En su alocución, Mons. Osoro ha explicado que "nos reúne aquí la Santísima Virgen María para acercarnos a Cristo a nuestra vida y a nuestro corazón". "Cristo está en medio de nosotros, ha afirmado, Cristo ha triunfado, ha resucitado. Y esto es una alegría que tenemos que anunciar a todos los hombres". "Dios, ha dicho, nace de una mujer, María. Es la que nos reúne hoy". "Ella ha prestado su vida para que Dios tomase rostro humano. Y nos invita a hacer lo mismo", porque "los hombres tienen sed, tienen oscuridad. No están a gusto con lo que se les ha dado. Están robando al ser humano la imagen de Dios". Ante esta situación, ha afirmado que "no podemos estar tranquilos. Si el hombre tiene sed, hay que darle de beber". Pero, ha advertido, "no podemos con nuestras fuerzas".
Para Mons. Osoro, el Señor, "de una u otra manera, ha hecho que escuchemos su voz" en algún momento de nuestra vida. Hoy, "reunidos como una gran familia que escucha, que acoge a la Virgen María, en Madrid bajo la advocación de Nuestra Señora de la Almudena, Ella quiere romper los muros, quiere estar en el centro, y decirnos fundamentalmente tres cosas". La primera, "abrámonos a Dios, sin miedo. Dios nos puede pedir mucho. Yo, en nombre del Señor, me atrevo a pedíroslo". En segundo lugar, "dejemos que entre en nuestra vida, con todas las consecuencias". Y, por último, "salgamos a los caminos de este mundo para dar el rostro Dios".
"Dios, ha asegurado, nos puede pedir la vida. Es cierto. Nos puede pedir que hagamos presente a Cristo en nuestra vida. Pero si abrimos nuestra vida a Dios, seguro que habrá alguna llamada, para mantener viva la maternidad en la iglesia, en una consagración total y absoluta a Dios". Por eso, ha invitado a los jóvenes a dejar "que la vida de Dios entre en nuestra existencia". Así, "si dejas entrar a Dios, harás cosas que no te imaginabas". "Queremos hacer llegar el amor de Dios a todos los hombres, como hizo María". Todo esto, ha señalado, se aprende en la Escuela de María.
Ha exhortado a los jóvenes a abrirse "a Dios como María". "El Señor, ha dicho, saluda a todos los hombres, porque para él todos somos hermanos. El se acerca a todos", aunque "no todos le escuchan". "Hoy nos dice, como a la Santísima Virgen su Madre, que no tengamos miedo. Gozamos del favor de Dios. Abramos nuestra vida a Dios".
Por último, ha exhortado a salir a los caminos, "donde están los hombres". Pero "hay que salir desde el centro, que es Dios". "Que toda vuestra vida esté ocupada por Dios", ha señalado, recordando que "la gran intérprete de la salida es María". "Salgamos al mundo" para llegar a todos los hombres. "Hay que salir", ha insistido, "haremos creíble al Señor si provocamos en los demás que digan de nosotros dichosos porque creemos en Dios".
En este sentido, ha pedido a los jóvenes: "tenéis que ayudarme a anunciar a Jesucristo, a hacerlo creíble. Pero hay que hacerlo asistiendo a la Escuela de María".
Y ha concluido diciendo a los jóvenes: "que esta Catedral sea un lugar especial para nosotros, para que podamos venir a arrodillarnos junto a la Virgen para decir al Señor, como Ella: hágase en mi según tu palabra".
Este blog se crea con el objetivo de que todos los que formamos parte de de la comunidad cristiana, podamos expresar nuestras opiniones, consultar nuestras dudas y, sobre todo, ayudarnos unos a otros en este caminar con Jesús y hacia Jesús. Anímate y participa
domingo, 9 de noviembre de 2014
JESUS EXPULSA A LOS MERCADERES DEL TEMPLO
Lectura del santo Evangelio según san Juan 2, 13-22
Como ya se acercaba la fiesta de la pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén. En el templo se encontró con los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; también a los cambistas de dinero con sus mesas.
Al ver aquello, Jesús hizo un látigo de cordeles y los echó del templo a todos, con sus ovejas y bueyes; volcó las mesas de los cambistas y les tiró al suelo las monedas; y a los vendedores de palomas les dijo:
"Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre".
En ese momento sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu casa me devora.
Intervinieron los judíos y le preguntaron: "¿Qué señal nos das como prueba de tu autoridad para actuar así?"
Jesús respondió: "Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo".
Como ya se acercaba la fiesta de la pascua de los judíos, Jesús fue a Jerusalén. En el templo se encontró con los vendedores de bueyes, ovejas y palomas; también a los cambistas de dinero con sus mesas.
Al ver aquello, Jesús hizo un látigo de cordeles y los echó del templo a todos, con sus ovejas y bueyes; volcó las mesas de los cambistas y les tiró al suelo las monedas; y a los vendedores de palomas les dijo:
"Quiten esto de aquí: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre".
En ese momento sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu casa me devora.
Intervinieron los judíos y le preguntaron: "¿Qué señal nos das como prueba de tu autoridad para actuar así?"
Jesús respondió: "Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré de nuevo".
Replicaron los judíos: "Cuarenta y seis años se ha llevado la construcción del templo, ¿y piensas tú reconstruirlo en tres días?"
Pero el templo del que Jesús hablaba era su propio cuerpo. Por eso, cuando resucitó Jesús de entre los muertos, recordaron sus discípulos lo que había dicho, y creyeron en la Escritura y en las palabras que Él había pronunciado.
sábado, 8 de noviembre de 2014
Consolar al que me consuela
Casi puedo acostumbrarme: tras el pecado, Dios se volcó nuevamente sobre mi alma. Me invitó a la confianza, me alentó al arrepentimiento, me acercó al sacramento de la confesión, me abrazó con su misericordia. ¡Es tanto lo que Dios ha hecho y hace tantas veces por mí!
Necesito, por eso, tener un alma abierta, profunda, agradecida. El amor que recibo sólo puede pagarse con amor. Por eso, al que mucho se le perdona mucho ama (cf. Lc 7,47).
Pero no me basta simplemente con la gratitud. Hay momentos en los que siento que también Él necesita algún consuelo. Su grito en el Calvario, escuchado por la Madre Teresa de Calcuta y por miles y miles de católicos de todos los tiempos, llega a mi corazón: "Tengo sed" (cf. Jn 19,28).
Es cierto: mis heridas son mayores que las suyas, pues el pecado pone en peligro el sentido bueno de mi vida, mientras que los clavos del madero no enturbiaron el amor de Cristo hacia su Padre y hacia los hombres. Pero no por ello el Señor deja de anhelar consoladores para su sed de amor, para sus sueños de encender un fuego en el mundo, para que la oveja perdida vuelva pronto al hogar donde será amada.
Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo. Esa será la mejor manera de decirle, desde lo más íntimo de mi alma, ¡gracias! por tantas ocasiones en las que me ha susurrado, con la voz humilde de un sacerdote, "yo te absuelvo de tus pecados...".
P. Fernando Pascual
Sí: puedo acostumbrarme, hasta el punto de ver casi como algo seguro el hecho de que mi Padre volverá mañana a buscarme para limpiar pecados, para encender la esperanza, para resucitar el amor que se apagaba. Pero si tan sólo recordase qué precio fue pagado por mi rescate, si tuviese ante mis ojos los esfuerzos tan grandes que pasó el Hijo para redimirme...
Necesito, por eso, tener un alma abierta, profunda, agradecida. El amor que recibo sólo puede pagarse con amor. Por eso, al que mucho se le perdona mucho ama (cf. Lc 7,47).
Pero no me basta simplemente con la gratitud. Hay momentos en los que siento que también Él necesita algún consuelo. Su grito en el Calvario, escuchado por la Madre Teresa de Calcuta y por miles y miles de católicos de todos los tiempos, llega a mi corazón: "Tengo sed" (cf. Jn 19,28).
Es cierto: mis heridas son mayores que las suyas, pues el pecado pone en peligro el sentido bueno de mi vida, mientras que los clavos del madero no enturbiaron el amor de Cristo hacia su Padre y hacia los hombres. Pero no por ello el Señor deja de anhelar consoladores para su sed de amor, para sus sueños de encender un fuego en el mundo, para que la oveja perdida vuelva pronto al hogar donde será amada.
Jesús quiere ser consolado. Precisamente por aquellos que tantas veces hemos recibido su consuelo. Esa será la mejor manera de decirle, desde lo más íntimo de mi alma, ¡gracias! por tantas ocasiones en las que me ha susurrado, con la voz humilde de un sacerdote, "yo te absuelvo de tus pecados...".
P. Fernando Pascual
LOS HIJOS DE ESTE MUNDO SON MÁS ASTUTOS QUE LOS HIJOS DE LA LUZ
Lectura del santo
Evangelio según san Lucas 16, 1-8.
En aquel tiempo,
dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador y le llegó
la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: “¿Qué es
eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas
despedido”.
El
administrador se puso a echar sus cálculos: “¿Qué voy a hacer ahora que mi amo
me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar, me da vergüenza. Ya
sé lo que voy a hacer para que cuando me echen de la administración, encuentre
quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a
uno a los deudores de su amo, y dijo al primero: “¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió: “Cien barriles de aceite”. Él le dijo: “Aquí está tu recibo:
aprisa, siéntate y escribe cincuenta”. Luego dijo a otro: “Y tú, ¿cuánto
debes?”. Él contestó: “Cien fanegas de trigo”. Le dijo: “Aquí está tu recibo:
escribe ochenta”.
Y el amo felicitó al
administrador injusto, por la astucia con que había procedido.
Ciertamente, los
hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz».
viernes, 7 de noviembre de 2014
El Papa en Santa Marta: Atentos a los cristianos paganos, son enemigos de la cruz
También hoy hay “cristianos paganos" que "se comportan como
enemigos de la cruz de Cristo”. Lo dijo el Papa Francisco en la misa de la
mañana de este viernes en la Casa Santa Marta. El Pontífice insistió en que hay
que evitar las tentaciones de mundanidad que nos llevan a la ruina. Hay
cristianos que van hacia adelante en la fe y cristianos que se comportan
"como enemigos de la cruz de Cristo." Francisco se inspiró en las
palabras de San Pablo a los Filipenses y se detuvo en dos grupos de cristianos
presentes en la actualidad, como también lo eran en el tiempo de dicho apóstol.
"Ambos grupos - dijo - estaban en la Iglesia, todos juntos, iban a misa el
domingo, alababan al Señor, se llamaban cristianos". Entonces, ¿cuál era
la diferencia? Los segundos "¡actúan como enemigos de la cruz de Cristo!
Cristianos enemigos de la cruz de Cristo ". Son, remarca el Papa,
"cristianos mundanos, cristianos de nombre, con dos o tres cosas de
cristiano, pero nada más. ¡Cristianos paganos!". "El nombre cristiano,
pero la vida pagana". O, continuó, "para decirlo de otra
manera": "Paganos con dos pinceladas de barniz de cristianismo, así
aparecen como cristianos, pero son paganos":
"¡También hoy en día hay muchos! También nosotros tenemos que
estar atentos a no resbalarnos sobre el camino de los cristianos paganos,
cristianos en apariencia. Y la tentación de acostumbrarnos a la
mediocridad, la mediocridad de los cristianos, de estos cristianos es típica su
ruina, porque el corazón se enfría, se convierte en tibio. Y a los tibios
el Señor les dice una palabra fuerte: 'Porque eres tibio, estoy por
vomitarte de mi boca "¡Es muy fuerte! son enemigos de la Cruz de Cristo.
Tienen el nombre, pero no siguen las exigencias de la vida cristiana
".
Pablo, dijo el Papa, habla así de la "ciudadanía" de los
cristianos. "Nuestra ciudadanía", señaló, "está en los cielos.
Aquella es eterna. Son ciudadanos del mundo, no de los cielos ".
"Ciudadanos del mundo. ¡Y el apellidos es mundano! Protéjanse de estos, advirtió
el Obispo de Roma. Así señaló Francisco, que todos, también él, debemos
preguntarnos: " ¿tendré algo de estos? Tendré algo de la mundanidad dentro
de mí? ¿Algo del paganismo? "
"Me gusta alardear? ¿Me gusta el dinero? ¿Me gusta el orgullo, la
soberbia? ¿Dónde tengo mis raíces, es decir, de dónde soy ciudadano? ¿Del
cielo o de la tierra? ¿Del mundo o del espíritu del mundo? Nuestra
ciudadanía está en los cielos, y allí esperamos, como Salvador, al
Señor Jesucristo. ¿Y la de ellos? ¡Su suerte final la destrucción! Estos
cristianos barnizados, terminarán mal… Pero miren al final: ¿dónde te
lleva esa ciudadanía que tienes en tu corazón? Aquella ciudadanía mundana lleva
a la ruina, aquella de la Cruz de Cristo al encuentro con Él”.
El Papa ha mostrado algunos signos "en el corazón" que muestran
que se está "deslizando hacia la mundanidad." "Si tu amas y si
estás apegado al dinero, a la vanidad y al orgullo - advirtió – vas por el mal
camino." Si, en cambio, continuó, "buscas amar a Dios, el servir a
los demás, si eres amable, si eres humilde, si usted es el servidor de los
demás , vas por el buen camino:
"¿Cómo ha llegado este administrador del Evangelio al punto de
engañar, de robar a su amo? ¿Cómo ha llegado de un día para otro? ¡No! Poco a
poco. Un día, una propina aquí, al otro día una tangente allí y poco a
poco se llega a la corrupción. El camino de la mundanidad de estos enemigos de
la cruz de Cristo es así, te conduce a la corrupción! Y luego terminas
como este hombre, ¿verdad? Aparentemente robado… "
El Papa entonces toma las palabras de Pablo, que pidió permanecer
"firmes en el Señor" sin permitir que el corazón se debilite y
"termine en el nada, en la corrupción". "Es una gracia buena que
pedir ésta, - dijo – mantenernos firmes en el Señor.
(MZ-RV)(from Vatican Radio)
¿CÓMO ES NUESTRA RELIGIÓN?. Escrito por José Antonio Pagola
Mt
25, 1-13
El
episodio de la intervención de Jesús en el templo de Jerusalén ha sido recogido
por los cuatro evangelios. Es Juan quien describe su reacción de manera más
gráfica: con un látigo Jesús expulsa del recinto sagrado a los animales que se
están vendiendo para ser sacrificados, vuelca las mesas de los cambistas y echa
por tierra sus monedas. De sus labios sale un grito: "No convirtáis en un
mercado la casa de mi Padre".
Este
gesto fue el que desencadenó su detención y rápida ejecución. Atacar el templo
era atacar el corazón del pueblo judío: el centro de su vida religiosa, social
y económica. El templo era intocable. Allí habitaba el Dios de Israel. Jesús,
sin embargo, se siente un extraño en aquel lugar: aquel templo no es la casa de
su Padre sino un mercado.
A
veces, se ha visto en esta intervención de Jesús su esfuerzo por
"purificar" una religión demasiado primitiva, para sustituirla por un
culto más digno y unos ritos menos sangrientos. Sin embargo, su gesto profético
tiene un contenido más radical: Dios no puede ser el encubridor de una religión
en la que cada uno busca su propio interés. Jesús no puede ver allí esa
"familia de Dios" que ha comenzado a formar con sus primeros
discípulos y discípulas.
En
aquel templo, nadie se acuerda de los campesinos pobres y desnutridos que ha
dejado en las aldeas de Galilea. El Padre de los pobres no puede reinar desde
este templo. Con su gesto profético, Jesús está denunciando de raíz un sistema
religioso, político y económico que se olvida de los últimos, los preferidos de
Dios.
La
actuación de Jesús nos ha de poner en guardia a sus seguidores para
preguntarnos qué religión estamos cultivando en nuestros templos. Si no está
inspirada por Jesús, se puede convertir en una manera "santa" de
cerrarnos al proyecto de Dios que él quería impulsar en el mundo. La religión
de los que siguen a Jesús ha de estar siempre al servicio del reino de Dios y
su justicia.
Por
otra parte, hemos de revisar si nuestras comunidades son un espacio donde todos
nos podemos sentir en "la casa del Padre". Una comunidad acogedora
donde a nadie se le cierran las puertas y donde a nadie se excluye ni
discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los más
desvalidos y no solo nuestro propio interés.
No
olvidemos que el cristianismo es una religión profética nacida del Espíritu de
Jesús para abrir caminos al reino de Dios construyendo un mundo más humano y
fraterno, encaminado así hacia su salvación definitiva en Dios.
VAMOS ALEGRES A LA CASA DEL SEÑOR
Del Salmo 121:Vamos alegres a la casa del Señor
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.
Vamos
alegres a la casa del Señor
Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
Allá suben las tribus, las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.
El Papa pide agilizar las nulidades matrimoniales y que no sean un negocio
«La Madre
Iglesia debe hacer justicia y decir: Sí, es verdad, tu matrimonio es
nulo / No tu matrimonio es válido. Pero justicia significa
decirlo». El Papa Francisco pidió a los participantes a un curso del Tribunal
de la Rota, el miércoles pasado, simplificar la justicia eclesial y tener mucho
cuidado con no convertirla en un negocio
«Justicia»,
pidió Papa Francisco para la «gente que espera» una respuesta de los tribunales
eclesiales. Así lo manifestó miércoles durante la audiencia a los participantes
a un curso sobre la praxis canónica super rato organizado por
el Tribunal de la Rota Romana en el Vaticano.
Papa
Francisco ha improvisado un discurso sobre «la preocupación» puesta en el
Sínodo de octubre sobre la «simplificación» de los procesos de nulidad o
validez matrimonial, que justifica a «razón de la justicia» que debe
administrar la madre Iglesia.
«Antes del
Sínodo he constituido una Comisión que ayudará a preparar varias posibilidades
en esta línea: un línea de justicia, y también de caridad, porque hay tanta
gente que tiene necesidad de una palabra de la Iglesia sobre su situación
matrimonial, por el sí o por el no, pero que sea justa» sostuvo.
Los
procedimientos largos y tediosos no ayudan a la justicia, además de la lejanía
de algunos tribunales. En este sentido, el Papa Francisco puso un ejemplo: «El
Tribunal interdiocesano de Buenos Aires, no recuerdo, pero creo, que en primer
instancia, tenga 15 diócesis; creo que la más lejana se encuentra a 240 km… No
es posible, es imposible imaginarse que personas simples, comunes, vayan al
Tribunal: Deben hacer un viaje, deben perder días de trabajo, el premio, tantas
cosas… ellos dicen: Dios me entiende, y voy adelante así, con este
peso en el alma».
«Y la Madre
Iglesia debe hacer justicia y decir: Sí, es verdad, tu matrimonio es
nulo / No tu matrimonio es válido. Pero justicia significa
decirlo. Así ellos pueden ir adelante sin esta duda, esta oscuridad en el alma»
añadió.
Asimismo,
subrayó la importancia de los momentos de formación como el organizado por la
Rota Romana y agradeció a Monseñor Pio Vito Pinto, Decano de la misma
institución, por sostener la Comisión que trabaja para «la simplificación» de
los procesos.
Casos de
escándalo público
Por otro
lado, el Pontífice pidió que los procedimientos no se vuelvan una cuestión de
dinero ni de negocios. «No hablo de cosas extrañas. Hubo escándalos públicos.
Yo he debido despedir del Tribunal una persona, hace mucho tiempo, que decía: 10.000
dólares y te hago los dos procedimientos, el civil y el eclesiástico.¡Por
favor, esto no!»
En el Sínodo
se ha propuesto -aún discusión- que los procedimientos sean gratuitos. «Se debe
evaluar… Sin embargo cuando están ligados a los intereses espirituales y
económicos, esto no es de Dios. La Madre Iglesia tiene tanta generosidad para
poder hacer justicia gratis, como gratuitamente hemos sido justificados por
Jesucristo. Este punto es importante: separar las dos cosas» insistió el Papa
Francisco.
Papa: el verdadero cristiano no tiene miedo de ensuciarse las manos con los pecadores
El verdadero cristiano no tiene
miedo de ensuciarse las manos con los pecadores, de arriesgar también su fama,
porque tiene el corazón de Dios que quiere que nadie se pierda: lo dijo el Papa
Francisco en la misa matutina en la casa de Santa Marta.
Al centro de la homilía del
Papa Francisco las dos parábolas de la oveja perdida y de la moneda perdida.
Los fariseos y los escribas se escandalizaron porque Jesús “acoge a los
pecadores y come con ellos”. “Era un verdadero escándalo en aquel tiempo, para
esta gente”, observa Francisco, que exclama: “imaginemos si en aquel tiempo
hubieran existido los periódicos”. “Pero Jesús ha venido para esto: para ir a
buscar a aquellos que se habían alejado del Señor”. Estas dos parábolas -
explica - “nos hacen ver cómo es el corazón del Señor”. Dios no se detiene,
Dios no va hasta un cierto punto, Dios va hasta el final, al límite, siempre va
al límite; no se detiene a mitad del camino de la salvación, como si dijera:
“he hecho todo, el problema es de ellos”. Él va siempre, sale, sale al campo”.
Los fariseos y los escribas en
cambio, se detienen a mitad del camino. A ellos les importaba que el balance de
las ganancias y de las perdidas fuera más o menos favorable y con esto, estaban
tranquilos. “Sí, es verdad, he perdido tres monedas, he perdido diez ovejas,
pero he ganado tanto. Esto no entra en la mente de Dios, Dios no es un
negociante, Dios es Padre y va a salvar hasta el final, hasta el límite”. Y “el
amor de Dios es esto”. Pero “es triste el pastor a mitad de camino”, afirma el
Papa.
“Es triste el pastor que abre
la puerta de la Iglesia y se queda allí a esperar. Es triste el cristiano que
no siente dentro, en su corazón, la necesidad de ir a contar a los demás que el
Señor es bueno. ¡Pero cuánta perversión hay en el corazón de aquellos que se
creen justos, como estos escribas, estos fariseos! Ellos no quieren ensuciarse
las manos con los pecadores. Recordemos aquello, lo que pensaban: ‘si éste
fuera profeta, sabría que ésta es una pecadora’. El desprecio. Usaban a la
gente y luego la despreciaban”.
“Ser un pastor a mitad de
camino - afirma el Papa Francisco - es una derrota. Un pastor debe tener el
corazón de Dios, ir hasta el límite” porque no quiere que nadie se pierda:
“El verdadero pastor, el
verdadero cristiano tiene este celo dentro: que nadie se pierda. Y por esto no
tienen miedo de ensuciarse las manos. No tienen miedo. Va a donde debe ir.
Arriesga su vida, arriesga su fama, se arriesga a perder su comodidad, su
estatus, también a perder en la carrera eclesiástica, pero es buen pastor. También
los cristianos deben ser así. Es tan fácil condenar a los otros, como hacían
estos - los publicanos, los pecadores - es tan fácil, pero no es cristiano, no
es de hijos de Dios. El Hijo de Dios va al límite, da la vida, como la dio
Jesús por los otros. No puede estar tranquilo, cuidando de sí mismo: su
comodidad, su fama, su tranquilidad. Recuerden esto: ¡pastores a mitad de
camino no, jamás! ¡Cristianos a mitad de camino, jamás! Es lo que ha hecho
Jesús".
“El buen pastor, el buen
cristiano – concluye el Papa – sale, está siempre en salida: está en salida de
sí mismo, está en salida hacia Dios, en la oración, en la adoración; está en
salida hacia los otros para llevar el mensaje de salvación.”
“Estos escribas, fariseos, no
lo sabían, no sabían qué era cargar sobre las espaldas la oveja, con aquella
ternura, y llevarla de nuevo con las otras a su lugar. Esta gente no sabe qué
es la alegría. El cristiano y el pastor a mitad de camino quizás conoce la
diversión, la tranquilidad, una cierta paz, ¿pero la alegría? ¿Aquella alegría
que hay en el Paraíso, aquella alegría que viene de Dios, aquella alegría que
viene precisamente del corazón de padre que va a salvar? ‘He escuchado el
lamento de los israelitas y salgo al campo’ ¡Esto es tan bello! No tener miedo
de que se hable mal de nosotros por ir a encontrarnos con hermanos y hermanas
que están alejados del Señor. Pidamos esta gracia para cada uno de nosotros y
por nuestra Madre, la Santa Iglesia”.
miércoles, 5 de noviembre de 2014
SEÑOR, TÚ ERES MI PAZ Y MI CONSUELO
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.
al acabar el día su jornada,
y, libres ya mis manos del trabajo,
a hacerte ofrenda del trabajo vengo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo
cuando las luces de este día acaban,
y, ante las sombras de la noche oscura,
mirarte a ti, mi luz, mirarte puedo.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
y aunque me abruma el peso del pecado,
movido por tu amor y por tu gracia,
mi salvación ponerla en ti yo quiero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo,
muy dentro de mi alma tu esperanza
sostenga mi vivir de cada día,
mi lucha por el bien que tanto espero.
Señor, tú eres mi paz y mi consuelo;
por el amor de tu Hijo, tan amado,
por el Espíritu de ambos espirado,
conduce nuestra senda hacia tu encuentro. Amén.
lunes, 3 de noviembre de 2014
El Papa: rivalidad y vanagloria, dos polillas que debilitan a la Iglesia
La rivalidad y vanagloria son dos polillas que debilitan a la
Iglesia; en cambio es necesario actuar con espíritu de humildad y concordia,
sin buscar el propio interés: lo ha dicho el Papa Francisco en la homilía de la
Misa matutina celebrada en la Casa de Santa Marta.
Tomando como inspiración la
carta de San Pablo a los Filipenses, el Papa observó que la alegría de un
obispo es ver en su Iglesia amor, unidad y concordia. “Esta armonía – subrayó
el Papa – es una gracia, lo hace el Espíritu Santo, pero nosotros por nuestra
parte, debemos hacer de todo para ayudar al Espíritu Santo a realizar está
armonía en la Iglesia”. Por esto, San Pablo invita a los Filipenses a no hacer
nada “por rivalidad o vanagloria”, ni a “luchar uno contra el otro, ni siquiera
para hacerse notar, para aparentar ser mejor que los otros”. “Se ve – enfatizó
el Santo Padre – que esto no es solamente cosa de nuestro tiempo”, sino “que
viene desde antes”:
“Y cuantas veces en nuestras
instituciones, en la Iglesia, en las parroquias, por ejemplo, en los colegios,
encontramos esto, ¿no? La rivalidad; el hacerse notar, la vanagloria. Se ve que
son dos polillas que devoran la consistencia de la Iglesia, la debilitan. La
rivalidad y la vanagloria van contra esta armonía, esta concordia. En vez de rivalidad
y vanagloria, ¿qué cosa aconseja Pablo? ‘Pero cada uno de ustedes, con toda
humildad’ – ¿qué cosa se debe hacer con humildad? – ‘considerar a los otros
superiores a si mismo’. Él sentía esto, ¿eh? Él se califica ‘no digno de ser
llamado apóstol’, el último. También se humilla fuertemente ahí. Este era su
sentimiento: pensar que los otros eran superiores a él”.
El Papa citando a San Martin de
Porres, “humilde fraile dominicano”, del cual la Iglesia hoy celebra su
memoria: “su espiritualidad estaba en el servicio, porque sentía que todos los
otros, incluso los más grandes pecadores, eran superiores a él. Lo sentía de
verdad”. San Pablo, luego, exhorta a cada uno a no buscar el propio interés:
“Buscar el bien del otro.
Servir a los demás. Pero esto es la alegría de un obispo, cuando ve en su
Iglesia así: un mismo sentir, la misma caridad, permaneciendo unánimes y
concordes. Este es el ambiente que Jesús quiere en la Iglesia. Si pueden tener
diversas opiniones, está bien, pero siempre dentro de este ambiente, de esta
atmosfera: de unidad, caridad, sin despreciar a ninguno”.
Refiriéndose al Evangelio del
día, el Papa Francisco agregó:
“Es feo, cuando en las
instituciones de la Iglesia, de una diócesis, encontramos en las parroquias
gente que busca su propio interés, no el servicio, no el amor. Y esto es lo que
Jesús nos dice en el Evangelio: no buscar el propio interés, no caminar por el
camino del contracambio, ¿eh? ‘Pero sí, yo te he hecho este favor, pero tú no
me haces esto’. Y, con esta parábola, de invitar a cena a aquellos que no
pueden contracambiar nada. Es la gratuidad. Cuando en una Iglesia hay armonía,
hay unidad, no se busca el propio interés, existe esta actitud de gratuidad. Yo
hayo el bien, no hago un negocio con el bien”.
El Papa concluyó, invitando a
hacer un examen de conciencia: “¿Cómo es mi parroquia? ¿Cómo es mi comunidad?
¿Tiene este espíritu? ¿Cómo es mi institución? Este espíritu de sentimientos de
amor, de unanimidad, de concordia, sin rivalidad o vanagloria, con humildad y
pensando que los demás son superiores a nosotros, en la parroquia, en la
comunidad… Y tal vez encontraremos que hay algo para mejorar. ¿Hoy, cómo puedo
yo mejorar esto?
domingo, 2 de noviembre de 2014
CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS
Todo ser humano tiene ante sí el hecho insoslayable de la muerte, que a medida que pasan los años la
sufre en seres muy queridos, con la posible experiencia de despojo, de dolor,
cabe que de nostalgia y de ausencia, hasta es posible que de miedo.
Todas las religiones aspiran de algún modo a una relación
con los seres queridos que nos han precedido. En el cristianismo se conmemora a
los fieles difuntos y se invita de manera especial a orar por ellos. La clave
cristiana es la contemplación de la muerte de Cristo, que padeció, murió y
resucitó.
La sociedad actual con su cultura presentista, se escabulle, a veces,
con una pirueta evasiva, de la realidad de la muerte, y convierte en mueca lo
que no soporta, engañándose y llegando así a un muro infranqueable.
Son muchas las reacciones posibles ante la verdad y la realidad
de lo pasajero de nuestra existencia en este mundo. Los filósofos han
reaccionado con pensamientos más o menos estoicos; los ascetas, ante el hecho
de tener que morir, han podido anticipar en su cuerpo los rigores del despojo y
hasta el desprecio de lo corpóreo.
Hoy parece que no es estética la muerte, ni correcto pensar
en ella, a pesar de que todos los días nos llegan noticias de la muerte de
personas conocidas, o de accidentes estremecedores, y de violencias
exterminadoras. Una reacción actual ante los hechos más dramáticos, que pueden
ser de genocidios o de epidemias mortales, es convertirlos en espectáculo, en
dialéctica, hasta en piedra arrojadiza contra lo que se siente adverso o
amenazador.
Los santos han vivido la realidad de la muerte con
serenidad, y de su meditación han sacado sabiduría. Han resuelto vivir como
quien va de paso. San Francisco de Asís, en el cántico de las criaturas, se
atreve a decir: “Y por la hermana muerte, loado mi Señor”. Sam Ignacio de
Loyola invita en los Ejercicios Espirituales a meditar sobre las postrimerías,
en concreto sobre la muerte: “No querer pensar en cosas de placer ni alegría,
como de gloria, resurrección, etc.; porque para sentir pena, dolor y lágrimas
por nuestros pecados impide cualquier consideración de gozo y alegría; mas
tener delante de mí quererme doler y sentir pena, trayendo más en memoria la
muerte, el juicio” (EE 76).
Es lapidaria la
frese del duque de Gandía, San Francisco de Borja, sucesor de San Ignacio de Loyola, quien al ver
muerta a la emperatriz a la que tanto había amado, resolvió “no servir más a
señor que se me pueda morir”.
Santa Teresa de Jesús, como pedagogía y disposición
adecuadas, ante el paso que todos deberemos dar de dejar esta vida, nos enseña
a vivir desasidos: “¡Oh, si no estuviésemos asidos a nada ni tuviésemos puesto nuestro
contento en cosa de la tierra, cómo la pena que nos daría vivir siempre sin Él (Cristo)
templaría el miedo de la muerte con el deseo de gozar de la vida verdadera!” (Vida 21,
6).
SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS (Ap 7, 2-4. 9-14; Sal 23; 1Jn 3, 1-3; Mt 5, 1-12a)
Estamos en el comienzo de las celebraciones del V
Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, quien como maestra
espiritual, doctora mística y santa, nos estimula a vivir de manera coherente
nuestra pertenencia a Jesucristo, y nos llama a la santidad.
Llamados a la santidad
“Dios nos libre, hermanas, cuando algo
hiciéremos no perfecto decir: «no somos ángeles», «no somos santas». Mirad que, aunque no lo somos, es gran
bien pensar, si nos esforzamos, lo podríamos ser, dándonos Dios la mano; y
no hayáis miedo que quede por El, si no queda por nosotras” (C. de Perfección 16, 11).
Deseos de santidad
“Como
veía los martirios que por Dios las santas pasaban, parecíame compraban muy
barato el ir a gozar de Dios y deseaba yo mucho morir así, no por amor que
yo entendiese tenerle, sino por gozar tan en breve de los grandes bienes que
leía haber en el cielo” (Vida 1, 4).
La
santidad no es arrobamiento ni
experiencias extraordinarias
“Pongámonos en sus manos, para que sea
hecha su voluntad en nosotras, y no
podemos errar, si con determinada voluntad nos estamos siempre en esto.
Y habéis de advertir, que por recibir
muchas mercedes de éstas no se merece más gloria” (Moradas VI, 9, 16).
La
santidad se alcanza por el camino
de la humildad
“Así que, hermanas mías, para
esto y otras muchas cosas que se ofrece a un alma que ya el Señor la tiene en
este punto, es menester ánimo; y a mi
parecer, para esto postrero más que para nada, si hay humildad” (Moradas VI, 5, 6).
La
santidad es amable
Señales de santidad
“Cree,
hija, que a quien mi Padre más ama, da mayores trabajos, y a éstos responde
el amor. ¿En qué te le puedo más mostrar que querer para ti lo que quise para
Mí? Mira estas llagas, que nunca llegaron aquí tus dolores” (Las Relaciones 36, 1).
Recomendación
“Sólo quiero que estéis advertidas que,
para aprovechar mucho en este camino y subir a las moradas que deseamos, no
está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho; y así lo que más os
despertare a amar, eso haced. Quizá no sabemos qué es amar, y no me espantaré
mucho; porque no está en el mayor gusto, sino en la mayor determinación de
desear contentar en todo a Dios y procurar, en cuanto pudiéremos, no le ofender”
(Moradas IV, 1, 7).
Papa, Ángelus, Fieles Difuntos: recordar a todos, también aquellos que nadie recuerda
En la Solemnidad de Todos los
Fieles Difuntos, el Papa Francisco rezó el Ángelus dominical junto a miles de
fieles romanos y peregrinos procedentes de Italia y de diversos países que se
dieron cita en la Plaza de San Pedro para escuchar sus palabras y recibir su
bendición.
Recordando la celebración
de Todos los Santos en el día de ayer, el Obispo de Roma destacó el
vínculo que une estas dos solemnidades, unidas entre ellas como “la alegría y
las lágrimas encuentran en Jesucristo una síntesis que es fundamento de
nuestra fe y de nuestra esperanza”.
Jesús mismo nos ha
revelado que la muerte del cuerpo es como un sueño del cual Él nos despierta, y
con esta fe, constató el Papa, nos detenemos también espiritualmente ante las
tumbas de nuestros seres queridos.
Pero hoy, subrayó el
Obispo de Roma, estamos llamados a recordar a todos, también aquellos que nadie
recuerda: las víctimas de las guerras y de las violencias, tantos pequeños del
mundo aplastados por el hambre y por la miseria. Los hermanos y hermanas
asesinados por ser cristianos y cuantos han sacrificado su vida por servir a
los demás.
Invitando a confiar al
Señor a quienes nos han dejado en el curso de este último año, el Papa recordó
la tradición de la Iglesia que exhorta a rezar por los difuntos ofreciendo, en
particular, la Celebración Eucarística. Y destacó que el fundamento de la
oración del sufragio se encuentra en la comunión del Cuerpo Místico.
El recuerdo de los
difuntos, el cuidado de los sepulcros y los sufragios , agregó el Pontífice,
son testimonio de una confiada esperanza, radicada en la certeza que la
muerte no es la última palabra sobre el destino humano, porque el hombre no
está destinado a una vida sin límites, que tiene su raíz y su cumplimiento en
Dios.
Finalmente, la invitación
a dirigirnos con ”esta fe en el destino supremo del hombre” a la Virgen, para
que ella, Puerta del cielo, nos ayude a comprender siempre más el valor de la
oración de sufragio por los difuntos y a no perder jamás de vista la meta
última de la vida que es el Paraíso.
¡Esperanza en la piedad de Dios, que no defrauda! alienta el Papa
Cuando en la primera Lectura he sentido esta voz del Ángel que gritó con voz fuerte a los cuatro ángeles a los cuales se les había concedido devastar la Tierra y el Mar, destruir todo: “No devasten la Tierra ni el Mar ni las plantas”, a mí me ha venido a la mente una frase que no está aquí, pero que está en el corazón de todos nosotros: “Los hombres son capaces de hacerlo, mejor que ustedes”. Nosotros somos capaces de devastar la Tierra mejor que los ángeles. Y esto lo estamos haciendo. Esto lo hacemos: devastar la Creación, devastar la vida, devastar la cultura, devastar los valores, devastar la esperanza. Y cuánta necesidad tenemos de la fuerza del Señor para que nos selle con su amor y con su fuerza para detener esta loca carrera de destrucción. Destrucción de aquello que Él nos ha dado; de las cosas más bellas que Él ha hecho por nosotros, para que nosotros las lleváramos adelante, las hiciéramos crecer, dar frutos.
Cuando en la sacristía miraba las fotografías de hace 71 años, he pensado: “Esto ha sido muy grave, muy doloroso. Pero esto no es nada en comparación con lo que sucede ahora”. El hombre se ha adueñado de todo, se cree Dios, se cree el Rey. Y las guerras, las guerras que continúan, no precisamente sembrando semillas de vida. Para destruir. Pero, es la industria de la destrucción. Es un sistema, también, de vida, que cuando las cosas no se pueden arreglar, se descartan: se descartan los chicos, se descartan los ancianos, se descartan los jóvenes sin trabajo. Esta devastación ha hecho la cultura del descarte. Se descartan los pueblos. Esta es la primera imagen que me ha venido a mí cuando he sentido esta Lectura.
La segunda imagen, en la misma Lectura: esta muchedumbre inmensa, que ninguno podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua … Los pueblos, la gente … Ahora está comenzando a hacer frio : estos pobres, que deben escapar al desierto para salvar la vida, de sus casas, de sus pueblos, de sus villorrios… y que viven en carpas, sienten el frio, sin medicinas, hambrientos… porque el dios-hombre se ha adueñado de la Creación, de todo aquello hermoso que Dios ha hecho para nosotros. Y ¿quién paga la fiesta? ¡Ellos! Los pequeños, los pobres, aquellos que personalmente han ido a terminar en el descarte. Y esto no es una historia antigua: sucede hoy. “Pero, Padre, eso pasa lejos …” – También aquí! [En] todas partes. Pasa hoy en día. Diré más: pareciera que esta gente, estos niños hambrientos, enfermos, parece que no contasen, que sean de otra especie, que no sean humanos. Y esta muchedumbre está delante de Dios y pide: “¡Por favor, salvación! ¡Por favor, paz! ¡Por favor, pan! ¡Por favor, trabajo! ¡Por favor, hijos y abuelos! ¡Por favor, jóvenes con la dignidad de poder trabajar!”. Pero los perseguidos, entre ellos, aquellos que son perseguidos por la fe… “Entonces uno de los ancianos se dirigió a mí y dijo: ‘¿Estos quiénes son, vestidos de blanco?’ - ¿quiénes son?, ¿de dónde vienen? – ‘Son aquellos que vienen de la Gran Tribulación y que han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la Sangre del Cordero’”.
Y hoy, sin exagerar, hoy, en el día de Todos los Santos, quisiera que nosotros pensáramos en todos estos, los santos desconocidos. Pecadores como nosotros, peor que nosotros, pero destruidos. A esta tanta de gente que viene de la Gran Tribulación: la mayor parte del mundo está en tribulación. Y el Señor santifica a este pueblo, pecador como nosotros, pero lo santifica con la tribulación.
Y al final, la tercera imagen. Dios. La primera, la devastación; la segunda, las víctimas; la tercera, Dios. Dios: “Nosotros desde ahora somos hijos de Dios”, hemos escuchado en la segunda lectura. “Pero lo que seremos no ha sido todavía revelado. Pero sabemos que cuando Él se habrá manifestado nosotros seremos semejantes a Él, porque lo veremos como Él es”, es decir: la esperanza. Y esto es la bendición del Señor que todavía tenemos: la esperanza. La esperanza que tenga piedad de su pueblo, que tenga piedad de aquellos que están en la Gran Tribulación. También, que tenga piedad de los destructores y se conviertan. Y así, la santidad de la Iglesia va adelante: con esta gente, con nosotros que veremos a Dios como Él es. Y ¿cuál debe ser nuestra actitud, si queremos entrar en este pueblo y caminar hacia el Padre, en este mundo de devastación, en este mundo de guerras, en este mundo de tribulación?
Nuestra actitud, lo hemos escuchado en el Evangelio: es la actitud de las Bienaventuranzas. Solamente este camino nos llevará al encuentro con Dios. Solamente este camino nos salvará de la destrucción, de la devastación de la tierra, de la creación, de lo moral, de la historia, de la familia, de todo. Solamente este camino: pero nos hará pasar cosas feas, ¿eh? Nos traerá problemas. Persecuciones. Pero solamente este camino nos llevará adelante. Y así, este pueblo que tanto sufre hoy por el egoísmo de los devastadores, de nuestros hermanos devastadores, este pueblo va adelante con las Bienaventuranzas, con la esperanza de encontrar a Dios, de encontrar cara a cara al Señor, con la esperanza de hacernos santos, en aquel momento del encuentro definitivo con Él.
El Señor nos ayude y nos de la gracia de esta esperanza, pero también la gracia de la valentía para salir de todo aquello que es destrucción, devastación, relativismo de vida, exclusión de los otros, exclusión de los valores, exclusión de todo aquello que el Señor nos ha dado: exclusión de paz. Nos libre de esto, y nos de la gracia de caminar con la esperanza de encontrarnos un día cara a cara con Él. Y esta esperanza hermanos no defrauda.
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