lunes, 7 de noviembre de 2016

Osoro: “Es imposible entender los pontificados de Juan Pablo II y de Francisco, si no encontramos a Benedicto XVI”

"Las confesiones que da el Papa emérito le avalan, como puente, para poder decir que lo que está haciendo el Papa Francisco no sólo es necesario sino que él mismo, si hubiera sabido hacerlo, lo habría hecho". El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, glosó esta noche, en el salón de actos del Arzobispado de Madrid, las "Últimas conversaciones" de Benedicto XVI, publicadas por el sello Mensajero, del Grupo de Comunicación Loyola.
"Este libro es la mejor presentación de quién es Benedicto XVI, y a la vez es un aval directo, explícito, de las líneas del pontificado del Papa Francisco", apuntó el neocardenal de Madrid, quien destacó la "delicadeza especial" de las palabras de Raztinger, quien "tuvo siempre claro que el amor al prójimo es algo importante"
"Es imposible entender los pontificados de Juan Pablo II y de Francisco, si no encontramos a Benedicto XVI", defendió Osoro, al igual que otro de los presentadores, el sacerdote y periodista Antonio Pelayo.
"Lo que más me ha sorprendido y emocionado es la extraordinaria libertad con la que Ratzinger habla de sí mismo y de su sucesor. Una extraordinaria libertad y una benevolencia especial con las personas a las que se refiere", destaca Pelayo, quien apuntó algunas de las anécdotas del Papa emérito.
"Ha escrito todos sus libros y discursos a lápiz y en taquigrafía. Con una caligrafía tan pequeña que sólo una señorita, Ingrid, era capaz de interpretar. Tiene un marcapasos, está prácticamente ciego del ojo izquierdo, no puede prescindir de la siesta", recalcó el periodista, quien apuntó que "se está preparando para morir, con una gran serenidad".
¿Quién supo de la renuncia de Benedicto XVI? Pelayo reveló que "sólo supo algo su hermano Georg , y unos días antes Ganswein. Y Sodano y Bertone lo supieron momentos antes bajo secreto pontificio, para que no se filtrara".
 Precisamente, uno de los puntos flacos fue el de su secretario de Estado. "En mi opinión, su mayor error fue confiar durante ocho años en el cardenal Bertone", incidió Antonio Pelayo, quien insistió en que "Benedicto XVI no tuvo demasiada suerte. Fue elegido después de un pontificado gigantesco, como fue el de Juan Pablo II. Y encima le ha llegado la 'desgracia' de ser sucedido por otro gigante, que está dejando al planeta absorto y conmovido por sus tomas de posición, su libertad y su compromiso".
Pero "me atrevo a afirmar que sin Benedicto ni el pontificado de Juan Pablo II llegara a ser lo que fue, ni el de Francisco pueda ser lo que está siendo", pues Ratzinger fue el principal colaborador de Juan Pablo II. "No hay gesto, ni discurso importante del Papa Francisco que no haya pasado antes por la mesa del papa Ratzinger". Otra muestra del "apoyo afectivo, efectivo y ministerial de Benedicto XVI a Francisco".
Finalmente, Ramón Alfonso Díaz, director editorial de Grupo de Comunicación Loyola, glosó algunos de los aspectos incluidos en el libro, de "lectura esclarecedora". "Es un viaje al interior de un hombre que abre su mente, su corazón y su fe". A sus 89 años, "Benedicto mantiene su lucidez y una memoria privilegiada".

Las Puertas Santas de las basílicas papales en Roma cierran este domingo



Este domingo, 13 de noviembre, será efectuado el cierre de las Puertas Santas de las basílicas papales en Roma. De este modo, san Juan de Letrán celebrará una misa a las 17.30. Mientras que Santa María la Mayor lo hará a las 18.00. San Pablo Extramuros celebrará las vísperas y la misa a las 17.00.
Y de la misma forma sucederá con todas las Puertas Santas abiertas en todo el mundo durante este Año Jubilar de la Misericordia.
La última Puerta en cerrar será la de la Basílica de San Pedro, el 20 de noviembre, solemnidad de Cristo Rey. De este modo concluirá el Jubileo de la Misericordia.
Según los datos oficiales de la página web de Jubileo, en este año han llegado a Roma más de 20 millones de peregrinos.
El papa Francisco deseaba que este Jubileo extraordinario se viviera en todas las iglesias locales y de ahí la decisión de abrir Puertas Santas por todos los rincones de la tierra.
En una carta previa a la apertura del Año Santo, el Pontífice recordaba que para vivir y obtener la indulgencia los fieles están llamados a realizar una breve peregrinación hacia la Puerta Santa, abierta en cada catedral o en las iglesias establecidas por el obispo diocesano y en las cuatro basílicas papales en Roma, “como signo del deseo profundo de auténtica conversión”. Igualmente dispuso que se pudiera ganar la indulgencia en los santuarios donde se abra la Puerta de la Misericordia y en las iglesias que tradicionalmente se identifican como Jubilares.
Además, subrayaba que es importante que este momento esté unido, ante todo, “al sacramento de la reconciliación” y a la “celebración de la santa eucaristía con una reflexión sobre la misericordia”. Es necesario acompañar estas celebraciones con “la profesión de fe” y con la oración por el Santo Padre y por sus intenciones.

 Zenit

Papa: La trata y la explotación de seres humanos es un crimen

El Papa Francisco recibió en audiencia en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, el primer lunes de noviembre, a los casi 130 participantes en el Encuentro sobre la Trata de seres humanos, organizado por “Renate”, es decir la Red Europea de Congregaciones Religiosas que se dedica, precisamente, a luchar para erradicar la trata y la explotación de seres humanos.
Al darles su cordial bienvenida, el Pontífice afirmó que oportunamente su Segunda Asamblea se realiza en Roma, durante el Jubileo Extraordinario de la Misericordia, que constituye un tiempo de gracia en el que todos estamos invitados a entrar más profundamente en este misterio de Dios.
“Una de las más dolorosas de estas heridas abiertas es la trata de seres humanos, una moderna forma de esclavitud, que viola la dignidad, don de Dios, en tantos hermanos y hermanas nuestros y que constituye un verdadero crimen contra la humanidad. Mientras mucho se ha hecho para conocer la gravedad y la extensión del fenómeno, mucho más queda por hacer para que se eleve el nivel de conciencia en la opinión pública y para establecer una mejor coordinación de esfuerzos por parte de los gobiernos, de las autoridades judiciales, legislativas y de los agentes sociales”.
El Sucesor de Pedro añadió que uno de los desafíos de su trabajo de sensibilización, educación y coordinación es esa cierta indiferencia, e incluso complicidad, que representa esa tendencia por parte de muchos de mirar hacia otra parte, tal como él mismo ha escrito en su Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, sobre el anuncio del Evangelio en el mundo actual; mientras poderosos intereses económicos y redes criminales van adelante con sus actividades.
El Pontífice les expresó su aprecio por este empeño a fin de acrecentar la conciencia social acerca de la dimensión de esta plaga, que afecta de modo especial a las mujeres y a los niños. Y volvió a agradecerles el fiel testimonio del Evangelio de la misericordia que realizan, como lo demuestra su empeño en la recuperación y rehabilitación de las víctimas, a la vez que les dijo textualmente:
“Su actividad en este ámbito nos recuerda los enormes y, con frecuencia, silenciosos esfuerzos que han hecho durante muchos años las congregaciones religiosas, especialmente femeninas, atendiendo a quienes han sido heridos en su dignidad y marcados por sus experiencias. De modo especial pienso en la contribución específica ofrecida por las mujeres para acompañar a otras mujeres y niños en un itinerario profundo y personal de curación y de reintegración”.
Llamándolos “queridos amigos y amigas”, el Santo Padre se despidió de los participantes en esta Asamblea de la Red Europea de Congregaciones Religiosas, que lucha contra la trata y la explotación de seres humanos, manifestando su confianza en que sus trabajos contribuirán a que se lleve a cabo un más eficaz testimonio del Evangelio, en una de las grandes “periferias” de nuestra sociedad contemporánea.
Encomiendo a todos ustedes y a todas las personas a las que sirven – les dijo el Papa Bergoglio– a la amorosa intercesión de María, Madre de la Misericordia, a la vez que de corazón les impartió su bendición apostólica como prenda de alegría y de paz en el Señor. Y mientras les aseguró que los recuerda en su oración, Francisco les pidió que, por favor, no se olviden de rezar por él.
(María Fernanda Bernasconi - RV).
(from Vatican Radio)

¿Sabes lo que hace falta para que tu encuentro con Dios cambie tu vida?


Me gusta pensar que Dios me quiere a mí como soy. Tal como soy. Me quiere santo a mi manera, según mi forma de ser. Con mis pasiones y tensiones. Con mis defectos y mis límites. Desde mi verdad más honda. Dios no quiere que imite y yo a veces me empeño en seguir a otros, en actuar como otros, en pensar como piensan otros.

El padre José Kentenich me habla del peligro de simplemente imitar a los santos: “Ni siquiera el revivir la vida de los santos está al resguardo de suscitar el desarrollo de un impersonalismo, de criar esclavos, borregos, no personalidades vigorosas”[1].

Quiero ser santo desde mi originalidad, desde lo que soy. Con vigor, sin frenos. Y desde ahí, anclado en Dios, plasmar el mundo que Dios pone a mis pies en la fuerza de su Espírit
u.
Y también decía: “El santo de la vida diaria es el hombre que, a partir de una actitud sobrenatural, tiene un logrado dominio sobre la vida cotidiana habitual”[2]. Dominar mi vida desde Dios.
¿Domino yo mi vida o la vida me acaba dominando? Quiero vivir plenamente desde lo que yo soy. Quiero decidir yo, actuar yo, optar yo. Desde lo que soy.

Dios me quiere tal como me ha creado. Respeta mi camino original. No quiere que sea como otros. Dios me llama desde lo que soy. Y me pide que le dé lo que tengo, lo que he recibido, lo que he conquistado. Y convierte mi agua en vino, mi torpeza en fuente, mi debilidad en su fuego.

Lo he visto tantas veces en mi propia vida… Cuando soy débil en Él, soy fuerte. Eso siempre me da paz y me conforta. Me sostiene y me llena de esperanza. Puede hacer milagros con mi vida si yo le dejo entrar. Si pronuncio mi sí. Si me abandono en sus manos.

Cuando me dejo encontrar por Él en medio de mi vida, de mi camino. En lo cotidiano, cuando menos lo espero. Ese encuentro que cambia mi vida.

Por eso me gustan los encuentros de Jesús con personas en el Evangelio. Esos encuentros en los que mira a los hombres en su belleza interior. En medio del camino, en lo alto de un árbol, arrodillados a sus pies.

Los ama en lo que son, en medio de su vida cotidiana. Le importa lo que sucede en su corazón. Se conmueve, tiembla. Abraza, consuela. Levanta, da esperanza. Mira en silencio, sostiene su debilidad. Y tras encontrarse con Jesús, sus vidas cambian para siempre.

Como la mía cuando me encontré con Él en el camino. Cuando me llamó por mi nombre. Ese nombre que ni yo mismo sabía. Y me vio como soy. Y me dijo cómo era. Y le creí. Y entonces comencé a seguir sus pasos.

Por eso me gusta detenerme en el milagro de Dios en el corazón de cada hombre. En mi propia vida. Jesús y yo nos vamos encontrando en la vida. Nos buscamos, a veces yo voy delante y Él me sigue. A veces yo le persigo y Él marca mis huellas.

Y algunas veces, las tengo marcadas en mi alma y en mi historia, nos alcanzamos. Y todo cambia. Se subió a mi barca un día y todo fue diferente. Le dije que sí entre lágrimas. Sin entender demasiado. Sí a lo que Él quisiera. Sí a dónde Él fuera. Y seguí anclado en su tierra, en su vida. Porque así es Jesús cuando se detiene ante mí, ante los hombres.

Me conmovió su mirada. Y me tocaron sus palabras. Desde entonces me acostumbré a ir a su paso.
Pero es verdad que no todo el que se encuentra con Jesús cambia de vida. Jesús curó a muchos, pero no a todos les cambió la vida esa curación. Habló a muchos, pero sólo unos cuantos lo siguieron y comenzaron a vivir de otra forma.

Juega un papel la libertad humana. Jesús necesita que yo quiera estar con Él para siempre. No todo el que se encuentra con Jesús cambia. No todo el que conoce a hombres santos quiere ser santo. Hace falta un sí del alma. Un sí fiel y continuado. Un sí sostenido en el tiempo. Un sí robusto y alegre.

¿Qué me ha sucedido a mí a lo largo de mi vida? Cada encuentro con Él me ayuda a crecer en la conversión de mi corazón. No basta un solo encuentro. Necesito volver a empezar cada día. Si no sucede, si no me cambia por dentro, todo se queda en un cambio superficial.


Es verdad que puedo hablar de Él, cumplir sus preceptos, predicar con pasión. Puedo vivir en la Iglesia, pero sólo le seguiré de lejos. Todo se juega en el encuentro frente a frente. Dios y yo. Le digo que sí. Le sigo. Lo amo.

CARLOS PADILLA ESTEBAN
Aleteia.

Se acercaron sólo para reafirmar sus ideas y Jesús les respondió así


Dios siempre une. Nunca separa. Siempre allana caminos y destruye muros. Ante Él todos somos iguales.
Hoy en el evangelio saduceos y fariseos buscan a Jesús para aumentar el odio que se tienen: “En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron”. No buscan la verdad, sólo quieren resaltar sus diferencias.
¡Cuántas veces en la historia Dios ha sido excusa para crear separaciones y muros! Pienso en la pena de Jesús hoy al escuchar esta pregunta. Dios siempre une. Lima diferencias. Restablece los vínculos rotos.
Me recuerda al papa Francisco en su visita a Suecia. Ha dicho: “La unidad entre los cristianos es una prioridad, porque reconocemos que entre nosotros es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. El diálogo entre nosotros ha permitido profundizar la comprensión recíproca, generar mutua confianza y confirmar el deseo de caminar hacia la comunión plena”.
En Cristo todos somos hombres en búsqueda. La fe verdadera siempre me acerca al otro, sea cual sea su fe, su condición, sus ideas. Sea cual sea nuestra historia pasada de desencuentros y separaciones. Cristo nos une. Nunca nos aleja.
Pero la actitud del Papa ha puesto inseguros a algunos. Les hace dudar. Creo que el camino más cercano entre dos hombres es Dios. Pero también puede ser el más largo cuando las diferencias separan. ¡Cuántas veces usamos su nombre en vano! Como hoy en el evangelio.
A veces la idea de Dios separa y destruye. Dios, el Dios vivo, el Dios verdadero, sólo une, sólo acerca, sólo crea puentes. Nosotros tantas veces separamos.
Hoy se acercan unos hombres a Jesús sin confiar en Él. No quieren aprender de Él. Son saduceos y ya tienen su idea preconcebida sobre la vida y sobre la muerte. Sólo quieren usar a Jesús para demostrar frente a los fariseos que tienen razón. No están abiertos a Jesús.
No están dispuestos a desmontar todo lo que siempre han pensado para empezar un nuevo camino. A veces somos así. Tenemos nuestra idea de Dios. Y sólo buscamos formas de demostrar que tenemos razón, que estamos en lo cierto.
Nos parapetamos en nuestra postura. Nos cerramos. No nos abrimos al otro. No creemos estar equivocados. Eso es para mí envejecer. Es la incapacidad de abrirse a lo nuevo. De encontrarse con Jesús y convertir el corazón un poco más. No una vez, sino mil veces.
Me gustaría que Él me vaciase de mis posturas rígidas. Me gustaría volver siempre a comenzar de su mano.
Nosotros a veces hacemos lo mismo que los saduceos. Nos acercamos a Dios para que ratifique nuestra forma de pensar. Nuestros dogmas. Nuestras categorías inamovibles. Nuestra postura irreconciliable con otras.
Frente a Dios quisiera ser siempre un niño con capacidad para aprender. Quisiera ser capaz de abrir ventanas nuevas que nunca he abierto. Quisiera siempre fiarme de Dios, del Papa, de las personas a través de las cuales hoy Dios me habla.
Quiero reconocer que Jesús lleva las riendas de mi vida mejor que yo. Me gusta la gente firme, que sabe lo que quiere, que siente en su corazón una fe personal y original. Me gustan esa firmeza y esa claridad.
Pero también, lo reconozco, me gusta cuando esos mismos se rompen para volver a aprender todo de nuevo. Quiero ser así y dejarme complementar por otros.
Hoy estos saduceos no conocieron de verdad a Jesús. Se acercaron con su mente, no con su corazón. Y se acercaron con su idea ya hecha. Con su rabia contra los contrarios. Discutiendo sobre la vida eterna mientras tanta gente se moría de hambre, de enfermedad y soledad.
No reconocieron a Jesús ni vieron en Él al hombre que podía responder a su sed más honda. No vieron su misericordia ni se acercaron con el corazón abierto. Sólo buscaban demostrar que tenían razón. O mejor aún, demostrar que los fariseos no la tenían.
Pienso en la pena de Jesús. En su desilusión. No pudo llegar a todos los hombres. No pudo tocar el corazón de todos. Él vino a sanar a todos. Y no pudo.
Yo a veces no reconozco a Jesús en mi vida. Me pierdo en mis razones y teorías. Dios camina delante de mí, con su corazón abierto para amarme. Pero yo soy el que no estoy. Jesús tiene paciencia. Tiene un tesoro en su alma que a veces no le pido. No quiero vivir buscando respuestas que me dejen contento.
Jesús conoce el corazón de los que se acercan. Ve más allá de la pregunta. Y responde a su duda absurda basada en un caso imposible y poco real, alejado de la vida.
Jesús pierde su tiempo con ellos. Se pone a su altura sin problema. Va al fondo de la cuestión. Y les responde directamente, con nobleza y transparencia. Habla sobre la vida eterna.
No se lo han preguntado. Pero es la pregunta que todos llevamos grabada en el corazón. “Cómo será el cielo? ¿Cómo es la vida eterna? ¿Con quién estaremos al lado de Dios para siempre? “Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor ‘Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob’”.

CARLOS PADILLA ESTEBAN

Aleteia.

El Papa denuncia la "indiferencia, incluso complicidad" ante la trata de personas


Es uno de los temas en los que Francisco ha dedicado más tiempo y esfuerzos. La trata de personas, una lacra a nivel global que, sin embargo, se ve "con cierta indiferencia, e incluso complicidad"en las sociedades occidentales. Así de rotundo se mostró el Papa durante su encuentro con los participatnes de la II Asamblea de "RENATE", que esta semana se reúne en Roma bajo el lema "Terminar con el tráfico empieza por nosotros".
Acabar con la "nueva esclavitud" de seres humanos, frente a la "tendencia por parte de muchos a mirar hacia otro lado, mientras poderosos intereses económicos y redes criminales trabajan". Este fue el propósito formulado por Bergoglio ante los grupos que trabajan contra la trata de personas.
En su discurso, el Papa ha hecho referencia al Jubileo de la Misericordia, y ha explicado que "en este tiempo de gracia, todos somos invitados a entrar más profundamente en el misterio de la misericordia de Dios" y a "llevar el bálsamo de esta misericordia a las muchas heridas presentes en el mundo".
Así, ha indicado que una de las heridas abiertas más dolorosas es "la trata de seres humanos", una "forma moderna de esclavitud" que "viola la dignidad, don de Dios, en muchos de nuestros hermanos y hermanas" y constituye "un verdadero crimen contra la humanidad".
Así, Bergoglio ha reconocido que mientras que se ha hecho mucho para conocer "la gravedad y la extensión del fenómeno" queda mucho más que hacer para "alcanzar el nivel de conciencia en la opinión pública" y para establecer una mejor coordinación de esfuerzos por parte de los "gobiernos, de las autoridades jurídicas, de las legislativas y de los trabajadores sociales".
El Santo Padre ha expresado a los presentes su aprecio por su "compromiso para que crezca la conciencia social sobre la dimensión de esta plaga" que "golpea especialmente a las mujeres y a los niños". Del mismo modo les ha dado las gracias por su "fiel testimonio al Evangelio de la misericordia" como se ha demostrado "por vuestro compromiso en la recuperación y la rehabilitación de las víctimas".
Por otro lado, ha reconocido también la contribución específica ofrecida por mujeres "en el acompañar otras mujeres y niños en un profundo y personal itinerario de sanación y de reintegración".
Finalmente, el Pontífice se ha mostrado confiado en que el compartir experiencias, conocimientos y competencias contribuya "a un testimonio más eficaz del Evangelio en una de las periferias más grandes de nuestra sociedad contemporánea".
Jesús Bastante.


Si siete veces en un día vuelve a decirte: «Me arrepiento», lo perdonarás


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 17, 1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
«Es imposible que no haya escándalos; pero ¡ay del quien los provoca!
Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le atacaran al cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado.
Si tu hermano te ofende, repréndelo, y si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: "Me arrepiento", lo perdonarás».
Los apóstoles le dijeron al Señor:
«Auméntanos la fe».
El Señor contestó:
- «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." y os obedecería».
Palabra del Señor.

domingo, 6 de noviembre de 2016

Francisco pide que se mejoren las condiciones de vida en las cárceles del mundo

Queridos hermanos y hermanas,
En ocasión del Jubileo de hoy de los Reclusos, querría hacer un llamamiento a favor de la mejora de las condiciones de vida en las prisiones de todo el mundo, de manera que respete plenamente la dignidad humana de los detenidos. Además, deseo reiterar la importancia de reflexionar sobre la necesidad de una justicia penal que no sea exclusivamente punitiva, sino que esté abierta a la esperanza y la prospectiva de insertar al encarcelado en la sociedad. De manera especial, someto a consideración de las autoridades civiles de cada país la posibilidad de hacer, en este Año Santo de la Misericordia, un acto de clemencia a favor de los presos que considerarán idóneos para que se beneficien de tal disposición.
Hace dos días entró en vigor el Acuerdo de París sobre el clima del Planeta. Este importante paso hacia delante demuestra que la humanidad tiene la capacidad de colaborar para salvaguardar lo creado, para poner la economía al servicio de las personas y para construir la paz y la justicia. Mañana comenzará en Marrakech, Marruecos, una nueva sesión de la Conferencia sobre el clima, dirigida, entre otras cosas, a la actuación de dicho acuerdo. Deseo que todo este proceso esté guiado desde la consciencia de nuestra responsabilidad para el cuidado de la casa común.
Ayer en Escútari, Albania, fueron proclamados beatos 38 mártires: dos obispos, numerosos sacerdotes y religiosos, un seminarista y también laicos, víctimas de la durísima persecución del régimen ateo que dominó durante mucho tiempo este país en el siglo pasado. Ellos sufrieron la cárcel, las torturas y al final la muerte, por ser fieles a Cristo y a la Iglesia. Que su ejemplo nos ayude a encontrar en el Señor la fuerza que sostiene en los momentos de dificultad y que inspira actitudes de bondad, de perdón y de paz.
Saludo a todos ustedes, peregrinos, llegados de diferentes países: las familias, los grupos parroquiales y las asociaciones. En particular, saludo a los fieles de Sídney y de San Sebastián de los Reyes, al Centro Académico Romano Fundación, y a la comunidad católica venezolana en Italia, como también a los grupo de Adria-Rovigo, Mendrisio, Roccadaspide, Nova Siri, Pomigliano D’Arco y Picerno.
A todos les deseo un buen domingo. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta pronto!
(Mónica Zorita- RV)   (rom Vatican Radio)

LA VIDA FUTURA

Hemos celebrado esta misma semana la Conmemoración de los Fieles de Difuntos y quizá hemos acudido a honrar el lugar donde reposan nuestros seres queridos. En este contexto, es oportuna y providente la enseñanza que nos ofrece la Liturgia de la Palabra de este domingo.
En una de mis parroquias, el día de la fiesta patronal, uno de los vecinos expresaba con gracejo ante quien no viene ordinariamente a la iglesia, “Ya ve, hoy ha venido hasta el chino”. Y la persona aludida me confesaba: “Qué feliz era mi madre porque creía en esto, pero yo tengo otras ideas”.
El profesor Miguel García Baró afirmaba en una de sus conferencias: “La cultura actual es nihilista porque no cree en ningún absoluto”, y también: “El cristiano es el testigo de la esperanza absoluta”. Hoy la Palabra nos ofrece la razón de la esperanza: “Que Jesucristo, nuestro Señor, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado tanto y nos ha regalado un consuelo permanente y una gran esperanza, os consuele internamente”.
Es muy distinto caminar de cara al vacío, que hacerlo poniendo los ojos en el horizonte luminoso del abrazo de Dios, como dice el salmista: “Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor”.
Desde la esperanza teologal cabe hasta el acto supremo de entregar la vida: “Vale la pena morir a manos de los hombres cuando se espera que Dios mismo nos resucitará”. Y sigue el texto: “Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos”.
No estamos en este mundo como desterrados sin futuro. No hemos recibido la existencia para padecer o gozar de manera presentista los acontecimientos aciagos o afortunados de la vida. Tenemos a Alguien que nos ha precedido y que ha superado la muerte.
Gracias al Redentor es posible caminar con esperanza y mirar la existencia desde la luz de la fe como antesala de lo definitivo, de tal forma que algunos en razón de esta perspectiva se atreven a tomar una forma de vida profética. “En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección”.
Te deseo que en cualquier circunstancia te sostenga la certeza de la vida futura.
Ángel Moreno de Buenafuente

A Dios no se le mueren sus hijos

Jesús ha sido siempre muy sobrio al hablar de la vida nueva después de la resurrección. Sin embargo, cuando un grupo de aristócratas saduceos trata de ridiculizar la fe en la resurrección de los muertos, Jesús reacciona elevando la cuestión a su verdadero nivel y haciendo dos afirmaciones básicas.
Antes que nada, Jesús rechaza la idea pueril de los saduceos que imaginan la vida de los resucitados como prolongación de esta vida que ahora conocemos. Es un error representarnos la vida resucitada por Dios a partir de nuestras experiencias actuales.
Hay una diferencia radical entre nuestra vida terrestre y esa vida plena, sustentada directamente por el amor de Dios después de la muerte. Esa Vida es absolutamente «nueva». Por eso, la podemos esperar pero nunca describir o explicar.
Las primeras generaciones cristianas mantuvieron esa actitud humilde y honesta ante el misterio de la «vida eterna». Pablo les dice a los creyentes de Corinto que se trata de algo que «el ojo nunca vio ni el oído oyó ni hombre alguno ha imaginado, algo que Dios ha preparado a los que lo aman».
Estas palabras nos sirven de advertencia sana y de orientación gozosa. Por una parte, el cielo es una «novedad» que está más allá de cualquier experiencia terrestre, pero, por otra, es una vida «preparada» por Dios para el cumplimiento pleno de nuestras aspiraciones más hondas. Lo propio de la fe no es satisfacer ingenuamente la curiosidad, sino alimentar el deseo, la expectación y la esperanza confiada en Dios.
Esto es, precisamente, lo que busca Jesús apelando con toda sencillez a un hecho aceptado por los saduceos: a Dios se le llama en la tradición bíblica «Dios de Abrahán, Isaac y Jacob». A pesar de que estos patriarcas han muerto, Dios sigue siendo su Dios, su protector, su amigo. La muerte no ha podido destruir el amor y la fidelidad de Dios hacia ellos.
Jesús saca su propia conclusión haciendo una afirmación decisiva para nuestra fe: «Dios no es un Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos». Dios es fuente inagotable de vida. La muerte no le va dejando a Dios sin sus hijos e hijas queridos. Cuando nosotros los lloramos porque los hemos perdido en esta tierra, Dios los contempla llenos de vida porque los ha acogido en su amor de Padre.
Según Jesús, la unión de Dios con sus hijos no puede ser destruida por la muerte. Su amor es más fuerte que nuestra extinción biológica. Por eso, con fe humilde nos atrevemos a invocarlo: «Dios mío, en Ti confío. No quede yo defraudado» (Salmo 25,1-2).
José Antonio Pagola

¿Resucitar?


Jesús llega al final de su largo viaje hacia Jerusalén, donde, tras su entrada triunfal, se dirige al grandioso templo para purificarlo de las actividades mercantiles que profanaban su verdadero sentido. Las consecuencias lógicas de este atrevimiento es el conflicto y la controversia con las autoridades judías. Había alterado el ambiente establecido y los líderes religiosos, sobre todo escribas y saduceos, emprenden una campaña para desprestigiar y atrapar a Jesús con preguntas capciosas que cuestionen y comprometan su autoridad. Jesús se enfrenta a la oposición de estos grupos relevantes de la sociedad judía que buscan estratégicamente poder arrestarlo.
Anteriormente Jesús a criticado el orgullo y la avaricia de los fariseos; ahora se opone abiertamente a los saduceos, ricos y sabios, pertenecientes a las nobles familias sacerdotales de Jerusalén asociadas al templo, con gran influencia política, que negaban la resurrección de los muertos e incluso la creencia en los ángeles, porque, -según su opinión- no hay referencia alguna de estos conceptos en los libros de la Torá, considerada por ellos la única autoridad o Ley. Los saduceos saben que Jesús cree en la resurrección de los muertos. Se enfrentan a él y le preguntan en público para que diga algo escandaloso ante el pueblo y tengan motivo para acusarlo y arrestarlo.
La Ley del levirato
La ridícula pregunta que hacen a Jesús plantea un caso poco probable, pero posible. Se trata de una situación hipotética para proponer una discusión acerca de la aplicación correcta de un mandato bíblico: la ley del levirato. Según el libro del Deuteronomio 25, 5-6, cuando muere un hombre casado sin hijos, el hermano tiene que casarse con la viuda para dar descendencia al difunto y, además, el primogénito de la pareja llevará el nombre del difunto.
Apoyados en este texto, los saduceos se dirigen a Jesús llamándole «maestro» con el fin de adularlo, pero la pregunta pretende confundirle y menospreciar su autoridad: En el caso hipotético que una mujer tuviera que casarse con siete hermanos y si hubiera resurrección e inmortalidad después de esta vida… ¿cuál de todos ellos será su marido en la vida futura? La pregunta considera la resurrección como una prolongación de la vida terrena, tal como la conocemos. Invitan a Jesús a entrar en una discusión entre saduceos y fariseos, porque éstos no creen en la resurrección y los saduceos, sí.
Enseñanza de Jesús:
Jesús aprovecha la ocasión para enseñar sobre el matrimonio y la resurrección de los muertos. Advierte que el matrimonio sirve al orden natural del mundo creado y, por ende, es la base de la familia y de la sociedad. La ley del levirato sirve precisamente para estos propósitos queridos por Dios. Sin embargo, los muertos que alcanzan la resurrección participan de una nueva creación fuera de nuestro entendimiento y en la que el matrimonio será irrelevante. La procreación es necesaria solo en el mundo donde la gente muere, pero no en el mundo donde quienes lo habitan son «como ángeles» y no hay muerte.
Y aprovecha una cita del libro del Éxodo, precisamente de la Torá para afirmar ante los saduceos su enseñanza sobre al resurrección. Dios se manifiesta a Moisés como el «Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob» (Éxodo 29,37). En el tiempo de Moisés hacía muchos años que habían muerto ya los patriarcas citados, sin embargo, Dios habla de ellos en presente, como si estuvieran vivos. Jesús, al referirse a este pasaje fundamental del judaísmo, afirma que la Torá sí habla de la resurrección. La respuesta de Jesús afirma una diferencia radical entre la vida terrena y la vida de la resurrección. Ésta no consiste en una mera continuación de la vida terrena, sino en una vida distinta y plena, que no podemos limitar con nuestras categorías humanas. Jesús afronta el reto de sus opositores y resuelve sabiamente la cuestión planteada. Afirma abiertamente la resurrección de los muertos y la vida después de la muerte.
También hoy mucha gente continua haciéndose preguntas sobre este tema. Para muchos resulta absurdo creer en la resurrección, y prefieren optar por la reencarnación o por la nada. Sin embargo, los cristianos, confiados en la promesa de Jesucristo, no solo creemos, sino que esperamos la resurrección, como respuesta de Dios al enigma de la muerte. El Dios cristiano no es «Dios de muerte», es decir, del vacío absurdo y de la nada final. Es un «Dios de vida», del que procede la vida y al que tienden todos los vivientes. Así lo afirma Jesús en el evangelio: «No es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos están vivos». El evangelio nos invita a reafirmar con Cristo nuestra fe y esperanza en la vida eterna, tal como profesamos en el Credo: «Creo en la resurrección de los muertos, en la vida del mundo futuro. Amén.»
Aurelio García Macías
Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Alfa y Omega

No es Dios de muertos, sino de vivos


Lectura del santo Evangelio según san Lucas 20, 27-38
En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y preguntaron a Jesús:
«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron cono mujer».
Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor "Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob". No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».
Palabra del Señor.

sábado, 5 de noviembre de 2016

5 de noviembre: santa Ángela de la Cruz


Desde pequeñita fue alegre, devota y trabajadora. Sus problemas de salud le impidieron entrar en las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad. Pasado el tiempo, y tras una profunda maduración espiritual fundamentada en la oración, fundó el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, que se caracterizaban por el servicio a los pobres, «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo». Murió en 1932 y fue canonizada en 2003 en Madrid por san Juan Pablo II
Santa Ángela de la Cruz, más conocida como sor Ángela de la Cruz, nació en Sevilla en 1846. De pequeña era una niña alegre, devota y trabajadora. A los 13 años se tuvo que poner a trabajar y entró en un taller de zapatería. Tres años después, sor Ángela conoce al padre José Torres, un apoyo para su vida espiritual que le anima a madurar en su fe.
Tras un proceso de maduración espiritual, Ángela decide hacerse religiosa pero las Carmelitas Descalzas y las Hijas de la Caridad la rechazan por motivos de salud, así que, a pesar de no poder entrar como monja, Ángela continúa su vida de oración. Es estando en recogimiento, cuando ve una cruz vacía frente a la Cruz de Cristo crucificado, y recibe la inspiración de inmolarse junto a Jesús para la salvación de las almas. Esta inspiración presidirá toda su vida y la de sus hijas en la orden que iba a fundar.
Tras el suceso el padre José le manda escribir un diario espiritual. En él fue detallando su estilo de vida, que sería después el de sus hijas, cuando, en 1875, Ángela funde el Instituto de Hermanas de la Compañía de la Cruz, caracterizado por el servicio a los pobres «haciéndose pobre con el pobre para llevarlo a Cristo».
Las vocaciones crecen rápidamente así como las personas a las que tienen que atender. Pobres y ricos, todos estiman a las Hermanas de la Compañía de la Cruz. Son años de muchas fundaciones para Ángela, que morirá el 2 de marzo de 1932 a los 86 años de edad.
Fue beatificada en 1982 y canonizada por san Juan Pablo II el 4 de mayo de 2003 en la madrileña plaza de Colón.
José Calderero @jcalderero

 Alfa y Omega

Comentario de Benedicto XVI al evangelio según san Lucas (16,9-15)



«Narrando la parábola de un administrador injusto, pero muy astuto, Cristo enseña a sus discípulos cuál es el mejor modo de utilizar el dinero y las riquezas materiales, es decir, compartirlos con los pobres, granjeándose así su amistad con vistas al reino de los cielos. 

"Haceos amigos con el dinero injusto —dice Jesús—, para que cuando os falte, os reciban en las moradas eternas" (Lc 16, 9). El dinero no es "injusto" en sí mismo, pero más que cualquier otra cosa puede encerrar al hombre en un egoísmo ciego. 

Se trata, pues, de realizar una especie de "conversión" de los bienes económicos: en vez de usarlos sólo para el propio interés, es preciso pensar también en las necesidades de los pobres, imitando a Cristo mismo, el cual, como escribe san Pablo, "siendo rico, por vosotros se hizo pobre, a fin de que os enriquecierais con su pobreza" (2 Co 8, 9). Parece una paradoja Cristo no nos ha enriquecido con su riqueza, sino con su pobreza, es decir, con su amor, que lo impulsó a entregarse totalmente a nosotros. 

Aquí podría abrirse un vasto y complejo campo de reflexión sobre el tema de la riqueza y de la pobreza, incluso a escala mundial, en el que se confrontan dos lógicas económicas la lógica del lucro y la lógica de la distribución equitativa de los bienes, que no están en contradicción entre sí, con tal de que su relación esté bien ordenada. La doctrina social católica ha sostenido siempre que la distribución equitativa de los bienes es prioritaria. El lucro es naturalmente legítimo y, en una medida justa, necesario para el desarrollo económico. 

(...) La emergencia del hambre y la emergencia ecológica muestran cada vez con más evidencia que cuando predomina la lógica del lucro aumenta la desproporción entre ricos y pobres y una dañosa explotación del planeta. En cambio, cuando predomina la lógica del compartir y de la solidaridad, es posible corregir la ruta y orientarla hacia un desarrollo equitativo y sostenible. 

María santísima, que en el Magníficat proclama el Señor "a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos" (Lc 1, 53), ayude a los cristianos a usar con sabiduría evangélica, es decir, con generosa solidaridad, los bienes terrenos, e inspire a los gobernantes y a los economistas estrategias clarividentes que favorezcan el auténtico progreso de todos los pueblos. 

(Benedicto XVI, Ángelus del 23-9-2007)

NO PODÉIS SERVIR A DIOS Y AL DINERO


Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,9-15):


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. 

El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? 

Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.»

Oyeron esto los fariseos, amigos del dinero, y se burlaban de Él.
Jesús les dijo: «Vosotros presumís de observantes delante de la gente, pero Dios os conoce por dentro. La arrogancia con los hombres Dios la detesta.»

Palabra del Señor