice:
«Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?».
Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta:
«Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré».
Jesús le dice:
«¡María!».
Ella se vuelve y le dice:
«¡Rabboni!», que significa: «¡Maestro!».
Jesús le dice:
«No me retengas, que todavía no he subido al Padre. Pero anda, ve a mis hermanos y diles: "Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro"».
María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».
Palabra del Señor.

JMJ Panamá 2019: será la “Cinta Costera Uno” el sitio elegido para los encuentros con el Papa

El sitio elegido para los Actos Centrales de la JMJ será la Cinta Costera Uno, este será el principal lugar para los encuentros de la próxima Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), Panamá 2019, en programa del 22 al 27 de enero de ese año. Así lo dio a conocer Mons. José Domingo Ulloa Mendieta, Arzobispo de Panamá.
“Es importante destacar que cuando se generó la consulta con las Conferencias Episcopales del mundo entero, afirmó el Prelado, todas consideraron que la Cinta Costera es la opción que más se acerca a los espacios donde se han realizado otras Jornadas anteriores”. Además, se contó con la apreciación e importante evaluación de la Gendarmería del Vaticano, cuyos especialistas consideraron que la Cinta Costera es apta para garantizar la seguridad de Su Santidad, de la misma forma que cumple con la sencillez y los requerimientos que el Papa Francisco ha pedido”.
Entre los principales aspectos que se tomaron en cuenta para la decisión en el análisis preliminar – precisó el Arzobispo – fue la capacidad para albergar a los peregrinos en los actos centrales; la cantidad adecuada de accesos; la administración de emergencias y la gestión con los residentes.
El Comité Organizador Local (COL) de la JMJ 2019 se está preparando para recibir en la Cinta Costera un promedio de 375 mil peregrinos inscritos, tanto nacionales como internacionales. Para quienes no participen como peregrinos oficiales – se señala – se habilitarán espacios complementarios dentro y fuera de la Cinta Costera, de manera que también puedan compartir de la mejor manera la riqueza de los actos principales, pero tendrán prioridad los inscritos.
Una vez evaluado esto en conjunto con el equipo del Estado panameño, iniciamos el  periodo de profundización y afinamiento de los planes de ejecución, alineados con la intención del Santo Padre en que este encuentro con los jóvenes del mundo, con sede en Ciudad de Panamá, se dé de acuerdo a la realidad centroamericana, y atendiendo al mínimo impacto ambiental en tan importante obra de la ciudad, cumpliendo con los principios de austeridad.
(Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

viernes, 21 de julio de 2017

“Nunca digas nunca” responde Francisco a un niño que le invita a una peregrinación



“¡Nunca digas nunca!”. Este es el consejo que el papa Francisco le dio a un niño de nueve años de edad, Andrea, que le invitó a una peregrinación.  Y añadió que para él “estar con los niños es la alegría más grande” que hay.
Lo informó hoy el diario italiano on-line ‘Il sussidiario‘, precisando que Andrea le había escrito diciéndole que el regalo de su primera comunión fue una peregrinación al santuario de Loreto.
“Estimado Andrea, fue hermoso recibir tu carta y saber de tu rica aventura vivida con la Unitalsi en la peregrinación a Loreto para los niños”, escribió el Pontífice.
El Santo Padre extiende su agradecimiento a los amigos de Loreto y revela: “Alguien me dijo que antes de mandar la carta la has leído a tus amigos, y cuando le has preguntado si estaban contentos de que me la enviarías, ellos aplaudieron con fuerza”. El sucesor de Pedro señala también que vio la foto que le hicieron llegar. “Los bendije de corazón” a ellos, sus papás, los voluntarios y sacerdotes responsables del Unitalsi, escribió el Papa.
La Unitalsi es una institución italiana que se ocupa del transporte de los enfermos a Lourdes y a otros santuarios, que se basa principalmente en la labor de médicos, enfermeros y voluntarios.
ZENIT

La Iglesia en Madrid pone en marcha una comisión contra la violencia de género



La Iglesia en Madrid ha puesto en marcha una comisión Por una vida libre de violencia contra las mujeres. Se da a conocer en el marco de la festividad de María Magdalena (22 de julio), mujer referente «porque en ella vamos a encontrar la imagen de muchas mujeres que sufren violencia»
En los cinco primeros meses de 2017 siete mujeres –de las 31 que se conocen hasta hoy– fueron asesinadas en Madrid, que capitanea la lista de muertes por violencia machista del año, seguida por Barcelona, Alicante y Toledo. Desde 2003, la Comunidad de Madrid encabeza el mapa de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas con una cifra de 95 fallecidas, algunas con denuncias previas, otras sin ellas. También en 2016, la capital fue la tercera comunidad –solo adelantada por Valencia y Andalucía– con más mujeres inscritas en el registro central de víctimas de violencia de género del Ministerio de Justicia. En total, 3.200 solicitaron una orden de protección o medidas cautelares.
El Papa Francisco, tanto en Evangelii gaudium como en Amoris laetitia, condena la violencia contra las mujeres, a la que define como «una cobarde degradación del poder masculino». A esta condena se suma la archidiócesis de Madrid, que a finales de 2016 organizó las primeras jornadas a nivel diocesano sobre violencia machista. En su discurso, el vicario de Pastoral Social e Innovación, José Luis Segovia, afirmó que «la Iglesia toma partido de manera absoluta e incondicional por las víctimas» y reconoció que, «en nuestro propio seno, tenemos a no pocas mujeres maltratadas y también maltratadores». La prioridad para la diócesis, aseguró, «es ayudar a desclavar a estas mujeres de sus cruces y denunciar a los hombres que sin escrúpulos las han clavado en ellas».
Pepa Torres, religiosa apostólica del Sagrado Corazón, reconoce que «ya era hora de que la Iglesia tomase partido a nivel institucional para que las mujeres víctimas de violencia la sientan inequívoca, radical, afectiva y efectivamente a su lado, ya que no es admisible ninguna forma de abuso o agresión hacia las mujeres». Es cierto que «siempre ha habido cristianos comprometidos contra la violencia, pero había que hacer un trabajo de sensibilización y denuncia hacia el interior, y también hacia el exterior».
Una nueva comisión
Por eso acaba de ver la luz la comisión diocesana Por una vida libre de violencia contra las mujeres, que pertenece a la Vicaría de Pastoral Social e Innovación y que se da a conocer en el marco de la festividad de María Magdalena –22 de julio– «mujer a la que, en ocasiones, se le ha dado el papel de prostituta y que ha sido poco considerada. Nosotras la queremos poner de relieve, porque en ella vamos a encontrar la imagen de muchas mujeres que sufren violencia. Como a María Magdalena, las queremos visibilizar, darles el papel que tienen que tener en la Iglesia y en la sociedad», afirma Julia Almansa, directora de la Fundación Luz Casanova y miembro, junto a Torres y otras cinco mujeres, de la comisión.
Todo surgió a raíz de las primeras jornadas contra la violencia hacia la mujer. «Vimos la necesidad de hacer un trabajo continuo, como diócesis», señala Almansa. El primer paso será la difusión de un vídeo al que todos los madrileños podrán sumarse con un mensaje claro: «En nombre de Dios, ni una muerte más. Dios nos quiere vivas». El segundo paso será que «el día 22 las redes sociales se llenen de mensajes en los que la Iglesia se posiciona claramente y de manera radical contra la violencia y en el acompañamiento a las víctimas».
Este acompañamiento requiere una formación previa. Por eso, es clave en la propuesta de la comisión «trabajar en las parroquias y comunidades eclesiales para acercar las situaciones que están viviendo las víctimas», señala la directora de Luz Casanova. Un trabajo que se hará a partir de septiembre, y no sin dificultades en ocasiones, ya que «no siempre el papel de la Iglesia en este tema ha sido de desvelar, sino a veces de ocultar o de animar a las mujeres a la resignación. Por eso, nuestra labor es recordar que la violencia contra la mujer es contraria al Evangelio», añade Pepa Torres. «Queremos fomentar el buen trato, cómo son las relaciones igualitarias que te hacen crecer y cómo son las relaciones con un trato que te impide desarrollarte».
No es crear una red paralela
La comisión no tiene como objetivo «crear una red paralela de atención, porque ya existe y además nos sumamos a ella activamente», explica Inés Abril, también miembro de la comisión, trabajadora social y experta en temas de violencia contra la mujer. Lo que busca la nueva propuesta del Arzobispado de Madrid es «que los agentes pastorales tengan herramientas para detectar una posible víctima cuando alguien se acerca a la parroquia, que sepan sostener la conversación y derivar le caso. Que la víctima se sienta cómoda en este espacio, que se sepa que se la va a acoger, que no se la va a revictimizar», continúa Abril. Así, añade Torres, «romperemos por fin ese imaginario que muchos tienen de la Iglesia y de los cristianos de una postura tibia y de complicidad frente a la violencia. Aquí estamos para desmontar esa idea y sumarnos a las iniciativas de la sociedad civil que luchen contra esta lacra».
Cristina Sánchez Aguilar
@csanchezaguilar

Cáritas, servidora de los pobres



«Desvelar la situación de nuestros hermanos más frágiles es un deber de justicia que para nosotros es la medida mínima de la caridad»
Venimos de años en los que las necesidades sociales y económicas han sido muy duras para muchas familias. Durante este tiempo, Cáritas, como Iglesia samaritana, ha tratado de estar presente acompañando a las personas que sufren la pobreza en todas sus dimensiones. En el momento actual la mejoría de algunos indicadores socioeconómicos, y su correspondiente repercusión directa sobre las condiciones de vida de muchas personas, nos plantea un escenario más positivo, aunque esta tendencia resulta insuficiente para muchas de ellas todavía.
El año pasado atendimos a casi dos millones de personas en España con necesidades sociales intensas, y a otros dos millones fuera de nuestro país, desde los proyectos de Cooperación Internacional. Esta cercanía diaria es el mayor análisis de la realidad que podemos compartir. Conocemos la realidad de las familias desde el encuentro cotidiano que las 84.000 personas voluntarias realizan en las parroquias y centros sociales de la Iglesia. El Papa Francisco definió a Cáritas como «la caricia de la Iglesia a su pueblo», y nosotros queremos seguir siendo abrazo comprensivo a todas ellas. Sin duda, nuestra principal tarea es aliviar el sufrimiento concreto de las personas desde una caridad encarnada que se alimenta del Evangelio, y así lo seguiremos haciendo con todas nuestras fuerzas.
Pero la caridad cristiana, además de aliviar las necesidades, se ve impulsada a promocionar a las personas. En un contexto de desempleo amplísimo, a pesar de su considerable disminución, intervenir para que las personas más excluidas tengan acceso a un empleo es una prioridad de una «caridad inteligente» (Benedicto XVI) atenta a los signos de los tiempos. El pasado año, casi 17.000 personas accedieron a un empleo desde los programas de Cáritas.
No es un programa nuevo para la Iglesia, porque hace más de cuarenta años los llamados programas de lucha contra el paro se hicieron realidad en la mayoría de las diócesis en España para promocionar a las personas desempleadas.
Asimismo, tal y como recogen nuestros obispos en la instrucción pastoral Iglesia, servidora de los pobres, somos llamados a «un compromiso social que sea transformador de las personas y de las causas de las pobrezas, que denuncie la injusticia, que alivie el dolor el sufrimiento y sea capaz también de ofrecer propuestas concretas que ayuden a poner en práctica el mensaje transformador del Evangelio y asumir las implicaciones políticas de la fe y de la caridad» (n 40). La caridad no solo nos impulsa a la ayuda asistencial y promocional de las personas, sino también a un ejercicio transformador del individuo y de las causas de las pobrezas. La pobreza no es fruto del azar y la casualidad. La pobreza surge de procesos sociales, éticos y económicos que debemos afrontar para paliar sus efectos o para cambiar sus impactos. En este escenario, tal como venimos haciendo hace más de cincuenta años, Cáritas, desde la Fundación Foessa, analiza y evalúa la realidad social desde los efectos que tiene en los hogares más vulnerables. Informes que, a veces, son criticados desde diversas instancias. Tampoco es nada nuevo, porque desde el primer informe, que fue censurado en los años setenta, el resto han sido alabados por muchos y criticados por otros. Se nos atribuye agrandar los problemas sociales existentes y se obvia, por ejemplo, que mientras que en los años más duros de la crisis, en Cáritas señalábamos la existencia de doce millones de personas en riesgo de exclusión en España, el Instituto Nacional de Estadística y la oficina estadística de la UE hablaban de bastantes más. Desvelar la situación de nuestros hermanos más frágiles es un deber de justicia que para nosotros es la medida mínima de la caridad. Porque como afirmaba la Gaudium et Spes la «regla de la justicia es inseparable de la caridad» (n 69).
El reto no es pequeño. No siempre seremos reconocidos y puede que lleguemos a decepcionar a algunos. En ocasiones, también nos equivocaremos y tendremos que asumir nuestros errores para enmendarlos. Pero, tal como nos recordaba Juan Pablo II en Sollicitudo rei socialis, al «ministerio de evangelización en el campo social, que es un aspecto de la función profética de la Iglesia, pertenece también la denuncia de los males y de las injusticias»(n 41). Y continuaba alentándonos a que la denuncia fuera acompañada del anuncio profético que especialmente se revela en los rostros de las personas que acompañamos desde una espiritualidad encarnada.
Seguimos necesitando muchas manos que acaricien el dolor del mundo, recursos para mantener nuestros proyectos, seguimos precisando personas e instituciones con ideas para generar inclusión social y queremos construir esferas de debate público sobre las causas de la pobreza. Te necesitamos a ti, amable lector, para poder mantenernos a flote y seguir el rumbo de nuestra navegación: ser «servidora de los pobres».
Manuel Bretón, presidente de Cáritas Española
Alfa y Omega

«La depresión es una herida por la que puede entrar el amor de Dios»



La periodista italiana Milly Gualteroni trabajaba para las revistas Panorama, Vogue o Cosmopolitan. Se movía en los ambientes más sofisticados de Milán, pero pocos sabían que estaba enganchada a los fármacos y que arrastraba una depresión desde su juventud, debido a los suicidios de su padre y de su hermano y a otros traumas, como una violación. Cuenta su sanación y su conversión en Arrancada del abismo (Voz de Papel)
Santa Teresa decía que un santo triste es un triste santo. ¿No tenemos derecho a sentirnos tristes en algún momento de nuestra vida?
El ser humano está hecho de emociones y sentimientos, y entre ellas también está la tristeza. Lo que es diabólico es alimentar la tristeza, transformarla en un modo de vivir. El cristiano que de verdad vive en Cristo no puede no sentir la llamada de la alegría y de la vida verdadera, y eso ayuda a transfigurar todo sentimiento de tristeza que pueda nacer de manera instintiva en nosotros.
Entonces, un creyente no está vacunado ante la depresión…
La depresión no puede ser vivida como una culpa. Es una enfermedad que tiene causas múltiples y variadas, y ser creyente no previene necesariamente la posibilidad de caer en una depresión. La fe en Dios no es vacuna suficiente. Pero quien sabe que «cada uno de nuestros cabellos está contado» sabe también que cada circunstancia es una ocasión para seguir, a veces de manera misteriosa, las huellas de Jesús. Nada enseña tanta humildad y previene contra el orgullo, nada nos muestra nuestra total dependencia y nos educa en nuestra pobreza radical, como una depresión.
Para usted, la depresión ha sido «mi llamada hacia Dios»…
La depresión es una forma de sufrimiento físico, que tiene repercusión en la bioquímica cerebral. Yo intuí esto una vez que estuve internada en una clínica psiquiátrica. Entendí que Dios me estaba llamando. Cuando el hombre sufre entra en el misterio de la Cruz, esa es mi experiencia personal. Esta sociedad no cristiana nos ha hecho olvidar la relación fundamental con quien nos ha creado, y por eso no buscamos su ayuda. De ahí que la depresión puede ser una herida a través de la cual puede entrar el amor misericordioso de Dios, que te da calor, que te sana, que te envuelve.
Usted afirma que «el amor de Dios cura». ¿En qué consiste esta sanación? ¿Es completa y definitiva? ¿Es un camino que recorrer?
A la vuelta de un viaje a Lourdes me di cuenta de que estaba como fracturada por dentro, debido a que había pasado muchos años alejada de Dios. Esta lejanía puede ser sanada solo cuando volvemos a Él. Para mí fue una restauración de algo que se rompió de niña, cuando me alejé de la dimensión sobrenatural que todos tenemos. En cualquier caso, en paralelo a esta sanación del amor de Dios, es fundamental seguir un camino terapéutico con un profesional.
¿En qué medida las ciencias humanas –psiquiatría, psicología, terapia, los fármacos– pueden ayudar a sanar una depresión?

En lo que tiene que ver con mi experiencia, fue fundamental el retornar a Dios y recuperar el sentido auténtico de la vida. Pero no es suficiente, porque yo tenía heridas profundas que me marcaron y me hicieron vivir con un modo de pensar equivocado. Cambiar la forma de pensar y de vivir requiere mucho empeño y la ayuda de un profesional adecuado.
También es importante saber que uno puede hacer mucho por uno mismo. El deprimido suele ser una persona herida que acusa instintivamente a otros de su mal. Yo misma acusaba a mi padre y a mi hermano por sus suicidios, al hombre que me violó… Pero uno tiene que darse cuenta y decir: «Mi vida es mía, y yo me hago cargo de ella y del peso de mi sufrimiento». A mí me impresionan las palabras del Evangelio: «Venid a Mí los que estéis cansados y agobiados, que yo os aliviaré. Tomad sobre vosotros mi yugo y aprended de Mí». Coger la cruz de la depresión para seguir a Jesús al final puede ser algo ligero.
¿Hay sitio entonces para Dios en las consultas?
El paciente psiquiátrico ha sido reducido por la psiquiatría moderna a un conjunto de síntomas. Los fármacos no curan, solo controlan los síntomas hasta un punto. Hay multitud de profesionales que no consideran el camino interior de la persona para su sanación, cuando en realidad la dimensión espiritual es fundamental en el hombre. La psiquiatría y la terapia psicológica funcionan mejor cuando tienes la base del amor de Dios, estoy convencida.
Usted reconoce haber tenido varios intentos de suicidio. En Europa, esta es ya la primera causa de muerte entre los adolescentes. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué a los más jóvenes?
En mi provincia, los casos de suicidio son el doble de la media nacional, y la edad de es cada vez es más baja. Yo hablo a menudo a los adolescentes, y creo que en la raíz de esto está la pérdida de identidad colectiva. Hay un vacío existencial en el que crecen los niños. Las tradiciones se han perdido completamente, no tienen raíces en absoluto, especialmente la tradición familiar y la religiosa. No tienen detrás una razón de ser en el mundo. Cuando hablo con ellos les planteo las preguntas fundamentales: «¿De dónde venimos? ¿Para qué vivimos? ¿Dónde vamos?» Y ellos no saben responderlas. No saber qué responder a esto supone no tener la base fundamental de la vida de cualquier ser humano, y conlleva el riesgo de caer en una fragilidad extrema. Las nuevas generaciones crecen sin modelos de referencia, muchos tienen solo un padre o una madre, a quien apenas ven porque están absorbidos por el trabajo. Los niños llegan a casa y pasan muchas horas solos, no saben qué hacer, ven la tele, se meten en la realidad virtual… Ni siquiera bajan a la calle para jugar con otros niños. Es la destrucción del proyecto de Dios para ellos. Creo que es esto lo que está pasando hoy con los jóvenes.

Juan Luis Vázquez
Alfa y Omega