sábado, 13 de agosto de 2016

El arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, comparte cena con los sintecho de San Antón

 El arzobispo de Madrid, don Carlos Osoro, compartió ayer una tarde con la comunidad de San Antón, la iglesia que gestiona Mensajeros de la Paz, la ONG del Padre Ángel. Después de oficiar la misa de las 19 h, colaboró en el reparto de las más de doscientas cincuenta cenas que se dan cada día en el centro social dentro del templo.
El arzobispo dijo en la homilía de la misa que los cristianos tienen la obligación de entregar el amor que Dios les dio y regalar a los demás ese amor. Animó a los presentes a que no se separen de Dios y a que trabajen a su favor, pues las obras nos sirven para acercarnos a él.
El padre Ángel recordó las palabras que le dijo hace algunos días el obispo de Callao, José Luis del Palacio, cuando visitó la iglesia y dijo que los pobres "son el tesoro con el que tiene que trabajar la Iglesia". También recordó en sus palabras al cardenal Tarancón, y le entregó al arzobispo una imagen de la Virgen de Covadonga en agradecimiento de su visita.
Tras terminar la misa, don Carlos habló con los fieles que habían participado en la ceremonia, especialmente con algunos de los sintecho que acuden a la iglesia, a los que preguntó por sus circunstancias personales. Saludó en la fila uno por uno a todos los usuarios que guardaban turno para coger la cena y colaboró en el reparto del menú, que estaba compuesto por bocadillo de lomo o vegetal, gazpacho, zumo y melocotón.
Don Carlos confesó al Padre Ángel sentirse de nuevo impresionado por el ambiente sanador y solidario que existe en San Antón. Por su parte, mientras el arzobispo leía los múltiples comentarios registrados en el cuaderno de firmas de la iglesia, el fundador y presidente de Mensajeros de la Paz contó que su amigo el arzobispo Osoro todavía no ha cogido vacaciones de verano. "No para de trabajar, y hoy ha venido a San Antón porque va a dedicar cada viernes a una obra de misericordia especial, como el Papa", detalló el Padre Ángel.
La iglesia de San Antón, en el centro de Madrid (Calle Hortaleza, núm. 63), está abierta las 24 horas y ofrece servicios básicos, atención afectiva y actividades culturales y de ocio a personas sin hogar.
(Mensajeros de la Paz)

La visita del Papa podría provocar una 'revolución franciscana' en la Iglesia polaca


La visita del Papa Francisco a Polonia en el marco de la Jornada Mundial de la Juventud de Cracovia -evento que reunió a más de dos millones de jóvenes de 187 países, además de 50 cardenales, 850 obispos, 20.000 sacerdotes y 30.000 mujeres religiosas- desencadenará "presión desde abajo", para que la Iglesia "abandone la mala praxis" eclesial y pastoral, que aún persiste en el país, según Malgorzata Glabisz-Pniewska, católica fiel y presentadora de la radio nacional polaca.
Entrevistada esta semana por el corresponsal en Polonia del NCRGlabisz-Pniewska opinó que no es que una posible reforma de la Iglesia polaca se deba a que el papa haya conseguido convencer al episcopado nacional -después de un periplo de solo cinco días- a que abandone su conservadurismo histórico en temas como el aborto, el matrimonio, el divorcio, la homosexualidad o la acogida que se le debe a los refugiados que llegan a Europa.
Más bien, según esta periodista, el hecho de que el pontífice ya haya convencido a mucha gente de a pie, en su paso por Polonia, de su mensaje de misericordia, paz y perdón -o de "memoria, coraje y sembrar para el futuro", como él mismo lo plasmó en su improvisado discurso de despedida de la JMJ- podría hacer "que sea más difícil para los obispos mantener su actitud severa e intransigente" en cuestiones pastorales.
Con esta alusión al pensamiento "en blanco y negro" con el que los obispos polacos siguen enfocando las realidades sociales, Glabisz-Pniewska se refería, en primer lugar, a la lealtad que muchos aún profesan por su hijo predilecto, el papa conservador San Juan Pablo II.
Por otro lado, la inmovilidad de la jerarquía polaca encuentra explicación también en su peculiar interpretación de las líneas en Amoris laetitia al tenor de que "en cada país o región se pueden buscar soluciones más inculturadas" a las situaciones imperfectas en las que viven familias reales, respuestas que sean "atentas a las tradiciones y a los desafíos locales" (AL, 3).
Este es el artículo al que se aferran los obispos polacos como excusa para que todo siga igual, y como "valvula de escape" que les excuse de tener que implementar el cambio hacia el discernimiento y el acompañamiento pastoral que Francisco ha propuesto para toda la Iglesia.
La inercia que se experimenta en la Iglesia polaca se debe, pues, al miedo del episcopado de que el Papa Bergoglio no entienda ni la situación en Polonia ni la de Europa más ampliamente.  O al menos no tan bien como el Papa Wojtyla. Pero como explica Glabisz-Pniewska, ahora que los polacos -católicos o no- se han encontrado con el Francisco de carne y hueso pueden decidir por sí mismos si comprenden bien los desafíos a los que se enfrentan.
Para esta locutora de la radio polaca, todo apunta a que la gente del país sí ha sido receptiva al mensaje y persona del papa argentino. "El papa representa otra mentalidad completamente distinta respecto al lugar de la Iglesia en la vida cotidiana", señaló Glabisz-Pniewska. "Ciertamente habrá atraído a muchos católicos polacos normales. Gente así quedó conmovida por sus palabras y gestos, y sintió que  el Papa entendió sus necesidades", prosiguió en la entrevista al NCR.
Pero más allá del despertar meramente "eclesial" que el papa haya podido inspirar a su paso por Polonia, hay signos de que el mensaje de Francisco sobre la importancia "de acoger a los que huyen de las guerras y del hambre" pueda traducirse en políticas más humanitarias hacia los migrantes por parte del gobierno nacional.
Aunque, de momento, la primera ministra de Polonia, Beata Szydlo, sigue manteniendo que la llamada del pontífice a mantener "el corazón abierto" a los refugiados no significa que haya que asilarlos en el país, no hay nada que impida pensar que si la población polaca -de la cual el 94% se defina como católico- puede presionar a sus obispos para que adopten posturas más compasivas, no pueda hacer lo mismo con sus políticos también.
(Cameron Doody)

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.


Sal 50, 12-13. 14-15. 18-19 

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Oh, Dios, crea en mi un corazón puro, 
renuévame por dentro con espíritu firme.
No me arrojes lejos de tu rostro, 
no me quites tu santo espíritu.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Devuélveme la alegría de tu salvación, 
afiánzame con espíritu generoso. 
Enseñaré a los malvados tus caminos, 
los pecadores volverán a ti.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.
Los sacrificios no te satisfacen: 
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. 
El sacrificio agradable a Dios 
es un espíritu quebrantado; 
un corazón quebrantado y humillado, 
tú, oh, Dios, tú no lo desprecias.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro.

No impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 19, 13-15
En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase, pero los discípulos los regañaban.
Jesús dijo:
-«Dejadlos, no impidáis a los niños acercarse a mí; de los que son como ellos es el reino de los cielos».
Les impuso las manos y se marchó de allí.
Palabra del Señor.

viernes, 12 de agosto de 2016

¿Sabías que la Iglesia católica está constituida por 24 Iglesias autónomas?


¡Es así! La Iglesia Católica no se limita al rito romano. Es una gran comunión de 24 Iglesias, siendo 1 occidental y 23 orientales.
La rama occidental está representada por la tradición latina de la Iglesia Católica Apostólica Romana. Es llamada “occidental” debido a la localización geográfica de Roma, y no porque su presencia se restrinja a países de Occidente: en realidad, la Iglesia Católica de rito romano está presente en el mundo entero y tiene diócesis en todos los continentes, de Portugal a Japón, de Brasil a Rusia, de Angola a China, de Canadá a Nueva Zelanda.
Las Iglesias católicas orientales también tienen fieles diseminados por el mundo, pero, por razones históricas, están más fuertemente presentes en los lugares donde surgieron. Poseen tradiciones culturales, teológicas y litúrgicas diferentes, así como estructura y organización territorial propias, pero profesan la misma e única doctrina y fe católica, manteniéndose, por tanto, en comunión completa entre si y con la Santa Sede.
Todas las 24 Iglesias que componen la Iglesia Católica son consideradas Iglesias “sui iuris”, o sea, son autónomas para legislar de modo independiente respecto a su rito y su disciplina, pero no respecto de los dogmas, que son universales y comunes a todas ellas y garantizan su unidad de fe – formando, esencialmente, una única Iglesia Católica obediente al Santo Padre, el Papa, que a todas preside en la caridad.
La legislación de cada Iglesia “sui iuris” es estudiada y aprobada por su respectivo sínodo, o sea, por la reunión de sus obispos bajo la presidencia de su arzobispo-mayor o patriarca. Por ejemplo, la Iglesia Melquita está presidida por Su Beatitud el Patriarca Gregorio III; la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, por Su Beatitud el Arzobispo-Mayor Sviatoslav Shevchuk. El rebaño de los fieles católicos de rito latino está guiado directamente por el Papa Francisco, obispo de Roma, que es también el líder de toda la gran comunión de la Iglesia Católica en sus diversas tradiciones.
Es muy común incluso ahora, en especial en Occidente, confundir la Iglesia Católica con el rito latino, un error que viene teniendo lugar desde hace siglos y que, a lo largo de la historia, ha causado serios daños a los católicos de ritos orientales. Lo que es preciso entender es que todos los católicos latinos son, obviamente, católicos; mero no todos los católicos son católicos latinos. ¡Y esta es una de las muchísimas riquezas del infinito tesoro de la Iglesia que es Una, Santa, Católica y Apostólica!
El Concilio Vaticano II reconoció que todos los ritos aprobados por las Iglesias que forman la Iglesia Católica tienen la misma dignidad y derecho y deben ser preservados y promovidos.
Además, si hablamos de los ritos, otra confusión frecuente es la que se produce entre el rito latino y el rito romano: los términos suelen usarse como sinónimos, pero, técnicamente, además del rito romano, también existen otros ritos latinos de ciertas Iglesias locales, como el ambrosiano o el mozárabe, y los de algunas órdenes religiosas, además del rito tridentino (o forma extraordinaria del rito romano). Pero no están vinculados a Iglesias autónomas “sui iuris“, sino que son diferentes ritos dentro de la misma tradición latina de la Iglesia Católica.
Respecto a los ritos orientales, las diferencias tienen más que ver con la diversidad de tradiciones y tiene vínculos históricos entre los ritos y las Iglesias “sui iuris” específicas que los adoptan: son el alejandrino o copto, el bizantino, el antioqueno o siríaco occidental, el caldeo o siríaco oriental, el armenio y el maronita.
Pero ¿cuáles son, en definitiva, las Iglesias “sui iuris” que forman la Iglesia Católica? Aquí la impresionante lista:
DE RITO OCCIDENTAL
Tradición litúrgica latina:
Rito latino de la Iglesia Católica Apostólica Romana (sede en Roma)
DE RITOS ORIENTALES
Tradición litúrgica alejandrina:
Iglesia Católica Copta (patriarcado; sede en El Cairo, Egipto)
Iglesia Católica Etíope (metropolitanado; sede en Addis Abeba, Etiopía)
Iglesia Católica Eritrea (metropolitanado; sede en Asmara, Eritrea)
Tradição litúrgica bizantina:
Iglesia Greco-Católica Melquita (patriarcado; sede en Damasco, Siria)
Iglesia Católica Bizantina Griega (eparquía; sede en Atenas, Grecia)
Iglesia Católica Bizantina Ítalo-Albanesa (eparquía; sede en Sicilia, Italia)
Iglesia Greco-Católica Ucraniana (arzobispado mayor; sede en Kiev, Ucrania)
Iglesia Greco-Católica Bielorrusa (también llamada Católica Bizantina Bielorrusa)
Iglesia Greco-Católica Rusa (sede en Novosibirsk, Rusia)
Iglesia Greco-Católica Búlgara (eparquía; sede en Sofía, Bulgaria)
Iglesia Católica Bizantina Eslovaca (metropolitanado; sede en Prešov, Eslovaquia)
Iglesia Greco-Católica Húngara (metropolitanado; sede en Nyíregyháza, Hungría)
Iglesia Católica Bizantina de Croacia y Serbia (eparquía; sedes en Križevci, Croacia, y Ruski Krstur, Serbia)
Iglesia Greco-Católica Rumana (arzobispado mayor; sede en Blaj, Rumanía)
Iglesia Católica Bizantina Rutena (metropolitanado; sede en Pittsburgh, Estados Unidos)
Iglesia Católica Bizantina Albanesa (eparquía; sede en Fier, Albania)
Iglesia Greco-Católica Macedónica (exarcado o exarquía; sede en Skopje, Macedonia)
Tradición litúrgica armenia:
Iglesia Católica Armenia (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Tradición litúrgica maronita:
Iglesia Maronita (patriarcado; sede en Bkerke, Líbano)
Tradición litúrgica antioquena o siríaca occidental:
Iglesia Católica Siríaca (patriarcado; sede en Beirut, Líbano)
Iglesia Católica Siro-Malancar (arzobispado mayor; sede en Trivandrum, India)
Tradición litúrgica caldea o siríaca oriental:
Iglesia Católica Caldea (patriarcado; sede en Bagdad, Iraq)
Iglesia Católica Siro-Malabar (arzobispado mayor; sede en Cochín, India)
Aleiteia

Decálogo para saber envejecer

El verano y las vacaciones son, sin duda, una época propicia para rejuvenecer, para mostrar nuestra mejor silueta, para considerarnos más en forma.
Todo el mundo quiere ser joven y parecerlo. Incluso las personas de edad más avanzada. Quizás porque, como decía alguien, “nada nos hace envejecer con mayor rapidez que el pensar incesantemente en que nos hacemos viejos”. Por eso, lo mejor será pensar que aún somos jóvenes.
Como suele decir Manuel Alcántara, con su fino humor: “Y dentro de cien años, cuando todos seamos jóvenes…”. Pues, eso. Acaso lo más interesante, y además, gran verdad, sea pensar que “toda edad tiene sus propios frutos; hace falta saberlos recoger”. Para quien quiera conocer los secretos de “saber envejecer”, valga este decálogo fácil y sencillo.
1. “Cuidarás tu presentación cada día”. Arréglate como si fueras a una fiesta. ¡Qué más fiesta que la vida! Que al verte se alegren los ojos de los demás.
2. “No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación”. Saldrás a la calle y al campo de paseo: “El agua estancada se pudre”.
3. “Amarás el ejercicio físico”. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de casa, por lo menos abrir la puerta, regar las rosas, contestar el teléfono.
4. “Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado”. La cabeza gacha, la espalda encorvada, la mirada perdida, no favorecen nada. Que la gente diga un piropo cuando pasas: “¡Qué recto va el señor! ¡Qué guapa la señora!”.
5. “¡No hablarás de tu edad, ni te quejarás de tus achaques reales o imaginarios!”. Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que eres. A la gente no le gusta oír historias de hospital. Cuando te pregunten cómo estás, dirás que. ¡muy bien!
6. “Cultivarás el optimismo sobre todas las cosas”. Al mal tiempo, buena cara. Sé positivo y`de buen humor. La vejez no es cuestión de años sino un estado de ánimo. El corazón no envejece.
7. “Tratarás de ser útil a los demás”. Ayuda con una sonrisa, un consejo, un servicio. No te coloques el cartel de “inservible”.
8. “Trabajarás con tus manos y con tu mente”. Haz lo que puedas. El trabajo es la terapia infalible.
9. “Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas”. Desde luego, las que se anudan en el hogar, integrándote a todos los miembros de tu familia.
10. “No pensarás que todo el tiempo pasado fue mejor”. Deja de estar condenando tu mundo y maldiciendo tu momento.
Fáciles consejos que todos podemos poner en práctica. Nos irá fenomenal.
Zenit

Cardenal Bagnasco: “La crisis del mundo es sobre todo una crisis espiritual”

Fue asesinado el 10 de agosto del 258 por orden del emperador romano Valeriano porque no estaba dispuesto a negociar su fe en Cristo. El martirio de san Lorenzo es todavía actual. Lo es en la medida en la que, en el mundo, muchos cristianos están dispuestos a aceptar sacrificios por no aceptar al pensamiento dominante.
Lo dijo este miércoles el cardenal Angelo Bagnasco, en la misa celebrada en ocasión de la fiesta de san Lorenzo, patrón de la catedral de Génova, de la que es arzobispo el presidente de la Conferencia Episcopal Italiana.
La historia de san Lorenzo sugiere al purpurado italiano una comparación con la época contemporánea: “mientras continúan las persecuciones clásicas, que conocemos de una historia que se creía lejana, hoy se añaden formas refinadas pero no menos crueles, legalizadas pero no menos injustas”. Su referencia es a “nuestro viejo occidente”, “enfermo como está en las propias ideologías fracasadas”, que presume de “derechos” mientras que “discriminan el cristianismo cada vez más”. Sin embargo –advirtió el cardenal– ningún poderoso de la tierra podrá poseer para siempre el corazón del hombre a través de la propaganda de las mentiras, con promesas trucadas, democracias aparentes.
Hoy, añadió el presidente de la CEI, en nombre de valores como la igualdad, la tolerancia, los derechos, se pretende marginar el cristianismo y se quiere crear un orden mundial sin Dios, donde la diversidad por una parte es exaltada y por otro es aplastada. Existe “la voluntad prepotente de homologar, de querer condicionar las visiones profundas de la vida y de los comportamientos, el sistemático restablecimiento de las identidades culturales”.
Se está llevando a cabo en Europa –según el cardenal Bagnasco– una refundación continental dañina que los pueblos sienten pesada y arrogante, donde el cristianismo viene considerado divisivo porque no se postrar a los emperadores de turno. Pero “la historia demuestra que cuando los poderosos se concentran en la propia supervivencia para ambiciones personales, y renuncian a los intereses públicos, es la hora de la decadencia”.
El arzobispo de Génova recordó que “la crisis del mundo es sobre todo una crisis espiritual” y “nuestro continente, frente a los desafíos actuales, tartamudea porque está perdido y asustado, porque ya no sabe quién es, habiendo cortado sus orígenes culturales y religiosos, hasta sentir vergüenza de las propias tradiciones, de los propios símbolos y de los propios ritos”.
A propósito de san Lorenzo, el cardenal Bagnasco precisó el valor que el cristianismo da al martirio: “El mártir no es aquel que pierde la vida en el intento de quitarla a los otros, sino aquel que ofrece su vida para que los otros la tengan”. Como recuerda el Evangelio de esta memoria litúrgica: “Si el grano de trigo muere, produce mucho fruto” y “los frutos verdaderos son vida, no muerte”.
Por otro parte, “la vida humana es sagrada porque viene de Dios” por tanto –la conclusión del arzobispo de Génova– es que “va siempre respetada y nadie se la puede quitar a sí mismo o a los otros”.
Zenit

Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero, al principio, no era así.


Evangelio según San Mateo 19,3-12.

Se acercaron a él algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le dijeron: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?".

El respondió: "¿No han leído ustedes que el Creador, desde el principio, los hizo varón y mujer; y que dijo: Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos no serán sino una sola carne?

De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". 

Le replicaron: "Entonces, ¿por qué Moisés prescribió entregar una declaración de divorcio cuando uno se separa?".

El les dijo: "Moisés les permitió divorciarse de su mujer, debido a la dureza del corazón de ustedes, pero al principio no era así.

Por lo tanto, yo les digo: El que se divorcia de su mujer, a no ser en caso de unión ilegal, y se casa con otra, comete adulterio".

Los discípulos le dijeron: "Si esta es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse".

Y él les respondió: "No todos entienden este lenguaje, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido.

En efecto, algunos no se casan, porque nacieron impotentes del seno de su madre; otros, porque fueron castrados por los hombres; y hay otros que decidieron no casarse a causa del Reino de los Cielos. ¡El que pueda entender, que entienda!".

jueves, 11 de agosto de 2016

5 Anécdotas de Santa Clara de Asís


El pan y la cruz
En una de las visitas del Papa al Convento, dándose las doce del día, Santa Clara invita a comer al Santo Padre pero el Papa no accedió. Entonces ella le pide que por favor bendiga los panes para que queden de recuerdo, pero el Papa respondió:
– Quiero que seas tú la que bendigas estos panes.
Santa Clara le dice que sería como un irrespeto muy grande de su parte hacer eso delante del Vicario de Cristo. El Papa, entonces, le ordena bajo el voto de obediencia que haga la señal de la Cruz. Ella bendijo los panes haciéndole la señal de la Cruz y al instante quedó la Cruz impresa sobre todos los panes.
Exceso de humildad
Santa Clara guardaba finas atenciones a las hermanas que mendigaban fuera del monasterio. Hasta llegaba a lavarles los pies.
En una ocasión, después de haber lavado los pies, quiso besarlos. La hermana, no soportando tanta humildad, retiró el pie y golpeó el rostro de Clara. Pese al moretón y quizás al hilo de sangre de la nariz, volvió a tomar con ternura el pie y bajo la misma planta estampó un apretado beso.
Esta santa monjita…
Santa Clara estuvo enferma 27 años en el convento de San Damián, soportando todos los sufrimientos de su enfermedad con paciencia heroica. En su lecho bordaba, hacía costuras y oraba sin cesar.
El Sumo Pontífice la visitó dos veces y exclamó:
– Ojalá yo tuviera tan poquita necesidad de ser perdonado como la que tiene esta santa monjita.

El Santísimo Sacramento
En 1241 los sarracenos atacaron la ciudad de Asís. Cuando se acercaban a atacar el convento que está en la falda de la loma, en el exterior de las murallas de Asís, las monjas se fueron a rezar muy asustadas y Santa Clara, cuya fe en el Santísimo Sacramento era prácticamente inquebrantable, tomó en sus manos la custodia con la hostia consagrada y se les enfrentó a los atacantes.
Ellos experimentaron en ese momento tan grande terror que huyeron despavoridos…

Patrona de la televisión
Hallándose una vez Santa Clara gravemente enferma, hasta el punto de no poder ir a la iglesia para rezar el oficio con las demás monjas, llegó la solemnidad de la natividad de Cristo. Todas las demás fueron a rezar, quedando ella sola en la cama, afligida por no poder ir con ellas. Pero Jesucristo, su esposo, no quiso dejarla sin aquel consuelo y la hizo transportar milagrosamente a la iglesia de San Francisco y asistir a todo el oficio de los maitines y de la misa de media noche. Además pudo recibir la comunión, y acto seguido, fue llevada de nuevo a su cama.
Las monjas, terminado el oficio en San Damián, fueron a ver a Santa Clara y le dijeron:

– Ay madre nuestra, sor Clara! ¡Cuánto consuelo hemos tenido en esta santa noche de Navidad! Quisiera Dios que hubieras estado con nosotras.
Y Santa Clara respondió:
– Yo doy gracias y alabanzas a mi Señor Jesucristo bendito, hermanas e hijas mías amadísimas, porque he tenido la dicha de asistir, con gran consuelo de mi alma, a toda la función de esta noche santa y ha sido mayor que la que han tenido ustedes. Por intercesión de mi padre San Francisco y por la gracia de mi Señor Jesucristo, me he hallado presente en la iglesia, y he oído con mis oídos espirituales y corporales todo el canto y la música del órgano, y hasta he recibido la sagrada comunión. Alégrense, entonces, y den gracias a Dios por esta gracia tan grande que me ha hecho.
Es por esto que Santa Clara fue nombrada patrona de la televisión.
Artículo originalmente publicado por recursoscatolicos.com.ar

José Alegre: "El carisma profético es un don de Dios"

 Querida Kandi: Una vez regresado a mi monasterio después de asistir como invitado al Capítulo de vuestra Congregación de Castilla, quiero expresarte mi agradecimiento por la Semana que he pasado con vosotras en el monasterio de Santo Domingo de las Calzada.
Han sido unos días muy interesantes de convivencia y reflexión de todos los monasterios cistercienses femeninos, bajo tu presidencia y acompañados por el buen servicio espiritual de nuestro Abad General de la Orden.
Han sido unos días de reflexión en torno a la vida de nuestros monasterios, y de despertar la conciencia en torno a la importancia que tienen hoy nuestros valores monásticos, así como de la necesidad de hacer con ellos un buen servicio a nuestra sociedad. Por esto, he considerado que era interesante enviarte estas líneas al modo de una carta abierta.
La vida de una Congregación cisterciense ya es por sí interesante, pues va más allá de los vínculos jurídicos, es una relación, yo diría de familia, donde prevalecen los lazos de ayuda, de compartir, de estímulo mutuo: vida litúrgica, económica, espiritual...
No es, pues extraño que al inicio nos saludases a todos con la palabra del salmista: es hermoso vivir los hermanos unidos (Salm 132)
Un saludo que no era un mero cumplimiento, sino como el sello de un trabajo serio durante varios años, y en ocasiones con problemas nada fáciles, pero todo vivido y llevado a término con un servicio generoso, siempre necesario en la vida de la monja o del monje. Y aquí siempre con el mismo horizonte: potenciar la unidad de la Congregación.
Hoy, en nuestro tiempo, y en esta sociedad concreta tan amenazada de dispersión, cuando no de violencia y enfrentamiento, siempre es de agradecer poner en juego todo un esfuerzo de servicio para crecer en la unidad y en la reconciliación. Yo creo que es el signo de una fe madura.
En esta línea habló una palabra de profunda sabiduría nuestro Abad General en un comentario exegético de las parábolas del Hijo Prodigo y del Buen Samaritano, que venía a subrayar la fecundidad de un Dios Padre que siempre sorprende a nuestra infidelidad con nuevos signos de vida y de fecundidad. Lo cual es hoy algo trascendente cuando nosotros nos acostumbramos a "sobrevivir", dejando de vivir con "el deseo de la plenitud". Dios es la fuente de la vida, y quiere sumergirnos en su caudal de vida, para ser como hijos suyos creadores de vida, potenciadores de vida.
¿Y no es potenciar la vida, sugerir caminos de vida, de amor.... Exhortar a tener una vida de buena relación, a tener una comunicación fluida, una solidaridad fraterna... hechas verdades vividas en el afecto y el cariño y en la ayuda mutua.
Estas líneas, o estos sentimientos no son patrimonio exclusivo de monasterios sino de la misma existencia humana. Si quiere ser verdaderamente humana.
Bien, pues en todo esto se mueve la inquietud de la Congregación. No obstante ser una inquietud vivida dentro de una palpable debilidad: comunidades con dificultades de edad y de salud en sus miembros, con escasez de vocaciones... Pero, no obstante es una buena ocasión para vivir la Palabra, para mostrar la madurez de nuestra fe, recordando la enseñanza de san Pablo: Cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte (2Cor 12,10)
Sólo que esto estamos llamados a vivirlo no con lamentación sino con la confianza en un Dios Padre, siempre fecundo como fuente de vida nueva, y que nos quiere fecundos en estos tiempos nada fáciles para una fecundidad espiritual.
Pero todo resulta más fácil cuando se contempla y se vive bajo el prisma de la Misericordia. Todos estos sentimientos están también impulsados por este movimiento de misericordia que ha levantado como un vendaval bonancible la iniciativa del Papa Francisco, y que esperamos no pase a mejor vida con el final del año, sino con el final de nuestra vida, cuando verdaderamente caigamos en los brazos amorosos del Padre que nos recibe en su casa no ya como trabajadores sino como hijos, regalándonos la plenitud de la vida.
Una mirada de ternura. Mirar con el corazón... Un corazón que da la impresión que hemos subido al desván para quedarnos tranquilos. Hay que bajar el corazón de ese espacio de objetos inútiles que es el desván, para que vuelva a recobrar la alegría ejercitándose en lo que es propio suyo: mirar con sensibilidad humana, mirar con ternura, con amor...
Tomás Merton decía: ... ya no somos profetas. Nuestros monasterios no dan al mundo moderno ninguna vocación profética. El carisma profético es un don de Dios, no un deber del hombre. Por otro lado si no se nos ha dado el don de Dios, tal vez nosotros no nos hemos preparado para recibirlo. Los contemplativos tendrían que ser capaces de decir al hombre moderno alguna cosa de Dios.
Y me pregunto: ¿Acaso todo esto que vengo escribiendo no tiene fuerza para decir al hombre moderno alguna cosa de Dios? Pero, evidentemente, no desde un corazón recogido en el desván.
Querida Kandi, sigue con el corazón en tus manos.
(José Alegre, monje de Poblet)

Santa Clara de Asís – 11 de agosto

Nació en Asís, Italia, entre 1193 y 1194 en el seno de una familia aristocrática. Era hija de Favarone di Offreduccio, conde de Sasso-Rosso, y de Ortolana di Fiume. Ésta era una mujer intrépida y generosa que atendía a los pobres, estaba al frente de la casa y peregrinaba a Roma, a Tierra Santa, a Santiago de Compostela y a otros santuarios esparcidos por Italia. Ella fue la artífice de la educación espiritual de Clara, que heredó muchas de sus virtudes, además de su amor a la oración y a las obras de caridad con los necesitados. Dado su origen nobiliario se cree que la santa debió recibir una formación cultural acorde con su estatus social, aunque no hay datos que lo corroboren, como también le enseñarían las labores propias de la época: hilar y tejer, así como cualquier aspecto apropiado para alguien de su alcurnia.
Nada más iniciarse el siglo XIII la guerra que enfrentó a los habitantes de Asís dividiéndolos en bandos, obligó a su familia a exiliarse a Perusa. En el transcurso de la misma cayó prisionero el joven Bernardone, futuro e incomparable santo, que luego sería liberado. Al final de esta contienda, hacia 1205, Clara y su familia regresaron a Asís. Poco después se produjo la conversión de Francisco, hecho que corrió como un reguero de pólvora al tratarse del hijo de un rico comerciante y líder absoluto de los jóvenes de la ciudad. Es posible que la santa fuese testigo del radical desprendimiento evangélico del Poverello efectuado ante el obispo y en presencia de su padre, además de muchos ciudadanos, porque su domicilio paterno se enclavaba en la céntrica plaza de la catedral (hoy con el nombre de San Rufino). Clara escuchaba con atención las noticias que circulaban por Asís sobre la conversión del heredero de los Bernardone y sus primeras correrías apostólicas con otros jóvenes de diversas clases sociales que habían quedado seducidos por Cristo. Ella se afanaba en cultivar el ayuno y la oración, al tiempo que socorría a los pobres, muchas veces ocultando los alimentos entre sus vestidos.
Sus padres la preparaban para casarla como correspondía a su alcurnia. Pero ya había elegido la virginidad y la pobreza como formas de vida. Le llamaba poderosamente la atención la austeridad de Francisco y sus seguidores. Conocía su lugar de reunión: la ermita de Santa María de los Ángeles (la Porciúncula). Y aunque contaba con la frontal oposición de su familia, durante cinco años estuvo sopesando la idea que se había clavado en sus entrañas de compartir el mismo ideal del Poverello. En ese tiempo se entrevistó con él a escondidas en varias ocasiones a las puertas de la Porciúncula. Finalmente, el Domingo de Ramos, bien de 1211 o de 1212, ella también abandonó familia, títulos, bienes, prestigio…, y se dirigió a la ermita. Fue recibida por Francisco y sus discípulos que entonaban solemnemente el Veni Creátor Spíritus. Dentro de la iglesia, la joven se desprendió de sus vestiduras y tomó el áspero hábito. En el suelo quedaron esparcidos sus cabellos cercenados por el fundador de los franciscanos dejando al descubierto la nuca que a partir de ese instante cubrió con negra toca.
A continuación, el santo la condujo al monasterio de San Pablo de las Abadesas, situado en Bastia Umbra. Así prevenía las gravísimas consecuencias que esta decisión tendría en su familia, como así fue. Pensó también que la tutela que la joven recibiría en el monasterio junto a los votos emitidos iban a preservarla de tener que regresar a casa. Además, al haber legado todos sus bienes, Clara no poseía dote alguna para ingresar en el convento, como habría hecho en condiciones normales. Tuvo que entrar como sierva, algo que aún incrementó más la contrariedad de sus padres que veían en ello algo humillante para una rica aristocrática. Cuando intentaron disuadirla y llevarla junto a ellos, se descubrió su cabeza tonsurada, y así ahuyentó sus propósitos. La determinación de la joven era irrevocable, y cuando las aguas se calmaron un poco, se trasladó a la comunidad del Santo Angel de Panzo, uniéndose a religiosas que llevaban vida comunitaria. Poco más tarde, su hermana Inés siguió sus pasos y tomó el hábito en presencia de Francisco. Después, establecidas ya en San Damián, lo hicieron Beatriz, su hermana pequeña, y su madre. El grupo fue creciendo, y de común acuerdo se abrazaron a los postulados que regía la naciente Orden franciscana, sometiéndose voluntariamente bajo obediencia.
Francisco le proporcionó las líneas que las religiosas debían seguir. Una de ellas era la limosna. En esa época ya estaban vigentes las indicaciones emanadas del IV concilio de Letrán que imponía a las nuevas órdenes regirse por una de las tres reglas existentes: la benedictina, la de san Basilio y la de san Agustín. En un primer momento, los recelos e incomprensiones les obligaron a adoptar la regla benedictina, pero Clara amaba profundamente la pobreza. De modo que acudió a Inocencio III, le solicitó y obtuvo de él, el privilegio de pobreza, y pudieron seguir plenamente el carisma franciscano, confiando únicamente en la divina Providencia. Ya entonces era abadesa de la comunidad de las Damas Pobres de San Damián, fundada por ella a petición de Francisco, quien puso el gobierno de la misma en sus manos. Clara siempre le asistió y apoyó, proporcionándole consuelo humano y espiritual.
Cuando San Damián pasó a depender de la Santa Sede, después del fallecimiento de Francisco, recibió el apoyo del cardenal Hugolino, futuro pontífice Gregorio IX. Ella fue la autora de la regla, primera de la historia de la Iglesia redactada por una mujer y dirigida a otras congéneres. La aprobó Inocencio IV que estuvo presente en su lecho de muerte, el 11 de agosto de 1253, donde acudió a visitarla y a darle su bendición. Había sido agraciada con numerosos carismas, entre otros, el don de milagros. Fue canonizada en Anagni por Alejandro IV el 15 de agosto de 1255. En 1958 Pío XII la declaró patrona de la televisión.
Zenit

No te digo que perdones hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete


Evangelio según San Mateo 18,21-35.19,1.

Se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?".


Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores.
Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos.

Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda.

El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo".
El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'.

El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'.

Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía.

Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor.

Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda.

¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'.

E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía.

Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".

Cuando Jesús terminó de decir estas palabras, dejó la Galilea y fue al territorio de Judea, más allá del Jordán.

“Jubileo: inagotable tesoro de la misericordia de Dios”, el Papa en la catequesis

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
El pasaje del Evangelio de Lucas que hemos escuchado (7,11-17) nos presenta un milagro de Jesús verdaderamente grandioso: la resurrección de un joven. Sin embargo, el corazón de esta narración no es el milagro, no: sino la ternura de Jesús hacia la madre de este joven. La misericordia toma aquí el nombre de una gran compasión hacia una mujer que había perdido al marido y que ahora acompaña al cementerio a su único hijo. Es este gran dolor de una madre que conmueve a Jesús y lo induce al milagro de la resurrección.
Al presentar este episodio, el evangelista se entretiene en muchos particulares. En la puerta de la ciudad de Naím – un pueblo – se encuentran dos grupos numerosos que provienen de direcciones opuestas y que no tienen nada en común. Jesús, seguido por sus discípulos y por una gran multitud está por entrar en la zona habitada, mientras de ella está saliendo la procesión fúnebre que acompaña a un difunto, con la madre viuda y mucha gente. Ante la puerta los dos grupos se acercan solamente recorriendo cada uno por su propio camino, pero es ahí que san Lucas precisa el sentimiento de Jesús: «Al verla, el Señor se conmovió y le dijo: ¡No llores! Después se acercó y tocó el féretro. Los que los llevaban se detuvieron» (vv. 13-14). Una gran compasión guía las acciones de Jesús: es Él quien detiene la procesión tocando el féretro y, conmovido por una profunda misericordia por esta madre, decide afrontar la muerte, por así decir, de tú a tú. Y la afrontará definitivamente, de tú a tú, en la Cruz.
Durante este Jubileo, sería una buena cosa que, al pasar por la Puerta Santa, la Puerta de la Misericordia, los peregrinos recordaran este episodio del Evangelio, sucedido en la puerta de Naím. Cuando Jesús vio a esta madre en lágrimas, ¡ella entró en su corazón! A la Puerta Santa cada uno llega llevando la propia vida, con sus alegrías y sus sufrimientos, los proyectos y los fracasos, las dudas y los temores, para presentarlas a la misericordia del Señor. Estemos seguros que, ante la Puerta Santa, el Señor se acerca para encontrar a cada uno de nosotros, para llevar y ofrecer su poderosa palabra consoladora: “¡No llores!” (v. 13). Ésta es la Puerta del encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Y pensemos en esto: un encuentro entre el dolor de la humanidad y la compasión de Dios. Cruzando el umbral nosotros realizamos nuestra peregrinación hacia la misericordia de Dios que, como al joven muerto, repite a todos: «Yo te lo ordeno, levántate» (v.14). A cada uno de nosotros: “levántate”. Dios nos quiere de pie. Nos ha creado para estar de pie: por esto, la compasión de Jesús lleva a aquel gesto de la curación, a curarnos… Y la palabra clave es: “Levántate”. Ponte de pie, como te ha creado Dios”. De pie… “Pero padre, nosotros caemos muchas veces”. “Adelante, levántate”. Esta es la palabra de Jesús, siempre. Al cruzar la Puerta Santa, tratemos de sentir en nuestro corazón esta palabra: “Levántate”. La palabra poderosa de Jesús puede levantarnos y obrar también en nosotros el paso de la muerte a la vida. Su Palabra nos hace revivir, dona esperanza, consuela los corazones cansados, abre a una visión del mundo y de la vida que va más allá del sufrimiento y de la muerte. ¡En la Puerta Santa esta esculpido para cada uno el inagotable tesoro de la misericordia de Dios!
Alcanzado por la Palabra de Jesús, «el muerto se incorporó y empezó a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre» (v. 15). Esta frase es tan bella, indica la ternura de Jesús: “Lo restituyó a su madre”. La madre encuentra al hijo. Recibiéndolo de las manos de Jesús ella se hace madre por segunda vez, pero el hijo que ahora le es restituido no es de ella de quien ha recibido la vida. Madre e hijo reciben así la respectiva identidad gracias a la palabra poderosa de Jesús y a su gesto amoroso. Así, especialmente en el Jubileo, la madre Iglesia recibe a sus hijos reconociendo en ellos la vida donada por la gracia de Dios. Es en virtud de tal gracia, la gracia del Bautismo, que la Iglesia se hace madre y que cada uno de nosotros se hace su hijo.
Ante el joven resucitado a la vida y restituido a la madre, «todos quedaron sobrecogidos de temor y alababan a Dios, diciendo: ¡Un gran profeta ha aparecido en medio de nosotros y Dios ha visitado a su Pueblo!». Cuanto Jesús ha hecho no es por lo tanto solo una acción de salvación destinada a la viuda y a su hijo, o un gesto de bondad limitada a aquella ciudad. En la ayuda misericordiosa de Jesús, Dios va al encuentro de su pueblo, en Él surge y continuará a surgir para la humanidad toda la gracia de Dios. Celebrando este Jubileo, que he querido que fuera vivido en todas las Iglesias particulares, es decir, en todas las iglesias del mundo, y no solo en Roma, es como si toda la Iglesia extendida por el mundo se uniera en un único canto de alabanza al Señor. También hoy la Iglesia reconoce ser visitada por Dios. Por esto, acercándonos a la Puerta Santa de la Misericordia, cada uno sabe de acercarse a la puerta del corazón misericordioso de Jesús: es Él de hecho la verdadera Puerta que conduce a la salvación y nos restituye a una vida nueva. La misericordia, sea en Jesús sea en nosotros, es un camino que parte del corazón para llegar a las manos… ¿Qué cosa significa esto? Jesús te mira, te cura con su misericordia, te dice: “Levántate”, y ti corazón es renovado. Pero esto del camino del corazón a las manos… “Eh, si, ¿Y ahora qué hago yo? Con el corazón nuevo, con el corazón sanado por Jesús realizo las obras de misericordia con las manos, y trato de ayudar, de sanar a muchos que tienen necesidad”. La misericordia es un camino que parte del corazón y llega a las manos, es decir, a las obras de misericordia. Gracias.
(Traducción del italiano, Renato Martinez – Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)