viernes, 1 de julio de 2016

Benedicto XVI admite la existencia de un "lobby gay", de cuatro o cinco personas, en el interior del Vaticano



Ratzinger revela las "tormentas" de su pontificado y la "sorpresa" que le produjo la elección de Bergoglio

El Papa Benedicto XVI conocía la existencia de un "lobby gay" en el interior del Vaticano, un grupo de poder, compuesto por "cuatro o cinco personas", y que él fue capaz de disolverlo antes de renunciar al Papado. Ratzinger se confiesa en "Últimas conversaciones", un libro-entrevista con el escritor alemán Peter Seewald y que verá la luz en septiembre, editado por Droemer (Gazanti en Italia, e Il Corriere della Sera en quioscos).
Se trata de la primera ocasión en que el Papa emérito admite la existencia de dicho lobby, aunque en el informe secreto encargado por Ratzinger a los cardenales Julián Herranz, Jozef Tomko y Salvatore De Giorgi, ya hubiera aparecido esta trama.
Una de las pocas personas que ha leído el manuscrito, el vaticanista Luigi Accatoli, apunta que en el volumen, el Papa emérito revela las "tormentas" de sus ocho años de pontificado, que llevaron hasta su histórica renuncia, así como la "sorpresa" que supuso la elección de Bergoglio como su sucesor al frente de la Iglesia católica.
En sus respuestas, se observa un Papa emérito que trata de reivindicarse como un luchador frente a la podredumbre existente en el Vaticano, aunque, admite, pecó de "falta de decisión" de gobierno. Al tiempo, rechaza la crítica de quienes le consideraron un Papa demasiado académico, y apunta cómo intentó reformar el IOR y que puso las bases para la lucha contra el blanqueo de dinero. Del mismo modo, reivindica su papel decidido contra la"plaga de la pedofilia" pese a las dificultades que admite, se encontró cuando se quieren tomar decisiones firmes sobre "la suciedad que se encuentra en la Iglesia".
Ratzinger revela que durante su pontificado tomó "notas y notas" sobre multitud de temas, pero que las destruirá para que nadie, ni siquiera los historiadores, puedan dejar constancia de algunos conflictos.
Sobre su renuncia, Benedicto apunta que la preparó con "unas pocas personas", muy cercanas, por temor a que alguna filtración pudiera limitar la fuerza de su anuncio. Algo muy común en los últimos tiempos de su pontificado, marcado por el escándalo del "Vatileaks" y la fuga de documentos comprometedores por parte -fue el único condenado- de su mayordomo, Paolo Gabriele.
En la entrevista, Ratzinger niega cualquier "chantaje o presión" para que renunciara, y cómo siguió el cónclave desde Castel Gandolfo. La "sorpresa" de la elección de Bergoglio -Benedicto había hecho sus propias quinielas, en las que no se encontraba el entonces cardenal de Buenos Aires- dejó paso a la "alegría" tras ver en televisión cómo el nuevo Papa rezaba y pedía la bendición del pueblo desde el balcón central de la logia de San Pedro.
Sobre Francisco, Ratzinger apunta que se trata de "un hombre inesperado por él en la víspera del cónclave. Dos figuras distintas, dos modos diferentes de entender el Papado", aunque destaca su "figura humana y papal".
En el libro también hay espacio para los recuerdos de su infancia y adolescencia en la Alemania nazi, el descubrimiento de su vocación y los meses que pasó en prisión en un campo estadounidense, cerca de Ulm. Su paso como "experto" en el Concilio Vaticano II o sus años como profesor también se apuntan en este libro, una suerte de "cuarta parte" de las memorias escritas a través de sus conversaciones con Seewald.
Según informa Il Corriere, en su nuevo libro, Ratzinger "habla de sí mismo, de su fe, las debilidades, la vida privada, los escándalos y los nudos del Papado, explicando las razones de su opción (de renunciar) -al inicio comunicada solo a pocas personas de confianza para evitar las filtraciones- y despejando dudas sobre presuntas presiones que lo habrían empujado a dejar el cargo".


«JESUCRISTO ES DEL LINAJE DE DAVID SEGÚN LA CARNE» SAN AGUSTÍN.




Del libro de san Agustín, obispo, sobre la predestinación los elegidos :

El más esclarecido ejemplar de la predestinación y de la gracia es el mismo Salvador del mundo, el Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús; porque para llegar a serlo, ¿con qué méritos anteriores, ya de obras, ya de fe, pudo contar la naturaleza humana que en Él reside? 

Yo ruego que se me responda a lo siguiente: aquella naturaleza humana que en unidad de persona fue asumida por el Verbo, coeterno del Padre, ¿cómo mereció llegar a ser Hijo unigénito de Dios? ¿Precedió algún mérito a esta unión? ¿Qué obró, qué creyó o qué exigió previamente para llegar a tan inefable y soberana dignidad? ¿No fue acaso por la virtud y asunción del mismo Verbo, por lo que aquella humanidad, en cuanto empezó a existir, empezó a ser Hijo único de Dios? 

Manifiéstese, pues, ya a nosotros en el que es nuestra Cabeza, la fuente misma de la gracia, la cual se derrama por todos sus miembros según la medida de cada uno. 

Tal es la gracia, por la cual se hace cristiano el hombre desde el momento en que comienza a creer; la misma por la cual aquel Hombre, unido al Verbo desde el primer momento de su existencia, fue hecho Jesucristo; del mismo Espíritu Santo, de quien Cristo fue nacido, es ahora el hombre renacido; por el mismo Espíritu Santo, por quien se verificó que la naturaleza humana de Cristo estuviera exenta de todo pecado, se nos concede a nosotros ahora la remisión de los pecados. 

Sin duda, Dios tuvo presciencia de que realizaría todas estas cosas. Porque en esto consiste la predestinación de los santos, que tan soberanamente resplandece en el Santo de los santos. ¿Quién podría negarla de cuantos entienden rectamente las palabras de la verdad? Pues el mismo Señor de la gloria, en cuanto que el Hijo de Dios se hizo hombre, sabemos que fue también predestinado. 

Fue, por tanto, predestinado Jesús, para que, al llegar a ser hijo de David según la carne, fuese también, al mismo tiempo, Hijo de Dios según el Espíritu de santidad; pues nació del Espíritu Santo y de María Virgen. 

Tal fue aquella singular elevación del hombre, realizada de manera inefable por el Verbo divino, para que Jesucristo fuese llamado a la vez, verdadera y propiamente, Hijo de Dios e hijo del hombre; hijo del hombre, por la naturaleza humana asumida, e Hijo de Dios, porque el Verbo unigénito la asumió en sí; de otro modo no se creería en la trinidad, sino en una cuaternidad de personas.

Así fue predestinada aquella humana naturaleza a tan grandiosa, excelsa y sublime dignidad, más arriba de la cual no podría ya darse otra elevación mayor; de la misma manera que la divinidad no pudo descender ni humillarse más por nosotros, que tomando nuestra naturaleza con todas sus debilidades hasta la muerte de cruz. 

Por tanto, así como ha sido predestinado ese hombre singular para ser nuestra Cabeza, así también una gran muchedumbre hemos sido predestinados para ser sus miembros. 

Enmudezcan, pues, aquí las deudas contraídas por la humana naturaleza, pues ya perecieron en Adán, y reine por siempre esta gracia de Dios, que ya reina por medio de Jesucristo, Señor nuestro, único Hijo de Dios y único Señor. 

Y así, si no es posible encontrar en nuestra Cabeza mérito alguno que preceda a su singular generación, tampoco en nosotros, sus miembros, podrá encontrarse merecimiento alguno que preceda a tan multiplicada regeneración.
News,Va

NO HE VENIDO A LLAMAR A LOS JUSTOS, SINO A LOS PECADORES



Evangelio según San Mateo 9,9-13. 

Jesús, al pasar, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado a la mesa de recaudación de impuestos, y le dijo: "Sígueme". El se levantó y lo siguió. 


Mientras Jesús estaba comiendo en la casa, acudieron muchos publicanos y pecadores, y se sentaron a comer con Él y sus discípulos. 

Al ver esto, los fariseos dijeron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?". 

Jesús, que había oído, respondió: "No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. Vayan y aprendan qué significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Porque yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores". 

jueves, 30 de junio de 2016

30 de junio: Protomártires de la Iglesia Romana


Tanto el historiador pagano Tácito, en su obra Annales o Historiae –el primero de sus dos principales trabajos: la historia del Imperio romano desde el 69 hasta el asesinato del emperador Domiciano en el 96–, como el Papa Clemente, en su Carta a los Corintios, testifican que muchos cristianos sufrieron martirio en medio de indecibles tormentos con la persecución desencadenada por el emperador Nerón después del incendio de Roma, en el año 64.
En ese verano hubo en la Ciudad que llaman Eterna un pavoroso incendio, posiblemente el mayor que ha conocido Roma a lo largo de su historia, a pesar de ser tan larga y de tanta guerra y saqueo, porque, según cuentan lenguas, aquel no fue ocasional, ni bélico; se debió al desenfrenado deseo lúdico de la maldad del loco que se hacía llamar dios y deseaba tener motivo de inspiración poética digna de dioses.
Luego, para acallar los rumores populares y los ayes de la desgracia, desvió la responsabilidad soberana haciendo que las miradas se fijasen en una casta suficientemente odiada por el pueblo por sus desmesurados excesos, llamada vulgarmente como los cristianos.
El historiador pagano de los Anales refiere que «el autor de este nombre fue Cristo, el cual, imperando Tiberio, había sido ajusticiado por orden de Poncio Pilato, procurador de la Judea; y aunque por entonces se reprimió algún tanto aquella perniciosa superstición, tornaba otra vez a reverdecer, no solamente en Judea, origen de este mal, sino también en Roma».
«Fueron, pues, detenidos al principio los que profesaban públicamente esta religión, y después, por delaciones de aquellos, una multitud infinita, no tanto por el delito del incendio que se les imputaba, como por hallarse convictos de aborrecimiento al género humano. Añadióse a la justicia que se hizo de estos la burla y escarnio con que se les daba la muerte».
«A unos vestían de pellejos de fieras, para que de esta manera los despedazasen los perros; a otros ponían en cruces; a otros echaban sobre grandes rimeros de leña a los que pegaban fuego para que, ardiendo con ellos, sirviesen de alumbrar en las tinieblas de la noche».
Así se cuentan los hechos que hicieron tantos mártires cristianos anónimos, desconocidos. Aunque seguramente la mayor parte eran gente humilde, del pueblo, no es improbable que también se contaran importantes políticos, militares o ricos. No se sabe. Cierto es que Nerón empezó a castigar a los culpados de ser cristianos con todas las exquisiteces de tormentos inventadas hasta el momento. Y hasta es posible que la estupidez humana adquiriera cotas tan altas que justificara aquello como bueno. Fue por estos tiempos por los que testificaron al máximo el amor a Cristo Pedro y Pablo.
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LA LEY DEL SEÑOR ES PERFECTA



Del Salmo 18:

 Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye al ignorante. 

Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. 

Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos. 

Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila. 

Los mandamientos del Señor son verdaderos y enteramente justos
News. Va

¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'?




Evangelio según San Mateo 9,1-8. 

Jesús subió a la barca, atravesó el lago y regresó a su ciudad.

Entonces le presentaron a un paralítico tendido en una camilla. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados". 

Algunos escribas pensaron: "Este hombre blasfema". 

Jesús, leyendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal? 


¿Qué es más fácil decir: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate y camina'? 

Para que ustedes sepan que el Hijo del hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados -dijo al paralítico- levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". 


El se levantó y se fue a su casa.


Al ver esto, la multitud quedó atemorizada y glorificaba a Dios por haber dado semejante poder a los hombres. 

Dolor de Papa Francisco por el atentado de Turquía, “Que el Señor convierta los corazones de los violentos”

 Queridos hermanos y hermanas,
ayer por la noche, en Estambul, se llevó a cabo un atroz ataque terrorista que ha matado y herido a muchas personas. Recemos por las víctimas, por los familiares y por el querido pueblo turco. Que el Señor convierta los corazones de los violentos y sostenga nuestros pasos sobre la vía de la paz.  Recemos todos en silencio. Ave María (…)
Se ha concluido hace poco en Roma, la Conferencia Internacional sobre las inversiones responsables de impacto social, titulada: “Hacer del Año de la Misericordia un acto de impacto para los pobres”. Que puedan las inversiones privadas, junto con aquellas públicas, favorecer a la superación de la pobreza de tantas personas marginadas.
Dirijo un cordial saludo a todos ustedes, familias, grupos parroquiales, asociaciones y fieles individuales provenientes de Italia y de tantas partes del mundo, especialmente de España, de Ucrania y de China. Saludo a los estudiantes de las escuelas católicas de Londres y de los Estados Unidos de América, y las Hermanas USMI de Lombardía.
Mi saludo de hoy va sobre todo para los fieles de Roma, ¡en la fiesta de los Santos Pedro y Pablo, Patronos de la Ciudad! Por esta ocasión la asociación “Pro Loco” de Roma ha promovido la tradicional “Infiorata”, -alfombra de flores- realizada por diversos artistas y por los voluntarios del Servicio Civil. ¡Gracias por esta iniciativa y por las bellas representaciones florales! También deseo recordar el espectáculo pirotécnico que tendrá lugar esta noche en la Plaza del Pueblo, cuya recaudación irá destinada a apoyar obras de caridad en Tierra Santa y en los Países de Medio Oriente.
 A todos les deseo una buena fiesta. La fiesta de los patronos de Roma. Por favor, no se olviden de rezar por mí. ¡Buen almuerzo y hasta la vista!
(Mónica Zorita- Radio Vaticano)
(from Vatican Radio)

Pedro y Pablo mensajeros aún hoy de la misericordia y paz de Jesús, dijo el Papa y encomendó al mundo a María, antes del rezo del Ángelus

«Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!
Celebramos hoy la fiesta de los santos Apóstoles Pedro y Pablo, alabando a Dios por su predicación y su testimonio. Sobre la fe de estos dos Apóstoles se funda la Iglesia de Roma, que desde siempre los venera como patronos. Sin embargo, es toda la Iglesia universal la que mira hacia ellos con admiración, considerándolos dos columnas y dos grandes luces que brillan, no sólo en el cielo de Roma, sino en el corazón de los creyentes de Oriente y de Occidente.
En la narración de la misión de los Apóstoles, el Evangelio nos dice que Jesús los envió de dos en dos (cfr Mt 10,1 – Lc 10,1). En cierto sentido, también Pedro y Pablo, desde Tierra Santa, fueron enviados hasta Roma, para predicar el Evangelio. Eran dos hombres muy distintos entre sí: Pedro «un humilde pescador». Pablo «maestro y doctor», como reza la liturgia de hoy. Pero si aquí en Roma conocemos a Jesús, si la fe cristiana es parte viva y fundamental del patrimonio espiritual y de la cultura de este territorio, se debe al coraje apostólico de estos dos hijos del Cercano Oriente. Ellos, por amor de Cristo, dejaron su patria y descuidando las dificultades del largo viaje y de los riesgos y de la desconfianza que habían de encontrar, llegaron a Roma. Aquí se hicieron anunciadores y testigos del Evangelio entre la gente y sellaron con el martirio su misión de fe y caridad.
Pedro y Pablo vuelven hoy idealmente entre nosotros, vuelven a recorrer las calles de esta Ciudad, llaman a la puerta de nuestras casas, pero sobre todo de nuestros corazones. Quieren volver a traer a Jesús, su amor misericordioso, su consolación, su paz ¡Tenemos tanta necesidad de ello! ¡Acojamos su mensaje! ¡Atesoremos su testimonio! La fe escueta y firme de Pedro, el corazón grande y universal de Pablo nos ayudarán a ser cristianos alegres, fieles al Evangelio y abiertos al encuentro con todos.
Durante la Santa Misa, en la Basílica de San Pedro, esta mañana, he bendecido los Palios de los Arzobispos Metropolitanos nombrados en el último año, provenientes de diversos países. Renuevo mi saludo y les deseo a ellos, a sus familiares y a cuantos los han acompañado en esta peregrinación. Y los aliento a proseguir con alegría su misión al servicio del Evangelio, en comunión con toda la Iglesia y en especial con la Sede de Pedro, como expresa precisamente el signo del Palio.
En la misma celebración, he acogido con alegría y afecto a los Miembros de la Delegación llegada a Roma en nombre del Patriarca Ecuménico, el queridísimo hermano Bartolomé. También esta presencia es signo de los fraternos lazos que existen entre nuestras Iglesias. Oremos para que se refuercen cada vez más los vínculos de comunión y el testimonio común.
A la Virgen María, Salus Populi Romani, encomendamos hoy al mundo entero, y, en particular esta ciudad de Roma, para que pueda encontrar siempre en los valores espirituales y morales que la enriquecen el fundamento de su vida social y de su misión en Italia, en Europa y en el mundo».
(Traducción del italiano: Cecilia de Malak – RV)
(from Vatican Radio)

miércoles, 29 de junio de 2016

EL SEÑOR ME LIBRÓ DE TODAS MIS ANSIAS

Del Salmo 33:

El Señor me libró de todas mis ansias
Bendigo al Señor en todo momento,
su alabanza está siempre en mi boca;
mi alma se gloría en el Señor:
que los humildes lo escuchen y se alegren. 

El Señor me libró de todas mis ansias
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,ensalcemos juntos su Nombre.
Yo consulté al Señor, y me respondió,
me libró de todas mis ansias. 

El Señor me libró de todas mis ansias
Contempladlo, y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor,
Él lo escucha y lo salva de sus angustias. 

El Señor me libró de todas mis ansias
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
dichoso el que se acoge a Él. 

El Señor me libró de todas mis ansias

ESTOS MÁRTIRES, EN SU PREDICACIÓN, DABAN TESTIMONIO DE LO QUE HABÍAN VISTO. SAN PEDRO Y SAN PABLO POR SAN AGUSTÍN




El día de hoy es para nosotros sagrado, porque en él celebramos el martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo. 
No nos referimos, ciertamente, a unos mártires desconocidos. A toda la tierra alcanza su pregón y hasta los límites del orbe su lenguaje. Estos mártires, en su predicación, daban testimonio de lo que habían visto y, con un desinterés absoluto, dieron a conocer la verdad hasta morir por ella.

San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: Ahora te digo yo "Tú eres Pedro". Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Y Cristo le replicó: "Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres Pedro. "Pedro", una palabra que se deriva de piedra, y no al revés. "Pedro" viene de "piedra", del mismo modo que "cristiano" viene de "Cristo,". 

El Señor Jesús, antes de su pasión, como sabéis, eligió a sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos, Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la excelencia de la persona de Pedro en cuanto que él representaba la universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les perdonéis los pecados les serán perdonados y a quienes se los retengáis les quedan retenidos. 
En este mismo sentido, el Señor, después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo, por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres. Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro. En un solo día celebramos el martirio de los dos apóstoles. 

Es que ambos eran en realidad una sola cosa, aunque fueran martirizados en días diversos. Primero lo fue Pedro, luego Pablo. Celebramos la fiesta del día de hoy, sagrado para nosotros por la sangre de los apóstoles. Procuremos imitar su fe, su vida, sus trabajos, sus sufrimientos, su testimonio y su doctrina.

Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella.




Evangelio según San Mateo 16,13-19. 

Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: "¿Qué dice la gente sobre el Hijo del hombre? ¿Quién dicen que es?". 

Ellos le respondieron: "Unos dicen que es Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías o alguno de los profetas". 

"Y ustedes, les preguntó, ¿quién dicen que soy?". 

Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo". 

Y Jesús le dijo: "Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. 

Y yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la Muerte no prevalecerá contra ella. 

Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo". 

martes, 28 de junio de 2016

Texto del saludo del Santo Padre Francisco al Papa Emérito Benedicto XVI:


Santidad, hoy festejamos la historia de una llamada que comenzó hace sesenta y cinco años con su ordenación sacerdotal en la Catedral de Frisinga el 29 de junio de 1951. ¿Pero cuál es la nota de fondo que recorre esta larga historia y que desde aquel primer inicio hasta hoy la domina cada vez más?
En una de las tantas bellas páginas que Usted dedica al sacerdocio, subraya que, en la hora de la llamada definitiva de Simón, Jesús, mirándolo, en el fondo le pregunta sólo una cosa: "¿Me amas?".
¡Qué bello y verdadero es esto! Porque está aquí, Usted nos dice, es en aquel "me amas" que el Señor funda el apacentar, porque sólo si existe el amor por el Señor Él puede apacentar a través de nosotros: "Señor, tú sabes todo, tú sabes que te amo" (Jn 21, 15-19). Esta es la nota que domina una vida entera gastada en el servicio sacerdotal y de la teología que Usted, no casualmente, ha definido como "la búsqueda del amado"; es esto lo que Usted ha testimoniado siempre y testimonia aún hoy: que lo decisivo en nuestras jornadas - con sol o con lluvia - sólo aquella con la que viene todo lo demás, es que el Señor esté verdaderamente presente, que lo deseemos, que interiormente estemos cerca de Él, que lo amemos, que verdaderamente creamos profundamente en Él y creyendo lo amemos verdaderamente.
Es este amar lo que verdaderamente nos colma el corazón, este creer es lo que nos hace caminar seguros y tranquilos sobre las aguas, también en medio de la tempestad, precisamente como sucedió a Pedro; este amar y este creer es lo que nos permite mirar hacia el futuro no con miedo o nostalgia, sino con alegría, incluso en los años ya avanzados de nuestra vida.
Y así, precisamente viviendo y testimoniando hoy de modo tan intenso y luminoso esta única cosa verdaderamente decisiva - tener la mirada y el corazón dirigido a Dios - Usted, Santidad, sigue sirviendo a la Iglesia, no deja de contribuir verdaderamente con vigor y sabiduría a su crecimiento; y lo hace desde aquel pequeño Monasterio Mater Ecclesiae en el Vaticano que se revela de ese modo algo muy diferente que uno de aquellos rincones olvidados en los cuales la cultura del descarte de hoy tiende a relegar a las personas cuando, con la edad, sus fuerzas decaen. Es todo lo contrario; y esto ¡permite que lo diga con fuerza Su Sucesor que ha elegido llamarse Francisco!
Porque el camino espiritual de San Francisco comenzó en San Damián, pero el verdadero lugar amado, el corazón pulsante de la Orden - allí donde la fundó y donde, en fin, entregó su vida a Dios - fue la Porciúncula, la "pequeña porción", el rinconcito ante la Madre de la Iglesia; cerca de María que, por su fe tan firme y por vivir enteramente del amor y en el amor con el Señor, todas las generaciones llamarán bienaventurada.
Del mismo modo, la Providencia ha querido que Usted, querido Hermano, llegara a un lugar por decirlo de alguna manera "propiamente franciscano", del que brota una tranquilidad, una paz, una fuerza, una confianza, una madurez, una fe, una entrega y una fidelidad que me hacen tanto bien y me dan tanta fuerza a mí, y a toda la Iglesia. Y me permito, que también de Usted viene un sano y alegre sentido del humor.
El anhelo con el que deseo concluir es, por tanto, un anhelo que dirijo a Usted, y junto a todos nosotros, a la Iglesia entera: ¡Que Usted, Santidad, siga sintiendo la mano de Dios misericordioso que lo sostiene, que experimente y testimonie el amor de Dios; que, con Pedro y Pablo, siga exultando con gran alegría mientras camina hacia la meta de la fe (Cfr. 1 Pt, 8-9, 2 Tim, 4)!

Francisco a Benedicto: "Su fidelidad me hace mucho bien y me da mucha fuerza a mí y a toda la Iglesia"


Los dos Papa, de nuevo juntos. Francisco presidió el acto de homenaje por el 65 aniversario de la ordenación sacerdotal de Benedicto XVI, el Papa emérito. Cariño a raudales entre los dos Papas. Francisco le agradece su fidelidad, que le da fuerza a él y a toda la Iglesia. Y Benedicto le da las gracias y le pide que siga llevando a la Iglesia por el camino de la misericordia.
Nada más entrar en la Sala, Francisco se dirige a a abrazar a Benedicto, que se sienta en un sillón blanco cerca del estrado. A Ratzinger se le ve frágil, pero entero.
Algunas frases del discurso de Francisco
"Santidad, hoy festejamos la historia de una llamada iniciada hace 65 años con su ordenación sacerdotal"
"Una vida entera dedicada al servicio sacerdotal y de la teología, que usted mismo definió como la búsqueda del amado"
"Testimonia que la cosa decisiva en nuestras jornadas es que el Señor esté realmente presente, que lo deseemos, que seamos cercanos a Él, que lo amemos, que creamos realmente en Él"
"Este creer nos hace caminar tranquilos sobre las aguas"
"Para mirar al futuro no con miedo, sino con alegría y esperanza"

"Tener la mirada y el corazón vuelto al Señor"
"Usted sigue sirviendo a la Iglesia...desde el pequeño monasterio Mater Ecclesiae"
"Permita que lo diga con fuerza su sucesor, que eligió llamarse Francisco. Porque el camino espiritual de San Francisco se inició en San Damiano, pero el corazón de su orden fue la Porciuncula"
"La Providencia quiso que usted, querido cohermano, viviese en una lugar profundamente franciscano, desde el que emana tranquilidad, paz, fuerza, confianza, madurez, fe, dedicación y una fidelidad que me hancen tanto bien y me dan tanta fuerza a mí y a toda la Iglesia. Y me permito añadir: imncluso un sano y alegre sentido del humor".
"Que pueda seguir sientiendo la mano del Dios misericordioso. Que siga testimoniando el amor de Dios"
Francisco termina su discurso y Benedicto le hace un gesto de agradecimiento con las dos manos juntas. Después, baja del estrado y abraza de nuevo al Papa emérito.
A continuación, interviene el cardenal Müller, prefecto de Doctrina de la Fe. Tras su alocución, le entrega varios libros editados especialmente para la ocasión. Y Benedicto regala un ejemplar a Francisco.
Después del canto de una nueva antífona, interviene el cardenal Sodano.
Tras una nueva antífona, le acercan un micrófono a Benedicto y se lo bajan, para que hable sentado. Pero él se levanta e improvisa unas palabras de agradecimiento a los presentes.
Algunas frases de Benedicto
"Un hermano escribió una palabra en griego...que significa gracias"
"Gracias a todos. Gracia a usted Santo Padre, por su bondad. Me siento protegido"
"Esperemos que siga adelante con la vía de la misericordia divina"
"Gracias, eminencias, por sus palabras que me tocaron el corazón"
"Gracias al cardenal Müller por su labor"
"Cristo transformó en gracia y bendición la cruz y el sufrimiento"
"Que el mundo sea no de muerte, sino de vida. Un mundo donde el amor venza a la muerte"
"Que el Señor los bendiga a todos. Gracias, Santo Padre"
Y el acto concluyó con el besamanos de dos Papas a la vez. Cardenales, obispos y laicos de la Curia desfilaron ante Francisco y ante Benedicto. Primero a Francisco y, después, a Benedicto. Porque como recordó Bergoglio hace unos días, en la Iglesia no hay dos Papas, sino un Papa ereinante y otro emérito, "un abuelo sabio" que vela por su sucesor y sigue sirviendo a la Iglesia.
Francisco abraza de nuevo a Benedicto y se retira, poniendo punto final al acto de homenaje a su predecesor.

SEÑOR, GUÍAME CON TU JUSTICIA


Del Salmo 5: 

Señor, guíame con tu justicia

Tú no eres un Dios que ame la maldad,
ni el malvado es tu huésped,
ni el arrogante se mantiene en tu presencia. 

Señor, guíame con tu justicia

Detestas a los malhechores,
destruyes a los mentirosos;
al hombre sanguinario y traicionero
lo aborrece el Señor. 

Señor, guíame con tu justicia

Pero yo, por tu gran bondad,
entraré en tu casa,
me postraré ante tu templo santo
con toda reverencia. 

Señor, guíame con tu justicia

¡SÁLVANOS, SEÑOR!



Evangelio según San Mateo 8,23-27. 

Jesús subió a la barca y sus discípulos lo siguieron. De pronto se desató en el mar una tormenta tan grande, que las olas cubrían la barca. Mientras tanto, Jesús dormía. 

Acercándose a Él, sus discípulos lo despertaron, diciéndole: "¡Sálvanos, Señor, nos hundimos!".

Él les respondió: "¿Por qué tienen miedo, hombres de poca fe?". Y levantándose, increpó al viento y al mar, y sobrevino una gran calma.

Los hombres se decían entonces, llenos de admiración: "¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?".