jueves, 24 de noviembre de 2016

COMENTARIO AL EVANGELIO DE SAN LUCAS (21,20-28) POR SAN AGUSTÍN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA





«Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación» (Lc 21,28).

“Vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra.”(Sal 95,12-13). El Señor vino una primera vez y vendrá de nuevo. Ha venido una primera vez “sobre las nubes” (Mt 26,64) en su Iglesia. 

¿Cuáles son las nubes que lo trajeron? Los apóstoles, los predicadores…; ha venido una primera vez traído por sus predicadores y ha llenado la tierra. ¡No nos resistamos a su primera venida para no temer la segunda!…

¿Qué tiene que hacer, pues, el cristiano? Usar del mundo pero no servir al mundo. ¿En qué consiste esto? “Poseer como si no poseyera.” (cf 1Cor 7,30). 

Esto es lo que dice San Pablo: “Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante. Queda como solución que… los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él. Porque la representación de este mundo se termina. Quiero que os ahorréis preocupaciones.” (cf 1Cor 7,29ss) 

El que está libre de toda preocupación espera con seguridad la venida del Señor. Porque ¿es posible amar al Señor si se teme su venida? Hermanos míos ¿no os da vergüenza? Lo amamos ¿y tememos su venida? ¿Lo amamos de verdad, o bien amamos más nuestros pecados? Aborrezcamos, pues, nuestros pecados y amemos a Aquél que ha de venir…

“Vitoreen los campos y cuanto hay en ellos, aclamen los árboles del bosque, delante del Señor, que ya llega, ya llega a regir la tierra.” (Sal 95,12) Porque el Señor ha venido una primera vez… Ha venido y vendrá para juzgar la tierra. Entonces encontrará llenos de alegría a todos aquellos que habrán creído en su primera venida.
(Del Discurso sobre los Salmos - Salmo 95, n. 14).

LEVANTAOS, ALZAD LA CABEZA, SE ACERCA VUESTRA LIBERACIÓN




Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,20-28):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que entonces está cerca su destrucción.

Entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; los que estén en medio de Jerusalén, que se alejen; los que estén en los campos, que no entren en ella; porque estos son “días de venganza” para que se cumpla todo lo que está escrito.

¡Ay de las que estén encintas o criando en aquellos días!
Porque habrá una gran calamidad en esta tierra y un castigo para este pueblo.

“Caerán a filo de espada”, los llevarán cautivos “a todas las naciones”, y “Jerusalén será pisoteada por gentiles”, hasta que alcancen su plenitud los tiempos de los gentiles.

Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas.

Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».

Palabra del Señor

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Dar un buen consejo y enseñar a quien no sabe son actos de amor. Catequesis del Papa


El papa Francisco, en la audiencia general de este miércoles, ha reflexionado sobre dos obras de la misericordia: dar buen consejo al que lo necesita y enseñar al que no sabe. De este modo, ha recordado que la Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la exigencia de comprometerse en el ámbito de la educación porque su misión de evangelización conlleva el compromiso de restituir la dignidad a los pobres. Además, el Santo Padre ha reconocido que “expresar la misericordia hacia los que tienen dudas” equivale a “calmar ese dolor y ese sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son consecuencias de la duda”. Es por lo tanto  –ha explicado– un acto de verdadero amor con el que se pretende apoyar a una persona en la debilidad provocada por la incertidumbre.
Publicamos a continuación el texto completo de la catequesis del Papa
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
La reflexión sobre las obras de misericordia espiritual se refiere hoy a dos acciones fuertemente unidas entre ellas: dar buen consejo al que lo necesita y enseñar al que no sabe. Son obras que se pueden vivir tanto en una dimensión sencilla, familiar, a mano de todos, tanto –especialmente la segunda, la de enseñar– como en el plano más institucional, organizado. Pensemos por ejemplo en cuántos niños sufren todavía analfabetismo, falta de instrucción. Es una condición de gran injusticia que socava la dignidad misma de la persona. Sin instrucción después se convierten fácilmente en presa de la explotación y de varias formas de malestar social.
La Iglesia, a lo largo de los siglos, ha sentido la exigencia de comprometerse en el ámbito de la educación porque su misión de evangelización conlleva el compromiso de restituir la dignidad a los pobres. Desde el primer ejemplo de una “escuela” fundada precisamente aquí en Roma por san Justino, en el siglo II, para que los cristianos conocieran mejor la sagrada Escritura, hasta a san José de Calasanz, que abrió las primeras escuelas populares gratuitas de Europa, hemos tenido una larga lista de santos y santas que en varias épocas han llevado educación a los más desfavorecidos, sabiendo que a través de este camino podían superar la miseria y las discriminaciones. Cuántos cristianos, laicos, hermanos y hermanas consagradas, sacerdotes, han dado la propia vida en la educación, en la educación de los niños y de los jóvenes. Esto es grande: ¡os invito a hacerles un homenaje con un gran aplauso! [aplauso de los fieles]. Estos pioneros de la educación habían comprendido a fondo la obra de misericordia e hicieron un estilo de vida tal que transformaron la sociedad. ¡A través de un sencillo trabajo y pocas estructuras han sabido restituir la dignidad a muchas personas! Y la educación que daban estaba a menudo orientada también al trabajo. Es así que han surgido muchas y diferentes escuelas profesionales, que preparaban para el trabajo mientras que educaban en los valores humanos y cristianos. La educación, por lo tanto, es realmente una forma peculiar de evangelización. Cuanto más crece la educación, las personas adquieren más certezas y conciencia, que todos necesitamos en la vida. Una buena educación nos enseña el método crítico, que comprende también un cierto tipo de duda, útil para proponer preguntas y verificar los resultados alcanzados, en vista a una conciencia mayor. Pero la obra de misericordia de aconsejar a los que tienen dudas no se refiere solo a este tipo de dudas. Expresar la misericordia hacia los que tienen dudas equivale, sin embargo, a calmar ese dolor y ese sufrimiento que proviene del miedo y de la angustia que son consecuencias de la duda. Es por lo tanto un acto de verdadero amor con el que se pretende apoyar a una persona en la debilidad provocada por la incertidumbre.
Pienso que alguno podría decirme: “Padre, pero yo tengo muchas dudas sobre la fe, ¿qué debo hacer? ¿Usted no tiene nunca dudas?” Tengo muchas… ¡Es verdad que en algunos momentos nos vienen dudas a todos! Las dudas que tocan la fe, en sentido positivo, son un signo de que queremos conocer mejor y más profundamente a Dios, Jesús, y el misterio de su amor hacia nosotros. “Pero, yo tengo esta duda: busco, estudio, veo o pido consejo sobre qué hacer”. ¡Estas son las dudas que hacen crecer! Es un bien, por tanto, que nos hagamos preguntas sobre nuestra fe, porque de esta manera estamos empujados a profundizarla. Las dudas, sin embargo, también se superan. Por eso es necesario escuchar la Palabra de Dios, y comprender lo que nos enseña. Un camino importante que nos ayuda mucho en esto es el de la catequesis, con la que el anuncio de la fe viene a encontrarnos en lo concreto de la vida personal y comunitaria. Y hay, al mismo tiempo, otro camino igualmente importante, el de vivir lo más posible la fe. No hacemos de la fe una teoría donde las dudas se multiplican. Hagamos más bien de la fe nuestra vida. Tratemos de practicarla en el servicio a los hermanos, especialmente a los más necesitados. Y entonces muchas dudas desaparecen, porque sentimos la presencia de Dios y la verdad del Evangelio en el amor que, sin nuestro mérito, vive en nosotros y compartimos con los otros.
Como se puede ver, queridos hermanos y hermanas, tampoco estas dos obras de misericordia son lejanas a nuestra vida. Cada uno de nosotros puede comprometerse a vivirlas para poner en práctica la palabra del Señor cuando dice que el misterio de amor de Dios no se ha revelado a los sabios y a los inteligentes, sino a los pequeños (cfr Lc 10,21; Mt11,25-26). Por lo tanto, la enseñanza más profunda que estamos llamados a transmitir es la certeza más segura para salir de dudas, es el amor de Dios con el que hemos sido amados (cfr 1 Gv 4,10). Un amor grande, gratuito y dado para siempre. ¡Dios nunca da marcha atrás con su amor! Va siempre adelante y espera; dona para siempre su amor, del que debemos sentir fuerte la responsabilidad, para ser testigos ofreciendo misericordia a nuestros hermanos. Gracias.

 Zenit

La Santa Sede lanza el portal del Óbolo de San Pedro


Desde este 21 de noviembre está en red el portal del Óbolo de San Pedro www.obolodisanpietro.va, lo informa en un comunicado de prensa la Secretaría de Estado de la Santa Sede.
A la colecta que tradicionalmente se desarrolla en todo el mundo católico en la Solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y que representa la ayuda económica que los fieles ofrecen al Santo Padre para las necesidades de la Iglesia Universal y para las obras de caridad a favor de los más necesitados, se agrega ahora la posibilidad de una más amplia participación.
La antigua iniciativa de solidaridad llega a internet a través de un sitio dedicado y completamente nuevo, disponible en italiano, inglés y español. El portal será actualizado con imágenes y palabras del Papa Francisco y pronto será traducido en otros idiomas.
El sitio, nacido por voluntad de la Santa Sede, es el fruto de una importante sinergia entre la Gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, la Secretaría para la Comunicación y el Instituto para las Obras de Religión.
Además de los contenidos, se ha trabajado con gran atención en la parte técnica y la navegabilidad del sitio, dirigido a los fieles de todo el mundo, que podrán así profundizar sobre el significado de su gesto y ofrecer, también en línea, su aporte concreto a las obras de misericordia, de caridad cristiana, de paz y de ayuda a la Santa Sede.

CANTAD AL SEÑOR UN CÁNTICO NUEVO PORQUE HA HECHO MARAVILLAS



Del Salmo 97: 

 Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Cantad al Señor un cántico nuevo,
porque ha hecho maravillas.
Su diestra le ha dado la victoria,
su santo brazo. 

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

El Señor da a conocer su salvación,
revela a las naciones su justicia:
se acordó de su misericordia y su fidelidad
en favor de la casa de Israel.

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Retumbe el mar y cuanto contiene,
la tierra y cuantos la habitan;
aplaudan los ríos,
aclamen los montes.

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Al Señor, que llega
para regir la tierra.
Regirá el orbe con justicia
y los pueblos con rectitud.

Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

COMENTARIO DE SAN AMBROSIO DE MILÁN, OBISPO Y DOCTOR DE LA IGLESIA, AL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS (21,12-19):



«Os echarán mano, os perseguirán… por causa de mi nombre» (Lc 21,12).

¿En qué son justos los juicios de Dios? En el sentido de que es por el esfuerzo y las pruebas como se alcanza la recompensa del cielo. De la misma manera que por el juicio de los hombres el premio se atribuye a los atletas que combaten, lo mismo la palma de la victoria es concedida por el juicio de Dios a los cristianos que luchan (cf 1Co 9,25). “Al vencedor le concederé sentarse conmigo en mi trono”, dice el Señor (Ap 3,21).

Así como el metal es refinado por el fuego, nuestra vida es probada por el fuego, con el fin de que la fuerza de nuestra virtud se manifieste en los combates… 

En efecto, ¿qué hacemos de grande si mostramos satisfacción a Dios en el bienestar, cuando nada desagradable nos enturbia? 

Lo que es admirable, es mostrarse satisfecho ante la voluntad de Dios en medio de las dificultades y las vejaciones, si no te rebelas en la privación, si no te impide alabar su justicia. Cuanto más grandes son las pruebas, mayor será el consuelo que te está reservado. 

Sin embargo, para no caer, cuanto más te veas cercado por duras pruebas, más le debes rogar al Señor Dios que te dé valor.

(Del Sermón 10)

CON VUESTRA PERSEVERANCIA SALVARÉIS VUESTRAS ALMAS




Lectura del santo evangelio según san Lucas (21,12-19):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi Nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio.

Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.

Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi Nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».

Palabra del Señor

Homilía del Papa: la muerte no da miedo si somos fieles al Señor

 «La fidelidad al Señor no defrauda»: aun en el momento de nuestra muerte y del Juicio de Dios, si hemos sido fieles, no tendremos miedo. Lo dijo el Papa Francisco, en la Misa matutina en la Casa de Santa Marta. Poniendo en guardia contra el engaño de la ‘alienación’, es decir,  del vivir «como si nunca tuviéramos que morir», invitó a pensar  en «qué huella deja nuestra vida».
En la última semana del Año Litúrgico, la Iglesia nos invita a reflexionar sobre la llamada del Señor a pensar en serio en el fin de nuestra vida,  porque cada uno de nosotros tendrá su fin.
Pensemos en la huella que deja nuestra vida
Constatando que pensar en estas cosas, es algo que no gusta, el Papa contó que tiene una agenda, donde apunta la fecha en la que alguien muere y cada día piensa en cómo ha pasado el tiempo. Y ello nos obliga a pensar en qué cosa dejamos, en cuál es la huella de nuestra vida. Con la lectura del día, del Apocalipsis de Juan, el Papa recordó que para cada uno de nosotros habrá un juicio:
«Nos hará bien pensar: ¿cómo será ese día en el que estaré ante Jesús? Cuando Él me pregunte sobre los talentos que me ha dado, qué hice con ellos. Cuando Él me pregunte cómo estuvo mi corazón cuando calló la semilla, como un camino o como espinas: esas Parábolas del Reino de Dios. ¿Cómo recibí la Palabra? ¿Con el corazón abierto? ¿Hice que germinara por el bien de todos o a escondidas?»
Todos seremos juzgados: no al engaño de la alienación
«Tengan cuidado: no se dejen engañar», con las palabras de Jesús en Evangelio de Lucas, el Papa puso en guardia contra la «alienación», contra el engaño de las «cosas que son superficiales», que «no son trascendentes». El engaño del vivir como si nunca se fuera a morir»:
«Me acuerdo que cuando era niño, cuando iba al catecismo, nos enseñaban cuatro cosas: muerte, juicio, infierno o gloria. Después del juicio hay esta posibilidad. ‘Pero, Padre, eso es para asustarnos…’ ‘No, ¡es la verdad! Porque si no cuidas tu corazón, para que el Señor esté contigo y vives alejado del Señor siempre, quizá esté el peligro, el peligro de seguir estando lejos del Señor para la eternidad ¡Esto es feísimo!».
Si somos fieles al Señor no tendremos miedo a la muerte
Es la fidelidad hasta la muerte, para recibir del Señor la corona de la vida, la que nos libera del miedo de nuestro fin, reiteró el Santo Padre recordando que el Señor es bueno  y alentando a permanecer fieles, a pesar de nuestra debilidad:
«La fidelidad al Señor: esto no desilusiona. Si cada uno de nosotros es fiel al Señor, cuando llegará la muerte, diremos como Francisco: ‘hermana muerte ven’… No nos asusta. Y cuando será el día del juicio, miraremos al Señor: ‘Señor tengo tantos pecados, pero he intentado serte fiel’. Y el Señor es bueno. Les doy este consejo: ‘Sé fiel hasta la muerte – dice el Señor – y te daré la corona de la vida’. Con esta fidelidad no tendremos miedo al final, no tendremos miedo el día del juicio».
(CdM – RV)
(from Vatican Radio)

martes, 22 de noviembre de 2016

Francisco invita a dejar paso a la “fantasía de la misericordia” y dar vida a “iniciativas nuevas”


La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre. Lo dice el papa Francisco en su carta apostólica Misericordia et misera, que ha escrito el finalizar el Año Santo de la Misericordia.
De este modo, además de dar una serie de indicaciones precisas para que lo vivido este Jubileo se “prolongue” en el tiempo, el Santo Padre reflexiona una vez más sobre este don de Dios.
Así, el Pontífice recuerda que el perdón es el signo más visible del amor del Padre, que Jesús ha querido revelar a lo largo de toda su vida. “No existe página del Evangelio que pueda ser sustraída a este imperativo del amor que llega hasta el perdón”, asegura. De este modo, señala que nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios “queda sin el abrazo de su perdón”. Por este motivo, explica el Papa, “ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia; ella será siempre un acto de gratuidad del Padre celeste, un amor incondicionado e inmerecido”.
El Santo Padre precisa que se necesitan testigos “de la esperanza” y “de la verdadera alegría para “deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales”. El vacío profundo de muchos –alienta Francisco– puede ser colmado por la esperanza que llevamos en el corazón y por la alegría que brota de ella.
En esta misma línea, el Santo Padre explica que hemos celebrado un Año intenso, “en el que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia”. Como un viento impetuoso y saludable, “la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero”, asegura el Papa.
Ahora, concluido este Jubileo, “es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina”, alienta.  Por esta razón, el Papa pide que “no limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva”. Además, recuerda que “estamos llamados a celebrar la misericordia”.
Por otro lado, el Pontífice pide abrir “el corazón a la confianza de ser amados por Dios”. Su amor –añade– nos precede siempre, nos acompaña y permanece junto a nosotros a pesar de nuestro pecado.
Respecto a la escucha de la Palabra de Dios el Santo Padre recomiendo mucho “la preparación de la homilía y el cuidado de la predicación”. Así, reconoce que será tanto más fructuosa, “cuanto más haya experimentado el sacerdote en sí mismo la bondad misericordiosa del Señor”.
Tal y como explica el Papa en este documento, la Biblia es la gran historia que narra las maravillas de la misericordia de Dios. Cada una de sus páginas está impregnada del amor del Padre que desde la creación ha querido imprimir en el universo los signos de su amor. Por eso el Santo Padre manifiesta su vivaz deseo de que la Palabra de Dios se celebre, se conozca y se difunda cada vez más, “para que nos ayude a comprender mejor el misterio del amor que brota de esta fuente de misericordia”.
A los sacerdotes, renueva la invitación a prepararse con mucho esmero para el ministerio de la Confesión, que es una verdadera misión sacerdotal. Y les pide que sean acogedores con todos; testigos de la ternura paterna, solícitos en ayudar a reflexionar sobre el mal cometido, claros a la hora de presentar los principios morales, disponibles para acompañar a los fieles en el camino penitencial, siguiendo el paso de cada uno con paciencia, prudentesen el discernimiento de cada caso concreto y generosos en el momento de dispensar el perdón de Dios. Asimismo, les recuerda que “nosotros hemos sido los primeros en ser perdonados” y “hemos sido testigos en primera persona de la universalidad del perdón”. No existe ley ni precepto –asegura el Pontífice– que pueda impedir a Dios volver a abrazar al hijo que regresa a él reconociendo que se ha equivocado, pero decidido a recomenzar desde el principio.
Todos, reconoce el Papa, tenemos necesidad de consuelo, porque ninguno es inmune al sufrimiento, al dolor y a la incomprensión.
Por otro lado, también señala que en un momento particular como el nuestro, caracterizado por la crisis de la familia es importante que llegue una palabra de gran consuelo a nuestras familias. “El don del matrimonio es una gran vocación a la que, con la gracia de Cristo, hay que corresponder con al amor generoso, fiel y paciente”, reconoce el papa Francisco.
La gracia del Sacramento del Matrimonio — indica el Santo Padre– no sólo fortalece a la familia para que sea un lugar privilegiado en el que se viva la misericordia, sino que compromete a la comunidad cristiana, y con ella a toda la acción pastoral, para que se resalte el gran valor propositivo de la familia.
En la carta apostólica, el Pontífice subraya que “termina el Jubileo y se cierra la Puerta Santa”  pero “la puerta de la misericordia de nuestro corazón permanece siempre abierta, de par en par”. Al respecto, reconoce que durante el Año Santo, especialmente en los «viernes de la misericordia», ha podido darse cuenta de cuánto bien hay en el mundo. Existen personas –reconoce el Papa– que encarnan realmente la caridad y que no llevan continuamente la solidaridad a los más pobres e infelices.
Es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a tantas iniciativas nuevas, fruto de la gracia. Ya que todavía hay poblaciones enteras que sufren hoy el hambre y la sed, grandes masas de personas siguen emigrando, la enfermedad es una causa permanente de sufrimiento, las cárceles son lugares en los que las condiciones de vida inhumana causan sufrimientos, el analfabetismo está todavía muy extendido, la cultura del individualismo exasperado hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás. Por eso, el Papa precisa que “las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros días una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social”.
Por todo ello, el Papa pide que nos esforcemos “en concretar la caridad” y “en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia”. Estamos llamados –asegura– a hacer que crezca una cultura de la misericordia, basada en el redescubrimiento del encuentro con los demás. Asimismo, concluye asegurado que “este es el tiempo de la misericordia”. Cada día de nuestra vida está marcado por la presencia de Dios, que guía nuestros pasos con el poder de la gracia que el Espíritu infunde en el corazón para plasmarlo y hacerlo capaz de amar.  

 Zenit

22 de noviembre: santa Cecilia, virgen, mártir y patrona de la música


Santa Cecilia es miembro de la alta sociedad romana y se convierte al cristianismo. Ella ha consagrado su virginidad a Dios, pero sus padres conciertan una boda con el joven Valeriano. El marido, después de bautizarse, respeta la decisión de Cecilia. Ambos son apresados por enterrar los cuerpos de otros cristianos. Cecilia es condenada a muerte pero sobrevive milagrosamente en varias ocasiones. Finalmente es martirizada. Santa Cecilia convirtió a muchos paganos al cristianismo y es Patrona de los músicos
Santa Cecilia proviene de una familia de la alta sociedad romana, lo que no impide que se convierta al cristianismo. Su conversión cae como un terremoto entre los aristócratas de la ciudad, pues uno de los suyos, de los ricos y poderosos, se ha convertido a la religión de los esclavos, de los pobres. Y no sólo se convierte, sino que se convierte en una cristiana devota, activa y en un ejemplo.
Los padres de Cecilia la habían prometido en matrimonio con un joven llamado Valeriano. Tras la boda, ella informó a su marido de su decisión de permanecer virgen por amor a Dios y que un ángel protegía su virginidad. Valeriano le responde que si es cierto quiere ver al ángel, y Cecilia le invita a bautizarse para poder verlo. Valeriano es bautizado por el Papa Urbano, y desde entonces ambos se consagran vírgenes al Señor.
Los esposos, junto al hermano de Valeriano, son encarcelados por enterrar cristianos, cosa que estaba prohibida. El prefecto de la ciudad quiere condenar a Cecilia y busca cualquier excusa para ello. Cita a Cecilia y le pide una relación de bienes de su marido y de su hermano, pero ella lo ha entregado todo a los pobres. El juez, en vez de condenarla, le propone un pacto. Si Cecilia ofrece un sacrificio a los dioses romanos, la deja libre. Cecilia responde que no hay más Dios que el de los cristianos, y que los ídolos son patrañas.
El prefecto la condena a morir en la hoguera pero los verdugos, por más leña que echan al fuego, no consiguen que Cecilia muera. El juez ordena entonces que le corten la cabeza. La espada impacta tres veces en el cuello de la santa, pero aun así no muere. Tienen que pasar tres días para que santa Cecilia muera mártir. Durante esos tres días, consigue convertir a muchísimos paganos.
El culto a santa Cecilia se inicia en el siglo V, en la iglesia construida sobre lo que había sido la casa de la santa. En dicha iglesia había una comunidad de monjes que fueron los primeros que celebraban a diario los oficios cantados. En el oficio divino de santa Cecilia había una antífona que decía «Cantantibus órganis Cecilia virgo corde suo soli Domino decantabat…» (Al son de los órganos la virgen Cecilia cantaba en su corazón sólo al Señor”. A raíz de estas coincidencias, la Academia de la Música de Roma nombró a santa Cecilia como su patrona. Se extendió posteriormente su patronazgo en el mundo entero para los músicos.

José Calderero @jcalderero

El Papa concede a todos los sacerdotes la facultad de absolver el pecado de aborto


Misericordia et misera, las dos palabras que san Agustín usa para comentar el encuentro entre Jesús y la adúltera, son las elegidas por el papa Francisco para dar nombre al documento conclusivo del Año Jubilar Extraordinario de la Misericordia. Una carta apostólica en la que pide que la misericordia no sea «un paréntesis en la vida de la Iglesia». El Papa pide «iniciativas creativas» y recuerda que «es el momento de dejar paso a la fantasía de la misericordia». Además, da indicaciones precisas sobre cómo concretar esta misericordia.
Dando las gracias a los «misioneros de la misericordia», sacerdotes que durante este año han podido perdonar pecados reservados a la sede apostólica, el Papa indicado que este ministerio extraordinario no cesará con la clausura de la Puerta Santa. Así, desea que «se prolongue todavía, hasta nueva disposición, como signo concreto de que la gracia del Jubileo siga siendo viva y eficaz, a lo largo y ancho del mundo».
Por otro lado, «para que ningún obstáculo se interponga entre la petición de reconciliación y el perdón de Dios», de ahora en adelante Francisco concede a todos los sacerdotes, en razón de su ministerio, «la facultad de absolver a quienes hayan procurado el pecado de aborto».
Asimismo, en el Año del Jubileo el Pontífice había concedido a los fieles, que por diversos motivos frecuentan las iglesias donde celebran los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, fundada por Marcel Lefebvre y que no acepta el Concilio Vaticano II, la posibilidad de recibir válida y lícitamente la absolución sacramental de sus pecados. «Por el bien pastoral de estos fieles», y «confiando en la buena voluntad de sus sacerdotes», para que se pueda recuperar con la ayuda de Dios, la plena comunión con la Iglesia Católica, el Santo Padre establece que esta facultad «se extienda más allá del período jubilar, hasta nueva disposición, de modo que a nadie le falte el signo sacramental de la reconciliación a través del perdón de la Iglesia».
Además, el Santo Padre considera oportuno que cada comunidad, en un domingo del Año litúrgico, «renovase su compromiso en favor de la difusión, conocimiento y profundización de la Sagrada Escritura». Un domingo –precisa– dedicado enteramente a la Palabra de Dios para comprender la inagotable riqueza que proviene de ese diálogo constante de Dios con su pueblo.
Finalmente, el papa Francisco instituye el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, es decir, el domingo anterior a Cristo Rey, la Jornada mundial de los pobres.
Zenit/Rocío Lancho García

Santa María in Trastevere, la iglesia del cardenal Osoro en Roma


El cardenal Osoro ha recibido el título cardenalicio de Santa María in Trastevere. El título fue establecido en torno al año 112 por el Papa Alejandro I y fue confirmado por el Papa Calixto I. El Papa Julio I cambió su nombre. Más tarde, en 595, se convirtió en el título de Julio y Calixto. En la primera mitad del siglo VIII el título era conocido por el nombre de Santa Madre de Dios y por último, durante el pontificado del Papa León III, tomó el nombre de Santa María en Trastevere, por la basílica de Santa María en Trastevere. De acuerdo con el catálogo de Pietro Mallio, compilado durante el pontificado de Alejandro III, el título estaba conectado a la Basílica de San Pedro y los sacerdotes celebraban misa turnándose.
La fachada, que conserva en la parte superior un mosaico del siglo XIII, está precedida por el pórtico proyectado por Carlo Fontana en 1702. En el interior, de tres naves sobre columnas (inspirada en la Basílica de Santa María la Mayor), destacan el bello techo de madera, diseñado por Domenichino (también autor de la Asunción en el centro) y algunas pinturas que se encontraron en la restauración del siglo XIX, durante el papado de Pío IX.
En la primera capilla de la nave derecha encontramos Santa Francisca Romana de Giacomo Zoboli, y en la segunda capilla la Natividad de Étienne Parrocel. En la cúpula del ábside puede admirarse un mosaico con la Coronación de la Virgen, del siglo XII, adornado en su parte inferior con Historias de la Virgen, también en mosaico, obra de Pietro Cavallini (1291).
La primera capilla de la nave izquierda es la capilla Ávila, con estuco en estilo barroco de Antonio Gherardi (1680). Entre la cuarta y tercera capillas se encuentra la tumba de Inocencio II, obra del arquitecto Vespignani que entre 1866 y 1877 llevó a cabo una restauración estilística de la iglesia. En la tercera capilla, con claraboya, hay un retablo de Ferrau Tenzone.
Entre las otras obras de arte cabe señalar el icono de la Virgen de la Clemencia o Virgen Theotokos, preciosísimo ejemplar ejecutado tal vez en el siglo VI (aunque algunos historiadores lo datan en el VIII), de rígida frontalidad y colores radiantes, relacionados con el primer estrato de frescos de la Iglesia de Santa María Antigua (Santa Maria Antiqua). La capilla Altemps se construyó a finales del siglo XVI. La imagen de la Virgen de la Clemencia está estrechamente vinculada con la historia del Pontificio Colegio Español San José de Roma, uno de cuyos primeros emplazamientos, hasta medio siglo, fue en el palacio Altemps, junto a plaza Navona.
En la actualidad y desde hace algo más de un cuarto de siglo, la iglesia de Santa María in Trastevere de Roma es la sede de las Comunidades de Sant'Egidio. Esto es, la iglesia de los pobres y de la acción social de la Iglesia con ellos.
Algunos cardenales titulares de Santa María in Trastevere
  • Luis Antonio de Belluga y Moncada (1737-1738)
  • Joaquín Fernández Portocarrero (1753-1756)
  • Pedro Segura y Sáenz (1929-1957)
  • Stefan Wyszyński (1957-1981)
  • Józef Glemp (1983-2013)
  • Loris Francesco Capovilla, (22 de febrero de 2014 – 26 de Mayo de 2016)
  • Carlos Osoro Sierra, (19 de noviembre de 2016)
Ecclesia

No quedará piedra sobre piedra



Lectura del santo Evangelio según san Lucas 21, 5-11

En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra caliza y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Ellos le preguntaron:
-«Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?».
Él dijo:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: "Yo soy", o bien "Está llegando el tiempo"; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».
Entonces les decia:
«Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo».
Palabra del Señor.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Carta Apostólica del Papa Francisco "Misericordia et misera"

“Que los ojos misericordiosos de la Santa Madre de Dios estén siempre vueltos hacia nosotros. Ella es la primera en abrir camino y nos acompaña cuando damos testimonio del amor. La Madre de Misericordia acoge a todos bajo la protección de su manto, tal y como el arte la ha representado a menudo. Confiemos en su ayuda materna y sigamos su constante indicación de volver los ojos a Jesús, rostro radiante de la misericordia de Dios”.
Así se lee en el último párrafo de la Carta Apostólica Misericordia et Misera, que el Santo Padre Francisco firmó el domingo 20 de noviembre, Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, en la conclusión del Año Santo Extraordinario de la Misericordia.
Se trata de un documento que se articula a lo largo de veintidós puntos, en el que, ante todo, el Papa Bergoglio desea “misericordia y paz” a todos los que lo leerán. Como su nombre lo indica, Misericordia et misera, son las dos palabras con las que san Agustín comenta el encuentro entre Jesús y la adúltera, es decir, la miserable y la misericordia; del que se desprende la enorme piedad y justicia divina y cuya enseñanza ilumina – tal como escribe el Pontífice – la conclusión de este Jubileo de la Misericordia, a la vez que indica el camino que estamos llamados a recorrer.
El Obispo de Roma vuelve a recordarnos que “nada de cuanto un pecador arrepentido coloca delante de la misericordia de Dios queda sin el abrazo de su perdón”. Por lo que ninguno de nosotros puede poner condiciones a la misericordia que siempre es un acto de gratuidad del Padre celestial, un amor incondicionado e inmerecido; una acción concreta del amor que, perdonando, transforma y cambia la vida.
En una cultura frecuentemente dominada por la técnica, el Santo Padre recuerda que se multiplican las formas de tristeza y soledad en las que caen las personas, entre las cuales muchos jóvenes, puesto que el futuro parece estar en manos de la incertidumbre que impide tener estabilidad. Por esta razón escribe que “se necesitan testigos de la esperanza y de la verdadera alegría para deshacer las quimeras que prometen una felicidad fácil con paraísos artificiales”.
Del Año intenso que acaba de celebrarse el Papa escribe que la gracia de la misericordia se nos ha dado en abundancia. Y que como un viento impetuoso y saludable, la bondad y la misericordia se han esparcido por el mundo entero. De ahí que se sienta la necesidad de dar gracias al Señor, porque en este Año Santo la Iglesia ha sabido ponerse a la escucha y ha experimentado con gran intensidad la presencia y cercanía del Padre, que mediante la obra del Espíritu Santo le ha hecho más evidente el don y el mandato de Jesús sobre el perdón.
Una vez concluido este Jubileo, es tiempo de mirar hacia adelante y de comprender cómo seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo, la riqueza de la misericordia divina – manifiesta asimismo el Pontífice –. Y pide que no limitemos su acción; no hagamos entristecer al Espíritu, que siempre indica nuevos senderos para recorrer y llevar a todos el Evangelio que salva.
En cuanto a la cultura del individualismo exasperado, sobre todo en Occidente, Franciscoescribe que “hace que se pierda el sentido de la solidaridad y la responsabilidad hacia los demás”. Con todo – añade hacia el final de esta Carta Apostólica – “las obras de misericordia corporales y espirituales constituyen hasta nuestros días una prueba de la incidencia importante y positiva de la misericordia como valor social”, que nos impulsa a “ponernos manos a la obra para restituir la dignidad a millones de personas que son nuestros hermanos y hermanas”, llamados a construir con nosotros una “ciudad fiable”.
“Esforcémonos entonces – afirma el Papa – en concretar la caridad y, al mismo tiempo, en iluminar con inteligencia la práctica de las obras de misericordia, cuyo carácter social “obliga a no quedarse inmóviles y a desterrar la indiferencia y la hipocresía, de modo que los planes y proyectos no queden sólo en letra muerta”.
Francisco concluye explicando que a la luz del “Jubileo de las personas socialmente excluidas”, mientras en todas las catedrales y santuarios del mundo se cerraban las Puertas de la Misericordia, intuyó que, como otro signo concreto de este Año Santo extraordinario, se debe celebrar en toda la Iglesia, en el XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario, la “Jornada mundial de los pobres”, que constituirá la preparación más adecuada para vivir la solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, que se ha identificado con los pequeños y los pobres, y nos juzgará a partir, precisamente, de las obras de misericordia.
(María Fernanda Bernasconi - RV).

21 de noviembre: Presentación de la Santísima Virgen en el Templo

Este día la Iglesia celebra la presentación de la Virgen en el Templo. En oriente y en occidente se conmemora esta fiesta que data del siglo VI. Gregorio XI y Sixto V fueron los Sumos Pontífices que difundieron esta devoción de forma universal. La beata Ana Catalina Emmerick tuvo unas extensas revelaciones místicas sobre la presentación de la Virgen en el Templo
La celebración de esta fiesta tiene sus primeros vestigios en el año 543, cuando los cristianos de oriente, en la Iglesia de Santa María la Nueva, construida cerca del templo de Jerusalén, ya celebraban la presentación de la Santísima Virgen al Templo.
Según la tradición, San Joaquín y Santa Ana llevaron a la Virgen al Templo cuando ya tenía tres años para ser consagrada a Dios y formar parte de las doncellas que eran instruidas en la piedad. 
A pesar de su corta edad, la Virgen quiso subir sola al lugar en donde iba a consagrarse a Dios y en donde iba a preparar su cuerpo y su alma para la misión que el Señor le tenía encomendada.
En occidente no aparecen apuntes biográficos de la fiesta hasta el año 1372, cuando el Papa Gregorio XI la introdujo en Avignon después de que el canciller de la corte de Chipre le hablara de la gran fiesta que se celebraba el 21 de noviembre con motivo de la Presentación. Sin embargo, fue Sixto V quien difundió la fiesta en toda la Iglesia.Otro de los lugares donde aparece la fiesta es en las revelaciones místicas de la beata Ana Catalina Emmerick. La beata relata con gran detalle como María sale de la posada en dirección al Templo, donde le espera Zacarías. También cuenta la estancia de María en el templo acompañada del resto de doncellas.
José Calderero @jcalderero
Alfa y Omega